domingo, 23 de mayo de 2004

VIII ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES. MEMORIAL “FERNANDO ALGORRI”. VEGA CERCADA (GORDÓN) 22-05-04


VIII ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES.

MEMORIAL “FERNANDO ALGORRI”.

1ª TRAVESÍA “COLLADO ARALLA- PICO VEGA CERCADA (1ª ASCENSIÓN)-COLLADO FITO-POLA DE GORDÓN”

23-05-04           (Domingo)

De nuevo ha llegado el mes en el que, por 8º año consecutivo, se celebra el Encuentro de Montañeros Leoneses. En esta ocasión organizado por el Club “Collalampa” de Santa Lucía de Gordón junto con la Delegación Leonesa de Montañismo. Igualmente se le ha añadido la coletilla “Memorial Fernando Algorri” en recuerdo del promotor de dichos encuentros y ex-presidente de la delegación fallecido el pasado año.
La ruta prevista hasta pocos días antes no era la que finalmente se realizó. En un principio se trataba de la travesía desde La Pola de Gordón a Geras, pero el escaso espacio para aparcar tanto autocar en este último pueblo hizo cambiar los planes de los organizadores a última hora. Con todo ello resultó una larga, pero bonita ruta de 20 kilómetros con bellas y amplias vistas de los alrededores.
A las 8:00 horas estaba prevista la salida de Guzmán en los tres autocares que íbamos de León capital. Del club nuestro nos juntamos un total de 11 componentes que enumero: José Luis, José F., Carlos, Luis, Guiomar, Jorge, Sonia, José A., Antonio, Javi V. y yo. También estaba apuntada Carmen, pero no apareció en la salida.
Poco después de las 8:00 horas emprendimos el corto trayecto hacia el comienzo de la ruta. Por la carretera de Asturias pasamos La Robla y Pola de Gordón para desviarnos hacia la collada de Aralla. Allí nos juntamos 7 autocares con los casi 400 montañeros que participamos en este evento.
Sobre las 9:30 horas comenzamos la marcha desde dicho puerto, 1536 m, por una pista hacia el Cedro Pedroso. Recordaré que por ella habíamos subido nosotros a ese pico para la colocación del Belén de Cumbres este mismo mes de diciembre pasado. El día se presentaba un poco incierto respecto al tiempo, ya que algunas nubes rondaban el cielo y cabía la posibilidad de tormentas, lo que al final por fortuna no sucedió.
El primer tramo es de ascensión por una pista que va bordeando unas pequeñas lomas con dirección sur. A lo lejos, hacia el noreste, contemplábamos los picos de la zona cercana a Pajares con un bonito mar de nubes bajo el Tres Concejos. De esa forma alcanzamos el Alto de Juncanal o Loma Sextillo, desde donde se descienden unos metros hasta el comienzo de una vaguada. Aquí se atraviesa el arroyo Valmeán y se vuelve a subir ya con dirección al Collado Pedroso. En este tramo era fácil y bonito contemplar la laga hilera de participantes, alguno de los cuales subían por el centro mismo de la vaguada para atajar hacia el collado. Al fondo de la vaguada el camino describe una curva hacia la izquierda con dirección a dicho collado. Yo parecía un reportero gráfico con la cámara de vídeo y la de fotos colgadas al cuello. Quería dejar constancia de todo lo acontecido durante la jornada.
Sobre las 10:20 horas alcancé el collado donde se reunía numeroso personal. Digo alcancé, porque en ese momento había quedado solo, como varias veces durante la ruta, ya que me quedaba rezagado grabando o sacando fotos. El grupo también se dividió y a algunos no les vimos el pelo en todo el día.
Desde dicho collado Pedroso fueron muchos los que se decidieron a subir al Cedro Pedroso. Yo, al igual que alguno más del club, como lo habíamos subido hacía poco, y además aún nos quedaba otra cumbre por subir y más de 15 kilómetros, optamos por continuar la ruta. Ahora se volvía a descender hacia Brañarredonda, una bonita vega de verdes praderías. Desde la misma pudimos disfrutar de una atractiva vista de Peña Ubiña tras el Cedro Pedroso.
Tras unos metros de descenso a esta vega, hubo que volver a subir de nuevo hacia un pequeño collado desde el que se pasaba a otra vega que daba paso a la falda del pico Vega Cercada hacia el cual se dirigía la serpiente de caminantes. Por la ladera del Cedro Pedroso ya se veía igualmente bajar a numeroso personal hacia dicha vega. La pendiente fue pronunciada pero corta y en pocos minutos alcancé la cumbre del macizo. Desde ella había una amplia vista del pantano de Luna con Mirantes y Mallo de Luna a su vera. Allí me reuní de nuevo con parte del grupo nuestro. Pocos metros nos quedaban serreando hasta alcanzar la cima. A ella llegamos nosotros sobre las 11:30 horas. La altitud de la misma es de 1883 m y habíamos recorrido 4,5 kilómetros.
Desde la misma se podía deleitar uno de la más amplia vista de toda la ruta. Por citar algunas cumbres conocidas y ya subidas por mí apuntaré las de las Tres Marías y parte del valle de Arbás, Tres Concejos, Cellón, Fontún, Brañacaballo, Peña Ubiña y Llamargones entre otras muchas más. De todo ello saqué una foto panorámica que intentaré ampliar a ver como queda. Como no había buzón, dejamos nuestra tarjeta en un bote entre las piedras.
Tras un rato disfrutando de dicha maravilla, emprendimos el descenso hacia la parte contraria. Solo quedábamos Antonio y yo de nuestro club, el resto ya había salido anteriormente. El descenso fue suave hacia otra hondonada llena de escobas entre las que pasamos hasta otro pequeño collado cerca del cual vimos una lagunilla. En el fondo de la vega se intuía un hoyo donde aún se veía acumulada algo de nieve. Una de las cimas que rodeaban esta hoya, conocida como Corrales del Conde, era la del pico Lamazo, ascendido por mí allá por el año 94.
Tras pasar aquella cota de 1700 metros comenzamos a bajar de nuevo hacia Las Vegas del Palomar, también unos bonitos valles verdosos frente a los cuales se alza el pico Feliciano, al que equivoqué durante un buen rato con los Llamargones. Hacia éste se dirigían bastantes participantes que subían ladera arriba. La ruta aquí se mantenía sin apenas desnivel y así alcanzamos otra colladina entre dicho pico y el Alto del Palomar. Otra vega se abrió entonces frente a nosotros y fue allí donde, mirando el mapa y la hilera de senderistas, me di cuenta de la situación correcta de los Llamargones, que ahora teníamos justo al lado contrario de dicho valle. Pocos metros mas abajo, y al lado de unas rocas, se acomodaba numeroso personal comiendo. Allí nos encontramos Antonio y yo con parte de nuestros compañeros haciendo lo propio también.
Junto a ellos nos acomodamos para comer tranquilamente. Eran las 13:15 horas aproximadamente. El día se mantenía despejado salvo alguna nube suelta. Corría un ligero viento que nos hizo abrigar un poco para no enfriarnos de pronto. Estando allí llegaron Guiomar y Javi V. que habían subido al pico Feliciano. Nosotros ya habíamos terminado de comer, y como no nos sobraba mucho tiempo a mi parecer, emprendimos de nuevo la marcha hacia las 14:00 horas. Desde allí nos quedaban unos 12 kilómetros y teníamos que estar a las cinco en Pola.
Atravesamos esta otra vega con dirección a la collada de Llamargones, distante otro kilómetro. Por la falda de dicho pico también ascendían numerosos participantes. Aclararé aquí que solo el pico Vega Cercada estaba dentro de la ruta, los demás eran opcionales si al personal le daba tiempo a ello.
Tras haber comido, aún la pequeña cuesta hacia este collado se hacía pesada. A él llegamos en unos 15 minutos y tuvimos a la vista el valle que confluye con la entrada a los Calderones del Diablo. Igualmente veíamos la collada de Fito hacia la que teníamos que dirigirnos tras bordear los Llamargones. Este tramo de suave cuesta abajo se hizo cómodamente y no tardamos en alcanzar esta cota de 1675 metros.
Por la misma solo había pasado una vez haciendo la ruta desde Otero por Santiago de las Villas hacia el valle de Santiago y bajada a los Calderones. Ahora bajábamos hacia la confluencia de este valle por una buena pista en la que nos adelantaron varios quads que levantaron bastante polvareda a su paso. Justo en la parte baja y central del valle, el Valdelamesa, se bifurca el de Santiago por la parte derecha del que llevábamos. En las laderas de la izquierda, las de los Llamargones, florecían los matorrales con un color púrpura intenso.
La pista fue girando ya ascendente hacia el collado Urdiales. Desde éste pudimos ver a lo lejos nuestra ciudad. Con los prismáticos se distinguían numerosos edificios como los hospitales, el hotel de la carretera de Asturias etc. Hacia la parte contraria nos aparecieron en el valle los pueblos de Gordón en una bonita estampa. Hasta allí llevábamos 15 kilómetros y eran las 15:15 horas.
La pista bajaba ahora por la parte norte con dichos valles a la vista. De nuevo veíamos las cumbres que habíamos contemplado al comienzo de la ruta y que desde la cima del Vega Cercada habíamos tenido ocultas al transcurrir la misma por los valles. En una pequeña collada había varios montañeros tumbados disfrutando de la bella vista de la zona. Nosotros no paramos ya que íbamos bastante ajustados de tiempo.
El camino continuaba bajando por una loma hasta desviarse a la derecha y meterse enseguida por el medio de un bosque. En los cruces de caminos había numerosas señales indicativas del correcto. Así nos metimos en el último valle de bajada hacia Pola por el que transcurre el arroyo Villejo. La pista se convirtió en senda en uno de los cruces por ella continuamos el descenso ya apurados de tiempo. Por detrás solo quedaba el grupo que habíamos dejado en la collada, ya que los de protección civil que escoltaban la marcha iban detrás de nosotros.
Ya bastante abajo del valle entramos en un camino paralelo al arroyo en el que varios refrescaban los pies. Yo quería a toda costa no llegar más tarde de las cinco, y si tenían que esperar que no fuese por nosotros. A mi parecer, y a pesar de que muchos habían llegado dos horas antes, si se quiere disfrutar de una marcha de estas no se puede apurar tanto el tiempo de llegada. Desde luego, si la ruta se hubiese hecho como estaba prevista, de subida en vez de bajada, no se hubiese terminado en ese tiempo ni de broma.
Como digo, apurando el paso y ya a contrarreloj, conseguimos llegar con cinco minutos escasos de margen a los autocares. Estos estaban aparcados por encima de Pola de Gordón, en una zona que han habilitado como aparcamiento para las obras del túnel del AVE que pasa a Asturias y que comenzará allí mismo.
Claro, como por detrás quedaba personal, hubo que esperar por ellos. Mientras nos cambiamos la ropa sudada y calzado. Carlos y Sergio, un antiguo miembro del club, habían llegado los primeros hacía dos horas. Sigo diciendo que así no se disfruta de la montaña.
Cuando estuvimos todos, una media hora más tarde, subimos a los autocares que nos llevarían hasta un colegio de Santa Lucia de Gordón, sede del club Collalampa, donde se celebraría la fiesta final. En el patio del colegio tenían dispuestas varias mesas con abundantes aperitivos, refrescos y vino para todos los participantes.
Un grupo de tres tamborileros amenizaba el evento con su música. Mientras dábamos cuenta de todo aquello, se hizo entrega al club organizador de la placa conmemorativa por parte de la Delegación Leonesa de Montañismo. Dentro del colegio se proyectó, para el que quisiera verlo, un vídeo del encuentro del pasado año. En él aparecí yo cuando me ponían la cuelga de cumpleaños que celebraba ese día. Fuera la gente bailaba al son de la música de aquel trío.
Como estaba previsto, alrededor de las 19:30 horas comenzamos a reunirnos en los autocares para emprender el regreso. Antes habían marchado algunos de la provincia que tenían el viaje más largo.
Durante el viaje no faltó el pitorreo con mi camiseta. Me había equivocado por la mañana al ponerla y en vez de ser la nueva del club, puse una con algún agujero que otro ya. Pues bien, entre unos y otros fueron haciéndolos más grandes y terminaron por desarmármela casi por completo. Les prometí que me iba a comprar una a cuenta del club.
Con este pitorreo y demás se hizo el regreso aún mas corto de lo que ya era. En una hora escasa llegamos a León y se hizo una parada a la entrada para los que les quedara bien allí. El resto bajamos en el mismo lugar de recogida por la mañana, en Guzmán. Aquí nos despedimos unos de otros y con la furgoneta vine directamente para casa.
Con ello concluyó otro año más esta esperada actividad que sirve un poco como reunión de los montañeros de todos los clubes de nuestra provincia y que ya suman casi 30.






















lunes, 17 de mayo de 2004

PRIMAJAS-CORNIERO-VALBUENA DEL ROBLO-VIEGO 16-05-04

 


1ª TRAVESÍA “PRIMAJAS-CORNIERO-VALBUENA DEL ROBLO-VIEGO-PRIMAJAS”.

16-05-04          (Domingo)

Para este mes de mayo teníamos programada esta salida a la misma zona visitada hace tan solo dos meses, el valle de Reyero, pero con una ruta totalmente diferente. En esta ocasión se trataba de una travesía que unía las localidades de Primajas, Corniero y Valbuena del Roblo. Para evitar tener que retroceder por el idéntico camino a coger los coches, la ampliamos haciéndola circular y añadiendo el cercano pueblo de Viego a la misma. Con todo ello nos resultó una larga caminata de 23 kilómetros en la que el calor repentino de esta atípica primavera nos hizo “sufrir” un poco durante la marcha. Por lo demás, los paisajes contemplados compensaron con creces dicho “sufrimiento”. A continuación reflejo los detalles la misma.
A las 9:00 horas nos reunimos en Guzmán los componentes animados a salir. En principio éramos nueve, pero la ausencia de Roberto hizo reducir el número a los siguientes ocho participantes: José Luis, José F., Guiomar, Jorge, Sonia, José Antonio, Luis y yo. En los coches de Luis y de Jorge emprendimos el viaje hacia Puente Villarente donde nos desviamos. Tras pasar por Boñar llegamos al pantano del Porma que bordeamos en parte hasta separarnos por otra carretera que entra en el valle de Reyero. Atravesamos Pallide y Reyero para llegar poco después a Primajas. En una de las calles, a la entrada del pueblo, aparcamos los coches y nos preparamos para la ruta. El sol comenzaba a calentar y optamos por dejar la ropa de abrigo en los vehículos.
A las 10:30 horas comenzamos a caminar saliendo de Primajas por un camino ancho hacia una vaguada con dirección suroeste. La pendiente era suave y el camino zigzagueaba por el valle hacia la collada que da paso al de Corniero. La vista se hacía cada vez más amplia según ascendíamos. Además de Primajas, no tardamos en divisar Viego y la collada por la que luego bajaríamos a éste. Igualmente comenzaban a sobresalir tras las cumbres del valle las altas cimas de los Mampodres. Los prados verdes y los árboles floridos daban un frescor único e indescriptible al entorno. En la parte alta de dicha vaguada despuntaba una enorme mole de piedra, Peña Ramil, bajo la cual pasaba el camino. Aprovechando como en anteriores ocasiones la ventaja de la cámara digital, saque un número exagerado de fotos de aquellas vistas.
De esa forma, en algo menos de una hora, llegamos a la collada situada entre la Peña Ramil y el pico Riondo, algo más separado. José Antonio y José Luis se habían separado de nosotros y subían hacia este segundo pico. Desde allí bajaba el camino por este otro valle, conocido como Primajinas, hacia Corniero. De nuevo el camino fue dando giros entre praderas verdes y floridas en las cuales sacamos alguna foto. Igualmente encontramos los árboles cargados de brotes y en plena floración.
No tardó en unirse José Antonio a nosotros, mientras que José Luis continuaba serreando las cimas aquellas con dirección a Corniero para encontrarse con nosotros allí, cosa que no fue así y no le vimos más en todo el día. El camino bajaba por el valle que se estrechaba cada vez más. Por el mismo transcurre el arroyo de los Muertos y en sus laterales numerosos robles y hayas formaban bosques espesos.
Durante unos minutos hicimos una parada y picamos unos frutos secos y unos dátiles que alguien sacó de la mochila. Realmente el entorno era idílico para embriagarse de la belleza del lugar. Ya bastante abajo se cerró el valle de tal forma que durante unos metros solo había lugar para el arroyo y el camino. Por la parte derecha se veía un pequeño pero bonito cañón que salía al arroyo principal. Tras pasar este trecho se volvió a ampliar el valle y comenzamos a ver pastos de ganado y algún corral. Por encima de nosotros y a la parte izquierda, pastaban varios caballos hacia los cuales me dirigí para fotografiar. Continué luego por dicha ladera sin darme cuenta de me iba metiendo en una zona de roca con un buen desnivel a plomo sobre el camino. No tuve más remedio que subir un poco más para sortear dicho paso y ya cuando quise bajar estaba casi encima de Corniero. Después de todo resultó ser un acierto, ya que la vista que tuve del mismo con varias cumbres a lo lejos fue algo inesperado. Tras pasar un puente entré en Corniero donde estaba el resto a la sombra de una casa. Eran ahora las 12:45 horas y llevábamos unos 8 kilómetros.
Atravesamos este bonito pueblo situado ya en la cuenca del Esla, ya que Primajas se encuentra en la del Porma. Tan solo tres kilómetros nos separaban de Crémenes, en la nacional de Riaño. Sin pensarlo comenzamos a caminar por la carretera hacia este pueblo hasta que me dio por preguntar que si íbamos bien. Tuvimos que retroceder entonces unos metros hasta el pueblo para coger un camino que salía entre la iglesia y el cementerio hacia la vaguada por la que teníamos que subir ahora.
Nuestro próximo objetivo era Valbuena del Roblo, situado en otro valle diferente. El camino comenzó a ascender ahora por la parte alta de la ladera del valle de Ricuerna dándonos el sol de pleno. La pendiente además se hacía notar y solo algunos tramos transcurrían por sombra. Por el camino se nos cruzaban numerosas lagartijas. A nuestra izquierda se situaba dicho valle y tras él las cimas del pico Riondo, por donde tenía que estar José Luis.
Poco a poco fuimos llegando a la parte alta de la loma conocida como Prado Pando. En ella nos encontramos con una bella estampa de varias vacas y terneros pastando en los verdes prados que seguían abundando por la zona. Hacia la derecha se divisaba otro picacho en el que vimos un repetidor y al que se llegaba por un camino que salía algo más atrás de donde nos encontrábamos. En unos árboles había varias colmenas y por ello optamos por continuar un poco antes de parar a comer.
De frente comenzamos a ver la cumbre de Peñas Pintas y no tardando divisamos en el valle Valbuena del Roblo. Íbamos en busca de una sombra para comer, pero no había ninguna apropiada. Continuamos entonces por el camino que ahora ya comenzaba a bajar hacia el pueblo. Cerca de esta pista había unas rocas hacia las que me desvié en busca de sombra, viendo algo más abajo y al lado del camino, varios árboles apropiados.
Se lo indiqué entonces al resto y a su sombra nos acomodamos para comer. Poco antes habían pasado por allí tres moteros perturbando la tranquilidad con el ruido y olores de los escapes. Eran entonces las 14: 30 horas, mas o menos. Disfrutando de la vista del valle estuvimos casi una hora antes de ponernos de nuevo en marcha. Por el mismo camino descendimos tranquilamente y ya bastante abajo lo dejamos para cruzar los prados directamente hacia Valbuena.
Sobre las cuatro de la tarde entramos en dicha localidad donde encontramos una fuente en la que bebimos y llenamos las cantimploras. Hasta allí llevábamos unos 14 kilómetros. En el medio del pueblo sacamos una foto y no tardamos en salir de él por otra pista que va bordeando el alto de La Llomba, de 1589 metros. Desde este camino fuimos contemplando el pueblo de Salamón con la cara Oeste de Las Pintas.
De nuevo la pendiente se hizo notar y el calor seguía azotando. En las sombras nos quedábamos rezagados con pocas ganas de caminar. Aún así había que continuar y poco a poco fuimos ganando altura hacia la última collada de la ruta por la que ya bajaríamos a Viego. Unos metros antes de la misma encontramos una caseta al lado de la cual nos sentamos una media hora. José Antonio se había adelantado y tras esperar un rato en la collada por nosotros, bajó hasta el refugio. Este se encontraba cerrado y en buenas condiciones externas.
A las 17:30 horas volvimos a ponernos en marcha. Aún nos quedaban unos metros para la collada que a mí me costaron recorrer. Desde la misma contemplamos una amplia vista del macizo central de Picos de Europa a lo lejos y hacia el lado del Porma el valle de Reyero con Viego en el fondo. Varias cimas se contemplaban igualmente por la zona del pantano y alrededores. Según fuimos descendiendo fue apareciendo a la vista por la derecha el pico Susarón.
Sobre las 18:30 horas entramos en Viego. Por el camino nos cruzamos con un rebaño de vacas conducido por una joven. Le preguntamos por la existencia de algún camino que uniese Viego con Primajas y así evitar la carretera. Nos indico el comienzo de uno a la salida del pueblo que casi llegaba hasta dicha población, distante unos tres kilómetros en línea recta. Atravesamos Viego y encontramos el camino. Resulta que Jorge se había adelantado y pensábamos que iba ya por la carretera. No tardó en aparecer por detrás de nosotros y todos juntos salimos por dicho camino hacia Primajas.
Al principio estaba bien definido, pero poco a poco se fue perdiendo y nos encontramos caminando por el medio de verdes praderas, algunas de las cuales encharcadas de agua. Echando la vista atrás disfrutamos de una plácida perspectiva del pueblo con la collada al fondo de la vaguada iluminado todo ello por el sol del atardecer. Realmente indescriptible.
Pero eso no era lo último de lo que nos recrearíamos ese día. A mitad de camino entre los dos pueblos nos encontramos con un pinar por el medio del cual pasamos. De nuevo la iluminación de la tarde hizo de dicho lugar otro fondo de postal sobre el que no pude por menos de sacar unas fotos. A pocos metros por debajo discurre la carretera por la que habíamos entrado al pueblo por la mañana y la cual se encuentra escoltada por delgados álamos de una altura descomunal.
Ya con Primajas a la vista abandonamos la ladera pasa salir a la carretera. Antes de ello subí unos metros para sacar una foto del pueblo con la vaguada por la que habíamos subido por la mañana al comenzar la ruta.
A la entrada de dicha localidad nos dividimos. Algunos seguimos a José Antonio que nos llevó hasta la iglesia desde la que partía otro camino que subía igualmente por el valle antes mencionado. A pocos metros se encontraban los coches donde nos reunimos todos de nuevo y donde estaba José Luis, que nos contó como había pasado la jornada. Tras subir la cima donde nos dejó, bajó a Corniero por donde acabábamos de pasar nosotros. Después subió de nuevo por las cimas desde las cuales nos vio en alguna ocasión. También se había acercado hasta Viego antes de llegar nosotros.
La ruta nos había llevado exactamente 9:00 horas, contando paradas y demás. Eran por lo tanto las 19:30 horas cuando la finalizamos. Según el podómetro de Jorge habíamos recorrido 22´9 kilómetros.
Tras unos minutos de relax en el que nos cambiamos el calzado y ropa sudada, optamos por emprender el regreso y parar en Reyero a tomar algo y hacer las cuentas. En un bar de dicha localidad cumplimos con ello y no tardamos en ponernos en marcha hacia León. El viaje se realizó sin novedad y pasadas las 21:30 horas llegábamos a Guzmán donde terminaba esta grata experiencia.
Como apunte final, solo reiterar el pleno disfrute personal que tuve a lo largo de toda la travesía contemplando los maravillosos valles por los que transcurrió la marcha. Creo que la época escogida para la misma fue la ideal para deleitarse de todo ese esplendor.






















lunes, 26 de abril de 2004

SENTILES Y AUSENTE (Estación Invernal de San Isidro) 25-04-04

 


1ª ASCENSIÓN AL “SENTILES” Y 2ª ASCENSIÓN AL “AUSENTE”.

25-04-04                 (Domingo)

Aplazado de hace dos meses por las inclemencias del tiempo, salimos este domingo a ascender a esa sencilla cima del puerto San Isidro. La previsión inicial era ampliar dichos ascensos con una travesía por Isoba hasta Cofiñal, al igual que hiciéramos hace unos años con la Concejalía de Juventud de San Andrés, pero como se verá, y debido a algunas incidencias que iré relatando a lo largo del resumen, quedó reducida a dichas ascensiones.
En Guzmán quedamos en reunirnos los diez componentes que nos habíamos animado a ello y que éramos: José F., Carlos, Toño, Luis, Guiomar, Antonio, Roberto, José A., José Luis, que era nuevo en club, y yo. Hasta aquí llegamos todos excepto Antonio, que tras llamarle a casa sin respuesta, no apareció. Tras quince minutos de retraso emprendimos el viaje en los coches de Luis, José Luis y el mío.
Por la nacional llegamos a El Puente Villarente donde giramos hacia Boñar. Antes de llegar a éste recibí la llamada de Antonio diciendo que se había dormido y que salía con su coche a nuestro encuentro. A pesar de decirnos que no le esperásemos, decidimos hacerlo en Boñar, ya que de no ser así hubiese hecho la ruta solo. Esta primera incidencia nos retrasó casi una hora.
A su llegada, aparcó su coche allí y con los tres que llevábamos continuamos hacia Cofiñal. Tras bordear el pantano del Porma llegamos a Puebla de Lillo donde giramos hacia éste. A las afueras se encuentra un merendero a cuya orilla dejó José Luis su coche. Los diez nos acomodamos como pudimos en los otros dos para subir hasta la estación de ski. Subimos el puerto San Isidro y en la estación nos desviamos hacia la zona del Cebolledo. Aquella era la única zona donde se acumulaba algo de nieve y el personal abundaba en las pistas, las cuales cerraban temporada ese día.
En el aparcamiento dejamos los coches y nos preparamos para la ascensión. Otra de las demoras con la que nos encontramos fue la siguiente. La vez anterior habíamos subido suavemente por una de las pistas hasta casi alcanzar la cresta por la que continuaba un sendero. Pues bien, ahora al estar en uso dichas pistas, no nos quedaba más remedio que cogerlo más directamente. Este circo del Cebolledo está rodeado por varias cimas. A la derecha teníamos el pico Toneo y de frente el Agujas, los dos ya ascendidos por mi parte. A la izquierda, hacia donde nos dirigíamos, se encuentra la sierra de Sentiles.
A las 11:00 horas aproximadamente emprendimos la marcha metiéndonos en la ladera de dicho macizo. Algunos neveros pisamos en esta parte baja, pero eran escasos. El primer tramo lo hicimos ladeando bastante suavemente hacia el fondo del valle. Poco a poco fuimos derivando el rumbo más directamente hacia la cima del cresteo y la pendiente se fue pronunciando de forma bastante brusca. En ella encontramos el suelo de matojo bajo con poca roca. A pesar de la fuerte pendiente, se ascendía cómodamente.
Lo contrario le ocurría a Guiomar que, sin ningún ánimo de reproche por mi parte, nos retrasó la ascensión por su vértigo en dicha ladera. Llegó un momento que se bloqueó de tal manera, que no era capaz a seguir y quería bajar, lo que para ella sola hubiese sido incluso peor. Con ánimos por parte del resto, diciéndole que llegando al cresteo ya era mucho más fácil, logramos convencerla. Ya casi arriba nos dividimos. Mientras todos se metían por una canal a la izquierda, José F. y yo optamos por seguir un poco a la derecha para alcanzar antes la parte alta del macizo y luego serrear. Para ello tuvimos que pasar un pequeño nevero algo helado, que era el motivo por el que los que iban algo por delante no se hubiesen atrevido, pero que a mi parecer era más sencillo y rápido que la otra opción.
Por debajo veíamos los innumerables coches estacionados en el aparcamiento y la enorme cantidad de personal en las pistas de la estación. El día del que disfrutábamos era casi veraniego. Ni una nube ni bruma aparecía en el cielo.
De esa forma alcanzamos José y yo la cresta por la que iba un sendero que seguimos para unirnos al resto, que habían llegado a un punto más avanzado de la misma. Al lado contrario de la sierra vimos una mina a cielo abierto en el fondo del valle. Siguiendo la línea de cumbres nos encontramos con un repecho hacia la cumbre del pico Sentiles que no tardamos en alcanzar. Eran las 12:30 horas. Esta cima tiene la peculiaridad de tener el buzón en un pequeño picacho que sale de la cumbre en sí y al que se accede por entre unas rocas. La mayoría no pasamos a esta parte descansando un rato en la primera. Aquí nos hicimos unas fotos y la tarjeta de cumbres para depositarla en el buzón, del cual recogimos otra.
De nuevo en marcha nos encaminamos por el mismo sendero hacia la cumbre del Ausente visible desde allí. Aún nos quedaba un trecho bueno para alcanzarla, pero no tenía dificultad alguna. Durante un tramo el sendero se mantuvo unos metros por debajo de la cresta e incluso bajamos unos metros hasta llegar a una collada.
Guiomar ya iba más calmada viendo que no le habíamos mentido al decirle que lo que quedaba era más suave. Por otro lado, José Luis iba y venía haciendo el doble de camino que el resto. Antes del pico Ausente se encuentra la cumbre del Requejines, por debajo de la cual pasamos sin alcanzarla. Algo más adelante, y asomándonos por la parte izquierda hacia el nordeste, divisamos el lago Ausente completamente helado. Igualmente, entre las cumbres del Toneo y el Agujas y muy lejana, la cima de Peña Ubiña.
A las dos de la tarde alcancé la cumbre del pico Ausente, con 2046 metros de altitud. Algunos ya habían llegado antes y otros quedaban algo por detrás. En la misma hay un buzón del que había cogido ya una tarjeta del mismo grupo anterior. La vista desde allí creo que se puede decir que es de las más amplias que hay en la cordillera. Haciendo un recorrido circular se pueden divisar, entre otros, parte de los Picos de Europa, con Torre Santa destacando en medio. El Espigüete de Palencia, Peña Corada, el Susarón, Correcillas, Bodón de Carmenes, muy lejana, por supuesto, el macizo del Teleno así como varias cimas de la parte del Curueño. Como no, las cercanas cumbres del Agujas, Toneo o Torres, allí mismo en San Isidro.
Acomodados en las rocas de la cima estuvimos comiendo mientras disfrutábamos del excepcional tiempo que hacía. Antes de comenzar el descenso, sobre las 15:20 horas, sacamos unas fotos y dejamos igualmente nuestra tarjeta de cumbres. Como la intención era seguir la ruta, la bajada la hicimos hacia la parte contraria, donde estaba el lago. Dejando éste al lado izquierdo perdimos altura por la ladera del pico hasta un punto donde terminaba un gran nevero y nos tiramos directamente hacia el lago. De nuevo la fuerte pendiente bloqueó a nuestra compañera y bajó el ritmo. A pesar de estar la nieve blanda, sin peligro alguno de resbalar, bajaba a paso lento. Yo, a media ladera, saqué un plástico y me tiré resbalando por el nevero hasta casi abajo. Por allí había un par de parejas disfrutando de la nieve.
Desde el lago había que continuar bajando por las vaguadas con dirección a la carretera y a Isoba, para el que aún quedaba un buen trecho. Algunos se adelantaron y estaban ya en una colladina del valle. Al llegar todos a la misma se decidió otro cambio en los planes. Eran entonces las 16:30 horas y aún quedaba un trecho bueno para llegar a Isoba y otro más hasta Cofiñal. Carlos y Toño propusieron olvidarse del resto de la ruta y dirigirse desde allí directamente a la estación. Por mi parte, y la de alguno más, opinábamos que daba tiempo a hacerlo todo aunque se terminase algo tarde, dado que ya la duración día lo permitía, pero por votación se decidió lo otro.
Algo decepcionado por ello, pero aceptando la decisión, nos encaminamos para coger la pista que sale del lago hacia la estación y hacia la cual había que subir de nuevo. Ya en ella encontramos algo de nieve acumulada. Por aquí vieron, no me acuerdo quien, una víbora.
Poco a poco nos fuimos acercando a la zona donde teníamos los coches. Las instalaciones acababan de cerrar y una hilera de coches desfilaba por la carretera. Antes de llegar abajo pudimos disfrutar de un bello contraluz con los picos Toneo y Agujas.
Poco después de las cinco llegamos al aparcamiento. Aquí nos cambiamos el calzado y demás. Yo traía la cazadora y la sudadera en la mochila ya que la temperatura había permitido caminar en camiseta desde media mañana.
No tardamos en ponernos en marcha hacia Cofiñal para recoger el coche de José Luis. Bajamos el puerto y llegamos Puebla de Lillo donde de nuevo nos desviamos a dicho pueblo. Mientras el resto quedaba en un bar, yo acerqué a José a por su coche a las afueras. Luego tomamos todos juntos unas consumiciones e hicimos las cuentas de gastos. Sobre las 18:30 horas emprendimos el regreso a León.
Bordeamos el pantano y no tardamos en llegar a Boñar. Aquí paré a dejar a Antonio, que tenía que recoger su coche. De nuevo en marcha, y sin novedades, llegamos a Puente Villarente donde giramos hacia la capital. Sobre las 19:30 horas entramos en ella y en Guzmán coincidimos de nuevo todos y nos despedimos.
Y con ello finalizo este relato de lo acontecido en esta agradable jornada de montaña. Salvo las incidencias ya comentadas, y que no merecen especial realce, podemos confirmar plenamente un resultado positivo.















lunes, 19 de abril de 2004

XVII MARCHA REGIONAL DE MONTAÑA. "RIOLAGO- VILLASECINO- TRUEBANO- SENA DE LUNA" 18-04-04

 


XVII MARCHA REGIONAL DE MONTAÑA.

1ª TRAVESÍA “RIOLAGO- VILLASECINO- TRUEBANO- SENA DE LUNA”.

18-04-04              (Domingo)

En esta ocasión hemos aprovechando una actividad organizada por la Delegación Leonesa de Montañismo para unirnos a la misma y realizar una bonita travesía que fue modificada debido a las inclemencias del tiempo, que este año nos está frustrando varios planes debido a la pésima climatología del invierno y la primavera.
La ruta prevista en principio era “Riolago- pico Penouta- Abelgas- Sena de Luna”, pero como digo, el mal tiempo reinante ese mismo día, hizo cambiar los planes a la organización inclinándose por dicha alternativa también advertida de mas sencillez pero igualmente bonita.
Poco antes de las ocho de la mañana me recogió Toño para dirigirnos a Guzmán, de donde salíamos a la hora en punto. De nuestro grupo fuimos al final 13 personas: Roberto, Luis, Álvaro, Javi V., Carmen, José A., José F., Toño, Carlos, Sonia, Jorge, Guiomar y yo, aunque podemos añadir alguna más que vi por allí y que pertenecen a otros clubes además de al nuestro.
Por la carretera de Caboalles salimos hacia La Magdalena donde entramos en la autopista para evitar las curvas del pantano de Luna. Tras cruzar el puente colgante salimos de la misma hacia el punto de salida. La lluvia que traíamos desde León, cesó unos minutos, pero el cielo cubierto no pronosticaba mejoría inmediata como así se demostró antes de terminar el viaje. De esa forma llegamos a Riolago, donde por la estrechez de la carretera y su reducido espacio para maniobrar, tuvieron que entrar los autocares de uno en uno desde Huergas. En total ocho autocares de toda la provincia en los que íbamos unas 400 personas.
Con la lluvia cayendo nos dividimos en dos grupos, los que irían al pico y los que haríamos la travesía sencilla. Luego supimos que los organizadores, visto el panorama, optaron por suspender la primera opción dejando solo la segunda como válida. La mayoría había optado por la travesía, yo entre ellos, y nos reunimos cerca de la iglesia de Riolago. Poco antes de las 10:00 horas emprendimos la marcha por un camino hacia Villasecino, distante 3,5 kilómetros. Con nosotros iban Gelo y Sheila, dos antiguos compañeros del club.
Las cimas se mantenían cubiertas de nieblas y el arco iris brillaba claro por encima del pueblo cuando el sol aparecía entre dichas nubes. Los prados verdes de los valles contrastaban con la nieve que se veía en algunas cumbres. Hacia la parte izquierda contemplábamos la carretera por la que habíamos llegado. Al lado contrario se alzaban las cimas del macizo del Penouta. Poco a poco fuimos subiendo a una collada desde la que comenzamos a descender hacia el valle por el que bajaba el arroyo Villasecino. La vista de éste valle hacia la parte alta era realmente bonita.
Ya cerca de Villasecino encontramos una iglesia o ermita cerca de la cual pasaba el camino que traíamos. No tardando salimos a la carretera general para dirigirnos a este pueblo que teníamos que atravesar. Eran entonces las 11:00 horas. Una particularidad de esta población son sus casas de piedra casi en su totalidad. Incluso numerosas edificaciones nuevas seguían el mismo criterio de construcción. Por la misma carretera pasamos el mismo para dirigirnos hacia Truébano, a aproximadamente un kilómetro de allí. Este pueblo se sitúa algo separado de dicha carretera y hacia él entramos para franquearlo igualmente.
Saliendo de él nos metimos de lleno en el valle de la Cuesta del Sol hacia su final. De nuevo nos encontramos en un espacio verdoso y admirable por su belleza. Con la cámara de fotos no dejaba de plasmar la misma con el pueblo como fondo. El camino va ascendiendo por la parte derecha de la vaguada y poco a poco va girando hacia la izquierda cuando se llega a su final.
Nuestro grupo iba muy dividido, pues mientras algunos habían quedado con la intención de subir al pico, de los que habíamos comenzado la travesía, tampoco íbamos juntos. La lluvia se alternaba con el sol a ratos, por lo que no se sabía si quitarse o no el chubasquero. No eran pocos los que llevaban paraguas, lo que a mí me parece un verdadero estorbo en la montaña.
De esa forma llegamos a una bifurcación del camino donde la gente se despistó por completo. Todos los que iban delante habían seguido el mejor marcado que se dirigía al pico Cuesta del Sol, pero no lo veían claro y paraban. Nosotros, viendo el mapa que nos habían dado, dedujimos que había que seguir de frente directamente a la collada, y así lo hicimos seguidos por numeroso personal. En pocos minutos nos situamos en ella viendo que continuaba un camino poco marcado por la ladera del valle contrario. Como esta ruta era una alternativa de última hora, no estaba marcada, lo que nos despistó en aquel lugar.
Optamos entonces por seguir aquel camino seguidos como digo por el resto de los participantes, ya que todos los que iban por delante de nosotros habían subido hacia el pico. Lo que temíamos era que no fuésemos bien nosotros tampoco y la “mangásemos”. Al final salió todo bien, pero supimos que el camino bueno, que no vimos, bajaba por el medio del valle.
Pues bien, entre numerosas escobas fuimos avanzando a media altura hasta que llegamos a una caseta donde terminaba el camino. Allí paramos todos y estudiamos el mapa. Sabíamos que íbamos con buena dirección, ya que el pueblo estaba en el fondo del valle sin duda alguna, pero temíamos meternos entre las escobas sin un sendero marcado. Para más “recochineo”, se había cubierto del todo y en esos momentos nevaba fuertemente. Aproximadamente serían las doce.
Alguien encontró entre la vegetación un sendero por el que emprendimos todos la marcha. El mismo descendía suavemente por la ladera muy sesgadamente. No tardamos en divisar abajo la carretera y el pueblo de Rabanal de Luna. Yo iba sacando fotos y me quedé separado de todos los del club. Ahora había salido de nuevo el sol y el valle tenía una vista de postal. No exagero si digo que saqué allí unas veinte fotos, aprovechando eso sí, la ventaja de la cámara digital para seleccionar luego las mejores.
En un momento determinado vi como Carlos, Sheila, Gelo y Toño abandonaban el sendero y bajaban directamente al pueblo de Rabanal. A Toño se le distinguía bien por la funda de la mochila color fosforito. Tanto estaba disfrutando del tramo aquel, y dado que había quedado yo solo como digo, salvo todo el resto de los participantes que aún quedaban por pasar, que decidí parar a comer en aquella ladera y recrearme plenamente. Eran entonces las 13: 00 horas.
Justo por debajo de mí, a unos 300 metros, se encontraba Rabanal, con un bonito pinar entre él y yo. Un poco separado del sendero por el que bajábamos me acomodé a comer. Por debajo de mí, en un camino, había más participantes haciendo lo mismo. Desde allí se veía todo el valle aquel con una de las colas del pantano de Luna al fondo. De frente emergían las cumbres de la sierra de la Serrona. Anteriormente habíamos contemplado también, aunque no claramente, Peña Ubiña.
Estando allí llegó Buzzi, el presidente de la delegación, el cual se decidió a acomodarse también allí para comer. En el valle se veía la “serpiente” de participantes caminar por la ruta y la carretera hacia Sena, pueblo que no veíamos al situarse tras un peñón solitario.
Poco antes de las dos de la tarde emprendimos el descenso. En el camino de abajo vi pasar a José F., con quien no tardamos en juntarnos. Igualmente no andaban lejos Sonia, Jorge y Carmen, que también habían comido por allí cerca. También por aquí no estaba claro cual era el camino a seguir, aunque logramos averiguarlo.
No tardamos en divisar Sena de Luna a nuestra izquierda y al otro lado del río Luna. Este era el que nos impedía el paso directo hasta él, teniendo que llegar a la carretera que sube a Abelgas para atravesarlo. Cerca se encuentra el camping al lado del cual pasamos. Ahora lucia un espléndido sol, pero el viento soplaba fuertemente.
Sobre las 14:45 horas entramos en Sena de Luna. En la carretera estaban los autocares donde teníamos la ropa para cambiarnos. Algunos que no habían comido lo hicieron en un prado cercano o al lado del bar.
Minutos más tarde nos reunimos todos allí cerca donde los organizadores se dispusieron a entregar un pequeño recuerdo de participación a los clubes participantes en dicha actividad. La casualidad hizo que fuésemos nosotros los primeros en recogerlo. Se trataba de un estuche con una especie de medallón grabado. Al término de ello se hizo el sorteo de material variado de montaña con el número de asiento y autocar. En el club no hubo suerte esta vez. En este rato se volvió a cerrar y durante unos minutos cayó otra nevada.
Ya finalizado el acto nos reunimos todos los compañeros para sacarnos una foto juntos. A las 16:00 horas emprendimos el regreso a León. Si se hubiera hecho la ruta programada, se habría tardado más y se hubiese salido más tarde.
Durante este trayecto de regreso destacaré un par de apuntes. Uno de ellos, la vista de una torre de una iglesia que destacaba saliendo del pantano iluminado por reflejos del sol a la cual fotografié, y el segundo, algo más negativo, el vistazo a un coche medio hundido en las aguas y sujeto por un cable que por lo visto había caído la noche anterior.
De nuevo entramos en la autopista para bordear el resto del pantano hasta llegar a La Magdalena. Aquí la dejamos para hacer el resto del viaje por la carretera hasta la ciudad. De esa forma llegamos a Guzmán sobre las cinco donde terminamos esta jornada de actividad común de todos los clubes de la provincia e incluso, según supe, también de Burgos o Asturias. El día 23 del próximo mes celebraremos el “VIII Encuentro de Montañeros Leoneses”, que este año será por la zona de Gordón.