lunes, 11 de abril de 2005

"CORNÓN" (Santa María del Puerto Somiedo) 10-04-05

 


2ª ASCENSIÓN AL “CORNÓN”.

10-04-05        (Domingo)

Lo primero que apuntaré en este resumen es una observación explicativa que quiero dejar reflejada. A pesar del título del mismo, debo dejar claro que en esta ocasión, y por muy poco como se verá, no alcancé la cumbre misma del pico. A pesar de ello y teniendo en cuenta tanto los motivos como la mínima distancia a la que quedé de la misma, doy por lograda dicha ascensión y así constará en las memorias de mis salidas de montaña. Precisado lo anterior, doy paso al relato de esta jornada un tanto singular.
A las 8:30 horas nos reunimos en Guzmán 6 de los 9 participantes en esta excursión. Los mismos éramos los siguientes: José Antonio, José Luis, Guiomar, José Ramón, Roberto y yo. De camino recogimos a Fernando y a Javi F. Por la carretera de Caboalles salimos en los coches de José Antonio y el mío. En La Magdalena entramos en la autopista para evitar el tramo del pantano. En San Emiliano se nos unió el último participante, Ricardo, con el que completamos el grupo de esta salida.
El tiempo invernal de los últimos días, incluso el anterior había estado nevando por allí, no hacía presagiar la jornada que había amanecido. Ni una nube se veía en el azulado cielo matinal. De esa forma continuamos el viaje hasta Piedrafita de Babia donde nos desviamos hacia el puerto de Somiedo. Tras subir el mismo y pasar el límite de Asturias, llegamos a Santa María del Puerto. Aparcamos los coches al lado de la carretera y nos dispusimos a emprender la ruta.
A las 10:20 horas, y por el mismo camino que dos meses antes apenas si habíamos intentado esta misma ascensión, salimos de nuevo esta vez con más ánimos. El paisaje no era ni parecido al de aquella nublada mañana del 13 de febrero. Según el mapa de ruta nos quedaban 7 kilómetros para alcanzar la cumbre del Cornón. La pista se encontraba cubierta por una delgada capa de nieve que apenas dificultaba el paso. El amplio y hermoso valle se muestra delante de nosotros con todo su manto blanco reluciente al sol.
Sin apenas desnivel vamos siguiendo las marcas que señalizan la ruta y que nos llevan hasta un puente sobre el río Bayo por el que atravesamos. Poco a poco nos vamos introduciendo en el valle de la izquierda, el de Prefustes, y la pendiente se hace un poco más visible. En una pradera la pista se termina aunque continúan las marcas. A pesar de ello los que van delante se despistan y se meten en la ladera de la derecha hacia las rocas. A mí me parece que hay que continuar por el valle arriba, pero les sigo. Alcanzamos entonces una cresta tras la cual se ven algunos cortados. Fue entonces cuando nos dividimos en dos grupos. Mientras algunos optan por crestear aquel macizo, otros decidimos retroceder unos metros e ir ladeando hacia la collada del fondo del valle.
Los que optamos por esta opción atravesamos algunos pedreros, zonas de escobas y neveros helados. Por la parte baja se veía una senda, pero no queríamos perder altura ahora que habíamos subido bastante. Aún así hubo que descender unos metros para ir sorteando las irregularidades del terreno. Echando la vista atrás podemos disfrutar de una panorámica indescriptible de todo el valle con el pueblo al fondo y las cumbres nevadas algo más atrás. Pudiera ser que entre ellas se encontrase Peña Blanca, la cima que ascendimos ese día que no pudimos venir hacia esta parte y que aprovechamos para hacer una pequeña travesía por la zona contraria del puerto.
Por fin llegamos a la parte alta del valle de Prefustes ya por encima de la collada de Tres Cruces. Eran las 12:35 horas. Esta collada da paso al valle de La Almozarra, en el que se encuentra Lumajo desde el cual ascendí la primera vez al Cornón. Al otro lado del mismo se alzaba la doble cumbre del Muxiven, también ascendido por mí en otra ocasión.
Hacia la parte izquierda, y aún lejano, contemplamos por fin la cima del Cornón. Por encima de nosotros vimos aparecer ahora al resto del grupo. Nos dirigimos entonces hacia otra collada bordeando una vaguada entre matorral y neveros. Yo me desvié un poco y la nieve blanda me dificultó un poco la subida a la misma. En ella nos unimos todos de nuevo salvo con Javi y José A. que ya se habían adelantado. Estudiando un poco el terreno optamos por serrear por la parte alta de la loma y bordear un peñón, el Alto Mando o Prefustes, para llegar a la cabecera del valle de La Almozarra y evitar perder la mayor altura posible. Bajamos un nevero hasta la misma y a partir de allí ya solo quedaba subir y subir hasta la cumbre visible pero aún no accesible.
Al cruzar por esta cabecera pudimos ver al fondo del valle el pueblo de Lumajo bajo la mole del Muxiven. A través de varios neveros nos situamos en la ladera contraria del valle. Delante del Cornón destacaba un peñón negro hacia el cual nos dirigíamos. Delante de él se encontraba una loma que fuimos subiendo poco a poco. Bajo ella algunos arroyos entre la nieve formaban lagunillas que destacaban entre la blancura.
Yo, que ya desde el comienzo noté que iba en baja forma tras un mes sin salir, me fui rezagando. La pendiente se iba pronunciando y ese contribuyó aún más al cansancio. De vez en cuando se veían las señales de la ruta entre la nieve. Al llegar cerca del peñón decidí meterme en la roca en vez de seguir al resto por la ladera nevada. Alguno más había hecho lo mismo ya que se veían huellas. Los bastones me molestaban y los recogí durante un rato hasta salir de nuevo a la nieve. Siguiendo las pisadas de los compañeros fui subiendo poco a poco. Me detuve un momento para comer una manzana a ver si recuperaba alguna fuerza para lo que me quedaba de subida.
Antes de emprender la última ladera de fuerte inclinación pude ver como el viento había modelado en la nieve del suelo millares de pequeñas figuritas de hielo. Escasos cien metros podía tener esta ladera hasta la cumbre. Al poco de comenzar me crucé con José Luis que ya bajaba. Me comentó que poco antes de la cima había un trecho imposible de pasar sin crampones. Igualmente me dijo que Guiomar y Fernando, a los que yo creía también arriba, habían quedado por debajo sin yo haberles visto.
Paso a paso fui ganado altura mientras comenzaba a molestarme un dolor en los muslos que hace tiempo se repite en las ascensiones fuertes. A escasos metros ya de la parte alta una molestia exagerada en el muslo izquierdo me hizo casi gritar de dolor. Pensé entonces que no podía moverme de allí ni hacia abajo. Fue entonces cuando muy a mi pesar por lo ridículo del trecho que me quedaba, tuve que comenzar el descenso. Eran las 15:10 horas y el podómetro marcaba 6´700 Km.
Antes de comenzar a bajar saqué unas fotos del amplio paisaje que tenía a la vista. Desde los valles de Asturias, y haciendo un giro, encontramos el macizo de Peña Ubiña, Peña Orniz, Montigüero, el Tambarón etc. Igualmente todas las cumbres cercanas al puerto de Somiedo, aunque no éste, oculto por todos los valles y macizos por los que habíamos pasado.
Sin más me dispuse a bajar tras un rato de relajación en el que se me calmó un poco el dolor. Con cautela por la fuerte pendiente y la nieve resbaladiza en ella fui perdiendo altura y no tardé en alcanzar al resto de compañeros que bajaban ya de arriba. En una de las laderas con un nevero helado nos tiramos algunos haciendo “culoskí”. Abajo, al lado de una rocas, estaban Guiomar y Fernando y hacia ellos nos dirigimos para comer. Eran las 15:25 horas.
Tranquilamente comimos allí sentados durante unos 40 minutos. Aprovechando que estábamos todos reunidos sacamos la foto oficial de la salida con el banderín. Tras la misma emprendimos de nuevo la marcha. Ahora le tocó a Roberto el sufrimiento. Le estaba ocurriendo lo que a mí antes, apenas daba un paso y el dolor que tenía le hacía retorcerse. Por ello nos fuimos retrasando los dos mientras el resto nos sacaba buena ventaja. Siguiendo sus huellas bajamos hacia la cabecera del valle de La Almozarra. Echando una ojeada al mapa vi que era posible evitar subir toda la ladera de la parte contraria y bajar por otro valle paralelo hasta el puerto. Visto el estado en el que iba Roberto, al que le costaba mucho avanzar, optamos por desviarnos por el mismo.
Antes de subir hacia el Alto Mando les indicamos al resto, que ya iba por encima, nuestra intención. José Antonio, que estaba con ellos, decidió bajar y se unió a nosotros. Estábamos ahora en la collada Mozarra que da paso al valle de Penouta. En él vimos las marcas de la ruta que en realidad había que haber seguido y que luego explicaré.
Pues bien, los tres entramos de lleno en este precioso valle siguiendo un sendero señalizado a media altura. En la parte contraria del valle, se alzaba la cumbre de la Peña Penouta con 1976 metros. En una de sus crestas dos rocas formaban una curiosa puerta abierta por arriba. Bajo ella varias lagunas se formaban con la nieve casi completamente derretida bajo el sol de la jornada.
Yo tenía intención de bajar valle abajo y llegar hasta el puerto, pero las marcas nos condujeron por la ladera incluso ascendiendo suavemente y optamos por no abandonarlas. De esa forma pasamos una pequeña pero bonita vega antes de alcanzar el collado que daba paso al valle de Prefustes por el que habíamos subido. Eran las 18:30 horas.
La vista que tuvimos desde allí fue espectacular. El pueblo se veía al fondo del valle y los prados blancos de la mañana se veían ahora verdosos entre los escasos neveros que resistían el calor del sol. Por el norte iban metiéndose nubes que poco a poco iban tapando las cumbres, lo que ya no nos preocupaba.
Siguiendo las señales que continuaban marcando este tramo del “PR- AS 10” comenzamos a descender hacia dicho valle por el que los demás habían bajado. Yo iba fijándome a ver si los veía, aunque lo más probable, como así fue, era que ya estuvieran para abajo. En un momento determinado perdimos la senda y llegamos aun lugar donde la pendiente era exagerada, casi vertical. Optamos entonces por retroceder un poco y enseguida encontramos las marcas blancas y amarillas de la ruta. De esa forma llegamos al fondo del valle justo en el punto donde por la mañana nos habíamos despistado. Ahora, y después de estudiar el mapa y la ruta, lo he visto claro.
Pues bien, resulta que la ruta que nosotros llevábamos marcada en el mapa y la ruta que estaba señalizada no era la misma aunque coincidían dos tramos. Desde el pueblo hasta ese punto donde estábamos eran coincidentes. Luego la oficial subía por la ladera hasta la collada y seguía el valle de Penouta, por el que habíamos bajado nosotros ahora, hasta la collada de Mozarra. Por otra parte, la ruta del mapa nuestro seguía desde el punto actual por todo el valle de Prefustes hasta la collada de Tres Cruces, bordeaba el Alto Mando llegando también a la collada de Mozarra desde donde coincidía el segundo tramo hasta la cumbre del Cornón. Para posteriores ascensiones a este pico desde el puerto apunto que la ruta buena es la señalizada como “PR”.
Retomamos la marcha entonces en este valle de Prefustes casi en su confluencia con el de Penouta. Como ya apunté, el paisaje había cambiado considerablemente desde la mañana. Ahora se veían los prados verdes en vez de blancos por la nieve. Nos quedaba kilómetro y pico para llegar al pueblo ya por camino. Roberto, que antes apenas si podía andar, se nos había adelantado a José Antonio y a mí. Del norte habían ido apareciendo nubarrones y las cumbres estaban la mayoría cubiertas por las nieblas. Echando una vista hacia atrás vi unos curiosos efectos luminosos de los rayos de sol entre ellas y las montañas que no pude por menos de fotografiar.
El último tramo de camino hasta el pueblo se encontraba embarrado por completo. José A. se salía por los prados para evitarlo, pero tenía que andar saltando las cercas de piedras. Yo, como ya llevaba empapados los pies, me daba lo mismo.
Poco antes de las 19:30 horas entramos en el pueblo dirigiéndonos hacia los coches aparcados al lado de la carretera. Sin tardanza me cambio la ropa y calzado húmedo haciendo constar de nuevo la utilidad de la camiseta térmica con la que no he pasado frío alguno desde que la compre hace un par de meses.
Tras ello nos dirigimos hacia el bar donde está el resto que ha llegado antes. En él tomamos un refrigerio y hacemos las cuentas de la salida. A las 20:00 horas emprendemos el regreso a casa. Las nubes ya cubren toda la zona y ha bajado la temperatura. Descendemos el puerto y en Piedrafita de Babia entramos en la comarcal. De nuevo nos desviamos hacia San Emiliano a dejar a Ricardo y continuamos el viaje hasta el desvío de la autopista en la que de nuevo entramos para evitar el tramo del pantano hasta La Magdalena. Aquí salimos de ella y ya por la comarcal recorremos el último tramo hasta León donde llegamos poco antes de las 21:30 horas. En Guzmán dejó Ramón, José Luis y a Roberto antes de continuar directamente hasta casa.
Y de esta forma finalizó una larga jornada montañera del club. Como anuncie al comienzo, creo que tras lo expuesto y lo realizado por mi parte, estoy en condiciones de concederme la complacencia de haber ascendido esta cumbre de nuevo a pesar de haber quedado a escasos metros de la misma y siendo como fue, por el motivo antes indicado.


















lunes, 21 de marzo de 2005

VALLE DE RODILLAZO - 20-03-05

 


TRAVESÍA POR EL “VALLE DE RODILLAZO”.

20-03-05    (Domingo)

Al igual que ya hiciese en otras ocasiones anteriores, voy a añadir a esta lista de actividades una salida particularmente corta pero con transcurso anecdótico y por supuesto enmarcada en la montaña. Avanzo ya que duró escasamente dos horas y que resumiré en pocas líneas.
Este Día de Ramos después de comer animé a mi hermana Juli para irnos “por ahí” a pasar la tarde medio nublada. Opté entonces por llegarnos hasta Rodillazo y subir dando un paseo hasta el Valle del Marqués. Como hasta él hay camino, decidimos no llevar botas e irnos con playeros. Con la cazadora, cámara y prismáticos emprendimos el viaje sobre las 15:15 horas. Por la carretera del Torío llegamos al desvío de Tabanedo por el que pasamos luego antes de llegar a Rodillazo.
Aparcamos la furgoneta a la entrada y poco antes de las cuatro comenzamos a caminar. Salimos del pueblo por el camino que sube hacia el collado de Santiago encontrándonos cada vez con más nieve, lo cual no habíamos tenido en cuenta. A escasos 500 metros vimos que no merecía la pena subir con la nieve acumulada. Echando la vista hacia la izquierda vi las laderas limpias y un sendero entre las escobas. Nos metimos entonces en él subiendo con dirección contraria a la que llevábamos. Yo iba viendo la parte alta de la loma y no me parecía difícil alcanzarla.
Poco a poco fuimos ganando altura hasta alcanzar una cresta rocosa desde la que vimos el engaño de la perspectiva anterior. Entre nosotros y la loma que antes veíamos bajaba un enorme valle antes oculto tras la cresta en la que estábamos. A pesar de lo triste del día, la vista del valle era realmente espectacular. Por las vaguadas contrarias bajaban numerosos arroyos formando grandes saltos en la ladera. A la parte derecha y al fondo se alzaba la cumbre de un pico que luego comprobé pudiera tratarse del Cueto Calvo.
Visto el panorama decidí que era mejor subir por la cresta aquella y pasar por la parte alta de la vaguada al lado contrario del valle por donde se veía un sendero. Sorteando las rocas, la nieve y las escobas llegamos a la parte superior de dicha cresta. Desde allí había que bajar por un nevero hasta una collada que dividía el valle aquel del Barranco del Sancenas.
Hacia la parte contraria pudimos contemplar ahora la cumbre del Correcillas saliendo tras el circo que bordea el Valle del Marqués. También se veía el pueblo y las cumbres de la parte de Valporquero. También es posible que una de ellas fuese el Salgüerón, cerca de Villamanín.
Nos metimos entonces por la nieve, como digo en playeros y chándal, metiendo a veces las piernas hasta por encima de la rodilla. Con la cámara iba sacando fotos y grabando todas estas incidencias. Según íbamos descendiendo entramos de nuevo entre el matorral y atravesamos también un pequeño tramo pizarroso. Así fuimos bordeando la vaguada hasta la parte contraria por la que se suponía bajaba un sendero. Fue entonces cuando nos encontramos con los arroyos que bajaban por dicha ladera y que teníamos que sortear.
En el primero de ellos metió Juli “la pata” y además se arañó en un dedo. Luego nos encontramos con algunos pedreros por los que bajamos en busca de la senda. A veces se nos cerraba las escobas, y lo que era peor, las zarzas. Al llegar al segundo arroyo vi un palo muy curioso que puse como puente. Pues bien, fue pisar en él y romperse a la mitad tirándome de lleno en el cauce. Además quedó grabado con la cámara que Juli tenía en ese momento. Ya con los pies empapados continuamos ladera abajo atravesando de vez en cuando algunos verdes y bellos prados tapizados por neveros. Igualmente vimos bonitas cascadas y rápidos en el cauce de los diferentes arroyos con los que nos encontrábamos.
De esa forma salimos a un camino un poco más ancho por el que corría también bastante agua. Ya no tardamos en divisar las casas de Rodillazo saliendo poco después a la carretera de entrada al pueblo. Eran las 17:40 horas.
Sin más cogimos la furgoneta y emprendimos el regreso. Como era pronto decidimos subir hasta Valporquero. A pesar de estar mojados, no teníamos los pies fríos. Cuando estábamos subiendo por la carretera hacia allí comenzaron a caer algunas gotas de lluvia y optamos por dar la vuelta. Ya de regreso a León se intensificó la lluvia a ratos y así llegamos a casa sobre las 19:00 horas.
Como dije, aunque sencilla, no dejó de ser una travesía llena de incidencias y anécdotas para recordar.









lunes, 14 de marzo de 2005

LAS TUERCES (Palencia) 13-03-05

 


1ª TRAVESÍA “MAVE-VILLAESCUSA DE LAS TORRES-LAS TUERCES-GAMA-MAVE”. (Palencia).

13-03-05          (Domingo)

Comenzamos la actividad de este mes de marzo con otra salida fuera de los límites provinciales de León. En esta ocasión nos hemos ido hasta la montaña oriental palentina para recorrer uno de los bellos parajes de esa provincia, Las Tuerces, declarado Monumento Natural. Situado en la comarca de Campoo, se trata de una meseta elevada donde el encanto reside en las curiosas formaciones rocosas que en ella abundan, así como los cañones y desfiladeros que la rodean.
Programada dentro del calendario, se acordó este día para realizar la travesía a las mismas. Dentro del paraje existen cinco rutas marcadas y definidas. La principal parte de Mave siendo sencilla y corta, por lo que optamos por ampliarla con el recorrido de otras dos que completaban una circular de 26 kilómetros. Las mismas se distinguen por colores, tanto en el folleto informativo como en las señales de pintura en las rutas en sí. La primera de ellas, roja, parte de Mave a través del cañón de La Horadada hasta Villaescusa de las Torres y ascensión a la meseta de las Tuerces. De allí parte el tramo rosa que nos llevó a Gama, concretamente hasta los restos de su castillo. Por último, siguiendo las marcas azules, regresamos a Mave. Sin más paso a relatar lo acontecido durante esta larga y agradable jornada casi primaveral.
Del sitio acostumbrado, Guzmán, emprendimos el viaje en los coches de Luis y de Juan Ramón. Con ellos íbamos Guiomar, Roberto, Álvaro y yo. A las 8:00 horas salimos por la nacional de Benavente hasta llegar a la altura de la autovía de Burgos en la que entramos. Sin novedades fuimos avanzando con dirección a Osorno donde abandonamos la misma para entrar en la nacional 611 hacia Santander. En principio teníamos que llegar a Puebla de San Vicente para entrar en Sta. María de Mave y a Mave, pero nos pasamos éste y llegamos a Olleros de Pisuerga. Por aquí también se entraba a Mave tras retroceder escasos dos kilómetros. En Olleros compró Roberto pan y a la entrada de Mave aparcamos los coches. Eran las 9:40 horas y habíamos recorrido 164 Km.
Visto la previsión excelente del tiempo, dejamos la ropa de abrigo en los coches y poco antes de las 10:00 horas emprendimos esta travesía. Un indicador nos señalaba la entrada al cañón de La Horadada. Por una pista de tierra comenzamos a caminar observando adelante y a la derecha los acantilados de la meseta de Las Tuerces. A ambos lados de la pista abundaban las tierras de labor. Poco a poco fuimos metiéndonos en el cañón y los enormes chopos de gran altura franqueban el camino. Muy cercana por la izquierda transcurre la línea ferroviaria hacia Cantabria. Varios trenes pasaron estando haciendo este recorrido nosotros. Ésta corre a la par que el río Pisuerga, labrador del cañón.
A la entrada de La Horadada vimos el edificio de la central eléctrica con una pequeña presa en el cauce. Por la derecha se elevaban ahora las paredes a plomo y el camino se fue haciendo senda más adelante al comenzar a subir por la ladera menos escarpada. Por debajo de pequeños techos transcurría la misma subiendo en zigzag hasta llegar a un hueco en la roca por el que atravesamos para salir prácticamente en la parte alta del cañón.
En un determinado momento se nos despistó el sendero y nos encontramos en una zona de simas, algunas de ellas realmente espectaculares. Un pequeño paso nos ofreció un poco de dificultad y optamos por retroceder unos metros y subir para coger bien el sendero. Como apunté, de vez en cuando se veían las marcas rojas que señalaban la ruta. Ya estábamos ahora completamente por encima del cañón. La vía y el río nos quedaban a unos 50 metros por debajo. Cerca de ellos vimos una explanada con un trozo arado.
Continuamos el sendero que transcurría muy cercano al borde del desfiladero. Mas adelante vimos como el ferrocarril atravesaba un túnel artificial de cemento con forma de bóveda y al poco un puente sobre el Pisuerga antes de salir del cañón. Entre las rocas vimos el pueblo de Valoria de Aguilar, situado en la nacional que llega a Aguilar de Campoo, situado a escasos 8 kilómetros.
De nuevo se nos despistó el sendero aunque no teníamos pérdida alguna. Hacia la parte derecha y a poco más de un kilómetro, divisamos el pueblo de Villaescusa de las Torres, hacia el cual nos dirigíamos. Por encima de éste se alzaban los acantilados de la Peña Mesa, meseta principal de Las Tuerces. Pasamos ahora otra zona de tierras labriegas y divididos en dos grupos salimos a un ancho camino cargado de barro aún endurecido por la helada. Desde el mismo tuvimos una bella vista del pueblo con su gran iglesia, el río y la vía férrea.
A las 11:15 horas y tras 4´770 kilómetros recorridos, entramos en dicho pueblo. Bajamos por una de sus calles hasta el templo dedicado a San Juan Bautista. En sus cercanías estuvimos descansando casi media hora antes de emprender de nuevo la marcha. Seguimos el camino ahora cercano a las moles de piedra que se situaban pocos metros por encima de nosotros. De esta forma entramos directamente en otro cañón donde los neveros eran más abundantes debido a lo sombrío del lugar. En uno de los laterales vimos unas bonitas formaciones de hielo en forma de “chupiteles” con las que sacamos una foto de grupo. Eran como estalactitas que colgaban de la roca y se unían con el suelo formando además un pequeño muro.
Continuamos tras disfrutar de este bello rincón y ahora el camino comenzó a subir por la ladera de nuestra derecha haciendo zigzag. Entonces fue cuando comenzamos a ver el impresionante pinar de varios kilómetros cuadrados que se asienta sobre parte de la altiplanicie. Estando bastante arriba llegaron por la pista tres todoterreno, uno de ellos con matrícula leonesa de los que se bajó un grupo para visitar la zona.
No tardamos en alcanzar la parte “llana”, aunque no lo más alto de la meseta. Desde ella pudimos contemplar todo el amplio valle de Aguilar de Campoo, las nevadas cumbres donde se ubica la estación de ski, e incluso picos como el Curavacas o Espigüete algo difuminados por la bruma. Poco a poco fuimos metiéndonos en la meseta en sí donde nos encontramos con la majestuosidad de las formaciones rocosas que constituyen el atractivo principal de Las Tuerces. Infinidad de moles dispersas por toda la meseta con formas y tamaños desiguales tejían laberintos por entre los cuales fuimos abriéndonos paso hacia la parte más alta. En la misma se sitúa la Peña Mesa, una mole con forma de seta de unos 15 metros de altura y 8 de diámetro con una cruz en su cima. Por uno de los laterales estaba subiendo un grupo no sin esfuerzo ya que algunos de los hierros colocados para ayudar se habían desprendido. José Ramón y Roberto también alcanzaron la cima. Delante de la misma nos sacaron una foto a todo el grupo. Hasta allí llevábamos recorridos según mi podómetro 8´840 Km. En el folleto marcaba 6 Km. Eran las 13:00 horas.
Siguiendo el paseo entre las curiosas formaciones vimos de nuevo algunos colgantes helados en zonas sombrías. El grupo anterior había subido para practicar una modalidad de escalada en horizontal cuyo nombre nos dijeron y no me acuerdo. Nosotros nos acercamos hasta el borde de la meseta para contemplar ahora el comienzo de la ruta. Abajo se veía el pueblo de Mave, el cañón de La Horadada, las tierras de labor, el Pisuerga, la vía etc. La diferencia de altitud era de 187 metros. Desde allí había una caída a plomo sobre las fincas de labor y luego estaba el cañón. Tras disfrutar de esta panorámica tan privilegiada regresamos a la peña principal. Desde allí parte la segunda ruta, de color rosa, hacia el pueblo de Gama. Eran las 13:45 horas y habíamos recorrido 10 Km.
Hasta este pueblo nos marcaba 7 kilómetros, por lo que decidimos llegar a él antes de comer. De este tramo poco hay que contar. El camino transcurre al lado del pinar mientras que por la derecha bajaba ladera hacia el valle. A mitad de recorrido un indicador de madera señalaba las dos direcciones, Tuerces y Gama 3 Km. Poco más adelante aparecía por la izquierda entre el pinar, otra pista señalada en azul por la que teníamos que regresar.
Según el mapa, ésta atravesaba la rosa para bajar por la ladera hacia Mave, pero no vimos rastro alguno de la misma. En los árboles había pintura azul hacia la parte de donde veníamos, por lo que retrocedí unos metros para ver si daba con ella pero sin éxito. Nos olvidamos entonces de ello y continuamos por la “rosa” que poco a poco fue cambiando de dirección hacia el norte. Entramos entonces por el pinar donde algunos neveros contrastaban bellamente con el verdor del mismo. El sol radiante resaltaba incluso más este efecto.
Poco a poco fuimos ascendiendo suavemente y terminamos saliendo del bosque contemplando entonces las laderas blancas de nieve. Nos encontramos poco después entre tierras labradas y en un cruce de caminos tuvimos una pequeña duda que se aclaró al ver una de las señales de color de la ruta. Así alcanzamos la parte alta del monte aquel contemplando seguidamente el pueblo y los restos del castillo de Gama en la ladera norte. Para llegar al segundo había que descender unos 150 metros mientras que el castillo estaba a mitad de ladera. Bajamos entonces por una senda con tramos helados y poco después llegamos a las inmediaciones del mismo. Eran las 15:20 horas y llevábamos 17 Km.
Del castillo, de pequeñas dimensiones, solo quedaban parte de los muros y una edificación moderna de piedra con una puerta cerrada. Desde él se contemplaba el pueblo en la misma ladera. Tras una rápida exploración nos sentamos a comer en sus cercanías. El día no podía ser más espléndido. Cerca de uno de los muros habían colocado un pequeño belén con figuras de cerámica.
A las 16:15 horas emprendimos la marcha de nuevo. La ruta azul partía del pueblo, al que no queríamos bajar ya, y subía por una vaguada hasta la parte alta del monte. Como tampoco queríamos bajar a la canal, optamos por desandar un tramo por la que habíamos llegado hasta alcanzar la parte superior. Allí nos encontramos un camino que se dirigía hacía la situación de la ruta marcada. Unas veces por éste y otras a través salimos por fin a dicho camino en el que vimos las marcas azules. Siguiendo el mismo, y tras una leve subida, entramos en el enorme pinar de aquella meseta.
En él disfrutamos de algunos bellos rincones con algunos “chupiteles” más de hielo y algo de nieve en la parte más alta. No tardamos en comenzar a descender al encuentro de la pista “rosa” por la que habíamos hecho la ida. A las 17:00 horas llegamos a esta intersección y nos encaminamos hacia Las Tuerces de nuevo, sin perder de vista las marcas azules para ver donde se encontraba el desvío que en el mapa venía casi perpendicular.
De esa forma llegamos al indicador de madera que antes habíamos visto y que señalaba Las Tuerces y Gama. Ahora pudimos comprobar que de allí mismo partía una senda hacia la parte baja del valle y de cómo faltaba la tablilla que señalaba dicha dirección. Sí vimos en cambio las señales azules que entraban en dicha senda. La misma nos llevó por entre robledal bajo siguiendo la ladera empedrada. De esa forma alcanzamos un tramo de acantilados por los que bajamos sin dificultad siguiendo siempre las marcas azules. Continuamos por la ladera hasta llegar a la parte baja de un valle. Aquí, en un cruce de caminos nos surgió otra pequeña duda que, examinando el mapa, resolvimos. En vez de continuar valle abajo, atravesamos un arroyo, el de los Pradillos, hacia la parte contraria del valle. Siguiendo el camino comenzamos a subir hacia un pequeño collado. Al lado de la pista estaban los restos de un coche ya oxidados por completo. Echando la vista atrás contemplamos los largos escarpados por los que habíamos pasado antes.
De esa forma llegamos al collado que daba paso al valle de Mave, La Rebolleda, etc. Abajo vimos ya la carretera que une dichos pueblos. Desde el collado el camino estaba cementado durante unos 100 metros escasos y volvía a ser de tierra y grava. Aquí me rezagué un poco y quedé por detrás de grupo. Aproximadamente un kilómetro anduve antes de salir a la carretera. Hacia la izquierda se encontraba el pueblo de Villacibio a unos 500 metros.
Aunque en el mapa marcaba la ruta fuera de la carretera, no vi, ni me preocupé ya mucho, de encontrarla. Eran las 17:50 horas. Llevábamos ya 23 kilómetros encima y lo cierto es que ya tenía ganas de terminar. El resto también había ido por la carretera y les seguí. Aprovechando los puntos kilométricos contrasté la medición del podómetro, que fue bastante ajustada. Tras pasar por La Rebolleda y siguiendo la carretera con alguna curva que otra, alcancé a Guiomar y a Luis poco antes de entrar en Mave.
Para llegar a los coches tuvimos que atravesar el pueblo. En él vimos la bonita iglesia de San Lorenzo a cuyo lado había una fuente de la que bebimos. Sin más nos dirigimos hacia los coches, a la salida-entrada, del pueblo donde ya estaban Álvaro, Ramón y Roberto. Eran las 18:30 horas y habíamos recorrido según mi podómetro 25´650 Km.
Tras cambiarnos y demás nos pusimos en marcha hacia Santa María de Mave, a un par de kilómetros escasos. Aquí paramos en un bar a tomar un refrigerio e hicimos las cuentas de la salida. Sobre las 19:30 horas comenzamos el regreso a León. Por la nacional circulamos hasta Osorno para coger la autovía. Antes de entrar en ésta vimos el reflejo de un flash que nos mosqueó mucho. Como no nos pararon creemos que pudimos librarnos si es que era el radar. Sin mas novedades y ya anochecido, fuimos acercándonos hacia nuestro destino mientras nos caían algunas gotas de lluvia antes de salir de la autovía en Onzonilla. Aquí paramos y Roberto se cambió al coche de Luis y así Ramón no tenía que entrar al centro. A las 21:15 horas me dejó a mí en casa antes de continuar hacia Mozóndiga donde vive.
Y de esta forma concluimos una salida más del club de montaña. Fue gratificante disfrutar de un tiempo inmejorable así como del paisaje de esta zona palentina de Las Tuerces































lunes, 28 de febrero de 2005

BESANDE INVERNAL 27-02-05

 


1ª TRAVESÍA “BESANDE-FALDA PICO ARBILLOS-BESANDE”.

27-02-05             (Domingo)

Segunda actividad modificada en lo que llevamos de año, aunque esta vez se realizó parte de lo programado. La ruta prevista era la siguiente: “Besande- Pico Arbillos-Valverde de la Sierra- Besande”. Al final, mientras unos ascendían al pico, otros realizamos solo una parte de la travesía. En el relato se reflejan las incidencias de dichas modificaciones y el resultado de las mismas.
En Guzmán nos fuimos reuniendo los participantes de la marcha hasta que solo faltaba Ramón, que además tenía que llevar coche. Por su parte Javi F. al haber avisado tarde, tenía que ir en el suyo propio. Pues bien, tras un rato de espera y ver que éste no aparecía, optamos por dividirnos en los coches de Roberto y de éste último. En total 8 fuimos los participantes en esta salida: Roberto, Javi F., Luis, Guiomar, Jorge, Sonia, José Luis y yo.
Mientras el coche de Roberto salía hacia el portillo, nosotros en el de Javi nos acercamos hasta su casa a coger unas cosas. Ya cerca de las nueve salimos de León por la nacional hasta Mansilla donde nos desviamos. En Sahechores giramos hacia Almanza y en éste a Puente Almuhey. Desde allí salimos hacia Guardo, ya en Palencia. En esta localidad se coge la carretera hacia Velilla del Río Carrión y aquí al puerto de Las Portillas, donde se entra de nuevo en León. El cielo de momento se presentaba soleado, aunque las nieblas rondaban cercanas. Con este panorama llegamos a Besande sobre las 10:10 horas.
Las calles del mismo se encontraban con mas de medio metro de nieve, por lo que aparcamos los coches como se pudo en el cruce de las carreteras de Riaño y Prioro. Tras prepararnos y demás comenzamos la marcha sobre las 10:30 horas. Por las calles cargadas de nieve atravesamos Besande. En una de las casas vimos unos “chupiteles” de hielo de más de un metro de largo. Atravesamos el puente sobre el río Grande para salir por una pista en principio señalizada. De frente se alzaba el pico Arbillos con 1965 metros de altitud, el pueblo está a 1290 metros.
La pista cargada de nieve blanda impedía ver claramente las señales además de ralentizar nuestro paso. El viento traía la nieve del norte y nos azotaba fuertemente en forma de ventisca. Temimos que la masa de nubarrones se nos cerrara encima estropeándonos la jornada, cosa que no sucedió en todo el día por fortuna.
Enseguida José Luis se adelantó demasiado y comenzó a subir por la ladera sin contar con nadie. Javi le siguió mientras el resto estábamos por detrás aún en el camino. A pesar del mapa, la nieve impedía situar bien la ruta concreta y la subida. Jorge, Sonia y Guiomar optaron por no ascender el pico y hacer la ruta hasta Valverde. Por mi parte, ya estaba mosqueado con los que nunca esperan por nadie y hacen lo que les sale de las narices. Eso, y que la nieve blanda podía hacer un infierno la subida, me hizo desistir también de la ascensión y hacer la ruta solamente. Roberto y Luis se decidieron a seguir ladera arriba hacia la cumbre y nos separamos también de ellos. Echando la vista atrás se podía contemplar una bella estampa invernal del pueblo y las cumbres cercanas a él, como la del Cueto Martín, La Peña, Peñas Blancas, etc.
Continuo ahora con lo que a nuestro grupo le fue ocurriendo, que no tiene desperdicio. Como ya adelanté, el camino no estaba nada claro y llegamos incluso a perderlo en la ladera. Campo a través entre la capa de nieve salimos a una pista que subía hacia el pico y así estaba señalada como tal con las marcas del PR-1. Optamos entonces por bajar por ella hacia otra trasversal que, paralela a la carretera, tenía la dirección hacia Valverde. En ella vimos señales del GR-1, referencia que teníamos en la descripción del mapa, lo que nos daba la seguridad de ir por buen camino.
Total que eran las 11:30 horas y estábamos de nuevo a unos 500 metros de Besande después de haber caminado un kilómetro según mi podómetro. Hasta Valverde de la Sierra teníamos unos 6 kilómetros en total. De la carretera nos separaban unos 200 metros y el río. Pues bien, ya encaminados continuamos por la blanca pista con el macizo del Arbillos por detrás y a la derecha. En un punto de la ruta cruzamos un puente con valla de madera, que con el fondo de unas rocas y pinos era otra foto de postal. Entre algunos pinares pasamos disfrutando realmente de dichas vistas invernales favorecidas por el sol radiante que se mantenía milagrosamente.
Siguiendo la forma del valle, tanto la carretera como el camino giraron hacia la izquierda casi bruscamente. Ahora teníamos a la espalda toda la parte del valle de Besande con el pueblo al fondo. Por la derecha salía un cortafuegos entre los pinares de la ladera. En él vimos un señal en “X” del GR-1, marca de mala dirección. Pocos metros más adelante volvió a describir otra curva el valle para coger de nuevo la dirección original hacia el norte. Ahora estábamos más separados de la carretera, unos 400 metros. De frente, y tapado por la niebla, se alzaba el impresionante pico Espigüete.
La nieve hacía el caminar pesado y a Sonia además le había dado un amago de tirón muscular en la pierna, por lo que iba bastante despacio. Nos quedarían unos 3 kilómetros hasta Valverde. De pronto llegamos a un cruce con una pista que subía desde la zona del río. En él vimos, o nos pareció ver como luego comprobamos, un puente. Optamos entonces por bajar y atravesarlo para salir a la carretera y hacer el resto de la ruta por ella. Pues bien, al llegar a la altura del cauce vimos que lo que nos había parecido un puente, era una cascada entre el matorral. Por más que buscamos, no encontramos señal alguna del mismo. Por si fuera poco, a pesar del escaso caudal, no había forma de pasarlo sin mojarse. Las orillas estaban cubiertas de nieve que se iba nada más pisarlas. Atravesamos un prado hacia otra parte del río en busca de algún lugar para atravesarlo, pero sin éxito. Yo me metí entonces entre el matorral y de pronto, un montón de nieve que parecía sólido, se desplomó bajo mis pies cayéndome directamente al río hasta casi la cintura. Encima no tenía apoyo y me costó lo mío salir. Hasta las rodillas me calé por completo botas, pantalones etc. Ellos estaban en otro lugar donde el río tenía unos tres metros de ancho, pero con poca profundidad. Visto el panorama y como yo ya estaba mojado, a cuestas atravesé a Jorge y a Sonia hacia el otro lado. Por su parte Guiomar se puso cabezona y dijo que no quería que la pasase y prefería volver por el mismo camino. Claro, ahora ya habíamos desistido de seguir hacia Valverde y regresar a Besande. Llevábamos 2´950 Km.
Ya en la carretera cambiaba el tema. Yo tenía los pies helados, pero decidí continuar a ver si me entraban en calor caminando. No tardando vi que no era así y paré a cambiarme. En la mochila llevo unos calcetines finos que me puse. Luego metí unas bolsas de plástico y encima los gruesos mojados y las botas. Aquello era otra cosa.
Sonia había seguido caminando y nos sacaba bastante ventaja a Jorge y a mí. De pronto, y mirando hacia atrás, pudimos disfrutar de una vista extraordinaria del Espigüete completamente despejado. Fue para mí uno de los momentos más gratos de la jornada. De él saque varias fotos desde diferentes puntos según íbamos de regreso. También contemplábamos íntegramente todo el macizo del pico Arbillos así como la pista por la que antes habíamos caminado y por la que ahora regresaba Guiomar a la que vimos varias veces.
Siguiendo el trazado del valle, la carretera describió la curva cerrada que antes apunté. En el asfalto vimos un par de agujeros perfectamente circulares de unos 10 cm de diámetro y que traspasaban la capa de brea. A mi parecer pudieran ser catas para estudio del terreno o la carretera. Antes de llegar a Besande vimos una casa cercana al río con una curiosa veleta con forma de cigüeña. Sobre las 14:45 horas entramos en el pueblo. El podómetro marcaba 4´960 Km.
Claro, los de los coches habían subido al pico y no podíamos cambiarnos. Guiomar tampoco había llegado, así decidimos comer. La nieve tapaba cualquier sitio bueno para sentarse. Retrocedimos unos metros por la carretera y subimos hasta un albergue en reforma. A la puerta del mismo nos acomodamos librando como pudimos las goteras del tejado. Una silla medio rota también sirvió a Sonia para acomodarse.
Con el móvil hablé con Javi y poco después les situamos bajando por la ladera. Guiomar llegó también un rato más tarde. Tranquilamente comimos con los tejados de las casas nevados y el pico Arbillos de frente formando otro bello cuadro.
Cuando ya vimos al grupo bastante cerca del pueblo nos encaminamos hacia los coches de nuevo. Poco antes de las cuatro fueron aparecieron y tras abrir los coches nos cambiamos la ropa mojada. Tengo que añadir que la camiseta térmica que compre sigue dando tan buen resultado que desde que la tengo no me hace falta cambiarme la parte de arriba por causa del frío o sudor.
Durante este rato vimos como el viento arrastraba la nieve de los tejados y las laderas formando verdaderos remolinos y ventisqueros en el pueblo.
Poco antes de las cuatro y media emprendimos el regreso. Subimos el puerto de Las Portillas bajo el cual se encuentra el embalse de Besande, al que no bajamos por causa de la nieve en la carretera. Este embalse se alimenta entre otros del río Grande, el mismo que nos había puesto en apuros anteriormente. En la cima entramos en Palencia y bajamos hacia Velilla donde nos detuvimos en un bar un rato a tomar café. Ya cerca de las 17:45 horas reanudamos el viaje. Tras pasar al lado de la centrar térmica de Velilla llegamos al cercano Guardo y salimos por la carretera hacia La Espina, antes del cual se encuentra el límite provincial. Sin novedades pasamos por Puente Almuhey, Almanza y en Sahechores giramos hacia Mansilla. Poco antes de entrar en León nos metimos en la ronda sur y en la salida de Puente Castro me apeé para esperar a mi hermana Juli a la que antes había llamado para que me recogiese allí.
Sobre las 19:00 horas terminé en casa esta sencilla pero grata jornada de montaña. El paisaje del que disfrutamos contrarresta sin dudas el resto de las incidencias acaecidas.