lunes, 2 de febrero de 2004

SANCENAS (Collada Valdeteja) 01-02-04

 


2ª ASCENSIÓN AL "SANCENAS"

01-02-04             (Domingo)

Tras aplazar esta salida del domingo pasado para éste por la mala previsión climatológica y la falta de participantes, conseguimos en esta ocasión realizarla y alcanzar el objetivo previsto.
Después de una baja de última hora, fuimos 9 los integrantes de esta excursión a la bonita zona de Valdeteja en la cual se emplaza la cima de este pico sencillo y no muy alto.
A las 8:45 horas habíamos quedado en Guzmán, donde como siempre, la puntualidad brilló por su ausencia. Allí fueron llegando varios de los participantes y juntos nos dirigimos hacia Mariano Andrés donde nos juntamos con el resto. En los coches de Jorge, Eduardo y el mío iban también Sonia, Javi F., Javi V., José F., Guiomar y José Antonio.
Por la carretera de Matallana llegamos a Robles de la Valcueva donde giramos hacia La Vecilla. Pasado éste se encuentra Valdepiélago donde paramos a por pan. Resultó estar cerrada la panadería y, como habíamos visto al panadero en La Vecilla, retrocedieron a comprarlo allí. De nuevo en marcha fuimos avanzando mientras la niebla que nos envolvía desde León parecía irse abriendo.
Tras pasar las Hoces de Valteteja o Nocedo, giramos hacia el valle del primero teniendo delante el impresionante Bodón de Lugueros. Poco a poco fuimos ascendiendo hacia la collada de Valdeteja o de Ubierzo, donde llegamos poco después. En la misma aparcamos los coches, ellos en un prado y yo al lado de la carretera. Una furgoneta parecida a la mía que iba delante, se metió en un camino encharcado quedando atrapada en el barro. Tras cambiarnos y ver que no podían hacerla salir, nos acercamos hasta ellos y entre todos conseguimos desencajarla del lodo.
Hace unos cinco años intentamos Carlos y yo ascender a esta misma cima y por esta misma ruta. En aquella ocasión, la niebla y la lluvia nos impidió alcanzar la cumbre. Un mes mas tarde, con mi hermana y otros dos compañeros, alcanzamos la cumbre subiendo desde Rodillazo.
Alrededor de las 10:35 horas emprendimos la ruta por aquel mismo camino encharcado hacia la ladera del macizo. El cielo se veía cada vez más claro, lo que animaba a caminar ligeramente. El camino comenzó a zigzaguear bruscamente para ir ganando altura cómodamente hacia una hondonada en la cual se encuentran un par de construcciones y chozos de pastores. Algunos ya se habían adelantado y los que quedamos detrás dudamos de sí llevaban o no buena ruta ellos. Jorge, Sonia y José, que el año pasado habían subido por allí, creían que había que bordear una cima en vez de rodear el hoyo aquel. Yo creía que ellos iban bien bordeándolo y optamos por seguirles. Por el sendero rodeamos dicho lugar hasta alcanzar una pequeña collada entre el pico Fucheros y la Peña del Sumidero. Llevábamos una hora un poco larga hasta allí.
Ahora se suavizó la pendiente en una especie de altiplanicie llena de rocas erosionadas de curioso aspecto. En el fondo de la misma vimos a los avanzados, que no sabíamos por qué habían bajado, ya que el sendero se mantenía a media altura. Nosotros continuamos por el mismo hasta llegar a un paso entre cimas donde esperamos a juntarnos. Esta colladina da paso a lo que es el valle o puertos de Sancenas.
Como ninguno había subido antes al pico desde allí, no teníamos mucha idea de la situación exacta, ya que la gran cantidad de cumbres que bordean dicho valle hacen fácil el despiste. Además, la niebla, que antes había abierto, se cerraba de nuevo por el sur, donde se suponía estaba la cumbre. Yo me acordaba de haber pasado por allí en aquella ocasión, pero la niebla, como ya comenté, nos había echado para tras.
Optamos entonces por ir ascendiendo hacia la ladera de nuestra izquierda y no tardamos en alcanzar la cresta. Javi F. se adelantó hasta la cumbre sin encontrar nada en ella que supusiera ser la que buscábamos. Comenzamos entonces a descender hacia la parte contraria mientras avanzábamos hacia el sur. Tras llegar al fondo de esta otra vaguada, la atravesamos y empezamos a subir por otra loma cubierta de escobas y algunos neveros. Por fortuna, la niebla no llegaba a cerrarse del todo y poco a poco fuimos ganando altura hasta situarnos en la parte alta de la ladera.
Hacia la derecha se veía una pequeña cumbre hacia la que los primeros se habían dirigido. Por otro lado, a mí también me sonaba mucho aquella cima de la vez ascendida desde Rodillazo. En pocos minutos y cómodamente alcanzamos este vértice en el que tan solo un mojón de piedras señalaba la cumbre. Eran entonces las 13:00 horas.
Desde allí pudimos contemplar los pueblos de Tabanedo y Rodillazo en el fondo del valle. Al otro lado de la collada de Santiago se alzaba el Correcillas con su cima cubierta de niebla. Antes de que se nos cerrara la misma en torno a nosotros, sacamos unas fotos y dejamos nuestra tarjeta de cumbres en un bote entre las piedras. Como el personal tenía prisa en emprender el descenso, no tardamos ni 15 minutos en comenzar a bajar.
Lo hicimos esta vez por la ladera más directamente al valle principal, el de Sancenas. De nuevo se adelantaron algunos y llegaron al fondo del mismo donde había un chozo. Yo prefería comer disfrutando del paisaje, por lo que nosotros nos sentamos en una rocas a media ladera donde poco después se nos unieron ellos. Allí estábamos a la abrigada y cómodamente reposados. De frente a nosotros estaba el Bodón, que durante casi toda la ruta lo habíamos tenido a la vista. Eran mas o menos las dos de la tarde.
De nuevo en marcha continuamos el descenso hacia el fondo del valle donde nos encontramos con tres montañeros más, uno de ellos antiguo socio del club. Nos metimos en el sendero por el que ya habíamos subido por la mañana. Por éste alcanzamos la collada y pasamos a esa parte abrupta de la ruta entre la que transcurre la senda hacia una de las ultimas colladinas. La niebla estaba abierta de nuevo y podíamos seguir disfrutando de las vistas de las cumbres cercanas.
Tras dicho paso empezamos a descender con más brusquedad hacia el hoyo donde se situaban las cabañas. El sendero lo bordeaba como ya comenté anteriormente hasta salir por la parte contraria. Javi V., Javi F. y José Antonio se desviaron por otro sendero hacia la izquierda siguiendo el resto por el mismo lugar de ascenso.
Poco a poco y con una charla bastante animada fuimos bajando aquel tramo ya con el puerto y los coches a la vista. Cerca de los mismos vimos ya a los tres compañeros que nos habían sacado mucha ventaja al tomarlo nosotros con suma calma.
A las cuatro de la tarde llegamos abajo. No tardamos en cambiarnos la ropa y el calzado humedecido. Al sacar ellos los coches del prado les comenzaron a patinar y se llenaron de barro, los coches y ellos. Para volver optamos por hacerlo por la otra carretera, la de Felmin. Bajamos el puerto por esta parte y atravesamos las Hoces de Vegacervera. Al llegar al pueblo del mismo nombre paramos a tomar un refrigerio en un bar e hicimos las cuentas, tras lo cual emprendimos de nuevo la marcha. Sin novedades recorrimos el resto del trayecto hasta entrar en León donde nos dirigimos hacia Guzmán. Aquí dejé a José y Javi V. que venían conmigo y no tardando llegué a casa cuando eran las 18:15 horas.
Con ello dimos por finalizada esta segunda salida anual del club. De nuevo el tiempo no fue todo lo bueno esperado, pero después de cómo había estado los días anteriores, fue toda una suerte como transcurrió esta jornada.












lunes, 12 de enero de 2004

SAN FACUNDO - MATAVENERO - POIBUENO - POZO DE LAS HOYAS - SAN FACUNDO 11-01-04

 


1ª TRAVESÍA “SAN FACUNDO- MATAVENERO- POIBUENO- SAN FACUNDO”.

11-01-04        (Domingo)

Comenzamos el año con una bonita travesía por la zona berciana cercana a Torre del Bierzo, concretamente algo más al sur del mismo. Ésta transcurre por el valle y cañón del río Argutorio, también conocido como Real, y asciende a lo largo de unos cuatro o cinco kilómetros pasando por los pueblos reocupados de Matavenero y Poibueno donde se comienza el retorno.
A la misma fuimos 8 personas, entre ellos algunos no socios del club o en trámites que, siguiendo las normas del mismo, viajaron en un vehículo aparte. Dichos participantes éramos los siguientes: Pepe, Javi V., Cristina, Pablo, José Antonio, Álvaro, Merce y yo. En Guzmán nos reunimos todos hacia las 9:00 horas y poco después emprendimos el viaje en los coches de Javi y Mercedes.
Tras parar en un kiosco de Trobajo a ver si tenían pan, sin éxito, salimos por la nacional hacia Astorga en el cual lo encontramos. Ya metidos en la autovía circulamos hacia el puerto Manzanal donde la niebla nos envolvió por completo hasta comenzar el descenso.
Llegado al desvío de Torre del Bierzo salimos de la misma y nos dirigimos hacia San Facundo, comienzo de la ruta. Por una estrecha carretera llegamos a dicho pueblo pasadas las 10:00 horas. En el centro del mismo aparcamos los coches y nos preparamos para caminar. La lluvia nos acompañaba desde hacia un rato y hubo que ponerse chubasqueros y demás. La temperatura no era baja por lo menos. Desde lo alto del pueblo saqué una foto del comienzo del cañón.
Alrededor de las 10:40 horas comenzamos la ruta saliendo de San Facundo por un estrecho sendero paralelo al río. Por encima vemos los cables eléctricos medio caídos de una antigua piscifactoría que luego contemplaríamos. El sendero va ganando altura durante un trecho con respecto al río y encontramos vegetación variada a sus orillas. Algo más adelante tenemos que atravesar un puente sobre el mismo y pasamos a la margen derecha. Continuamos ascendiendo suavemente y no tardamos en divisar por debajo la piscifactoría antes mencionada. A lo largo de este sendero vimos numerosas marcas de colores, como arco iris, animales, etc., dibujados por los habitantes de los pueblos hacia los que íbamos y que luego explicaré quienes son.
Poco a poco nos vamos metiendo más de lleno en lo que es el cañón en sí. Las vistas, a pesar de la niebla y la lluvia, son espectaculares. En diferentes lugares nos detenemos para sacar alguna foto sobre el cauce y contemplar las paredes del desfiladero. Aunque no es muy estrecho, hay varios cortados impresionantes. En la cuenca del río hay una presa que sirve para captar el agua que utiliza Bembibre para consumo general.
Tras dejar ésta atrás y recorrer otro trecho a buena altura sobre el río, comenzamos a nivelarnos y alcanzamos un puente donde paramos a sacar una foto. Yo coloqué la cámara para salir todos con el disparador, pero estaba tan lejos que no me dio tiempo a llegar y no salgo en ella. Por esta margen del río volvimos a ascender de nuevo entre numerosos árboles, algunos de tronco realmente grueso.
La intención primera nuestra era ir a Poibueno y luego a Matavenero, pero nos pasamos el desvío al primero sin verlo y ya continuamos hacia el otro para hacerlo al contrario. Paso a paso nos fuimos metiendo en un valle lateral por la derecha en cuya ladera vimos algunas casas del pueblo. José Antonio y yo nos desviamos un poco hacia un saliente para contemplar el valle hacia ambos lados y el resto nos sacó alguna ventaja. Éste, junto con Javi, eran los únicos que conocían aquella ruta y les llevábamos de guías.
Por el sendero llegamos a la punta del valle donde un puente atravesaba el cauce de otro arroyo. Allí estuvimos parados y aprovechamos para recoger algunas castañas que aún quedaban sanas en el suelo. Tras un rato sin lluvia, comenzaba a arreciar de nuevo cuando empezamos a subir la fuerte pendiente que nos quedaba hasta Matavenero. En este trecho vimos, como ya nos había anunciado Javi, algo un tanto curioso. Un enorme tronco caído y en forma de puente se atravesaba en el sendero teniendo que pasar por debajo de él para continuar la ascensión. Ya con ganas de llegar recorrimos este último trayecto hasta entrar en Matavenero sobre las 12:30 horas.
Tanto éste como Poibueno, eran dos pueblos deshabitados hace años en los que se ha instalado una colonia de unos 40 ecologistas de diferentes países con ese estilo de vida tan peculiar. Las viviendas originales de piedra han sido reconstruidas con numerosos materiales como chapas, madera, pizarras etc., muchos de ellos reciclados. Hasta allí no llega luz eléctrica y se iluminan con velas, baterías o paneles solares.
Una de las edificaciones se utiliza como bar, sala de reuniones etc., y en ella entramos a secarnos un poco y descansar. La encargada del mismo, una chica joven, nos comentó que llevaban unos 14 años allí. Nos contó algo de la historia del lugar, los trámites para poder habitar el pueblo sin que nadie les pudiera reclamar nada, etc. Hasta allí tampoco llega carretera alguna, y el acceso más cercano es desde la que viene de Foncebadón y tras caminar unos 20 minutos.
El bar se calienta con una cocina de leña que prendieron estando nosotros allí. Como seguía lloviendo, decidimos comer allí mismo y luego tomar un café. Otra curiosidad de esta comuna es que no se cobra nada de lo que se toma, si no que tienen un bote y cada uno deja la voluntad. En aquel curioso lugar nos sacamos unas fotos y secamos la ropa al calor de la lumbre.
Antes de irnos nos acercamos hasta otro edificio cercano usado de tienda de recuerdos. En él venden numerosas conservas de fruta que ellos mismos envasan. También manualidades que los niños hacen en la escuela, postales y otros muchos recuerdos del pueblo. Tenían un bonito póster con fotos de diferentes casas que, de no haber sido tan grande para traerlo, lo hubiese cogido.
Poco a poco había dejado de llover y decidimos continuar la marcha. Ya casi eran las tres cuando lo hicimos atravesando todo el pueblo desperdigado por la ladera. Vimos la escuela, el servicio común y otra tienda. También algo que nos sorprendió, una pequeña caravana metida en un sitio casi inaccesible para ella. Las casas eran de lo más variado como ya dije. A los muros de piedra originales se les había añadido casi toda clase de materiales que pudieran servir para hacerlas habitables, eso sí, sin ningún tipo de chapuzas, si no bien ensambladas y rematadas.
Así fuimos descendiendo hacia el fondo del valle, donde se sitúa Poibueno, pueblo en el que solo viven unos pocos habitantes y que ni tan siquiera vimos. Antes de llegar a él, y en un rincón del valle, vimos una bonita cascada. Echando la vista atrás contemplamos el pueblo que habíamos dejado formando una bella estampa en la ladera. Aprovechando la ventaja de la cámara digital, saqué numerosas fotos para seleccionar luego las mejores.
Ya en el fondo del valle estaba el río que atravesamos por otro puente de troncos que parecía recién construido. Tras éste nos encontramos con los restos de la iglesia con algunos muros aún bien conservados. Por encima de la misma vimos dos o tres viviendas, estas menos mejor reconstruidas que las anteriores. Como dije, no encontramos a nadie por allí y subimos hasta la parte alta.
Una opción que teníamos desde allí era la subida a Fonfría, pero visto el tiempo que hacía y la hora que era, las tres y media, no nos pareció conveniente. Antonio y Álvaro se adelantaron y decidieron subir hasta donde vieran que se les podía hacer tarde en el regreso. El resto optamos por emprender el regreso siguiendo el sendero del valle en vez de subir de nuevo por Matavenero. El problema que había por allí era el siguiente. Había que cruzar el río y la última vez que Javi lo había hecho fue por un par de troncos provisionales tras la caía del Puente de las Cabras. Pepe no iba muy convencido y era de la opinión de asegurarse el regreso por el mismo lugar. Al final seguimos el instinto de Javi y salimos por un sendero paralelo al río y con éste a nuestra izquierda.
Así comenzamos a subir suavemente por aquel estrecho ramal ganado desnivel hacia el cauce, que por su parte iba bajando. De esa forma alcanzamos el Mirador del Pozo de las Ollas, desde el cual se puede contemplar una bella serie de cascadas del río encajonado entre roca. Desde el mismo se comienza a descender paulatinamente hacia el fondo del valle donde teníamos que atravesar el río. A Javi le teníamos sentenciado que si no había puente, le usaríamos a él como tronco.
En una bifurcación del sendero dudamos cual sería el bueno. Merce se adentró por el de la derecha viendo que terminaba allí mismo. Por la izquierda seguimos entre matorral bajo hasta llegar de lleno al lugar donde estaban los dos troncos sobre el agua. El ancho allí era de unos 8 metros y aunque no era profundo el lecho, la corriente era fuerte.
Ayudados por un palo que apoyábamos en el fondo, y con sumo tiento, fuimos cruzando uno a uno a la parte contraria. A partir de allí continuaba el sendero por la ladera contraria del valle, la misma que por la mañana habíamos llevado. Pasamos algunos pedreros y lugares donde el desnivel volvía a ser considerable hacia el arroyo. De esa forma alcanzamos el cruce donde anteriormente teníamos que haber cogido el sendero por el que ahora íbamos para ir primero a Poibueno en vez de a Matavenero. En el mismo vimos un par de indicadores, bastante mal conservados por cierto, de los dos pueblos mencionados.
Ya por esta vereda nos encaminamos hacia el pueblo de San Facundo donde terminaríamos la marcha. Poco a poco se iban abriendo más claros en el cielo y vimos el reflejo del sol en las cumbres. Por entre la vegetación alcanzamos el puente de troncos donde quise que me sacaran una foto a mí, ya que antes no había salido en ella. Mas adelante llegamos al tramo donde el desnivel volvió a pronunciarse cerca de la presa para empezar el descenso del último trecho. En las paredes del cañón seguimos viendo algunas pinturas de arco iris y otros símbolos ecológicos. Caminando llegamos a la altura de la piscifactoría que vimos a nuestra izquierda.
Tras unos metros de descenso más, atravesamos el último puente antes de encaminarnos ya directamente hacia el pueblo donde llegamos sobre las 17:30 horas. Como los conductores de los coches eran Javi y Merce, pudimos cambiarnos tranquilamente y merendar un poco. Estando allí llovió otro rato más. Poco a poco fue oscureciendo mientras esperábamos por José Antonio y Álvaro. Le calculábamos que podían tardar poco más de una hora desde nuestra llegada.
Sentados bajo un cobertizo donde había un carro de paja y varias tablas fuimos haciendo tiempo ya algo impacientados cuando llegaron las siete y no llegaban. Hablando con un vecino de allí, que nos ofreció un lugar para meternos si teníamos frío y demás, nos comentó que, si habían llegado a Fonfría, era normal la tardanza. Eso sí, también nos dijo que si se habían salido del sendero hacia el bosque, no lo tenían fácil. Por lo que dedujimos de sus explicaciones, era posible que hubiesen tomado ya mal el camino cuando nos dejaron a nosotros.
Comenzamos, visto que la noche ya era cerrada y no llegaban, a pensar en dar aviso de su tardanza. Antes de ello nos acercamos Merce y yo hasta la entrada del pueblo desde el valle como antes ya había hecho Pepe y por suerte, ya a las 19:30 horas, les vimos venir por dicho sendero a los dos. La explicación es ésta. Un fallo de orientación en Fonfría les llevó a venir por una pista que daba más rodeo en vez de meterse por los senderos, lo que por otra parte fue lo más acertado.
Sin más emprendimos el regreso a León con esas dos horas de retraso, pero más tranquilos. Por la estrecha carretera circulamos hasta otra más general entrando poco después en la autovía. En ésta Javi le dio un poco de caña al coche y ya en Astorga la abandonamos. Por la nacional más suave fuimos avanzando hasta llegar a Hospital de Orbigo donde paramos a esperar por el otro coche durante 15 minutos. Ya juntos reemprendimos la marcha y sin novedades llegamos a León sobre las 21:20 horas. En Guzmán nos reunimos y nos despedimos unos de otros tras lo cual Pepe y yo vinimos a Armunia en mi furgoneta.
Así comenzamos este año 2004. A pesar del tiempo tan irregular, el recuerdo final para mí es positivo y deseoso de continuar estas experiencias durante el resto del mismo.























lunes, 15 de diciembre de 2003

BELÉN DE CUMBRES - "CERRO PEDROSO" (Collada de Aralla) 14-12-03

 


Nota: La Cumbre se llama "Cerro Pedroso" , no "Cedro Pedroso".


2ª ASCENSIÓN Al “CERRO PEDROSO”. (Belén de Cumbres).

14-12-03         (Domingo)

Otro año más llegó el momento de la despedida del año con la última salida del club de montaña. Como ya es costumbre, ésta excursión la dedicamos a celebrar la Navidad como montañeros colocando el tradicional Belén de Cumbres, que en esta ocasión hicimos en la cumbre del Cedro Pedroso. El mismo está situado muy cerca de la collada de Aralla, entre la comarca de Luna y Gordón.
El día no pudo ser mejor, dentro de la mala predicción que teníamos y de los días precedentes con niebla cerrada. A pesar de la escasa participación del personal, el resultado fue del todo satisfactorio y la diversión no faltó en ningún momento. En la misma participamos 12 personas que enumero: José F., Mari, José B., Carlos, Pepe, Toño, Cristina, Pablo, Jorge, Sonia, Ada y yo. Con todo ello, el transcurso fue el que a continuación relato.
A las 8: 15 horas llegó Pepe cuando yo estaba ya metiéndolo todo a la furgoneta. En la misma nos acercamos hasta Guzmán donde habíamos quedado para salir. Hasta allí fueron llegando los demás y poco después de las 8:30 horas emprendimos el viaje por la carretera de Asturias. Íbamos en los coches de Jorge, José F. y Pablo. La niebla nos acompañó hasta subir La Copona y luego abrió quedando el cielo alternado de nubes y claros. Hacia la montaña se veía mas nublado y enseguida se cubrió del todo de nuevo, aunque no con niebla espesa.
Al llegar a la altura de Pola de Gordón vimos que paraban los de delante y que el coche de pablo se desviaba hacia éste para coger pan. Algo más adelante giramos nosotros hacia la collada de Aralla y paramos a esperarles. Como tardaban, decidimos tirar y esperarles arriba. Cerca del bar de la collada aparcamos y enseguida llegaron ellos. Allí nos preparamos y repartimos lo que llevábamos para el evento entre todos.
A las 10:20 horas emprendimos la marcha por una pista con dirección sur. La niebla se abría y cerraba a ratos alternándose con la lluvia fina. Esta cumbre ya fue ascendida por alguno de nosotros hace casi siete años, por lo que sabíamos que era fácil y sencilla. Siguiendo este camino ascendente alcanzamos en poco tiempo al alto de la Loma Sextillo, desde la cual se comienza a bajar muy a nuestro pesar. En la misma sacamos unas fotos con el pueblo de Geras al fondo del valle.
A partir de ella, como digo, el camino desciende bruscamente bordeando unas cimas de fuertes cortados. Por aquel tramo ya comenzamos a ver algún nevero que otro. Tras unos minutos de descenso, llegamos a una curva donde el valle se cerraba algo más y tuvimos que atravesar el arroyo Valmeán hacia su margen izquierda. Aquí volvimos a subir de nuevo hacia el fondo del valle cada vez con más neveros. La pendiente era suave y lo llevábamos con buen humor.
Enseguida volvimos a atravesar el arroyo hacia la parte contraria pegándonos a la falda del llamado Alto de Juncanal. Este pequeño macizo tiene la peculiaridad de ser un continuo cresteo de rocas en las cuales llegamos a ver unos rebecos o similares justo en la cumbre. En la ladera pudimos observar igualmente numerosas cuevas.
Poco a poco fuimos ganando altura y de esa forma llegamos al fondo del valle. Aquí el camino giró a la derecha con dirección a una collada cercana que no tardamos en alcanzar. Eran entonces las 11:45 horas. Aquí, en vez de seguir el camino de la vez anterior, optaron por subir directamente sin pasar por el collado Pedroso. La nieve se hizo más abundante y entre las escobas costaba trabajo avanzar. Entre la niebla fuimos divisando la cima del pico para la que no quedaba mucho ya. Queríamos alcanzar la loma del mismo que veíamos más despejada de nieve.
El primer tramo hasta ella se hizo pesado debido a lo dicho anteriormente y a la pendiente acentuada de la ladera. Algunos se adelantaron unos metros y por sus huellas fuimos subiendo el resto. De esa forma llegamos a la loma por la que ya nos fue más fácil la subida. En el valle veíamos a un grupo subir por el mismo camino que nosotros. Sobre las 12:40 horas alcanzamos la cumbre del Cedro Pedroso, de 1909 metros de altitud. La collada de Aralla se sitúa a 1536 metros.
La niebla se disipaba cada vez más y nos dejaba ver más paisaje, aunque fuese cercano. Enseguida nos pusimos a colocar el belén entre una rocas. El problema es que yo creo que lo complicaron demasiado al buscar el sitio, ya que estaba de cara a una vertiente llena de rocas de difícil acceso. Para sacar las fotos de nosotros con el mismo hubo que hacer números con los trípodes, y aún así no se le ve a él. Allí, como ya es habitual, colocamos todo lo que llevábamos para tomar a su alrededor para que saliese en las fotos.
Tras este ritual, nos acomodamos para comer en las rocas aquellas. Entre los claros pudimos divisar el pantano de luna, allí cercano, con el puente colgante de la autopista. Hacia la parte contraria divisábamos los coches aparcados en el alto del puerto. Muy cerca teníamos el pico Lamazo, ascendido también por alguno de nosotros hace nueve años. Hacia la parte sur se veía completamente despejado. Hablando con mi hermana por el móvil, me confirmó que había levantado la niebla de la mañana.
Tras la comida nos dispusimos a celebrar un poco la Navidad como montañeros. Entre cánticos de villancicos y toque de panderetas dimos cuenta del turrón, polvorones, sidra y cava que llevábamos.
Poco después de las dos y media emprendimos el descenso. Decidimos hacerlo por el mismo lugar de subida y no arriesgarnos a hacerlo por la otra collada. Algunos habían salido un poco antes y por detrás quedamos Toño, Cristina, Carlos, Pablo y yo. Nos lo tomamos con calma y nos divertimos de lo lindo. Aprovechamos las laderas nevadas para hacer el conocido “culoskí”. Con la videocámara, que yo había llevado, dejamos constancia de todo ello así como diversas fotos. No faltaron tampoco las guerras de bolas. Realmente fue un descenso muy animado y divertido. El resto ya iba muy por delante y apenas se les veía. Por mi parte, llevaba una buena ronquera de tanto hablar y gritar y los pies empapados.
Con este buen humor alcanzamos la Loma Sextillo tras subir el tramo anterior que ya nos costó algo de trabajo. Solo unos metros más nos separaban de la collada de Aralla a la que llegamos sobre las 16:20 horas. En la misma nos cambiamos la ropa húmeda antes de emprender el regreso.
Esta vez optamos por hacerlo por la parte contraria, por Luna. Bajamos por Aralla hasta alcanzar la carretera que bordea el pantano. Siguiendo ésta llegamos a la presa cerca de la cual se encuentra un bar donde habíamos acordado parar. En él tomamos unos refrigerios e hicimos las cuentas tranquilamente sentados.
De nuevo en marcha avanzamos hasta La Magdalena y ya en Lorenzana vimos algún banco de niebla. Nos dirigimos hacia el punto de origen donde nos despedimos unos de otros hasta el sábado siguiente, en el que está programada la cena de Navidad del club.
Junto con Pepe volví a casa tras pasar este estupendo día de montaña. De esta forma dimos por finalizado otro año más de excursiones del club de montaña “Cumbres de León”, con el tradicional Belén de Cumbres.