lunes, 30 de septiembre de 2002

ESPIGÜETE 29-09-02



1ª ASCENSIÓN aL“ESPIGÜETE”. (Palencia).

29-09-02       (Domingo)

Una de las actividades más emblemáticas dentro del calendario de este año es la ascensión al Espigüete, cumbre un tanto mítica en el entorno del montañismo. Esto se debe, por una parte, a su altitud, 2450 m, y por otra, a las agotadoras pendientes desde cualquiera de sus faldas. Todo esto, junto con sus vistas, hacen de este pico una cumbre aspirada por cualquier montañero, ya sea en plan senderista, como escalador. Pues bien, en este fin de semana nos hemos decidido a “conquistarla” y así lo hemos hecho al final.
El grupo se dividió en dos, saliendo algunos el sábado y otros el domingo. Los del sábado por la tarde eran: Miguel, Ángel, Sheila, y Sergio. Igualmente José Antonio y Sonia, una pareja también del club, habían marchado por la mañana. El resto marchamos el domingo y éramos Roberto, Antonio, Carlos Gil y yo. El relato de la jornada es como sigue.
A las 6:15 horas marché con la furgoneta a recoger a Carlos a San Andrés. Luego bajamos a León donde la aparqué y en Guzmán nos recogió Antonio con su coche. En Santa Ana esperaba Roberto y los cuatro emprendimos el viaje sobre las 6:45 horas. En Mansilla nos desviamos hasta llegar a Sahelices, luego a Almanza, Puente Almuhey y Guardo, en Palencia. En Velilla del Río Carrión paramos a tomar un café y, tras bordear los casi secos pantanos de este río, llegamos a Cardaño de Abajo. Eran las 9:00 horas.
Habíamos quedado con José Antonio y Sonia en este pueblo entre 9:00 y 9:30 horas. El resto en principio, iban a dormir en un refugio en la falda del pico, y no sabían si bajarían luego para coger la misma ruta que nosotros o subirían desde allí mismo.
A José y a Sonia les encontramos enseguida, pero del resto no había rastro. Lo que nos extrañaba es que estaba el coche de Miguel en el pueblo, cuando el refugio quedaba carretera arriba. Poco antes de esa hora, como no aparecían, y habíamos quedado en esperarles hasta las 9:30 horas, nos acercamos hasta la explanada donde parte la pista hacia el refugio. Allí tampoco les vimos y no conseguimos comunicarnos con los walkies que cada grupo llevábamos. De nuevo bajó Antonio hasta el pueblo a ver si se habían retrasado, pero volvió igual.
Como ya nos retrasábamos nosotros mismos, decidimos comenzar la ascensión sin más dilaciones. Poco antes de las diez emprendimos la marcha hacia la cumbre. En el mismo lugar del que parte la pista hacia el refugio por el valle de Mazobres, comienza la cresta del pico. Sin dejarla se llega directamente a la cumbre tras subir los 1050 metros de desnivel que por esa parte se salvan.
La ruta de subida está muy marcada, pero no por ello deja de ser muy dura. La pendiente es fuerte y los tramos suaves son muy escasos y cortos. Lo bueno que tiene es que casi todo es roca, por la que se suele subir más cómodamente. De todas formas nos lo tomamos con calma, ya que nos quedaban unas cuantas horas de ascenso. Antonio era el que lo había subido por allí y hacía de guía.
Al ir por la sierra del macizo, teníamos las vistas hacia ambos lados. En el valle de la derecha veíamos el refugio con personas cerca. Con unos prismáticos intentamos averiguar si se trataba de los compañeros nuestros, pero estaban bastante alejados para distinguirles. Desde el mismo lugar del que partimos nosotros veíamos salir a mas gente, unos nos seguían, mientras que otros se metían por el camino del valle. Este camino sube muy suavemente hasta la caseta, pero luego la pendiente es impresionante hasta alcanzar la cresta. Precisamente en este fuerte tramo vimos a varias personas subiendo.
A través del teléfono pudimos por fin comunicarnos con la otra parte del grupo. Resulta que ya estaban bajando por el pedrero tras haber alcanzado la cumbre. El día antes habían subido desde Cardaño de Abajo y habían acampado en la ladera del pico, en vez de en el refugio de la parte contraria. Por la mañana solo les quedaba parte de la subida y ahora estaban, como digo, ya bajando.
Según íbamos ganado altura iban apareciendo otros picos destacados de los alrededores. Entre ellos se cuentan las cumbres del pico Murcia, Curavacas, Peña Prieta, Tres Provincias y más alejados, los tres macizos de Picos de Europa. En el valle vimos un rebaño de ovejas que formaba curiosas figuras al ser guiado por los perros. Igualmente pudimos escuchar el chocante sonido de los corzos que estaban en época de la berrea.
A la vez que íbamos avanzando, las fuerzas iban disminuyendo y bajábamos el ritmo. José, Sonia y Carlos se adelantaban y paraban a esperarnos de vez en cuando. Antonio decía que no se encontraba en plena forma y a mí me comenzaban a doler las piernas. Roberto, por su parte, iba como siempre, conectado a sus cascos.
A mitad de subida nos encontramos un tramo en el que había que bajar un par de metros destrepando. Fue ahí donde me bloqueé al ver la caía que había cerca del mismo. Como suele suceder, es más la impresión que da que el peligro en sí, ya que después de pasado ves que no era nada. Sí que me preocupaba el otro paso complicado que Antonio había comentado que había más adelante. Visto que ya éste me había parecido un tanto difícil, y lo que me decía Antonio de la parte siguiente, decidí que no seguía más. Antonio optó por hacer lo mismo y acompañarme en la bajada ya que tampoco se veía en plena forma, como antes apunté. A pesar de ello vi que se quedaba con ganas de seguir algo más, y entonces me decidí a continuar al menos hasta encontrarnos con el otro tramo complicado.
A través de los walkies nos pusimos de nuevo en contacto con el otro grupo que continuaba el descenso por la pedriza de la cara sur. Nosotros continuamos cresta arriba por la roca que en ocasiones era plana del todo pero con buen amarre. La misma ascensión con suelo mojado hubiese sido complicadísima y no digo nada con nieve.
Ya bastante arriba pasamos un tramo en el que teníamos muy cerca el cortado de la cara norte, pero que subimos sin dificultad alguna andando normalmente. Pues bien, tras pasarlo me dijo Antonio que era el paso complicado que él me había dicho. Casi me eché a reír, ya que ni me había impresionado lo más mínimo y entonces me alegré de no haber desistido anteriormente. Ni que decir tiene que no hay que bajar la guardia en estos tramos y cogerlos por el camino correcto para no tener riesgos.
Pues bien, tras este trozo de subida, alcanzamos la cumbre este del Espigüete situada a una altitud de 2428 m. Desde la misma ya se veía la verdadera cima del pico situada tras un collado y a poco más de un cuarto de hora. En la bajada hacia el collado tampoco hay que despistarse demasiado hacia la derecha, donde hay caídas a plomo de varios metros. Por aquí también vimos algunas placas en recuerdo de montañeros fallecidos en las laderas de este pico. En el mismo collado comienza el pedrero de la parte sur por el que luego bajaríamos hacia Cardaño de Abajo.
Después de un último repecho tras esta collada, alcanzamos por fin la cumbre de este emblemático pico de 2450 metros de altitud. Eran las 14:30 horas. En la cima había algunas personas más en torno al punto geodésico y la cruz. Algo por debajo estaba el buzón de cumbres con varias tarjetas, entre ellas la de los compañeros nuestros.
El paisaje que desde allí se observaba era espectacular. Aparte de lo que ya veníamos viendo desde atrás, ahora teníamos la vista oeste hacia León con Riaño y el pantano abajo. En sus cercanías, el Yordas, Peñas Pintas, Redondo, el Gildar algo más alejado y así una infinidad de cumbres conocidas y no conocidas. En la falda del pico, y también en León, Valverde de la Sierra. Por la parte palentina divisábamos los pueblos de Guardo y Velilla con su central térmica, a lo lejos destacaba también la sierra de Peña Labra y el Cueto Mañín, al que también hemos ascendido.
Contemplando todo esta maravilla visual, nos acomodamos para comer. En el cielo habían aparecido negros nubarrones que iban pasando sin mayores consecuencias. La temperatura era agradable y solo por la sudada que traíamos había que abrigarse algo. Como es habitual, dejamos nuestra tarjeta en el buzón y sacamos algunas fotos antes de emprender el descenso.
José y Sonia salieron a las tres y media, mientras nosotros lo hicimos media hora después. Bajamos hasta el collado para meternos en el pedrero de fuerte pendiente que baja por la cara sur. Por éste se ve marcado el sendero que todos utilizan, tanto para bajar como para ascender, aunque esto último es extremadamente penoso hasta alcanzar la cima. Al contrario de lo que se pueda pensar, cuanta más piedra haya mejor, ya que la misma te va frenando. En cambio, en los que hay mas tierra, el peligro de resbalar es mayor. Precisamente fue en uno de ellos donde me caí y me hice una pequeña herida en un dedo con una roca afilada.
Además de pendiente, el pedrero es largo hasta alcanzar un camino que transcurre a media ladera sobre el valle. Antonio y yo habíamos quedado juntos por detrás y le propuse seguir bajando hasta alcanzar el fondo de la vaguada por la que transcurría otra pista que a mí me parecía que iba más directa al pueblo. Él en cambio prefería seguir por aquel otro aunque diese más rodeo, así que no discutimos por ello y continuamos por este último.
Poco más adelante y más atrás iban los del grupo que habían estado en la cumbre con nosotros. El camino subía y bajaba suavemente mientras daba grandes rodeos por las vaguadas del macizo. En un recodo del mismo vimos un charco de agua y enseguida a Carlos y Roberto sentados cerca de un chorro natural. Ninguno teníamos ya agua, por lo que realmente nos reanimó un poco del cansancio que ya traíamos. Allí nos juntamos también con los del grupo que antes comenté.
Continuamos algo más restablecidos por la pista aquella que se internaba a trechos entre bosque de robles y avellanos. De esa forma entramos en Cardaño de Abajo cuando eran las 18:35 horas. Llegamos enseguida a la plaza en la que por la mañana habíamos visto el coche de Miguel. En ella había un bar donde entramos a tomar un refresco frío. Sonia y José no estaban allí y supusimos que ya habían salido en busca del coche, que estaba a unos tres kilómetros más arriba.
Nosotros habíamos pensado en ver sí alguien subía con algún coche y pedirle que acercara a Antonio a por el suyo. Al final decidimos pedírselo a los del grupo con los que habíamos bajado y uno de ellos, que luego resultó ser compañero de trabajo de la mujer de Antonio, le acercó hasta allí. En pocos minutos regresaron junto con Sonia y José, que estaban ya donde el coche cuando llegó Antonio. Agradecimos el favor a aquella gente y nos dispusimos a emprender el regreso.
Decidimos parar a merendar un poco en algún lugar, cosa que la otra pareja optó por no hacer y nos despedimos de ellos también. A las 19:30 horas salimos de Cardaño hacia Velilla del Río Carrión donde paramos. Allí estuvimos viendo los restos de unas termas romanas que hay en un parque. En el mismo bar de por la mañana preguntamos a ver si daban tapas o raciones, pero no tenían. Continuamos entonces hasta Guardo y allí paramos de nuevo. Por increíble que parezca, tras varias vueltas por algunas calles, no encontramos ningún lugar donde tuvieran tapas o raciones para cenar un poco. Al final desistimos y compramos unos pasteles en una cafetería que los tenían.
Eran ya casi las nueve cuando salimos de Guardo hacia León. Por la misma carretera en obras llegamos a Puente Almuhey donde giramos hacia Almanza. En éste volvimos a cambiar de vía para seguir hacia Sahelices y luego a Mansilla. Aquí nos encontramos con una retención nada más salir a la nacional de León. Nos parecía raro que a esa hora hubiese tanto tráfico ya que apenas si nos movíamos. No tardamos en divisar a lo lejos las luces de sirenas cerca de Villamoros. Efectivamente, al llegar a la altura de la gasolinera de este pueblo había un gran accidente de al menos dos vehículos, unos de ellos con un tremendo golpe trasero. A partir de allí se normalizó el tráfico y sin más novedades entramos en León sobre las 22:15 horas.
Primero dejamos a Roberto en casa. Por cierto, y como anécdota lo apunto. Cuando paró a dejarle, a escasos 10 metros del portal, le dijo a Antonio que si no podía parar un poco más adelante. Éste, por hacer la gracia, se subió completamente en la acera justo delante de su puerta. Luego me acercó a mí a Armunia antes de llevar a Carlos a San Andrés.
Y con este apunte un tanto divertido terminamos esta grata jornada en la que “conquistamos” una de las cumbres más llamativas de nuestra zona más cercana. Las agujetas nos durarán unos días y el cansancio es notable, pero el propósito lo ha merecido.
























lunes, 16 de septiembre de 2002

SILLA DE YEGUA (Morredero) 15-09-02

 



1ª ASCENSIÓN A “LA SILLA DE LA YEGUA”.

15-09-02       (Domingo)

Este domingo hemos salido para realizar una actividad que nos quedó retrasada desde el mes de febrero por culpa de la mala climatología de aquel momento. Esta vez no tuvimos ese inconveniente y pudimos alcanzar esta fácil cumbre de la zona del bierzo bajo. Además, y como se verá, lo completamos con algunas visitas turísticas por la zona y el trayecto hacia ella.
Los componentes de esta excursión fuimos escasos, no pasando de estas cuatro personas: José F., Carmen, María y yo, lo que como digo no impidió lo bien que lo pasamos durante toda la jornada que transcurrió como sigue.
Alrededor de las 8:30 horas pasaron a recogerme con el coche de José. Tras parar un momento a comprar el pan, emprendimos el viaje hacia el alto del Morredero, punto inicial de la ascensión. Entre ellos habían decidido ir por la ruta del Camino de Santiago en vez de por la autovía hasta Ponferrada. A mi no me parecía buena idea, ya que soy de los que prefiero comenzar cuanto antes lo que se vaya a realizar y luego, si hay tiempo, lo que sea. Pero bueno, como sabía que el pico era fácil de subir, no me importaba demasiado este retraso.
De esa forma, al llegar a Astorga, nos desviamos por la carretera hacia Foncebadón llegando luego al lugar donde se sitúa la conocida cruz de este alto donde los peregrinos, muy numerosos en esta época, tienen un punto crucial en el Camino de Santiago. Allí paramos unos minutos a verlo, sacar unas fotos, y como no, a dejar una piedra en el montón de la base. Igualmente dejamos una tarjeta de cumbres del club como recuerdo. Yo no conocía dicho lugar y me agradó hacerlo.
Siguiendo la misma carretera encontramos numerosas cruces que señalan dicha Ruta Jacobea. Al llegar al cruce que se desvía hacia Compludo volvimos a desviarnos para conocer la famosa herrería de este pueblo. Antes del pueblo sale el camino que lleva a la misma y que hay que recorrer a pié durante unos 500 metros.
Esta antiquísima herrería no funciona ahora ya que está a la espera de ser restaurada. Allí pudimos ver toda la maquinaria de madera utilizada para aprovechar la fuerza del agua y convertirla en movimiento de fuelles de soplar, martillos y mazos.
El agua que entra del río por un canal hace mover una rueda que transmite el movimiento a todos esos mecanismos usados antiguamente para la forja de todo tipo de herramientas, armas, etc. Como digo, ahora se encuentra parado ya que lo van a reformar.
Para seguir el trayecto tuvimos que retroceder los cinco kilómetros hasta el cruce y así continuar hacia Molinaseca y poco después poder cruzar hacia la misma carretera que ya sube hacia el Morredero. Al llegar a éste tuvimos que situarnos un poco según el mapa que llevábamos para ver desde donde se comenzaba el ascenso. Por una parte está lo que es el alto del puerto, y por otra, el alto de la estación de ski. Hacia ésta nos desviamos y aparcamos el coche al lado de una nave que había.
A las 12:15 horas comenzamos por fin el ascenso hacia el pico. Enseguida nos metimos en una ladera con matorral bajo que apenas molestaba para subir. En la cima veíamos unas casetas, pero no sabíamos si era aquello o no la cumbre. En principio nuestro objetivo era la cumbre de La Silla de la Yegua, que era la de mayor altitud, y si luego nos parecía, pasar a la Cabeza de Yegua, de algo menor altura.
De esa forma fuimos avanzando por la loma aquella hacia una empalizada de protección de la estación de ski. Muy cerca de nosotros pasó un helicóptero blanco al que vimos acercarse por la parte noroeste. En la valla de madera sacamos unas fotos con la cumbre, o lo que creíamos que era, detrás de nosotros. La pendiente se fue suavizando y entramos en un camino pedregoso por el que, sin dificultad alguna, alcanzamos esta cima. Eran las 13:35 horas.
Allí comprobamos que era la cumbre más alta de todas las de alrededor, pero no había señal alguna del nombre de la misma. Allí estaban las casetas que veníamos viendo desde abajo y en las que había varios paneles solares, antenas, etc. Algo mas alejado había un hito formado por varias piedras apiladas, pero sin buzón, señal o placa alguna. Por allí estuvimos mirando y buscando algo de ello sin encontrarlo.
En el mismo macizo se encontraban los demás picos entre diferentes colladas. Según el mapa, el siguiente se trataba de la Cabeza de Yegua, y decidimos acercarnos hasta él antes de comer. Comenzamos entonces a bajar hacia la collada teniendo a la vista ahora el pueblo de Peñalba de Santiago y parte del valle del Oza. Según avanzábamos, y mirando detenidamente el mapa, me parecía que estaba equivocado él o nosotros. No me cuadraba la situación de las cumbres, el valle y el pueblo con el nombre de los picos. Al fin, y tras leer la descripción de la ruta, vimos que las dos cimas estaban equivocadas en el mapa y que la Cabeza de Yegua tenía que estar antes que la Silla, en la que habíamos estado.
Convencido por completo de ello, y dado que luego queríamos bajar a Peñalba y demás, optamos por volver a subir hacia la cumbre y comer en ella a la abrigada de una de las casetas. El viento soplaba y no era nada cálido. El cielo se iba cubriendo de nubes mientras transcurría la jornada, aunque no parecía que amenazase lluvia.
La vista desde aquella altitud de 2143 m era realmente bonita. En la lejanía podíamos ver la ciudad de Ponferrada con todo su valle y todo el macizo de la zona de Ancares y Villablino. Como apunté antes, teníamos delante todo el valle del río Oza, parte del Valle del Silencio con San Pedro de Montes detrás de éste y con el alto de la Aquiana encima. En la parte sur destacaba el imponente Teleno que salía tras otras cumbres más cercanas de la zona del puerto Morredero.
Antes de emprender el descenso sacamos algunas fotos y entre las piedras del hito dejamos un bote con nuestra tarjeta señalando el lugar en el que quedaba. Sobre las 15:35 horas nos pusimos en camino hacia el coche siguiendo el mismo camino de subida. Sí que nos intrigaba donde podía situarse la cima de la Cabeza de Yegua, que tenía una altitud de 2082 metros.
Antes de llegar a la empalizada había un pequeño alto que ni tan siquiera destacaba en la loma, pero decidimos acercarnos a él. Allí vimos un pequeño montoncito de rocas entre las que había tres figuritas de un belén. Decididamente se trataba de la cumbre que “nos faltaba”. Vimos que no merecía la pena ni dejar tarjeta, ya que como digo, ni sobresalía de la ladera.
De nuevo volvimos al camino y pasamos por la valla de madera comenzando a bajar lo más pendiente. En vez de hacerlo por donde antes, nos desviamos un poco para ir más directamente a la nave. Para ello seguimos la línea de uno de los telesillas de la estación que iba directamente hacia ésta.
Escasamente una hora tardamos en bajar hasta donde teníamos el coche. Como teníamos pensado bajar a Peñalba y acercarnos hasta la cueva de San Genadio, no nos cambiamos ni el calzado. Con el coche salimos a la carretera y comenzamos a bajar el puerto de nuevo. A unos tres kilómetros sale una pista que baja hasta Peñalba, en el otro valle, ya que, no sé por qué, estando los valles tan juntos, no hay ninguna carretera que los una desde poco después de Ponferrada. Esta pista pasa justo por debajo del pico La Cruz del Cueto, al que ya ascendimos en otra ocasión intentando subir al de hoy.
En pocos minutos llegamos a este bello pueblo en el que, como ya he explicado en otras ocasiones, no se puede pasar con los coches. A la entrada le aparcamos y entramos andando en él. Así como hace tres años encontramos las calles en obras de empedrado, ahora está completamente terminada esta restauración. El pueblo mismo está declarado como monumento, y sus casas no pueden tener un aire más típico. Todas ellas, sin excepción, están construidas con piedra, madera y pizarra. Destaca en él además la iglesia mozárabe que estaba cerrada, luego supimos que por restauración también. Entramos en la cantina, que como no podía ser menos, es indescriptible como está decorada.
Como ya no era pronto, y también querían ir a ver el monasterio de Montes, optamos por no ir ya a la cueva ya que se tarda hora y pico en ir y volver. Salimos entonces con el coche por el valle del río Oza hasta el desvío de San Pedro de Montes, o Montes de Valdueza como ahora se le conoce. En este también bello pueblo se encuentra la iglesia, en la que entramos, y las ruinas del monasterio por las que anduvimos un rato. El que está al cargo de la iglesia nos dijo que ya tenían el proyecto para restaurar la iglesia y las ruinas del monasterio a corto plazo. Igualmente nos indicó la situación de otra pequeña ermita que yo no conocía y a la que nos acercamos para ver un bonito detalle que tenía en la fachada.
Tras esto bajamos ya al coche para emprender el regreso a casa. De nuevo llegamos hasta el cruce y salimos a la carretera que baja directamente a Ponferrada por el valle del Oza. En ésta se coge la autovía que nos trajo hasta la salida a la nacional en Astorga. Sin novedades recorrimos estos 45 kilómetros y sobre las 21:00 horas me dejaron en Armunia.
Así dimos por finalizada esta agradable jornada de montaña en la que disfrutamos de un tiempo excepcional, alcanzamos la cumbre deseada y además hicimos turismo por una bella parte de nuestra provincia. En definitiva, un día inmejorable.





















jueves, 29 de agosto de 2002

LAGOS DE ENOL (COVADONGA) - MIRADOR DE ORDIALES 27/28-07-02

 


1ª TRAVESÍA “LAGOS DE COVADONGA - MIRADOR DE ORDIALES”.

27/28-07-02

Tras algunas deliberaciones para escoger la zona en la que realizar la actividad prevista en el calendario dentro de Picos de Europa, optamos por esta ruta que transcurre por el macizo occidental de los mismos y dentro de la región asturiana.
Dado la relativa lejanía del comienzo de la misma, optamos por marchar el sábado y hacer noche en un camping situado cerca de Cangas de Onís. Al igual que la anterior al San Millán, la participación fue escasa, pero no por ello el resultado fue peor. Esta vez éramos las mismas personas salvo una que no fue, Miguel. El resto éramos: Jorge, Sonia, María, José F., y yo. Por otra parte, Carmen había avisado en el último momento de que no podía ir.

SÁBADO 27
Sobre las 16:45 horas recogí a José en Guzmán y nos dirigimos hacia las cercanías de “Carrefour” donde ya estaba el resto en el coche de María. Tras ver si cabía la posibilidad de ir solo en un coche, dado que habíamos quedado en cinco personas en el último momento, optamos por ir repartidos ya que llevábamos las tiendas, sacos, etc. para pasar la noche.
Eran las 17:00 horas cuando emprendimos el viaje hacia el destino final. Habíamos decidido ir por Riaño en vez de por Oviedo y así disfrutar de las vistas del desfiladero de Los Bellos. Sin novedades fuimos recorriendo kilómetros y pasamos por Riaño donde nos desviamos hacia el Pontón. Camino de este puerto comenzó a descender la niebla y nos despedimos del sol hasta el día siguiente ya en plena ruta, como se verá.
Con precaución alcanzamos la cima del puerto y comenzamos el descenso hacia Oseja de Sajambre donde paramos en un bar a tomar un vaso. Minutos después continuamos el descenso hasta entrar en el bonito desfiladero del que apenas disfrutamos debido a la citada niebla. Siguiendo el cauce del río Sella entramos en Asturias hacia la mitad de estas hoces.
Alrededor de las 20:00 horas entramos en Cangas de Onís atravesándolo con dirección a Soto de Cangas donde estaba el camping. En una glorieta nos equivocamos de desvío y nos fuimos hasta Covadonga. Allí dimos la vuelta y volvimos de nuevo hasta la glorieta donde ya cogimos la dirección correcta y a menos de un kilómetro encontramos el camping “Covadonga”.
Tras hacernos la ficha de entrada, bajamos hacia las parcelas donde montamos las tiendas y cenamos. Este camping está bastante bien y había muchas tiendas y caravanas. La niebla se había convertido en orvallo y nos hizo sacar los chubasqueros.
Sobre las diez decidimos acercarnos hasta Cangas a dar una vuelta. En mi furgoneta nos acomodamos los cinco y salimos hacia éste pueblo situado a unos cuatro kilómetros. En él aparcamos y estuvimos dando una vuelta por algunas calles. Nos aproximamos hasta el conocido puente sobre el Sella donde está la cruz colgando de él y sacamos algunas fotos. Pasando por éste llegamos a una tienda- bar típico de hace años en la que se vende de casi todo, desde alimentación, hasta madreñas. Allí algunos tomaron un orujo y yo compré una postal.
Tras ello nos dirigimos hacia el coche ya que el camping cerraba a las 00:00 horas la entrada de vehículos. Sin más novedades nos fuimos metiendo en las tiendas para pasar la noche. Me desperté algunas veces en las que oí ladrar y aullar a varios perros. También, al igual que Jorge, oí el fuerte frenazo y posterior golpe de un coche en la carretera que pasaba no lejos de allí. Con todo ello, descansé bastante bien hasta la mañana siguiente.

DOMINGO 28
A las 8:00 horas sonó el despertador y fuimos levantándonos. El cielo seguía cubierto de nieblas como el día antes y los dobles techos de las tiendas estaban empapados. Fuimos recogiéndolo todo y desayunamos. Sobre las 9:45 horas salimos del camping tras abonar la estancia.
Retrocedimos hasta la glorieta donde nos desviamos hacia los lagos pasando cerca del Santuario de Covadonga y la Santa Cueva. La niebla era cerrada y había que circular con precaución por las numerosas curvas de la carretera que sube a los mismos. Así llegamos a ellos y nos metimos por una pista que atravesaba la Vega de Enol hacia el macizo. Tras unos dos kilómetros por esta pista en buen estado, llegamos a un aparcamiento donde había que dejar los coches obligatoriamente dado que estaba prohibido continuar por ella.
Aquí aparcamos y nos preparamos para la marcha desalentados por el panorama que se presentaba. Hablando con una pareja que bajaba del refugio nos cambió el ánimo al decirnos ésta que en el refugio de Vegarredonda lucía un sol espléndido.
He de apuntar aquí que parte de esta ruta, desde los lagos hasta el refugio de Vegarredonda ya la he hecho yo de ida y vuelta uno de los días cuando hicimos la travesía por todo el macizo occidental de los Picos de Europa hace ahora 15 años.
Con este aliento de optimismo nos pusimos en marcha cuando eran las 10:30 horas. Por un camino entre arboleda subimos unos metros hasta comenzar un pequeño descenso hacia el Pozo del Alemán, lugar donde se atraviesa un puente sobre el río Pomperi donde, según cuentan, solía bañarse Roberto Frasinelli, investigador alemán estudioso de los Picos de Europa. Este enclave nos sirvió para sacarnos unas bonitas fotos en el puente.
Unos metros más adelante y siempre subiendo, nos encontramos con varias cabañas conocidas como majada de la Piedra, por la enorme mole de roca que se encuentra a su orilla. Igualmente, y a pesar de la niebla, el encanto de estos rincones era único. Aquí el camino giraba bruscamente haciendo un zigzag y pasando por encima de este bello lugar. En este tramo nos dejó detrás una pareja que subía sin mochila alguna.
Los prados abundaban y las vacas pastaban en los mismos. Al final de una pendiente algo más fuerte llegamos a la vega de Canraso donde el sendero apenas era perceptible y solo podía seguirse gracias a los numerosos hitos que lo iban señalando.
Pasada esta suave vega y tras otra subida algo más pronunciada, llegamos a otras praderías donde, sin darnos cuenta, perdimos el sendero marcado desviándonos hacia la derecha por el medio del valle hasta que este se fue cerrando por el curso de un arroyo y no vimos claro como seguir. Yo subí un poco por la izquierda y enseguida encontré de nuevo el sendero bien marcado por el que continuamos hacia arriba. Unos metros más arriba llegamos al cruce con el arroyo donde de nuevo nos surgió otra vez la duda. Se veían tres posibles sendas para seguir y no sabíamos cuál de ellas era. Yo me desvié hacia la de la derecha hasta un pequeño collado desde donde no lo vi muy claro. Cuando bajé vi al resto con un joven que les estaba indicando el buen sendero y tras él nos fuimos atajando unos metros hasta ver de nuevo la pista buena. Iba a un ritmo ligero y solo Jorge le siguió unos metros. Por allí vimos entonces otras cabañas conocidas como La Redondiella.
Nos dirigíamos ahora hacia el collado de la Gamonal por una senda entre rocas cuando el disco del sol se comenzaba a distinguir entre la niebla. Aquí nos encontramos con la pareja de jóvenes que antes nos había pasado y que regresaban al no ver el refugio por parte alguna. Al decirles que apenas quedaban unos metros para él, decidieron dar la vuelta con nosotros. Así avanzamos hasta alcanzar el collado este donde el cielo comenzó a despejarse por completo y pudimos por fin disfrutar del sol y de unas vistas espectaculares de los picos que rodean al refugio de Vegarredonda, al que no tardamos en divisar también a escasos 500 metros.
Para llegar a éste hay que descender unos metros por un sendero rocoso hasta llegar a su altura. Eran las 12:30 horas cuando terminamos esta primera parte del recorrido. En el lugar había varias personas y un par de enormes mastines. Dos edificios forman estas instalaciones, el refugio en sí y otro que debe de servir como almacén. Entre los dos se encuentra la fuente Mojosa, de donde manaba un agua fría y buena.
Aprovechando la excelente vista que teníamos, sacamos algunas fotos y descansamos unos minutos. Nuestro objetivo final era el mirador de Ordiales, situado a otra hora de camino hacia arriba. Por su parte, José decidió no seguir más y quedarse a esperar allí. Aprovechando esto, el resto decidimos dejar las mochilas allí y continuar solo con algo de agua, cámara y prismáticos.
A las 12:45 horas emprendimos de nuevo la marcha. Una senda muy marcada parte del mismo refugio y pocos metros más arriba se bifurca teniendo que seguir por la derecha. Enseguida se empina al meterse por la canal de Cueñe Cerrada donde la senda zigzaguea hasta alcanzar Los Campos de Torga donde los pedregales y hoyos se alternan con algunas praderas donde las vacas pastaban la verde hierba. En el camino nos cruzamos con algunas personas que bajaban del mirador y cada una nos daba un tiempo y distancia diferente. En el folleto que nosotros llevábamos indicaba 50 minutos desde el refugio, mientras que algunos decían que hora y media. Jorge, Sonia y María ya estaban algo mosqueados por estos datos y les iba animando a seguir un poco más. El sol calentaba lo suyo y no nos habíamos dado protección alguna. Además solo llevábamos medio litro de agua para los cuatro.
Cuando alcanzamos un collado, que era el de Sierra Pelada, sin que apareciese el mirador por parte alguna, ellos decidieron no dar un paso más. A mí me fastidiaba por que creía que no podía quedar mucho más ya que llevábamos 40 minutos andando. Decidí entonces continuar yo solo por la senda que ahora faldeaba los picos. No tardé en ver un refugio, que según el folleto era de ICONA, y al cruzarme con un joven me indicó donde quedaba el mirador. Pasé al lado de este refugio cerca del cual había un grupo sentado y continué hacia el objetivo siguiendo a una pareja que iba poco por delante de mí.
Por fin, a las 14:00 horas, alcancé este balcón de los Picos de Europa, en el que se encuentra además la tumba del marqués de Villaviciosa, fundador del Parque Nacional de Covadonga. Describir la vista que desde allí teníamos es imposible. El mirador está sobre una pared cortada verticalmente y por debajo solo se veía un inmenso mar de nubes al que casi daba la tentación de lanzarse. Los picos que salían de éste asemejaban islas en este blanco océano de algodón. Esto compensaba enormemente el no poder disfrutar de la vista de los valles del Dobra y de la sierra de Amieva e incluso, en días despejados, del mar Cantábrico. A la izquierda del mirador se alzaba la cumbre del pico Cotalba, cuyas pendientes eran inmensas paredes largas y lisas casi a plomo sobre el valle.
Aprovechando la estancia allí de aquellos jóvenes, nos sacamos fotos mutuamente sobre aquel fondo de postal de lujo. Sinceramente, hubiera podido quedarme allí horas contemplando aquel espectáculo visual sin cansarme lo más mínimo. Como apuraba el tiempo, solo estuve allí unos diez minutos antes de emprender el regreso poco después que aquella pareja.
Con pena abandoné aquel idílico lugar siguiendo la misma senda anterior hasta llegar al refugio del valle. Tras bordear los picos aquellos llegué a la collada donde vi que no estaban ya los tres compañeros, lo que me extrañó. En el móvil vi una llamada perdida de ellos y les llamé. Me dijeron que ya estaban bajando por delante de mí y comencé a bajar siguiendo el sendero muy trotado que atravesaba los hoyos y praderas. El sol calentaba bien y además no tenía agua, por lo que me lo tomé con calma parando de vez en cuando. Ahora no me crucé con nadie ni nadie me dejó detrás.
A las 15:00 horas llegué al refugio donde el resto estaban ya acomodados a la sombra para comer. Yo no tenía hambre alguna y solo comí una lata de macedonia de fruta. Eso sí, me hinché con el agua tan fresca de la fuente. Tras unos tres cuartos de hora allí, emprendimos el regreso por la misma ruta anterior. Cogimos la senda rocosa con dirección al collado La Gamonal donde la niebla nos comenzó a cubrir de nuevo y el sol desapareció por completo en pocos minutos.
Pocos metros después nos encontramos de nuevo con el joven que nos había indicado la senda buena a la subida y que ahora bajaba también. Él iba atajando a buen ritmo, por lo que decidimos seguir la senda marcada y no seguirle para no perdernos. La niebla se había vuelto algo húmeda y ellos se pusieron los chubasqueros. Por otro lado, José debió de quedarse algo frío y se le revolvió el estómago teniendo que parar a vomitar. No fue a más la cosa y continuamos atravesando aquel valle al que la niebla le daba también su encanto. Ya bastante abajo nos cruzamos con un grupo que subía.
En determinada zona me despisté por lo parecido del lugar y pensé que ya teníamos las majadas de la Piedra allí mismo. Aún tuvimos que recorrer un buen trecho para alcanzar estas cabañas ya bastante abajo del valle. Pocos metros después atravesamos el puente del Pozo del Alemán para enfilar el último tramo casi de subida hacia los coches. A ellos llegamos cuando eran las cinco y media pasadas.
Aquí la niebla ya era llovizna y nos cambiamos dentro de los coches antes de emprender el regreso. Yo temía quedarme sin gasoil ya que había subido casi con la aguja abajo del todo, aunque la reserva aún no se encendía. Al menos ahora era cuesta abajo y la gasolinera estaba poco antes de Cangas, a unos 25 kilómetros.
Con precaución bajamos el puerto y llegamos a Covadonga donde nos desviamos para ver el santuario y la cueva de la Virgen, que yo no conocía. En ésta última estaban celebrando misa y hubo que esperar unos minutos para entrar. En el santuario no pudimos por lo mismo. Como es tradición, echamos unas monedas a la laguna pidiendo deseos. En uno de los varios puestos de recuerdos compré una tira de postales antes de emprender de nuevo el viaje sobre las 19:00 horas.
Al llegar a la altura de la gasolinera entré en ella para llenar el depósito antes de entrar en Cangas. En éste cogimos de nuevo la carretera hacia Los Bellos en los que entramos con el cielo aún cubierto. En este desfiladero paré a sacar una foto y además por que me parecía ir oyendo un ruido raro en la furgoneta. Creo que eran varias piedrecitas que iban metidas entre los dibujos de las ruedas.
De esa manera atravesamos las hoces y poco después pasamos Oseja de Sajambre para comenzar a subir el puerto Pontón. Poco después de atravesar la cumbre y ya bajando hacia Riaño, empezó a disiparse la niebla y vimos de nuevo el lucir un espléndido sol. Sin novedades bordeamos el pantano y pasamos la presa hacia Cistierna. Aquí teníamos pensado parar, pero al llegar decidimos no hacerlo y seguir ya hasta León. Desde el Puente Villarente encontramos bastante circulación, pero fluida. Alrededor de las 22:00 horas llegamos a la ciudad y fui a dejar a José en casa. En vez de venir para Armunia, llamé a Carlos y a mi hermana y que dé con ellos en León.
Así terminó este fin de semana que no se prometía tan bueno por culpa del tiempo, y que luego resultó de lo más agradable. Y de esta forma vamos cumpliendo el programa previsto dentro del calendario del club “Cumbres de León”, aunque sea con tan escasa participación.