jueves, 6 de octubre de 2005

BOSQUE DE MUNIELLOS (Asturias) 05-10-05

 


1ª TRAVESÍA “BOSQUE DE MUNIELLOS”. (Asturias)

05-10-05        (Miércoles)

Por fin llegó el día fijado para la visita al Bosque de Muniellos, reserva natural de Asturias con acceso restringido a 20 personas por día, al que solo con autorización se puede entrar. Para ello, en enero de este año se envió un listado de 17 personas con nombre y DNI solicitando la entrada al parque en una de las varias fechas que se apuntaban. Al final nos concedieron la visita para esté día 5 de octubre, festividad de San Froilán en León. Tras algunos cambios y bajas, tan solo 8 personas hicimos esta excursión, lo cual, tras todos los trámites que nos había llevado y demás, me ha mosqueado en serio.
Como digo, llegó el día señalado y a las 7:00 horas nos reunimos en Guzmán los 8 participantes que finalmente iríamos: Luis A., José F., Álvaro, Guiomar, José Luis, Luis, Javi Rivas y yo. El segundo Luis es un amigo de Javi Rivas, socio del club amigo de Marta, que hasta ahora no había salido. En los coches de ambos Luis, y aún de noche, emprendimos el largo viaje a Moal, pueblo cerca del cual se encuentra la reserva. Por la carretera de Caboalles salimos de León y en La Magdalena entramos en la autopista para evitar el tramo del pantano. Tras pasar el puente colgante la abandonamos para dirigirnos hacia Villablino por Babia. Bordeando el pantano vimos como éste se encuentra bajo mínimos, como pocas veces se ha visto. Paramos y le saqué una foto.
Sin más novedades pasamos Villablino y después de Caboalles de Arriba comenzamos el ascenso al puerto Cerredo. En su cumbre, límite provincial, paramos de nuevo y saqué otra bonita foto del amanecer. Eran las 8:55 horas y el termómetro exterior del coche marcaba había llegado a marcar casi 10 grados bajo cero.
Comenzamos el descenso hacia la parte asturiana y en el pueblo de Cerredo tuvimos que parar por obras en la travesía. Un apunte curioso fue como, al ver parada una furgoneta y no saber por qué, la adelantamos y nos encontramos con otros tres o cuatro vehículos delante. Al final nos pusimos los primeros ante el asombro del que regulaba el tráfico. Poco más de cinco minutos estaríamos allí antes de continuar la marcha. Mas adelante se encuentra Degaña, principal núcleo urbano de la zona tras él Fondos de Vega, a partir del cual se sube y baja el puerto Rañadoiro. Avanzando por la misma carretera llegamos a Ventanueva, donde giramos con dirección a Moal. Íbamos ya fijándonos en el desvío a la reserva, el cual se encontraba a unos dos kilómetros pasado éste. Por una pista de cemento avanzamos otro pequeño tramo hasta llegar a la caseta de recepción del parque (800 m). Eran las aproximadamente las 10:00 horas y habíamos recorrido 145 Km.
Antes de nada entramos a la oficina de recepción donde una joven muy amable nos recibió y comprobó las identidades con el listado que ella tenía. Luego, junto a otra pareja, nos explicó un poco el recorrido que íbamos a realizar. Allí tenía una emisora y walkies, pero eran de “2 metros” en vez de “27” como los nuestros, por lo que nos dejó uno de los que tienen allí. Así, tras sacarnos una foto de grupo, emprendimos la ruta circular por el Bosque de Muniellos. Eran las 10:45 horas.
Salimos por un camino por encima de la casa entre bosque al que el sol le daba un colorido espectacular. A lo largo del recorrido pudimos comprobarlo y seguramente lo repita en más de una ocasión. En el bosque pueden verse numerosas especies arbóreas entre las que destacan el roble, abedul, hayas o tejo. También vimos numerosos acebos e infinidad de helechales.
Como ya nos había advertido, este primer tramo de unos 3 Km. era el más empinado y luego ya se iba más o menos a la misma altura de la ladera. Aún así, no tenía mayor dificultad y además el bosque evitaba el calor del sol. No tardamos en cruzar un puente de madera sobre un arroyo que bajaba por la derecha. Algunos indicadores señalaban la dirección a las lagunas, objetivo principal de la ruta. Hasta ellas había unos 10 Km. por esta parte y 6,5 por el recorrido corto, el del río, por el que íbamos a regresar. Algunos tramos sí tenían una pendiente considerable, pero se subían cómodamente. Comenzábamos a ver enormes ejemplares de varios metros de altura y otros de gruesos troncos. El verdor del paisaje acentuaba la belleza del mismo. Según cogíamos altura, íbamos viendo entre el ramaje la parte del valle por la que habíamos entrado así como las cimas lejanas. Intentar describir todo ello es casi imposible con palabras.
En otro puente nos reunimos todos y nos sacamos una foto de grupo. Mas adelante, al entrar en otra vaguada, el bosque se abrió de forma inesperada. A lo largo de este tramo en el que bordearíamos numerosas vaguadas, comprobamos como las laderas norte estaban cerradas por el bosque mientras en las del sur solo abundaba el matorral bajo. En un pequeño trecho de esta ladera sur nos encontramos con una cuerda agarrada a la roca ya que el sendero pasaba por ella y había un ligero peligro de resbalar hacia abajo. Algo más arriba pasamos por una zona de rocas sueltas entre troncos de árbol medio secos y con formas retorcidas. Aquí me encontré con un pequeño desvía de senderos, un de ellos continuaba recto y otro serpenteaba hacia arriba. Viendo éste más trotado, avancé por él y después de un paso más con cuerda de seguridad, llegué a Fuenculebrera, (900 m). Aquí estaba José Luis, Luis y Javi, pero el resto no, y eso que iban por delante. Resultó que ellos habían cogido el sendero equivocado y tuvieron que retroceder hacia el bueno. José Luis bajó en su busca mientras yo me adelanté unos metros y por otra senda subí un poco para ver unos robles de tronco realmente exagerado.
Ya reunidos todos donde la fuente, nos sacamos otra foto de grupo antes de continuar. Yo ya iba pensando que no nos sobraba tiempo alguno y que teníamos que apurar para hacer el recorrido entero y llegar a las siete a la caseta de recepción, hora en la que se cierra el parque. Ello me fastidiaba ya que de nuevo nos limitaba el tiempo para disfrutar del paisaje plenamente. Teníamos que haber salido a las seis de León.
Con 4 Km. ya recorridos, nos quedaba mas de la mitad para llegar a las lagunas. Eran las 12:30 horas cuando reanudamos la marcha a través de aquel maravilloso entorno boscoso. No aburriré repitiendo lo mismo. Continuamos a media ladera bordeando barrancos y vaguadas por las que bajaban regatos. Poco a poco fuimos viendo más claramente el fondo del valle donde se suponía que estaban las lagunas. El grupo se dispersó y Luis, Javi y Álvaro nos dejaron atrás al resto. Por su parte, José F. iba en baja forma y se retrasó con José Luis. El sendero atravesó algunos canchales y zonas de escobas. En medio de él vimos un agujero del que salían numerosas avispas. Encontramos igualmente varios troncos caídos en medio del sendero algunos tan gruesos que les habían cortado para facilitar el paso. A través de del walkie me comunicaba con José Luis le indique la existencia de una fuente de agua clara donde se podía cargar la cantimplora.
A las 15:05 horas por fin llegamos al desvío hacia las lagunas. Unos indicadores señalaban la distancia a las mismas, 1 Km, y a Tablizas, la casa de recepción, 6,5 Km. Llevábamos 11 Km por el podómetro mío. Guiomar y Luis A. se habían adelantado y yo me quedé solo. El sendero continuaba bordeando la ladera y subiendo suavemente. Me crucé con la pareja que estaba en recepción por la mañana y me comentaron que el resto ya llevaba arriba un buen rato. También me dijeron que a las tres lagunas superiores igual no merecía la pena subir ya que eran más pequeñas y podían tener poco agua.
Continué serpenteando y tras 20 minutos desde el cruce, alcancé el paraje de la laguna de la Isla, (1400 m). Allí estaba el resto de compañeros a la orilla de la laguna, salvo José y José Luis que venían detrás. Subí a un pequeño alto desde el cual había una extraordinaria vista de toda ella, con la islita en medio, y las cumbres que la rodeaban. Aproveché para sacar numerosas fotos de la misma así como del valle por el que habíamos llegado.
Al poco rato llegaron los dos compañeros y nos acomodamos para comer todos a escasos metros del agua. En la ladera se veía el pedrero por el que se sube a las otras tres lagunas, la de la Honda, la Grande y la de la Peña. Se podía tardar unos 15 minutos hasta ellas, pero había ya pocas ganas de continuar. Todos opinábamos que era una ruta más “fuerte” de lo que parecía.
Antes de emprender el regreso aún saqué una foto de postal. Situándome a ras de agua, conseguí una imagen simétrica de la isla y una cumbre reflejadas en el lago. Sobre las 16:20 horas abandonamos aquel idílico paraje y desandamos el tramo hasta el cruce. Ahora regresaríamos por el río siguiendo el camino corto. El podómetro marcaba entonces 13,790 Km.
Al igual que antes, el tramo inicial era el que más pendiente tenía. Directamente bajaba el estrecho sendero por la ladera hacia el cauce del arroyo Candanosa. De nuevo nos encontramos en medio del bosque plagado de helechos, arboleda y regatos donde el verde musgo abundaba por doquier. Ya al lado del arroyo se ensanchó el sendero y se suavizó la pendiente. Como ya hubiéramos visto antes, numerosas setas rojas con lunares blancos crecían en las orillas del sendero.
Al llegar al primero de los numerosos puentes que atravesamos en este recorrido de regreso, volvimos a reunirnos para sacar otra foto juntos. Lo que al final se me olvidó, fue sacar alguna con nuestro banderín. Poco a poco me fui rezagando embelesado por el paisaje que nos rodeaba y que plasmé en casi 200 fotos de toda la ruta. Ahora cambiaba un poco el tipo de vegetación al estar muy cercano el río. A los helechos se unían los zarzales, musgos y líquenes. Por la izquierda caían grandes pedreros entre los que crecían altos árboles, algunos de ellos con formas realmente retorcidas. En el mismo cauce del río pudimos contemplar rincones de belleza extrema. En un tramo del sendero se podían ver las gruesas raíces de los árboles entre una rojiza tierra que formaba un talud al lado de la senda. Entre la arboleda se podían distinguir las cumbres rocosas que cierran el valle por los laterales.
Tras la unión de varios afluentes, el arroyo se convierte en río y cambia su nombre por el de Tablizas. En él vi una pequeña presa utilizada, por lo que me pareció ver, para captación de agua en otro canal. No tardando se abrió el bosque y en medio de una pradera crecían varias especies de árboles con tonalidades de hojas que contrastaban con el verdor del suelo. Escasos metros me separaban ya de la casa cerca de la cual se erguía un enorme pino y otros delgados árboles que no identifico. A las 18:40 horas, y tras 21,190 Km. recorridos, terminé esta inolvidable travesía.
Tras cambiarme de ropa y calzado, subimos a la oficina donde, en un libro de visitas, puedes escribir una pequeña opinión de la ruta. La joven nos dio unos folletos informativos y estuvimos un rato charlando con ella. Me enteré entonces de que Javi había visto una pequeña víbora por el camino.
Como nos quedaba un largo viaje de regreso, no demoramos la partida y a las 19:23 horas emprendimos el viaje. Bajando el puerto del Rañadoiro disfrutamos de una bella vista de luces y sombras al atardecer. En marcha saqué una foto como pude desde la furgoneta de Luis. Antes de llegar a Cerredo vimos un coche en la cuneta con el morro en el suelo y la culera hacia arriba. En este pueblo encontramos de nuevo las obras, pero esta vez seguimos a un par de coches que atajaron por algunas calles y con suerte sorteamos las mismas. Al llegar al alto del puerto Cerredo ya se había quitado el bonito colorido del cielo que veníamos viendo y no paramos. Comenzamos entonces el descenso hacia Caboalles y Villablino mientras iba anocheciendo. A través de los walkies íbamos comunicándonos los dos coches.
En Villafeliz paramos y entramos en un bar a tomar algo e hicimos las cuentas de la salida. De nuevo en marcha entramos poco después en la autopista por la que llegamos a La Magdalena. Pasadas las 22:00 horas entramos en León y en La Condesa, donde tenía el coche José Luis, nos apeamos él y yo. Por teléfono llamé a Guiomar, a ver por donde andaban, ya que hacía un rato que por los walkies no conseguíamos hablar. Aún estaban por Azadinos y optamos por no esperar. José Luis me acercó a casa terminando con ello esta larga pero grata jornada de montaña.



























lunes, 26 de septiembre de 2005

II ENCUENTRO "CUMBRES DE LEÓN" - "PARDAMAZA -PRIMOUT" 25-09-05

 

II ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”.

1ª TRAVESÍA “PARDAMAZA- PRIMOUT- PARDAMAZA”.

25-09-05        (Domingo)

Por segundo año consecutivo realizamos esta actividad que pretende, sin apenas conseguirlo, reunir a la mayor parte de los socios del club para pasar una jornada en la que agrupamos una parte montañera y otra gastronómica. Al contrario que el pasado año, en el que participamos 19 personas, en esta ocasión no llegamos ni a la mitad, quedamos en 8. Con todo ello continuamos adelante con el programa y concertamos una merienda en un restaurante de Toreno, "Casa Salomé”, donde terminaríamos la jornada.
Como digo, 8 fuimos tan solo los animados a participar en esta actividad: Luis, Antonio, José Antonio, Álvaro, Toño, José Luis, Irma y yo. En Guzmán nos reunimos todos a las 9:00 h de la mañana para emprender el viaje de 115 Km hasta Pardamaza. Como Irma no está federada, fue con José Luis, su pareja, en su coche a parte. El resto nos dividimos en el mío y el de Luis emprendiendo el trayecto poco después de la hora en punto. Avanzamos por la nacional hasta Astorga, donde no sé por qué se metió Luis siguiendo las instrucciones de José Antonio. Perdimos tiempo en atravesar esta localidad para volver luego a entrar, en esta ocasión en la autovía. Poco antes de Bembibre la abandonamos para recorrer unos pocos kilómetros por la nacional antes de meternos en la comarcal a Toreno. En dicho pueblo hicimos el desvío a Librán, donde para coger la carretera a Pardamaza hay que hacer maniobras en una pequeña plazoleta debido a la curva cerradísima que une los dos tramos. Ya de camino a éste nos detuvimos en un mirador sobre el cañón del río Primout mientras el cielo nublado amenazaba lluvia en cualquier momento. Sin mas continuamos por aquella estrecha carretera sobre el río, que poco después se bifurca para entrar en un brazo donde se emplaza Pardamaza (990 m), al que llegamos sobre las 10:45 horas.
A la entrada del pueblo aparcamos los coches y nos dispusimos para la ruta. En esta ocasión llevamos los walkies del club para probarlos, a ver si van o no bien. José Luis cogió uno y yo el otro. A las 10:25 horas emprendimos la marcha saliendo del barrio de abajo por un camino que descendía hacia el arroyo de La Braña. Pasamos cerca de un merendero bien acondicionado escasos metros antes del puente sobre el arroyo. A partir de él se comienza a ascender por la ladera contraria del valle entre arboleda y matorral bajo. El cielo se había ennegrecido y la fina lluvia había hecho acto de presencia obligándonos a poner los chubasqueros o sacar el paraguas, como hizo Álvaro. Hacia atrás contemplamos los dos barrios de Pardamaza poco por debajo de la niebla que se cerraba en las cumbres.
Poco a poco fuimos girando siguiendo la orografía del terreno para meternos de lleno en el valle del río Primout. Por debajo vimos algunos postes eléctricos hacia los que bajaba otro tramo de camino. El grupo se comenzó a dividir y por detrás quedamos Álvaro, Antonio y yo. A pesar del pésimo tiempo, el paisaje no tenía desperdicio. Aparte de la vista sobre el valle, al lado del sendero pudimos contemplar numerosos helechales con diferentes tonalidades en las hojas, algunos verdosos del todo y otros ya amarillos en el comienzo del otoño. Igualmente numerosos árboles esparcidos contribuían a dar al entorno un aspecto realmente bello. Avanzo ya que el día despejó y a la vuelta pudimos disfrutar de todo ello con la esplendorosa luz del sol.
Gradualmente fuimos ascendiendo hasta alcanzar una cota a media ladera que mantuvimos durante un buen rato. De continuo íbamos probando José Luis y yo los walkies, que de momento iba bien. Ya nos sacaban bastante ventaja cuando les vimos al dar una gran curva del sendero. Enseguida comenzamos a descender también nosotros hasta llegar al nivel del río sobre el que había un puente de madera con barandilla por uno de sus lados. En el río vimos un bello rincón con varias vacas en su orilla. Un indicador señalaba a Pardamaza 2,5 Km mientras en mi podómetro marcaba 2,650 Km. Eran las 12:23 horas.
Caminamos ahora por la margen contraria del río, teniendo éste a nuestra derecha. No tardamos en pasar otra zona de helechales realmente preciosa con algunas rocas llenas de hierbas y musgos entre arboleda. Unos metros más adelante ésta formaba casi un túnel sobre nuestras cabezas. Había dejado de llover aunque se mantenía nublado. Yo iba sacando fotos de todo ello y de vez en cuando colocaba la cámara para salir caminando Antonio y yo, que ahora éramos los que quedábamos por detrás. De vez en cuando pasábamos alguna zona de praderas entre arboleda donde el sendero estaba menos marcado pero sin pérdida alguna. Remontamos luego un pequeño tramo y cogimos algo de altura sobre el cauce. Justo en ese trecho había una bifurcación en el camino que nos metía en un dilema. Como casi siempre, la señalización deja mucho que desear, por no haberla colocado o por que alguien la haya quitado.
Esta ruta transcurre por un tramo del PR- LE 43 y unos postes de madera con franjas amarillas y blancas lo van señalando. Pues bien, antes de esta bifurcación vimos una de estas estacas, pero ninguna luego, cuando tenía que haber otra justo después, en el sendero correcto. Antonio subió por la izquierda mientras yo continuaba por el que parecía el más lógico. Con José Luis, para colmo, no tenía comunicación ninguna ahora. Subí entonces unos metros por unas rocas y conseguí hablar con él, indicándome que había que seguir de frente paralelos al río. Se lo comuniqué a Antonio que no andaba lejos y retomamos de nuevo la ruta. No tardamos en ver una señal que ahora no servía de nada en absoluto.
En escasos 10 minutos avistamos a la Braña de Santa Cruz donde estaba el resto esperando. Atravesamos un puente para llegar a esta edificación consistente en unas cuadras y un pequeño refugio con chimenea, bancos, etc. Estábamos a una altitud de 1100 metros, eran las 13:00 horas y llevábamos 4,400 Km. La lluvia caía a ratos, lo cual me incordiaba bastante, ya que llevaba un poncho que no sabía si quitar o poner.
Unos minutos estuvimos allí antes de emprender la marcha de nuevo. El sendero continuaba al lado del río confundiéndose a veces la parte del lecho seco con él. Inesperadamente vimos como salía el sol entre las nubes dando al paisaje una belleza espectacular. Varias fotos saqué aprovechando este momento luminoso. El ramaje abundante relucía a la viva luz del sol y se filtraba entre él hasta el cauce del río.
De nuevo nos encontramos un punto mal señalado. En una pequeña pradera se bifurcaba el sendero hacia un puente de troncos sobre el torrente de agua mientras que otro, lo cierto es que más trillado, continuaba de frente. Aún así, al igual que anteriormente, vimos la señal bastantes metros más delante de este desvío, cuando no hacía falta alguna.
Por nuestra izquierda bajaban de continuo pequeños regatos que cruzaban el sendero embarrándolo. Uno de ellos formaba una pequeña pero bonita cascada en la ladera. Paralelos al río fuimos avanzando entre la arboleda y algún tramo donde la roca delimitaba la parte izquierda del sendero. En el agua vimos unas curiosas hierbas de color rojo que nos llamaron la atención.
Lentamente se fue abriendo el valle y nos encontramos con cada vez más praderías. Al lado del sendero vimos encontramos una fuente que manaba de debajo de una roca. El río se fue alejando del camino y ganamos algo de altura sobre él. Los claros en el cielo eran cada vez más amplios y pudimos disfrutar del paisaje iluminado por fin. Tras una zona abierta entramos de nuevo entre arboleda viendo en las praderas por debajo de nosotros varios caballos pastando.
A las 14:10 horas nos encontramos a la puerta del cementerio de Primout, un recinto de paredes de piedras. Allí encontramos una bala de fusil sin disparar. Un indicador señalaba la distancia a Pardamaza, 7,200 Km mientras que mi podómetro marcaba 7,270 Km. Por otro lado, una segunda señal marcaba la dirección al pueblo por una ancha pista, que optamos por no coger y sí en cambio seguir por un sendero entre los prados, al lado del río donde pastaban algunas vacas.
A las 14:30 horas llegamos a Primout, (1200 m), entrando en él a través de una portilla de hierro. Este pueblo deshabitado desde los años 70, se ha ido recuperando gracias a la ocupación de varias familias que pasan el verano o los fines de semana en él y han ido restaurando varias viviendas aunque la mayoría del pueblo se encuentra derruido. La piedra y la pizarra eran los elementos básicos en la construcción de dichas viviendas. El sol lucía espléndido y realmente daba un aspecto inimaginable a todo el entorno. El río atraviesa el pueblo por la mitad y a su vera se emplaza la iglesia bien conservada e igualmente de piedra y pizarra.
Tras unos minutos sentados en un puente de cemento sobre el río, nos dirigimos hacia el final del pueblo donde había un merendero en el cual nos sentamos a comer. José Antonio se había separado y andaba por el pueblo de ruta. Nosotros nos sentamos en unas mesas de cemento y piedras para comer tranquilamente. Teniendo en cuenta lo que habíamos tardado en llegar hasta allí, y que la merienda la teníamos concertada a las 19:00 horas, no nos sobraba mucho tiempo. Les apuré para emprender el regreso y tener unos minutos para dar una vuelta por el pueblo. La mayoría emprendió la marcha directamente, mientras que Luis, Álvaro y yo dimos un paseo entre aquel contraste de casas habitables y restos de muros a medio derruir. En una fachada vimos el esqueleto de la cabeza de una vaca. Por supuesto, las calles estaban sin asfaltar siendo bastante estrechas. Lo cierto es que es un pueblo de lo más típico que se puede encontrar con la salvedad de la abundancia de ruinas existentes.
A las 15:30 horas y con el podómetro marcando 8,500 Km salimos del pueblo. Ahora, con el sol radiante, el paisaje cambiaba completamente. Los colores resaltaban favorecidos por la humedad de la lluvia anterior. Atravesamos de nuevo por los prados y salimos al camino cercano al río. Me quedaban pocas fotos y no pude sacar las que quise. Una cerca para el ganado cerraba el camino y abrimos para pasar. El río lo cruzaban algunos troncos que cumplían la misma misión. Por detrás nos alcanzó Antonio mientras que José Antonio era el único que se retrasaba. Íbamos apurando el paso a ver si llegábamos antes de las 18:30 horas para tener tiempo de bajar a Toreno a las siete. Lo malo es que así no se podía disfrutar del paisaje como se debía.
En una hora llegamos a la Braña de Santa Cruz. Con sol tenía un aspecto totalmente diferente. No entramos esta vez en ella y continuamos camino adelante subiendo un tramo hasta la bifurcación conflictiva. Allí me sacó Luis una foto con el valle de fondo, que por cierto, al verla ahora en el ordenador me he percatado de que tiene unos fallos de color en medio. Más adelante, ya cerca del puente, varias vacas estaban tumbadas al lado del río rumiando plácidamente.
A las 17:00 horas llegamos a dicho puente por el que cambiamos de margen y comenzamos a subir la pendiente hacia la mitad de la ladera del valle. Aunque suene repetitivo, el sol iluminando los helechales y la arboleda era un espectáculo impresionante. Lastima lo ajustado del tiempo que teníamos, aunque ahora vimos que nos podía sobrar algo ya que veníamos apurando el paso de forma exagerada. Desde lo alto tuvimos una amplia vista del valle con la cima del Vallelargo y sus 1565 metros en la parte contraria. Por la mañana habían estado cerradas de niebla y lluvia.
Poco a poco fuimos girando para meternos en el valle de Pardamaza, pueblo que no tardamos en ver destacando en la verde ladera. A través del walkie contactamos con José Luis, que con alguno mas hacía un buen rato que habían llegado al pueblo. Bajando hacia éste volvimos a ver un gran castaño de tronco desgarrado al lado del sendero. José Antonio se nos unió entonces apareciendo por la parte alta de la ladera. Ya cerca del arroyo de la Braña había un antiguo molino medio derruido con parte del mecanismo moledor dentro.
Poco antes de las 18:00 horas entramos en Pardamaza tras 15,350 Km recorridos según mi podómetro. Los primeros habían llegado casi una hora antes. Nos cambiamos de ropa y calzado y con un lugareño, conocido de José Antonio, nos acercamos hasta su casa donde, en el patio, nos invitó a unos refrescos. Allí nos enteramos de que unos vecinos habían celebrado una pequeña fiesta y habían invitado a comer a todo el pueblo. Unos músicos paseaban por las calles animando el final de la jornada.
Ya sobre las 18:30 horas emprendimos el viaje hasta Toreno, a unos 8 kilómetros, donde teníamos la merienda media hora después. Paramos de nuevo en el mirador desde el cual pudimos ahora deleitarnos con la panorámica del cañón del río Primout, Librán, etc. Justo antes de llegar me di cuenta de algo en lo que no había caído antes. Cuando hicimos la ruta por la sierra de Gistredo hace dos años y medio, aparecimos en la carretera entre Pardamaza y este mirador, donde también paramos un rato antes de bajar andando a Librán.
Sin más retrasos continuamos el descenso hacia Librán y de éste a Toreno. Siguiendo a Luis, con el que iba con José Antonio, que sabía donde estaba el restaurante “Casa Salomé”, llegamos justo a la hora convenida a este lugar. En el salón ya nos tenían la mesa preparada para los ocho y nos acomodamos en ella.
Como habíamos hablado, el menú fue diverso y servido en fuentes de donde cada uno se sirvió lo que quiso. El mismo consistió en: paella, alubias blancas, cocido con botillo, caldo, chipirones fritos y caldereta de cabra. De postre: flan de huevo, natillas y otra crema muy rica de la que no me acuerdo el nombre. Por último, café y chupito. Todo ello, y el grato servicio de la señora Salomé, por 10 €. Lo cierto es que quedamos bastante satisfechos por todo y con intención de volver en otra ocasión si cuadra.
A las 21:00 horas emprendimos el regreso a León. Por la estrecha carretera de 12 kilómetros salimos a la nacional por la que recorrimos otro tramo más para coger la autovía más adelante. Sin novedades llegamos a Astorga, que en esta ocasión dejamos a un lado para salir poco después a la nacional con dirección a la capital. En esta entramos pasadas las 22:30 horas y en Guzmán dejé a Antonio y Álvaro. Minutos antes de las once llegué yo casa finalizando esta grata jornada de montaña con un buen resultado general a pesar de la escasa participación y del comienzo de la misma con tiempo irregular.