lunes, 3 de septiembre de 2012

CUMBRES DEL ANGLIRU - (Asturias) 02-09-12

 


1ª ASCENSIÓN A “LA GAMONAL”, “MONCUEVO” Y “GAMONITEIRO”. (El Angliru, Asturias).

02-09-12           (Domingo)

Como primera salida de este mes de septiembre teníamos programada la ascensión a varias cumbres en la Sierra del Aramo, en el alto del Angliru de Asturias. Hace unos años lo habíamos intentado sin éxito por la nieve acumulada en la misma carretera de acceso y luego un grupo del club sí lo había conseguido. En esta ocasión la mayoría ascendimos tres de las principales cumbres y algunos compañeros dos más. A la salida hemos ido cinco componentes: Álvaro, Mª Jesús, José Antonio, Gloria y yo.
A las 8:00 h. salimos de Guzmán en el coche de José A. por la nacional hacia Pajares. El cielo se mantenía despejado, lo cual era raro en la parte asturiana. Eso nos animaba, y tras bajar el puerto, llegamos a Pola de Lena dónde nos desviamos por carreteras secundarias hacia Riosa tras el cual emprendimos la subida del puerto Angliru. En aquella ocasión encontramos nieve desde la parte baja donde dejamos los coches para subir andando por la carretera oculta bajo cerca de dos metros de espesor. Ahora lo subimos sin dificultad con el coche, aunque apurando las marchas más cortas por la pendiente de más del 20 % de algunos tramos y sus curvas cerradas.
A las 10:00 horas, tras 115 Km., llegábamos a la parte alta, 1550 m, donde termina la carretera en un aparcamiento en el que dejamos el coche. Nos preparamos para la marcha con el primer objetivo a la vista y cercano, La Gamonal. A las 10:20 horas emprendimos la ruta metiéndonos hacia una hondonada emplazada entre el aparcamiento y la ladera del pico en la que bajamos unos 50 metros. Procuramos ir ladeándola para no perder demasiada altura, pero yo creo que hubiese sido mejor seguir la ruta normal que la atraviesa directamente.
Así nos metimos en una zona pedregosa que, sin oponer mucha dificultad, creo que nos retrasó. Íbamos sesgando el hoyo por la parte Norte hasta que nos metimos de lleno en la misma ladera de la cumbre. Por una cresta rocosa fuimos ganando altura dejando a un lado una ganadería con perros que nos ladraron. José Antonio se había ido más al Norte y seguía otra cresta paralela.
Cómodamente fuimos cogiendo altura y alcanzamos la cumbre de La Gamonal a las 11:10 horas. En la misma hay instaladas unas antenas y un panel solar grande de alimentación. En un buzón con forma de hórreo dejamos nuestra tarjeta y cercano vimos un belén entre unas rocas. Allí nos sacamos también unas fotos. La brisa del Norte nos hizo abrigar.
Desde aquella altitud de 1712 metros teníamos una vista impresionante como luego ya no volvimos a tener. Desde Oviedo a Gijón así como Grado y creemos que Avilés. Infinidad de cumbres tanto asturianas como leonesas emergían de Suroeste a Sudeste. Picos de Europa, Macizo de Ubiña y cumbres cercanas al mismo como Peña Rueda, Tapinón, etc. Otras tantas de Somiedo y Ventana, Mampodres, Sierra del Cuera y el Pienzu en la del Sueve se contaban en la panorámica que teníamos desde aquella magnífica atalaya. Como no, allí mismo surgían todas las de esta sierra del Aramo cuya máxima altitud es el Gamonitéiro, emplazado a unos 5 kilómetros en línea recta destacando sus grandes antenas y la caseta. A su lado estaba el pico Xistras y en medio teníamos el Moncuevo y Barriscal que completan las cinco principales cimas del macizo y objetivos posibles de la jornada. En el aparcamiento veíamos ahora numerosos vehículos que antes no estaban.
A las 11:50 horas emprendimos el descenso hacia el valle por la ladera Sudeste encontrándonos con zonas cerradas de matojos y rocas cortantes que sorteamos como mejor se pudo. Así llegamos a la parte baja donde la altitud es de unos 1460 metros para comenzar a remontar sin más la ladera del Moncuevo. Lo hemos cogido transversalmente pasando entre una manada de caballos y dejando a la derecha, y algo alejado, un refugio en la base de unas rocas en las que además se veía una cueva en la parte alta.
Fuimos ganando altura gradualmente, unos por un lado y otros por otro, con dirección a una collada entre la cumbre principal y otra más baja al Norte. A ésta decidió subir Mª Jesús mientras Gloria y Álvaro se metían en una canaleta hacia la principal. Yo opté por seguir las indicaciones del mapa que llevábamos y bordeé la cima hacia el Este para encaramarme luego por roca en los últimos metros a la cumbre a la que llegué a las 12:55 horas.
El Moncuevo tiene una altitud de 1719 metros y en ella hay una placa incrustada en la silueta de un montañero hecho de chapa. No hay buzón en el mismo y sí un hito de piedras entre el que dejamos nuestra tarjeta tras recoger otra. La vista también es amplia comprobando como la bruma iba difuminando el paisaje hacia la costa.
Tras hacernos unas fotos retomamos la marcha a las 13:25 horas descendiendo por la loma Suroeste hacia una collada del pequeño macizo que se alarga en esa dirección cerca de un kilómetro. Al llegar a dicho collado vimos un bonito valle hacia la derecha que terminaba en una verde campa abajo. En vez de bajar desde el mismo a la Vega Barrera, optamos por crestear toda la sierra siguiendo un sendero que transcurría por la roca y muchos tramos entre matorral que tuvimos que sortear. De continuo íbamos viendo la cumbre del Gamonitéiro al que nos dirigíamos ahora y para el que nos quedaba aún una buena tirada.
Al final de la sierra se encuentra la cima del Vallongo, de 1623 metros, a la que algunos optaron por subir. La gran cantidad de matorral de la misma hacía no muy fácil el acceso y Álvaro y yo decidimos olvidarla y reservar fuerzas para el resto de cumbres principales que nos restaban. Los otros tres compañeros siguieron cresteando a la misma mientras nosotros dos seguimos el sendero que comenzaba a bajar hacia la Vega Barrera o Teicieyu, como marca el mapa. Entre más matorral y roca fuimos perdiendo altura hacia el valle tras el cual corría la sierra en la que se emplaza el Barriscal. Pasamos entre los restos de unas brañas, las de Vallongo podían ser, y llegamos al fondo del valle dónde formaba un pequeño colladín en medio de la vaguada. Echando la vista a la parte baja del valle veíamos Peña Rueda y Ubiña justo frente a nosotros y “a tiro de piedra”. Allí la altitud era de unos 1450 metros y eran las 14:30 horas.
Sin más comenzamos a ascender por la ladera herbosa siguiendo un sendero medio marcado con dirección Sur que ganaba altura muy suavemente. Por la falda del Vallongo bajaban ahora los compañeros hacia el valle. Nosotros pasamos luego por encima de un rebaño de cabras custodiado por un par de perros que nos ladraron al acercarnos. Tras atravesar una zona pedregosa llegamos al final de la sierra del Barriscal en su parte Sur en el marcado como Campa Teya, en ella pastaba un rebaño de vacas, una de ellas con un bonito ternero que estaba amamantando.
Frente a nosotros volvíamos a ver el Gamonitéiro y delante algo que no nos hizo mucha gracia, otro valle. Bordeamos este final del macizo mientras nos alcanzaban los compañeros y estudiábamos un poco la ruta mejor de bajada evitando algunos hoyos que había. Allí estaríamos a unos 1600 metros de altitud y eran las 14:55 h.
Comenzamos a descender con dirección a la cabecera de este valle por el cual subía un camino ancho desde la desembocadura. El terreno era pedregoso y el sendero apenas inexistente. Encontramos más ganado en la ladera del mismo. José Antonio y Gloria pararon a comer un bocata y quedaron por detrás mientras Álvaro ya se adelantaba unos metros. Pasamos una zona rocosa con pasadizos y canaletas antes de llegar a la parte baja del valle cubierta por numerosos cardos. Eran las 15:25 horas y estábamos a 1500 metros de altitud.
Ahora cabían dos posibilidades, seguir el camino que subía del valle y que luego emprendía una rampa en zigzag a la cima o atajar por una loma de hierba más corta pero bastante pendiente. Optamos por ésta última opción y nos metimos en esta ladera Norte del Gamonitéiro improvisando nosotros los giros serpenteantes para hacerlo más llevadero. Entramos a una zona rocosa que no era homogénea y nos entorpecía más que ayudar. Álvaro se había adelantado un poco más a la izquierda hacia otras rocas de las que luego se desvió también. La inclinación se las traía y solo haciendo esos quiebros era más sufrible.
Llegamos a un punto en el que salimos al camino de tierra por el que bajaba un todoterreno de ganaderos. A ellos les preguntamos por la existencia de una ruta de regreso por otro valle que veíamos confirmándonos que sí se podía. Al poco nos alcanzaron José A. y Gloria que subían por dicho camino mientras Álvaro ya estaba en la cima. Atajamos nosotros algunas curvas mientras a mí me daba de nuevo los calambres en las pantorrillas. Decidí entonces seguir también el camino por el que subí a mínimo paso. Mas arriba enlazó entonces con una carretera asfaltada recientemente que llega a esta cumbre y que, sinceramente, le resta todo el encanto de una cumbre montañosa. Los últimos metros los hice por el asfalto hasta llegar arriba dónde ya estaban todos, al igual que más personal que había subido en coche. Eran las 16:30 horas y la altitud, 1791 m.
Una cruz encima de unas rocas marcan esta cima tan peculiar como fea. Cerca de ella se emplaza el recinto cerrado con un gran edificio y las dos torretas de antenas de telecomunicaciones. Salva todo ello la gran vista que se tiene desde allí también con toda la sierra de Aramo desde el lado contrario a La Gamonal. Ahora sí tenemos Peña Rueda y Ubiña al alcance de la mano. En cambio, la bruma impide ver ya los valles de Oviedo y aún menos la costa. Algunas nubes han comenzado a surcar el cielo y por la zona Norte de la Sierra vemos unas lenguas de niebla que a mí no me gustan lo más mínimo. Al Este, en la misma sierra y no muy lejano, se encuentra el Xistras con sus 1765 metros al que optamos por dejar para otra ocasión.
Ya era buena hora para comer, más bien tarde, y nos sentamos allí mismo a hacerlo. Teníamos un pequeño problema con la cantidad de líquidos que nos quedaban para el regreso ya que, aunque los habíamos administrado, eran muchas horas las que llevábamos. Fue José Antonio el que le echó cara y gracias a eso alguien de los que habían subido en coches nos dieron agua e incluso algunas latas de refrescos que agradecimos sinceramente.
A las 17:30 horas emprendimos el largo regreso al coche. Bajamos de nuevo por la ladera Norte, pero hacia el Lago de La Cueva, por una fuerte pendiente que cogimos diagonalmente. En unas rocas vimos un curioso y gran furaco que traspasaba la caliza totalmente. Seguimos un sendero polvoriento del que nos salíamos a tramos para evitar tragar dicho polvo que se levantaba y pasamos cerca del lago dónde había ganado pastando. A su vera había también un pequeño caseto con un panel solar y un bebedero. Más abajo dejamos atrás los restos de las majadas del Xugu La Bola, zona más baja del valle en aquel punto con 1529 metros.
José Antonio y Gloria habían marchado de nuevo por delante y enseguida les vimos desviarse a su bola hacia la cumbre del Barriscal. Nosotros seguimos el sendero que nos fue metiendo en el valle de la parte Este de dicho pico. En un continuo sube - baja, aunque ganando altura, fuimos bordeando la sierra a media altura encontrando en el terreno unas curiosas zanjas de origen desconocido para nosotros. Así alcanzamos un alto desde el cual vimos la cabecera de dicho valle y lo que nos restaba de subida aún, y no era toda.
Sin perder altura ladeamos el lago Robles y pasamos entre otro rebaño de ganado con dirección a la siguiente collada. En la base del pico Cuadrazales vimos algunas cabañas y por unas campas alcanzamos la collada Llana La Collá con 1591 metros de altura a las 18:50 horas. Desde allí vimos por fin el aparcamiento, pero.... oh! sorpresa, tras otro par de bajadas y subidas.
Bordeamos entonces el Barriscal por su ladera Nordeste mientras perdíamos altura hacia la Vega Barrera que por la mañana habíamos atravesado más abajo. Perdimos de vista de nuevo el coche y antes de llegar abajo se nos unieron Gloria y José A. En la parte baja había un estanque de agua que se alimentaba con varios regueros y tubos que la recogían en diferentes puntos altos del valle. Allí estábamos a unos 1475 metros y eran las 19:30 horas.
Emprendimos la subida por la loma contraria con el cansancio ya haciéndose notar. Yo me tomaba con calma estas subidas para evitar los calambres que de vez en cuando querían reaparecer. Del valle subía un camino ancho al que nos incorporamos poco antes de llegar a otra de las infinitas colladas que habíamos pasado durante toda la ruta. En esta nos reunimos con un joven en moto y al que la falta de gasolina le había hecho subir con ella de la mano hasta el aparcamiento al menos. La altitud aproximada de este punto era de 1591 metros y eran las 19:45 horas. Echando la vista atrás vimos por última vez la cumbre del Gamonitéiro.
El resto de ruta describía una serie de vaivenes por hondonadas en las que vimos unos bonitos caballos pintos y otra cabaña con estanque cercano. Nos comentó aquel joven que usaban mucho motores para conseguir llenar estos estanques al estar muy altos y de ahí también las casetas. Un último tramo en llano nos llevó por fin a la explanada del aparcamiento cuando eran las 20:15 horas. Echando cálculos me salen un total de unos 1100 metros de desnivel acumulado. Los kilómetros ya no me atrevo, pero no menos de 15.
Al pie del coche nos cambiamos antes de emprender el regreso a las 20:35 horas. En un mirador cercano paramos unos minutos a ver los valles al atardecer. Bajamos el pendiente puerto con cautela mientras en el cielo se dibujaban unos bellos efectos luminosos con las nubes. En pocos minutos llegamos a Riosa dónde nos detuvimos a tomar un refrigerio. Media hora después retomamos el viaje, esta vez hacia Mieres por mejores carreteras. Aquí enlazamos con la autopista hacia León que no abandonamos hasta La Magdalena.
A las 23:00 horas llegamos a la capital dónde tenía la furgoneta en la que acerqué a Mª Jesús a casa antes de llegar yo a la mía.
Jornada dura de montaña en la que sin embargo disfrutamos de unas vistas espectaculares de buena parte de la provincia limítrofe y de un tiempo inmejorable.


















lunes, 20 de agosto de 2012

NOCTURNA "SALGUERÓN" (Fontún) 18/19-08-12

 


XXIII TRAVESÍA NOCTURNA. 2ª ASCENSIÓN AL “SALGUERÓN”. (Fontún).

18/19-08-12

Siguiendo el calendario previsto, habíamos programado para este mes de agosto una ascensión nocturna. Tras estudiar las posibles alternativas, nos decidimos por hacer la subida al pico Salguerón, en Villamanín, cumbre sencilla y sin dificultad alguna. Mi idea era haberlo hecho por el valle de Formigoso, que fue por el que yo la había hecho antaño, aunque al final optamos por hacerlo al revés y subir desde Fontún. Salvo algunas incidencias de orientación, la marcha resultó perfecta y toda otra experiencia nocturna. En esta ocasión nos animamos 4 componentes del club: Álvaro, Tiquio, Santiago y yo, acompañados por Rex.

SÁBADO 18
A las 20:00 horas llegó Tiquio a recogerme saliendo hacia Villaobispo en busca de Álvaro. Minutos más tarde emprendíamos el viaje por la carretera de Asturias contemplando la gran humareda del incendio que estos días ha asolado gran parte de monte y bosque en la zona de Castrocontrigo y que ha cubierto toda la provincia. A las 21:10 horas llegamos a Villamanín desviándonos hacia Fontún dónde cogimos un camino bajo la falda del pico Machacao o Fontún. Por él llegamos a las inmediaciones de una nave ganadera y un pequeño refugio cerrado. Santiago, que había llegado en su coche poco más tarde, subió andando desde Fontún.
El paisaje era amplio y bonito viendo el valle de Arbás con las Tres Marías de fondo recortándose a contraluz. Las luces de los pueblos se iban encendiendo y destacaban también en la perspectiva. No tardamos en ver el resplandor de un incendio en la zona de Busdongo con una gran humareda. Anoto aquí que en estas semanas se han producido varios en toda la provincia siendo el de Castrocontrigo el más grave con casi 10.000 Ha. quemadas.
Cerca del refugio había una fuente con pilón en la que llenamos las cantimploras. A la vera del refugio nos acomodamos para cenar tranquilamente mientras oscurecía por completo. Por debajo oíamos voces de gente no muy lejos.

DOMINGO 19
Media hora antes de la medianoche emprendimos la marcha por el camino hacia la collada de Gete partiendo de una altitud de unos 1300 m. Enseguida nos encontramos con tres vehículos aparcados al lado del camino y oímos hablar a personal algo por debajo. Se oían niños, por lo que supusimos que había familias acampadas en el valle. Cruzamos algunos pasos cerrados para el ganado y varios regatos. En este camino vimos además numerosos “bichos” como arañas, chicharras, un sapo y una especie de saltamontes.
Poco a poco nos fuimos acercando a la zona de pinares donde el camino se empinaba un poco más. El arroyo que baja por el valle se llama Aguilorto y se une en Fontún al río del mismo nombre. El camino describía varios zigzag para evitar dicha pendiente que se hacía notar. Las luces de los pueblos seguían viéndose bajo nosotros y por detrás. Además de Villamanín y Fontún, destacaban las de Ventosilla y Rodiezmo. También aparecía en la lejanía un destello en la parte alta de la estación de Pajares, el Brañilín. El incendio seguía activo hacia Busdongo.
Entre pinares fuimos ganando altura contemplando todo ello y sacando algunas fotos. La idea primera, como comenté, era haber subido por Formigoso. Si el coche hubiese podido subir hasta casi la collada de Gete, hubiésemos montado la tienda, o haberla dejado por allí con todo lo de dormir, y haber bajado a Villamanín para comenzar allí la ruta. Al final lo dejamos todo en el coche para la vuelta montar la tienda allí mismo, cosa que no hicimos, como ya adelanto.
A la 1:20 horas llegamos a la collada de Gete, 1594 m, donde encontramos bastante ganadería cerca. Esta collada está justo entre los picos Fontún al Norte y Salguerón al Sur, nuestro objetivo. Como nadie había subido desde allí al mismo, no sabíamos como estaba el acceso, así que teníamos que bordearlo hacia la collada de Formigoso, al Sur. El camino comenzó a bordear el pico por el Este en cuyo valle veíamos Gete y Getino más al fondo. Enseguida llegamos a una fuente que manaba al lado del camino y de la que bebimos. La temperatura era ideal e íbamos en manga corta, nada comparado con los días antes en León que teníamos que ponernos jersey por la noche.
A la 1:50 horas llegábamos a la collada de Valporquero, 1675 m, tras la cual el camino se convertía en sendero entre escobas. Por él bajamos unos metros hasta que desapareció. Sabíamos que tenía que enlazar con el camino que subía desde Valporquero a la collada de Formigoso, pero no cuanto teníamos que bajar ni lo que quedaba. Esta fue la primera de las dos incidencias que nos encontramos durante la marcha.
Tras explorar y estudiar el terreno, decidimos comenzar a subir directamente por la ladera sorteando las escobas como mejor pudiésemos. Santiago aún siguió un poco más hacia abajo en busca de algún sendero que luego dijo haber encontrado. Como nosotros no subíamos mal del todo, le indicamos que se nos uniese. Para situarnos un poco, estábamos en la ladera Este del Salguerón, entre las colladas de Valporquero y Formigoso.
Por suerte no encontramos zonas muy cerradas y pudimos ir subiendo esquivando los matorrales más o menos bien. La pendiente era algo más pronunciada, pero tampoco exagerada. Pasamos algunos corros de roble de verdes hojas y fuimos encontrando zonas rocosas, lo cual nos animaba. A media altura nos sacamos una foto de grupo aprovechando un terreno rocoso de esos. Poco a poco la piedra fue dominando el terreno y se suavizó la cuesta. Así fue como alcanzamos la cumbre del pico Salguerón de 1796 metros a las 2:50 horas.
La vista hacia el Sur era amplia destacando al fondo la iluminación de la ciudad de León entre otras localidades. Al Norte seguíamos viendo Villamanín y pueblos colindantes. Del incendio veíamos ahora incluso alguna llama en la parte alta. En la cumbre no había señal alguna y dejamos la tarjeta entre un montón de piedras apiladas. Nos sacamos una foto de grupo con León de fondo jugando con el flash y la exposición larga de la cámara. No quedó mal una de ellas.
Tiquio había subido una sandía de su cosecha que nos comimos allí mismo. Abajo habíamos degustado un melón. Luego nos acomodamos en una piedras a descansar un rato y disfrutar de esa vista nocturna que pocas veces al año podemos ver. También vimos alguna fugaz durante la marcha. Ahora se notaba más fresco y nos abrigamos. Yo incluso había llevado la cazadora que no me sobró.
Sobre las 4:15 horas emprendimos el descenso. Teníamos que hacerlo ahora hacia el Sur, a la collada de Formigoso, pero no era tan fácil orientarse. Comenzamos a bajar por un lugar pendiente que además se cerraba de matorral alto que fuimos sorteando como pudimos. Sabíamos que bajábamos hacia el valle correcto, pero por lo que yo sabía de la vez anterior, la cuesta no era tan inclinada. Con Santiago y Tiquio por delante, fuimos perdiendo altura rápidamente y peleando a veces con las escobas y robles. Lo que más nos inquietaba era encontrarnos con algún corte o algo parecido que nos cerrase el paso o incluso la vegetación.
No fue así y sin demasiada complicación fuimos bajando hasta entrar en otro pinar de altos ejemplares donde el terreno se despejó de maleza. No tardamos en oír a Santiago diciéndonos que ya estaba en el camino. Nosotros tres habíamos parado unos minutos a disfrutar del cielo despejado y estrellado.
Tras otra zona de escobas y una pradería, salimos nosotros al ancho camino a las 5:50 horas. Estábamos muy por debajo de la collada de Formigoso a la que queríamos haber llegado, aunque en el valle correcto de bajada y del mismo nombre.
Por éste retomamos el descenso parando poco después ya que a algunos se les habían llenado las botas y calcetines de brozas. Yo aproveché para comer un trozo de bocata. Seguimos en pocos minutos por entre el pinar y atajando en una de las curvas cerradas que describía la pista. Además de pinos, seguía habiendo numerosos robles. No tardando dejamos atrás un corral y un refugio en no muy buenas condiciones de uso. Poco después también había una nave ganadera y un pequeño caseto de cemento de recogida de aguas.
Unos 15 minutos antes de las 7:00 horas comenzamos a ver los resquicios del alba. Comprobamos como se había cubierto en este último tramo de la noche y algunas nubes cubrían parcialmente el cielo. Poco a poco se fueron perfilando las siluetas de las cumbres, entre ellas la del Salguerón, bajo el cual vimos la collada de Formigoso en la cabecera del valle. No tardando apareció la carretera general por la que pasaron algunos vehículos. En pocos minutos nos situamos paralelos a ella y varios metros por encima.
Frente a nosotros ya se volvían a distinguir las luces de Villamanín con la sierra de Peña Lasa detrás. El camino nos situó encima de la localidad con una bonita panorámica de toda ella. No tardamos en ver el Valle de Arbás y las Tres Marías presidiendo al fondo. Tras ellas veíamos unas cortinas de lluvia de los nubarrones que cubrían esa zona. Encima de nosotros teníamos claros y nubes que no amenazaban lluvia de momento.
El camino se fue difuminando en las praderías de hierba seca mientras íbamos girando hacia el valle de Aguilorto. Quisimos coger un ramal que enlazaba con el camino de la collada de Gete algo por encima del coche, pero no dimos con él. Pasamos entre algo de ganado y un gran toro ya camino de Fontún. Poco antes del mismo encontramos una explotación ganadera abierta pero custodiada por perros que bordeamos por si acaso.
A las 7:55 horas entrábamos en Fontún, 1130 m, hasta llegar al comienzo del camino de la collada. Allí tenía Santiago el coche con el que subió a Tiquio por el suyo mientras Álvaro y yo esperábamos en la fuente cercana con Rex, que veía como se iba su dueño sin él.
Una de las alternativas para esta jornada era subir al Fontún, pero tras la larga noche que habíamos tenido, decidimos que ya habíamos hecho suficiente por esta vez. En pocos minutos regresaron y nos encaminamos hacia Villamanín donde decidimos desayunar en un bar. En él había gran cantidad de moteros que venían de Asturias y bajaban hacia La Bañeza donde se celebraba la carrera tradicional de las fiestas. El sol aparecía ahora tras el Fontún habiéndose despejado las nubes casi por completo.
A las 9:30 horas emprendíamos el regreso a León haciéndose raro recorrer un trayecto que a esas horas normalmente lo hubiésemos hecho al contrario. Poco más de media hora después quedaba Álvaro en Villaobispo y algo más tarde lo hacía yo en Armunia. Aún tenía casi toda la mañana para dormir.
Así finalizamos esta jornada nocturna de montaña en la que disfrutamos de forma diferente los paisajes a como los vemos habitualmente. Como ya he repetido alguna vez más, de noche sí se ven éstos aunque no lo parezca.



















lunes, 6 de agosto de 2012

NOCTURNA "SOLLE - VIOBA - LINARES - SOLLE" - 04/05-08-12

 


XXII TRAVESÍA NOCTURNA. 1ª TRAVESÍA “SOLLE- COLLADO VIOBA – COLLADO LINARES –

REFUGIO DE LINARES (Nocturno) – REFUGIO – SOLLE (Diurno)”.

04/05-08-12

Después de haber anulado la salida a la Sierra del Cuera, en Asturias, por la mala previsión climatológica, nos hemos decidido a realizar otra marcha nocturna este fin de semana. En principio se pensó en la ruta de Las Fuentes de Omaña, en Murias de Paredes, pero también allí la previsión anunciaba lluvia por la noche. Estudiando algunas alternativas más, y las zonas con mejores perspectivas del tiempo, nos decidimos por el pueblo de Álvaro, Solle. Avanzo ya que acertamos de lleno, ya que no cayó una gota durante toda la marcha y sí en cambio en la no lejana Cistierna, como luego he sabido.

SÁBADO 4
Al final hemos ido 5 participantes: Tiquio, Mª Jesús, Álvaro y yo. Nos acompañaba Luis, mi cuñado, que llevaba tiempo animado a hacer otra ruta nocturna. De Armunia salimos medio lloviendo en el coche de Tiquio a las 20:45 horas para recoger a continuación a Álvaro en Villaobispo. Poco después de las 21:00 horas emprendíamos el viaje por la carretera de Santander hacia el destino. La lluvia seguía cayendo a ratos aunque se veían también muchos claros. Enlazamos con la carretera de Boñar atravesando éste por el centro. Con todo el peso que llevábamos, el cajetín de Rex, colgado de la bola del coche, pegaba en los pasos elevados de las travesías.
Así fuimos avanzando hasta el pantano del Porma en el que paramos a sacar unas fotos. La lluvia había desaparecido casi por completo y solo caían algunas gotas, aunque el cielo seguía amenazando con algunos nubarrones.
A las 22:15 horas llegamos a Solle, 1190 m, aparcando al lado de la casa de los padres de Álvaro, los cuales salieron a recibirnos. Lo primero que hicimos fue cenar allí mismo sentados a la fresca. Alguno cenó lo suyo, y parte de lo mío aprovechando que fui a por agua a la fuente cercana. Si le cojo....... La luna aparecía entre las nubes queriendo poder con ellas. Nos preparamos luego con el equipo al hombro para la marcha que habíamos concretado con los consejos de los padres de Álvaro, y lo resumo.
La idea era subir hasta el collado de Vioba, bajar a Lois, subir al collado de Linares y dormir en el refugio que hay en lo puertos, algo por debajo, del que ellos tenían la llave. Luego por la mañana bajar a Solle de nuevo. Claro, desde el primer collado a Lois la bajada no estaba muy clara por la vaguada directamente, ya que está cerrada de maleza y demás, aunque sí por una pista que da más rodeo hasta bajar al pueblo. Luego detallaré también la incidencia de esta pista.

DOMINGO 5
A las doce en punto de la noche emprendíamos la marcha por las calles del pueblo dejando atrás la iglesia y pasando entre algunos perros del pueblo. Nos cruzamos con unos jóvenes que se quedaron extrañados al vernos cargados con mochilas a esas horas. Nos desviamos luego por el camino de la ermita cerca de la cual se emplaza el cementerio. Allí me detuve un poco sacando unas fotos con la exposición larga. Las nubes formaban un bonito empedrado que destacaba con la luna detrás. En el camino, paralelo al Río del Valle, encontramos algunos trozos encharcados, aunque se veía seco en general. Este valle se llama Reinamón y por él bajamos en otra ruta en el III Encuentro del club hace 6 años.
Pasamos entre arboleda y en unos matojos vimos brillar los ojos de un pequeño animal. Enseguida Rex notó la presencia del mismo y al acercarse salió un gato embalado entre las hierbas. En algunos lugares las ramas formaban un túnel sobre nosotros y en otros veíamos los prados segados al lado del ancho camino.
Más adelante cruzamos un puente sobre el río quedando ésta ahora a nuestra derecha. En varios tramos se juntaban casi a la par éste y el camino. Por detrás de él se veía la silueta de una sierra con varios picachos. En un momento en el que quedó clara la luna pude sacarla una bonita foto con el zoom. Estaba en la primera fase menguante y aún daba mucha luz. De hecho casi no hacía falta encender las linternas en muchos lugares. Había sitios en los que las ramas se cruzaban y había que sortearlas.
Encontramos el indicador que marcaba la dirección a Acebedo siguiendo un estrecho sendero hacia la ladera izquierda y más adelante otro hacia la collada de Murias en la misma dirección. A las 2:50 horas llegamos a una fuente seca con pilón en la que nos detuvimos unos minutos y sacamos unas fotos con la silueta del pico Susarón de fondo.
A partir de allí se terminaba el camino y entramos en un sendero cercano al lecho de arroyo. La pendiente ya se acentuó un poco en este tramo entre escobas y otros matorrales. Por encima oíamos ladrar unos perros y Álvaro nos comentó que había un pequeño chamizo a la vera de unas rocas por detrás de las que luego pasaríamos.
Ya con algo de esfuerzo fuimos ganando esos últimos metros hacia la collada de Vioba, lógicamente invisible en la oscuridad. De pronto apareció por detrás de nosotros un mastín de los que antes habíamos oído. Entre las escobas vimos además varias vacas. Cruzamos también el regato por unas piedras y a las 3:50 horas llegábamos a la collada de Vioba con 1712 metros de altitud. Por la misma atraviesa una alambrada que cruzamos no sin cuidado por los espinos de la misma. Unos metros por debajo, hacia el valle contrario, se encuentra el refugio de piedra en el que ya estaban Álvaro y Tiquio. A su vera había un pequeño tractor con remolque en el que nos sacamos unas fotos. Dentro del refugio había chimenea que habían prendido y un banco. Por el techo, entre las vigas de cemento, vimos revolotear un pájaro. Desde fuera se veía al fondo las siluetas de varias cumbres con la luz lunar.
A las 4:30 horas retomábamos la marcha por un ancho camino que ascendía hacia el Sur paralelo a la línea de cumbres y bordeándolas por la parte Este. Siguiendo el trazado del mismo serpenteamos por la parte alta del valle que cae a Lois y por el que no estaba muy clara la bajada. Llegamos así a un collado desde el cual vimos en la lejanía las luces de la presa del pantano del Porma. Allí cerca había una manada de caballos que se nos acercaban sin miedo alguno.
Fuimos dando una curva por la parte alta de dicha vaguada hasta que llegamos a la collada Hermosa, 1784 m, desde donde tuvimos una bella vista de un mar de nubes nocturno en el valle de Lois. En la lejanía se veían además varias luces de más pueblos. Eran las 5:30 horas y estábamos en la parte más alta de la ruta por debajo del pico Carbonera.
Ahora nos restaba la bajada a Lois, emplazado a 1238 metros, por un camino lleno de piedras sueltas con las que había que tener precaución. Éste describía numerosas curvas en la ladera desde la que vimos algún momento las luces de Lois. Tras varios metros de bajada llegamos a la incorporación de otro camino que subía hacia la derecha y que a Álvaro le pareció que era el que iba hacia la collada de Linares. Aquí surgió una duda.
Eran las 6:30 horas y ya se comenzaba a ver el alba. Lois había desaparecido de la vista y no sabíamos lo que nos restaba aún. Además no conocíamos lugares dónde poder dormir unas horas allí cerca del pueblo. Decidimos aún así seguir bajando hasta que comprobamos como el camino empezaba a subir de pronto tras el paso por una pequeña vaguada. Fue entonces cuando Mª Jesús decidió adelantarse y subir aquel repecho mientras la esperábamos a ver que nos contaba a la vuelta.
Unos minutos después regresaba y nos decía que aún había que subir un trecho y que el pueblo quedaba oculto pero varios metros por debajo. Ya con el cielo clareando decidimos dar la vuelta y emprender la subida directa a la collada de Linares. Podíamos estar allí a unos 1350 metros más o menos.
La niebla aparecía por las partes altas y comenzaba a descender por las laderas de las cumbres. Tras el valle de Lois emergían Los Llerenes y Las Pintas entre otros. El camino se suavizó luego e incluso bajamos unos metros hasta llegar a un refugio que encontramos cerrado. Desde el mismo retomamos la subida y no tardamos en divisar en el valle las dos torres de la iglesia de Lois, conocida como La Catedral de la Montaña por su amplitud. El repecho se hizo notar mientras describíamos varias curvas y el camino llegó a desaparecer en la pradera ya cercana al collado. Tan solo unas rodadas se distinguían en la misma y por ellas alcanzamos esta cota cuando la niebla nos cubría por completo. Estábamos en la collada de Linares, a 1571 metros y eran las 7:45 horas.
Aprovechando como base una estaca de la alambrada que lo cruzaba nos sacamos unas fotos de grupo. Sin tardanza, y con paisaje casi nulo, emprendimos el descenso hacia el Oeste por el valle de Linares. Según perdíamos altura se abría el valle y las nieblas quedaban en la parte alta. El sendero era imperceptible en la pradera pero no tardando enlazamos con el ancho camino. Éste se metió entre escobas un tramo para salir luego a otra zona de praderías en las que pastaban varias reses de vacuno, los Puertos de Linares. Enseguida vimos el tejado rojo del refugio donde descansaríamos un poco. Para llegar a él el camino rodeaba una loma que Mª Jesús decidió atajar.
A las 8:30 horas llegamos a éste refugio con una cuadra de ganado cubierta adyacente. Antes habían llegado Álvaro y Tiquio que ya habían abierto el recinto. En el interior encontramos una mesa con sillas, chimenea que prendimos, una cocina de gas y varios colchones en condiciones poco utilizables. En la mesa nos acomodamos para ¿desayunar?. Mª Jesús se encargó de darle una pasada con un cepillo que había en la estancia de la que subía unas escaleras al piso superior que estaban reformando y arreglando.
Sin tardanza extendimos las esterillas y sacos en el suelo para dormir un rato. Mª Jesús se acostó encima de la mesa. Hubo que abrir alguna ventana para que saliese el humo que se había acumulado al encender la chimenea. Sin más retrasos nos acostamos poco antes de las 10:00 horas.
Eran las 12:30 horas más o menos cuando hemos ido levantándonos. En el cielo teníamos nubes y claros alternados y la temperatura era buena. En el exterior había un estanque de agua en cuyo centro se situaba el tubo por el que manaba un buen chorro de ella. El mastín, que a la llegada estaba en un recinto, había salido y se paseaba por las cercanías dónde también vimos numeroso ganado que antes no estaba. Había varias vacas y un gran toro al lado de la puerta. Del piso superior del refugio, en el que había un pastor eléctrico con batería, salía un alambre que recorría un tramo de valle. Tardé un poco en situarme dentro del mapa en el que no me cuadraba lo que Álvaro me decía. Según él, el arroyo que bajaba por este valle iba al de Reyero, no a Solle, situado en el contiguo, como yo creía.
Tras recogerlo todo y limpiar un poco la estancia, emprendimos la marcha a las 13:20 horas. el camino seguía por la ladera hacia el Noroeste bajando suavemente y paralelo a la alambrada. Cruzamos luego una cancilla y nos metimos entre escobas comenzando a subir enseguida hacia una collada en la parte Suroeste del Sextilón donde del mapa marca el Puerto de Linares con 1498 m. Allí comenzamos el descenso por el valle del arroyo de la Llosa. En este valle, bajo un gran peñón, vimos otra cabaña con una ganadería en un cercado. Frente a nosotros emergió el Susarón y a sus pies algunos edificios del desabitado Camposolillo.
Hacia la cabaña se dirigía el camino serpenteante, por lo que atajamos el último tramo a ella. Allí había otro perro que se nos acercó. Unos metros por debajo había una fuente con pilón de la que cargamos agua. Desde allí nos metimos en la misma vaguada sin seguir el camino y haciendo caso al oriundo de la zona. Entre unos árboles encontramos un grupo de caballos y un bonito potro. Enseguida enlazamos de nuevo con el camino cerca del cual vimos algunos manantiales. Este camino forma parte de la ruta señalada como “PR LE-30 Las Biescas” que recorre algunas de las cumbres de la parte sur de dicho valle entre Solle y Pallide. De hecho hace años hicimos una ruta por esas crestas desde este último pueblo.
El valle se fue estrechando hasta casi encajonarse con el arroyo paralelo al camino. En algunos prados había más ganado pastando y en el alto de la Peña Forcada vimos una bandera de España en un mástil. Encontramos unas zarzamoras con frutos que comimos y luego en un indicador marcaba dos opciones hacia el collado de Orones por la ruta de Las Biescas. No tardamos en divisar las primeras casas de Solle al final del desfiladero. En pocos minutos entrábamos en el pueblo cuando eran las tres en punto de la tarde. Por sus calles recorrimos los últimos metros de esta ruta y en diez minutos terminamos la misma donde teníamos el coche y dónde ya estaban algunos compañeros.
Nos cambiamos mientras la madre de Álvaro salía a convidarnos con unos trozos de riquísimo bizcocho que le agradecimos. El sol podía más que las nubes que rondaban aún en el cielo y calentaba bien. Estuvimos decidiendo donde comer y decidimos hacerlo en el merendero de Pardomino.
Nos despedimos de la familia de Álvaro y a las cuatro emprendimos el viaje. En el pantano nos detuvimos unos minutos a sacar unas fotos, y habiendo dejado la presa atrás, entramos en el camino de Pardomino. Unos metros mas adelante, y antes de entrar en la zona restringida, se encuentra este merendero en el que nos detuvimos y acomodamos a comer. En uno de los bancos del mismo nos sentamos cómodamente a la sombra y allí estuvimos hasta las 17:20 horas.
Retomamos el viaje de regreso a esa hora pasando poco después por Boñar y a la altura de Vegaquemada nos desviamos a tomar un refrigerio y hacer las cuentas de la salida. En la terraza de un bar estuvimos una hora antes de emprender el último trayecto a León a las 18:40 horas. En Barrio de Nuestra Señora nos desviamos para volver por la carretera de Santander al lado de la cual vimos varios huertos solares con numerosos paneles. A la entrada de Villaobispo circulaba por delante un bonito coche clásico. En esta localidad nos despedíamos a Álvaro a las 19:15 horas. Poco después hacíamos lo mismo con Mª Jesús y a las 19:35 horas quedábamos Luis y yo en casa.
Tras las previsiones meteorológicas que teníamos, y que no se cumplieron, no pudo resultar mejor esta marcha nocturna. Salvo la incidencia de la bajada a Lois, que desechamos, resultó una experiencia totalmente satisfactoria y todo lo inaudita que puede resultar siendo nocturna