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lunes, 25 de marzo de 2013

PALACIOS DEL SIL - BRAÑA DE LA DEGOLLADA 24-03-13

 


1ª TRAVESÍA “PALACIOS DEL SIL – BRAÑA DE LA DEGOLLADA”.

24-03-13            (Domingo)

Este domingo nos hemos ido a hacer la ruta de La Braña de La Degollada, en Palacios del Sil. En Guzmán nos reunimos a las 8:0 horas los 7 participantes en la misma: Antonio, Álvaro, Nati, José L., Marcial, Cundi y yo. En los coches de Antonio y el mío salimos por la carretera de Caboalles hasta La Magdalena decidiendo ir por Omaña. En Villablino paramos a tomar un café antes de proseguir hacia Palacios del Sil, 870 m, en el que comenzaba dicha ruta.
En dicho pueblo cruzamos el puente medieval y salimos por la carretera de Salientes hasta ver un camino que salía a la izquierda, aunque no nos concordaba con el marcado en el mapa. Retrocedimos y nos metimos por la carretera hacia el cementerio de la localidad cruzando la vía férrea por un paso subterráneo. Allí mismo encontramos un aparcamiento en el que dejamos los coches mientras llovía con fuerza. Mientras nos preparábamos pasó por allí un pastor con un rebaño de cabras y un gran mastín.
A las 10:30 horas comenzábamos la marcha por el asfalto hacia el cementerio dejando éste a un lado mientras nos metíamos enseguida en un camino entre grandes castaños. Bajo la lluvia persistente avanzamos por éste dejando atrás un merendero entre nosotros y el río Sil que bajaba por la izquierda. Sobre el mismo íbamos ganando altura mientras el camino se encajonaba a tramos entre algunas tapias de piedras. Entre la arboleda veíamos alejarse el pueblo que nos quedaba al Sur.
Según la ruta, el camino tenía que describir unas curvas y cambiar de dirección, aunque nos parecía que ya llevábamos mucho trecho sin encontrarlo. Por fin llegamos a esta bifurcación que tomamos a la derecha retrocediendo hacia atrás por encima del anterior. Al poco llegamos a lo que parecía un antiguo cargadero de mineral desde el cual tuvimos una amplia vista del valle y Palacios del Sil.
El camino iba girando hacia el Norte hasta enlazar con otro más ancho que supusimos era el que habíamos visto que salía de la carretera de Salientes. Ya en éste vimos por encima una vieja caseta de luz y no lejos una pequeña finca cercada con colmenas. En la margen contraria había una especie de estanque de piedra cuadrado y cubierto de musgo. En el suelo encontramos algunas castañas que aún se conservaban entre la hojarasca. Pues bien, fue comiendo una de éstas cuando me entró un pequeño trozo por mal sitio y me hizo pasar un rato realmente mal. Era incapaz de respirar y me ahogaba. Por fin fue pasando el mal trago, aunque me quedó la garganta muy irritada.
El camino había ido abandonando el valle principal y metiéndose en otro más cerrado. El bosque ya ocupaba todas las laderas del mismo salvo algunos corros en los que las piedras formaban grandes canchales que cruzaban el camino. La niebla impedía ver las partes altas del valle desde media ladera. Además, la lluvia se fue convirtiendo en copos de nieve según ganábamos altura remontando algunos fuertes repechos y haciendo algunos zigzag. En uno de los pedreros vimos algunos neveros aislados. Con este panorama llegamos a una curva cerrada del camino de la que salía un ramal de frente y en el que estaba el cartel de la braña. Era las 12:20 horas y llevábamos unos 5 Km. recorridos. La altitud allí es de unos 1200 metros.
A los pocos metros había un refugio circular de piedra en el que a estaban algunos compañeros comiendo. Los que llegábamos decidimos ver primero este poblado con numerosas casas en diferentes estado de conservación y restauración, todas ellas de piedra y pizarra como materiales esenciales. Delante de la fachada de una de ellas había un tronco en el que han esculpido una especie de tótem y en medio de una pequeña campa vimos un pilón con fuente.
Llegamos al final de la braña con caída hacia otro valle que llegaba a la carretera donde se veía Cuevas del Sil. Estuvimos pensando bajar a él, pero no sabíamos si habría luego camino hasta Palacios para evitar la carretera, así que lo descartamos. Regresamos hacia el principio del pueblo y nos sacamos una foto de grupo, en el que faltaba Nati y Cundi. Ésta última había quedado en el pueblo y Nati llegó poco después de estar nosotros en el refugio.
En éste nos dispusimos a comer mientras se secaba un poco la ropa humedecida. Había chimenea, pero no teníamos leña para prender. Para postre llevé yo unas torrijas que había hecho el día antes y que degustamos entre todos.
A las dos de la tarde nos pusimos de regreso al pueblo. Aunque no dejaba de llover, se abrieron algunos claros. Desandamos el mismo trazado hasta llegar a la confluencia de caminos decidiendo ahora seguir por la pista ancha. Salimos del bosque y tuvimos una panorámica del valle ahora con algunas cumbres a la vista. Así llegamos a la altura de un pedrero por el que se podía bajar directamente a otro camino intermedio entre el de arriba y el de ida. Tras pensarlo un momento, nos echamos por él abajo hasta salir a dicho camino. Poco después salíamos al asfalto llegando enseguida a los coches cuando eran las 15:10 horas.
Llovía a jarros a esa hora y tuvimos la idea de meter las culeras de los coches bajo el puente de la vía para poder cambiarnos. Tras esto, y recoger a Cundi, que había quedado con una amiga del pueblo, nos pusimos de regreso a León a las 16:10 horas. Decidimos volver por Babia y al llegar a San Félix de Arce paramos en el bar de la fábrica de embutidos en la que algunos hicieron compra.
De nuevo en marcha entramos en la autopista en el tramo del pantano para salir en La Magdalena y recorrer los últimos kilómetros por la carretera.
A las 18:30 horas llegábamos a León en el que los claros abundaban más que las nubes. Antes de venir a casa me decidí a subir un rato al jano.












lunes, 5 de octubre de 2009

CUETO DEL OSO (Palacios del Sil) - 04-10-09

 


2ª TRAVESÍA: “PALACIOS DEL SIL- BRAÑAS DE CHOURINAS Y FANALES- 1ª ASCENSIÓN AL CUETO DEL OSO - BRAÑAS DE LA FONTILLADA”.

04-10-09           (Domingo)

Tras casi un mes sin salir a la montaña he vuelto a la “rutina” de las excursiones. En esta ocasión ha sido una salida del club para ascender al pico Cueto del Oso, en Palacios del Sil, cumbre intentada hace tres años en un magosto de nuestro grupo. Al igual que en aquella ocasión, la climatología no nos acompañó demasiado, aunque esta vez conseguimos alcanzar la cima y disfrutar un poco de la jornada. Once fuimos los animados para esta salida: Piedad, Cundi, Miguel Ángel, José A., Álvaro, Gabriela, Nati, Pedro, Toño, Cristina y yo.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán la mayoría de los participantes salvo Miguel y Cristina. En mi coche y el de José Antonio nos acomodamos y salimos hacia La Magdalena donde estaban los otros dos componentes. Cómo Cristina no tenía seguro, tenía que ir en su vehículo, según las normas del club. En los tres coches continuamos el viaje por la autopista para pasar el tramo del pantano y salimos tras el puente colgante. Dejamos atrás Babia y entramos en Laciana pasando por Villablino hacia Palacios del Sil, 870 m. Aquí tenía José Antonio apalabrada una visita al Centro de Interpretación de la Naturaleza donde estuvimos unos minutos.
A las 10:35 horas comenzamos la marcha atravesando algunas calles del pueblo para dirigirnos hacia el valle del río Palacios por el que transcurre la ascensión. Al comienzo del camino tuvimos que ponernos los chubasqueros y cazadoras, yo una nueva que estrenaba ese día, ya que la lluvia casi arreciaba. Encontramos algunos enormes castaños a los lados del camino así como otras especies arbóreas. Ya desde ese punto se dividió el grupo en tres y así se mantuvo casi el resto de la jornada. Mientras Nati y Cundi quedaban por detrás, el resto salvo Pedro, Álvaro y yo, se adelantaban hasta perderles el paso.
Atravesamos un puente sobre el arroyo encontrándonos luego una especie de muro por encima del cual transcurría un canal de captación de aguas para una antigua fabrica de luz, la Fervencia. Poco a poco dejó de llover y además sobraba el abrigo por las pendientes que nos íbamos encontrando ya en la ruta. Por la derecha se nos unió otra pista que veníamos viendo por la parte alta del valle. También vimos algunas cabañas cerca del camino empedrado y alguna casa de piedra así como una fuente del mismo material. Hacia ella bajaba un tubo de plástico que se había roto y que habían incrustado en una horqueta de palo para que el agua cayese dentro. Allí bebimos unos tragos. Más adelante pasamos al lado de un todoterreno ya desahuciado y otra casa algo por debajo del camino hacia el río. En la parte alta seguía la niebla cerrada ocultando la cabecera del valle.
Así alcanzamos las Brañas de Chourinas, 1450 m, cuando eran las 12:30 horas. Se trata de un grupo de edificaciones, la mayoría en muy buen estado gracias a las restauraciones, donde nos encontramos con un hombre en el porche de una de las brañas. En él habíamos estado comiendo en la ruta de aquel día. Allí estuvimos de charla unos minutos y nos enseñó el interior de la casa.
Continuamos ascendiendo por el camino que se empinaba y se estrechaba entre helechales y escobas. En 15 minutos llegamos a las segundas brañas del valle, las de Fanales, aunque de estas no quedan más que los corros de piedras que las delimitaban en una pradera. Estábamos a unos 1550 metros de altitud y la cumbre tenía 1902 m.
Siguiendo el valle el sendero se fue difuminando entre los arbustos y la pradera, aunque nos encontrábamos hitos de piedra y marcas amarillas que nos señalaban la ruta sin problema. Por ellas llegamos a la cabecera del valle donde atravesamos el arroyo y vimos la collada a la que teníamos que subir. Desde allí la pendiente se hacía muy pronunciada y en un tramo nos despistamos del sendero teniendo que rectificar atajando y bajando unos metros. Pedro se iba rezagando y le animábamos a seguir esperando por él. Zigzagueando por la loma alcanzamos la collada al norte del Alto Sarrión con una altura de unos 1800 metros. Eran las 13:50 horas.
Por la forma de la loma no veíamos el fondo del valle de Pedroso por el que luego bajaríamos. Las nieblas también impedían ver las cumbres cercanas, aunque hacia el sur estaba más abierto. El sendero transcurría ahora por el alto de la cresta hacia el norte. Algunos hitos, no sabemos si colocados por los compañeros o no, nos marcaban también la dirección. Durante unos momentos se abrieron algunos claros azules por encima de nosotros, pero enseguida se cerraron. Al menos la niebla se había disipado en aquel punto y nos dejaba orientarnos más o menos. Precisamente fue en esta zona donde la vez anterior nos dimos la vuelta al envolvernos ésta hasta casi hacernos perder la orientación. Ahora, y en previsión de que pasase lo mismo, íbamos dejando más hitos en puntos concretos donde el sendero podía dar lugar a error.
De pronto, entre los bancos de niebla, divisamos la cumbre de la cima y en ella un grupo de personas que no dudamos podían ser los compañeros, aunque por delante nos pareció ver otras personas que luego resultó ser una ilusión óptica con las rocas y escobas. Más animados continuamos avanzando por la loma con escasos repechos de fuerte pendiente. Así nos situamos bajo la última ladera con numeroso matorral entre el cual apenas se distinguía el sendero. Pocos metros de desnivel nos separaban de la cumbre donde llegamos nosotros a las 14:30 horas.
En ella estaba el grupo predecesor, que por lo visto tampoco habían llegado hacía mucho rato ya que la niebla les había despistado y anduvieron dando algunos tumbos antes de llegar a ella. Al llegar nosotros nos acomodamos todos a comer allí mismo un poco a la abrigada.
En esta cumbre del Cueto del Oso, con 1902 metros de altitud, hay un punto geodésico y un hito de piedras hueco por dentro. Un valle, que yo pensé que era el de subida, cae hacia la parte sureste, yendo hacia Cuevas del Sil. Al norte, tras el valle de Pedroso, se emplaza la loma limítrofe con Asturias. Más al este, a lo lejos, podía verse entre las nieblas, el macizo de Ubiña. Poco más se veía por culpa de la niebla que formaba una línea rectilínea poco por encima de nosotros.
Enseguida, nada más terminar de comer, ya tenían prisa por marchar. Sacamos unas fotos y de nuevo les dejamos a su aire quedando Pedro, Álvaro y yo en la cumbre un rato más. Pedro se tumbó un rato y Álvaro se acercó hasta el filo de la cima. Luego, cómo no había buzón, decidimos rellenar el hito hueco con más piedras y colocar un bote con la tarjeta dentro. Nos sacamos algunas fotos más los tres y a las 15:50 horas emprendimos la bajada. En esos momentos caían cuatro gotas contadas.
Como habíamos acordado, el descenso lo íbamos a hacer por el valle paralelo al de subida, y hacia él que se habían dirigido los compañeros. Lo que no habíamos visto era por que zona habían bajado, y comprobamos que de frente se cerraba de maleza casi impracticable. Al final tuvimos que coger un sendero que desde arriba veíamos y que se desviaba aún más hacia el norte a una collada entre el Cueto del Oso y el pico El Río. La senda transcurría unos metros por debajo de la línea de cumbres entre escobas bajas. De frente seguíamos viendo la curiosa línea formada por la niebla que apenas dejaba ver algunas cumbres más bajas.
Al llegar al collado el sendero dio un brusco giro para meterse de lleno ladera abajo. En el fondo del valle ya vimos las brañas de La Fontillada hacia las que bajábamos. Echando la vista atrás comprobamos como la cumbre se había ocultado por completo tras las nieblas. Poco a poco los arbustos fueron creciendo en tamaño pero el sendero se mantenía bastante marcado, incluso con pintura amarilla en algunos lugares. Fue al llegar a un arroyo donde, tras atravesarlo, se nos perdió un poco la pista del mismo. Tras echar una ojeada rápida, no tardamos en dar de nuevo con él metiéndonos cada vez más entre arboleda. Los colores otoñales ya despuntaban en ella y los servales cargados de frutos rojos destacaban en el bonito paisaje un tanto apagado por la falta de sol. También vimos algunos ejemplares de acebo con hojas extremadamente verdes.
Bajamos algunos tramos de fuerte pendiente y otros en los que apenas si se notaba. Pasamos también algunos arroyos más antes de llegar por fin a la parte baja donde se emplazaban las brañas. Habíamos bajado de golpe casi 600 metros. Álvaro había llegado unos minutos antes y se había encontrado con algunas personas allí que habían marchado ya. Eran las 17:00 horas.
Estas brañas también se encuentran en bastante buen estado la mayoría, aunque igual que las anteriores, gracias a las restauraciones. Bien a gusto podíamos contar una quincena de casas bien conservadas y varias más medio derruidas. Algunas también estaban en proceso de reforma. A la salida del poblado encontramos una fuente con pilón donde recogimos agua.
Emprendimos la marcha por un ancho camino abnegado por agua en algunos tramos. El arroyo de Pedroso bajaba paralelo por nuestra izquierda mientras que por la derecha comenzamos a ver numerosos pedreros de gran magnitud. El bosque también era parte importante de este valle. En un prado de la parte baja vimos una manada de seis caballos con dos mastines como guardas. Al paso se nos acercaron y los perros llegaron hasta nosotros.
Unos metros más abajo vimos otra braña solitaria hacia la que entraba un camino. En los márgenes de éste encontramos también varios zarzales cargados de moras bien maduras. Entre otras especies florales vimos algunos corros de helechos ya con el tono marrón en casi todas sus hojas. Igualmente nos encontramos con troncos retorcidos que salían casi horizontales hacia la caída del río. En uno de ellos vimos una curiosa rama que formaba un perfecto ángulo recto. También crecían enormes árboles con troncos descomunales entre los pedreros de las laderas.
Nos cruzamos con un todoterreno que subía pocos metros antes de llegar a otras brañas, creemos que las de Pedroso, aunque mirando el mapa, y por las distancias, no estoy muy convencido. Estaban situadas por debajo del camino y no se llegaba a pasar por ellas salvo desviándose. En el mapa no marca ninguna más, pero no me cuadran las distancias.
Tras otro tramo más de caminata y haber bajado un fuerte repecho, el camino dio un brusco giro al contrario encontrándonos de pronto a nivel casi del arroyo. Atravesamos un puente para pasar a la parte contraria donde poco después comenzamos a subir considerablemente. Dejamos atrás algunas casetas de recogida de aguas y un desagradable vertedero de basuras. Nos mosqueaba tanta subida sabiendo que el pueblo se encontraba en la parte baja y llegamos a pensar incluso que nos habíamos pasado algún desvío por el fondo del valle. Nos convencía un poco ver el mapa y la orientación del mismo que parecía la correcta.
No tardamos en ver por fin la carretera en el valle principal por delante de nosotros. Hacia abajo había ahora una caída de varios metros casi en vertical. Cuando llegamos al punto más alto desde donde el camino comenzaba a descender tuvimos un respiro, sobre todo Pedro que ya le costaba avanzar.
Enseguida vimos Palacios del Sil, aunque aún quedaba un trozo bueno para llegar a él. Dejamos tras algunos depósitos de agua y un tramo donde las raíces de los árboles salían de la tierra excavada al lado del camino. En pocos metros bajamos un buen desnivel en aquel tramo entrando en el pueblo cuando eran las 19:20 horas.
Por una larga calle con algunas casas de bonitas fachadas atravesamos Palacios hasta la carretera general. Cruzamos ésta y en pocos minutos, a las 19:25 horas, terminamos la marcha en el lugar donde teníamos los coches. Sin más retrasos nos cambiamos y nos dirigimos hacia el bar donde supusimos que estaba el resto. Allí en la terraza los encontramos tomando un refrigerio y nos unimos al corro. Faltaban Nati y Cundi que no tardaron en llegar. Nos comentaron que habían encontrado a un vecino con quien habían acordado ir al día siguiente hasta Somiedo a ver la berrea de los ciervos.
En la terraza de este bar, en el mismo en el que hace tres años hicimos el magosto nuestro, estuvimos un rato tomando unos vasos y picando unos aperitivos que nos pusieron. Las gotas de lluvia que comenzaban a caer y el reloj que corría nos hicieron levantar la sesión. Nos dirigimos a los coches y nos despedimos de Nati y Cundi que quedaban allí. A las 20:10 horas emprendimos el regreso a León.
De este viaje solo tengo que destacar el pésimo estado de las carreteras por la noche. No hay líneas pintadas en infinidad de tramos de las mismas y hay que circular a “paso tortuga”. Volvimos a pasar el tramo del pantano por la autopista y salimos en La Magdalena hacia León llegando a la ciudad sin más novedades. Tras dejar a los acompañantes terminé el viaje en casa a las diez de la noche.
Tras la pésima previsión meteorológica que teníamos, y el panorama inicial de la jornada, no pudo resultar mejor la misma. Salvo algún rato de lluvia no destacable y la niebla que nos impidió disfrutar del paisaje mas ampliamente, en general podemos dar por aceptable el transcurso de la excursión.
















lunes, 20 de noviembre de 2006

I MAGOSTO "CUMBRES DE LEÓN" "BRAÑAS DEL SIL" 19-11-06

 


I MAGOSTO “CUMBRES DE LEÓN” 
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1ª TRAVESÍA: “PALACIOS DEL SIL- BRAÑAS DE CHOURINAS Y FANALES”.

19-11-06       (Domingo)

Tras el fallido intento del pasado año por culpa de la climatología, este presente hemos podido realizar el I Magosto “Cumbres de León”, que por desgracia también puede ser el último, dado el nulo interés de los socios a la hora de la preparación y sobre todo en la participación. Tan solo cinco socios fuimos los animados al mismo a los que hay que añadir otro ex-compañero del club que nos acompañó en esta ocasión. Tras la baja de otros tantos a última hora, estos fuimos los animados para tomar parte en este evento: Álvaro, José Antonio, José Luis, Ricardo y yo. El acompañante no era otro que Fernando, marido de Guiomar, también antigua compañera de fatigas, ahora residentes en la vecina Asturias. A pesar de la escasa asistencia, no resultó del todo mal la jornada teniendo en cuenta también la pésima climatología que de nuevo éste año nos jugaba una mala pasada. De todo ello doy cuenta en las líneas siguientes.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán: José Luis, José Antonio, Álvaro y yo. En las cercanías del colegio Quevedo se unía Fernando. Siendo cinco los participantes que salíamos de León, intenté llamar a Ricardo que estaba en San Emiliano para ver si él tenía el coche disponible y así solo llevar el mío desde aquí. Como no me fue posible y para no arriesgarnos, optamos por llevar también el de José Luis. De esa forma emprendimos el viaje ya con la lluvia y el cielo completamente cerrado de negros nubarrones.
En La Magdalena paré a llenar el depósito de la furgoneta antes de entrar a en la autopista. Mientras los otros decidieron ir por Omaña, nosotros teníamos que recoger a Ricardo en el pueblo y teníamos que ir por Babia. Tras pasar el puente colgante abandonamos a autopista viendo el pantano de Luna bastante más recuperado de su sequía. Ya en San Emiliano recogimos a Ricardo sobre las nueve y sin más continuamos el viaje hacia Villablino en el cual nos desviamos por la carretera de Ponferrada hasta Palacios del Sil donde ya estaban Fernando y José Antonio.
En el Bar Monica estuvimos tomando un café y dejamos los cinco kilos de castaña, ya que ellos se habían ofrecido a asárnoslas a través de José Antonio, que era el que se había movido para prepararlo yendo días antes a ver la ruta y demás.
Ya eran las 10:30 horas cuando emprendimos la marcha atravesando Palacios del Sil y saliendo por un camino entre numerosos castaños. Poco a poco comenzamos ascender por el mismo cuando de pronto vimos salir dos ardillas de entre unos matorrales. Una de ellas se escondió enseguida mientras qua la otra trepó a un árbol y la vimos como pasaba entre el ramaje con gran agilidad. Unos metros más adelante atravesamos un puente sobre el río Palacios, encontrándonos a continuación un tramo cementado y bastante empinado. Al final del mismo vimos una especie de pared alta de piedras y poco después comprobamos que se trataba de un antiguo canal que cogía el agua más arriba y en cuyo final tenía un sumidero por el que caía hacia un generador eléctrico. El lugar se conoce como Fervencia.
El estrecho camino ahora empedrado continúa empinado entre algo de arboleda y matorral. Encontramos en él un alambre cruzado por lo alto y con cintas de plástico colgando. Suponemos que se trataba de una barrera para el ganado. No tardando vemos las primeras edificaciones, algunas derruidas. En el medio del camino encontramos varios huesos de grandes dimensiones y no muy antiguos. En los prados bajos pastan algunos caballos que nos miran al pasar. En una casa cercana vemos un antiguo carretillo de rueda metálica.
Así salimos a una ancha pista que también sale del pueblo y que da más rodeo por la parte alta. Enseguida topamos con una fuente y su pilón de piedras donde hacemos una breve parada. Por la parte derecha vemos grandes pedreros mientras que por la izquierda continua el bosque hacia el río. En la parte contraria del valle se distinguen largas cascadas entre las rocas.
Sobre las doce del mediodía llegamos a las Brañas de Chourinas. Se trata de tres edificaciones bien conservadas y restauradas usadas antaño durante los meses estivales para el cuidado del ganado y los prados y en la actualidad posiblemente como residencia vacacional. Bajo el porche de una de ellas estuvimos un rato y algunos tomaron un tentempié.
A partir de ellas el camino se convierte en sendero que hace de arroyo en numerosos tramos. Las piedras abundan en el mismo con el correspondiente peligro de resbalón. Poco a poco nos vamos metiendo en la niebla que se cierra alrededor de nosotros dando al paisaje un matiz un tanto misterioso. Así alcanzamos las Brañas de Fanales, 15 minutos después de salir de las anteriores. Al contrario que ellas, aquí solo se pueden contemplar los restos totalmente derruidos de las mismas en una amplia explanada.
Continuamos sendero arriba pasando al lado de un bonito manantial entre una piedra en el suelo. No tardando tenemos que cruzar el río que todavía en esa altura apenas si lleva caudal. Nos dirigimos ya hacia la collada subiendo una fuerte pendiente y atravesando otro ramal del arroyo. El sendero serpentea por la empinada ladera en cuyo alto se encuentra la collada. Antes de llegar a ella pasamos al lado de un pequeño montón de nieve, la primera de la temporada. En la misma collada encontramos un gran nevero en el que nos hacemos una foto. Eran las 13:20 horas. el podómetro marca 4,800 Km.
La intención ahora es continuar la senda que llega a una bifurcación hacia el pico Cueto del Oso y por otro lado baja al valle de Pedroso. La niebla espesa, la lluvia y algo de viento dificultan la visibilidad. José Antonio es el que conoce la ruta y va de guía. El sendero sube muy suavemente por la loma unas veces entre matorral rasurado y otras entre altas escobas. La visibilidad es muy reducida y no vemos el cercano pico. José Antonio se desvía del resto que quedamos a la espera sin que regrese. Avanzamos por el sendero hitado viendo que éste se divide más adelante sin que ninguno llegue a sitio alguno. Cuando nos reunimos optamos por bajar unos metros hacia lo que parece ser el valle bueno, pero comprobamos que se cierra de maleza y subimos de nuevo.
De estar parados nos quedamos fríos y decidimos volver por el mismo lugar y no complicarnos más. Con la brújula y el mapa nos orientamos un poco, situando al menos la ubicación de los valles. José Antonio no queda conforme y vuelve a inspeccionar de nuevo lo anterior, por lo que hay algo de mosqueo cada uno marcha a su aire. José Luis y Fernando se adelantan mientras Álvaro, Ricardo y yo quedamos por detrás. Durante unos minutos estamos desorientados por completo hasta que damos con la senda y retomamos el regreso. Por detrás aparece José Antonio que no logró dar con la ruta buena al faltar varios hitos en ella.
Así alcanzamos de nuevo la collada tras una hora por la parte alta. Comenzamos el descenso por el mismo sendero serpenteante. Por la parte izquierda pueden verse numerosos grupos de árboles de hoja marronacea que destaca sobra la roca gris. Cruzamos el arroyo y encontramos unas flechas blancas que señalan otra dirección diferente de la ruta que llevábamos. José Antonio vuelve a separarse para investigar mientras yo continuo bajando hacia el fondo del valle. No tarda en alcanzarme mientras el resto ya se a adelantado y no se les divisa. Por el estrecho sendero descendemos pasando de nuevo el río Palacios y llegando poco después a las Brañas de Fanales. En esos momentos vemos como por detrás se abren las nubes viéndose unos instantes el azulado cielo, aunque no tarda en cerrarse de nuevo. Por la izquierda veo un bonito canal en la roca por el que baja un buen chorro de agua. Al lado del camino hay algunos acebos cargados de rojos frutos.
Camino de Chourinas, en un tramo de piedras y losas resbaladizas, se me va el pie dándome una buena culada y un golpe seco en el codo derecho que me produce un fuerte dolor además de una pequeña herida.
A las 15:20 horas llegamos José y yo a las Brañas de Chourinas donde el resto ya está acomodado comiendo. Bajo el porche anterior nos ponemos también a lo mismo durante veinte minutos antes de volver a la marcha. José Antonio se pone en contacto con el del bar para decirle donde andamos y que vaya preparando las castañas.
Por el ancho camino vamos descendiendo poco a poco entre pedreros, bosque y helechales volviendo a pasar al lado de las casas cercanas. La niebla abre y por delante vemos algunas cimas. Ahora vamos Álvaro y yo juntos por detrás. En la fuente sacamos una foto y poco después llegamos a la bifurcación de la pista superior y el camino de abajo. Por éste último bajamos las empinadas pendientes de este tramo entre escobas y raíces de los árboles que salen a través de la tierra escomida. Enseguida nos situamos paralelos al canal empedrado y luego bajamos el trozo cementado. De frente vemos ahora laderas repobladas y llenas de fundas blancas protegiendo las plantas.
Salvamos el río por el puente sobre éste entrando en el último tramo hacia el pueblo. En el cauce se veían rápidos y revueltas entre verdes prados moteados por las hojas de los árboles. Poco antes de entrar en Palacios encontramos a José Antonio hablando con una vecina del lugar.
A las 16:35 horas llegamos al pueblo. En esos momentos comienza a llover de nuevo tras un rato conteniéndose. Allí ya están los otros tres compañeros cambiándose y hacemos lo mismo. Fernando tiene mucha prisa ya que precisa pasar por León antes de marchar para Asturias, por lo que decide no entretenerse más. Nosotros nos acomodamos en unas mesas del bar a comer las castañas aún calientitas y bien asadas invitando a los que juegan la partida al lado. Haré aquí el apunte de que, si llevamos nosotros las castañas de aquí siendo como es aquello tierra de ellas, fue porque le dijeron a José Antonio que ya no quedaba nadie que las vendiese.
Allí sentados degustamos las riquísimas castañas acompañadas por refrescos o sidra. Nadie era de vino. Por supuesto que sobraron unas cuantas de los cinco kilos llevados y que luego repartimos en bolsas para cada uno. Era todo un poco insólito, pero no por ello menos interesante.
Poco antes de las 18:30 horas, ya anochecido, emprendimos nosotros el regreso. Atravesamos Villablino con dirección a La Magdalena. Con bastante precaución debido a la lluvia y al estado de la carretera, con tramos en obras y numerosas curvas, llegamos al desvío de San Emiliano. Entramos en éste a dejar a Ricardo antes de continuar el viaje. Volvimos a entrar en la autopista para evitar el tramo del pantano saliendo en La Magdalena. Sin novedades, y mientras cesaba la lluvia, fuimos avanzando hacia la capital donde entramos sobre las 20:15 horas. Aquí dejé a José Luis donde Quevedo, a José Antonio donde su casa y a Álvaro en el Paseo Salamanca donde tenía el coche. En pocos minutos llegué yo a casa tras recorrer 118 Km desde Palacios del Sil.
Con ello terminamos este magosto un tanto peculiar, pero que después de todo no tuvo tan mal resultado. Bien es cierto que no merece la pena preparar tanto una actividad para luego ir cuatro, cosa que, como ya apunté, se tendrá en cuenta en próximas ocasiones, si las hubiese.