lunes, 13 de febrero de 2006

"PIEDRA NIDIA" (Pinos) 12-02-06

 


1ª TRAVESÍA “PINOS-CASA MIERES-PIEDRA NIDIA (1ª ASCENSIÓN)-RÓNZON-PINOS”.

12-02-06   (Domingo)

Tercera salida del año del club y segunda mía. En esta ocasión nos hemos desplazado hasta la zona de Peña Ubiña para ascender a una peña cercana, no muy alta, pero con vistas espectaculares. Lo que en principio iba a ser una corta travesía, para mí se hizo eterna ya que, tras un mes sin salir, me encontraba en bastante mal estado físico. Aún así, compensó dicho esfuerzo las vistas de las que disfrutamos y el día tan inmejorable que tuvimos.
En la moto me acerqué a Guzmán donde nos reunimos los nueve participantes de esta marcha: José Luis, Irma, Roberto, Javi F., José A., Luis, Álvaro, Juan y yo. Poco después de las 8:30 horas emprendimos el viaje hacia Pinos. Salimos por la carretera de Caboalles hasta La Magdalena donde accedimos a la autopista para evitar el tramo del pantano. Tras pasar el puente colgante abandonamos ésta y después de unos 20 Km más llegamos a San Emiliano. Aquí cogimos otro desvío por una estrecha carretera hasta terminar en Pinos sobre las 9:30 horas.
Situado en un valle sombrío, la temperatura era baja en dicho pueblo. Por otra parte, las vistas eran amplias hacia la zona de La Cañada. Tras prepararse para la ruta, comenzamos la misma cuando eran las 10:00 horas. Salimos por un camino ligeramente ascendente hacia el interior del cerrado valle. En las laderas y tejados de las casas se veía nieve, pero no tanta como esperábamos. En el camino incluso apenas si encontramos algunos trozos. Paralelo al camino bajaba el río de Pinos, el cual atravesamos por puentes en varias ocasiones. Hacia la parte izquierda, por detrás de las lomas de este valle, asomaban las cumbres de las dos Ubiñas entre las cuales luego pasaríamos. Recorriendo el valle transcurría una línea eléctrica de alta tensión que estropeaba en parte la bonita vista del mismo. Cuanto más ascendíamos, mas nieve encontrábamos en la pista. Incluso en varios tramos estaba helada por completo teniendo que extremar la precaución de no resbalar.
Por fin salimos de la estrechez del valle y se abrió éste en forma de praderías cubiertas por el blanco manto. Atravesamos el mismo antes de divisar por fin el gran refugio de Casa Mieres. A las 11:30 horas y tras 6 Km recorridos llegamos al mismo. Aquí paramos un buen rato y tomamos un tentempié. El refugio estaba cerrado y en uno de sus laterales se podía ver un escudo de piedra.
Una media hora más tarde emprendimos de nuevo la marcha entrando en un valle lateral por detrás del refugio con dirección al collado El Ronzón. Encontramos muy cerca un estanque artificial completamente helado por encima del cual se podía andar sin peligro alguno. La pendiente se hizo más pronunciada y el sendero apenas si se distinguía entre la nieve. Por encima del lago había otro refugio más pequeño que dejamos a nuestra izquierda.
No tardamos en divisar la cumbre de Piedra Nidia y Peña Cerreos al lado. Ya bastante arriba, en la Vega Candioches, se bifurcó el valle hacia Peña Ubiña y el Ronzón y hacia Asturias, en cuyo límite nos encontrábamos en esos momentos. Por un lado, Roberto y Javi habían continuado por el del Ronzón, a la izquierda, a mí me parecía que iban a cogerlo por lo más duro, así que el resto optamos por irnos hacia la derecha y ascender suavemente y luego serrear. Fue un error como comprobamos más tarde ya que esta peña no tenía continuación con las otras y hubo que bajar.
Comenzamos a atravesar la vega nevada viendo en ella un curioso efecto. En medio había una gran grieta en el terreno y la nieve formaba una especie de pequeño cañón muy bonito. Allí sacamos algunas fotos. No tardamos en llegar a la falda de Peña Parda tras haber recorrido 8,380 Km eran las 12:44 horas.
Como ya dije anteriormente, yo no iba en forma y la pendiente aquella me hizo reducir el ritmo. Poco a poco fui ganando altura y así alcancé la parte alta. Poco más adelante estaba la cumbre en la que ya estaba el resto. Contándoles me salían siete personas, por lo que deduje que los otros dos estaban allí también. Luego vi que se trataba de otra pareja. A las 13:15 horas alcancé la cumbre de Peña Parda desde la cual ya teníamos una gran vista de los valles asturianos con el puerto de Pajares abajo mismo.
Lo que nos bajó la moral fue ver que no había continuidad de estas peñas con la de Piedra Nidia y que había que bajar bastante. A Roberto y a Javi les veíamos en el fondo del valle con dirección a la falda de ésta pero por la parte contraria.
Si más nos encaminamos ladera abajo para intentar ascender luego por una de las canales que más cortas se veían hacía la parte alta de la sierra. Al ser parte norte, algunos tramos estaban helados y había que bajar con algo de cuidado. Así alcanzamos la parte baja y nos dirigimos hacia la base de la sierra de Piedra Nidia. El problema era que las canales tenían nieve y que podía estar helada. Algunos llevábamos crampones, pero otros no. Luis se adelantó y se metió en una de ellas comprobando que hacían falta éstos. Ni Álvaro, ni José Luis ni Irma llevaban, por lo que optaron por abandonar allí la ascensión. Por su parte, José Antonio se había ido hacia otra parte y al final subió no sé como. Luis tuvo que ponerse los crampones a media altura mientras que Juan y yo los colocamos abajo. Eran las 14:30 horas.
Comenzamos entonces a subir una estrecha canal de pendiente muy pronunciada. Los crampones dan una gran seguridad, pero no hay que bajar la guardia. Además, en estas ocasiones tampoco viene mal un piolet, lo que no llevábamos. Sin dificultad alguna alcanzamos por fin la cresta donde estaban Luis, José Antonio junto con Roberto y Javi. Eran las 14:45 horas.
Cercana teníamos ya la cumbre de Piedra Nidia y solo una ladera muy suave nos separaba de ella. A las 15:05 horas, tras 12,500 Km. alcanzamos Luis, Juan y yo esta cima de 1831 metros. Espectaculares eran las vistas desde la misma. Por hacer una lista rápida, entre las cumbres divisadas podíamos contar las de La Silla y el Cirbanal, Brañacaballo, el alto de la estación de Pajares, así como muy lejanos los Picos de Europa con Torre Santa. Allí mismo teníamos imponente la cumbre de Peña Ubiña un poco tapada por el más cercano Cerreos. Al lado Peña Ubiña Pequeña o el pico Prado al otro costado junto con los Castillines, el Siete, etc. Asimismo, como anteriormente, parte de la bajada del puerto de Pajares con la carretera serpenteante. Justo por debajo se veían las vegas nevadas donde habían quedado los tres compañeros que ahora se dirigían a coger la ruta de regreso por otro valle más corto. Álvaro se había acercado justo debajo de las rocas del pico, cuyas paredes caían verticalmente, pero enseguida se unió a José Luis y a Irma antes de emprender el regreso mencionado.
Nosotros nos acomodamos en la cima para comer. Mientras Juan, Luis y yo lo hacíamos en la misma cumbre, Javi, Roberto y José Antonio estaban un poco por debajo. Tuvimos que quitarnos los crampones para andar cómodamente por la roca. Yo había enganchado las polainas con ellos y terminé de romperlas. Más tarde, en la bajada, hice un siete al pantalón, lo que me ha fastidiado más ya que es nuevo.
Antes de emprender el descenso hicimos una foto en la cima y dejamos nuestra tarjeta de cumbres. El plan ahora era alcanzar el collado Ronzón y bajar a Pinos por otro valle, el de Lena. Claro, yo pensé que no había que bajar tanto, y al final descendimos hasta casi el fondo del valle. Como íbamos a pillar nieve, nos pusimos de nuevo los crampones, lo que nos estorbó más que ayudó, al menos en la bajada. A las 16:00 horas emprendimos este descenso. Cresteamos un poco hacia Peña Cerreos, encontrándonos algunas construcciones de piedras en forma circular, antes de comenzar a bajar por la ladera de este hacia el valle. Como digo, la nieve era escasa al ser cara sur y los crampones molestaban lo suyo. No quería quitarlos ya que la subida al collado estaba cargada de nieve y allí podían ser útiles.
De nuevo nos fuimos separando y quedamos Juan y yo por detrás. Yo iba bajo mínimos y ya subiendo lo hacía por inercia. La nieve allí abundaba encontrando tramos helados y otros no tanto. El sol se estaba metiendo tras Peña Ubiña Pequeña y durante un trozo nos dio la sombra. Cuando daba el sol, la nieve helada resplandecía con los rayos inclinados formando unos bonitos reflejos. Por las laderas de peña Ubiña se veía bajar personal y nos cruzamos con un que iba hacia Tuiza.
A las 17:15 horas alcancé el collado Ronzón, 2006 metros, después de haber bajado a los 1700 metros mas o menos. Pues bien, resulta que allí no había nadie ya esperando. Yo la ruta de bajada no la conocía y estábamos Juan y yo solos. Guiado por la intuición, comencé a bajar un poco bordeando Ubiña Pequeña. En ello estaba cuando apareció Luis por encima indicándonos por donde había ido el resto. Yo estaba mosqueado ya que Roberto, que se suponía era el guía y el que la propuso, se había adelantado pasando olímpicamente de nosotros.
Comenzamos entonces a bordear esta peña hasta alcanzar otro pequeño collado desde el cual ya divisamos los valle de Pinos, Villargusan, etc. Por debajo estaban los compañeros ya muy adelantados. A mi parecer estaban dando mucho rodeo y además iban a bajar hacia el valle de Villargusán para luego tener que subir y pasar al de Pinos.
Poco más adelante, después de pasar una zona pedregosa de grandes moles, encontramos una cabaña donde estaba José Antonio cambiándose de botas. La vista de Peña Ubiña por su parte delantera era impresionante y bonita desde aquel lugar con la cabaña en primer plano. Para sacar una foto tuve que borrar alguna de las anteriores ya que no me quedaba espacio en las tarjetas. Eran las 18:00 horas.
Tras quitarme los crampones decidí seguir la ruta que a mí me parecía la mejor visto la bajada que había por delante. Siguiendo algunas veces el sendero y otras campo a través fuimos perdiendo altura hacia el comienzo del valle de Lena que confluye con el de Pinos por el que habíamos subido por la mañana. En él nos metimos bajando cada uno por donde más o menos le pareció. Echando una mirada atrás pudimos disfrutar de una bella vista de las Ubiñas con el rojizo tono del atardecer. Yo seguía apurando fotos y quitando algunas de las de atrás que menos me convencían para poder sacar alguna más. Atravesamos varios arroyos y praderas antes de entrar en un camino por el que subimos unos metros antes de comenzar el descenso final al pueblo.
A las 18:55 horas llegamos a los coches tras un total de 20 Km recorridos. Allí estaba todo el resto de compañeros, tanto los que habían regresado por el otro camino como los que nos habían dejado atrás. Nos cambiamos y poco después emprendimos el regreso. Acordamos parar en San Emiliano a tomar algo y de paso hacer las cuentas de la salida. Así lo hicimos en el bar del cruce donde estuvimos un rato antes de ponernos en marcha hacia León. Avanzamos por la carretera hasta llegar a la entrada de la autopista en la que volvimos a entrar para pasar el pantano y al llegar a La magdalena salimos. Sin novedades entramos en León y llegamos a Guzmán sobre las 20:45 horas. Allí cogí la moto y en pocos minutos llegué a casa.
De esta forma transcurrió esta jornada de montaña. Como digo, las vistas de las que disfrutamos y el tiempo inmejorable compensó con creces el regular estado físico en el que me encontraba y los demás detalles no tan positivos de la misma.    




















lunes, 16 de enero de 2006

INTENTO A "LOS VALLINES" (Carretera Pandetrave) 15-01-06

 


INTENTO DE ASCENSIÓN A LOS “VALLINES”.

15-01-06   (Domingo)

Comenzamos el año con una ascensión frustrada por la mala climatología, ya anunciada por otro lado. La nieve, pero sobre todo la niebla, nos impidió alcanzar la cumbre no muy lejana ya. Aún así, resultó un día agradable y no podemos quejarnos del resultado, más si cabe como digo, a sabiendas de las pésimas previsiones.
A las 8:00 horas llegué a Guzmán donde ya estaba Antonio esperando. Desde allí nos dirigimos hacia La Granja donde llegaron Javi F., Roberto y Amador en el coche de éste último. Por último recogimos a Ramón en Villaobispo y salimos sin más por la carretera de Santander mientras el cielo se mantenía nublado. Por ella alcanzamos la carretera de Boñar y poco antes de éste volvimos a desviarnos por otra vía hacia Sabero y la carretera de Riaño. Ya por ella fuimos avanzando hacia esta villa bordeando al pantano. Para nuestra sorpresa, la carretera estaba completamente limpia y la nieve abundaba incluso a partir de media ladera para arriba.
En Boca de Huergano nos detuvimos y tomamos un café durante unos minutos. De nuevo en marcha llegamos a Portilla de la Reina donde decidimos dejar mi coche y subir los seis el poco trayecto hasta el comienzo de la ruta, unos cinco kilómetros mas arriba por la carretera de Pandetrave. Como anécdota, ya casi en el punto de parada nos encontramos con la guardia civil. Claro, íbamos seis en el coche, lo que no realmente tampoco era grave teniendo en cuenta las circunstancias y el trayecto. Lo ocurrido fue que, yendo pendientes de ellos, nos pasamos el punto de comienzo unos metros y tuvimos que retroceder. La patrulla había parado unos metros antes y nos preguntábamos, con guasa, que pasaría si nos veían salir a los seis del coche.
Eran las 10:00 horas aproximadamente cuando llegamos a este punto, el kilómetro 4,800 de la carretera de Portilla a Santa Marina de Valdeón. Allí nos preparamos con polainas, cazadoras, guantes, etc. Y sobre las 10:30 horas emprendimos la ascensión entrando en un camino cargado de nieve después de pasar, por donde pudimos, el arroyo Vallines de Arriba. Eso pasó por no coger el camino en su comienzo, pero allí era justamente donde esta parada la patrulla con otro vehículo.
Ya en dicha pista, que intuíamos mas que ver, pasamos por encima del arroyo de nuevo entrando de lleno en el valle cargado de nieve blanda, la peor para avanzar cómodamente. Este camino hizo un zigzag hacia atrás antes de dirigirse valle arriba nuevamente. En una media hora alcanzamos una bifurcación por la izquierda por la que según el mapa había que continuar. Por allí bajaba otro arroyo secundario y con poco caudal en el que nos metimos casi por el medio de él.
Avanzamos un tramo en esa dirección antes de cambiar el rumbo hacia el este mas directamente al pico. Poco a poco vimos como la niebla iba cerrándose y se escapaban copos de nieve, lo cual no auguraba nada bueno. La pendiente se hizo más pronunciada y se bajó el rito, yo al menos. Además, como digo, la nieve mas bien blanda no facilitaba la marcha. Seguimos una vaguada mas bien estrecha paralela al valle principal del arroyo Vallines de Arriba alcanzando mas arriba la cresta entre los dos valles. La niebla se cerraba cada vez mas y durante un rato nevó con ganas. Además soplaba algo de viento del oeste que levantaba remolinos en la nieve polvo del suelo. Eran las 12:00 horas.
Yo había quedado por detrás y no tardé en agregarme a Antonio mientras el resto iban poco por delante. Nos encontramos entonces con unas formaciones rocosas en la cresta y las bordeamos por la izquierda siguiendo casi a tientas la mejor opción. Yo me lo iba tomando con calma ya que llevaba unos días con algo dolor de piernas y cadera que en esas circunstancias se podía agudizar. Acompañado de Antonio fuimos avanzando por la fuerte pendiente mientras la visibilidad era ya nula por completo prácticamente. Apuntaré que, tanto mi hermana como Luis, un compañero del club, me habían mandado sendos mensajes diciendo que en León estaba nevando bastante.
Bordeando dichas rocas, y a la una de la tarde, vimos como el resto que nos precedía, comenzaba el descenso hacia nosotros. Habían alcanzado una collada cercana y no viendo absolutamente nada, decidieron emprender el descenso. En esos momentos nevaba poco, pero la niebla hacía del suelo blanco y el resto del paisaje se fundieran en un completo cuadro monocolor. Reunidos todos nos hicimos unas fotos con el banderín y una bandera de León delante de las rocas antes de emprender el descenso poco después de las 13:00 horas.
De nuevo se adelantaron algunos mientras yo, vista la pendiente que había, no lo dudé y saqué el plástico que en invierno siempre meto en la mochila. Con él me tiré haciendo “culoskí” varios metros disfrutando realmente de este descenso. Como quería grabar con la cámara de fotos, me quité los guantes para sujetarla bien, lo que me supuso quedarse los dedos helados cuando al parar raspé las manos en la nieve. Todo sea por una buena toma. La nieve blanda me impedía coger mas velocidad, pero no estuvo mal. Me entretuve con la cámara, los guantes, etc. y me adelantaron todos. Ya bastante abajo había un pequeño árbol de tronco torcido que me pareció una bonita estampa en medio de la nieve.
Me uní entonces a Antonio para seguir bajando por la vaguada de ascenso teniendo cuidado de no hundirnos en los tramos de nieve con arroyo debajo. Al final ninguno nos libramos de ello quedando enterrados hasta mas arriba de la cintura, eso sí, con un buen rato de risas.
De esa forma alcanzamos el arroyo perpendicular al principal por el que recorrimos unos metros antes de llegar a la confluencia con este último cuando eran las 14:00 horas. Aquí retomamos la pista cargada de nieve que baja paralela al arroyo. El mismo arroyo entre la nieve y algo de arboleda tenía una vista realmente bonita a pesar del día gris. Ahora apenas nevaba y la niebla cerrada había quedado arriba, pero estaba bastante oscuro. Zigzagueamos siguiendo el camino antes de pasar sobre el arroyo. Antonio se había adelantado y me quedé solo por detrás. Ahora no abandoné la pista y así salí a la carretera cuando eran las 14:20 horas.
El coche estaba unos 100 metros mas arriba y Antonio venía de allí caminando. Intentamos hacer señas a Amador y Roberto, que estaban dentro del coche, para que se acercaran y no nos veían. Al final casi llegamos donde ellos antes de ponerse en marcha. Javi y Ramón estaban carretera adelante ya caminando hacia Portilla y les alcanzamos casi en el pueblo. Así atravesamos éste y paramos donde había dejado yo la furgoneta, en el cruce de entrada al pueblo. Por cierto, no expliqué la razón de haberla dejado allí. Ésta no era otra que, en caso de haber subido al pico y tener mas o menos buen tiempo, habríamos bajado por otro valle hacia Llánaves y luego carretera abajo hacia este punto.
Aquí nos cambiamos y decidimos, como ya habíamos hablado, parar a comer en algún bar, restaurante, etc. cercano. A mi no me parecía mala idea del todo, a pesar de tener la comida que había llevado, lo que sí les indiqué fue que se mirase el precio de la misma ya que, y no por tacañería ni nada por el estilo, pero no me parecía lógico gastarse una exageración en una comida de una salida normal de montaña, lo que a mi parecer, y sin entrar en detalles, luego pasó.
Tras cambiarnos la ropa húmeda emprendimos el viaje de retorno con esa intención. En las paredes de los laterales de la carretera había unas bonitas formaciones de hielo que no pude por menos de parar a fotografiar. Al final paramos en Boca de Huergano y en el mismo restaurante de la mañana. No tenían plato del día y pedimos a la carta, tampoco nada del otro mundo, por lo que como ya indiqué, salió mas caro.
Ya cerca de las 17:00 horas reemprendimos Antonio y yo el retorno hacia Riaño disfrutando de nuevo de una vistas impresionantes de los picos nevados, el pantano, la niebla, etc. También paré a sacar una foto. El resto, en el otro coche, habían decidido volver por Prioro. Bordeamos nosotros el embalse con la carretera húmeda pero sin nieve. Y ya tras pasar la presa, en el tramo hasta Cistierna, volvimos a ver increíbles parajes nevados entre niebla y roca. Curiosamente, y al contrario de toda lógica, fue a partir de Cistierna donde comenzamos a ver nieve en la carretera y en el aire. Extremando la precaución para evitar deslizamientos o derrapajes, ya que con la fina capa es donde más probabilidades hay de que ocurra, fuimos avanzando hacia Mansilla mientras anochecía. En esta villa cambiamos el rumbo a la capital donde entramos también pisando nieve y cayendo mas o menos abundantemente. A las 18:40 horas aparcamos en Guzmán y me despedí de Antonio. Sin más, con la nieve cayendo sin cesar, llegué a casa a las 18:55 horas.
En definitiva, a pesar de no haber alcanzado el objetivo, personalmente me ha quedado una grata sensación de esta jornada montañera, primera de este año 2006.
















lunes, 5 de diciembre de 2005

BELÉN DE CUMBRES "PEÑA SAN PEDRO" (Pantano del Porma) 04-12-05

 


2ª ASCENSIÓN A LA “PEÑA SAN PEDRO”. (Belén de Cumbres).

04-12-05         (Domingo)

Última salida oficial del club por este año que coincide habitualmente con la colocación del Belén de Cumbres. En esta ocasión la hemos programado a principio de mes con vistas a poder retrasarla en caso de mal tiempo u otras circunstancias imprevistas. Al final, y a pesar de la mala previsión de la climatología, que solo se cumplió en parte, decidimos no aplazarla y seguimos adelante con los planes previstos.
Mínima participación la que tuvimos, aunque no por ello con peor resultado. En Guzmán nos reunimos cuatro de los cinco participantes en la misma. Tras recogerme Toño en casa, llegamos a dicho lugar donde nos juntamos con Antonio y Luis. El último componente, Álvaro, nos esperaba en el punto de comienzo al estar cerca de Solle, pueblo de sus padres. A las 8:30 horas iniciamos el trayecto hacia Lodares, unos caseríos cercanos al pantano del Porma. El viaje lo hicimos por la carretera del Torío hasta Robles de la Valcueva donde giramos con dirección a La Vecilla. Atravesamos ésta continuando hacia La Vega de Boñar donde enlazamos con la que sube hacia San Isidro.
En Boñar nos detuvimos en la plaza del Negrillón a coger agua y sacamos algunas fotos del tronco de este emblemático árbol símbolo de dicha villa. El cielo nublado dejaba escapar algo de lluvia. Con ese panorama llegamos a Lodares sobre las 9:45 horas donde ya esperaba Álvaro. En la entrada de un camino hacia unas cuadras aparcamos los coches y alrededor de las 10:10 horas emprendimos la ascensión. La cumbre del pico se mantenía cerrada por completo de niebla, aunque al ser de escasa altura, podíamos ver casi en su totalidad la ruta de ascenso.
Tras saltar la protección de la carretera entramos en los prados inclinados de la falda. Hacia atrás contemplábamos gran parte del pantano del Porma situado al borde mismo de la carretera. Apuntaré aquí que yo llevaba los bastones tras haber conseguido arreglarlos en parte. La cazadora y las polainas evitaban la lluvia y el frío, no muy intenso por cierto. Así alcanzamos el alto de una loma por la que continuamos ascendiendo más suavemente entre algo de matorral. Tras un ligero descenso llegamos a una collada por la que cruzaba una especie de camino que más arriba se unía a otro más marcado. Eran las 10:50 horas.
Entramos en este camino que subía a media ladera entre escobas y ya con algo de nieve en el suelo. Continuaba lloviendo y por la pista más ancha llegamos a un punto desde el cual decidimos abandonarla para subir directamente por la falda del pico. La pendiente se agudizó mientras nos acercábamos a unas rocas que daban paso a una vaguada. Aquí estudiamos las alternativas. Por un lado podíamos subir siguiendo la cresta de aquellas rocas o hacerlo por el medio de la vaguada. Por su parte, Toño atravesó la vaguada y ascendía ya por la cresta contraria. Nosotros optamos al final por subir hondonada arriba donde la nieve se acumulaba un poco más, pero las crestas nos parecían algo más complicadas.
La inclinación se acentuó aún mas, aunque no se subía mal del todo. Nos alternamos para ir abriendo camino en la nieve mientras zigzagueábamos buscando la mejor ruta de subida. De pronto dejamos de ver a Toño y le llamamos sin obtener respuesta, lo que me mosqueó un poco. No era difícil dar un mal paso por donde él iba sin enterarnos. Hasta que no apareció no respiré tranquilo.
Tras un rato por esta vaguada vimos por fin la enorme cruz en la cercana cima. Los últimos metros se suavizaron y a las 12:20 horas alcanzamos la cumbre de esta sencilla cima. Toño lo había hecho poco antes habiendo divisado en otro picacho cercano un hito de piedras. Hacia él nos dirigimos encontrando un bote con una tarjeta de cumbres. Optamos por recogerla pero dejar la nuestra en la cumbre de la cruz junto al belén.
Esta cima tiene una altitud de 1611 metros y el desnivel desde la carretera es de unos 500 metros. En ella, como ya comenté, hay una cruz metálica de unos 4 metros de altura. Algo por debajo de la misma hicimos un hueco para colocar el Belén. Como es tradición, colocamos alrededor el turrón, cava, etc. para sacar unas fotos del mismo. Algunos comieron un bocata antes de empezar con los dulces, pero a mí no me apetecía todavía a esa hora. No faltaron tampoco los villancicos con panderetas y demás. Para mayor regocijo, vimos como dejaba de llover y se iba abriendo el paisaje hacia el norte. No tardamos en divisar el Susarón, el Bodón de Lugueros así como otras cimas de la zona. En el valle que entra a Reyero se veía el pueblo de Pallide. Abajo distinguíamos los coches aparcados cerca de la carretera. Lo cierto es que disfrutamos inmensamente tras el panorama que veníamos teniendo. Antes de emprender el descenso sacamos unas fotos en torno a la cruz y con el Susarón de fondo. Por encima volaban dos enormes rapaces y algunos cuervos.
Poco antes de las 14:00 horas abandonamos Antonio y yo la cumbre, el resto lo había hecho poco antes y ya no les pillaríamos. Tras bajar unos metros a Antonio se le ocurrió dejar el pan que le había sobrado para los pájaros. Me lo entregó y subí un poco para arrojárselo junto con lo que yo no había comido.
Siguiendo nuestras huellas fuimos perdiendo altura mientras continuábamos disfrutando de todo el entorno. Hacia arriba había un bello contraste de la roca sombreada y el azulado cielo. Vaguada abajo llegamos directamente a la pista. En las laderas vimos unos tubos de plástico dentro de los cuales se protegen los árboles recién plantados. Íbamos entretenidos hablando y nos pasamos el desvío de este camino hacia el que bajaba a la collada. Retrocedimos unos metros y nos encaminamos hacia ésta. En esos momentos, hacia el frente, pudimos ver completamente despejada la cumbre nevada de La Polinosa, en los Mampodres.
A través de las mismas verdes laderas, ahora parcialmente soleadas, bajamos poco a poco hacia la carretera. Ya cerca de ella tuvimos una bella vista del pico con estos montículos en primer plano. A las 15:30 horas nos reunimos con el resto al lado de los coches. Antes de nada, y como ya había hecho por la mañana, saqué una foto de todos con el pico, ahora visible, de fondo.
Tras cambiarnos la ropa humedecida nos dirigimos en ambos coches hacia Pallide, pueblo cercano donde entramos en el bar a tomar algo. Allí estuvimos un buen rato antes de despedirnos de Álvaro, que volvía a Solle, mientras nosotros lo hacíamos hacia León. Sobre las 17:00 horas salimos de este pueblo y nos encaminamos a la capital. Dejamos atrás el pantano y luego Boñar, optando por volver ahora por el Puente Villarente.
Sin novedades entramos en la ciudad y ya en Guzmán terminamos este retorno cuando daban las seis en el reloj. Toño me trajo hasta casa donde me despedí de él.
Y de esta forma dimos por finalizado este año en cuanto a excursiones del club se refiere. Solo nos queda la cena de Navidad el día 10 y rematar el tema de la rifa de la cesta como ya es habitual.