lunes, 20 de agosto de 2012

NOCTURNA "SALGUERÓN" (Fontún) 18/19-08-12

 


XXIII TRAVESÍA NOCTURNA. 2ª ASCENSIÓN AL “SALGUERÓN”. (Fontún).

18/19-08-12

Siguiendo el calendario previsto, habíamos programado para este mes de agosto una ascensión nocturna. Tras estudiar las posibles alternativas, nos decidimos por hacer la subida al pico Salguerón, en Villamanín, cumbre sencilla y sin dificultad alguna. Mi idea era haberlo hecho por el valle de Formigoso, que fue por el que yo la había hecho antaño, aunque al final optamos por hacerlo al revés y subir desde Fontún. Salvo algunas incidencias de orientación, la marcha resultó perfecta y toda otra experiencia nocturna. En esta ocasión nos animamos 4 componentes del club: Álvaro, Tiquio, Santiago y yo, acompañados por Rex.

SÁBADO 18
A las 20:00 horas llegó Tiquio a recogerme saliendo hacia Villaobispo en busca de Álvaro. Minutos más tarde emprendíamos el viaje por la carretera de Asturias contemplando la gran humareda del incendio que estos días ha asolado gran parte de monte y bosque en la zona de Castrocontrigo y que ha cubierto toda la provincia. A las 21:10 horas llegamos a Villamanín desviándonos hacia Fontún dónde cogimos un camino bajo la falda del pico Machacao o Fontún. Por él llegamos a las inmediaciones de una nave ganadera y un pequeño refugio cerrado. Santiago, que había llegado en su coche poco más tarde, subió andando desde Fontún.
El paisaje era amplio y bonito viendo el valle de Arbás con las Tres Marías de fondo recortándose a contraluz. Las luces de los pueblos se iban encendiendo y destacaban también en la perspectiva. No tardamos en ver el resplandor de un incendio en la zona de Busdongo con una gran humareda. Anoto aquí que en estas semanas se han producido varios en toda la provincia siendo el de Castrocontrigo el más grave con casi 10.000 Ha. quemadas.
Cerca del refugio había una fuente con pilón en la que llenamos las cantimploras. A la vera del refugio nos acomodamos para cenar tranquilamente mientras oscurecía por completo. Por debajo oíamos voces de gente no muy lejos.

DOMINGO 19
Media hora antes de la medianoche emprendimos la marcha por el camino hacia la collada de Gete partiendo de una altitud de unos 1300 m. Enseguida nos encontramos con tres vehículos aparcados al lado del camino y oímos hablar a personal algo por debajo. Se oían niños, por lo que supusimos que había familias acampadas en el valle. Cruzamos algunos pasos cerrados para el ganado y varios regatos. En este camino vimos además numerosos “bichos” como arañas, chicharras, un sapo y una especie de saltamontes.
Poco a poco nos fuimos acercando a la zona de pinares donde el camino se empinaba un poco más. El arroyo que baja por el valle se llama Aguilorto y se une en Fontún al río del mismo nombre. El camino describía varios zigzag para evitar dicha pendiente que se hacía notar. Las luces de los pueblos seguían viéndose bajo nosotros y por detrás. Además de Villamanín y Fontún, destacaban las de Ventosilla y Rodiezmo. También aparecía en la lejanía un destello en la parte alta de la estación de Pajares, el Brañilín. El incendio seguía activo hacia Busdongo.
Entre pinares fuimos ganando altura contemplando todo ello y sacando algunas fotos. La idea primera, como comenté, era haber subido por Formigoso. Si el coche hubiese podido subir hasta casi la collada de Gete, hubiésemos montado la tienda, o haberla dejado por allí con todo lo de dormir, y haber bajado a Villamanín para comenzar allí la ruta. Al final lo dejamos todo en el coche para la vuelta montar la tienda allí mismo, cosa que no hicimos, como ya adelanto.
A la 1:20 horas llegamos a la collada de Gete, 1594 m, donde encontramos bastante ganadería cerca. Esta collada está justo entre los picos Fontún al Norte y Salguerón al Sur, nuestro objetivo. Como nadie había subido desde allí al mismo, no sabíamos como estaba el acceso, así que teníamos que bordearlo hacia la collada de Formigoso, al Sur. El camino comenzó a bordear el pico por el Este en cuyo valle veíamos Gete y Getino más al fondo. Enseguida llegamos a una fuente que manaba al lado del camino y de la que bebimos. La temperatura era ideal e íbamos en manga corta, nada comparado con los días antes en León que teníamos que ponernos jersey por la noche.
A la 1:50 horas llegábamos a la collada de Valporquero, 1675 m, tras la cual el camino se convertía en sendero entre escobas. Por él bajamos unos metros hasta que desapareció. Sabíamos que tenía que enlazar con el camino que subía desde Valporquero a la collada de Formigoso, pero no cuanto teníamos que bajar ni lo que quedaba. Esta fue la primera de las dos incidencias que nos encontramos durante la marcha.
Tras explorar y estudiar el terreno, decidimos comenzar a subir directamente por la ladera sorteando las escobas como mejor pudiésemos. Santiago aún siguió un poco más hacia abajo en busca de algún sendero que luego dijo haber encontrado. Como nosotros no subíamos mal del todo, le indicamos que se nos uniese. Para situarnos un poco, estábamos en la ladera Este del Salguerón, entre las colladas de Valporquero y Formigoso.
Por suerte no encontramos zonas muy cerradas y pudimos ir subiendo esquivando los matorrales más o menos bien. La pendiente era algo más pronunciada, pero tampoco exagerada. Pasamos algunos corros de roble de verdes hojas y fuimos encontrando zonas rocosas, lo cual nos animaba. A media altura nos sacamos una foto de grupo aprovechando un terreno rocoso de esos. Poco a poco la piedra fue dominando el terreno y se suavizó la cuesta. Así fue como alcanzamos la cumbre del pico Salguerón de 1796 metros a las 2:50 horas.
La vista hacia el Sur era amplia destacando al fondo la iluminación de la ciudad de León entre otras localidades. Al Norte seguíamos viendo Villamanín y pueblos colindantes. Del incendio veíamos ahora incluso alguna llama en la parte alta. En la cumbre no había señal alguna y dejamos la tarjeta entre un montón de piedras apiladas. Nos sacamos una foto de grupo con León de fondo jugando con el flash y la exposición larga de la cámara. No quedó mal una de ellas.
Tiquio había subido una sandía de su cosecha que nos comimos allí mismo. Abajo habíamos degustado un melón. Luego nos acomodamos en una piedras a descansar un rato y disfrutar de esa vista nocturna que pocas veces al año podemos ver. También vimos alguna fugaz durante la marcha. Ahora se notaba más fresco y nos abrigamos. Yo incluso había llevado la cazadora que no me sobró.
Sobre las 4:15 horas emprendimos el descenso. Teníamos que hacerlo ahora hacia el Sur, a la collada de Formigoso, pero no era tan fácil orientarse. Comenzamos a bajar por un lugar pendiente que además se cerraba de matorral alto que fuimos sorteando como pudimos. Sabíamos que bajábamos hacia el valle correcto, pero por lo que yo sabía de la vez anterior, la cuesta no era tan inclinada. Con Santiago y Tiquio por delante, fuimos perdiendo altura rápidamente y peleando a veces con las escobas y robles. Lo que más nos inquietaba era encontrarnos con algún corte o algo parecido que nos cerrase el paso o incluso la vegetación.
No fue así y sin demasiada complicación fuimos bajando hasta entrar en otro pinar de altos ejemplares donde el terreno se despejó de maleza. No tardamos en oír a Santiago diciéndonos que ya estaba en el camino. Nosotros tres habíamos parado unos minutos a disfrutar del cielo despejado y estrellado.
Tras otra zona de escobas y una pradería, salimos nosotros al ancho camino a las 5:50 horas. Estábamos muy por debajo de la collada de Formigoso a la que queríamos haber llegado, aunque en el valle correcto de bajada y del mismo nombre.
Por éste retomamos el descenso parando poco después ya que a algunos se les habían llenado las botas y calcetines de brozas. Yo aproveché para comer un trozo de bocata. Seguimos en pocos minutos por entre el pinar y atajando en una de las curvas cerradas que describía la pista. Además de pinos, seguía habiendo numerosos robles. No tardando dejamos atrás un corral y un refugio en no muy buenas condiciones de uso. Poco después también había una nave ganadera y un pequeño caseto de cemento de recogida de aguas.
Unos 15 minutos antes de las 7:00 horas comenzamos a ver los resquicios del alba. Comprobamos como se había cubierto en este último tramo de la noche y algunas nubes cubrían parcialmente el cielo. Poco a poco se fueron perfilando las siluetas de las cumbres, entre ellas la del Salguerón, bajo el cual vimos la collada de Formigoso en la cabecera del valle. No tardando apareció la carretera general por la que pasaron algunos vehículos. En pocos minutos nos situamos paralelos a ella y varios metros por encima.
Frente a nosotros ya se volvían a distinguir las luces de Villamanín con la sierra de Peña Lasa detrás. El camino nos situó encima de la localidad con una bonita panorámica de toda ella. No tardamos en ver el Valle de Arbás y las Tres Marías presidiendo al fondo. Tras ellas veíamos unas cortinas de lluvia de los nubarrones que cubrían esa zona. Encima de nosotros teníamos claros y nubes que no amenazaban lluvia de momento.
El camino se fue difuminando en las praderías de hierba seca mientras íbamos girando hacia el valle de Aguilorto. Quisimos coger un ramal que enlazaba con el camino de la collada de Gete algo por encima del coche, pero no dimos con él. Pasamos entre algo de ganado y un gran toro ya camino de Fontún. Poco antes del mismo encontramos una explotación ganadera abierta pero custodiada por perros que bordeamos por si acaso.
A las 7:55 horas entrábamos en Fontún, 1130 m, hasta llegar al comienzo del camino de la collada. Allí tenía Santiago el coche con el que subió a Tiquio por el suyo mientras Álvaro y yo esperábamos en la fuente cercana con Rex, que veía como se iba su dueño sin él.
Una de las alternativas para esta jornada era subir al Fontún, pero tras la larga noche que habíamos tenido, decidimos que ya habíamos hecho suficiente por esta vez. En pocos minutos regresaron y nos encaminamos hacia Villamanín donde decidimos desayunar en un bar. En él había gran cantidad de moteros que venían de Asturias y bajaban hacia La Bañeza donde se celebraba la carrera tradicional de las fiestas. El sol aparecía ahora tras el Fontún habiéndose despejado las nubes casi por completo.
A las 9:30 horas emprendíamos el regreso a León haciéndose raro recorrer un trayecto que a esas horas normalmente lo hubiésemos hecho al contrario. Poco más de media hora después quedaba Álvaro en Villaobispo y algo más tarde lo hacía yo en Armunia. Aún tenía casi toda la mañana para dormir.
Así finalizamos esta jornada nocturna de montaña en la que disfrutamos de forma diferente los paisajes a como los vemos habitualmente. Como ya he repetido alguna vez más, de noche sí se ven éstos aunque no lo parezca.



















lunes, 6 de agosto de 2012

NOCTURNA "SOLLE - VIOBA - LINARES - SOLLE" - 04/05-08-12

 


XXII TRAVESÍA NOCTURNA. 1ª TRAVESÍA “SOLLE- COLLADO VIOBA – COLLADO LINARES –

REFUGIO DE LINARES (Nocturno) – REFUGIO – SOLLE (Diurno)”.

04/05-08-12

Después de haber anulado la salida a la Sierra del Cuera, en Asturias, por la mala previsión climatológica, nos hemos decidido a realizar otra marcha nocturna este fin de semana. En principio se pensó en la ruta de Las Fuentes de Omaña, en Murias de Paredes, pero también allí la previsión anunciaba lluvia por la noche. Estudiando algunas alternativas más, y las zonas con mejores perspectivas del tiempo, nos decidimos por el pueblo de Álvaro, Solle. Avanzo ya que acertamos de lleno, ya que no cayó una gota durante toda la marcha y sí en cambio en la no lejana Cistierna, como luego he sabido.

SÁBADO 4
Al final hemos ido 5 participantes: Tiquio, Mª Jesús, Álvaro y yo. Nos acompañaba Luis, mi cuñado, que llevaba tiempo animado a hacer otra ruta nocturna. De Armunia salimos medio lloviendo en el coche de Tiquio a las 20:45 horas para recoger a continuación a Álvaro en Villaobispo. Poco después de las 21:00 horas emprendíamos el viaje por la carretera de Santander hacia el destino. La lluvia seguía cayendo a ratos aunque se veían también muchos claros. Enlazamos con la carretera de Boñar atravesando éste por el centro. Con todo el peso que llevábamos, el cajetín de Rex, colgado de la bola del coche, pegaba en los pasos elevados de las travesías.
Así fuimos avanzando hasta el pantano del Porma en el que paramos a sacar unas fotos. La lluvia había desaparecido casi por completo y solo caían algunas gotas, aunque el cielo seguía amenazando con algunos nubarrones.
A las 22:15 horas llegamos a Solle, 1190 m, aparcando al lado de la casa de los padres de Álvaro, los cuales salieron a recibirnos. Lo primero que hicimos fue cenar allí mismo sentados a la fresca. Alguno cenó lo suyo, y parte de lo mío aprovechando que fui a por agua a la fuente cercana. Si le cojo....... La luna aparecía entre las nubes queriendo poder con ellas. Nos preparamos luego con el equipo al hombro para la marcha que habíamos concretado con los consejos de los padres de Álvaro, y lo resumo.
La idea era subir hasta el collado de Vioba, bajar a Lois, subir al collado de Linares y dormir en el refugio que hay en lo puertos, algo por debajo, del que ellos tenían la llave. Luego por la mañana bajar a Solle de nuevo. Claro, desde el primer collado a Lois la bajada no estaba muy clara por la vaguada directamente, ya que está cerrada de maleza y demás, aunque sí por una pista que da más rodeo hasta bajar al pueblo. Luego detallaré también la incidencia de esta pista.

DOMINGO 5
A las doce en punto de la noche emprendíamos la marcha por las calles del pueblo dejando atrás la iglesia y pasando entre algunos perros del pueblo. Nos cruzamos con unos jóvenes que se quedaron extrañados al vernos cargados con mochilas a esas horas. Nos desviamos luego por el camino de la ermita cerca de la cual se emplaza el cementerio. Allí me detuve un poco sacando unas fotos con la exposición larga. Las nubes formaban un bonito empedrado que destacaba con la luna detrás. En el camino, paralelo al Río del Valle, encontramos algunos trozos encharcados, aunque se veía seco en general. Este valle se llama Reinamón y por él bajamos en otra ruta en el III Encuentro del club hace 6 años.
Pasamos entre arboleda y en unos matojos vimos brillar los ojos de un pequeño animal. Enseguida Rex notó la presencia del mismo y al acercarse salió un gato embalado entre las hierbas. En algunos lugares las ramas formaban un túnel sobre nosotros y en otros veíamos los prados segados al lado del ancho camino.
Más adelante cruzamos un puente sobre el río quedando ésta ahora a nuestra derecha. En varios tramos se juntaban casi a la par éste y el camino. Por detrás de él se veía la silueta de una sierra con varios picachos. En un momento en el que quedó clara la luna pude sacarla una bonita foto con el zoom. Estaba en la primera fase menguante y aún daba mucha luz. De hecho casi no hacía falta encender las linternas en muchos lugares. Había sitios en los que las ramas se cruzaban y había que sortearlas.
Encontramos el indicador que marcaba la dirección a Acebedo siguiendo un estrecho sendero hacia la ladera izquierda y más adelante otro hacia la collada de Murias en la misma dirección. A las 2:50 horas llegamos a una fuente seca con pilón en la que nos detuvimos unos minutos y sacamos unas fotos con la silueta del pico Susarón de fondo.
A partir de allí se terminaba el camino y entramos en un sendero cercano al lecho de arroyo. La pendiente ya se acentuó un poco en este tramo entre escobas y otros matorrales. Por encima oíamos ladrar unos perros y Álvaro nos comentó que había un pequeño chamizo a la vera de unas rocas por detrás de las que luego pasaríamos.
Ya con algo de esfuerzo fuimos ganando esos últimos metros hacia la collada de Vioba, lógicamente invisible en la oscuridad. De pronto apareció por detrás de nosotros un mastín de los que antes habíamos oído. Entre las escobas vimos además varias vacas. Cruzamos también el regato por unas piedras y a las 3:50 horas llegábamos a la collada de Vioba con 1712 metros de altitud. Por la misma atraviesa una alambrada que cruzamos no sin cuidado por los espinos de la misma. Unos metros por debajo, hacia el valle contrario, se encuentra el refugio de piedra en el que ya estaban Álvaro y Tiquio. A su vera había un pequeño tractor con remolque en el que nos sacamos unas fotos. Dentro del refugio había chimenea que habían prendido y un banco. Por el techo, entre las vigas de cemento, vimos revolotear un pájaro. Desde fuera se veía al fondo las siluetas de varias cumbres con la luz lunar.
A las 4:30 horas retomábamos la marcha por un ancho camino que ascendía hacia el Sur paralelo a la línea de cumbres y bordeándolas por la parte Este. Siguiendo el trazado del mismo serpenteamos por la parte alta del valle que cae a Lois y por el que no estaba muy clara la bajada. Llegamos así a un collado desde el cual vimos en la lejanía las luces de la presa del pantano del Porma. Allí cerca había una manada de caballos que se nos acercaban sin miedo alguno.
Fuimos dando una curva por la parte alta de dicha vaguada hasta que llegamos a la collada Hermosa, 1784 m, desde donde tuvimos una bella vista de un mar de nubes nocturno en el valle de Lois. En la lejanía se veían además varias luces de más pueblos. Eran las 5:30 horas y estábamos en la parte más alta de la ruta por debajo del pico Carbonera.
Ahora nos restaba la bajada a Lois, emplazado a 1238 metros, por un camino lleno de piedras sueltas con las que había que tener precaución. Éste describía numerosas curvas en la ladera desde la que vimos algún momento las luces de Lois. Tras varios metros de bajada llegamos a la incorporación de otro camino que subía hacia la derecha y que a Álvaro le pareció que era el que iba hacia la collada de Linares. Aquí surgió una duda.
Eran las 6:30 horas y ya se comenzaba a ver el alba. Lois había desaparecido de la vista y no sabíamos lo que nos restaba aún. Además no conocíamos lugares dónde poder dormir unas horas allí cerca del pueblo. Decidimos aún así seguir bajando hasta que comprobamos como el camino empezaba a subir de pronto tras el paso por una pequeña vaguada. Fue entonces cuando Mª Jesús decidió adelantarse y subir aquel repecho mientras la esperábamos a ver que nos contaba a la vuelta.
Unos minutos después regresaba y nos decía que aún había que subir un trecho y que el pueblo quedaba oculto pero varios metros por debajo. Ya con el cielo clareando decidimos dar la vuelta y emprender la subida directa a la collada de Linares. Podíamos estar allí a unos 1350 metros más o menos.
La niebla aparecía por las partes altas y comenzaba a descender por las laderas de las cumbres. Tras el valle de Lois emergían Los Llerenes y Las Pintas entre otros. El camino se suavizó luego e incluso bajamos unos metros hasta llegar a un refugio que encontramos cerrado. Desde el mismo retomamos la subida y no tardamos en divisar en el valle las dos torres de la iglesia de Lois, conocida como La Catedral de la Montaña por su amplitud. El repecho se hizo notar mientras describíamos varias curvas y el camino llegó a desaparecer en la pradera ya cercana al collado. Tan solo unas rodadas se distinguían en la misma y por ellas alcanzamos esta cota cuando la niebla nos cubría por completo. Estábamos en la collada de Linares, a 1571 metros y eran las 7:45 horas.
Aprovechando como base una estaca de la alambrada que lo cruzaba nos sacamos unas fotos de grupo. Sin tardanza, y con paisaje casi nulo, emprendimos el descenso hacia el Oeste por el valle de Linares. Según perdíamos altura se abría el valle y las nieblas quedaban en la parte alta. El sendero era imperceptible en la pradera pero no tardando enlazamos con el ancho camino. Éste se metió entre escobas un tramo para salir luego a otra zona de praderías en las que pastaban varias reses de vacuno, los Puertos de Linares. Enseguida vimos el tejado rojo del refugio donde descansaríamos un poco. Para llegar a él el camino rodeaba una loma que Mª Jesús decidió atajar.
A las 8:30 horas llegamos a éste refugio con una cuadra de ganado cubierta adyacente. Antes habían llegado Álvaro y Tiquio que ya habían abierto el recinto. En el interior encontramos una mesa con sillas, chimenea que prendimos, una cocina de gas y varios colchones en condiciones poco utilizables. En la mesa nos acomodamos para ¿desayunar?. Mª Jesús se encargó de darle una pasada con un cepillo que había en la estancia de la que subía unas escaleras al piso superior que estaban reformando y arreglando.
Sin tardanza extendimos las esterillas y sacos en el suelo para dormir un rato. Mª Jesús se acostó encima de la mesa. Hubo que abrir alguna ventana para que saliese el humo que se había acumulado al encender la chimenea. Sin más retrasos nos acostamos poco antes de las 10:00 horas.
Eran las 12:30 horas más o menos cuando hemos ido levantándonos. En el cielo teníamos nubes y claros alternados y la temperatura era buena. En el exterior había un estanque de agua en cuyo centro se situaba el tubo por el que manaba un buen chorro de ella. El mastín, que a la llegada estaba en un recinto, había salido y se paseaba por las cercanías dónde también vimos numeroso ganado que antes no estaba. Había varias vacas y un gran toro al lado de la puerta. Del piso superior del refugio, en el que había un pastor eléctrico con batería, salía un alambre que recorría un tramo de valle. Tardé un poco en situarme dentro del mapa en el que no me cuadraba lo que Álvaro me decía. Según él, el arroyo que bajaba por este valle iba al de Reyero, no a Solle, situado en el contiguo, como yo creía.
Tras recogerlo todo y limpiar un poco la estancia, emprendimos la marcha a las 13:20 horas. el camino seguía por la ladera hacia el Noroeste bajando suavemente y paralelo a la alambrada. Cruzamos luego una cancilla y nos metimos entre escobas comenzando a subir enseguida hacia una collada en la parte Suroeste del Sextilón donde del mapa marca el Puerto de Linares con 1498 m. Allí comenzamos el descenso por el valle del arroyo de la Llosa. En este valle, bajo un gran peñón, vimos otra cabaña con una ganadería en un cercado. Frente a nosotros emergió el Susarón y a sus pies algunos edificios del desabitado Camposolillo.
Hacia la cabaña se dirigía el camino serpenteante, por lo que atajamos el último tramo a ella. Allí había otro perro que se nos acercó. Unos metros por debajo había una fuente con pilón de la que cargamos agua. Desde allí nos metimos en la misma vaguada sin seguir el camino y haciendo caso al oriundo de la zona. Entre unos árboles encontramos un grupo de caballos y un bonito potro. Enseguida enlazamos de nuevo con el camino cerca del cual vimos algunos manantiales. Este camino forma parte de la ruta señalada como “PR LE-30 Las Biescas” que recorre algunas de las cumbres de la parte sur de dicho valle entre Solle y Pallide. De hecho hace años hicimos una ruta por esas crestas desde este último pueblo.
El valle se fue estrechando hasta casi encajonarse con el arroyo paralelo al camino. En algunos prados había más ganado pastando y en el alto de la Peña Forcada vimos una bandera de España en un mástil. Encontramos unas zarzamoras con frutos que comimos y luego en un indicador marcaba dos opciones hacia el collado de Orones por la ruta de Las Biescas. No tardamos en divisar las primeras casas de Solle al final del desfiladero. En pocos minutos entrábamos en el pueblo cuando eran las tres en punto de la tarde. Por sus calles recorrimos los últimos metros de esta ruta y en diez minutos terminamos la misma donde teníamos el coche y dónde ya estaban algunos compañeros.
Nos cambiamos mientras la madre de Álvaro salía a convidarnos con unos trozos de riquísimo bizcocho que le agradecimos. El sol podía más que las nubes que rondaban aún en el cielo y calentaba bien. Estuvimos decidiendo donde comer y decidimos hacerlo en el merendero de Pardomino.
Nos despedimos de la familia de Álvaro y a las cuatro emprendimos el viaje. En el pantano nos detuvimos unos minutos a sacar unas fotos, y habiendo dejado la presa atrás, entramos en el camino de Pardomino. Unos metros mas adelante, y antes de entrar en la zona restringida, se encuentra este merendero en el que nos detuvimos y acomodamos a comer. En uno de los bancos del mismo nos sentamos cómodamente a la sombra y allí estuvimos hasta las 17:20 horas.
Retomamos el viaje de regreso a esa hora pasando poco después por Boñar y a la altura de Vegaquemada nos desviamos a tomar un refrigerio y hacer las cuentas de la salida. En la terraza de un bar estuvimos una hora antes de emprender el último trayecto a León a las 18:40 horas. En Barrio de Nuestra Señora nos desviamos para volver por la carretera de Santander al lado de la cual vimos varios huertos solares con numerosos paneles. A la entrada de Villaobispo circulaba por delante un bonito coche clásico. En esta localidad nos despedíamos a Álvaro a las 19:15 horas. Poco después hacíamos lo mismo con Mª Jesús y a las 19:35 horas quedábamos Luis y yo en casa.
Tras las previsiones meteorológicas que teníamos, y que no se cumplieron, no pudo resultar mejor esta marcha nocturna. Salvo la incidencia de la bajada a Lois, que desechamos, resultó una experiencia totalmente satisfactoria y todo lo inaudita que puede resultar siendo nocturna























lunes, 30 de julio de 2012

CAÑÓN DEL TERA (Sanabria - Zamora) - 29-07-12

 


1ª TRAVESÍA “RIBADELAGO VIEJO – CAÑÓN DEL TERA – CUEVA DE SAN MARTÍN –

SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA – RIBADELAGO VIEJO”. (Zamora).

29-07-12                    (Domingo)

Finalizamos este mes de julio en otra provincia limítrofe con la nuestra, en este caso Zamora. En Sanabria hay numerosas rutas marcadas, varias de las cuales hemos recorrido, como esta misma. En esta ocasión la hemos ampliado cerrando un circulo completo desde La Cueva de San Martín a Ribadelago por San Martín de Castañeda.
Salimos de León a las 8:00 horas en mi furgoneta y el coche de Tiquio. Además iban Nati, Álvaro, José Antonio e Irene. Por la autovía nos dirigimos hacia Benavente viendo como el cielo se cubría amenazante, lo cual contrastaba con la buena previsión que teníamos para esa zona. Ya con dirección a Sanabria nos desviamos a Camarzana de Tera dónde se nos unieron Alex y Alba. Retomamos el viaje hacia Puebla de Sanabria dónde nos desviamos hacia el lago. El cielo se había ido abriendo inesperadamente y ahora lucía de nuevo el sol.
Cerca de las 10:00 horas llegamos a Ribadelago Viejo, 1017 m, deteniéndonos en un bar a tomar un café. Tras el mismo nos dirigimos hacia el final del pueblo saliendo al lado del campo de fútbol y aparcando a la sombra de unos árboles cerca de un chiringuito. Nos preparamos para la ruta y a las 10:30 horas emprendimos la misma por un camino paralelo al río Tera que bajaba por nuestra izquierda. Entre vegetación avanzamos hacia el Norte pasando ya algunos tramos de grandes rocas. Más adelante cruzamos el río por varias de esas moles mientras el camino se convertía en estrecho sendero. Por el mismo salimos a la gran explanada llena de enormes piedras, muchas de ellas arrastradas por la avalancha de la rotura de la presa de la Vega del Tera hace 53 años. Atravesamos por el medio de ellas y fue al dejarlas atrás cuando abandonamos la ruta buena que en todo momento va marcada por señales de color verde, estacas o pintura.
Por acercarnos hasta el río, en el que ya se comenzaban a ver cascadas y pozas excavadas en la roca, nos salimos de la senda sin darnos cuenta, ya que sí había hitos de piedras de los que en ningún momento hay que fiarse demasiado. Estuvimos un rato sacando fotos y demás en aquel lugar antes de retomar la marcha ya metidos en el cañón y ascendiendo por las formaciones rocosas del mismo. Franqueamos un paso entre grandes rocas y llegamos a una bajada un tanto complicada hacia el lecho. Del otro lado venía una pareja que nos comentó que no se podía seguir por allí. José Antonio ya había pasado y Álvaro se decidió tras él. De frente había una bonita cascada que tampoco se podía remontar.
Yo llevaba un pequeño resumen de la vez que lo había hecho y en él indicaba que había que subir un tramo empinado por la izquierda, lo cual no habíamos hecho aún. Mientras ellos dos bajaban y cruzaban al otro lado, el resto optamos por retroceder unos metros y buscar el sendero bueno, ya que además no veíamos las marcas verdes. Nos separamos entonces unos de otros buscando el sendero bueno. Yo avancé paralelo al cañón a media ladera entre matorral y piedra sin encontrar lugares para bajarlo y cruzarlo. Estábamos en una encrucijada de dos vaguadas, la principal y otra secundaria que bajaba por la izquierda. Volví sobre mis pasos y comencé a subir siguiendo a los compañeros y pronto vi un poco por debajo a la pareja anterior que me indicaron que iban por las marcas, por lo que me uní a ellos sin pensarlo. Para mi sorpresa me encontré a Nati en el mismo sendero algo más arriba.
El sendero subía por esta ladera izquierda del cañón y pasaba por detrás de un cerro antes de dar vista de nuevo al mismo. Yo veía a Álvaro pero no al resto. Les estuve llamando sin respuesta y a Álvaro le indiqué por dónde podía cruzar de nuevo sin problema, ya que estaba en un punto sin salida. Al poco aparecieron los demás por la parte alta del cerro y José Antonio en la misma margen que Álvaro. Habíamos perdido mas de media hora con este error a tener en cuenta. No dejar nunca las marcas verdes y subir hacia la izquierda a la entrada misma del cañón.
Desde aquel punto había que bajar unos escalones de piedra hacia el cañón secundario. Luego pasamos un tramo entre arboleda y nos metimos en una subida por una losa de roca encima del arroyo en el que apenas corría el agua y había numerosas pozas. Siguiendo el sendero ascendimos mientras pasábamos al cañón principal por el que continuamos mientras el agua desaparecía bajo el lecho rocoso. Las estacas y pinturas verdes en forma de huella seguían guiándonos fielmente. Subimos luego un tramo dónde el agua había formado una especie de tobogán alisando la piedra. En la parte alta del mismo nos alcanzó un joven que nos sacó unas fotos de grupo.
Unos metros por delante se encuentra una bonita laguna de aguas cristalinas. La dejamos a la derecha y poco más arriba el sendero se pegaba a la pared izquierda teniendo una bella vista de la laguna detrás. No tardando alcanzamos otra zona donde el río formaba algunas cascadas y pozas en las que nos sacamos algunas fotos más. De vez en cuando encontramos algunos repechos de fuerte subida en los que ganábamos altura rápidamente. También medio trepamos en algunos lugares dónde el sendero desaparecía en la roca.
Llegamos a otro punto dónde había que atravesar el río y en cuya pared de frente había una placa recuerdo y una caja metálica a su lado. Álvaro se acercó hasta ella, aunque no era fácil alcanzarla al estar en medio de la pared. Al otro lado del río nos detuvimos unos minutos a la sombra de un árbol y vimos aparecer a José Antonio por detrás, el cual había quedado por detrás en el primer paso.
El sendero seguía ahora dejando el río a la izquierda y alejándonos de él. Subía por la ladera dando algunos giros hacia la parte contraria a la marcha. Echando la vista atrás vimos otra serie de pequeños saltos y cascadas en el lecho del río. El sendero cruzó luego una zona de vegetación varios metros por encima del cauce y pegado después a las paredes del cañón. En pocos minutos nos situamos de nuevo a la misma altura del agua comenzando desde allí una fuerte subida por una canal rocosa no muy larga. Desde allí vimos Ribadelago al final del cañón.
Siguiendo el sendero muy marcado subimos paralelos al río y viendo cómo el desfiladero se iba ampliando. Nos encaramamos a una roca en medio de la ruta desde la que se veía ya el ensanche dónde se emplaza La Cueva de San Martín. Atravesamos seguidamente una zona de arboleda y helechos llegando luego a un puente de cemento muy envejecido por el que pasamos. A los pocos metros vimos por fin el lago de La Cueva de San Martín, 1160 m. Eran las 14:45 h.
Otro puente de cemento nos situó frente al mismo con una bella panorámica. Allí nos sacamos una foto de grupo. De frente teníamos la cascada que lo alimenta y desde la que sigue el cañón, aunque más cerrado. Bordeamos el lago por la derecha donde había unas praderías y nos colocamos al mismo borde del agua, viendo como a un metro de la orilla el terreno se desplomaba verticalmente hacia las profundidades.
El calor era sofocante y nos habíamos ido mojando en el río durante la subida, al igual que Rex, el perro de Tiquio, que se había metido en varias. Ahora buscamos una sombra para comer bajo unos arbustos cercanos y nos acomodamos sentados en algunas rocas que había. Por allí estaba el joven que nos había sacado las fotos en la ruta y algunas personas más. Nos comentó que por encima de la cascada había otra y una bonita poza.
Cuando terminamos de comer decidimos subir a esta zona. Álvaro e Irene optaron por quedar allí. Subimos por las rocas de la derecha de la cascada y nos situamos encima de ella. Unos metros más arriba se emplazaba el bonito rincón con la poza cristalina y el salto que la alimentaba al fondo. Para llegar a ella solo se podía por el agua, y eso hizo José Antonio, que no dudó en tirarse a nadar. El resto nos metimos los pies en un agua helada que cortaba. Acabábamos de comer y aún no había peligro de corte de digestión.
Pasamos un rato ameno allí antes de regresar donde habían quedado los compañeros custodiando las mochilas. Sin tardanza recogimos y a las 16:40 horas emprendimos la marcha. La ruta continuaba marcada desde el punto de llegada a la vega, aunque nosotros atajamos sin retornar a dicho punto enlazando enseguida con la senda. Atravesamos el río por unas piedras y enseguida comenzamos subir fuertemente entre vegetación por la ladera Este. En algunos tramos veíamos el sendero totalmente adoquinado por las raíces de los arbustos. El calor era sofocante y el agua ya nos escaseaba. Decidimos cargar algo en un arroyo que bajaba a nuestra orilla y que nos pareció “bebible”.
Mas arriba salimos a una explanada en la que había un par de majadas. Atravesamos un prado de helechos donde el sendero casi se perdía. Volvimos a subir otro tramo empinado hasta que la senda se suavizó un poco a media ladera. Algunos tramos, los menos, se metían entre arboleda, mientras que otros atravesaban pedreros. Cruzamos una cancilla de ganado mientras la vista se agrandaba y contemplábamos la laguna y parte del cañón. También fue ampliándose la vista hacia la parte alta de éste viendo muy al fondo el muro derruido de La Presa Rota o Vega del Tera.
La dirección que llevábamos era contraria a la subida por la parte baja y tras un rato vimos Ribadelago. Allí la senda se había ensanchado y en medio vimos una tapa de registro de aguas. Por delante nos restaban pocos metros hasta la parte alta en una especie de altiplanicie moteada por grandes moles rocosas y redondeadas.
A las 18:00 horas alcanzábamos esta cota de unos 1600 metros desde la que comenzamos el descenso suave por la ladera contraria y siguiendo el camino entre escobas. Las marcas habían desaparecido y en un sendero señalado con hitos nos entró la duda. Éste bajaba por el medio de una vaguada hacia unas praderías mientras el ancho camino ascendía desde este punto de forma moderada hasta alcanzar el borde del barranco desde el cual pudimos ver una bonita panorámica del Lago de Sanabria con los pueblos a su orilla.
El camino comenzaba a bajar con dirección a Ribadelago Viejo en vez de a San Martín de Castañeda hacia el que queríamos ir. Tampoco había otra alternativa, salvo volver al desvío del sendero anterior. Al final, y como ya eran las 18:20 horas, optamos por seguir el camino que se internaba entre arboleda dando varios zigzag por la ladera. Más abajo salimos a un escampado en el que paramos unos minutos a la sombra.
Pasamos otro tramo de bosque y en otro descampado encontramos una excavadora de desguace en la que saqué unas fotos a Álvaro siguiendo la tradición. De nuevo en marcha y por bosque vimos una marca verde de la ruta por fin. Entre los delgados troncos veíamos el lago por la derecha. Enseguida salimos a cielo abierto cerca de una explotación ganadera a la que subía un camión. En las praderas vimos varias cigüeñas.
Llegamos así a otra bifurcación en la que las señales tampoco estaban muy claras. Tomamos el ramal de la derecha que a los pocos metros nos sacó a la carretera como marcaba el mapa que llevábamos. Quedábamos por detrás Tiquio, Álvaro yo y ahora dudamos si San Martín quedaba hacia arriba o hacia abajo. Una vez más el mapa nos dio una pista y nos encaminamos hacia abajo siguiendo el trazado serpenteante del asfalto. Llegamos a una fuente que manaba al lado de la carretera y en la que cargamos agua antes de seguir bajando. En otra cerrada curva de la carretera se encuentra el “Refugio San Bernardo” de la Agrupación Montañera Zamorana. Allí estaban los compañeros con uno de los guardas del mismo. Éste nos indicó que, para enlazar con la “Senda de Los Monjes”, por la que regresaríamos a Ribadelago, podíamos atajar allí mismo para cogerla sin entrar en San Martín de Castañeda, que lo teníamos al lado. Yo me quedaba con las ganas de entrar al pueblo, pero ya eran las 19:20 horas y se nos hacía tarde. Estábamos a unos 1300 metros.
Salimos por un sendero que atravesaba un túnel bajo la carretera y en el que había una cosechadora. La senda bajaba entre vegetación y arboleda hasta que salimos a una atalaya sobre el lado con una vista amplia y bonita del mismo. Bajábamos de continuo pasando algunos tramos donde el fuego había dejado su huella. Cruzamos también algunos riachuelos sobre los que habían colocado unas grandes losas a modo de puentes.
Bajamos algunas cuestas de fuerte pendiente cerca de riscos rocosos y vimos en varios trechos los vestigios de la calzada empedrada que según se dice, armaron los monjes. De hecho esta ruta se llama “Senda de Los Monjes” y bordea todo el lago estando marcada por estacas y señales de color azul. La anterior del Tera terminaba en San Martín de Castañeda.
Ya en la parte baja cruzamos un puente de piedra y dejamos atrás una nave antes de meternos en un camino entre prados de hierba segada y formaciones rocosas dónde crecían los helechos. Poco a poco fuimos girando con dirección a Ribadelago ahora con roquedales a ambos lados. Me había quedado solo por detrás y así entré en Ribadelago encontrando la antigua iglesia derruida allí mismo. Eran las 20:35 horas.
Por delante, ya en el tramo hacia los coches, vi a los compañeros. Cerca de una casa en ruinas había un mojón grabado en memoria de una de las víctimas de la tragedia de la presa. Enseguida llegué al desvío del campo del fútbol y tras unos 200 metros por aquel camino terminaba la ruta a las 20:45 h. En total habíamos hecho unos 13 Km. Nos cambiamos y allí mismo en el chiringuito nos acomodamos para tomar algo. Nati estaba en el pueblo y la llamé. Alex y Alba marcharon enseguida.
A las 21:45 horas emprendimos nosotros el regreso a León. Por la carretera bordeamos el lago y poco después llegábamos a la incorporación de la autovía de Benavente por la que circulamos hasta en enlace con la de León. A las 23:30 horas llegábamos a la capital dónde quedaban los compañeros. En pocos minutos llegaba yo a casa.
Sin duda resultó una grata jornada en la que recorrimos una de las varias rutas señalizadas de Sanabria y de las más agrestes.