lunes, 29 de enero de 2007

LAS PUENTES DE MAL PASO (Molinaseca) 28-01-07

 

2ª TRAVESÍA “LAS PUENTES DE MAL PASO”.

28-01-07              (Domingo)

Por fin me estreno este año en la montaña tras mes y medio sin salir a ella. La primera salida del club hace 15 días me la perdí por un tema familiar, por lo que ya tenía ganas de comenzar de nuevo la actividad. Para colmo de males, un temporal de nieve durante la semana nos ponía en peligro la salida de este domingo. Al final tuvimos que cambiar la ascensión prevista al Muxiven, donde bien podía haber medio metro de nieve, por esta sencilla travesía que hace cuatro años ya había realizado yo.
Tras ponerme en contacto el sábado con un hostal de Molinaseca, me informaron que allí no había caído ni un copo. Avisé entonces a los socios con los que ya había acordado el cambio y cuatro de ellos decidieron hacerla.
El domingo a las ocho habíamos quedado en Guzmán. Como llevaba el coche Luis y el mío no hacía falta, les llamé para que me recogiesen de camino en la gasolinera frente a Agrícolas. Allí me reuní con Luis, Antonio, Tere y Roberto continuando por la nacional hacia Astorga donde entramos en la autovia hacia Ponferrada. En éste cogimos la carretera a Molinaseca, distante unos 7 Km. Cerca de la fuente donde lo habíamos hecho la vez anterior aparcamos el coche. Eran las 9:15 horas y llevábamos 116 Km.
Con el cielo completamente despejado, pero temperaturas frías, comenzamos la ruta poco después de las nueve y media. Atravesamos Molinaseca, (595 m), por una calle en obras hasta llegar al puente medieval de Los Peregrinos por el que luego entraríamos. Yo llevaba impreso el resumen de la vez anterior para irnos guiando un poco por él. Giramos a la derecha y pasamos frente a la iglesia parroquial cerca de la cual un indicador señalaba la ruta. Además de ello, un cartel comunicaba que la Puente Grande se encontraba cortada al paso por peligro de derrumbe. Esto suponía un pequeño contratiempo ya que nos podía impedir llegar a Riego de Ambrós y cerrar la ruta circular. Aún así el tramo hasta el mismo era de unos 4 Km. que íbamos a hacer ya de estar allí.
Nada mas salir del pueblo por una pista de cemento la abandonamos para entrar en un sendero entre castaños. Por la parte baja de la izquierda transcurría el río Meruelo mientras que por la derecha subían las laderas de los montes cercanos. Al ser muy temprano aún, el sol no entraba todavía en el valle y se notaba el frío de la fuerte helada.
La pendiente era un poco pronunciada en algunos tramos, pero se llevaba bien. Al otro lado del valle subía la carretera hacia Riego de Ambrós, donde también llegaba la ruta. Por ella se veían subir y bajar numerosos vehículos. En algunos tramos los árboles se cerraban alrededor de nosotros impidiéndonos ver el paisaje, pero eran pocos los trechos así. La mayoría del trayecto transcurría abierto al valle hacia el cual caían a veces paredes a plomo. Atravesamos un arroyo por un puente de rejilla de hierro donde nos sacamos una foto. Eran las 10:15 horas.
Seguimos la marcha sin más mientras poco a poco iba saliendo el sol tras las laderas contrarias y comenzó a darnos de lleno a nosotros. Se agradecía calor que ya comenzaba a radiar. En una de las curvas de la ruta y mirando al frente, conseguí ver muy al final del valle y en la lejanía el pueblo de Riego de Ambrós. Con el zoom de la cámara saqué una foto del mismo. Aquí aprovecho para apuntar que he comprado una tarjeta de 1Gb de capacidad con la que puedo sacar unas 1800 fotos más. En total, y sacando solo fotos, puedo hacer casi 2000 fotos entre las tres tarjetas. Lo que aprovecho es para hacer más vídeos y luego añadirlo todo a los montajes.
Más adelante unos indicadores nos señalaban la distancia a Molinaseca, 2 Km, y a las Puentes, 0,5 Km. La ruta está marcada como PR- LE 42. No tardamos en llegar a la Puente Pequeña, a las 10:50 horas, situada a una altitud de 820 metros y habiendo recorrido 3,600 Km. Por la ladera bajamos hasta situarnos bajo ella. Este puente de piedra es vadeado por debajo por el arroyo pequeño. Nos sacamos unas fotos allí y vimos un nido vacío bajo el arco del mismo.
Retomamos la marcha subiendo un tramo empinado y zigzagueante entre enormes moles de piedra. Poco a poco íbamos cambiando de dirección hacia el Este y también de vaguada. Entramos en la del arroyo Grande, en el que se emplaza la Puente Grande a la que no tardamos en llegar sobre las 11:25 horas. Comprobamos como unas cintas de plástico cerraban el paso a la misma y un plástico blanco la cubría. Parte del puente estaba derruido por la parte en la que estábamos, pero también es cierto que no era para caerse al paso de una persona. Lógicamente es normal que la tuvieran cerrada por el peligro que supone el paso habitual por ella, pero haciéndolo con precaución no supone peligro alguno. Total que, mientras todos bajaban hasta el río para ver como se podía vadear, yo pasé por arriba tranquilamente y sin problema alguno. Sí que había que vigilar no resbalar con el hielo que se acumulaba encima del plástico que lo cubría, pero nada más. También Tere se decidió a seguirme mientras los demás hacían números pasando por unos troncos que se zarandeaban sobre el arroyo. Volvimos a situarnos bajo la misma para sacar algunas fotos y disfrutar de los bonitos rincones en el arroyo.
Retomamos de nuevo la marcha habiendo recorrido 4,5 Km, para hacer el último tramo de la ruta de ida hacia Riego de Ambrós. El sendero subía y no tardamos en cambiar de vaguada siguiendo ahora el arroyo de las Contrillas. Atravesamos tramos de roca hasta llegar al estrecho cauce de dicho arroyo que dejamos atrás pasándolo por unas piedras. Continuamos ascendiendo ahora entre arboleda pequeña de robledal, urces etc. hasta salir a los claros soleados desde donde vimos ya no lejano el pueblo. Antonio y Roberto se habían adelantado y estaban sentados tomando un tentempié. Nos detuvimos también nosotros unos minutos allí.
Tras retomar la marcha vimos en un seco retoño numerosos hongos pegados y formando curiosas formas. No tardando nos encontramos con el enorme castaño del que yo me acordaba de la vez anterior y en el cual nos sacamos una foto todos juntos. Desde allí el sendero subía con más ímpetu serpenteante hacia el pueblo.
Poco antes de las 13:00 horas llegamos a Riego de Ambrós. Aquí hubo divergencias de donde comer. El viento soplaba fresco, pero no para tanto. La vista del macizo del Morredero y La Quiana era espectacular y yo quería disfrutarlo mientras comíamos. Total que terminamos sentándonos en la misma tapia de piedras que lo hicimos la vez anterior. Antonio y Roberto fueron a dar una vuelta por el pueblo mientras nosotros comimos disfrutando de la bella y amplia vista de las cumbres del macizo antes mencionado. También se veía camuflado en la ladera Espinoso de Compludo desde donde hace un mes habíamos visto el pueblo donde ahora estábamos. Al volver la pareja nos comentaron que no merecía la pena la visita al pueblo, por lo que optamos por emprender el regreso a Molinaseca siguiendo ahora un tramo del Camino de Santiago Francés. Eran las 13:50 horas. Hasta allí llevábamos 8 Km. La altitud allí es de 900 metros.
Leyendo el resumen de la vez anterior comprobé que habíamos entrado al pueblo para coger la ruta de regreso en el mismo. Esta vez decidimos atajar ladera abajo hacia una vaguada paralela a la carretera donde poco después encontramos el camino señalizado. También aquí vimos numerosos castaños de enormes troncos moteando el paisaje. Entre prados ascendimos unos metros hasta salir a la carretera que une los dos pueblos. Por ella caminamos escasos 100 metros antes de meternos de nuevo en el camino señalado por hitos con la concha de vieira como escudo.
A los pocos metros dejamos este ancho camino para meternos en un estrecho paso de descenso en el que el firme estaba empedrado para continuar atravesando más prados delimitados por bajas tapias de piedras apiladas. De esa forma dimos vista al valle principal por el que bajaba la carretera viendo incluso la senda por la que habíamos subido por la mañana. Desde Riego de Ambrós nos lo había ido tapando un montículo al que habíamos bordeado por el lado contrario a este valle del río Meruelo. El sendero transcurría en este tramo por la ladera del valle con una fuerte caída por la izquierda hacia la carretera y el río.
Enseguida vimos Molinaseca al fondo del valle. El camino atravesó entonces un tramo en el que la roca lo escoltaba por ambos lados a modo de pasadizo y paralelo a la carretera, serpenteaba siguiendo la orografía del valle. De nuevo Fueron Antonio y Roberto los que se detuvieron para reponer fuerzas y aprovechamos el resto para tomarnos un respiro también. Eran las tres de la tarde y nos restaban pocos metros para llegar a Molinaseca.
Unos veinte minutos más tarde retomamos la marcha por el estrecho sendero al lado del cual, y poco antes de terminar en la carretera, había una cruz de hierro. Ya por el asfalto entramos en Molinaseca en cuyo acceso se encuentra el santuario de Las Angustias, cuya imagen preside la fachada. Eran las 15:30 horas.
Atravesamos el puente medieval de Los Peregrinos y recorrimos algunas calles y plazas antes de terminar la ruta donde la empezamos cerca de la fuente. Eran las 15:43 horas y el podómetro marcaba 13,800 Km. En un bar cercano entramos a tomar un café y aproveché para cambiarme. Con el catarro que tenía, y tengo, no quería quedarme frío. Luego, como ya habíamos hablado, regresaríamos por Foncebadón.
Salimos de Molinaseca a las 16:10 horas por la carretera que veníamos viendo por la ruta. Subimos los escasos 400 metros hasta Riego de Ambrós dejándolo a un lado camino del puerto. Al llegar a el Acebo nos desviamos hacia Compludo para ver la herrería. Suponíamos que estaba cerrada, pero al menos la veríamos por fuera. Yo la había visto por dentro la vez que ascendí la Silla de Yegua hace unos años. Tras dejar aparcado el coche en la carretera nos metimos en el camino de aproximadamente un kilómetro que lleva a la misma. Al estar cerrada solo pudimos ver los edificios por fuera, las palas de madera y el canal que llevaba el agua a la misma. Luis quería acercarse hasta los molinos de Compludo, pero quedaban bastante alejados y ya no era hora de hacer más ruta.
Regresamos al coche y volvimos a subir la fuerte pendiente de 4 kilómetros hasta el Acebo encontrando un tramo con nieve en la carretera. Continuamos hacia Foncebadón viendo cada vez mas tramos con nieve y algo de hielo en la calzada, lo que obligó a ir más pendiente a Luis. Desde un determinado punto divisamos claramente la ascensión hecha en el Belén de Cumbres del pasado diciembre en La Cruz del Cueto. Así llegamos al alto de Foncebadón, punto clave del Camino de Santiago y el mas alto de toda la ruta según nos comentó Roberto. Está a 1500 metros. Aquí paramos unos minutos y Antonio y yo nos acercamos hasta la cruz y la ermita. Soplaba un viento helado y además el día se había ido cubriendo de brumas que no dejaban lucir el sol. Eran las 17:45 horas. Sacamos unas fotos y enseguida retomamos el regreso a León.
Fuimos perdiendo altura y la poca nieve de la carretera desapareció por completo. Atravesamos Foncebadón, Rabanal y El Ganso así como otros pueblos de camino a Astorga. Tras abandonar ésta cogimos la nacional viendo como por detrás se ponía el sol sobre el Teleno con un colorido espectacular. Así fuimos avanzando kilómetros y sobre las 19:30 horas me dejaron en casa los compañeros dando por finalizada esta primera salida del 2007 por mi parte. Aunque no fue la prevista, sirvió para “desempolvarme” un poco de estas semanas de abstinencia.






























jueves, 7 de diciembre de 2006

BELÉN DE CUMBRES "CRUZ DEL CUETO" "SAN CRISTÓBAL DE VALDUEZA-ESPINOSO DE COMPLUDO" (Morredero) 06-12-06

 


2ª ASCENSIÓN A LA “CRUZ DEL CUETO”. (Belén de Cumbres).

1ª TRAVESÍA “SAN CRISTÓBAL DE VALDUEZA-ESPINOSO DE COMPLUDO”.

06-12-06         (Miércoles)

Una vez más el club da por finalizado el año, en cuanto a excursiones se refiere, con la colocación del Belén de Cumbres. Retrasado del domingo pasado por la mala climatología, esta jornada festiva de la Constitución resultó más o menos acertada para realizar esta actividad que hubo que modificar precisamente por dicha causa.
La ascensión programada era a “La Silla de Yegua”, en el Morredero. La nieve, y sobre todo el hielo en la carretera, nos hizo cambiar los planes y terminamos ascendiendo a una cumbre cercana también alcanzada por mí en otra ocasión, La Cruz del Cueto. Como anécdota apuntaré que no me acordé del nombre hasta estar abajo y por un comentario de José Antonio.
A las 7:45 horas pasó Toño a recogerme en casa y nos dirigimos hacia Guzmán, lugar habitual. Allí nos reunimos los 9 participantes de la salida: Toño, Fernando, Luis, Álvaro, Antonio, José Antonio y yo. Nos acompañaban en esta ocasión dos montañeros del club Laciana, Piedad y Vicente, que me habían llamado días antes interesados en nuestro Belén de Cumbres.
A las 8:00 horas salimos en los coches de Fernando, Luis y Toño por la nacional hacia Astorga donde entramos en la autovía. El cielo despejado se fue cubriendo y la niebla se cerró en torno a nosotros subiendo el Manzanal manteniéndose las nubes altas tras bajar hacia Ponferrada. Aquí paramos un momento ya que José Antonio iba a dejar unas cosas en un hotel donde iba a quedar unos días para hacer unas rutas con unos montañeros de Valencia con los que había quedado. Luego nos desviamos por la carretera hacia el Morredero y Peñalba de Santiago tomando enseguida otra hacia el primero. Poco a poco según subíamos el puerto fue apareciendo la nieve y el hielo en la calzada e incluso se escapaban chispas de arriba. Hacia abajo vimos pasar un quitanieves limpiando un poco la misma.
Así fuimos subiendo hasta que llegamos a pocos metros de la parte alta donde ya la cosa se puso seria y tanto Luis como Toño no pudieron continuar. Por su parte Fernando sí alcanzó la cima distante pocos metros como digo. Estudiando las posibilidades de que empeorara y que luego fuese más complicado bajar, optamos por cambiar los planes y bajar de nuevo hasta el comienzo de la pista que baja a Peñalba de Santiago donde había menos nieve. Tenemos que agradecer a un joven con un todoterreno que me subió unos metros hasta donde estaba otra parte del grupo y luego nos bajó.
En este desvío volvimos a estudiar las posibilidades. Algunos querían volver a subir andando hasta el puerto después de haber bajado unos cuatro kilómetros en el coche, lo cual, siendo ya la hora que era, las 10:30 horas, no era muy factible. Otra posibilidad era bajar por la pista hasta Peñalba de Santiago, visible desde allí, y hacer la ruta hasta la cueva de San Genadio. Por último, la opción escogida fue la ascensión a la cumbre que teníamos delante y colocar en ella el Belén. Como ya apunté, yo ya la había subido en 1999, pero no me acordaba para nada del nombre por más que lo intentaba.
A las once de la mañana nos pusimos en marcha por la carretera hacia arriba unos metros hasta desviarnos por la ladera de la derecha. Comenzamos a pisar la nieve enseguida mientras ganábamos altura. A mí me parecía que por la izquierda se subía mejor, pero el resto se fue al contrario y les seguí. No tardamos en encontrarnos en una fuerte pendiente rocosa con nieve resbaladiza con la que había que tener cuidado. A pesar de ello se ascendía cómodamente con precaución. Subiendo aquel tramo me llevó el viento la visera unos cuantos metros hacia abajo y decidí que no merecía la pena bajar a por ella, total, una más. Yo creo que van unas cuatro o cinco las que quedan por la montaña.
Era curioso ver como estaba bien delimitada la línea blanca en las verdes laderas de los montes cercanos. Pasamos al lado de una sima antes de alcanzar la cresta por la que enseguida llegamos a lo alto de aquel picacho. La niebla comenzaba a envolvernos y entre ella vimos de nuevo Peñalba de Santiago en el fondo del valle. Eran las 11:35 horas.
A partir de allí descendimos unos metros hacia una collada en la que se acumulaba algo más de nieve. A pesar de ello se seguían viendo motas de la ladera al no ser la capa considerable. De nuevo nos tocó volver a subir entre la niebla por una pendiente un poco más suave que la primera ésta con algo de matorral bajo. Por detrás quedaba José Antonio al que vimos acompañado por otras tres personas de otro grupo. El viento soplaba considerablemente y le sujeté bien a Toño la funda de la mochila que corría peligro de salir volando. Enseguida distinguimos un hito de piedras en el cual estaban ya algunos compañeros adelantados. Por debajo de él, la nieve y el hielo formaban bellas figuras en las rocas y el matorral. A las 12:20 horas llegué a la cumbre de La Cruz del Cueto, de cuyo nombre aún no me acordaba. En la misma hay un gran hito de rocas apiladas y su altitud es de 1630 metros. Hacia delante se distinguía otra ladera en dirección a La Silla de Yegua hacia donde se dirigían los tres acompañantes de José Antonio. Para llegar a ella aún quedaba un buen trecho y unos 500 metros de desnivel.
Por mutuo acuerdo, y tras ver el panorama tan feo que teníamos con el tiempo, optamos por no avanzar más y colocar el belén allí mismo. Siguiendo el ya tradicional ritual, apostamos el belén entre piedras colocando luego alrededor las bebidas, turrón, pastas, panderetas, etc. para sacar unas fotos del mismo. La posición del mismo impedía sacar una foto del grupo en la que saliese también el nacimiento, así que la hicimos aparte. Tras ello nos pusimos con la segunda parte, la degustación de lo anterior a la vez que se cantaban villancicos al ritmo de la pandereta. De vez en cuando se abrían algunos claros entre los que se dejaba ver un poco del paisaje. El viento helado era lo peor que teníamos que aguantar ya que el frío era intenso. Yo no me quería poner los guantes ya que con ellos es imposible hacer nada. Tras un buen rato de diversión nos pusimos en camino hacia abajo. Eran las 13:30 horas.
Siguiendo la misma ruta de ascenso fuimos perdiendo altura. Por detrás quedamos Antonio, Álvaro y yo viendo como se abría algo más la niebla y contemplando todo el valle del Oza con Ponferrada al fondo. Lo cierto es que estaba saliendo una jornada extraordinaria a pesar del comienzo.
En la collada vimos algunas huellas que se desviaban hacia la derecha con dirección a la carretera y comprobamos que algunos habían bajado por allí. Yo opinaba que era mejor subir por la otra cumbre y disfrutar del paisaje que ahora veíamos un poco más amplio. Total, el desnivel era insignificante y en pocos minutos alcanzamos este punto desde donde volvimos a ver Peñalba de Santiago antes oculto por una lengua de la montaña.
Bajamos ya desde allí siguiendo las mismas huellas de ascenso por la cresta durante un tramo. Luego, en vez de echarnos a la izquierda por lo más empinado, nos tiramos hacia la derecha que parecía más suave. En los coches ya estaban algunos de los compañeros que habían bajado antes. Con cuidado de no resbalar fuimos perdiendo altura hasta salir a la carretera unos 500 metros por encima de los coches. Tras serpentear este tramo terminamos la ruta cuando eran las 14:35 horas.
Como era pronto para volver, se propusieron algunas alternativas para hacer en un rato. Una de ellas era bajar a Peñalba de Santiago aunque para hacer la ruta de la cueva de San Genadio era un poco ajustado. El problema era saber el estado de la pista que bajaba hacia él. Fue José Antonio el que llamó por teléfono a la policía municipal de Ponferrada, que habíamos visto bajar antes, y le aconsejaron no meterse con coches normales por ella. Que conste que hace años la subí y bajé con el 4-L.
Al final algunos decidimos bajar hasta San Clemente de Valdueza y hacer la ruta hasta Espinoso de Compludo. Por su parte, José Antonio, Toño y Fernando optaron por comer en un bar del primer pueblo y así acordamos que luego irían a buscarnos a Espinoso.
A las 15:00 horas emprendimos el resto la marcha por un camino encharcado que salía de San Clemente. Hasta Espinoso había unos cuatro kilómetros, lo que nos podía llevar poco más de una hora. Pues bien, a poco de comenzar llegaron por detrás varios todoterreno de cazadores que iban a la caza del jabalí. A uno de ellos le preguntamos si íbamos bien hacia Espinoso. Nos dijo que sí, pero que más adelante se perdía el camino y además estaba a un buen trecho de allí y siendo las horas que eran no nos daría tiempo. Nos comentó que había otra pista que salía de la carretera por la parte alta y que era más cómoda. Tras estas explicaciones nos “acongojó” un poco y nos dejó indecisos. Por suerte llegó un lugareño al que preguntamos lo mismo y fue el que nos sacó de la duda. La ruta no tenía pérdida ninguna y en una hora más o menos podíamos hacerla sin problema. Sí que terminaba el camino más adelante, pero seguía una marcada senda hasta enlazar con otro camino que entraba en Espinoso sin problema alguno. Con ello comprobamos claramente que los cazadores nos habían engañado para evitar que nos metiésemos en el terreno por el que iban a estar.
Sin más continuamos por el camino embarrado entre huertas con algunos manzanos en los que se veían algunos frutos sobrantes de la cosecha. Ya recorrido un buen tramo disfrutamos de una bella vista del pueblo con las cumbres medio nevadas al fondo. En ellas se seguía cerrando la niebla mientras donde estábamos nosotros se alternaba el sol y las nubes. Al alcanzar un alto vimos también aún muy alejado Espinoso de Compludo. El camino ladeaba los montes en los que se veían a los cazadores. El mismo señor de antes nos indicó ahora el sendero que teníamos que coger. Por él bajamos una pendiente entre algo de arboleda por una vallina. Pasamos entre escobas y atravesamos un arroyo antes de comenzar a subir más o menos notoriamente. Antonio se quedó comiendo un bocado mientras el resto avanzamos para alcanzar la parte alta antes de hacerlo. Lo cierto es que aquellas vaguadas verdosas y con arboleda otoñal tenían una belleza destacada.
En la parte alta continuaba el sendero y justo a su lado, y curiosamente elevado unos dos metros lagos del suelo, transcurría un alambre de pastor eléctrico. Nos pareció curioso que estuviese a esa altura y bromeamos diciendo que podía ser para jirafas. En realidad podía tratarse de un alambre que se usase para llevar la corriente de un lugar a otro sin peligro para las personas y animales. No tardamos en ver el pueblo y antes de entrar en él, en un alto con una bonita vista del mismo, paramos a comer. Eran las 16:10 horas.
Sentados en piedras o en un palet de madera comimos cómodamente. En ello estábamos cuando nos alcanzó Antonio y en media hora nos pusimos de nuevo en marcha. Varios castaños escoltaban el camino a la entrada de Espinoso de Compludo. Poco antes del indicador con el nombre se une el camino a la carretera que viene desde la general que sube al puerto.
Este pueblo, como ya nos había dicho José Antonio, es digno de visitar. Con una arquitectura conservada o restaurada, todas sus casas son de piedra con numerosas balconadas de madera en diferentes estados de conservación. La torre de la iglesia tiene una curiosa forma de campana. También las calles están empedradas y pueden verse algunos bancos de madera donde interrumpir un rato el paseo. Tiene además algunas casas rurales y albergue. Desde un mirador se contemplan los pueblos de El Acebo y Riego de Ambrós, donde termina la ruta de “Las Puentes de Mal Paso” que hace años hicimos.
Tras contemplar todo esto y reunirnos con los tres compañeros que habían comido un cocido en San Cristóbal, entramos en el bar a tomar un café y reposar un poco el cuerpo. Allí conversamos un poco e hicimos las cuentas de la salida. Poco antes de las seis de la tarde abandonamos aquel bonito pueblo. En los coches de Fernando y Toño nos acomodamos para recorrer los cinco kilómetros de carretera hasta el cruce de la general. Aquí quedamos Vicente, Piedad y yo mientras el resto iba a por el coche de Luis a San Cristóbal de Valdueza, a unos dos kilómetros por encima. Por su parte, Fernando y José Antonio emprendían el viaje de regreso ya mismo.
A las 18:15 horas retomamos el viaje ya hacia la capital leonesa. Por no variar, en Ponferrada, y siempre por la falta de señalización, nos despistamos. Así terminamos saliendo con dirección hacia Villablino donde por suerte también se puede enlazar con la autovía. Por ella circulamos sin novedades hasta abandonarla en Astorga y ya por la Nacional llegamos a León. Le pedí a Luis que entrase por Armunia a dejarme y aquí bajé cuando eran las 20:10 horas.
A falta de la cena de Navidad, esta fue la última actividad del Club de Montaña “Cumbres de León” por este año. En enero comenzaremos el nuevo calendario ya previsto y programado. Además, con esta excursión, la número 292, remato el 6º tomo de montaña.






























lunes, 20 de noviembre de 2006

I MAGOSTO "CUMBRES DE LEÓN" "BRAÑAS DEL SIL" 19-11-06

 


I MAGOSTO “CUMBRES DE LEÓN” 
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1ª TRAVESÍA: “PALACIOS DEL SIL- BRAÑAS DE CHOURINAS Y FANALES”.

19-11-06       (Domingo)

Tras el fallido intento del pasado año por culpa de la climatología, este presente hemos podido realizar el I Magosto “Cumbres de León”, que por desgracia también puede ser el último, dado el nulo interés de los socios a la hora de la preparación y sobre todo en la participación. Tan solo cinco socios fuimos los animados al mismo a los que hay que añadir otro ex-compañero del club que nos acompañó en esta ocasión. Tras la baja de otros tantos a última hora, estos fuimos los animados para tomar parte en este evento: Álvaro, José Antonio, José Luis, Ricardo y yo. El acompañante no era otro que Fernando, marido de Guiomar, también antigua compañera de fatigas, ahora residentes en la vecina Asturias. A pesar de la escasa asistencia, no resultó del todo mal la jornada teniendo en cuenta también la pésima climatología que de nuevo éste año nos jugaba una mala pasada. De todo ello doy cuenta en las líneas siguientes.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán: José Luis, José Antonio, Álvaro y yo. En las cercanías del colegio Quevedo se unía Fernando. Siendo cinco los participantes que salíamos de León, intenté llamar a Ricardo que estaba en San Emiliano para ver si él tenía el coche disponible y así solo llevar el mío desde aquí. Como no me fue posible y para no arriesgarnos, optamos por llevar también el de José Luis. De esa forma emprendimos el viaje ya con la lluvia y el cielo completamente cerrado de negros nubarrones.
En La Magdalena paré a llenar el depósito de la furgoneta antes de entrar a en la autopista. Mientras los otros decidieron ir por Omaña, nosotros teníamos que recoger a Ricardo en el pueblo y teníamos que ir por Babia. Tras pasar el puente colgante abandonamos a autopista viendo el pantano de Luna bastante más recuperado de su sequía. Ya en San Emiliano recogimos a Ricardo sobre las nueve y sin más continuamos el viaje hacia Villablino en el cual nos desviamos por la carretera de Ponferrada hasta Palacios del Sil donde ya estaban Fernando y José Antonio.
En el Bar Monica estuvimos tomando un café y dejamos los cinco kilos de castaña, ya que ellos se habían ofrecido a asárnoslas a través de José Antonio, que era el que se había movido para prepararlo yendo días antes a ver la ruta y demás.
Ya eran las 10:30 horas cuando emprendimos la marcha atravesando Palacios del Sil y saliendo por un camino entre numerosos castaños. Poco a poco comenzamos ascender por el mismo cuando de pronto vimos salir dos ardillas de entre unos matorrales. Una de ellas se escondió enseguida mientras qua la otra trepó a un árbol y la vimos como pasaba entre el ramaje con gran agilidad. Unos metros más adelante atravesamos un puente sobre el río Palacios, encontrándonos a continuación un tramo cementado y bastante empinado. Al final del mismo vimos una especie de pared alta de piedras y poco después comprobamos que se trataba de un antiguo canal que cogía el agua más arriba y en cuyo final tenía un sumidero por el que caía hacia un generador eléctrico. El lugar se conoce como Fervencia.
El estrecho camino ahora empedrado continúa empinado entre algo de arboleda y matorral. Encontramos en él un alambre cruzado por lo alto y con cintas de plástico colgando. Suponemos que se trataba de una barrera para el ganado. No tardando vemos las primeras edificaciones, algunas derruidas. En el medio del camino encontramos varios huesos de grandes dimensiones y no muy antiguos. En los prados bajos pastan algunos caballos que nos miran al pasar. En una casa cercana vemos un antiguo carretillo de rueda metálica.
Así salimos a una ancha pista que también sale del pueblo y que da más rodeo por la parte alta. Enseguida topamos con una fuente y su pilón de piedras donde hacemos una breve parada. Por la parte derecha vemos grandes pedreros mientras que por la izquierda continua el bosque hacia el río. En la parte contraria del valle se distinguen largas cascadas entre las rocas.
Sobre las doce del mediodía llegamos a las Brañas de Chourinas. Se trata de tres edificaciones bien conservadas y restauradas usadas antaño durante los meses estivales para el cuidado del ganado y los prados y en la actualidad posiblemente como residencia vacacional. Bajo el porche de una de ellas estuvimos un rato y algunos tomaron un tentempié.
A partir de ellas el camino se convierte en sendero que hace de arroyo en numerosos tramos. Las piedras abundan en el mismo con el correspondiente peligro de resbalón. Poco a poco nos vamos metiendo en la niebla que se cierra alrededor de nosotros dando al paisaje un matiz un tanto misterioso. Así alcanzamos las Brañas de Fanales, 15 minutos después de salir de las anteriores. Al contrario que ellas, aquí solo se pueden contemplar los restos totalmente derruidos de las mismas en una amplia explanada.
Continuamos sendero arriba pasando al lado de un bonito manantial entre una piedra en el suelo. No tardando tenemos que cruzar el río que todavía en esa altura apenas si lleva caudal. Nos dirigimos ya hacia la collada subiendo una fuerte pendiente y atravesando otro ramal del arroyo. El sendero serpentea por la empinada ladera en cuyo alto se encuentra la collada. Antes de llegar a ella pasamos al lado de un pequeño montón de nieve, la primera de la temporada. En la misma collada encontramos un gran nevero en el que nos hacemos una foto. Eran las 13:20 horas. el podómetro marca 4,800 Km.
La intención ahora es continuar la senda que llega a una bifurcación hacia el pico Cueto del Oso y por otro lado baja al valle de Pedroso. La niebla espesa, la lluvia y algo de viento dificultan la visibilidad. José Antonio es el que conoce la ruta y va de guía. El sendero sube muy suavemente por la loma unas veces entre matorral rasurado y otras entre altas escobas. La visibilidad es muy reducida y no vemos el cercano pico. José Antonio se desvía del resto que quedamos a la espera sin que regrese. Avanzamos por el sendero hitado viendo que éste se divide más adelante sin que ninguno llegue a sitio alguno. Cuando nos reunimos optamos por bajar unos metros hacia lo que parece ser el valle bueno, pero comprobamos que se cierra de maleza y subimos de nuevo.
De estar parados nos quedamos fríos y decidimos volver por el mismo lugar y no complicarnos más. Con la brújula y el mapa nos orientamos un poco, situando al menos la ubicación de los valles. José Antonio no queda conforme y vuelve a inspeccionar de nuevo lo anterior, por lo que hay algo de mosqueo cada uno marcha a su aire. José Luis y Fernando se adelantan mientras Álvaro, Ricardo y yo quedamos por detrás. Durante unos minutos estamos desorientados por completo hasta que damos con la senda y retomamos el regreso. Por detrás aparece José Antonio que no logró dar con la ruta buena al faltar varios hitos en ella.
Así alcanzamos de nuevo la collada tras una hora por la parte alta. Comenzamos el descenso por el mismo sendero serpenteante. Por la parte izquierda pueden verse numerosos grupos de árboles de hoja marronacea que destaca sobra la roca gris. Cruzamos el arroyo y encontramos unas flechas blancas que señalan otra dirección diferente de la ruta que llevábamos. José Antonio vuelve a separarse para investigar mientras yo continuo bajando hacia el fondo del valle. No tarda en alcanzarme mientras el resto ya se a adelantado y no se les divisa. Por el estrecho sendero descendemos pasando de nuevo el río Palacios y llegando poco después a las Brañas de Fanales. En esos momentos vemos como por detrás se abren las nubes viéndose unos instantes el azulado cielo, aunque no tarda en cerrarse de nuevo. Por la izquierda veo un bonito canal en la roca por el que baja un buen chorro de agua. Al lado del camino hay algunos acebos cargados de rojos frutos.
Camino de Chourinas, en un tramo de piedras y losas resbaladizas, se me va el pie dándome una buena culada y un golpe seco en el codo derecho que me produce un fuerte dolor además de una pequeña herida.
A las 15:20 horas llegamos José y yo a las Brañas de Chourinas donde el resto ya está acomodado comiendo. Bajo el porche anterior nos ponemos también a lo mismo durante veinte minutos antes de volver a la marcha. José Antonio se pone en contacto con el del bar para decirle donde andamos y que vaya preparando las castañas.
Por el ancho camino vamos descendiendo poco a poco entre pedreros, bosque y helechales volviendo a pasar al lado de las casas cercanas. La niebla abre y por delante vemos algunas cimas. Ahora vamos Álvaro y yo juntos por detrás. En la fuente sacamos una foto y poco después llegamos a la bifurcación de la pista superior y el camino de abajo. Por éste último bajamos las empinadas pendientes de este tramo entre escobas y raíces de los árboles que salen a través de la tierra escomida. Enseguida nos situamos paralelos al canal empedrado y luego bajamos el trozo cementado. De frente vemos ahora laderas repobladas y llenas de fundas blancas protegiendo las plantas.
Salvamos el río por el puente sobre éste entrando en el último tramo hacia el pueblo. En el cauce se veían rápidos y revueltas entre verdes prados moteados por las hojas de los árboles. Poco antes de entrar en Palacios encontramos a José Antonio hablando con una vecina del lugar.
A las 16:35 horas llegamos al pueblo. En esos momentos comienza a llover de nuevo tras un rato conteniéndose. Allí ya están los otros tres compañeros cambiándose y hacemos lo mismo. Fernando tiene mucha prisa ya que precisa pasar por León antes de marchar para Asturias, por lo que decide no entretenerse más. Nosotros nos acomodamos en unas mesas del bar a comer las castañas aún calientitas y bien asadas invitando a los que juegan la partida al lado. Haré aquí el apunte de que, si llevamos nosotros las castañas de aquí siendo como es aquello tierra de ellas, fue porque le dijeron a José Antonio que ya no quedaba nadie que las vendiese.
Allí sentados degustamos las riquísimas castañas acompañadas por refrescos o sidra. Nadie era de vino. Por supuesto que sobraron unas cuantas de los cinco kilos llevados y que luego repartimos en bolsas para cada uno. Era todo un poco insólito, pero no por ello menos interesante.
Poco antes de las 18:30 horas, ya anochecido, emprendimos nosotros el regreso. Atravesamos Villablino con dirección a La Magdalena. Con bastante precaución debido a la lluvia y al estado de la carretera, con tramos en obras y numerosas curvas, llegamos al desvío de San Emiliano. Entramos en éste a dejar a Ricardo antes de continuar el viaje. Volvimos a entrar en la autopista para evitar el tramo del pantano saliendo en La Magdalena. Sin novedades, y mientras cesaba la lluvia, fuimos avanzando hacia la capital donde entramos sobre las 20:15 horas. Aquí dejé a José Luis donde Quevedo, a José Antonio donde su casa y a Álvaro en el Paseo Salamanca donde tenía el coche. En pocos minutos llegué yo a casa tras recorrer 118 Km desde Palacios del Sil.
Con ello terminamos este magosto un tanto peculiar, pero que después de todo no tuvo tan mal resultado. Bien es cierto que no merece la pena preparar tanto una actividad para luego ir cuatro, cosa que, como ya apunté, se tendrá en cuenta en próximas ocasiones, si las hubiese.