lunes, 8 de marzo de 2004

CELLÓN (Arbás del Puerto) 07-03-04


2ª ASCENSIÓN AL “CELLÓN”.

07-03-04       (Domingo)

En esta ocasión la excursión ha sido de carácter particular, aunque casi todos los participantes eran miembros del club. Ante la incertidumbre de la climatología que podíamos tener, decidimos intentar la ascensión a este sencillo pico de la zona de Pajares al que yo ya había subido hacía unos cinco años. Al final, como se verá, resultó todo un éxito la jornada que a continuación resumo.
Sobre las 8:40 horas pasaron Miguel y Toño a recogerme cerca de casa. Luego, en la calle La Corredera se nos unió Luis, un componente nuevo del club, que decidió llevar su coche. Seguidamente recogimos a Ricardo en Eras de Renueva para continuar sin más hacia la carretera de Asturias. En la primera gasolinera nos esperaba Javier Fernández junto con un amigo suyo, también tocayo nuestro. Con ellos traían también a “Leo” un bonito pastor alemán de este compañero.
Ya eran las nueve algo pasadas cuando emprendimos el viaje en los coches de Javier y de Luis, dejando el de Toño allí aparcado. No tardó en cubrirse el cielo de nubes que ya veíamos desde León. Tras bajar el Rabizo pasamos por La Robla donde entramos de lleno en la montaña. Curiosamente vimos como se iba despejando de nuevo hasta el punto de no ver una nube encima. En la panadería que hay pasado Villamanín paramos a coger pan antes de continuar unos kilómetros más hasta llegar a Arbás del Puerto.
Al lado del mesón cercano a la carretera aparcamos los coches y nos preparamos para la ruta. Aunque fresco, el sol claro comenzaba a calentar un poco. Eran las 10:10 horas cuando comenzamos a caminar por una pista que parte al lado de la Colegiata y que se interna en el valle por el que transcurre el arroyo de los Pozos. Por ese mismo camino habíamos ascendido nosotros en aquella ocasión.
Los primeros metros de la pista se encuentran asfaltados hasta llegar a unas explotaciones mineras cerca de las cuales pasamos. El hielo en el suelo nos hacía caminar con algo de tiento para no resbalar. Al fondo del valle, aunque en esos momentos no podíamos confirmarlo, se veía la cima del pico Cellón. El desnivel desde el pueblo es de unos 700 metros hasta la cumbre. Tras pasar por aquella mina, se terminó el asfalto y entramos en una pista de tierra con bastante nieve. Por detrás nos seguía una pareja de hombres que también iban hacia la cumbre.
Mas arriba atravesamos el arroyo hacia la parte contraria dejándole ahora a nuestra izquierda. La nieve abundaba cada vez más y se hacía más dura por la helada. Además íbamos por ladera norte, lo que contribuía más a ello. La cima del pico se encontraba hacia nuestra izquierda, pero decidieron subir hacia el lado contrario y serrear luego un poco. Nosotros habíamos subido la vez anterior directamente hacia el fondo del valle, a la collada de Entrambos Puertos, pero esta vez, con la nieve, no era lo más apropiado. Nos metimos de lleno en la ladera con nieve bastante helada. Salvo Javier, los demás llevábamos crampones y subíamos cómodamente. Él se ayudaba de dos piolets para avanzar, pero era agotador. Nos separamos unos de otros y le aconsejé que se desviara unos metros para subir por un lugar donde se veía algo más de verde. Otros iban más directamente a la collada y yo subía hacia la cresta ya cercana.
No tardamos algunos en alcanzar dicho altozano desde el que tuvimos una bella vista del valle contiguo con el pico Brañacaballo allí al lado y algo más lejano el Fontún. Nos encaminamos por la parte alta del macizo hacia un picacho cercano, el Alto de Pájara, de 2002 metros. Sin dificultad alcanzamos esta cumbre antes de comenzar a descender un poco hacia la collada. Javier F. ya había alcanzado la cumbre y empezaba a descender. Nos cruzamos y nos dijo que iba a convencer y ayudar a su tocayo para que consiguiera alcanzar la otra cima cercana situada hacia la parte contraria.
Desde la collada solo nos quedaban unos pocos metros hasta la cima. Como allí era cara sur, la nieve ya no estaba helada y no nos supuso problema alguno alcanzar la misma a las 13:25 horas. En ella nos encontramos a la pareja anterior junto con alguna persona más que habían subido por la ladera izquierda del valle. La vista era espectacular. A lo que ya veíamos desde el cordal, se unía también ahora la parte asturiana, en cuyo límite nos encontrábamos exactamente. A lo lejos divisábamos las poblaciones de Campomanes e incluso Oviedo. Las pistas de la cercana estación de ski de Pajares se veían abarrotadas de personal con los prismáticos. Algo más a la derecha contemplábamos imponente el macizo de Ubiña. A la parte contraría y muy cercana, la cumbre del Tres Concejos, al que ascendimos hace un año, y el Camparón.
El día soleado y no muy frío lo hacía ideal para contemplar toda aquella maravilla de paisaje nevado. Aprovechando la estancia de aquel grupo, les pedimos que nos sacasen unas fotos. Igualmente escribimos y dejamos nuestra tarjeta de cumbres, que aunque no era salida oficial del club, es un testimonio de la ascensión. Por la misma cima pasaba una alambrada en cuyas estacas se acumulaba el hielo formando curiosas formas.
No tardamos en emprender la marcha ya que habíamos quedado en juntarnos con los otros dos compañeros en la cima hacia la que había subido Javier. Volvimos a descender hacia la collada y ascendimos hacia el Alto de Pájara por el que pasamos sin más. Serreamos entonces el mismo camino hasta el lugar donde habíamos alcanzado el cresteo aquel y esta vez continuamos por él hacia el Cueto Polledín, subiendo unos metros hasta alcanzar dicha cima. En ella nos reunimos todos, y como soplaba una brisa algo molesta, avanzamos unos metros hacia abajo siguiendo una especie de camino al lado del cual nos detuvimos a comer. Como anécdota apuntaré que en un momento determinado Ricardo rozó con los crampones una pata de “Leo” haciéndole un poco daño, aunque no herida alguna.
Tras una rato allí sentados, y ya pasadas las tres de la tarde, volvimos a ponernos en marcha ladera abajo siguiendo la divisoria de valles. No me pude contener y saqué un plástico que llevaba para practicar el “culoskí”. Aunque en esa ladera estaba la nieve blanda ya que le había dado todo el día el sol, no dejé de deslizarme unos cuantos metros por ella. Lo más incomodo era la mochila, por culpa de la cual no pude coger buena velocidad. Aún así disfrute un buen rato en este descenso.
Poco a poco nos fuimos metiendo hacia un valle paralelo al de subida y tuvimos que ladear unos metros para entrar en el mismo. La nieve nos llegaba a veces por la cintura cuando metíamos la “pata” en algún hoyo. Yo llevaba empapados los pantalones por completo.
Por detrás quedamos los tres “Javis” y “Leo”. Nos metimos en el valle principal y atravesamos el arroyo por unas piedras. Estábamos ya cerca de la mina por la que no tardamos en pasar para meternos ya en el asfalto. Pocos minutos después salimos a la carretera general donde teníamos los coches. Eran las 16:40 horas. Desde allí saque una foto del pico con la colegiata en primer plano.
Nos cambiamos de ropa y calzado antes de emprender el regreso a casa. Como habíamos quedado, al llegar a Villamanín paramos en un bar a tomar un refrigerio y demás. Un buen rato estuvimos de charla allí y ya eran las seis cuando salimos de nuevo a la carretera. Sin prisas circulamos hacia la capital parando en la misma gasolinera de por la mañana donde Toño tenía el coche. Otro rato estuvimos allí charlando antes de emprender el último tramo hacia casa. Por la ronda este bordeamos León y no tardando me dejaron en casa alrededor de las 19:00 horas.
Y con ello dimos por terminada esta completa jornada de montañismo acompañados por un tiempo realmente inmejorable y con la satisfacción de haber alcanzado y disfrutado del objetivo.












lunes, 16 de febrero de 2004

"FUENTES DEL OMAÑA" (Murias de Paredes) 15-02-04

 


1ª TRAVESÍA “LAS FUENTES DEL OMAÑA”.

15-02-04         (Domingo)

Una vez más hemos salido a la montaña para realizar en esta ocasión una bonita travesía por la comarca leonesa de Las Omañas. Precisamente fuimos a conocer la zona del nacimiento del río que da nombre a dicho término municipal. La ruta, aunque no era lo que se dice corta, 17 kilómetros, sí resultó ser cómoda y bonita. En la misma participamos 10 componentes del club y 1 no socio cuyos nombres eran: José F., Eva, Jorge, Sonia, José Q., Ricardo, Roberto, Carlos, Toño, Javi F. y yo.
Sobre las 8:20 horas pasó Toño a recogerme por casa para dirigirnos hacia Guzmán, lugar habitual de salida desde hace una temporada. Allí nos fuimos juntando todos y nos repartimos en los coches de Eva, José Q. y Ricardo. No faltaba mucho para las nueve cuando salimos de León por la carretera de Caboalles con un cielo despejado como hacía tiempo no veíamos en una salida. Como habíamos concretado, paramos en La Magdalena para que algunos compraran pan. No tardamos en ponernos de nuevo en marcha, cogiendo allí mismo la carretera hacia Murias de Paredes y pasando por los diferentes pueblos de Las Omañas hasta el desvío de este pueblo. Hacia las 9:40 horas entramos en él y aparcamos los coches delante de la fachada del ayuntamiento. Tras prepararnos para la marcha, emprendimos la misma casi a las diez en punto.
Esta ruta está recogida en los folletos y mapas de Cuatro Valles, estando toda ella señalizada con estacas de madera. Según los mismos, tiene un desnivel de 600 metros y una distancia total de 17,2 Km. invirtiendo en la misma 6:00 horas, lo que para nosotros resultó de lo más exacto si descontamos la hora dedicada a la comida.
Por la carretera que sube a Montrondo, distante poco más de 1´5 Km. comenzamos a caminar viendo los prados completamente blancos por la helada. El sol del amanecer iluminaba el valle con un bonito efecto paisajístico. No tardamos en atravesar este pueblo en cuya salida encontramos una fuente donde coger agua los que no llevábamos. A partir de allí sale un camino que se adentra en el valle donde propiamente nace el río Omaña. Por el mismo fuimos avanzando mientras ascendíamos una suave pendiente.
Al lado del camino encontramos un panel explicativo con referencias a los numerosos bosques de abedules que se pueden ver en las laderas del valle. Al fondo del mismo, y aunque en ese momento lo no supimos, contemplábamos la cima del pico Tambarón. El camino estaba completamente helado en muchos tramos que el agua corría por él, por lo que había que ir sorteando el hielo para no resbalar. Algo más arriba tuvimos que atravesar un cauce algo ancho por las piedras que había en el agua. Poco a poco íbamos ganando altura hacia el fondo de la vaguada pasando al lado de una par de edificaciones ganaderas.
En el cauce del río principal, que teníamos a nuestra derecha, vimos de lejos una bonita cascada hacia la cual decidimos acercarnos algunos para fotografiarla. Para ello hubo que bajar unos metros hacia el río e incluso, aunque esto no mereció la pena, nos metimos entre la maleza por ver si se veía mejor.
De nuevo en el camino nos juntamos todos cerca de un pequeño estanque natural de ese mismo arroyo. Allí vimos también a una pareja que nos había adelantado y que hacía la misma ruta que nosotros. En este punto nos surgió un dilema al ver como el camino que llevábamos cambiaba de dirección y bajaba de nuevo hacia el valle. Por otro lado, la pareja aquella había seguido una camino poco marcado que salía de este mismo hacia la parte alta. Nosotros, tras ver que el anterior bajaba en vez de subir, nos echamos hacia la ladera directamente “a cuchillo”.
Tras varios metros subiendo por la misma, alcanzamos el camino bien señalizado al lado del cual transcurría una alambrada. Este camino, que más parecía un cortafuegos, va serreando las lomas desde las cuales pudimos ver algunas cimas más alejadas hacia el sur que aún no he podido identificar. Pudiera tratarse del Catoute, pero por la situación no me convence mucho. A ver si con las fotos que saqué y un mapa logro descifrarlo, por curiosidad.
Un grupo se había adelantada subiendo camino arriba hacia la cima del pico El Mular de Montrondo, por el que pasa la ruta. El resto, siguiendo el consejo de José F., que junto con Jorge y Sonia ya la habían hecho, optamos por atajar metiéndonos en una ladera con escobas no muy tupidas con dirección a una collada por la que también pasaba la ruta. Desde aquel punto pudimos contemplar una hermosa vista del macizo de Ubiña justo al fondo de dicha collada.
Ladeamos aquella vaguada pasando algunos arroyos hasta alcanzar aquel punto donde vimos un par de señales de la ruta. Al grupo que había subido ya les veíamos de bajada y no tardamos en juntarnos todos. Como eran las dos de la tarde, decidimos que no era mala hora ni mal sitio para comer tranquilamente. Estando aquí llamé a casa, como suelo hacer por costumbre a esas horas cuando salgo. En el valle que ahora veíamos divisábamos una bonita laguna azul en medio de verdes praderías. Todo ello, y como ya apunté antes, con el fondo majestuoso del macizo de Peña Ubiña.
Una hora después de parar nos pusimos de nuevo en ruta. El camino bajaba ahora hacia otra collada cercana que no tardamos en alcanzar. En ella hicimos una breve parada y saqué una foto del grupo con Peña Ubiña de fondo. A partir de aquí se hizo muy pronunciado el descenso hacia el valle del Fasgarón. Al fondo ya veíamos la carretera a la que teníamos que llegar. En el lado derecho del camino, donde el sol no da en todo el día, vimos varios chorros de agua congelados, algunos de ellos enormes.
El camino iba haciendo zigzag a la vez que giraba bruscamente hacia el norte. Más adelante volvía a cambiar de rumbo y Javi y yo optamos por atajar por la ladera evitando aquella curva y rodeo. Atravesamos entonces el arroyo y subimos unos metros para coger de nuevo la ruta más adelante. No tardó el resto en alcanzarnos ya que no íbamos deprisa. Ya casi abajo nos pusimos prácticamente paralelos a la carretera donde salimos minutos después a la altura del puerto de La Magdalena. Escasos metros recorrimos por ella antes de ver un indicador de la ruta que nos señalaba una camino hacia el fondo de otro pequeño valle. En el mismo vimos el desagradable espectáculo de una escombrera.
Bajamos bastante durante un buen trecho mientras veíamos la carretera por encima de nosotros. Tampoco tardamos en divisar el pueblo de Murias de Paredes al que fotografié con el sol del atardecer. Tranquilamente, y divididos ahora en dos grupos, avanzamos hacia éste donde entramos los primeros a las 17:00 horas. En una fuente bebimos agua, ya que no nos quedaba a ninguno de nosotros. Por las diferentes calles llegamos al lugar donde teníamos los coches aparcados y nos cambiamos el calzado y ropa sudada. Unos 15 minutos después llegó el resto.
Como teníamos ningún bar cerca, optamos por ponernos en marcha y parar en La Magdalena. Salimos a la carretera general y nos encaminamos hacia ésta. Aquí paramos en uno de los bares de la carretera donde estuvimos tomando unas consumiciones y haciendo las cuentas de gasto de gasolina, como es habitual. Tras ello nos pusimos de nuevo en marcha y subiendo el portillo antes de Camposagrado mandé parar a José para sacar una foto de la bonita puesta de sol que se contemplaba sobre las cimas del oeste.
Sin más novedades entramos en la ciudad dirigiéndonos a Guzmán donde nos despedimos. Cerca de allí tenía Toño el coche en el que me acercó hasta casa.
Así finalizamos otro estupendo día montaña conociendo, por parte de varios, una bonita zona más de las múltiples que tenemos a nuestro alcance.     



NOTA: LA FECHA DE LAS FOTOS NO CORRESPONDE CON LA REAL












lunes, 2 de febrero de 2004

SANCENAS (Collada Valdeteja) 01-02-04

 


2ª ASCENSIÓN AL "SANCENAS"

01-02-04             (Domingo)

Tras aplazar esta salida del domingo pasado para éste por la mala previsión climatológica y la falta de participantes, conseguimos en esta ocasión realizarla y alcanzar el objetivo previsto.
Después de una baja de última hora, fuimos 9 los integrantes de esta excursión a la bonita zona de Valdeteja en la cual se emplaza la cima de este pico sencillo y no muy alto.
A las 8:45 horas habíamos quedado en Guzmán, donde como siempre, la puntualidad brilló por su ausencia. Allí fueron llegando varios de los participantes y juntos nos dirigimos hacia Mariano Andrés donde nos juntamos con el resto. En los coches de Jorge, Eduardo y el mío iban también Sonia, Javi F., Javi V., José F., Guiomar y José Antonio.
Por la carretera de Matallana llegamos a Robles de la Valcueva donde giramos hacia La Vecilla. Pasado éste se encuentra Valdepiélago donde paramos a por pan. Resultó estar cerrada la panadería y, como habíamos visto al panadero en La Vecilla, retrocedieron a comprarlo allí. De nuevo en marcha fuimos avanzando mientras la niebla que nos envolvía desde León parecía irse abriendo.
Tras pasar las Hoces de Valteteja o Nocedo, giramos hacia el valle del primero teniendo delante el impresionante Bodón de Lugueros. Poco a poco fuimos ascendiendo hacia la collada de Valdeteja o de Ubierzo, donde llegamos poco después. En la misma aparcamos los coches, ellos en un prado y yo al lado de la carretera. Una furgoneta parecida a la mía que iba delante, se metió en un camino encharcado quedando atrapada en el barro. Tras cambiarnos y ver que no podían hacerla salir, nos acercamos hasta ellos y entre todos conseguimos desencajarla del lodo.
Hace unos cinco años intentamos Carlos y yo ascender a esta misma cima y por esta misma ruta. En aquella ocasión, la niebla y la lluvia nos impidió alcanzar la cumbre. Un mes mas tarde, con mi hermana y otros dos compañeros, alcanzamos la cumbre subiendo desde Rodillazo.
Alrededor de las 10:35 horas emprendimos la ruta por aquel mismo camino encharcado hacia la ladera del macizo. El cielo se veía cada vez más claro, lo que animaba a caminar ligeramente. El camino comenzó a zigzaguear bruscamente para ir ganando altura cómodamente hacia una hondonada en la cual se encuentran un par de construcciones y chozos de pastores. Algunos ya se habían adelantado y los que quedamos detrás dudamos de sí llevaban o no buena ruta ellos. Jorge, Sonia y José, que el año pasado habían subido por allí, creían que había que bordear una cima en vez de rodear el hoyo aquel. Yo creía que ellos iban bien bordeándolo y optamos por seguirles. Por el sendero rodeamos dicho lugar hasta alcanzar una pequeña collada entre el pico Fucheros y la Peña del Sumidero. Llevábamos una hora un poco larga hasta allí.
Ahora se suavizó la pendiente en una especie de altiplanicie llena de rocas erosionadas de curioso aspecto. En el fondo de la misma vimos a los avanzados, que no sabíamos por qué habían bajado, ya que el sendero se mantenía a media altura. Nosotros continuamos por el mismo hasta llegar a un paso entre cimas donde esperamos a juntarnos. Esta colladina da paso a lo que es el valle o puertos de Sancenas.
Como ninguno había subido antes al pico desde allí, no teníamos mucha idea de la situación exacta, ya que la gran cantidad de cumbres que bordean dicho valle hacen fácil el despiste. Además, la niebla, que antes había abierto, se cerraba de nuevo por el sur, donde se suponía estaba la cumbre. Yo me acordaba de haber pasado por allí en aquella ocasión, pero la niebla, como ya comenté, nos había echado para tras.
Optamos entonces por ir ascendiendo hacia la ladera de nuestra izquierda y no tardamos en alcanzar la cresta. Javi F. se adelantó hasta la cumbre sin encontrar nada en ella que supusiera ser la que buscábamos. Comenzamos entonces a descender hacia la parte contraria mientras avanzábamos hacia el sur. Tras llegar al fondo de esta otra vaguada, la atravesamos y empezamos a subir por otra loma cubierta de escobas y algunos neveros. Por fortuna, la niebla no llegaba a cerrarse del todo y poco a poco fuimos ganando altura hasta situarnos en la parte alta de la ladera.
Hacia la derecha se veía una pequeña cumbre hacia la que los primeros se habían dirigido. Por otro lado, a mí también me sonaba mucho aquella cima de la vez ascendida desde Rodillazo. En pocos minutos y cómodamente alcanzamos este vértice en el que tan solo un mojón de piedras señalaba la cumbre. Eran entonces las 13:00 horas.
Desde allí pudimos contemplar los pueblos de Tabanedo y Rodillazo en el fondo del valle. Al otro lado de la collada de Santiago se alzaba el Correcillas con su cima cubierta de niebla. Antes de que se nos cerrara la misma en torno a nosotros, sacamos unas fotos y dejamos nuestra tarjeta de cumbres en un bote entre las piedras. Como el personal tenía prisa en emprender el descenso, no tardamos ni 15 minutos en comenzar a bajar.
Lo hicimos esta vez por la ladera más directamente al valle principal, el de Sancenas. De nuevo se adelantaron algunos y llegaron al fondo del mismo donde había un chozo. Yo prefería comer disfrutando del paisaje, por lo que nosotros nos sentamos en una rocas a media ladera donde poco después se nos unieron ellos. Allí estábamos a la abrigada y cómodamente reposados. De frente a nosotros estaba el Bodón, que durante casi toda la ruta lo habíamos tenido a la vista. Eran mas o menos las dos de la tarde.
De nuevo en marcha continuamos el descenso hacia el fondo del valle donde nos encontramos con tres montañeros más, uno de ellos antiguo socio del club. Nos metimos en el sendero por el que ya habíamos subido por la mañana. Por éste alcanzamos la collada y pasamos a esa parte abrupta de la ruta entre la que transcurre la senda hacia una de las ultimas colladinas. La niebla estaba abierta de nuevo y podíamos seguir disfrutando de las vistas de las cumbres cercanas.
Tras dicho paso empezamos a descender con más brusquedad hacia el hoyo donde se situaban las cabañas. El sendero lo bordeaba como ya comenté anteriormente hasta salir por la parte contraria. Javi V., Javi F. y José Antonio se desviaron por otro sendero hacia la izquierda siguiendo el resto por el mismo lugar de ascenso.
Poco a poco y con una charla bastante animada fuimos bajando aquel tramo ya con el puerto y los coches a la vista. Cerca de los mismos vimos ya a los tres compañeros que nos habían sacado mucha ventaja al tomarlo nosotros con suma calma.
A las cuatro de la tarde llegamos abajo. No tardamos en cambiarnos la ropa y el calzado humedecido. Al sacar ellos los coches del prado les comenzaron a patinar y se llenaron de barro, los coches y ellos. Para volver optamos por hacerlo por la otra carretera, la de Felmin. Bajamos el puerto por esta parte y atravesamos las Hoces de Vegacervera. Al llegar al pueblo del mismo nombre paramos a tomar un refrigerio en un bar e hicimos las cuentas, tras lo cual emprendimos de nuevo la marcha. Sin novedades recorrimos el resto del trayecto hasta entrar en León donde nos dirigimos hacia Guzmán. Aquí dejé a José y Javi V. que venían conmigo y no tardando llegué a casa cuando eran las 18:15 horas.
Con ello dimos por finalizada esta segunda salida anual del club. De nuevo el tiempo no fue todo lo bueno esperado, pero después de cómo había estado los días anteriores, fue toda una suerte como transcurrió esta jornada.












lunes, 12 de enero de 2004

SAN FACUNDO - MATAVENERO - POIBUENO - POZO DE LAS HOYAS - SAN FACUNDO 11-01-04

 


1ª TRAVESÍA “SAN FACUNDO- MATAVENERO- POIBUENO- SAN FACUNDO”.

11-01-04        (Domingo)

Comenzamos el año con una bonita travesía por la zona berciana cercana a Torre del Bierzo, concretamente algo más al sur del mismo. Ésta transcurre por el valle y cañón del río Argutorio, también conocido como Real, y asciende a lo largo de unos cuatro o cinco kilómetros pasando por los pueblos reocupados de Matavenero y Poibueno donde se comienza el retorno.
A la misma fuimos 8 personas, entre ellos algunos no socios del club o en trámites que, siguiendo las normas del mismo, viajaron en un vehículo aparte. Dichos participantes éramos los siguientes: Pepe, Javi V., Cristina, Pablo, José Antonio, Álvaro, Merce y yo. En Guzmán nos reunimos todos hacia las 9:00 horas y poco después emprendimos el viaje en los coches de Javi y Mercedes.
Tras parar en un kiosco de Trobajo a ver si tenían pan, sin éxito, salimos por la nacional hacia Astorga en el cual lo encontramos. Ya metidos en la autovía circulamos hacia el puerto Manzanal donde la niebla nos envolvió por completo hasta comenzar el descenso.
Llegado al desvío de Torre del Bierzo salimos de la misma y nos dirigimos hacia San Facundo, comienzo de la ruta. Por una estrecha carretera llegamos a dicho pueblo pasadas las 10:00 horas. En el centro del mismo aparcamos los coches y nos preparamos para caminar. La lluvia nos acompañaba desde hacia un rato y hubo que ponerse chubasqueros y demás. La temperatura no era baja por lo menos. Desde lo alto del pueblo saqué una foto del comienzo del cañón.
Alrededor de las 10:40 horas comenzamos la ruta saliendo de San Facundo por un estrecho sendero paralelo al río. Por encima vemos los cables eléctricos medio caídos de una antigua piscifactoría que luego contemplaríamos. El sendero va ganando altura durante un trecho con respecto al río y encontramos vegetación variada a sus orillas. Algo más adelante tenemos que atravesar un puente sobre el mismo y pasamos a la margen derecha. Continuamos ascendiendo suavemente y no tardamos en divisar por debajo la piscifactoría antes mencionada. A lo largo de este sendero vimos numerosas marcas de colores, como arco iris, animales, etc., dibujados por los habitantes de los pueblos hacia los que íbamos y que luego explicaré quienes son.
Poco a poco nos vamos metiendo más de lleno en lo que es el cañón en sí. Las vistas, a pesar de la niebla y la lluvia, son espectaculares. En diferentes lugares nos detenemos para sacar alguna foto sobre el cauce y contemplar las paredes del desfiladero. Aunque no es muy estrecho, hay varios cortados impresionantes. En la cuenca del río hay una presa que sirve para captar el agua que utiliza Bembibre para consumo general.
Tras dejar ésta atrás y recorrer otro trecho a buena altura sobre el río, comenzamos a nivelarnos y alcanzamos un puente donde paramos a sacar una foto. Yo coloqué la cámara para salir todos con el disparador, pero estaba tan lejos que no me dio tiempo a llegar y no salgo en ella. Por esta margen del río volvimos a ascender de nuevo entre numerosos árboles, algunos de tronco realmente grueso.
La intención primera nuestra era ir a Poibueno y luego a Matavenero, pero nos pasamos el desvío al primero sin verlo y ya continuamos hacia el otro para hacerlo al contrario. Paso a paso nos fuimos metiendo en un valle lateral por la derecha en cuya ladera vimos algunas casas del pueblo. José Antonio y yo nos desviamos un poco hacia un saliente para contemplar el valle hacia ambos lados y el resto nos sacó alguna ventaja. Éste, junto con Javi, eran los únicos que conocían aquella ruta y les llevábamos de guías.
Por el sendero llegamos a la punta del valle donde un puente atravesaba el cauce de otro arroyo. Allí estuvimos parados y aprovechamos para recoger algunas castañas que aún quedaban sanas en el suelo. Tras un rato sin lluvia, comenzaba a arreciar de nuevo cuando empezamos a subir la fuerte pendiente que nos quedaba hasta Matavenero. En este trecho vimos, como ya nos había anunciado Javi, algo un tanto curioso. Un enorme tronco caído y en forma de puente se atravesaba en el sendero teniendo que pasar por debajo de él para continuar la ascensión. Ya con ganas de llegar recorrimos este último trayecto hasta entrar en Matavenero sobre las 12:30 horas.
Tanto éste como Poibueno, eran dos pueblos deshabitados hace años en los que se ha instalado una colonia de unos 40 ecologistas de diferentes países con ese estilo de vida tan peculiar. Las viviendas originales de piedra han sido reconstruidas con numerosos materiales como chapas, madera, pizarras etc., muchos de ellos reciclados. Hasta allí no llega luz eléctrica y se iluminan con velas, baterías o paneles solares.
Una de las edificaciones se utiliza como bar, sala de reuniones etc., y en ella entramos a secarnos un poco y descansar. La encargada del mismo, una chica joven, nos comentó que llevaban unos 14 años allí. Nos contó algo de la historia del lugar, los trámites para poder habitar el pueblo sin que nadie les pudiera reclamar nada, etc. Hasta allí tampoco llega carretera alguna, y el acceso más cercano es desde la que viene de Foncebadón y tras caminar unos 20 minutos.
El bar se calienta con una cocina de leña que prendieron estando nosotros allí. Como seguía lloviendo, decidimos comer allí mismo y luego tomar un café. Otra curiosidad de esta comuna es que no se cobra nada de lo que se toma, si no que tienen un bote y cada uno deja la voluntad. En aquel curioso lugar nos sacamos unas fotos y secamos la ropa al calor de la lumbre.
Antes de irnos nos acercamos hasta otro edificio cercano usado de tienda de recuerdos. En él venden numerosas conservas de fruta que ellos mismos envasan. También manualidades que los niños hacen en la escuela, postales y otros muchos recuerdos del pueblo. Tenían un bonito póster con fotos de diferentes casas que, de no haber sido tan grande para traerlo, lo hubiese cogido.
Poco a poco había dejado de llover y decidimos continuar la marcha. Ya casi eran las tres cuando lo hicimos atravesando todo el pueblo desperdigado por la ladera. Vimos la escuela, el servicio común y otra tienda. También algo que nos sorprendió, una pequeña caravana metida en un sitio casi inaccesible para ella. Las casas eran de lo más variado como ya dije. A los muros de piedra originales se les había añadido casi toda clase de materiales que pudieran servir para hacerlas habitables, eso sí, sin ningún tipo de chapuzas, si no bien ensambladas y rematadas.
Así fuimos descendiendo hacia el fondo del valle, donde se sitúa Poibueno, pueblo en el que solo viven unos pocos habitantes y que ni tan siquiera vimos. Antes de llegar a él, y en un rincón del valle, vimos una bonita cascada. Echando la vista atrás contemplamos el pueblo que habíamos dejado formando una bella estampa en la ladera. Aprovechando la ventaja de la cámara digital, saqué numerosas fotos para seleccionar luego las mejores.
Ya en el fondo del valle estaba el río que atravesamos por otro puente de troncos que parecía recién construido. Tras éste nos encontramos con los restos de la iglesia con algunos muros aún bien conservados. Por encima de la misma vimos dos o tres viviendas, estas menos mejor reconstruidas que las anteriores. Como dije, no encontramos a nadie por allí y subimos hasta la parte alta.
Una opción que teníamos desde allí era la subida a Fonfría, pero visto el tiempo que hacía y la hora que era, las tres y media, no nos pareció conveniente. Antonio y Álvaro se adelantaron y decidieron subir hasta donde vieran que se les podía hacer tarde en el regreso. El resto optamos por emprender el regreso siguiendo el sendero del valle en vez de subir de nuevo por Matavenero. El problema que había por allí era el siguiente. Había que cruzar el río y la última vez que Javi lo había hecho fue por un par de troncos provisionales tras la caía del Puente de las Cabras. Pepe no iba muy convencido y era de la opinión de asegurarse el regreso por el mismo lugar. Al final seguimos el instinto de Javi y salimos por un sendero paralelo al río y con éste a nuestra izquierda.
Así comenzamos a subir suavemente por aquel estrecho ramal ganado desnivel hacia el cauce, que por su parte iba bajando. De esa forma alcanzamos el Mirador del Pozo de las Ollas, desde el cual se puede contemplar una bella serie de cascadas del río encajonado entre roca. Desde el mismo se comienza a descender paulatinamente hacia el fondo del valle donde teníamos que atravesar el río. A Javi le teníamos sentenciado que si no había puente, le usaríamos a él como tronco.
En una bifurcación del sendero dudamos cual sería el bueno. Merce se adentró por el de la derecha viendo que terminaba allí mismo. Por la izquierda seguimos entre matorral bajo hasta llegar de lleno al lugar donde estaban los dos troncos sobre el agua. El ancho allí era de unos 8 metros y aunque no era profundo el lecho, la corriente era fuerte.
Ayudados por un palo que apoyábamos en el fondo, y con sumo tiento, fuimos cruzando uno a uno a la parte contraria. A partir de allí continuaba el sendero por la ladera contraria del valle, la misma que por la mañana habíamos llevado. Pasamos algunos pedreros y lugares donde el desnivel volvía a ser considerable hacia el arroyo. De esa forma alcanzamos el cruce donde anteriormente teníamos que haber cogido el sendero por el que ahora íbamos para ir primero a Poibueno en vez de a Matavenero. En el mismo vimos un par de indicadores, bastante mal conservados por cierto, de los dos pueblos mencionados.
Ya por esta vereda nos encaminamos hacia el pueblo de San Facundo donde terminaríamos la marcha. Poco a poco se iban abriendo más claros en el cielo y vimos el reflejo del sol en las cumbres. Por entre la vegetación alcanzamos el puente de troncos donde quise que me sacaran una foto a mí, ya que antes no había salido en ella. Mas adelante llegamos al tramo donde el desnivel volvió a pronunciarse cerca de la presa para empezar el descenso del último trecho. En las paredes del cañón seguimos viendo algunas pinturas de arco iris y otros símbolos ecológicos. Caminando llegamos a la altura de la piscifactoría que vimos a nuestra izquierda.
Tras unos metros de descenso más, atravesamos el último puente antes de encaminarnos ya directamente hacia el pueblo donde llegamos sobre las 17:30 horas. Como los conductores de los coches eran Javi y Merce, pudimos cambiarnos tranquilamente y merendar un poco. Estando allí llovió otro rato más. Poco a poco fue oscureciendo mientras esperábamos por José Antonio y Álvaro. Le calculábamos que podían tardar poco más de una hora desde nuestra llegada.
Sentados bajo un cobertizo donde había un carro de paja y varias tablas fuimos haciendo tiempo ya algo impacientados cuando llegaron las siete y no llegaban. Hablando con un vecino de allí, que nos ofreció un lugar para meternos si teníamos frío y demás, nos comentó que, si habían llegado a Fonfría, era normal la tardanza. Eso sí, también nos dijo que si se habían salido del sendero hacia el bosque, no lo tenían fácil. Por lo que dedujimos de sus explicaciones, era posible que hubiesen tomado ya mal el camino cuando nos dejaron a nosotros.
Comenzamos, visto que la noche ya era cerrada y no llegaban, a pensar en dar aviso de su tardanza. Antes de ello nos acercamos Merce y yo hasta la entrada del pueblo desde el valle como antes ya había hecho Pepe y por suerte, ya a las 19:30 horas, les vimos venir por dicho sendero a los dos. La explicación es ésta. Un fallo de orientación en Fonfría les llevó a venir por una pista que daba más rodeo en vez de meterse por los senderos, lo que por otra parte fue lo más acertado.
Sin más emprendimos el regreso a León con esas dos horas de retraso, pero más tranquilos. Por la estrecha carretera circulamos hasta otra más general entrando poco después en la autovía. En ésta Javi le dio un poco de caña al coche y ya en Astorga la abandonamos. Por la nacional más suave fuimos avanzando hasta llegar a Hospital de Orbigo donde paramos a esperar por el otro coche durante 15 minutos. Ya juntos reemprendimos la marcha y sin novedades llegamos a León sobre las 21:20 horas. En Guzmán nos reunimos y nos despedimos unos de otros tras lo cual Pepe y yo vinimos a Armunia en mi furgoneta.
Así comenzamos este año 2004. A pesar del tiempo tan irregular, el recuerdo final para mí es positivo y deseoso de continuar estas experiencias durante el resto del mismo.