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lunes, 24 de septiembre de 2007

"LAGOS DE COVADONGA , VEGA DE ARIO Y PICO JULTAYU" 23-09-07

 


1ª TRAVESÍA “LAGOS DE COVADONGA- VEGA DE ARIO”.

1ª ASCENSIÓN AL “JULTAYU”. (Asturias).

23-09-07               (Domingo)

No puedo comenzar este resumen sin hacer una obligada referencia al fallecimiento ese mismo día y tras una larga enfermedad, de nuestro compañero del club, Roberto Pérez. Del mismo nos enteramos de camino al lugar de la ruta pillándonos por sorpresa la noticia ya que no sabíamos de su empeoramiento en los últimos días. Con ese “peso” encima hicimos la ruta José Antonio y yo, ya que a continuación relato los cambios de planes que hubo por ese y otros motivos.
A las 6:45 horas quedamos para salir de Guzmán: José Antonio, Luis, un amigo de éste que fue al Mahón con nosotros y también de nombre Luis y yo. Pues bien, tras reunirnos todos allí y por problemas personales entre Luis y José Antonio que no vienen al caso, el primero de ellos decide que no va a la excursión. Lógicamente, el amigo que va con él tampoco, por lo que sin más emprendemos José y yo el viaje hacia Covadonga en su coche.
Optamos por la autopista que cogemos en La Magdalena aún de noche. Encontramos niebla antes del Negrón pero despejó según bajábamos hacia Asturias. En Mieres nos desviamos por la autovía directa a Gijón saliendo luego en Pola de Siero para enlazar poco después con la de Santander en la que también había bancos de nubes bajas. En el desvío indicado a Cangas de Onís y Covadonga abandonamos esta vía rápida y fue en este tramo donde recibí un mensaje de Amador, otro compañero del club, comunicándonos la fatal noticia. En Cangas de Onís nos detuvimos unos minutos a tomar un café y le llamé para saber algo de la misma, aunque no me pudo decir mucho más. También, no sé si antes o después, recibí la llamada de Javi Fernández, que junto a Isabel, su mujer, estaban en Asturias ya e iban a hacer la ruta con nosotros. Dado que él tenía incluso más trato con Roberto, ya que salían a menudo juntos para hacer rutas por los Picos de Europa y demás, nos dijo que volvían directamente a León por que, lógicamente, no tenía muchos ánimos para hacer la ruta. José Antonio y yo decidimos seguir adelante, ya que volviendo a casa no íbamos a solucionar nada ya que además el funeral no iba a ser ese mismo día.
Sin mas retomamos la marcha hacia los Lagos de Covadonga, o Enol, dejando atrás poco después la basílica de La Santina. Al poco, el cielo que se había mantenido nublado desde hacía un rato, se convirtió en un mar de nubes impresionante por debajo de nosotros. Paramos unos segundos para sacar una foto del mismo y enseguida alcanzamos la cota más alta desde la que se pasa a la vega de los lagos. El primero que se ve es el de Enol, que bordeamos para subir hacia el de la Ercina, (1100 m), en cuyo aparcamiento paramos cuando eran las 10:20 horas y tras 226 Km.
En él había mas coches aparcados y personal paseando por la orilla del lago. Nos preparamos para la ruta que emprendimos a las 10:30 horas saliendo por una senda entre prados que bordeaba dicho lago por su parte izquierda hacia unas rocas cercanas. Por debajo de las mismas continuaba ésta al lado de la cual un indicador señalaba al refugio de la Vega de Ario 3:00 horas.
No tardando pasamos al lado de unas cabañas de piedra entre arboleda. Mientras comenzábamos a subir dejando el lago por detrás de nosotros con una bonita vista. Poco a poco fuimos cambiando de dirección metiéndonos en una estrecha vaguada donde el sendero estaba anegado de barro y agua, por lo que había que salirse de él a cada paso. Entre rocas y verde prado fuimos subiendo suavemente hasta alcanzar un pequeño collado donde nos encontramos con un numerosos grupo de jóvenes desde allí ya pudimos ver varias cumbres por delante de nosotros, así como por detrás la sierra del Sueve con el pico Pienzu, al que ascendimos Álvaro y yo hacía dos semanas. Desde aquel collado comenzamos a bajar por unas vegas con poco desnivel hasta que sin darnos cuenta alcanzamos las cabañas de Las Bobias, un bonito rincón de asombroso verdor. En las cercanías nos cruzamos con un burro al que todos los del otro grupo pararon a fotografiar. Yo también, claro. Eran las 11:20 horas y llevábamos 3,150 Km.
Pasamos aquella bonita vega y empezamos a subir metiéndonos entre una zona de rocas y arboleda que crecía entre las mismas. Hacia nuestra vimos laderas rocosas y un alto pico que no identifico. Tras dejar atrás este tramo bajamos de nuevo unos metros por la senda siguiendo la orografía de una ladera desde la que vimos, en el valle que bajaba, otro numeroso grupo de cabañas, que podían ser según el mapa las Brañas de Rendondiella. No tardamos en volver a subir dejando por encima de nosotros un hoyo donde no hacía tanto aún podía quedar una laguna, en el mapa indicaba el lugar como Llaguiellu.
Nos metimos de nuevo en otra zona más estrecha y de fuerte pendiente, las Reblagas, donde la senda transcurría entre pedreros y matojos bajos. Así alcanzamos otra especie de collado, aunque a partir del mismo se continuaba subiendo más suavemente por el Llano de los Jitos. Por la derecha se alzaban las cumbres rocosas típicas de Picos de Europa, en cuyo Macizo Occidental nos encontrábamos. Más adelante se encuentra una fuente con pilón algo por debajo del sendero y a la derecha del mismo. José Antonio bajó hasta él mientras yo desistí ya que aún llevaba agua suficiente. Allí pararon también varios componentes del grupo entre los que íbamos caminando nosotros a la vez. Eran las 12:15 horas y el podómetro marcaba 5,700 Km.
Desde la misma ya se emprendía el último tramo de pendiente de la ruta hacia el collado del Jito. De nuevo el sendero se introdujo entre algunos estrechos pasos de piedras mientras ya vislumbrábamos el collado por delante y arriba. El último trayecto hasta el mismo se hace por una serie de zigzag ya que la pendiente es considerable. Por fin, cuando eran las 12:45 horas, alcanzamos la cota de este collado del Jito con una altitud de 1619 metros. La distancia desde el lago era de 7,000 Km.
La vista era espectacular teniendo al frente buena parte de las cumbres del Macizo Central como la del Llambrión, La Palanca, Torrecerredo o Cabrones, así como la cumbre del Jultayu a la derecha de la Vega de Ario, a la cual da paso este collado. Aprovechando una losa redonda en la cual estaban labradas varias direcciones de las cumbres que se podían ver, nos sacamos una foto los dos con el Jultayu y los picos de fondo. Hablando con uno de los jóvenes del grupo, que hacía de guía, supimos que eran de Cataluña y estudiaban topografía, o algo parecido.
Tras unos minuto allí retomamos la marcha por el sendero con dirección al refugio Marqués de Villaviciosa, situado a la izquierda de la vega. De camino a él, y ya a la vista, comentamos la posibilidad de ascender al pico Jultayu. El desnivel desde allí es de unos 300 metros de cómoda subida, pero teniendo en cuenta que ya llevábamos 7 kilómetros andados. Al final nos decidimos a ello y antes de llegar al refugio dimos un giro por la pradera hacia el sendero que venía de él y en el que encontramos señales de la Canal del Trea. Unas marcas amarillas de pintura en las rocas nos iban guiando entre las rocas con dirección al comienzo de dicha canal y de la subida al Jultayu. José Antonio iba arreglando las señales medio caídas y rotas a pesar de verse nuevas. En cambio otras de hierro y pintadas rudimentariamente aguantaban en pie estoicamente.
Dejamos atrás el comienzo de la canal de Trea y comenzamos a subir por la ladera del Jultayu cuando eran las 13:40 horas. Por la misma veíamos bajar a varias personas con las que nos cruzamos, algunos niños entre ellas. La pendiente era llevadera y poco a poco fuimos ganando altura. El sendero estaba marcado con hitos de piedras en las zonas de rocas, aunque tampoco había pérdida alguna. Sacamos alguna foto ascendiendo con las cumbres del oeste como el Cuvicente o Peña Blanca de fondo.
A las 14:40 horas alcanzamos esta cumbre de 1940 metros, baja respecto a las principales de Picos de Europa, pero con unas vistas espectaculares. Por el norte se podía ver parte de Valdeón con Cordiñanes en el valle. Al fondo de éste el pico Gabanceda y tras él el Espigüete. Siguiendo al este nos metemos en el Macizo Central de Picos de Europa con la Torre del Friero, el Llambrión, La Palanca, Torre Cerredo, Tesorero o Cabrones así como numerosas canales verticales que caen del mismo hacia el río Cares, parte del cual veíamos con la senda paralela hacia Poncebos. Algunas cumbres de la zona de Sotres también sobresalían hacia el nordeste y mucho más al fondo y al norte la línea del Cantábrico. Siguiendo el giro hacia el este se podía ver la sierra del pico Mofrecho o la del Sueve con el Pienzu como cumbre principal. En el mismo Macizo Occidental veíamos las cumbres de Peña Blanca, La Jorcada, La Robliza y como no, Peña Santa de Castilla que con sus 2596 metros es la más alta del macizo. En su cara norte aún se podía ver un nevero entre las canales.
Justo debajo de nosotros teníamos el pueblo de Caín, tanto el barrio de arriba como el de abajo. Hacia él caían en vertical 1500 metros de desnivel. Desde la falda de Peña Santa hacia este mismo baja la canal de Mesones por la que ya hace 20 años bajamos en una ruta por este mismo macizo con Pepe Castro como guía.
En la cumbre había un hito de piedras entre el cual encontré un bote de cristal vacío donde dejamos nuestra tarjeta de cumbres con una referencia a nuestro compañero Roberto como recuerdo. Disfrutando de todo este bello entorno comimos tras darnos un poco de protector solar, que ya teníamos que haberlo usado antes. La temperatura era la ideal, ya que aunque calentaba el sol, ya no era como en pleno verano. Apunto aquí que ese mismo día, a las 11:50 horas, había comenzado oficialmente el otoño. A la cumbre llegó también una pareja de asturianos con los que conversamos un rato y nos sacaron unas fotos antes de emprender nosotros el descenso.
A las 15:45 horas comenzamos a bajar por la cresta oeste del pico pegados a la caída vertical de la canal de Mesones. Algo más abajo nos separamos y yo me “tiré” más directamente hacia la vega mientras José seguía por el cordal unos metros. La pendiente allí era realmente pronunciada y no fácil de bajar por las piedras sueltas y la hierba resbaladiza. Sorteando como se podía todo ello fuimos perdiendo altitud hacia un sendero que veíamos en la parte baja. De pronto vimos un gran grupo de rebecos corriendo ladera abajo entre los riscos y las rocas. Era gratificante verlos sortear los pasos sin ningún tipo de dificultad con una rapidez pasmosa. Me dio tiempo aún así a sacarles varias fotos y grabarlos.
Ya abajo nos fuimos metiendo de lleno en la zona de dolinas entra las que subimos y bajamos siguiendo siempre un pequeño sendero que pasaba a veces al lado de alguna sima u hoyo. Por delante y arriba, veíamos a un grupo de montañeros en hilera dirigiéndose hacia la collada del Jito a la que también nosotros íbamos. Como referencia apunto que estábamos completando la vuelta a toda la Vega de Ario por la parte contraria al refugio.
Enlazamos luego con el sendero que traían aquellos caminantes aunque lo dejamos antes de llegar a la collada para salir del valle por otros pasos diferentes. Además nos separamos los dos yendo cada uno por un sendero distinto. Yo me dirigí todo lo que pude hacia la collada apareciendo ya por debajo de ella en el sendero por el que habíamos llegado por la mañana. Eran las 17:30 horas y llevábamos 14,500 Km. Ahora esta distancia no es muy real ya que en ascensiones y descensos pronunciados no es fiable el podómetro.
A José le perdí de vista y no sabía si iba a parecer por detrás o ya por delante. Opté por continuar el descenso tranquilamente por el sendero cuando al poco tiempo me hizo señas desde un pequeño alto cercano al sendero algo por delante de mí. En quince minutos llegamos a la fuente con pilón a la que esta vez sí me acerqué para llenar la cantimplora. Luego descendimos el tramo mas o menos pendiente y de frente vimos las brañas de las Bobias y las de Rendondiella. Ladeamos Piedra Llana y pasamos el tramo entre piedra y arboleda donde vimos algunos troncos retorcidos y pegados a la roca. También pegada a la roca había otra fuente con pilón que a la ida no vi.
Escasos metros más adelante se encuentran Las Bobias por donde pasamos a las 18:50 horas. El sol del atardecer resaltaba los tonos convirtiendo el paisaje en imagen de postal. Subimos luego hacia el pequeño collado que daba paso a otra vega llana desde el final de la cual ya veíamos una caseta situada en la loma entre los lagos de La Ercina y Enol. Ahora lo que nos quedaba, sobre un kilómetro y medio, era todo bajada.
Desde hacía un rato veníamos acompañados por varios de los del grupo que habíamos visto pasar por la senda desde la ladera del Jultayu. Ellos habían partido del lago y habían hecho una ruta circular. Eran de allí mismo de Asturias. Con ellos bajamos este tramo donde el sendero continuaba embarrado en muchos lugares. Al llegar a la zona de cabañas, un poco por encima del lago de La Ercina, encontramos a unos jóvenes que estaban viendo una vaca y al ternero nacido unos momentos antes. Allí estuvimos unos minutos esperando a ver si se levantaba y viendo como le lamía y le limpiaba con la lengua. Al final no hacía intentos de levantarse y continuamos la marcha para recorrer los escasos 400 ó 500 metros que nos quedaban para el aparcamiento donde teníamos el coche. Atravesamos parte de vega del lago antes de llegar al mismo cuando eran las 19:40 horas. Hacia los picos el sol se reflejaba con un bello tono rojizo mientras que la vega estaba ya en la sombra totalmente.
Antes incluso de llegar al coche me acerqué al bar cercano y saqué un refresco de una máquina. Sin más retrasos nos cambiamos y emprendimos el viaje de regreso sobre las ocho. Bordeamos el lago de Enol y no tardamos en comenzar el descenso hacia Covadonga. Hacia el oeste se podía ver una puesta de sol realmente bonita. Paramos un momento para sacar una foto, pero ya era muy abajo y no quedó bien.
Como durante la jornada apenas había tenido cobertura con el móvil, no había podido hacer llamadas. Solo hablé con Guiomar, que también tenían intención de hacer la ruta, pero que no les había sido posible al final, y con Javi, que me informó de la hora del funeral de Roberto para el día siguiente por la mañana. Como íbamos a llegar tarde, durante el trayecto llamé a la mayoría de los compañeros del club para darles la noticia.
En vez de coger la autovía, continuamos por la nacional hacia Oviedo entrando en ella unos kilómetros antes. Luego enlazamos con la de Mieres, después de otro tramo por carretera, y ya en éste con la A-66 hacia León. Paramos en los peajes de entrada de Campomanes y el de salida en La Magdalena antes de recorrer el último tramo por la comarcal hacia León. A las 22:50 horas me dejaba José Antonio a la puerta de casa en Armunia tras un total de 425 Km.
De esa forma terminamos esta jornada marcada en todo momento por esa amarga noticia de la muerte de nuestro compañero y amigo Roberto, que siempre nos acompañará en cada una de las excursiones que sigamos haciendo. En su memoria.






























lunes, 10 de julio de 2006

"LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES". (Asturias). 09-07-06

 



2ª TRAVESÍA “LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES”. (Asturias).

09-07-06   (Domingo)

Comenzamos el mes de julio realizando esta bonita travesía en el Macizo Occidental de Picos de Europa. La misma comienza en las cercanías de los lagos de Enol o Covadonga y tras pasar por el refugio de Vegarredonda, llega al impresionante Mirador de Ordiales.

Tan solo cuatro participantes nos animamos a ello: Luis, Álvaro, José Antonio y yo. Para ello decidimos madrugar algo más de lo habitual y acordamos la hora de salida para las 6:30 horas. Aprovechando que mi hermana entraba pronto a trabajar, fui con ella en la furgoneta hasta Guzmán. De allí salimos poco después de la hora convenida optando por hacer el viaje por la autopista. Nos dirigimos entonces hacia La Magdalena donde entramos en dicha vía rápida. Fernando, otro compañero, había quedado en añadirse al paso por el puente colgante, pero como ya estaba algo indeciso y no recibimos su llamada, nos despreocupamos de él desde ese momento.
Sin novedades avanzamos por la misma hasta llegar a Mieres donde cambiamos de rumbo a través de la “minero”. Por ella recorrimos varios kilómetros antes de volver a desviarnos, esta vez con dirección a Santander. Al llegar a Infiesto abandonamos la misma para continuar por la nacional hacia Arriondas y seguidamente hacia Cangas de Onís. Aquí paramos un minuto y José Antonio compró pan. Desde poco después de entrar en Asturias nos había envuelto la niebla y ahora se iba despejando. Desde allí nos encaminamos hacia Covadonga y seguidamente hacia los lagos.
La pendiente de esta carretera es bastante pronunciada y no tardamos en dejar por debajo un bonito mar de nubes mientras el cielo se despejaba completamente. Álvaro se mareaba un poco y paramos para que pasara adelante. Mas arriba hicimos lo mismo para sacar unas bonitas fotos. Tras unos minutos contemplando este bello paisaje retomamos la marcha y en pocos minutos alcanzamos el collado que da paso a la zona de los lagos. Eran las 9:10 horas. Desde allí se contempla el lago de Enol en toda su magnitud. Tras sacar unas fotos del mismo avanzamos ahora por una pista entre praderías y laderas con dirección a un aparcamiento donde ya la vez anterior, hace cuatro años, habíamos dejado también el coche. En aquella ocasión la lluvia y la niebla nos habían acompañado parte de la ruta, lo que de momento no ocurría ahora.
Tras 197 Km recorridos aparcamos en dicho lugar donde ya estaban varios coches y algunas personas que también iban a comenzar la marcha. Allí nos preparamos y yo me di bien de protección solar en brazos, piernas, cara y cuello. Antes de salir sacamos una foto del grupo. A las 9:45 horas emprendimos la caminata por la pista cortada al tráfico rodado salvo usos ganaderos o agrícolas. Entre rocas y arboleda fuimos avanzando por este camino hasta llegar a una pradera donde hay una bonita fuente de piedra a unos 20 metros del camino. Allí nos acercamos a verla antes de proseguir la marcha hacia el Pozo del Alemán, lugar en el río Pomperi o Redemaña donde Roberto Frasinelli, alemán estudioso de los Picos de Europa, solía bañarse, según cuentan los escritos. En este lugar hay un puente sobre el río donde nos sacamos unas fotos. Cuando retomamos la marcha tuve que retroceder unos metros ya que se me habían quedado los bastones olvidados al sacar las fotos.
A los pocos metros se termina la pista y comienza una ancha senda empinada con un atajo paralelo por el que yo me metí sin darme cuenta. Tras escasos 300 metros de subida alcanzamos el paraje de la Majada de La Piedra. Realmente bello este lugar donde varias cabañas emplazadas en el verde se afirman sobre enormes rocas. A partir de allí continua la senda por la ladera derecha del valle ascendiendo por entre las verdosas praderas hasta situarse justo encima del río en un trozo donde se encajona y con una barandilla de madera como protección. Desde dicho lugar se puede contemplar el aparcamiento donde habíamos dejado el coche.
Este alto da paso a la vega de Canraso que atravesamos siguiendo la senda que nos llevó a la parte izquierda del valle. Poco a poco fuimos ganando altura mientras el sol ya comenzaba a calentar lo suyo. José Antonio ya se había adelantado y no sabíamos nada de él. Aprovechamos algunas sobras de la roca para parar unos minutos en ellas. Tras este tramo suave, nos llegó otro un poco más empinado. La senda muy marcada serpenteó por la ladera hasta alcanzar otro nivel. Allí vimos como ésta se señalaba con piedras en la pradera de las cuales me acordaba yo al servirnos de mucho entre la niebla.
Sin más llegamos a un paraje con varias cabañas, La Rondiella, desde el cual la senda se metió en una zona de rocas entre las cuales serpenteaba con dirección al collado La Gamonal. Desde él vimos ya el refugio de Vegarredonda con las impresionantes cumbres del macizo detrás. Solo nos quedaba descender unos metros por la senda hasta su emplazamiento. Un indicador señalaba el mirador de Ordiales, pero primero optamos por llegar al refugio a ver si estaba José Antonio por allí, al que tampoco vimos.
A las 11:20 horas, y tras 5 kilómetros recorridos llegamos a la puerta de este refugio donde estaba el encargado y algunas personas más. A través de él nos informamos del horario de acceso a los lagos con coches, ya que durante el mes de agosto está restringido durante buena parte del día y solo se puede llegar con autocares que por cierto no son nada baratos.
En la fuente cercana cargamos agua y sin pérdida de tiempo retomamos la senda para continuar hacia el mirador. Otro indicador marcaba el tiempo hasta ellos, 2:00 horas, aunque en el refugio nos habían dicho que en hora y cuarto se hacía. Atravesamos un pequeño regato y enseguida la senda comenzó a empinarse por entre la roca. A esa hora calentaba bastante el sol pero subíamos cómodamente. A la par que nosotros iba una mujer que se había separado de su grupo y que se dirigía a otra ruta. Subiendo aquel tramo de la canal de Cueñe Cerrada nos alcanzó José Antonio, que había subido algo por encima del refugio hasta otro más antiguo y por eso no le habíamos visto.
El sendero atravesó luego una zona de dolinas con subidas y descensos entre grandes moles de piedras. El mar de nubes que se seguía viendo nos impidió ver el Cantabrico situado a escasos kilómetros. Si que se distinguía la línea del mismo. Alcanzamos luego el collado de Sierra Pelada donde termina la falda norte del pico Cotalba. Desde el mismo se ladea dicha falda hasta dar vista a la vega de Ordiales con el refugio de ICONA en medio así como la situación del mirador.
José Antonio y Luis iban con intención de ascender al Cotalba, 2022 m, mientras que Álvaro y yo no estábamos por la labor. Por ello, al llegar al refugio, ellos comenzaron a subir ladera arriba hacia la cumbre. Nosotros continuamos por la senda y tras recorrer unos 200 metros, alcanzamos dicho lugar estratégico. Eran las 12:50 horas y llevábamos 7,500 Km.
La vista desde él es espectacular. Mientras que la vez anterior pude disfrutar de un increíble mar de nubes, ahora éste ya se desvanecía y pudimos contemplar los valles y cañones del fondo. Algunas nubes rondaban aún por debajo dando al paisaje un tono idílico. Entre ellas pudimos ver el pueblo de Amieva así como gran parte de la Senda del Arcediano. Entre otros picos se veían bastante bien el macizo del Mampodre así como el Gildar o Peña Beza. Lo que realmente impresionaba es el desnivel que hay desde allí al fondo del valle, una caída de unos 800 metros prácticamente vertical. El mirador se sitúa a 1700 y Amieva, algo más separado, está a 700 metros.
En el mirador había algunos montañeros más y otros que fueron llegando. También estaba la mujer que había venido con nosotros y que esperaba a otra parte del grupo que no tardó en llegar. Eran de un grupo asturiano de montaña, el “Trasgu”, y hablando con ellos comprobamos que conocían varias zonas de la montaña leonesa.
Como ya iba siendo hora, Álvaro y yo nos pusimos a comer mientras esperábamos a que llegasen José y Luis. Yo me volví a dar crema para protegerme del solazo que pegaba. Un dato importante que señalar es que en dicho mirador están los restos del Marqués de Villaviciosa, otro gran conocedor de los Picos de Europa cuya última voluntad fue ser enterrado en dicho lugar. Unas losas grabadas y una placa así lo atestiguan.
Sobre las 14:30 horas llegaron los compañeros que ya veíamos desde hacía un rato bajar por la falda. Al igual que nosotros, se pusieron a comer tranquilamente en las rocas del lugar. Tras ello nos sacamos unas fotos juntos y cuando eran las cuatro de la tarde emprendimos el descenso. Éramos los últimos que quedábamos en el lugar. Algunos del otro grupo habían bajado ya mientras que otros estaban en el pico. Nada más abandonar el lugar vimos como varios cuervos acudían a por las migas y otras pequeñas sobras caídas de la comida.
Por debajo del mirador, y antes de llegar al refugio, encontramos una gran sima en el terreno hasta la que se acercó Luis. Poco a poco fuimos perfilando la ladera del Cotalba hasta llegar al collado. En las praderas pastaban numerosas vacas con bonitos terneros a su lado. Desde el collado descendimos por la senda entre piedras y pequeños hoyos. Atravesamos los Campos de Torga y en la siguiente collada comenzamos a bajar la canal de Cueñe Cerrada. Varios de los componentes del grupo que habían subido al Cotalba nos adelantaron bajando esta canal. En una de las piedras José vio la silueta de un pez formado por varias pequeñas grietas.
No tardamos en ver el refugio de Vegarredonda y tras este fuerte descenso llegamos a él cuando eran las 17:15 horas y habiendo recorrido 3,470 Km desde el mirador. Aquí nos sacamos una foto de grupo y estuvimos sentados a la sombra de otro edificio adyacente al refugio donde también la vez anterior habíamos estado comiendo. Luis entabló una conversación en inglés con un trío que estaba allí cerca. En la fuente cargamos agua fresca y a las 17:45 horas emprendimos el retorno hacia el coche. Subimos el trozo de sendero hacia el collado Gamonal y comenzamos el descenso hacia la vega de Redondiella. Álvaro se acercaba a las vacas que ni se inmutaban con él. José Antonio se volvió a separar y luego le vimos bastante por debajo ya. Echando la vista atrás pudimos disfrutar de una bonita vista del macizo con la cima de Santa Maria de Enol sobresaliendo entre los demás picos.
Con el sol de la tarde los colores resaltaron en el paisaje y me dio rabia no tener mas espacio en las tarjetas para poder sacar las fotos que quería. Las enormes moles de piedra destacaban entre las verdes praderías en las que pastaba el ganado ajeno a nuestro paso. A mí me estaba gustando ver todo aquello ya que, como apunté, la vez anterior la niebla nos impidió ver paisaje alguno hasta la altura del collado Gamonal. Que conste también que la niebla de aquel día le dio al entorno un toque un tanto especial.
Así pasamos entre las cabañas de la Rondiella y cambiamos a la vega de Canraso. Descendimos suavemente por ella mientras yo seguía maravillado con el contraste de colores y tonos del paisaje. Detrás seguían irguiéndose las cumbres del Macizo Occidental bajo las cuales habíamos estado. Así llegamos a la empalizada sobre el pequeño cañón del río desde donde ya divisamos la majada de La Piedra y el aparcamiento de los coches. Yo me quedé un poco rezagado sacando fotos mientras el resto se adelantaba. En vez de seguir el camino, atajé hacia la majada donde cambié la última tarjeta de fotos. Realmente puedo decir que en esos momentos estaba fascinado por la belleza de aquel rincón y deseaba tirarme un rato allí contemplándolo. Como ya no era pronto, y además no iba yo solo, tuve que retomar la marcha. Bajé el pequeño tramo empinado hasta llegar a la altura del Pozo del Alemán. Iba apurando las últimas fotos y seleccionándolas muy bien. Pasé por cerca de la fuente y apuré los últimos metros antes de llegar al aparcamiento donde ya estaban los compañeros desde hacía un rato. Eran las 19:00 horas y habíamos recorrido unos 16 Km.
Enseguida me cambié y nos pusimos en marcha. Allí quedaban aún varios coches. Recorrimos los dos kilómetros hasta llegar al lago de Enol y al salir a la carretera giramos con dirección al lago de La Ercina, situado a un kilómetro tras una loma cercana. En este trayecto y posteriormente pudimos comprobar como está de masificado aquello con algunos bares, y sobre todo, accesos demasiado urbanizaos en todo el entorno de los lagos. Aceras, escaleras, rampas, etc. Lo hacen transitable hasta para ir con tacones, como vimos a alguien por allí. Vamos, que es realmente un agravio para el paisaje.
En el aparcamiento de este lago dejamos el coche y nos acercamos hasta el mismo encontrándolo con bastante vegetación en sus aguas. Sacamos una foto allí y regresamos al coche. Comprobamos como las vacas campaban a sus anchas por el aparcamiento y se restregaban contra un coche doblándole el espejo. “Discutimos” de quien era la responsabilidad de esto, ya que habría que saber si el aparcamiento es “legal” y acondicionado para tal efecto o simplemente un lugar más donde dejar los coches. El caso es que te puedes llevar una sorpresa si dejas el coche allí.
A las ocho de la tarde salimos de allí por la serpenteante carretera entre los dos lagos y comenzamos el fuerte descenso hacia Covadonga parando poco después en el mirador de La Reina. Desde él pudimos ver entre bastante calima varios pueblos de la zona de Onís. En una mesa estuvimos un rato sentados mientras dábamos cuenta de un trozo de pan que le quedaba a José Antonio y algo de embutido a Álvaro. Tras unos 15 minutos retomamos la marcha hacia Cangas de Onís. Mientras bajábamos este tramo notó Luis un pequeño ruido en el coche cuando se daban los giros.
Así fuimos avanzando y llegamos a Arriondas donde paramos a tomar un refrigerio en una sidrería. En ella aprovechamos para hacer las cuentas antes de emprender el último tramo ya hacia nuestro destino. Eran ya las 21:30 horas cuando nos pusimos en marcha y nos quedaban casi 200 kilómetros. Esta vez optamos por coger la autovía, para lo cual tuvimos que retroceder unos 20 Km hacia Ribadesella y de éste hacia Oviedo. Antes nos desviamos para coger la de Mieres que nos llevó al empalme con la de Campomanes. En éste último pagamos el peaje y tras pasar el Negrón entramos en nuestra provincia. La noche ya era cerrada cuando salimos en La Magdalena y cuando paramos en León daba exactamente la media noche. En el paseo Salamanca bajaron Álvaro y José Antonio y me acercó luego Luis a casa.
Y así finalizó esta especialmente larga jornada de montaña en la que quedamos con la satisfacción de haber pasado un estupendo día con el mejor tiempo posible y habiendo cumplido el objetivo, incluso ampliado por parte de otros.