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lunes, 28 de agosto de 2006

NOCTURNA "CAÑÓN DEL FORCADURA Y LAGUNA DE LOS PECES". (Sanabria - Zamora) 26/27/08-06

 


XI TRAVESÍA NOCTURNA.

2ª TRAVESÍA “VIGO DE SANABRIA - VALLE DE FORCADURA - LAGUNA DE LOS PECES”. (Zamora).

26/27-08-06

Una vez más, la segunda de este año, hemos realizado otra marcha nocturna de las que tanto me gustan a mí personalmente. En esta ocasión nos acercamos a la vecina provincia de Zamora y más concretamente a la comarca de Sanabria donde ya conocemos varias de sus rutas señaladas. Una de estas transcurre por el cañón del Forcadura, que partiendo de Vigo de Sanabria, tiene su final en la bonita Laguna de los Peces.
Como ya es habitual, escasos fuimos los participantes en esta actividad, reduciéndose el número a tres solamente: José Antonio, Álvaro y yo, lo cual no fue obstáculo para pasarlo todo lo bien que pudimos dadas las circunstancias que luego relataré.

SÁBADO 26
Poco antes de las 21:00 horas llegaron Álvaro y José a mi casa. Tras dejar el coche del primero en el garaje, emprendimos el viaje con mi furgoneta. Enseguida entramos en la autovía hacia Benavente por la que circulamos hasta enlazar con la de Orense. El sol se fue escondiendo mientras avanzábamos por la misma y la luna creciente apenas si se distinguía en el cielo. De esa forma llegamos a Puebla de Sanabria donde se abandona la autovía para continuar por la carretera que entra al lago de Sanabria. Antes del mismo se encuentra el desvío hacia Vigo de Sanabria, pueblo con varios barrios y de gran largura. Atravesamos los mismos por estrechas calles hasta el último donde encontramos lugar para aparcar al lado de la iglesia. Eran aproximadamente las 22:30 horas y llevábamos 165 Km.
Por allí pasaron tres chiquillas que nos acompañaron hasta una fuente para cargar agua. De regreso nos pusimos a cenar bajo el pórtico de la iglesia. La temperatura era bastante fresca y hubo que abrigarse. Como postre sacó Álvaro una torta de turrón y solo nos faltaba ponernos a cantar villancicos para rematar. Terminado ello nos preparamos mochila al hombro y alrededor de la medianoche nos pusimos en marcha.

DOMINGO 27
Recorrimos unos metros por el pueblo y tras atravesar un puente de piedras, por el que antes ya habíamos pasado con la furgoneta dos veces en busca de sitio para aparcar, encontramos el comienzo de la ruta señalado por un cartel de madera. En el mismo indicaba la distancia a la laguna de los Peces, 5,250 Km. y el tiempo estimado, 4:00 horas así como el desnivel, que subía desde los 1000 metros de Vigo a los 1700 en la laguna. El sendero comenzaba ascendiendo suavemente por entre vegetación y arboleda. Con las linternas íbamos iluminando el mismo dejando por detrás las luces del pueblo. Por supuesto, la vista del entorno era prácticamente nula, aunque como ya he repetido en otras ocasiones, tiene su encanto el paisaje nocturno.
Poco a poco se fue acentuando la pendiente como ya nos indicaba el cartel mencionado. Así llegamos a una bifurcación de senderos y decidimos seguir el de la izquierda. Como no veíamos marca alguna, José retrocedió unos metros y enseguida vio la estaca roja en el otro. Aprovecho para apuntar que en todo el Parque Natural del Lago de Sanabria existen numerosas rutas balizadas de diferentes colores, tanto en mapas como luego con estacas y marcas en las mismas. Ésta que ahora hacíamos tenía asignado el color rojo y así estaban pintadas las flechas y estacas durante toda ella. Echando la vista atrás vimos las luces de Vigo ya bastante abajo. Con tres bastones atados con un pañuelo improvisé un trípode para sacar una foto con la cámara quieta y retardando el cierre del objetivo.
Pasamos luego una zona pedregosa con varios pedreros que cubrían las laderas de la derecha. El arroyo Forcadura descendía por la izquierda unos metros por debajo de nosotros. A la 1:15 h. llegamos a la piedra que hacía de puente por la que pasamos a la margen contraria del arroyo (1520 m). Allí sacamos una foto de los tres como antes habíamos hecho ya. Aunque ahora no lo veíamos, estábamos en la parte más cerrada del cañón. La senda se inclinó considerablemente tras pasar el puente e hizo un zigzag antes de meterse en una zona de praderías. Casi piso un enorme sapo que atravesaba el sendero en ese momento. Era en esta zona donde yo tenía miedo despistarme ya que la vez anterior que lo hice de día se nos perdió la senda. Pues bien, de nuevo nos ocurrió lo mismo y ahora de noche. En el prado había numerosas vacas entre las cuales buscamos la senda y alguna marca. Mientras Álvaro y José subía un poco, yo lo hacía algo por debajo encontrando enseguida una marca roja. De nuevo juntos continuamos la marcha por la senda algo más marcada hasta llegar a una cabaña de piedras con un corral adjunto. Eran las 2:00 horas.
La noche estaba fresca, pero caminando se agradecía. Siguiendo la senda de nuevo comenzamos a cambiar de dirección poco a poco dejando el valle de Forcadura para entrar en otro secundario, el del arroyo Fuego. Este bajaba no muy lejos de la senda en varios tramos. Por encima de una de las lomas de la parte contraria nos pareció ver luces que se movían. Yo vi en el cielo varias estrellas fugaces. Éste se encontraba totalmente despejado y era una maravilla contemplar el firmamento tan nítido.
Tras un rato contemplando esto retomamos la marcha del último tramo de la ruta y el más empinado. Tranquilamente ascendimos por la senda muy trotada hasta que nos encontramos de frente con la presa que contiene el agua de la Laguna de los Peces. Eran las 3:15 horas y el podómetro marcaba 5,150 metros.
Ahora venía la segunda fase, encontrar el refugio para dormir, ya que no habíamos subido la tienda sabiendo que lo había. Atravesamos el muro de contención hacia la parte contraria ya que el mapa en el que marcaba el refugio, que por cierto no era muy detallado como comprobaríamos, lo situaba un poco por debajo de la misma. Justo al final del dique vimos una estaca de color azul y un sendero que partía de allí. Optamos por avanzar por ella a ver si estaba el refugio por allí cerca, y aquí empezó la aventura que intentaré relatar lo mas fielmente posible.
Como digo, decidimos seguir las marcas aquellas que según José indicaban la ruta a Peña Trevinca. Suavemente fuimos subiendo por la vaguada que nace en el muro de la laguna por su parte noroeste. Mas o menos siguiendo las señales fuimos atravesando una zona de monte bajo sin ver en ningún momento rastro de refugio alguno. Arriba se veía la silueta de la loma y por detrás la de la laguna clareando en el paisaje nocturno. A mí se me terminaron las pilas del frontal, las segundas, y Álvaro tuvo que dejarme una linterna de mano. También las de la cámara, con tanto flash, las había cambiado también.
Pues bien, ya bastante arriba se nos despistaron las señales y hacia atrás dejamos de ver la laguna. Vamos, estábamos literalmente perdidos, aunque más bien podemos decir que desorientados. Emprendimos el descenso hacia una parte más baja que veíamos y enseguida notamos que nos metíamos en “la boca del lobo” al entrar en una especie de cañón. Retrocedimos de nuevo subiendo y ya por la parte alta distinguimos una vez más la silueta de la laguna, aunque realmente tampoco estábamos seguros si era o no la de los Peces, ya que estaba bastante alejada y nos parecía que no podíamos habernos separado tanto. No estábamos ni tan siquiera orientados e incluso llegamos a pensar que podía tratarse de otra situada en el valle contrario, el del Tera.
Como no cabía otro remedio, nos acomodamos en la esterilla de José y abrigados con las cazadoras, que previniendo ya el frío que podía hacer habíamos llevado, estuvimos rematando la torta de turrón de Álvaro. Eran las 5:40 horas.
Como se quedaba uno frío allí mucho tiempo, optamos por subir una loma que veíamos desde allí. Pues bien, al irnos acercando comprobamos que entre medias había un valle, por lo que volvimos a retroceder con dirección a la laguna por la parte alta. El terreno era de monte y encontramos oquedades que teníamos que evitar.
Sobre las 6:30 horas se fue perfilando la luz del amanecer sobre las cimas cercanas. Justo por encima de ellas vimos como un lucero del amanecer parecía bailar con un efecto bastante curioso. Incluso nos pareció una luz artificial sobre la loma. Con esta luz del día llegó la orientación nuestra. Ahora contemplábamos la laguna y vimos el gran rodeo que habíamos dado por la noche hasta situarnos en la parte alta y contraria al valle de Fuego.
José Antonio se adelantó mientras Álvaro y yo quedamos en una rocas ya que yo quería sacar unas fotos y ver la laguna desde allí al amanecer. Mientras salía éste, nos acercamos hasta la parte alta ya que según el mapa, detrás tenía que estar la laguna de Yeguas, a la que también queríamos ir. Pues bien, desde allí vimos el final del valle de Forcadura con una cabaña pero ni rastro de la laguna. Bajamos de nuevo a la parte contraria donde saqué varias fotos de la laguna con el sol del amanecer que le comenzaba a dar justo de frente.
José ya estaba por otra loma dirigiéndose a la laguna. A las 8:00 horas emprendimos también nosotros la marcha pasando la vaguada por la que por la noche nos habíamos metido equivocados y subimos a la loma entre ésta y la buena por la que estaban las marcas. Por la misma pasa un cortafuegos que habíamos visto por la noche y que de haberle seguido, como ahora, nos hubiese llevado directamente a empalmar con el sendero señalizado. Desde allí escasos metros nos separaban de la laguna a la que llegamos a las 8:50 horas y con el podómetro marcando 12,000 Km. Habíamos andado más por arriba que en la ruta.
Al lado de una roca cercana a la presa nos acomodamos para desayunar. Yo había llevado un par de tarros con café autocalentable. El primero no lo supe hacer y quedó frío, pero el segundo sí dio resultado. El sol ya calentaba algo y nos fuimos quitando ropa. Una vaca con su ternero pasó cerca y fue a beber al lago. Allí nos sacamos una foto con el banderín, que no lo habíamos sacado para ninguna de las anteriores. Por la ladera cercana al camino que une la presa con el aparcamiento de coches situado a la otra parte me pareció ver subir una especie de rebeco.
Ya eran las diez cuando nos encaminamos hacia abajo por el mismo valle de la ida. El primer tramo es empinado hasta alcanzar la parte baja del mismo. Luego se suaviza más la bajada y casi llanea mientras se va girando para dejar el arroyo de Fuego y entrar en el de Forcadura. A la parte contraria, y en lo alto, se veían las lomas por las que acabábamos de estar. Paulatinamente fuimos cambiando de dirección y entramos de lleno en el principal. Entre matorrales transcurre la senda en esta parte abierta del valle. José se fue adelantando y quedamos Álvaro y yo detrás. A las 10:50 horas llegamos al chozo de piedras y el corral. Tras pasar un tramo de helechos se encuentran los prados donde habíamos tenido el pequeño despiste y en los cuales seguía el ganado.
La senda se metió entonces por entre matojos altos y secos por donde no nos sonaba haber pasado por la noche. Luego vimos que habíamos cogido un ramal de los varios que han hecho las vacas por la zona. Retomamos la senda buena y en pocos minutos nos metimos en la parte más cerrada de valle, donde se encuentra el cañón propiamente dicho, y que tiene escasos 200 ó 300 metros. Allí bajamos bruscamente hasta el puente de losa tras el cual esperaba José Antonio. Por encima se veían bonitas paredes escarpadas en contraste con la vegetación.
Atravesamos la zona donde la senda va por roca pelada formando escalones irregulares. En la ladera, entre un pedrero, vimos los restos de un corral redondo y por supuesto de rocas. Poco después nos cruzamos con una pareja que subía hacia la laguna y luego con una familia con las mismas intenciones. Según bajábamos se veía más arboleda entre la que pasamos. También fueron divisándose los pueblos en el fondo del valle y otros mucho más alejados.
De nuevo llegamos a la bifurcación que nos había despistado la noche pasada. El sol ya le daba lo suyo y la gorra no sobraba. Sin apenas darnos cuenta nos metimos encima de las primeras casas del pueblo y así, a las doce del mediodía, entramos en Vigo de Sanabria. Por sus calles nos dirigimos hacia donde teníamos el coche aparcado y en 15 minutos terminamos a su lado la ruta tras un total de 18,660 Km.
Allí cerca había una máquina de refrescos, pero Álvaro comprobó que no funcionaba. Nos cambiamos y entablamos conversación con unos vecinos del pueblo estando más de una hora de charla antes de emprender el viaje. Optamos por subir hasta un mirador en la carretera de la Laguna de los Peces desde el cual se puede contemplar todo el valle de Forcadura y una amplia panorámica de los alrededores. Siguiendo la carretera llegamos a la laguna y aparcamos en el lugar para ello. Desde Vigo hay 15 Km.
Allí estaba una mujer preocupada por la tardanza del marido que había subido hacia el valle del Tera y ya se retrasaba. Con los prismáticos le vi aparecer por un camino en lo alto de una loma y tardó un buen rato en llegar. Por lo visto se había metido en un lugar de difícil acceso y se había dado un buen golpe.
A la sombra de una roca nos sentamos para comer y luego llegaron unos montañeros que nos indicaron donde se situaba la laguna de las Yeguas, a la que por lo visto se llegaba bastante bien desde allí. Si es por José Antonio hubiésemos ido.
Ya eran las 16:30 horas cuando emprendimos el regreso. En otro mirador sobre el lago de Sanabria paramos y disfrutamos de una amplia vista del mismo. Retomamos la marcha y descendimos hasta el fondo del valle cogiendo la carretera principal. Al llegar a El Puente nos detuvimos para tomar un refrigerio en un bar y hacer las cuentas. Cerca de las cinco y media volvimos a la carretera ya con intención de hacer el viaje directo a León. Entramos en la autovía con dirección a Benavente. El cansancio y el sueño ya se hacían notar en nosotros tras la larga caminata y sin dormir.
En Benavente cambiamos de autovía y por ella llegamos a Ribaseca donde la abandonamos. Entramos luego por un camino hacia Villacedre y cuando eran las 19:00 horas llegamos a Armunia donde terminamos el largo viaje.
Esto fue lo acontecido en esta nueva aventura nocturna. Después de todo, y al no haber nada que lamentar realmente, el resultado final fue de lo más interesante.

























domingo, 30 de marzo de 2003

LAGUNA DE LOS PECES (Intento Peña Trevinca) 29/30-03-03

 


INTENTO DE ASCENSIÓN A “PEÑA TREVINCA”.

29/30-03-03

Hemos realizado este fin de semana la primera salida del año de dos días. Nuestro objetivo, no alcanzado al final, era la cumbre de Peña Trevinca, en el límite de León y Zamora por la zona de Sanabria. El mal tiempo casi nos impidió iniciar la marcha, que al final quedó convertida en un paseo de unas dos horas en total. Pero bueno, el resto de lo acontecido compensa esta adversidad.
Tras preparar y concretar horarios de salida, el alojamiento y demás, llegó el sábado indicado. Los 15 participantes, que luego quedamos divididos en dos grupos, éramos los siguientes: José F., Carmen, Miguel, María, Antonio, Carlos, Cristina, Pablo, Emilio, Merce, José Antonio, Gelo, Sheila, Javier, y yo. Por su parte, Miguel, Gelo y Sheila marcharon por la mañana. Yo no sabía que éstos dos últimos iban a ir y lo supe cuando ya estábamos allí. Igualmente Javier, el tocayo mío, fue la mañana del domingo. El resto salimos todos juntos el sábado por la tarde.

SÁBADO 29
A las 18:30 horas estábamos Carlos Gil y yo esperando por los demás compañeros en el cruce de la carretera de Zamora con la que sube a Armunia desde Antibióticos. Ellos habían quedado de reunirse en Guzmán y recogernos a nosotros en este lugar. No tardaron en llegar en los coches de Cristina, José F. y Emilio. Nos pusimos en marcha para ir por la carretera comarcal de La Bañeza en vez de la nacional hasta Benavente. Yo iba en el coche de José con María y Carmen. El viaje fue realmente ameno entre divertidas ocurrencias, chistes y demás comentarios. Atravesamos Santa María del Páramo, La Bañeza y llegamos a Castrocontrigo. Tras éste comenzamos a subir el puerto que limita las dos provincias y cuyo nombre no sé en este momento. Ya anochecido entramos en Zamora de bajada hacia Sanabria. Nosotros íbamos delante y vimos un cruce hacia El Puente. Paramos para que nos viera el resto, pero pasaron delante sin detenerse. Continuamos entonces hasta el casi llegar a Puebla de Sanabria donde nos desviamos hacia el lago. Teníamos que coger luego el desvío de Vigo de Sanabria, pero me equivoqué y nos metimos hacia Pedrazales, teniendo que retroceder de nuevo a la carretera y seguir hasta el cruce correcto.
Eran las 21:00 horas cuando llegamos a este pueblo donde teníamos reservadas habitaciones en el hostal “Forcadura”, el mismo en el que dormimos el año pasado en la travesía nocturna a la cascada de Sotillo. Aquí surgió una pequeña desavenencia. Carmen y José F. habían reservado habitaciones en una casa rural de Trefacio y Antonio quería unirse a ellos aunque tuviese que pagar también la reserva del hostal. Claro, nosotros habíamos reservado ya las cinco habitaciones, y si marchaba alguno subía el importe a pagar cada uno. Al final dejamos que se fuese sin más y dividimos los 90´00 € que nos costaba el alojamiento entre los 8 que quedábamos.
Las habitaciones tenían dos camas pequeñas o una de matrimonio. Sin problemas nos distribuimos en ellas quedando Carlos y yo juntos en una. En la misma terraza de la vez anterior nos acomodamos para cenar tranquilamente mientras comenzaba a llover. En ella hay una mesa y varias sillas donde estuvimos un buen rato. Tras terminar decidimos acercarnos hasta un bar del pueblo donde tomamos unas consumiciones. En la tele estaban echando la peli “Mr. Bean” y pasamos un rato de risas bueno. Había que tener en cuenta que durante esa noche se adelantaba el reloj una hora, y que había que madrugar al día siguiente, así que no tardamos en volver al hostal.
Por no variar, no faltaron los pitorreos típicos de estas ocasiones. Nuestra habitación daba con la de Merce y María, y no dejábamos mutuamente de dar golpes en la pared. Por su parte, María decía que tenía los pies fríos, pero no dejaba que fuésemos a calentárselos un poco. Con lo formales que somos. Total que era mas de la una cuando se fue calmando la cosa e intentamos dormir. Y digo intentamos porque, yo al menos, entre el ruido que hacían las tuberías de la calefacción, la almohada a la que no me hacía y demás, me desperté en más de una ocasión. Pero bueno, así pasó la noche y dieron las 8:30 horas.

DOMINGO 30
A esa hora me levanté y el resto también poco a poco. Algunos ya estaban arriba e incluso Emilio había marchado con el coche a dar una vuelta. Nos fuimos componiendo y desayunamos en la terraza. Por el móvil me avisó Javier de que ya había llegado y quedamos en encontrarnos arriba en la Laguna de los Peces. El día estaba peor que el anterior y las nieblas cubrían toda la parte alta de la montaña; además estaba incluso lloviznando.
Tras el desayuno y demás, fuimos bajando para abajo. Habíamos quedado con José, Carmen y Antonio a las 9:30 horas para salir de allí. Pues bien, a esa hora no apareció nadie. Con el móvil me puse en contacto con ellos y me dijeron que estaba de camino. Con veinte minutos de retraso llegaron, lo que me mosqueó bastante, ya que encima se lo tomaban a chufa.
Casi a las diez emprendimos el trayecto hacia la Laguna de los Peces, desde donde comenzaríamos el ascenso. Con Miguel y los demás no pudimos ponernos en contacto en ningún momento. Al llegar a ella vimos el coche de éste aparcado, pero ni rastro de ellos. Igualmente estaba mi tocayo, al que se le había quedado el coche sin agua por culpa de un corte en una goma. Allí estaba con un chofer de un autocar arreglándolo.
El panorama era igual de malo o peor que abajo. Las nieblas cubrían las cimas y la lluvia ya era intensa. La mayoría ya vimos desde allí que no íbamos a poder subir, ya que la ruta era larga y algo complicada. Desde la laguna había que ascender hasta una collada para luego descender hacia la Vega de Conde por la que transcurre el río Tera desde su cabecera. En la misma se encuentra Peña Trevinca a la que se accede después de ascender toda la falda de no poco desnivel. Aún así, sobre las 10:30 horas emprendimos la marcha por un sendero hacia la izquierda del comienzo de la laguna.
A través de encharcados prados fuimos ganando altura pasando al lado de un refugio, de pastores seguramente. Así alcanzamos la cima de una loma que daba paso a otra vaguada por la que comenzamos a subir en grupos divididos. Unos siguiendo el cauce del arroyo, otros por la parte izquierda y el resto íbamos por la ladera de la derecha. Como digo, el terreno era un auténtico humedal ahora además lleno de escobas. Las botas y los pantalones ya me chorreaban por todos los lados. No había llevado polainas y ahora me arrepentía.
Encontramos también algunos cauces cubiertos de nieve en los que había que tener cuidado de no hundirse al pasar. En la parte alta veíamos dos hitos de piedras apiladas hacia los cuales nos dirigimos todos, cada uno por donde iba. En uno de ellos nos reunimos casi todos, ya que hubo quien ya había dado la vuelta. La niebla se había cerrado por completo y no se veía en pocos metros. Llevábamos una hora algo larga y no habíamos llegado aún a la cima del primer collado. La opinión general, aunque con alguna pequeña discrepancia, era que no se podía seguir con ese panorama. Si hubiese pasado como en el Tambarón, que sabíamos que era siempre subir y subir, hubiese sido otra cosa, pero aquí teníamos que perder mucha altura al pasar por la Vega de Conde, incluso más que la que ahora íbamos a ganar, así que decididamente optamos por abandonar el intento y comenzar el descenso, muy a pesar de todos, eso sí.
De esa forma empezamos a descender por los mismos lugares de antes y con el ánimo un poco bajo ya que, tras haberla preparado bien y haber pasado la noche allí, se nos había “chafado” el ascenso. Del resto seguíamos sin tener noticias, ya que era imposible comunicarnos con los móviles por falta de cobertura de ellos, no nuestra que sí teníamos.
De bajada pasamos al lado de otro refugio de pastores, éste en pésimas condiciones. A su lado había incluso una batería de coche, restos de una antena y demás basura. Por allí bajábamos Cristina, Pablo y yo. De nuevo pisando los encharcados prados volvimos a descender hacia la laguna donde llegamos sobre las 12:30 horas. Por detrás quedaron varios que aún tardaron un rato en llegar. Allí estaba el autocar que anteriormente había dejado a un grupo y ahora llegaba otro de personas algo más mayores que venían simplemente a ver la laguna y que casi ni se bajaron del vehículo.
Yo les propuse, aún a sabiendas de que no iban a acceder como así fue, una alternativa para no perder el día. Era ésta hacer la travesía del cañón de Forcadura, que partía de allí mismo y que ya habíamos hecho algunos en otra ocasión. Sería bajar con dos coche a Vigo y dejar uno allí para subir con el otro los conductores. La ruta, toda de bajada, termina en ese mismo pueblo y luego se subiría con el coche a por el resto. Pero como digo, no fue aceptada ya que el personal iba muy empapado ya y sin ganas.
Con las mismas, y tras cambiarnos de ropa, emprendimos el descenso con los coches. Javier decidió regresar directamente a León ya que no se fiaba mucho de que le respondiera el suyo. El resto bajamos hasta llegar a San Martín de Castañeda donde nos detuvimos unos minutos para ver el monasterio por fuera, ya que estaba cerrado. Mientras, íbamos decidiendo donde parar a comer. Al final terminamos parando en El Puente y nos sentamos en los bancos de una plaza aprovechando que ahora no llovía. Era la misma plaza donde habíamos visto la feria de la cerámica la vez de la travesía nocturna. En ellos comimos relajadamente y tras ello entramos en un bar cercano a tomar el café.
Estando allí recibimos la llamada de Miguel diciendo que ya estaban ya bajando con el coche. Minutos después llegaron y nos contaron un poco su aventura. Habían pasado la noche en el refugio cercano al embalse de la Vega del Conde y que es de la empresa Endesa. Hasta allí les había llevado el día antes cuatro horas nada menos. Claro, desde él les quedaba lo peor de la subida, que tampoco pudieron hacer por culpa de la climatología. Mientras fueron a comer a otro bar cercano, continuamos nosotros en éste contando chistes y demás anécdotas varias. Igualmente hicimos las cuentas de la salida.
A media tarde emprendimos el regreso a León. Durante éste nos dio por cantar canciones típicas de campamentos y otros tarareos parecidos con los que pasamos otro rato divertido. Decidimos volver por la carretera del puerto del Peñón, que por cierto yo no conocía. Transcurre ésta por un bonito valle del que se tiene una amplia vista desde el mismo puerto donde paramos una media hora. Muy cercanos a éste se encuentra el pico Vizcodillo, al que ya hemos ascendido en varias ocasiones. Igualmente se divisan varias cumbres de picos de la zona de Sanabria de donde veníamos. Aproveché para llamar a casa y hable con mi hermana un poco.
A continuación arrancamos y bajamos la empinada pendiente de la vertiente leonesa. En ella encontramos varios desprendimientos de piedras en medio de la carretera que había que sortear. Al final del puerto se encuentra el desvío de la pista hacia el lago de Truchillas y el pueblo de Truchillas algo después. En él paramos unos minutos ya que querían sacar unas fotos de la bonita arquitectura que tiene.
De nuevo en marcha pasamos por debajo del Cristo de Valdavido con dirección a Castrocontrigo en el que habíamos quedado en parar a tomar un chocolate en Santocildes, como ya casi es tradición cuando pasamos por éste. Acompañamos al mismo con unas tostadas de pan que realmente nos supieron a gloria. Y tras esto nos quedaba el último tramo a León. El cansancio se hacía sentir a pesar de haber realizado apenas una mínima parte de la ruta. Comentábamos que casi estábamos más cansados que cuando se sube a algún pico. Durante este último tramo ya veníamos como digo casi dormidos en el coche. Pasamos por La Bañeza y Santa María y al llegar al cruce de Villanueva del Carnero nos desviamos para entrar a Armunia por la carretera de Santovenia. A las 21:15 horas aproximadamente me dejaron a mí en casa.
Personalmente he pasado un fin de semana realmente inolvidable. Creo que más que destacar de él la adversidad de no haber conseguido alcanzar el objetivo, se me han grabado los buenos momentos de risas, buen humor y jovialidad que hemos tenido, tanto en el viaje como en el hostal especialmente. En esta ocasión me compensa de buen grado ese contratiempo. Con ello se demuestra que el montañismo no es solo la montaña, si no el compañerismo de los que la practican y su buen humor. Ojalá no faltase nunca en las salidas que hagamos de aquí en adelante.

VIGO DE SANABRIA







AL FONDO LA LAGUNA DE LOS PECES


EL PUENTE (SANABRIA)

PUERTO PICÓN