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lunes, 16 de octubre de 2006

BARCENA MAYOR- Cdo. OZCABA- LOS TOJOS- BARCENA MAYOR. (Cantabria) 14/15-10-06

 


1ª TRAVESÍA “BARCENA MAYOR- Cdo. OZCABA- LOS TOJOS- BARCENA MAYOR”. (Cantabria).

14/15-10-06

Una vez más nos hemos desplazado a la vecina Cantabria para realizar una bonita travesía por el ya conocido Valle de Saja. En esta ocasión nos acercamos hasta Barcena Mayor, bello pueblo declarado conjunto histórico en 1979, en el que comienza la ruta conocida como “Camino Viejo de Barcena Mayor”. El grupo de 11 personas se dividió a la hora de hacer el viaje y mientras algunos lo hacían el viernes, otros lo hacíamos el sábado. Luis, Eva, José Antonio y su mujer Chelo y su hijo Fernando fueron en un coche el viernes así como Javi, su mujer Isabel, Ramón y Corin. Álvaro y yo marchamos el sábado por la tarde.
Antes de nada quiero hacer un apunte de lo que no me gustó desde un principio como presidente del club, y lo cual dejé claro a pesar de seguir adelante. La ruta en sí era solo hasta el collado de Ozcaba y regreso, siendo unos 20 kilómetros. Pues bien, los que marcharon antes decidieron que se podía hacer por la mañana y llegar a comer en un restaurante de Barcena. A mí me convencía poco el tema pero accedí. Por otro lado, parte del grupo se fue por su cuenta sin avisarme para nada, lo que me mosqueó aún más. Claro, ellos aprovecharon el sábado para ir a la playa y alguna otra cosa más mientras que nosotros íbamos a hacer un viaje de 250 Km. para hacer una ruta de medio día. Eso, unido a algún detalle más que luego añadiré, fue lo negativo de esta salida que después de todo la considero todo un éxito por su transcurso y resultado final.

SÁBADO 14
Minutos antes de marchar recibía la llamada de Cundi, que el día antes me había dicho que no podía ir y ahora había cambiado de planes. Como ya estábamos apurados de tiempo y además no tenía nada preparado, no fue factible esperar por ella.
Sobre las 17:30 horas llegó Álvaro a mí casa donde dejó el coche en el garaje para salir poco después con el mío. En Ribaseca entramos en la autovía hacia Benavente enlazando poco después con la de Burgos. Por ella recorrimos los 110 Km hasta Osorno donde salimos para coger la nacional 611 hacia Santander. En una Gasolinera cercana a Alar del Rey llené el depósito antes de continuar hacia Aguilar de Campoo, tras el cual se encuentra un tramo abierto de la nueva autovía Santander - Palencia. Por el mismo circulamos varios kilómetros hasta llegar a Reinosa donde la dejamos con dirección a Alto Campoo. En Espinilla giramos hacia el Valle de Cabuérniga comenzando a subir el puerto de Palombera mientras anochecía. Este tramo y toda la bajada la hicimos a velocidad moderada debido a la incomprensible presencia de numerosos caballos por la carretera.
A las 21:10 horas llegamos a Sopeña tras 252 Km. recorridos. Nos dirigimos al camping “Molino de Cabuérniga” donde nos registramos y entramos para montar la tienda. Los demás estaban en Cabezón de la Sal donde quedamos con ellos para cenar. A 12 Km. de allí se encuentra este pueblo donde llegamos pasadas las diez de la noche. Tras varias vueltas por sus calles en fiestas aparcamos y nos reunimos con el resto de compañeros en el mismo restaurante donde habíamos estado el año pasado. Allí cenamos y algunos salimos a tomar algo en otro bar ya conocido. Era ya la una y pico cuando regresamos al camping. Algunos tenían alquilado un apartamento del mismo mientras que otros lo habían hecho en otro pueblo cercano. Nosotros nos metimos en la tienda donde yo, por no variar, tardé en dormirme por culpa de la almohada. Y eso que había llevado una de una silla. Me desperté varias veces durante la noche.

DOMINGO 15
A las 7:30 horas sonó el despertador. Aún estaba bastante oscurecido y el techo de la tienda empapado del rocío. La desarmamos y nos vestimos para la marcha antes de desayunar en la furgoneta. Poco antes de las nueve nos dirigimos a recepción a pagar y resultó que estaba aún cerrado. Como habíamos quedado a las nueve en Barcena Mayor, metimos el dinero en un papel a modo de sobre y se lo dejamos por debajo de la puerta del bar, ya que por la otra no entraba. A Javi le pasó otro tanto y él le dejó una nota diciéndole que le hará una transferencia al día siguiente.
Ya apurados de tiempo salimos de Sopeña hacia Barcena, distante 18 Km. A la entrada de este pueblo hay un aparcamiento donde ya estaba Javi con su mujer, Corin y Ramón. Del resto no había señales, y tras llamarles, nos dijeron que aún estaban de camino. Emprendimos entonces la marcha nosotros tranquilamente por un camino cementado y recorrimos algo menos de un kilómetro antes de entrar en Barcena Mayor (500 metros de altitud.)
Este bonito pueblo tiene todas sus calles empedradas al igual que sus casas con balconadas floridas y de madera. En una de las plazas estaba el restaurante donde luego algunos comerían el cocido montañés. A la salida del pueblo hay un puente sobre el arroyo Queriendo y una fuente donde cargamos agua. Allí sacamos una foto y tras el puente comienza la ruta hacia Ozcaba por un lado y hacia Los Tojos por donde regresaríamos.
A las 9:30 horas iniciamos la ruta en este punto por un camino de tierra pisada entre arbustos y bajas tapias de piedras de los prados. No tardó en cambiar el paisaje y entramos entre numerosos helechos amarillentos. A poco más de un kilómetro del pueblo la pista dio un giro brusco, pero no la ruta, que entraba por un camino empedrado señalado por un indicador. Escasos metros nos separaban de la ermita del Carmen, (585 m), un pequeño edificio dentro del cual se podía ver tras una reja, la imagen de la Virgen del Carmen y alguna más. Eran las 9:55 horas.
La pendiente se hizo más pronunciada mientras nos metíamos entre castaños y robles apareciendo por la derecha laderas de helechos y arbustos. Por delante de nosotros comenzamos a ver un pinar por el medio del cual atravesaríamos enseguida. Encima de él, por la derecha, se alzan las cimas del Coteruco de Mahilla, de 1240 metros, y del Alto de Buelna, con 1241 m, en cuyas laderas vimos algunos caballos y vacas. El sol ya comenzaba a calentar y se agradecía la sombra de los pinos. Por detrás nos pillaron Luis y Eva, antigua socia del club que se había añadido a esta salida.
Atravesamos el pinar con dirección a las casas de Avellanedo, unas cabañas a las que llegamos tras subir una pequeña pendiente entre acebos y otros arbustos. Eran las 11:50 horas y llevábamos 5,5 Km desde el aparcamiento, uno menos desde el comienzo de la ruta. Las referencias las daré desde ahora desde el aparcamiento, lo que marcaba el podómetro.
Aquí se unieron ahora José Antonio, Chelo y Fernando. Subimos entre helechos por una vaguada lateral del valle principal que bordeamos hasta atravesar un arroyo y meternos de nuevo en un bosque de roble del que no tardamos en salir de nuevo al helechal. Así alcanzamos un alto desde el cual tuvimos una amplia vista del valle con la ruta hecha por él, las cumbres y más adelante la venta de Mobejo. Para llegar a ella había que rodear otra vallina parecida a la anterior, en la cara sur helechales y por la norte además, bosque. En esta venta de Mobejo había un corral con caballos y algunas edificaciones a las que no nos acercamos. Eran entonces las 12:00 horas y llevábamos 7,5 Km.
Escasos metros mas adelante salimos a una pista tras pasar una cancilla. Por ella abandonamos el bosque saliendo en pocos minutos a una amplia vega con unas cuadras de techumbre “moderna” con forma de cúpula alargada. En los prados seguimos viendo ganado entre los árboles que moteaban el paisaje. De frente y en lo alto comenzamos a ver la carretera del puerto de Palombera e incluso la parte alta del mismo. A la derecha, en medio de un prado, había una pirámide de piedra con un árbol en medio formando una especie monumento. Nos cruzamos allí con Isabel y Corin que ya iban de regreso mientras que Javi y ramón habían continuado para hacer la circular. A escasos metros se situaba una caseta en el collado de Ozcaba, final de la ruta prevista. Eran las 12:45 horas y llevábamos 11 Km.
Poco por encima, siguiendo la pista, se alcanzaba la carretera de donde bajaban algunas personas. Mientras Luis, Eva, Chelo y Fernando daban la vuelta, nosotros tres quedamos un rato al lado de la cabaña comiendo un poco. Al final, creyendo que nos daba tiempo para llegar a comer abajo siguiendo la ruta circular, optamos por hacerla.
A la una de la tarde nos pusimos en marcha por una pista que marcaba 12 Km a Los Tojos. Por ella fuimos subiendo suavemente por la ladera de La Cardosa. Desde allí teníamos una amplia y bonita vista de numerosas cimas hacia el Oeste como la de Peña Labra, y algunas más de la montaña Palentina. Así alcanzamos un collado donde vimos un caballo muerto y medio comido ya. Nos metimos entonces en la cresta de la loma entre matojo bajo y tojos de afiladas púas. Hacia el Noroeste vimos una gran humareda y comprobamos que era un incendio en la falda de un monte. Por debajo de nosotros veíamos la pista que teníamos que seguir y a la que entramos minutos después. En otra collada más adelante se encontraba el refugio de Venta Vieja, al que llegamos cuando eran las 14:15 horas y tras 17 Km. recorridos. En el mismo vimos a dos jóvenes que miraban con un catalejo algo en el paisaje.
La pista cambió ahora de vertiente hacia el Este con vistas al valle de Barcena, pueblo que no tardamos en ver alejado en el fondo del mismo. Por delante la pista serpenteaba mientras ya descendía hacia Los Tojos. El sol calentaba lo suyo e iban apareciendo nubes por el Oeste. Al lado de la pista vimos un depósito y un corral de ganado. En algunas curvas de la pista atajamos por la ladera directamente hacia el pueblo ya visible y no lejano.
Aquí apunto otro de los detalles que no me convencieron y que tampoco voy a concretar mucho. Simplemente decir que hice una llamada para que los que habían llegado, o estaban a punto de hacerlo, nos viniesen a buscar a Los Tojos evitando así los 8 Km hasta Barcena. La respuesta fue que estaban apurados de tiempo para la comida ya concretada y que apurásemos el paso nosotros, mas o menos. Visto el tema, decidí allí mismo no llevarme un mal rato e ir a mi paso disfrutando del paisaje, que por cierto no tuvo desperdicio alguno. Eran las 15:30 horas y llevábamos 21 Km.
Atajamos por las laderas llenas de matorral y helechos sin entrar en el pueblo, saliendo a un camino donde nos indicaron la ruta hacia Barcena. Para ello teníamos que bajar otra pista mas abajo a la que llegamos tras pasar algunos prados donde encontramos un manzano cargado de frutas que probamos. Ya en la misma José Antonio se adelantó mientras Álvaro y yo quedamos por detrás tranquilamente. Los dos teníamos la comida que la noche antes no habíamos cenado.
El camino subía y bajaba amoldándose a las variantes del terreno. Pasamos entre arboleda por una especie de cortafuegos y atravesamos algunos arroyos. Vimos numerosos árboles de diferentes especies y formas curiosas que fotografié. También un gran número de acebos con infinidad de frutos rojos destacando sobre las verdes hojas punzantes. Así llegamos a una casa en medio de la ladera donde un lugareño nos indicó dos posibles rutas a seguir, por la carretera o por la senda marcada. Como ya no teníamos prisa y merecía la pena el paisaje, optamos por la segunda.
Eran las 16:35 horas cuando retomamos la marcha subiendo una fuerte pendiente por un sendero al lado de una tapia de piedras de baja altura. Más arriba se suavizó la misma mientras seguíamos viendo árboles de enormes troncos y raíces extravagantes. Así fuimos pasando el bosque aquel pasando al lado de otra casa y algunos corrales. Enseguida vimos Barcena Mayor entre el ramaje que nos envolvía y en pocos minutos, cuando eran las 17:30 horas entramos en él por el mismo cruce de donde partimos por la mañana. El podómetro marcaba 30 Km.
Dimos un paseo por el pueblo viendo la bella arquitectura de sus casas y calles y nos dirigimos al restaurante donde habían comido ellos para tomarnos un refrigerio y ver si seguían allí. Como ya habían marchado nos encaminamos hacia el aparcamiento donde teníamos el coche.
Allí nos encontramos al resto de compañeros, salvo a Javi y Ramón, que ahora habían ido en busca de nosotros por la carretera. A buenas horas. Cuando llegaron sacamos una foto del grupo y sobre las 18:15 horas emprendimos el regreso a León. Ellos salieron antes y por lo que supe luego, volvieron dando un rodeo por otra carretera, la del puerto de Piedrasluengas. Nosotros optamos por hacerlo por la misma y tras los 10 kilómetros primeros, salimos a la general del valle de Saja. Allí comenzamos la subida del puerto Palombera con atención al posible ganado suelto que pudiéramos encontrarnos y que por fortuna fue nulo.
Al llegar al Pozo del Amo, cerca del comienzo de la ruta de los Puertos de Sejos que hicimos el pasado año, paramos a ver unas bonitas cascadas del río Alberiza. Mas arriba nos detuvimos en el Balcón de Cardosa, un mirador sobre el valle desde el cual pudimos ver el tramo de pista recorrida desde el collado de Ozcaba hasta el mismo refugio de Venta Vieja. En dicho mirador nos encontramos un grupo con el que nos habíamos cruzado en la ruta. Igualmente paramos en el alto del puerto para sacar alguna foto más antes de emprender el descenso hacia Espinilla donde se coge la carretera Reinosa – Alto Campoo. Hacia el primero nos dirigimos parando antes de entrar para sacar una foto del cielo rojizo del atardecer sobre las cumbres.
En Reinosa cogimos la autovía por la que circulamos hasta poco antes de Aguilar de Campoo donde termina este tramo terminado. Ya por la nacional, en parte en obras por las de la autovía, continuamos hacia Herrera de Pisuerga llegando a las 20:30 horas a Osorno donde nos desviamos al centro para tomar otro refrigerio y estirar las piernas. Unos 20 minutos más tarde retomamos la marcha y al salir de allí nos equivocamos y lo hicimos hacia la nacional en vez de a la autovía, teniendo que retroceder 4 kilómetros para acceder a ella. Sin novedad, y tras 110 Km por la misma, la abandonamos hacia la capital llegando a Armunia a las 22:10 h de la noche y con un total de 558 kilómetros recorridos. Álvaro sacó el coche del garaje y sin más nos despedimos hasta la próxima salida.
Así, de esta manera, terminamos este fin de semana de transcurso irregular pero, para mí, con un buen resultado.






























martes, 26 de julio de 2005

"PUERTOS DE SEJOS - BOSQUE DE SAJA". TURISMO POR CANTABRIA Y ASTURIAS 23/25-07-05

 


TURISMO POR CANTABRIA Y ASTURIAS.

2ª TRAVESÍA A LOS “PUERTOS DE SEJOS” (BOSQUE DE SAJA). (Cantabria).

23/25-07-05

Aprovechando la época estival, solemos programar actividades un poco alejadas de nuestro entorno provincial. En esta ocasión repetimos una actividad realizada hace exactamente cuatro años. En aquella fecha llegamos a los Puertos de Sejos y la niebla nos impidió cerrar el recorrido circular que pretendíamos. Ahora sí lo conseguimos, aunque de nuevo ésta nos jugó una mala pasada al no dejarnos disfrutar de vista alguna del último tramo. Pero bueno, visto como se presentó el tiempo el día antes y el posterior, nos damos por satisfechos del resultado final de la misma. Además, y como se verá, aprovechamos al máximo los días con visitas a las playas y costas cercanas.
El grupo se dividió en varios a la hora del desplazamiento; unos lo hacían el viernes y otros el sábado. Incluso en el trayecto a seguir hubo divergencias, ya que de los del sábado, algunos fuimos por una carretera y otros por otra. En total 15 fuimos los participantes en esta grata salida: Javi F., Isabel, Guiomar, Fernando, Luis, Roberto, José Ramón, Cundi, Irene, Tino, Jorge, Sonia, Eva, Álvaro y yo.
Como algunos no estaban federados, y según el reglamento no pueden salir con el club, se hace la “trampa” de que van en coches aparte o si van con algún federado, ese coche no entra en el cómputo oficial de participantes. Al final el reparto fue el siguiente: Guiomar, Fernando e Isabel fueron el viernes con Javi en el coche. Ellos habían alquilado una cabaña en el camping “Molino de Cabuerniga”, en Sopeña. El resto marchamos el sábado. Cundi e Irene fueron por Oviedo donde recogieron a Tino, un amigo suyo. El resto, en los coches de José Ramón, Luis y Jorge, salimos por la autovía de Burgos. Pero bueno, a continuación relato todas las incidencias desde la partida el sábado a la llegada el lunes por la noche.

SÁBADO 23
Eran las 18:00 horas cuando Luis pasó a recogerme en casa donde cargamos las tiendas y demás. Parecía que íbamos de vacaciones un mes en vez de dos días. Poco después de esa hora emprendimos el viaje por la nacional hasta coger cerca de Cembranos la autovía de Burgos. Con el resto había acordado reunirnos en la primera gasolinera que encontrásemos tras la entrada a la autovía de Santas Martas. Pues bien, en la salida de El Burgo Ranero hay una al lado contrario del carril nuestro. Nosotros nos desviamos a ella donde no había llegado nadie aún. Viendo que no llegaban decidí llamarles por teléfono. Jorge estaba en una ya cercana a Sahagún mientras Ramón no había llegado aún. Total que, sin entrar en más detalles, acordamos reunirnos en Osorno donde teníamos que abandonarla. De esa forma recorrimos los 110 Km hasta allí y efectivamente nos juntamos por fin todos.
A partir de ese pueblo seguimos la nacional 611 hacia Reinosa pasando por Herrera de Pisuerga, y Aguilar de Campoo, desde donde pudimos ver claramente Las Tuerces y la Peña La Mesa en su cima. No tardamos en entrar en Cantabria y llegar a Reinosa donde abandonamos esta vía para coger la carretera de la estación Alto Campoo. A escasos 10 kilómetros volvimos a girar para comenzar a subir el puerto Palombera donde nos envolvió la niebla casi por completo. Desde su cima se comienza el descenso hacia el Valle de Caburniga o Saja. Fijándome durante la bajada vi el punto final de la ruta que al día siguiente haríamos. Paramos y se lo indiqué al resto. Como se comprobará más adelante, no terminamos en este punto, si no en otro más arriba, La Venta de Tajahierro, por un error debido a la espesa niebla de la que antes ya hablé. Más abajo sí vi el punto del comienzo cerca del cual hay un aparcamiento para dejar los coches. Sin más continuamos el descenso por aquella estrecha carretera hasta llegar a Valle de Cabuerniga, principal pueblo de la zona. A un kilómetro escaso se encuentra Sopeña donde se sitúa el camping al que nos dirigíamos. A él llegamos sobre las 21:30 horas tras 250 Km.
Tras preguntar por alguna parcela donde colocar las tiendas, cuatro, nos lo pusieron complicado debido a la alta ocupación del mismo. Echamos una ojeada y por fin, tras quitar unos coches que tenían colocados en una no ocupada, pudimos agrupar tres para las tiendas y coches nuestros. Al final una de ellas nos sobró. No tardaron en llegar Cundi, Irene y Tino y nos pusimos a armar las tiendas. Jorge, Sonia y Eva una, Luis y Álvaro otra, Ramón montó una pequeñita para él un poco de “estrangis”, Cundi, Tino e Irene por otro lado y Roberto y yo la última. El resto que estaban desde el día antes andaban por Cabezón de la Sal y tenían pensado cenar por allí. Nosotros, tras terminar de armar éstas, nos pusimos también a ello sentados en corro allí mismo. Estando cenando llegaron los cuatro compañeros y acordamos la hora de salida para el día siguiente, las 9:00 h. Poco a poco fuimos recogiéndonos y nos acostamos. Al lado había un grupo que no dejó de conversar hasta las tantas. Yo me acosté sobre la 1:30 h. Me desperté alguna vez, pero dormí bien.

DOMINGO 24
A las 8:00 horas nos comenzamos a levantar. Fuimos desayunando y preparando para la marcha. Poco después de las 9:00 horas salimos del camping hacia el comienzo de la ruta. Como Isabel, la mujer de Javi, no iba y se quedaba con un coche, nos distribuimos en el resto. Nosotros tuvimos que regresar al poco de salir del recinto ya que a Fernando se le había olvidado coger algo que necesitaba. Sin más atravesamos Sopeña y salimos a la carretera por la que llegamos a Valle de Cabuerniga. Nos encaminamos entonces hacia Reinosa y subiendo el puerto, poco después del punto kilométrico 13, aparcamos los coches. Allí vimos a otro numeroso grupo que ya comenzaba la marcha por la misma ruta.
El día había amanecido despejado, lo que nos animaba a caminar. Aún así, como es habitual en aquella zona y luego comprobamos, la niebla vespertina hace aparición y en pocos minutos lo envuelve todo. Yo, que ya lo había visto la vez anterior, quería al menos llegar a los Puertos de Sejos y a ser posible encontrar la ruta de regreso que nos dejaría a unos 5 kilómetros carretera arriba.
Todo preparado y mochilas al hombro, comenzamos a caminar sobre las 10:00 horas. Tras retroceder unos pocos metros por el asfalto entramos en la pista donde un cartel indicaba la ruta R.V.2 desde aquel punto, Pozo del Amo, hasta Puente Pumar, en el valle de Polaciones, donde se encuentra Peña Sagra, en cuyas inmediaciones estuvimos hace ahora un año. La misma pasa por los Puertos de Sejos, hacia los que nos dirigíamos y en los que teníamos que desviarnos. Delante del indicador nos sacamos una foto del grupo.
Sin mas retrasos continuamos la marcha entrando al poco rato entre un bello bosque de vegetación variada. Por la derecha ascendía la ladera mientras por la izquierda teníamos un fuerte desnivel hacia el río Alberiza, que llega a la carretera unos metros por debajo del comienzo del itinerario. En la ladera contraria se podía ver la cumbre de la Peña Costanilla de 889 m. El comienzo de la ruta se sitúa en la cota aproximada de 650 m, estando los puertos a unos 1300 m y el punto mas alto de la misma en el collado del Campanario a 1500 m.
Poco a poco fuimos ganando altura entre repechos, llanos e incluso alguna bajada. Mas o menos íbamos agrupados de momento charlando y disfrutando de las bonitas vistas del valle. Por las laderas encontramos numerosos helechos y arbustos de diversas clases. Como ya he dicho en más ocasiones, no soy nada conocedor de la flora, por lo que evito nombrar especie alguna no sea que “meta la pata” hasta el fondo.
Tras 45 minutos de marcha alcanzamos el punto donde el camino y el río están a la misma altura. Tras pasar un puente sobre el río Bijoz, que allí mismo se une al Alberiza, pudimos ver en éste último unos bonitos saltos de agua entre enormes piedras, Los Tramburrios. Otro puente atraviesa sobre ellos y un sendero sube por la ladera contraria hacia la parte alta de unos riscos. Por él se encaminó Javi para explorar el terreno aquel mientras el resto continuamos por el camino principal que ascendía ahora bruscamente en zigzag. Realmente era bonito ver el bosque iluminado por los rayos de sol que se colaban entre el espeso ramaje del mismo. De nuevo la altura sobre el cauce se hizo destacable y en el margen del camino, que ahora era de losas de piedra, había una valla de madera.
Tras pasar este diferente tramo de la ruta, se volvió ésta similar a lo anterior. Por la izquierda bajaban algunos regatos con un abundante musgo a su alrededor. Al pasar éstos el camino, formaban algunas zonas embarradas que procurábamos sortear como podíamos. De nuevo hubo tiempo para otra foto de grupo en la que, ahora, después de fijarme, faltaba Álvaro.
Poco a poco iba abriéndose el bosque, aunque aún vimos ejemplares de grueso tronco. Pasamos entonces al lado de unas paredes pétreas en las que los líquenes y el musgo daban un tono verdoso a la piedra. En la parte contraria del valle veníamos viendo unas curiosas formaciones rocosas que semejaban restos de castillos, eran Los Molinucos del Diablo.
Sobre las 12:40 horas dejamos atrás el bosque y salimos a lo que podía ser el comienzo de los puertos. Tras ascender por un sendero de grandes piedras entre prados y algunos arbustos, vimos de frente las cumbres que cerraban el valle y parte de los Puertos de Sejos. Un puente de madera permitía el paso del río, aunque nosotros lo hicimos por las piedras dado el bajo nivel de agua que allí bajaba. El sendero continuaba por entre matorral bajo ascendiendo suavemente muy cercano al cauce. En una ladera del fondo se distinguía una pista, la cual podía ser el paso al valle de descenso.
Entre unos matorrales vimos cuatro bonitos caballos pastando. Poco mas adelante un montículo dividía el valle en dos pequeños brazos. Javi se había adelantado en busca del camino de paso y nosotros optamos por encaminarnos por la parte izquierda de la loma. Eran las 13:10 horas y llevábamos 6,5 Km.
Para alcanzar la pista que habíamos visto teníamos que ascender un buen trecho aún. En la cima de otra loma vimos a Javi indicándonos la subida. La empinada cuestecilla se hacía notar y lo tomé con calma. De esa forma encontramos un sendero que subía por el valle paralelo a la pista que estaba mas arriba. Del valle principal del río Alberiza nos habíamos desviado unos 90 grados hacia la izquierda, dirección mas o menos sur. Como vimos que el sendero se podía cerrar más adelante entre la espesa vegetación, algunos decidimos ascender directamente hacia la pista, situada unos 30 metros por encima. Aunque corto, este trozo era de fuerte inclinación. No tardé en alcanzar el camino seguido del resto. Otros habían seguido el sendero y se les veía mas abajo sentados en un claro. Como esperábamos, tuvieron que atravesar entre el matorral espeso para alcanzar también la pista con más esfuerzo que nosotros.
Ya desde hacía un rato veíamos la niebla acechando en las cumbres del Este. Pues bien, enseguida vimos como comenzaba a bajar hacia los valles a ritmo trepidante. Echando la vista atrás tuvimos una bella panorámica del pico Cueto de la Concilla de 1922 metros y Peña Jelgüeras, con 1749 m. Igualmente la loma en la cual se sitúan los restos de Menhires, donde la vez anterior habíamos llegado. En ella pastaba numeroso ganado.
Mas o menos suavemente fuimos ganando altura y tras algunos zigzag, alcanzamos la collada del Campanario, 1500 m. Eran las 14:15 horas y llevábamos 8,110 Km. La niebla nos envolvía por momentos dejándonos sin visibilidad alguna, aunque el viento enseguida abría claros de nuevo. Al lado de unas rocas cercanas vimos una caseta. Tras decidir donde comer, si al lado del camino o donde ésta, nos acomodamos donde estábamos, en una piedras cerca del camino. Un indicador marcaba la dirección a La Venta de Tajahierro, para la que quedaban 8 Km siguiendo la ruta R.V.1. Un grupo que subía nos comentó que el valle era bonito, pero la pista de tierra nada vistosa.
A las 15:00 horas, y con la niebla cerrada, emprendimos de nuevo la marcha. Tras subir un pequeño tramo vimos una manada de caballos y algunos ganaderos con coches en el camino. A partir de allí comenzamos el descenso hacia la Venta de Tajahierro. Javi y Ramón salieron escopetados para ver si llegaban antes y podían subir con un coche a por los conductores y evitar bajar los cinco kilómetros por carretera. Lo que no sabíamos era que ese camino nos llevaba a otro punto aún mas alejado del que marcaba nuestra ruta. El mapa que teníamos era esquemático y sin detalles. Para colmo, la niebla estaba cerrada por completo sin dejarnos ver más allá de unos pocos metros.
Siguiendo aquel “feo” camino de piedra y tierra bajamos e incluso subimos algún tramo sin disfrutar lo mas mínimo. Era una pena ya que algunos de los que habíamos ido la vez anterior teníamos ganas de conocer esta otra parte de la ruta y así nos era imposible. La niebla se volvió húmeda y fría y se pegaba al cuerpo. Al lado de la pista vimos algunas vacas con bonitos terneros que se amamantaban de sus madres. Nos cruzamos con algunos todoterrenos y preguntábamos cuanto iba quedando, aunque por mi podómetro nos íbamos guiando un poco. Hablando de podómetros, a Eva se le desprendió el suyo y casi se le pierde. Una de las pilas no la encontró. Pasamos al lado de un par de refugios, en uno de los cuales había un grupo que luego nos adelantó.
Por fin, tras 18 Km y medio largos y cuando eran las 17:30 horas, llegamos a la carretera. Justo allí había un punto kilométrico, el 26, lo cual me mosqueó nada mas verlo. Si habíamos partido del 16 y el final estaba 4,5 más arriba, las cuentas no me salían. Allí mismo había un cartel de la ruta y consultándolo vimos el error. De la pista por la que bajábamos salía otra ruta en el Sel de Reburdajos, que la niebla no nos había dejado ver, y que efectivamente terminaba cinco kilómetros mas abajo.
A escasos metros se encontraba la Venta de Tajahierro donde un par de hombres nos confirmaron lo anterior. Allí estábamos Jorge, Sonia, Eva, Cundi, Tino y yo. El resto ya había seguido carretera abajo. Mas o menos resumido lo siguiente fue así. A Jorge le bajaron en un coche a por el suyo y de camino recogieron a algunos más. Otros ya estaban abajo y entre unos y otros subieron a por el resto a la venta o a los puntos en los que estaban.
Ya todos acomodados en los coches emprendimos el descenso hacia Sopeña mientras la niebla continuaba cerrada. Ya en el camping y tras cambiarnos, algunos decidimos seguir los planes que teníamos, que no eran otros que acercarnos hasta la playa. Optamos por la de Miengo, a unos 40 kilómetros dirección Santander. Emprendimos entonces el viaje hacia Cabezón de la Sal donde cogimos la autovía a Santander. En Torrelavega tuvimos nosotros un despiste por culpa del mapa que llevábamos. Según éste no había desvío alguno, pero realmente sí había que cambiar de autovía, lo que nos hizo dar un pequeño rodeo para coger de nuevo la dirección correcta. Mas o menos bien dimos con la salida hacia Miengo y así llegamos a la playa donde estaba el ya resto. Habíamos ido: Javi, Ramón, Roberto, Cundi, Tino, Irene, Luis, Álvaro y yo. Jorge, Sonia y Eva habían quedado y luego dijeron que se habían acercado a cenar a Maliaño, cerca de Santander.
Eran las 20:30 horas cuando entramos en la playa desierta. Continuaba nublado y lloviznaba de vez en cuando, pero no hacía frío. Por ello varios nos cambiamos para meternos al agua un rato. Estaba fría, pero era la primera impresión. Tras un rato allí, Javi, Roberto y Ramón se despidieron ya que habían quedado con Isabel, Guiomar y Fernando para cenar en Cabezón de la Sal. El resto habíamos llevado la cena para hacerlo en la playa. Pasamos un buen rato cuando me enterré en la arena hasta las rodillas y colocando las chanclas delante parecía haber mermado de tamaño. Las fotos dan fe de ello. Ya casi oscureciendo nos acomodamos en un tronco situado en medio de la arena para cenar. Realmente era una grata experiencia al lado del mar y casi de noche. La llovizna nos hizo precipitar un poco la retirada y sobre las 22:00 horas emprendimos el viaje de regreso.
De nuevo hubo algún despiste para coger la dirección correcta, pero enseguida salimos a la autovía. Paramos a repostar gasolina y aproveché para llamar a los que estaban cenando en Cabezón para quedar con ellos un rato. Así llegamos a dicha localidad y aparcamos el coche. Con algunas indicaciones dimos con el mesón donde estaban cenando. Mientras terminaban tomamos un vaso y luego salimos en busca de algún local donde tomar una copa. Dimos un buen paseo en busca de alguno y de nuevo preguntando nos lo indicaron. En una de las calles vi un supermercado “El Arbol”. En un pub entramos y tomamos unas consumiciones. Algunos nos pusimos a jugar una partida de dominó.
Ya sobre las 0:30 horas emprendimos el regreso a Sopeña. Luis y yo nos íbamos fijando en los pueblos a ver si veíamos alguna fuente para coger agua en las cantimploras ya que la del camping sabía bastante mal. Así llegamos a Sopeña donde preguntamos a un chaval en bici y a unas chicas por la fuente. En ella cargamos las cantimploras, aunque tampoco tenía demasiado buen sabor.
Pasada la una entramos en el camping. Los coches hubo que dejarlos fuera, ya que a partir de las 0:00 horas está prohibida la entrada con ellos. Comentamos un poco los planes para el día siguiente. Durante la ruta había recibido la llamada de Antonio, compañero nuestro de Santander que precisamente estaba allí. Habíamos quedado en que, si al día siguiente íbamos a una playa cercana le avisaríamos, pero optamos por irnos ya dirección a Asturias por donde regresaríamos. Sin mas, sobre la 1:30 horas. Me metí en la tienda para pasar la última noche.

LUNES 25
Me levanté sobre las 8:30 horas. El cielo estaba cubierto y las nieblas acechantes. Pensé en ese momento la suerte que habíamos tenido el día antes al hacer la ruta, al menos en la subida. Como no se había levantado nadie aún, decidí ir al pueblo a dar un paseo. Al pasar por la puerta de salida y ver el bar del camping opté por tomar un desayuno caliente allí mismo. Apuntaré aquí que ese día era la festividad de Santiago Apóstol y que en Cantabria no era festivo pero sí en Santander, que celebra sus fiestas patronales.
Con la cámara de fotos me encaminé hacia el pueblo, a unos 300 metros del recinto. En él pude comprobar que la fuente en la que la noche antes habíamos cogido agua estaba al lado de la carretera que entra al camping. Cerca de ella esta la iglesia del Carmen, patrona de Sopeña cuyas fiestas acababan de pasar. Por las calles me di un paseo viendo bonitas casas con balcones cargados de flores y plantas. Tras una media hora paseando volví al camping donde ya se iba levantando el personal. Algunos desayunaron allí y otros lo hicieron en el bar. Las tiendas tenían algo de rocío que sequé un poco para luego desmontarlas. Así fuimos recogiendo y quedamos en salir sobre las 11:00 horas.
En recepción abonamos la estancia y compré para el club un mapa de la zona de Saja-Nansa donde nos encontrábamos. Javi y el resto se retrasarían un poco y quedó de llamarme por teléfono para indicarme exactamente la playa hacia la que ir. Salimos entonces con dirección a Cabezón de la Sal y en éste de nuevo hubo malos entendidos. La autovía solo indicaba Oviedo, por lo que no me convenció entrar. Por la nacional nos dirigimos hacia San Vicente de la Barquera mientras otros sí habían entrado en la vía rápida. Por el móvil me indicó Javi que nos dirigiéramos hacia Pechón y así se lo hice saber al resto también por teléfono. Al llegar a San Vicente encontramos largas retenciones en las que perdimos casi media hora. Pasando un puente sobre la ría me dio tiempo a bajar del coche, hacer unas fotos y subirme de nuevo más adelante. El día seguía nublado pero sin lluvia.
Atravesamos San Vicente de la Barquera y continuamos por la nacional hacia Pesués. Allí nos desviamos hacia Pechón subiendo un empinado puerto sobre la hermosa Ría de Tina Menor. En un mirador en su cima nos reunimos de nuevo todos y bajamos hacia Pechón. Hasta allí hicimos 40 kilómetros y eran las 12:45 horas.
Tras tener aparcado el coche, decidieron bajar con ellos hasta un aparcamiento cercano a la playa donde había que pagar. Luis y yo decidimos no moverlo ya y tras cambiarnos dentro nos encaminamos hacia ésta. A mi se me iban saliendo las chanclas y las perdía. Casi un kilómetro recorrimos antes de llegar a ella. En esta playa habían estado hace un año los que habían ido a Polaciones el sábado por la mañana.
Se trataba de dos playas separadas por un pequeño risco y rodeadas de laderas verdes. A ellas bajamos y nos acomodamos cerca de unos peñascos. No tardamos algunos en entrar al agua comprobando lo irregular del suelo. Numerosas rocas, huecos y ondulaciones te hacían andar con “cuatro ojos” para no caer o darte golpes en los pies, que no fueron pocos. Solo una zona se libraba un poco de éstas y allí se concentraban los bañistas. La mar estaba un “pelín” revuelta y las olas rompían con fuerza, por lo que yo no me metí demasiado. En el cielo querían abrirse claros por los que vimos algo el sol.
Tras un buen rato disfrutando en el agua, salimos de ella. Algunos nos acercamos hasta otros riscos cercanos donde había unas bonitas cavidades. La roca erosionada tenía un color verdoso y unos pliegues realmente indescriptibles. Algunas se comunicaban entre sí y alguien pasó entre ellas.
Ya de regreso comenzamos a recoger pensando donde parar a comer. Tino recomendó algunos lugares para hacerlo aunque él junto con Irene y Cundi iban a quedar allí un rato más y luego marcharían directos hacia Mieres de donde habían salido. Luis y yo tuvimos que subir de nuevo hasta donde teníamos el coche donde nos cambiamos antes de emprender el viaje. De nuevo surgieron los malos entendidos. Javi le dijo a Luis que iban a buscar un sitio en el mismo pueblo, pero no estaba seguro. Yo, lo último que había oído, era que íbamos a un restaurante situado en un cruce de la carretera que entraba a Noriega, a unos 8 kilómetros. Visto ello, nos dirigimos a este último por unas estrechas carreteras llenas de curvas y cuestas. Cuando estábamos ya cerca recibimos la llamada de Guiomar para decirnos que habían parado en Unquera, por el que acabábamos de pasar, en busca de algún lugar apropiado. Total que, después de retroceder unos 3 kilómetros entramos de nuevo en dicho pueblo donde les encontramos aún sin encontrar lugar donde comer, y eran las cuatro de la tarde. Tras mirar en algunos cercanos a la calle principal, dimos con uno que tenía sitio y comida para los 12 que estábamos. Eso sí, hasta que acoplamos los platos que les quedaban de cada cosa y lo que cada uno quería, estuvimos un buen rato. Allí hicimos las cuentas del camping que había pagado yo antes.
Sobre las 18:15 horas volvimos a ponernos en marcha, esta vez con dirección a otra bonita playa asturiana, la de Cuevas del Mar. Por su parte, Ramón se despidió de nosotros ya que tenía que entrar a trabajar a las 22:00 horas y no le sobraba el tiempo. Nada más salir de Unquera entramos en el Principado de Asturias. Tras un pequeño trecho por autovía entramos en la nacional que sigue la línea de costa. El día había abierto bastante y solo algunas brumas y nubes cubrían el cielo. Dejamos a un lado Llanes para continuar hacia Ribadesella. Hacia la mitad entre uno y otro se encuentra Nueva, pueblo donde abandonamos la carretera principal para dirigirnos hacia la playa mencionada. De nuevo la “buena” señalización de nuestras carreteras nos jugó una mala pasada y dimos un pequeño rodeo antes de conseguir llegar a dicha playa. Eran las 18:45 horas y desde Unquera recorrimos unos 45 Km.
En ella había numero personal y allí cerca aparcamos los coches. Como no teníamos intención de meternos en el agua, Javi propuso recorrer unos senderos desde donde se podían contemplar los acantilados cercanos. Junto con él marchamos Guiomar, Fernando, Luis, Álvaro y yo. Por un sendero entre vegetación ascendimos por unas lomas en las que tuvimos que atravesar una alambrada electrificada con pastor de ganado en la que Guiomar tocó sin querer y la dio una descarga. Entre helechales y alguna higuera con brevas llegamos al borde del acantilado por el que anduvimos de un lado a otro. Realmente era impresionante la vista de los mismos con los cortados a plomo o las cavidades en las paredes, de cuyas formaciones le viene el nombre al lugar, Cuevas del Mar. Bajamos un poco por el borde hacia un hueco en la roca que caía directamente al agua. Hasta él bajaron Fernando y Luis con suma precaución por lo resbaladizo de la piedra. De nuevo subimos y nos encaminamos hacia la parte alta donde se veía una ermita. Antes de ella vimos otra playa en la parte baja y no tardamos en cruzar el sendero que llevaba a la misma. Desde esta otra parte alta, cercana a la ermita, tuvimos otra vista indescriptible de los acantilados. Yo miraba hacia el cielo donde unas brumas tapaban el sol quietándole esplendor a la vista, pero observé que no tardaría en quedar despejado por la dirección de las nubes. Efectivamente, en unos cinco minutos salió el sol y dio al paisaje un tono que de no verlo es imposible de imaginar. Además de los acantilados, teníamos de fondo la sierra de Cuera y muy, muy al fondo, los Picos de Europa. En ellos, y prácticamente seguros de que lo era, pudimos ver la silueta del Naranjo de Bulnes.
Tras pasar cerca de la ermita, de línea moderna con fachada lisa de cemento, echamos la vista hacia poniente donde el sol se reflejaba en el mar con un contraluz de postal. El terreno había cambiado completamente y ahora abundaba la roca en vez de la hierba. Desde un saliente contemplamos un largo y recto acantilado donde las olas rompían con fuerza. Nunca había visto costa tan bonita como lo estaba haciendo ahora. Estaba sacando mas fotos que en los dos días anteriores. Entramos luego en un espacio totalmente pétreo con afiladas rocas y nos dirigimos hacia un punto donde habíamos visto como salía agua vaporizada. Se trataba de un bufón, hueco que comunica con el mar y por el que salta el agua cuando las olas se meten con fuerza en él. Como éstas no tenían suficiente fuerza, solo salía agua vaporizada y no un chorro. Aún así estuvimos esperando un rato, cámara en mano, por si pillábamos alguna emersión. De verdad, me estaba embriagando con el paisaje que contemplábamos y deseaba poder quedar más tiempo allí disfrutándolo. Sí que comentamos lo ideal que sería ver la puesta de sol desde allí, aunque cabía la posibilidad de que las nubes la estropearan. Además, aún quedaba mucho tiempo para la misma y habíamos quedado en regresar a las ocho, para lo cual ya íbamos justos.
Por otro sendero llegamos al que bajaba a la playa donde llegamos pasados 15 minutos de la hora acordada. Hicimos bromas al ver como nos esperaban con los brazos cruzados en plan amenazador. Jorge, Sonia y Eva optaron por emprender el regreso ya mismo. El resto decidimos aún acercarnos hasta un chiringuito a tomar un refrigerio. En la terraza estuvimos de charla mientras el sol se iba metiendo tras las lomas cercanas.
Marcaba el reloj las nueve cuando iniciamos todos el último tramo del viaje hacia nuestra ciudad. Nos quedaban casi 200 Km. hasta León. En Nueva cogimos la autovía hacia Oviedo pasando al poco muy cerca de Ribadesella. Sobre las 21:50 horas bordeamos Oviedo y entramos en la autopista hacia León. Habíamos decidido volver por ella dado lo tarde que ya se hacía. Por ello no la abandonamos al llegar a Campomanes y pagamos el peaje hasta la salida del pantano. Tras pasar el largo túnel de El Negrón, entramos en la provincia leonesa y al llegar a la estación de servicio de Caldas de Luna nos detuvimos a estirar las piernas un poco. Eran las 22:30 horas y la noche ya estaba bastante cerrada.
Unos cinco minutos estuvimos allí antes de ponernos en marcha de nuevo. No tardamos en atravesar el puente colgante sobre el pantano de Luna y ya en La Magdalena, después de pagar el tramo del pantano, abandonamos la autopista. Pasado Camposagrado, mas cerca de Lorenzana vimos un accidente y varios coches de Trafico.
Sobre las 23:15 horas entramos en León y nos dirigimos hacia La Serna a dejar a Roberto y Álvaro. A las 23:35 horas, me dejó Luis a mí en casa dando por finalizado este largo fin de semana.
Sin duda resultó toda una experiencia de lo más completa teniendo en cuenta que hicimos un poco de todo: montañismo, playa y turismo. ¿Qué más podemos pedir cuando el resultado es satisfactorio?