lunes, 6 de agosto de 2012

NOCTURNA "SOLLE - VIOBA - LINARES - SOLLE" - 04/05-08-12

 


XXII TRAVESÍA NOCTURNA. 1ª TRAVESÍA “SOLLE- COLLADO VIOBA – COLLADO LINARES –

REFUGIO DE LINARES (Nocturno) – REFUGIO – SOLLE (Diurno)”.

04/05-08-12

Después de haber anulado la salida a la Sierra del Cuera, en Asturias, por la mala previsión climatológica, nos hemos decidido a realizar otra marcha nocturna este fin de semana. En principio se pensó en la ruta de Las Fuentes de Omaña, en Murias de Paredes, pero también allí la previsión anunciaba lluvia por la noche. Estudiando algunas alternativas más, y las zonas con mejores perspectivas del tiempo, nos decidimos por el pueblo de Álvaro, Solle. Avanzo ya que acertamos de lleno, ya que no cayó una gota durante toda la marcha y sí en cambio en la no lejana Cistierna, como luego he sabido.

SÁBADO 4
Al final hemos ido 5 participantes: Tiquio, Mª Jesús, Álvaro y yo. Nos acompañaba Luis, mi cuñado, que llevaba tiempo animado a hacer otra ruta nocturna. De Armunia salimos medio lloviendo en el coche de Tiquio a las 20:45 horas para recoger a continuación a Álvaro en Villaobispo. Poco después de las 21:00 horas emprendíamos el viaje por la carretera de Santander hacia el destino. La lluvia seguía cayendo a ratos aunque se veían también muchos claros. Enlazamos con la carretera de Boñar atravesando éste por el centro. Con todo el peso que llevábamos, el cajetín de Rex, colgado de la bola del coche, pegaba en los pasos elevados de las travesías.
Así fuimos avanzando hasta el pantano del Porma en el que paramos a sacar unas fotos. La lluvia había desaparecido casi por completo y solo caían algunas gotas, aunque el cielo seguía amenazando con algunos nubarrones.
A las 22:15 horas llegamos a Solle, 1190 m, aparcando al lado de la casa de los padres de Álvaro, los cuales salieron a recibirnos. Lo primero que hicimos fue cenar allí mismo sentados a la fresca. Alguno cenó lo suyo, y parte de lo mío aprovechando que fui a por agua a la fuente cercana. Si le cojo....... La luna aparecía entre las nubes queriendo poder con ellas. Nos preparamos luego con el equipo al hombro para la marcha que habíamos concretado con los consejos de los padres de Álvaro, y lo resumo.
La idea era subir hasta el collado de Vioba, bajar a Lois, subir al collado de Linares y dormir en el refugio que hay en lo puertos, algo por debajo, del que ellos tenían la llave. Luego por la mañana bajar a Solle de nuevo. Claro, desde el primer collado a Lois la bajada no estaba muy clara por la vaguada directamente, ya que está cerrada de maleza y demás, aunque sí por una pista que da más rodeo hasta bajar al pueblo. Luego detallaré también la incidencia de esta pista.

DOMINGO 5
A las doce en punto de la noche emprendíamos la marcha por las calles del pueblo dejando atrás la iglesia y pasando entre algunos perros del pueblo. Nos cruzamos con unos jóvenes que se quedaron extrañados al vernos cargados con mochilas a esas horas. Nos desviamos luego por el camino de la ermita cerca de la cual se emplaza el cementerio. Allí me detuve un poco sacando unas fotos con la exposición larga. Las nubes formaban un bonito empedrado que destacaba con la luna detrás. En el camino, paralelo al Río del Valle, encontramos algunos trozos encharcados, aunque se veía seco en general. Este valle se llama Reinamón y por él bajamos en otra ruta en el III Encuentro del club hace 6 años.
Pasamos entre arboleda y en unos matojos vimos brillar los ojos de un pequeño animal. Enseguida Rex notó la presencia del mismo y al acercarse salió un gato embalado entre las hierbas. En algunos lugares las ramas formaban un túnel sobre nosotros y en otros veíamos los prados segados al lado del ancho camino.
Más adelante cruzamos un puente sobre el río quedando ésta ahora a nuestra derecha. En varios tramos se juntaban casi a la par éste y el camino. Por detrás de él se veía la silueta de una sierra con varios picachos. En un momento en el que quedó clara la luna pude sacarla una bonita foto con el zoom. Estaba en la primera fase menguante y aún daba mucha luz. De hecho casi no hacía falta encender las linternas en muchos lugares. Había sitios en los que las ramas se cruzaban y había que sortearlas.
Encontramos el indicador que marcaba la dirección a Acebedo siguiendo un estrecho sendero hacia la ladera izquierda y más adelante otro hacia la collada de Murias en la misma dirección. A las 2:50 horas llegamos a una fuente seca con pilón en la que nos detuvimos unos minutos y sacamos unas fotos con la silueta del pico Susarón de fondo.
A partir de allí se terminaba el camino y entramos en un sendero cercano al lecho de arroyo. La pendiente ya se acentuó un poco en este tramo entre escobas y otros matorrales. Por encima oíamos ladrar unos perros y Álvaro nos comentó que había un pequeño chamizo a la vera de unas rocas por detrás de las que luego pasaríamos.
Ya con algo de esfuerzo fuimos ganando esos últimos metros hacia la collada de Vioba, lógicamente invisible en la oscuridad. De pronto apareció por detrás de nosotros un mastín de los que antes habíamos oído. Entre las escobas vimos además varias vacas. Cruzamos también el regato por unas piedras y a las 3:50 horas llegábamos a la collada de Vioba con 1712 metros de altitud. Por la misma atraviesa una alambrada que cruzamos no sin cuidado por los espinos de la misma. Unos metros por debajo, hacia el valle contrario, se encuentra el refugio de piedra en el que ya estaban Álvaro y Tiquio. A su vera había un pequeño tractor con remolque en el que nos sacamos unas fotos. Dentro del refugio había chimenea que habían prendido y un banco. Por el techo, entre las vigas de cemento, vimos revolotear un pájaro. Desde fuera se veía al fondo las siluetas de varias cumbres con la luz lunar.
A las 4:30 horas retomábamos la marcha por un ancho camino que ascendía hacia el Sur paralelo a la línea de cumbres y bordeándolas por la parte Este. Siguiendo el trazado del mismo serpenteamos por la parte alta del valle que cae a Lois y por el que no estaba muy clara la bajada. Llegamos así a un collado desde el cual vimos en la lejanía las luces de la presa del pantano del Porma. Allí cerca había una manada de caballos que se nos acercaban sin miedo alguno.
Fuimos dando una curva por la parte alta de dicha vaguada hasta que llegamos a la collada Hermosa, 1784 m, desde donde tuvimos una bella vista de un mar de nubes nocturno en el valle de Lois. En la lejanía se veían además varias luces de más pueblos. Eran las 5:30 horas y estábamos en la parte más alta de la ruta por debajo del pico Carbonera.
Ahora nos restaba la bajada a Lois, emplazado a 1238 metros, por un camino lleno de piedras sueltas con las que había que tener precaución. Éste describía numerosas curvas en la ladera desde la que vimos algún momento las luces de Lois. Tras varios metros de bajada llegamos a la incorporación de otro camino que subía hacia la derecha y que a Álvaro le pareció que era el que iba hacia la collada de Linares. Aquí surgió una duda.
Eran las 6:30 horas y ya se comenzaba a ver el alba. Lois había desaparecido de la vista y no sabíamos lo que nos restaba aún. Además no conocíamos lugares dónde poder dormir unas horas allí cerca del pueblo. Decidimos aún así seguir bajando hasta que comprobamos como el camino empezaba a subir de pronto tras el paso por una pequeña vaguada. Fue entonces cuando Mª Jesús decidió adelantarse y subir aquel repecho mientras la esperábamos a ver que nos contaba a la vuelta.
Unos minutos después regresaba y nos decía que aún había que subir un trecho y que el pueblo quedaba oculto pero varios metros por debajo. Ya con el cielo clareando decidimos dar la vuelta y emprender la subida directa a la collada de Linares. Podíamos estar allí a unos 1350 metros más o menos.
La niebla aparecía por las partes altas y comenzaba a descender por las laderas de las cumbres. Tras el valle de Lois emergían Los Llerenes y Las Pintas entre otros. El camino se suavizó luego e incluso bajamos unos metros hasta llegar a un refugio que encontramos cerrado. Desde el mismo retomamos la subida y no tardamos en divisar en el valle las dos torres de la iglesia de Lois, conocida como La Catedral de la Montaña por su amplitud. El repecho se hizo notar mientras describíamos varias curvas y el camino llegó a desaparecer en la pradera ya cercana al collado. Tan solo unas rodadas se distinguían en la misma y por ellas alcanzamos esta cota cuando la niebla nos cubría por completo. Estábamos en la collada de Linares, a 1571 metros y eran las 7:45 horas.
Aprovechando como base una estaca de la alambrada que lo cruzaba nos sacamos unas fotos de grupo. Sin tardanza, y con paisaje casi nulo, emprendimos el descenso hacia el Oeste por el valle de Linares. Según perdíamos altura se abría el valle y las nieblas quedaban en la parte alta. El sendero era imperceptible en la pradera pero no tardando enlazamos con el ancho camino. Éste se metió entre escobas un tramo para salir luego a otra zona de praderías en las que pastaban varias reses de vacuno, los Puertos de Linares. Enseguida vimos el tejado rojo del refugio donde descansaríamos un poco. Para llegar a él el camino rodeaba una loma que Mª Jesús decidió atajar.
A las 8:30 horas llegamos a éste refugio con una cuadra de ganado cubierta adyacente. Antes habían llegado Álvaro y Tiquio que ya habían abierto el recinto. En el interior encontramos una mesa con sillas, chimenea que prendimos, una cocina de gas y varios colchones en condiciones poco utilizables. En la mesa nos acomodamos para ¿desayunar?. Mª Jesús se encargó de darle una pasada con un cepillo que había en la estancia de la que subía unas escaleras al piso superior que estaban reformando y arreglando.
Sin tardanza extendimos las esterillas y sacos en el suelo para dormir un rato. Mª Jesús se acostó encima de la mesa. Hubo que abrir alguna ventana para que saliese el humo que se había acumulado al encender la chimenea. Sin más retrasos nos acostamos poco antes de las 10:00 horas.
Eran las 12:30 horas más o menos cuando hemos ido levantándonos. En el cielo teníamos nubes y claros alternados y la temperatura era buena. En el exterior había un estanque de agua en cuyo centro se situaba el tubo por el que manaba un buen chorro de ella. El mastín, que a la llegada estaba en un recinto, había salido y se paseaba por las cercanías dónde también vimos numeroso ganado que antes no estaba. Había varias vacas y un gran toro al lado de la puerta. Del piso superior del refugio, en el que había un pastor eléctrico con batería, salía un alambre que recorría un tramo de valle. Tardé un poco en situarme dentro del mapa en el que no me cuadraba lo que Álvaro me decía. Según él, el arroyo que bajaba por este valle iba al de Reyero, no a Solle, situado en el contiguo, como yo creía.
Tras recogerlo todo y limpiar un poco la estancia, emprendimos la marcha a las 13:20 horas. el camino seguía por la ladera hacia el Noroeste bajando suavemente y paralelo a la alambrada. Cruzamos luego una cancilla y nos metimos entre escobas comenzando a subir enseguida hacia una collada en la parte Suroeste del Sextilón donde del mapa marca el Puerto de Linares con 1498 m. Allí comenzamos el descenso por el valle del arroyo de la Llosa. En este valle, bajo un gran peñón, vimos otra cabaña con una ganadería en un cercado. Frente a nosotros emergió el Susarón y a sus pies algunos edificios del desabitado Camposolillo.
Hacia la cabaña se dirigía el camino serpenteante, por lo que atajamos el último tramo a ella. Allí había otro perro que se nos acercó. Unos metros por debajo había una fuente con pilón de la que cargamos agua. Desde allí nos metimos en la misma vaguada sin seguir el camino y haciendo caso al oriundo de la zona. Entre unos árboles encontramos un grupo de caballos y un bonito potro. Enseguida enlazamos de nuevo con el camino cerca del cual vimos algunos manantiales. Este camino forma parte de la ruta señalada como “PR LE-30 Las Biescas” que recorre algunas de las cumbres de la parte sur de dicho valle entre Solle y Pallide. De hecho hace años hicimos una ruta por esas crestas desde este último pueblo.
El valle se fue estrechando hasta casi encajonarse con el arroyo paralelo al camino. En algunos prados había más ganado pastando y en el alto de la Peña Forcada vimos una bandera de España en un mástil. Encontramos unas zarzamoras con frutos que comimos y luego en un indicador marcaba dos opciones hacia el collado de Orones por la ruta de Las Biescas. No tardamos en divisar las primeras casas de Solle al final del desfiladero. En pocos minutos entrábamos en el pueblo cuando eran las tres en punto de la tarde. Por sus calles recorrimos los últimos metros de esta ruta y en diez minutos terminamos la misma donde teníamos el coche y dónde ya estaban algunos compañeros.
Nos cambiamos mientras la madre de Álvaro salía a convidarnos con unos trozos de riquísimo bizcocho que le agradecimos. El sol podía más que las nubes que rondaban aún en el cielo y calentaba bien. Estuvimos decidiendo donde comer y decidimos hacerlo en el merendero de Pardomino.
Nos despedimos de la familia de Álvaro y a las cuatro emprendimos el viaje. En el pantano nos detuvimos unos minutos a sacar unas fotos, y habiendo dejado la presa atrás, entramos en el camino de Pardomino. Unos metros mas adelante, y antes de entrar en la zona restringida, se encuentra este merendero en el que nos detuvimos y acomodamos a comer. En uno de los bancos del mismo nos sentamos cómodamente a la sombra y allí estuvimos hasta las 17:20 horas.
Retomamos el viaje de regreso a esa hora pasando poco después por Boñar y a la altura de Vegaquemada nos desviamos a tomar un refrigerio y hacer las cuentas de la salida. En la terraza de un bar estuvimos una hora antes de emprender el último trayecto a León a las 18:40 horas. En Barrio de Nuestra Señora nos desviamos para volver por la carretera de Santander al lado de la cual vimos varios huertos solares con numerosos paneles. A la entrada de Villaobispo circulaba por delante un bonito coche clásico. En esta localidad nos despedíamos a Álvaro a las 19:15 horas. Poco después hacíamos lo mismo con Mª Jesús y a las 19:35 horas quedábamos Luis y yo en casa.
Tras las previsiones meteorológicas que teníamos, y que no se cumplieron, no pudo resultar mejor esta marcha nocturna. Salvo la incidencia de la bajada a Lois, que desechamos, resultó una experiencia totalmente satisfactoria y todo lo inaudita que puede resultar siendo nocturna























lunes, 30 de julio de 2012

CAÑÓN DEL TERA (Sanabria - Zamora) - 29-07-12

 


1ª TRAVESÍA “RIBADELAGO VIEJO – CAÑÓN DEL TERA – CUEVA DE SAN MARTÍN –

SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA – RIBADELAGO VIEJO”. (Zamora).

29-07-12                    (Domingo)

Finalizamos este mes de julio en otra provincia limítrofe con la nuestra, en este caso Zamora. En Sanabria hay numerosas rutas marcadas, varias de las cuales hemos recorrido, como esta misma. En esta ocasión la hemos ampliado cerrando un circulo completo desde La Cueva de San Martín a Ribadelago por San Martín de Castañeda.
Salimos de León a las 8:00 horas en mi furgoneta y el coche de Tiquio. Además iban Nati, Álvaro, José Antonio e Irene. Por la autovía nos dirigimos hacia Benavente viendo como el cielo se cubría amenazante, lo cual contrastaba con la buena previsión que teníamos para esa zona. Ya con dirección a Sanabria nos desviamos a Camarzana de Tera dónde se nos unieron Alex y Alba. Retomamos el viaje hacia Puebla de Sanabria dónde nos desviamos hacia el lago. El cielo se había ido abriendo inesperadamente y ahora lucía de nuevo el sol.
Cerca de las 10:00 horas llegamos a Ribadelago Viejo, 1017 m, deteniéndonos en un bar a tomar un café. Tras el mismo nos dirigimos hacia el final del pueblo saliendo al lado del campo de fútbol y aparcando a la sombra de unos árboles cerca de un chiringuito. Nos preparamos para la ruta y a las 10:30 horas emprendimos la misma por un camino paralelo al río Tera que bajaba por nuestra izquierda. Entre vegetación avanzamos hacia el Norte pasando ya algunos tramos de grandes rocas. Más adelante cruzamos el río por varias de esas moles mientras el camino se convertía en estrecho sendero. Por el mismo salimos a la gran explanada llena de enormes piedras, muchas de ellas arrastradas por la avalancha de la rotura de la presa de la Vega del Tera hace 53 años. Atravesamos por el medio de ellas y fue al dejarlas atrás cuando abandonamos la ruta buena que en todo momento va marcada por señales de color verde, estacas o pintura.
Por acercarnos hasta el río, en el que ya se comenzaban a ver cascadas y pozas excavadas en la roca, nos salimos de la senda sin darnos cuenta, ya que sí había hitos de piedras de los que en ningún momento hay que fiarse demasiado. Estuvimos un rato sacando fotos y demás en aquel lugar antes de retomar la marcha ya metidos en el cañón y ascendiendo por las formaciones rocosas del mismo. Franqueamos un paso entre grandes rocas y llegamos a una bajada un tanto complicada hacia el lecho. Del otro lado venía una pareja que nos comentó que no se podía seguir por allí. José Antonio ya había pasado y Álvaro se decidió tras él. De frente había una bonita cascada que tampoco se podía remontar.
Yo llevaba un pequeño resumen de la vez que lo había hecho y en él indicaba que había que subir un tramo empinado por la izquierda, lo cual no habíamos hecho aún. Mientras ellos dos bajaban y cruzaban al otro lado, el resto optamos por retroceder unos metros y buscar el sendero bueno, ya que además no veíamos las marcas verdes. Nos separamos entonces unos de otros buscando el sendero bueno. Yo avancé paralelo al cañón a media ladera entre matorral y piedra sin encontrar lugares para bajarlo y cruzarlo. Estábamos en una encrucijada de dos vaguadas, la principal y otra secundaria que bajaba por la izquierda. Volví sobre mis pasos y comencé a subir siguiendo a los compañeros y pronto vi un poco por debajo a la pareja anterior que me indicaron que iban por las marcas, por lo que me uní a ellos sin pensarlo. Para mi sorpresa me encontré a Nati en el mismo sendero algo más arriba.
El sendero subía por esta ladera izquierda del cañón y pasaba por detrás de un cerro antes de dar vista de nuevo al mismo. Yo veía a Álvaro pero no al resto. Les estuve llamando sin respuesta y a Álvaro le indiqué por dónde podía cruzar de nuevo sin problema, ya que estaba en un punto sin salida. Al poco aparecieron los demás por la parte alta del cerro y José Antonio en la misma margen que Álvaro. Habíamos perdido mas de media hora con este error a tener en cuenta. No dejar nunca las marcas verdes y subir hacia la izquierda a la entrada misma del cañón.
Desde aquel punto había que bajar unos escalones de piedra hacia el cañón secundario. Luego pasamos un tramo entre arboleda y nos metimos en una subida por una losa de roca encima del arroyo en el que apenas corría el agua y había numerosas pozas. Siguiendo el sendero ascendimos mientras pasábamos al cañón principal por el que continuamos mientras el agua desaparecía bajo el lecho rocoso. Las estacas y pinturas verdes en forma de huella seguían guiándonos fielmente. Subimos luego un tramo dónde el agua había formado una especie de tobogán alisando la piedra. En la parte alta del mismo nos alcanzó un joven que nos sacó unas fotos de grupo.
Unos metros por delante se encuentra una bonita laguna de aguas cristalinas. La dejamos a la derecha y poco más arriba el sendero se pegaba a la pared izquierda teniendo una bella vista de la laguna detrás. No tardando alcanzamos otra zona donde el río formaba algunas cascadas y pozas en las que nos sacamos algunas fotos más. De vez en cuando encontramos algunos repechos de fuerte subida en los que ganábamos altura rápidamente. También medio trepamos en algunos lugares dónde el sendero desaparecía en la roca.
Llegamos a otro punto dónde había que atravesar el río y en cuya pared de frente había una placa recuerdo y una caja metálica a su lado. Álvaro se acercó hasta ella, aunque no era fácil alcanzarla al estar en medio de la pared. Al otro lado del río nos detuvimos unos minutos a la sombra de un árbol y vimos aparecer a José Antonio por detrás, el cual había quedado por detrás en el primer paso.
El sendero seguía ahora dejando el río a la izquierda y alejándonos de él. Subía por la ladera dando algunos giros hacia la parte contraria a la marcha. Echando la vista atrás vimos otra serie de pequeños saltos y cascadas en el lecho del río. El sendero cruzó luego una zona de vegetación varios metros por encima del cauce y pegado después a las paredes del cañón. En pocos minutos nos situamos de nuevo a la misma altura del agua comenzando desde allí una fuerte subida por una canal rocosa no muy larga. Desde allí vimos Ribadelago al final del cañón.
Siguiendo el sendero muy marcado subimos paralelos al río y viendo cómo el desfiladero se iba ampliando. Nos encaramamos a una roca en medio de la ruta desde la que se veía ya el ensanche dónde se emplaza La Cueva de San Martín. Atravesamos seguidamente una zona de arboleda y helechos llegando luego a un puente de cemento muy envejecido por el que pasamos. A los pocos metros vimos por fin el lago de La Cueva de San Martín, 1160 m. Eran las 14:45 h.
Otro puente de cemento nos situó frente al mismo con una bella panorámica. Allí nos sacamos una foto de grupo. De frente teníamos la cascada que lo alimenta y desde la que sigue el cañón, aunque más cerrado. Bordeamos el lago por la derecha donde había unas praderías y nos colocamos al mismo borde del agua, viendo como a un metro de la orilla el terreno se desplomaba verticalmente hacia las profundidades.
El calor era sofocante y nos habíamos ido mojando en el río durante la subida, al igual que Rex, el perro de Tiquio, que se había metido en varias. Ahora buscamos una sombra para comer bajo unos arbustos cercanos y nos acomodamos sentados en algunas rocas que había. Por allí estaba el joven que nos había sacado las fotos en la ruta y algunas personas más. Nos comentó que por encima de la cascada había otra y una bonita poza.
Cuando terminamos de comer decidimos subir a esta zona. Álvaro e Irene optaron por quedar allí. Subimos por las rocas de la derecha de la cascada y nos situamos encima de ella. Unos metros más arriba se emplazaba el bonito rincón con la poza cristalina y el salto que la alimentaba al fondo. Para llegar a ella solo se podía por el agua, y eso hizo José Antonio, que no dudó en tirarse a nadar. El resto nos metimos los pies en un agua helada que cortaba. Acabábamos de comer y aún no había peligro de corte de digestión.
Pasamos un rato ameno allí antes de regresar donde habían quedado los compañeros custodiando las mochilas. Sin tardanza recogimos y a las 16:40 horas emprendimos la marcha. La ruta continuaba marcada desde el punto de llegada a la vega, aunque nosotros atajamos sin retornar a dicho punto enlazando enseguida con la senda. Atravesamos el río por unas piedras y enseguida comenzamos subir fuertemente entre vegetación por la ladera Este. En algunos tramos veíamos el sendero totalmente adoquinado por las raíces de los arbustos. El calor era sofocante y el agua ya nos escaseaba. Decidimos cargar algo en un arroyo que bajaba a nuestra orilla y que nos pareció “bebible”.
Mas arriba salimos a una explanada en la que había un par de majadas. Atravesamos un prado de helechos donde el sendero casi se perdía. Volvimos a subir otro tramo empinado hasta que la senda se suavizó un poco a media ladera. Algunos tramos, los menos, se metían entre arboleda, mientras que otros atravesaban pedreros. Cruzamos una cancilla de ganado mientras la vista se agrandaba y contemplábamos la laguna y parte del cañón. También fue ampliándose la vista hacia la parte alta de éste viendo muy al fondo el muro derruido de La Presa Rota o Vega del Tera.
La dirección que llevábamos era contraria a la subida por la parte baja y tras un rato vimos Ribadelago. Allí la senda se había ensanchado y en medio vimos una tapa de registro de aguas. Por delante nos restaban pocos metros hasta la parte alta en una especie de altiplanicie moteada por grandes moles rocosas y redondeadas.
A las 18:00 horas alcanzábamos esta cota de unos 1600 metros desde la que comenzamos el descenso suave por la ladera contraria y siguiendo el camino entre escobas. Las marcas habían desaparecido y en un sendero señalado con hitos nos entró la duda. Éste bajaba por el medio de una vaguada hacia unas praderías mientras el ancho camino ascendía desde este punto de forma moderada hasta alcanzar el borde del barranco desde el cual pudimos ver una bonita panorámica del Lago de Sanabria con los pueblos a su orilla.
El camino comenzaba a bajar con dirección a Ribadelago Viejo en vez de a San Martín de Castañeda hacia el que queríamos ir. Tampoco había otra alternativa, salvo volver al desvío del sendero anterior. Al final, y como ya eran las 18:20 horas, optamos por seguir el camino que se internaba entre arboleda dando varios zigzag por la ladera. Más abajo salimos a un escampado en el que paramos unos minutos a la sombra.
Pasamos otro tramo de bosque y en otro descampado encontramos una excavadora de desguace en la que saqué unas fotos a Álvaro siguiendo la tradición. De nuevo en marcha y por bosque vimos una marca verde de la ruta por fin. Entre los delgados troncos veíamos el lago por la derecha. Enseguida salimos a cielo abierto cerca de una explotación ganadera a la que subía un camión. En las praderas vimos varias cigüeñas.
Llegamos así a otra bifurcación en la que las señales tampoco estaban muy claras. Tomamos el ramal de la derecha que a los pocos metros nos sacó a la carretera como marcaba el mapa que llevábamos. Quedábamos por detrás Tiquio, Álvaro yo y ahora dudamos si San Martín quedaba hacia arriba o hacia abajo. Una vez más el mapa nos dio una pista y nos encaminamos hacia abajo siguiendo el trazado serpenteante del asfalto. Llegamos a una fuente que manaba al lado de la carretera y en la que cargamos agua antes de seguir bajando. En otra cerrada curva de la carretera se encuentra el “Refugio San Bernardo” de la Agrupación Montañera Zamorana. Allí estaban los compañeros con uno de los guardas del mismo. Éste nos indicó que, para enlazar con la “Senda de Los Monjes”, por la que regresaríamos a Ribadelago, podíamos atajar allí mismo para cogerla sin entrar en San Martín de Castañeda, que lo teníamos al lado. Yo me quedaba con las ganas de entrar al pueblo, pero ya eran las 19:20 horas y se nos hacía tarde. Estábamos a unos 1300 metros.
Salimos por un sendero que atravesaba un túnel bajo la carretera y en el que había una cosechadora. La senda bajaba entre vegetación y arboleda hasta que salimos a una atalaya sobre el lado con una vista amplia y bonita del mismo. Bajábamos de continuo pasando algunos tramos donde el fuego había dejado su huella. Cruzamos también algunos riachuelos sobre los que habían colocado unas grandes losas a modo de puentes.
Bajamos algunas cuestas de fuerte pendiente cerca de riscos rocosos y vimos en varios trechos los vestigios de la calzada empedrada que según se dice, armaron los monjes. De hecho esta ruta se llama “Senda de Los Monjes” y bordea todo el lago estando marcada por estacas y señales de color azul. La anterior del Tera terminaba en San Martín de Castañeda.
Ya en la parte baja cruzamos un puente de piedra y dejamos atrás una nave antes de meternos en un camino entre prados de hierba segada y formaciones rocosas dónde crecían los helechos. Poco a poco fuimos girando con dirección a Ribadelago ahora con roquedales a ambos lados. Me había quedado solo por detrás y así entré en Ribadelago encontrando la antigua iglesia derruida allí mismo. Eran las 20:35 horas.
Por delante, ya en el tramo hacia los coches, vi a los compañeros. Cerca de una casa en ruinas había un mojón grabado en memoria de una de las víctimas de la tragedia de la presa. Enseguida llegué al desvío del campo del fútbol y tras unos 200 metros por aquel camino terminaba la ruta a las 20:45 h. En total habíamos hecho unos 13 Km. Nos cambiamos y allí mismo en el chiringuito nos acomodamos para tomar algo. Nati estaba en el pueblo y la llamé. Alex y Alba marcharon enseguida.
A las 21:45 horas emprendimos nosotros el regreso a León. Por la carretera bordeamos el lago y poco después llegábamos a la incorporación de la autovía de Benavente por la que circulamos hasta en enlace con la de León. A las 23:30 horas llegábamos a la capital dónde quedaban los compañeros. En pocos minutos llegaba yo a casa.
Sin duda resultó una grata jornada en la que recorrimos una de las varias rutas señalizadas de Sanabria y de las más agrestes.




















lunes, 16 de julio de 2012

"SENDA DEL CAORU" (Asturias) 15-07-12

 


1ª TRAVESÍA “ARENAS DE CABRALES – SENDA DEL CAORU – TIELVE – SENDA DE LA RUMIADA - PONCEBOS”. (Asturias).

15-07-12                 (Domingo)

Para este fin de semana teníamos programado dentro del calendario de actividades del club de montaña esta travesía en la vecina provincia asturiana. En principio la idea era ir a pasar la noche cerca de la misma para emprender al día siguiente la ruta pronto, pero varios de los que estaban animados no podían hacerlo, así que se decidió madrugar el domingo y marchar pronto de León.
A las 7:00 horas nos reunimos en Guzmán los 7 participantes de la marcha emprendiendo el viaje en el coche de Tiquio y el mío. Además de nosotros dos, iban también Nati, Álvaro, Mª Jesús, Santiago y Alex, acompañados también por Rex. Por la nacional salimos hacia Puente de Villarente dónde giramos hacia Boñar y en éste a enlazar con la de Riaño en cuya localidad nos detuvimos a desayunar unos minutos. De nuevo en marcha nos dirigimos hacia el puerto del Pontón que bajamos camino de Oseja de Sajambre. En el desfiladero de Los Beyos entramos en el Principado de Asturias con dirección a Cangas de Onis primero y Arenas de Cabrales después, final de nuestro viaje. Algo menos de 200 Km. recorridos hasta esta localidad a la que llegamos a las 10:30 horas.
En un aparcamiento paramos viendo al Sur la sierra que luego subiríamos cubierta en parte por nieblas que no daban buen augurio. Para evitarnos los 6 Km. de carretera entre aquí y Poncebos, final de la ruta, decidimos acercar un coche hasta aquel punto. Allí nos encontramos con un buen número de vehículos de personal que en su mayoría haría la Senda del Cares. Varias personas indicaban el lugar para aparcar dejando mi furgoneta en uno de los carriles de la carretera. Nati decidió también quedar allí mientras en el coche de Tiquio regresábamos a Arenas. Algunos teníamos que coger agua, y lo hicimos en una fuente de un parque cercano antes de emprender la marcha hasta el comienzo de la ruta, al principio de la carretera de Poncebos. En el Cares vimos unas bonitas formas de la roca moldeada por el agua a modo de cavidades.
En el comienzo de la ruta, un cartel indicaba los datos de la misma y el mapa. Hasta Poncebos teníamos 20 Km. en total con un desnivel de unos 1200 metros, sin contar el acumulado por subidas y bajadas. Nos encontrábamos a 140 m de altitud y la máxima estaba en el collado de Posadóiro a 1200 m y tras 11 Km. Luego bajaríamos a Tielve, en el kilómetro 15 y a unos 650 metros de altura y terminaríamos en Poncebos tras los 20 Km. y a 250 metros de altitud. La ruta hasta Tielve estaba marcada como “PR AS 127”.
Tras una foto de grupo, emprendimos la marcha a las 11:30 horas y ya subiendo por un bonito bosque. El camino serpenteaba entre la arboleda dónde pudimos ver algunos grandes troncos. Diez minutos después del comienzo atravesamos sobre un canal de agua pasando luego un tramo a cielo abierto. En un gran tronco nos encaramamos para sacarnos unas fotos entre sus gruesas ramas. Nos encontramos además con un sinfín de helechos que escoltaban el camino. Echando la vista atrás podíamos ver de vez en cuando Arenas de Cabrales entre la arboleda.
Más adelante pasamos al lado de un grueso tronco caído de grandes dimensiones. El bosque en su conjunto era un verdadero cúmulo de bellos rincones y totalmente verde. En algunos árboles se podían ver los vestigios de los rayos que los habían atravesado de arriba abajo. No he apuntado, y es importante saberlo, que esta ruta transcurre sobre una antigua calzada romana, y como tal está adoquinada por gran cantidad de piedras en el terreno.
De vez en cuando salíamos a cielo abierto viendo sobre nosotros la numerosas nubes amenazantes. De continuo íbamos ganando altura y solo algún tramo insignificante llaneábamos. Por encima de Arenas corría la Sierra del Cuera, que en menos de un mes tenemos también como actividad del club. Nos cruzamos con algunos senderistas más e incluso nos dejó atrás un joven corriendo. Sinceramente, la envidia que me dio tener esa resistencia.
En un determinado punto vimos unos metros por encima una curiosa estampa. Lo que en época de lluvias era una torrentera, ahora era un tobogán de roca en el que había varias pequeñas pozas horadadas formando un curioso mosaico de huecos. Completaba la postal un tronco seco y erguido por delante de la misma.
Allí habíamos dejado atrás el frondoso bosque y tan solo algunos árboles quedaban en el paisaje cercano. Al final tenemos que agradecer las nubes y el bosque, ya que de cogernos el sol de julio subiendo podíamos haber quedado en el intento.
Después de unos metros llegamos a una zona rocosa dónde el sendero serpenteaba por una especie de canaleta que nos sacó a otro claro. En él había una gran roca con una cruz y una placa en homenaje a “Los Pastores de Arenas”, según rezaba la misma. Este punto se llama “La Cruz de Pruvia”. Eran las 13:40 horas y podíamos llevar unos 4 Km. recorridos. Nos detuvimos unos minutos en dicho lugar dónde unos indicadores marcaban “La Bolera” y “Tordín” y otro “Fuente Teja”. Apunto que Santiago había marchado hacía rato por delante y no le habíamos visto más. Adelanto que no lo hicimos en todo el resto de la ruta.
Siguiendo los primeros indicadores atravesamos otro campo de helechos mientras ahora lucía el sol radiante. Dejamos atrás una gran cavidad en una roca y otro tronco seco y pasamos un pequeño bosque de arboleda antes de dar vista a una empinada ladera recorrida por tapias de piedras trasversales. Por encima vimos una majada a la que se dirigía el sendero que también serpenteaba por dicha pendiente. Entre helechos y praderías ganamos esos metros hasta alcanzar dichas brañas a las 14:30 horas.
Aquí haré un pequeño inciso. Llevábamos un mapa detallado de la ruta con los kilómetros y las majadas indicadas en él, pero cómo habíamos encontrado algunas más desperdigadas, en esos momentos no podíamos concretar exactamente cuales eran. Lo mismo nos pasó con las siguientes, aunque no con las últimas que sí estaban más indicadas con señales. Ahora revisando mejor el mapa y consultando fotos de Internet y demás, puedo concretar que estas primeras eran los Invernales de Portudera o Del Portugués y estábamos a unos 870 metros de altitud y habiendo recorrido 5 Km.
Nos sacamos una foto en ellos y retomamos la marcha por el sendero que se introdujo en un pequeño desfiladero. Fue aquí dónde nos encontramos con una joven que se nos uniría el resto de la ruta hasta Tielve. Se trataba de una chica holandesa y algo sordomuda que sin embargo entendía el castellano leyendo los labios. Estaba de vacaciones en Arenas y la habían recomendado en el hotel dicha ruta, encontrándose con una dureza que no esperaba y sin mapa. Hay que decir que la ruta está en general marcada, aunque como siempre, encuentras lugares dudosos dónde no hay ni una. Eso le había pasado a ella además y acababa de darse la vuelta. Nos comentó la posibilidad de unirse a nosotros y así fue como, habiendo perdido un acompañante, recuperamos otra.
No tardamos en dejar atrás y a la izquierda la Majada de Tambrín tras la cual emergían varias cumbres en la lejanía. Emprendimos entonces una subida por una vaguada que nos sacó a una collada en la que encontramos una fuente con pilón seco al lado de un árbol. Allí nos metimos en la ladera de una vega por debajo de nosotros encerrada entre roca. Suavemente ganamos altura allí hasta salir a otra pradería en la que vimos dos majadas más a la abrigada de unas rocas. El sendero seguía por el medio de la vega sin marca alguna y de él salía otro a la derecha que cogimos.
Mª Jesús había hecho esta ruta una vez, pero según nos contó, por causa de un incendio que había, les habían desviado de la misma en esta zona, por lo que no estaba segura de la senda real. Alcanzamos otro pequeño collado desde el cual vimos allí mismo otro grupo de cabañas, algunas medio derruidas. Tanto las anteriores como estas se denominan Humardo y la altitud era de unos 1030 m. Llevábamos 7 Km. y eran las 15:15 horas.
Desde allí bajaba un regato al que Mª Jesús fue a investigar. Estudiando el mapa nos convencimos que era el otro ramal el que había que seguir, por lo que emprendimos el regreso. Para atajar, optamos por meternos entre el matorral bajo para no perder altura a la vega ya que luego teníamos que remontarla hasta una collada. Entonces fue cuando vimos a un pastor en las cabañas bajo las rocas y nos confirmó que sí era ese el camino a seguir. Lo repito, dónde no hacen falta marcas porque no hay pérdida alguna, las encuentras, y dónde son necesarias no hay ni una. Menos mal que la niebla aún no nos había envuelto, como ya adelanto que pasaría.
Desde aquel collado bajamos a otra vega que por nuestra izquierda se perdía hacia el valle de la carretera entre Arenas y Panes. Encontramos entonces algunas estacas de la ruta que nos llevaron a otro regato estrecho por encima del cual subía el sendero. Al lado de otro tronco seco erguido encontramos pequeñas fresas silvestres que comimos. Atravesamos luego algunos pasadizos estrechos entre rocas antes de volver a salir a la ladera tupida de helechos. Fue entonces cuando vimos aparecer la niebla por encima y por debajo de nosotros cerrando rápidamente el paisaje.
Aún no nos llegó a envolver del todo y seguimos subiendo ahora por otra vaguada en la que se encuentra la Fuente Viña con un buen chorro fresco y pilón de piedra. Eran las 16:20 horas y llevábamos algo más de 9 Km. Allí nos detuvimos unos minutos antes de retomar el último repecho al collado que ya nos dio paso a la vega de Tordín y las majadas del mismo nombre.
En esta vega hay una gran cueva a la que nos acercamos unos minutos antes de ir a las cabañas. A la vera de una de ellas nos acomodamos en bancos y sillas para comer por fin cuando eran las 17:00 horas. Estábamos a unos 1200 metros de altura y en la mitad de la ruta.
Mientras comíamos vimos como la niebla se cerraba por completo en la vega. Poco antes un pastor nos había preguntado si habíamos visto unas cabras por detrás y le indicamos que así era en la otra majada. Poco después vimos aparecer un grupo de ellas por el lado contrario y a voces le avisamos.
Media hora después emprendimos la marcha comprobando que teníamos que buscar a tientas la senda que habíamos abandonado para ir a la cueva y las cabañas. Por suerte estaba por allí aquel joven que entre la bruma nos indicó que fuésemos hacia él que también llevaba rumbo al collado Posadoiro.
Siguiendo la estela del rebaño de cabras seguimos el sedero hasta ver por fin otra marca de la ruta. Subiendo suavemente llegamos por fin a dicho collado y entrada al Parque de Picos de Europa. Estábamos en el punto más alto de la ruta con 1220 metros, a 11 Km. de Arenas y eran las 17:40 h. Ahora, viendo fotos en Internet, compruebo lo que nos perdimos por la niebla. Desde allí hay una vista impresionante de Picos de Europa con el Naranjo de Bulnes “a tiro de piedra”, entre otras cumbres. Con tiempo, y buen tiempo, se puede subir al cercano pico Cueto de Tordín en el que hay dos grandes antenas que desde Humardo habíamos visto. El desnivel desde allí es de poco más de 100 metros.
Emprendimos sin mas el descenso por otro tramo de la calzada romana sin más visibilidad que unos metros. El joven se desviaba hacia Sotres y nos indicó el sendero a seguir a Tielve, aunque luego encontramos algunos desvíos que nos hicieron dudar un poco. En las rocas vimos encaramadas algunas cabras montesas y machos cabríos de grandes cuernos, uno de los cuales ni se inmutó al pasar por debajo de él. En algunos lugares encontrábamos marcas pintadas o señales de la ruta en la roca o estacas. Pasamos un regato en el que vimos numerosos renacuajos. También desde aquel tramo había una bonita vista del valle del río Duje desde Tielve hacia Sotres, lo cual nos perdimos igualmente. La joven que nos acompañaba, de nombre Femke, bajaba peor que subía y la íbamos esperando.
Más adelante nos encontramos con otro pastor que nos indicó la vaguada a seguir hasta una fuente tras la cual enlazaríamos ya con una pista cementada. Él iba hacia el mismo lugar pero por otro sendero de la parte alta.
Por la vaguada perdimos altura hasta encontrar dicha fuente y el pilón lleno de musgo formando un bonito manto bajo el agua. Entre helechos y algo de arboleda llegamos a la majada de Valfrío en la que ya estaba el pastor que antes nos había indicado la bajada. Eran las 18:35 horas y llevábamos 13 Km. Altitud allí, unos 1000 metros.
Por la pista, que en sus tramos más empinados estaba cementada, fuimos perdiendo altura considerablemente hasta divisar entre la niebla el pueblo de Tielve. Por encima de nosotros vimos unas curiosas formaciones de roca puntiagudas. Según íbamos bajando se abría más la niebla y veíamos más claro el valle. Varios metros por debajo transcurría la carretera hacia Sotres por la que vimos algún vehículo. Dejamos atrás una fuente dónde el camino se convertía en sendero. Pasamos algunos tramos entre arboleda y vegetación y otros al lado de paredes rocosas antes de entrar en Tielve a las 19:25 horas. Estábamos a 650 metros de altitud y habíamos recorrido 15 Km.
Nos encaminamos al bar del pueblo a tomar un refrigerio antes de retomar la última parte de la ruta a Poncebos. Habíamos dicho a Femke anteriormente que podía bajar con nosotros y la acercábamos luego a Arenas, pero visto cómo la habíamos visto bajar, ni ella lo vio claro ni nosotros por el retraso que nos ocasionaría. Por ello decidió seguir el plan que tenía, que era llamar a un taxi y bajar en él. Nos despedimos de ella intercambiando las direcciones E-mail para enviarle algunas fotos y demás y en pocos minutos llegó el taxi desde Arenas. Nosotros nos tomamos un refrigerio en la terraza del bar y a las ocho de la tarde emprendimos la marcha de nuevo.
Al igual que antes, el ancho camino se fue estrechando hasta hacerse senda, la cual se conoce como La Rumiada. Dejamos atrás una fuente y algunas cuadras de ganado pasando también un tramo al lado de una pared de roca que se curvaba por encima de nosotros a modo de techo del que colgaban unas enredaderas. Subimos entonces unos metros y pasamos entre un rebaño de vacas y un gran toro. Encima de unas rocas vimos un espantapájaros que en principio confundimos con una persona. Por delante, la niebla formaba unos bellos efectos entre unas agujas de la sierra. Tiquio, Álvaro y Alex se habían adelantado quedando Mª Jesús y yo algo por detrás. La niebla se convirtió en lluvia durante un rato y nos hizo protegernos con chubasqueros.
De vez en cuando íbamos viendo algunos invernales por debajo o a nuestra altura entre la vegetación y ramaje y pasamos al lado de otro bebedero con fuente en las cercanías de uno de éstos. Luego encontramos de frente un rebaño de ovejas por el medio del cual cruzamos. El sendero atravesó después un pequeño bosque para luego meterse bajo unas paredes de la sierra en cuya falda vimos más majadas. Cruzamos algunos pedreros y pasamos bajo una torreta eléctrica tras la cual el sendero se arrimó a un gran barranco de caída vertical.
Justo por debajo de la línea eléctrica transcurría la senda en medio del cual encontramos una oveja muerta y llena de gusanos que la devoraban. Desprendía un fuerte mal olor y nos desviamos rápidamente, aunque casi me la había llevado por delante antes.
No tardamos en ver Camarmeña frente a nosotros y poco después los bares de Poncebos. Por el móvil habíamos hablado con Santiago, que ya llevaba unas dos horas allí con Nati. A nosotros nos restaba una última bajada de fuerte pendiente que, tanto Santiago como Mª Jesús me habían pintado fatal por lo resbaladiza y empinada. Ya situados encima de la carretera de Arenas me llamó de nuevo Santiago a ver dónde estábamos y por las indicaciones nos consiguió ver ya desde abajo.
Al final la bajada no fue tanto como me esperaba. Los sucesivos zigzag evitaban en gran medida esa dificultad. La senda estaba en muchos tramos ensillada con piedras que de estar muy mojadas sí podrían suponer un peligro. Del otro lado de la carretera veíamos los tubos por los que baja el agua del canal del Cares a la central eléctrica que teníamos bajo nosotros. Pasamos al lado de un gran caserón medio derruido y pegado a la pared de roca de la derecha y salimos por un lateral de una alambrada de sujeción para las piedras sueltas de aquel roquedal.
A las 22:00 horas salíamos a la carretera frente a la central eléctrica. Por la misma, y tras atravesar un túnel, llegamos al desvío de Sotres y Tielve cerca del cual está la entrada del funicular que sube a Bulnes. Escasos metros nos restaban para llegar al lugar dónde estaban los compañeros, lo cual hicimos a las 22:08 horas, tras 20 Km. recorridos y estando a una altura de 250 metros.
Ya con el cielo muy anochecido me quedaba acercarme a por la furgoneta, que había dejado unos 200 metros más adelante en dirección a la senda del Cares. Me acompañaron Mª Jesús y Álvaro y en este tramo dejamos el desvío a Camarmeña, distante 1,5 Km. Con la furgoneta regresamos dónde los compañeros. Ahora subió Tiquio también para ir hasta Arenas de Cabrales dónde quedamos nosotros mientras él volvía a por Santiago y Alex.
En la terraza de una cafetería cercana nos acomodamos para tomar un refrigerio y algunos cenar un poco. Cuando llegaron los demás se nos unieron y pasamos unos minutos allí sentados. No nos retrasamos mucho ya que nos quedaba el regreso, que habíamos decidido hacer por Oviedo y Pajares.
Salimos sobre las 23:30 horas con esa dirección dejando atrás Cangas de Onis y varias poblaciones más antes de enlazar con la autovía. Por ella llegamos a Oviedo dónde enlazamos con la de León. En Campomanes la abandonamos para subir Pajares, en cuya parte alta encontramos niebla. A medida que avanzábamos hacia la capital se fue desvaneciendo y así entramos en León a las 2:20 horas. Dejamos a Nati cerca de casa y a Álvaro en Guzmán donde nos despedimos también de Santiago, Alex y Tiquio. Minutos después dejaba a Mª Jesús en casa y a las 2:45 horas llegaba yo a la mía.
Sin duda ha sido una de la rutas más fuertes que he hecho hasta ahora, aunque también es cierto que me resultó muy cómoda por la tranquilidad que la hicimos... algunos. Viendo ahora varios blog de Internet con las fotos y demás en días despejados, compruebo que nos perdimos unas bellas vistas desde la collada y toda la parte alta. No descartamos repetir parte de ella, asegurando buen tiempo, y subiendo aunque solo sea desde Tielve a la collada de Posadoiro. Se estudiará.