lunes, 7 de noviembre de 2011

MAGOSTO - VALLES DE BALBOA 06-11-11

 

MAGOSTO EN BALBOA.

1ª TRAVESÍA “BALBOA – PUMARÍN – CANTEJEIRA – CASTAÑOSO – BALBOA”.

06-11-11         (Domingo)

Después de habernos quedado sin plazas para el Magosto de la Delegación de Montaña, hemos decidido agregarnos a otro en el último momento. Por parte de Mª Jesús se nos propuso acercarnos a Balboa, localidad berciana en la que durante el fin de semana se celebraba este evento típico de estas fechas otoñales. Tan solo cuatro nos animamos a ello quedando luego reducidos a tres los participantes en el mismo: Mª Jesús, Álvaro y yo.
A las 7:30 horas salimos de Armunia en mi furgoneta por la ronda sur enlazando enseguida con la nacional hacia Astorga. En ella entramos a la autovía por la que dejamos atrás Ponferrada abandonando la misma en Ambasmestas. Escasos 7 Km. nos restaban a Balboa, 700 m, donde encontramos aún numeroso personal en diferente estado de “alegría” que seguía la fiesta desde el día antes. Eran las 9:30 horas y habíamos hecho 150 Km.
El cielo gris y con algo de llovizna cayendo nos obligaba a determinar los planes para la jornada. Por una parte queríamos ver una bonita cascada en Cantejeira y por otra realizar una ruta circular por los pueblos cercanos. Sobre las cinco de la tarde comenzaba el magosto, que consistía en una actuación de música celta en una de las pallozas-bar mientras se consumían castañas asadas que daban como tapas en la misma.
Para hacer la ruta completa subiendo a la cascada era muy difícil llegar a esa hora o incluso poco más tarde. Siempre se podía atajar desde cualquiera de los pueblos de la misma, lo cual hicimos al final. Por un lado, la ruta marcada y oficial estaba trazada desde Balboa a Castañoso, Villariños, Chandevillar y vuelta a Balboa. Para ver la cascada había que subir hasta Cantejeira pasando por Pumarín y luego dirigirnos hasta Castañoso y enlazar con la ruta. Ya adelanto que, tanto la mala señalización, como la falta de la misma, por insuficiente o gamberrismo, nos hicieron perder muchísimo tiempo durante la jornada como luego detallaré.
A las 9:40 horas emprendimos la marcha hacia Cantejeira, distante 4,5 kilómetros y con un desnivel de 400 metros hasta el mismo. Atravesamos un bonito parque por el que cruzaba un arroyo y poco después cogimos la carretera que asciende de continuo hacia dicho pueblo. El sol quería salir entre la nubes y avanzo que al final se impuso, aunque peleando de continuo con ellas. La lluvia se fue haciendo más débil y también cesó antes de llegar arriba. El frío sí era intenso de momento.
Delante de nosotros se alzaba el castillo de Balboa en el alto de un cerro cubierto de arboleda. Los castaños escoltaban la carretera a ambos lados dejando caer sus frutos ya maduros. Íbamos cogiendo algunas para probarlas sin entretenernos demasiado ya que la marcha se prometía larga, si la hacíamos entera. Algunos coches iban y venían por ella, aunque muy escasos. Dejamos atrás unos depósitos de agua mientras ganábamos altura constantemente.
La vista era cada vez más amplia del valle de Balboa sobre el que veíamos un amplio y bonito arco iris que salía del mismo pueblo. Hacia el Noroeste se cerraban negros nubarrones que amenazaban lluvia con fuerza, pero el viento corría algo trasversal y no los llegaba a cerrar sobre nosotros.
En esta subida íbamos siguiendo una ruta señalizada para bici de montaña que recorre las cuencas mineras de la comunidad y encontrábamos señales de la misma en diferentes tramos. La carretera serpenteaba valle arriba por la ladera Este entre arboleda, aunque los castaños habían desaparecido según avanzábamos. Llegamos así a una bifurcación donde cada ramal se divide para llegar a Cantejeira por diferente ruta. Uno va directamente mientras el otro pasa por Pumarín, aunque en distancia es similar uno a otro. Mª Jesús había tomado un atajo por un sendero mientras Álvaro y yo decidíamos no abandonar de momento el asfalto. Nos encaminamos hacia el primer pueblo, Pumarín, donde nos encontramos en pocos minutos cuando eran las 10:50 horas.
En dicho pueblo, situado a 1050 metros de altitud, entablamos conversación unos minutos con una vecina. Retomamos la marcha atravesando la pequeña localidad y enlazando luego a la otra carretera que baja hacia Villafeile y Ambasmestas. Hacia el lado contrario nos encaminamos divisando enseguida Cantejeira a poco más o menos un kilómetro. Ahora lucía el sol y entre la niebla pudimos ver la cumbre de Peña Rubia. Poco después llegamos al encuentro de los dos ramales de la carretera a dicho pueblo que se unían poco antes de entrar en él.
A la entrada de Cantejeira se encuentra el cementerio desde donde poco antes parten dos senderos, uno de ellos marcado con dirección a Balboa y el otro sin nada. Nos habían dicho que también salía de allí uno hacia Castañoso, pero no lo vimos.
A las 11:25 horas llegábamos a Cantejeira situado a 1100 metros de altitud. Alguien nos indicó la salida hacia la cascada y hacia ella nos dirigimos. En una fuente paramos unos minutos y charlamos con una pareja de lugareños que nos indicaron también dicho camino. Apunto que en la fuente había unas bonitas esculturas de madera empotradas entre las piedras de la misma así como una placa de homenaje a un personaje de la localidad.
A las 11:40 horas salimos del pueblo por un camino hacia el Este por encima de varias huertas y prados. A unos 500 metros encontramos una bifurcación con una señal en medio a modo de flecha señalando a la derecha que ponía “cascada”. Pues bien, dicha señal estaba desclavada puesta provisionalmente en medio de los ramales y de frente al ramal derecho, con lo cual, si nos fiábamos de ella teníamos que seguir por nuestra izquierda. Claro que, si la flecha realmente tenía que estar mirando hacia el pueblo, que era lo normal, teníamos que ir hacia la izquierda. Vamos, un dilema. María Jesús se acercó unos metros hacia la derecha sin ver señal alguna de los hitos que nos habían comentado que había.
Sin más nos encaminamos hacia la izquierda comenzando un fuerte descenso hacia un valle. No tardando surgió otro dilema al ver un nuevo cruce de tres senderos. Uno lo descartamos al ver que subía demasiado hacia la cresta. De los otros, otro bajaba directo al río y el tercero seguía de frente hacia el fondo del valle. Seguimos éste último llegando a unas praderías donde daba un giro total por la margen contraria de la reguera Tabernas. Dudamos si habría que seguir valle arriba, pero ya no se veía trotado y desistimos. Seguimos el sendero por esa otra margen entrando en un pequeño pinar que atravesamos enseguida.
Ya fuera de él, y sin señales de la cascada, oímos ladrar un perro en la parte contraria y dimos una voz a ver si venía alguien. Nos contestó una chica que nos comentó que no íbamos bien por allí y que no estaba tan lejos. Resumido este rato, atajamos por la vaguada pasando el río para comenzar a subir por otro sendero empinado hasta encontrarnos con esa joven. También iba buscando la cascada, a la que ya había ido alguna vez, pero de cuya situación no se acordaba. Total que decidimos volver al pueblo de nuevo y sopesar las alternativas. Cuando entramos en Cantejeira de nuevo eran las 13:10 horas.
Nos encaminamos hacia la gran palloza de este pueblo, también convertida en bar, y entramos a verla. Volvimos a encontrarnos con la señora de la fuente y otra vecina que nos explicaron ciertamente por donde se iba. La señal estaba movida y había que girar a la derecha realmente. Nos indicó además otro sendero por debajo del anterior que iba más directo y ya por amor propio nos encaminamos por él. Éste estaba más embarrado y nos sacó al ramal que venía de la bifurcación de arriba. Enseguida vimos otra flecha que nos metía hacia el fondo del mismo valle de Tabernas pero varios metros río abajo. La pendiente era pronunciada y una nueva bifurcación nos ponía en apuros de nuevo. Una flecha hecha con piedras en el suelo y las indicaciones que nos habían dado de ir siempre a la izquierda, nos sirvió para elegir el sendero. Bajamos varios metros entre vegetación hasta llegar por fin al ansiado rincón, que por lo demás no nos defraudó. Eran las 13:50 horas. Desde el pueblo habíamos tardado 20 minutos.
Este bonito salto de unos 10 metros se desploma por una pared rocosa a una pequeña poza antes de seguir su curso entre la arboleda. El caudal de la misma era suficiente para ya poder disfrutar de su vista. Aprovechando la estancia de un grupo de jóvenes gallegos, nos sacaron una foto con ella detrás. En unas rocas cercanas nos acomodamos para comer escuchando el sonido del agua desplomándose. Nos quedaba la duda de saber si, de haber seguido el cauce del río hubiésemos podido bajar hasta allí mismo o se encontraría cerrado por vegetación o más cortes insalvables.
A las 14:40 horas retomamos la marcha subiendo hacia el pueblo. Después de comer, las cuestas cuestan más. En un prado vimos un burro que se nos acercó al paso nuestro. Un rebaño de vacas y un caballo nos cerró un momento el camino mientras entraban a otro prado. Atravesamos Cantejeira sin detenernos ya y llegamos al camino cercano al cementerio que señalaba Balboa, y que según ya nos habían comentado, se bifurcaba luego a Castañoso.
A las 15:15 horas tomábamos dicho camino por el que comenzamos a descender entre arboleda y arbustos. Frente a nosotros veíamos varios árboles con diferente colorido otoñal que formaba un mosaico impresionante. Nos hicimos algunas fotos delante de ellos y seguimos avanzando en busca de la bifurcación. En algunos lugares encontramos una especie de pozas que recogían el agua de algunos regatos que bajaban por la ladera y que luego usarían para alguna pradería de la parte baja.
Así llegamos a una bifurcación donde una señal doble marcaba “Cantejeira 0,5 – Balboa 3,5 Km”. Bien, cogimos la dirección a Balboa suponiendo ya de los dos ramales, al que mejor indicaba la flecha. A los 50 metros otro desvío más estrecho volvió a ponernos en jaque descartándolo por ese detalle de la anchura. Seguimos el otro más alto entre arboleda mientras veíamos que nos iba metiendo a una vaguada que no nos convencía, aunque podía luego girar bruscamente. Así recorrimos un trecho durante diez minutos hasta llegar al arroyo donde no giraba, si no que terminaba bruscamente el sendero. El rincón era bonito al menos, pero teníamos que regresar por enésima vez en el día.
Volvimos al punto donde se separaba del pequeño y entrando en él un poco vimos la estaca a unos 50 metros del cruce. Volvimos a descender atentos a las posibles bifurcaciones que podíamos dejarnos atrás sin marcar y así llegamos de nuevo al mismo arroyo anterior, pero por el paso bueno. No tardando encontramos el desvío de los dos pueblos. Desde Cantejeira llevábamos 1,8 Km., a Balboa había 2,4 y 1,5 Km. a Castañoso. Eran las 16:10 horas.
En este tramo a dicho pueblo nos encontramos de nuevo numerosos castaños con frutos caídos en el suelo algunos de los cuales recogimos para comer. Las formas retorcidas de sus troncos eran verdaderas obras de arte en algunos de ellos.
A las 16:50 horas entrábamos en este pueblo donde preguntamos a un joven por la salida hacia Villariños, la cual se encuentra cercana al puente de la entrada sobre el reguero de Castañoso. Si bien las casas de los anteriores pueblos mantenían en general un tono rústico, con algunas excepciones, en éste las excepciones las hacían las antiguas teniendo el resto demasiado cemento y uralita en general. En un tractor también viejo saqué una foto a Álvaro y Mª Jesús, por no perder la costumbre. La altitud del pueblo es de 866 m.
Salimos de allí a las 17:00 horas para recorrer los 3,5 kilómetros a Balboa por la carretera. Sabíamos que había un sendero, y de hecho lo vimos cerca del río, pero ya no arriesgábamos a tener que andar con más retrasos. En este tramo encontramos muchos más castaños cuyos frutos caídos aplastaban los vehículos que iban y venían. Por la izquierda subían las laderas por las que transcurría el sendero por el que habíamos bajado. También vimos más adelante la collada donde comenzaba el mismo en Cantejeira. Al lado de la carretera vimos una larga escalera apoyada en la roca y nos dejó un poco intrigados. No se veía a nadie por allí ni coches.
Poco a poco nos fuimos acercando a Balboa y nos situamos bajo la carretera que sube a Pumarín. Frente a nosotros comenzó a perfilarse a contraluz la silueta de la torre del castillo y no tardando vimos las primeras casas del pueblo bajo nosotros. Tras una cerrada curva, donde se encontraba el desvío de Villariños, entramos en Balboa cuando eran las 17:45 horas.
Haciendo cálculos, entre pueblos habíamos recorrido unos 12 Km. y con las idas y venidas a la cascada y demás otros 6 Km. bien a gusto.
Antes de ir a la furgoneta a cambiarnos preguntamos donde se hacía la fiesta y demás. Pues bien, resulta que al final se había suspendido la actuación musical prevista en la palloza. En un rincón cercano estaban unos jóvenes asando las castañas en un bidón para luego darlas en esa palloza como tapa-degustación. Nos cambiamos y entramos en “La Casa de Gentes”, la casa del pueblo de Balboa, donde había una exposición de aperos y demás. Allí compré un bizcocho de castañas. Luego lo hicimos en la palloza a tomar una consumición y probar las castañas. Aunque había personal, no quedaban ni la mitad de coches que habíamos visto por la mañana al llegar.
Luego decidimos acercarnos hasta la otra palloza-bar, situada a las afueras. Es más grande que la anterior y también muy original. Tomamos otra consumición e hicimos las cuentas de la salida. Regresamos luego al centro del pueblo donde teníamos la furgoneta y a las 20:20 horas emprendíamos el viaje hacia la capital.
Enlazamos con la autovía en Ambasmestas y por ella circulamos hasta la altura de Astorga donde la abandonamos. Por la nacional recorrimos los últimos 45 Km. hasta León llegando a Armunia cuando eran las 22:00 horas. Dejé a Mª Jesús en casa y Álvaro tenía su coche donde la mía.
Este fue nuestro magosto particular de este año. Resultó bien, pero la señalización nos jugó unas cuantas malas pasadas haciéndonos perder demasiado tiempo, tiempo que podíamos haber aprovechado visitando al menos el siguiente pueblo de la ruta. Cuando estoy escribiendo esto ya hemos hecho el calendario del próximo año y en abril hemos puesto la misma ruta para terminar de rematarla o hacer la segunda parte de ella.





















lunes, 17 de octubre de 2011

VIII ENCUENTRO "CUMBRES DE LEÓN" - LA CALVA Y LA CARBONA (Poladura de la Tercia) 16-10-11

 


VIII ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”. HOMENAJE A ROBERTO PÉREZ.

1ª ASCENSIÓN A LOS PICOS “LA CALVA” Y “LA CARBONA”.

16-10-11            (Domingo)

Otro octubre más hemos celebrado el tradicional “Encuentro Cumbres de León”, Homenaje a Roberto Pérez, que va por su octava edición. Tratando de reunir a la mayor parte de los socios del club y otros adeptos, en esta ocasión nos congregamos 17 personas para el mismo: Tiquio, Juan, Nati, Alex, Álvaro, Mateo, Alba, José Pedro, Amelia, Camino, Irene, Mª Jesús, Amador, Corín, Javi F., Ramón y yo.
A las 8:00 horas nos reunimos la mayoría de participantes en Guzmán de dónde partimos poco después para emprender el viaje por la carretera de Asturias. En ese turno íbamos 10 personas en los coches de Tiquio, Alex y el mío. Poco más tarde lo haría Javi F. y tres compañeros y Ramón, que solo podía ir a la comida.
En Villamanín nos desviamos hacia el Valle de Arbás llegando poco después a Poladura de la Tercia, 1220 metros, donde aparcamos en el comienzo del camino de San Salvador, a unos 200 metros saliendo del pueblo. Por su parte, Nati, Camino y Amelia, decidieron hacer la ruta entre Casares y Viadangos y hasta el primer pueblo las acerqué yo poco después. De regreso habían llegado los compañeros del otro coche, los cuales iban en plan maratón y enseguida les perdimos de vista. El resto comenzamos a caminar cuando eran mas o menos las 9:30 horas. Nuestro objetivo se podía ver perfectamente al Norte tras un largo valle por el que luego bajaríamos.
Allí mismo salía el camino de San Salvador, antigua ruta Jacobea que unía León y Oviedo y que aún sigue marcada como tal por señales. Salimos con dirección Noroeste siguiendo el trazado serpenteante del camino que va ganando altura suavemente por la campa de Pría con la Peña Muezca a nuestra izquierda tras la carretera de Viadangos. Durante un tramo se asciende por una estrecha vaguada de más pendiente hasta alcanzar otra campa. En ella el camino rodea una vallina con poco desnivel antes de volver a subir hacia una zona de rocas que son en realidad el final de la sierra de La Carbona hacia la que nos dirigíamos. Giramos entonces por detrás de dichas formaciones situándonos a la sombra de las mismas. El camino, ahora casi sendero, seguía marcado dirigiéndose a la collada El Coito, paso por el que se comienza el descenso hacia Busdongo.
Nosotros no íbamos con ese objetivo, por lo que enseguida abandonamos dicha ruta para comenzar a subir por otro sendero diagonal hacia la cresta. Algunos atajaron a la misma mientras otros decidíamos seguir dicho sendero unos metros por debajo de ella. Se bordean algunos pináculos dando vistas alternas al norte y a Poladura. Por el norte no tardamos en divisar la carretera de Asturias y Busdongo en ella. El paisaje comenzaba a verse amplio en redondo con numerosas cumbres cercanas y mas lejos que luego enumeraré.
Algunos nos detuvimos unos minutos a la sombra y Álvaro nos convidó a un trozo de turrón de chocolate, que tenemos en los supermercados previo a la navidad ya a la vuelta de la esquina. Sin más retomamos la marcha subiendo sin mucho esfuerzo hacia la cima del primero de los objetivos, La Calva. A él llegamos cuando eran las 12:15 horas.
Esta cumbre tiene una altitud de 1729 metros y desde ella se puede ver gran parte del valle de Arbás al Sur y el de Busdongo al Norte. En La Carbona veíamos a los compañeros adelantados que ya emprendían el cresteo hacia las demás cumbres de la sierra cuya máxima altitud es Peña Lasa en el extremo Este.
Nos sacamos una foto de grupo en la cima, luego comentaré el descuido que tuve y que me todas las fotos que había hecho precisamente hasta ese momento. También dejamos la tarjeta de cumbres en un bote que había entre un hito de rocas. Sin más pérdida de tiempo retomamos la marcha descendiendo hacia la collada intermedia que daba paso a la siguiente cumbre. No se perdía mucho desnivel hasta la misma y en pocos minutos llegamos a la parte baja. En ella había una gran roca inclinada sobre la que se colocaron Mª Jesús e Irene mientras el resto “sujetábamos” la misma.
Comenzamos a subir el último tramo hacia la cima de La Carbona, 1761 m, alcanzando la misma cuando eran las 12:50 horas. Desde allí la vista era realmente amplia pudiendo ver numerosas cumbres entre las que destacaré el Brañacaballo, Estorvín, Tres Concejos o Cellón en la zona de Pajares. Peña Rueda, Ubiñas, etc. al Noroeste. Cirbanal, Tres Marías, Meloita, Cerro Pedroso el Oeste. Hacia el Sur – Sureste, el Fontañán, Cueto San Mateo y Fontún. Cerrando el circulo teníamos el Bodón de Lugueros, Currillines, etc. Los pueblos que veíamos eran Poladura, Casares, San Martín, Viadangos y Cubillas en el Valle de Arbás y Busdongo, Camplongo, Arbás del Puerto y Tonín al Nordeste. Muy alejado se veía Tuiza de Arriba bajo el Tapinón y Siegalavá. Podíamos contemplar igualmente la parta alta del Brañilín y el alto del puerto de Pajares.
En esta cumbre también dejamos tarjeta y sacamos una foto de grupo. Mateo y Mª Jesús decidieron seguir los pasos de los otros compañeros y se encaminaron hacia Peña Lasa. A mí me parecía que no les daba tiempo, ya que a las tres teníamos que estar abajo para la comida concertada en Cubillas, pero bueno, ellos sabrían. El resto nos acomodamos un rato en la cumbre disfrutando del buen tiempo reinante. A mediados de octubre se aguantaba perfectamente en manga corta. Tomamos un tentempié ligero y sobre las 13:40 horas emprendimos el descenso.
Lo hicimos siguiendo el cresteo un rato hacia el sur hasta abandonarlo ladera abajo. La pendiente era muy pronunciada, pero se bajaba bien, casi todos. Juan iba muy despacio y decidí quedar con él. No nos sobraba nada para llegar a la hora abajo aunque íbamos más directos por este otro valle. Pasamos uno de los primeros tramos rocosos y cogimos un sendero a media ladera hasta llegar a una loma intermedia entre dos vaguadas. Allí dije a los compañeros que tirasen ya que si no íbamos a llegar tarde todos. Nos metimos en la vaguada de la derecha por la que también bajaba un sendero muy marcado y poco a poco fuimos perdiendo altura por él.
En la parte baja se veía un cercado de ganado y caballos en la pradera. De allí partía el camino que llegaba al pueblo después de unos dos kilómetros. Antes de llegar a este punto recibí la llamada de Javi, que ya estaba en el pueblo y venía en nuestra busca en el coche. Me parecía que a mí me daba tiempo a llegar andando, por lo que le dije a Juan que no dejase el camino ya que le recogería Javi en él. Atravesé los prados atajando y saltando varias alambradas en ellos antes de salir al camino donde ya estaba Javi algo por encima. La pendiente era muy suave y decidí correr al trote a ver si alcanzaba a los demás antes de llegar. El valle se estrechaba entre rocas en el Barranco de la Carbona viendo varios árboles en las márgenes del camino.
Echando la vista atrás me sorprendió ver a Mª Jesús. Me dijo que detrás venía Mateo y quedó esperando. Al poco rato bajaba Javi con los tres en el todoterreno. Para los escasos 200 metros que quedaban no subí yo.
Aquí fue donde cometí el gran error con la cámara. Se me terminaron las pilas y las cambié, pero por alguna razón pensé inconscientemente que había cambiado la tarjeta, que está en el mismo compartimiento, y la formateé sin darme ni cuenta en ese momento. Yo seguí recorriendo el corto trayecto que restaba hasta los coches atajando por un prado los últimos 50 metros a ellos. Terminaba la ruta cuando eran las 15:10 horas.
Pues bien, al sacar otra foto vi con sorpresa que era la número 6, lo cual no podía ser. Por más que le di vueltas no aparecía ninguna más. Alguien me comentó que había programas para recuperarlas después de borrarlas, pero no me dijeron que no había que sacar más con esa tarjeta, por lo que seguí sacando con ella. Pues bien, ya en casa he conseguido el programa y he recuperado las fotos hechas desde el descenso de La Calva, lo raro es que me han salido también algunas del Sen de los Mulos, pero no las primeras de ese mismo día. Menos es nada. Los compañeros que sacaron también me han pasado algunas más.
Nos cambiamos y sin más nos pusimos en camino hacia Cubillas de Arbás donde teníamos la comida. A Nati, Camino y Amelia, ya las había comentado por teléfono que saliesen hacia el cruce de la carretera y las cogíamos de camino. En dicho pueblo se encuentra el C.T.R. “Río Viejo” en cuyo restaurante teníamos reservada la comida. Allí nos acomodamos para disfrutar de un rato agradable mientras dábamos cuenta del suculento menú a base de entrantes, segundo plato, postre y café, todo ello bien preparado y en cantidad justa. El precio por persona fue de 16 €.
Tras la comida nos sacamos una foto de todo el grupo fuera y a las 18:20 horas emprendimos el regreso a León. Algunos decidimos hacerlo por el pantano de Luna, que se encuentra bajo mínimos de agua. Paré a sacar varias fotos de él y luego en la presa donde estuvimos paseando por ella subiendo a los miradores de la misma. Quedamos Mª Jesús, Álvaro, Irene, Juan y yo un rato por allí e hicimos “escalada” en las paredes rocosas cercanas a la carretera que atraviesa la presa. Así fue oscureciendo y antes de venir tomamos un refrigerio en el cercano bar. A las 20:35 horas retomamos la última parte del regreso a la capital llegando a ésta cuando eran las 21:20 horas.
Con ello dimos por finalizada esta jornada especial dentro de nuestro Club de Montaña Cumbres de León. Junto con el Belén de Cumbres y la Cena de Navidad que aún nos queda, son las tres actividades organizadas por nosotros que podemos destacar de forma especial dentro del calendario anual, cuya próxima edición estamos a punto de confeccionar.



















lunes, 3 de octubre de 2011

SEN DE LOS MULOS (Los Beyos - Asturias) 02-10-11

 


1ª ASCENSIÓN AL PICO “SEN DE LOS MULOS”. (Asturias).

02-10-11                (Domingo)

Primera salida del club de montaña este mes de octubre para ascender al pico Sen de los Mulos, en Asturias. Dicha cumbre está emplazada en la parte superior del desfiladero de Los Beyos, por encima del pueblo deshabitado de Tolivia.
Tras algunas bajas de última hora, quedamos en 10 los participantes de la excursión a los que añadimos dos más que fueron por su cuenta y a los que ni vimos, Javi F. y Ricardo. El resto de participantes lo formábamos: Nati, Camino, José Pedro, Álvaro, Mª Jesús, Tiquio, Guillermo, Antonio, José Antonio y yo.
A las 7:30 horas habíamos quedado para salir de Guzmán, pero esperando por una componente que no llegó, nos retrasamos hasta casi las ocho. El trayecto lo hemos realizado hasta Puente Villarente y Boñar para luego girar hacia la carretera de Riaño. Dejando atrás esta localidad descendimos luego el puerto Pontón y Oseja de Sajambre, donde tomamos un rápido café, antes de entrar en el bonito desfiladero de Los Beyos. En dicho pueblo decidieron quedar Nati y Camino para hacer una ruta por las cercanías. Poco antes de abandonar la provincia leonesa aparcamos los coches en un pequeño lugar cercano a las paredes del mismo.
A las 10:40 horas emprendimos la marcha por la misma carretera hasta llegar al lugar de referencia que llevábamos en la hoja de ruta y que se emplazaba en el punto kilométrico 127,8. Cómo los puntos en la carretera no se marcan por cientos, íbamos viendo dónde podía comenzar el sendero que descendía hasta el río Sella tras el cual seguía la ruta marcada. No tardamos en encontrar dicho paraje al lado de una señal de peligro de desprendimientos donde nos sacamos una foto de grupo antes de meternos en la senda que descendía en sentido contrario al que traíamos.
Entre maleza y vegetación descendimos hasta llegar al puente Vaguardo, punto mas bajo de la ruta con 410 metros de altitud. Por dicho puente de madera cruzamos el río Sella comenzando a subir por la margen contraria entre más vegetación que casi cerraba el sendero. Llegamos enseguida a una bonita zona de paredes rocosas con cavidades en las que el musgo “manchaba” las paredes. Desde este punto volvimos a descender suavemente comenzándonos a dar el sol en esos momentos. Poco a poco fuimos girando a Oeste entrando en el valle del arroyo de Mojizo sobre el que atravesamos otro puente, el de La Espina. El mismo atraviesa un tramo encajonado del arroyo con varios metros de caída. Yo me he acercado hasta el borde del mismo, cerca de un tronco que sobresalía hacia el cauce, para que me sacasen una foto.
Pasamos este puente y comenzamos a ascender por otro sendero más abierto y de nuevo al sol que ya calentaba bien. Dejamos atrás algunos árboles solitarios y zigzagueamos ladera arriba ganando buen desnivel en este tramo. Contemplábamos ahora parte del desfiladero de Los Beyos por el que habíamos llegado. El grupo se había ido dividiendo quedando por detrás Mª Jesús y yo. Llegamos entonces a un bonito rincón donde de nuevo las rocas formaban una cavidad que atravesaba la pared. Nos sacamos unas fotos en medio de la misma y al lado de un tronco que salía de la misma roca. Abandonamos este lugar y enseguida nos encontramos con otro no menos curioso donde la pared se inclinaba a modo de techo bajo el cual crecían numerosos nogales en los que encontramos a José Pedro recogiendo frutos. En esos momentos no lo supimos, pero ahora comparando una foto de Internet y otra mía veo que estábamos viendo frente a nosotros la cima del Sen de los Mulos.
El paisaje era cada vez más amplio y bonito con la cumbre del Niajo al otro lado del valle. Ahora la senda transcurría sobre una fuerte caída casi a plomo sobre dicho valle. Este tramo nos llevó hasta una punta a modo de mirador frente a la Peña Niajo y el ramal del valle de Llue. A la vuelta de este vértice se encontraba el resto del grupo esperando. Eran las 12:40 horas.
Nos metimos ahora entre bosque ralo cuya sombra agradecimos. Yo iba muy cansado ya que llevaba una semana con gripe y la noche anterior apenas había dormido. Mi intención en esos momentos no iba más allá de llegar a Tolivia. No tardamos en ver los primeros resquicios del pueblo en forma de tapias de piedras. Eran las 12:55 horas y estábamos a 700 metros de altitud.
Tolivia es una aldea abandonada hace unos 50 años en la que vimos las ruinas de unas 10 viviendas. En la parte alta había alguna más. Además se encuentra la iglesia con el pequeño cementerio adyacente así como un hórreo en bastantes buenas condiciones. Muchas de las viviendas tenían cuadras adosadas y en otras podían verse aún numerosos objetos abandonados por los moradores. Los materiales de las mismas eran principalmente piedra, teja y madera y algunas de ellas se encontraban totalmente envueltas por la maleza. El emplazamiento era la ladera norte del valle, entendiéndose la que mira al sur.
Visto todo ello retomamos la marcha saliendo del pueblo por otro sendero hacia la izquierda dejando atrás una fuente fechada en 1924 por debajo de la cual manaba agua. La sombra que nos venía cubriendo desde antes del pueblo me había animado a seguir con tranquilidad al menos un poco más. El sendero se encontraba empedrado en los primeros metros y comenzaba a girar hacia el sur entre mas bosque. En este hayedo vimos numerosos ejemplares de raras formas y varios de ellos caídos. Tras un buen tramo con esa dirección, la senda describió un zigzag en la ladera entrando ahora entre un manto de helechos. En medio de los mismos había un gran árbol derribado cuyas ramas formaban una especie de araña gigante. Entre la arboleda comenzamos a ver algunas cumbres de Picos de Europa en los escasos claros que se abrían. Pasamos poco después por la collada de Cociyón en la que vimos los restos de unas majadas.
El grupo se había dividido de nuevo cuando comenzamos a subir un tramo de fuerte pendiente en el que el sendero serpenteaba entre los matojos y árboles. Gracias a que la sombra seguía cobijándonos, si no algunos hubiésemos “caído” en ese tramo ya que el calor que hacía al sol era de pleno verano. Éste se colaba oblicuamente desde el frente formando unos bellos efectos sobre los helechos y arboleda.
Eran las 15:30 horas cuando alcanzamos la collada de Llampara a mas o menos 970 metros de altitud con bonitas vistas de Peña Niajo y el valle cercano. Tras comentar la posibilidad de comer allí, decidimos adelantar un poco más. Enseguida vimos al resto de compañeros parados varios metros por delante y les indiqué que nos esperasen y reunirnos. Ahora sí veíamos más claros los Picos de Europa y relativamente cercano el pico Jario.
Subiendo por un sedo sobre el valle de Llue alcanzamos Guillermo, José Pedro, Antonio y yo el punto dónde habíamos visto a los compañeros sin encontrar nadie allí. Realmente me mosqueó este detalle y me enfadé muchísimo en ese momento. Ya no se trata de ir juntos o no, pero si en un determinado punto podemos reunirnos de nuevo estando como estábamos a diez minutos de ellos, no me parece razonable no esperar. Luego me comentaron que no me habían entendido.
Cómo no sabíamos cuanto nos quedaba y demás, decidimos comer allí mismo a la sombra ya que eran casi las cuatro de la tarde. Yo me debatía entre intentar llegar a la cumbre, ya que suponíamos que no tenía que quedar mucho, y por otro lado dar la vuelta allí mismo, tanto por el cansancio como por el mosqueo del momento. Había quien estaba conmigo y otros querían seguir un poco más.
Pasadas las 16:00 horas retomamos la subida metidos de nuevo en el bosque y siguiendo un sendero entre peña y arboleda por una especie de estrecha vaguada. La misma nos sacó en pocos minutos al Valle de Tolivia en el que encontramos los restos de más majadas. Frente a nosotros se elevaba una cumbre al fondo del valle tratándose del Sen de los Mulos, aunque no lo sabíamos con exactitud.
Este abierto valle era realmente bonito tapizado de verde pradera y moteado por helechos y matorrales de color marrón. También el gris de algunas rocas daban un tono multicolor al mismo. Tardamos un rato en ver a alguien ya en la cima y al resto de compañeros poco antes de comenzar el último tramo más empinado. Sólo la sombra de algunos solitarios árboles rompían la bella luminosidad que a esa hora de la tarde le confería el sol a dicho valle. El sendero seguía la ladera izquierda del mismo a media altura entre la cresta y el fondo, siendo muy poca la profundidad de éste.
De pronto me surgió otra dificultad añadida al cansancio ya considerable, los calambres en la parte delantera de los muslos que de vez en cuando me dan y que me impiden hacer fuerza para subir a veces con un dolor inaguantable. Procuraba beber líquido para hidratarme, aunque el calor que seguía haciendo nos recomendaba dejar algo para el descenso. No sabíamos si en el manantial de Tolivia podríamos coger o no agua.
Poco a poco fuimos los cuatro acercándonos hasta el último tramo final de gran pendiente, aunque no muy largo por fortuna. Cada uno lo cogimos por donde mejor nos pareció oportuno. Sabiendo lo poco que ya quedaba después de las horas que llevábamos, nos animaba a llegar por fin.
A las 17:00 horas alcancé la cumbre del Sen de los Mulos con 1505 metros de altitud. Realmente nos quedaba pasar a la verdadera, situada un poco más al Este, aunque estuvimos esperando a reunirnos todos para hacerlo. En la misma se encontraban los demás con los que sacamos una foto y dejamos una tarjeta en el buzón adherido a una cruz metálica. La vista era impresionante con los Picos de Europa al Este con cimas como La Conia, Peña Beza, Canto Cabronero, etc, o Peña Ten al Oeste. De nuevo viendo ahora otra foto en la Red reparo en que una de las cimas del Norte era el pico Pienzu, también ascendido por Álvaro y por mi hace tiempo. También se podía ver parte de Oseja de Sajambre. No se veía el pueblo de Tolivia, muy metido bajo la falda y entre bosque.
La altitud de esta cumbre de tan solo 1505 m demuestra lo poco que importa ésta con respecto al desnivel total que se asciende. Hemos estado en cumbres de más de 2000 metros habiendo subido solo 600 m de desnivel y en ésta habíamos hecho 1100 metros.
A las 17:50 horas emprendimos el descenso, también cada uno por una parte, unos por la Este y otros por el Oeste. En vez de llegar a la cumbre secundaria, nos echamos abajo por la vaguada del medio. El Valle de Tolivia seguía presentando una bonita estampa con los contrastes de sombras y luces.
Pasamos una zona llena de helechos antes de llegar ahora a la parte más baja. En ella podía verse el cauce seco de un arroyo que se metía en un hoyo del que solo podía salir subterráneamente. Dejamos atrás las ruinas de las majadas antes de meternos entre la arboleda hasta llegar al punto donde habíamos comido. Desde allí volvimos a atravesar el sedo sobre el valle alcanzando la collada en pocos minutos.
A las 18:25 horas entrábamos en el bosque en sí bajando con tiento la parte más empinada por peligro de patinazo con las hojas y tierra resbaladiza del sendero. En algunos troncos vimos varias setas pegadas. Ahora ya se notaba la oscuridad del atardecer dentro de la arboleda, aunque se seguía viendo perfectamente. Entre el ramaje vimos cómo las cumbres se iban tornando rojizas iluminadas por el sol poniente. Ya cerca del pueblo se abrió un poco el bosque llegando así a la fuente cuando eran las 19:20 horas. Un manantial salía por debajo del pilón y de él conseguimos coger algo de agua para beber.
Nos detuvimos unos minutos en este punto antes de retomar la marcha entrando a Tolivia unos metros más adelante. Antonio iba pendiente de buscar unas gafas de sol que había perdido a la subida en el pueblo y que al final encontró. De nuevo vimos Oseja de Sajambre al fondo del desfiladero de Los Beyos. La cumbre de Peña Niajo también se ofrecía anaranjada iluminada por los últimos rayos de sol. Por encima podía verse además la luna creciente.
Después de abandonar el pueblo, el sendero subía suavemente entre matorral saliendo luego a una zona rocosa donde daba el brusco giro de 180 grados. Tras el mismo se encontraba el tramo estrecho con fuerte caída lateral donde ahora sí había que extremar más el cuidado. Bajando se tiende a acelerar y allí un tropiezo podía resultar fatal. Con precaución pasamos este sedo y seguimos el descenso por la ladera hasta llegar a la zona de nogales donde el sendero se pegaba a la pared rocosa. Tras él, un nuevo tramo suspendido casi al vacío nos llevó a otro giro donde se encontraba la cavidad en la que nos habíamos detenido a la subida. Abajo ya podíamos ver gran parte del desfiladero que se iba oscureciendo metido en el fondo.
Con gran celeridad íbamos perdiendo altura en este tramo comenzando a bajar ya directamente hacia el río Mojizo donde atravesamos el puente de La Espina ya con visibilidad casi nula. Tras el mismo subimos entre la maleza ganando altura mientras cambiábamos el rumbo situándonos paralelos al desfiladero de Los Beyos. Dejamos atrás la zona de cavidades donde sacamos unas bonitas fotos nocturnas y enseguida comenzamos a descender con dirección al puente Vaguardo casi a punto de tener que sacar las linternas. Un último esfuerzo de subida hacia la carretera nos sacó a ésta cuando eran las 20:55 horas. En esos momentos sólo quedábamos por detrás Antonio, Mª Jesús y yo. Ahora sí saqué una linterna para señalar nuestra presencia en el asfalto. Hasta los coches nos quedaban unos 300 ó 400 metros que recorrimos en unos minutos terminando la marcha a las 21:00 horas. De Javi y Ricardo no habíamos sabido nada en todo el día y el coche ya no le habíamos visto desde la ladera de bajada.
Nos cambiamos un poco antes de emprender el viaje hacia Oseja donde estaban las compañeras Nati y Camino. En una terraza de un bar las encontramos y nos unimos a ellas para tomar un refrigerio. Nos sacamos allí una foto de todo el grupo y cuando eran las diez de la noche comenzamos el viaje de regreso a León. Con Tiquio veníamos Mª Jesús, José Pedro, Guillermo y yo mientras el resto lo hacía con Antonio. Al final, y cómo ya habían comentado, ellos se detuvieron en el camino a cenar en un bar de Sabero. Nosotros hicimos el viaje sin interrupciones hasta llegar a León cuando daba la media noche.
Resultó una dura jornada de montaña que algunos llegamos a comparar con la ascensión de Peña Rueda. Además del desnivel acumulado, añadimos la longitud de la ruta hasta la cumbre y la fuerte pendiente de la mayor parte de la misma. Apenas unos tramos llanos y otros de leve bajada que además luego siempre hay que remontar. Después de todo mereció la pena el esfuerzo por los paisajes vistos, tanto de bosque cómo desde la cumbre. El entorno del pueblo no dejó tampoco nada que desear.