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lunes, 2 de abril de 2012

VALLES DE BALBOA - 01-04-12

 


1ª TRAVESÍA “BALBOA – CHAN DE VILLAR – VILLARIÑOS – CASTAÑOSO – CANTEJEIRA – PUMARÍN - BALBOA”.

01-04-12             (Domingo)

Comenzamos este mes de abril con una bonita y completa travesía, parte de la cual ya hicimos algunos el pasado año en otoño. En aquella ocasión nos acercamos a Balboa, dónde se celebraba el Magosto Celta, y allí recorrimos los pueblos de Pumarín, Cantejeira y Castañoso para cerrar la ruta a Balboa desde el mismo. Nos quedó pendiente la parte que pasa por Villariños y Chan de Villar, por lo que decidimos esta segunda vez emprender la marcha en sentido inverso.
En esta ocasión hemos ido 7 personas: Camino, José Luis, Tiquio, Nati, Álvaro, Juan y yo. Salimos de León en mi coche y el de Tiquio a las 8:00 horas por la carretera de Astorga en cuyas cercanías nos incorporamos a la autovía. Por ella circulamos un buen tramo hasta Ambasmestas donde la abandonamos para hacer los últimos kilómetros hasta llegar a Balboa, 700 m, sobre las 10:00 horas. Allí nos preparamos y antes de emprender la marcha tomamos un café en una de las pallozas-bar de dicha localidad.
Eran las 10:30 horas cuando comenzamos la ruta por la carretera que sube hacia Chan de Villar, distante unos 2 kilómetros. Dicha carretera sube serpenteante entre arboleda dando vista al valle con Balboa en medio y su castillo en lo alto. Poco a poco fuimos viendo más panorámica contemplando otro pueblo escondido más al Oeste.
En 40 minutos entramos en Chan de Villar, 893 m, pueblo situado en el alto de la loma entre dos valles. A la entrada se puede ver una bonita casa de piedra y pizarra en una finca de prado verde y setos cuidados. En otra vimos unas ocas y gallinas. Los árboles frutales de las huertas estaban totalmente cargados de flores blancas. En otro vimos una bonita ardilla de color blanco y negro que corría por las ramas ágilmente.
Atravesamos este pueblo, dónde nos indicaron la salida a Villariños, pueblo que ya veíamos en otra ladera del valle, por un camino que salía de la carretera de Ruideferros y que se adentraba en éste perdiendo altura considerablemente. Entre pinos y escobas también floridas bajamos por un ancho camino hacia el fondo del valle por dónde descendía un arroyo, el Veldedo Reduchos. Lo atravesamos para regresar por su orilla siguiendo ahora un sendero que enseguida comenzó a remontar la ladera contraria entre bosque pelado con fuerte pendiente por el que salimos a otro sendero más alto ya fuera de la arboleda. Este valle confluye también en Balboa, que veíamos desde allí de nuevo.
El grupo se había dividido y por detrás habían quedado Camino y Nati. Pues bien, mientras la primera nos seguía por el sendero de la parte contraria aún y la indicamos por dónde pasar, Nati caminaba por la carretera de Ruideferros por la que subían algunos coches. Esperamos nosotros por Camino yendo José Luis en su busca al ver que tardaba. Al poco llegaron los dos y retomamos todos la marcha hacia Villariños para el que nos restaban unos 500 metros de escaso desnivel.
Antes de entrar en éste volvimos a encontrarnos con numerosos castaños y un colmenar protegido por una antigua cerca de piedras. El camino estaba allí bien armado con losas de piedras y excavado en la misma roca. En ella se podían ver las marcas de las ruedas de los carros que años atrás se usaban en estos pueblos. Pasamos al lado de una fuente que formaba otro reguero en una pequeña vaguada de praderías y entre tapias de huertas y prados, en los que vimos un burro, entramos en Villariños, 998 m, cuando eran las 13:00 horas.
En dicho pueblo vimos una curiosa vivienda dónde habían recortado la parte baja de una esquina para dejar paso en la calle. Desde allí veíamos Chan de Villar en lo alto de la loma contraria del valle. Atravesamos sus calles y salimos por un camino paralelo a la carretera que sube de Balboa y que ascendía suavemente. A su vera vimos un antiguo potro de herrar ganado y un merendero después. Luego nos encontramos con un pastor y el rebaño de ovejas y nos indicó el camino que ya bajaba hacia Castañoso por otro valle paralelo.
Entre robles emprendimos el descenso avistando algunas casas de Cantejeira en una collada de la ladera frente a nosotros. Enseguida vimos Castañoso en el fondo del mismo valle. Por encima, además de verdes prados, se venían vestigios de incendios que dejaban las laderas ennegrecidas. De nuevo en la parte más cercana al pueblo encontramos numerosos castaños de gran grosor y ramas retorcidas a las que nos subimos para sacarnos unas fotos.
A las 14:00 horas salíamos a la carretera que llegaba a Castañoso, 866 m, a unos 200 metros de su entrada. En él decidimos no entrar ya que la ruta seguía por un camino que partía de allí mismo. En ese punto cerrábamos la ruta comenzada la vez anterior ya que habíamos bajado por la carretera a Balboa directamente.
Camino decidió hacer eso mismo y entró en prado a descansar un rato antes de retomar la marcha. Por mi parte, que no iba en buena forma ese día, opté por intentar seguir la ruta tranquilamente, nos quedaba aún una buena subida a Cantejeira de unos 300 metros de desnivel. Álvaro se acercó al pueblo a por agua y sin demora nos pusimos en marcha por otro camino entre más castaños donde la vez anterior habíamos cogido unas bolsas de sus frutos. La subida se hacía notar con algunos fuertes repechos, pero lo íbamos superando mientras por el Norte iban apareciendo nubes. Llegamos así a un cruce en el que unos indicadores nos marcaban las distancias a los pueblos: 1,5 Km. a Castañoso, 2,4 Km. a Balboa y 1,8 Km. a Cantejeira.
Por este último ramal seguimos ascendiendo atravesando un arroyo poco después. Así llegamos a otra confluencia en la que la vez anterior nos habíamos equivocado. La señal, en vez de estar en el cruce, está varios metros separada del mismo. Si se va subiendo como ahora no hay problema, pero bajando puedes coger cualquiera de los dos ramales que hay en la misma dirección.
El camino serpentea por las laderas entre algo de arboleda y escobas. Álvaro y yo nos acordamos ahora de cómo estaban los árboles aquella vez, cargados de hojas rojizas del otoño y ahora esos mismos llenos de blancas flores. En unos de ellos, en el que nos habíamos sacado una foto, lo hicimos también esta vez. El calor apretaba al sol como pleno verano.
Desde allí nos restaba una recta subida no muy fuerte hacia la collada tras la cual está la carretera que llega a Cantejeira. Eran las 15:15 horas, buena hora para comer ya, por lo que decidimos desviarnos a un prado cercano a la sombra de un árbol para hacerlo. José Luis y Juan, que se habían adelantado, volvieron sobre sus pasos y nos acomodamos en aquella pradera con vistas al valle por el que veníamos subiendo y con la carretera de Castañoso en el fondo del mismo. Las nubes que venían del norte incluso se agradecían por la sombra.
Sobre las 16:30 horas levantamos el “campamento” y en pocos minutos salimos a la carretera entrando en Cantejeira, 1130 m, unos metros más adelante. Por sus calles nos dirigimos hacia el centro del pueblo dónde está la palloza-bar en la que entramos a tomar un café. Al igual que la de Balboa, está decorada típicamente y saque varias fotos en su interior. Luego hemos bajado a la bonita fuente en la que estuvimos la vez anterior. Allí nos encontramos al vecino con el que habíamos estado en noviembre. En aquella ocasión habíamos bajado a la cascada, pero ahora, además de ir un poco justos de tiempo, nos dijeron que traía poco agua.
Sin demora retomamos la ruta saliendo minutos después hacia Pumarín, cercano pueblo al que llegamos en pocos minutos. Para evitar bajar por la carretera habíamos preguntado si había alternativa, indicándonos un camino que partía a la salida del pueblo directamente al valle hacia el castillo de Balboa. En él nos metimos hasta que poco a poco se fue estrechando convirtiéndose en un sendero apenas perceptible entre la arboleda. Encontramos varias vaguadas por las que descendimos temiendo que en algún momento nos embarrancáramos. Para sorpresa nuestra terminamos en la carretera que iba serpenteando loma abajo hacia Balboa. Juan había decidido ir por ella y le vimos pasar antes de salir al asfalto. Poco más adelante la abandonamos hacia otro sendero incierto que nos volvió a meter entre el bosque y pendientes vallinas por las que perdíamos altura de forma considerable. Una vez más salimos a la carretera en un punto cercano a una collada que separaba dos valles de la que nos acordábamos de la vez anterior. Echando una vista desde ella decidimos tirarnos hacia ese otro valle donde vimos un rebaño de ovejas pastando en unas praderías. Algunos mastines se nos acercaron ladrando.
Enlazamos entonces con otro ancho camino entre árboles de troncos descomunales y retorcidos que iba un poco más llano hasta que por fin divisamos delante de nosotros el castillo. Poco antes vimos también Balboa en una amplia vista aérea. Cercano al castillo, y como ya nos habían dicho la vez anterior, hay una especie de anfiteatro con un escenario dónde se celebran conciertos de música celta. Las gradas, a modo de escalones en la ladera, miran para un templete de piedra y madera situado a escasos metros de la torre del castillo. También tienen construida una tasca en la parte baja de las gradas a modo de bar con cubierta de pizarra. Del castillo solo quedan algunas paredes y parte del torreón. Por su recinto anduvimos un rato contemplando ahora además Chan de Villar y Villariños al Norte y algún tejado de casas de Pumarín.
Otro sendero entre un helechal seco nos bajó hacia Balboa donde entramos poco antes de las siete de la tarde. Por una calle salimos a la carretera que baja de Pumarín y por ella nos dirigimos al centro del pueblo donde teníamos los coches aparcados. En la terraza de la palloza estaban Nati y Camino, a quien le había dejado las llaves de la furgoneta. Nos cambiamos allí mismo y con los vehículos nos dirigimos a la otra palloza, a la salida del pueblo. En ella tomamos un refrigerio e hicimos las cuentas de la salida.
A las 20:00 horas emprendíamos el regreso a León. Por la carretera llegamos a Ambasmestas enlazando allí a la autovía. Por la misma recorrimos el tramo hasta Astorga viendo cómo el cielo se cubría de negros nubarrones que dejaron caer alguna chispa de agua. Ya por la nacional completamos los 150 Km. de viaje hasta la capital donde llegamos sobre las 21:45 horas.
Terminamos así una nueva salida del club Cumbres de León en la que la climatología casi veraniega no pudo ser mas agradecida. La ruta resultó muy completa y con buenos paisajes para disfrutar de amplias vistas. En kilómetros podemos calcular que hicimos unos 18, más o menos.

























lunes, 7 de noviembre de 2011

MAGOSTO - VALLES DE BALBOA 06-11-11

 

MAGOSTO EN BALBOA.

1ª TRAVESÍA “BALBOA – PUMARÍN – CANTEJEIRA – CASTAÑOSO – BALBOA”.

06-11-11         (Domingo)

Después de habernos quedado sin plazas para el Magosto de la Delegación de Montaña, hemos decidido agregarnos a otro en el último momento. Por parte de Mª Jesús se nos propuso acercarnos a Balboa, localidad berciana en la que durante el fin de semana se celebraba este evento típico de estas fechas otoñales. Tan solo cuatro nos animamos a ello quedando luego reducidos a tres los participantes en el mismo: Mª Jesús, Álvaro y yo.
A las 7:30 horas salimos de Armunia en mi furgoneta por la ronda sur enlazando enseguida con la nacional hacia Astorga. En ella entramos a la autovía por la que dejamos atrás Ponferrada abandonando la misma en Ambasmestas. Escasos 7 Km. nos restaban a Balboa, 700 m, donde encontramos aún numeroso personal en diferente estado de “alegría” que seguía la fiesta desde el día antes. Eran las 9:30 horas y habíamos hecho 150 Km.
El cielo gris y con algo de llovizna cayendo nos obligaba a determinar los planes para la jornada. Por una parte queríamos ver una bonita cascada en Cantejeira y por otra realizar una ruta circular por los pueblos cercanos. Sobre las cinco de la tarde comenzaba el magosto, que consistía en una actuación de música celta en una de las pallozas-bar mientras se consumían castañas asadas que daban como tapas en la misma.
Para hacer la ruta completa subiendo a la cascada era muy difícil llegar a esa hora o incluso poco más tarde. Siempre se podía atajar desde cualquiera de los pueblos de la misma, lo cual hicimos al final. Por un lado, la ruta marcada y oficial estaba trazada desde Balboa a Castañoso, Villariños, Chandevillar y vuelta a Balboa. Para ver la cascada había que subir hasta Cantejeira pasando por Pumarín y luego dirigirnos hasta Castañoso y enlazar con la ruta. Ya adelanto que, tanto la mala señalización, como la falta de la misma, por insuficiente o gamberrismo, nos hicieron perder muchísimo tiempo durante la jornada como luego detallaré.
A las 9:40 horas emprendimos la marcha hacia Cantejeira, distante 4,5 kilómetros y con un desnivel de 400 metros hasta el mismo. Atravesamos un bonito parque por el que cruzaba un arroyo y poco después cogimos la carretera que asciende de continuo hacia dicho pueblo. El sol quería salir entre la nubes y avanzo que al final se impuso, aunque peleando de continuo con ellas. La lluvia se fue haciendo más débil y también cesó antes de llegar arriba. El frío sí era intenso de momento.
Delante de nosotros se alzaba el castillo de Balboa en el alto de un cerro cubierto de arboleda. Los castaños escoltaban la carretera a ambos lados dejando caer sus frutos ya maduros. Íbamos cogiendo algunas para probarlas sin entretenernos demasiado ya que la marcha se prometía larga, si la hacíamos entera. Algunos coches iban y venían por ella, aunque muy escasos. Dejamos atrás unos depósitos de agua mientras ganábamos altura constantemente.
La vista era cada vez más amplia del valle de Balboa sobre el que veíamos un amplio y bonito arco iris que salía del mismo pueblo. Hacia el Noroeste se cerraban negros nubarrones que amenazaban lluvia con fuerza, pero el viento corría algo trasversal y no los llegaba a cerrar sobre nosotros.
En esta subida íbamos siguiendo una ruta señalizada para bici de montaña que recorre las cuencas mineras de la comunidad y encontrábamos señales de la misma en diferentes tramos. La carretera serpenteaba valle arriba por la ladera Este entre arboleda, aunque los castaños habían desaparecido según avanzábamos. Llegamos así a una bifurcación donde cada ramal se divide para llegar a Cantejeira por diferente ruta. Uno va directamente mientras el otro pasa por Pumarín, aunque en distancia es similar uno a otro. Mª Jesús había tomado un atajo por un sendero mientras Álvaro y yo decidíamos no abandonar de momento el asfalto. Nos encaminamos hacia el primer pueblo, Pumarín, donde nos encontramos en pocos minutos cuando eran las 10:50 horas.
En dicho pueblo, situado a 1050 metros de altitud, entablamos conversación unos minutos con una vecina. Retomamos la marcha atravesando la pequeña localidad y enlazando luego a la otra carretera que baja hacia Villafeile y Ambasmestas. Hacia el lado contrario nos encaminamos divisando enseguida Cantejeira a poco más o menos un kilómetro. Ahora lucía el sol y entre la niebla pudimos ver la cumbre de Peña Rubia. Poco después llegamos al encuentro de los dos ramales de la carretera a dicho pueblo que se unían poco antes de entrar en él.
A la entrada de Cantejeira se encuentra el cementerio desde donde poco antes parten dos senderos, uno de ellos marcado con dirección a Balboa y el otro sin nada. Nos habían dicho que también salía de allí uno hacia Castañoso, pero no lo vimos.
A las 11:25 horas llegábamos a Cantejeira situado a 1100 metros de altitud. Alguien nos indicó la salida hacia la cascada y hacia ella nos dirigimos. En una fuente paramos unos minutos y charlamos con una pareja de lugareños que nos indicaron también dicho camino. Apunto que en la fuente había unas bonitas esculturas de madera empotradas entre las piedras de la misma así como una placa de homenaje a un personaje de la localidad.
A las 11:40 horas salimos del pueblo por un camino hacia el Este por encima de varias huertas y prados. A unos 500 metros encontramos una bifurcación con una señal en medio a modo de flecha señalando a la derecha que ponía “cascada”. Pues bien, dicha señal estaba desclavada puesta provisionalmente en medio de los ramales y de frente al ramal derecho, con lo cual, si nos fiábamos de ella teníamos que seguir por nuestra izquierda. Claro que, si la flecha realmente tenía que estar mirando hacia el pueblo, que era lo normal, teníamos que ir hacia la izquierda. Vamos, un dilema. María Jesús se acercó unos metros hacia la derecha sin ver señal alguna de los hitos que nos habían comentado que había.
Sin más nos encaminamos hacia la izquierda comenzando un fuerte descenso hacia un valle. No tardando surgió otro dilema al ver un nuevo cruce de tres senderos. Uno lo descartamos al ver que subía demasiado hacia la cresta. De los otros, otro bajaba directo al río y el tercero seguía de frente hacia el fondo del valle. Seguimos éste último llegando a unas praderías donde daba un giro total por la margen contraria de la reguera Tabernas. Dudamos si habría que seguir valle arriba, pero ya no se veía trotado y desistimos. Seguimos el sendero por esa otra margen entrando en un pequeño pinar que atravesamos enseguida.
Ya fuera de él, y sin señales de la cascada, oímos ladrar un perro en la parte contraria y dimos una voz a ver si venía alguien. Nos contestó una chica que nos comentó que no íbamos bien por allí y que no estaba tan lejos. Resumido este rato, atajamos por la vaguada pasando el río para comenzar a subir por otro sendero empinado hasta encontrarnos con esa joven. También iba buscando la cascada, a la que ya había ido alguna vez, pero de cuya situación no se acordaba. Total que decidimos volver al pueblo de nuevo y sopesar las alternativas. Cuando entramos en Cantejeira de nuevo eran las 13:10 horas.
Nos encaminamos hacia la gran palloza de este pueblo, también convertida en bar, y entramos a verla. Volvimos a encontrarnos con la señora de la fuente y otra vecina que nos explicaron ciertamente por donde se iba. La señal estaba movida y había que girar a la derecha realmente. Nos indicó además otro sendero por debajo del anterior que iba más directo y ya por amor propio nos encaminamos por él. Éste estaba más embarrado y nos sacó al ramal que venía de la bifurcación de arriba. Enseguida vimos otra flecha que nos metía hacia el fondo del mismo valle de Tabernas pero varios metros río abajo. La pendiente era pronunciada y una nueva bifurcación nos ponía en apuros de nuevo. Una flecha hecha con piedras en el suelo y las indicaciones que nos habían dado de ir siempre a la izquierda, nos sirvió para elegir el sendero. Bajamos varios metros entre vegetación hasta llegar por fin al ansiado rincón, que por lo demás no nos defraudó. Eran las 13:50 horas. Desde el pueblo habíamos tardado 20 minutos.
Este bonito salto de unos 10 metros se desploma por una pared rocosa a una pequeña poza antes de seguir su curso entre la arboleda. El caudal de la misma era suficiente para ya poder disfrutar de su vista. Aprovechando la estancia de un grupo de jóvenes gallegos, nos sacaron una foto con ella detrás. En unas rocas cercanas nos acomodamos para comer escuchando el sonido del agua desplomándose. Nos quedaba la duda de saber si, de haber seguido el cauce del río hubiésemos podido bajar hasta allí mismo o se encontraría cerrado por vegetación o más cortes insalvables.
A las 14:40 horas retomamos la marcha subiendo hacia el pueblo. Después de comer, las cuestas cuestan más. En un prado vimos un burro que se nos acercó al paso nuestro. Un rebaño de vacas y un caballo nos cerró un momento el camino mientras entraban a otro prado. Atravesamos Cantejeira sin detenernos ya y llegamos al camino cercano al cementerio que señalaba Balboa, y que según ya nos habían comentado, se bifurcaba luego a Castañoso.
A las 15:15 horas tomábamos dicho camino por el que comenzamos a descender entre arboleda y arbustos. Frente a nosotros veíamos varios árboles con diferente colorido otoñal que formaba un mosaico impresionante. Nos hicimos algunas fotos delante de ellos y seguimos avanzando en busca de la bifurcación. En algunos lugares encontramos una especie de pozas que recogían el agua de algunos regatos que bajaban por la ladera y que luego usarían para alguna pradería de la parte baja.
Así llegamos a una bifurcación donde una señal doble marcaba “Cantejeira 0,5 – Balboa 3,5 Km”. Bien, cogimos la dirección a Balboa suponiendo ya de los dos ramales, al que mejor indicaba la flecha. A los 50 metros otro desvío más estrecho volvió a ponernos en jaque descartándolo por ese detalle de la anchura. Seguimos el otro más alto entre arboleda mientras veíamos que nos iba metiendo a una vaguada que no nos convencía, aunque podía luego girar bruscamente. Así recorrimos un trecho durante diez minutos hasta llegar al arroyo donde no giraba, si no que terminaba bruscamente el sendero. El rincón era bonito al menos, pero teníamos que regresar por enésima vez en el día.
Volvimos al punto donde se separaba del pequeño y entrando en él un poco vimos la estaca a unos 50 metros del cruce. Volvimos a descender atentos a las posibles bifurcaciones que podíamos dejarnos atrás sin marcar y así llegamos de nuevo al mismo arroyo anterior, pero por el paso bueno. No tardando encontramos el desvío de los dos pueblos. Desde Cantejeira llevábamos 1,8 Km., a Balboa había 2,4 y 1,5 Km. a Castañoso. Eran las 16:10 horas.
En este tramo a dicho pueblo nos encontramos de nuevo numerosos castaños con frutos caídos en el suelo algunos de los cuales recogimos para comer. Las formas retorcidas de sus troncos eran verdaderas obras de arte en algunos de ellos.
A las 16:50 horas entrábamos en este pueblo donde preguntamos a un joven por la salida hacia Villariños, la cual se encuentra cercana al puente de la entrada sobre el reguero de Castañoso. Si bien las casas de los anteriores pueblos mantenían en general un tono rústico, con algunas excepciones, en éste las excepciones las hacían las antiguas teniendo el resto demasiado cemento y uralita en general. En un tractor también viejo saqué una foto a Álvaro y Mª Jesús, por no perder la costumbre. La altitud del pueblo es de 866 m.
Salimos de allí a las 17:00 horas para recorrer los 3,5 kilómetros a Balboa por la carretera. Sabíamos que había un sendero, y de hecho lo vimos cerca del río, pero ya no arriesgábamos a tener que andar con más retrasos. En este tramo encontramos muchos más castaños cuyos frutos caídos aplastaban los vehículos que iban y venían. Por la izquierda subían las laderas por las que transcurría el sendero por el que habíamos bajado. También vimos más adelante la collada donde comenzaba el mismo en Cantejeira. Al lado de la carretera vimos una larga escalera apoyada en la roca y nos dejó un poco intrigados. No se veía a nadie por allí ni coches.
Poco a poco nos fuimos acercando a Balboa y nos situamos bajo la carretera que sube a Pumarín. Frente a nosotros comenzó a perfilarse a contraluz la silueta de la torre del castillo y no tardando vimos las primeras casas del pueblo bajo nosotros. Tras una cerrada curva, donde se encontraba el desvío de Villariños, entramos en Balboa cuando eran las 17:45 horas.
Haciendo cálculos, entre pueblos habíamos recorrido unos 12 Km. y con las idas y venidas a la cascada y demás otros 6 Km. bien a gusto.
Antes de ir a la furgoneta a cambiarnos preguntamos donde se hacía la fiesta y demás. Pues bien, resulta que al final se había suspendido la actuación musical prevista en la palloza. En un rincón cercano estaban unos jóvenes asando las castañas en un bidón para luego darlas en esa palloza como tapa-degustación. Nos cambiamos y entramos en “La Casa de Gentes”, la casa del pueblo de Balboa, donde había una exposición de aperos y demás. Allí compré un bizcocho de castañas. Luego lo hicimos en la palloza a tomar una consumición y probar las castañas. Aunque había personal, no quedaban ni la mitad de coches que habíamos visto por la mañana al llegar.
Luego decidimos acercarnos hasta la otra palloza-bar, situada a las afueras. Es más grande que la anterior y también muy original. Tomamos otra consumición e hicimos las cuentas de la salida. Regresamos luego al centro del pueblo donde teníamos la furgoneta y a las 20:20 horas emprendíamos el viaje hacia la capital.
Enlazamos con la autovía en Ambasmestas y por ella circulamos hasta la altura de Astorga donde la abandonamos. Por la nacional recorrimos los últimos 45 Km. hasta León llegando a Armunia cuando eran las 22:00 horas. Dejé a Mª Jesús en casa y Álvaro tenía su coche donde la mía.
Este fue nuestro magosto particular de este año. Resultó bien, pero la señalización nos jugó unas cuantas malas pasadas haciéndonos perder demasiado tiempo, tiempo que podíamos haber aprovechado visitando al menos el siguiente pueblo de la ruta. Cuando estoy escribiendo esto ya hemos hecho el calendario del próximo año y en abril hemos puesto la misma ruta para terminar de rematarla o hacer la segunda parte de ella.