lunes, 2 de agosto de 2004

“COTILLOS- FALDA DE PEÑA SAGRA-COTILLOS ”. (Polaciones - Cantabria). 31-07/01-08-04

 

1ª TRAVESÍA “COTILLOS- BASE DE PEÑA SAGRA-COTILLOS ”. (Cantabria).

31-07/01-08-04

Este fin de semana, ultimo del mes de julio y primero de agosto, hemos realizado una bonita travesía por la zona cántabra del valle de Polaciones, situado entre el de Potes y el de Reinosa. Por dicho valle transcurre el río Nansa que recorre las numerosas poblaciones del mismo hasta su desembocadura en el no lejano Cantábrico.
Uno de los macizos que limitan esta cuenca por la izquierda es el de Peña Sagra, que a la vez lo separa de la ribera del Deva que atraviesa el valle de Liébana con Potes como población principal. Nuestro objetivo era ascender por dicha sierra y contemplar parte de ese valle y las cumbres que sobre él destacasen, entre ellos los Picos de Europa.
Todo ello resultó como esperábamos y pudimos disfrutar de un tiempo inmejorable para dicho empeño. A continuación intentaré relatar con el máximo detalle el transcurso de la actividad realizada.

SÁBADO 31
El grupo participante quedó dividido en dos para realizar el desplazamiento. Mientras algunos lo hacían por la mañana, otros, debido al trabajo como yo, lo aplazamos para la tarde. En el primer grupo marcharon: Antonio, Sonia, Jorge, Guiomar, Luis, Juan y Roberto. Por la tarde lo hicimos José F., Carmen y yo.
Tras salir de trabajar me preparé para emprender el viaje. En León recogía a José y luego a Carmen, saliendo de la ciudad sobre las 18:30 horas. Por la nacional llegamos a Mansilla donde nos desviamos hacia Sahechores. Aquí volvimos a girar hacia Almanza y en éste a Puente Almuhey. Ya con dirección a Guardo entramos en la provincia de Palencia y antes de dicha población paramos unos minutos. Desde allí contemplamos el pico Espigüete ya no lejano.
Sin novedades atravesamos dicha población entrando en la comarca de La Peña. Así llegamos a Cervera de Pisuerga por el que también pasamos para salir hacia el puerto de Piedrasluengas, límite de Palencia y Cantabria. Poco después de Cervera se asciende otro pequeño puerto donde se encuentra el mirador de La Mata en el que nos detuvimos. Eran las 20:20 horas. La vista era espectacular destacando de nuevo las cumbres del Espigüete y Curavacas. Como dato curioso destacaré la enorme cantidad de hormigas voladoras que se nos pegaban al cuerpo molestamente.
Tras unos minutos allí reanudamos el viaje hacia el otro puerto donde llagamos en pocos minutos. En su cima se encuentra otro mirador desde el que se puede contemplar una espectacular vista de los Picos de Europa así como el macizo de Peña Labra al lado contrario.
El sol ya estaba decayendo y su puesta prometía ser realmente bella. Un rato estuvimos allí viendo la misma junto con otros jóvenes que también habían parado. De nuevo en ruta comenzamos a descender el puerto atentos a la bifurcación que teníamos que encontrar y que divide la carretera hacia los valles de Polaciones y de Potes.
Pues bien, a pesar de ir con esa precaución, nos lo pasamos y bajamos hacia éste último. En busca de un lugar adecuado para poder dar la vuelta, vimos como el sol se iba a meter tras los Picos de Europa con un colorido rojo indescriptible. No lejos se encuentra la población de Venta Pepín donde nos detuvimos. Había que vernos a Carmen y a mí por los prados intentando captar la mejor foto de dicho espectáculo luminoso. Cuando no era una torreta de la luz y los cables, era la carretera la que se nos interponía en dicho objetivo, pero al fin encontramos el lugar idóneo para dejar plasmadas, para mí, algunas de las mejores fotos que he sacado en la montaña. Cuando ya regresábamos hacia el coche noté que algo me había picado en el cuello y me empezaba a escocer. Creo que Carmen también se había ortigado un poco.
También estando allí recibimos la llamada de Antonio para preguntarnos como íbamos y decirnos que ellos estaban también de camino tras haber pasado la jornada visitando una cueva con pinturas rupestres y haberse acercado a la playa de Pechón.
Tuvimos que subir de nuevo un poco hasta el desvío de la otra carretera por la que comenzamos a descender hacia el valle de Polaciones. Hacia la parte de Peña Labra contemplamos un bonito cielo de color amarillento provocado por el reflejo del sol situado al lado contrario. Poco a poco fuimos perdiendo altitud y llegamos por fin a Pejanda, donde teníamos reservado el alojamiento. Al lado de la carretera se encuentra la Posada “Molleda”, en la cual pasaríamos la noche y donde habíamos quedado con el resto. Eran las 21:40 horas y habíamos recorrido 171 Km.
En la terraza nos acomodamos a tomar un refrigerio mientras hacíamos tiempo a que llegasen. En el interior del bar tenían una bonita colección de rabeles, especie de bandurrias construidas artesanalmente con madera, cuero, pieles etc. y con formas curiosas como la hecha a partir de una madreña u otra con parte de la forma de un lobo. Con esta última estuvo tocándonos unas notas el mismo constructor de la misma. En este valle es tradicional dicho instrumento y su sonido parecido al violín.
De pronto, y sin previo aviso, comenzaron a caer unos goterones de lluvia exagerados. Tuvimos que entrar al bar para no empaparnos en poco tiempo. Las nubes de tormenta que anteriormente habíamos visto lejanas hacia el norte estaban ahora encima descargando. En ese momento llegaron los demás y entonces decidimos cenar allí mismo en la posada.
En el comedor nos acomodamos y cenamos cada uno lo que eligió del menú. Aproveché el momento para entregarles las nuevas camisetas que se hicieron por cuenta del club y que eran de color amarillo con el anagrama centrado delante. Tras ello bajé a llevar a José y a Carmen hasta el pueblo siguiente, Puente Pumar, donde tenían ellos reservadas las habitaciones por motivo que no viene al caso.
De regreso a Pejanda salimos a dar un breve paseo por la carretera disfrutando de una bella vista de la luna llena sobre las cumbres del valle. La temperatura era agradable y tras un rato por allí regresamos hacia la casa donde nos fuimos distribuyendo en las habitaciones ya repartidas anteriormente. Yo dormiría con Roberto en una de ellas. Entre unas cosas y otras eran más de las dos y media cuando nos quedamos en silencio. Habíamos estado charlando y teníamos la tele puesta. Yo llevaba con tortícolis todo el día y me molestaba ahora el cuello en la cama, por lo que tardé algo más en dormirme. Aún así no pasé del todo mal la noche.

DOMINGO 01
A las 8:00 horas habíamos puesto el reloj a tocar. Nos levantamos y preparamos para la jornada. Mientras esperábamos a entrar para desayunar llegaron José Luis y su sobrino José, dos amigos de Antonio que habían pasado la noche en Cotillos y que iban a ser nuestros guías. Como tenían que bajar a por pan, aprovecharon el viaje para recoger a Carmen y José F.
Poco después de las 8:30 horas pasamos a desayunar, que a diferencia de la cena, entraba dentro del precio convenido del alojamiento. Tranquilamente lo hicimos y ultimamos los preparativos para la marcha. Tras abonar la estancia y demás, salimos hacia Cotillos, pueblo situado más arriba en el puerto y un poco desviado de la carretera general.
En el mismo aparcamos los coches cerca de una fuente y nos compusimos para la ruta. Poco después de las 10:00 horas la comenzamos atravesando el pueblo y pasando cerca de la casa donde había nacido José Luis, ahora destruida por un incendio. La vista del valle era espectacular teniendo de frente Peña Labra y todo su macizo. El sol ya lucía espléndido y comenzaba a calentar. Lo grato de esta ruta es que transcurre la mayor parte de ella entre bosque que ofrece buena sombra al caminante.
A la salida de un prado nos encontramos con una pareja de ancianos que conducía un pequeño tractor con el remolque a rebosar de hierba a los que saqué una foto por lo típico de la estampa. Como digo, la vegetación era abundante y exuberantemente verde. Los árboles, de varias clases, tenían curiosas formas en sus troncos y ramas donde el musgo y los líquenes se adueñaban de las mismas.
El camino subía y bajaba a trechos teniendo hacia la derecha la caída hacia el valle oculto por el bosque. Una alambrada surcaba dicha margen del sendero y en un momento determinado nos puso un poco en apuros para atravesarla, lo que al final se solucionó encontrando el lugar apropiado para ello. Entramos así en una vaguada estrecha por la que bajaba un arroyo de escaso caudal. José Luis nos condujo por el mismo durante unos metros en busca de alguna bonita poza donde chapuzarse, el que quisiera, pero la reducida corriente no daba para ello.
Regresamos entonces unos metros para seguir de nuevo el camino dejado tras la alambrada. Antonio y alguno más decidieron meterse por el medio del bosque mientras el resto ascendíamos por el sendero hasta llegar a un descampado cerca de una cabañas donde paramos a la sobra unos minutos. Esperábamos hasta ver aparecer a los demás algo más arriba y nos pusimos de nuevo en marcha. Aquel tramo de pradera en pendiente y al sol costó un poco más subirlo. Así nos reunimos todos de nuevo y estuvimos parados un rato en el que alguno aprovechó para tomar un bocado.
En ruta otra vez tuvimos que atravesar una nueva alambrada para salir a un ancho camino que ascendía por la ladera del monte dejando el valle principal a la espalda. Durante otro tramo nos pegó de nuevo el sol de lleno. En medio de la pista encontramos otra cancilla que atravesamos tras abrirla. Hasta ahora habíamos visto muchas cercas y ningún ganado que retener con ellas.
Unos metros más adelante abandonamos la pista para entrar de lleno en el bosque por un sendero apenas imperceptible. En hilera fuimos subiendo por el mismo hasta salir de él y entrar en una zona donde las escobas subían por encima de nuestras cabezas. Pocos metros nos separaban de nuestro principal objetivo, el collado desde el que podíamos contemplar parte del valle de Liébana y los numerosos picos que lo circundan.
Sobre las 12:10 horas alcanzamos esta altitud desde la que tuvimos una vista impresionante de lo comentado. Haciendo un barrido de izquierda a derecha podíamos contemplar cimas tan conocidas como las del Espigüete, Curavacas, Tres Provincias, Peña Prieta, Coriscao y como no, la mayoría de las cumbres de los macizos Oriental y Central de Picos de Europa. Una ligera bruma restaba algo de esplendor a dicha panorámica y las fotos no salen con mucha definición. Hacia la parte trasera izquierda también contemplábamos el macizo de Peña Labra y a la parte trasera derecha la cumbre de Peña Sagra, en cuya sierra nos encontrábamos. Igualmente veíamos parte del valle de Liébana con algunos pueblos en el fondo y muy lejano el puerto de San Glorio. Esa misma vista ya al atardecer tenía que ser realmente portentosa.
Ascendiendo unos metros hacia nuestra izquierda tuvimos otra perspectiva de dicho paisaje. El verdor intenso de la pradera se unía a aquel espectáculo visual. De nuevo bajamos hacia el collado para subir hacia la parte de la derecha unos metros. Por entre matorral que arañaba las piernas de los que llevaban pantalón corto alcanzamos otro alto tras el cual había más bosque por el que descendimos unos metros antes de acomodarnos para comer. Eran las 13:00 horas. Hasta allí llevábamos algo más de 5 kilómetros según mi podómetro.
En el suelo o en troncos nos sentamos para reponer energías. El bosque nos tapaba cualquier vista, pero el lugar en sí ya era bonito por él mismo. A lo largo de hora y media estuvimos allí acomodados antes de ponernos de nuevo en marcha. Subimos hasta la parte alta y volvimos a entrar entre los matorrales. Esta vez íbamos a bajar por la parte contraria para hacer la ruta circular. Por un sendero que apenas si se veía entre la maleza descendimos un trecho hasta meternos una vez más en arboleda. Algunos tramos eran bastante pendientes, pero los sorteamos fácilmente. El contraste de luces y sombras daban al entorno un aspecto casi mágico.
Tras un tramo de bosque, entramos en otro de grandes helechos entre los que bajamos como pudimos haciendo casi el sendero nosotros. En el valle teníamos ya cerca el camino que ya nos llevaría de regreso a Cotillos. Antes de llegar a ésta pista hubo que pasar otro tramo pendiente y con numerosas ramas cruzadas donde había que ir con algo más de precaución para no tropezar. Aquí estuve grabando un poco con la cámara de fotos.
Sobre las 14:50 horas alcanzamos el camino aquel que bordeaba otro valle. La arboleda nos seguía librando del caluroso sol bastantes trechos. Así llegamos a una bifurcación donde tomamos el ramal de la izquierda. El camino comenzó entonces a bajar algo más visiblemente y volvimos a tener a la vista el macizo de Peña Labra. En un prado al lado de la pista vimos las primeras y únicas vacas de toda la ruta. También encontramos en medio otra cancilla que tuvimos que franquear.
Ya no muy lejos del pueblo vimos alguna edificación de piedra usada como cuadras y corrales. A las 15:30 horas entramos en Cotillos por la única carretera de acceso al pueblo. A la entrada teníamos los coches y en la fuente saciamos la sed. Yo no tenía agua desde la comida, aunque tampoco había pasado excesiva sed.
Aquí nos cambiamos de calzado y ropa sudada a la vez que decidíamos que hacer el resto del día, ya que era aún pronto para regresar directamente a casa. Se propuso irnos hasta la playa un rato, pero como había quien no podía llegar a casa tarde, tuvimos que desistir, lo que sinceramente me mosqueó un poco, ya que siempre he dicho que no se puede salir con prisas a las excursiones. Por ello optamos por emprender el regreso y parar donde nos conviniese.
Tras despedirnos de José Luis y José, que se iban hacia Santander, nos pusimos en ruta. En un mirador del puerto paramos un momento y continuamos hasta la cima. Allí se comienza el descenso hacia la parte palentina y llegamos a San Salvador de Cantamuda donde entramos. Algunos se acercaron a ver la iglesia y luego nos sentamos en una terraza de un bar a tomar un refrigerio. Tranquilamente se pasó hora y pico antes de reemprender el viaje.
A mí se me había olvidado llenar el depósito de gasoil el día antes y estaba temblando por si no me llegaba a la gasolinera de Cervera. Aún no se había iluminado la reserva, pero la aguja apenas se movía. Así llegamos a dicha localidad donde reposté combustible y continuamos ya más tranquilos. Habíamos decidido parar de nuevo en Almanza a tomar algo, pero al llegar a Guardo, y tras haberlo ya casi atravesado recibía la llamada de Sonia para decirme que habían parado en las piscinas de allí a darse un chapuzón. Me habían sacado alguna ventaja antes y les había perdido de vista.
Como ni José, ni Carmen ni yo teníamos ganas de parar para ello, volvimos hasta donde estaban y les dijimos que nosotros continuábamos el viaje. Así lo hicimos entonces pasando Puente Almuey, Almanza y Sahechores donde cogimos la carretera hacia Mansilla. Aquí enfilamos el último tramo hacia la capital donde dejé a Carmen y a José antes de llegar a casa sobre las 20:30 horas. A mi parecer habíamos perdido toda la tarde, pero bueno, al menos la ruta mereció la pena y el resto de la salida, incluido la puesta de sol del día antes, compensaba dicha decepción.





















lunes, 12 de julio de 2004

SOTO DE VALDEÓN- VEGA DE LLOS- CALDEVILLA- SOTO DE VALDEÓN. 11-07-04



1ª TRAVESÍA “SOTO DE VALDEÓN- VEGA DE LLOS- CALDEVILLA- SOTO DE VALDEÓN”.

11-07-04     (Domingo)

Lo que en un comienzo iba a ser una larga travesía por el Macizo Occidental de los Picos de Europa, quedó reducida a una corta marcha por culpa de la mala climatología reinante durante este comienzo del mes de julio. Con ya una previsión bastante regular del tiempo nos decidimos a emprender esta actividad programada dentro del calendario del club y cuya ruta inicial era “Soto- Vega Llos- Vega Huerta- Caín”. Al final no pudimos completarla y hubo que restringir el recorrido a mucho menos de la mitad, lo que se completó con alguna visita más y otra ruta pequeña que luego reflejaré.
A las 6:15 horas me recogió Antelmo en casa y fuimos a por Ángel, un amigo suyo del polígono X. En las cercanías de “Carrefour” nos unimos al resto del grupo: José F., Luis y Marta, una nueva compañera del club. En los coches de José y de Antelmo emprendimos la marcha hacia nuestro destino. En Riaño tuvimos que parar debido a que Luis se mareaba un poco. No tardamos en continuar hacia el puerto de Panderruedas que bajamos hacia Valdeón. Así llegamos a Soto desde donde llamamos al grupo que había pasado la noche en Posada: Guiomar, Roberto y Antonio. Las nieblas cubrían todas las cimas y la previsión no era nada buena.
En una explanada de Soto ( 949 m) nos juntamos los nueve participantes y nos preparamos para la ruta. A las 9:20 horas la iniciamos atravesando el pueblo para salir por un camino que comenzaba a subir por media ladera. El verdor de la misma era intenso y no faltaban tampoco numerosos árboles. Enseguida dejamos el pueblo por debajo de nosotros y al fondo divisamos Posada de Valdeón. Igualmente dejamos atrás Caldevilla, también en el fondo del valle. La niebla humedecía la ropa y el viento hacía mover las ramas de las que caían también gotas de agua sobre nosotros.
El paisaje era realmente bello, y a pesar de encontrarnos en pleno verano, la climatología húmeda de los últimos días daba un intenso frescor verde a todo el entorno. Los helechales abundaban a ambos lados así como los acebos, robles etc. Las praderas más abiertas se inundaban de flores amarillas entre los arbustos exuberantes.
En la senda se alternaban los fuertes repechos y suaves pendientes. Tomándolo con calma se fue subiendo cómodamente hasta alcanzar el collado Bustiello (1306 m). Eran las 10:30 horas. En dicho lugar se encuentra una fuente con pilón donde bebimos agua. Nos metimos luego en otra pista ya con dirección a Llos. La niebla nos impedía ver el impresionante paisaje que desde allí se puede contemplar de los valles y el Macizo Central de Picos, lo que resultaba muy decepcionante.
Continuamos entonces la ascensión por la pista aquella entre algunos bosques con troncos de curiosas formas. Hacia la parte izquierda había tramos en los que la pendiente era casi vertical. La niebla se fue haciendo más “meona” y con ese panorama alcanzamos la Vega de Llos (1550 m), a las 11:00 horas. Según el podómetro habíamos caminado 5,5 kilómetros.
Delante teníamos los Moledizos, tapados por la niebla completamente. Apenas si se veía el camino por el que teníamos que continuar hasta la Cimera del Frade, por lo que optamos por no continuar.
Cerca del pequeño refugio de esta vega, donde se encontraba una pareja, nos acomodamos a picar un poco y descansar. La temperatura era fría y nos abrigamos más para no quedarse helados. Aquí sacamos unas fotos y Roberto prendió el fuego en la chimenea tras un buen rato intentándolo. Tras unos 40 minutos en dicho lugar, emprendimos el descenso. Esta vez lo íbamos a hacer todo él por la pista.
La niebla seguía bailando en el paisaje y entre ella divisamos los pueblos del valle. Al llegar a la fuente de la collada Bustiello no abandonamos dicha pista y continuamos el descenso por ella hacia Caldevilla. A su orilla encontramos pequeñas, pero deliciosas fresas silvestres. A las 12:45 horas llegamos a las majadas de Argolla donde paramos a comer. A mí me parecía algo pronto para ello y prefería seguir algo más, pero ya acomodados nos pusimos a ello. Dichas majadas se encuentran en ruinas y en las tapias y rocas nos sentamos cómodamente. Allí llegó una pareja que subía y que también paró a comer.
Una hora estuvimos allí parados antes de emprender otra vez la marcha. Los claros se iban abriendo en el cielo, aunque las cumbres seguían cubiertas. Hacia el frente sí se contemplaban las cimas cercanas al puerto Panderruedas, entre ellas creemos que la del Gildar, subido por nosotros hace algún tiempo.
Poco a poco fuimos perdiendo altura y enseguida contemplamos Caldevilla. A las 14:13 horas entramos en dicha localidad donde paramos unos minutos a esperar a Guiomar y a Roberto. Tan solo un kilómetro nos separaba de Soto donde terminamos la ruta a las 14:30 horas. Habíamos recorrido 12,3 kilómetros en total según mi podómetro.
Aquí decidimos qué hacer el resto de la jornada, ya que era muy pronto para regresar. Ya habíamos pensado anteriormente acercarnos a ver el Chorco de los Lobos y la ermita de La Corona, en la Ruta del Cares. Con los coches nos acercamos hasta sus cercanías y caminando unos metros llegamos al primero de los sitios mencionados. Como ya he explicado en otros relatos, el Chorco de los Lobos era una antigua trampa para capturar a dichos animales a los que atraían hacia una empalizada cerrada con solo una salida hacia una poza donde caía el animal. Se encuentra situado al lado de la carretera de camino hacia Caín. Por otra parte, para ir a la ermita de La Corona, que yo no conocía, hay que atravesar el río Cares y caminar unos 500 metros hasta llegar a ella y otras edificaciones cercanas. Dicha ermita destaca más si cabe dado el entorno en el que se encuentra, rodeada de las imponentes cimas de los dos macizos de Picos de Europa, el Occidental y el Central entre los que transcurre el río Cares. Al lado de donde teníamos los coches había una caseta de información donde cogimos algunos folletos. Al otro lado de la carretera hay una fuente donde estuvimos sentados unos minutos antes de ponernos en marcha de nuevo.
Mientras algunos iban directamente hasta Posada, Roberto, Guiomar, Antonio, Luis y yo paramos un momento en el mirador del Tombo a sacar unas fotos y disfrutar de la casi soleada tarde que estaba quedando. En Los Llanos quería Antonio preguntar por un libro de rutas de la zona y entramos en un bar donde de paso tomamos una consumición.
Ya en Posada estaba el resto en otro bar y allí hicimos cuentas de los gastos y demás. Como aún eran las cinco y media y algunos queríamos aprovechar un poco más la tarde, decidimos volver por Pandetrave. Mientras el resto volvía por Panderruedas, en el coche de Roberto subimos Guiomar, Antonio y yo para dirigirnos hacia éste. Pasamos por Prada y Santa Marina de Valdeón y antes de llegar a la cima paramos a sacar una bella foto del valle con los efectos de luces de las nieblas en los picos.
Ya en la cumbre aparcamos el coche y emprendimos un paseo por la pista que se dirige hacia el collado de Remoña, puerta del Macizo Central de los Picos. La pista sube suavemente, pero tras la ruta ya hecha, costaba un poco subirla. Compensaba con creces este esfuerzo las vistas que teníamos de los dos macizos y el valle de Valdeón. Por otra parte, mirando hacia el lado contrario, al sur, se imponía la mole del Espigüete, que si no es por Antonio que me lo confirma, no lo hubiese adivinado al situarlo en otro punto más al Este. Cercanos teníamos también Los Vallines, Las Corcadas o el Gildar. Tras dejar aquella pista alcanzamos un alto por el que subimos a una collada desde la que divisamos el pico Coriscao y una bonita vega tras la cual se situaría ya Fuente De, en Cantabria. De no haber sido ya tan tarde, hubiésemos atravesado dicha vega a ver lo que se contemplaba desde la otra collada.
Sin más dimos la vuelta hacia el coche mientras los rayos del sol formaban bellos efectos sobre los picos. Realmente era una pena abandonar aquel lugar. Ya en el coche nos disponíamos a marchar cuando Roberto se dio cuenta de que no tenía las gafas de sol. Las había dejado en el maletero y al cerrar la puerta se le había soltado un tornillo y le faltaba un cristal. Pues bien, tras buscar este por el maletero, debajo del coche, entre las mochilas, etc. no conseguimos dar con él. Total que ya pasaban de las ocho cuando nos pusimos en marcha.
Bajamos el puerto hacia Portilla de la Reina donde cogimos la nacional y sin novedades llegamos Riaño. Con la vista del Yordas y Las Pintas bordeamos el pantano y lo dejamos atrás en la presa. Mientras iba atardeciendo recorrimos el resto de kilómetros hasta mansilla donde ya entramos en la general que nos traería hacia León. Le pedí a Roberto que me acercara hasta casa y por la ronda sur llegamos en un momento. Aquí me dejó cuando ya pasaban unos minutos de las 22:00 horas.
Y de esta manera finalizamos esta larga jornada. Aún no pudiendo cumplir los planes previstos, creo que fue un día de lo más completo y del que a mi no me queda ninguna pena por ello. Hemos decidido intentarlo tras el verano, allá por septiembre, ya que realmente las vistas que se tienen en dicha ruta son espectaculares.




























lunes, 21 de junio de 2004

GORBEA (Murua- Álava) - 19/20-06-04

 



1ª ASCENSIÓN AL GORBEA. (Álava).

19/20-06-04

Esta ha sido la primera salida de dos días que hacemos en este año. En esta ocasión nos hemos desplazado unos cuantos kilómetros hasta la provincia de Álava, muy cerca de su capital Vitoria, donde se encuentra el macizo de Gorbea, enclavado dentro del parque natural del mismo nombre. Para ello organizamos días antes el alojamiento, planes etc. y de esa forma nos dispusimos a cumplir otro de los objetivos programados para este año.
El resultado final no fue tan bueno como esperábamos debido a las inclemencias del tiempo, pero intentamos disfrutar de lo que vimos con el mejor optimismo que se pudo. Los participantes tampoco fuimos numerosos y sumamos tan solo cinco personas y otras dos que se nos unieron allí. Además de Toño, Carlos, Luis, Juan y yo, tuvimos la grata compañía de Felipe y Juanma, dos primos de Carlos residentes en Vitoria que se habían ofrecido a acompañarnos y hacernos de guías, lo que resultó un acierto ya que sin ellos hubiésemos tenido que desistir de la ascensión, como luego se verá.
Con todo ello concretado, llegó el momento de la partida. Aprovechando que todos podíamos salir el sábado por la mañana, ya que en mi caso estaba de vacaciones, así lo hicimos.

SÁBADO 19
Sobre las 10:15 horas pasaron a recogerme por casa y nos dirigimos por la autovía hacia Palanquinos donde nos esperaba Toño. Aquí nos acomodamos en los coches de éste y de Luis para emprender el viaje hacia Burgos. El cielo nublado y amenazante de tormentas no presagiaba nada positivo. Sin novedades llegamos a esta ciudad donde habíamos decidido desviarnos hacia el centro comercial “Decathlon”, dedicado todo él al material deportivo.
A las afueras de Burgos, dirección Soria, se encuentra dicho centro en el que paramos. Ninguno salió con las manos vacías de él. Lo cierto es que es bastante barato en comparación con los precios que se encuentran en León. Carlos compró unos bastones, Toño algo de material de escalada, Juan y Luis sendas mochilas y yo un podómetro que ya tenía pensado comprar no tardando. Ya fuera de él, y como tenían que comprar pan, entramos en un “Carrefour” cercano. En él tenían varios CD´S de música disco de oferta y me decidí a comprar uno de ellos.
Sin más nos pusimos de nuevo en marcha y, tras atravesar la ciudad, nos encaminamos por la nacional hacia Vitoria. A medio camino se encuentra Miranda de Ebro donde entramos en la autovía por la que continuamos hasta poco antes de entrar en Vitoria. Entre las localidades de Zuazo, Gomecha y Ariñez se encuentra el camping donde pasaríamos la noche.
A él nos dirigimos y nos registramos para entrar. Eran entonces las 15:45 horas. En la parcela aparcamos los coches y antes de nada comimos. El cielo seguía cubierto y amenazante de lluvia. Tras la comida entramos en el bar a tomar un café y jugamos unas partidas al futbolín. A continuación montamos la tienda grande y decidimos aprovechar la tarde visitando algunos lugares del parque natural situado a unos 20 kilómetros.
En el coche de Toño emprendimos este trayecto en el que tuvimos algunas equivocaciones por las numerosas autovías que rodean y salen de la ciudad. Primero llegamos a Sarriá, donde se encuentra el Centro de Interpretación del Parque. En él pudimos contemplar exposiciones de fotos, montajes audiovisuales, etc. Desde allí parte una senda por la que nos acercamos siguiendo el río Baias hasta un bello rincón con un puente colgante y cascadas en las que se bañaban algunas personas. De regreso decidimos ir a ver la cascada de Gujuli, pocos kilómetros más lejos de allí.
En dicho pueblo vimos un indicador con la dirección de dicho salto. Por una pista circulamos durante más de un kilómetro sin encontrar dicho lugar. Volvimos entonces al pueblo y pregunté a un lugareño que estaba segando en una huerta por la situación de la misma. Desde allí me indicó un sendero que partía de la pista anterior y a escasos 100 metros la encontraríamos. A pie nos metimos en la senda aquella y nos llevó a una vía del tren que tuvimos que cruzar. Justo a la parte contraria nos dimos de bruces con un profundo cañón al que se precipitaba el salto de unos 100 metros de altura. A pesar del escaso caudal, era impresionante la verticalidad de la caída de dicho salto. Para verlo mejor, bordeamos el cañón unos metros por un sendero muy cercano al vertiginoso precipicio. Yo continué un trecho más para conseguir una foto algo más de frente, pero con sumo cuidado y procurando no mirar al fondo. En esos momentos comenzaba a lloviznar y regresé al coche donde ya estaba el resto.
Nos pusimos de camino al camping y al llegar a la altura de un polígono con varios centros comerciales nos desviamos para entrar en otro “Carrefour” a comprar alguna cosa que se les había olvidado. Sin más volvimos a ponernos en marcha y llegamos al camping poco a última hora de la tarde. Aquí se montó la otra tienda, y como no se decidieron a salir a dar una vuelta por Vitoria, fuimos preparándonos para acostarnos.
Hacia las cuatro de la madrugada llegó un grupo que metió bastante escándalo antes de acostarse. Yo me desperté varias veces, pero no dormí del todo mal.

DOMINGO 20
Sobre las 8:30 horas nos levantamos. El cielo se veía un poco más despejado, pero en las cumbres se mantenían las nieblas. Desayunamos y recogimos las tiendas. No tardaron en llegar los primos de Carlos, Felipe y Juanma. Todo recogido, y tras haber pagado el día antes la estancia, salimos del camping con dirección a Murua. En unos 15 minutos llegamos a dicho pueblo por el que pasamos para internarnos más en el valle por una estrecha carretera en la que tuvimos una leve incidencia. Al cruzarse Felipe con otro coche se rozaron los espejos y el suyo partió. La carcasa quedó intacta, pero el cristal, tras encontrarlo entre los matorrales, estaba todo astillado.
Tras unos metros más recorridos, aparcamos los coches en un lugar acondicionado para ello cerca de la carretera. Los claros y las nubes se alternaban por encima de nosotros cuando emprendimos la marcha a las 10:30 horas. Toño tenía ya planeado no subir por causa de una molestia en la rodilla que no termina de quitársele y decidió ir solo a pasar el día por allí.
Retrocedimos unos metros por la carretera antes de entrar en una pista señalizada. Según la misma, había 5,5 kilómetros a la cumbre y el tiempo estimado era de 2:30 horas. Poco a poco fuimos ascendiendo paralelos a la carretera hasta encontrarnos sobre un bonito merendero pegado a la misma y a unos 50 metros a plomo bajo nosotros. No tardamos en meternos en el bosque que fue compañero nuestro durante casi toda la ruta. El camino estaba bien marcado y en él encontramos trechos de fuerte pendiente. Carlos y sus primos iban por delante a buen paso, mientras el resto les seguíamos tranquilamente.
A la par que ascendíamos, contemplábamos cada vez más amplio el paisaje. Por lo cerrado del bosque, sólo entre algunos claros veíamos en la lejanía los valles. Cuando salía el sol, el entorno brillaba y los colores destacaban profundamente en la vegetación variada. Desde bajos helechos hasta enormes robles pasando por hayas, avellanos y otra multitud de especies florales crecían en aquel ambiente idílico.
Tras aproximadamente una hora caminando, llegamos a una bifurcación desde la que nos explicaron se podía llegar hasta una cueva. Como nuestro principal objetivo era la cumbre, continuamos por el sendero hacia la misma. La pendiente se acentuó durante unos metros y salimos a un claro donde vimos pastar varias vacas. Paulatinamente se fue escapando la llovizna y nos hizo colocar los chubasqueros. Ahora comenzábamos a ver algo de roca frente a nosotros.
Por el sendero continuamos ascendiendo hacia las rocas alternándose de continuo el bosque cerrado con los claros. Algo más arriba vimos un numeroso rebaño de cabras que ni se inmutaron al pasar entre ellas. A continuación pasamos una zona de rocas por las que trepamos un poco ya saliendo del bosque hacia los prados altos. La niebla ya comenzaba a cubrirnos y la visibilidad fue decreciendo. En dichas praderías vimos también varios caballos pastando.
Atravesando por una pequeña canal nos metimos en la loma que forma la cumbre del Gorbea. Como digo, la niebla hacía la visibilidad nula prácticamente. La pendiente era muy suave y el terreno era pradera de alta montaña. Por fin divisamos entre la bruma la enorme cruz de la cima. Eran las 12:55 horas. El viento soplaba fuerte y traía consigo la humedad de la niebla. Parecía, salvo por la ausencia de nieve, un paisaje invernal del todo.
Yo llevaba la camiseta empapada de sudor al ir con el chubasquero de plástico puesto. Allí me tuve que poner la sudadera para no quedarme helado, y aún así no era suficiente. La cruz está en la cúspide de un armazón metálico de 18 metros de altura bajo el cual se encuentra la imagen de una virgen. Al lado hay dos buzones, uno de ellos con la curiosa forma de una casa metálica muy decorada. También un monolito con una figura arriba en la que se indican las numerosas cumbres que desde allí se pueden distinguir, en un día claro, por supuesto. Lo cierto es que me dio mucha rabia no poder disfrutar de ninguna vista desde allí, más si cabe, tras el largo viaje realizado para ello. Enseguida querían bajar sin hacer tarjeta, fotos ni nada. Yo me lo tomé con calma e hice algunas fotos tranquilamente y dejamos la tarjeta de cumbres.
Tras escasos 15 minutos en la cima emprendimos el descenso. Yo llamé a casa sin contestación alguna, por lo que llamé a Merce a Logroño y hablé con ella un rato.
Para el descenso optaron por otra ruta alternativa. Como antes, se fueron distanciando y esta vez quedamos Carlos y yo por detrás completamente despistados. La niebla ya no estaba cerrada, pero no les veíamos por ninguna parte. Tuvimos que llamarles por teléfono para que nos indicasen. Enseguida nos hicieron señas y les alcanzamos. El sendero transcurría por entre matojos bajos de infinidad de colores. No tardamos en meternos de nuevo en el bosque donde había un refugio medio derruido en el que paramos a comer. Eran las 13:50 horas.
Cuando salía el sol creaba un entorno realmente bello. Nos rodeaban numerosos helechos y algunos árboles caídos por la fuerza del viento y la nieve invernal. Algunos se metieron dentro de la derruida cabaña mientras otros comimos fuera de ella. Antes de emprender la marcha de nuevo, sacamos una foto todos juntos con el escudo del club, ya que arriba, con tanta niebla, no habían quedado nada claras. Aquí sí llamé a casa y hablé con mi madre.
Después de casi una hora de parada, emprendimos la marcha otra vez. Aunque suene repetitivo, solo el paisaje boscoso y los contrastes del mismo ya compensaban bastante la decepción de la cima. Enormes troncos con ramas de formas extrañas abundaban por doquier. Desde uno de los claros distinguimos a lo lejos la ciudad de Vitoria. Con la cámara saqué algunas fotos, pero al estar tan lejana no se distingue en ellas.
Así fuimos descendiendo entre aquella maravilla visual en la que de nuevo encontramos una manada de caballos pastando a la sobra. No tardando llegamos al cruce con el camino que habíamos seguido a la ida. Ya por este llegamos a la altura desde la que se veía el merendero abajo. Carlos, Felipe y yo nos desviamos un poco para verlo desde otra perspectiva. Yo todavía me alejé más y saqué una fotos del mismo con la enorme pared de fondo y el macizo del Gorbea detrás.
No tardé en alcanzarles tras bajar un corto pero fuerte desnivel hasta el camino. Unos metros más adelante salimos a la carretera y otros pocos más por ella alcanzamos los coches. Eran las 16:05 horas. Allí estaba Toño esperando, el cual había estado dando paseos por los alrededores. Felipe y Juanma tenían prisa y marcharon enseguida. Nosotros nos cambiamos ropa y calzado antes de ponernos en marcha. Como dato apuntaré que hasta allí habíamos hecho 315 Km. sin contar las vueltas del día antes.
Sobre las 16:30 horas emprendimos el regreso hacia León. Por la misma carretera llegamos a la autovía y bordeamos Vitoria con dirección a Burgos. Desde el coche saqué una foto del macizo entre la niebla. En Miranda de Ebro dejamos la autovía y por la nacional nos dirigimos hacia Burgos. Atravesamos éste y volvimos a coger otra autovía hacia León. Como habíamos pensado, al llegar a Carrión de los Condes nos desviamos para tomar un refrigerio y hacer las cuentas. A las 19:30 horas, y tras casi media hora allí, nos pusimos de nuevo en ruta. Al llegar a Palanquinos volvimos a detenernos y se cambió Carlos para nuestro coche despidiéndonos de Toño que iba para Ardón. A las 20:30 horas me dejaron a mí en casa.
Así se terminó este fin de semana marcado por la decepción del mal tiempo, pero con las satisfacciones de los detalles y paisajes vistos el primer día y en el ascenso y descenso del pico. Aunque lejano, no es muy complicado volverlo a intentar en el futuro.