lunes, 9 de julio de 2007

IV MARCHA PROVINCIAL POR PICOS DE EUROPA - "PANDETRAVE - Cdo. TOMADERAS - POSADA DE VALDEÓN" - 08-07-07

 


IV MARCHA PROVINCIAL POR PICOS DE EUROPA.

2ª TRAVESÍA “PANDETRAVE- COLLADO TOMADERAS- POSADA DE VALDEÓN”.

08-07-07           (Domingo)

Una vez más me he apuntado para hacer una marcha con la Delegación Leonesa de Montañismo que realizaba la “IV MARCHA PROVINCIAL POR PICOS DE EUROPA” que en esta ocasión recorría una parte de la comarca de Valdeón. Hace un año había hecho esta ruta con el grupo Yordas, pero ahora se iba a ampliar con la subida al pico Gildar y eso fue lo que también me animó a ello. Al final, como se comprobará, no solo no pudimos acceder a dicho pico si no que tampoco se ascendió al Gabanceda. La climatología alocada de este año nos está haciendo variar numerosas actividades y rutas previstas.
A las 7:30 horas estaba la salida prevista de Guzmán, donde me acerqué con la moto. Ya eran casi las ocho cuando emprendimos la marcha en dos autocares no llenos. De nuestro grupo se habían inscrito también José Antonio, Álvaro y Piedad. Tras varias paradas en diferentes puntos del viaje y la última de media hora en Riaño, nos dirigimos hacia Pandetrave donde las nieblas lo cubrían todo. Eran ya las 10:30 horas. Como ya nos habían advertido, en esta situación la ruta se iba a variar haciendo solamente la opción corta, que también en principio se varió aunque luego se terminó por hacer. Ésta consistía en subir hasta la collada de Tomaderas y descender por el valle de Prada hasta Posada de Valdeón. La otra opción más larga era la ascensión al pico Gabanceda, la base del Gildar y el descenso por el valle del Cable con un total de 18 Km. Por cierto que en el primer folleto que dieron sí ponía la ascensión al Gildar aunque luego nos dijeron que solo se pasaba por la base ya que el acceso desde allí no era muy bueno.
Total que tras un rato en el alto de Pandetrave, a 1558 metros de altitud, nos pusimos en marcha cuando eran las 10:40 horas. Salimos por un camino con suave pendiente hacia abajo que no tardó en meterse entre arboleda. La niebla espesa no dejaba ver en pocos metros. Escasos minutos después cambió la inclinación y ascendimos para salir enseguida a la Vega de Prego donde encontramos numerosas vacas con crías mamando. En esos momentos salió el sol un poco entre los nubarrones. El sendero se perdía a ratos en la pradera, pero no tardábamos en volver a él mientras ya ganábamos altura teniendo delante la peña de la Silla. Echando la vista atrás podíamos ver el alto del puerto ahora que la niebla se había disipado un poco. Atravesamos algunos arroyuelos y más arriba la pendiente se hizo más pronunciada y el sendero serpenteaba por la misma. Yo iba con Álvaro tranquilamente disfrutando del paisaje y sacando algunas fotos. Por detrás aún quedaba personal y por delante se veía la hilera de montañeros en la ladera.
Al llegar a un punto vi que se tiraban a la izquierda mientras que el sendero por el que habíamos subido la vez anterior iba por la derecha más directo a la collada. Nos separamos de ellos y continuamos por dicha senda entre matorral justo por debajo de la peña de la Silla. Hacia ella vimos subir a un compañero por una de las canales del pico.
Antes de alcanzar la collada vimos aparecer por primera vez la cima del Gabanceda, que ya adelanto que yo tengo denominado erróneamente como Cabanceda, con “C”. A las doce del mediodía alcanzamos la collada de Tomaderas, con 1826 metros de altitud, donde se concentraban numerosos participantes. El podómetro marcaba tres Km. Algunos se encaminaban por la ladera del Gabanceda, a la izquierda, pero les avisaron para que retrocediesen. En cambio sí había otros que subían a la cumbre cercana de La Silla, con 1921 metros, para la que había que hacer alguna pequeña trepada por lo que veíamos. Álvaro y yo estuvimos pensando en subir, pero la niebla estaba cerrándose de nuevo y no merecía la pena. Hacia el Este, donde estaba el Gildar, no se veía cumbre alguna por culpa de ésta. Incluso el valle se estaba cerrando completamente y el Gabanceda quedó tapado en pocos minutos. Además era húmeda y calaba la ropa.
A las 12:20 horas retomamos la marcha por el sendero de la base del Gabanceda. Descendimos suavemente por entre matorral bajo hasta llegar a una zona de grandes rocas donde el personal se detuvo de nuevo. Resultó que no sabían por donde continuar. Yo había visto antes que algunos iban directamente hacia el valle poco después de la collada, pero ya habíamos dejado atrás el sendero. Si seguíamos el sendero nos llevaba a la collada de la cabecera del valle desde donde
también se podía bajar, como yo lo había hecho la vez anterior, pero el mapa marcaba la bajada antes de la misma. Decidimos entonces bajar directamente por aquella parte hacia el valle. Encontramos allí numerosas vacas con terneros y un gran toro.
Cada uno fue bajando por donde mejor le pareció. Nosotros lo hicimos por la parte derecha de una vaguada y nos llevó hasta una zona que ya veíamos llena de cortados y barrancos. Nos acercamos más que nada para ver lo que había desde las rocas cercanas. Por allí encontró Álvaro un cencerro de vaca. Por la ladera de La Silla veíamos bajar ahora algunos de los que habían ascendido desde el collado.
Nosotros bajamos hasta un arroyo antes de comenzar a subir una pequeña pendiente por la cara sur de la peña Gulugas. Por detrás vimos llegar a José Antonio con algún otro participante. De esa forma llegamos a la parte alta desde la que vimos la majada de Montó en el fondo del valle principal. Álvaro y José Antonio se adelantaron y quedé por detrás con algunos más que bajaban también por esa parte.
A las 13:50 horas, con 6,400 Km recorridos, llegué a la caseta donde había numeroso personal comiendo. Allí lo habíamos hecho también la vez anterior y en el mismo sitio nos sentamos Álvaro y yo para comer. José ya había marchado sin parar. En el cielo se abrieron algunos claros y vimos lucir un poco el sol así como contempla las cumbres que dejábamos por atrás. Lo que no se veía era el Macizo Central de Picos de Europa, que desde aquel lugar tenía una vista espectacular. Ahora estaba totalmente cerrado de oscuras nieblas.
Allí paramos a comer durante una media hora antes de retomar la marcha por un ancho camino hacia Posada de Valdeón. Un indicador marcaba dos horas a Prada, pueblo anterior y muy cercano a Posada. El primer tramo tenía una pendiente pronunciada y zigzagueante. El bosque era la nota predominante en muchos tramos de este valle. Encontramos igualmente gran variedad de flores de vivos colores. Enseguida vimos la cumbre del Gabanceda que antes estaba oculta por la de Gulugas. En los prados cercanos al arroyo seguimos viendo ganado pastando. A los lados del camino encontramos varios ejemplares de hayas con formas retorcidas. Por la izquierda caían unos cuantos pedreros que se desprendían de las altas crestas rocosas que se alzaban en lo alto. Pasamos luego al lado de la majada de Brez cerca de la cual también vimos grande helechos.
En el cielo se abrían de vez en cuando algunos claros por los que se colaba el sol, pero no tardaban en cerrarse de nuevo. Al poco de pasar el collado Colgadorio dimos vista a Santa Marina de Valdeón en el valle que sube a Pandetrave. A partir de allí el camino comenzó a bajar más bruscamente serpenteando por la ladera. Entre la arboleda y los helechales vimos enseguida Prada y Posada de Valdeón. Detrás de ellos se alzaba, aunque también invisible por la niebla, el Macizo Occidental de Picos de Europa. Sí se podía ver la parte baja con la subida y la Vega de Llos.
Sin darnos cuenta entramos en Prada cuando eran las 16:00 horas. Además de numerosos hórreos vimos una balconada con solera y una bonita fuente de piedra del año 1939. Casi unido a éste se encuentra Posada de Valdeón, principal núcleo urbano del valle. Al lado de una panadería vimos un jabalí disecado cerca del cual andaba un gato husmeando. A las 16:10 horas terminamos la ruta en la plaza principal de Posada. En la terraza de un bar cercano estaba José Antonio y José Fernández junto con otros amigos. En la calle de entrada estaba aparcado el autocar numero dos, pero no el uno donde yo tenía la ropa de repuesto. Aun tardó en llegar éste casi una hora en la que estuvimos esperando y charlando. En un carro habían plantado varias flores protegiendo la madera con un envase plástico. Atado a él había una curiosas rama de árbol modelada con forma de burro.
A las cinco y media nos dirigimos al cercano restaurante “Cumbres Valdeón” donde nos tenían preparados unos pinchos de la zona, como queso o cecina, con refrescos y vino para tomar. A la vez hicieron un pequeño sorteo de algunos regalos entre todos los participantes.
Eran ya las 19:30 horas cuando emprendimos el regreso a León. Subimos el puerto de Panderruedas donde la niebla estaba cerrada del todo. Ya de bajada hacia Riaño fue abriendo y salió el sol mientras bordeábamos el pantano. Santiago Morán iba contando numerosas historias de la zona que escuchábamos con interés los que íbamos cerca de él.
La nota negativa la tuvimos al llegar a Crémenes. Allí fuimos detenidos por los motoristas de la Guardia Civil ya que por lo visto el chofer había invadido el carril contrario pisando línea continua. Nos tuvieron una media hora antes de poder retomar el viaje. Ya sin novedades llegamos a Cistierna donde paramos a dejar a los de Sahagún y en otro pueblo más adelante.
Eran las 21:00 horas cuando entramos en la capital y en pocos minutos llegamos a Guzmán donde terminamos el viaje de regreso. Álvaro y José habían venido en el otro autocar que nos llevaba media hora de adelanto. Me dirigí a por la moto que había dejado aparcada a la sombra en la avenida de Roma, para evitar el intenso calor del sol que le da en el aparcamiento de la facultad, y en ella volví a casa tras una jornada más de montaña que después de todo no resultó un fracaso.

















lunes, 2 de julio de 2007

POLVOREDA (CORRECILLAS) - (Correcillas) 01-07-07

 

6ª ASCENSIÓN AL PICO “CORRECILLAS”.

01-07-07                  (Domingo)

El comienzo de esta jornada fue del todo irregular teniendo en cuenta que los planes previstos eran para realizar una travesía por los Puertos de Áliva, en Picos de Europa. La causa de este repentino cambio las resumo a continuación brevemente.
Mientras que Javier Fernández y Javier Traseira habían marchado el día antes, Luis y yo quedamos para hacerlo el domingo por la mañana temprano. A las 6:30 horas me llama éste para decirme que está esperándome en el cruce del Plus donde habíamos quedado, pero que no tiene ninguna gana de ir. Bien; le comento que se acerque hasta casa y lo hablamos. Resulta que no ha dormido en toda la noche y está demasiado cansado para hacer el viaje y la ruta. Le convenzo para que deje su coche y llevo yo el mío, por lo que hacemos el cambio. Poco convencido aún saco la furgoneta del garaje y mete el suyo. Emprendemos entonces el viaje de 200 Km. hacia Fuente De saliendo por la ronda sur de León. En este tramo continúa sin convencerse e intento hacerle entrar en razón ya que no es lógico que después de haber madrugado tanto nos quedemos en casa. Incluso le comento la posibilidad de quedar mas cerca y hacer una ruta más sencilla, pero no entra en razón. Al final doy la vuelta en Valdelafuente y regreso a casa donde recoge su coche y se va.
A mí no me compensaba marchar hasta Fuente Dé yo solo para hacer la ruta aunque allí estuviesen los dos compañeros. Mirando el calendario de rutas de la Delegación veo que el Collado Jermoso hace una travesía por el puerto de La Mesa, pero no sé a que hora salen y si hay plazas, claro. Con la furgoneta me acerco hasta León a ver si por casualidad coincido con ellos en Guzmán o Santo Domingo. Tras esperar hasta las ocho en un sitio u otro veo que no hay suerte y decido entonces irme por mi cuenta hacia la zona del Torío con la intención de subir al Correcillas.
Hacia la montaña se ven numerosos nubarrones ya que además el pronóstico no es alentador. Por suerte se mantienen hacia la parte norte y el Correcillas queda despejado por completo. También pensé en el Fresneda y Enrasadas de Vegacervera, pero al final me metí hacia el pueblo de Correcillas para subir el pico desde allí ya que siempre lo había hecho desde Villalfeide o Rodillazo. Siguiendo una estrecha y serpenteante carretera me dirigí hacia éste y al llegar a una curva cerrada, a escaso un kilómetro del pueblo, aparqué la furgoneta ya que vi un lugar ideal para comenzar la ascensión. (1190 m).
Eran las nueve en punto cuando me puse en marcha retrocediendo unos metros por la carretera hasta el puente sobre el arroyo de Correcillas pasado el cual me metí directamente en la ladera. La pendiente no era muy pronunciada ya que lo iba cogiendo transversalmente por la mitad de la falda. De esa forma alcancé una cresta desde la que vi por primera vez el pueblo de Correcillas al final del valle.
Subiendo aquel tramo hice una llamada a Javi Fernández para avisarle que no nos esperase. Me dijo entonces que en aquella zona estaba muy cerrada la niebla y con pocas posibilidades de mejora, lo cual era un pequeño consuelo tras el imprevisto cambio. Luego he sabido que ellos no hicieron nada más ese día volviendo a León enseguida.
Por encima veía varios espacios rocosos alternados de verdes laderas que son pesadas de ascender. Procuré ir buscando la roca, aunque no siempre era posible. Siguiendo un sendero me llevó a una pequeña colladina desde la que se podía contemplar el valle del arroyo de Santiago por el que más tarde bajaría. El mismo se metía en dicho valle por la falda oeste del pico, pero no lo vi claro y opté entonces por cambiar el rumbo hacia el este hasta que vi en el fondo del valle el pueblo de Villalfeide.
La ladera del Correcillas por aquella parte sur se compone de varias terrazas de roca y verde que se alternan unas tras otras. Por todas ellas fui pasando con más o menos ritmo según la pendiente de las mismas. Del noroeste aparecían de vez en cuando algunos negros nubarrones que no hacían presagiar nada bueno, aunque de momento iban pasando sin más. Poco a poco se fue ampliando el paisaje y comencé a ver numerosas cumbres tanto cercanas como alejadas. Justo por encima de Correcillas pueblo salía Peña Galicia y no muy lejos se alzaba Valdorria. Entre ellas y al fondo estaba el macizo de Peña Corada. Hacia el sur podía contemplar a simple vista la ciudad de León ya que esta cumbre está en primera línea de la cordillera. También comenzó a sobresalir la chimenea de la central térmica de La Robla hacia el suroeste.
De esa forma fui girando hacia el este y sin darme cuenta tuve a la vista el hito de la cumbre a escasos metros. Exactamente dos horas después de salir, cuando eran las 11:00 horas, alcancé esta cumbre cuya altitud ronda los 2000 metros ya que según el mapa que se mire suben o bajan la misma unos metros. Lo primero que eché en falta fue la antena que había la última vez que lo subí en 2001. De ella solo quedaban algunos anclajes en el suelo. En la cima solo había un hito y el buzón con algunas tarjetas sin dirección que dejé allí junto con la mía. Además de las cumbres mencionadas podía ver ahora las del norte como el Brañacaballo, Fontún, Tres Marías e incluso las Ubiñas cerradas en parte por la niebla. Allí cerca tenía el Fresneda y Las Enrasadas por encima de Vegacervera, pueblo que contemplaba junto con Villalfeide, Coladilla y otro que podía ser Valle de Vegacervera o Villar del Puerto. Justo por debajo de mí estaba el Valle del Marqués con numeroso ganado pastando en él.
A la sombra del hito me acomodé para comer un bocata mientras contemplaba todo aquel amplio paisaje. Aunque el sol calentaba, el viento que corría me hizo poner la chaquetilla del chubasquero, ya que la sudadera la había dejado en el coche. Luego, aprovechando el hito como base, hice unas fotos de León con el zoom, aunque no quedaron muy nítidas. Sí que podía verse con toda claridad todo el valle del Torío y el paralelo de Manzaneda. Lo que no veía era la furgoneta que quedaba tapada, por muy poco, tras las laderas del pico. Como ya había ido haciendo durante la subida, me saqué también a mí alguna con el disparador.
A las doce del mediodía emprendí el descenso. Decidí hacerlo hacia el Valle del Marqués para bajar luego por el camino hacia Correcillas. Siguiendo la cresta de la cumbre bajé pegado a la caída este del pico. Hacia atrás había ahora una bonita vista de la cumbre y los cortados escarpados de este parte. Así fui descendiendo hasta meterme de lleno entre escobas que me dificultaron un poco el avance, aunque las fui sorteando como mejor pude. En las zonas de pradera se podían ver numerosas flores de colorido espectacular que fotografié, naturalmente.
En vez de llegar al fondo del valle lo fui bordeando directamente hacia la entrada del mismo. Desde allí pude ver el camino que une Rodillazo con Correcillas a través del collado de Santiago que también se veía desde allí. Bajando la corta pendiente hacia el mismo me crucé con tres jóvenes que iban al pico. Estuve hablando unos minutos con ellos y me comentaron que poco más abajo, con dirección a Rodillazo, habían visto una bandada de buitres en torno a una res muerta.
Decidí entonces bajar unos metros hacia aquella parte y pude ver un momento este cuadro, aunque enseguida retomaron el vuelo. Entre unos matorrales estuve media hora esperando a ver si bajaban y solo uno lo hizo sin acercarse tan siquiera a la vaca. Todos rondaban por encima y se posaban en las rocas cercanas, pero no conseguí fotografiarlos al lado de la misma. A la una y media retomé la marcha subiendo unos metros hasta el collado de Santiago, (1600 m), donde encontré numeroso ganado pastando en los prados. Algo por debajo, ya con dirección a Correcillas, levantaron el vuelo unos cuantos buitres y supuse que podía haber algún otro resto cercano. El podómetro marcaba allí 6,700 Km, aunque en ascensiones no es muy fiable. Ya metido en el valle crucé el arroyo siguiendo el camino que continuaba paralelo a él. En lo alto de unas rocas pude ver un par de buitres acechando, ¿quizás a que yo cayese?
Cómodamente fui bajando por el camino bien marcado viendo alguna pequeña cascada en el cauce del arroyo. Algunos tramos tenían una pequeña tapia de piedra a la parte derecha hacia el arroyo. Poco a poco fue apareciendo la cumbre del Correcillas por la parte derecha junto con el cresteo que había bajado hacia el valle del Marqués. En esta cresta pude distinguir entonces a los tres chicos con los que había hablado anteriormente. En los prados me seguía encontrando ganado pastando. Atravesé algunos arroyos que bajaban por la ladera izquierda del camino y me metí entre arboleda algunas veces. Por la ladera del Correcillas comencé a ver un numeroso rebaño de cabras y ovejas siguiendo un sendero. Por el camino me crucé con un gran mastín.
Ya se me estaba haciendo un poco largo el camino cuando por fin vi la carretera que subía al pueblo y la furgoneta aparcada a su orilla. No tenía que estar ya muy lejos de Correcillas, aunque aún no lo veía. Fue en este tramo donde de pronto me topé con una culebra que casi piso. Tenía unos 30 cm de largo y su piel era de un tono dorado. La grabé un poco y fotografié mientras se deslizaba muy lentamente hacia los matorrales. Pocos metros más adelante vislumbré las primeras casas del pueblo entre la arboleda. Desde la collada llevaba 4,500 Km.
En pocos minutos, cuando eran las 15:05 horas, entré en este bonito pueblo al que no iba desde el año 1986 en una travesía desde Las Hoces de Vegacervera a La Vecilla. Me acerqué a ver la fachada de la iglesia y paseé por sus calles de típicas casas muchas de ellas de piedra. En una placa de “La Crónica de León” de 1990 lo reconocía como el pueblo más bonito de la provincia. Unos minutos estuve esperando a ver si pasaban unos nublados para poder sacar una bonita foto del pueblo con el pico de fondo. Mereció la pena.
Salí del pueblo por la carretera y a escasos 800 metros tenía la furgoneta aparcada. Eran las 15:20 horas cuando terminé esta ruta de 12 Km según el podómetro, algo menos teniendo en cuenta que ascendiendo no cuenta fiable los pasos. Me cambié la camiseta sudada y enseguida emprendí el regreso a León. De nuevo con precaución recorrí el tramo estrecho y lleno de curvas hasta Villalfeide. Allí me encontré con Isabel, Nati y otras compañeras que venían desde Aviados y se habían equivocado en la ruta. Querían haber pasado por Correcillas y se habían metido por el monte a través. Ahora venían hacia Matallana a coger el tren y las invité a traerlas hasta allí o incluso para León, ya que eran cuatro. Optaron por seguir caminando ya que era pronto y me despedí de ellas. Sin más novedades continué el viaje hacia la capital parando un par de veces para sacar el pico que se iba cubriendo de nubes cada vez más. Sobre las 16:30 horas llegué a casa tras esta corta pero completa jornada de montaña que no comenzó con buen pie pero que resultó del todo satisfactoria.
Esta era la segunda vez que hacía algo solo, siendo la primera la ascensión al Remelende un primero de mayo de 2003. Por norma, y con sentido común, no conviene hacer actividades de este tipo uno solo. Aunque lo que generalmente hacemos en el club no son actividades peligrosas, en este deporte siempre hay un mínimo riesgo. A un pequeño desliz que se tenga puedes quedar tirado en una zona donde aún con los móviles actuales, no tengas cobertura para poder avisar o no sea posible hacerlo. Como digo, salvo rutas o ascensiones sencillas como esta y siempre dejando avisado donde vas, no suelo salir solo a la montaña.



















lunes, 11 de junio de 2007

NOCTURNA "DESFILADERO DE LAS XANAS" (Villanueva - Asturias) - 09/10-06-07

 


XII TRAVESÍA NOCTURNA.

2ª TRAVESÍA “DESFILADERO DE LAS XANAS”. (Asturias).

09/10-06-07

Diez años después de realizar la primera Travesía Nocturna, continuamos con esta tradición que solo un año, al siguiente de comenzarla, se rompió. Como compensación, algún año hemos realizado dos y así se está programando desde el pasado 2006.
En esta ocasión nos hemos ido a la vecina Asturias para recorrer uno de los impresionantes desfiladeros que tiene esa provincia, el de Las Xanas, en el valle de Villanueva, Trubia o Proaza. A la misma nos hemos animado los tres “mejores” del club: Luis, Álvaro y yo, vamos, los de siempre en estas ocasiones. Después de tener que variar un poco los planes por culpa de la climatología, que este año nos está dando algún que otro quebradero de cabeza, el resultado fue del todo satisfactorio como a continuación se puede comprobar.

SÁBADO 09
Sobre las 19:30 horas de la tarde llegaron a mi casa Luis y Álvaro. En el coche del primero cargamos las mochilas, tienda y demás equipaje y sin más emprendimos el viaje hacia la provincia colindante. Tras comentar cual de las tres alternativas de trayecto realizar, el puerto Ventana, el puerto de Pajares o la autopista, nos decidimos por ésta última dado la comodidad de la misma, sobre todo para Luis que iba conduciendo y que no estaba en plena forma de descanso.
De esa manera salimos por la carretera de La Magdalena hasta llegar a esta donde nos metimos en la autopista de peaje. Tras pasar el túnel de El Negrón entramos en Asturias donde la niebla nos envolvió durante un rato hasta dejarla por encima. Sin novedades llegamos a Pola de Lena donde la abandonamos. Tras algunos rodeos por esta población y después de preguntar a dos personas, dimos por fin con la carretera del puerto de La Cobertoria, que partía al lado del ayuntamiento, como dato lo indico.
Encontramos la misma en obras, al igual que la última vez que pasé por ella pero en la vertiente contraria. Tras numerosas curvas y recurvas nos metimos en la niebla cerrada hasta llegar al alto de dicho collado. Una lástima este contratiempo ya que la vista desde allí es impresionante. Ya de bajada hacia el valle de Proaza nos detuvimos unos minutos a la entrada de una finca. Entre la neblina vimos parte del valle. Luis se dedicó a hacer carreras por encima de los quitamiedos a ver cuanto aguantaba sin caerse. “pa´berse matao”.
Retomamos el viaje por la carretera serpenteante que nos fue metiendo al fondo del valle hasta enlazar con la que baja del puerto de Ventana. Fue en ese tramo donde comenzó a llover echándonos los ánimos abajo. El cielo estaba muy cargado y ya sabíamos que había estado lloviendo desde el día antes por allí. Sin poder hacer nada al respecto continuamos avanzando por el valle pasando el pequeño desfiladero de Peñas Juntas y viendo paralela a la carretera las conocida Senda del Oso, la cual también he recorrido tanto de día como de noche en sendas rutas.
A las 22:00 horas, tras 131 Km recorridos, llegamos al desvío de la carretera que sube a Tenebredo donde unos pocos metros después se encuentra el aparcamiento y un bar al comienzo del desfiladero. Allí aparcamos el coche y estudiamos las posibilidades de hacer la ruta de noche o aplazarla para el domingo de día. Álvaro y yo optábamos por intentarlo de noche aunque fuese lloviendo, el problema era la acampada arriba con la tienda. Si lo hacíamos de ida y vuelta no veíamos el desfiladero de día, y merecía la pena no perderse sus vistas. Estábamos en ese dilema y lo dilucidamos mientras cenábamos bajo el tendejón de una caseta de contenedores. A ratos cesaba un poco la lluvia, pero otros arreciaba con toda su fuerza y escuchamos algún trueno que otro.
Al final decidimos algo inusual por completo. Nos levantaríamos a las cuatro de la madrugada y haríamos la ruta solo con lo indispensable lloviese o no. De esa forma llegaríamos a Pedroveya al amanecer, ya que estaba a 4 Km, y volveríamos de día hacia abajo.
Para pasar la noche allí lo haríamos en el coche.

DOMINGO 10
Sobre las doce, más menos, nos metimos al coche tras estar un rato contemplando una luciérnaga con su linterna iluminada. Álvaro se acomodó en el asiento delantero del acompañante mientras que Luis y yo lo hicimos en el maletero abatiendo los asientos traseros hacia delante. No faltó el pitorreo típico de estas situaciones. En esta ocasión por causa de las ventanillas. Como hacía algo de calor, las dejamos un poco abiertas, pero claro, al llover se metía el agua y había que cerrarlas. Para ello había que dar el contacto del coche y era Álvaro el encargado por estar delante. Como volvía a hacer calor, tuvimos que volver a bajarlas y Luis lo hizo del todo con la de su lado. Al poco comencé a notar fresquillo y una vez más el pobre Álvaro a poner el contacto para subirla un poco. Por si no fuera poco, allí cerca teníamos también una casa que de pronto encendió una bombilla exterior dándonos de lleno la luz a nosotros. Así la mantuvo toda la noche. Por la parte del desfiladero se veían como relámpagos, pero al final determinamos que más bien parecían cohetes o fuegos artificiales por la frecuencia que se veían. Más tarde sabríamos que se trataba.
Total que entre unas cosas y otras, además de la dificultad mía de conciliar el sueño si no tengo una buena almohada, no dormí en toda la noche más de media hora y no seguida. El reloj lo había puesto a tocar a las 3:50 horas, aunque a mí no me habría hecho falta como digo. Ellos dos sí que estaban “sobaos” del todo cuando sonó.
Enseguida nos levantamos comprobando que al menos no llovía. Del coche cogimos lo indispensable para la ruta y el desayuno. Yo metí en la bolsa de tela de la ropa de repuesto el chubasquero, desayuno y la cámara de fotos con pilas, tarjetas y demás. Tras sacarnos una foto con el banderín del club al lado del coche emprendimos la marcha cuando eran las 4:20 horas.
Pasamos al lado del bar con dirección al desfiladero comprobando que estaba cerrado con una cadena, lo que no nos convencía mucho. Echando una ojeada a la descripción de la ruta vimos que se indicaba donde comenzaba realmente. En un merendero cercano había unos carteles indicativos de la ruta. Por unas cortas escaleras salimos a la carretera de Tenebredo por la que había que caminar unos 300 metros hasta el comienzo real de la senda. En una gran piedra al lado derecho de la calzada estaba labrado: “Desfiladero de Las Xanas”. La altitud allí era de 220 metros.
El primer tramo asciende paralelo a la carretera en dirección contraria a la que llevábamos por ésta y por un pedrero que se introduce más adelante entre vegetación. Se pasa al lado mismo de una torre de alta tensión y enseguida nos encontramos con una pared de roca por nuestra izquierda. En el fondo del valle se ven las luces de Villanueva. Un corto túnel da paso al desfiladero en sí del que se puede apreciar ya su desnivel de caída al río. La senda tiene una media de metro y medio de ancho siendo el firme de tierra o roca dependiendo del tramo. En algunos hay amarrada a la pared una soga suponemos que para el que tenga más vértigo. Incluso en un pequeño trecho han tenido que colocar una especie de pasarela de madera pegada a la pared para dar continuidad a la ruta.
De las paredes del cañón salían numerosos árboles que crecían en horizontal. Atravesamos una zona donde el sendero se metía entre helechos y matojos. Algo que nos agradó fue encontrarnos con un rebaño de cabras que nos miraban sorprendidas al pasar. Una de ellas con la cría se cruzó en el camino y se puso al lado del precipicio. Tuvimos cuidado entonces de no asustarla para que no pudiera despeñarse. Poco a poco nos fuimos metiendo en la niebla que por suerte no llegó a cerrarse por completo. Donde más se notaba era al hacer las fotos que quedaban blancas con el flash.
Atravesamos más tramos con cuerdas y la roca haciendo de techo así como otro túnel. Estaba claro que esos espacios fueron excavados en la misma pared cuando se abrió la ruta. En el suelo nos íbamos encontrado también con otra clase de fauna más pequeña. Algunas salamandras, sapos y babosas vimos durante toda la ruta. Con la cámara intentamos sacar alguna foto con la exposición larga e iluminando las paredes, pero no conseguimos nada si no era con el flash.
Así dejamos atrás el desfiladero y entramos en la zona boscosa. El río estaba mucho más cerca del sendero y vimos en él algunas cascadas. A la izquierda vimos una cueva cerrada con una valla de madera dentro de la cual había numerosa basura. Echando la vista arriba vimos que ya clareaba el cielo y escuchamos algunos truenos. Mas adelante atravesamos un puente sobre el arroyo Visecas o de las Xanas. A continuación nos encontramos varios tramos empinados donde habían construido unos escalones con travesaños de madera para evitar mas que nada que las torrenteras estropeasen el sendero. Al final de uno de esos trechos se encuentra un desvío hacia La Rebollada, otro de los pueblos del valle y posible paso de la ruta de regreso circular. A partir de aquel punto encontramos el camino cementado atravesando de nuevo el arroyo sobre otro puente. La vez anterior habíamos subido por el medio de la ladera sin coger este camino que yo no conocía. Para fastidio nuestro, comenzaba a llover en esos momentos teniendo que sacar los chubasqueros durante un pequeño rato que lo estuvo haciendo.
No tardamos en divisar las luces de un pueblo que de momento no supimos identificar sabiendo más tarde que era Dosangos, también situado en dicho valle. Unos metros más adelante salimos del bosque y contemplamos delante de nosotros la silueta de la iglesia de San Antonio de Pedroveya. Hacia atrás podíamos ver parte del desfiladero por el que habíamos subido.
A las 6:35 horas llegamos a la altura de dicha iglesia situada a unos 400 metros del pueblo. pasamos a su lado y ya por carretera, donde un joven con un coche hizo un tonto derrape, bajamos unos metros hacia el pueblo. Antes de entrar en él nos detuvimos unos minutos en un porche de una casa en construcción. A las 6:55 horas accedimos a Pedroveya, (530 m), encontrándolo totalmente decorado con banderines de fiesta. En la plaza había un templete de música y los restos de varias tascas con las bebidas, vasos y demás desperdicios en las mesas y mostradores. Vimos numerosos hórreos, algunos de ellos muy bien conservados como en el que nos sacamos unas fotos. No se veía a nadie por allí a esas horas. El podómetro marcaba 5 Km.
En la falda de la ladera veíamos Dosangos y propuse acercarnos hasta allí para ver el valle más ampliamente. Luis no se animó y dijo que nos esperaba tumbado en el porche de la casa mencionada. Álvaro y yo salimos entonces por una calle que subía por la parte alta del pueblo. tras varios metros recorridos vimos que no íbamos en la dirección correcta y tuvimos que bajar de nuevo para salir a la carretera que entra en el pueblo y que viene desde la zona de Oviedo. Allí nos encontramos con un cartel de otra ruta, la de Valdolayés, que subía por Dosangos distante 1 Km y con 100 metros de desnivel. Por un camino de cemento empinado y con infinidad de canalillos para el agua y el agarre de vehículos fuimos subiendo en zigzag entre prados donde pastaban algunas vacas y ovejas. Cuando apenas nos quedaban unos metros para el pueblo comenzó a llover de forma enérgica y tuve que ponerme también el pantalón de agua. Para colmo se me había rozado uno de los cordones de la bolsa de tela que llevaba a la espalda y no se me sujetaba.
De esa forma llegamos a Dosangos, (620 m), en unos 25 minutos cuando eran las 7:45 horas. A la entrada vimos un coche bastante antiguo pero bien conservado. Bajo el porche de otra casa estuve reparando un poco la bolsa atando como pude los cordones de la misma por los agujeros que tenía de los ojales rotos. Un perro se alejó de nosotros al acercarnos y de una casa salió un lugareño con el que estuvimos conversando unos minutos sobre la ruta y la zona aquella. También nos dijo que tuviésemos cuidado con el perro aquel ya que era de los que no ladraba pero mordía. Por él supimos que la noche anterior habían tirado fuegos artificiales en Pedroveya, celebrando el Corpus, siendo esos los reflejos que habíamos visto nosotros desde el coche abajo.
Desde allí podíamos ver una amplia y bonita vista del valle con Pedroveya y La Rebollada mientras las nieblas pasaban por él formando bancos de formas diversas. Escasos 20 minutos estuvimos allí antes de retomar la marcha de regreso a Pedroveya. Bajamos ahora el fuerte desnivel viendo numerosas flores en los márgenes del camino. No llovía en esos momentos e incluso hacia el final del desfiladero se podía ver el cielo azul, lo que animaba un poco. Claro que también por la parte contraria seguía cerrado de nieblas y nubarrones.
A la entrada del pueblo vimos un bonito caballo blanco. A Luis le encontramos tumbado en un pequeño escalón del porche y nos dijo que incluso había dormido un poco. Allí mismo nos acomodamos para desayunar cuando eran las 8:40 horas. Poco a poco veíamos como se abrían más claros en el cielo y el sol reflejado en los altos picos cercanos.
A las 9:10 horas emprendimos el descenso hacia Villanueva. El podómetro marcaba 8,200 Km. El cielo se había despejado por completo y el valle verde relucía con todo su esplendor. Pasamos al lado de la iglesia donde sacamos unas fotos y comenzamos a bajar por el camino de cemento hacia el bosque. Atravesamos el primer puente de cemento tras el cual había una corta subida hasta el desvío de La Rebollada. El sol entre la arboleda verde y húmeda sacaba unos colores de tonos indescriptibles. Bajamos “las escaleras” entre prados donde vimos una caseta de piedra y no tardamos en llegar al segundo puente, éste de troncos. Aquí nos sacamos una foto un tanto complicada por la falta de bases para la cámara. Ahora de día nos acercamos hasta el cauce del río donde bajaban algunos rápidos entre grandes piedras redondeadas por la erosión del caudal. Algo más abajo estaba la cascada que por la noche habíamos visto débilmente y nos acercamos hasta ella, aunque la pendiente era considerable y estaba resbaladizo el sendero y la hierba.
No mucho después salimos del bosque metiéndonos de lleno en el desfiladero. En la parte alta había una roca a la que sacamos un gran parecido con una persona escalando y con mochila a la espalda. Ahora sí que pudimos disfrutar de sus vistas con las impresionantes paredes con desplomes de varios metros en vertical y moteadas por vegetación. Igualmente podían contarse infinidad de canales con pedreros que terminaban en el mismo río varios metros por debajo. Bajo los techos de roca transcurre parte de esta senda no apta para quienes sufran vértigo de altura. Tampoco el que no lo padezca puede ir del todo confiado y mirando para cualquier sitio mientras camina por el alto riesgo de caída.
El fuerte contraste entre las zonas en sombra y las soleadas impedían sacar fotos con todos los detalles, pero se hacía lo que se podía para plasmar toda aquella maravilla. Lo serpenteado de la senda hacía más fácil contemplar la misma desde diferentes perspectivas encontrando en cada curva un paisaje diferente. Pasamos la zona de helechos y matorral bajo donde habíamos visto las cabras por la noche. Pocos metros más adelante, y tras otro reviro, tuvimos a la vista las casas y el bar al comienzo de la ruta. Incluso ahora viendo las fotos ampliadas puedo ver parte del coche de Luis. No tardando comenzamos a vislumbrar también las primeras casas de Villanueva.
Atravesamos un segundo túnel y pasamos al valle principal de Villanueva ya con la carretera a la vista. Un tramo de pedrero y otro entre arboleda nos llevaron directamente hasta la carretera de Tenebredo donde la roca tallada indicaba el comienzo, en este caso el final, de la ruta. Escasos 300 metros nos separaban del aparcamiento donde teníamos el coche. Al lado de la carretera vimos un gran eucalipto.
A las 11:15 horas terminamos esta ruta tras un total de 13 Km. recorridos. En el aparcamiento había un par de coches. Al lado de uno había una pareja que comenzaba la ruta en esos momentos y el otro podía ser de la que nos habíamos encontrado en la ruta.
Sin más nos cambiamos algo de ropa y calzado y, como ya habíamos acordado, emprendimos el viaje hacia la playa de Salinas. Hasta Oviedo teníamos 18 Km por carretera primero y autovía luego. Dejamos atrás éste y continuamos con dirección a Avilés por el que pasamos para llegar a Salinas cuando eran las 12:20 horas y con 180 Km recorridos. Aparcamos cerca de la playa y nos dirigimos hacia la misma donde había bastante personal teniendo en cuenta el tiempo tan inestable que estábamos teniendo. El sol seguía luciendo de momento, aunque ya aparecían nubes por el suroeste.
Luis decidió tumbarse al sol mientras que Álvaro y yo nos íbamos a dar una vuelta por la playa pisando el agua. Como suele pasar, no tardé en encontrarme con algunos conocidos. En esta ocasión fue con Valentín, un vecino de Armunia, y luego con Luis, compañero de empresa al que por cierto hacía que no veía bastante.
Poco a poco fuimos comprobando como se iba nublando el día terminando por cubrirse del todo y escuchándose algunos truenos. Luis terminó por meterse al agua a bañarse antes de salir de la playa. En el coche se secó y se cambió y alrededor de las 14:15 horas, cuando comenzaba a llover, emprendimos el viaje de regreso. Al llegar a Avilés no llovía ya y decidimos parar cerca del puerto a comer. En un bar cercano compré unos refrescos y bajo los conos de la escultura que hay en dicho puerto nos acomodamos para comer. Nos resguardaron un rato de la lluvia y luego del sol “picante” que salía.
Allí estuvimos una hora antes de retomar el regreso a León sobre las 15:30 horas. Al poco de salir de Avilés por la autovía comenzó a llover de nuevo copiosamente. De esa forma, lloviendo y cesando transcurrió buena parte del viaje. Dejamos Oviedo atrás y ya en Campomanes nos desviamos para subir el puerto de Pajares. Durante un rato estuvimos detrás de una camión hasta que pudimos adelantarlo. Poco después de entrar en la provincia leonesa cesó la lluvia e incluso vimos el sol. En Villamanín paramos a llenar el depósito de gasolina y sin más novedades continuamos el viaje hasta entrar en la capital. Ya muy cerca de Armunia comenzó a llover de nuevo y cuando paramos al lado de mi casa arreciaba lo suyo. Eran las 17:30 horas.
Estuvimos unos diez minutos esperando en el coche ya que a poco que saliésemos nos poníamos empapados. Cuando cesó algo sacamos las cosas, yo para casa y Álvaro para su coche dando por finalizada otra gran aventura nocturna de las que quedan grabadas por su buen resultado.