1ª TRAVESÍA “LAS COLLADILLAS – HAYEDO DEL MONTE IYARGA – LAGUNA ROBLEDO – CRESTEO DEL PICO AUSENTE – LAGUNA ROBLEDO – LAS COLLADILLAS”.
24-10-26 (Sábado)
De nuevo hemos salido un sábado más para disfrutar de uno de los muchos hayedos que tenemos en nuestra provincia para deleitarnos de su colorido otoñal. Escogimos en esta ocasión un bosque mixto de hayas y pinos cercano a Puebla de Lillo, el Monte Iyarga, desconocido para los que participamos, pero muy cerca de otro ya muy recorrido anteriormente, La Cervatina. Además quisimos ampliar esta ruta con la ascensión a la Peña Lázara, finalmente frustrada por las incidencias que en el resumen se detallan. El desenlace final, salvo esas circunstancias ocurridas, fue del todo satisfactorio en la larga jornada que nos resultó.
A las 7:30 horas salía de casa para recoger seguidamente a Mª Jesús y a Guiomar. En los termómetros teníamos 0º C a esa hora aún nocturna. Mientras clareaba el día avanzamos por la autovía hacia Puente Villarente donde tomamos rumbo a Boñar. En dicho pueblo hicimos un parada para tomarnos un rico café con la no menos apetecible tortilla en el bar habitual en el que lo hacemos cuando pasamos por dicho pueblo o cerca. Ya con el amanecer ya avanzado nos encaminamos hacia el pantano del Porma donde hice otra parada para sacar unas fotos del mismo con algunos jirones de niebla que aún se mantenían sobre el mismo. Dejamos atrás Puebla de Lillo y al cabo de más o menos 3,000 km se encuentra el desvío hacia el valle de Rebueno. En esos momentos aparecía el sol tras las cumbres al Sudeste. Nos “colamos” este desvío y dimos la vuelta un poco más adelante para meternos en el ancho camino medio asfaltado que va ascendiendo por él a lo largo de unos 700 metros hasta llegar a un alto, Las Colladillas, en el que se encontraba el punto donde uniríamos la ruta de ida y vuelta. Allí, a la vera del camino, aparcamos a las 9:20 horas marcando el termómetro -3º C.
Salvo algunas nubes, el cielo se mantenía de momento despejado y ya veíamos al Norte la cima de Peña Lázara así como la del pico Ausente y de la Peña Requejines un poco más al Noroeste. Al Sudeste emergía la cumbre del Susarón. Los prados estaban cubiertos por una blanca capa de escarcha de la fuerte helada caída. Estando preparándonos pasaron por allí un buen número de vehículos con cazadores hacia arriba. Preguntando a uno de ellos nos dijeron que se dirigían hacia la parte del pico Mahón y el valle de Tolibia. Poco después llegó un agente forestal con el que también hablamos y nos confirmó que la cacería era bastante más arriba de donde nosotros teníamos pensado llegar por el hayedo y hacia otra parte.
Con esas vistas y ese panorama nos sacamos una foto de grupo y a las 9:45 horas iniciamos la ruta a una altitud de 1230 m. La idea inicial era hacer la ruta del hayedo del Monte Iyarga y ya de regreso desviarnos a la Laguna Robledo para subir desde ella a la Peña Lázara. Si bien la parte del hayedo la llevábamos asegurada y correcta en el GPS, la de la laguna y la cumbre la había improvisado un poco sobre el mapa estudiando otras rutas de Internet. Avanzamos por el ancho camino hacia el Suroeste contemplando ya algunas laderas cubiertas por los hayedos con colorido otoñal, aunque aún un tanto “verdoso”, pero acentuada la belleza por el sol que ya los iluminaba. También los numerosos pinares con el verdor de sus ramas cubrían otra buena parte de las faldas de los cerros y cimas que cierran este valle de Rebueno.
Esta primera parte de la ruta comparte tramo con la circular de La Cervatina, que como ya anoté, la hemos hecho en más ocasiones. Cruzamos un paso canadiense y seguimos la ruta hasta llegar al área recreativa de Pegarúas, un merendero cercado con valla de madera. En unos prados blancos por la helada pacían varias vacas. Curiosamente, y lo comentamos, estaban casi todas “mirando” al Este, y eran muchas. Al poco de dejar atrás ese merendero se encuentra el desvío a otro camino a la derecha, al Norte, que deberíamos de haber tomado y que no hicimos. Por no mirar el GPS dimos por supuesto que había que seguir por el principal y así lo hicimos llegando poco después a la Fuente Fombea, situada unos metros hacia los prados de abajo.
Seguíamos disfrutando de los hayedos ya iluminados por el sol en las faldas de los montes y cerros cercanos. El arroyo Rebueno transcurre paralelo al camino, por la derecha y entre los prados. Un nuevo todoterreno nos adelantó en este tramo en el que nos dimos cuenta del error cometido. Nos habíamos pasado casi un kilómetro de dicho desvío y comenzamos a retroceder. Vimos entonces que cabía la posibilidad de atajar subiendo por la ladera ya que la ruta también subía hacia la parte alta de la misma. Nos metimos hacia dicha falda campo a través y con terreno bastante limpio. Entramos a la vera del pinar desde donde tuvimos una bonita vista del valle. Así llegamos al camino por el que sí pasaba la ruta y nos incorporamos a él a una altura de 1300 metros. En ese punto entramos también al bosque del Monte Iyarga, que de momento estaba formado por pinos en su mayoría. Eran las 10:36 horas y llevábamos hechos 2,200 km, con el error cometido.
El ancho camino ascendía entre esa especie arbórea y muchas escobas y helechos. Comenzamos a encontrar también setas en el terreno y ya avanzo que vimos muchas y variadas durante la ruta. Llegamos a un punto en el que se abrió de nuevo el paisaje teniendo una nueva y bonita panorámica colorida de este Monte de Iyarga. También de algunas cimas de las sierras de la Cuerna y del Caballo como el Rebueno, Mojonerina o Los Mayaones, hace años coronadas por nosotros. En un collado de esa orientación vimos uno de los todoterrenos de los cazadores.
Trazamos entonces algunas curvas y pasamos no lejos de unas formaciones rocosas de este monte. Cruzamos una pradería y entramos de lleno en el espectacular hayedo ensalzado por el sol que aún lucía luminoso. Como ya avancé, todavía estaba la arboleda muy verde en muchos lugares, pero incluso ese color contrastaba con el marrón del terreno cubierto por las hojas caídas y los helechos medio secos. Algunas rocas que emergían del suelo y cubiertas por musgo contribuían aún más a acentuar esa belleza. Algunos ejemplares de hayas tenían gran grosor en sus troncos, muchos también retorcidos o con huecos.
A las 11:45 horas, tras 4,500 km hechos, alcanzamos el punto más alto de la ruta en ese Monte Iyarga situado a 1486 metros de altitud. La altura máxima de dicho macizo es una cima más al Oeste con 1659 metros. En esa zona alta apenas había arboleda pero enseguida iniciamos el descenso por la ladera Norte entrando de nuevo entre las hayas. El cielo ya se había ido cubriendo por brumas y el sol ya no lucía claro, lo cual le quitaba algo de esplendor al bosque. No tardando encontramos el primero de los varios tejos que vimos en esta otra falda del monte. Así como en el Monte de La Cervatina se agrupan casi todos en un pequeño recinto, además cerrado para evitar el paso de los animales, aquí los fuimos encontrando mucho más aislados entre el hayedo. Este primero no tenia un grosor muy destacado, pero era “bonito”. Estaba unos metros por encima del camino y nos desviamos hacia él para sacarnos unas fotos a su vera. De nuevo en el ancho camino fuimos perdiendo altura hacia el valle del arroyo Respina entre las hayas que seguían formando verdaderas postales.
Como anoté, vimos algunos tejos más destacando por su verde oscuro entre el ramaje más claro de las hayas. Llegamos a un punto en el que el waypoint del GPS nos marcaba a la izquierda y el track giraba a la derecha. Me llevó un momento darme cuenta de que estábamos haciendo la ruta al contrario que el grupo del que lo había tomado y de ahí ese lapsus.
A las 12:55 horas salimos del hayedo en la parte baja ya en el valle del arroyo Respina tras 6,600 km hechos. Cruzamos un puente sobre dicho arroyo y salimos a otro camino más ancho en el que había un vehículo y más hacia la cabecera una vimos una casa. Avanzamos entonces hacia abajo por dicho camino paralelo al arroyo entre las laderas de ese valle cubiertas al Sur por hayedos y al Norte por pinares. El cielo seguía “apagado” con el sol tras las espesas brumas quitando el esplendor a dicho paisaje. Por delante emergió de nuevo el Susarón, y tras unos 800 metros recorridos desde la salida del hayedo, llegamos al desvío de la laguna. Eran las 13:10 horas y llevábamos hechos 7,400 km. Estábamos a 1314 metros de altitud.
Este desvío se encuentra justo antes de un paso canadiense en el ramal por el que luego volveríamos. Una señal prohíbe el paso a vehículos no autorizados hacia dicho camino por el que enseguida comenzamos a ganar altura entre helechales y pinos. Algo después algunos claros nos regalaron los rayos del sol iluminando de nuevo esos bonitos rincones del bosque. Continuábamos encontrado setas de todo tipo y tamaño en el suelo o pegadas a algunos troncos caídos. Dejamos atrás un desvío del camino que bajaba al valle de nuevo y seguimos subiendo hacia la Laguna Robledo a la que llegamos cuando eran las 14:05 horas y tras 9,100 km en total.
Se trata de una gran laguna, unos metros desviada del camino principal, en la que la superficie se encuentra casi cubierta prácticamente por la vegetación típica que crece en el mismo lecho. Aún así es espectacular la amplitud de la misma y el paisaje que la rodea con los pinares y laderas de la falda de las cumbres. Al Nordeste de ella se elevaba la cima de Peña Lázara, nuestro siguiente objetivo. Para ello teníamos que remontar el desnivel desde los 1450 metros en los que nos encontrábamos hasta los 1702 metros de la cumbre. Pues bien, comenzamos a rodear la laguna por el Este hacia el Norte al encuentro del tramo del track del GPS que había descargado como referencia de unos montañeros que habían bajado desde la cumbre a la laguna. El tramo anterior desde el valle lo había hecho yo “a mano” dado lo evidente del camino hacia ese lago. A la par íbamos atentos a cualquier senda que saliese hacia la falda de la cumbre, pero el terreno estaba muy cerrado por los pinos y más arriba por maleza. Así llegamos al enlace con dicho trazado sin encontrar tampoco traza alguna de sendas abiertas. Por encima además se veían pinares y escobares cerrados qué, aún de bajada puedes luchar un poco mejor con ello, pero subiendo......
Miramos a un lado y a otro en busca de un paso algo abierto, pero nada nos convencía para atacarlo desde allí. Al fin optamos por la segunda opción, volver al ancho camino y subir por el mismo dando un buen rodeo por donde aquellos montañeros habían vuelto casi a la cima para bajar al valle contrario del Norte donde habían comenzado la ruta.
Rodeamos la laguna por el lado contrario y salimos al camino unos metros más delante de donde lo habíamos abandonado hacia ésta. Enseguida llegamos a otro desvío que tomamos para acercarnos a una torre situada a escasos 50 metros. Se trata de una caseta elevada como las muchas que hay repartidas por los montes para vigilancia forestal, similar a la que vimos en la ruta anterior en Burón. Volvimos al camino cuando ya eran las 14:30 horas, y tras una breve parada para tomar un tentempié, retomamos la subida por él. Íbamos viendo que el mismo daba un rodeo tremendo y buscábamos posibles atajos mirando el mapa satélite en el Google. Pues bien, al llegar a un determinado punto vimos que salía una senda hacia el pinar que en dicho mapa se veía muy clara, incluso más arriba se ensanchaba y salía a un gran claro. Nos metimos en ella..... y ahí comenzó la “aventura”. En principio sí estaba muy marcada y más o menos limpia y así avanzamos un tramo desviándonos del camino poco a poco. Cuando encontramos un pino caído que tuvimos que rodear y ramas y escobas que se iban cerrando ya no nos hizo mucha gracia la cosa. Aún así la senda seguía más o menos clara ganando altura. De pronto escuchamos un ruido cercano por la derecha de un gran animal corriendo entre el bosque, y aunque no llegamos a verlo, nos asustó a los tres. Pensamos que era algún ciervo o similar.
Cuando salimos a un “claro” que se veía en el mapa y no estaba tan abierto como parecía, ya nos mosqueamos un poco más. Nos desviamos unos metros para bajar a una franja por debajo de un talud de tierra por donde parecía que se avanzaba algo más rápido. Así salimos del pinar hacia la falda completamente poblada de escobas entre las que se intuían algunas sendas. Habíamos desechado dirigirnos hacia la cresta y en cambio nos desviamos más transversalmente hacia el camino que habíamos dejado anteriormente. Más o menos fuimos avanzando cómodamente contemplando ahora una amplia vista al Sur con algunas cumbres como el Susarón o el Mahón. Salimos entonces a un cortafuegos medio marcado en el que vimos un hito de rocas apiladas. Lo cruzamos para llegar enseguida a un pequeño alto sobre el camino ancho, que resultó ser otro cortafuegos de fuerte pendiente hacia la cresta ya visible por encima. También veíamos algo más al Noroeste la línea cimera con pico Ausente en ella. Eran las 15:58 horas, estábamos a 1630 metros de altitud y llevábamos hechos 11,500 km.
Bajamos unos pocos metros hasta ese cortafuegos para iniciar la subida por el mismo. El terreno era pésimo con grandes surcos y tierra resbaladiza. Fuera de él, las escobas, así que más o menos lidiando con ello fuimos ganando altura. Guiomar decidió meterse hacia un sendero de la falda que transcurría transversal por que le parecía ver una zona más abierta por la que subir luego. A mi no me convencía meterme de nuevo en las escobas y seguí por el pendiente cortafuegos junto con Mª Jesús. Poco antes de alcanzar la cresta sí nos desviamos hacia una senda más abierta que nos sacó a la parte cimera donde ya había llegado Guiomar. Estábamos a 1741 metros de altitud en ese punto y eran las 16:20 horas.
Veíamos el camino hacia Peña Lázara, pero distante ésta casi 2,000 km en línea recta, por lo que, dado la hora que era, descartamos por completo alcanzarla. Decidimos emprender la subida por la falda hacia el Pico Ausente en busca de un lugar donde comer cómodamente en algunas rocas que veíamos por delante. Así fuimos avanzando hasta que alcanzamos la cota de 1813 metros donde ya decidimos parar. Llevábamos 12,400 km y eran las 16:50 horas. Estábamos 111 metros por encima de la altura de Peña Lázara, 1702 m.
La vista era espectacular de Norte a Sur por el Este. Por nombrar algunas cumbres, entre las más “cercanas” teníamos el Cascayón, La Rapaona y Rapaina, Peña San Justo, Runción, Susarón o el Mahón. Más alejadas, parte de Picos de Europa, Espigüete, Peñas Pintas, Corral de los Diablos, Mampodres, etc. También las antenas en la cima de La Camperona. Se acertaba a distinguir alguna edificación de Puebla de Lillo y buena parte de Redipollos. Cofiñal quedaba oculto tras Peña Lázara y el pico La Granda, pero sí veíamos el Lago de Isoba. Igualmente teníamos bajo nosotros el valle de Respina al Sudeste, por el que habíamos pasado, y el del río Silván que bajaba al Nordeste. Estábamos muy cerca del Lago Ausente, pero nos quedaba detrás de las antecimas del pico del mismo nombre al Norte.
Descendimos unos metros hasta unas peñas en las que nos acomodamos para comer disfrutando de todo ese panorama tan amplio y bonito. Las brumas seguían ocultando parcialmente el sol a ratos mientras caía la tarde. Tras unas fotos de grupo iniciamos el descenso por la misma loma anterior. Nos metimos hacia el sendero por el que había subido Guiomar y que nos sacó a mitad del cortafuegos. Al final del mismo veíamos como el camino seguía hacia el valle y en principio decidimos seguirlo para bajar hacia la furgoneta por él. No resultó como preveíamos luego.
Ya en el cortafuegos nos encontramos con el terreno muy malo que ya habíamos visto al subir. Grandes surcos, tierra resbaladiza y la fuerte pendiente nos hacía extremar la precaución. Pues bien, yo patiné con el pie derecho llevándose la peor parte la rodilla izquierda al retorcerla bruscamente en ese movimiento. El dolor que sufrí es inexplicable. En ese momento pensé que no podía continuar la ruta y tenían que bajarme. Desde hace dos meses, cuando la retorcí en la ruta de Peña Lasa, me sigue molestando, sobre todo en las bajadas. Tras unos minutos de descanso continuamos bajando, yo con mucho “tiento” sorteando esos grandes surcos y las zonas más resbaladizas. Fuera del cortafuegos no era mucho mejor por la maleza que se acumulaba en las márgenes.
Llegamos entonces al enlace con el camino que venía de la Laguna Robledo y que continuaba bajando hacia el valle, pero no por donde pensábamos. Se dirigía dando un tremendo rodeo hacia la cabecera del mismo mientras el cortafuegos continuaba recto hacia el fondo. Tras avanzar un poco por éste comprobamos que el último tramo era aún peor que lo anterior, bajaba casi verticalmente y con un estado similar. No cabía opción más razonable que meternos al camino de la laguna que ya teníamos seguro su estado y trazado por el mapa. En esos momentos eran las 18:30 horas, estábamos a 1541 m de altitud y llevábamos hechos 14,000 km.
Ya cómodamente en dicho camino avanzamos por él entre pinares viendo como aparecía la luna casi llena por el Este. No mucho después de entrar en él llegamos al comienzo del primer cortafuegos que habíamos encontrado arriba, donde el hito de piedras, y que estaba menos marcado. El ocaso iba cayendo mientras íbamos bajando hacia el punto en el que lo habíamos abandonado por la mañana, ya no sabemos si erróneamente o no. De haberlo seguido nos hubiésemos encontrado con ese pendiente y mal cortafuegos que habíamos pasado antes. Dejamos ese punto atrás cerrando otro lazo de la ruta y poco después el desvío a la caseta forestal. A las 19:15 horas pasamos al lado de la Laguna de Robledo, algo oculta tras los pinos. Mi rodilla aguantaba más o menos bien ya que la pendiente apenas era perceptible y yo bajaba con calma. Echando la vista atrás pudimos ver durante un rato un bello efecto de las nubes rojizas por el sol ya oculto. Por delante emergía el Susarón entre el ramaje de los pinos entre los cuales seguíamos bajando.
A las 19:50 horas llegamos al ancho camino del valle, donde por la mañana nos habíamos desviado a la laguna, habiendo hecho 17,200 km. A escasos metros cruzamos un paso canadiense para iniciar el último tramo de la ruta. La luz blanca de la luna, que se escondía tras las nubes, contrastaba con los tonos rojizos reflejados del sol en éstas creando igualmente unas bonitas postales. Poco a poco nos colocamos casi paralelos a la carretera, algo distantes de ella y por la que pasaban algunos vehículos ya con las luces encendidas. Así llegamos al enlace con el camino en el que teníamos la furgoneta a escasos metros y donde terminamos la ruta cuando eran las 20:10 horas. El GPS nos daba como datos principales 18,200 km hechos con un desnivel acumulado nada desdeñable de 848 metros.
A la luz del foco que llevo nos cambiamos y a las 20:30 horas iniciamos el viaje de vuelta con 6º C de temperatura exterior. Salimos a la carretera para encaminarnos hacia Puebla de Lillo por donde pasamos poco después. Rodeamos el pantano y al llegar a Boñar hicimos una parada para tomar un merecido refrigerio. De nuevo en ruta hicimos sin novedades el resto del viaje a León donde llegamos a las 22:05 horas. Tras dejar a Guiomar y a Mª Jesús terminé yo la jornada en casa a las 22:25 horas y con una temperatura exterior de 10º C.
Pues así fue el transcurso de esta ruta otoñal de montaña en la que tuvimos un poco de todo. Nos metimos entre escobares cerrados de los que salimos airosos y por mi parte tuve ese pequeño pero muy doloroso incidente bajando. Al final lo que cuenta es que disfrutamos de unos paisajes otoñales espectaculares de bosque, valles y montañas. No alcanzamos cumbre alguna, pero sí llegamos incluso a una cota más alta de la prevista con amplias y guapas vistas sobre los valles y bosques del entorno.
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