lunes, 24 de noviembre de 2003

"AVIADOS- PEÑA GALICIA - LA VECILLA”. HOMENAJE A FERNANDO ALGORRI. 23-11-03

 


1ª TRAVESÍA “AVIADOS- PEÑA GALICIA (5ª ASCENSIÓN) -LA VECILLA”.

HOMENAJE A FERNANDO ALGORRI.

23-11-03          (Domingo)

En esta ocasión nos hemos unido a la Delegación Leonesa de Montañismo, y a los demás clubes de la provincia, para realizar una bonita travesía en homenaje a Fernando Algorri, montañero destacado y antaño delegado de esta dependencia provincial, fallecido recientemente. Por ello decidimos cambiar nuestra actividad programada para sumarnos a tan emotivo propósito. De nuestro club, y tras algunas bajas de última hora, fuimos 6 personas: José Antonio, Eva, Sonia, Jorge, Eduardo y yo. A los mismos añado a una amiga de Eduardo y unos compañeros de José.
Tras una jornada del sábado completa de lluvia, en la que aprovecho para apuntar que se celebró la IV Gala del Montañismo Leonés a la que asistimos algunos representantes del club, amaneció nublado, pero mucho menos cargado el cielo de nubarrones. Como había quedado el día antes, pasé a recoger a Constantino, amigo mío que también iba a la marcha, y nos acercamos hasta Guzmán, de donde salían los autocares a las 9:00 horas.
Sobre esa hora emprendimos el viaje en tres vehículos con dirección a Aviados, donde llegamos sobre las 10:00 horas. Hasta aquí llegó también otro autocar de la Peña Gistredo de Bembibre. Nos preparamos para la ruta cuyo principal objetivo era el acto de homenaje a Algorri, que se celebraría en una collada entre Peña Galicia y Peña Morquera. La travesía tenía dos variantes, una corta y otra de mayor recorrido. La primera consistía en salir de Aviados hacia La Mata de la Bérbula y subir directamente a dicha collada. La segunda, de unos 14 kilómetros, partía del mismo lugar y recorría los valles contiguos pasando por detrás de Peña Galicia hasta llegar al mismo lugar. El final para todos era La Vecilla. La ruta era muy parecida a la realizada en el II Encuentro de Montañeros Leoneses, organizado en aquella ocasión por el hoy homenajeado.
Nosotros, como la mayoría de los aproximadamente 150 participantes, escogimos la ruta larga y así salimos por un camino al noroeste del pueblo lleno de barro y agua. Esta pista es la que une Aviados con el pueblo de Correcillas y de continuo va ganando altitud más o menos suavemente. A los pocos minutos tenemos una bonita vista del pueblo de partida que bien merece una foto. El valle es ancho y en hilera vamos acortando el trecho hacia un alto, la Cota Valterco, donde el camino se bifurca dejando el que baja a Correcillas y girando hacia la derecha con dirección a Peña Galicia.
En este alto hacemos una pequeña parada y contemplamos la bella vista del cercano Correcillas con su cumbre medio nevada. A partir de allí se suceden los altibajos entre verdes praderías con algo de maleza por los que discurren numerosos arroyos cargados de agua del deshielo de las primeras nevadas de la temporada.
Así nos vamos metiendo en la parte norte de Peña Galicia, que nos queda situada a nuestra derecha. Al llegar a un determinado punto de este trecho, hay personal que comienza a subir hacia la peña. Uno de los organizadores indica que hay tiempo de sobra y el que quiera puede ascender a la misma sin problema. De nuestro grupo no se anima nadie, por lo que decidí hacerlo yo solo. Eran las doce del medio día cuando comencé a subir por la ladera de lo que pensaba era el pico. Al llegar arriba comprobé que aún quedaba un buen trecho hacia la cumbre. Tanto por detrás como por delante iban más participantes que se habían animado a subir.
Para alcanzar la última pendiente tuve que bordear otras pequeñas cimas procurando no perder altura. Así comencé a subir este tramo final de mayor pendiente, pero no muy larga, hasta llegar arriba sobre las 12:30 horas. La vista era espectacular. Las nieblas en los valles se iban moviendo cambiando el paisaje a cada minuto. Desde allí se pueden contemplar las cimas del Correcillas, Peña Valdorria, Cueto Aucino y numerosas más. Abajo ya veíamos el pueblo de Valdorria y la ermita de San Froilán.
El personal fue bajando hacia el mismo lugar de subida quedando allí arriba solo cinco personas. Uno de ellos nos dijo que se podía aguantar más bajando por el lado contrario saliendo también a la ruta que se llevaba. Al resto les vimos subir, no sabemos por qué, desde la collada hacia la cumbre norte de esta cima y al ver que no se podía bajar, tuvieron que retroceder hasta el lugar de subida, teniendo luego que dar todo el rodeo a la peña.
Tras media hora allí emprendimos el descenso nosotros también. Como digo, lo hicimos justo por el lado contrario. Serreamos unos metros y nos metimos en una pequeña canal de la cara sur por la que creo que subimos nosotros en la ascensión nocturna hace unos años. En la misma encontramos un trecho bastante pendiente en el que hubo que echar el culo al suelo. De esa forma llegamos a la collada de La Conoa desde donde cabían dos posibilidades, ir por la parte alta de la loma o bajar por la vaguada hasta coger el camino de la collada. Yo opinaba que era mejor ir por la parte alta y no perder altura, pero se decidieron por bajar hacia unos prados donde se veían pastar varias vacas.
Poco a poco fuimos descendiendo viendo abajo el camino por el que transitaban los demás compañeros de la salida. Al llegar a la altura de las reses antes mencionadas paramos a sacar unas bonitas fotos de las mismas en los prados con la peña de fondo. La ladera estaba completamente encharcada de agua que bajaba a raudales hacia el fondo del valle. Toda ella se une a los demás afluentes que forman el arroyo Valdecesar que transcurre por el conocido Bosque de las Hadas hacia la cascada de Nocedo y finalmente desemboca en el río Curueño.
Al fin llegamos al camino que, a media altura y con suave pendiente, se dirige hacia La Collada donde se celebraría el acto de homenaje. Este trecho transcurre entre un bonito bosque con la vista del pueblo y pico Valdorria hacia el norte y el arroyo encajonado en el valle antes de entrar en el citado bosque. Pocos minutos tardamos en recorrer este tramo antes de alcanzar la collada donde ya se reunía numeroso personal. Eran entonces las 14:00 horas.
Allí se encontraban también mis compañeros con los que me uní para ponerme a comer. El poco viento que soplaba y la sudada que tenía me hizo poner la cazadora para no quedarme helado. Mientras comíamos iba llegando más personal y cuando ya hubo llegado todo se dio comienzo al acto de recuerdo a Algorri.
En una roca habían colocado días antes una placa metálica conmemorativa que la hija de éste descubrió. El evento continuó con la lectura de una poesía y una oración en su recuerdo, así como unas palabras de Buzzi, actual delegado de montaña de León.
Terminado el mismo nos dispusimos a continuar la marcha, esta vez ya de bajada hacia La Vecilla. Por un camino también encharcado emprendimos la andadura todos en hilera. Algunos trechos parecía más un arroyo que un camino. Igualmente había trozos de roca resbaladiza donde había que extremar la precaución. Abajo contemplábamos los pueblos de La Vecilla y La Mata de la Bérbula por la que también pasaríamos.
Tras salvar lo más pendiente se fue suavizando la inclinación y no tardamos en entrar en La Mata de La Bérbula. Por sus calles la atravesamos para salir poco después a la carretera general que viene de La Vecilla. Por la misma recorrimos el kilómetro aproximado que nos separaba de esta localidad donde ya estaban los autocares esperando. Nos sobraba hora y media, ya que la salida estaba prevista para las cinco y media y eran las cuatro más o menos. Tras cambiarnos el calzado y demás, nos acercamos hasta un bar a tomar algo y pasar un poco el tiempo.
Nuestro club, como ya es habitual, ha organizado una rifa de Navidad que vendemos los socios. Pues bien, José Antonio se lió a ofrecerlas por allí y vendió talonario y pico de los que llevábamos Sonia y yo, ya que a él se le habían olvidado.
Poco antes de las cinco y media, como ya estábamos todos, emprendimos el retorno a nuestra ciudad. En poco más de media hora recorrimos los 40 kilómetros algo largos hasta la misma parando de nuevo los autocares en el lugar de la mañana. Aquí nos despedimos unos de otros y junto Constantino me dispuse a volver a casa en la furgoneta.
Así finalizamos esta emotiva jornada de recuerdo a nuestro compañero Fernando Algorri haciendo lo que a él más le gustaba, pasear por la montaña.













lunes, 10 de noviembre de 2003

PICO LAGO (Puerto de Las Señales) 09-11-03

 


1ª ASCENSIÓN AL PICO “LAGO”.

09-11-03           (Domingo)

En este penúltimo mes del año hemos salido para realizar esta sencilla ascensión a una cima cercana al puerto de Las Señales. Por desventura, y siguiendo la mala racha de las últimas ascensiones, el mal tiempo nos acompañó durante toda la jornada impidiéndonos disfrutar del paisaje. A pesar de ello, sí nos recreamos en algunos detalles y vistas que luego detallaré.
A las 7:45 horas llegó Carlos a mi casa desde donde salimos con la furgoneta hasta Guzmán. Allí estaba ya José F. y no tardaron en llegar José A., José, Fernando, Cristina y Pablo. Solo faltaba Lorenzo que no aparecía. Por teléfono le llamé a casa sin contestación alguna, por lo que a las 8:15 horas emprendimos el viaje en los coches de José Antonio y Pablo.
Salimos de León por la carretera de Santander hacia Barrio de Nuestra Señora. Allí giramos hacia Boñar y luego bordeamos el pantano del Porma hasta Puebla de Lillo donde volvimos a desviarnos con dirección al puerto de Las Señales. El día nublado se fue cerrando hasta quedar envueltos en la niebla según subíamos esta collada. Así llegamos a este alto de 1627 metros donde aparcamos los coches y nos preparamos para la ascensión.
A las 10:10 horas la comenzamos siguiendo una pista con dirección sur pasando cerca de unos lagos. Tras unos 100 metros caminando por dicho camino lo abandonamos para meternos en la ladera. Entre pedreros, vegetación y prados fuimos ascendiendo paulatinamente mientras la niebla seguía cerrada e incluso llovía. Poco a poco se fue inclinando la pendiente y bajamos el ritmo. Yo me quedé un poco por detrás con José F. y a media altura vi un sendero que cruzaba la ladera. El resto iba poco por delante y les avisé del mismo. Decidieron continuar por donde iban mientras que yo opté por seguir el mismo a ver donde me llevaba. Tras unos metros recorridos vimos que no ganaba altura y además no me gustaba separarme de los demás con aquella niebla. Optamos entonces por comenzar a subir de nuevo directamente por la inclinada ladera.
Seguido por José nos metimos entre pequeñas escobas que dificultaban en exceso el avance por lo empinado de la falda. Además las rocas que encontrábamos estaban húmedas y resbalaban de lo lindo. Con mucho esfuerzo conseguimos ir ascendiendo y nos unimos a José Antonio que se había separado un poco del resto.
Así alcanzamos la cresta por la que subía un sendero muy marcado que en adelante no abandonamos. A los demás ya se les veía más adelante entre la niebla que a ratos se esparcía levemente. La pendiente se suavizó claramente y se hizo más cómoda la ascensión.
No tardamos en juntarnos todos y así seguimos caminando por la cresta con algunos altos que sorteábamos por la cima o ladeándolos. Empezamos a encontrar numerosos pedregales de grandes rocas de cuarcita, como ya sabíamos por la guía que llevábamos. Hacia la parte izquierda había un fuerte desnivel del que procuramos separarnos prudentemente. Entre algunos claros que se abrían divisamos lo que podría ser la cumbre, aunque no se veía signo alguno en la misma.
Alrededor de las 12:00 horas alcancé la cima donde ya estaban algunos desde hacía unos minutos. Entre un montón de rocas había un bote de cristal vacío. Una de las rocas era un trozo de cemento con alambres incrustados, lo que daba a entender que había habido allí algún hito o algo parecido del que no quedaba rastro alguno en pie. Cercana había otra pequeña cima a la que nos acercamos algunos sin encontrar ningún otro resto, además era más baja que la anterior.
Regresamos a ésta para sacar la foto de rigor y dejar nuestra tarjeta de cumbres. El frío era intenso y estábamos húmedos por la lluvia y algo de nieve que habíamos encontrado. De hecho, la cima estaba cubierta de escarcha. La mala suerte, como digo, es que estando arriba no abrió nada la niebla para poder disfrutar al menos algún paisaje.
Tan solo veinte minutos estuvimos allí antes de emprender el descenso. Seguimos el mismo sendero anterior cuidándonos ahora de no resbalar con la escarcha, la roca y el barro. De esa forma fuimos perdiendo altitud sin dejar la cresta por la que iba aquel sendero tan cómodo. Según bajábamos se abrían más claros pudiendo contemplar entre ellos los valles circundantes. Aproveche entonces para sacar numerosas fotos de los mismos y de los picos cercanos como el Remelende, al que ascendí yo solo en mayo en una salida improvisada el día 1 por la tarde. Igualmente pudimos contemplar el alto del puerto de Tarna, y en esa misma dirección, a lo lejos, un pico puntiagudo e iluminado con un envidiable sol. Aprovechando las ventajas de la cámara de fotos digital saque un montón de instantáneas que luego puedo seleccionar para quedarme o no.
Casi al final de la cresta nos topamos con una alambrada que delimita del pinar de Lillo, zona protegida por ser uno de los pocos autóctonos que quedan. Por su orilla continúa el sendero ya pendiente abajo hacia los lagos del valle. En el fondo ya estaban algunos compañeros que se habían adelantado.
Sobre las dos de la tarde llegamos al puerto. Se había echado a llover de nuevo, aunque era más bien escarcha. Tras hablarlo decidimos bajar a comer a Lugán, donde un amigo de Pablo y Cristina tiene un bar en el que podíamos parar. Comenzamos entonces a bajar el puerto con la intención también de parar a ver unas cascadas que se forman en el río que baja paralelo a la carretera. Bastante abajo se encuentran las mismas y paramos un buen rato a disfrutar de este bello rincón. Sacamos unas fotos desde un puente frente a una de ellas y Carlos y yo subimos unos metros para ver la otra. Mereció la pena dicha parada.
De nuevo en marcha llegamos a Puebla de Lillo donde paramos a repostar gasolina y continuamos para meternos en la zona del pantano. Sin novedades lo bordeamos y luego pasamos Boñar. Así llegamos a Lugán donde nos metimos. Allí, como dije, tiene un bar-restaurante este amigo de Pablo y Cris, Ismael, del que conocía el nombre por las tarjetas de cumbres que los tres han dejado en numerosas cimas y que han ido llegando al club.
Allí nos acomodamos en una mesa que nos prepararon muy atentamente. Pedimos las bebidas y sacamos los bocatas que llevábamos sin problema alguno. Tras ello tomamos un café y después de hacer las cuentas habituales de gasto, emprendimos de nuevo la marcha. Esta vez venía Ismael con nosotros para León.
De nuevo nos desviamos para venir por la carretera de Santovenia del Monte y entrar en León por Villaobispo. Nos dirigimos hacia Guzmán donde llegamos los dos coches. Pablo se ofreció a traernos a Carlos y a mí hasta casa donde llegamos sobre las seis de la tarde dando por finalizada otra salida más donde la climatología nos ha vuelto a jugar una mala pasada. Esperamos que en las dos que nos quedan, y sobre todo la del Belén de Cumbres, tengamos mejor suerte.














lunes, 20 de octubre de 2003

PEÑA UBIÑA (Torrebarrio) 19-10-03

 


4ª ASCENSIÓN A “PEÑA UBIÑA”.

19-10-03         (Domingo)

Otra actividad prevista por el club de montaña para este año era esta ascensión a la cumbre de Peña Ubiña, otra cima mítica dentro del entorno montañero leonés. A pesar de las malas previsiones climáticas, que por desgracia se cumplieron, decidimos salir para al menos intentar realizar alguna ruta por aquel entorno. Al final 8 fuimos los animados a participar en esta jornada y éramos los siguientes: Carlos, Toño, Javier, José F., Antonio, Gerardo, Ricardo y yo.
Con la furgoneta salí de casa para ir a buscar a mi tocayo a la plaza del Espolón para dirigirnos luego a Guzmán de donde saldríamos luego todos juntos, salvo Ricardo, que como la vez anterior, nos esperaba en San Emiliano. Repartidos en los coches de Toño, Gerardo y mío emprendimos el viaje sobre las 8:00 horas. Salimos hacia La Magdalena por la comarcal para luego comenzar a bordear el pantano de Luna. Ya en San Emiliano estaba Ricardo y allí dejamos el coche de Gerardo para ir con los otros dos hasta Torrebarrio. En éste subimos hasta la ermita donde aparcamos los vehículos a su orilla y prepararnos para la ruta.
La niebla cubría todas las cimas mientras los claros se alternaban con las nubes. Con este panorama emprendimos la marcha poco antes de las 10:00 horas. Por una senda que partía de la misma ermita nos metimos de lleno en la falda de la montaña De momento era suave la subida, aunque lo tomamos con calma. Encontramos numerosas alambradas usadas para delimitar los prados del ganado que tuvimos que sortear como pudimos. Algo más arriba comenzamos a ver el barrio de Cubiechas y un camino por el que subía numeroso personal de otra excursión que subían a otra cumbre cercana.
Nosotros teníamos que irnos tirando hacia la derecha con dirección a la collada del Rozón desde donde decidiríamos si subíamos o continuábamos la ruta por Casa Mieres a Pinos y San Emiliano. Durante un rato pareció que iba a abrir algo el día, pero luego vimos que por la parte Oeste venía bastante cerrado.
Nos fuimos dividiendo y cada uno fue subiendo un poco por donde mejor le parecía, aunque tampoco estábamos demasiado desperdigados. Echando la vista hacia detrás tuvimos una bonita panorámica de Torrebarrio y algunos picos de la zona, como El Ferreirúa, en el puerto de Ventana.
Ya enfrente del Ronzón nos juntamos todos de nuevo para dirigirnos hacia esta collada de verdes praderas. La niebla se nos fue cerrando y en pocos minutos nos impidió ver paisaje alguno. Además el viento soplaba en aquel paso y tuvimos que abrigarnos. A pesar de dicha climatología, y como la subida a esta cumbre está muy bien marcada y no tiene, en principio, peligro alguno, optamos por continuar hacia la misma.
El sendero, muy discurrido, comienza a ascender algo más bruscamente por la ladera este hacia la roca en sí. El primer tramo era ladera y estaba embarrado, lo que hacía que se resbalara uno fácilmente. Era mejor ir algo fuera de él por la hierba. Poco a poco fuimos encontrando más roca, que por suerte estaba seca, y se subía bien por ella. José decidió abandonar poco después de dejar el collado y esperarnos por allí. El resto continuamos ascendiendo a veces con pequeñas trepadas en la roca fáciles de sortear. De vez en cuando llegábamos a algún punto de la unión de vertientes donde soplaba el viento fuertemente.
Tras otro paso con algo de tierra alcanzamos lo que sería la cresta donde se suavizó la pendiente. Aquí, y como ya me ha pasado últimamente, me comenzaron a doler las piernas y llegó un momento que pensé que tenía que desistir de continuar. Conmigo quedó Antonio un poco rezagado y vimos a más montañeros bajar y otros comiendo cerca de la cumbre.
Sobre las 13:15 horas alcanzamos la cumbre de este pico de 2417 metros de altitud. En la misma estaba el punto geodésico, un monolito de rocas, el buzón de cumbres y una placa. En aquellos momentos incluso se escapaba la escarcha. Todos querían marchar enseguida, pero yo les dije que tenía que dar un descanso a mis piernas y además comer un poco. Mientras, escribimos la tarjeta e hicimos unas fotos aprovechando la estancia allí de otro grupo. La pena, no poder ver nada por culpa de la niebla.
Una media hora escasa paramos allí antes de ponernos de nuevo en marcha. La bajada la hicimos por el mismo lugar, aunque un trecho nos desviamos un poco. Como la tierra se había mojado, nos desviamos un poco hacia la ladera de hierba. Cuando quise darme cuenta estábamos ya cerca del collado, se me hizo cortísimo esta bajada hasta allí. Aquí estaba José y un grupo más de montañeros.
Como el tiempo no acompañaba, optamos por bajar de nuevo hacia Torrebarrio. La escarcha se había convertido en lluvia y la niebla se iba abriendo. En vez de irnos por la misma parte de la subida, nos desviamos hacia la izquierda en busca de un chozo que nos había dicho Ricardo que había por allí para comer, ya que solo yo había comido arriba. Tras bordear algunas laderas resultó que ya quedaba por encima. Con las mismas continuamos de nuevo bajando hacia el valle en busca de otra cabaña que creían haber visto y que resultaron ser unas rocas. Siguiendo varias vaguadas nos dirigimos hacia los prados ya cercanos al pueblo y así divisamos una especie de cavidad bajo la cual nos podíamos acomodar más o menos a comer. Aquí surgió una pequeña discrepancia ya que, mientras algunos quisieron parar allí, otros, al ver que realmente no quedaba nada para llegar al pueblo, decidieron seguir. Yo, como ya había comido, opté por continuar.
Nos metimos en el medio de una vaguada por la que bajaba un arroyo y un sendero que lo atravesaba en ocasiones. Pudimos disfrutar de unos bellos contrastes de colores otoñales de los árboles con los verdes prados. Por allí íbamos Javi, Carlos y yo.
Ya bastante abajo nos encontramos de nuevo con más alambradas y nos metimos en un camino bastante encharcado que nos llevó directos a una finca particular. Justo por encima teníamos la ermita, por lo que tuvimos que subir unas laderas para salir a la pista de cemento que sube hasta ella y caminar unos metros por ésta antes de alcanzar la pradera donde teníamos los coches. Serían más o menos las 16:15 horas.
Continuaba lloviendo, aunque más débilmente. Nos cambiamos y ellos comieron. Yo fui a tomar un “Cola Cao” que llevaba y resultó estar cortado. No tardando llegaron los demás. Tras un rato allí, cerca de la ermita y el cementerio de Torrebarrio, lugar por cierto donde habíamos estado acampados una vez que fuimos también a subir Peña Ubiña hace años, emprendimos el regreso. Bajamos la fuerte pendiente cementada y salimos a la carretera para dirigirnos hacia San Emiliano.
Entre medias nos encontramos con una manada de caballos, medio guiados, pero por el medio de la carretera. Vamos, que no había por donde pasarlos. Realmente es algo que me indigna, que se crean con tanto derecho para ello. Además con el peligro que supone, ya que en ese tramo concretamente hay numerosas curvas donde pueden provocar un accidente de lo más fácil. Mal que bien pudimos sortearlos y continuamos hasta llegar dicho pueblo donde paramos. Aprovechamos para tomar una café y hacer las cuentas de la salida. Aquí quedaba también Ricardo, al que despedimos antes de seguir el regreso a León.
Poco antes del puente de la autopista nos detuvimos de nuevo ya que Gerardo se desviaba en ella para irse hacia Asturias y luego a Santander. También nosotros habíamos optado por entrar en ella, pero hacia León. Lo hicimos para evitar el tramo del pantano y al llegar a La Magdalena salimos de la misma para seguir por la carretera.
Continuaba lloviendo débilmente cuando llegamos a la ciudad. Por Eras salimos hacia Villaobispo donde dejé a Javi y ya en el centro a Antonio y a José. Poco después de las 19:00 horas llegué a casa.
De esta guisa transcurrió otra jornada de montaña del club. Esta vez no tuvimos la fortuna de disfrutar mucho de las vistas por culpa del tiempo reinante, pero así de incierta resulta la practica de este deporte. Lo importante es salir con ganas de divertirse como sea y acoplarse a todas las circunstancias que vengan. La montaña no se mueve de donde está.  










lunes, 15 de septiembre de 2003

DESFILADERO DE LAS XANAS (Villanueva- Asturias) 14-09-03

 


1ª TRAVESÍA “DESFILADERO DE LAS XANAS”. (Asturias).

15-09-03     (Domingo)

De nuevo hemos salido el club de montaña para acometer otra actividad programada para este mes de septiembre en el vecino Principado de Asturias. Esta vez se trataba de una sencilla, pero no por eso menos bella, ruta por el desfiladero de Las Xanas en la zona de Proaza por donde también transcurre la conocida Senda del Oso ya hecha por nosotros en algunas ocasiones. La misma es de una belleza realmente destacable desde su comienzo hasta su final en el bonito pueblo de Pedroveya. Con un tiempo realmente inmejorable transcurrió esta travesía que a continuación relato detalladamente.
Minutos antes de las 9:00 horas salimos de Armunia Carlos, Miguel y yo en el coche del segundo. Tras recoger a mi hermana Juli, que aprovechamos para acercar hasta León, llegamos a Guzmán de donde teníamos prevista la salida. Allí nos unimos a María, José F. y José A. En los coches de Miguel y José F. emprendimos el trayecto por la carretera de Caboalles hacia el puerto de Ventana. En San Emiliano se nos unió el último de los participantes, Ricardo, que como no está federado aún y siguiendo las normas del club, tenía que ir en su coche propio. Para que no fuese solo, monté yo con él el resto del camino. Así llegamos al alto del puerto de Ventana desde donde comenzamos el descenso hacia la parte asturiana.
Tras bajar este puerto y pasar por un bello desfiladero, entramos en el valle de Proaza teniendo el trazado de la Senda del Oso muy cercano a la carretera. Así llegamos al aparcamiento del comienzo de la ruta situado en el desvío de la carretera que sube hacia Tenebredo, entre Tuñón y Villanueva. Aquí nos costó aparcar los coches debido a la gran afluencia de ellos que ya había.
Cuando comenzamos la ruta eran ya alrededor de las 12:00 horas. Salimos por la carretera antes mencionada recorriendo unos 300 metros antes de coger un desvío a la derecha ya por sendero en la ladera. El mismo está lleno de piedras sueltas a modo de calzada y va subiendo muy suave con dirección contraria a la que traíamos por la carretera. Poco a poco va girando hacia la izquierda metiéndose de lleno en el desfiladero en sí. Tras pasar un pequeño túnel se va pronunciando el desnivel hacia el río.
La senda es estrecha pero muy marcada. Aunque sin peligro, no hay que despistarse demasiado ya que en algunos puntos el desplome es de varios metros en vertical hacia el cauce. En otros lugares bajan pedreros también de fuerte inclinación. Salvando las distancias, tiene un parecido con la ruta del Cares. Salvo algunos repechos insignificantes, la pendiente durante el recorrido es muy baja. Hay que tener en cuenta que se suben 300 metros escasos en unos cuatro kilómetros.
En las laderas contrarias del río se alzaban grandes cimas con largos y pronunciados canchales. De continuo íbamos serpenteando por el sendero que en ocasiones se abría en la misma roca. Numeroso personal hacia la ruta en los dos sentidos pareciendo a ratos aquello una romería. Yo iba sacando fotos con la nueva cámara digital que estrenaba ese día al igual que la mochila. Vamos, que iba como un niño con zapatos nuevos.
Más adelante pasamos otro túnel pequeño y poco a poco fuimos nivelándonos con el cauce del río. En el mismo se oían numerosas cascadas, siendo este río muy utilizado para descenso de cañones. El encajonamiento que tiene da lugar a la formación de dichos saltos aprovechados para la práctica de esa actividad. Carlos y yo quedamos por detrás y bajamos hasta el cauce para ver uno de los saltos.
De nuevo en el camino nos metimos entre bosque de avellanos, castaños etc. Más adelante encontramos un puente de madera sobre el que pasamos a la margen derecha del río, cuyo nivel ya estaba igualado al del sendero. En él paramos a sacar unas fotos antes de continuar entre numerosa vegetación y cerca de un antiguo molino ya bastante derruido. Enseguida vimos a nuestra derecha unos prados hacia los que subía el sendero y en los que vimos sentadas a varias personas. Con la duda encima decidimos seguir otro ramal de la izquierda entre el ramaje hasta que comenzó a girar con la misma dirección que el anterior. De esa forma salimos a los prados y vimos de frente la ermita – iglesia de Pedroveya. Tras unos metros por la empinada pradera alcanzamos la misma viendo el pueblo unos 200 metros más adelante.
Eran las 13:30 horas aproximadamente cuando llegamos a dicho lugar. Verdes praderías entre altas cumbres y en medio los pueblos de Pedroveya, Rebollada y Dosangos hacían de dicho entorno algo verdaderamente idílico. Cercano a la iglesia, dedicada a San Antonio, vimos el centenario tejo del que hacían referencia los apuntes que llevábamos. A su alrededor se acomodaba numeroso personal comiendo y disfrutando del veraniego día.
Nosotros continuamos unos metros por la carretera que une la ermita con el pueblo y en una sombra de un árbol hicimos lo mismo. Sentados en la pradera comimos tranquilamente disfrutando de toda aquella maravilla visual. Al terminar, algunos nos animamos a bajar al pueblo, distante unos 400 metros. En él contemplamos varios hórreos típicos asturianos y otra pequeña ermita de piedra. Entramos al bar y tomamos un café, que tuvimos que soplar “muy mucho” para que enfriase. En el mismo, y en las mesas exteriores, se juntaba bastante gente degustando la típica fabada asturiana.
De regreso comenzamos a preparar para bajar. Sobre las 15:30 horas emprendimos dicho descenso. Cabía la posibilidad de hacer una ruta alternativa de regreso, pero había que subir hasta una collada y no había ya ánimo para ello. Se pasaría por Rebollada para subir a la misma y luego bajar a Villanueva desde donde caminaríamos por la carretera hasta el coche. Según el folleto nos llevaría unas tres horas más. Por ello cogimos el mismo itinerario de ida salvo al comienzo, que lo hicimos por el tramo que bajaba por los prados hasta dar con el cruce que antes habíamos visto y dejado atrás.
Así entramos en la senda entre vegetación dejando aquellas verdes praderas por detrás de nosotros. Volvimos a pasar cerca del molino y por otro puente de madera sobre un arroyo. Cuesta abajo empezamos a coger velocidad por la inercia a pesar de no tener prisa alguna. No tardamos en llegar a la segunda pasarela sobre el arroyo de Las Xanas continuando un tramo más por entre vegetación más o menos tupida. El río volvió a coger desnivel con la senda y poco a poco entramos en el desfiladero. El sol de la tarde daba otro aspecto distinto al paisaje, lo que motiva de nuevo a irse fijando en los detalles de la ruta.
Cercano al río, muy abajo, veíamos algunas sendas que suponemos utilizan los que practican el descenso de cañones, como ya dije. Aunque no es probable que haya mucho caudal de agua, ya que la altitud es poca y no nieva en abundancia, lo estrecho del desfiladero en algunos lugares sí que hace bajar el agua con fuerza.
Sin apenas darnos cuenta tuvimos a la vista el pueblo de Villanueva, en el valle de la carretera. El último trecho es el más empinado, si puede decirse que lo es. Tras atravesar el pequeño túnel variamos la dirección, ya paralela a dicha carretera, y en pocos minutos alcanzamos la que sube a Tenebredo. Solo nos quedaban esos 300 metros hasta la zona de aparcamiento donde teníamos los coches.
No eran las 16:30 horas cuando dimos por finalizada esta bella travesía. Sin tardanza nos cambiamos la ropa sudada y calzado, lo que constituye siempre un gran alivio. Por su parte José F., junto con María y José Antonio, que iban con él, se despidieron de nosotros ya que el primero tenía que ir hasta cerca de Gijón a coger unas cosas en una casa que por allí tiene. Nosotros optamos por acercarnos a tomar un refrigerio en Proaza, donde celebraban las fiestas del Cristo. En un bar estuvimos un rato antes de ponernos de regreso a casa.
En vez de hacerlo por Ventana, decidimos venir por Pola de Lena. Ricardo sí que venía por allí ya que quedaba en San Emiliano. En Caranga de Abajo cogimos el desvío a esta carretera en la que no tardamos en encontrar obras de ampliación de la calzada. Lo hicimos por aguantar y al final tardamos más que a la ida. Cómo no teníamos prisa alguna, no nos importó. Además, el paisaje que contemplamos mereció la pena. Al llegar al alto de La Cobertoria hicimos una parada para disfrutar más ampliamente del mismo. Hacia una parte teníamos todo el valle por el que habíamos subido con numerosas y altas cimas. A la vertiente contraria veíamos Pola de Lena en el fondo del valle y los coches pasando por la autopista.
Tras una breve pausa reanudamos la marcha bajando dicho puerto, ya sin obras, contemplando en las laderas una gran cantidad de sabinas con un bello color a la luz del atardecer. Un poco tarde las vi para parar a sacar una foto de ello. Así llagamos a Pola y entramos en la autopista hacia Campomanes. Optamos entonces por salir y subir el puerto ya que no era tarde aún. A la mitad pillamos un camión que sí nos hizo ralentizar la subida. Tras pasarlo en un tramo adecuado alcanzamos la cima y entramos en León. Sin novedad circulamos por la nacional pasando Villamanín, La Robla y entrando en la ciudad poco después. Alrededor de las 20:30 horas bajamos Carlos y yo en Armunia dejando a Miguel seguir el último trecho hasta Valdevimbre.
Y esto es todo lo ocurrido en esta jornada dominical. Acompañada la lectura de esto con la vista de las fotos, uno se puede hacer una ligera idea de lo vivido por el grupo durante la misma. Eso sí, como experimentarlo uno mismo no hay.