lunes, 19 de noviembre de 2007

"PARME Y POZÚA" (Retuerto) - 18-11-07

 


2ª ASCENSIÓN A LOS PICOS “PARME” Y “POZÚA”.

18-11-07           (Domingo)

Ya finalizando el año hemos salido en esta ocasión para ascender a los picos Parme y Pozúa, en la zona de Retuerto cercana a Riaño. Tan solo tres participantes nos animamos a participar, siendo los mismos: José Antonio, Antonio y yo. Dichas ascensiones las había realizado yo hace 9 años y de hecho fui el que las propuse para repetirlas este año.
A las 8:00 horas nos reunimos José Antonio y yo en Guzmán. Aquí nos surgió la duda al ver que Antonio no llegaba de sí habíamos quedado allí o cerca de su casa. Como no aparecía tras diez minutos de espera, nos dirigimos hacia la avenida Mariano Andrés donde sí estaba ya esperándonos.
Decidimos hacer el viaje por la carretera del Torío hasta Robles de la Valcueva para seguir luego a La Vecilla, Boñar y salir a la carretera de Riaño por encima de Cistierna. Con Riaño a la vista paramos unos minutos para sacar una foto del pantano con la neblina levantándose del mismo. Por allí andaban un par de perros que se nos acercaron.
Sin más continuamos rodando hasta este pueblo donde giramos a la izquierda hacia el puerto Pontón. Antes de llegar a este se encuentra la entrada a Retuerto donde llegamos sobre las 9:50 horas tras 113 Km recorridos. Buscando un sitio para aparcar y al hacer una maniobra, rocé un poco la defensa de la furgoneta con unas piedras altas. La dejamos a la orilla de un camino a las afueras del pueblo.
Nos preparamos para la ruta con una blanca helada bajo nuestros pies. Salimos por un sendero no muy definido hacia la parte derecha del valle. Atravesamos luego algunos prados en los que pastaban algunas vacas, una de ellas con unos cuernos enormes y otra a la que le faltaba un trozo de oreja y tenía la herida reciente. En ellos vimos algunos acebos y lo que parecía un antiguo camino cegado por la maleza. También vimos numerosos corros de helechos ya secos y de color marrón destacando en la verde hierba. Igualmente había bosques de hayas ya deshojadas en las laderas del valle. Cerca de este bosque vimos una caseta elevada de vigilancia forestal. Hacia atrás podíamos ver la cumbre del pico Redondo con la cara norte ya algo nevada.
De esa forma salimos a una pista de la parte derecha del valle que subía por el mismo con dirección al pico Pozúa, situado en la cabecera del ramal derecho del Río Retuerto. El Parme se alzaba justo en la cabecera contraria del mismo valle y en su cumbre se podía distinguir el punto geodésico. En la pista habían echado piedras como las de las vías de ferrocarril en los tramos más inclinados. Por ella subimos varios metros antes de abandonarla y subir ladera arriba hacia la vaguada que bajaba directamente del Pozúa. Aquí nos separamos Antonio y yo de José A. Él decidió subir por la ladera mientras que nosotros continuamos por un sendero de la parte baja. Yo no estaba convencido de que la loma por la que iba él continuara hacia la cumbre y que hubiese que bajar. Antonio se adelantó unos metros y yo me quedé rezagado unos minutos viendo una pequeña cascada helada en el arroyo. Retomé la marcha subiendo un tramo de mayor pendiente hasta un falso llano a media ladera. Aquí me saqué unas fotos con ambas cumbres de fondo. Por la ladera del pico subía un numeroso grupo de montañeros algunos de los cuales ya estaban en la cumbre.
Por delante de mí, y ya en la parte alta de la loma, vi a alguien haciéndome señas y oí que me llamaban. Estaba convencido de que era Antonio hasta que lo vi aparecer detrás de mí. El de arriba era José Antonio, pero el que me llamaba sí había sido él. Había quedado esperándome mientras yo pasaba por debajo de él sin vernos.
En pocos minutos alcanzamos también nosotros la parte alta de la loma disfrutando desde allí de una amplia vista de Picos de Europa y otras cumbres de la zona. Por la parte contraria bajaba un valle con otro monte que llegaba hasta el mismo puerto del Pontón desde donde subía el grupo que veíamos. Por la loma aquella transcurría una alambrada al lado de la cual subimos un buen rato. Nos metimos entre algunas escobas siguiendo el sendero más o menos bien marcado hacia la cumbre en la que ya estaba José Antonio con algunos miembros del grupo aquel. Salvo algunas rocas, el Pozúa es un pico poco pedregoso.
A las 12:15 horas alcanzamos la cumbre cuya altitud depende del mapa en el que se mire. Por mi parte lo tengo registrado con 1914 metros. En ella había una cruz con un buzón del que recogimos una tarjeta de cumbres. La vista era realmente espectacular y los picos casi infinitos de relatar. Destacaban los macizos Central y Occidental de Picos de Europa al norte cubiertos ya cor una capa blanca de nieve. Cercana teníamos Peña Ten, Yordas, Redondo, Corcadas o el Gildar. Mas alejados estaban las cumbres del Coriscao, Peña Prieta, Espigüete o Murcia así como la del Pienzu en Asturias o Peña Ubiña a varios kilómetros hacia el oeste.
Detrás del Pienzu acertamos a distinguir la línea del mar Cantábrico y entre las brumas lo que parecía una embarcación. Debajo de nosotros, al noroeste, se emplazaban Oseja de Sajambre y Ribota. Al lado contrario Retuerto de donde veníamos. Amplio era realmente el paisaje desde aquella altitud en la que nos encontrábamos. De todo ello disfrutamos mientras conversamos con los del grupo y reponíamos algunas fuerzas tomando un pincho. Nos sacaron algunas fotos y nosotros a ellos.
A las 13:30 horas emprendimos el descenso hacia la collada de Becenes con intención de pasar al Parme, para el que aún nos quedaban un buen trecho. Entre el matorral bajo encontramos algunos pequeños corros de nieve, la primera de la temporada. Con nosotros bajaban dos jóvenes de aquel grupo que también tenían intención de llegar hasta el Parme antes de bajar a coger el autocar en Pío.
A partir del collado nos metimos un trecho por debajo de otro de los varios picachos que habían en medio de las dos cumbres principales. Situada a la sombra, esta parte se encontraba aun con la helada encima. El siguiente tramo lo hicimos por la misma cresta del macizo hasta el siguiente paso rocoso donde de nuevo el hielo en la piedra nos hizo extremar la precaución para nos resbalar. Por la parte izquierda, la que caía hacia el valle de Retuerto, había varias zonas donde el desplome era casi vertical. Mas adelante encontramos una línea de pequeñas torres escarpadas donde el sendero descendía varios metros para sortearlas. Franqueado este trozo pasamos a la ladera contraria y entre escobas bajas nos dirigimos hacia la última collada antes del Parme.
Eran las tres de la tarde cuando alcanzamos este collado. Antonio ya se había adelantado y se le veía loma arriba. También en ella vimos restos de las primeras nieves caídas estos días pasados. De momento disfrutábamos de un estupendo día. Y solo algunas brumas cubrían el cielo, aunque por el noroeste se iba cerrando tal como habían anunciado que entraría una borrasca.
Los últimos metros hasta la cumbre están formados por infinidad de enormes rocas donde de nuevo el hielo pegado a ellas nos ponía en peligro. Había que andar con sumo cuidado para no pegar un resbalón y hacerse daño con los cortes afilados que algunas tenían. Cuando eran las 15:20 horas llegué a esta cumbre del pico Parme con una altitud de 1908 metros. En la misma había un hito geodésico pero ningún tipo de buzón. Bajo el mismo dejamos una tarjeta nuestra en un bote.
Nos acomodamos en torno a él para comer tranquilamente mientras poco a poco iban llegando más nubes por el noroeste; las cumbres mas alejadas de esa zona ya no se veían. Sí que disfrutamos de unos bonitos contraluces con las nubes tapando el sol y las sombras sobre los picos lejanos. La temperatura también iba bajando notablemente y no tardamos en emprender el descenso.
A las 16:40 horas comenzamos a bajar por la parte contraria de llegada. Cresteamos unos metros antes de echarnos hacia la ladera Antonio y yo. Por su parte, José Antonio continuó por la línea de cumbre un trecho más antes de bajar también por la misma loma. En esos momento vimos pasar por debajo de las rocas una manada de cinco o seis corzos, o similares.
Entre escobas bajamos varios metros al lado de una alambrada que dividía la loma en dos. Hacia Picos de Europa se cerraba cada vez más la vista que a la vez se iba haciendo más bonita por los contrastes. Por detrás también continuaban los efectos luminosos del sol, las nubes y sombras sobre las cumbres. Llegamos a un punto donde la loma se bifurcaba por la izquierda llegando luego directamente hasta el pueblo. El problema era que no veíamos claro si estaría limpia o nos meteríamos entre maleza espesa. Optamos entonces por seguir por donde íbamos y enlazar con un camino que pasaba por una collada más baja.
Allí mismo entramos en un hayedo de belleza impresionante. Los árboles estaban sin hoja alguna, pero el suelo estaba tapizado por una alfombra formada por las mismas que tenían un tono rojizo vivo. En medio de la arboleda vimos un par de ejemplares de tronco descomunal, tanto de ancho como de alto. Nos sacamos unas fotos con los mismos y poco después salimos a campo abierto. Volvimos a ver de frente los Picos de Europa ya parcialmente tapados por los nubarrones que iban avanzando.
Escasos 100 metros más adelante había una caseta de vigilancia forestal como la del otro lado del valle. A ella se accedía por una escalera de troncos de madera de unos 6 metros por la que subimos. Vimos que tenía una ventana abierta y la cerramos para evitar daños en caso de lluvia y viento. De nuevo en el camino, y ya bastante oscurecido, comenzamos a bajar ya hacia el pueblo por el sendero marcado como “PR LE 21 Mirva-Rabanal”.
El bosque se extendía a ambos lados de la pista que en algunos ramos tenía una fuerte pendiente. Abajo ya se veía el pueblo iluminado por las farolas de las calles. Para salvar el gran desnivel, el camino zigzagueaba por la ladera del paraje marcado en el mapa como “Risueco”. En una señal vertical había tres indicadores que señalaban la dirección “Retuerto-Burón”.
Poco antes de entrar en el pueblo atravesamos una canaleta de cemento donde el agua helada formaba una pista de resbaladiza en la que casi me caigo al pasar por ella sin pensarlo. A las 18:30 horas, ya anochecido prácticamente del todo, llegamos a Retuerto. A la entrada nos esperaba una fuente de la que tomamos un trago. Atravesando algunas calles llegamos Antonio y yo donde teníamos la furgoneta mientras José Antonio quedaba de charla con unos vecinos. Después de unos minutos esperándole, y como no llegaba, nos pusimos en marcha a ver si le pillábamos de camino. Enseguida le recogimos a la salida del pueblo emprendiendo el regreso a León cuando eran las 19:50 horas.
Sin novedades bordeamos el pantano de Riaño dejando atrás esta población. Al llegar a Crémenes nos detuvimos a tomar un café en un bar y hacer las cuentas de la salida. Retomamos la marcha unos veinte minutos más tarde y al llegar al desvío hacia Boñar volvimos a coger esta carretera para volver por la misma ruta de por la mañana. En la rotonda cercana a Boñar tomamos el ramal hacia La Vecilla por la que pasamos poco después camino de Robles de la Valcueva donde ya giramos directos a la capital por el Torío abajo.
Sobre las nueve de la noche entramos en León y fue Antonio el que primero quedó en casa. Seguidamente me despedí de José Antonio para llegar a casa a las 21:15 horas con el cuentakilómetros marcando exactamente la misma distancia de vuelta que de ida.
Salvo cambios, en el club nos quedan dos últimas excursiones para finalizar el año. Con ellas y la cena de final de año, terminamos este ejercicio del 2007.


























lunes, 5 de noviembre de 2007

"CANALES ROMANOS" (Ermita Virgen del Carmen- Llamas de Cabrera) - 04-11-07

 


1ª TRAVESÍA POR “LOS CANALES ROMANOS EN LA CABRERA”.

04-11-07                (Domingo)

Por parte de José Antonio se me propuso este domingo para acercarnos hasta la zona leonesa de La Cabrera para investigar una ruta de cara al próximo año. Se trataba de estudiar el estado de varios tramos de los canales que usaban los romanos para llevar el agua hasta las Médulas y que transcurren por las laderas de algunas montañas de dicha zona. Tras proponérselo a algunos compañeros más, fue Luis el que se nos unió en esta aventura a la que íbamos sin planes muy definidos.
A las 7:00 horas nos reunimos los tres en Guzmán de donde partimos en mi furgoneta saliendo luego por la carretera de La Bañeza. Mientras iba amaneciendo fuimos avanzando kilómetros dejando atrás Santa María del Páramo, La Bañeza o Castrocontrigo. A Luis le afectó el mareo y tuvimos que detenernos en alguna ocasión en la que vomitó.
A las 9:15 horas, tras 131 Km recorridos, llegamos a Noceda de Cabrera donde hicimos la primera parada. En este pueblo pudimos ver un gran tejo milenario a la vera de la iglesia cuyo tronco mide más de cinco metros de diámetro y la altura supera los 18 metros. La iglesia es típica de la zona construida con piedra y pizarra en su totalidad. Anduvimos por sus cercanías unos minutos y de regreso fuimos “abordados” por una vecina que nos vendía nueces y miel. José Antonio sí que la cogió medio saco de ellas y un tarro de miel junto con una bolsa de pimientos. Por las calles de cemento convivían gallinas, gallos, perros y gatos de todos los tamaños. Cuando emprendimos el viaje de nuevo casi una hora más tarde comenzaba a lucir el sol en el pueblo.
Volvimos a salir a la carretera general del valle pasando poco después por Castrillo de Cabrera donde saqué una foto de la iglesia cercana a la calzada. Al llegar a Odollo nos detuvimos de nuevo y José estuvo consultando unos minutos con un vecino del pueblo por los canales romanos. Total que dimos la vuelta y nos dirigimos ahora sí hacia la Ermita de la Virgen del Valle de donde partía una ruta de estos canales.
152 km marcaba el contador de la furgoneta cuando paramos a la entrada del recinto de dicha ermita cercana a la carretera. En esta ermita se encuentra la imagen de una virgen del siglo XVII encontrada en una gruta cercana y que se procesiona el primer domingo después de Pascua. En torno al edificio crecen numerosos nogales y otros árboles de hojas ya amarillentas del otoño. Una fuente empedrada se sitúa frente a la fachada y tras el edificio se pueden ver otro par de ellos de bloques de cemento que destrozan por completo el entorno.
Un indicador nos señalaba la dirección del “Canal Romano de la Ermita de la Virgen del Valle” que partía por encima del templo. A las 10:50 horas nos pusimos en marcha sin mas equipamiento que lo puesto y la cámara de fotos por un sendero a media ladera donde vimos pastando un rebaño de ovejas. Pasamos cerca de una caseta de cemento, suponemos que de recogida de agua, y atravesamos luego un arroyo. No tardando se nos perdió la senda y bajando unos metros dimos de lleno con una alambrada por debajo de la cual se veía el antiguo canal. Tuvimos que retroceder un pequeño trecho hasta el comienzo del canal y sortear como pudimos la alambrada de rejilla para meternos de lleno en la ruta. Atravesamos zonas de bosque y otras donde la caída por la derecha era de unos cuantos metros casi en vertical. Por debajo de nosotros veíamos la carretera por la que habíamos llegado y que se mantenía paralela a la ruta siguiendo igualmente la orografía del terreno. Solo en algunos tramos se podía ver claramente los restos de que aquello había sido usado hace 2000 años como canal de agua. En ellos se veía parcialmente la caja del mismo y la armadura de piedras como base de los mismos. En algunos lugares la maleza nos cubría teniendo que pelear con ella, aunque la senda se veía claramente. En uno de esos tramos volví a hacer un “siete” al pantalón como el otro día.
La vista era amplia pudiendo contemplar los pueblos de Sigüella o Lomba en otro valle lateral de la parte contraria. Por encima y por debajo se podían ver también formaciones rocosas de aspecto bastante “viejo” con estratos en forma de losa. No en vano estábamos en una de las zonas más pizarrosas de la provincia con varias fabricas como la que enseguida vimos y al lado de la que habíamos pasado con el coche. Dejamos atrás la zona más rocosa y salimos a una ladera más o menos limpia donde del canal solo quedaba el nombre ya que era un sendero de lo más corriente.
Dejamos atrás un tendido eléctrico y llegamos a la revuelta de otra vaguada, la del arroyo Villarino, en la que se volvían a ver más claramente las armaduras de los canales. Como ya eran las 12:30 horas y lo que quedaba por ver allí no nos parecía demasiado interesante, decidimos volver.
Desandamos el camino viendo el valle desde otro punto de vista. Ya con la ermita a la vista, José Antonio y yo, que habíamos quedado por detrás, nos salimos del sendero sin darnos cuenta de que bajábamos hacia la carretera. El problema era que hacia esta caía un talud considerable. Mientras él decidió comenzar a subir hacia la senda buena, por la que veíamos a Luis, yo bajé unos metros en busca de una salida a la calzada. Al final di con ella no sin antes tener que sujetarme a las escobas para no resbalar por la gravilla y aún así tuve que dar un salto final no muy recomendable.
De la ermita me separaban unos 300 metros de suave pendiente. Antes de ella vi un alto chopo de colorido espectacular y a contraluz al que saqué una serie de fotos panorámicas hacia arriba que luego he unido quedando una bonita foto de todo él. Entré al recinto por otro sendero lateral pegado a los edificios “feos” de cemento. Recogí algunas nueces caídas y al llegar al pórtico de la ermita ya estaba Luis cascando algunas más. Eran pequeñas y muchas salían malas, por lo que no merecía la pena recoger más. Eran las 13:35 horas y el podómetro marcaba 7,900 Km. Los 6 de la ruta del canal más lo caminado por el pueblo anterior y demás.
Sin más fuimos cogiendo la comida del coche mientras llegaba José Antonio. A la poca sombra de unos árboles, y sentados en la fuente, comimos tranquilamente. Al Este, en las laderas del Cruz Mayor, oíamos a los cazadores hablar y disparar. Allí estuvimos hasta las 14:40 horas que retomamos el viaje valle arriba. A pocos metros hay un mirador con una cruz y un cartel informativo sobre el canal que habíamos recorrido.
La siguiente parada fue en Llamas de Cabrera, a 4 kilómetros de la ermita, donde llegamos sobre las tres de la tarde. Entramos al pueblo por unas calles estrechas entre balconadas de madera y tejados de pizarra que nos quedaban a nivel de ventanilla y casi rozando los espejos. A velocidad casi cero pasamos estas angostas calles hasta aparcar cerca de una casa medio derruida. En un cartel que antes habíamos visto a la entrada se indicaba la existencia de una ruta por otro canal que según las fotos estaba en bastante mejor estado que el anterior.
Unas estacas de madera con distintivo azul nos señalaban la ruta hacia el canal para el cual nos dijeron que se tardaban unos 20 minutos. Este canal, “Valle del Airoso”, tiene una longitud total de 67 Km desde el río Cabrera hasta su final en Las Medulas. El mayor de ellos tiene 82 Km con un desnivel de 360 metros y una pendiente media del 4,4 %.
A las 15:10 horas Salimos del pueblo por un camino ascendente entre enormes castaños. Unos 300 metros después, donde se encontraba otro cartel informativo, comenzamos a descender mientras nos metíamos en el valle del arroyo Valdecorrales. Por la mitad de la ladera íbamos perdiendo altura siguiendo las estacas azules y encontrándonos varios carteles donde se iba indicando un poco la historia de los canales y su construcción. Pasamos algunos tramos de bosque y otros donde los arroyos invadían el camino embarrándolo.
Así llegamos al comienzo del canal indicado con otro cartel y una estaca amarilla. En ella estaba inscrito “Canal D – 67 Km – A Las médulas 33,4 Km”. Más adelante vimos alguno donde esta última distancia se iba reduciendo. Los primeros metros no eran muy diferentas a lo andado hasta allí, pero luego cambió la cosa. Comenzamos a encontrarnos tramos en los que realmente quedaba la caja del canal intacta ya que estaba excavada en la misma roca. En algunos lugares había señales que advertían de peligro de caída ya que se estrechaba mucho la ruta al haberse desprendido parte de la estructura. A lo curioso de todo ello se unía la belleza del valle por el que transcurría y por el que veíamos otro camino en la ladera contraria.
Disfrutamos de todo ello y saqué numerosas fotos en estos tramos tan conservados antes de llegar a un punto donde finalizaba el canal como tal metiéndose el camino por un estrecho y bajo túnel de unos 5 metros de longitud que nos dio paso al valle del arroyo de la Paladina. Lo primero que notamos al pasar el túnel y también en el lado contrario, fue una bajada considerable de la temperatura. Veníamos del sol y este otro valle se encontraba totalmente en sombra casi todo el día, por su orientación NE. A pocos metros por la derecha vimos en la pared otra cavidad a la que se accedía bajando unos escalones de madera dando paso al valle del que veníamos anteriormente y justo por debajo del otro túnel. Hacia abajo no había salida pero sí se podía subir al canal por un estrecho sendero de escasos. Al parecer este segundo túnel servía de aliviadero de agua al valle.
A las 16:20 horas, tras tres Km recorridos, pasamos de nuevo al valle de La Paladina y a lo tonto comenzamos a subir ahora por un sendero paralelo al arroyo. Encontramos otra caseta de recogida de aguas y tras dejarla atrás viramos el rumbo para remontar más bruscamente por la ladera entre los dos valles. Por detrás, en la cabecera del valle, se alzaba la cumbre del Cruz Mayor, por cuya parte contraria baja el arroyo Villarino al que habíamos llegado desde la ermita de la Virgen del Valle.
Alcanzamos la parte alta de la loma en unos 15 minutos y tuvimos una bonita y amplia vista del valle de Valdecorrales con el sol del atardecer. De allí salía un camino, poco marcado en principio, por la ladera Oeste del valle a varios metros por encima del canal “D”. Nos encaminamos por él con dirección al pueblo atravesando de nuevo zonas boscosas y otras donde en la roca del suelo se veían las marcas de las ruedas de los carros que durante siglos pasaron por allí. Por lo visto en los carteles anteriores y lo explicado en ellos, bien podía tratarse también de canales superpuestos en el mismo valle. Según iban avanzando las obras en Las Médulas, iban necesitando variar la altura de los canales para llevar el agua a ellas.
Algo más adelante, y graduando la entrada de luz en la cámara de fotos, saqué varias instantáneas de contraluces realmente interesantes. En alguna de ellas parecía ser de noche y el sol la luna asomando tras las lomas. Pasamos luego más zona boscosa con el camino algo encharcado de agua y no tardando comenzamos a ver la carretera en el fondo del valle principal. Una fuerte pendiente de bajada nos llevó al camino de ida muy cerca de los enormes castaños. Escasos metros nos separaban del pueblo en el que entramos a las 17:35 horas y tras otros 7 Km recorridos.
Ya en con la furgoneta salimos de Llamas de Cabrera por sus estrechas calles donde en algunas curvas apenas si giraba la misma. Nuestro último destino era Santalavilla, 8 kilómetros valle adelante. Un cuarto de hora tardamos en llegar a este pueblo donde lo primero que vimos fueron unas cuevas con puertas de madera en las paredes rojizas al lado de la carretera. Dejamos atrás un barrio y subimos por la estrecha carretera hacia el superior donde aparcamos al lado de la iglesia. Eran las seis de la tarde.
Un indicador señalaba la dirección al Campo de las Danzas con 4 horas de duración de ruta. Caminando por las calles del pueblo comprobamos el estado ruinoso de gran parte de las antiguas viviendas del mismo. El material común de las mismas era la piedra y pizarra junto con la madera. En una gran plaza había una fuente con lavaderos. Unos jóvenes, con quien José Antonio entabló conversación, estaban levantando una casa. Luego estuvimos un buen rato conversando con unos de los pocos, si no el único, vecino permanente del pueblo. Nos comentó que las castañas eran abundantes allí y de hecho él se dedicaba a su comercio. También nos indicó la situación de un alcornocal, que fue la razón principal de entrar en dicho pueblo. Desde allí se podían ver algunos ejemplares en lo alto de una loma.
Ya eran casi las siete cuando nos despedimos de él y nos encaminamos hacia la iglesia para emprender el regreso a León. Prácticamente con noche cerrada nos pusimos en marcha con el cuentakilómetros marcando 164 Km y el podómetro con casi 15 Km.
Hasta Puente de Domingo Florez nos restaban 14 kilómetros de carretera serpenteante pero de buen firme. En lo alto de una loma de la parte contraria del valle vimos un fuego cuyo humo ya habíamos estando observando desde Santalavilla. En una gasolinera de Puente de Domingo Florez llené el depósito de la furgoneta y entramos en un bar cercano a tomar un refrigerio.
Sobre las ocho de la noche nos pusimos definitivamente en camino hacia León. Por la nacional nos dirigimos hacia Carucedo. Antes de éste teníamos que desviarnos hacia Lago de Carucedo, pero me pasé la glorieta y tuvimos que retroceder un poco. Por una secundaria recorrimos unos kilómetros hasta que en La Barosa cogimos la N-120 hacia en enlace con la autovía a Ponferrada. Sin novedades avanzamos por ella dejando atrás dicha población y ya en Astorga tuve un despiste y no me salí a la nacional entrando en la autopista de peaje a León. Por ella circulamos hasta salir en Hospital de Orbigo tras abonar 1´35 € del tramo. Ya por la nacional transitamos los últimos kilómetros hasta entrar en León poco antes de las 22:00 horas. Aquí me despedí de los dos compañeros llegando a casa minutos después.
En definitiva, una agradable jornada improvisada por completo pero con un resultado bastante aceptable. Sobre todo por la segunda ruta hecha mereció la pena el viaje de 342 kilómetros. Incluso para ruta nocturna no estaría mal, aunque perdería el encanto del paisaje diurno.