lunes, 30 de marzo de 2009

PORCARIZAS - LAS CHARCAS - CAMPO DEL AGUA -PORCARIZAS 29-03-09

 


1ª TRAVESÍA “PORCARIZAS- LAS CHARCAS- CAMPO DEL AGUA- PORCARIZAS”.

29-03-09              (Domingo)

Una vez más la climatología nos ha obligado a modificar la ruta prevista para esta jornada. La actividad programada era la ascensión al pico Tapinón, en Tuiza, Asturias. Justo dos días antes ha entrado una borrasca de nieve que se ha mantenido precisamente en todo el norte de la cordillera. Eso, y la distancia nada desdeñable que teníamos hasta Tuiza, nos decidió a modificar los planes y en la misma salida improvisamos otra ruta en la zona de Los Ancares, tampoco cerca, pero con menor posibilidad de nieve ya que la altitud no era tan elevada.
A las 8:00 horas del nuevo horario de verano, nos reunimos en Guzmán los 10 participantes de esta ocasión: Cundi, Álvaro, José Antonio, Piedad, Miguel Ángel, Nati, una amigo de éstos llamado Toño, Mª Jesús, Adelino y yo. Tras comentar un poco las alternativas, escogimos ésta propuesta de José Antonio y en los coches de Miguel Ángel y el mío emprendimos el viaje hacia Astorga. Aquí entramos en la autovía que nos condujo hasta Villafranca del Bierzo donde la abandonamos. En las cumbres se cerraban las nieblas quedando el resto despejado. En un bar de esta localidad paramos a tomar un café antes de retomar el último tramo de 23 Km. a Porcarizas. La carretera se estrechó y redujimos la velocidad. Atravesamos el bonito cañón del río Porcarizas y dejamos atrás el desvío a Tejéira, donde intentamos el año pasado la ascensión a Peñarrubia y Tres Obispos. Casi a las once de la mañana llegamos por fin a Porcarizas tras 161 Km. recorridos. Aparcamos a la entrada del pueblo y nos preparamos para la ruta. El cielo se mantenía casi despejado, pero del norte llegaban nubes que dejaban escapar chispas de nieve. Nos sacamos una foto de grupo con la iglesia de fondo y a las 11:00 horas comenzamos a caminar.
Atravesamos el pueblo con casas de piedra y pizarra, algunas de ellas en ruinas. En una fuente en la que había una hornacina con una figura de un santo cogimos agua. En un corral vimos un bonito gallo con varias gallinas. Así dejamos atrás el pueblo por un camino que transcurría por el valle de Porcarizas hacia la sierra cubierta de nubes. Al lado del camino vimos un merendero con una casa al lado.
Dejando siempre el arroyo a nuestra derecha fuimos avanzando por el camino ascendiendo suavemente por él. Algunos tramos estaban encharcados, pero como estaba empedrado se caminaba cómodamente. A los lados había prados cargados de flores amarillas. Algunos chopos se alzaban en las orillas. También comenzamos a pisar algunos neveros sueltos. En unas praderías de la parte baja había varios caballos pastando. Por el otro lado subía una pista en la que vimos un vehículo.
Tras una hora de caminata salimos a una ancha pista de la parte izquierda del valle. Ésta incluso descendía un poco aunque continuaba con la misma dirección. De frente vimos ahora algunas cumbres de la sierra que bien podía ser el Campo Longo. Al llegar a una curva cerrada nos encontramos de frente al todoterreno que habíamos visto antes. Pues bien, en el camino había un tramo con nieve alta que no fue capaz de atravesar aún con ayuda nuestra. Le pegaba en los bajos y no cogía tracción. Iban a ver los caballos que habíamos dejado atrás en los prados y al final tuvieron que seguir andando.
Tras atravesar un puente sobre el arroyo, abandonamos la pista para meternos en un camino entre bosque. En él pudimos ver gran cantidad de acebos y muchos robles, algunos de ellos de enorme tronco. Pasamos luego una pradera y nos internamos de nuevo en la arboleda. Cada vez era más abundante la nieve, aunque aún no lo cubría todo. Las ramas formaban un bello arco por encima de nosotros. En un gran roble de tronco descomunal nos sacamos una foto. La sorpresa fue verlo por detrás y encontrarlo casi hueco. En otro nos sacamos una foto de grupo con la nueva cámara que ya tengo y que es igual a la anterior. Por cierto, llevaba también aquella por si se echaba a llover o nevar no arriesgar la nueva.
Mas adelante atravesamos un arroyo donde pudimos ver algunos chupiteles de hielo. El camino serpenteaba por el medio de la arboleda nevada. Por encima de ellas se veían las cumbres bajo las cuales iba otra pista que luego tomaríamos hacia el Campo del Agua. No tardando perdimos el camino y comenzamos a subir directamente por la ladera pisando bastante nieve. Ahora se hacía pesado el avance por la misma. Algunos ya iban por delante y no les veíamos. Siguiendo sus huellas íbamos ganando altura poco a poco. En algunos lugares metíamos la pierna hasta la rodilla.
Por fin salimos del bosque y las huellas se dividieron. Por suerte vimos el refugio del que había hablado José y nos dirigimos a él donde ya estaba la mayoría. Solo faltaba Mª Jesús que había seguido de frente pero que llegó enseguida. Eran las 14:00 horas.
Por encima del refugio de Las Charcas se alzaba el pico Tres Obispos al que comentamos la posibilidad de subir. Viendo aún lo que faltaba, no menos de hora y media o dos horas, y la nieve que se acumulaba en sus laderas, desistimos de intentarlo. En cambio decidimos comer allí y marchar hasta Campo del Agua por la pista que pasaba allí cerca. En la fachada nos hicimos una foto con el pico de fondo.
Dentro del refugio había una chimenea en la que prendimos fuego y una mesa con bancos donde nos acomodamos para comer salvo José Antonio, que se fue a investigar por allí cerca. Tampoco estaban Nati y Cundi, que ya habían quedado por detrás en el valle. El humo salía más hacia el cuarto que por la chimenea. Alguien llevó limonada para comenzar ya a “matar judíos”.
Cuando terminamos y salimos una hora después para retomar la marcha estaban las cumbres totalmente ocultas por las nubes y se escapaba la nieve. Desde allí teníamos una amplia vista del valle e incluso podíamos ver al fondo el rascacielos de Ponferrada así como las sierras del Teleno, Vizcodillo y Trevinca. Entramos en el camino que antes habíamos perdido y que ahora subía suavemente por la falda de la sierra por debajo del Cuerno Maldito. Durante un rato se cerró la niebla arriba y casi ocultó la vista del valle también. Ahora estábamos rodeando toda la cabecera del valle de Porcarizas para llegar a Campo del Agua, situado en una altiplanicie de aquel valle. En el camino encontramos trechos donde había caído la nieve de arriba tapando completamente el firme.
Así como se había cubierto, volvió a despejar y quedaron las cumbres de nuevo a la vista con el cielo azul de fondo. Tuvimos allí una bella panorámica de toda la sierra y no tardando apareció la cumbre de Peñarrubia tras unas lomas de este primer valle. También comenzamos a ver el pueblo en el fondo del mismo.
Al llegar a un determinado punto José Antonio, Miguel y Mª Jesús marcharon a su bola por la ladera arriba. El resto continuamos por la pista que subía suavemente hasta encontrarnos de frente con una loma encima de la cual se veía una caseta. Pues bien, poco más adelante había una bifurcación de la pista y no sabíamos por cual de ellas continuar, por lo que tuve que llamar a José Antonio para que nos sacara de dudas. Ellos venían por la parte alta de la misma loma que nosotros.
Seguimos avanzando, yo con la creencia de que el Campo del Agua estaba justo en la parte contraria a la que realmente se emplazaba. No tardamos en verlo a nuestra derecha por debajo de nosotros y para llegar a él la pista daba un buen rodeo. Desde una collada se podía ver el valle contrario con el camino que viene de Burbia y la carretera que llega a éste. Fue Álvaro el que no dudó en echarse ladera abajo entre las escobas para bajar directamente al pueblo. Los demás nos lo pensamos pero al final le seguimos.
Más que las escobas, que no eran muy altas, lo que molestaban eran los hoyos del terreno en los que había replantados pinos. Como además no se veían, corríamos el riesgo de caer de bruces. Poco a poco fuimos descendiendo y atravesamos también otra replantación de árboles metidos en tubos de plástico. De esa forma llegamos a las 17:20 horas al barrio de Las Valiñas, en el cual se pueden ver algunas pallozas de las restauradas hace unos años. Hablando con un par de jóvenes nos contaron como de aquella, tras haberse restaurado unas 30 pallozas, las quemaron al poco tiempo. También nos comentaron que ellos mismos restauraron la iglesia que se emplaza entre dos barrios.
Campo del Agua consta de tres barrios, éste de Las Valiñas, otro adyacente, el de El Regueiral, y Campo del Agua. Tras hacernos unas fotos con alguna palloza bajamos al segundo barrio y por el camino llegamos a la iglesia situada en un cerro antes de Campo del Agua. Aquí se unieron los otros compañeros a nosotros. En el 2002 esta iglesia estaba totalmente en ruinas y derruida. Ahora se encuentra restaurada por completo. Desde allí se veía en otro alto lo que parecía una pequeña ermita. Con la cámara saqué una foto y a mí me parecía una caseta con antenas. Miguel se decidió a subir y de regreso dijo que era una pequeña capilla de piedra con una imagen dentro y una cruz fuera.
Nos encaminamos hacia el último barrio en el que hay varias casas y pallozas, muchas de ellas en ruinas. Subimos entonces por un camino hasta un alto desde el cual seguía éste bajando por el valle de Porcarizas siendo la misma pista que habíamos abandonado por la mañana antes del bosque. Para bajar a Porcarizas por camino solo se podía por allí o por otra que nos habían comentado en Las Valiñas. Fue Miguel Ángel quien dijo que se podía también desde la ermita enlazando con otro camino más abajo, o eso le entendimos. Nos encaminamos hacia la capilla por el alto de la loma teniendo una amplia vista del Campo del Agua. Yo ya había estado en éste lugar en dos ocasiones.
Llegamos así a la cima donde se emplaza esta capilla en la que dentro hay una imagen de un santo que no recuerdo. Allí nos sacamos unas fotos y emprendimos el descenso por el medio de la loma entre los dos valles siguiendo a Miguel. Hacia el Oeste se podía ver un bello contraluz de nubes sobre Peñarrubia. Eran las 18:40 horas.
En la creencia de que había algún camino bueno fuimos bajando hasta divisar Porcarizas bajo nosotros. Lo malo era que para llegar a él teníamos un desnivel casi vertical con maleza y algunas zonas casi de destrepe. Por detrás quedamos Adelino, Mª Jesús y yo mientras que el resto, salvo José que no se sabía donde había quedado, iba por delante. Tuvimos que sortear algunos pasos no muy fáciles y agarrarnos a las escobas como ayuda. Así fuimos perdiendo altura y llegamos por fin a la parte baja. El resto ya estaba por detrás del río y José también. Para pasar éste tuvimos que retroceder casi un kilómetro hasta un puente. Ya con dirección al pueblo pasamos al lado del merendero y a las 19:50 horas entramos en Porcarizas. Nos dirigimos a los coches y allí nos cambiamos. Nati había recogido varios ramos de flores que repartió luego.
Sin más, a las 20:20 horas emprendimos el regreso a León. Paré a sacar algunas fotos del cañón y otras de una antigua explotación aurífera similar a Las Médulas. En 45 minutos recorrimos los 23 Km. a Villafranca del Bierzo. Paramos de nuevo en el mismo bar a tomar un refrigerio e hicimos las cuentas. A las 21:30 horas retomamos el viaje por la autovía hasta Astorga donde salimos a la nacional. Por ella recorrimos los últimos kilómetros hasta entrar en la capital sobre las 23:15 horas. En Guzmán dejé a los compañeros y minutos después terminaba el viaje en casa.
Después de todo resultó una jornada de lo más gratificante. Al final lo que cuenta es hacer algo, aunque no sea lo programado.


























lunes, 2 de marzo de 2009

FUENTES DE NOCEDA (Noceda del Bierzo) - 01-03-09

 


2ª TRAVESÍA POR “LAS FUENTES MEDICINALES DE NOCEDA”.

01-03-09            (Domingo)

Siguiendo el calendario programado, hemos hecho esta travesía en la zona berciana de Noceda para recorrer la ruta de las Fuentes Medicinales, la cual hace tres años hicimos coincidiendo con un magosto celebrado por la delegación.
Con una mala previsión del tiempo, que se cumplió, nos reunimos los diez participantes en Guzmán a las 8:30 horas. La lluvia arreciante caía cuando salimos de la ciudad por la nacional hacia Astorga. En los coches de José Antonio y el mío iban además Piedad, Nati, Roberto, Adelino, Álvaro, Mateo, Mª Jesús y Merce. En Astorga entramos en la autovía para continuar por ella hasta salir en Bembibre. En un bar del centro paramos unos minutos a tomar un café antes de proseguir por la carretera secundaria hacia Noceda. La cumbres estaban totalmente cubiertas de nieblas y la lluvia, aunque más suave, seguía cayendo. Avanzo aquí que durante el resto de la jornada tuvimos algún rato que cesó ésta, pero la mayoría del tiempo se mantuvo presente aunque no muy fuerte.
Ya eran las 10:30 pasadas cuando llegamos a Noceda, (850 m), atravesando los numerosos barrios que tiene hasta llegar al más alto. Por una estrecha calle subimos unos metros hasta el comienzo de la ruta aparcando allí mismo los coches. Nos preparamos para comenzar la caminata, pero antes quise sacar una foto de grupo. Pues bien, en ese momento se me terminaron las pilas y otras que puse recargables también estaban agotadas, lo cual me dio mala espina. Ya me ha pasado más veces y no sé si están mal las pilas o el cargador, pero tengo que comprobarlo. Total que no pude sacar esa primera foto. Menos mal que llevo más de repuesto.
Poco antes de las 11:00 horas comenzamos la ruta subiendo por un camino entre enormes castaños. La pista zigzagueaba por la ladera derecha del valle y por encima del pueblo. Esta ruta está señalizada como “PRC-LE 44” y tiene una longitud completa de unos 10 Km. con 523 metros de desnivel. Atrás dejamos un edificio en construcción que parecía ser un depósito de aguas.
No tardamos en encontrar la primera fuente de la ruta, la de “Juan Álvarez”, situada a 1002 metros de altitud. Esta fuente consistía en un chorro entre helechos y roca con dos tubos metálicos por encima de ella. Siguiendo la marcha fuimos dejando atrás los castaños y entramos en zona de robles y hayas. Llegamos así al final del ancho camino en un punto cercano al arroyo, uno de los varios que abastecen más abajo al ya río Noceda. Allí había un colector de recogida de aguas que rebosaba por todas las juntas.
La ruta seguía ahora por un sendero que subía serpenteando ladera arriba hasta coger un buen desnivel con el cauce. Luego se suavizó la pendiente e incluso bajamos ligeramente hasta situarnos de nuevo al nivel del arroyo, el cual también subía más alto ya que íbamos en su contra. En el cauce vimos algunas bonitas cascadas presagio de las más grandes que luego encontraríamos.
Tras atravesar un puente de madera sobre el arroyo nos encontramos una zona rocosa donde podía resbalarse uno con la piedra mojada. No tardamos en llegar a la segunda fuente, ésta unos metros desviada del sendero, pero bien señalizada. Allí nos encontramos con varios de los compañeros adelantados. Para acceder a esta fuente, la del “Azufre”, hay que bajar unos metros hacia el nivel del arroyo encontrándonos con un bello rincón. Una pasarela metálica nos acercó al manantial que sale de la roca y resbala por ella dejando un reguero naranjado hasta fundirse con el arroyo principal. En una placa de granito se inscribe el nombre y las propiedades del agua: “Ferruginosa y Bicarbonatada Mixta”. Allí mismo cae otro bello salto en el arroyo principal. Eran las 12:20 horas y llevábamos 4,200 Km.
Abandonamos este enclave y seguimos subiendo ahora más bruscamente entre escobas y roble bajo llegando enseguida a otro desvío a la “Fuente de La Salud”. Alguno de los que iban delante, no digo quien pero todos los sospechamos, había cubierto con ramas la indicación a esta fuente y en el suelo escribió la palabra “NO”. Como ellos iban más deprisa y nosotros lo tomamos con calma, querían que no nos retrasásemos entrando a este fuente, pero no coló.
Para llegar a ella había que bajar de nuevo unos 50 metros hacia otro pequeño ramal del arroyo. Sin duda, y de ello me acordaba, era la más bonita de todas. Esta fuente se emplaza en un pequeño hueco donde cae además otro salto del arroyo. Rodeada de helechos y otros vegetales, forma una bella estampa. Al contrario que las anteriores, ésta sale por un tubo aunque también a su alrededor está la roca amarillenta del óxido. Sus propiedades eran “Clorurada Oligomineral Sulfatada Mixta”. De esta sí que bebimos un poco y el sabor era fortísimo a óxido.
Tras unos minutos en este lugar retomamos la marcha subiendo entre matorral alto y entrando de nuevo en el bosque. Ahora la niebla yo nos envolvía totalmente y en una ladera enfrente vimos unos pequeños neveros. Llegamos así a otro puente de madera con solo una balaustrada. Escasos metros más arriba salimos al ancho camino que nos llevaría al mirador de la Gualta. Sí que se me quedó grabada de la vez anterior lo pesado y largo de este tramo. La pista es “fea” y además ahora no se veía apenas paisaje alguno. La misma transcurre bajo las peñas de La Gualta que forman parte de la Sierra de Gistredo, en cuyo límite estábamos. En varios tramos se ve la roca mellada por las máquinas que hicieron la pista.
Al llegar a un determinado punto, un indicador nos señalaba a la izquierda la cascada y el mirador. Abandonamos el ancho camino para dirigirnos hacia el mirador situado a no mas de 300 metros. En este tramo está el desvío a la cascada. Para alcanzar el mirador hay que subir un trecho rocoso tras el cual se encuentra este enclave. Allí nos reunimos todo el grupo, y aunque llovía suavemente, optamos por comer. Eran las 13:20 horas y llevábamos unos 5 Km. recorridos. Allí la altitud es de mas o menos 1400 metros.
Antes de nada nos sacamos una foto de grupo en torno a un banderín metálico con las siglas CIT, una organización turística de la zona. Acomodados en las rocas nos dispusimos a comer mientras seguía lloviendo. La vista era nula, lo cual era una pena ya que desde allí se veía todo el valle y el pueblo al fondo. Como postre algunos tomamos un chupito de café que llevaba Adelino, lo cual nos animó aún más y soltamos algún que otro desafine cantando. Tres jóvenes habían llegado allí también y estaba comiendo igualmente.
A las 14:15 horas emprendimos el descenso. Al llegar al desvío de la catarata comenzamos a bajar hacia ésta. Como ya sabíamos, este tramo tiene una fuerte pendiente y por ello han colocado unas estacas con una cuerda para ayudarse. Con lluvia aún es más peligroso en algunos tramos por lo resbaladizo del sendero. Unos escalones con maderas cruzadas impiden el desmoronamiento del mismo. En un punto hay un desvío hacia la cascada y nos metimos a él. Llegamos a un lugar desde donde se podía ver, pero no completamente. Adelino y Roberto bajaron unos metros más, pero comprobaron que era mejor seguir el sendero y verla desde la parte baja. Así lo hicimos y nos desviamos otra vez para llegar al lugar donde cae el salto. Con la gran cantidad de agua que bajaba era realmente impresionante. Esta cascada la forman dos saltos seguidos visibles desde aquel punto. Nos sacamos algunas fotos en ella, aunque con la lluvia se empaña la lente y se llena de gotas, por lo que salen borrosas.
De nuevo en marcha seguimos el sendero que bajaba por el medio del bosque paralelo al arroyo. En él seguíamos viendo muchos más saltos de pequeño desnivel pero aún así de belleza destacada. Llegamos a un puente de madera similar al último atravesado, con una sola barandilla. Entre robles seguía la senda bien marcada que transcurría por un valle paralelo al de subida del que nos separaba una loma. En este tramo encontramos la fuente del “Canalijo”, un chorro de agua sin mucho interés visual. Marcaba la señal 1050 metros de altitud. Dejamos atrás esta fuente y avanzamos por el sendero cubierto de hojas. Era curioso ver los troncos de los robles tapizados totalmente por líquenes y musgo.
La ruta atravesaba luego otro puente sobre un arroyo. Este último tramo lo tengo muy embarullado en la mente. Siguiendo siempre las indicaciones, cambiamos de vaguada y de arroyo. Encontramos una señal que indicaba la cascada y el mirador por otro camino. Nos quedaba por ver la última fuente, la del “Rubio”, que la vez anterior no vi tampoco.
Siguiendo la flecha que nos indicaba su dirección llegamos a la Fuente “Mía” situada al otro lado del arroyo más adelante y en un plantío de chopos. Pues bien, en el mismo cartel nos indicaba la del Rubio hacia atrás, por lo que dedujimos que nos la habíamos pasado en ese medio tramo. Retrocedimos entonces unos 200 metros viendo ahora un cartel con su dirección. Siguiendo el sendero unos metros llegamos a una canal de agua imposible de atravesar. Con las mismas volvimos a desandar el sendero en la creencia de que el canal, que parecía no muy antiguo, había cortado el acceso a la misma.
Siguiendo la ruta de nuevo pasamos al lado de una pequeña presa de la que se abastecía una acequia. Entramos luego a un ancho camino que en pocos minutos nos llevó a la piscifactoría ya cercana al pueblo. Al lado había un viejo tractor al que no pudo por menos de subirse Álvaro. Al otro lado del valle se veía el camino por el que habíamos subido por la mañana y el depósito en construcción.
Antes de entrar en el pueblo encontramos un desvío con una señal que indicaba la dirección de la fuente del “Rubio” situada a 1 Km. Ahora que veo mejor el mapa sí que sale del mismo pueblo el ramal hacia ella. Creemos que el otro desvío que vimos pudo quedar cortado por el canal que abastece a la piscifactoría. Algunos decidieron subir a verla mientras otros optamos por seguir la marcha. A las 16:15 horas entramos en el pueblo tras unos 10,5 Km. recorridos.
Por un lado José Antonio, Merche y Piedad ya hacía un rato que habían llegado y estaban en un bar de la casa rural. Álvaro, María Jesús y Mateo se habían ido a la fuente y Roberto, Adelino, Nati y yo nos dirigíamos al coche. En una ermita quedaron Adelino y Roberto mientras Nati y yo subíamos a por éste. José Antonio ya había bajado el suyo al pueblo.
Tras recoger luego a los dos compañeros bajamos hacia donde estaban los otros tres. Por lo visto en el bar aquel no dejaban comer nada que fuese de fuera. Esto no nos hizo gracia y decidimos irnos a otro cercano a la ermita. Allí estuvimos tomando unas consumiciones y nos cambiamos. Yo estaba totalmente empapado, pero no de la lluvia, si no de no transpirar. Llevaba los pantalones impermeables y estaba más mojado que si nos los llevase.
Después de un rato llegaron los tres compañeros, a los que tuve que indicar por móvil donde estábamos. En el bar estuvimos unos minutos más y poco después de las 18:00 horas emprendimos el regreso a León. En esos momentos no caía ni una gota y hasta casi llegar a la capital no llovió. En el centro dejé a las compañeras que venían conmigo y unos minutos antes de las 20:00 horas llegaba yo a casa.
















lunes, 23 de febrero de 2009

PEÑA ORACADA Y TEJEDA DE TOSANDE (Palencia) 22-02-09

 


1ª TRAVESÍA A LA “TEJEDA DE TOSANDE” Y 1ª ASCENSIÓN A LA “PEÑA ORACADA”. (Palencia).

22-02-09               (Domingo)

Hemos realizado una nueva excursión a otra provincia vecina como es Palencia. Nos hemos acercado a la zona de Cervera de Pisuerga para recorrer un bonito bosque de Tejos ampliado con la ascensión a una cumbre cercana, la Oracada, con unas espectaculares vistas de toda la comarca. Exactamente hace un año visitamos otro bosque similar, la Tejeda de Requejo, en Sanabria.
En esta ocasión 8 fuimos los animados a participar: Adelino, Roberto, Nati, Piedad, Álvaro, Mª Jesús, José Antonio y yo. Poco después de las 8:00 horas nos recogieron a Mª Jesús y a mí en el Plus. En los coches de Adelino y de José Antonio emprendimos el viaje hacia la Dehesa de Montejo de donde partía la ruta. Decidimos ir por la autovía de Burgos en vez de por Guardo. Así fuimos recorriendo kilómetros hasta abandonarla en el desvío de Saldaña. Por una comarcal hicimos el resto del viaje atentos en los pueblos por si había algún bar abierto para tomar un café, el cual no encontramos.
Llegamos de esa forma a Cantoral de La Peña donde nos incorporamos a la carretera que viene de Guardo. Escasos dos kilómetros nos separaban del aparcamiento donde se comienza la ruta y situado a medio kilómetro de la Dehesa. Eran las 9:40 horas y habíamos recorrido 150 Km.
Nos preparamos para la ruta que comenzamos a las 10:00 horas por un camino descendente hacia el norte. A la izquierda se alzaba el macizo con la Peña Cantoral en primer plano y la Oracada tras ella. Apenas se veían unos neveros en su cumbre estando el resto limpio de nieve. En el camino vimos una señal que indicaba 700 metros a la Dehesa de Montejo, situado al otro lado de la carretera.
Siguiendo aquel camino que descendía bastante llegamos a la línea de ferrocarril de FEVE que une León y Bilbao. Un corto túnel bajo la misma nos permitió atravesarla para continuar la marcha hacia el comienzo del valle. Entramos entonces en una zona de pastizales donde abandonamos el camino para atravesar por el medio de la ganadería que pastaba en ellos. Pudimos ver varios terneros que por su aspecto no tenían más que unos pocos días. Tras atravesar estas praderías nos encontramos con un antiguo cargadero de mineral al lado del cual había una fuente con pilón en el que el hielo formaba una capa de 30 cm. Colocados encima de ella no llegaba a romperse.
Continuamos la marcha pasando otro prado lleno de vacas y no tardamos en encontrarnos con un estrecho desfiladero cuya entrada estaba cerrada por maleza. Aquí nos entró la duda de si iríamos por buen camino o no. Realmente la ruta iba por el camino que, no sé porqué, habíamos abandonado y por el que había seguido José A. Alguien vio enseguida que se podía pasar bien por el pequeño cañón y que incluso había hasta un sendero marcado en él. Roberto también se había desviado e iba unos metros por encima de nosotros. Era bonito aquel angosto paso entre piedras y arbustos que nos metió luego a un bosque de altos robles donde enlazamos con el ancho camino que antes habíamos dejado.
Estábamos ya metidos de lleno en el valle de Tosande por el que bajaba el pequeño arroyo que le da nombre. Pocos metros después atravesamos una portilla de madera construida de no hacía mucho tiempo. Vimos por allí algunos restos de nieve en el camino. Entre robles transcurría este ancho camino entre las peñas Cantoral y Tres Cruces. No tardando llegamos a un puente, también de reciente construcción, que atravesaba sobre el arroyo, el cual se saltaba ahora de un salto. Nos hicimos una foto y pasamos al otro lado, aunque el camino no lo hacía. Seguimos por un sendero paralelo al mismo durante unos 200 metros antes de llegar a un punto donde de nuevo lo atravesamos esta vez sin puente alguno. Luego vimos que podíamos haber seguido por aquella margen ya que más adelante se volvía a pasar de nuevo a dicho lado.
Nos encontramos enseguida con unas formaciones rocosas al lado izquierdo del camino tras las cuales se abría el valle. Por detrás ya quedaban las cumbres mencionadas y el camino estaba cubierto de nieve. No tardamos en divisar el abrevadero que teníamos como referencia en la ruta y donde había que abandonar el camino ancho para subir a la tejeda. En el folleto que llevábamos marcaba la ruta siguiendo el valle y regresando por el bosque, pero mi opinión era ver antes la tejeda y luego ya se decidiría por donde bajar. Aquel punto era el inicio de la ruta circular y para ver la tejeda antes había que cambiar el sentido de la marcha que marcaba el folleto. El podómetro marcaba 3 Km. y eran las 11:30 horas.
Nos hicimos unas fotos allí con el valle rodeado de cumbres y bosques. A la izquierda veíamos un cartel hacia el que nos dirigimos viendo que se trataba de información sobre la tejeda. De allí partía el sendero que se internaba en el hayedo subiendo por una especie de escalinata formada por troncos atravesados que impiden el arrastre de la tierra por la lluvia. Algo similar habíamos encontrado en la ruta de la tejeda de Requejo. La nieve cubría el terreno de la estrecha vaguada por la que se ascendía. Al lado del sendero vimos algunos bancos de madera. En un determinado punto encontramos huellas que subían y bajaban por el lateral izquierdo. Comprobamos que se trataba de un atajo que no cogimos ya que la pendiente era pronunciada. Marcamos con ramas una flecha para Nati, que venía poco detrás, y continuamos ascendiendo hasta ver en la ladera el sendero delimitado por una estructura de madera que impide igualmente el desmoronamiento del mismo. Ya comenzamos a ver algunos tejos no muy grandes por aquella zona.
El sendero cambió de orientación y se suavizó la pendiente. No tardamos en llegar a la altura de dos enormes ejemplares de tronco retorcido donde nos sacamos unas fotos. Estábamos en la cara norte de las Peñas Oracada y Cantoral y la nieve cubría toda la ladera. Continuando la marcha llegamos enseguida a la zona del bosque donde se concentraba la mayor parte de los tejos. Para evitar en mayor medida el destrozo del entorno, entre ellos transcurre una pasarela de madera que los va rodeando y se bifurca entre ellos. Algunos incluso están rodeados con alambrada para evitar que los animales los dañen. Así encontramos el pequeño bosque de tejos en la zona de La Cervatina, en Puebla de Lillo. Aunque no tan gruesos como los que vimos en Sanabria, el número de ellos era muy superior a los de aquel bosque.
Apunto aquí que me he comprado un pequeño trípode articulado que se enrosca a cualquier rama y con el que nos sacamos varias fotos al lado de los tejos. Tengo que tener cuidado al enfocar la cámara para que no pille la zona borrosa de la lente encima de alguna cara. Estoy ya mirando cámaras para comprar otra ya que así no me sale ninguna foto decente.
Un buen rato estuvimos contemplando todo este rincón embellecido más aún si cabe con la nieve. En la pasarela de madera había que andarse con cuidado ya que estaba helada y se patinaba fácilmente.
Así fuimos atravesando la tejeda y salimos a cielo abierto por encima del valle por el que habíamos subido. Podíamos incluso ver los coches en el aparcamiento cercano a la carretera. Por encima de nosotros teníamos la peña Cantoral y decidimos comenzar el ascenso hacia ella. Eran entonces las 13:15 horas. A José Antonio y a Piedad no les veíamos desde casi el comienzo de la ruta y supusimos que iban a subir a la Peña Redonda, situada al final del macizo aquel.
Nosotros nos sacamos una foto con el valle de fondo y emprendimos la subida por la ladera nevada. En ella vimos un gran tejo caído con las raíces medio arrancadas pero que se mantenía vivo. Poco a poco fuimos cogiendo altura precedidos por otra pareja a la que seguíamos las huellas. La pendiente no era muy pronunciada y se ascendía bien. La nieve tampoco estaba muy blanda y no era muy abundante. No tardamos en ver la cumbre de la Oracada frente a nosotros. La peña Cantoral era más baja y la fuimos dejando a la izquierda. El paisaje era cada vez más amplio y comenzamos a ver el Espigüete y el Curavacas al norte. Nati se quedó en unas rocas del linde del bosque mientras el resto íbamos ganando altura hacia la collada de La Braña, entre las dos peñas.
A las 14:20 horas llegamos Roberto y yo a dicha collada mientras el resto ya estaba casi en la cumbre. El viento allí era fortísimo del norte, lo cual hizo baja la sensación térmica en varios grados. Estábamos a una altura de 1758 metros y teníamos una amplia panorámica de la llanura palentina hacia el sur. Bajo nosotros teníamos el pueblo de Cantoral de la Peña y La Dehesa de Montejo.
Comenzamos a subir el último tramo hacia la cumbre azotados por ese viento que nos tumbaba. Nos daba por la derecha y había rachas que nos hacían desplazar el rumbo. La pendiente era considerable, pero se ascendía bien entre las rocas. De esa forma alcanzamos Roberto y yo la cumbre de la Peña Oracada a las 14:35 horas. En ella apenas se podía parar y había que meterse unos metros hacia la parte Sur. En una de las cumbres más al Oeste vimos a José Antonio y a Piedad bajando por la ladera. Nosotros decidimos comer allí mismo abrigados en la parte sur de la cumbre.
Pues bien, fue bajando esos pocos metros para acomodarse donde Adelino dio un traspiés y cayo sobre las rocas dándose un golpe en la cara y en la pierna que por suerte fue poco más que el susto. Por lo visto se le había trabado el alambre de la polaina con las rocas. Nos pusimos a comer mientras veíamos a los dos compañeros venir hacia nosotros.
Antes de emprender el descenso nos sacamos una foto en la cumbre y dejamos una tarjeta en un bote entre el montón de rocas del hito. Desde aquella altitud de 1821 metros la vista era amplia contemplando numerosas cumbres de la zona limítrofe de Palencia y León así como de Palencia y Cantabria, entre ellas Peña Labra, que apenas se veía entre las nubes que cubrían esa cordillera. También se podía ver el embalse de Requejada y el de Aguilar de Campoo con esta población a la vera. No se veía sin embargo Cervera de Pisuerga, oculto tras el pico Tres Cruces que se alzaba al otro lado del valle de Tosande. Destacaban entre todas las cumbres la del Espigüete y el Curavacas así como el Arbillos, Murcia o Peña Redonda en primer plano.
A las 15:35 horas emprendimos el descenso. Habíamos comentado la posibilidad de bajar directamente por la cara sur, pero yo quería aprovechar para pasar de nuevo por el bosque de tejos. De esa forma emprendimos la bajada por la misma ladera hacia el collado de La Braña. José Antonio lo hizo por la parte contraria bordeando luego la cima por el norte.
Tras dejar atrás el collado entramos en las laderas nevadas por las que habíamos subido. Pues bien, aquí aproveché para sacar el plástico que llevo conmigo y nos pusimos a hacer “culoskí” con él. Estuvimos un buen rato en una ladera subiendo y bajando por ella mientras yo grababa los deslizamientos. En la última bajada nos tiramos Piedad, Mª Jesús, Álvaro y yo juntos. A media ladera nos dimos la vuelta y bajamos de espaldas retorciéndose Piedad un poco la pierna sin mayores consecuencias.
Así fuimos llegando a la linde del bosque en el que entramos a las 16:40 horas. Poco a poco fuimos encontrándonos de nuevo los tejos atravesando entre ellos hacia el camino marcado. A mí se me terminó la tarjeta y la cambié. Pues bien, tras recorrer casi un kilómetro me di cuenta que no llevaba los bastones. Los había dejado en aquel momento apoyados en un tronco. Mientras el resto continuaba, Mª Jesús y yo retrocedimos en su busca. La suerte hizo que viéramos una especie de jineta o parecido que los demás habían visto antes por delante. Todavía me dio tiempo a grabarla unos segundos. Justo allí había dejado los bastones en el tronco y sin más emprendimos el regreso. Había dejado la mochila para no cargar con ella y la recogí.
Poco después llegamos donde estaban los dos últimos tejos grandes. Allí había un grupo de personas. En vez de bajar por el sendero, decidimos hacerlo por el atajo. Era pendiente y tenía rocas en medio de la nieve, por lo que había que ir con cuidado. En poco tiempo llegamos a la vaguada que bajaba directa al fondo del valle y en ella nos reunimos con el resto de compañeros.
A las 17:30 horas llegamos al valle principal. Unos tres kilómetros nos restaban hasta el coche. La nieve del camino apenas se había quitado ya que el sol no le da en muchos tramos. Dejamos atrás el tramo de rocas y entramos en el robledal. Unos íbamos por un lado del arroyo y otros por el contrario. En el puente nos reunimos y enseguida atravesamos la cancilla de madera. Una vez más abandonamos el camino ancho para meternos hacia los prados y el desfiladero. Hacia atrás se elevaba ahora la silueta a contraluz de la peña Cantoral.
Tras pasar el desfiladero llegamos al pilón de agua que seguía helado. Dejamos atrás el cargadero de carbón y entramos en los prados donde continuaban las vacas y terneros pastando. Íbamos por la sombra y ya se notaba la bajada de temperatura. Entramos de nuevo en el camino antes de llegar al túnel bajo la vía férrea. Una vez pasada ésta ya se veía la cumbre de La Oracada. Nos quedaba ahora el tramo empinado hasta el aparcamiento, que aunque no muy largo, al final de la ruta siempre se siente más. A las 18:50 horas llegamos al aparcamiento. Justo en esos momentos se metía allí el sol tras la ladera de la peña formando un bello contraluz.
Mientras nos cambiábamos alguien encontró unas llaves sobre un zócalo de piedra. Decidimos dejarlas allí por si volvían a por ellas. Álvaro, Nati y Piedad, que se habían adelantado, habían cogido otro camino que les llevó hacia Cantoral, teniendo que retroceder para coger el bueno.
Tras cambiarnos optamos por acercarnos hasta Cervera a tomar un refrigerio antes de regresar. Aparcamos en el centro y entramos en un bar de la plaza donde estaba la verbena el día que acampamos para hacer Peña Labra. Allí estuvimos un buen rato antes de emprender el regreso a las 19:45 horas.
El viaje lo hicimos por el mismo trayecto que a la ida. Pasamos Saldaña y entramos en la autovía de Burgos a la altura de Ledigos. Poco después se entra en la provincia leonesa y se deja Sahagún a un lado. Sin novedades avanzamos hacia la capital y salimos en Cembranos a la nacional. A las 21:40 horas bajamos Mª Jesús y yo en Armunia.
Conocimos de esta manera otra bonita zona de la provincia palentina y disfrutamos de una jornada realmente inmejorable. A ver si este invierno nos da algo de tregua en adelante.