lunes, 25 de febrero de 2013

CASCADA Y LAGUNA DE SOTILLO DE SANABRIA - (Zamora) 24-02-13

 


3ª TRAVESÍA A LA “CASCADA DE SOTILLO DE SANABRIA”. Y 1ª TRAVESÍA A LA “LAGUNA DE SOTILLO”.

24-02-13               (Domingo)

Por fin hemos cumplido una de las actividades previstas dentro del calendario de este año. En el mismo figuraba como una ruta sin definir en Sanabria y en la última reunión del club se acordó realizar ésta.
En Guzmán nos reunimos los 9 participantes en la misma: Mª Jesús, Nati, Cundi, Álvaro, Tiquio con Rex, José Luis, Marcial, Carmen y yo. En los coches de Marcial y Tiquio emprendimos el viaje a las 8:00 horas saliendo por el nuevo enlace Sur de la ciudad hacia la autovía de Benavente. Desde ella conectamos con la de Orense hacia Sanabria hasta salir en Puebla. En El Puente nos detuvimos unos 20 minutos a tomar un café cuando eran las 9:30 horas. Nos restaban 7 kilómetros a Sotillo, 1090 m, al que llegamos cuando eran las 9:55 horas y tras 160 Km. recorridos.
Nos preparamos para la ruta al lado de la iglesia y emprendimos la marcha a las 10:15 horas. Un indicador nos señaló el camino a seguir saliendo del pueblo entre prados y huertas. Cruzamos un puente sobre el arroyo de Truchas y llegamos a un área recreativa en el que unos carteles nos informaban de la ruta, trazado, altitudes, distancias, etc. A la cascada teníamos unos 2,5 Km. con un desnivel aproximado de 250 metros.
El camino seguía ahora encajonado entre taludes de tierra y tapiales de rocas. En varios tramos encontramos agua y barro, por lo que decidimos salirnos hacia la pradera. No faltaban también una gran diversidad de árboles, entre los que abundaban los castaños y robles. Encontramos varios tocones de gran grosor tumbados a las márgenes del camino. En algunos lugares se podían ver las raíces en la tierra excavada y de ellas colgaban chupiteles de hielo.
Seguimos avanzando y subiendo casi de continuo mientras el bosque se hacía más frondoso. El suelo estaba cubierto totalmente por la gran cantidad de hojarasca marrón del mismo. Cruzamos numerosos arroyos que bajaban por nuestra derecha formando además bonitos saltos entre el verde musgo. El camino se volvió pedregoso y había que tener cuidado en algunas partes para no patinar. En uno de los arroyos encontramos una curiosa cortina de chupiteles colgando de un tronco y allí nos sacamos varias fotos. En medio del bosque pudimos ver también grandes moles de roca cubiertas del verde manto y con carámbanos helados. Poco a poco comenzamos a pisar algunos vestigios de nieve. Así llegamos a la bifurcación de la cascada y la laguna cuando eran las 11:55 horas.
Seguimos de frente hacia la cascada comenzando a bajar un tramo con algunos escalones de troncos cruzados. Desde allí tuvimos una amplia vista del valle y del sendero por el que luego bajaríamos en la ladera contraria. En pocos minutos divisamos el salto de agua entre la arboleda. Para llegar a él bajamos unos metros de fuerte inclinación y con roca un tanto resbaladiza. A las 12:05 h. llegamos a este bello rincón en el que nos esperaba un espectáculo visual increíble. El salto, formado en el arroyo Pingón, se encontraba parcialmente helado y formando numerosas formaciones en su caída. Realmente era una postal digna de admirar de la que sacamos varias fotos, también con el grupo delante. La altitud allí es de unos 1340 metros.
Media hora más tarde retomamos la marcha por el mismo sendero de llegada remontando el desnivel hasta la bifurcación. En esos momentos llegaba Nati a ese punto. Nosotros nos encaminamos por el ramal de la laguna con fuerte desnivel en algunos tramos. El sendero serpenteaba entre el bosque y comenzamos a ver más nieve. Ahora las estacas eran bicolor, marrón y amarillo. No tardamos en dejar el grueso de la arboleda atrás y nos metimos en una zona rocosa en el que el sendero se intuía más que verse. Había que ir con cuidado para no resbalar con la nieve y el hielo que se acumulaba en la piedra. Nos encontramos un tronco caído al que algunos se encaramaron.
Llegamos a un punto en el que el sendero pasaba a pocos metros del arroyo en el que vislumbré otra catarata entre el matorral. Me acerqué a ella y pude ver otro bonito salto. Echando la vista abajo intuí otra cascada y hacia ella me encaminé no sin antes pelear con las escobas. Estaba justo encima de la cascada principal que habíamos visto desde abajo anteriormente. Algunos compañeros también se acercaron a verlas.
De nuevo en el sendero se suavizó la pendiente entre arboleda y grandes moles de roca hasta llegar a un curioso puente de troncos de abedul muy deteriorado y en forma de “L” con un letrero que recomendaba no usar. Con tiento fuimos pasando por él hasta la margen contraria del arroyo Pingón para salir luego a una gran explanada en la que éste formaba numerosos meandros. En algunos lugares se formaban lagunillas que encontramos totalmente heladas.
El sendero transcurría por la parte derecha de dicha llanura describiendo varios vaivenes en el trazado. Unas veces bajaba casi al fondo del valle y otras se mantenía en la ladera, unos metros por encima. La cumbres que rodeaban el valle se encontraban moteadas por la nieve.
Llegados a un punto, el sendero ascendía con más brusquedad por la ladera. Hubo quien siguió de frente y tuvo que atajar luego, o como José Luis, que siguió adelante metiéndose en una zona de roca que estrechaba el valle y en la que el arroyo formaba varias cascadas.
En el cielo se abrieron algunos claros tras haberse escapado anteriormente chispas de nieve. Así llegamos a un punto en el que había otra bifurcación señalada con estacas amarillas correspondientes a otra ruta desde Ribadelago a Sotillo. Desde allí ya era visible parte de la laguna y la presa que la retiene, ya que se trata de un embalse medio artificial. Poco a poco nos fuimos acercando al mismo llegando a su altura a las 14:50 horas. Su altitud es de 1600 metros y desde Sotillo llevábamos unos 5 Km. recorridos.
Lo primero que vimos fue la capa de unos 5 cm de hielo que se formaba en la superficie del lago y que se extendía varios metros desde la presa hacia el interior. Nos metimos caminando por encima del muro de piedra de ésta y saqué algunas panorámicas del embalse. Por la parte contraria llegaba José Luis caminando por las formaciones rocosas de esa zona.
Estuvimos unos minutos allí y nos encaminamos por la margen de la laguna hacia su parte contraria, aunque enseguida dimos la vuelta. El frío no podía ser más intenso y se calaba hasta los huesos. Retrocedimos hacia la bifurcación anterior y cogimos el ramal de la izquierda marcado por estacas amarillas. Allí cerca había unas grandes moles de rocas a las que nos acercamos para comer, aunque no entrábamos todos cómodamente y seguimos avanzando subiendo unos metros hasta alcanzar la parte alta entre los dos valles desde dónde emprendimos el descenso hacia el contiguo. Pocos metros después vimos a la derecha unos riscos hacia los que nos desviamos para acomodarnos a su resguardo. Eran las 15:20 horas.
Aún estando resguardados del viento, el frío era intenso, por lo que no nos entretuvimos mucho más de lo necesario para comer y escasa media hora después retomamos la marcha. Cruzamos unos meandros para entrar de nuevo al sendero cargado de nieve que nos metió de lleno a un pequeño bosque de arbustos entre los que ahora se colaba el sol que aparecía entre los nubarrones. Descendimos por éste hacia el valle del arroyo de Truchas bordeando el mismo por su cabecera. En varios tramos nos topamos con charcos completamente helados.
Poco a poco nos metimos en la ladera contraria por la que continuaba el sendero a media ladera. A su vera había numerosos ejemplares de árboles de altos y gruesos troncos. Entre esta arboleda vimos a lo lejos una población grande y cerca de la autovía que no identificamos. Cruzamos luego una zona llana en una vaguada y volvimos a subir por un tramo empedrado desde el cual ya vimos la cascada principal en la que habíamos estado a la parte contraria del valle. Antes era invisible por una loma intermedia que ya quedaba por detrás.
Volvimos a entrar en otro bosque más tupido con algunas zonas de grandes rocas entre las que cruzaba el sendero. Algunas de éstas parecían encontrarse en equilibrio sobre otras. Aunque íbamos bajando principalmente, encontrábamos algunos repechos hacia arriba. El cielo se había despejado bastante y el sol lucía la mayor parte del tiempo.
Nos encontramos un tocón serrado en el que nos entretuvimos unos minutos contando los aros que tenía para saber los años. Unos metros después había otro gran árbol de tronco retorcido y grueso lleno de recovecos. Dejamos luego un estanque de piedra lleno de agua y con una fuente desde dónde ya vimos las primeras casas del pueblo a escasos 300 metros. A las 18:30 horas llegamos a Sotillo encontrando otro enorme árbol, castaño, como muchos de los anteriores, en el cual nos paramos a hacer unas fotos rodeándolo. Unas seis personas hacían falta para ello.
Por las calles nos encaminamos hacia los coches a los que llegamos los últimos a las 18:55 horas y tras unos 12 Km. recorridos. Nos cambiamos allí mismo y minutos más tarde emprendíamos el regreso. En El Puente de Sanabria volvimos a detenernos, tomamos un refrigerio e hicimos cuentas de la salida.
A las 19:55 horas nos poníamos en marcha ya hacia la capital. En pocos minutos entramos en la autovía hacia Benavente enlazando de seguido con la de León. Durante este trayecto tuvimos una sesión musical de lo más variado con algo de karaoke. A las 21:20 horas llegábamos a Guzmán dónde terminábamos esta nueva actividad del club de montaña.


















lunes, 11 de febrero de 2013

SAN FACUNDO - MATAVENERO - POIBUENO 10-02-13

 


2ª TRAVESÍA “SAN FACUNDO – MATAVENERO – POIBUENO – SAN FACUNDO”.

10-02-13             (Domingo)

No hay manera de seguir este año el calendario previsto. Un vez más nos hemos visto obligados a modificar la ruta programada para este día, Peña Hoguera, en Maraña, por la gran cantidad de nieve acumulada en la zona. Para no dejar vacante la fecha, nos hemos decidido a recorrer otra ruta un poco más al Suroeste, concretamente la de Matavenero, muy marcada, sin nieve en la zona y de 12 Km. de recorrido.
En Guzmán nos reunimos a las 8:30 horas los 8 participantes: Pedro, Carmen, Mª Jesús, Álvaro, Nati, Antonio, José Luis y yo. En los coches de José Luis y el mío emprendimos el viaje por la nacional hacia Astorga mientras nos caía la lluvia y el cielo se cerraba cada vez más. Subiendo el Manzanal se cerró la niebla y la lluvia se convirtió en nieve cubriendo el asfalto con una fina capa. Ya bajando este puerto nos desviamos en la salida de Torre del Bierzo entrando en dicho pueblo minutos más tarde. Aquí nos detuvimos a tomar un café mientras llovía de nuevo. Siguiendo las carreteras secundarias de la zona llegamos a San Facundo, 750 m, tras 95 Km. y cuando eran las 10:15 horas.
Aparcamos los coches a la entrada y nos preparamos mochila al hombro además de chubasqueros y paraguas para la incesante lluvia. A las 10:40 horas emprendimos la marcha por sus calles investigando la salida hacia el valle. Tras dejar atrás las últimas casas del pueblo nos metimos en un ancho camino entre castaños de gran grosor y paralelos al río Real o Argutorio que nos quedaba a la izquierda. No tardamos en llegar a un puente de hormigón que nos pasó a la margen contraria por la que seguía el camino. Enseguida nos encontramos un indicador de madera con la inscripción “Matavenero – Poibueno” que nos desviaba hacia un sendero que comenzaba a ascender por la ladera de la izquierda del valle entre matorral y arbustos.
En pocos minutos nos situamos a una buena altura sobre el valle en cuya parte alta vimos algunos molinos eólicos. El sendero transcurría ahora a media ladera con vaivenes y algunas zonas rocosas. De esa forma nos ubicamos sobre la presa que embalsa el agua y que luego suministra a los pueblos cercanos. Nos sacamos una foto de grupo y seguimos caminando por la senda ahora suspendida sobre el cañón. Enseguida vimos en una roca la pintura de un arco iris, uno de los símbolos de los ecologistas afincados en Matavenero que luego veríamos en varios lugares más. En el embalse vimos también numerosos patos.
Siguiendo el sendero comenzamos a descender bruscamente hasta situarnos al nivel mismo del río. No lejos nos encontramos el segundo puente, esta vez de troncos de madera con una curiosa estructura en forma triangular. Tras pasarlo volvimos a ascender entre bosque con árboles cubiertos por líquenes y musgo. Cruzamos poco después un pequeño arroyo que bajaba por la derecha hacia el principal y dejamos atrás unas paredes de piedra también cubiertas por el verde manto.
A las doce del mediodía llegábamos a la bifurcación de los dos pueblos, Matavenero y Poibueno. Nos metimos en el ramal derecho hacia el primero de ellos subiendo de continuo hasta salir luego fuera de la arboleda. Antonio y Carmen se encaramaron a una roca que se metía hacia el cañón, aunque no era muy apropiado dado lo resbaladizo de la piedra.
Seguimos el sendero con buena altura sobre el río contemplando una amplia vista de todo el cañón. Así llegamos a un punto desde el que ya vimos algunas viviendas de Matavenero en lo alto de una loma, aunque la mayor parte del pueblo se emplazaba detrás de la misma. Para llegar a él nos metimos en una vaguada lateral por encima de la cual hay restos de más edificaciones derruidas. Al fondo de la misma bajaba un arroyo cerca del que encontramos un gran castaño en el que nos encaramamos a sacarnos unas fotos. Por allí estuvimos recogiendo algunos de sus frutos antes de retomar la marcha por el sendero que de nuevo comenzaba a ascender. Pocos metros más adelante se encuentra un gran tronco con forma de puente bajo el cual pasamos algunos.
El sendero serpenteaba por la ladera bajo las casas del pueblo y entre castaños. En esos momentos comenzó a llover copiosamente y así entramos en Matavenero, 1050 m, a las 13:20 horas. Caminamos entre sus casas reconstruidas de forma artesanal y con materiales reciclados en su mayoría hasta llegar a la altura del bar, situado en una de las construcciones del centro del poblado. Algunos ya habían entrado y el resto les seguimos al interior en el que había varios jóvenes y algunos niños. Allí estuvimos unos minutos de charla y algunos tomaron café.
De nuevo fuera salimos por otro sendero en busca de algún lugar para comer. Por debajo, en una campa, tienen una gran estructura medio circular similar a la carpa de un circo a la que nos acercamos. Nos dio reparo entrar en ella sin haber pedido permiso y al final nos acercamos hasta una casa con un pequeño porche bajo el cual nos permitió comer la joven que la habitaba. Eran las 13:55 horas.
Arreciaba la lluvia mientras comimos allí resguardados y acompañados por algunos gatos que había que vigilar de cerca para que no nos llevasen algún bocado. Media hora después, y tras agradecer la atención a la chica, nos pusimos en marcha hacia Poibueno. El sendero comenzaba a bajar hacia la vera del río en el que se emplaza dicho pueblo. Cruzamos un arroyo y nos situamos por encima del cañón principal. Por la derecha dejamos atrás una zona de pared rocosa antes de llegar a otra cercada con alambrada y varios castaños de gran grosor en su interior así como una vivienda en obras. Algo más abajo salvamos una cancilla de alambre y otro arroyo antes de cruzar un tramo bajo túnel de arbustos. Un último descenso más pronunciado nos llevó al río que atravesamos por un puente de troncos de madera hacia la parte del pueblo en sí. Eran las 14:55 horas y estábamos a 900 metros de altitud.
En este despoblado pueden verse las ruinas de una gran iglesia con una torre cuadrada dentro de la cual hay una escalera de caracol que la asciende. La mayor parte de las casas están derruidas, aunque vimos alguna recuperada también de forma singular. Un indicador de madera nos señaló el retorno a San Facundo por un sendero de roca bajo el cual, a la vera del río, vimos un merendero. No tardamos en comprobar como la lluvia se convertía en granizo y escuchamos un trueno sobre nosotros, lo cual no era buena señal.
Mientras el suelo se cubría de bolitas blancas, comenzamos a ascender sobre el cauce trazando el sendero varios vaivenes de desnivel. Así llegamos a una cerrada curva al lado de la cual se precipita el río en varias cascadas en el llamado Pozo de las Ollas. Poco después se puede uno desviar unos metros para ver este bello rincón de la ruta. Desde allí pudimos divisar algunas casas de Matavenero en la ladera contraria y con los tejados blancos del granizo.
La ruta seguía a media ladera subiendo y bajando pequeños vaivenes entre zonas de roca y arbustos. Así comenzamos un descenso más continuo que nos llevó al fondo del valle en el que encontramos un puente muy similar al anterior de estructura triangular. Como anotación comentaré que la vez anterior, hace 9 años, no había o no encontramos dicho puente y tuvimos que atravesar el arroyo por unos troncos precarios que localizamos.
Situados en la margen contraria seguimos el sendero a la vera del río durante un buen tramo entre arboleda y cruzando algunos pedreros que se desplomaban de la parte alta por la que se trazaba el sendero de ida. Pasamos otro pequeño puente de maderas sobre un regato y cuando eran las 16:20 horas cerrábamos el lazo en el punto de confluencia con el ramal de Matavenero.
Comenzamos entonces a coger altura sobre el río y pasamos algunos regatos laterales más antes de bajar luego al puente antes comentado. De nuevo ascendimos ya con la presa a la vista y numerosos patos, o aves similares, en sus cercanías. Con la lluvia constante dejamos atrás el embalse y empezamos a descender. Al ir en ese sentido vimos las instalaciones de la piscifactoría que hay en el río. Bajamos a la altura del cauce y cruzamos el último puente de la ruta. Por el ancho camino nos dirigimos a San Facundo del que nos distaba alrededor de 500 metros.
Cuando entrábamos los últimos en él, a las 17:00 horas, comenzaba a nevar con fuerza. Por sus calles, con nombres escritos en bonitas placas decoradas, llegamos a la explanada donde teníamos los coches. Los acercamos hasta una casa con un pequeño tendejón en el que pudimos cambiarnos y a las 17:40 horas emprendíamos el regreso bajo una gran ventisca de nieve.
Durante el trayecto abrieron algunos claros, aunque pasando el puerto Manzanal vimos varias quitanieves despejando la calzada. Ya cerca de Astorga volvió a despejarse y nos desviamos hacia esta ciudad en la que habíamos decidido parar. Aparcamos y estuvimos tomando unos chocolates con churros en una cafetería céntrica. Cuando salimos una hora después nevaba también allí. A las 19:25 horas emprendíamos el último tramo a la capital y la nieve fue quedando atrás. 50 minutos más tarde llegábamos a Guzmán.
A ver si el tiempo comienza a darnos tregua y podemos empezar a seguir el calendario programado, o al menos que nos vaya dejando hacer alguna alternativa.






















lunes, 28 de enero de 2013

PORTILLA DE LUNA - SAGÜERA DE LUNA 27-01-2013

 


2ª TRAVESÍA “PORTILLA DE LUNA – SAGÜERA - PORTILLA”.

27-01-13                (Domingo)

Por fin. Tras casi dos meses de abstinencia, he vuelto a salir a la montaña. Tras el parón navideño y la pésima climatología de este principio de año, hemos podido retomar la marcha normal del club en cuanto a salidas, aunque con algunos cambios con respecto al calendario.
Por detrás nos ha quedado retrasada la ascensión a Peña Portilla y ahora también el Bosque de Canseco, ya que optamos por no ir al mismo dado la mala previsión del tiempo que seguimos sufriendo y que no nos dio tregua durante esta travesía improvisada que decidimos hacer. A pesar de la casi constante lluvia e incluso nieve, completamos esta ruta circular marcada por Cuatro Valles con un recorrido total de 17 Km.
Salimos de Guzmán a las 8:30 horas los 9 participantes: Nati, Cundi, José Luis, Pedro, Marcial, Álvaro, Mª Jesús, Carmen y yo. Carmen es una compañera nueva que tiene la particularidad de ser sordomuda, lo cual no supuso en ningún momento ningún inconveniente, al contrario, su simpatía y cordialidad hizo que se integrase perfectamente en el grupo.
En mi coche y el de Pedro emprendimos el viaje por la carretera de La Magdalena mientras llovía débilmente. Tras desechar otra de las opciones en Abelgas, nos desviamos hacia Portilla de Luna, 1200 m, en el que paramos unos 45 minutos más tarde. Bajo un soportal nos preparamos antes de emprender la ruta a las 9:45 horas por un camino con nieve que comenzó a ascender suavemente con dirección Noroeste tras dejar atrás las últimas casas del pueblo. En la parte alta se cerraba la niebla impidiendo ver las cumbres que nos rodeaban, entre ellas Peña Portilla.
El camino encajonado entre robles pelados ganaba altura mientras la pendiente se acentuaba cada vez más. Tras un kilómetro recorrido alcanzamos el Collado Sagüera, 1333 m, desde el cual divisamos el pueblo del mismo nombre en el valle contiguo. Paralelos a una línea eléctrica emprendimos el descenso a lo largo de otro kilómetro antes de entrar en dicho pueblo, 1250 m, a las 10:40 horas. A la entrada del mismo nos encontramos con la iglesia del Corpus Christi con una campana que algunos querían tocar.
Cundi decidió no seguir más y le animamos a que volviese por la carretera en vez de retroceder. Por su parte, Nati ya había quedado en el pueblo a su aire. Nos sacamos una foto de grupo antes de retomar el resto la marcha sin dejar la calle recta por la que habíamos entrado y que nos sacó de nuevo del pueblo. Dejamos a la derecha una fuente con varios pilones escalonados y nos fuimos metiendo en el valle de Villerma. Paralelos ahora a un arroyo fuimos ganando altura gradualmente dejando a la derecha la Peña el Castillo y el pico La Champa. Más adelante nos desviamos hacia la derecha para entrar poco después en un bosque de robles y hayas en el que la pista comenzó a describir algunos zigzag entre la arboleda. Poco a poco nos fue envolviendo la niebla a nosotros también y la nieve en el camino aumentó de volumen. No caminábamos mal gracias a las rodadas de un vehículo que había pasado no hacía mucho por allí y que tenía que tener muy elevada la parte baja para librar la capa que había.
A las 12:15 horas y tras 6 Km. alcanzábamos el collado La Forcada con 1519 metros de altitud. Allí el bosque era de pinos y por entre él emprendimos el fuerte descenso al valle de Borbusende. La niebla cerrada impedía ver en pocos metros y un tramo más abajo las rodadas del vehículo daban la vuelta. Una estaca nos indicó un cambio de dirección por otro camino que seguía el descenso entre los pinares y cargado de nieve. Así llegamos a otra bifurcación, esta vez sin señalizar. De frente seguía un ramal menos marcado mientras que el más ancho giraba a la derecha. La lógica de las rutas dice que si no hay señal alguna hay que seguir de frente, pero claro, ¿y si faltaba la señal como otras tantas?. Nos decidimos entonces por seguir el más marcado y acertamos, ya que al cabo de un tramo encontramos una de las señales.
Fuimos perdiendo altura por él mientras hacíamos alguna guerra de bolas. Poco a poco fuimos dejando la niebla arriba, aunque la lluvia seguía cayendo, no muy fuerte, pero de continuo. Enseguida vimos el refugio del que yo no me acordaba para nada. Está emplazado en el fondo del valle de Borbusende y al él llegamos cuando eran las 13:00 horas. Estábamos a 1300 metros de altitud y habíamos recorrido 8 Km.
En el refugio, un pequeño reducto de cemento con chimenea y algunos troncos a modo de bancos, nos acomodamos para comer tranquilamente. Se me había olvidado apuntar que desde el comienzo traíamos un compañero agregado, un perrito que se nos había unido y que estaba haciendo la ruta con nosotros.
Unos 40 minutos más tarde, y lloviendo ahora con saña, retomamos el tramo más duro de toda la ruta, una subida de 333 metros en 6 kilómetros con fuertes repechos cargados de nieve. El camino se confundía con el resto del paisaje en el que podíamos ver el pinar a la derecha y una ladera rocosa y con numerosas sabinas a la izquierda. En el arroyo que bajaba por la derecha vimos varias figuras de hielo pegadas a la ramas cercanas al cauce. También pasamos algunos tramos entre robles con sus hojas escasas y marrones destacando en la nieve. José Luis fue el que más tramo de camino fue abriendo relevándole el resto en algunos ratos.
Llegamos a una bifurcación en la que otra señal nos marcaba a la derecha la dirección a seguir. El camino seguía subiendo ahora un tramo más empinado hasta alcanzar un punto en el que emprendimos un suave descenso. La niebla apenas nos dejaba ver paisaje algunos en varios metros. Pasamos entre zonas de repoblación de pinos y enseguida volvimos a subir. Nos encontramos en este tramo con una bonita cascada de hielo de pocos centímetros de altura que se desprendía de las escobas hacia el camino. Allí nos sacamos algunas fotos antes de retomar la marcha ya con ganas de llegar a lo más alto.
Dejamos atrás un cartel ya roto de coto de caza del que yo sí me acordaba de la vez anterior. El camino cargado de nieve seguía subiendo entre escobas por la ladera de un valle apenas visible entre la niebla. Alcanzamos una especie de cresta en la que una señal nos indicaba la parte alta de la loma. Por lo que parecía un cortafuegos nos encaminamos ya con pocas fuerzas y deseando llegar a lo más alto. Fuimos ganando mucha altura por la loma entre escobas bajas saliéndonos sin querer de dicho cortafuegos. Nos mosqueó no ver señales y pensamos que podíamos haberlas dejado atrás sin verlas. Con ese pensamiento estábamos cuando vimos una señal grande en la que nos indicaba la dirección a Portilla de Luna con un tiempo de 45 minutos y a 2,5 Km. de distancia.
Estábamos en el punto más alto de la ruta, el collado Tijero, con 1633 metros, y tras haber recorrido 14 Km. Fue en esos momentos cuando la lluvia se convirtió en ventisca de nieve transformando el día en invernal. Eran las 16:30 horas.
Comenzamos a bajar siguiendo una alambrada cerca de la cual vimos los restos de una vaca. Descendimos bruscamente varios metros encontrado curiosos corros sin nieve alguna. Así llegamos a otro collado más bajo en el que una nueva estaca nos señalaba hacia el valle y el bosque. La nieve había cesado y pudimos ver frente la Peña Portilla plenamente. Entre el bosque encontramos algunas marcas más que nos iban llevando a la parte baja. Poco a poco vimos como se abrían claros por los que vimos el cielo azulado.
Nos situamos paralelos al arroyo Tijero ya en la parte baja y lo cruzamos para seguir unos metros por encima de su cauce. Frente a nosotros veíamos una cantera con un par de máquinas. Tras cruzar otro pequeño regato salimos a la pista que sube a esta explotación cogiendo la dirección contraria. El cielo cada vez se veía más azul y en un momento determinado vimos un rayo de sol entre las nubes que formaron un curioso corazón. Dejamos atrás un depósito de agua al lado del camino y ya cerca del pueblo cruzamos un estrecho desfiladero de poco recorrido al final del cual cerramos el círculo en el camino por el que habíamos salido por la mañana. Escasos 200 metros nos separaban de las primeras viviendas de Portilla en el que entramos a las 18:00 horas y tras 17 Km. recorridos. Por la misma calle que a la salida llegamos a los coches en los que estaban Cundi y Nati esperando. Allí mismo nos cambiamos y media hora más tarde emprendíamos el regreso.
En La Magdalena nos detuvimos a tomar un refrigerio unos minutos e hicimos las cuentas de la salida. Ya de noche nos pusimos de camino a León llegando a Guzmán cuando eran las 19:40 horas. Allí quedaron algunos compañeros y yo acerqué a Mª Jesús a casa antes de terminar el viaje en la mía minutos más tarde.
Como apunté al comienzo, por fin me he estrenado este año. La nieve acumulada en esta sencilla ruta la hizo más interesante y cansada de lo normal, sirviéndonos como entrenamiento para las posteriores que esperamos ir cumpliendo.