Mostrando entradas con la etiqueta MIRADOR DE ORDIALES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIRADOR DE ORDIALES. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de julio de 2006

"LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES". (Asturias). 09-07-06

 



2ª TRAVESÍA “LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES”. (Asturias).

09-07-06   (Domingo)

Comenzamos el mes de julio realizando esta bonita travesía en el Macizo Occidental de Picos de Europa. La misma comienza en las cercanías de los lagos de Enol o Covadonga y tras pasar por el refugio de Vegarredonda, llega al impresionante Mirador de Ordiales.

Tan solo cuatro participantes nos animamos a ello: Luis, Álvaro, José Antonio y yo. Para ello decidimos madrugar algo más de lo habitual y acordamos la hora de salida para las 6:30 horas. Aprovechando que mi hermana entraba pronto a trabajar, fui con ella en la furgoneta hasta Guzmán. De allí salimos poco después de la hora convenida optando por hacer el viaje por la autopista. Nos dirigimos entonces hacia La Magdalena donde entramos en dicha vía rápida. Fernando, otro compañero, había quedado en añadirse al paso por el puente colgante, pero como ya estaba algo indeciso y no recibimos su llamada, nos despreocupamos de él desde ese momento.
Sin novedades avanzamos por la misma hasta llegar a Mieres donde cambiamos de rumbo a través de la “minero”. Por ella recorrimos varios kilómetros antes de volver a desviarnos, esta vez con dirección a Santander. Al llegar a Infiesto abandonamos la misma para continuar por la nacional hacia Arriondas y seguidamente hacia Cangas de Onís. Aquí paramos un minuto y José Antonio compró pan. Desde poco después de entrar en Asturias nos había envuelto la niebla y ahora se iba despejando. Desde allí nos encaminamos hacia Covadonga y seguidamente hacia los lagos.
La pendiente de esta carretera es bastante pronunciada y no tardamos en dejar por debajo un bonito mar de nubes mientras el cielo se despejaba completamente. Álvaro se mareaba un poco y paramos para que pasara adelante. Mas arriba hicimos lo mismo para sacar unas bonitas fotos. Tras unos minutos contemplando este bello paisaje retomamos la marcha y en pocos minutos alcanzamos el collado que da paso a la zona de los lagos. Eran las 9:10 horas. Desde allí se contempla el lago de Enol en toda su magnitud. Tras sacar unas fotos del mismo avanzamos ahora por una pista entre praderías y laderas con dirección a un aparcamiento donde ya la vez anterior, hace cuatro años, habíamos dejado también el coche. En aquella ocasión la lluvia y la niebla nos habían acompañado parte de la ruta, lo que de momento no ocurría ahora.
Tras 197 Km recorridos aparcamos en dicho lugar donde ya estaban varios coches y algunas personas que también iban a comenzar la marcha. Allí nos preparamos y yo me di bien de protección solar en brazos, piernas, cara y cuello. Antes de salir sacamos una foto del grupo. A las 9:45 horas emprendimos la caminata por la pista cortada al tráfico rodado salvo usos ganaderos o agrícolas. Entre rocas y arboleda fuimos avanzando por este camino hasta llegar a una pradera donde hay una bonita fuente de piedra a unos 20 metros del camino. Allí nos acercamos a verla antes de proseguir la marcha hacia el Pozo del Alemán, lugar en el río Pomperi o Redemaña donde Roberto Frasinelli, alemán estudioso de los Picos de Europa, solía bañarse, según cuentan los escritos. En este lugar hay un puente sobre el río donde nos sacamos unas fotos. Cuando retomamos la marcha tuve que retroceder unos metros ya que se me habían quedado los bastones olvidados al sacar las fotos.
A los pocos metros se termina la pista y comienza una ancha senda empinada con un atajo paralelo por el que yo me metí sin darme cuenta. Tras escasos 300 metros de subida alcanzamos el paraje de la Majada de La Piedra. Realmente bello este lugar donde varias cabañas emplazadas en el verde se afirman sobre enormes rocas. A partir de allí continua la senda por la ladera derecha del valle ascendiendo por entre las verdosas praderas hasta situarse justo encima del río en un trozo donde se encajona y con una barandilla de madera como protección. Desde dicho lugar se puede contemplar el aparcamiento donde habíamos dejado el coche.
Este alto da paso a la vega de Canraso que atravesamos siguiendo la senda que nos llevó a la parte izquierda del valle. Poco a poco fuimos ganando altura mientras el sol ya comenzaba a calentar lo suyo. José Antonio ya se había adelantado y no sabíamos nada de él. Aprovechamos algunas sobras de la roca para parar unos minutos en ellas. Tras este tramo suave, nos llegó otro un poco más empinado. La senda muy marcada serpenteó por la ladera hasta alcanzar otro nivel. Allí vimos como ésta se señalaba con piedras en la pradera de las cuales me acordaba yo al servirnos de mucho entre la niebla.
Sin más llegamos a un paraje con varias cabañas, La Rondiella, desde el cual la senda se metió en una zona de rocas entre las cuales serpenteaba con dirección al collado La Gamonal. Desde él vimos ya el refugio de Vegarredonda con las impresionantes cumbres del macizo detrás. Solo nos quedaba descender unos metros por la senda hasta su emplazamiento. Un indicador señalaba el mirador de Ordiales, pero primero optamos por llegar al refugio a ver si estaba José Antonio por allí, al que tampoco vimos.
A las 11:20 horas, y tras 5 kilómetros recorridos llegamos a la puerta de este refugio donde estaba el encargado y algunas personas más. A través de él nos informamos del horario de acceso a los lagos con coches, ya que durante el mes de agosto está restringido durante buena parte del día y solo se puede llegar con autocares que por cierto no son nada baratos.
En la fuente cercana cargamos agua y sin pérdida de tiempo retomamos la senda para continuar hacia el mirador. Otro indicador marcaba el tiempo hasta ellos, 2:00 horas, aunque en el refugio nos habían dicho que en hora y cuarto se hacía. Atravesamos un pequeño regato y enseguida la senda comenzó a empinarse por entre la roca. A esa hora calentaba bastante el sol pero subíamos cómodamente. A la par que nosotros iba una mujer que se había separado de su grupo y que se dirigía a otra ruta. Subiendo aquel tramo de la canal de Cueñe Cerrada nos alcanzó José Antonio, que había subido algo por encima del refugio hasta otro más antiguo y por eso no le habíamos visto.
El sendero atravesó luego una zona de dolinas con subidas y descensos entre grandes moles de piedras. El mar de nubes que se seguía viendo nos impidió ver el Cantabrico situado a escasos kilómetros. Si que se distinguía la línea del mismo. Alcanzamos luego el collado de Sierra Pelada donde termina la falda norte del pico Cotalba. Desde el mismo se ladea dicha falda hasta dar vista a la vega de Ordiales con el refugio de ICONA en medio así como la situación del mirador.
José Antonio y Luis iban con intención de ascender al Cotalba, 2022 m, mientras que Álvaro y yo no estábamos por la labor. Por ello, al llegar al refugio, ellos comenzaron a subir ladera arriba hacia la cumbre. Nosotros continuamos por la senda y tras recorrer unos 200 metros, alcanzamos dicho lugar estratégico. Eran las 12:50 horas y llevábamos 7,500 Km.
La vista desde él es espectacular. Mientras que la vez anterior pude disfrutar de un increíble mar de nubes, ahora éste ya se desvanecía y pudimos contemplar los valles y cañones del fondo. Algunas nubes rondaban aún por debajo dando al paisaje un tono idílico. Entre ellas pudimos ver el pueblo de Amieva así como gran parte de la Senda del Arcediano. Entre otros picos se veían bastante bien el macizo del Mampodre así como el Gildar o Peña Beza. Lo que realmente impresionaba es el desnivel que hay desde allí al fondo del valle, una caída de unos 800 metros prácticamente vertical. El mirador se sitúa a 1700 y Amieva, algo más separado, está a 700 metros.
En el mirador había algunos montañeros más y otros que fueron llegando. También estaba la mujer que había venido con nosotros y que esperaba a otra parte del grupo que no tardó en llegar. Eran de un grupo asturiano de montaña, el “Trasgu”, y hablando con ellos comprobamos que conocían varias zonas de la montaña leonesa.
Como ya iba siendo hora, Álvaro y yo nos pusimos a comer mientras esperábamos a que llegasen José y Luis. Yo me volví a dar crema para protegerme del solazo que pegaba. Un dato importante que señalar es que en dicho mirador están los restos del Marqués de Villaviciosa, otro gran conocedor de los Picos de Europa cuya última voluntad fue ser enterrado en dicho lugar. Unas losas grabadas y una placa así lo atestiguan.
Sobre las 14:30 horas llegaron los compañeros que ya veíamos desde hacía un rato bajar por la falda. Al igual que nosotros, se pusieron a comer tranquilamente en las rocas del lugar. Tras ello nos sacamos unas fotos juntos y cuando eran las cuatro de la tarde emprendimos el descenso. Éramos los últimos que quedábamos en el lugar. Algunos del otro grupo habían bajado ya mientras que otros estaban en el pico. Nada más abandonar el lugar vimos como varios cuervos acudían a por las migas y otras pequeñas sobras caídas de la comida.
Por debajo del mirador, y antes de llegar al refugio, encontramos una gran sima en el terreno hasta la que se acercó Luis. Poco a poco fuimos perfilando la ladera del Cotalba hasta llegar al collado. En las praderas pastaban numerosas vacas con bonitos terneros a su lado. Desde el collado descendimos por la senda entre piedras y pequeños hoyos. Atravesamos los Campos de Torga y en la siguiente collada comenzamos a bajar la canal de Cueñe Cerrada. Varios de los componentes del grupo que habían subido al Cotalba nos adelantaron bajando esta canal. En una de las piedras José vio la silueta de un pez formado por varias pequeñas grietas.
No tardamos en ver el refugio de Vegarredonda y tras este fuerte descenso llegamos a él cuando eran las 17:15 horas y habiendo recorrido 3,470 Km desde el mirador. Aquí nos sacamos una foto de grupo y estuvimos sentados a la sombra de otro edificio adyacente al refugio donde también la vez anterior habíamos estado comiendo. Luis entabló una conversación en inglés con un trío que estaba allí cerca. En la fuente cargamos agua fresca y a las 17:45 horas emprendimos el retorno hacia el coche. Subimos el trozo de sendero hacia el collado Gamonal y comenzamos el descenso hacia la vega de Redondiella. Álvaro se acercaba a las vacas que ni se inmutaban con él. José Antonio se volvió a separar y luego le vimos bastante por debajo ya. Echando la vista atrás pudimos disfrutar de una bonita vista del macizo con la cima de Santa Maria de Enol sobresaliendo entre los demás picos.
Con el sol de la tarde los colores resaltaron en el paisaje y me dio rabia no tener mas espacio en las tarjetas para poder sacar las fotos que quería. Las enormes moles de piedra destacaban entre las verdes praderías en las que pastaba el ganado ajeno a nuestro paso. A mí me estaba gustando ver todo aquello ya que, como apunté, la vez anterior la niebla nos impidió ver paisaje alguno hasta la altura del collado Gamonal. Que conste también que la niebla de aquel día le dio al entorno un toque un tanto especial.
Así pasamos entre las cabañas de la Rondiella y cambiamos a la vega de Canraso. Descendimos suavemente por ella mientras yo seguía maravillado con el contraste de colores y tonos del paisaje. Detrás seguían irguiéndose las cumbres del Macizo Occidental bajo las cuales habíamos estado. Así llegamos a la empalizada sobre el pequeño cañón del río desde donde ya divisamos la majada de La Piedra y el aparcamiento de los coches. Yo me quedé un poco rezagado sacando fotos mientras el resto se adelantaba. En vez de seguir el camino, atajé hacia la majada donde cambié la última tarjeta de fotos. Realmente puedo decir que en esos momentos estaba fascinado por la belleza de aquel rincón y deseaba tirarme un rato allí contemplándolo. Como ya no era pronto, y además no iba yo solo, tuve que retomar la marcha. Bajé el pequeño tramo empinado hasta llegar a la altura del Pozo del Alemán. Iba apurando las últimas fotos y seleccionándolas muy bien. Pasé por cerca de la fuente y apuré los últimos metros antes de llegar al aparcamiento donde ya estaban los compañeros desde hacía un rato. Eran las 19:00 horas y habíamos recorrido unos 16 Km.
Enseguida me cambié y nos pusimos en marcha. Allí quedaban aún varios coches. Recorrimos los dos kilómetros hasta llegar al lago de Enol y al salir a la carretera giramos con dirección al lago de La Ercina, situado a un kilómetro tras una loma cercana. En este trayecto y posteriormente pudimos comprobar como está de masificado aquello con algunos bares, y sobre todo, accesos demasiado urbanizaos en todo el entorno de los lagos. Aceras, escaleras, rampas, etc. Lo hacen transitable hasta para ir con tacones, como vimos a alguien por allí. Vamos, que es realmente un agravio para el paisaje.
En el aparcamiento de este lago dejamos el coche y nos acercamos hasta el mismo encontrándolo con bastante vegetación en sus aguas. Sacamos una foto allí y regresamos al coche. Comprobamos como las vacas campaban a sus anchas por el aparcamiento y se restregaban contra un coche doblándole el espejo. “Discutimos” de quien era la responsabilidad de esto, ya que habría que saber si el aparcamiento es “legal” y acondicionado para tal efecto o simplemente un lugar más donde dejar los coches. El caso es que te puedes llevar una sorpresa si dejas el coche allí.
A las ocho de la tarde salimos de allí por la serpenteante carretera entre los dos lagos y comenzamos el fuerte descenso hacia Covadonga parando poco después en el mirador de La Reina. Desde él pudimos ver entre bastante calima varios pueblos de la zona de Onís. En una mesa estuvimos un rato sentados mientras dábamos cuenta de un trozo de pan que le quedaba a José Antonio y algo de embutido a Álvaro. Tras unos 15 minutos retomamos la marcha hacia Cangas de Onís. Mientras bajábamos este tramo notó Luis un pequeño ruido en el coche cuando se daban los giros.
Así fuimos avanzando y llegamos a Arriondas donde paramos a tomar un refrigerio en una sidrería. En ella aprovechamos para hacer las cuentas antes de emprender el último tramo ya hacia nuestro destino. Eran ya las 21:30 horas cuando nos pusimos en marcha y nos quedaban casi 200 kilómetros. Esta vez optamos por coger la autovía, para lo cual tuvimos que retroceder unos 20 Km hacia Ribadesella y de éste hacia Oviedo. Antes nos desviamos para coger la de Mieres que nos llevó al empalme con la de Campomanes. En éste último pagamos el peaje y tras pasar el Negrón entramos en nuestra provincia. La noche ya era cerrada cuando salimos en La Magdalena y cuando paramos en León daba exactamente la media noche. En el paseo Salamanca bajaron Álvaro y José Antonio y me acercó luego Luis a casa.
Y así finalizó esta especialmente larga jornada de montaña en la que quedamos con la satisfacción de haber pasado un estupendo día con el mejor tiempo posible y habiendo cumplido el objetivo, incluso ampliado por parte de otros.

    


































jueves, 29 de agosto de 2002

LAGOS DE ENOL (COVADONGA) - MIRADOR DE ORDIALES 27/28-07-02

 


1ª TRAVESÍA “LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES”.

27/28-07-02

Tras algunas deliberaciones para escoger la zona en la que realizar la actividad prevista en el calendario dentro de Picos de Europa, optamos por esta ruta que transcurre por el macizo occidental de los mismos y dentro de la región asturiana.
Dado la relativa lejanía del comienzo de la misma, optamos por marchar el sábado y hacer noche en un camping situado cerca de Cangas de Onís. Al igual que la anterior al San Millán, la participación fue escasa, pero no por ello el resultado fue peor. Esta vez éramos las mismas personas salvo una que no fue, Miguel. El resto éramos: Jorge, Sonia, María, José F., y yo. Por otra parte, Carmen había avisado en el último momento de que no podía ir.

SÁBADO 27
Sobre las 16:45 horas recogí a José en Guzmán y nos dirigimos hacia las cercanías de “Carrefour” donde ya estaba el resto en el coche de María. Tras ver si cabía la posibilidad de ir solo en un coche, dado que habíamos quedado en cinco personas en el último momento, optamos por ir repartidos ya que llevábamos las tiendas, sacos, etc. para pasar la noche.
Eran las 17:00 horas cuando emprendimos el viaje hacia el destino final. Habíamos decidido ir por Riaño en vez de por Oviedo y así disfrutar de las vistas del desfiladero de Los Bellos. Sin novedades fuimos recorriendo kilómetros y pasamos por Riaño donde nos desviamos hacia el Pontón. Camino de este puerto comenzó a descender la niebla y nos despedimos del sol hasta el día siguiente ya en plena ruta, como se verá.
Con precaución alcanzamos la cima del puerto y comenzamos el descenso hacia Oseja de Sajambre donde paramos en un bar a tomar un vaso. Minutos después continuamos el descenso hasta entrar en el bonito desfiladero del que apenas disfrutamos debido a la citada niebla. Siguiendo el cauce del río Sella entramos en Asturias hacia la mitad de estas hoces.
Alrededor de las 20:00 horas entramos en Cangas de Onís atravesándolo con dirección a Soto de Cangas donde estaba el camping. En una glorieta nos equivocamos de desvío y nos fuimos hasta Covadonga. Allí dimos la vuelta y volvimos de nuevo hasta la glorieta donde ya cogimos la dirección correcta y a menos de un kilómetro encontramos el camping “Covadonga”.
Tras hacernos la ficha de entrada, bajamos hacia las parcelas donde montamos las tiendas y cenamos. Este camping está bastante bien y había muchas tiendas y caravanas. La niebla se había convertido en orvallo y nos hizo sacar los chubasqueros.
Sobre las diez decidimos acercarnos hasta Cangas a dar una vuelta. En mi furgoneta nos acomodamos los cinco y salimos hacia éste pueblo situado a unos cuatro kilómetros. En él aparcamos y estuvimos dando una vuelta por algunas calles. Nos aproximamos hasta el conocido puente sobre el Sella donde está la cruz colgando de él y sacamos algunas fotos. Pasando por éste llegamos a una tienda- bar típico de hace años en la que se vende de casi todo, desde alimentación, hasta madreñas. Allí algunos tomaron un orujo y yo compré una postal.
Tras ello nos dirigimos hacia el coche ya que el camping cerraba a las 00:00 horas la entrada de vehículos. Sin más novedades nos fuimos metiendo en las tiendas para pasar la noche. Me desperté algunas veces en las que oí ladrar y aullar a varios perros. También, al igual que Jorge, oí el fuerte frenazo y posterior golpe de un coche en la carretera que pasaba no lejos de allí. Con todo ello, descansé bastante bien hasta la mañana siguiente.

DOMINGO 28
A las 8:00 horas sonó el despertador y fuimos levantándonos. El cielo seguía cubierto de nieblas como el día antes y los dobles techos de las tiendas estaban empapados. Fuimos recogiéndolo todo y desayunamos. Sobre las 9:45 horas salimos del camping tras abonar la estancia.
Retrocedimos hasta la glorieta donde nos desviamos hacia los lagos pasando cerca del Santuario de Covadonga y la Santa Cueva. La niebla era cerrada y había que circular con precaución por las numerosas curvas de la carretera que sube a los mismos. Así llegamos a ellos y nos metimos por una pista que atravesaba la Vega de Enol hacia el macizo. Tras unos dos kilómetros por esta pista en buen estado, llegamos a un aparcamiento donde había que dejar los coches obligatoriamente dado que estaba prohibido continuar por ella.
Aquí aparcamos y nos preparamos para la marcha desalentados por el panorama que se presentaba. Hablando con una pareja que bajaba del refugio nos cambió el ánimo al decirnos ésta que en el refugio de Vegarredonda lucía un sol espléndido.
He de apuntar aquí que parte de esta ruta, desde los lagos hasta el refugio de Vegarredonda ya la he hecho yo de ida y vuelta uno de los días cuando hicimos la travesía por todo el macizo occidental de los Picos de Europa hace ahora 15 años.
Con este aliento de optimismo nos pusimos en marcha cuando eran las 10:30 horas. Por un camino entre arboleda subimos unos metros hasta comenzar un pequeño descenso hacia el Pozo del Alemán, lugar donde se atraviesa un puente sobre el río Pomperi donde, según cuentan, solía bañarse Roberto Frasinelli, investigador alemán estudioso de los Picos de Europa. Este enclave nos sirvió para sacarnos unas bonitas fotos en el puente.
Unos metros más adelante y siempre subiendo, nos encontramos con varias cabañas conocidas como majada de la Piedra, por la enorme mole de roca que se encuentra a su orilla. Igualmente, y a pesar de la niebla, el encanto de estos rincones era único. Aquí el camino giraba bruscamente haciendo un zigzag y pasando por encima de este bello lugar. En este tramo nos dejó detrás una pareja que subía sin mochila alguna.
Los prados abundaban y las vacas pastaban en los mismos. Al final de una pendiente algo más fuerte llegamos a la vega de Canraso donde el sendero apenas era perceptible y solo podía seguirse gracias a los numerosos hitos que lo iban señalando.
Pasada esta suave vega y tras otra subida algo más pronunciada, llegamos a otras praderías donde, sin darnos cuenta, perdimos el sendero marcado desviándonos hacia la derecha por el medio del valle hasta que este se fue cerrando por el curso de un arroyo y no vimos claro como seguir. Yo subí un poco por la izquierda y enseguida encontré de nuevo el sendero bien marcado por el que continuamos hacia arriba. Unos metros más arriba llegamos al cruce con el arroyo donde de nuevo nos surgió otra vez la duda. Se veían tres posibles sendas para seguir y no sabíamos cuál de ellas era. Yo me desvié hacia la de la derecha hasta un pequeño collado desde donde no lo vi muy claro. Cuando bajé vi al resto con un joven que les estaba indicando el buen sendero y tras él nos fuimos atajando unos metros hasta ver de nuevo la pista buena. Iba a un ritmo ligero y solo Jorge le siguió unos metros. Por allí vimos entonces otras cabañas conocidas como La Redondiella.
Nos dirigíamos ahora hacia el collado de la Gamonal por una senda entre rocas cuando el disco del sol se comenzaba a distinguir entre la niebla. Aquí nos encontramos con la pareja de jóvenes que antes nos había pasado y que regresaban al no ver el refugio por parte alguna. Al decirles que apenas quedaban unos metros para él, decidieron dar la vuelta con nosotros. Así avanzamos hasta alcanzar el collado este donde el cielo comenzó a despejarse por completo y pudimos por fin disfrutar del sol y de unas vistas espectaculares de los picos que rodean al refugio de Vegarredonda, al que no tardamos en divisar también a escasos 500 metros.
Para llegar a éste hay que descender unos metros por un sendero rocoso hasta llegar a su altura. Eran las 12:30 horas cuando terminamos esta primera parte del recorrido. En el lugar había varias personas y un par de enormes mastines. Dos edificios forman estas instalaciones, el refugio en sí y otro que debe de servir como almacén. Entre los dos se encuentra la fuente Mojosa, de donde manaba un agua fría y buena.
Aprovechando la excelente vista que teníamos, sacamos algunas fotos y descansamos unos minutos. Nuestro objetivo final era el mirador de Ordiales, situado a otra hora de camino hacia arriba. Por su parte, José decidió no seguir más y quedarse a esperar allí. Aprovechando esto, el resto decidimos dejar las mochilas allí y continuar solo con algo de agua, cámara y prismáticos.
A las 12:45 horas emprendimos de nuevo la marcha. Una senda muy marcada parte del mismo refugio y pocos metros más arriba se bifurca teniendo que seguir por la derecha. Enseguida se empina al meterse por la canal de Cueñe Cerrada donde la senda zigzaguea hasta alcanzar Los Campos de Torga donde los pedregales y hoyos se alternan con algunas praderas donde las vacas pastaban la verde hierba. En el camino nos cruzamos con algunas personas que bajaban del mirador y cada una nos daba un tiempo y distancia diferente. En el folleto que nosotros llevábamos indicaba 50 minutos desde el refugio, mientras que algunos decían que hora y media. Jorge, Sonia y María ya estaban algo mosqueados por estos datos y les iba animando a seguir un poco más. El sol calentaba lo suyo y no nos habíamos dado protección alguna. Además solo llevábamos medio litro de agua para los cuatro.
Cuando alcanzamos un collado, que era el de Sierra Pelada, sin que apareciese el mirador por parte alguna, ellos decidieron no dar un paso más. A mí me fastidiaba por que creía que no podía quedar mucho más ya que llevábamos 40 minutos andando. Decidí entonces continuar yo solo por la senda que ahora faldeaba los picos. No tardé en ver un refugio, que según el folleto era de ICONA, y al cruzarme con un joven me indicó donde quedaba el mirador. Pasé al lado de este refugio cerca del cual había un grupo sentado y continué hacia el objetivo siguiendo a una pareja que iba poco por delante de mí.
Por fin, a las 14:00 horas, alcancé este balcón de los Picos de Europa, en el que se encuentra además la tumba del marqués de Villaviciosa, fundador del Parque Nacional de Covadonga. Describir la vista que desde allí teníamos es imposible. El mirador está sobre una pared cortada verticalmente y por debajo solo se veía un inmenso mar de nubes al que casi daba la tentación de lanzarse. Los picos que salían de éste asemejaban islas en este blanco océano de algodón. Esto compensaba enormemente el no poder disfrutar de la vista de los valles del Dobra y de la sierra de Amieva e incluso, en días despejados, del mar Cantábrico. A la izquierda del mirador se alzaba la cumbre del pico Cotalba, cuyas pendientes eran inmensas paredes largas y lisas casi a plomo sobre el valle.
Aprovechando la estancia allí de aquellos jóvenes, nos sacamos fotos mutuamente sobre aquel fondo de postal de lujo. Sinceramente, hubiera podido quedarme allí horas contemplando aquel espectáculo visual sin cansarme lo más mínimo. Como apuraba el tiempo, solo estuve allí unos diez minutos antes de emprender el regreso poco después que aquella pareja.
Con pena abandoné aquel idílico lugar siguiendo la misma senda anterior hasta llegar al refugio del valle. Tras bordear los picos aquellos llegué a la collada donde vi que no estaban ya los tres compañeros, lo que me extrañó. En el móvil vi una llamada perdida de ellos y les llamé. Me dijeron que ya estaban bajando por delante de mí y comencé a bajar siguiendo el sendero muy trotado que atravesaba los hoyos y praderas. El sol calentaba bien y además no tenía agua, por lo que me lo tomé con calma parando de vez en cuando. Ahora no me crucé con nadie ni nadie me dejó detrás.
A las 15:00 horas llegué al refugio donde el resto estaban ya acomodados a la sombra para comer. Yo no tenía hambre alguna y solo comí una lata de macedonia de fruta. Eso sí, me hinché con el agua tan fresca de la fuente. Tras unos tres cuartos de hora allí, emprendimos el regreso por la misma ruta anterior. Cogimos la senda rocosa con dirección al collado La Gamonal donde la niebla nos comenzó a cubrir de nuevo y el sol desapareció por completo en pocos minutos.
Pocos metros después nos encontramos de nuevo con el joven que nos había indicado la senda buena a la subida y que ahora bajaba también. Él iba atajando a buen ritmo, por lo que decidimos seguir la senda marcada y no seguirle para no perdernos. La niebla se había vuelto algo húmeda y ellos se pusieron los chubasqueros. Por otro lado, José debió de quedarse algo frío y se le revolvió el estómago teniendo que parar a vomitar. No fue a más la cosa y continuamos atravesando aquel valle al que la niebla le daba también su encanto. Ya bastante abajo nos cruzamos con un grupo que subía.
En determinada zona me despisté por lo parecido del lugar y pensé que ya teníamos las majadas de la Piedra allí mismo. Aún tuvimos que recorrer un buen trecho para alcanzar estas cabañas ya bastante abajo del valle. Pocos metros después atravesamos el puente del Pozo del Alemán para enfilar el último tramo casi de subida hacia los coches. A ellos llegamos cuando eran las cinco y media pasadas.
Aquí la niebla ya era llovizna y nos cambiamos dentro de los coches antes de emprender el regreso. Yo temía quedarme sin gasoil ya que había subido casi con la aguja abajo del todo, aunque la reserva aún no se encendía. Al menos ahora era cuesta abajo y la gasolinera estaba poco antes de Cangas, a unos 25 kilómetros.
Con precaución bajamos el puerto y llegamos a Covadonga donde nos desviamos para ver el santuario y la cueva de la Virgen, que yo no conocía. En ésta última estaban celebrando misa y hubo que esperar unos minutos para entrar. En el santuario no pudimos por lo mismo. Como es tradición, echamos unas monedas a la laguna pidiendo deseos. En uno de los varios puestos de recuerdos compré una tira de postales antes de emprender de nuevo el viaje sobre las 19:00 horas.
Al llegar a la altura de la gasolinera entré en ella para llenar el depósito antes de entrar en Cangas. En éste cogimos de nuevo la carretera hacia Los Bellos en los que entramos con el cielo aún cubierto. En este desfiladero paré a sacar una foto y además por que me parecía ir oyendo un ruido raro en la furgoneta. Creo que eran varias piedrecitas que iban metidas entre los dibujos de las ruedas.
De esa manera atravesamos las hoces y poco después pasamos Oseja de Sajambre para comenzar a subir el puerto Pontón. Poco después de atravesar la cumbre y ya bajando hacia Riaño, empezó a disiparse la niebla y vimos de nuevo el lucir un espléndido sol. Sin novedades bordeamos el pantano y pasamos la presa hacia Cistierna. Aquí teníamos pensado parar, pero al llegar decidimos no hacerlo y seguir ya hasta León. Desde el Puente Villarente encontramos bastante circulación, pero fluida. Alrededor de las 22:00 horas llegamos a la ciudad y fui a dejar a José en casa. En vez de venir para Armunia, llamé a Carlos y a mi hermana y que dé con ellos en León.
Así terminó este fin de semana que no se prometía tan bueno por culpa del tiempo, y que luego resultó de lo más agradable. Y de esta forma vamos cumpliendo el programa previsto dentro del calendario del club “Cumbres de León”, aunque sea con tan escasa participación.