6ª ASCENSIÓN A “PEÑA CORADA”. (Desde Robledo de la Guzpeña por el valle del arroyo de Hervencia).
05-09-26 (Sábado)
Este primer sábado de septiembre he decidido volver a Robledo de la Guzpeña para intentar, esta vez con éxito, lo que la nieve nos impidió el invierno pasado. En aquella ocasión, la gran cantidad acumulada de la misma en el terreno nos ralentizó muchísimo la marcha, alcanzando la cresta a una hora ya nada apropiada para intentar coronar la cumbre, aunque lo restante era lo menos complicado. Como había quedado pendiente, decidí proponerla para este día, aunque al final me animé yo solo en este reintento.
Salía de casa a las 7:05 horas con una temperatura exterior de 22º C. Era aún noche casi cerrada y apenas despuntaba el alba por el Este. Además, las nubes impedían ver con claridad el cielo del amanecer. La previsión para la zona a la que iba era de nubes y claros con tormentas al atardecer, y así se cumplió. Avancé por la autovía hasta Mansilla de las Mulas donde tomé el desvío a Cistierna. La primera idea era ir por allí, pero cambié de opinión en Sahechores de Rueda y me desvié hacia Almanza. En dicho pueblo tomé otra carretera aún más angosta por la que creo que nunca había circulado. El macizo de Peña Corada con su cumbre ya se veía al Nordeste desde mucho rato antes. Fue en Mondreganes donde hice una parada para sacar unas bonitas fotos del amanecer con un reducto de bosque en primer plano y a contraluz que casi las transforma en postales. Salía el sol a las 8:05 horas más o menos entre las nubes aún bastante compactas. Enlacé más adelante con la carretera que viene de Cistierna hacia Puente Almuhey tomando esta última dirección para seguidamente coger otro ya hacia Robledo de la Guzpeña y Prado de la Guzpeña. En este tramo hacia Robledo fue donde en febrero pasado tuvimos que quitar ramas caídas en la carretera por la nieve acumulada y colocar las cadenas a la furgoneta para terminar el corto trayecto al pueblo.
A las 8:17 horas llegaba a Robledo de la Guzpeña entrando hacia el centro del pueblo con la furgoneta. A la vera de una vivienda aparentemente cerrada y cercana a la iglesia de piedra, en un trozo de pradera, aparqué la misma 10 minutos después tras 80 km hechos. 18º C marcaba el termómetro a esa hora de la mañana. Me preparé para la ruta allí mismo y a las 8:35 horas la comenzaba a una altitud de 1115 metros.
Por una calle cementada dejé atrás una vivienda antes de enlazar con un camino que comenzaba descendiendo hacia el valle del arroyo de Hervencia, lo cual en las rutas de cumbres no es del todo favorable dado que todo lo que desciende hay recuperarlo tarde o temprano, y luego al regreso subirlo. Por delante ya contemplaba la silueta de Peña Corada y su cara Sudeste. Las nubes cubrían totalmente el cielo, pero la temperatura era perfecta. Dejé atrás el ramal por el que luego volvería y no tardando comencé a subir paralelo al arroyo que bajaba por la izquierda. En aquella ocasión lo habíamos cruzado para subir un cerro posterior entre encinas, y mucha nieve, para salir atajando no lejos del refugio. Yo había estudiado ahora un poco el mapa viendo que el camino llegaba también al refugio, y aunque daba algo de rodeo, era mucho más cómodo de subir. Opté por seguirlo y me llevó a las inmediaciones de una nave ganadera que me quedaba un poco por encima de dicho camino y en cuyo recinto vi algunas reses pastando.
La dejé atrás y continué ganando altura encontrando algunas zarzamoras con frutos que no me resistí a probar. El camino trazaba más arriba algunas curvas y a su vera encontré unas estacas de una ruta señalizada como “Ruta 4 - Perimetral Peña Corada”. Me metí entre encinas y otras especies arbóreas, y tras un tramo bajo sus ramajes, salí a la campa en la que se encuentra la fuente con abrevadero por la que ya la vez anterior habíamos pasado. No lejos, y ya más abajo, están los restos de tapiales de antiguos corrales. Apenas unos metros por el camino me llevaron a la vera del refugio de piedra y teja cuando eran las 9:05 horas y tras 2,000 km hechos. Este refugio se encuentra a 1220 metros de altitud y está abierto para su uso. Los mosquitos me estaban “acosando” de forma ya alarmante. Se metían en la boca y nariz y revoloteaban delante de los ojos constantemente. Se me había olvidado el repelente y tengo que decir que a veces uso un sonido grabado en el móvil que sí que los ahuyenta. No era el caso. Como digo yo a veces, éstos debían de ser sordos........
Apenas paré para ver el refugio antes de retomar la marcha por el camino que ahora se empinaba entre algo de arboleda y arbustos. Salí entonces a una campa algo más llana en la que el camino se medio perdía. Fue allí donde, por no mirar el track del GPS, cogí un ramal equivocado. Llevaba dos track como referencia, el nuestro del invierno y otro alternativo. Guiándome de ambos, y de la experiencia y lógica, quería llegar a la cima sin problemas. Pues bien, como apunto, me despisté allí y cogí un camino muy poco marcado que enseguida desapareció. Seguí entonces una senda que entraba en una vaguada estrecha que no me gustaba nada. No por peligro ni mucho menos, si no por que la vegetación se cerraba cada vez más. Me encaminé entonces al encuentro del track de referencia, no lejano, pero qué para llegar a él tuve que remontar un corto pero pendiente desnivel de la vallina aquella. Por fin salí de la arboleda y la vaguada a la falda ya totalmente abierta y despejada por la que habíamos subido nosotros. Estaba a 1380 metros de altitud y había caminado 3,000 km. Eran las 9:35 horas.
El siguiente objetivo era la cresta de la sierra. La falda, aunque despejada, tenía una pendiente nada desdeñable. Ya lo habíamos comprobado en invierno y con nieve blanda. Echando la vista atrás vi el pueblo en el fondo del valle y ya se ampliaba mucho la vista con el resto de valles. Enseguida encontré hitos de piedras y algunos senderos que ascendían por dicha falda. Procuré seguirlos en lo posible aunque también los ignoraba muchas veces para subir trazando zigzag más cómodamente. En medio de la ladera había algunos grandes corros de matorral bajo y verde que evitaba rodeándolos. No lejos de la cresta la caliza se hizo más abundante y en muchos lugares creaba formas que parecían moldeadas por la mano humana. A las 10:15 horas alcanzaba la cresta Sur de Peña Corada a una altitud de 1637 metros y tras 3,700 km hechos. Estaba a menos de 10 metros por encima de donde habíamos llegado en febrero. Me había llevado 1:40 horas desde el pueblo. En aquella ocasión con nieve habíamos tardado 3:40 horas. 2:00 horas más.
La vista se amplió hacia el Oeste apareciendo parte de la sierra que se orienta en esa dirección, hacia Cistierna, y en la que se pueden ver cumbres como el Pico Corberó o Peña Mayor. Desde ellos bajaba el valle del arroyo Vallejo del Hoyo al encuentro de otros de la misma vertiente. Ya eran numerosos los pueblos que se veían en los valles al Sur. Por el Este se acertaba a distinguir el Espigüete así como otras muchas cumbres de esa zona cercana a Guardo. La pendiente, aunque considerable, se hizo más llevadera. Un sendero ascendía por la cresta marcado por continuos hitos de piedras apiladas. La caliza y el terreno montano se alternaban en el firme bastante irregular. Fue subiendo este tramo cuando se escaparon las cuatro gotas de lluvia contadas durante la ruta.
Ya bastante arriba me encontré con algunos riscos que cortaban la hasta ahora uniforme ladera. Los senderos y hitos iban marcando los pasos entre ellos sin mayor contratiempo mientras ganaba altura constantemente. Así, de pronto, apareció el vértice geodésico por delante de mi, aunque aún a una buena distancia. Apenas quedaba desnivel hacia el mismo, que fui superando ya con el ánimo más renovado. A las 10:55 horas alcancé por sexta vez la cima de Peña Corada y sus 1835 metros de altitud. Llevaba hechos 4,400 km. Las veces anteriores lo había hecho desde Fuentes de Peña Corada la primera, desde el camino de La Mata de Monteagudo otra vez y desde ese pueblo una tercera. Una cuarta, nocturna, desde Cistierna y la quinta también desde esta localidad.
En la cima se encuentran, además del vértice geodésico, un par de buzones con sendas placas. En una reza, “Pico Peña Corada – Altura 1823 m – Club Peña Corada – León 23-11-1986”. En la segunda, “Peñacorada – 1835 m - Recuerdo de excursión - Gente de Fresnedo Valdellorma - 17-8-97”. Además hay un par de placas / recuerdo, una de ellas ilegible del todo. En uno de los buzones, y también esparcido cerca, vi los restos de un Belén de Cumbres.
Me cambié el polo y me puse a contemplar y disfrutar del amplio paisaje que tenía en redondo y que durante algunos ratos se iluminó con el sol que salía entre las nubes. Innumerables pueblos se veían en los valles, aunque desde la cima misma no era visible Robledo. Había que acercarse al extremo Este para verlo en el valle. Otros se mostraron cuando me alejé de la cima hacia el Norte por la cresta, que en algunos puntos tenía unos cortes de los que era mejor desviarse. También eran muchas las cimas que emergían en el paisaje medio disipado por una calima que iba envolviéndolo todo y que también habían previsto. Por el Este, algo alejada, corría la sierra en la que se emplazan cumbres como Peña El Fraile, Peña Mayor de Guardo, Peña Redonda, etc. Girando a Norte emergía el Espigüete, Picos de Europa, Peñas Pintas, Mampodres y otros muchos más muy difuminados por dicha calima. Más cercanos y visibles estaba el Cedroso, Pico Moro, Peña Villa o Los Castros. Al Oeste asomaban muchos más, como el Polvoreda o Valdorria.
Numerosos buitres sobrevolaban la cumbre por encima de mí a poca distancia pudiendo sacarles algunas fotos más o menos nítidas. Una enorme bandada de cuervos sobrevoló también por la vertiente Norte posándose en la falda de la montaña y elevando luego el vuelo al unísono como si fuese una coreografía ensayada.
Como apunte, cuando coloqué la cámara sobre el hito de hormigón del punto geodésico para sacarme una foto, el viento que corría me la tiró del mismo a la base. Pensé que había sido el final de la misma, comprada no hacía mucho. Aunque con algún golpe y rasguño, sigue funcionando, de momento.
Moviéndome a un lado y otro de la cumbre disfruté de toda esa maravilla visual que dejé plasmada en las innumerables fotos que saqué con la cámara y móvil, estas últimas para compartir casi en el acto con el resto del grupo y demás. Me acomodé para comer en la base del hito de hormigón, y tras un rato más en la cima, emprendí el descenso a las 13:45 horas siguiendo más o menos el mismo trazado de subida. Los buitres seguían acechando por encima de mi cabeza hasta que, curiosamente y al unísono, emprendieron rumbo al Oeste. El sendero y los hitos hacían imposible despistarse en la falda ya de por sí sin complicación alguna. Al Este descendía el amplio valle por el que había subido con algunas vaguadas marcadas en la parte baja. También el refugio, la fuente con abrevadero en la que ahora bebían varias vacas, la nave ganadera y los restos de los corrales se mostraban en la parte baja de dicho valle. Robledo de la Guzpeña también era visible de continuo durante casi todo este tramo alto. Mi intención ahora era seguir bajando más tramo por la cresta y seguir nuestro track del invierno al encuentro de otro ancho camino, que además de llegar a Robledo, tiene ramales a Prado de la Guzpeña y Llama de la Guzpeña.
En una formación de dicha cresta vi un curioso agujero en medio de la roca muy estratificada. En el terreno había algunas matas de arándanos con frutos. Así llegué casi al final de la cresta y me eché hacia el valle siguiendo, como apunto, el track que llevaba en el GPS. Sí que es cierto que en la mayoría del trazado de la ruta casi era innecesario consultarlo dado la nula dificultad de la misma, y por qué no decirlo, la ya amplia experiencia que uno va teniendo en montaña. Pero es verdad que la consulta del mismo evita en muchas ocasiones meterse en lugares incómodos, como me pasó subiendo al despistarme en la vaguada, o en otros en los que se puede evitar un mayor esfuerzo o peligro. Además, cuando se hace una ruta en solitario es aún más conveniente minimizar los riesgos de salirse del trazado conocido por lo que pueda ocurrir.
Enseguida fui encontrando algunas encinas que poco a poco fueron multiplicándose en esta falda Sudeste de Peña Corada. El terreno se volvió “incómodo” con piedras muy sueltas que convierten la bajada en más “peligrosa”. Pues bien, como si fuese una repetición de lo ocurrido en la ultima ruta, pisé una de esas piedras y me volví a retorcer la rodilla izquierda una vez más. Varios días más de molestias y dolores.
En la parte baja ya veía una torreta de tendido eléctrico a la que tenía que llegar y hacia ella me encaminé intentando seguir el track para evitar las encinas cada vez más tupidas en algunos corros. Terminé en el fondo de una estrecha vaguada de la que salí subiendo un pequeño tramo por senda hasta una campa superior en la que pastaban algunas vacas. El sendero continuaba por la misma donde de nuevo volví a sufrir el acoso de los mosquitos. Así llegué a la vera de la torreta metálica del tendido eléctrico y poco después enlazaba con el ancho camino. Eran las 15:47 horas, llevaba hechos 7,600 km y estaba a 1160 metros de altitud.
Me incorporé al camino para comenzar a subir por el mismo encontrando de nuevo las señales de la ruta marcada que rodea Peña Corada. Tuve que sortear un pequeño tramo embarrado y más adelante dejé a los lados algunas bifurcaciones. Una de ellas, como ya punté, es el camino que baja a Prado de la Guzpeña y otro camino llega a Llama de la Guzpeña. Yo tenía que cambiar aún de vaguada y para eso me tocó subir un tramo más antes de emprender el descenso hacia el arroyo Hervencia. Los mosquitos me acribillaban. Se metían en la nariz y boca directamente y rondaban delante de los ojos molestamente. En el descenso, y aunque el sol ya no lucía oculto por las nubes y calima, el calor se había intensificado e iba con la cara colorada como un tomate. A la vera del camino dejé atrás una fuente con pilón largo cerca de la cual había una valla que cerraba el camino y que tuve que atravesar. Poco después cruzaba el arroyo entubado bajo el firme del camino y comencé a subir el corto tramo que me llevó al enlace con el que ya venía del pueblo. En un prado vi una solitaria vaca negra pastando con unos cuernos enormes.
En ese enlace cerré el lazo de la ruta ya no lejos del pueblo. Aún me tocaba ganar unos metros hasta llegar al punto en el que comenzaba el firme cementado cerca de la solitaria vivienda. Escasos metros me restaban por una de las calles hasta donde tenía la furgo aparcada a la vera de otra casa. Todavía, y antes de dejar la mochila, me di una vuelta alrededor de la cercana iglesia, edificio de gran envergadura, construida en piedra y con portalada.
A las 16:30 horas, marcando el termómetro de la furgoneta 31º C, daba por finalizada la ruta cuyos datos principales fueron: 10,000 km hechos con un desnivel acumulado de 793 metros. Al cambiarme vi que aparte del golpe tenía un raspón en la rodilla y estaba hinchada. En unos 20 minutos estaba preparado para emprender el regreso a León. El cielo se había cubierto ya por completo de nubes que casi amenazaban lluvia. Había decidido volver por Cistierna y así lo hice. Durante un rato estuve viendo unas nubes con formas realmente chulas, y durante el resto del viaje pasó más veces. De vez en cuando paraba para fotografiarlas. También se escaparon algunas gotas de lluvia muy sutiles. Hacia el Norte se oscurecía cada vez más sobre las cumbres. Hice bien en madrugar y no apurar la estancia arriba.
Al llegar a Sahechores paré a tomarme un merecido refrigerio en uno de los bares. Estando allí pasó un helicóptero con una cesta de incendios. Aún se están produciendo varios en la provincia en otro verano devastador. De nuevo en marcha avancé hasta llegar a La Aldea del Puente. Al pasar por la mañana había visto en una plaza cercana a la carretera unos murales que me llamaron la atención y paré ahora a fotografiarlos. En un muro solitario estaba rotulado el nombre del pueblo con el escudo. Por el lado contrario, una escena de labranza con una frase escrita en él. Había un refugio cubierto cercano en el cual también habían rotulado y pintado las paredes, dos de ellas con sendos rostros y otra con una mariposa y otra inscripción.
De nuevo en marcha se seguían escapando algunas gotas de lluvia y hacia León se veían cortinas de agua muy definidas. Entré en la ciudad a las 18:10 horas, y aunque no llovía en esos momentos, lo había hecho recientemente, y no poco ya que había charcos en las calles. He ido a echar gasolina a la furgo antes de llegar a casa a las 18:30 horas marcando los termómetros 26º C.
Este fue el transcurso de una jornada más de montaña, esta vez en solitario, pero con un resultado del todo satisfactorio. También es cierto que, si la compañía es la adecuada, prefiero hacerlo con ella, por resultar más ameno y también un poco por seguridad.
MAPA ESQUEMA
MAPA RASTER
VISTA SATÉLITE
ENLACE RUTA WIKILOC
Powered by Wikiloc
ARMUNIA
TRAYECTO
EN MONDREGANES
ROBLEDO DE LA GUZPEÑA
INICIO DE RUTA (1115 m)
ABREVADERO, CORRALES Y REFUGIO
EN LA VAGUADA CERRADA DE VEGETACIÓN
POR LA PENDIENTE FALDA
EN LA CRESTA
PEÑA CORADA (1835 m)
ROBLEDO ABAJO
PANORÁMICA SUR
ROBLEDO DE LA GUZPEÑA
BUITRE
VISTA OESTE
LA MATA DE MONTEAGUDO
BUZONES, PLACAS Y VÉRTICE GEODÉSICO
DETRÁS, LA SIERRA HACIA EL ESTE
FERRERAS DEL PUERTO
ZAMPAMERIENDAS
ACECHANDO
FERRERAS DEL PUERTO Y VISTA NORTE
MIRANDO AL ESTE
ZOOM DEL VALLE DE SABERO Y VISTA OESTE
BANDADA DE CUERVOS
VISTA NORDESTE
VALLES AL SUDESTE
DESCENSO
OQUEDAD EN LA CRESTA
CRESTA Y VALLES LATERALES
POR LA FALDA ENTRE ENCINAS
LAS NUBES FORMAN UN HALO SOBRE LA SIERRA
METIDO EN OTRA VAGUADA
POR EL ANCHO CAMINO
FUENTE
TERMINADO RUTA EN ROBLEDO DE LA GUZPEÑA
REGRESO
SAHECHORES DE RUEDA
BONITOS MURALES EN LA ALDEA DEL PUENTE
TORMENTA HACIA LEÓN
ARMUNIA




















No hay comentarios:
Publicar un comentario