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domingo, 5 de mayo de 2013

CALEAO - VALLE XULIÓ - VALLE DE LOS ARRUDOS. (Asturias) 05-05-13

 


1ª TRAVESÍA “CALEAO - VALLE XULIÓ - CABEZA DE ARCO - VALLE PANDIELLINA - LOS ARRUDOS - CALEAO”. (Asturias).

05-05-13                  (Domingo)

Para este primer domingo de mayo teníamos la ascensión al pico Retriñón, en Caleao, Asturias. Parte del grupo sí alcanzó dicha cumbre, no sin esfuerzo, mientras otros no lo hacíamos. Nati quedaba como siempre haciendo una ruta por la parte baja y Tiquio y yo hacíamos la circular de la ruta “Cabeza de Arco” que transcurre por los valles de Xulió y Los Arrudos.
Muy pocas veces me ha pasado lo que este día, no tener fuerzas para alcanzar la cumbre. Ya desde un principio noté que iba en baja forma, lo que unido al gran desnivel, unos 1200 metros hizo que me fuese imposible alcanzar dicha cima. Por su parte, Tiquio decidió acompañarme ya que tampoco estaba muy animado a subir.
A las 7:30 horas nos reunimos en Guzmán 6 de los 7 participantes: Mª Jesús, Nati, Álvaro, Tiquio con Rex, Carmen y yo. Salimos por la carretera de Asturias poco después recogiendo a Miguel Ángel en La Pola de Gordón. Tras descender el puerto de Pajares y enlazar con la autopista, nos desviamos en Mieres hacia La Feguera. Allí cogimos otra carretera de las cuencas mineras del Nalón hasta llegar a Rioseco en el que paramos a tomar un café a las 9:20 horas. Veinte minutos después retomamos el viaje hacia Caleao al que llegamos a las 9:50 horas tras abandonar esta vía principal a otra más estrecha. Hasta allí hay unos 150 Km. y estábamos a 717 metros de altitud.
Por un camino a la izquierda y anterior al pueblo subimos unos metros hasta un aparcamiento cercano a una ermita dónde comienza la ruta de Los Arrudos. Nos preparamos para la ruta con el cielo despejado por completo y buena temperatura. A las 10:10 horas nos poníamos en marcha hacia el centro del pueblo en el que vimos un bonito hórreo. Esta ruta está señalizada toda ella, o casi toda, ya que comenzamos por no ver la marca de salida al valle de Xulió por el que teníamos que subir. Había un par de caminos y algunos comenzaron a seguir el que no era. Preguntando a un vecino del pueblo nos indicó el mismo y enseguida abandonamos Caleao con dirección Oeste. Tuvimos una bonita panorámica del mismo con sus casas en la verde ladera de la montaña.
Poco a poco fuimos cogiendo altura e internándonos en el valle entre praderías y taludes de las fincas con el arroyo a nuestra izquierda. Frente a nosotros ya se alzaban las cumbres nevadas hacia las que íbamos. Dejamos atrás una casa también a la izquierda del camino y seguimos entre una empalizada que protegía el camino de la caída al valle. No tardando encontramos un gran tronco caído medio hueco al que se encaramó Álvaro. Por su parte, Mª Jesús se había olvidado de cargar agua y había regresado al pueblo para aprovisionarse. El día se preveía algo caluroso y la ruta fuerte para ir sin líquidos.
Así llegamos a un vado del camino sobre el arroyo comprobando como parte de él abnegaba el firme. Paralelo encontramos un puente muy endeble, La Campa, por el que cruzamos con precaución. Luego nos dijo Nati que había llegado hasta allí y no se había atrevido a cruzarlo. Al poco tramo vimos una bifurcación a la derecha también marcada hacia otra ruta.
Nos fuimos metiendo a la sombra de un bosque que cubría la mayor parte de la falda del valle; por allí vimos el primer nevero de la ruta. En otro gran tronco se encaramaron de nuevo los compañeros, que ya empiezo a pensar que son un poco “monos”. Cómodamente fuimos subiendo entre la arboleda por el ancho camino del valle encontrando algunos lugares embarrados provocados por los pequeños regatos que bajaban de la ladera.
A las 11:35 horas llegamos a la cabaña de La Porquera, una majada construida al abrigo de los riscos que sirven también de pared de la misma. En ella nos sacamos una foto de grupo antes de proseguir la ruta ahora ya por sendero que enseguida se confundió con el lecho del río. Por unas tablas aún más precarias que el puente anterior cruzamos a la parte contraria por la que seguía la senda paralela a este arroyo en el que vimos bonitos rincones con saltos de agua en el curso. La arboleda ya bastante primaveral nos protegía del sol que ya calentaba.
Más arriba el sendero estaba de nuevo inundado por el agua. En un hueco de las rocas vimos un corzo muerto al que un hombre que bajaba en esos momentos le quitó el único cuerno que tenía. No tardamos en tener que cruzar de nuevo el arroyo, esta vez sin puente. Según nos había comentado este hombre, la gran cantidad de agua de esta primavera es lo que ha provocado que el cauce inunde el camino habitual. Atravesamos el mismo por las piedras y enlazamos de nuevo al sendero marcado. No tardando llegamos a una portilla en la que dejamos atrás el bosque. Por encima, a nuestra derecha, vimos una gran cavidad abierta cuya parte alta a mi me sigue pareciendo un gran águila con las alas medio desplegadas.
El sendero ahora subía fuertemente describiendo zigzag por la loma. Volvíamos a ver las cumbres nevadas de frente y la que nos parecía que era el Retriñón al fondo del valle a la izquierda. Realmente luego comprobamos que éste estaba también en la cabecera pero a la derecha.
El valle se abrió entonces apareciendo las cabañas de Xulió pocos metros más adelante. En un muro al comienzo de las mismas nos acomodamos unos minutos a tomar un tentempié. Eran las 12:15 horas y estábamos a unos 1100 metros de altitud.
Una vez en marcha cruzamos el bello paraje de estas brañas en las que pudimos ver numeroso ganado bovino. El sendero transcurría a la vera de un pequeño muro entre el que se encajonaba. Por las laderas de la derecha bajaban varios arroyos que cruzamos y que desembocaban en el principal. Lo cierto es que el paraje era un tanto idílico.
Dejamos atrás el mismo para cruzar de nuevo el cauce principal que ahora casi desaparecía entre los cantos. La ruta continuaba en una fuerte pendiente en la cual a mi se me acentuó el cansancio. Las señales de la misma en forma de pintura o indicadores de madera aparecían de vez en cuando sin posibilidad de pérdida alguna. Subimos un tramo encajonado en un pequeño cañón por el que bajaba otro arroyuelo hasta que la senda describió un giro de 180 grados hacia la parte izquierda del valle. Desde allí vimos claramente la cumbre del Retriñón al Oeste con sus 1862 metros y lo que restaba a ella.
Yo ya tenía claro que no lo iba a ascender y que iba a seguir la ruta marcada. Tiquio decidió acompañarme al no tener muy claro tampoco la intención de llegar. Yo le insistí, eso sí, que por mí no lo hiciera, ya que el resto de la ruta no tenía dificultad alguna e incluso el camino por el otro valle era aún más fácil.
De esa forma alcanzamos el collado de El Arco con una altitud de 1345 metros y a la vera del pico del mismo nombre con 1598 metros. Eran las 13:30 horas y llevábamos unos 8 Km. recorridos.
Nos sacamos una foto de grupo allí mismo antes de que Carmen, Mª Jesús, Miguel Ángel y Álvaro se pusieran en camino hacia la cumbre. Para ello tenían que llegar a la collada de La Muezca, 1776 m, rodeando el pico del mismo nombre, el que antes nos había equivocado, y desde ella emprender la última subida a la cima. Ya antes de la collada se veía mucha nieve, y como luego comprobaron, en malas condiciones.
Unos 20 minutos estuvimos allí nosotros sacando fotos y demás antes de emprender la bajada hacia el valle de La Pandiellina que abajo desemboca en Los Arrudos. La pendiente es muy fuerte y el sendero serpentea por ella, aunque decidimos echarnos directamente al ver que el matorral bajo no nos iba a molestar demasiado. Nos metimos a la vaguada perdiendo altura rápidamente con más cumbres nevadas en la lejanía. En el valle se encuentran las majadas de El Arco y Felgueru en las que queríamos comer. En un arbusto vimos un bonito pájaro que conseguí fotografiar entre las ramas antes de irse. La del Arco la forman un par de cabañas separadas entre las cuales baja un arroyo formando algunos saltos y rápidos. Fuera del sendero se encuentra la segunda de éstas a la que nos acercamos para comer.
A la sombra de un árbol nos acomodamos cuando eran las 14:30 horas. Tranquilamente comimos disfrutando el bello entorno y con el continuo sonido del agua alrededor. Luego nos hemos tumbado unos minutos que a mí me supieron a poco. Me estaba quedando dormido cuando tuvimos que retomar la marcha para que no se nos hiciese tarde. En principio el resto iba a bajar por otro lado y no sabíamos lo que tardarían. Al poco rato supimos de ellos.
Una hora después emprendíamos la caminata dejando atrás otra caseta derruida antes de meternos al sendero marcado. Echando la vista atrás vimos ahora la cumbre del Retriñón tras la collada del Arco. Con los prismáticos y el zoom de la cámara vimos a los cuatro compañeros en la nieve y a pocos metros de la cumbre. Por suerte también conseguimos contactar con ellos por el móvil y nos dijeron que la nieve estaba muy blanda y que no se iban a arriesgar a bajar por otro lado. Estando en ello vimos llegar al primero, Miguel Ángel. Eran las 16:00 horas más o menos.
Atravesamos otro arroyo que bajaba entre un roquedal y llegamos a la del Felgueru cerca de la cual vimos una fuente en la que cambiamos el agua. El sendero desde allí estaba totalmente deformado por las pisadas continuas de las vacas que van haciendo huecos a espacios regulares muy curiosos. Nos fuimos internando en el bosque de la parte baja llegando a un punto en el que la pendiente suave se trocó a empinada en una serie de zigzag largos entre arbustos y escobas con el firme empedrado. Estábamos desembocando en el valle de Los Arrudos por la Cuesta Prendeoriu en la que vimos otra cabaña arrimada a las paredes. Al Sur contemplamos también el desfiladero de Los Arrudos con el puente de La Calabaza al comienzo de la hoz.
El camino se había ido ensanchando y a su vera encontramos un depósito de agua de bloques de cemento y unas cabañas por debajo. Luego vimos algunas más antes de enlazar con el del valle principal a las 17:00 horas.
Habíamos hablado de subir unos metros por dicho valle y nos encaminamos por él viendo las bonitas cascadas y saltos en el cauce del arroyo del mismo nombre. Nos encontramos con otra casa y una fuente en su recinto en la que cambiamos de nuevo el agua. En la misma vimos una especie de arrudo, que es una pequeña escalera de tres peldaños hecha con pequeños troncos o ramas gruesas y que los ganaderos llevaban consigo para salvar a algunos pasos en la roca u otras zonas complicadas.
Bajamos luego a la orilla del arroyo y nos sacamos unas fotos con los rápidos de fondo. Allí mismo he encontrado unas gafas de sol en el suelo. Más adelante el sendero toma altura y está protegido con una barandilla de madera que nos llevó al mismo puente de La Calabaza suspendido sobre el cañón por dos escaleras metálicas a modo de pilares. Allí comienza la hoz en sí subiendo la ruta por unos peldaños rocosos hacia la parte alta. Una ruta marcada nos llevaría al Lago Uvales casi en el límite con León. Yo hace años hice este desfiladero hasta pasar el cañón en sí y desviándonos por otro valle lateral un tramo. Había mucha nieve en aquella ocasión. Nos sacamos unas fotos allí y nos encaramamos a una gran roca sobre el arroyo dejando las piernas colgadas sobre el mismo. Daba vértigo mira abajo.
Subimos luego unos metros por el cañón viendo en la margen contraria una gran lengua de nieve que caía por un pedrero hacia el río. Volvimos sobre nuestros pasos y cruzamos el puente para dirigirnos ya hacia el pueblo. Detrás nos dejó una pareja de jóvenes. Eran las 18:00 horas.
Cerca del camino vimos una especie de arqueta de donde tomaban el agua para la fuente de la casa en la que habíamos parado. Dejamos ésta atrás y el enlace con el camino de bajada, en el que por cierto no había marca alguna de la ruta. Cruzamos luego un regato y en el principal vimos unos cuantos saltos más en los que la fuerza del agua era descomunal. De las paredes rocosas crecían casi milagrosamente grandes troncos de árboles que luego se elevaban pegados a las mismas. Tras cruzar un puente encontramos un cartel informativo de la ruta de Los Arrudos, que en este tramo es común a la de Cabeza de Arco.
Pocos metros después nos hemos topado con un gran árbol derribado recientemente. Tenía un tronco descomunal y entre sus ramas nos sacamos unas fotos. Allí se abrió el valle y nos dio el sol de lleno de nuevo. El camino ahora estaba cementado en los tramos más pendientes. Por la derecha bajaban más arroyos, uno de ellos de gran caudal vimos como manaba de la misma roca. Poco a poco fueron apareciendo praderías de gran verdor en las que vimos algún caballo. Había trechos en los que el camino se encajonaba entre pequeños muretes de piedras de dichas fincas. Cruzamos otro puente sobre el arroyo de Las Campas que bajaba por un valle perpendicular por el que seguía otro ancho camino de cemento a cuya vera había una fuente con pilón.
Dejamos atrás una finca con gran caserío antes de volver a atravesar el arroyo principal. Nos metimos entonces bajo unas paredes verticales de las que en su parte baja manaba otra fuente por un estrecho tubo. Decidimos allí tomar un refrigerio y sacamos lo que nos quedaba de comida: pan, una lata de mejillones y chocolate. Estando en este lugar pasó un tractor y un quad. Eran las 19:15 horas.
Casi media hora después retomamos la marcha para llegar luego a una casa con un porche muy bien ornamentado. Allí mismo cruzamos de nuevo el río para cinco minutos después volver a la misma margen, esta vez definitivamente. Vimos algunas construcciones más en este último tramo, una de ellas nos pareció un hórreo alargado y sin elevar hasta comprobar después que se trataba de una cuadra. Poco a poco fuimos viendo como el valle se abría en la confluencia en la que se encuentra Caleao, siendo las praderías el paisaje principal con el fondo montañoso.
No tardamos en divisar la ermita del aparcamiento y a las 20:00 horas llegábamos al mismo tras unos 19 Km. recorridos, 16 de la ruta más el tramo de Los Arrudos. Nos cambiamos y esperamos por el resto que aún tardó otra hora en llegar. Nos acercamos luego hasta el bar en el que tomamos un refrigerio e hicimos las cuentas.
Cerca de las 21:45 horas emprendíamos el regreso a León por el mismo trayecto de ida. Dejamos a Miguel en Pola de Gordón llegando nosotros a la capital a las 00:20 horas.
El día despejado nos permitió disfrutar de la ruta hecha, corta o larga, y el paisaje mereció la pena, como en la mayoría de las rutas.



















lunes, 15 de noviembre de 2004

DESFILADERO DE LOS ARRUDOS (Caleao - Asturias) 14-11-04

 


1ª TRAVESÍA “CALEAO-DESFILADERO DE LOS ARRUDOS-

COLLADO DE LOS ARRUDOS-CALEAO”. (Asturias).

14-11-04       (Domingo)

Ya casi finalizando el año volvimos a salir de nuestra provincia para irnos a la cercana Asturias a recorrer un bonito desfiladero situado en la zona del puerto de Tarna, donde hace poco más de dos meses visitamos la cascada del Tabayón. Esta vez la ruta partía de la parte más baja del puerto, en Caleao, prácticamente en la mitad entre el puerto de San Isidro y Tarna. Dentro de las variantes de dicha ruta, escogimos una de ida y vuelta algo más corta que la circular que dado la época en la que estamos ya, podía resultar un poco ajustada de tiempo. Al final como se verá hubo dos variantes al dividirse el grupo, como por costumbre suele suceder cuando cada uno hace lo que le viene en gana. Pero bueno, a continuación relato la experiencia propia, que por otro lado era la programada inicialmente.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán los 9 componentes de esta salida: Luis, Merce, José Luis, José Antonio, Marta, Ricardo, Juan Carlos, un amigo de éste cuyo nombre no recuerdo ahora, y yo. En los coches de Luis, Ricardo y de este nuevo acompañante emprendimos el viaje hacia el comienzo de la ruta. El cielo estaba despejado por completo aquí en León, aunque hacia la montaña se veía un poco peor. Por la nacional llegamos a Puente Villarente donde giramos. Ya en el pantano del Porma nos detuvimos a sacar una bonita foto del Susarón con su cumbre algo nevada.
Si más continuamos hacia Puebla de Lillo conde Luis tenía pensado llenar el depósito de gasolina ya que iba con la reserva encendida. Para colmo vemos que la gasolinera de dicho pueblo estaba cerrada a pesar del horario que en ella se leía. Con un poco de mosqueo nos pusimos de nuevo en marcha hacia el puerto de Las Señales. Poco a poco la carretera se blanqueaba por la nieve y el hielo, lo que hizo extremar la precaución. Pasado este collado se desciende un poco hasta el puerto de Tarna, límite provincial desde donde se desciende más bruscamente.
En la carretera nos encontramos con algunas placas de hielo provocadas por el agua del deshielo. Pues bien, a pesar de la precaución, a Luis se le fue el coche en una de ellas y fuimos a dar contra un montón de nieve al lado de la carretera. Tan solo se le despegó una goma de la parte baja de la defensa delantera sin mayores consecuencias. Continuando el descenso fue desapareciendo el hielo y solo nos quedaba la preocupación de la gasolina.
Así alcanzamos el desvío hacia Caleao y por una estrecha carretera de 6 kilómetros llegamos a dicho pueblo. Eran las 10:30 horas. En un bar estuvimos tomando un café y luego nos acercamos hasta un aparcamiento situado a unos 200 metros por una pista que parte a la entrada del pueblo. Luis subió el coche hasta allí mientras los otros dos lo dejaban en el pueblo. El cielo se había ido cubriendo y en esos momentos incluso llovía ligeramente. Nos preparamos para la ruta y ya eran las 11:00 horas cuando comenzamos a caminar.
Por una pista de cemento nos dirigimos hacia un estrecho valle por el que transcurre el Arroyo de los Arrudos. Tras unos metros de subida, se cambió la pendiente y descendimos un trecho entre verdes prados. Durante un instante en el que se abrieron algunos claros pudimos ver el bonito pueblo soleado enclavado en la ladera. Algo más adelante nos encontramos con el primero de los varios puentes que atravesamos durante la ruta. Por él pasamos a la margen izquierda del río, o sea, dejamos éste a la derecha de nosotros. La pendiente es suave y se lleva bien la marcha. Además, va dejando de llover aunque continua nublado.
A escasos metros del primer puente se encuentra el segundo, por el que volvemos a cambiar de margen. Cerca de él vemos una bonita casa y otra a la parte contraria del camino. El verdor del paisaje se une a la abundancia de arboleda que abriga al arroyo, en el cual ya comenzamos a divisar algunas cascadas de gran belleza. De nuevo atravesamos otra pasarela de madera.
En los prados se ven algunas edificaciones más cerca de las cuales pastaban algunos bonitos caballos. El valle se va estrechando a la vez que ganamos altura suavemente. A veces el arroyo lo tenemos a escasos metros de nosotros mientras que enseguida se aleja serpenteante del camino. De pronto nos encontramos de frente con un gran rebaño de vacas que baja tapando todo el ancho del camino. Nos hacemos a un lado para dejarlas paso y evitar que nos lleven por delante. Algunos se meten en un prado para ir avanzando mientras otros esperamos un rato a que pasen.
Más adelante vemos a nuestra izquierda un gran chorro de agua que fluye desde un hueco en la roca misma. Ricardo se acerca hasta su salida pocos metros por encima del camino. Una tubería bajo el camino sirve de rebosadero hacia el río.
De esa forma llegamos a lo que es el comienzo en sí la parte estrecha del desfiladero, que a pesar de ser corta, es bastante bonita. Un cartel nos lo indica. Atravesamos un nuevo puente de madera para continuar ascendiendo por un tramo de pista entre la pared y una balaustrada de madera que evita la caída directa al río. En éste continuamos disfrutando de los numerosos saltos de agua formados por el deshielo de la primera nevada de la temporada. La arboleda multicolor cubre por completo otros tramos del camino cubierto por infinidad de hojas.
Fuera ya de él, no tardamos en divisar otra pasarela de madera, esta vez más elevada sobre el cauce y sujeta por dos estructuras metálicas. En una de las fotos del folleto que llevamos de guía viene dicho puente, llamado Calabazosa, así como algunos rincones más de la travesía que poco a poco vamos localizando. Tras atravesar dicho paso elevado la pista se convierte en una empinada escalera de piedra que rápidamente gana altura sobre el río.
En poco más de cinco minutos alcanzamos el sexto y último de los puentes que atravesamos. El rincón en el que se enclava es uno de los más bonitos de la ruta, para mi parecer. El conjunto de éste, con la barandilla de madera del sendero, los verdes helechos y un solitario árbol que sale de la misma roca forman este singular rincón sobre el cauce.
El grupo ya se había dividido quedando por detrás Marta, Merce, Luis y yo. Poco más adelante iba José Antonio al que avisé del desvío que había que tomar antes de cruzar el siguiente puente. Como iba avanzado, esperaba que se lo dijese al resto que iba aún más aventajados.
El sendero en aquel tramo era bastante empinado y el desnivel hacia el río considerable. De nuevo, esta vez en un tramo de escalones, nos encontramos con otro rebaño de vacas que bajaba. Apartándonos de su camino vimos como descendían hábilmente por los escalones de piedra. Algo más de cinco minutos estuvimos detenidos hasta que pasaron todas. Aproveché esta parada para sacar varias fotos de la cima nevada del pico Peñas Roscas, que tenía un bello contraste con un claro de cielo azul que en ese momento tenía detrás. Hacia la parte alta del valle por el que caminábamos pudimos ver la cima del pico Torres y del Valmartín, situadas en la zona del puerto de San Isidro.
A las 13:15 horas llegamos a la pradería del Colladín, situada en la confluencia del valle del río Arrudos y del arroyo de la Robre. Sobre éste último cruzaba el puente que no teníamos que atravesar a pesar de que las marcas de la ruta lo indicasen. Allí no vimos a nadie ni sabíamos por donde habían continuado, por lo que nos surgió el dilema de por donde continuar. Al final me decidí a seguir lo programado y olvidarme del resto que habían hecho lo que les había dado la gana. De esa forma, acompañado por Luis, Marta y Merce, abandonamos el sendero principal y nos metimos por la vaguada de la derecha hacia la collada de los Arrudos, objetivo principal de la ruta.
El sendero era más estrecho que el anterior y peor conservado. A pesar de ello continuamos disfrutando de hermosos rincones cercanos al cauce del arroyo, serpenteante éste entre la arboleda ya casi deshojada que había formado un bonito manto de hojarasca en el suelo. A la parte contraria del mismo se elevaba una puntiaguda roca de paredes verticales.
El sendero fue ascendiendo por la margen izquierda del arroyo, visto desde su nacimiento. A los lados contemplamos numerosos acebos, algunos de ellos con abundantes frutos rojos. Poco a poco fuimos ganando altura sobre el cauce y empezamos a pisar la primera nieve de la temporada. El paisaje se iba haciendo invernal, ya que los pocos claros que habíamos visto habían desaparecido y el cielo se cubría cada vez más de negros nubarrones. La niebla además parecía bajar en busca de nosotros, lo que nos haría desistir de continuar, ya que el tiempo que teníamos antes de que comenzase a oscurecer era ajustado.
En la parte alta comenzamos a ver parte de la collada hacia la que nos dirigíamos. El sendero se mantenía bien marcado, lo que nos daba completa seguridad. Además se veían numerosas huellas en la nieve, que supusimos podían ser de un grupo de León que sabíamos que iba a hacer una ruta por la zona.
Así fuimos ganando altura hasta llegar muy cerca de la collada. Lo cierto es que ya íbamos un poco cansados, eran casi las tres de la tarde y había ganas de comer. Las chicas decidieron quedar allí mismo comiendo mientras que Luis y yo optamos por continuar hasta la collada. Siguiendo el sendero llegamos al cruce con el arroyo. Aquí vimos como unas huellas subían entre las escobas mientras que otras continuaban por la ladera contraria de la que veníamos. Suponiendo que iban buscando un lugar mas apropiado para subir, las seguimos. No tardamos en ver que bajaban demasiado y además se veían muy pocas. Por ello retrocedimos hasta el arroyo y continuamos por donde subían las otras, entre los matorrales. A estos se unía la nieve, por lo que nos costaba avanzar hacia arriba.
Los últimos metros me costó mucho recorrerlos. Por fin, a las tres de la tarde alcanzamos la cima del collado o puerto de Los Arrudos con 1373 metros de altitud. Habíamos subido casi 700 metros desde Caleao y recorrido 10 kilómetros según mi podómetro. La vista desde él apenas si merecía la pena. Las nieblas lo cubrían todo y tan solo se veía parte de un valle de la zona contraria. Incluso vimos como se escapaban algunos copos de nieve. Por el medio de la collada pasaba una alambrada con una cancilla de paso. A nuestra derecha, tapado por la niebla, se alzaba la peña de la Tabierna, y a la izquierda otro collado más alto con el mismo nombre de la peña. De frente vimos una caseta cerca de otro paso situado a unos 400 metros.
No tardamos en comenzar el descenso en busca de las compañeras. Todas las cumbres que antes habíamos visto desde abajo permanecían ahora completamente tapadas por la niebla. En vez de seguir el mismo sendero, cogimos otro que bajaba más directamente. Un poco a voces les pedimos que nos indicasen donde estaban paradas.
Ya juntos decidimos continuar hacia abajo antes de parar a comer Luis y yo. Por el mismo sendero desandamos el camino de ascenso cruzando numerosos regueros. Así dejamos atrás la zona nevada y nos internamos de nuevo en la zona de bosque y matorral. Realmente es indescriptible lo bello que se encontraba el bosque en esos momentos. El verde de la hierba entre la hoja rojiza formaba un tapiz en el suelo casi de postal.
De esa forma llegamos al cruce con el arroyo de Los Arrudos donde decidimos detenernos a comer. Eran las 16:00 horas. En unas rocas de la pradería del Colladín nos acomodamos para comer Luis y yo. Por cierto que yo ya tenía bastante hambre en esos momentos. Allí estuvimos una media hora y antes de reiniciar el regreso sacamos una foto con nuestro banderín.
Del retorno no me extenderé en el relato ya que vimos lo mismo que antes. Volvimos a atravesar los mismos puentes. En las zonas de piedras había que tener un poco de precaución para no resbalar. En una zona que pudimos acercarnos al río nos lavamos las botas, que venían de barro hasta no poder más. Allí estuvimos sacando unas fotos del río con las cámaras digitales haciendo que el agua quedase difuminada. Al llegar a la altura del chorro de agua que salía de las rocas subí yo esta vez para verlo. Pasamos el desfiladero, las praderías etc. mientras poco a poco iba oscureciendo el día.
Así, a las seis de la tarde, llegamos al final de la ruta en el aparcamiento donde habíamos comenzado. Aquí estaban José Luis y Ricardo esperando. El resto ya se había marchado. Como ya me esperaba, no faltaron las críticas nada más llegar. Por supuesto, y de buenas maneras, les repliqué con la lógica aplastante de lo que cada uno había hecho y lo que estaba programado. Supimos que habían seguido valle arriba hasta donde les pareció y comieron. Por su parte, José Luis se había desviado por el mismo valle que nosotros hasta la collada y había vuelto por la parte del mismo que Luis y yo habíamos seguido unos metros antes de retroceder hacia dicha collada. Incluso dijo habernos oído en algunos momentos.
Pues bien, sin más dilaciones, y tras cambiarnos un poco la ropa húmeda, emprendimos el regreso en los dos coches sobre las 18:30 horas. Esta vez, en lugar de hacerlo por Tarna, optamos por volver por Pajares. En la primera gasolinera que encontramos a pocos kilómetros llenó Luis el depósito respirando de tranquilidad por fin. En Pola de Laviana nos desviamos hacia Cabañaquinta al que llegamos tras pasar el puerto de La Colladona. Desde allí continuamos con dirección a la autovía Mieres-Oviedo accediendo a ella en el punto intermedio de Mieres y Pola de Lena. Ya en Campomanes la abandonamos para subir el puerto de Pajares en cuya cima encontramos algo de niebla. En tierras leonesas continuamos por la nacional sin novedades hasta entrar en León pasadas las nueve de la noche.
Y así fue el final de una nueva excursión del club de montaña “Cumbres de León”. Al margen del desconcierto reinante por parte de algunos participantes, me limitaré a calificar de reconfortante y positiva la experiencia vivida durante la jornada transcurrida.