lunes, 22 de marzo de 2010

CAMPRIONDO - PARDAL (CASTILLÓN) - PEÑA VILLA (La Mata de Monteagudo) - 21-03-10

 


1ª ASCENSIÓN AL “CAMPRIONDO”, “CASTILLÓN” Y “PEÑA VILLA”.

21-03-10             (Domingo)

Una vez más hemos salido a la montaña para realizar en esta ocasión una triple ascensión en un macizo situado en las inmediaciones de Cistierna, concretamente en La Mata de Monteagudo. La climatología nos ha dado una tregua y volvimos a conseguir alcanzar el objetivo tras la última actividad improvisada y cambiada.
A las 8:30 horas nos reunimos en Guzmán los diez participantes de esta excursión: José Antonio, Toño, Arancha, Gabriela, Mª Jesús, Cundi, Álvaro, Pedro y yo. El décimo componente no era si no Silvano, amigo y compañero mío en los comienzos del club Don Bosco, lo cual no dejó de hacerme cierta ilusión. En los coches de Toño, Arancha y el mío nos repartimos para salir de León por la nacional hacia Mansilla donde giramos para tomar la de Riaño. En Sahechores volvimos a cambiar el rumbo y pasamos luego por Almanza y Puente Almuhey antes de llegar a La Mata de Monteagudo, comienzo de la ruta, 1150 m.
Aparcamos los coches cerca de la iglesia y nos compusimos mientras las nieblas se cerraban en las cimas. A las 10:20 horas comenzamos la marcha saliendo del pueblo por un camino embarrado entre praderías y al lado del arroyo de Los Ríos que atravesamos poco después. Comenzamos enseguida a subir más directamente por la ladera entre algunos robles. Allí encontramos varios huesos de lo que parecía una vaca. Serpenteando fuimos acercándonos a una pista que también salía del pueblo y que daba un poco más de rodeo. El camino que llevábamos se iba perdiendo y por eso decidimos salir a la pista aquella.
Comenzamos a ver entonces la cima de Peña Corada hacia atrás y cerrada de nieblas. El camino transcurría entre robles con troncos cargados de verde musgo. Algo mas arriba llegamos a una bifurcación de la pista que atravesaba por la ladera con dirección Este hacia donde se encontraba el pueblo de Ferreras del Puerto en un valle paralelo. Nosotros cogimos el otro ramal que seguía subiendo y dejamos atrás una zona con pradera ya cerca de la collada de Los Abedules. A las 11:40 horas alcanzamos este paso con una altitud de 1421 metros.
El camino se volvía a bifurcar allí, y mientras uno bajaba por la ladera contraria, otro seguía subiendo hacia el Norte con dirección al Campriondo que comenzamos a ver enseguida. Las nieblas se habían ido disipando y nos dejaban ver la mayor parte de las cimas; incluso salía el sol a ratos. Unos metros más adelante se difuminó el camino en la pradera llena de escobas ya por debajo de las pedregosas laderas del pico. Allí vimos el quad que antes nos había adelantado subiendo.
Mientras unos trepaban por la roca, otros seguimos un sendero que la rodeaba un poco. Seguimos una vaguada por la que se subía cómodamente y enseguida nos reunimos con los compañeros que habían ido por la roca. A partir de allí se pronunció la pendiente pero se seguía subiendo sin dificultad alguna. En la parte alta ladeamos unos metros perpendicularmente sin apenas desnivel hasta llegar a una collada entre la cima del Campriondo y otra con algo menos de altitud cuyo nombre no se especifica en el mapa. Desde allí pudimos ver claramente las cimas del pico Moro, Peña Rionda y el Cerroso. Eran las 12:20 horas y la altitud era de unos 1550 metros.
Mientras algunos ya subían hacia el Campriondo cerca de la cumbre, otros decidieron subir a esta segunda cima. Los demás optamos por seguir hacia el primero para el que ya quedaban pocos metros. La ladera era pedregosa pero no de roca compacta. Tampoco de excesiva pendiente, por lo que subimos cómodamente por ella. A las 12:40 horas alcancé yo la misma en la que estaban ya los compañeros que se habían adelantado. La vista era espectacular ya que las nubes habían levantado casi por completo. En la parte baja se veía Ocejo de la Peña bajo la misma falda del pico. Al lado contrario estaba Ferreras del Puerto y también se divisaba un poco de La Mata de Monteagudo.
En esta cima del Campriondo con 1673 metros de altitud había un hito de piedras con dos hierros en medio. No había buzón alguno, ni placa ni cruz. La tarjeta la dejamos en un bote entre las rocas y nos sacamos una foto de grupo. Desde allí podíamos ver casi completa la ruta que hicimos hace dos años en la que intentamos subir al Cerroso desde Ocejo. Algunos comimos un pequeño pincho ya que teníamos pensado subir aún a la Peña Villa que nos quedaba al Sur y al otro lado de la collada de los Abedules. Cerca de la cumbre había unos pequeños neveros que nos sirvieron para comenzar una guerra de bolas de la que no se libró nadie. A las 13:35 horas emprendimos el descenso por la misma parte de subida. En algunos neveros que encontrábamos seguíamos con la guerra de bolazos. Aún me duele el brazo de tirarlas.
Entramos en el camino entre robles mientras el sol que salía entre las nubes calentaba lo suyo. En la collada de los Abedules hubo división de grupo. Toño y Cundi optaron por descender ya desde allí al pueblo por el mismo camino de subida. El resto nos metimos en la ladera contraria para dirigirnos a Peña Villa hacia la que ya se había adelantado Silvano hacía un rato. El sendero subía entre robles y escobas hasta alcanzar un alto que dividía el macizo. Al Suroeste se alzaba el Castillón, peña solitaria que debe su nombre a la semejanza con dicha fortaleza. Por el Sudeste corría la loma hacia la Peña Villa en la que vimos ya a Silvano. Cómo la primera era fácil de subir nos dirigimos a ella entre el matorral y atravesando una alambrada.
A las 14:41 horas llegamos a esta cima del Castillón de Fuentes con 1488 metros de altitud. Mientras que por el Oeste era una loma, por el Este tenía una paredes no muy altas pero verticales. La vista era espectacular hacia el Norte con el Campriondo, Cerroso, Peña Rionda y el Moro entre otros. Ahora veíamos también el Espigüete, Peñas Pintas, Arbillos, etc.
Apenas estuvimos unos minutos en la cima en la que no dejamos tarjeta alguna al no tener ni señal de cumbre. Emprendimos el descenso por la misma ladera hacia la collada desde la que comenzamos a subir hacia la Peña Villa, 1546 m, de la que ya veíamos bajar a Silvano, el cual se dio la vuelta con nosotros al cruzarnos. Ya cerca de la cima la cresta se complicaba un poco y algunos optamos por seguir bordeándola para cogerla más al sur. Aunque pendiente, subimos bien estos últimos metros hasta la cúspide a la que llegamos sobre las 15:15 horas.
En ella tampoco dejamos tarjeta aunque sí nos sacamos una foto de grupo. Nos acomodamos entonces para comer mientras veíamos como por el Oeste se cubría de negros nubarrones y se veían cortinas de lluvia que se acercaban. Hacia esa parte contemplábamos el pueblo de Fuentes de Peñacorada y a lo lejos el valle de Sabero. También se veía el mirador de Los Rejos. Hace dos años en el Encuentro de Montañeros se hizo una ruta por varios de los pueblos que ahora veíamos.
Poco a poco fueron escapándose gotas de lluvia que nos hicieron apurar el bocata y a las 15:50 horas, con lluvia ya constante, emprendimos el descenso. Lo hicimos por la ladera sur hacia la pista que une La Mata con Cistierna y que pasa por debajo de Peña Corada, aunque tampoco íbamos con esa idea clara. Si había otro lugar por donde bajar al pueblo podíamos desviarnos. En una collada pudimos haberlo hecho, pero no se veía muy clara la bajada por la vaguada llena de arboleda y matorral. En esta ladera vimos algunos árboles solitarios de bonitas formas. Poco a poco fue pasando el nublado y la lluvia fue cesando. En la pista vimos un par de vehículos parados. Hace varios años subimos desde allí a Peña Corada un domingo por la tarde improvisadamente mi hermana, otro amigo y yo. Esta collada se llama Las Vallejas y está a 1331 metros de altitud.
Tras el chaparrón salió el sol claro poco antes de llegar a esta collada cuando eran las 16:40 horas. José Antonio había comenzado a subir por la parte contraria hacia unos peñascos. El resto comenzamos a bajar por la pista pero enseguida la abandonamos para entrar en una vaguada que no se veía muy cerrada y que bajaba sin tanto rodeo al pueblo ya visible. Por praderas descendimos entre arboleda y matorral muy disperso al lado de un arroyo. Más abajo entramos en una zona más cerrada pero con sendero claro y muy transitable. En el arroyo vimos una bonita cascada entre rocas cargadas de musgo. Poco después atravesamos el mismo para seguir por el sendero que ahora estaba abnegado por el agua del arroyo. No tardamos en salir al camino ancho que suponemos era uno que habíamos visto al comienzo de la vaguada pero que no sabíamos si bajaría o no.
Por él seguimos descendiendo entre robles hasta llegar a una nave ganadera en la que se oían baladas de corderos y ovejas. El último tramo hasta el pueblo estaba totalmente embarrado y cubierto de abono y orines de ganado. Había que ir sorteando todo ello como se podía.
A las 17:25 horas entramos en La Mata de Monteagudo por otra calle diferente a la de salida. Ésta nos llevó directamente a la iglesia donde teníamos los coches aparcados. En una fuente cercana lavamos las botas y polainas embarradas. Allí estaba Toño esperando y Cundi que llegó al poco rato de dar un paseo por el pueblo. También José Antonio apareció enseguida. Al contrario que por la mañana, ahora se veía claramente la cima de Peña Corada y Peña Villa.
Tras cambiarnos y demás, decidimos acercarnos a ver el santuario de la Virgen de La Velilla, situado un kilómetro antes del pueblo. Toño y Cundi lo habían ido a ver y nos dijeron que estaba abierto hasta las siete. Pues bien, cuando llegamos lo encontramos ya cerrado aunque eran las seis. Aun así merece la pena su vista exterior y como fondo el Campriondo. Sacamos una fotos allí antes de comenzar el regreso.
Ya en Almanza nos detuvimos a tomar un refrigerio en un bar e hicimos las cuentas como es habitual. Estuvimos una hora allí antes de retomar la marcha hacia la capital donde llegamos sin novedades sobre las 20:30 horas.
Terminamos así una actividad más del calendario programado para esta año que está siendo un tanto irregular climatológicamente, pero que nos está dejando alcanzar la mayoría de los objetivos propuestos.         
           



















lunes, 8 de marzo de 2010

VALLE DEL PUERTO (Villafeliz de Babia) - 07-03-10

 


1ª TRAVESÍA “VILLAFELIZ-VALLE DEL PUERTO”.

07-03-10          (Domingo)

Dentro del calendario teníamos para este fin de semana la ascensión al Morronegro, en Babia, lo cual no pudo ser por la climatología adversa de este invierno que nos ha hecho modificar los planes previstos.
Nos levantamos este domingo con lluvia e incluso medio nieve. Tras recoger a Mª Jesús y a Arancha nos dirigimos a Guzmán donde fue llegando el resto de los 11 participantes: Mateo, Gabriela, José Antonio, Alejandro, Antonio, Álvaro, Adelino y Roberto. En los coches de Antonio, José Antonio y el mío nos distribuimos para comenzar la marcha sobre las 8:30 horas. Salimos por la carretera hacia La Magdalena viendo como nevaba cada vez más y se cubría el suelo de blanco. Tras bajar el portillín de Camposagrado nos detuvimos a deliberar. El panorama era feo con las cimas cubiertas de niebla y seguía nevando. Optamos por seguir hasta Villafeliz y detenernos a ver allí cómo estaba la cosa.
Por la autopista pasamos el tramo del pantano y salimos hacia Luna primero y Babia a continuación. Así llegamos a Villafeliz donde entramos con el mismo panorama que teníamos. Algunos conocían una ruta que transcurre por el valle del río Puerto y comunica con Casa Mieres. Nos preparamos para la misma y comenzamos a caminar sobre las 10:00 horas. Atravesamos el pueblo para salir por un estrecho camino hacia el Este por encima de las praderías. Poco a poco comenzamos a ascender por él hacia una collada en la que vimos una caseta de obras allí instalada.
Entre la niebla veíamos algunas cimas de esa parte con una ligera capa de nieve. El camino estaba embarrado y por él nos fuimos metiendo al propio valle del río del Puerto que no llegaba a pasar por el pueblo al desviarse antes hacia el Sur. Enseguida entramos en un angosto cañón por el que el camino iba a media ladera. En el fondo del mismo vimos una cascada de salto considerable. Allí el paisaje era muy abrupto y rocoso. De vez en cuando aparecía el sol medio eclipsado por las nieblas altas, pero seguía nevando débilmente. Algo más arriba se abrió un poco el cañón y comenzamos a ver las cimas que rodean todo este valle glaciar.
No tardando alcanzamos una nueva collada que daba paso a este impresionante valle de largura y anchura considerable. La vista del mismo era espectacular con las cumbres nevadas rodeando todo el perímetro. Al lado de una enorme roca estaban reunidos los compañeros que iban por delante y hacia ella nos dirigimos el resto. Eran entonces las 11:20 horas. Allí estuvimos sopesando las opciones de la ruta. Por una parte podíamos ascender a cualquiera de las cimas que teníamos alrededor nuestro y por otro continuar valle adelante hacia la collada que da paso a Casa Mieres y para la que aún faltaba un buen trecho. La primera de las opciones la descartamos ya que las laderas estaban cubiertas de nieve en un estado que no sabíamos. Además, aunque había abierto un poco, no se veía que ello pudiera evolucionar a mucho mejor.
Retomamos la marcha por el camino que atravesaba el valle de lado a lado bajando poco después al nivel del arroyo. Apenas había desnivel en todo este tramo de cerca de dos kilómetros, más o menos. Según avanzábamos íbamos encontrando más nieve en el terreno y la niebla se nos cerraba por delante. A nuestra izquierda vimos un refugio por debajo de las laderas de los picos y delante de él varios montones de rocas que no supimos el motivo de su existencia.
Poco a poco dejamos atrás esta gran vega y nos metimos en otra zona más angosta a la vez que íbamos girando al norte siguiendo el camino ya totalmente blanco. Al lado del mismo vimos un par de bañeras usadas como bebederos del ganado. Ahora ascendíamos más certeramente y cogimos un buen desnivel hacia el río apenas visible entre la niebla. Así alcanzamos otra especie de collado que dio paso a otra vega totalmente invisible. Siempre siguiendo a los que ya habían hecho la ruta, y que la niebla también llegaba a despistar, fuimos avanzando por el medio de aquel manto blanco rotulado de arroyos que tuvimos que atravesar una y otra vez. En uno de ellos vimos como una pequeña zona casi libre de nieve formaba a groso modo el mapa de España. Fue aquí donde José Antonio marchó “a su bola” mientras el resto seguíamos más o menos los arroyos como única referencia.
Al cabo de un rato dimos un giro visible abandonando el fondo del valle y entrando en la ladera de otra vaguada donde encontramos algo de matorral bajo y algunos árboles. De primero pensé que íbamos por el mismo valle y estábamos retrocediendo por la ladera hasta que comprobé que no era así. Claro, al ser una ruta improvisada no llevábamos mapa de la zona.
Allí el sendero ya había desaparecido y por lo visto el camino iba por la parte alta. Algunos tramos los subimos directamente hacia arriba, pero la nieve comenzaba a ser abundante y había trozos en los que metíamos las piernas hasta abajo. Así llegamos a unas rocas donde nos detuvimos a deliberar.
La niebla era cerrada del todo y no se veía absolutamente nada. Por otra parte, pérdida no había ya que en caso de apuro era seguir las huellas dejadas, siempre que no comenzase a nevar copiosamente y las borrase, aunque ahora incluso no caía nada. Según Mateo, en la collada había unas brañas a las que podíamos llegar aunque no bajásemos luego a Casa Mieres. La cuestión era encontrarlas en medio de la nada. Cómo había división de opiniones en seguir o no, se hizo una votación ganando la primera opción siempre y cuando no arriesgásemos más de la cuenta. Eran entonces las 13:30 horas.
Continuamos el avance por el medio de la ladera llegando poco después a una alambrada que atravesamos. Subimos entonces paralelos a ella hasta salir por fin al camino, aunque éste apenas si era perceptible entre la nieve. De hecho enseguida se nos perdió de nuevo en la ladera y seguimos como anteriormente avanzando hacia arriba pero sin rumbo fijo.
No tardaron en detenerse los primeros al ver que no se veía absolutamente nada y no había rastro de cabaña alguna. Es más, no sabíamos incluso si estábamos en la ladera ya por encima de la collada o no. De José Antonio no sabíamos nada tampoco. Eran las 14:05 horas.
Optamos entonces por emprender el regreso y detenernos en las rocas anteriores a comer. Volvimos sobre nuestras huellas hasta la zona del camino visible. Allí también hubo una pequeña discrepancia ya que algunos opinaban de seguirle, aunque la mayoría creímos que era mejor no arriesgar más y volver sobre las huellas dejadas. Bajamos el tramo de más pendiente y volvimos a cruzar la alambrada llegando enseguida a las rocas donde nos acomodamos para comer. Eran las 14:20 horas.
Durante la comida pasamos un buen rato de charla y bromas con el licor y el vino que Adelino llevaba. Seguíamos sin saber nada de José Antonio, lo cual nos preocupaba un poco, pero cómo es habitual en él que marche a su aire, esperábamos que supiese lo que hacía. Cuando ya estábamos terminando llegó él tras haber subido al alto de la sierra de Los Grajos, según nos dijo.
Una hora más tarde nos pusimos de nuevo en marcha todos juntos. En algunos momentos de la ruta nos habíamos ido sacando fotos de grupo, algunas de las cuales hice secuenciales para luego meter en los montajes con algo de humor. Cerca del arroyo podía verse la nieve acumulada que en algunos lugares era de un metro.
Ya en la parte baja abrió un poco la niebla dejándonos al menos ver un poco el valle aunque no la mayoría de cimas. No sé por qué los primeros se fueron desviando de las huellas y terminamos yendo cada uno por un lugar diferente. De pronto oí que me llamaban los de adelante, que habían parado en una pequeña hondonada con una pendiente hacia ella. Pues bien querían que sacase el plástico que siempre llevo para hacer “culoskí” en ella. Así lo hice y nos pusimos a resbalar en aquella pendiente sin peligro alguno estando allí una hora en la que lo pasamos realmente divertido. Con la cámara grabamos estas bajadas vertiginosas, tanto de espectador como en vivo mientras bajábamos sentados o tumbados de cabeza.
Ya eran las 17:00 horas cuando decidimos dejarlo ya que además la niebla comenzaba a cerrarse de nuevo. Retomamos la marcha comenzando a descender por el estrecho camino que nos metía en la parte angosta del cañón. Ahora sí se veía el fondo del mismo así como alguna vaguada lateral. Fuimos girando con el valle y salimos a la zona más amplia del mismo. En un roquedal por encima de la ruta había unas antiguas trincheras de la guerra y algunos decidieron subir a ellas. Mientras otros quedamos un rato esperando antes de continuar. Antonio y Mateo ya se habían adelantado mientras estábamos resbalando anteriormente. En el cielo vimos algunos claros azules que tardaron poco en desaparecer.
Sin más entramos en la enorme vega mientras se nos unían los que habían subido a las trincheras y así continuamos juntos atravesando la misma. De frente veíamos cómo se oscurecía el cielo y por detrás bajaba la niebla. También ahora nos desviamos del camino de ida y subimos unos metros por encima del fondo del valle. Más adelante algunos bajamos a retomar este camino mientras otros seguían por el sendero que al final se unía con el anterior. En la collada del fondo vimos dos siluetas y supusimos que eran las de Antonio y Mateo que ya había llegado a ella. Nosotros tuvimos que subir unos metros hasta la misma alcanzando ésta cuando eran las 18:30 horas.
El camino llaneaba unos metros antes de comenzar el descenso por la segunda parte angosta del cañón. Aquí comprobamos la pendiente considerable de algunos tramos de este recorrido. Por la mañana íbamos frescos y los subimos sin casi enterarnos. En las laderas vimos cómo se había ido bastante nieve desde por la mañana. La niebla habría contribuido a ello ya que la nieve caída era insignificante.
El camino serpenteaba por el cañón bajando de continuo. En medio de él había una gran roca en la que por la mañana no había reparado y no era reciente su caída. A las 19:00 horas llegué a la collada que dividía el cañón del valle de Villafeliz desde donde ya se divisaba el pueblo. En los prados bajo el camino pastaban varios caballos de negro pelaje. Cinco minutos después de pasar por la collada entraba en el pueblo pasando al lado de algunas casas en rehabilitación. Encima del muro de una de ella había un gran arca de madera antiguo. Antes de llegar a la plaza donde teníamos los coches pude disfrutar de otro bello paisaje formado por el contraluz del campanario de la iglesia con algunas cumbres de fondo.
A las 19:10 horas terminaba la ruta en dicha plaza donde los compañeros se arremolinaban en torno a la fuente limpiando ya el calzado, polainas, etc., lo cual hice yo también luego. Mientras nos cambiábamos comenzaron a escaparse algunas chispas de nieve. Por allí se acercaron dos perros, un enorme mastín y otro más pequeño de diferente raza.
Decidimos parar en Sena de Luna a tomar un refrigerio y hacer las cuentas. En el mesón estuvimos una media hora antes de emprender el regreso a León. Durante los primero kilómetros estuvo nevando y luego cesó. En La Magdalena salimos de la autopista continuamos el viaje por carretera hasta llegar a la capital sobre las 21:15 horas. Aquí fui dejando a Gabriela, Arancha y por último a Mª Jesús antes de llegar a casa.
Por segunda vez en este año no conseguimos el objetivo programado, incluso en esta ocasión ni lo intentamos. A ver si de aquí en adelante va cambiando el tiempo y podemos realizar las actividades sin tantos contratiempos, retrasos o aplazamientos.



















domingo, 28 de febrero de 2010

VALLES DE TOLIBIA Y ARINTERO - 28-02-10

 

2ª TRAVESÍA “TOLIBIA DE ABAJO - LA BRAÑA- ARINTERO - TOLIBIA DE ARRIBA- TOLIBIA DE ABAJO”.

28-02-10           (Domingo)

Con una semana de retraso por culpa de la climatología adversa del pasado fin de semana, hemos realizado esta travesía sencilla pero con bonitos paisajes en la comarca del Curueño, concretamente en Tolibia. Hace poco más de siete años que la hice yo por primera vez y por ello la propuse de nuevo para repetirla este año.
Solamente cuatro participantes nos animamos a realizarla: Gabriela, Álvaro, José Antonio y yo. En Guzmán nos reunimos a las 9:00 horas saliendo hacia Tolibia de Arriba por la carretera del Torío y seguidamente por la del Curueño. Las nubes y los claros se alternaban en el cielo tras el paso el día anterior de un ciclón que dejó vientos casi huracanados en buena parte del norte peninsular, incluida nuestra provincia, donde se notó de forma irregular.
A las 10:00 horas llegamos a Tolibia de Abajo, 1180 m, donde aparcamos la furgoneta y nos preparamos para la ruta. Decidimos antes de nada tomar un café en el bar del pueblo tras lo cual emprendimos la marcha retrocediendo por la carretera por la que habíamos llegado. Nos sacamos una bonita foto con el Bodón de Lugueros que presentaba una estampa espectacular con su cumbre nevada y sus paredes verticales llenas de canales casi inaccesibles por su lado Nordeste.
Ya desde el comienzo hubo discrepancias en la ruta a seguir. La marcada transcurría por la carretera hasta Arintero, pocos más de 5 de los 13 kilómetros totales. José Antonio optaba por atajar por las laderas y colladas, aunque no estaba muy clara esa ruta. Al final, mientras él decidía hacer esta variante, nosotros tres optamos por seguir lo programado aunque eso supusiese hacer este primer tramo por asfalto.
Ya eran las 10:35 horas cuando nos pusimos en marcha y a los pocos metros del pueblo nos separamos. Enseguida nos metimos nosotros en un corto desfiladero donde el río Curueño bajaba con un caudal descomunal. Al otro lado del mismo se podían ver las largas y pendientes canales del Bodón que caían directamente al río. En una de ellas vimos un curioso manantial naciendo directamente en medio de un pedregal. Atravesamos un puente hacia la parte contraria y por allí recorrimos varios metros hasta llegar a la altura de un pequeño salto en el que nace el canal de trasvase hacia el Porma. La fuerza del agua era descomunal e impresionaba ver la cascada formada en el lugar. Un operario estaba trabajando allí y nos pareció que limpiaba el filtro de entrada al canal.
A escasos metros de este punto se encuentra el desvío hacia La Braña y Arintero, distantes 3,1 y 3,6 Km respectivamente. Nos metimos en este ramal atravesando de nuevo el Curueño por otro puente sobre el mismo. Nos acercamos a la boca del túnel por el que entra el trasvase y por el que bajaba el agua que se pasa de este río al pantano del Porma totalmente subterráneo.
Siguiendo la carretera dejamos atrás un puente sobre el arroyo Vallarías que baja por este valle de la Braña. Por la descripción de la ruta sabemos que se trata de un pequeño puente romano usado en una antigua calzada romana que baja desde Vegarada por todo el Curueño. Un tendido eléctrico sube paralelo a la carretera y el arroyo “estropeando” un poco el paisaje. Echando la vista atrás seguimos viendo la mole del Bodón ahora por su cara Este.
Poco a poco el cielo se va cubriendo por el Suroeste y se escapan pequeños granizos que cesan enseguida. En las laderas del sur vemos un gran pinar mientras que en las del norte hay matorral cerrado. Poco más de una hora nos llevó este tramo de 4,700 Km. hasta el desvío a La Braña, 1225 m, pueblo situado un poco por encima de la carretera por la que íbamos. Decidimos subir hasta él a visitarle y en pocos minutos entramos en sus calles. En una fuente bebimos y cogimos agua y más arriba llegamos a la iglesia de este pueblo. Nos dimos una vuelta alrededor de la misma antes de comenzar el descenso. El Bodón apenas es ahora visible entre las nieblas que lo cubren casi por completo.
De nuevo en la carretera principal nos encaminamos hacia Arintero, a escaso un kilómetro. Vamos contemplando en este tramo una amplia vista de este valle y podemos sacar una bonita foto de Las Braña en su ladera. Enseguida vimos la iglesia de Arintero por encima de nosotros y al frente. Una vez más cayó un pequeño aguacero de granizos.
A las 12:20 horas llegamos a Arintero, 1310 m, cuna de la conocida Juana, la Dama De Arintero. En una de sus casas puede verse un escudo de piedra que podría pertenecer a dicha familia. También en otras viviendas se podían ver inscripciones con las fechas de construcción de las mismas, algunas bastante antiguas. En un solar había una vieja furgoneta de desguace. Al igual que en La Braña, también vimos algunos perros por sus calles. Hasta allí llevábamos recorridos, con la subida a La Braña, 6,500 Km.
Salimos de Arintero por un camino entre praderías. Los claros y las nubes se alternaban en el cielo. Varios metros a nuestra derecha corría paralela la sierra tras la cual se emplaza el pantano del Porma. En ella se encuentra la conocida Forqueta, collada de forma cuadrada que se puede ver también desde el lado del pantano. El camino ascendía suavemente mientras íbamos girando de norte a oeste. En varios lugares de la ruta nos hicimos una serie de fotos seguidas y moviéndonos a las que luego en los montajes les pongo música y las animo en forma de baile divertido.
Enseguida nos topamos con los primeros tramos con nieve aunque no eran abundantes. Por debajo del camino vimos un bebedero de ganado y un corral vacío. Siguiendo la marcha nos fuimos acercando hasta la primera collada de la ruta situada a 1380 metros de altitud. A las 13:30 horas alcanzamos este paso tras haber recorrido 8,5 Km. Desde allí volvimos a ver de nuevo el Bodón que se había ocultado a la vista tras salir de La Braña. Por debajo teníamos una bonita vega comienzo del valle de Valdemaría. En la parte contraria se emplazaba la segunda colladina que da paso al valle de Tolibia de Arriba hacia la que íbamos.
En esta collada nos sacamos unas fotos y nos detuvimos unos minutos. Gabriela proponía subir hasta la collada de Valdemaría desde donde se podía ver el pantano del Porma. Desde allí se veía una collada a la que llegaba el camino, pero quedaba un tanto alejada y además no sabíamos si realmente era la de Valdemaría o quedaba por detrás. Por mi parte propuse subir un tramo hacia el lado contrario por debajo de un pinar a ver si se veía desde allí el valle por el que habíamos subido hacia La Braña. Nos encaminamos hacia esa parte subiendo por la ladera nevada donde en algunos tramos nos hundíamos. Poco a poco fuimos cogiendo altura y nos metimos en otro camino en la linde del pinar hasta que éste comenzaba a descender pero sin ninguna vista al valle contrario por la espesa arboleda. Sí tuvimos otra bella vista de la vega desde una parte más alta.
Cuando comenzamos a bajar vimos llegar a la collada a José Antonio. Cuando nos reunimos, y tras confirmarnos que la collada que se veía era la de Valdemaría, decidimos subir hasta ella para ver el pantano del Porma y todo el paisaje hacia aquella zona. Eran las 14:15 horas cuando comenzamos a ascender hacia esta otra parte. Subimos por un cortafuegos que enlazaba con el camino hacia Rucayo al que no tardamos en salir. Los arroyos y regueros cruzaban éste a cada paso. También encontramos trozos con nieve. Ahora teníamos una amplia vista del valle de Vallarías por el que habíamos subido a la collada. No eran visibles sin embargo los dos pueblos por los que habíamos pasado al quedar ocultos por la sierra intermedia.
Tras alcanzar la collada de Valdemaría, 1506 m, contemplamos una cola del pantano y el pueblo de Rucayo. Por la ladera cargada de nieve nos desplazamos unos metros para ver más paisaje que nos ocultaba el final del macizo. Pudimos ver numerosas cumbres desde la zona de Cistierna a casi San Isidro. Retrocedimos por las mismas huellas a la collada para comenzar el descenso cuando eran las 14:50 horas.
Dejamos atrás la intersección con el cortafuegos y seguimos por el camino unos metros. Desde la zona de los pinos habíamos visto en esta ladera un refugio donde decidimos comer. A él llegaba otro ramal de este camino por el que bajábamos, pero si llegábamos a la bifurcación había que subir luego. Por ello nos echamos a la ladera para avanzar a media altura directamente hacia él. Según el mapa, al lugar donde se emplazaba se llamaba La Fontona. A su lado bajaba un buen arroyo de las píndias laderas. Lo atravesamos sin dificultad y llegamos al refugio cuando eran las 15:25 horas.
Dentro de esta caseta había un sofá deteriorado y una chimenea con algo de rama seca. Cuando llegué yo habían sacado ya un tablero para sentarnos fuera a comer. Seguía sin hacer mucho frío y se estaba bien al aire libre. Desde allí podíamos ver frente a nosotros Peña Valdorria. Las nubes se habían cerrado de nuevo y volvieron a escaparse pequeños granizos.
A las 16:05 horas retomamos la marcha bajando por el camino que enlazaba con el que venía de la collada de Valdemaría y que se dirigía a la segunda collada que daba ya paso al valle de Tolibia de Arriba. En esta collada también se juntaba el camino que atravesaba la vega por la parte baja siendo el que traíamos desde Arintero. En diez minutos llegamos a la misma cuya altitud es de 1360 metros y contemplamos Tolibia de Arriba en el valle contiguo. Comenzamos el descenso por el ancho camino teniendo de continuo a la vista el pueblo. Éste serpenteaba por la ladera del valle por debajo de más pinares. Poco a poco tuvimos mejor vista del pueblo en la confluencia de dos vaguadas, la que traíamos nosotros y la que baja del pico Mahón.
Ya en la parte baja la pista dio dos bruscos giros y tras pasar al lado de una explotación ganadera entramos en el pueblo cuando eran las 16:35 horas. En una fuente algunos lavaron las polainas y botas antes de retomar la marcha para recorrer los últimos 2 kilómetros hasta Tolibia de Abajo. Hasta allí llevábamos recorridos unos 15 kilómetros y la altitud del pueblo es de 1250 m.
Una vez más tuvimos a la vista el Bodón con la cima nevada y con unos bellos efectos lumínicos provocados por los rayos solares sobre la nieve y el fondo oscuro de las nubes. Con esta cima siempre a la vista fuimos avanzando tranquilamente por la carretera que, salvo una pequeña subida, descendía hacia el final de la ruta. Tras una curva de la misma ya vimos Tolibia de Abajo bajo la falda del siempre impresionante Bodón. Ya cerca del pueblo nos sacamos una foto de grupo con este paisaje de fondo.
A las 17:10 horas entramos en sus calles y nos acercamos hasta un edificio en cuyo exterior había una estatua de D. Pedro García de Robles, quien supusimos sería un personaje ligado a este lugar.
Sin más nos encaminamos hacia la furgoneta donde terminamos la marcha cuando eran las 17:20 horas y tras unos 17 Km. recorridos. La ruta en sí tiene 12,950 Km., pero hay que añadirle la entrada a La Braña, el desvío al pinar y la subida a la collada de Valdemaría, por lo que igual me quedo incluso un poco corto.
Antes de emprender el viaje nos cambiamos un poco el calzado y ropa húmeda. De nuevo comenzaba a llover en esos momentos. Decidimos parar en La Venta del Aldeano a tomar un café y hacer las cuentas. De allí salimos a las 18:00 horas. Durante el viaje de regreso llovió casi todo el trayecto hasta entrar en León. Aquí fui dejando a los compañeros en varios lugares y a las 19:15 horas terminaba yo el viaje en casa.
Aunque estamos teniendo un invierno un tanto duro, de momento, salvo la segunda actividad de las Lagunas de Baucín, el resto lo vamos cumpliendo aunque sea con retraso. Este próximo domingo tenemos la ascensión al pico Morronegro. A ver como se nos da.















lunes, 8 de febrero de 2010

LA MORALA (Canseco) - 07-02-10

 


2ª ASCENSIÓN A “LA MORALA”.

07-02-10     (Domingo)

Seguimos el calendario del club con la ascensión al pico La Morala, actividad programada para este primer domingo de febrero. Un total de 17 participantes salimos para realizar esta excursión: Mateo, Álvaro, José Luis, José Antonio, Adelino, Vicente, Alejandro, César, Ricardo, Arancha, Gabriela, Javi F., Rubén, Ramón, Corín, Cundi y yo.
En Guzmán nos reunimos a las 8:30 horas la mayoría de participantes uniéndose el resto más adelante. En los coches de Adelino, Vicente, José Luis, Ramón y Javi hicimos el viaje hasta Canseco, 1280 m, donde aparcamos en las calles con bastante nieve aún. El cielo nublado amenazaba lluvia o nieve ya que el frío era intenso. Por suerte no se cumplieron estas previsiones.
A las 10:00 horas comenzamos la marcha saliendo por un camino hacia la collada de Canseco (1539 m), tras la cual se emplaza Redilluera, pueblo situado a 2 horas 45 minutos de allí, según un indicador. Atravesamos el arroyo Cansequillo por un puente de piedra y seguimos por una larga calle que se dirigía hacia el valle de Palomera por el que subiríamos. El camino se encontraba embarrado y lleno de estiércol del ganado que abunda en la zona y que vimos en algunas granjas. Echando la vista atrás tuvimos una bella vista del largo pueblo rodeado por cumbres y valles nevados; era una auténtica postal.
Enseguida nos metimos en el valle por el que subía el camino paralelo al arroyo Palomera que bajaba por nuestra derecha. La pendiente era apenas perceptible y se subía cómodamente. Tras una zona algo más angosta salimos a otra más abierta con prados cubiertos de nieve. En un punto determinado se bifurcaba el camino atravesando uno de los ramales al otro lado del río por un puente. Estudiando el mapa vimos que cualquiera de los dos se dirigía a la collada, así que decidí que era mejor seguir de frente ya que parecía ir más por la parte alta. Por el otro ramal vimos subir a alguien. Luego comprobamos que hubiese sido mejor seguirles a ellos.
En medio de este ramal que cogimos encontramos un zorro abatido por disparos de cazadores. En las laderas de la parte contraria vimos varios caballos pastando en los corros limpios de nieve. Poco a poco el camino se fue difuminando por la nieve que ya lo cubría todo. Los de atrás seguíamos a los que se habían adelantando que subían por el mejor lugar que se podía. Frente a nosotros se alzaba la Peña Costante, situada a la derecha de la collada de Canseco que vimos enseguida. Atravesamos algunos arroyos en medio del blanco manto mientras íbamos cogiendo altura algo más notoriamente.
Como apunto, ya no había rastro de camino alguno, aunque delante de nosotros teníamos la majada de Busticena por la que teníamos que pasar, pero los que iban delante decidieron meterse hacia la vaguada lateral y subir por ella y evitar tener que bajar unos metros a esta caseta. Alcanzamos el alto de una zona rocosa al comienzo del valle de Cáscaro, haciendo el hincapié que en el mapa también llama así al arroyo que baja directamente a Canseco.
Nos fuimos metiendo en dicho valle por la ladera izquierda del mismo, justo en la contraria en la que se emplaza el pico Canales por el que teníamos que pasar de haber llegado a la collada de Canseco. Disfrutamos de una bella estampa formada por la peña Costante y el circulo solar bien definido entre las nubes sobre ella. Era un contraste realmente bonito.
Hago aquí el inciso de cómo se había ido dividiendo el grupo durante la marcha. Ramón, Javi y Rubén llevaban esquís e iban hacia la collada. Mateo, que era el que se había adelantado por el ramal derecho, también se dirigía a ella. José Luis subía por su cuenta por otro lado y con él me comunicaba con un walkie que me había dejado y que no tardó en perder la cobertura. Cundi iba por detrás y decidió darse la vuelta en aquel punto. Adelino, Álvaro y yo íbamos siguiendo al resto del grupo que nos sacaban unos metros de delantera.
La niebla comenzaba a meterse por la cabecera del valle y cubría algunas cimas. Por la izquierda nuestra, en una pequeña hondonada, vimos un pequeño refugio que según el mapa era La Majada del Madriñero. La nieve no estaba en muy malas condiciones y se caminaba bien, aunque íbamos siguiendo las huellas ya dejadas por los compañeros. Poco a poco nos fuimos metiendo también nosotros en la niebla, que iba y venía, y subimos algunos tramos de fuerte pendiente. Por encima de nosotros íbamos dejando atrás el Alto de Ventaneras y nos dirigíamos hacia la collada entre éste y el pico Morala, del cual ya se veía ya el hito, lo cual lo confirmé con el zoom de la cámara.
Subiendo este tramo vimos bajar a Vicente, al que le iba molestando un tirón en la pierna. Adelino también iba “tocado” por lo mismo y yo tenía también algún síntoma de los puntazos que a veces me dan. Pues bien, al llegar a nuestra altura decidió, viendo que íbamos muy tranquilos subiendo, acompañarnos subiendo con nosotros. La niebla abrió y nos permitió ver la cumbre relativamente cercana y a la hilera de compañeros subiendo el último tramo a la misma.
La pendiente final al collado tenía una inclinación desmesurada y nos costaba avanzar hacia él. A las dos de la tarde alcanzamos éste alto desde donde tuvimos una amplia y bonita vista hacia la parte contraria. En el suelo pudimos ver cómo los pequeños matorrales estaban cubiertos por hielo en forma de bolas moldeadas por el viento.
Comenzamos a subir la última pendiente hacia la cumbre siembre siguiendo las huellas ya que fuera de ellas, al haber matorral, nos hundíamos entre él. Subiendo esta pendiente pudimos ver un bello mar de nubes hacia la parte de los puertos de Piedrafita y Pajares. Algo por debajo de la misma cima había unas rocas que teníamos que rodear. Antes de llegar a ellas vimos bajar a Javi con los esquís y poco después a Ramón y Rubén. Nos comentaron que el resto ya estaba arriba y que comenzaban a bajar por la otra ladera ya que el viento y el frío era intenso. Nosotros continuamos subiendo bordeando estas rocas y metidos ahora en una cerrada niebla que apenas nos dejaba ver unos metros por delante.
A las 15:10 horas alcanzamos por fin esta cumbre de 2144 metros en la que estaba el hito de cemento con hielo adherido y una cruz con buzón vacío. El viento era fuerte y frío, lo cual favoreció el que la niebla despejase a los pocos minutos. Un impresionante mar de nubes se extendía alrededor nuestro en todas las direcciones. No sé cuantas fotos saqué de esta maravilla visual de la que disfrutamos. Sin perder tiempo nos sacamos una foto y dejamos tarjeta en el buzón. En la cima era imposible comer con ese panorama y optamos por bajar un poco para evitar el viento cortante.
Veinte minutos estuvimos en la cima antes de emprender el descenso por la loma hacia el Canales. Estuvimos dudando sí bajar por el mismo lugar, por donde ya veíamos a los compañeros que habían reenganchado a la misma ruta de subida algo más abajo, o hacerlo por ésta del Canales. Al final decidimos esta última opción y bajamos por la pendiente nevada en la que nos hundíamos ya que no había más huellas que la de los esquís de los compañeros que habían subido por aquella parte. Llegamos así a unas rocas muy apropiadas para acomodarnos para comer. Eran casi las cuatro de la tarde cuando nos pusimos a ello y apenas dedicamos 15 minutos.
Retomamos la marcha hacia el collado anterior al pico Canales. Según nos íbamos acercando íbamos desistiendo en ascenderlo. No era mucho el desnivel, pero las fuerzas flaqueaban. Optamos por seguir las huellas de los esquís que lo bordeaban por el oeste y en ello estábamos cuando se volvió a cerrar la niebla por completo y a soplar el mismo viento frío que en la cumbre. pasamos una zona de grandes rocas y comenzamos a bajar más visiblemente. Fue entonces cuando comenzamos a sospechar algo raro ya que las huellas seguían bajando y sabíamos que los compañeros habían subido a la collada de Canseco que ya casi quedaba por encima de donde estábamos. Claro, lo que no se nos ocurrió es que esas huellas podían no ser de ellos al no haber visto a nadie más por allí y además con esquís.
Pues bien, continuamos bajando bruscamente siguiendo las mismas y cada vez encontrando más nieve blanda. Por fortuna dejamos la niebla arriba quedando la parte baja despejada, lo cual resultó una suerte por lo que luego encontraríamos. Poco a poco encontramos más matorral alto que se iba espesando según perdíamos altura. Lo que más temíamos era que el fondo del valle tuviese mucha nieve y se hiciera impracticable, lo cual se cumplió. Además ya no era pronto, casi las 17:30 horas, y al estar nublado oscurecía más rápidamente.
Nos fuimos metiendo a una estrecha vaguada donde se nos comenzó a complicar la cosa entre el ramaje, la nieve y el arroyo que bajaba por ella. No había donde agarrarse tras el arroyo y la nieve se hundía bajo nosotros, por lo que nos costó trabajo salir de allí. El siguiente tramo era mas o menos “normal” y bajamos al arroyo principal cruzándolo por un lugar bastante fácil. Lo peor vino luego. Nos metimos de nuevo entre matojos y nieve de donde era imposible salir. Ellos opinaban subir hasta las huellas dejadas en la subida, pero había varios metros de desnivel hasta ellas y las fuerzas flaqueaban. Peleando con las ramas y la nieve en la que ya era imposible avanzar, cada uno fue investigando la mejor opción para salir de allí. Yo estaba realmente desesperado. Apenas me quedaban fuerzas para “luchar” con todo ello, por lo que me tiré a la desesperada hacia el mismo arroyo. Aquello fue peor. Por él era imposible avanzar al encontrarme con algunas pozas infranqueables. Con los pies empapados salí hacia la parte contraria y separado del grupo que seguía entre la maleza. Subí unos metros para desviarme del matorral cercano al cauce y casi por inercia avancé a media ladera hacia otra zona rocosa tras la cual no sabía que me esperaba. Pregunté a voces a los compañeros quienes me indicaron que siguiese por allí unos metros hasta situarme frente a una zona más despejada por la que atravesar el arroyo. Hacia atrás se veía la cumbre del pico Morala.
De todo ello intenté dejar constancia con fotos y videos, aunque confieso que no me quedaban ganas ni fuerzas ni para eso. La nieve se me había metido en la funda y al meter la cámara se llenó esta también, por lo que algunas fotos y videos salen borrosos por el agua que tenía la lente. Para colmo se me terminó la tarjeta y tuve que cambiarla.
Por fin crucé de nuevo el arroyo y cogí el rastro de los compañeros que seguían avanzando ahora más cómodamente y ya cerca de la desembocadura con el valle principal. La nubes se habían ennegrecido por la noche que se nos echaba encima. Eran las 18:30 horas.
Por fin salimos de aquel “infierno” al valle por el que bajaba el camino de la collada. Atravesamos el arroyo Palomera y entramos en dicho camino cargado de nieve pero transitable al menos. Unos metros mas adelante cruzamos otro pequeño arroyo lateral y a la orilla del río vimos varios caballos que se nos cruzaron por delante de nosotros. Las fotos ya salían con flash por lo avanzado de la noche.
Así llegamos al puente tras el cual nos incorporamos al camino de ida. Pasamos una cuerda atravesada a modo de cierre para el ganado y no tardamos en ver las primeras luces de Canseco. A las 19:25 horas entrábamos en uno de los dos barrios del mismo. Ambos están separados unos 300 metros. Fue curiosa la imagen que tuvimos de una vaca asomando por el hueco de una puerta de un edificio en ruinas. Parecía estar diciendo: ¡ya es hora!
A las 19:30 horas, ya noche cerrada, llegamos por fin al lugar donde teníamos aparcados los coches. En uno encontramos una nota que se nos indicaba que el resto había bajado a Cármenes. Sin más tardanza nos cambiamos la ropa y calzado húmedo y nos pusimos en camino. Antes de salir a la general nos encontramos de frente a José Luis. La carretera era tan estrecha que tuvo que retroceder para poder cruzarnos y dar la vuelta.
Ya en Cármenes entramos en el bar donde estaban casi todos los compañeros algo preocupados ya por la tardanza. Les explicamos las incidencias del descenso y cómo las huellas de los esquís que encontramos nos habían hecho errar éste. Para colmo algunos habían visto pasar un helicóptero bajo hacia esa zona, lo que les inquietaba más. Tomamos un refrigerio e hicimos las cuentas antes de emprender el viaje de regreso a León. Eran las 20:20 horas cuando lo hicimos y una hora después terminábamos esta excursión en la capital.