lunes, 16 de octubre de 2006

BARCENA MAYOR- Cdo. OZCABA- LOS TOJOS- BARCENA MAYOR. (Cantabria) 14/15-10-06

 


1ª TRAVESÍA “BARCENA MAYOR- Cdo. OZCABA- LOS TOJOS- BARCENA MAYOR”. (Cantabria).

14/15-10-06

Una vez más nos hemos desplazado a la vecina Cantabria para realizar una bonita travesía por el ya conocido Valle de Saja. En esta ocasión nos acercamos hasta Barcena Mayor, bello pueblo declarado conjunto histórico en 1979, en el que comienza la ruta conocida como “Camino Viejo de Barcena Mayor”. El grupo de 11 personas se dividió a la hora de hacer el viaje y mientras algunos lo hacían el viernes, otros lo hacíamos el sábado. Luis, Eva, José Antonio y su mujer Chelo y su hijo Fernando fueron en un coche el viernes así como Javi, su mujer Isabel, Ramón y Corin. Álvaro y yo marchamos el sábado por la tarde.
Antes de nada quiero hacer un apunte de lo que no me gustó desde un principio como presidente del club, y lo cual dejé claro a pesar de seguir adelante. La ruta en sí era solo hasta el collado de Ozcaba y regreso, siendo unos 20 kilómetros. Pues bien, los que marcharon antes decidieron que se podía hacer por la mañana y llegar a comer en un restaurante de Barcena. A mí me convencía poco el tema pero accedí. Por otro lado, parte del grupo se fue por su cuenta sin avisarme para nada, lo que me mosqueó aún más. Claro, ellos aprovecharon el sábado para ir a la playa y alguna otra cosa más mientras que nosotros íbamos a hacer un viaje de 250 Km. para hacer una ruta de medio día. Eso, unido a algún detalle más que luego añadiré, fue lo negativo de esta salida que después de todo la considero todo un éxito por su transcurso y resultado final.

SÁBADO 14
Minutos antes de marchar recibía la llamada de Cundi, que el día antes me había dicho que no podía ir y ahora había cambiado de planes. Como ya estábamos apurados de tiempo y además no tenía nada preparado, no fue factible esperar por ella.
Sobre las 17:30 horas llegó Álvaro a mí casa donde dejó el coche en el garaje para salir poco después con el mío. En Ribaseca entramos en la autovía hacia Benavente enlazando poco después con la de Burgos. Por ella recorrimos los 110 Km hasta Osorno donde salimos para coger la nacional 611 hacia Santander. En una Gasolinera cercana a Alar del Rey llené el depósito antes de continuar hacia Aguilar de Campoo, tras el cual se encuentra un tramo abierto de la nueva autovía Santander - Palencia. Por el mismo circulamos varios kilómetros hasta llegar a Reinosa donde la dejamos con dirección a Alto Campoo. En Espinilla giramos hacia el Valle de Cabuérniga comenzando a subir el puerto de Palombera mientras anochecía. Este tramo y toda la bajada la hicimos a velocidad moderada debido a la incomprensible presencia de numerosos caballos por la carretera.
A las 21:10 horas llegamos a Sopeña tras 252 Km. recorridos. Nos dirigimos al camping “Molino de Cabuérniga” donde nos registramos y entramos para montar la tienda. Los demás estaban en Cabezón de la Sal donde quedamos con ellos para cenar. A 12 Km. de allí se encuentra este pueblo donde llegamos pasadas las diez de la noche. Tras varias vueltas por sus calles en fiestas aparcamos y nos reunimos con el resto de compañeros en el mismo restaurante donde habíamos estado el año pasado. Allí cenamos y algunos salimos a tomar algo en otro bar ya conocido. Era ya la una y pico cuando regresamos al camping. Algunos tenían alquilado un apartamento del mismo mientras que otros lo habían hecho en otro pueblo cercano. Nosotros nos metimos en la tienda donde yo, por no variar, tardé en dormirme por culpa de la almohada. Y eso que había llevado una de una silla. Me desperté varias veces durante la noche.

DOMINGO 15
A las 7:30 horas sonó el despertador. Aún estaba bastante oscurecido y el techo de la tienda empapado del rocío. La desarmamos y nos vestimos para la marcha antes de desayunar en la furgoneta. Poco antes de las nueve nos dirigimos a recepción a pagar y resultó que estaba aún cerrado. Como habíamos quedado a las nueve en Barcena Mayor, metimos el dinero en un papel a modo de sobre y se lo dejamos por debajo de la puerta del bar, ya que por la otra no entraba. A Javi le pasó otro tanto y él le dejó una nota diciéndole que le hará una transferencia al día siguiente.
Ya apurados de tiempo salimos de Sopeña hacia Barcena, distante 18 Km. A la entrada de este pueblo hay un aparcamiento donde ya estaba Javi con su mujer, Corin y Ramón. Del resto no había señales, y tras llamarles, nos dijeron que aún estaban de camino. Emprendimos entonces la marcha nosotros tranquilamente por un camino cementado y recorrimos algo menos de un kilómetro antes de entrar en Barcena Mayor (500 metros de altitud.)
Este bonito pueblo tiene todas sus calles empedradas al igual que sus casas con balconadas floridas y de madera. En una de las plazas estaba el restaurante donde luego algunos comerían el cocido montañés. A la salida del pueblo hay un puente sobre el arroyo Queriendo y una fuente donde cargamos agua. Allí sacamos una foto y tras el puente comienza la ruta hacia Ozcaba por un lado y hacia Los Tojos por donde regresaríamos.
A las 9:30 horas iniciamos la ruta en este punto por un camino de tierra pisada entre arbustos y bajas tapias de piedras de los prados. No tardó en cambiar el paisaje y entramos entre numerosos helechos amarillentos. A poco más de un kilómetro del pueblo la pista dio un giro brusco, pero no la ruta, que entraba por un camino empedrado señalado por un indicador. Escasos metros nos separaban de la ermita del Carmen, (585 m), un pequeño edificio dentro del cual se podía ver tras una reja, la imagen de la Virgen del Carmen y alguna más. Eran las 9:55 horas.
La pendiente se hizo más pronunciada mientras nos metíamos entre castaños y robles apareciendo por la derecha laderas de helechos y arbustos. Por delante de nosotros comenzamos a ver un pinar por el medio del cual atravesaríamos enseguida. Encima de él, por la derecha, se alzan las cimas del Coteruco de Mahilla, de 1240 metros, y del Alto de Buelna, con 1241 m, en cuyas laderas vimos algunos caballos y vacas. El sol ya comenzaba a calentar y se agradecía la sombra de los pinos. Por detrás nos pillaron Luis y Eva, antigua socia del club que se había añadido a esta salida.
Atravesamos el pinar con dirección a las casas de Avellanedo, unas cabañas a las que llegamos tras subir una pequeña pendiente entre acebos y otros arbustos. Eran las 11:50 horas y llevábamos 5,5 Km desde el aparcamiento, uno menos desde el comienzo de la ruta. Las referencias las daré desde ahora desde el aparcamiento, lo que marcaba el podómetro.
Aquí se unieron ahora José Antonio, Chelo y Fernando. Subimos entre helechos por una vaguada lateral del valle principal que bordeamos hasta atravesar un arroyo y meternos de nuevo en un bosque de roble del que no tardamos en salir de nuevo al helechal. Así alcanzamos un alto desde el cual tuvimos una amplia vista del valle con la ruta hecha por él, las cumbres y más adelante la venta de Mobejo. Para llegar a ella había que rodear otra vallina parecida a la anterior, en la cara sur helechales y por la norte además, bosque. En esta venta de Mobejo había un corral con caballos y algunas edificaciones a las que no nos acercamos. Eran entonces las 12:00 horas y llevábamos 7,5 Km.
Escasos metros mas adelante salimos a una pista tras pasar una cancilla. Por ella abandonamos el bosque saliendo en pocos minutos a una amplia vega con unas cuadras de techumbre “moderna” con forma de cúpula alargada. En los prados seguimos viendo ganado entre los árboles que moteaban el paisaje. De frente y en lo alto comenzamos a ver la carretera del puerto de Palombera e incluso la parte alta del mismo. A la derecha, en medio de un prado, había una pirámide de piedra con un árbol en medio formando una especie monumento. Nos cruzamos allí con Isabel y Corin que ya iban de regreso mientras que Javi y ramón habían continuado para hacer la circular. A escasos metros se situaba una caseta en el collado de Ozcaba, final de la ruta prevista. Eran las 12:45 horas y llevábamos 11 Km.
Poco por encima, siguiendo la pista, se alcanzaba la carretera de donde bajaban algunas personas. Mientras Luis, Eva, Chelo y Fernando daban la vuelta, nosotros tres quedamos un rato al lado de la cabaña comiendo un poco. Al final, creyendo que nos daba tiempo para llegar a comer abajo siguiendo la ruta circular, optamos por hacerla.
A la una de la tarde nos pusimos en marcha por una pista que marcaba 12 Km a Los Tojos. Por ella fuimos subiendo suavemente por la ladera de La Cardosa. Desde allí teníamos una amplia y bonita vista de numerosas cimas hacia el Oeste como la de Peña Labra, y algunas más de la montaña Palentina. Así alcanzamos un collado donde vimos un caballo muerto y medio comido ya. Nos metimos entonces en la cresta de la loma entre matojo bajo y tojos de afiladas púas. Hacia el Noroeste vimos una gran humareda y comprobamos que era un incendio en la falda de un monte. Por debajo de nosotros veíamos la pista que teníamos que seguir y a la que entramos minutos después. En otra collada más adelante se encontraba el refugio de Venta Vieja, al que llegamos cuando eran las 14:15 horas y tras 17 Km. recorridos. En el mismo vimos a dos jóvenes que miraban con un catalejo algo en el paisaje.
La pista cambió ahora de vertiente hacia el Este con vistas al valle de Barcena, pueblo que no tardamos en ver alejado en el fondo del mismo. Por delante la pista serpenteaba mientras ya descendía hacia Los Tojos. El sol calentaba lo suyo e iban apareciendo nubes por el Oeste. Al lado de la pista vimos un depósito y un corral de ganado. En algunas curvas de la pista atajamos por la ladera directamente hacia el pueblo ya visible y no lejano.
Aquí apunto otro de los detalles que no me convencieron y que tampoco voy a concretar mucho. Simplemente decir que hice una llamada para que los que habían llegado, o estaban a punto de hacerlo, nos viniesen a buscar a Los Tojos evitando así los 8 Km hasta Barcena. La respuesta fue que estaban apurados de tiempo para la comida ya concretada y que apurásemos el paso nosotros, mas o menos. Visto el tema, decidí allí mismo no llevarme un mal rato e ir a mi paso disfrutando del paisaje, que por cierto no tuvo desperdicio alguno. Eran las 15:30 horas y llevábamos 21 Km.
Atajamos por las laderas llenas de matorral y helechos sin entrar en el pueblo, saliendo a un camino donde nos indicaron la ruta hacia Barcena. Para ello teníamos que bajar otra pista mas abajo a la que llegamos tras pasar algunos prados donde encontramos un manzano cargado de frutas que probamos. Ya en la misma José Antonio se adelantó mientras Álvaro y yo quedamos por detrás tranquilamente. Los dos teníamos la comida que la noche antes no habíamos cenado.
El camino subía y bajaba amoldándose a las variantes del terreno. Pasamos entre arboleda por una especie de cortafuegos y atravesamos algunos arroyos. Vimos numerosos árboles de diferentes especies y formas curiosas que fotografié. También un gran número de acebos con infinidad de frutos rojos destacando sobre las verdes hojas punzantes. Así llegamos a una casa en medio de la ladera donde un lugareño nos indicó dos posibles rutas a seguir, por la carretera o por la senda marcada. Como ya no teníamos prisa y merecía la pena el paisaje, optamos por la segunda.
Eran las 16:35 horas cuando retomamos la marcha subiendo una fuerte pendiente por un sendero al lado de una tapia de piedras de baja altura. Más arriba se suavizó la misma mientras seguíamos viendo árboles de enormes troncos y raíces extravagantes. Así fuimos pasando el bosque aquel pasando al lado de otra casa y algunos corrales. Enseguida vimos Barcena Mayor entre el ramaje que nos envolvía y en pocos minutos, cuando eran las 17:30 horas entramos en él por el mismo cruce de donde partimos por la mañana. El podómetro marcaba 30 Km.
Dimos un paseo por el pueblo viendo la bella arquitectura de sus casas y calles y nos dirigimos al restaurante donde habían comido ellos para tomarnos un refrigerio y ver si seguían allí. Como ya habían marchado nos encaminamos hacia el aparcamiento donde teníamos el coche.
Allí nos encontramos al resto de compañeros, salvo a Javi y Ramón, que ahora habían ido en busca de nosotros por la carretera. A buenas horas. Cuando llegaron sacamos una foto del grupo y sobre las 18:15 horas emprendimos el regreso a León. Ellos salieron antes y por lo que supe luego, volvieron dando un rodeo por otra carretera, la del puerto de Piedrasluengas. Nosotros optamos por hacerlo por la misma y tras los 10 kilómetros primeros, salimos a la general del valle de Saja. Allí comenzamos la subida del puerto Palombera con atención al posible ganado suelto que pudiéramos encontrarnos y que por fortuna fue nulo.
Al llegar al Pozo del Amo, cerca del comienzo de la ruta de los Puertos de Sejos que hicimos el pasado año, paramos a ver unas bonitas cascadas del río Alberiza. Mas arriba nos detuvimos en el Balcón de Cardosa, un mirador sobre el valle desde el cual pudimos ver el tramo de pista recorrida desde el collado de Ozcaba hasta el mismo refugio de Venta Vieja. En dicho mirador nos encontramos un grupo con el que nos habíamos cruzado en la ruta. Igualmente paramos en el alto del puerto para sacar alguna foto más antes de emprender el descenso hacia Espinilla donde se coge la carretera Reinosa – Alto Campoo. Hacia el primero nos dirigimos parando antes de entrar para sacar una foto del cielo rojizo del atardecer sobre las cumbres.
En Reinosa cogimos la autovía por la que circulamos hasta poco antes de Aguilar de Campoo donde termina este tramo terminado. Ya por la nacional, en parte en obras por las de la autovía, continuamos hacia Herrera de Pisuerga llegando a las 20:30 horas a Osorno donde nos desviamos al centro para tomar otro refrigerio y estirar las piernas. Unos 20 minutos más tarde retomamos la marcha y al salir de allí nos equivocamos y lo hicimos hacia la nacional en vez de a la autovía, teniendo que retroceder 4 kilómetros para acceder a ella. Sin novedad, y tras 110 Km por la misma, la abandonamos hacia la capital llegando a Armunia a las 22:10 h de la noche y con un total de 558 kilómetros recorridos. Álvaro sacó el coche del garaje y sin más nos despedimos hasta la próxima salida.
Así, de esta manera, terminamos este fin de semana de transcurso irregular pero, para mí, con un buen resultado.






























lunes, 25 de septiembre de 2006

III ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”. PICO SEXTILÓN (Solle). 24-09-06

 


III ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”.

1ª TRAVESÍA: “SOLLE- PICO SEXTILÓN (1ª Ascensión)-

COLLADO VIOBA- VALLE REINAMÓN- SOLLE”.

24-09-06   (Domingo)

Un año más, y es el tercero, hemos realizado el Encuentro “Cumbres de León”, una actividad que pretende reunir a la mayor parte de los socios del club, y a otros que quieran agregarse a la misma, para pasar una jornada en la que combinamos una parte montañera con otra gastronómica de reunión y convivencia.
En esta ocasión hemos elegido Solle, pueblo natural de uno de nuestros socios, Álvaro, para recorrer una ruta por sus cercanías. Como se verá, la pésima climatología nos impidió cumplir todo lo previsto y disfrutar de las bellas panorámicas de los alrededores. La travesía prevista consistía en ascender desde Solle por la ladera del Sextilón hasta su falda para luego atravesar el valle de Reinamón hacia el pico Corral de los Diablos bajando luego por ese mismo valle. Como digo, el mal tiempo reinante nos hizo modificar los planes y terminamos subiendo el Sextilón pasando luego a la collada de Vioba y bajando directamente por el valle a Solle.
Días antes habíamos concretado la comida en el bar del pueblo con Toña, su dueña, acordando las cuatro como hora prevista. Igualmente avisamos a Jorge y Sonia, antiguos compañeros del club que por su reciente paternidad abandonaron el club este año. Gustosamente se comprometieron a acompañarnos durante la comida junto con la pequeña Silvia de seis meses de edad. Todo acordado y resuelto, llegó el domingo señalado.
Nada más levantarme me llegó un mensaje de Jaime comunicándome que no iría a la excursión. Fuera llovía copiosamente desanimando casi a cualquiera. No tardando pasó Toño a recogerme y nos dirigimos hacia Guzmán donde estaba parte del grupo. Seguidamente fuimos hacia La Granja, donde no había llegado nadie y con las mismas seguimos hacia Villaobispo donde se agregaría el resto. Hasta aquí fueron llegando todos y sobre las 8:30 horas emprendimos el viaje hacia Solle. En los coches de Amador, Toño y de José Antonio íbamos además Corín, Ramón, Álvaro, Javi F., Roberto, Fernando y yo. Por la carretera de Santander llegamos a barrio de Nuestra Señora donde nos desviamos hacia Boñar. Al paso por Lugán descargó una fuerte tromba de agua que nos bajó incluso mas los ánimos. Según avanzábamos fue acarando un poco aunque seguía pinteando. Así pasamos Boñar y bordeamos el pantano del Porma hasta su cola final donde se encuentra el desvío a Solle.
Llegamos a él y aparcamos frente a la casa de los padres de Álvaro saliendo su madre e invitándonos a entrar para cambiarnos cómodamente. Pinteaba un poco y no tenía trazas de mejorar. Ya todos preparados iniciamos la marcha cuando eran las 9:45 horas. Pasamos al lado de la ermita de La Virgen del Camino y por algunas calles nos dirigimos hacia el comienzo de la ruta. De camino nos cruzamos con Toña, la del bar, y volvimos a asegurar la hora de la comida para las cuatro más o menos. En la fachada de una casa se enredaba una gran parra con varios racimos de uvas algo estropeados por la lluvia de los últimos días.
Por un camino comenzamos a ascender por la loma entre los valles de Linares y Reinamón hacia el Sextilón dejando atrás Solle. Tras unos 200 metros por el mismo lo abandonamos hacia la ladera entre escobas y matorral bajo surcado por alguna especie de cortafuegos. La lluvia caía intermitentemente teniendo que protegernos con los chubasqueros y alguno incluso con paraguas. Echando una ojeada atrás vimos como se podía entrever la cumbre del Susarón entre la niebla que cada vez se cerraba más. Por la ladera pastaban algunas vacas cerca de las cuales pasamos.
Así alcanzamos lo alto de unas rocas tras las cuales venía una collada. En esos momentos llovía abundantemente y algunos se cobijaron bajo las piedras pensándose en seguir. Otros decidimos continuar a lo que saliese. Yo me uní a Álvaro y José Antonio, que conocían el lugar y con ellos bajé a la collada para seguidamente bordear un pequeño macizo rocoso por la parte derecha. La niebla comenzaba a meterse y nos empezaba a envolver.
Remontamos una ladera y nos situamos en otra collada cargada de escobas altas entre las que zigzagueaba un sendero que nos sacó a la falda de otra pendiente rocosa. Detrás oímos a más gente y con un silbato les indicamos nuestra situación. Por delante, y entre la espesa niebla, vislumbramos la silueta de la mole rocosa del Sextilón. Gradualmente nos fuimos reuniendo todos según nos acercábamos a ella y la bordeamos para ascender por la roca pelada unos pocos metros. A las 11:55 horas alcanzamos esta cumbre del Sextilón con una altitud de 1751 metros. En ella un hito de piedras albergaba un bote con una tarjeta de cumbres que recogimos dejando la nuestra. También sacamos la foto de grupo con nuestro banderín emblema. En esos momentos no llovía e incluso se abrieron jirones en la niebla que por unos minutos nos dejaron contemplar parte del paisaje y el pantano del Porma en él.
Una media hora después abandonamos la cima para continuar la marcha por la parte alta del macizo hacia la collada de Vioba, bajo el Corral de los Diablos. Aquí apuntaré que, visto el panorama pésimo de la climatología, había llamado a Toña para adelantar la comida a las tres y a Jorge y a Sonia para lo mismo. En la siguiente collada encontramos una pista de reforestación por la que continuamos mientras la niebla se volvía a cerrar aunque no llovía. Una alambrada recorría la loma paralela al camino y tras la misma vimos pinos recién plantados y de escasos centímetros de altura.
A las 13:00 horas llegamos a la collada de Vioba que separa el valle de Reinamón del que baja a Lois por el río Valleluengo. Justo al comienzo de este valle había una pequeña cabaña a la que nos acercamos. La misma tenía una chimenea donde, como no, enseguida encendieron fuego con algunos palos que había. También vimos una mesa, bancos y una especie de camastro. Al lado del fuego se secaron la ropa humedecida y saqué algunas fotos.
Una hora después, con la lluvia de nuevo presente, retomamos la marcha ya sin intención de ascender al Corral de los Diablos, para cuya cima quedaban por ascender más de 200 metros y estaba cerrada de niebla. Hasta allí llevábamos 8 kilómetros un poco largos.
Pasamos entonces al valle de Reinamón para descender por él hacia Solle. La primera parte era abierta y de praderías. Metiéndonos poco a poco en una cerrada vaguada por la que bajaba el arroyo del Reguerón. En esos momentos llovía copiosamente y se cerraba de nuevo el paisaje. En algunos tramos encontramos seguimos el sendero marcado que bajaba mientras que otros lo hacíamos campo a través. Enseguida nos metimos entre escobas no muy espesas pasando el arroyo varias veces. Más abajo comenzamos a ver paredes verticales por la izquierda bajo las cuales estaban los restos de una majada y una fuente con pilón a partir de los cuales el camino se ensanchó. Bajo las paredes vimos un gran bosque de hayas por encima del cual teníamos que haber pasado de haber seguido la ruta prevista hacia el Corral de los Diablos. Al lado del camino un doble indicador de madera señalaba las direcciones a Solle y Acebedo, al que también se podía pasar desde la collada de Vioba. Tras ello vino un tramo de vegetación con numerosos helechos ya amarilleados.
Poco a poco fuimos viendo la zona alta por la que habíamos ascendido aunque el pico Sextilón estaba cerrado por la niebla. En las praderas había varios caballos pastando bajo las paredes. Varios trechos del camino se encontraban encharcados y lo abandonamos para salir por los prados. Por detrás solo quedábamos Álvaro, Roberto y yo, el resto ya nos había sacado mucha distancia. Ya cerca del pueblo el firme del camino era de gravilla en vez de tierra y el agua no se embalsaba tanto.
A las 15:10 horas entramos en Solle al lado de la Iglesia. Atravesamos algunas calles y en una de ellas estaban Jorge, Sonia y la pequeña Silvia en el coche. En casa de Álvaro nos cambiamos y sin dejar de llover nos dirigimos hacia el bar. Allí tenían la mesa preparada en un comedor ajustado para los doce que estábamos ya que nos había advertido antes que no entraba más personas. Bien, un poco más arrimados sí hubiese entrado Jaime de haber ido.
El menú elegido había sido: patatas con congrio, cordero guisado y flan de postre, además del vino, café, etc. Precisamente cuando trajo el flan de huevo lo puso en la esquena contraria y tras servirse ellos nos lo pasaron al resto no sabiendo si era para todos o traería otro. Cuando trajo la otra fuente para nuestro lado les dijimos que nuestra y que gracias por compartir la suya. No coló.
Lo cierto es que estaba muy bien preparado todo y muy rico, quedando todos muy satisfechos de la comida. Todo ello por algo menos de 15´00 €/persona.
Alrededor de las 17:30 horas nos despedimos de Toña y bajo la insistente lluvia nos dirigimos a los coches para emprender el regreso a León. También nos despedimos de los padres de Álvaro y sin más nos pusimos en marcha acordando parar en Boñar a tomar algo. La lluvia caía a jarros mientras bordeábamos el pantano del Porma. En el mirador de Vegamián paré un momento a sacar unas fotos del embalse. Según avanzábamos hacia Boñar se iban abriendo algunos claros y cesó la lluvia. Aquí paramos un rato y entramos en una cafetería a tomar un refrigerio antes de reemprender la marcha sobre las siete. En esos momentos lucía incluso el sol aunque detrás se seguía viendo la niebla cerrada y el cielo oscurecido.
En el coche de Toño veníamos Álvaro y yo. Decidimos volver por el Puente Villarente donde cogimos la nacional hacia la capital. Aquí quedó Álvaro y Toño me acercó a mí a casa cuando eran las ocho de la tarde.
Con ello concluimos esta jornada especial de montaña un poco deslucida por la climatología, que por otro lado ya esperábamos por las previsiones anunciadas. Aún así, lo importante fue el resultado final y en esta ocasión, el haberse reunido una buena parte de los socios del club para celebrar este III Encuentro “Cumbres de León”.