lunes, 18 de octubre de 2010

HAYEDO DE BUSMAYOR Y PICO FARO - 17-10-10

 


2ª TRAVESÍA “HAYEDO DE BUSMAYOR” Y 1ª ASCENSIÓN AL “FARO (DE BUSMAYOR)”.

17-10-10            (Domingo)

Siguiendo el programa del club de montaña, nos hemos marchado en esta ocasión a la comarca del Bierzo en su límite con Lugo. Allí se encuentra Busmayor, una localidad con un cercano bosque de hayas destacado de la provincia. Hace unos años ya lo habíamos recorrido algunos componentes del club en un magosto organizado por la Delegación de Montaña. En esta ocasión variamos la ruta haciendo el hayedo y ampliándolo con la ascensión al pico Faro, al que coloco la coletilla “de Busmayor” ya que también he ascendido al homónimo de Vegarada.
Diez nos animamos a participar en esta excursión otoñal: José A., Miguel A., Nati, Mª Jesús, Roberto, Ana Rosa, Adelino, Alejandro, Gabriela y yo. En Guzmán nos reunimos todos excepto Alex al que recogeríamos en Ponferrada. En mi coche y el de José Antonio emprendimos la marcha poco después de las 8:00 horas. Por la nacional llegamos a Astorga mientras amanecía por detrás de nosotros. Allí entramos en la autovía para circular por ella buena parte del trayecto hasta salir en Trabadelo. El otro coche era el que entraba a recoger a Alex en Ponferrada. Tras un pequeño error al coger una carretera que enseguida rectifiqué, emprendimos el último tramo de 19 Km. hasta Busmayor, 1104 m, por estrechas carreteras llenas de curvas.
A las 10:15 horas mas o menos llegamos a dicha localidad aparcando los coches cerca del bar al que nos dirigirnos para tomar un café calentito. Ya en León habíamos visto los coches con una fina capa de hielo encima. Allí estaba un poco más templado e incluso algunos decidimos dejar las cazadoras en los coches.
Tras una foto de grupo emprendimos la marcha cuando eran las 10:45 horas. Salimos por la calle principal del pueblo que se compone de varios barrios. Las casas son de piedra y pizarra en su mayoría y encontramos varias en remodelación. Dejamos atrás una curiosa fuente con el nombre del pueblo grabado en una losa y pocos metros después abandonamos el pueblo por un camino ascendente de poca pendiente. El hayedo ya se podía ver desde el mismo pueblo y comprobamos que se encontraba aún un poco retrasado el otoño. Aunque sí se veían algunos árboles ya con el colorido típico de esta estación, muchos de ellos aún se encontraban con la hoja verdosa.
Llegamos luego a una bifurcación en la que había varios paneles de la ruta que consultamos. Entramos en el ramal izquierdo que enseguida nos metió entre arboleda comenzando ahora un suave descenso hacia el arroyo de la Baliña Grande al que llegamos en pocos minutos. Allí una señal nos marcaba la dirección hacia una “minicentral” a la izquierda. Siguiendo un canal que salía del río nos llevó a la parte alta de un edificio de piedras en el cual antiguamente desembocaba el agua cayendo al interior donde movía un generador eléctrico. El último tramo a este hueco se hacía por el estrecho canal con caída libre a ambos lados. Desde allí se veía las praderías y parte de Busmayor.
Retrocedimos hacia el cruce cerca del cual vimos también las primeras cascadas en las que sacamos una foto de grupo. Retomamos la marcha por el sendero principal viendo más saltos en el arroyo paralelo al mismo. Enseguida llegamos a una zona escalonada donde de nuevo contemplamos unas bonitas cascadas. Un cartel indicaba el paraje como “Frevencia do Beiro”. En una de ellas podíamos ver el arco iris formado por los rayos de sol que se filtraban entre la arboleda y se reflejaban en las pequeñas gotas que salpicaban al caer el agua en las rocas. Subimos luego un tramo pendiente y llegamos así a un puente de madera muy sencillo sobre el mismo arroyo. En el mismo tengo una foto hecha la vez anterior así como en las cascadas. Dejamos atrás otra zona de paredes rocosas entre el ramaje y nos topamos con las primeras setas de color rojo y pintas blancas que luego tanto abundarían.
Un nuevo indicador nos desviaba de la ruta para ver la “Cova da Raposa”. Nos desviamos hacia la misma y a pocos metros encontramos un bonito paraje de roca y vegetación entre los que se encontraba la pequeña cavidad. Sin más regresamos al punto inicial para seguir la “Senda do Faxeiral”, como así se denomina la ruta. Entramos en un espacio de hayas amplio en medio del cual se encuentra la “Piedra de los Poetas MMX”, como rezaba la inscripción en la misma.
Como aclaración apunto que en este bosque se realiza habitualmente un encuentro de poetas del que ya había tenido alguna referencia en los medios de comunicación provinciales. De ahí este rincón tan señalado. En el mismo tomamos un poco el pelo a la pareja Roberto y Ana Rosa animándoles a que se dedicaran algunos versos, pero no hubo manera.
No tardamos en salir de la arboleda siguiendo ahora el sendero entre helechos, escobas y algunos acebos. De nuevo se hizo la pendiente pronunciada durante un tramo hasta llegar a otro desvío en el que una señal nos marcaba “Cascada a 150 metros”. Hacia ella nos dirigimos entre arboleda de nuevo y encontramos un pequeño salto que tampoco era nada espectacular, al menos como para reseñarlo. Sí vimos en aquel rincón numerosas setas de color rojo y algunas blancas. Dos de las primeras estaban al lado de una pequeña mata de acebo verde cuyos colores contrastaban de manera fotogénica.
Aquí tuvimos una pequeña divergencia ya que José Antonio se adelantó a su bola y el resto veíamos que siguiendo el sendero ya comenzábamos a descender demasiado. Al final decidimos regresar al camino principal y seguir subiendo nosotros hacia la parte alta. Como José Antonio nos quería enseñar otro hayedo situado en la parte lucense, dejamos atrás otro desvío que nos marcaba la ruta en sí. Volvimos a entrar en otra zona arbolada donde las ramas formaban un túnel sobre nosotros. Allí algunos nos sacamos una serie de fotos de las que luego en los video-montajes gusta verlas con la música acorde.
Siguiendo el camino que subía progresivamente fuimos abandonando el bosque y tras algunas curvas alcanzamos la collada de “Tres Vecinos”, 1480 m. En la misma había un rebaño de vacas con algún toro y varios terneros. Eran las 13:35 horas. Desde allí se veía la cumbre del pico Faro hacia la que se dirigía un camino por toda la loma y del mismo salía otro que la iba bordeando por la ladera sur. Pues bien, nuestro guía José Antonio se marchó de nuevo a su bola por este último camino sin dar explicaciones de ningún tipo ni esperar por el resto, lo cual me terminó de mosquear del todo.
Decidimos seguirle de momento a ver lo que hacía y si se dignaba a parar, pero no era así. Ya harto de esta situación decidí que yo me daba la vuelta y así se lo recomendé al resto a ver si de esa forma espabilaba de una vez. Ya sé que soy muy claro en exponerlo, pero así sucedió y no me voy a “cortar un pelo” en comentarlo. Pues bien, nos adelantó una moto con dos jóvenes que pararon a hablar con Mª Jesús, que iba unos metros por delante. La comentaron que a una media hora había una fuente ya cerca del hayedo, así que decidimos seguir para adelante.
El camino transcurría a media ladera entre helechos y pinos de poca altura. Tras caminar cerca de un kilómetro alcanzamos una collada de la sierra aquella dando vista al valle de Oencia. El hayedo estaba hacia la derecha, pero caminamos unos metros al lado contrario para ver algo más de este valle. Algunos decidimos esperar a los pocos metros mientras otros subían a un pequeño cerro cercano. Eran las 14:10 horas.
Retomamos la marcha regresando al cruce y encaminándonos hacia dicho hayedo, el cual no sabíamos donde estaba ya que el guía no soltaba prenda. Los pinares nos rodeaban por ambos lados, aunque el camino era ancho y nos dejaban ver el paisaje. Al fondo veíamos otra collada más o menos a la misma altura. Ahora sí estábamos en el mismo límite provincial con Lugo.
A las 14:45 horas llegamos a dicha collada en la que un indicador marcaba “Tanque a 150 metros”. El camino bajaba hacia dicho lugar, que suponíamos era la fuente. Algunos se adelantaron mientras otros esperábamos a ver si merecía la pena o no bajar. Por debajo del camino veíamos también el hayedo, aunque no había señales de rutas. Al poco tiempo les vimos regresar y nos decían que no merecía la pena bajar. Por su parte, José Antonio ya se había metido hacia el hayedo.
Reunidos todos en aquel punto, del que partía un cortafuegos loma arriba, acordamos, como ya habíamos hablado antes como posibilidad, ascender hacia el pico Faro que ya no se veía lejano ni complicado. Ana Rosa era a la que más le costaba subir ya que no estaba acostumbrada a estas marchas, pero íbamos a tomarlo con calma y sólo teníamos un repecho fuerte ahora al comienzo. Di una llamada a José Antonio para decirle simplemente que nos íbamos a la cumbre y emprendimos entonces la ascensión a las 14:55 horas por aquel cortafuegos con vistas a los valles lucenses.
La primera pendiente sí se hacía notar, pero no fue muy larga y enseguida se suavizó. Llegamos entonces al cruce con el camino que venía de la collada de “Tres Vecinos” y allí me di cuenta de un error de orientación que yo tenía. Estaba convencido de estar subiendo por el lado contrario a dicha collada cuando en realidad los estábamos haciendo en ángulo de 90º. Mientras el camino bordeaba otra loma, el cortafuegos subía directamente por la misma. Los de adelante habían tomado éste, aunque yo pensaba que era mejor seguir ahora el camino ya que igual había que bajar la loma si se iba por el cortafuegos. Al final tiramos todos por éste y acertamos ya que había que bajar muy poco, aunque el camino se unía allí mismo también.
La sorpresa fue grande al alcanzar aquel alto y ver en la última cuesta antes de la cumbre a nuestra compañera Nati. Ella se había separado de nosotros en la minicentral y la habíamos visto subir por un camino de la parte contraria del valle cuando estábamos en el hayedo. Lo que no nos esperábamos era encontrarla allí en la cumbre. Fue la primera en llegar de todos, lo cual nos alegró de verdad, ya que habitualmente no se decide a subir a las cumbres y siempre queda haciendo alguna ruta cercana.
A las 15:25 horas alcanzamos nosotros esta cima del pico Faro con 1615 metros de altitud en la que había un punto geodésico y un montón de piedras apiladas a su lado. En el mismo encontramos un envoltorio de papel aluminio con una tarjeta de cumbres dentro. No quedamos contentos y seguimos rebuscando quitando algunas piedras más hasta dar con un bote de rollo fotográfico en el que había otra tarjeta del mismo grupo. Pues bien, como no hay dos sin tres, en el fondo del montón había un nuevo bote con otra tarjeta igual a las anteriores, lo cual ya era el colmo de la casualidad. Tres tarjetas iguales de un mismo club, “Peña Trevinca” de Vigo, y de tres fechas diferentes. Una de ellas estaba toda mojada y la pusimos a secar al sol. En uno de los botes dejamos la nuestra y otra dejó Miguel Ángel en representación de su club Collalampa.
Sin más nos acomodamos para comer tranquilamente disfrutando de la amplia vista que teníamos. El sol lucía claro, pero soplaba una ligera brisa que incomodaba un poco. Desde allí podíamos ver los valles de Lugo así como un viaducto de la autovía que sube a Cebreiro. Hacia el Este podíamos contemplar Ponferrada en la lejanía y desde un poco por debajo de la cumbre también se podían divisar unas casas de Busmayor así como el bosque por el que habíamos subido. Mientras comíamos llegó José Antonio. A su pantalón se subió un curiosos insecto palo.
Antes de emprender el descenso sacamos una foto de grupo en la cumbre y a las 16:50 horas comenzamos la bajada. Nati había dejado la mochila en el camino un poco por debajo de la cumbre. Desde la cima salía un cortafuegos hacia la parte contraria que podíamos haber cogido, pero ya habíamos comenzado a bajar por el camino y no retrocedimos. En la pequeña collada enlazamos con el camino que venía por la loma y bordeamos la cumbre por el Oeste hasta la parte Norte. En el medio de otro cruce había un “artefacto” ya oxidado que nos pareció un recipiente para recoger y medir las precipitaciones de lluvia en la zona. Nati se había encontrado a la subida una azada medio enterrada en el camino y la llevaba consigo. La saqué una foto con ella y este depósito.
Por el ancho camino comenzamos a descender bajo la falda de la cumbre entrando en el valle de la Baliña Grande. Las laderas estaban recién repobladas de pinos que apenas se distinguían en el terreno. La intención ahora era encontrar una cueva en la ruta cuyo indicador había visto Nati al subir por aquel camino. En la foto satélite que yo llevaba me la marcaba en una zona cercana e íbamos pendientes para no dejarla atrás. Mª Jesús y yo quedamos por detrás y en un determinado punto, comparando la foto y el paraje, nos pareció que estaba allí. Además vimos cómo el resto había dado un giro y estaba retrocediendo por el valle arriba desde el cruce de la señal. Nosotros dos decidimos bajar directamente desde allí por una pendiente de gran inclinación y con terreno resbaladizo donde había que cuidarse para no patinar. No era mucho tramo tampoco y enseguida llegamos al sendero bajo adelantando así a los compañeros.
Entre helechos caminamos unos metros viendo enseguida la entrada de la cueva en un roquedal medio tapizado por vegetación. Mª Jesús había visto la misma en Internet y había entendido que se trataba de una cavidad con dos salidas, pero al llegar comprobamos que no era así. Se trataba de una cueva de unos 15 ó 20 metros de largo que terminaba en una chimenea cegada por unas rocas, como comprobé sacando una foto con flash hacia arriba. Aún así era una cavidad bonita por las formaciones de las paredes. Desde la misma se veían los prados en los que nos había comentado una pareja con la que nos habíamos cruzado, podían verse animales salvajes pastando por las mañanas. A la entrada de la misma, un poco ya dentro, había musgo verde que contrastaba con el color de la piedra. En el exterior vimos un curioso efecto óptico. Había un trozo de pared estrecho con las vetas verticales y cubierto en la parte alta por una mata de ramaje que le confería totalmente el aspecto de un autentico árbol.
A las seis de la tarde retomamos la marcha saliendo al camino principal por el que seguimos bajando hacia el pueblo. El bosque de la parte contraria seguía ofreciendo una bella vista con los rayos solares del atardecer. En los prados continuamos encontrando setas de varios tipos. Mas abajo encontramos otro cruce en el que uno de los ramales nos metía de nuevo al hayedo. Al subir nos había quedado por ver una cascada de “cola de caballo” y algunos decidieron ir ahora a verla. A mí me parecía que había que subir mucho para ella y decidí pasar de ello. También algunos compañeros optaron por no desviarse ya del camino y así, a los pocos metros, encontramos un merendero en el que decidimos parar unos minutos y hacer tiempo a que el resto subiese.
En el mismo había dos mesas de piedras con bancos, una parrilla y un recinto con un contenedor de basuras. Desde allí ya se veía el pueblo cercano, a poco más de un kilómetro. En los bancos nos acomodamos y algunos incluso merendaron algo. Ya se notaba el fresco del atardecer allí a la sombra así que, tras media hora de descanso, emprendimos la marcha a las 18:50 horas.
A escasos metros encontramos una bonita fuente de piedra en la que caía un chorro de agua. Bajando suavemente llegamos al punto en el que se cerraba el circuito de la ruta del hayedo y al mismo tiempo que nosotros llegaban los compañeros desde la cascada. Todos juntos retomamos la marcha hacia el pueblo ya cercano al que entramos a las 19:05 horas. En una plaza vimos una bonita fuente con una rueda de molino de la que caía el agua. Diez minutos tardamos en atravesar sus calles tranquilamente hasta llegar al bar donde teníamos los coches aparcados.
Sin más nos cambiamos y entramos al bar, que a vez es un Centro de Turismo Rural. En él tomamos un refrigerio y algunos incluso echaron unas partidas a las cartas. A las 20:00 horas, ya con la noche encima, emprendimos el regreso a León. Por la estrecha carretera hicimos los 20 kilómetros hasta enlazar con la autovía. Por ella circulamos sin novedad hasta Astorga donde la abandonamos para hacer el último tramo por la nacional hasta la capital donde llegamos cuando eran las diez de la noche. En Guzmán dejé a varios compañeros y ya en Armunia a Mª Jesús antes de llegar yo a casa.
Unos 15 días de retraso hubiese sido ideal para hacer esta ruta. Aún así no resultó nada mal y disfrutamos de los bellos paisajes boscosos y las panorámicas desde la cumbre.
















lunes, 4 de octubre de 2010

VII ENCUENTRO "CUMBRES DE LEÓN" TORREBARRIO - 03-10-10

 


VII ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”. HOMENAJE A ROBERTO PÉREZ.

1ª TRAVESÍA “TORREBARRIO- REFUGIO DE LAS ARGAXADAS- TORREBARRIO”.

03-10-10      (Domingo)

Como ya es habitual en torno a estas primeras semanas del otoño, hemos celebrado el encuentro del club de montaña. El mismo pretender reunir a la mayor parte de los socios del club para realizar una marcha por montaña y terminar la jornada con una comida o merienda en algún establecimiento hostelero cercano. No me olvido que igualmente es un pequeño homenaje a Roberto Pérez, nuestro compañero fallecido hace tres años por estas fechas también.
En esta ocasión se programó la ascensión a Peña Ubiña Pequeña, lo cual no pudo ser por la pésima climatología que tuvimos este día. La lluvia, viento y niebla nos impidió alcanzar el objetivo al que incluso ya desde abajo desistimos de llegar. Aún con esa previsión meteorológica decidimos realizar la actividad ya que teníamos reservada la comida en Villasecino, en “Casa García”.
Tras la baja de última hora de Arancha, 14 fuimos los finalmente animados a participar en esta salida: Mateo, Alejandro, José Antonio, Antonio, Toño, Piedad, Nati, Ricardo, Macrina, Irene, Álvaro, José Luis, Cundi y yo. En Guzmán nos reunimos todos excepto Ricardo que estaba en el pueblo. En los coches de Toño, José Antonio y Alejandro nos repartimos para emprender el viaje poco después de las 8:00 horas. El cielo estaba cubierto por completo y no tardó en echarse a llover. El viento soplaba con fuerza, de hecho estaba en alerta la provincia este día.
En La Magdalena entramos a la autopista para pasar el tramo del pantano abandonándola tras el puente colgante de Luna. Así llegamos a San Emiliano donde estaba esperando Ricardo que se nos unió para recorrer el último tramo a Torrebarrio. Subimos hasta la iglesia y allí aparcamos los coches. El viento soplaba fuerte en aquel paraje y la lluvia seguía insistente. Las cumbres estaban totalmente ocultas por la niebla que se cerraba desde media altura. Visto este panorama decidimos abandonar la idea de la ascensión y ver si al menos podíamos hacer la ruta por el Ronzón a Casa Mieres y bajar a Pinos y San Emiliano. Allí tenía el coche Ricardo con el que podíamos subir a por los otros. Algunos decidieron no ascender por la ladera y hacer una ruta por la carretera hacia San Emiliano de nuevo e incluso si podían llegar a Villasecino.
A las 9:45 horas emprendimos la ascensión los demás por el sendero que partía de la misma iglesia y pasando al lado del cementerio adyacente. Comenzamos ya saltando la primera alambrada para meternos en la loma por la que subimos buena parte de la ladera. La hierba ya amarillenta se tumbaba por la fuerza de viento que venía de suroeste y que en las cimas hacía pasar las nieblas a velocidad de vértigo.
Poco a poco íbamos ganando altura por el medio de la loma que dividía dos vallinas. Por la izquierda veíamos el barrio alto de Torrebarrio, Cubiechas. El sendero subía un poco por debajo de la parte alta de la loma bordeando zonas rocosas en la misma. Así salimos a un ancho camino más arriba por el que transcurre la ruta de Cuatro Valles “El Entorno de Ubiña”. Por él caminamos un pequeño tramo antes de abandonarlo siguiendo otro sendero por el que también transcurre la ruta que se dirige hacia la collada del Ronzón. La pendiente se hizo pronunciada camino de la misma por la pradera amarillenta. En ella nos encontramos con una manada de caballos a los que nos acercamos sin que se asustasen.
Atravesamos una zona de grandes rocas y algunas hondonadas por debajo de Peña Ubiña Grande. Enseguida comenzamos una subida directa hacia la collada oculta tras la niebla ya cercana. A media altura estaban algunos compañeros más adelantados esperando. Por el walkie me había comentado José Luis, que había llegado a la collada, que el viento era exagerado y un grupo que había intentado la ascensión a Ubiña Pequeña había desistido.
A las 11:15 horas nos reunimos en aquel punto donde dilucidamos qué hacer. Algunos decidieron abandonar la idea de seguir y optaban por dirigirse hacia el refugio de las Argaxadas, en la falda de Ubiña Pequeña. Yo opinaba seguir a la collada aguantando lo que fuese ya que hacia la parte contraria podía soplar menos al venir el viento de ésta en la que estábamos. Lo que no me parecía lógico era seguir solo por llegar a la collada cuando allí no se veía nada. Total que nos dividimos en dos grupos y nosotros nos dirigimos hacia arriba para hacer la ruta.
Enseguida Mateo y José Antonio, que iban algo por delante, cambiaron de opinión viendo que la cosa se ponía fea. Entonces cambiamos de dirección para seguir al resto del grupo hacia el refugio. Bajamos unos metros y pasamos una vaguada antes de meternos bajo las paredes de Ubiña Pequeña. Atravesamos un pequeño arroyo y más adelante encontramos un grupo de vacas pastando. De nuevo cruzamos una zona de grandes rocas ya con el refugio a la vista. Íbamos Álvaro y yo juntos mientras Mateo y José habían quedado por detrás.
A las 12:00 del mediodía llegamos nosotros al refugio de Las Argaxadas. Se trataba de un pequeño edificio de piedra con unos camastros dentro y chimenea. En él estaban los compañeros que habían llegado poco antes y al poco llegaron los dos restantes. El viento se oía silbar entre las ventanas y nos abría la puerta. Los que habían llegado primero decidieron emprender ya la bajada mientras el resto esperábamos un poco más. Tras una media hora en él retomamos nosotros también el descenso.
Siguiendo los senderos con dirección al pueblo atravesamos algunas vaguadas. La niebla se mantenía en la parte alta formando una línea bien definida a media altura en todo el paisaje que contemplábamos. El viento seguía azotándonos a pesar de ir perdiendo altura. Atravesamos numerosas alambradas que surcaban la ladera delimitando praderías para el ganado. Había que tener cuidado con ellas ya que los pinchos nos podían romper la ropa o mochilas. En uno de esos prados había varias vacas pintas, que no son muy habituales en la montaña. Se ven más las pardas.
Nos fuimos metiendo en una vaguada con vegetación alta que decidimos abandonar temiendo que se nos cerrase más abajo. Cambiamos de dirección paralelos a la ladera y en otra vaguada atravesamos un arroyo para salir luego a un sendero. En dicha vaguada vimos numerosos árboles cuyo verdor destacaba entre la hierba amarilla.
Dicho sendero nos fue subiendo suavemente hacia la iglesia ya que habíamos bajado unos metros por debajo de la misma. A las 13:30 horas llegábamos nosotros al final de la ruta. Los primero ya habían marchado en el coche de Toño. Seguía lloviendo copiosamente y solo nos quitamos la ropa de encima para no empapar el coche. Enseguida emprendimos el trayecto hacia San Emiliano donde llegamos en pocos minutos.
En casa de Ricardo nos cambiamos y sin más nos dirigimos hacia Villasecino donde teníamos la comida reservada. Sin un ápice de mejoría en el tiempo llegamos a dicho pueblo distante escasos 5 Km a las 14:15 horas. Sin más entramos al restaurante donde enseguida nos atendieron. Como ya estaba reservada, y a pesar de llegar antes de la hora acordada, nos acomodamos en el comedor, en el que se juntaba numeroso personal en las demás mesas. En el menú teníamos varios platos de primero, de segundo y postres a elegir, por lo que cada uno pidió lo que mejor le pareció. El precio de todo ello supuso 18 €.
Allí estuvimos hasta poco antes de las cinco de la tarde que emprendimos el regreso a León. Durante el mismo volvimos a sufrir los envites de la lluvia y el viento que parecía incrementarse cada vez más. Los limpiaparabrisas del coche de Toño no daban abasto a limpiar la lluvia. Tuvimos una pequeña incidencia en la autopista al entregarle mal el billete en uno de los peajes. Entendieron que íbamos con dirección a Asturias en vez de León, pero no pasó de ahí la cosa.
Ya por la carretera comarcal hicimos los últimos kilómetros a la capital donde llegamos a las 18:00 horas. Al poco de dejar en Guzmán a los compañeros y ya de camino a casa en el coche de Toño me llamó José Antonio para decirme que había olvidados los bastones en su coche. Justamente íbamos a pasar por delante de su calle en ese momento y nos detuvimos a recogerlos. Pues bien, al salir corriendo del coche, ya que seguía lloviendo, se me cayó la cámara de fotos al suelo golpeándose una esquina. Resulta que durante toda la ruta había usado la vieja, que como ya he comentado en otras ocasiones, está un poco rayado el objetivo pero así no arriesgo la nueva con la lluvia, ya que además las fotos han salido borrosas por ese motivo al mojarse la lente. Pues bien, ya en el restaurante usé la nueva y la metí en otra funda ya que la anterior estaba mojada. El problema es que ésta no cierra bien y por eso se me escapó cayéndose. En principio no he visto luego que tenga ningún fallo de funcionamiento.
En pocos minutos me dejó Toño en casa terminando así esta jornada pasada por agua. Al poco rato apareció aquí en Armunia el primer rayo de sol que vimos en toda la jornada y que no tardó en desaparecer. Estos siguientes días estoy comiendo a base de truchas...........................









lunes, 20 de septiembre de 2010

RUTA DEL GALLO (Cármenes) 19-09-10

 


1ª TRAVESÍA “RUTA DEL GALLO”.

19-09-10     (Domingo)

Para este domingo teníamos programada una marcha por el hayedo de Busmayor, en el Bierzo. Al final hemos decidido atrasar la misma para más adelante y aprovechar el estado más otoñal del bosque para ir a visitarlo. En su lugar improvisamos esta corta pero bonita travesía en las cercanías de Cármenes enmarcada dentro de las rutas balizadas por Cuatro Valles como “Ruta del Pico Gallo”.
A la misma hemos ido 7 personas: José A., Nati, Gabriela, Alejandro, Irene, José F. y yo. De Guzmán salimos a las 8:30 horas por la carretera del Torío dejando atrás los numerosos pueblos de este valle hasta llegar a las Hoces de Vegacervera. Atravesamos las mismas y no tardando terminamos el viaje en Cármenes, 1155 m. La niebla estaba cerrada en aquella zona, pero el color azul se intuía en la parte alta.
Aparcamos en la plaza de la iglesia y nos preparamos para la ruta que comenzaba allí mismo. A las 9:50 horas emprendimos la marcha por la carretera que se dirige hacia la Collada de Cármenes y Villamanín y que atraviesa el pueblo. Siguiendo las señales de la ruta nos metimos por varias calles del mismo viendo en algunas casas escudos heráldicos. Por un camino abandonamos la villa subiendo suavemente hacia el Suroeste cambiando enseguida el rumbo a Noroeste. La niebla iba abriendo y comenzamos a ver las cumbres de las sierras que rodeaban el valle.
Como venía marcado en el mapa, la ruta salía de nuevo a la carretera durante unos metros antes de volver a entrar en otro camino hacia la izquierda de la misma. Tras haber recorrido unos metros por el mismo comprobamos que Nati y Gabriela no nos seguían a pesar del paso calmado que llevábamos el resto. Volví sobre mis pasos hasta salir de nuevo a la carretera viendo a lo lejos una figura que venía entre la niebla. Pronto comprobé que se trataba de otra persona y que ellas no aparecían. Por el móvil contacté con ellas averiguando que se habían metido en un camino que salía frente al anterior por la margen contraria bajando por él varios metros. Les indiqué la ruta buena y retomé la marcha alcanzando a los compañeros que esperaban más adelante.
Despacio fuimos avanzando mientras subíamos por el camino entre praderías y sebes de zarzas en las que vimos infinidad de telarañas formando un manto sobre la vegetación. Poco a poco fue despejando la niebla quedando solo en la parte baja. Dejamos atrás una furgoneta aparcada al lado del camino y más adelante unas naves ganaderas. El camino tomó dirección Sur en una larga recta entre escobas. En este tramo nos adelantó un todoterreno que subía a otras naves. Cambiamos el rumbo más arriba dirigiéndonos a una especie de colladina con una formación rocosa a la izquierda. Eran las 11:15 horas.
Desde aquel punto volvimos a ver Cármenes tras las peñas. Subiendo un tramo más alcanzamos otro alto en el que, tras desviarse unos metros del camino, se llegaba a un mirador con un cartel y una foto panorámica con los nombres de los parajes, cumbres y pueblos divisados. Entre las cimas que se contemplaban podemos contar las del Cueto Calvo, Bodón de Lugueros y el de Cármenes, Pradilla, Faro, Huevo así como el cercano Pico Gallo hacia el que nos dirigíamos. En los valles se veían los pueblos de Cármenes, Almuzara, Valverdín, Pedrosa y Lavandera.
Retomamos la marcha subiendo hacia un pinar cercano en el que no tardamos en entrar de lleno. Hablamos por el móvil con las compañeras que quedaban bastante atrás y no sabían si seguirían o no. El paisaje seguía siendo bello y el sol entre el ramaje le daba un tono destacado. Entre los pinos la ladera estaba escalonada con hierba y musgo. Más adelante, desviándonos un poco de la ruta, dimos vista al valle de Gete. Retomando la marcha por el camino encontramos un todoterreno abandonado en medio del bosque. Luego salimos a cielo abierto por la loma divisoria entre valles y con dirección al pico Gallo.
Al llegar al punto donde la ruta bordeaba la cumbre la abandonamos para dirigirnos a la misma entrando de nuevo en el espeso pinar sin sendero alguno. Pronto comprobamos que no había forma de avanzar por aquel lugar. Ni por el bosque ni rodeándolo, ya que la maleza lo invadía todo. Los senderos que parecían marcados se perdían a los pocos metros. Yo cogí uno que subía directamente por la ladera, pero al poco me pasó otro tanto de lo mismo. Pensábamos que desde una collada por la que pasaba la ruta igual salía algún sendero mejor, pero no fue así, por lo que abandonamos la idea de subir a la cima, a la que quedaban desde allí unos 40 metros de desnivel. Ésta tiene 1554 metros de altitud y estábamos a 1515 metros, la parte más alta de la ruta conocida como Trasnorios. Eran las 12:30 horas.
En aquel momento recibí la llamada de Gabriela, que estaba pocos metros por detrás de nosotros y nos había oído tras una loma. La esperamos y se nos unió enseguida. Seguimos por la ruta marcada que nos acercó hasta una zona rocosa a la que decidimos encaramarnos. Durante unos minutos tuvimos a la vista Gete en el valle Sur. Por una cresta fuimos trepando hasta alcanzar un alto que nos pareció apropiado para comer. Era la una de la tarde.
Acomodados en las mismas nos pusimos a reponer fuerzas mientras disfrutábamos del paisaje. Hacia atrás, al fondo, subía la falda del pico Machamedio al que desde la ruta se accede fácilmente. Por la ladera Norte se fundía el pinar con el hayedo del Monte Brición por el que teníamos que bajar.
Poco después de las 14:00 horas retomamos la marcha siguiendo por el cresteo aquel paralelo a la ruta. En el mismo vimos una enorme roca con forma de torreón circular. Ya cerca de un grupo de hayas vimos a Nati en la collada por la que habíamos pasado y la esperamos. Como no había comido se acomodó para hacerlo allí mismo mientras nosotros retomábamos la marcha con tranquilidad. Nos acercamos hasta otras rocas más al Este, Peña Grande, desde las que se podía ver la caída hacia la carretera
Comenzamos sin más a descender por la ladera Norte hacia el gran hayedo en el que se internaba la senda que poco antes habíamos retomado tras abandonarla en la collada hacia la cresta. Aquí se nos alcanzó una pareja conocida de Alejandro y fueron ellos los que comentaron que la cumbre del Gallo era inaccesible. Era impresionante ver el hayedo que cubría la mayor parte de la ladera y como se fundía con el pinar en la falda de esta cumbre.
La pendiente se acentuó de forma inhóspita poco antes de entrar en el bosque. En el mismo pudimos ver ejemplares de hayas centenarias y con troncos de formas retorcidas y caprichosas. Era realmente un paisaje impresionante y bello. El sendero transcurría entre todo ello bien pateado y con marcas de pintura como señal de la ruta. Saqué varias fotos en aquel paraje lleno de misterio.
Al final del mismo salimos a un ancho camino que faldeaba la ladera paralela a la misma. Un indicador de madera nos marcaba 3 Km. a Cármenes o una hora de camino. Seguíamos entre bosque un poco menos espeso y atravesamos algunos regatos medio secos. Comenzamos luego a subir suavemente entre más arboleda y helechos hasta salir a cielo abierto más adelante. En una piedra vimos una pequeña colmena natural con avispas dentro. Una alambrada reciente trascurría paralela al camino y en ella se enredaban las zarzamoras con frutos ya algo pasados. Una bañera recogía agua para el ganado de un manantial cercano a través de una goma enterrada. De frente ya veíamos Cármenes y a la derecha Almuzara. Poco a poco fuimos perdiendo altura hacia el primero dejando atrás una nave y una zona de escombros. Por allí nos alcanzó Nati. En un prado vimos un rebaño de ovejas con algunas cabras y un gran mastín.
A las 16:30 horas entramos en Cármenes por otra calle diferente a la de salida. En una huerta había un bonito gallo que cantó al paso nuestro. Enseguida salimos a la carretera general por la que nos restaban caminar escasos 200 metros hasta llegar a la plaza de la iglesia donde teníamos los vehículos. La iglesia estaba abierta y entré a verla. Era muy sencilla pero bonita.
Tras cambiarnos nos dirigimos hacia el bar en el que nos tomamos unas consumiciones e hicimos las cuentas mientras charlábamos un rato. A las 17:40 horas emprendíamos el regreso a León donde llegamos sin novedades a las 18:30 horas, lo mas pronto que lo habíamos hecho desde hace tiempo.
Dimos por finalizada así este sencilla pero bonita ruta improvisada que no conocía y desde la que se pueden ampliar otras más ascendiendo a las cumbres occidentales del Machamedio o Fontún algo más alejado.
















lunes, 6 de septiembre de 2010

ESPIGÜETE (Cardaño de Abajo) 05-09-10

 


2ª ASCENSIÓN AL PICO “ESPIGÜETE”.

05-09-10         (Domingo)

Siguiendo el calendario previsto por el club de montaña para este año, nos hemos ido a la vecina provincia palentina para ascender al mítico Espigüete al que ya hace 8 años subí por primera vez. Tanto en aquella ocasión como ahora en ésta el esfuerzo que me supuso fue máximo y yo creo que incluso más ahora. Sus pendientes y pasos delicados tienen la fama bien merecida. No en vano tardé, no solo yo, cinco horas en alcanzar su cumbre.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán los diez participantes que íbamos, uno de ellos agregado de última hora. Silvano no me había confirmado del todo su participación y llegó allí a esa hora, lo cual nos hizo cambiar los planes de vehículos a llevar. En vez de ir en el de Adelino, de cuatro plazas, al final tuve que llevar yo la furgoneta junto con el coche de José Antonio. En los dos vehículos se acomodaron también Nati, Roberto, Álvaro, Mª Jesús, Mateo, Silvano, Piedad y Adelino. Pasadas las 8:00 horas salimos de León por la carretera hacia Mansilla. En Sahechores nos desviamos a Almanza y de éste a Puente Almuhey. Aquí paré a llenar el depósito y luego, estando parados cogiendo agua en una fuente, nos pillaron Ricardo y Cesar que iban a hacer lo mismo por su cuenta. Camino de Guardo entramos en Palencia y en esta localidad giramos hacia Velilla del Río Carrión. Aquí tuvimos nosotros un despiste y cogimos la carretera que no era y llegamos hasta Besande tras entrar en León de nuevo. Yo no iba convencido, y el resto que venía conmigo, que había ido por allí más veces que yo, no me indicaron nada. Total que recorrimos 10 Km hacia un lado y otros 10 de regreso a Velilla para coger la buena.
A las 10:15 horas llegamos al aparcamiento situado en la carretera que une los dos Cardaños y en el cual ya estaban los demás. Nos preparamos sin dilaciones y tras sacar una foto de grupo emprendimos la marcha cuando eran las 10:30 horas.
La vez anterior habíamos comenzado a subir desde allí por la misma roca, pero ésta vez decidieron seguir el camino del refugio por el valle de Mazobre. Tras unos metros paralelos a la carretera da un giro hacia el Oeste para entrar de lleno en el citado valle. En un tramo vimos un pequeño muro que contenía las piedras que caían de la ladera hacia la pista. También pasamos entre escobas altas durante unos metros teniendo el arroyo por nuestra derecha. Por la izquierda transcurría el largo cresteo hacia la cumbre aún invisible.
Tras recorrer aproximadamente 1 Km. llegamos al desvío del refugio de Mazobre en el que ya estaba Silvano como supimos por el walkie que me había dejado. Aquí hubo una divergencia del grupo. Ricardo, José Antonio y Cesar se iban hasta el fondo del valle donde se encuentra la cascada y desde la que subirían mientras el resto nos desviábamos al refugio situado en una llanura de la ladera. Por su parte, Nati ya había quedado por detrás a su aire. Eran las 11:00 horas.
Retomamos la marcha por el camino que giraba a Sureste subiendo hacia dicho refugio que pronto vimos. En él había una pareja que ya había bajado de la cumbre. Allí paramos unos minutos a coger fuerzas para el tramo siguiente a la cresta que no tenía desperdicio alguno. Tras bajar un pequeño trecho emprendimos la subida por una canal de pendiente considerable. El sendero serpenteaba por la misma lleno de grava y pequeñas rocas en las que a veces se patinaba. Echar la vista arriba era desesperante, pero poco a poco íbamos ganando altura. Por detrás habíamos quedado Adelino, Álvaro y yo mientras el resto trepaba varios metros por encima. Por el walkie supimos que algunos ya habían llegado a la cresta y se les veía la silueta a contraluz.
A las 12:30 horas, tras hora y cuarto de subida, llegamos nosotros a la cresta donde estaba esperando el resto de compañeros. Adelino llegaba en muy baja forma y decidió no seguir más; Roberto optó por quedar con su padre también allí. La vista ya era amplia y podíamos ver la cumbre del pico Murcia así como la del Tres Provincias y Peña Prieta entre otras. También se veía Cardaño de Arriba.
Retomamos la ascensión para comenzar a subir un tramo también de pendiente considerable. Entre rocas fuimos ganando altura poco a poco hacia la siguiente “terraza”. El sendero se intuía en la cresta además de estar más o menos marcado por hitos. Así llegamos a otra zona un poco más “suave” donde encontramos el primero de los pasos complicados. Se trataba de una destrepada donde había que agarrarse a la roca con la espalda hacia una caía de unos pocos metros. Era la que yo me acordaba de haber pasado en aquella ocasión y la que me metía miedo. Con la ayuda de Mateo, que ya había pasado y nos indicaba los apoyos, la cruzamos Álvaro y yo.
Enseguida llegamos a otro de los tramos conflictivos de la ascensión. Ahora se trataba de una losa casi lisa por la que había que subir aprovechando los rebajes y pocas grietas que tenía. No se subía mal del todo, pero siempre apoyando al máximo para no patinar e irse rodando abajo. Sí impresionaba echar la vista atrás y ver la pendiente de la misma. De nuevo reunión al final de esta pared donde encontramos a un joven que había subido con unos compañeros por la cara sur medio escalando. Ellos habían ido a la cumbre y les esperaba.
La cuesta no daba tregua y seguimos subiendo por la cresta con caídas impresionantes a ambos lados. El viento del Suroeste era fuerte y también había que tenerlo en cuenta en los pasos un poco aéreos. De pronto vimos aparecer por encima de nosotros, y ya bajando, a Ricardo, José Antonio y Cesar con quienes nos cruzamos en pocos minutos. A mí me daban de vez en cuando los pinchazos en los muslos que casi me paralizan en ocasiones, lo cual temía. Álvaro tampoco iba en buenas condiciones con el estómago revuelto. No tardamos en alcanzar él y yo la primera cumbre de las dos principales del Espigüete. Eran las 14:50 horas.
El paso de una a otra tampoco tiene desperdicio. Subidas y bajadas entre grandes rocas y picachos que sortear siguiendo el sendero que serpentea entre todo ello. Por allí vimos una de las varias placas colocadas en memoria de los muchos que han dejado la vida subiendo a esta cumbre, generalmente en invierno o escalándola.
Atacamos por fin la última, aunque más fácil, subida a la cumbre principal de este pico. A las 15:35 horas llegamos Álvaro y yo por fin a la cima del Espigüete, cumbre con 2451 metros de altitud habiendo partido de unos 1341 m. En ella, además de los compañeros, había otro grupo de jóvenes y aprovechamos para que nos sacasen una foto. La vista era realmente impresionante, aunque un poco diluida por la calima que había. Por numerar una mínima parte de las cumbres divisadas apuntaré la del Curavacas, Peña Prieta, Tres Provincias, Murcia, los tres macizos de Picos de Europa, Redondo, Yordas, Las Pintas, Moro, Peña Corada o Peña Oracada. Por debajo veíamos Cardaño de Abajo, pero no el de Arriba. También Valverde de la Sierra, en León, otro de los puntos de partida para esta ascensión. Igualmente veíamos los pantanos de Riaño y el de Camporredondo. Por detrás del pico Redondo se veía una densa humareda de un incendio.
Nos acomodamos para comer en torno al hito disfrutando de todo este paisaje. En la cumbre, además del punto geodésico, había una cruz y dos buzones, uno de ellos nuevo. Después de comer tranquilamente nos cercamos Mª Jesús y yo hasta la cota Oeste bajando unos metros por la cresta. Desde la misma teníamos justo debajo Valverde de la Sierra y frente a nosotros el pantano de Riaño. Divisamos todo esto y nos sacamos unas fotos antes de regresar hacia la cumbre. En este tramo fuimos viendo unos pequeños pájaros que apenas levantaban el vuelo de las rocas y conseguí sacarles unas fotos con el zoom.
Ya en la cumbre, y después de dejar nuestra tarjeta, emprendimos el descenso cuando eran las 17:10 horas. Descendimos hacia la collada entre ambas cumbres de donde partía al sur la pendiente vaguada de la pedriza por la que teníamos pensado bajar. Tuve que cambiar la tarjeta de la cámara antes de llegar a la misma. La pendiente de esta bajada es importante y el sendero resbaladizo por la grava y arenilla en la parte alta. Aunque hace algunos zigzag, hay bastantes tramos de bajada directa. Los bastones, que normalmente en las bajadas me estorban, aquí eran de gran ayuda. Algunos compañeros se fueron hacia la falda de la roca en la orilla de la vaguada, aunque no bajaban más rápido que los que seguíamos el sendero con pedreros. Por detrás comenzaron a bajar otros tres montañeros con el consiguiente peligro de desprendimiento de piedras. A mitad de la pendiente hay un escalón oblicuo que sorteamos sin dejar el sendero.
Algo más de una hora nos llevó bajar el tramo pedregoso de aquella canal hasta suavizarse en las praderías de la parte baja. Allí nos hicimos una foto de grupo con la vaguada y las dos cumbres de fondo antes de proseguir el descenso hacia un camino que veíamos y al que llegamos a las 18:41 horas. Tuvimos el error de no haberlo atravesado y haber seguido por la loma que allí estaba limpia hasta enlazar con otro de la parte baja que iba directo al pueblo. De esta forma, siguiendo el de arriba, nos fue llevando por las cabeceras de las vaguadas dando un buen rodeo.
Encontramos un manantial del que bebimos y cogimos agua y enseguida nos metimos en un bosque por el que yo me acordaba de haber bajado en aquella ocasión. Según avanzábamos con dirección sureste íbamos viendo el macizo de diferente forma y la cresta por la que habíamos subido. Entramos en un bonito hayedo donde el sol del atardecer se colaba entre el ramaje dándole un color espectacular. Ya fuera del mismo nos adelantaron los tres jóvenes que habían bajado detrás de nosotros en la vaguada.
A las 19:45 horas entrábamos Álvaro y yo en una pista de cemento ya muy cerca del pueblo. Habíamos quedado un poco por detrás y en cinco minutos llegábamos a la plaza de Cardaño de Abajo en la que algunos compañeros ya estaban acomodados en la terraza del bar tomando un refrigerio. Cuando nos separamos de Roberto y Adelino les había dejado la llave de la furgoneta y habían ido con ella hasta allí. También se quedaron con un walkie por el que nos comunicamos buena parte del día. Por su parte, Nati había llegado a la cascada de Mazobre y había bajado luego al pueblo. Ricardo y Cesar ya habían marchado.
Nos cambiamos y tomamos también nosotros una cervecita allí sentados cómodamente en la terraza. Incluso en una fuente cercana nos refrescamos un poco. A las 20:30 horas emprendimos el regreso a León. En el tramo del pantano paré a sacar una foto del pueblo y pico y más adelante unas de la bonita puesta de sol que había. Pasamos por Velilla y en Guardo saqué otra del pico desde allí. Sin más novedades hicimos el trayecto hasta Puente Villarente donde encontramos retenciones que llegaban a la capital. Nos desviamos entonces para venir por Villarroañe, aunque se da más rodeo.
A las 22:40 horas llegábamos a Guzmán donde ya estaban los compañeros del otro coche. Tras dejar a Mª Jesús en casa llegué a la mía poco antes de las 23:00 horas. Desde Cardaño hay unos 140 Km.
Aunque cansado y con agujetas, satisfecho de haber coronado una vez más esta cumbre tan destacada dentro del montañismo.