lunes, 25 de septiembre de 2006

III ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”. PICO SEXTILÓN (Solle). 24-09-06

 


III ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”.

1ª TRAVESÍA: “SOLLE- PICO SEXTILÓN (1ª Ascensión)-

COLLADO VIOBA- VALLE REINAMÓN- SOLLE”.

24-09-06   (Domingo)

Un año más, y es el tercero, hemos realizado el Encuentro “Cumbres de León”, una actividad que pretende reunir a la mayor parte de los socios del club, y a otros que quieran agregarse a la misma, para pasar una jornada en la que combinamos una parte montañera con otra gastronómica de reunión y convivencia.
En esta ocasión hemos elegido Solle, pueblo natural de uno de nuestros socios, Álvaro, para recorrer una ruta por sus cercanías. Como se verá, la pésima climatología nos impidió cumplir todo lo previsto y disfrutar de las bellas panorámicas de los alrededores. La travesía prevista consistía en ascender desde Solle por la ladera del Sextilón hasta su falda para luego atravesar el valle de Reinamón hacia el pico Corral de los Diablos bajando luego por ese mismo valle. Como digo, el mal tiempo reinante nos hizo modificar los planes y terminamos subiendo el Sextilón pasando luego a la collada de Vioba y bajando directamente por el valle a Solle.
Días antes habíamos concretado la comida en el bar del pueblo con Toña, su dueña, acordando las cuatro como hora prevista. Igualmente avisamos a Jorge y Sonia, antiguos compañeros del club que por su reciente paternidad abandonaron el club este año. Gustosamente se comprometieron a acompañarnos durante la comida junto con la pequeña Silvia de seis meses de edad. Todo acordado y resuelto, llegó el domingo señalado.
Nada más levantarme me llegó un mensaje de Jaime comunicándome que no iría a la excursión. Fuera llovía copiosamente desanimando casi a cualquiera. No tardando pasó Toño a recogerme y nos dirigimos hacia Guzmán donde estaba parte del grupo. Seguidamente fuimos hacia La Granja, donde no había llegado nadie y con las mismas seguimos hacia Villaobispo donde se agregaría el resto. Hasta aquí fueron llegando todos y sobre las 8:30 horas emprendimos el viaje hacia Solle. En los coches de Amador, Toño y de José Antonio íbamos además Corín, Ramón, Álvaro, Javi F., Roberto, Fernando y yo. Por la carretera de Santander llegamos a barrio de Nuestra Señora donde nos desviamos hacia Boñar. Al paso por Lugán descargó una fuerte tromba de agua que nos bajó incluso mas los ánimos. Según avanzábamos fue acarando un poco aunque seguía pinteando. Así pasamos Boñar y bordeamos el pantano del Porma hasta su cola final donde se encuentra el desvío a Solle.
Llegamos a él y aparcamos frente a la casa de los padres de Álvaro saliendo su madre e invitándonos a entrar para cambiarnos cómodamente. Pinteaba un poco y no tenía trazas de mejorar. Ya todos preparados iniciamos la marcha cuando eran las 9:45 horas. Pasamos al lado de la ermita de La Virgen del Camino y por algunas calles nos dirigimos hacia el comienzo de la ruta. De camino nos cruzamos con Toña, la del bar, y volvimos a asegurar la hora de la comida para las cuatro más o menos. En la fachada de una casa se enredaba una gran parra con varios racimos de uvas algo estropeados por la lluvia de los últimos días.
Por un camino comenzamos a ascender por la loma entre los valles de Linares y Reinamón hacia el Sextilón dejando atrás Solle. Tras unos 200 metros por el mismo lo abandonamos hacia la ladera entre escobas y matorral bajo surcado por alguna especie de cortafuegos. La lluvia caía intermitentemente teniendo que protegernos con los chubasqueros y alguno incluso con paraguas. Echando una ojeada atrás vimos como se podía entrever la cumbre del Susarón entre la niebla que cada vez se cerraba más. Por la ladera pastaban algunas vacas cerca de las cuales pasamos.
Así alcanzamos lo alto de unas rocas tras las cuales venía una collada. En esos momentos llovía abundantemente y algunos se cobijaron bajo las piedras pensándose en seguir. Otros decidimos continuar a lo que saliese. Yo me uní a Álvaro y José Antonio, que conocían el lugar y con ellos bajé a la collada para seguidamente bordear un pequeño macizo rocoso por la parte derecha. La niebla comenzaba a meterse y nos empezaba a envolver.
Remontamos una ladera y nos situamos en otra collada cargada de escobas altas entre las que zigzagueaba un sendero que nos sacó a la falda de otra pendiente rocosa. Detrás oímos a más gente y con un silbato les indicamos nuestra situación. Por delante, y entre la espesa niebla, vislumbramos la silueta de la mole rocosa del Sextilón. Gradualmente nos fuimos reuniendo todos según nos acercábamos a ella y la bordeamos para ascender por la roca pelada unos pocos metros. A las 11:55 horas alcanzamos esta cumbre del Sextilón con una altitud de 1751 metros. En ella un hito de piedras albergaba un bote con una tarjeta de cumbres que recogimos dejando la nuestra. También sacamos la foto de grupo con nuestro banderín emblema. En esos momentos no llovía e incluso se abrieron jirones en la niebla que por unos minutos nos dejaron contemplar parte del paisaje y el pantano del Porma en él.
Una media hora después abandonamos la cima para continuar la marcha por la parte alta del macizo hacia la collada de Vioba, bajo el Corral de los Diablos. Aquí apuntaré que, visto el panorama pésimo de la climatología, había llamado a Toña para adelantar la comida a las tres y a Jorge y a Sonia para lo mismo. En la siguiente collada encontramos una pista de reforestación por la que continuamos mientras la niebla se volvía a cerrar aunque no llovía. Una alambrada recorría la loma paralela al camino y tras la misma vimos pinos recién plantados y de escasos centímetros de altura.
A las 13:00 horas llegamos a la collada de Vioba que separa el valle de Reinamón del que baja a Lois por el río Valleluengo. Justo al comienzo de este valle había una pequeña cabaña a la que nos acercamos. La misma tenía una chimenea donde, como no, enseguida encendieron fuego con algunos palos que había. También vimos una mesa, bancos y una especie de camastro. Al lado del fuego se secaron la ropa humedecida y saqué algunas fotos.
Una hora después, con la lluvia de nuevo presente, retomamos la marcha ya sin intención de ascender al Corral de los Diablos, para cuya cima quedaban por ascender más de 200 metros y estaba cerrada de niebla. Hasta allí llevábamos 8 kilómetros un poco largos.
Pasamos entonces al valle de Reinamón para descender por él hacia Solle. La primera parte era abierta y de praderías. Metiéndonos poco a poco en una cerrada vaguada por la que bajaba el arroyo del Reguerón. En esos momentos llovía copiosamente y se cerraba de nuevo el paisaje. En algunos tramos encontramos seguimos el sendero marcado que bajaba mientras que otros lo hacíamos campo a través. Enseguida nos metimos entre escobas no muy espesas pasando el arroyo varias veces. Más abajo comenzamos a ver paredes verticales por la izquierda bajo las cuales estaban los restos de una majada y una fuente con pilón a partir de los cuales el camino se ensanchó. Bajo las paredes vimos un gran bosque de hayas por encima del cual teníamos que haber pasado de haber seguido la ruta prevista hacia el Corral de los Diablos. Al lado del camino un doble indicador de madera señalaba las direcciones a Solle y Acebedo, al que también se podía pasar desde la collada de Vioba. Tras ello vino un tramo de vegetación con numerosos helechos ya amarilleados.
Poco a poco fuimos viendo la zona alta por la que habíamos ascendido aunque el pico Sextilón estaba cerrado por la niebla. En las praderas había varios caballos pastando bajo las paredes. Varios trechos del camino se encontraban encharcados y lo abandonamos para salir por los prados. Por detrás solo quedábamos Álvaro, Roberto y yo, el resto ya nos había sacado mucha distancia. Ya cerca del pueblo el firme del camino era de gravilla en vez de tierra y el agua no se embalsaba tanto.
A las 15:10 horas entramos en Solle al lado de la Iglesia. Atravesamos algunas calles y en una de ellas estaban Jorge, Sonia y la pequeña Silvia en el coche. En casa de Álvaro nos cambiamos y sin dejar de llover nos dirigimos hacia el bar. Allí tenían la mesa preparada en un comedor ajustado para los doce que estábamos ya que nos había advertido antes que no entraba más personas. Bien, un poco más arrimados sí hubiese entrado Jaime de haber ido.
El menú elegido había sido: patatas con congrio, cordero guisado y flan de postre, además del vino, café, etc. Precisamente cuando trajo el flan de huevo lo puso en la esquena contraria y tras servirse ellos nos lo pasaron al resto no sabiendo si era para todos o traería otro. Cuando trajo la otra fuente para nuestro lado les dijimos que nuestra y que gracias por compartir la suya. No coló.
Lo cierto es que estaba muy bien preparado todo y muy rico, quedando todos muy satisfechos de la comida. Todo ello por algo menos de 15´00 €/persona.
Alrededor de las 17:30 horas nos despedimos de Toña y bajo la insistente lluvia nos dirigimos a los coches para emprender el regreso a León. También nos despedimos de los padres de Álvaro y sin más nos pusimos en marcha acordando parar en Boñar a tomar algo. La lluvia caía a jarros mientras bordeábamos el pantano del Porma. En el mirador de Vegamián paré un momento a sacar unas fotos del embalse. Según avanzábamos hacia Boñar se iban abriendo algunos claros y cesó la lluvia. Aquí paramos un rato y entramos en una cafetería a tomar un refrigerio antes de reemprender la marcha sobre las siete. En esos momentos lucía incluso el sol aunque detrás se seguía viendo la niebla cerrada y el cielo oscurecido.
En el coche de Toño veníamos Álvaro y yo. Decidimos volver por el Puente Villarente donde cogimos la nacional hacia la capital. Aquí quedó Álvaro y Toño me acercó a mí a casa cuando eran las ocho de la tarde.
Con ello concluimos esta jornada especial de montaña un poco deslucida por la climatología, que por otro lado ya esperábamos por las previsiones anunciadas. Aún así, lo importante fue el resultado final y en esta ocasión, el haberse reunido una buena parte de los socios del club para celebrar este III Encuentro “Cumbres de León”.



























lunes, 18 de septiembre de 2006

CUMBRES DEL VALLE DE ARBAS (Casares de Arbás) 17-09-06


2ª ASCENSIÓN A LOS PICOS “3ª MARÍA (DE LOS CORROS)” Y “ORTIGAL”. 1ª ASCENSIÓN A LA “BRAZOSA”.

17-09-06            (Domingo)

A punto de comenzar la estación otoñal continuamos con nuestras actividades del club de montaña “Cumbres de León”. En esta ocasión nos hemos acercado al bonito Valle de Arbás para realizar allí varias ascensiones como estaba programado. Once fuimos los desplazados hasta allí para la misma siendo éstos: Javi F., Álvaro, Luis, José A., Cundi, Ramón, Corín, Fernando, Roberto, Amador y yo. De Guzmán salimos algunos en el coche de Luis para reunirnos con el resto en la gasolinera de la carretera de Asturias.
Sobre las 8:45 horas partimos en los coches de Luis, Ramón y Javi con dirección a Villamanín. El cielo nublado dejaba escapar una ligera lluvia a ratos. Así fuimos avanzando hasta esta localidad donde nos desviamos con dirección al Valle de Arbás. Pasamos los pueblos de La Tercia y tras subir la pequeña collada de la carretera, llegamos a Casares de Arbás. Allí aparcamos los coches y nos preparamos para la ruta. Lo previsto para el día era la ascensión a tres cumbres, la María de los Corros, el Ortigal y La Barragana. Como se verá, hubo quien hizo las tres y alguna más mientras otros solo alcanzaban parte de las mismas.
Tras sacar una foto de grupo y llevar un coche a Cubillas de Arbás, donde teníamos pensado terminar la marcha, emprendimos la misma cuando eran las 10:00 horas. Ya desde el comienzo hubo divisiones del grupo, y mientras algunos lo cogían a derecho, otros salimos por la carretera para encaminarnos luego hacia la collada entre el Ortigal y la 3ª María por donde hace años había subido yo. Tras caminar mas o menos un kilómetro por el asfalto, nos desviamos hacia la ladera entre algunas escobas dispersas. Desde allí veíamos ahora Cubillas, antes tapado por un pequeño promontorio.
Entramos en un camino que nos llevó a una caseta de telecomunicaciones donde finalizaba el mismo. Poco a poco íbamos ascendiendo a través de pequeñas terrazas del terreno por las que se podían distinguir numerosos senderos del ganado. De nuevo nos fuimos disgregando y algunos se metieron en algunas canales ya por la roca. Álvaro, Cundi y yo continuamos bordeando un poco más la falda de la tercera María para, como dije, encaminarnos hacia la collada entre ésta y el Ortigal. En la ladera pasamos tramos cargados de tojos que atravesaban incluso la tela del pantalón. Ya cerca de la roca había una fuente con un pilón completamente seco.
Tras pasar una alambrada nos encontramos un pedrero por el que subimos varios metros hasta llegar frente a una canal. Estudiando un poco la situación decidí abandonar la idea de llegar a la collada y subir por esta canal más directamente a la cresta. Seguido de Luis y Cundi iba ganando altura y el paisaje se hacía más amplio. La lluvia había cesado casi al comienzo e incluso se quería ver el sol entre las nubes.
Al final del canalizo no se encontraba aún la cresta si no que continuaban más canales y laderas. Por la parte derecha aparecieron varios compañeros de los que se habían separado antes. Con ellos retomamos la marcha a través de la pendiente ladera hasta que por fin apareció arriba a la derecha la cumbre. Por delante se veía a Álvaro y a Luis por otro lado. Para llegar al último repecho había que bajar algunos metros, lo cual no me convencía. Mientras ellos lo hacían, yo opté por encaramarme por las rocas directamente a la cresta. A las 12:30 horas llegué a la misma y pude contemplar el valle contiguo y la parte alta de la estación de Pajares, el Brañilín. Por el penacho del macizo tardé escasos cinco minutos en llegar a la cumbre de la 3ª María donde ya estaban algunos compañeros. Los que se habían desviado abajo estaban subiendo por la parte contraria, y como luego contarían, habían encontrado algún paso complicado. Por su parte Cundi y Roberto, que venían con nosotros, quedaron al final a escasos metros de la cumbre.
En esta cumbre de 1971 metros había un hito de piedras entre las cuales encontramos un bote con una tarjeta. Haciendo una rápida ojeada alrededor podemos enumerar algunas de las cumbres visibles. Entre otras muchas apunto las de Fontún, Llamargones, Cedro Pedroso, Bodón de Lugueros y de Carmenes, Currillines, Brañacaballo, Cirbanal y algo tapadas de niebla, las Ubiñas. En el valle veíamos los pueblos de Arbás y La Tercia así como Villamanín bajo el Fontún. También el pantano de Casares, al que próximamente van a agrandar con una nueva presa más alta ya construida. Sentados en las rocas comimos un bocado y nos hicimos unas fotos antes de comenzar el descenso sobre las 13:30 horas.
Nos dirigimos por la cresta hacia el Ortigal, segunda cumbre prevista. En un collado intermedio estaban Roberto y Cundi esperando. Entre el pico anterior y éste hay otra cima que bordeamos hasta otra callada desde la que fácilmente alcanzamos esta segunda cumbre en media hora escasa desde la 3ª María. En ella también había un montón de piedras con un bote vacío en el que dejamos nuestra tarjeta. Comparando las fotos con las que hice hace 13 años veo que en la cumbre sigue la misma placa pequeña y metálica con el nombre de la cumbre y su altitud, 1863 m, siendo lo más curioso que en ambos casos la placa está suelta con el riesgo de haberse extraviado. En esos momentos comenzaba a lloviznar y me puse un chubasquero rosa de “todo a cien” con el correspondiente pitorreo del resto. Claro que “Ande yo caliente...........”
Lo que más me fastidiaba era que tenía que llevar la cámara de fotos, que por cierto casi estrenaba ese día, tapada con un plástico. Desde allí se veía la entrada del túnel del Negrón por la parte leonesa así como las cimas por las que anduvimos en la ruta de las Brañas de caldas en abril. También aquí hicimos unas fotos antes de retomar la marcha hacia la última de las cumbres previstas, La Barragana. A las 14:15 horas emprendimos el descenso hacia una collada, los Pozos, que seguramente deba su nombre a la cantidad de dolinas que en ella existen. Bajamos hacia la misma tras la cual se elevaba la cumbre de La Brazosa. Pasamos entre los hoyos antes de emprender la subida a esta cumbre. Por su parte, Cundi y Roberto, que no iba n en buena forma, decidieron bajar desde allí mismo hacia el valle.
Subimos unos metros por la ladera y fuimos pasando a la parte sur de la misma. La pendiente no era muy pronunciada y se ascendía bien. Pasamos por debajo de unas rocas y cuando eran las tres de la tarde alcancé esta cumbre de La Brazosa con 1947 metros. La misma tiene dos elevaciones y el grupo estaba en la más baja, siendo la otra la cumbre real. Como estaban allí acomodados, sacamos una foto en ella y luego Álvaro y yo nos acercamos a la otra, situada a escasos 30 metros, donde dejamos una tarjeta en un bote y recogimos otra de él.
Allí en La Brazosa nos disgregamos de nuevo. Fernando y Amador optaron por bajar directamente al valle desde allí. Mientras, Luis, José Antonio, Ramón, Corín y Javi se encaminaron hacia La Barragana (1901 m), para lo que tenían que bajar unos cuantos metros hasta el collado Ferreras (1790 m). Álvaro y yo optamos por quedar allí mismo un buen rato disfrutando el paisaje ya que había mejorado un poco y se abrían claros en el cielo. Comimos tranquilamente mientras veíamos al resto bajar por la ladera y les perdimos de vista un rato cuando bordearon unas peñas antes de llegar al collado Ferreras. Desde él ascendieron por la cara suroeste y enseguida les vimos en la cumbre de la Barragana. Tardaron hora y media en llegar.
A las 16:45 horas comenzamos Álvaro y yo a bajar. Decidimos hacerlos por la misma ladera que ellos pero coger una canal anterior hacia el valle. Atravesamos una zona de grandes moles de caliza muy erosionada. Hasta irnos metiendo en una canal cerrada entre La Brazosa y el alto de los Hoyos por la que bajaba un sendero. Esta senda estaba muy marcada y era arenosa con grava resbaladiza. En vez de bajar por un ramal en el centro de la canal, cogimos otro que lo hacía por el lateral derecho y que se dirigía hacia la vaguada por la que iban a bajar los demás de la Barragana. En el fondo del valle veíamos ahora Cubillas de Arbás al que teníamos que llegar.
Como digo, íbamos en dirección a la misma vallina por la que bajaría el resto y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, llegamos a la par que ellos. El sendero continuaba por ella al lado del seco cauce del río Aguilera. Ya en la parte baja encontramos varios prados cercados para el ganado y enseguida entramos en un camino que nos llevó hasta la iglesia.
Poco después de las seis de la tarde entramos en Cubillas de Arbás y en un bar tomamos un refrigerio. Con el coche de Luis bajaron a buscar otro y no tardamos en reunirnos todos en Casares. Allí estuvimos concretando un poco unos temas de la reunión que habíamos tenido el sábado ya que el domingo siguiente teníamos el Encuentro “Cumbres de León”.
Pasadas las siete de la tarde emprendimos el regreso a León. Tras proponérselo a Luis, accedió a volver por el pantano de Luna. El fin de semana pasado había estado yo para ver su crítica situación de volumen de agua embalsada. Los brazos que salen desde el puente colgante hacia Babia y Caldas de Luna se encuentran completamente vacíos y el agua está embalsada bastantes metros hacia la presa desde este puente.
Estuvimos viendo todo ello y Luis decidió bajar hasta las ruinas del antiguo pueblo de Miñera donde aún se conserva en pie una torre a la que se puede subir por unas escaleras de caracol. Por allí sacó unas fotos y subió de nuevo para continuar el viaje hacia la capital. Las nubes y los claros se seguían alternando en el cielo mientras avanzábamos hacia León. Llegamos a él poco después de las 21:00 horas y tras dejar a José Antonio y a Álvaro, me acercó Luis a casa dando por finalizada otra salida más del club de montaña “Cumbres de León”.
























 

lunes, 28 de agosto de 2006

NOCTURNA "CAÑÓN DEL FORCADURA Y LAGUNA DE LOS PECES". (Sanabria - Zamora) 26/27/08-06

 


XI TRAVESÍA NOCTURNA.

2ª TRAVESÍA “VIGO DE SANABRIA - VALLE DE FORCADURA - LAGUNA DE LOS PECES”. (Zamora).

26/27-08-06

Una vez más, la segunda de este año, hemos realizado otra marcha nocturna de las que tanto me gustan a mí personalmente. En esta ocasión nos acercamos a la vecina provincia de Zamora y más concretamente a la comarca de Sanabria donde ya conocemos varias de sus rutas señaladas. Una de estas transcurre por el cañón del Forcadura, que partiendo de Vigo de Sanabria, tiene su final en la bonita Laguna de los Peces.
Como ya es habitual, escasos fuimos los participantes en esta actividad, reduciéndose el número a tres solamente: José Antonio, Álvaro y yo, lo cual no fue obstáculo para pasarlo todo lo bien que pudimos dadas las circunstancias que luego relataré.

SÁBADO 26
Poco antes de las 21:00 horas llegaron Álvaro y José a mi casa. Tras dejar el coche del primero en el garaje, emprendimos el viaje con mi furgoneta. Enseguida entramos en la autovía hacia Benavente por la que circulamos hasta enlazar con la de Orense. El sol se fue escondiendo mientras avanzábamos por la misma y la luna creciente apenas si se distinguía en el cielo. De esa forma llegamos a Puebla de Sanabria donde se abandona la autovía para continuar por la carretera que entra al lago de Sanabria. Antes del mismo se encuentra el desvío hacia Vigo de Sanabria, pueblo con varios barrios y de gran largura. Atravesamos los mismos por estrechas calles hasta el último donde encontramos lugar para aparcar al lado de la iglesia. Eran aproximadamente las 22:30 horas y llevábamos 165 Km.
Por allí pasaron tres chiquillas que nos acompañaron hasta una fuente para cargar agua. De regreso nos pusimos a cenar bajo el pórtico de la iglesia. La temperatura era bastante fresca y hubo que abrigarse. Como postre sacó Álvaro una torta de turrón y solo nos faltaba ponernos a cantar villancicos para rematar. Terminado ello nos preparamos mochila al hombro y alrededor de la medianoche nos pusimos en marcha.

DOMINGO 27
Recorrimos unos metros por el pueblo y tras atravesar un puente de piedras, por el que antes ya habíamos pasado con la furgoneta dos veces en busca de sitio para aparcar, encontramos el comienzo de la ruta señalado por un cartel de madera. En el mismo indicaba la distancia a la laguna de los Peces, 5,250 Km. y el tiempo estimado, 4:00 horas así como el desnivel, que subía desde los 1000 metros de Vigo a los 1700 en la laguna. El sendero comenzaba ascendiendo suavemente por entre vegetación y arboleda. Con las linternas íbamos iluminando el mismo dejando por detrás las luces del pueblo. Por supuesto, la vista del entorno era prácticamente nula, aunque como ya he repetido en otras ocasiones, tiene su encanto el paisaje nocturno.
Poco a poco se fue acentuando la pendiente como ya nos indicaba el cartel mencionado. Así llegamos a una bifurcación de senderos y decidimos seguir el de la izquierda. Como no veíamos marca alguna, José retrocedió unos metros y enseguida vio la estaca roja en el otro. Aprovecho para apuntar que en todo el Parque Natural del Lago de Sanabria existen numerosas rutas balizadas de diferentes colores, tanto en mapas como luego con estacas y marcas en las mismas. Ésta que ahora hacíamos tenía asignado el color rojo y así estaban pintadas las flechas y estacas durante toda ella. Echando la vista atrás vimos las luces de Vigo ya bastante abajo. Con tres bastones atados con un pañuelo improvisé un trípode para sacar una foto con la cámara quieta y retardando el cierre del objetivo.
Pasamos luego una zona pedregosa con varios pedreros que cubrían las laderas de la derecha. El arroyo Forcadura descendía por la izquierda unos metros por debajo de nosotros. A la 1:15 h. llegamos a la piedra que hacía de puente por la que pasamos a la margen contraria del arroyo (1520 m). Allí sacamos una foto de los tres como antes habíamos hecho ya. Aunque ahora no lo veíamos, estábamos en la parte más cerrada del cañón. La senda se inclinó considerablemente tras pasar el puente e hizo un zigzag antes de meterse en una zona de praderías. Casi piso un enorme sapo que atravesaba el sendero en ese momento. Era en esta zona donde yo tenía miedo despistarme ya que la vez anterior que lo hice de día se nos perdió la senda. Pues bien, de nuevo nos ocurrió lo mismo y ahora de noche. En el prado había numerosas vacas entre las cuales buscamos la senda y alguna marca. Mientras Álvaro y José subía un poco, yo lo hacía algo por debajo encontrando enseguida una marca roja. De nuevo juntos continuamos la marcha por la senda algo más marcada hasta llegar a una cabaña de piedras con un corral adjunto. Eran las 2:00 horas.
La noche estaba fresca, pero caminando se agradecía. Siguiendo la senda de nuevo comenzamos a cambiar de dirección poco a poco dejando el valle de Forcadura para entrar en otro secundario, el del arroyo Fuego. Este bajaba no muy lejos de la senda en varios tramos. Por encima de una de las lomas de la parte contraria nos pareció ver luces que se movían. Yo vi en el cielo varias estrellas fugaces. Éste se encontraba totalmente despejado y era una maravilla contemplar el firmamento tan nítido.
Tras un rato contemplando esto retomamos la marcha del último tramo de la ruta y el más empinado. Tranquilamente ascendimos por la senda muy trotada hasta que nos encontramos de frente con la presa que contiene el agua de la Laguna de los Peces. Eran las 3:15 horas y el podómetro marcaba 5,150 metros.
Ahora venía la segunda fase, encontrar el refugio para dormir, ya que no habíamos subido la tienda sabiendo que lo había. Atravesamos el muro de contención hacia la parte contraria ya que el mapa en el que marcaba el refugio, que por cierto no era muy detallado como comprobaríamos, lo situaba un poco por debajo de la misma. Justo al final del dique vimos una estaca de color azul y un sendero que partía de allí. Optamos por avanzar por ella a ver si estaba el refugio por allí cerca, y aquí empezó la aventura que intentaré relatar lo mas fielmente posible.
Como digo, decidimos seguir las marcas aquellas que según José indicaban la ruta a Peña Trevinca. Suavemente fuimos subiendo por la vaguada que nace en el muro de la laguna por su parte noroeste. Mas o menos siguiendo las señales fuimos atravesando una zona de monte bajo sin ver en ningún momento rastro de refugio alguno. Arriba se veía la silueta de la loma y por detrás la de la laguna clareando en el paisaje nocturno. A mí se me terminaron las pilas del frontal, las segundas, y Álvaro tuvo que dejarme una linterna de mano. También las de la cámara, con tanto flash, las había cambiado también.
Pues bien, ya bastante arriba se nos despistaron las señales y hacia atrás dejamos de ver la laguna. Vamos, estábamos literalmente perdidos, aunque más bien podemos decir que desorientados. Emprendimos el descenso hacia una parte más baja que veíamos y enseguida notamos que nos metíamos en “la boca del lobo” al entrar en una especie de cañón. Retrocedimos de nuevo subiendo y ya por la parte alta distinguimos una vez más la silueta de la laguna, aunque realmente tampoco estábamos seguros si era o no la de los Peces, ya que estaba bastante alejada y nos parecía que no podíamos habernos separado tanto. No estábamos ni tan siquiera orientados e incluso llegamos a pensar que podía tratarse de otra situada en el valle contrario, el del Tera.
Como no cabía otro remedio, nos acomodamos en la esterilla de José y abrigados con las cazadoras, que previniendo ya el frío que podía hacer habíamos llevado, estuvimos rematando la torta de turrón de Álvaro. Eran las 5:40 horas.
Como se quedaba uno frío allí mucho tiempo, optamos por subir una loma que veíamos desde allí. Pues bien, al irnos acercando comprobamos que entre medias había un valle, por lo que volvimos a retroceder con dirección a la laguna por la parte alta. El terreno era de monte y encontramos oquedades que teníamos que evitar.
Sobre las 6:30 horas se fue perfilando la luz del amanecer sobre las cimas cercanas. Justo por encima de ellas vimos como un lucero del amanecer parecía bailar con un efecto bastante curioso. Incluso nos pareció una luz artificial sobre la loma. Con esta luz del día llegó la orientación nuestra. Ahora contemplábamos la laguna y vimos el gran rodeo que habíamos dado por la noche hasta situarnos en la parte alta y contraria al valle de Fuego.
José Antonio se adelantó mientras Álvaro y yo quedamos en una rocas ya que yo quería sacar unas fotos y ver la laguna desde allí al amanecer. Mientras salía éste, nos acercamos hasta la parte alta ya que según el mapa, detrás tenía que estar la laguna de Yeguas, a la que también queríamos ir. Pues bien, desde allí vimos el final del valle de Forcadura con una cabaña pero ni rastro de la laguna. Bajamos de nuevo a la parte contraria donde saqué varias fotos de la laguna con el sol del amanecer que le comenzaba a dar justo de frente.
José ya estaba por otra loma dirigiéndose a la laguna. A las 8:00 horas emprendimos también nosotros la marcha pasando la vaguada por la que por la noche nos habíamos metido equivocados y subimos a la loma entre ésta y la buena por la que estaban las marcas. Por la misma pasa un cortafuegos que habíamos visto por la noche y que de haberle seguido, como ahora, nos hubiese llevado directamente a empalmar con el sendero señalizado. Desde allí escasos metros nos separaban de la laguna a la que llegamos a las 8:50 horas y con el podómetro marcando 12,000 Km. Habíamos andado más por arriba que en la ruta.
Al lado de una roca cercana a la presa nos acomodamos para desayunar. Yo había llevado un par de tarros con café autocalentable. El primero no lo supe hacer y quedó frío, pero el segundo sí dio resultado. El sol ya calentaba algo y nos fuimos quitando ropa. Una vaca con su ternero pasó cerca y fue a beber al lago. Allí nos sacamos una foto con el banderín, que no lo habíamos sacado para ninguna de las anteriores. Por la ladera cercana al camino que une la presa con el aparcamiento de coches situado a la otra parte me pareció ver subir una especie de rebeco.
Ya eran las diez cuando nos encaminamos hacia abajo por el mismo valle de la ida. El primer tramo es empinado hasta alcanzar la parte baja del mismo. Luego se suaviza más la bajada y casi llanea mientras se va girando para dejar el arroyo de Fuego y entrar en el de Forcadura. A la parte contraria, y en lo alto, se veían las lomas por las que acabábamos de estar. Paulatinamente fuimos cambiando de dirección y entramos de lleno en el principal. Entre matorrales transcurre la senda en esta parte abierta del valle. José se fue adelantando y quedamos Álvaro y yo detrás. A las 10:50 horas llegamos al chozo de piedras y el corral. Tras pasar un tramo de helechos se encuentran los prados donde habíamos tenido el pequeño despiste y en los cuales seguía el ganado.
La senda se metió entonces por entre matojos altos y secos por donde no nos sonaba haber pasado por la noche. Luego vimos que habíamos cogido un ramal de los varios que han hecho las vacas por la zona. Retomamos la senda buena y en pocos minutos nos metimos en la parte más cerrada de valle, donde se encuentra el cañón propiamente dicho, y que tiene escasos 200 ó 300 metros. Allí bajamos bruscamente hasta el puente de losa tras el cual esperaba José Antonio. Por encima se veían bonitas paredes escarpadas en contraste con la vegetación.
Atravesamos la zona donde la senda va por roca pelada formando escalones irregulares. En la ladera, entre un pedrero, vimos los restos de un corral redondo y por supuesto de rocas. Poco después nos cruzamos con una pareja que subía hacia la laguna y luego con una familia con las mismas intenciones. Según bajábamos se veía más arboleda entre la que pasamos. También fueron divisándose los pueblos en el fondo del valle y otros mucho más alejados.
De nuevo llegamos a la bifurcación que nos había despistado la noche pasada. El sol ya le daba lo suyo y la gorra no sobraba. Sin apenas darnos cuenta nos metimos encima de las primeras casas del pueblo y así, a las doce del mediodía, entramos en Vigo de Sanabria. Por sus calles nos dirigimos hacia donde teníamos el coche aparcado y en 15 minutos terminamos a su lado la ruta tras un total de 18,660 Km.
Allí cerca había una máquina de refrescos, pero Álvaro comprobó que no funcionaba. Nos cambiamos y entablamos conversación con unos vecinos del pueblo estando más de una hora de charla antes de emprender el viaje. Optamos por subir hasta un mirador en la carretera de la Laguna de los Peces desde el cual se puede contemplar todo el valle de Forcadura y una amplia panorámica de los alrededores. Siguiendo la carretera llegamos a la laguna y aparcamos en el lugar para ello. Desde Vigo hay 15 Km.
Allí estaba una mujer preocupada por la tardanza del marido que había subido hacia el valle del Tera y ya se retrasaba. Con los prismáticos le vi aparecer por un camino en lo alto de una loma y tardó un buen rato en llegar. Por lo visto se había metido en un lugar de difícil acceso y se había dado un buen golpe.
A la sombra de una roca nos sentamos para comer y luego llegaron unos montañeros que nos indicaron donde se situaba la laguna de las Yeguas, a la que por lo visto se llegaba bastante bien desde allí. Si es por José Antonio hubiésemos ido.
Ya eran las 16:30 horas cuando emprendimos el regreso. En otro mirador sobre el lago de Sanabria paramos y disfrutamos de una amplia vista del mismo. Retomamos la marcha y descendimos hasta el fondo del valle cogiendo la carretera principal. Al llegar a El Puente nos detuvimos para tomar un refrigerio en un bar y hacer las cuentas. Cerca de las cinco y media volvimos a la carretera ya con intención de hacer el viaje directo a León. Entramos en la autovía con dirección a Benavente. El cansancio y el sueño ya se hacían notar en nosotros tras la larga caminata y sin dormir.
En Benavente cambiamos de autovía y por ella llegamos a Ribaseca donde la abandonamos. Entramos luego por un camino hacia Villacedre y cuando eran las 19:00 horas llegamos a Armunia donde terminamos el largo viaje.
Esto fue lo acontecido en esta nueva aventura nocturna. Después de todo, y al no haber nada que lamentar realmente, el resultado final fue de lo más interesante.