lunes, 13 de marzo de 2006

"SUSARÓN" (Puebla de Lillo) 12-03-06

 


2ª ASCENSIÓN AL “SUSARÓN”.

12-03-06       (Domingo)

Siguiendo con el calendario previsto para este año, hemos realizado esta ascensión a una bonita cumbre cercana a Puebla de Lillo. Por fin tuvimos un día prácticamente primaveral y disfrutamos realmente de los impresionantes paisajes que se nos ofrecía a la vista.
En Guzmán nos reunimos cinco de los seis participantes de esta actividad: José Luis, Luis, Roberto, Antonio y yo. Poco después de las 8:30 horas emprendimos el viaje en los coches de José Luis y de Luis. Íbamos a ir por la nacional hasta Puente Villarente, pero en el último momento cambiaron de parecer y lo hicimos por Villanueva del Árbol, lo cual a mí me parece un atraso. Así lo hicimos y llegamos a Barrio de Nuestra Señora donde se enlazan las dos carreteras. Tras pasar por Boñar nos encaminamos hacia el pantano del Porma desde el cual ya divisamos plenamente el pico Susarón. Bordeamos éste y sobre las 9:40 horas entramos en Puebla de Lillo donde nos esperaba ya Álvaro, que tiene una casa en Solle y allí había pasado la noche.
Nos preparamos entonces para la ruta y en un bar cercano tomamos un café antes de emprenderla a las 10:00 horas mas o menos. En el cielo se alternaban los claros y las nubes y no sabíamos a ciencia cierta la progresión que habría, aunque las predicciones eran a mejorar, como así se cumplieron.
Salimos del pueblo por una pista con ruta marcada de cuyo nombre no me acuerdo. Delante se alzaba el Susarón que íbamos a atacar por la derecha siguiendo las indicaciones de Álvaro. Yo lo había intentado desde la misma carretera hace años sin conseguirlo y posteriormente sí lo hicimos directamente desde Lillo, hace unos siete años. A la salida del pueblo vimos un merendero con numerosos árboles con el tronco cortado a media altura. Al lado transcurre el río del Celorno que más arriba se va ramificando a los diversos manantiales. Poco a poco avanzamos por el camino algo embarrado por la lluvia caída el día antes y que se había llevado mucha nieve de las laderas. Me sorprendió ver la escasez de ésta cuando realmente me esperaba encontrar una buena capa. Incluso en la cumbre apenas pisamos algunos neveros.
Según nos adentrábamos en el valle se hacía más espacioso y la vista era más amplia y bonita. Hacia atrás dejábamos el pueblo y empezaban a emerger por detrás las cumbres de los Mampodres. El verdor de los prados contrastaba con la vegetación y las motas blancas de nieve. De esa manera llegamos a un punto donde había que atravesar el río para emprender la ascensión hacia una vaguada. Cada uno por donde mejor le pareció, pasamos este caudal y entramos en la ladera del Susarón. De pronto nos dimos cuenta de que José Luis, por no variar, se había ido por su cuenta sin avisar a nadie. En unas rocas nos reunimos el resto y ya pudimos contemplar ampliamente todo el valle y el pueblo al fondo.
Sin mas reemprendimos la subida y nos metimos de lleno en la bonita vaguada donde algunos arbustos de tono marrón destacaban sobre la roca. Mientras ellos subían por el medio de la misma, yo opté por desviarme un poco y hacerlo algo más por la ladera evitando la fuerte pendiente y la nieve que en algunos lugares se acumulaba. Estábamos ahora en la parte noroeste del pico y el sol quedaba tapado por éste.
Yo me lo tomaba con calma ya que las piernas comenzaban a cansárseme, por lo que me sacaron bastante ventaja. Durante un tramo me metí también en el medio de la vaguada por la cual bajaba un torrente de agua entre la nieve. Según habían comentado, había que llegar a una collada desde la cual se comenzaba a ascender ya ladera arriba sin tener que alcanzar otra collada más alta. Pues bien, cuando llegué a la altura de la primera collada no vi a nadie en ella ni en la ladera, por lo que supuse que estaban subiendo ya por la loma y me quedaban ocultos tras una cresta cercana. Decidí entonces, viendo un sendero que subía por dicha cresta, seguir por él. Se alternaba la roca y la ladera con vegetación mientras iba ganando altura. Seguía sin verles y ya les suponía por encima de mí. De José Luis no sabía nada tampoco.
Al lado de aquella cresta había un pequeño desplome bajo el cual vi una gran pala de nieve. Más o menos cómodamente iba ganando altura mientras el sol comenzaba a aparecer por delante de mí. Pasé algo más arriba cerca de una roca moldeada con forma de caldero que bien podía servir de pequeño refugio. En la parte alta distinguí un par de rebecos que fotografié con el zoom de la cámara. El paisaje era cada vez más amplio y luego enumeraré las cimas que poco a poco iban apareciendo a la vista.
Sorpresa la mía fue ver aparecer a Luis por la parte derecha y algo por debajo. Cuando se unió a mí me dijo que los demás estaban aún en la segunda collada esperándome. Le dije lo antes comentado, que porqué habían ido a ella si dijeron que no hacía falta. No tardamos en verles comenzar a subir desde la misma. Roberto se dirigía hacia nosotros mientras Álvaro y Antonio ascendía directamente. Por otra parte, mirando hacia la cumbre ya visible, vimos en ella a José Luis.
Por la arista noroeste continuamos ascendiendo mientras el cielo se había ido despejando por completo. Roberto no tardó en alcanzar también la misma mientras los otros dos quedaban ahora ocultos. Luis se adelantó también y yo solo alcancé la cumbre del Susarón a las 12:35 horas.
La vista desde aquella altitud de 1879 m fue tremendamente espectacular. Si hay cumbres con panorámicas especialmente amplias, esta es una de ellas. Situada en medio de un valle y aislada, no hay picos cercanos que oculten paisaje alguno en muchos kilómetros. Solo por dejar constancia, enumeraré todos los visibles que yo he ascendido siguiendo más o menos un orden panorámico. Peña Corada, Moro, Rionda, Peñas Pintas, Espigüete, Peña Prieta, Tres Provincias, Vallines, Peña la Cruz, Lago, Remelende, Peña Ten, Rapaona, Torres, Toneo, Agujas, Ausente, Cellón, Brañacaballo, Currillines, Tres Marías, Fontún, Bodón de Lugueros, Cueto Aucino, Valdorria, Correcillas, Peña Galicia, Cueto de Boñar, Mahón, Peña San Pedro y alguno más que seguro me dejo.
Precisamente, a la misma hora que estábamos nosotros contemplando de todo este sinfín de cumbres, en el Espigüete ocurría un accidente mortal, según me enteré por la noche por la tele.
Debajo de nosotros se emplazaba el pantano y al lado contrario Puebla de Lillo. También otros pueblos como Solle, Redipollos, Cofiñal, etc. Antes de ponernos a comer sacamos las fotos en la cumbre y dejamos nuestra tarjeta. El buzón lo habían colocado los del club Susarón, en el que está nuestro ex-compañero Antelmo. Acomodados en la cumbre comimos tranquilamente disfrutando de un día realmente excepcional. José Luis dijo que se quedaba frío y que comenzaba a bajar. Nosotros estuvimos disfrutando de todo ello hasta las 15:20 horas que comenzamos a descender por la cresta que algunos habíamos subido. Según habían dicho Álvaro y Antonio, por donde ellos habían subido, la pendiente era bastante pronunciada e incluso con algo de trepada.
No tardaron en sobrar las cazadoras e incluso alguno bajaba en manga corta. La primavera comenzaba a notarse algo antes de su comienzo. Seguíamos demorándonos en la bajada ante la contemplación del paisaje que se contemplaba. Así alcanzamos la collada desde la que yo había subido y que daba paso a la vaguada. Justo abajo se podía ver Puebla de Lillo al fondo del valle y las cumbres de los Mampodres detrás en una estampa única. En la vaguada encontramos la nieva aún más blanda que en la subida y había que tener cuidado de no meter el pie hasta el arroyo. Antonio se había adelantado un poco y se apoyó en un tronco de unos arbustos. Pues bien, Álvaro y Luis pasaron de largo sin verle y yo de casualidad, y eso que no estaba escondido, pero se había camuflado bien.
Poco a poco perdimos altitud y salimos de la vaguada en sí. En las praderías pastaban numerosos caballos. Pasamos al lado de un refugio de metal para salir al camino principal por donde Roberto había pasado antes el arroyo. Nos metimos entre algunas escobas y sorteamos algunos arroyuelos sin dificultad antes de entrar en dicha pista. El camino estaba mas embarrado debido al deshielo por el sol. Al lado de la misma se alzaban unas rocas bajo las cuales, del suelo mismo, manaba un buen chorro de cristalina agua que paramos a beber.
Sin más novedades nos fuimos acercando al pueblo y en el jardín de una casa a la entrada vimos una cabra con tres bellos cabritillos que fotografié tras borrar alguna foto anterior por falta de espacio en la tarjeta. A las 17:30 horas entramos en Puebla de Lillo donde ya estaba José Luis desde hacía hora y media según dijo. Como tenía prisa para marchar pasamos todo para el coche de Luis y nos despedimos. El resto nos cambiamos y entramos en el bar a tomar un refrigerio.
Poco antes de las 19:00 horas emprendimos e regreso. Nos despedimos de Álvaro, que quedaba en Solle, y salimos hacia León. Bordeando el pantano tuvimos una bella vista del pico al que paramos a fotografiar. Su reflejo simétrico en el agua formaba una bonita postal. Sin mas detenciones continuamos el viaje, esta vez por Puente Villarente. Antes de llegar a León encontramos una pequeña retención que no supuso gran retraso. Tras dejar a Roberto en La Serna y a Antonio en Álvaro López Núñez, bajé yo por último en Guzmán sobre las 20:15 horas. Allí cogí la moto y en pocos minutos llegué a casa finalizando esta completa y grata jornada de montaña.






















lunes, 6 de marzo de 2006

"POLA DE GORDÓN - LOS BARRIOS - ARROYO DE LOS BARRIOS" 05-03-06

 


1ª TRAVESÍA “LA POLA DE GORDÓN-BARRIOS DE GORDÓN-ARROYO DE LOS BARRIOS”.

05-03-06        (Domingo)

Tras suspender el fin de semana pasado una travesía nuestra por causa de la mala climatología que este año estamos padeciendo, este fin de semana actual nos ha ocurrido algo semejante. Las malas previsiones nos hicieron cambiar los planes ya que para salir con coches no estaba muy recomendable. Al final, sabiendo que el grupo Collado Jermoso organizaba una excursión para ascender al pico Estorvín de Valverde, algunos optamos por intentar añadirnos a ellos en el último momento si había plazas disponibles y dependiendo también de cómo se presentase el día. Apuntado solo estaba Luis, mientras el resto iríamos a la aventura y en último caso con coches particulares, si el tiempo lo permitía, como digo.
Pues bien, ese día, tras levantarme y prepararlo todo, vi como de pronto comenzaba a nevar copiosamente. Tras ponerme en contacto con José Antonio, Ricardo y Luis, acordé acercarme hasta las cercanías de la FEVE de donde salían éstos. Con Antonio me fue imposible comunicarme. Resumiendo, tras estas llamadas, al final solo Luis y yo nos presentamos a las 8:30 horas en la salida. Por su parte, José F. también se había apuntado por su cuenta. Solo yo era el que no tenía plaza, cosa que no fue problemática al sobrar asientos libres en los dos autocares. Algunos claros se abrían en el cielo mientras emprendimos el viaje poco después de la hora acordada.
Salimos por la carretera de Asturias completamente cubierta de nieve, por lo que la velocidad se redujo considerablemente. Tras bajar el Rabizo con precaución, pasamos La Robla y poco después nos detuvimos o nos detuvo la Guardia Civil de Tráfico. Al poco reanudamos el viaje y dejamos atrás La Pola de Gordón. Cómo ya nos habían dicho, los planes iniciales de la subida al Estorvín habían cambiado dado el mal estado de la ruta con demasiada nieve. Por el contrario, íbamos a hacer otra por las cercanías de Villamanín y el pico Fontún. Pues bien, antes de llegar a éste nos volvió a parar la patrulla de tráfico cerca de un restaurante de la carretera. Allí estuvimos bien a gusto vente o treinta minutos sin que nos diesen solución alguna. Lo cierto es que hacia el norte se veía más cerrado, pero en cambio la carretera estaba mejor que el tramo anterior. Decían que esperásemos a que pasase una quitanieves, pero allí no aparecía nadie.
Sobre las 10:10 horas, visto que no nos dejaban continuar, se decidió dar la vuelta y aprovechar la jornada haciendo una ruta cercana a La Pola de Gordón. Regresamos a éste donde hubo que hacer algunas maniobras con los autocares hasta aparcar por fin cerca de la estación de RENFE. Eran las 10:30 horas mas o menos. Allí nos apeamos y preparamos para la ruta. Está iba a transcurrir desde este pueblo hasta Los Barrios de Gordón y ascensión por el valle del arroyo de Los Barrios hasta una collada entre La Miezca y el pico Santiago.
Poco antes de las 11:00 horas comenzamos la marcha atravesando un puente sobre la vía férrea con dirección a Los Barrios, distantes dos kilómetros. El cielo se había cerrado de nuevo y comenzó a nevar copiosamente. Con este panorama ascendimos poco a poco por la carretera que une los dos pueblos. Desde los 1000 metros de altitud de La Pola de Gordón se ganan 100 metros hasta Los Barrios. En hilera caminamos el grupo de unas 60 personas participantes en esta salida. Así llegamos a este pueblo dividido en dos barrios, el de Abajo y el de Arriba. Pasamos nosotros por el primero de ellos sin apenas ver vecinos en la calle. Según avanzábamos por sus calles iba cesando de nevar y se abrían claros azules en el cielo.
A las 11:40 horas dejamos atrás las últimas casas del pueblo para meternos en un camino embarrado y con nieve. El podómetro mío marcaba casi tres kilómetros. Delante se alzaban las cumbres de los macizos antes mencionados de los cuales saqué una panorámica de fotos. El cielo azul y prácticamente despejado permitía distinguir todas las cumbres nevadas.
Poco apoco no metimos en el valle del arroyo de Los Barrios y la nieve en el camino comenzó a hacerse abundante en algunos tramos. Por otro lado, el blanco de la misma contrastaba con el colorido de la vegetación, tanto el verde como los tonos marrones de los diferentes árboles, dando al paisaje un aspecto realmente de postal. El sol contribuía a realzar este efecto tan hermoso.
La pendiente era suave y se llevaba cómodamente el caminar. Además, los que iban delante ya habían ido abriendo camino, lo que facilitaba aún más el avance.
Así llegamos, aunque tengo que decir llegué, ya que me había separado de Luis e iba yo solo, a un punto donde el valle se abría un poco más y había una caseta con un corral cercano. En ella habían parado algunos mientras otros habían atravesado el arroyo para subir ahora por el camino de la ladera izquierda y en sentido contrario al que traíamos. Era curioso ver la hilera de personal avanzar entre la blanca nieve. Eran las 12:40 horas.
Yo no paré y continué sin mas tras atravesar también el arroyo en el que se podían ver algunos rincones bonitos con algo de vegetación entre la nieve. La pendiente se hizo algo más pronunciada aunque se continuaba caminando bien. Por delante me precedía un grupo a unos 300 metros mientras que por detrás apenas me seguían dos o tres personas. Poco a poco se fue ampliando el paisaje y vi al fondo del valle Los Barrios de Gordón. Aproveché para sacar otra panorámica de fotos. Al llegar a un pequeño collado se unió esta pista con otra que bajaba de arriba hacia el valle contiguo. Por ella habíamos bajado hacia Pola de Gordón en el Encuentro de Montañeros de hace dos años cuando se hizo la travesía desde Aralla a Pola. Ahora nos incorporábamos a ella para subir hacia el collado situado bajo el pico La Miezca, que durante buena parte de la ruta consideramos como el Fontañan.
El viento soplaba aún mas que antes levantando remolinos en la nieve. En la pista algunos tramos estaban helados y otros cubierto por una gran capa de nieve que acumulaba el viento en montones. Aún así repito, se caminaba cómodamente y a las 13:10 horas alcancé por fin el collado cuyo nombre no viene en los mapas pero que bien podía ser el de Urdiales. En él se agrupaban unas 18 personas y por la falda de La Miezca había otras dos. Una de ellas regresó y la otra, que no era sino Luis, comenzaba a subir ladera arriba. El cielo se había cubierto y de nuevo nevaba, por lo que todos opinaban que no era lo más sensato subir. Él llevaba emisora y a través de ella se comunicaba con los organizadores. Tras un rato de subida, y viendo que no merecía la pena seguir, comenzó a descender. El resto comenzamos a bajar poco a poco por la pista mientras curiosamente volvía aclarase el cielo. Hasta la collada habíamos recorrido según el podómetro 6,360 Km.
Desde allí contemplamos una amplia vista de todo el valle e incluso se distinguía el pueblo. De nuevo llegamos al desvío del camino que se divide hacia el valle del arroyo Villejo que baja a Pola, como dije anteriormente. Incluso se había comentado la posibilidad de haber bajado todos por él haciendo la ruta circular, pero sabíamos que pasaba cercano a las obras del túnel del AVE y no estaba claro cómo estaría el acceso.
Optamos entonces por regresar por el mismo valle y así llegamos a la caseta sobre las dos de la tarde. Allí quedaba aún personal y otros que llegamos y nos acomodamos para comer. Del tejado colgaban tres chupiteles de hielo que el viento había moldeado con curiosas formas. A la abrigada comimos cómodamente mientras otros lo hacían dentro del caseto. Al cabo de una media hora emprendimos Luis y yo el regreso. El cielo seguía despejado y de nuevo pudimos disfrutar enormemente del paisaje con el colorido espectacular entre la nieve. Íbamos sacando fotos y grabando todo ello para dejarlo bien plasmado. Algunos altos árboles escoltaban el camino y el arroyo se alejaba y acercaba de éste continuamente.
De esa forma nos fuimos aproximando al pueblo que vimos tras dar una curva la pista. En ésta la nieve se había derretido bastante y el barro y el agua lo inundaba todo. A las 15:15 horas entramos en Los Barrios de Gordón. Como ya habíamos visto, algunas edificaciones con antigüedad tenían balconadas de madera ya muy deteriorada. A la salida del pueblo, en una finca, se podían ver numerosas esculturas hechas con diferentes materiales y objetos de reciclaje. Luis se adelantó y de nuevo quedé yo solo caminando. Al poco de dejar las últimas casas eché una ojeada atrás y disfruté de una bella vista del pueblo con las cumbres por detrás de éste. Saqué otra foto panorámica de la misma.
Tranquilamente fui caminando por la carretera con la vista de frente del pico San Mateo. Trabé entonces conversación con otro compañero de ruta aficionado a la espeleología que me comentó algunos datos sobre las cuevas de la zona. Los dos juntos entramos en La Pola de Gordón cuando eran las 15:45 horas. En vez de ir al puente, atravesamos las vías de la estación al lado de la cual estaban los autocares. El podómetro marcaba 13,440 Km. tras un rato de charla con otros compañeros me cambié el calzado e hicimos tiempo hasta las 16:30 horas que estaba previsto el regreso.
A esa hora nos pusimos en marcha hacia la capital. Aquí apunto una incidencia que me mosqueó un poco. Resulta que si bien la salida por la mañana fue de la estación de FEVE, la parada de regreso la hacen en la plaza de La Inmaculada. Claro, yo encima tenía el coche cerca del cruce de la antigua Cruz Roja, lo cual como digo me fastidió un poco. Tras acercarme cargado a por éste, regresé a casa realmente satisfecho del resultado general de la jornada. Después de presentarse tan mal el panorama, no pudimos tener mejor suerte al final.
Lo cierto es que este año estamos teniendo una suerte bastante irregular en las salidas por culpa del tiempo. De tres programadas hasta ahora, solo se ha salvado la de Piedra Nidia, ya que a los Vallines no pudimos subir y la del Camino de los Frailes del domingo pasado también se ha aplazado por lo mismo. Esperemos que cambié la cosa y podamos ponernos en plan a partir de ahora.



















lunes, 13 de febrero de 2006

"PIEDRA NIDIA" (Pinos) 12-02-06

 


1ª TRAVESÍA “PINOS-CASA MIERES-PIEDRA NIDIA (1ª ASCENSIÓN)-RÓNZON-PINOS”.

12-02-06   (Domingo)

Tercera salida del año del club y segunda mía. En esta ocasión nos hemos desplazado hasta la zona de Peña Ubiña para ascender a una peña cercana, no muy alta, pero con vistas espectaculares. Lo que en principio iba a ser una corta travesía, para mí se hizo eterna ya que, tras un mes sin salir, me encontraba en bastante mal estado físico. Aún así, compensó dicho esfuerzo las vistas de las que disfrutamos y el día tan inmejorable que tuvimos.
En la moto me acerqué a Guzmán donde nos reunimos los nueve participantes de esta marcha: José Luis, Irma, Roberto, Javi F., José A., Luis, Álvaro, Juan y yo. Poco después de las 8:30 horas emprendimos el viaje hacia Pinos. Salimos por la carretera de Caboalles hasta La Magdalena donde accedimos a la autopista para evitar el tramo del pantano. Tras pasar el puente colgante abandonamos ésta y después de unos 20 Km más llegamos a San Emiliano. Aquí cogimos otro desvío por una estrecha carretera hasta terminar en Pinos sobre las 9:30 horas.
Situado en un valle sombrío, la temperatura era baja en dicho pueblo. Por otra parte, las vistas eran amplias hacia la zona de La Cañada. Tras prepararse para la ruta, comenzamos la misma cuando eran las 10:00 horas. Salimos por un camino ligeramente ascendente hacia el interior del cerrado valle. En las laderas y tejados de las casas se veía nieve, pero no tanta como esperábamos. En el camino incluso apenas si encontramos algunos trozos. Paralelo al camino bajaba el río de Pinos, el cual atravesamos por puentes en varias ocasiones. Hacia la parte izquierda, por detrás de las lomas de este valle, asomaban las cumbres de las dos Ubiñas entre las cuales luego pasaríamos. Recorriendo el valle transcurría una línea eléctrica de alta tensión que estropeaba en parte la bonita vista del mismo. Cuanto más ascendíamos, mas nieve encontrábamos en la pista. Incluso en varios tramos estaba helada por completo teniendo que extremar la precaución de no resbalar.
Por fin salimos de la estrechez del valle y se abrió éste en forma de praderías cubiertas por el blanco manto. Atravesamos el mismo antes de divisar por fin el gran refugio de Casa Mieres. A las 11:30 horas y tras 6 Km recorridos llegamos al mismo. Aquí paramos un buen rato y tomamos un tentempié. El refugio estaba cerrado y en uno de sus laterales se podía ver un escudo de piedra.
Una media hora más tarde emprendimos de nuevo la marcha entrando en un valle lateral por detrás del refugio con dirección al collado El Ronzón. Encontramos muy cerca un estanque artificial completamente helado por encima del cual se podía andar sin peligro alguno. La pendiente se hizo más pronunciada y el sendero apenas si se distinguía entre la nieve. Por encima del lago había otro refugio más pequeño que dejamos a nuestra izquierda.
No tardamos en divisar la cumbre de Piedra Nidia y Peña Cerreos al lado. Ya bastante arriba, en la Vega Candioches, se bifurcó el valle hacia Peña Ubiña y el Ronzón y hacia Asturias, en cuyo límite nos encontrábamos en esos momentos. Por un lado, Roberto y Javi habían continuado por el del Ronzón, a la izquierda, a mí me parecía que iban a cogerlo por lo más duro, así que el resto optamos por irnos hacia la derecha y ascender suavemente y luego serrear. Fue un error como comprobamos más tarde ya que esta peña no tenía continuación con las otras y hubo que bajar.
Comenzamos a atravesar la vega nevada viendo en ella un curioso efecto. En medio había una gran grieta en el terreno y la nieve formaba una especie de pequeño cañón muy bonito. Allí sacamos algunas fotos. No tardamos en llegar a la falda de Peña Parda tras haber recorrido 8,380 Km eran las 12:44 horas.
Como ya dije anteriormente, yo no iba en forma y la pendiente aquella me hizo reducir el ritmo. Poco a poco fui ganando altura y así alcancé la parte alta. Poco más adelante estaba la cumbre en la que ya estaba el resto. Contándoles me salían siete personas, por lo que deduje que los otros dos estaban allí también. Luego vi que se trataba de otra pareja. A las 13:15 horas alcancé la cumbre de Peña Parda desde la cual ya teníamos una gran vista de los valles asturianos con el puerto de Pajares abajo mismo.
Lo que nos bajó la moral fue ver que no había continuidad de estas peñas con la de Piedra Nidia y que había que bajar bastante. A Roberto y a Javi les veíamos en el fondo del valle con dirección a la falda de ésta pero por la parte contraria.
Si más nos encaminamos ladera abajo para intentar ascender luego por una de las canales que más cortas se veían hacía la parte alta de la sierra. Al ser parte norte, algunos tramos estaban helados y había que bajar con algo de cuidado. Así alcanzamos la parte baja y nos dirigimos hacia la base de la sierra de Piedra Nidia. El problema era que las canales tenían nieve y que podía estar helada. Algunos llevábamos crampones, pero otros no. Luis se adelantó y se metió en una de ellas comprobando que hacían falta éstos. Ni Álvaro, ni José Luis ni Irma llevaban, por lo que optaron por abandonar allí la ascensión. Por su parte, José Antonio se había ido hacia otra parte y al final subió no sé como. Luis tuvo que ponerse los crampones a media altura mientras que Juan y yo los colocamos abajo. Eran las 14:30 horas.
Comenzamos entonces a subir una estrecha canal de pendiente muy pronunciada. Los crampones dan una gran seguridad, pero no hay que bajar la guardia. Además, en estas ocasiones tampoco viene mal un piolet, lo que no llevábamos. Sin dificultad alguna alcanzamos por fin la cresta donde estaban Luis, José Antonio junto con Roberto y Javi. Eran las 14:45 horas.
Cercana teníamos ya la cumbre de Piedra Nidia y solo una ladera muy suave nos separaba de ella. A las 15:05 horas, tras 12,500 Km. alcanzamos Luis, Juan y yo esta cima de 1831 metros. Espectaculares eran las vistas desde la misma. Por hacer una lista rápida, entre las cumbres divisadas podíamos contar las de La Silla y el Cirbanal, Brañacaballo, el alto de la estación de Pajares, así como muy lejanos los Picos de Europa con Torre Santa. Allí mismo teníamos imponente la cumbre de Peña Ubiña un poco tapada por el más cercano Cerreos. Al lado Peña Ubiña Pequeña o el pico Prado al otro costado junto con los Castillines, el Siete, etc. Asimismo, como anteriormente, parte de la bajada del puerto de Pajares con la carretera serpenteante. Justo por debajo se veían las vegas nevadas donde habían quedado los tres compañeros que ahora se dirigían a coger la ruta de regreso por otro valle más corto. Álvaro se había acercado justo debajo de las rocas del pico, cuyas paredes caían verticalmente, pero enseguida se unió a José Luis y a Irma antes de emprender el regreso mencionado.
Nosotros nos acomodamos en la cima para comer. Mientras Juan, Luis y yo lo hacíamos en la misma cumbre, Javi, Roberto y José Antonio estaban un poco por debajo. Tuvimos que quitarnos los crampones para andar cómodamente por la roca. Yo había enganchado las polainas con ellos y terminé de romperlas. Más tarde, en la bajada, hice un siete al pantalón, lo que me ha fastidiado más ya que es nuevo.
Antes de emprender el descenso hicimos una foto en la cima y dejamos nuestra tarjeta de cumbres. El plan ahora era alcanzar el collado Ronzón y bajar a Pinos por otro valle, el de Lena. Claro, yo pensé que no había que bajar tanto, y al final descendimos hasta casi el fondo del valle. Como íbamos a pillar nieve, nos pusimos de nuevo los crampones, lo que nos estorbó más que ayudó, al menos en la bajada. A las 16:00 horas emprendimos este descenso. Cresteamos un poco hacia Peña Cerreos, encontrándonos algunas construcciones de piedras en forma circular, antes de comenzar a bajar por la ladera de este hacia el valle. Como digo, la nieve era escasa al ser cara sur y los crampones molestaban lo suyo. No quería quitarlos ya que la subida al collado estaba cargada de nieve y allí podían ser útiles.
De nuevo nos fuimos separando y quedamos Juan y yo por detrás. Yo iba bajo mínimos y ya subiendo lo hacía por inercia. La nieve allí abundaba encontrando tramos helados y otros no tanto. El sol se estaba metiendo tras Peña Ubiña Pequeña y durante un trozo nos dio la sombra. Cuando daba el sol, la nieve helada resplandecía con los rayos inclinados formando unos bonitos reflejos. Por las laderas de peña Ubiña se veía bajar personal y nos cruzamos con un que iba hacia Tuiza.
A las 17:15 horas alcancé el collado Ronzón, 2006 metros, después de haber bajado a los 1700 metros mas o menos. Pues bien, resulta que allí no había nadie ya esperando. Yo la ruta de bajada no la conocía y estábamos Juan y yo solos. Guiado por la intuición, comencé a bajar un poco bordeando Ubiña Pequeña. En ello estaba cuando apareció Luis por encima indicándonos por donde había ido el resto. Yo estaba mosqueado ya que Roberto, que se suponía era el guía y el que la propuso, se había adelantado pasando olímpicamente de nosotros.
Comenzamos entonces a bordear esta peña hasta alcanzar otro pequeño collado desde el cual ya divisamos los valle de Pinos, Villargusan, etc. Por debajo estaban los compañeros ya muy adelantados. A mi parecer estaban dando mucho rodeo y además iban a bajar hacia el valle de Villargusán para luego tener que subir y pasar al de Pinos.
Poco más adelante, después de pasar una zona pedregosa de grandes moles, encontramos una cabaña donde estaba José Antonio cambiándose de botas. La vista de Peña Ubiña por su parte delantera era impresionante y bonita desde aquel lugar con la cabaña en primer plano. Para sacar una foto tuve que borrar alguna de las anteriores ya que no me quedaba espacio en las tarjetas. Eran las 18:00 horas.
Tras quitarme los crampones decidí seguir la ruta que a mí me parecía la mejor visto la bajada que había por delante. Siguiendo algunas veces el sendero y otras campo a través fuimos perdiendo altura hacia el comienzo del valle de Lena que confluye con el de Pinos por el que habíamos subido por la mañana. En él nos metimos bajando cada uno por donde más o menos le pareció. Echando una mirada atrás pudimos disfrutar de una bella vista de las Ubiñas con el rojizo tono del atardecer. Yo seguía apurando fotos y quitando algunas de las de atrás que menos me convencían para poder sacar alguna más. Atravesamos varios arroyos y praderas antes de entrar en un camino por el que subimos unos metros antes de comenzar el descenso final al pueblo.
A las 18:55 horas llegamos a los coches tras un total de 20 Km recorridos. Allí estaba todo el resto de compañeros, tanto los que habían regresado por el otro camino como los que nos habían dejado atrás. Nos cambiamos y poco después emprendimos el regreso. Acordamos parar en San Emiliano a tomar algo y de paso hacer las cuentas de la salida. Así lo hicimos en el bar del cruce donde estuvimos un rato antes de ponernos en marcha hacia León. Avanzamos por la carretera hasta llegar a la entrada de la autopista en la que volvimos a entrar para pasar el pantano y al llegar a La magdalena salimos. Sin novedades entramos en León y llegamos a Guzmán sobre las 20:45 horas. Allí cogí la moto y en pocos minutos llegué a casa.
De esta forma transcurrió esta jornada de montaña. Como digo, las vistas de las que disfrutamos y el tiempo inmejorable compensó con creces el regular estado físico en el que me encontraba y los demás detalles no tan positivos de la misma.    




















lunes, 16 de enero de 2006

INTENTO A "LOS VALLINES" (Carretera Pandetrave) 15-01-06

 


INTENTO DE ASCENSIÓN A LOS “VALLINES”.

15-01-06   (Domingo)

Comenzamos el año con una ascensión frustrada por la mala climatología, ya anunciada por otro lado. La nieve, pero sobre todo la niebla, nos impidió alcanzar la cumbre no muy lejana ya. Aún así, resultó un día agradable y no podemos quejarnos del resultado, más si cabe como digo, a sabiendas de las pésimas previsiones.
A las 8:00 horas llegué a Guzmán donde ya estaba Antonio esperando. Desde allí nos dirigimos hacia La Granja donde llegaron Javi F., Roberto y Amador en el coche de éste último. Por último recogimos a Ramón en Villaobispo y salimos sin más por la carretera de Santander mientras el cielo se mantenía nublado. Por ella alcanzamos la carretera de Boñar y poco antes de éste volvimos a desviarnos por otra vía hacia Sabero y la carretera de Riaño. Ya por ella fuimos avanzando hacia esta villa bordeando al pantano. Para nuestra sorpresa, la carretera estaba completamente limpia y la nieve abundaba incluso a partir de media ladera para arriba.
En Boca de Huergano nos detuvimos y tomamos un café durante unos minutos. De nuevo en marcha llegamos a Portilla de la Reina donde decidimos dejar mi coche y subir los seis el poco trayecto hasta el comienzo de la ruta, unos cinco kilómetros mas arriba por la carretera de Pandetrave. Como anécdota, ya casi en el punto de parada nos encontramos con la guardia civil. Claro, íbamos seis en el coche, lo que no realmente tampoco era grave teniendo en cuenta las circunstancias y el trayecto. Lo ocurrido fue que, yendo pendientes de ellos, nos pasamos el punto de comienzo unos metros y tuvimos que retroceder. La patrulla había parado unos metros antes y nos preguntábamos, con guasa, que pasaría si nos veían salir a los seis del coche.
Eran las 10:00 horas aproximadamente cuando llegamos a este punto, el kilómetro 4,800 de la carretera de Portilla a Santa Marina de Valdeón. Allí nos preparamos con polainas, cazadoras, guantes, etc. Y sobre las 10:30 horas emprendimos la ascensión entrando en un camino cargado de nieve después de pasar, por donde pudimos, el arroyo Vallines de Arriba. Eso pasó por no coger el camino en su comienzo, pero allí era justamente donde esta parada la patrulla con otro vehículo.
Ya en dicha pista, que intuíamos mas que ver, pasamos por encima del arroyo de nuevo entrando de lleno en el valle cargado de nieve blanda, la peor para avanzar cómodamente. Este camino hizo un zigzag hacia atrás antes de dirigirse valle arriba nuevamente. En una media hora alcanzamos una bifurcación por la izquierda por la que según el mapa había que continuar. Por allí bajaba otro arroyo secundario y con poco caudal en el que nos metimos casi por el medio de él.
Avanzamos un tramo en esa dirección antes de cambiar el rumbo hacia el este mas directamente al pico. Poco a poco vimos como la niebla iba cerrándose y se escapaban copos de nieve, lo cual no auguraba nada bueno. La pendiente se hizo más pronunciada y se bajó el rito, yo al menos. Además, como digo, la nieve mas bien blanda no facilitaba la marcha. Seguimos una vaguada mas bien estrecha paralela al valle principal del arroyo Vallines de Arriba alcanzando mas arriba la cresta entre los dos valles. La niebla se cerraba cada vez mas y durante un rato nevó con ganas. Además soplaba algo de viento del oeste que levantaba remolinos en la nieve polvo del suelo. Eran las 12:00 horas.
Yo había quedado por detrás y no tardé en agregarme a Antonio mientras el resto iban poco por delante. Nos encontramos entonces con unas formaciones rocosas en la cresta y las bordeamos por la izquierda siguiendo casi a tientas la mejor opción. Yo me lo iba tomando con calma ya que llevaba unos días con algo dolor de piernas y cadera que en esas circunstancias se podía agudizar. Acompañado de Antonio fuimos avanzando por la fuerte pendiente mientras la visibilidad era ya nula por completo prácticamente. Apuntaré que, tanto mi hermana como Luis, un compañero del club, me habían mandado sendos mensajes diciendo que en León estaba nevando bastante.
Bordeando dichas rocas, y a la una de la tarde, vimos como el resto que nos precedía, comenzaba el descenso hacia nosotros. Habían alcanzado una collada cercana y no viendo absolutamente nada, decidieron emprender el descenso. En esos momentos nevaba poco, pero la niebla hacía del suelo blanco y el resto del paisaje se fundieran en un completo cuadro monocolor. Reunidos todos nos hicimos unas fotos con el banderín y una bandera de León delante de las rocas antes de emprender el descenso poco después de las 13:00 horas.
De nuevo se adelantaron algunos mientras yo, vista la pendiente que había, no lo dudé y saqué el plástico que en invierno siempre meto en la mochila. Con él me tiré haciendo “culoskí” varios metros disfrutando realmente de este descenso. Como quería grabar con la cámara de fotos, me quité los guantes para sujetarla bien, lo que me supuso quedarse los dedos helados cuando al parar raspé las manos en la nieve. Todo sea por una buena toma. La nieve blanda me impedía coger mas velocidad, pero no estuvo mal. Me entretuve con la cámara, los guantes, etc. y me adelantaron todos. Ya bastante abajo había un pequeño árbol de tronco torcido que me pareció una bonita estampa en medio de la nieve.
Me uní entonces a Antonio para seguir bajando por la vaguada de ascenso teniendo cuidado de no hundirnos en los tramos de nieve con arroyo debajo. Al final ninguno nos libramos de ello quedando enterrados hasta mas arriba de la cintura, eso sí, con un buen rato de risas.
De esa forma alcanzamos el arroyo perpendicular al principal por el que recorrimos unos metros antes de llegar a la confluencia con este último cuando eran las 14:00 horas. Aquí retomamos la pista cargada de nieve que baja paralela al arroyo. El mismo arroyo entre la nieve y algo de arboleda tenía una vista realmente bonita a pesar del día gris. Ahora apenas nevaba y la niebla cerrada había quedado arriba, pero estaba bastante oscuro. Zigzagueamos siguiendo el camino antes de pasar sobre el arroyo. Antonio se había adelantado y me quedé solo por detrás. Ahora no abandoné la pista y así salí a la carretera cuando eran las 14:20 horas.
El coche estaba unos 100 metros mas arriba y Antonio venía de allí caminando. Intentamos hacer señas a Amador y Roberto, que estaban dentro del coche, para que se acercaran y no nos veían. Al final casi llegamos donde ellos antes de ponerse en marcha. Javi y Ramón estaban carretera adelante ya caminando hacia Portilla y les alcanzamos casi en el pueblo. Así atravesamos éste y paramos donde había dejado yo la furgoneta, en el cruce de entrada al pueblo. Por cierto, no expliqué la razón de haberla dejado allí. Ésta no era otra que, en caso de haber subido al pico y tener mas o menos buen tiempo, habríamos bajado por otro valle hacia Llánaves y luego carretera abajo hacia este punto.
Aquí nos cambiamos y decidimos, como ya habíamos hablado, parar a comer en algún bar, restaurante, etc. cercano. A mi no me parecía mala idea del todo, a pesar de tener la comida que había llevado, lo que sí les indiqué fue que se mirase el precio de la misma ya que, y no por tacañería ni nada por el estilo, pero no me parecía lógico gastarse una exageración en una comida de una salida normal de montaña, lo que a mi parecer, y sin entrar en detalles, luego pasó.
Tras cambiarnos la ropa húmeda emprendimos el viaje de retorno con esa intención. En las paredes de los laterales de la carretera había unas bonitas formaciones de hielo que no pude por menos de parar a fotografiar. Al final paramos en Boca de Huergano y en el mismo restaurante de la mañana. No tenían plato del día y pedimos a la carta, tampoco nada del otro mundo, por lo que como ya indiqué, salió mas caro.
Ya cerca de las 17:00 horas reemprendimos Antonio y yo el retorno hacia Riaño disfrutando de nuevo de una vistas impresionantes de los picos nevados, el pantano, la niebla, etc. También paré a sacar una foto. El resto, en el otro coche, habían decidido volver por Prioro. Bordeamos nosotros el embalse con la carretera húmeda pero sin nieve. Y ya tras pasar la presa, en el tramo hasta Cistierna, volvimos a ver increíbles parajes nevados entre niebla y roca. Curiosamente, y al contrario de toda lógica, fue a partir de Cistierna donde comenzamos a ver nieve en la carretera y en el aire. Extremando la precaución para evitar deslizamientos o derrapajes, ya que con la fina capa es donde más probabilidades hay de que ocurra, fuimos avanzando hacia Mansilla mientras anochecía. En esta villa cambiamos el rumbo a la capital donde entramos también pisando nieve y cayendo mas o menos abundantemente. A las 18:40 horas aparcamos en Guzmán y me despedí de Antonio. Sin más, con la nieve cayendo sin cesar, llegué a casa a las 18:55 horas.
En definitiva, a pesar de no haber alcanzado el objetivo, personalmente me ha quedado una grata sensación de esta jornada montañera, primera de este año 2006.