lunes, 8 de julio de 2002

2º DESCENSO DEL CURUEÑO 06/07-07-02

 


2º DESCENSO DEL “RÍO CURUEÑO” .

06/07-07-02

Por segundo año consecutivo hemos salido para realizar el descenso de un tramo del río Curueño utilizando grandes cámaras de ruedas como medio de locomoción. Esta vez nos decidimos a salir el sábado y acampar en las cercanías de este río, que por cierto baja con poco caudal de agua. Hago constar que esta salida no la consideramos actividad del club, tratándose de algo totalmente particular aunque hayamos participado algunos componentes del club.
Todo dispuesto y hablado, llegó el día acordado.

SÁBADO 6
Mientras el resto de los compañeros marchaban este día por la mañana o por la tarde a primera hora, yo lo aplacé un poco más ya que teníamos reunión del club programada. Por ello eran las 19:00 horas cuando emprendí el viaje con la furgoneta hacia el lugar donde habíamos quedado en que estarían. Llegado a La Vecilla cogí el desvío hacia Nocedo y las Hoces de Valdeteja. Al final de ellas, en el mismo lugar donde el pasado año habíamos preparado el día de campo con la parrillada, tenían ya montadas las tiendas de campaña. Allí se habían reunido estas once personas: Ángel, Sheila, Toño, Carlos Gil, Rubén, Vicki, Sergio, Elena, Abel, Omar y Lorena.
Eran las 20:00 horas cuando llegué yo y me puse a montar mi tienda entre las demás. Hicimos tiempo charlando hasta acomodarnos para cenar con lo que habíamos comprado en común. Tras ello, y ya casi anochecido, algunos decidimos dar un paseo por las cercanías. Carlos y yo nos encaminamos por un camino al otro lado del puente que pasa cercano al mesón y camping “El Caserío” y que sube a la collada del pico Cueto Aucino, debajo del cual nos encontrábamos acampados. En esta vaguada vimos numerosas tiendas montadas y gente de cachondeo.
De nuevo en el lugar de campada nos reunimos todos y comenzó la juerga nuestra. Acompañados por una armónica y una especie de timbal nos liamos a “cantar”, contar chistes, etc. y nos dieron las tres y media a algunos. Con la videocámara iba dejando reflejados estos momentos.

DOMINGO 7
Sobre las 10:10 h salí de la tienda tras haber pasado una cómoda noche. Algunos ya llevaban tiempo levantados, como Toño, que se había venido ya hasta la cascada de Nocedo, a cuatro kilómetros, y había vuelto. Poco a poco fueron levantándose el resto y desayunamos. El día prometía ser tan bueno como el anterior con el sol ya calentando de mañana. Lo que sí estaba fría era el agua del río.
Tras desayunar y recoger un poco las cosas por allí, nos encaminamos hacia el comienzo del descenso. Abel, primo de Sheila y Rubén, se iba a dedicar a la pesca, poco el día antes, que por cierto no nos trajo trucha alguna. Los neumáticos los habían hinchado el día antes en una gasolinera y a uno de ellos le tuvimos que parchear con precinto ya que se había pinchado con algún pico en la hierba donde les habían colocado.
Algo más arriba del cruce de Valdeteja se encuentra el puente desde donde ya el pasado año comenzaron el descenso. Elena era la única, junto conmigo, que no iba a meterse. Yo iba como reportero oficial de la prueba, como el año pasado, y ella mi compañera.
Ya todos en el cauce con sus respectivos neumáticos, dio por comenzada la prueba en la que participaban nombres tan conocidos como: “Lucio de las Profundidades”, “Trucha del Curueño”, “Pulpo Cinco Patas” o “El Potro de San Andrés”, entre otros numerosos personajes del mundo del descenso en neumático internacional.
No faltaron las “picadillas” entre ellos y todos terminaron en más de una ocasión volcados unos por otros. Yo les iba siguiendo lo más cerca que podía, aunque muchas veces tenía que grabarles desde la carretera ya que era imposible acercarse a la orilla por lo inclinado de la caída. Todo el que pasaba con coches se quedaba mirando. Pensábamos que iba a haber más pescadores en el río, pero solo vimos a uno y además no le molestó en absoluto el paso de los navegantes.
Lo divertido eran las corrientes rápidas donde se cogía algo de velocidad y los pasos estrechos entre piedras donde quedaban trabados los neumáticos. Así llegamos al sprint final donde los participantes se ayudaban de los brazos para pasar bajo el puente final el primero de todos siendo por fin Sheila la que se proclamó ganadora de esta segunda edición del descenso de Curueño.
Aún estábamos donde el puente cuando llegó Marta con Dani. Por otro lado, Sergio tuvo la valentía de tirarse al agua desde lo alto de dicho puente, desde el que hay un desnivel que impone. Tras ello nos encaminamos hacia donde habíamos dejado las tiendas montadas para que no nos quitasen el sitio, ya que por la mañana había llegado un matrimonio y a la señora le había parecido mal que ocupásemos todo el sitio porque ellos iban todos los domingos a pasar el día allí. Vamos, de risa.
Yo me quedaba con el gusanillo de meterme al río y al final cogí un neumático y aproveché un tramo que no cubría para bajar por él unos cuantos metros mientras Carlos grababa la “proeza”. En cuanto llegó un tramo de profundidad me salí ya que solo me defiendo un poco nadando. Por ello no bajé con el resto anteriormente.
Tras ello nos pusimos a preparar la comida. Habían llevado beicon, chorizos y callos. Preparamos una hoguera y dejamos que se hicieran brasas y allí asamos el beicon y los chorizos. Los callos los ya iban hechos y solo fue calentarlos. Mientras se hacía esto desmontamos las tiendas y a la poca sombra de unos arbustos nos acomodamos para comer. Ah! Como por allí cerca apenas había leña, la habíamos trasportado por el río en unos neumáticos. Vamos, ni los mejores aventureros.
Tras la deliciosa comida llegó la hora del reposo. Tumbados cada cual donde mejor le vino, nos echamos una buena siesta a la sombra. Daniel, el niño de Carlos y Marta, estaba un poco inquieto y decidieron emprender el regreso. El resto estuvimos un rato más de charla y luego desinflamos las ruedas para traerlas. Cuando ya casi íbamos a venir llegaron Sonia, Jorge, su hermana y una amiga que subieron más arriba para bañarse.
Sobre las 19:30 horas emprendimos el regreso acordando parar en Valdepiélago a tomar algo. En este pueblo aprovechamos para tirar la basura que traíamos y en un bar estuvimos casi una hora antes de continuar el regreso a casa.
Sin novedades llegué a Villaquilambre y como ya eran las nueve y cuarto, llamé a casa para quedar con mi hermana Juli y Carlos en León y dar una vuelta.
Y de esta forma finalizó esta jornada y pico en la que disfrutamos de una grata convivencia entre amigos, que es lo que realmente importa.






















lunes, 17 de junio de 2002

“RUTA DEL WÓLFRAM” Y “PEÑA DEL SEO”. 16-06-02

 


1ª TRAVESÍA “RUTA DEL WÓLFRAM”. 1ª ASCENSIÓN A LA “PEÑA DEL SEO”.

16-06-02     (Domingo)

En esta ocasión hemos salido para realizar una ruta situada en una zona del Bierzo conocida como Seo. Concretamente se trataba de una de las tres alternativas de la Ruta del Wólfram, llamada así por estar situada en una zona donde se ubicaban minas de wolframio, las cuales son el objetivo a visitar de la ruta. De las tres posibilidades de aproximación a las mismas, elegimos Cadafresnas para comenzar la ruta. El transcurso de la jornada, que se completó con la ascensión a la Peña del Seo, fue como sigue.
Sobre las 8:10 horas llegaron Toño y Miguel en el coche de éste a recogernos a Carlos Gil y a mí en Armunia. Tras ello nos dirigimos hacia Guzmán donde nos habíamos quedado de reunir con el resto. Allí estaban ya Antelmo y Antonio y fueron llegando Jorge, Sonia y Carmen en el coche de José F. y Pablo y Omar, este último con algo de retraso. Ya eran cerca de las nueve cuando emprendimos el viaje en los tres vehículos por la nacional con dirección a Astorga donde entramos en la autovía.
Por ella avanzamos unos cuantos kilómetros hasta coger la salida a Villafranca del Bierzo donde estuvimos parados unos minutos en una cafetería. De nuevo en marcha con dirección a Corullón comenzamos a ver infinidad de cerezos y guindales cargados de rojos frutos que ya se dedicaban a recolectar sus dueños a esa temprana hora. Pasado este gran pueblo comenzamos a subir un puerto en el cual se encuentra un mirador donde paramos a disfrutar de una bella y amplia vista de todo el valle por el que habíamos venido. Allí sacamos algunas fotos y hubo quien recolectó algunas guindas.
Sin más retrasos continuamos hacia Cadafresnas, para el que quedaban unos pocos kilómetros más. Tras subir aquel puertecillo vimos a lo lejos una peña que destacaba en el paisaje y que luego comprobamos que se trataba de la Peña del Seo, a la que algunos subiríamos más tarde. Hasta llegar a Cadafresnas bajamos unos cuantos metros por la estrecha carretera llena de curvas y más curvas.
Serían las 11:00 horas mas o menos cuando aparcamos en este bonito pueblo de casas típicas de montaña. Aquí nos preparamos para la ruta y para el sol, el cual calentaba ya lo suyo. Unos 15 minutos más tarde emprendimos la marcha por un camino que salía al final del pueblo y que comenzaba a subir poco a poco por la ladera del valle. No tardando nos cruzamos con un bonito burro con el que me saqué una foto.
Como digo, el sol calentaba de forma exagerada y nos daba además de lleno, pillando pocas sombras que nos resguardasen del mismo. Yo me había echado bastante protector solar para evitar las quemaduras. Así como anteriormente habíamos visto numerosos cerezos, en este valle no encontramos ni uno, aunque sí numerosos castaños con el fruto ya madurando.
El camino comenzó a describir numerosas curvas mientras seguíamos ascendiendo más o menos suavemente. Al lado del camino encontramos un pilón sin fuente y con agua estancada y otro más adelante del que sí manaba un chorro. El sol nos daba cada vez por un lado diferente al describir, como digo, muchas curvas cerradas el camino. Al dar la vuelta en una de ellas vimos al fondo los edificios de las instalaciones de las minas y las bocas de estas en la ladera de la Peña del Seo. Aún tuvimos que recorrer otro kilómetro para llegar a la altura de estos edificios en ruinas cuando eran las 13:15 horas aproximadamente.
En los mismos encontramos a un lugareño con el que entablamos una conversación bastante interesante. Nos contó un poco la historia de la mina, en la que él había trabajado, y como habían derruido por venganza aquellos grandes edificios, que estaban en su propiedad, tras el cierre de la misma en 1980 desde 1950 que se había abierto. Igualmente nos enseñó algunos restos de wolframio que conserva y contó como se extraía y limpiaba este mineral que se usaba principalmente en armamento. Allí tiene ahora una huerta y algunas gallinas que andaban alrededor nuestro. Nos dijo que se podía entrar al nivel bajo de la mina, pero que no convenía más arriba por el estado en el que se encuentra ya.
Tras un buen rato con él nos encaminamos hacia las entradas de la misma situadas a casi otro kilómetro por encima de aquel gran edificio, que estaba dividido en dos partes, y que se usaba de residencia y oficinas de los mineros. Para llegar a ellas el camino describía varios zigzag por los que subimos ya bastante cansados por el calor. Antes de llegar a las entradas se desviaba otro camino hacia la collada desde la que se podía subir a la Peña del Seo. Algunos habíamos comentado la posibilidad de subir, pero nadie se animó en ese momento y continuamos hacia la mina. Tras pasar por los restos muy derruidos de lo que había sido el lavadero del metal, llegamos a las bocas de la mina. Eran las 14:00 horas aproximadamente.
Lo que sentimos al ponernos delante de la misma nos hizo desistir por completo de entrar. Desprendía tal corriente de aire helado, que con la sudada que llevábamos, hubiésemos agarrado bien a gusto una pulmonía. Era realmente exagerado el frío que salía por las bocas estas.
Como no decidimos entrar, algunos nos animamos entonces a subir al pico y hacia él nos dirigimos. Tras retroceder unos metros, comenzamos a subir por el medio de un bosque atajando hacia la pista que antes habíamos visto que salía de más abajo. Así llegamos a ella y nos condujo directamente a la collada desde donde tuvimos otra bella vista del valle contrario.
A esa hora, las dos y cuarto, el sol pegaba con toda su furia, lo que nos hizo pensar si subir o no al llegar a esta collada. Aún así nos decidimos a ello y comenzamos a subir ladera arriba serreando la loma. Nos habíamos decidido a subir cinco personas: Miguel, Omar, Pablo, Antonio y yo. Al resto no tardamos en verlos subir por el bosque dirigiéndose hacia la collada donde tenían pensado comer. Nosotros continuamos subiendo, si con mucho esfuerzo, debido al calor sofocante que hacía y que solo, de vez en cuando, se suavizaba con alguna corriente de aire, que también era caliente. Antonio se lo tomaba con calma e iba bastante por detrás de nosotros. A mí me estaba costando bastante y estuve a punto de abandonar la ascensión, pero poco a poco fui avanzando hasta que alcanzamos una de las varias cimas de esta peña. Eran las 15:15 horas más o menos.
En otra de las cumbres, situada unos 400 metros más adelante y a la misma altitud, vimos el punto geodésico y una caseta. Como la vista iba a ser la misma y la altitud también, optamos por quedar en esta otra cumbre y dar por conseguido el objetivo. Estábamos a unos 1600 metros.
Allí nos acomodamos para comer protegidos ahora por una brumas altas que tapaban un poco el sol. Antonio llegó algo más tarde que nosotros y ya pensábamos que había desistido. Como curiosidad apuntaré que llamé a casa para saber como iba la selección de fútbol española que se estaba jugando el pase a cuartos de final en el mundial de Corea-Japón. Iban empatados y se lo jugaban a penaltis. Luego supimos que había ganado.
Desde allí veíamos a lo lejos la ciudad de Ponferrada, algo difuminada por la canícula del calor. Igualmente numerosos picos alejados, como el Teléno, e incluso las Medulas.
A las 16:40 horas emprendimos el descenso siguiendo el mismo sendero de subida. En pocos minutos llegamos a la collada de donde ya había partido el resto. Ahora cogimos la pista que bajaba en vez de meternos por el bosque. Durante un rato nos cubrió la sombra de los árboles, pero luego salimos de nuevo a tostarnos al sol. No tardando llegamos al cruce con la otra pista por la que habíamos subido a las minas cogiendo ahora el sentido contrario.
A nuestra derecha se elevaba imponente la peña de la que bajábamos. Poco después comenzamos a bajar el zigzag hacia los edificios en ruinas. En ellos encontramos a Antelmo que estaba esperando por nosotros y todos juntos continuamos el regreso hacia el pueblo. En algunos lugares del camino han colocado señalización de esta ruta considerada de pequeño recorrido dentro de la categoría de rutas. Desde el pueblo a las minas habrá unos 7 kilómetros.
Al llegar al pilón con la fuente, Antonio se desvistió casi por completo y se metió a remojo en él. Aunque nos quedaba algo de agua, venía caliente y nos supo a gloria la de aquella fuente. De nuevo en marcha pasamos poco después al lado del otro pilón sin chorro de agua, aunque lleno de ella y fango.
Alrededor de las 18:40 horas entramos en Cadafresnas donde ya estaba el resto. Nos cambiamos la ropa sudada y el calzado y entramos en un bar a tomar un vaso y unos pinchos. Una hora después emprendimos el camino Carlos, Toño, Miguel y yo mientras el resto quedaba todavía allí sentados. A la salida del pueblo nos encontramos de nuevo con el burro que se revolcaba graciosamente en la tierra al lado de la carretera.
A tener en cuenta, según comentó Carlos, que allí tienen unas escuelas en las que es posible pasar alguna noche sin problema alguno, según le informaron en el pueblo.
Así fuimos avanzando hasta llegar al mirador cerca del cual paramos. Con unas bolsas nos pusimos a recolectar algunas cerezas, lo que nos costó algo de esfuerzo ya que tuvimos que subirnos a los árboles a coger la que estaban maduras arriba. Por supuesto que cogimos solo unas pocas, sin hacer daño alguno y en un lugar que parecía bastante abandonado.
Estando allí vimos pasar el coche de José, pero no el de Antelmo, que por lo visto también llegó luego antes que nosotros. De nuevo en marcha pasamos por Corullón antes de llegar a Villafranca donde entramos en la autovía por la que circulamos sin novedades hasta salir de ella en Astorga. Los últimos kilómetros los hicimos por la nacional y a las 21:45 horas llegamos a Armunia donde bajé en el piso para sacar la furgoneta.
Y así finalizamos esta completa jornada en la que el calor fue la nota predominante durante todo el transcurso de la ruta.


























lunes, 27 de mayo de 2002

ORGANIZACIÓN DEL VI ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES. “CASASUETES-PORTILLA DE LA REINA”. 26-05-02

 


ORGANIZACIÓN DEL VI ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES.

“CASASUETES-PORTILLA DE LA REINA”.

26-05-02      (Domingo)

Por fin llegó el día señalado para nuestro club de montaña desde hace un año, cuando nos comprometimos a organizar este “VI Encuentro de Montañeros Leoneses” durante el transcurso de la anterior edición. Esta actividad se realiza junto con la Delegación Leonesa de Montañismo, repartiendo las tareas de la siguiente forma. Mientras que ellos se ocupan del transporte, la merienda, los folletos y algunos otros detalles, nosotros teníamos que buscar la ruta adecuada y señalizarla, el lugar para la fiesta, organizar y aportar la música para la misma. Desde ese día comenzamos a apuntar detalles a tener en cuenta sobre todo ello durante las reuniones regulares del club. A continuación resumo un poco el proceso que nos ha llevado hasta el desenlace final, que según la opinión general, resultó todo un éxito.
A partir del comienzo de este año nos lo comenzamos a tomar más en serio y nos pusimos sin pérdida de tiempo a ultimar estos pormenores. Primeramente elegimos una de las varias rutas que se habían propuesto para estudiarla “in situ”. Esta resultó ser la que al final optamos por realizar, “Casasuertes-Portilla de la Reina”.
El veinte de febrero nos fuimos Carlos Gil y yo hasta Portilla para ir concretando con la Junta Vecinal de este pueblo el tema de la fiesta: lugar adecuado para ella, posibilidad de conexión eléctrica para equipo musical, etc. Allí vimos que tenían una bonita y amplia plaza con incluso una especie de templete permanente donde poder celebrarla sin problema alguno. Únicamente faltaba un espacio cerrado para el caso de que el tiempo no acompañase. Por parte de Luis, el de la Junta Vecinal, no fue más que apoyo el recibido en todo momento. Ese día subimos desde Portilla hasta la primera collada a través de una bonitas hoces.
Con el compromiso de gran parte de los socios del club alquilamos un microbús y el veinticuatro de ese mes hicimos la ruta completa viendo que no tenía dificultad alguna salvo el paso de un arroyo, cerca de Casasuertes, en el que no vimos puente alguno ya que tuvimos que pasar como pudimos, descalzos, saltando por piedras, etc. Igualmente teníamos como opción para los más atrevidos, la ascensión al Calar de las Corcadas, una cima cercana a la ruta, pero de fuerte tirantez. Visto la ruta completa decidimos que había que señalizarla bien para ese día ya que había varios puntos conflictivos de despiste, no de pérdida.
Paralelamente a todo ello fuimos estudiando el tema de la música y como aportarla. Al final mandamos una solicitud de ayuda al ayuntamiento de León, el cual nos ofreció un grupo folklórico, pero no el transporte para llevarlos. Claro, eran cerca de veinte personas y no querían ir en sus coches, aunque les pagásemos el gasto de gasolina. Vamos, que nos teníamos que gastar en llevarles más que si nos hubiésemos buscado nosotros otra opción. Al final, y ya casi en el último momento, el ayuntamiento les puso un autocar para ese día.
Aunque la merienda la aportó la delegación de montaña, fuimos nosotros los que la buscamos y compramos. Decidimos para esta ocasión variar el menú tradicional de pastas y mistela y en cambio dimos limonada, refrescos, pan, chorizo y queso, que compramos en diferentes lugares tras el rechazo de una empresa a subvencionar parte del mismo.
El día uno de mayo marchamos Miguel, mi hermana Juli y yo hasta Casasuertes para estudiar el paso del arroyo. Tras llegar allí y hablar con un vecino del pueblo, comprobamos la existencia de un puente, que no habíamos visto aquel día, y que nos solucionaba el problema por completo. Allí mismo nos encontramos con Buzzi el delegado de León, y la mujer, que precisamente habían ido a pasar el día por allí y de paso a mirar también este pequeño problema del que le habíamos hablado a él. Desde allí nos acercamos hasta Portilla donde estuvimos con Luis, el de la Junta Vecinal, comentando algunos detalles. Vimos que tenían unos caballetes y tableros que nos ofreció para la fiesta.
A partir de ahí entrábamos en la recta final. En la última reunión se ultimaron los detalles finales de este lago proceso que terminó como sigue:
El sábado 25 de mayo marcharon por la mañana 8 personas para marcar la ruta desde Casasuertes a Portilla y dormir en un refugio que hay cerca de este último. Estas eran: Cristina, Omar, Pablo, Ángel, Sheila, Sergio, Elena y Miguel. Toño, que tenía previsto ir, no le fue posible por causas laborales.
Por otro lado, por la tarde también tenía pensado ir yo para llevar algunas cosas. Al final lo hice a mediodía, nada más salir de trabajar a las dos, y acompañado por mi hermana Merce y Fernando. En la furgoneta llevamos parte de la merienda y algunos útiles más para la fiesta: mantel de papel, cuchillos, cepillo para barrer luego, bandejas hechas de cartones etc. Sobre las 16:00 horas llegamos a Portilla y nos encontramos con Luis para dejar todo ello en una sala de la Junta Vecinal. Igualmente llevábamos tres sacos de hielo que metimos en una cámara de bebidas en la misma sala.
Luego, como no pude ponerme en contacto con los que estaban marcando la ruta por falta de cobertura de sus móviles, intentamos subir con la furgoneta hasta una collada desde la que se podía bajar fácilmente al refugio donde estarían. Tras encontrar la pista comenzamos a subir por ella hasta que se empinó tanto que tuvimos que desistir a pesar del buen estado de la misma. Allí mismo, en una pradera comimos y para volver lo hicimos por Valdeón, pero eso ya no concierne al tema.
Si que incumbía la llamada que me hizo mi hermana Juli desde casa para decirme que tampoco Antonio podía ir al día siguiente. Eso sí nos afectaba ya que era uno de los revisores que irían por delante. Al final tuve que avisar a José F. para que ocupase su lugar.
De esa forma nos colocamos en el día crucial de todo este proceso: el domingo 26 de mayo.

VI ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES

Este día por la mañana bajé a por la furgoneta para cargar el resto de las cosas necesarias. En la panadería de arriba cogí las 60 barras de pan que anteriormente había encargado. Luego recogí a Pepe en el Bosco y cargamos algún útil más. Por último nos acercamos hasta Guzmán donde recogimos a José Fernández, completando el grupo de cuatro que íbamos en la furgoneta: Juli, Pepe, José y yo.
Eran las 7:30 horas aproximadamente cuando salimos de León hacia Casasuertes. En Riaño hicimos una parada para tomar un café y continuamos hacia este pueblo donde llegamos sobre las 9:15 horas. Allí hicimos un poco de tiempo y poco antes de las 10:00 horas emprendieron la marcha José y Pepe para revisar la ruta e ir quedando en diferentes puntos. Con ellos llevaban un walkie y yo tenía una emisora colocada en la furgoneta. Al final no sirvió de nada por que fue imposible ponernos en contacto unos con otros. El día no se presentaba muy halagüeño, ya que los negros nubarrones traían la lluvia algunos ratos, lo cual me preocupaba por la fiesta mas que por la marcha.
Juli y yo esperamos a todos los participantes que fueron llegando en los diferentes autocares. En total unas 300 personas divididas en 6 autocares grandes y 3 microbuses de León ciudad y resto de la provincia. En ellos iban del club dos personas, Marisa y Antelmo. Igualmente iba Loli, que también iba a echarnos una mano en la organización. Pues bien, Marisa y Loli eran las encargadas de abrir la marcha, pero no conseguí encontrarlas entre todo el personal. Luego supe que sí habían salido por delante de ellos. Por otro lado, Antelmo se encargaba de cerrar la marcha e ir quitando todos los lazos de plástico que señalizaban la ruta.
Cuando todo el mundo hubo salido de Casasuertes sobre las 11:00 horas, emprendimos Juli y yo el viaje hacia Portilla. Allí aparcamos la furgoneta y poco después llegaron Jorge y Sonia en su coche. Enseguida fuimos sacando las cosas de la sala que la junta vecinal nos había dejado el día antes y llevándolas para la plaza. En el templete colocamos unos caballetes y tableros para comenzar a preparar los pinchos de chorizo y queso entre los cuatro que estábamos encargados de ello.
No tardaron en llegar los padres de Cristina con los garrafones de limonada y refrescos y otro coche con las patatas fritas. La sorpresa la tuvimos cuando fuimos a sacar los sacos de hielo de la cámara donde los habíamos metido el día antes. Resulta que se había hecho un bloque y no salía por las puertas. Tuve que coger un martillo para machacarlo, y aún así nos costó tiempo y trabajo.
Para sorpresa nuestra, a la una de la tarde vimos llegar al primer participante de la marcha y no tardando a otro grupo. Nosotros esperábamos que tardasen al menos cuatro horas, pero poco a poco fue llegando personal e incluso algunos comían allí en la plaza. Claro, debido al mal tiempo que hacía, la gente apresuró más la marcha.
Nosotros continuamos la preparación de los pinchos y sobre los garrafones echamos hielo para mantener la limonada fresca al igual que sobre las botellas de refrescos. Esto lo teníamos en un cuarto bajo el templete de donde habíamos sacado las mesas. Por otro lado, Luis, el de la junta vecinal, nos había ofrecido la sala donde habíamos guardado las cosas el día antes y un soportal cerrado de la iglesia para el que se quisiese cambiar si venía muy mojado, cosa que por suerte no llegó a necesitarse ya que llovía a ratos y no muy fuerte.
A mediodía llegaron algunos de los que habían marcado el día antes y se pusieron también a ayudar. Aprovechamos para turnarnos e ir comiendo. No queríamos sacar las mesas para poner las cosas hasta el último momento para evitar que se mojasen. Si fuimos colocando una gran bandera de León con los banderines de la Delegación de Montañismo y el nuestro a cada lado del escudo de la misma.
La fiesta tenía previsto su comienzo a las 18:00 horas, pero una hora antes, como vimos que ya estaba casi todo el personal y el grupo folklórico ya había llegado, la adelantamos. Este grupo lo componían 3 músicos y unas 16 danzarinas de Villar de Mazarife. Además, parecía que se estaba conteniendo la lluvia y había que aprovechar. Comenzó la música, y empezamos a dar los bocaditos y bebidas en las mesas que habíamos colocado anteriormente al lado del templete. El personal se fue acercando a por todo ello mientras disfrutaban de la música popular. Durante un buen rato estuvieron bailando ellas solas hasta que se comenzó a animar el resto y se montó una bonita fiesta.
Lo cierto es que los participantes estaban realmente contentos con toda la organización y no faltaron numerosas felicitaciones a los miembros del club por su parte. A eso añadimos que milagrosamente se estaba conteniendo la lluvia y que incluso lucía el sol a ratos para tener una tarde redonda.
Además de los numerosos montañeros, tuvimos la presencia allí de Fernando, presidente de la Junta Vecinal de Portilla, al que aún no conocía, de Luis, con el que había tenido todos los contactos, e incluso del alcalde de Boca de Huérgano, a cuyo ayuntamiento pertenece dicho pueblo. También se acercaron algunos de los pocos vecinos de allí, a los cuales habíamos invitado a participar a través de la Junta vecinal.
Nosotros habíamos llevado un altavoz con batería y yo me lié a animar con él a todo el personal. Lo malo fue que por tanto usarlo, cuando se necesitó de verdad, no tenía batería.
Como ya es tradición, el delegado de montaña de León, en este caso Buzzi, entrega una placa conmemorativa al club colaborador. Tras unas palabras de agradecimiento a nuestro club por la organización de esta actividad y al club “S.L.A.C. - Collado Jermoso”, organizador de próximo encuentro, invitó a Pili, presidenta de dicho club, a subir al templete para entregarnos dicha placa. Tras ello tomé la palabra para agradecer a los diferentes organismos y personas la colaboración que nos habían prestado. A la Junta Vecinal de Portilla, Ayuntamiento de León, Delegación de Montañismo, al grupo folklórico de Villar de Mazarife, a los que aportaron la rica merienda y sobre todo la dulce limonada y como no, a todos los participantes que realmente son los que contribuyen año tras año a conseguir que estos encuentros se conviertan en tradición. Igualmente animé al Collado Jermoso para que el próximo año vaya incluso superando y mejorando esta actividad.
Tras otros minutos de fiesta, y cuando eran las 19:00 horas, terminó la misma. Como si de una señal se tratara, nada mas irse el personal hacia los autocares, se echo a llover de nuevo. Incluso nos mojamos nosotros mientras lo recogíamos todo a los coches. Prácticamente no hubo ni que barrer el suelo, ya que no habían tirado nada en él, lo cual demuestra la clase de personas que son los montañeros de verdad.
En pocos minutos lo recogimos todo y, tras despedirme de Luis y comprobar que todo quedaba como lo habíamos encontrado, emprendimos el regreso a casa en los diferentes vehículos particulares que habíamos llevado. En la furgoneta vinimos Juli, Pepe y yo. Sin novedades llegamos a León sobre las 21:30 horas y en casa dejamos varias cosas antes de descargar el resto en el Bosco donde también quedó Pepe.
Y así dimos por finalizada esta jornada en la que realmente no pudo resultar mejor todo lo organizado por parte nuestra y la Delegación de Montañismo de León, así como por todos los que nos apoyaron en esta ocasión tan especial. Deseo y espero que se continúa con esta tradición muchos años y que tengamos más ocasiones de organizarla nosotros.