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lunes, 19 de noviembre de 2012

PICO TETAS (Llánaves de la Reina) 18-11-12

 


1ª ASCENSIÓN AL PICO “TETAS”. (Llánaves de la Reina).

18-11-12           (Domingo)

La aventura vivida en esta jornada de montaña supera a todas las que me han ocurrido durante la larga trayectoria que llevo practicando este deporte. Puedo resumirlo en una palabra: perdidos. La niebla nos ha jugado una mala pasada en esta ocasión llegando a despistarnos completamente y sacándonos de la ruta prevista y a la vez improvisada que recorríamos. No avanzo más ya que iré detallando todo ello en las siguientes líneas.
A las 7:30 horas nos reunimos en Guzmán los 7 participantes de esta salida cuyo objetivo principal era la ascensión a Peña Prieta y el Tres Provincias y en la que solo uno de los participantes alcanzó esta segunda cumbre. El grupo lo componíamos: Nati, Merche, José Antonio, Álvaro, Santiago, Mª Jesús y yo. En los coches de José A. y el mío arrancamos de este punto hacia Puente Villarente y luego a Boñar. Cruzamos hacia la carretera de Riaño dejando éste atrás y deteniéndonos un minuto a sacar una bonita foto del pueblo con un arco iris sobre las cumbres cercanas. Entre las nubes se abrían algunos claros por los que se colaba el sol, aunque el panorama no era muy alentador.
A las 9:30 horas llegábamos a Llánaves donde nos preparamos para la ruta y cargamos agua de una fuente cercana. El bar estaba cerrado y no pudimos tomar un café. Santiago comentó que unos metros más adelante salía el camino del valle que teníamos que coger y a cuyo comienzo podíamos dejar los coches, por lo que nos acercamos hasta este punto que distaba apenas 500 metros. Allí aparcamos al lado de la carretera, en la desembocadura del valle del Naranco, a una altitud de unos 1350 metros.
A las 10:00 horas comenzamos a caminar por el ancho camino del valle cuya cabecera se cubría de nieblas. Fuimos avanzando por él ascendiendo suavemente mientras contemplábamos los pinares de la parte contraria con unas curiosas franjas de tonos verdes. El camino serpenteaba por la margen izquierda del mismo y pasamos a pocos metros del Portillo del Boquerón, paso común viniendo desde San Glorio. Un indicador del PR LE 22 marcaba 1,900 Km. a este puerto y 2,300 Km. a Llánaves. Poco más adelante dejamos atrás un corral con una cabaña en medio.
Poco a poco la niebla fue volviéndose “meona” siendo ya lluvia lo que caía. Nos protegimos de ella y seguimos avanzando hacia un refugio del Club Alpino Tajahierro dónde vimos una curiosa postal. Dos cancillas metálicas abiertas daban paso a la “supuesta” finca del mismo, y digo “supuesta” por que no había cercado alguno que la rodease. Cerca del refugio manaba una fuente por un grifo sobre un pilón de piedra. Eran las 10:50 horas.
Mientras Nati y Merche habían quedado al comienzo del valle, José Antonio ya caminaba muy por delante hacia el Boquerón de Bobias por el medio del valle. Nosotros cuatro subimos hasta enlazar con el camino más arriba tras cruzar un arroyo. Éste se dirigía hacia el Boquerón de Bobias por la ruta del PR siguiendo el trazado del valle. Al llegar a la vaguada que subía hacia el collado de Robadoiro decidimos abandonar el camino y remontar la misma. Nos echamos los cuatro ladera arriba siguiendo algunos senderos de ganado entre la maleza. También allí nos separamos nosotros, y mientras Santiago avanzaba por el medio de la vaguada, nosotros vimos más cómodo subir hacia la loma derecha en la que había unas peñas. Sorteamos las escobas más o menos sin dificultad y pasamos bajo éstas antes de alcanzar la parte alta de la loma. En ella nos detuvimos unos minutos a tomar un tentempié a las 12:15 horas.
Por encima veíamos a Santiago en lo alto de un cerro hacia el cual nos encaminamos. No tardamos en encontrarnos con una fina capa de nieve que apenas cubría el terreno. Nos echamos hacia otra vaguada paralela subiendo hacia una segunda collada que alcanzamos cómodamente a las 13:00 horas. Estábamos a una altitud de unos 2100 metros.
Por el cresteo que había seguido Santiago vimos un numeroso grupo de montañeros que enseguida nos alcanzó. Eran de un grupo de San Andrés del Rabanedo y se dirigían también a Peña Prieta. Entre ellos iban algunos conocidos nuestros. Nos unimos todos en esta ascensión por la cresta hacía el Cubil del Can, primera cumbre que encontraríamos desde allí. Enseguida cruzamos una zona rocosa por la que subía el sendero entre trozos cubiertos de nieve. Luego volvimos a la loma herbosa y blanca por la que seguimos ganado altura hacia otro paso con roca en la que se acumulaba más nieve. Ya metidos en éste nos comunicaron los que iban por delante que no se podía seguir. Una pala de nieve dura hacía complicado el avance. Estábamos en la base del Cubil del Can, y su acceso rocoso y pendiente se ponía casi impracticable. Santiago, que también se había adelantado, era de la misma opinión. En esos momentos se abrieron algunos claros y vimos un poco de paisaje.
Mientras el grupo daba la vuelta, nosotros decidimos subir un poco más hasta dónde había llegado él y desde donde se podía ver Peña Prieta y el Cubil tras una serie de pasos cubiertos de nieve medio helada. En la cresta nos hicimos unas fotos y a las 14:00 horas emprendimos el descenso desde aquel punto. Entre la niebla baja se podía ver Llánaves.
Desandamos el tramo pendiente y llegamos a la collada en la que la niebla nos envolvió a nosotros también. Después de la misma, y al lado de un gran hito de piedras, decidimos acomodarnos a comer cuando eran las 14:30 horas. Tranquilamente estuvimos media hora allí sentados en unas rocas antes de ponernos en marcha de nuevo. Habíamos decidido bajar al puerto en vez de a Llánaves y luego coger un camino entre pinares que llevaba al pueblo cómodamente. Nos pusimos en marcha por un sendero de la cresta en el que ya la nieve había desaparecido casi por completo. La niebla se había cerrado y no se veía en pocos metros.
Seguimos avanzando casi sin perder altura metiéndonos ahora por la izquierda del Alto del Naranco hacia el collado de Portillo de las Yeguas. Desde este punto comenzamos a subir suavemente alcanzando en pocos minutos la cumbre del Pico Tetas con 2108 metros. Que quede constancia que en esos momentos solo podíamos saber dónde estábamos por la referencia del mapa y la altitud que coincidía plenamente con el altímetro de Álvaro. Eran entonces las 16:00 horas.
En dicha cima había un pequeño montón de piedras que aumentamos para dejar allí nuestra tarjeta de cumbres. Nos sacamos una foto de grupo y sin perder tiempo retomamos la marcha hacia el Norte, o eso pensábamos. A partir de ese punto ya no puedo concretar que ruta hicimos y solo viendo luego el mapa y estudiándolo con el Google Earth en 3D, puedo aproximarla.
Comenzamos a bajar suavemente para encontrarnos enseguida con fuertes desniveles y vaguadas entre moles de roca que no tenían ningún buen aspecto. En algunos lugares incluso había cortados que, sinceramente, comenzaron a inquietarnos, por no decir otra palabra. Santiago además se separó de nosotros un poco y no le veíamos ya por delante. Destrepamos un paso nada agradable y llegamos a una especie de colladina desde la que bajaba una pendiente canal bajo la cual oímos a Santiago. Eran las 16:50 horas.
Emprendimos el descenso por esa canal en la que encontramos un manantial dentro de una pequeña cavidad. No muy lejos había una botella de plástico, por lo que alguien al menos había pasado por allí algún día. El terreno estaba cubierto por hierba y hojas resbaladizas con las que patinábamos a menudo. En una de esas caí y se me dobló uno de los bastones. Tras pasar lo más pendiente nos reunimos con Santiago retomando la marcha por un sendero a media altura que nos fue pasando por varias vaguadas. Según el altímetro de Álvaro estábamos al nivel del puerto San Glorio, 1600 m, más o menos, pero no sabíamos dónde.
Aquí hice una llamada a José Antonio para decirle lo que nos había pasado. Él había alcanzado la cumbre del Tres Provincias y ya había bajado reuniéndose con Merche y Nati y yéndose a Riaño tras dejar una nota en la furgoneta. También llamé a mi hermana para explicarle lo ocurrido y al menos que estuviera sobre aviso por si teníamos que quedar allí, que avisase a mi madre de forma que no se alarmase. Fue mi mayor preocupación, ya que en ningún momento estuvimos en peligro. Adelanto ya que la razón que le di del retraso que tuvimos fue culpa de una avería de la furgoneta.
Seguimos avanzando a media ladera cruzando algunas estrechas canales que Mª Jesús estaba decidida a descender. El problema era que no sabíamos lo que podíamos encontrarnos en la parte baja, y si teníamos que subirlas de nuevo, con lo que ya llevábamos encima, igual quedábamos en el intento. En un momento que abrió la niebla por encima vimos por detrás una cumbre, que comentamos podía ser el Coriscao, pero sin asegurarlo para nada. Por delante veíamos una collada un poco por encima a la que decidimos subir. Llegamos a la misma y entramos de pronto en un bosque de robles por el que se intuía un sendero. La noche se nos echaba encima y ya apenas se veía. Eran las 18:00 horas.
Nos metimos de lleno al bosque comenzando a bajar directamente por él sin rumbo definido. Los robles dieron paso al hayedo entre el cual, y con la niebla cerrada, no veíamos en pocos metros. Tuvimos que sacar los frontales, que no es que ayudasen mucho al reflejarse la luz en la bruma, pero algo alumbraba. La pendiente se fue acentuando cada vez más y los patinazos eran continuos con la hojarasca mojada así como los tropiezos con los troncos medio enterrados en la misma. Escuchamos el ruido de un arroyo por nuestra izquierda y lo seguimos paralelamente sin meternos mucho hacia su cauce embarrancado. De vez en cuando veíamos sendas más o menos marcadas que al final no llegaban a ninguna parte. De pronto comenzamos a ver troncos y ramas cortadas con motosierra, aunque de hacía mucho tiempo. Eso nos animó un poco ya que suponíamos que podía haber algún camino cercano de accesos a la zona. Aún tardamos un rato en salir a ese camino en el que vimos huellas de vehículos y una alambrada que lo recorría paralelamente. Eran las 19:35 horas y estábamos a 1080 metros según el altímetro.
Estudiamos las huellas de los neumáticos y su dibujo para indagar de dónde venían, lo cual poco nos ayudarían ya que podían ser de ida o vuelta a algún pueblo cercano. A alguien le pareció oír un ruido como de motor de vehículo hacia la parte alta. Eso nos decantó por esa dirección y nos pusimos en marcha más tranquilos al ir al menos por un camino transitado. Claro que también cabía la posibilidad de que éste se dirigiese a alguna braña en la parte alta y no tuviésemos salida desde allí sin tener que volver. Hicimos entonces una llamada a José Antonio, que seguía en Riaño, y nos indicó que él sabía de un camino por la parte cántabra que subía paralelo a la carretera y salía a unos dos kilómetros del puerto. Con un poco de suerte era aquel.
Cruzamos algunos arroyos y dejamos atrás una caseta de piedra medio invadida por la maleza. Frente a nosotros comenzamos a ver una curiosa franja muy clara que partía el oscuro paisaje en dos. Seguimos subiendo sin descanso hasta que de pronto se descubrió el misterio de aquella línea dándonos una gran alegría. Se trataba del guardarrail de la carretera. Eran las 20:30 horas.
Con ese respiro retomamos la subida por el asfalto hacia el alto del puerto sin saber lo que nos restaba en kilómetros, aunque sí en altitud, unos 300 metros. Poco a poco se fue disipando la niebla quedando por detrás un mar de nubes sobre el que se reflejaba la poca luz de la luna que veíamos por delante. Realmente formaba todo ello un paisaje nocturno admirable.
El frío comenzó a intensificarse y tuvimos que abrigarnos aún más aunque fuésemos subiendo. A las 20:55 horas llegamos al mirador del corzo. Habíamos decidido parar a algún coche que subiese para que nos acercase, al menos a mí, pero no pasó ninguno en esa dirección. Lo hicieron dos hacia abajo, y al que le hicimos señas no paró. A las 22:00 horas alcanzábamos el alto de San Glorio con 1609 metros de altitud y tras haber subido unos 4,5 kilómetros por asfalto. Nos restaban otros 5 hasta Llánaves, estos de bajada.
Siguiendo el trazado serpenteante de la carretera perdimos los 250 metros de altitud hasta el pueblo dejando atrás una fuente. A las 22:50 horas cerrábamos la ruta en la furgoneta que encontramos cubierta por una fina capa de helada. Nos cambiamos allí mismo, y sin perder mucho tiempo, emprendimos el viaje de regreso. Estábamos destemplados y decidimos parar en un bar a tomar un café caliente. Al llegar a Boca de Huergano nos detuvimos unos minutos en uno cercano a la carretera. De nuevo en marcha bordeamos el pantano y decidimos venir por Mansilla esta vez. Antes de Arcahueja nos incorporamos a la nueva entrada por la autovía y en pocos minutos llegábamos a Guzmán cuando era la 1:05 h. Poco después dejaba a Mª Jesús en casa y llegaba yo a la mía.
Creo que no hace falta comentar mucho más. Siempre se ha dicho que la niebla en montaña es de los peores enemigos que podemos encontrar, y esta vez nos lo ha demostrado. Aunque variamos el itinerario de bajada, tampoco podemos hablar de imprudencia claramente. Sabíamos que había ruta de bajada por allí y que Santiago la había hecho en alguna ocasión, pero la espesa bruma nos confundió por completo en la cima del pico. Aprenderemos la lección, o no.


















lunes, 14 de agosto de 2006

"PEÑA PRIETA", "TRES PROVINCIAS" Y "CUBIL DEL CAN". (Puerto de San Glorio) 13-08-06

 


2ª ASCENSIÓN AL “PEÑA PRIETA” Y “TRES PROVINCIAS”.

1ª ASCENSIÓN AL “CUBIL DEL CAN”.

13-08-06         (Domingo)

Este domingo de agosto hemos intentado, y conseguido en esta ocasión, lo que la climatología nos impidió en el mes de marzo. La actividad prevista era la ascensión al Gabanceda, pero visto que tanto Luis como yo, los dos que en principio íbamos a realizarla, ya la habíamos subido hace tres meses con el grupo Yordas, decidimos cambiarla e intentar de nuevo lo antes apuntado uniéndose a nosotros Álvaro, Fernando y José Antonio.
El domingo a las 7:00 horas nos juntamos en Guzmán Álvaro, Luis y yo. José Antonio había hablado con uno de ellos y quedó en que también iba, pero pasaba la hora y no llegaba. Dimos cinco minutos de margen y justo cuando ya arrancábamos llegó. Así salimos de León por la nacional hacia Mansilla donde nos desviamos hacia Riaño, localidad donde habíamos quedado con Fernando. Avanzamos sin novedades pasando Cistierna y bordeando luego el pantano de donde se elevaba una ligera neblina. En la gasolinera de Riaño esperaba el compañero y con los dos coches continuamos el viaje hacia el puerto de San Glorio, límite provincial de Cantabria y León, situado a una altitud de 1684 m. Allí llegamos poco antes de las 9:00 horas. Nos preparamos para la marcha con el cielo bastante despejado salvo alguna bruma suelta. Hacia Cantabria sí se veía niebla baja.
A las 9:10 horas comenzamos la ruta que íbamos a variar respecto a la vez anterior. En esta ocasión lo íbamos a subir por el mismo lugar por el que yo lo había hecho hace 6 años siguiendo la línea de cumbres en vez de por los valles. Para ello entramos en el camino que entra en la vega de Tarna y que está señalizado como sendero PR. Avanzamos por él unos 200 metros antes de abandonarlo hacia la pradera con dirección SE. Poco a poco fuimos ganando altura por debajo de los picos Nave y Los Campanarios. Siguiendo los numerosos senderos de la vega, algunos con bastante desnivel, y cada uno por donde mejor le vino, alcanzamos la collada entre el Campanario Superior, al que habían subido Fernando y Luis, y el pico Las Tetas. José Antonio se adelantó por la collada y comprobó que tenía mal paso. Por ello, mientras los tres se encaminaron hacia la cumbre de Tetas, Álvaro y yo optamos por bordearla por el norte hacia el Portillón de las Yeguas. En este tramo tuvimos que subir algunos fuertes repechos y el último trecho hacer una sencilla medio trepada.
La niebla se había ido acercando desde el norte y durante unos minutos nos estuvo rondando, lo cual temíamos ya que hasta Peña Prieta nos quedaba aún un buen trecho. Por otro lado, merecía la pena la vista del mar de nubes que contemplábamos por debajo de los tres macizos de Picos de Europa que ya se empezaban a distinguir.
Estábamos en una de las laderas del pico y teníamos que bajar unos metros para coger la senda bien marcada que bordeaba las cimas de Yeguas y Faro. Por la misma serpenteamos un rato teniendo por debajo la vega del Naranco por la que la vez anterior habíamos subido al también visible Boquerón de Bobias.
Mientras Fernando y Luis ya iban por delante y no se les veía, Álvaro y José quedaron por detrás de mí. El sendero estaba cubierto de polvo suelto que se levantaba al paso. Así alcancé el collado Robadoiro a las 11:15 horas donde estaba Fernando ya esperando. Luis se había despistado por completo y si éste no le advierte, marchaba hacia un pico bastante alejado pensando que era Peña Prieta. En este collado nos reunimos todos y saqué una foto que luego he visto como ha quedado rayada por el fallo de la cámara. En este punto había tres grandes hitos de piedras apiladas no sé con que sentido. Desde allí pudimos contemplar ahora Llánaves de la Reina al fondo del valle del Naranco.
Reanudamos la marcha por el sendero subiendo ahora más duramente hacia el Cubil del Can. Las laderas peladas se alternaron con algunos canalizos de gravilla con la que se resbalaba. Algunos tramos tenían una inclinación exageradamente vertical y pasamos entre moles de piedra conglomerada y verdecida por los musgos o líquenes. De esa forma alcanzamos la parte alta donde se sitúa la cumbre del Cubil del Can con 2412 metros de altitud. Eran las 12:40 horas.
Álvaro y Fernando ya se habían adelantado y sacamos una foto José, Luis y yo dejando una tarjeta en un bote. Desde allí se contemplaba el circo de Peña Prieta y Tres Provincias bajo el cual puede verse una laguna. También hacia el Oeste se distinguía parte del pantano de Riaño.
Sin más reemprendimos la ruta siguiendo el sendero algo por debajo de la línea de cumbres en su parte Oeste y con suave pendiente. Atravesamos varios pedreros hasta llegar a un collado pocos metros por debajo de la cumbre del Tres Provincias al que optamos por no subir de momento. Lo pasamos por la parte Este al igual que lo habíamos hecho la vez anterior cuando la niebla nos impidió incluso verlo. Esta vez el sendero estaba bien visible y tras bajar ligeramente alcanzamos otro collado entre dicho pico y el Peña Prieta. Abajo, en la parte sur, se emplazan las lagunas de Fuentes Carrionas, nacimiento del río Carrión. Hacia dicha parte se elevaba la cumbre del Curavacas y algo más al Oeste el Espigüete.
El sendero se metió ahora de nuevo entre pedreros de la ladera del Peña Prieta aunque se subía cómodamente. No sé por qué José se desvió y yo le seguí unos metros hasta que comprobé que no se caminaba nada bien por fuera de la senda y decidí perder unos metros de altura y reincorporarme a la misma. La cumbre de este pico es doble y el sendero pasa por la izquierda de una de ellas hasta terminar directamente en la cúspide más alta. A ella llegué cuando eran las 13:45 horas. Allí estaba ya Fernando y Álvaro desde hacía un buen rato y Luis desde poco antes.
En esta cumbre cántabra de 2536 metros hay un buzón y el hito geodésico caído en el suelo. En la misma había algún montañero más y otros que fueron llegando. Sentados cómodamente nos dispusimos a comer los recién llegados. La cantidad de cumbres que se pueden divisar desde allí es tremenda y por enumerar algunas de ellas puedo apuntar las del Torres, Toneo o Agujas, en San Isidro, así como Peñas Pintas, Yordas y Redondo, en Riaño, y más cercanas las del Coriscao, los Vallines, Corcadas o Gabanceda, al que estaba previsto subir en principio. Igualmente puedo decir que se distinguía Peña Ubiña, situada al Oeste y en línea recta a 100 kilómetros exactos medidos por mapa. Por la parte cántabro-leonesa seguíamos viendo el impresionante mar de nubes por encima del cual sobresalían los tres macizos de Picos de Europa. En Palencia destacaban las cumbres del Curavacas, Espigüete o el Murcia.
A las 15:00 horas, tras sacarnos unas fotos en la cumbre, emprendimos el descenso para subir al Tres Provincias. Por el mismo sendero entre pedreros bajamos a la collada y lo abandonamos para subir los escasos 50 metros hasta la cumbre del mismo donde llegamos a las 15:25 h. En dicha cima, triple límite provincial, hay un buzón metálico con tres caras formando un triángulo en cada una de las cuales se lee el nombre de la provincia hacia la que apunta. Por un lado Cantabria, por otro Palencia y la tercera León. La otra vez que estuvimos estaba bien colocado y se leían, esta vez ya estaba suelto y las letras tachadas y rayadas por los típicos gamberros que abundan en cualquier lugar. Allí coincidimos con una pareja de jóvenes extranjeros.
Sobre las 16:00 horas comenzamos a descender hacia el collado por el que pasaba el sendero. Fernando ya se había adelantado antes ya que quería llegar pronto al coche y marchar pronto. Volvimos a pasar por la cumbre del Cubil del Can y retomamos la senda enseguida. José Antonio se fue quedando detrás e íbamos Luis Álvaro y yo juntos. Como ya habíamos acordado, el descenso lo íbamos a hacer por el Boquerón de Bobias y el valle del Naranco. Por ello, justo antes de comenzar a bajar el tramo fuerte hacia la collada de Robadoiro, nos desviamos hacia la izquierda siguiendo el cordal que bajaba hacia dicho paso. Por debajo teníamos la vega de Bobias que más adelante se une a la de Lechada por las que bajamos en marzo los que no intentamos ya continuar desde el Boquerón de Bobias al pico. Ahora me arrepiento menos que antes al ver el desnivel que aún quedaba por subir y la pendiente que había. Los que sí lo intentaron apenas si alcanzaron otro collado por debajo del Tres Provincias cuando el viento y la nieve acumulada les hizo desistir. En el relato de aquel día se especifica todo.
Comenzamos entonces el descenso hacia dicho valle siguiendo la línea del desfiladero que caía hacia la vega contigua del Naranco. Hacia dicha parte bajaban numerosas canales estrechas y verticales con pedreros. Poco a poco nos fuimos desviando del mismo para bajar hacia el arroyo de la Canaleta de Bobias cerca del cual hicimos el último tramo antes de alcanzar el boquerón de Bobias a las 17:30 horas. José Antonio había quedado por arriba y supusimos que bajaba por el mismo lugar de la ida. Allí nos juntamos de nuevo con la pareja del pico que nos había adelantado bajando aquél tramo.
Desde dicho punto se comienza a bajar bastante fuerte hacia la vega del Naranco por un sendero que la vez pasada subimos cargado de nieve blanda. Algún tramo del mismo lo bajamos incluso corriendo ahora alcanzando el fondo de la vega en pocos minutos. En la misma se emplaza el refugio de Tajahierro cerca del cual se veían algunos vehículos. Por la parte alta se distinguía el sendero por el que habíamos subido al pico por la mañana. Atravesamos el valle y entramos en el camino que sube desde Llánaves a dicha vega. Recorrimos por él unos metros antes de desviarnos por un sendero señalizado hacia el Boquerón de Tarna. Una indicación marcaba 2 Km al puerto y comprobé luego con el podómetro que así era realmente.
La senda sube ligeramente y pasa entre grandes moles de piedra al lado de un arroyo que baja de la vega de Tarna a la del Naranco. Este sendero enlaza poco después con el camino que parte del puerto y por el que antes habíamos ya recorrido unos metros cuando subimos. En pocos minutos y cuando eran las 18:45 horas, llegamos al coche los tres.
De José Antonio no había ni rastro, aunque conociéndole no nos extrañaba nada. Nos cambiamos y decidimos subir con el coche los dos kilómetros que había hasta el mirador de Llesba. Por una estrecha carretera fuimos ganando altura mientras la niebla se nos cerraba por completo. Arriba había varios coches más pero fue imposible ver paisaje alguno. La vista era nula desde aquel balcón hacia los Picos de Europa. Unos metros más arriba se encuentra el monumento al oso hasta el que solo yo me acerqué.
De regreso al puerto despejó de nuevo y en esos momentos llegaba José. Sin más, sobre las 19:20 horas, emprendimos el regreso a León. Bajamos el puerto y bordeamos el pantano. Creo que fue en Crémenes donde paramos a tomar un refrigerio y hacer las cuentas de gasto de gasolina. Estuvimos unos minutos y reemprendimos el viaje hacia León donde entramos pasadas las 21:30 horas. En Guzmán nos despedimos y con la moto que tenía allí cerca vine a casa en pocos minutos.
Un buen resultado para este nuevo intento de ascensión a Peña Prieta que fue ampliado además con otras dos cumbres del mismo macizo.





















lunes, 27 de marzo de 2006

"PEÑA ABACEDO" Y "ARROYO LECHADA" (Puerto de San Glorio) 26-03-06

 


INTENTO DE ASCENSIÓN A “PEÑA PRIETA”.

2ª TRAVESÍA “SAN GLORIO- BOQUERÓN DE BOBIAS-PEÑA ABACEDO (1ª Ascensión)- ARROYO DE LECHADA- PORTILLA DE LA REINA”.

26-03-06           (Domingo)

De nuevo la climatología de este invierno y principios de primavera nos ha impedido alcanzar otro objetivo marcado por el club. En esta ocasión fue la nieve acumulada, pero sobre todo el fortísimo viento que sufrimos durante la actividad. Aún así, unos de una manera y otros de otra, disfrutamos de esta salida de cuyo transcurso doy fe a continuación.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán: Luis, José Antonio, Álvaro, Ricardo y yo. En los coches de los dos primeros nos dirigimos hasta el aparcamiento de La Granja donde nos esperaban Roberto y Javi F. Por último en Villaobispo, se añadieron al grupo Ramón y Corín, una amiga suya, completando los nueve participantes en esta excursión.
Salimos por la carretera de Villanueva del Árbol y sin novedades llegamos a Barrios de Nuestra Señora. Antes de Boñar volvimos a cambiar de carretera para dirigirnos a Cistierna. Yo sigo pensando que no es el trayecto mas adecuado, pero insisten en que sí lo es. Por fin cogimos la carretera de Riaño mientras el cielo continuaba oscurecido por las nubes. Bordeamos el pantano y en Llánaves hicimos una pequeña parada antes de continuar hacia el alto del puerto San Glorio, límite con Cantabria, (1684 m.)
A éste llegamos poco antes de las 10:00 horas. El panorama era bastante negro, y nunca mejor dicho. El cielo cubierto por completo y las nieblas se cerraban en las cumbres. Por mi parte, considerando que la ruta en sí era larga hasta alcanzar la cumbre y que la nieve, ya desde allí se veía bastante abundante, propuse cambiar los planes y ascender al cercano y fácil Coriscao. El personal estaba decidido a todo y con estas opiniones, a las 10:15 horas emprendimos la marcha.
Alguna chispa de agua se escapaba sin mayores consecuencias. Entramos así en la vega de Tarna cubierta en parte por la blanca nieve y encharcada de agua y ascendimos suavemente sorteando difícilmente los numerosos arroyuelos. En mitad de dicha vega encontramos unos cables paralelos de lo que podía ser un futuro remonte. Apuntaré aquí que toda esta zona está siendo objeto de estudio para una futura estación de esquí que está trayendo una gran polémica.
Poco a poco nos fuimos acercando hacia el Boquerón de Tarna, (1600 m), estrecho paso entre las peñas Devesa y La Nave. El paso del arroyo principal no fue sencillo del todo por la gran cantidad de agua que por él bajaba. Por delante iban tres jóvenes con esquíes. Al pasar por este lugar vimos un par de rebecos encaramados en las rocas. Por el sendero en descenso entramos en la vega del Naranco, que baja directamente a Llanaves de la Reina. En esta vega hay un par de edificaciones, una de ellas el refugio de montaña Tajahierro. De nuevo los arroyos nos hicieron dar algunos rodeos y saltos “arriesgados”. En el cielo se iban abriendo claros y el sol reflejado en la nieve me hizo poner las gafas de sol y me di protección solar.
Tras haber alcanzado el fondo de la vega, emprendimos el remontado hacia el Boquerón de Bobias. La nieve ya lo cubría todo y además era blanda, lo que dificultaba el avance. La parte baja era suave, pero poco a poco la pendiente se hizo pronunciada. Echando la vista atrás tuvimos una bella vista de la vega y cimas circundantes. En Abril hará un año que algunos hicimos esta misma ruta en una marcha regional. Desde San Glorio alcanzamos el Boquerón de Bobias y bajamos por el arroyo de Lechada a Portilla, lo mismo que ahora algunos repetiríamos.
Como digo, poco a poco y “luchando” con la nieve blanda fuimos ganando altura acercándonos al collado. Algunos ya se habían adelantado y cuando los últimos llegamos arriba estaban ya por debajo en la parte contraria. Eran las 12:55 horas. Lo primero que sufrimos al alcanzar esta altura de 1800 metros fue el viento. Rachas exageradas del suroeste casi nos tumbaban. Por mi parte ya iba bastante agotado por el esfuerzo de la pendiente cargada de nieve blanda. Desde allí “solo” nos quedaba un desnivel de otros 735 metros cuando llevábamos poco más de 100.
Desde poco antes ya había decidido abandonar el objetivo y si alguien me acompañaba, ascender a la cumbre situada a la derecha del collado conocida como El Abacedo. Allí estábamos Roberto, Ricardo, Álvaro y yo, mientras el resto ya se encaminaban ladera arriba hacia el siguiente collado situado junto al Tres Provincias. Como ninguno de los otros tres compañeros estaban decididos a seguir al resto, optamos por emprender el ascenso a la cumbre mencionada. Por la parte derecha teníamos cortados hacia el valle del Naranco con voladizos de nieve de los que había que separarse prudentemente. La pendiente era bastante suave y a pesar del fuerte viento avanzamos cómodamente hasta alcanzar una pequeña cima. La cumbre principal estaba pocos metros por encima y para llegar a ella bajamos una corta pendiente a un collado para subir a continuación por el siguiente repecho.
A las 14:00 horas alcanzamos la cumbre del Abacedo con 2020 metros de altitud. En la cima totalmente nevada no había indicio alguno de buzón ni otra señal de cumbres. Por ello, y dado que el viento seguía bufando fuertemente, sacamos una foto y no tardamos en emprender el descenso. Sí nos dio tiempo a contemplar algunas de las cumbres que desde allí se veían, como la del cercano Coriscao, Vallines, Cubil del Can o Tres Provincias al que el resto se dirigía. Intentamos en vano ponernos en contacto con ellos para informarles de que íbamos a bajar por el arroyo de Lechada a Portilla y que nos recogiesen allí. O no tenían cobertura o no cogían el teléfono.
Como digo, escasos minutos estuvimos allí antes de comenzar el descenso directamente al valle. Por la nieve blanda descendimos hasta la vega del arroyo Hoyas de Santiaguín. Ricardo y Roberto se habían adelantado y estaban ya comiendo en unas rocas. Allí nos acomodamos Álvaro y yo para hacer lo mismo. Ya antes me había dado cuenta de que me faltaban las gafas de sol y aquí, después de revisarlo todo, comprobé que efectivamente las había perdido. Desde allí vimos como bajaban algunos hacia el Boquerón de Bobias y pensamos que eran ellos. Con los prismáticos comprobamos que se trataba de tres esquiadores.
No tardamos en reemprender la marcha por la pista que baja por el valle hasta la confluencia con el de Lechada. En la ocasión anterior, Luis y yo habíamos abandonado la pista y habíamos descendido hasta el arroyo para seguir a su lado. Ahora, la gran cantidad de agua que bajaba por él y lo encharcado de las praderías no lo hacían aconsejable. Poco a poco fuimos girando y cambiamos de dirección suroeste a noroeste. Al fondo del valle de Lechada en el que entrábamos pudimos ver un alto pico que Roberto apuntó como el Murcia y que ahora comprobando el mapa lo confirmo. La vista del valle abajo era realmente bonita sobre todo cuando el sol lucía y hacía destacar el verdor entre la nieve.
Suavemente íbamos descendiendo por el camino moteado de nieve disfrutando de todas aquellas vistas maravillosas. El viento seguía haciéndose notar a pesar de estar ya bastante bajos. Por las laderas de nuestra derecha, que eran las del macizo en el que habíamos estado, bajaban infinidad de arroyos, algunos de los cuales formaban bellas cascaditas. Los tubos colocados bajo la pista para desaguar los mismos no daban abasto y se desbordaba por encima de ellos. Igualmente vimos en una zona de la ladera como la parte derecha de una vaguada era completamente pedregosa mientras que la otra estaba cubierta de vegetación habiendo una línea divisoria bien definida.
Así pasamos al lado de un refugio, la Casa del Pico de la Canal, cerca del cual habíamos comido la vez anterior. No tardando llegamos a la bonita cascada que ya conocíamos Álvaro y yo de dicha ocasión. Está en el arroyo principal y, a pesar de no ser muy alta, el entorno y la gran cantidad de agua que caía en por ella la hacía espectacular. Yo decidí bajar unos metros por la empinada ladera para sacar unas fotos y grabarla mas de cerca. Era impresionante la fuerza con que caía el caudal del arroyo Lechada.
Sin más continuamos avanzando por la pista mientras yo iba de vez en cuando llamando al resto y mandando mensajes para decirles donde íbamos. Pasado este tramo vimos por encima de nosotros grandes pedreros que terminaban en el mismo camino. También un bonito rincón lleno de musgo por el que bajaban regatos de agua. Mas adelante cruzamos un paso canadiense para el ganado. Allí las grandes rocas escoltaban el camino y el arroyo a ambos lados en un estrecho pasadizo. A partir de allí el valle se estrechaba y la vegetación era más abundante. Al otro lado del arroyo vimos unas formaciones rocosas con curiosos penachos de roca conglomerada que tanto abunda en la zona. Formaban una bella postal que no dudé en fotografiar aprovechando la salida del sol entre las nubes. Allí el valle daba un doble giro en zigzag y enseguida vimos la carretera. Aún nos quedaban unos 500 metros para salir a ésta después de pasar al lado de una zona recreativa. En un cartel informativo pudimos comprobar más o menos los kilómetros recorridos, que podían ser unos 16. Del podómetro no podía fiarme ya que entre la nieve, ascensión, etc., no marcaba lo real.
Tras salir a la carretera aún nos quedaba poco más de 500 metros para llegar a Portilla de la Reina. Aquí entramos cuando eran las 17:40 horas. Nos dirigimos al bar donde tomamos un refrigerio mientras continuaba intentando comunicarme con el resto. Yo veía el problema de que no hubiesen visto los mensajes y al llegar al puerto y no vernos se preocupasen. Por ello decidí para a alguien que subiese hacia allí y me llevase. Unos jóvenes lo hicieron tras explicarles el tema, aunque con algún reparo, como es normal visto como está el panorama hoy en día. Además creo que hay una ley que prohíbe hacer autostop.
Con ellos subí los 9 Km. que hay hasta el alto del puerto comprobando que allí no había llegado nadie aún. Aproveché para sacar unas bonitas fotos hacia Cantabria y León, de donde comenzaban a llegar negros nubarrones de nuevo.
Ya eran las 19:00 horas cuando aparecieron por el mismo lugar de la ida. Enseguida me enteré de que el fuerte viento fue el principal factor que les hizo retroceder cerca de la collada del Tres Provincias. Tras cambiarnos emprendimos el descenso. Desde la carretera tuvimos una bonita vista de Los Vallines, a los que también la climatología nos impidió ascender en enero.
En Portilla nos reunimos todos en el bar donde sacamos la única foto del grupo al completo. Allí hicimos las cuentas de la salida y sobre las 20:00 horas emprendimos el regreso a León. Las negras nubes no tardaron en dejar escapar la lluvia. Al llegar a Riaño me gustó mucho la vista de las cumbres del Yordas y otras cercanas con el fondo tremendamente ennegrecido. Luis no quiso parar para sacar una foto y la saqué en marcha. Así avanzamos hasta poco antes de Cistierna donde nos volvimos a meter hacia Boñar por Sabero. Pues bien, siguiendo a José Antonio vimos que se desviaba luego hacia La Vecilla, lo que a mí no me cuadraba. Total que terminamos por venir por el peor sitio, a mi parecer, ya que me sigue pareciendo un retraso no venir por la nacional en vez de atravesar tantas carreteras. En La Vecilla vimos además que se desviaba por otra calle y decidimos olvidarnos de él y continuar a nuestro ritmo. De allí nos dirigimos a Robles de la Valcueva y por el Torío a la capital.
Casi a las 22:00 horas entramos en León donde en esos momentos no llovía. Pues bien, fue coger la moto y descargar un chaparrón de escasos dos minutos que me puso empapado. No me había mojado en todo el día y lo hago camino de casa. Me puso de mala leche este episodio.
De esa forma di por finalizada esta jornada que después de todo no resultó tal mala. A pesar de no conseguir el objetivo, la aprovechamos lo mejor que se pudo. A ver cuando tenemos por fin buen tiempo y podemos realizar las actividades previstas sin al menos obstáculos climatológicos.