lunes, 4 de abril de 2011

LOS VALLINES - 03-04-11

 


2ª ASCENSIÓN AL “VALLINES”.

03-04-11        (Domingo)

Un domingo más hemos salido de montaña para ascender en esta ocasión al pico Vallines, en la zona de Portilla de la Reina. Con una mala previsión de tiempo, que se cumplió en parte, salimos de León a las 8:00 horas 7 de los 9 participantes de esta excursión: Piedad, Mª Jesús, Álvaro, Cundi, Nati, Alex y yo en mi coche y el de Álvaro. Por su cuenta iban Javi F. y Corín.
Por la nacional llegamos a Puente Villarente y allí giramos hacia Boñar. Por otra carretera salimos a la de Riaño en cuya población nos detuvimos a tomar un café. Algunos pidieron un pincho de tortilla y a la envidia terminamos casi todos tomando lo mismo. De nuevo en marcha, y con el cielo cerrado de nubes, llegamos a Portilla de la Reina donde nos desviamos hacia el puerto de Pandetrave. Poco después del kilómetro cuatro y antes del cruce del arroyo Vallines de Arriba con la carretera, aparcamos los coches en un prado cercano a la misma.
Tras prepararnos y sacar una foto de grupo, emprendimos la marcha por dicho valle cuando eran las 10:30 horas. Atravesamos el prado y salimos a un camino que comenzaba a ascender por el valle y enseguida nos colocamos paralelos al arroyo que bajaba por nuestra izquierda. Frente a nosotros se alzaba la cumbre de La Panda Vallines con las lomas cubiertas de una fina capa de nieve. Pasamos por encima del arroyo entubado y enseguida dimos un brusco giro de 180 grados con dirección a la majada de Machorril. No tardando abandonamos el ancho camino, que se dirigía a la misma, para coger un sendero en sentido contrario. Mas adelante atravesamos el arroyo de nuevo, esta vez saltando por las piedras, metiéndonos en una ladera moteada de blanco.
Desde abajo habíamos visto que se podía subir por la cresta de dicha loma y así lo hicimos. De momento nos encontramos con matorral bajo que más o menos íbamos sorteando. Poco a poco se fue complicando el tema y las escobas se hacían más altas y tupidas hasta el punto de no poder avanzar entre ellas. La única salida que vimos fue echarnos a la derecha e intentar bajar a la vaguada por la que ahora se veía un sendero. No fue fácil la empresa y tuvimos que pelear con las escobas, que terminaron por romperme del todo el pantalón impermeable. Unos trozos de celo me sirvieron para remendarlo y seguir con él puesto. Vamos, estaba para anuncio de marca de ropa deportiva.
Aquella vaguada se empinaba, pero al menos estaba limpia. Yo, que aún estaba convaleciente de la gripe que había amarrado en la anterior salida, no iba con intención de subir en absoluto. Llevaba una semana “echo polvo” y cansadísimo y había ido solo para despejar un poco. Al final lo tomamos con tanta calma que llegamos arriba la mayoría. Javi y Corín había salido escopetados desde el coche y Nati quedaba a su aire por detrás.
Por aquella estrecha vaguada seguimos avanzando con calma pero cómodamente zigzagueando de un lado a otro de la misma entre matorral bajo. La vista hacia atrás era cada vez más amplia y comenzábamos a ver numerosas cumbres de la zona como el Calar de las Corcadas, el Gildar o el Gabanceda. Algo más adelante vimos incluso algunas cumbres de Picos de Europa entre la niebla.
Ya bastante arriba entramos en una zona rocosa por la alcanzamos la cresta. Los de adelante nos esperaban a los más rezagados y así íbamos más o menos agrupados. Piedad y Alex se encaramaron a unas rocas cercanas por debajo de las cuales pasamos nosotros. Desde allí había que atravesar otra vaguada bajando unos metros antes de comenzar una nueva subida por la parte contraria. En la parte alta veíamos una gran roca hacia la que nos dirigíamos. Poco a poco fuimos viendo como la niebla cubría las cimas cercanas, lo cual desanimaba un poco. Alcanzamos así una pequeña collada por encima de aquella roca viendo el collado de Lurianeta frente a nosotros y casi a la misma altura. Eran las 12:45 horas.
Allí si se acumulaba la nieve sobre la que vimos las huellas de Javi y Corín. El tramo entre un collado y otro era casi llano y cruzamos cómodamente. Cundi y Alex se habían quedado por detrás y les esperamos allí, aunque solo llegó Alex, ya que Cundi había decidido abandonar algo más abajo. Tomamos un tentempié viendo la ladera que ahora teníamos que remontar entre la niebla no muy espesa. Tras esta breve parada retomamos la marcha comenzando la ascensión de lo que ya podía ser la cumbre. Al poco vimos bajar a los dos compañeros con quienes nos cruzamos enseguida. Nos comentaron que nos quedaba una media hora y que había nieve helada en algunos tramos, de hecho habían colocado los crampones, lo cual nos desanimó un poco. También nos dijeron que si seguíamos sus huellas podíamos subir fácilmente. Habían intentado pasar a la segunda cumbre y la nieve acumulada les echó para atrás.
Decidimos seguir adelante tranquilamente ya que la pendiente ahora se hacía notar. Tras un fuerte repecho pasamos por otro pequeño collado antes de seguir ganando altura. Poco a poco la nieve se hizo más abundante y terminó por cubrir todo el terreno, aunque comprobamos que había ablandado y no ofrecía problema alguno. Unos algo más adelantados y otros por detrás íbamos subiendo bastante cómodos. Yo iba sorprendido del aguante que iba teniendo, aunque bien es cierto que ayuda mucho ir a un ritmo suave y además en grupo. En la segunda cumbre, que tiene 3 metros más que esta primera a la que íbamos, vimos un par de personas.
Parecía interminable aquella ladera que no tenía fin. Apenas veíamos ya paisaje entre algunos jirones abiertos en la niebla. A las 14:00 horas alcancé la cumbre de este Vallines Occidental con 2140 metros de altitud. En el mismo solo un montón de piedras a modo de hito señalaba dicha cima. Entre ellas encontramos una tarjeta de cumbres de un club gallego y dejamos la nuestra. Nos sacamos una foto de grupo y decidimos bajar unos metros hasta otro picacho más al suroeste.
Fue en este tramo donde de nuevo me falló la cámara de fotos como en la anterior salida a Salamanca. El mismo error y el objetivo no salía. Al final he visto en Internet que es un fallo muy frecuente de esa marca. En casa conseguí desbloquearla, pero duró poco y ahora no va. Saqué su gemela, la que tiene la lente un poco rayada, para al menos poder tener algo.
Bajamos unos metros por la nieve procurando alejarnos de una cornisa volante que caía al vacío y pasamos por el picacho desde donde se veían parte de los valles que caen hacia el sur. Allí estaban los dos montañeros que habían estado en la otra cumbre y que según ellos era fácil.
De regreso a la cima, donde habíamos dejado las mochilas, había refrescado bastante. Se abrieron algunos claros entre los que pudimos ver los valles y cumbres algo más cercanas, aunque enseguida se cerraba de nuevo. Nos acomodamos en las rocas y nos dispusimos a comer abrigados. Estando en ello vimos como se desprendía parte de la cornisa de nieve de la cumbre por la que habíamos estado minutos antes. Aunque fue un trozo no muy grande, impresionó el ruido que provocó.
A las 14:10 horas emprendimos el descenso. Al final habíamos decidido no intentar el paso a la segunda cumbre. Por las mismas huellas de subida comenzamos a bajar. A mí se me habían quedado heladas las manos y me dolían los dedos. Los guantes térmicos se me habían mojado y tuve que ponerme los grandes, con los que no soy capaz a usar la cámara. Al final me dejaron unos más finos con los que era más cómodo.
Al bajar se notaba incluso que la niebla había derretido más la nieve y se resbalaba menos. Habíamos decidido variar un poco la ruta de ascenso y seguir a Javi y Cundi que se habían echado al valle de Luriana. Por cierto, desde parte de la ruta se veían los coches y ahora comprobamos que el de ellos ya no estaba.
En el collado nos echamos entonces hacia dicho valle bajando por una ladera totalmente cubierta de nieve. Como no podía ser menos, aprovechamos para hacer un poco de “culoskí” lanzándonos por la misma con o sin plástico. A ambos lado de la vaguada corrían sendas zonas rocosas con algunas paredes verticales. Fue bajo una de ellas donde vimos un gran manantial de agua que formaba allí mismo un arroyo considerable. Nos acercamos hasta él e impresionaba la gran cantidad de agua que manaba de la misma roca debajo de la pared.
Pocos metros nos restaban para el fondo del valle donde nos hicimos unas fotos con aquel circo de fondo. Siguiendo un sendero a media ladera fuimos perdiendo altura hacia un ancho camino de la parte baja de este valle de Luriana que transcurre paralelo al de Vallines de Arriba por el que habíamos subido. Tras un brusco giro de zigzag entramos en una zona de escobas altas que crecían a ambos lado del camino sin invadirlo. En la parte contraria vimos un pequeño refugio al que en otra ocasión se habían acercado algunos compañeros con los que iba.
Cómodamente íbamos descendiendo hasta entrar en un bonito bosque de hayas en el que aun quedaban infinidad de hojas marrones en las ramas. Entre el mismo vimos algunos tejos y varios troncos y piedras con verde musgo pegado. No tardamos en divisar la carretera que subía serpenteando hacia el alto de Pandetrave. Antes de llegar a ella pasamos al lado de un chozo circular de piedra muy bajo y con techumbre de palos.
A las 16:15 horas salimos al asfalto a unos dos kilómetros escasos de los coches. Como era bajada, costaba poco avanzar. Alex se había adelantado y el resto íbamos charlando tranquilamente. Escasos 15 minutos nos llevó llegar a éstos donde estaba Alex y Cundi leyendo un libro. En esos momentos salió un pequeño rayo de sol entre las nubes.
Allí nos cambiamos y sin tardanza emprendimos el regreso. En Portilla de la Reina nos dirigimos al bar donde estaba Nati. Nos comentó que había oído pasar una ambulancia y helicóptero a medio día. Por la prensa hemos sabido que cuando estábamos en la cumbre nosotros se produjo un leve accidente en la cara noreste del mismo pico en el que estábamos a un joven de Valladolid. Javi y Corín si lo oyeron.
Allí tomamos un refrigerio antes de salir hacia León a las 17:40 horas. El viaje de regreso transcurrió sin novedades y lo hicimos también por Boñar. A las 19:30 horas llegábamos a León y poco después dejaba a Mª Jesús en casa antes de llegar yo a la mía.
Aunque cansado, me sigo sorprendiendo de la resistencia que tuve para llegar arriba después del agotamiento que arrastré durante toda la semana. Sin duda la calma con la que lo tomamos y esa compañía en todo momento ayudó a conseguirlo. Si se va débil y además quedas solo, te echas atrás a la mínima.














lunes, 21 de marzo de 2011

VALLE DE LAS BATUECAS - (La Alberca - Salamanca) 19/20-03-11

 


2ª TRAVESÍA POR “LAS BATUECAS”. (Salamanca).
19/20-03-11

Para inaugurar las acampadas de este año hemos programado una bonita travesía por el valle de Las Batuecas, en Salamanca, lugar que hace 8 años ya recorrí quedando un buen sabor de boca de la experiencia. Con una previsión de buen tiempo, que por fortuna se cumplió, cinco fuimos los animados a participar en esta ocasión: Nati, Gabriela, Esteban, Álvaro y yo, acomodándonos todos en mi furgoneta con todo el equipaje, que no era poco.

SÁBADO 19
Pasadas las cinco de la tarde llegaron Álvaro, Gabriela y Nati a mi casa donde fuimos colocando las mochilas en el maletero casi haciendo un tetris. Tras meter el coche de Álvaro en mi plaza salimos en busca del último componente de la expedición, Esteban, al que recogimos en San Miguel del Camino. A las 17:50 horas emprendimos el viaje de 300 kilómetros hasta La Alberca. Enseguida entramos en la autovía de Benavente por la que circulamos dejando esta localidad atrás con dirección a Tordesillas. Allí la abandonamos para entrar en otra hacia Salamanca circulando a 110 km/h, nuevo límite de velocidad absurdo para estas vías.
En Salamanca entramos por una travesía y rectificamos para evitar el paso por el centro de la ciudad. Bordeamos la misma y a partir de allí ya recorrimos el resto del viaje por carreteras secundarias entre monte y ya de noche. Los coches nos daban las luces ya que les deslumbrábamos por ir muy cargados, y eso que las regulé al mínimo.
A las 21:20 horas llegábamos al camping “La Al-Bereka”, a unos 4 Km. antes de La Alberca, y tras 336 Km. recorridos. Enseguida entramos al mismo siendo los primeros campistas de esta temporada, según nos dijeron los dueños, con quienes ya había hablado por teléfono anteriormente. En este mismo camping estuvimos en aquella ocasión también.
Entramos y nos pusimos a montar las tiendas en una de las parcelas. Al terminar nos acercamos al porche de recepción para cenar cómodamente en una de las mesas. Nati había hecho una buena tortilla para todos y la degustamos con agrado. Algunos, ya que otros, y no digo nombres, no la comieron por tener mucha cebolla. Detalles sin importancia pero más nos tocó, je je.
Mas tarde decidimos acercarnos a ver el pueblo. En la furgoneta recorrimos esos 4 Km. hasta el mismo y por sus calles paseamos disfrutando de la bella y singular arquitectura de sus casas. Vimos un monumento al cerdo, (de cuatro patas se entiende), así como la bonita plaza del ayuntamiento.
De regreso al camping nos fuimos acostando ya cerca de la una de la madrugada. Se notaba fresco y durante la noche pasé un poco de frío. Por cierto y como curiosidad, esta noche teníamos la luna llena mas cercana a la tierra que se puede ver cada 18 años.
Me tuve que levantar a las seis al “wc” y luego ya apenas dormí.

DOMINGO 20
A las 7:45 horas puse el reloj a tocar y poco a poco nos fuimos levantando. El sol comenzaba a salir y ya iluminaba la Peña de Francia visible desde allí. Desayunamos y desmontamos las tiendas metiéndolo todo a la furgoneta. En el bar nos tomamos un café caliente para entonarnos y abonamos la estancia, 35,20 €. A las 9:30 horas emprendimos el trayecto hacia Las Batuecas, a 19 Km. de allí. Dejamos atrás el pueblo y llegamos al alto del puerto El Portillo o Las Batuecas con 1250 metros de altitud. La bajada del mismo es una sucesión de curvas a cual más cerrada. Paramos en lo que parecía una fuente y no lo era, aunque luego sí encontramos una donde llenamos las cantimploras.
Ya en la parte baja se encuentra la carretera de acceso al Monasterio de Las Batuecas, cerrada por obras. Dejamos la furgoneta en un espacio libre al lado de la principal y nos preparamos para la ruta. Hasta allí hay 354 Km. desde León.
Nos sacamos una foto de grupo delante de un cartel con el mapa de la zona y a las 10:20 horas emprendimos la marcha. A unos 100 metros de allí se encuentra el monasterio, el cual yo creía abandonado, y no más lejos de ello. Cerca del mismo vimos un gran árbol cargado de flores amarillas y otros más de diferentes tonalidades. Con la fachada de fondo nos sacamos otra foto y sin más tomamos el sendero que parte de la misma puerta hacia la izquierda siguiendo la tapia del recinto. A pocos metros giramos siguiendo la pared y entrando en uno de los tramos curiosos de esta ruta. En él se camina sobre un enramado de gruesas raíces de las enredaderas que trepan por la tapia del monasterio. Al poco rato pasamos al lado de un enorme árbol centenario con un tronco de varios metros de altura. También vimos dentro del recinto varias edificaciones más, entre ellas otra iglesia en proceso de reparación. Bajo un gran ciprés nos sacamos una foto y seguimos avanzando un tramo más a la vera de la tapia del gran recinto monacal.
Pasamos luego un puente de piedra sobre un arroyo secundario y comenzamos a ver numerosos alcornoques a los que les habían extraído la corteza de la parte baja. En el río Batuecas había una especie de presa de donde salía un canal que antes habíamos visto paralelo al camino. De esa forma llegamos a una segunda tapia externa del recinto que atravesaba el camino con una abertura cuadrada por la que se pasaba. Supusimos que era el límite del terreno del monasterio.
El siguiente tramo transcurre a la vera del río y casi por su cauce. Desde allí vimos indicios de la recuperación que están haciendo de la ruta colocando escalones en una subida y estacas de madera para sujetar el firme del sendero rellenándolo con tierra pisada. Encontramos enseguida la antigua pira de carbón vegetal y pasamos entre dos enormes rocas que franqueaban el sendero.
Eran las 11:15 horas cuando llegamos al desvío del Canchal de las Cabras Pintadas, unas de las cuevas en las que aún pueden verse restos de pinturas rupestres. Por otra escalera de troncos de madera subimos durante unos cinco minutos teniendo una bella vista del valle. En una pared de roca protegida por una verja pueden distinguirse numerosas figuras rojas de la prehistoria. Un esquema ayuda a localizarlas e interpretarlas. En la parte contraria del valle pudimos ver un par de rebecos encaramados en las rocas. La vista desde allí era amplia y bonita. El sol ya calentaba lo suyo y se notaba que estábamos 300 kilómetros más al sur de nuestra tierra.
De nuevo descendimos al cruce de senderos y continuamos avanzando por el principal valle arriba muy pegados al río en el que vimos algunos tramos con enormes losas de piedra lisa sobre las que se deslizaba el agua. Unos metros más adelante se encuentra el desvío al Canchal del Zarzalón. Ascendimos por un sendero entre vegetación que nos amortiguaba el calor del sol y en cinco minutos alcanzamos esta segunda cavidad prehistórica. También aquí pueden verse varias pintadas rojas con figuras de animales o humanas. Una verja similar protege las mismas de los vándalos que ya han dejado sus huellas en estos valiosos lugares.
Ahora no hace falta retroceder, otro sendero pegado a la pared rocosa continua valle arriba con caídas a plomo en varios lugares. Frente a nosotros, en la parte contraria del valle, puede verse la cavidad de la Cueva del Cristo, a la cual según la descripción, es algo más complicado acceder. En otra cavidad que encontramos nosotros nos hicimos unas fotos a modo de “santos” en la hornacina.
De las mismas paredes rocosas salían árboles bajo los cuales pasaba el sendero. En otro rincón el agua se deslizaba por la peña entre musgo. Tras recorrer un tramo más o menos llano, comenzamos a descender hacia el río. Pasamos un pedrero moteado de árboles de troncos retorcidos y así llegamos al río cuando eran las 13:05 horas. Aquí fue donde cometimos el error que nos retrasó una hora. Sigo repitiendo, no hay las señales donde más falta hacen.
Vimos cómo el sendero subía por la parte contraria en una pronunciada pendiente en zigzag. Le seguimos hasta alcanzar una considerable altura sobre el valle y allí fue donde surgió la duda. Echando una ojeada al mapa nos parecía que el ramal era el de la derecha y no aquel. Con las mismas retrocedimos perdiendo la altura de nuevo hacia el arroyo. Por el otro lado salía un sendero por el que Álvaro marchó a investigar por su cuenta. Pues bien, luego, viendo mejor el mapa, resolvimos que sí íbamos bien por el primer desvío. Salimos detrás de Álvaro y le voceamos sin respuesta alguna. Gabriela siguió sus pasos y ya le pilló muy adelante. La verdad es que me mosqueó un poco porque se separase tanto sin antes ver las posibilidades, pero no pasó de ahí la cosa.
Una hora después estábamos en el mismo cruce con el río y retomamos la fuerte subida ya por segunda vez. Esta vez Nati abandonaba. Nos precedían ahora un grupo de cinco chicas, una de las cuales era de Villablino. Alcanzamos la parte alta y llaneamos por el sendero varios metros sobre el río hasta irnos poniendo a su altura. Al ver una cascada en el mismo les dije que era El Chorro, lo cual les decepcionó un poco. Les dije que podíamos tirar un poco más arriba a ver que se veía. Solo la joven de León se animó a seguir con nosotros. Unos metros más adelante vislumbramos por fin la cascada entre la vegetación. A las 14:35 horas llegamos a este idílico lugar.
Mereció la pena el esfuerzo. La cantidad de agua que caía era mucho mayor que la que encontramos hace ocho años en julio. El chorro es estrecho pero emplazado en un rincón precioso con roca de un tono rojizo. Cae en una poza cristalina en la que en verano daría gusto meterse. Yo me acerqué por las rocas a un lateral del mismo para sacar unas fotos y el agua que salpicaba llegaba a mojar. Tenía que tapar la cámara con la gorra.
Nos sacamos varias fotos allí y veinte minutos después emprendimos el regreso. El calor se hacía notar y no sobraba la crema protectora ni la visera. La vista del valle seguía siendo espectacular con el contraste de roca y vegetación. En una de las formaciones vimos a groso modo una cara de perfil modelada con las sombras. Descendimos suavemente hasta llegar al tramo pendiente final. A las 15:15 horas nos reuníamos con Nati en el paso del río.
Retomamos el regreso siguiendo el sendero marcado en busca de un lugar adecuado para comer. Fuimos cogiendo altura sobre el río bajo las rocosas paredes del cañón en las que se mezclaban los colores amarillos, verdes y rojizos. Por debajo de nosotros vimos un gran recinto de tapia baja de piedra y redondo cercano al Canchal del Zarzalón. Dejamos atrás éste y bajamos por el zigzag al río encontrando poco después un lugar donde comer. En las rocas del cauce nos acomodamos tranquilamente a la sombra. Eran las 15:50 horas.
Unos 40 minutos después retomamos la ruta por el sendero dejando atrás el desvío al Canchal de las Cabras Pintadas donde un gran pedregal subía ladera arriba. Poco a poco fuimos girando con el valle metiéndonos entre vegetación más espesa. Encontramos de nuevo los alcornoques con su tronco rasurado y dejamos atrás la carbonera. Entramos poco después en el recinto externo del monasterio y cruzamos el puente sobre el arroyo lateral que se unía allí mismo al Batuecas. Así nos situamos a la vera del recinto donde crecían numerosos cipreses, tanto dentro como fuera. Pasamos sobre las raíces y sin llegar esta vez a la puerta principal, salimos a la carretera saltando un arroyo. Los últimos 100 metros caminamos por ésta hasta terminar la ruta a las 17:10 horas.
Nos cambiamos allí mismo y sin más emprendimos el regreso hacia La Alberca. Subimos el puerto sin problemas y en lo alto paramos un segundo a hacer unas fotos. A las 17:50 horas llegamos al pueblo aparcando por debajo del mismo. Subimos por un camino encajonado entre murallas de piedra y paseamos por sus calles viendo a la luz del día la magnífica arquitectura del lugar. Las fachadas de las casas tienen entramados de madera y piedra alternados formando un singular mosaico. Sus calles, todas empedradas, tienen como alcantarillas las mismas piedras ajustadas con huecos por los que se cuela el agua de la lluvia. Algunas de ellas son tan estrechas como para tocar los laterales con ambas manos. En una tienda típica de productos artesanos compré unas flores dulces. En su plaza había varios puestos ambulantes con productos del mismo estilo. En la terraza de un bar tomamos un refrigerio delante de la gran iglesia de la villa.
Sobre las 18:45 horas emprendimos de nuevo el viaje con intención de subir a la Peña de Francia, 1732 m. En la carretera se encuentra el desvío que a lo largo de 12 kilómetros de subida zigzagueante nos llevó a la cima. El último tramo está en obras y sin quitamiedos. Para colmo me daba el sol de frente teniendo que reducir la velocidad al mínimo. Pasadas las 19:00 horas llegamos a la cima de esta cumbre en la que hay un convento y un gran punto geodésico con una estación de telecomunicaciones.
Aparcamos la furgoneta y nos encaminamos hacia los edificios y el mirador. Estaba fresco y yo no había cogido cazadora. Estuvimos viendo desde el mirador toda la llanura hasta ver incluso Bejar y su sierra nevada. Ya no aguantaba más y bajé a por la cazadora. Pues bien, no encontraba la llave de la furgoneta, que además la había dejado abierta. Al final apareció en el fondo de un bolso. Lugo la cazadora estaba en la mochila abajo del todo, por lo que cogí la de Álvaro que la tenía a mano. Ya no aguantaba más el frío. Para colmo, cuando me uno a ellos y voy a sacar fotos me falla la cámara. No se mantenía encendida tras apretar el botón y tenía que tenerlo pulsado para sacar fotos. Vamos, un rato de esos extraños que ya no sabes que ocurre. Sí disfrutamos de una bonita puesta de sol desde allí mismo a las 19:35 horas. Hasta allí llevábamos recorridos 392 Km.
Al poco de comenzar el descenso, a las 19:45 horas, vimos un rebaño de cabras al que fotografiamos. Bajamos los 12 Km. enlazando con la carretera general en otro punto más a nuestro favor. Sin novedades fuimos restando los kilómetros hacia Salamanca habiendo decidido venir esta vez por Zamora. Nos había dicho la chica de Villablino que había autovía y que solo el tramo entre Zamora y Benavente no lo tenía, pero que merecía la pena.
A las 21:00 horas dejábamos atrás Salamanca y media hora después Zamora. En un pueblo entre éste y Benavente paramos a tomar un café y hacer las cuentas de gastos. 25 minutos después retomamos el viaje y ya en Benavente, a las 22:45 horas, enlazamos con la autovía a León. Por la misma recorrimos los últimos 70 kilómetros dirigiéndonos a San Miguel del Camino para dejar a Esteban en su casa sobre las 23:30 horas. A las 23:50 horas llegábamos a Armunia tras recorrer un total de 691 Km.
Sin duda un grato fin de semana aprovechado al máximo, dentro de la limitación que algunos tenemos trabajando los sábados. El tiempo no pudo ser más respetuoso y la ruta realmente bonita. Yo era el único que la había hecho y al resto no les decepcionó en absoluto. Lo único negativo a resaltar ahora es el gripazo que tengo por culpa del frío que pasé arriba en Peña Francia, y que hoy, tres días después me tiene “doblao”. Por lo demás, la cámara de momento vuelve a ir bien. Pudo ser también el contraste de temperaturas, no sé.





























lunes, 21 de febrero de 2011

PICO UNGRÍO O FRESNEDA (Vegacervera) - 20-02-11

 


(Nota aclaratoria: Esta cumbre viene denominada en los mapas como Pico Ungrío)

2ª ASCENSIÓN AL “FRESNEDA”.

20-02-11    (Domingo)

Este domingo nos hemos acercado a Vegacervera para realizar una ruta señalizada como “Los Sierros Negros y el Cardayal” y que al final quedó en una ascensión al pico Fresneda, cumbre cercana a la misma a la que ya en otra ocasión ascendí. En el mapa realmente viene denominada como Pico Ungría, siendo el Fresneda o Fresnera, el grupo de cumbres de esa zona.
Tras la baja de última hora de Mª Jesús, 7 fuimos los que al final participamos en esta excursión: Mateo, José Antonio, José Luis, Nati, Álvaro, Tiquio y yo, acompañados de Rex. A las 8:30 horas salimos de León en mi coche y el de José Luis hacia Vegacervera por la carretera del Torío. En unos 45 minutos llegamos a este pueblo aparcando los coches en la carretera que se dirige al camping de esta localidad. Allí ya encontramos nieve helada en el asfalto. Nos preparamos para la ruta y a las 9:45 horas emprendimos la marcha por un camino hacia el noreste. La ruta en sí no comenzaba allí, si no en otro punto poco antes de Vegacervera. Nuestra intención era hacer la ruta ampliándola con la subida al Fresneda y Enrasadas. Al final solo hicimos la ascensión del primero ya que el estado de la subida y la climatología nos impidió realizar las otras dos opciones.
Por el ancho camino pasamos enseguida debajo de un puente del que no supimos la finalidad de momento. Hacía mucho frío y aún tardó un rato en darnos el sol. Poco a poco fuimos ganando altura dejando atrás un rebaño de vacas por encima de nosotros. Tras unos 500 metros recorridos abandonamos el camino para echarnos a la ladera izquierda para comenzar la ascensión hacia la collada entre las dos cumbres. La nieve seguía cubriendo el terreno y nos metimos entre arbustos y escobas en algunos tramos. Enseguida nos separamos unos de otros quedando Mateo, Álvaro y yo juntos hasta la cumbre. El resto se había echado más a la izquierda por otra ladera paralela. Por su parte, Nati quedaba por detrás a su paso tranquilamente.
Avanzamos siguiendo una pequeña vaguada en la que también encontramos varios robles y otras especies arbóreas. Al final de la misma nos encontramos con una gran nave ganadera de piedra, vacía en esos momentos. La dejamos atrás y seguimos subiendo mientras cambiábamos un poco el rumbo a la derecha siempre con dirección a la collada entre el Fresneda y el Enrasadas. Nos metimos bajo unas paredes rocosas bordeando las mismas mientras sorteábamos los numerosos huecos cubiertos de nieve que encontrábamos entre las rocas.
Poco a poco nos fuimos metiendo en la vaguada principal hacia la collada, aunque no llegamos al centro de la misma. Decidimos avanzar por una pequeña cresta de piedras que al final no resultó del todo acertado. De nuevo los huecos cubiertos de nieve se convertían en trampas donde metíamos las piernas con el riesgo de hacernos daño. Álvaro tuvo una caída en la que se mancó un poco.
Aquella cresta nos desviaba de la collada, pero iba hacia la cumbre más directamente. La pendiente se hizo cada vez más pronunciada y costaba avanzar por el mismo motivo, la nieve acumulada entre las rocas. Por otro lado, el cielo se había ido cubriendo cumpliéndose las previsiones que anunciaban lluvia por la tarde. El paisaje se hacía más amplio y empezamos a vez las numerosas cumbres del norte. En algunos tramos había que ayudarse de las manos para avanzar más seguros. Por los walkies nos comunicábamos unos con otros. Tiquio, que en principio había ido por la otra ladera, había retrocedido para meterse a la vaguada y ahora iba por detrás de nosotros. Enseguida vimos a José Luis por encima y ya había estado en la cumbre. José Antonio había subido por otra loma también y estaba en la cima.
Tardamos unos minutos en llegar a su altura y ver la cima en sí ya a pocos metros. El último tramo era menos pendiente pero estaba cubierto totalmente por la nieve. A las 12:45 horas alcanzamos esta cima con una altitud de 1685 metros. En la misma no había señal alguna de buzón, hito ni nada parecido. Como estaba cubierta de nieve, tampoco dejamos tarjeta alguna. Hablando con Tiquio, al que veíamos acompañado por Rex, nos dijo que quedaba en las rocas a las que se había encaramado algo más al norte y por debajo. Desde esta cima podíamos ver numerosas cumbres hacia cualquier punto cardinal. Destacaban entre otras el Brañacaballo, Fontún, el cercano Correcillas o el Sancenas. También los pueblos de Vegacervera, Matallana o Villalfeide camuflados en el paisaje moteado de nieve.
Nos sacamos unas fotos de grupo y apenas 20 minutos después de llegar emprendimos el descenso hacia el roquedal donde estaba Tiquio. En esta bajada no había que bajar la guardia por los mismos huecos en la nieve entre las rocas. Bordeamos en este tramo unos enormes hoyos de gran envergadura y de cierta profundidad en los que se acumulaba la nieve. Subimos luego unos metros hasta donde estaba el compañero y en ese punto decidimos comer cómodamente. El sol era cada vez menos visible y los nubarrones ganaban espacio por el oeste. La temperatura también comenzaba a descender y nos quedábamos fríos allí.
A las 14:00 horas comenzamos el descenso con intención de dirigirnos a la collada viendo que el cresteo era más suave hasta la misma. Al final los que iban por delante fueron desviándose ladera abajo metiéndose en una estrecha canal por la que había subido Tiquio. Aunque con precaución, no se bajaba del todo mal. En varios lugares había una buena capa de nieve que se hundía bajo nuestros pies. Había que ir sorteando los huecos que seguían abundando entre las rocas, aunque en menos numero por esa zona. Álvaro intentó hacer una gran bola de nieve para hacerla rodar, pero ya con buen tamaño se “cuadriculó” y tuvo que abandonarla.
Llegamos así a la vaguada principal por la que seguimos el descenso durante un tramo antes de desviarnos de nuevo bajo las paredes. Aunque nublado, no era tanta la amenaza de lluvia como minutos antes. Pasamos entre algunos arbustos pelados y cambiamos de vaguada. Allí me despisté del todo creyendo que habíamos variado la ruta de ascenso, aunque enseguida me convencí al ver la nave por la que antes habíamos pasado.
Por detrás quedamos Mateo, Álvaro y yo y decidimos acercarnos hasta un collado cercano desde el cual vimos la carretera que se metía en las hoces en ese punto. Luego, en vez de bajar por el sendero de subida, seguimos un ancho camino entre robles con una bifurcación que se dirigía a unas antenas y en la que nos reunimos de nuevo. Algo más adelante salía el sendero que atajaba hacia la nave por el que habíamos subido. Tras dejarlo atrás, algunos optaron por meterse a la vaguada mientras otros avanzamos por el camino unos metros. Cuando vimos que daba más rodeo hicimos lo mismo y les seguimos. Más o menos íbamos por la senda de subida, aunque unos metros desviados de ella. Por debajo se veía el ancho camino de la ruta señalada que íbamos a hacer en un principio y que con tan solo 5 Km. rodea un cerro cercano para volver al pueblo por la parte contraria. Arriba habíamos comentado la posibilidad de hacerla al bajar, pero el cielo estaba cada vez más gris y ahora sí volvía a amenazar lluvia. Además, yo al menos llevaba los pies empapados y ya solo me apetecía terminar para cambiarme.
Frente a nosotros vimos el rebaño de vacas y varios perros nos ladraron al acercarnos. Nos separamos en este tramo bajando cada uno por donde mejor le vino llegando al camino en pocos minutos. Al llegar al puente de piedras supimos que función tenía. Era el canal que recoge el agua en las Hoces de Vegacervera.
Escasos metros nos separaban del final de la ruta donde teníamos los coches. Antes de llegar a ellos comenzó a llover. La nieve y el hielo que cubría por la mañana el camino se había derretido en parte. A las 15:45 horas terminamos la marcha. Con los coches nos encaminamos hacia el bar en el que estaba Nati esperando y donde tomamos un refrigerio. Además nos cambiamos e hicimos las cuentas antes de emprender el viaje de regreso a la capital. Durante el mismo la lluvia fue muy arreciante bajando de intensidad ya cerca de León. En Guzmán dejé a los compañeros a las 17:20 horas antes de venir para casa.
Así finalizamos esta nueva salida del club de montaña. Por temas familiares no pude ir a la ascensión del Corral de los Diablos hace dos semanas, por lo que hacía un mes que no salía.