lunes, 22 de mayo de 2006

MARCHA DE REGULARIDAD - "GABANCEDA" (Puerto de Pandetrave) 21-05-06

 


(Erróneamente, el nombre de la cumbre en las fotos figura como "Cabanceda" en vez de "Gabanceda""

MARCHA DE REGULARIDAD.

1ª TRAVESÍA “PANDETRAVE-PICO GABANCEDA (1ª ASCENSIÓN)-POSADA DE VALDEÓN”.

21-05-06     (Domingo)

Tras suspender nuestra actividad del “Salto de Eume” en La Coruña por falta de participantes, me decidí en el último momento a participar en una marcha de regularidad organizada por el grupo Yordas. Curiosamente se trataba de una travesía en la que estaba como opción la ascensión al pico Gabanceda, programado por nuestro club para el próximo mes de agosto. También en el último instante se añadió Luis, que fue a la salida sin garantías de que hubiese plaza, aunque hubo suerte y pudo ir también.
A las 8:00 horas salimos de Santo Domingo en un autocar y un microbús. En él mismo hicieron las parejas participantes y nos dieron una visera, que ya adelanto que perdí no sé donde ni como, y el mapa. Con alternancia de nubes y claros fuimos avanzando hacia el puerto de Pandetrave, 1568 m, donde llegamos en unas dos horas. Aquí nos preparamos para la ruta con la bonita y amplia vista de los macizos de Picos de Europa.
Con intervalos regulares nos fueron dando la salida por parejas. Luis y yo comenzamos la ruta a las 10:24 horas. Desde el puerto partía una pista que no tardó en internarse en un bonito bosque. El primer tramo descendimos unos metros pasando algunas praderías donde encontramos ganado pastando. Varios arroyos atravesaban el camino y en ellos había algunas cascadas. Al llegar a la vega de Prego comenzamos a subir por la pradera hacia la collada de Tomaderas, entre el pico La Silla y el Gabanceda. Allí el sendero desapareció y la ladera se hizo empinada. Yo me había quedado por detrás con Carmen, que también se había apuntado e iba de pareja con otro chico. Al igual que a mí, le gusta pararse y sacar fotos de todo. Poco a poco fue viéndose el paisaje más amplio distinguiéndose picos como Los Vallines o el Coriscao. Ya desde el mismo puerto teníamos a la vista los macizos Central y Occidental de Picos de Europa.
A las 11:25 horas alcanzamos la collada a Tomaderas con una altitud de 1822 metros. Allí estaba Luis esperándome y le había dado un tirón en la pierna. Allí había también algunos organizadores del grupo Yordas. Nosotros éramos los últimos en llegar. Desde dicho collado se tiene una amplia vista del macizo en el que se encuentra el Gabanceda, justo a nuestro lado, y el Gildar, más alejado. Así mismo contemplamos parte del valle de Prada por el que luego bajaríamos.
Por un sendero por la falda del Gabanceda continuamos la marcha hacia el siguiente collado donde se encontraba el segundo control, contando la salida como el primero. Las marchas de regularidad, que ya he hecho varias, consisten en controlar los tiempos que hace cada pareja participante en los diferentes tramos de la ruta y hacer una media entre los mismos. El que más se acerque a esa media es el ganador. Por eso no consiste en correr ni tampoco quedarse embobado. Por mi parte, y como tengo claro que iba a disfrutar, como siempre, no me importaba para nada estos tiempos.
El sendero descendió suavemente para evitar unos pedreros del pico. Toda la ruta estaba marcada con tiras de plástico que iban indicando el rumbo a seguir. En ese momento comenzaba a lucir el sol tras pasar una banda de nubes que no nos lo había dejado ver desde que comenzáramos. Por delante iban varios participantes que habían perdido la senda y ahora estaban subiendo por lo más empinado. Yo zigzagueé un poco y lo cogí más suavemente hasta alcanzar casi la altura del
siguiente collado, el de Piedras Blancas. Luis también se había adelantado y le dejé detrás ya que subía por lo peor y además con la pierna mal. Poco antes de llegar al collado pasamos un nevero.
A las 12:00 del mediodía llegamos a este collado de 1850 metros. Allí estaban varios organizadores tomando tiempos y algunos participantes tumbados en la pradera. Apunto aquí que en los controles el tiempo que se está parado en ellos no cuenta, tomándose dos lecturas, a la llegada y a la salida. Desde aquí estaba la opción de subir al pico Gabanceda, hacia el cual se dirigían algunos y bajan ya otros. El viento era realmente exagerado y eso hizo desistir a varios.
Luis y yo ya teníamos pensado subir ya que como apunté, podíamos con ello adelantar una actividad programada por el club para el mes de agosto y así conocer el terreno de antemano. Él seguía resintiéndose de la pierna, pero poco a poco fuimos ganando altura. Tras pasar una loma con algo de matorral entramos en una canal de piedras y gravilla. Sin dificultad alcanzamos la parte alta y solo nos quedaban unos metros de cresteo para alcanzar la cumbre.
A las 12:25 horas llegamos a la cumbre del Cabaceda cuya altitud es de 2036 metros. La panorámica desde la misma no podía ser más extensa y variada. Contemplábamos desde allí toda la ruta realizada desde el mismo puerto. Por una parte se alzaban los dos macizos de Picos de Europa destacando en el Occidental la cumbre de Peña Santa. Así mismo se veía el pico Jario, Gildar, Peña Ten, las cercanas Corcadas y el lejano Espigüete. También Peña Prieta, Coriscao y los Vallines junto con otros muchos más que ya no enumero.
En la cumbre nos juntamos con un chico y una chica, Asun, que habían venido en el autocar nuestro y que habían formado pareja de participantes. Allí estuvimos sacando varias fotos y dejamos nuestra tarjeta de cumbres. El viento era realmente fuerte y había que tener cuidado de no acercarse a la parte norte donde caían a plomo las paredes del pico. A la cumbre también llegó el que nos había dado los mapas en el autocar junto con otra chica.
Una media hora después de llegar emprendimos el descenso. Esta vez bajamos por la ladera sur en vez de por la canal. Pasamos también algún tramo de roca y pedrero antes de salir a lo verde. No tardamos en llegar donde estaban los cuatro organizadores, entre ellos Arsenio, el presidente del Yordas. Allí nos dieron la hora de salida y seguidos por ellos, ya que éramos los últimos, retomamos la ruta oficial. El sendero seguía ahora por la loma de la Cerra de Montó que dejamos a nuestra izquierda. Pasamos por el alto de una peña y bajamos hasta otra collada desde la cual ya se comenzaba el descenso por el Valle de Prada. Poco a poco fue ocultándose el Macizo Occidental tras las cumbres del pico Cuetotín o el Cantotejedo que bordean este valle quedando visible y de frente el Central. La ruta bajaba por laderas entre praderas floridas y matorral bajo. A la izquierda se alzaba un gran peñón de paredes rocosas multicolor. Por desgracia el cielo se había ido cubriendo de nuevo y no se podía contemplar esto con todo el esplendor que merecía. Atravesamos algunos arroyos que forman el río Llalambres y que nacen en las fuentes de Montó por debajo de todas aquellas cumbres que bordeábamos.
Los organizadores nos seguían e iban quitando los lazos de plástico que marcaban la ruta. Nos decían que el día que habían ido a prepararla se había cerrado la niebla y habían tenido que usar la brújula y mapas para orientarse. Eran lo que más temían ese día, que bajase la niebla y hubiese despistes.
Pasamos al lado de una pequeña caseta de piedras que están reformando y no tardando vimos la majada de Montó donde se situaba el tercer control. Situada en una verde pradera y con los Picos de Europa de fondo, formaba una bella postal junto con un corral en el que había tres caballos. Bajamos hacia ella por una empinada ladera y a las 14:15 horas alcanzamos su altura. Allí nos tomaron la hora de llegada y junto con algunos participantes más, nos dispusimos a comer sentados en la pradera. El resto de la ruta transcurría por una pista hasta Prada y como duración marcaba en una señal 2 horas.
Poco antes de las tres de la tarde nos pusimos de nuevo en marcha por dicho camino. Por él había llegado un todoterreno con dos hombres que iban en busca de ganado hacia la parte alta. Aunque nunca me han gustado los caminos ni pistas como esta, el entorno lo compensaba con arboleda, algunos arroyos y la constante vista de los picos. Por la derecha y en la parte baja del valle, corría el río Llalambres.
Mas adelante pasamos al lado de la majada de Bre, una pequeña y bonita casa de piedra y teja. Por la parte izquierda subían laderas de verde arboleda que contrastaban con lo oscuro de las paredes rocosas bajo las que se asentaban. Algunos claros que se abrían en el cielo permitían al sol iluminar todo ello dando un esplendor realmente encomiable. A continuación entramos en una zona donde abundaban unas bonitas flores a medio florecer pero que daban al paisaje una belleza resaltada. Por debajo volvimos a ver otra majada en medio de más praderías.
Luis se fue adelantando y nos separamos. Yo quedé con Carmen sacando fotos y disfrutando de todo ello. Desde un alto cercano al camino vimos Santa Marina de Valdeón. Algo más adelante había un gran espino florecido en medio de otra pradera. La pendiente se fue haciendo más pronunciada y la pista zigzagueó camino de Prada. Tuvimos entonces una amplia vista de dicho pueblo y el cercano Posada con el fondo del macizo Occidental, que volvíamos a contemplar de nuevo. Unas buenas fotos pudimos sacar de este bello paisaje.
Poco antes de las 16:30 horas entramos en Prada. En éste vimos numerosos hórreos entre las casas y huertas. Atravesamos este pueblo y a los pocos metros entramos en Posada de Valdeón. Llegamos a la plaza principal cerca de la cual se encuentran las escuelas donde nos tomaron la hora en el último control. Yo me acerqué luego hasta el autocar para cambiarme de ropa. Al lado hay un cartel publicitario donde hace ya 20 años, y en otra marcha de regularidad, tengo una foto hecha. Le pedí al compañero de Carmen que me sacase una foto en el mismo lugar con el Macizo Central de Picos como fondo.
Ya cambiado volví de nuevo hacia la plaza. Aquí ocurrió la incidencia negativa de la jornada. Resulta que ya antes Ramón Lozano, estando sentado en una terraza, se le fue la silla y cayó de cabeza contra el suelo. Pues bien, con el golpe había perdido la memoria y no reaccionaba. Por ello, en esos momentos le iban a traer en un coche hacia León para que le reconocieran. Más tarde, de regreso en los autocares, nos dijeron que se había recuperado.
En el patio de las escuelas nos reunimos todos y se entregaron los premios a los ganadores de la prueba. Luego hicieron un sorteo de regalos y a mí me tocó una camiseta con el anagrama del Yordas. A la vez se repartieron pastas con refrescos y mistela. En el cielo se seguían alternando nubes y claros.
Poco después de las 18:00 horas nos dirigimos hacia los autocares para comenzar el regreso a León. Ahora lo hicimos subiendo el puerto Panderruedas y ya en Riaño nos incorporamos a la ruta de ida. Yo iba fotografiando desde el autocar diferentes picos conocidos que veíamos, como el Yordas, Las Pintas, Moro o Peña Corada. Sin novedades avanzamos hasta Mansilla y luego a León donde entramos sobre las 20:00 horas. En Santa Ana hizo una parada y allí quedó Luis. El resto continuamos hasta Santo Domingo donde tenía la moto en la que regresé a casa.
De esta manera transcurrió una jornada más de montaña, en esta ocasión con el Grupo de Montaña Yordas. Salvo la incidencia reseñada, y que al final supongo que no fuese a más, el resultado general fue de lo más agradable. Personalmente, y en esta ocasión no tengo motivo de queja, no me gusta salir con tanto personal ya que hay que ir a ritmo de ellos, que suele ser muy fuerte, y no disfruto lo que quiero de las rutas.





























lunes, 8 de mayo de 2006

"HUERTO DE DIABLO SUR", "COLINAS" Y "RANCHÓN". (Puerto Ventana) 07-05-06

 


1ª ASCENSIÓN A LOS PICOS “HUERTO DEL DIABLO SUR” Y “RANCHÓN”. 2ª ASCENSIÓN AL "COLINAS”.

07-05-06         (Domingo)

Una nueva salida de montaña del club “Cumbres de León” para ascender a una cumbre programada dentro del calendario anual, el pico Colinas. La misma se completó con la subida a otras dos cimas cercanas, el Huerto del Diablo Sur y el Ranchón, situadas más al norte, entre éste y Ventana.
En Guzmán nos reunimos parte de los participantes y el resto se agregó al comienzo de la carretera de Caboalles. En total 11 personas éramos los apuntados a la ruta de este día: Luis, José Antonio, José Luis, Jaime, José Ramón, Coral, dos amigos de José Antonio llamados ambos Alfonso y yo. Agregamos a estos a Ricardo, que nos esperaba en San Emiliano y a Fernando, que lo haría cerca del puente de la autopista y completamos la lista. En los coches de José Ramón, Luis y el de Alfonso emprendimos el viaje poco después de las 8:00 horas. El cielo nublado no presagiaba nada bueno. En La Magdalena entramos en la autopista para evitar el pantano y ya fuera de ella se nos unió Fernando. En pocos minutos llegamos a San Emiliano donde estaba Ricardo esperando. Algunos entraron a tomar un café y no tardando reemprendimos el viaje hacia el alto del puerto de Ventana, 1587 m. Antes de él, en un desvío hacia un camino de la derecha, dejó el coche Ramón ya que la intención era terminar la ruta allí.
Pasadas las 9:30 horas llegamos al alto del puerto. El cielo continuaba nublado y hacía bastante frío. En pocos minutos nos preparamos y emprendimos la ruta por una pista hacia el Este. A los pocos metros vimos una fuente con pilón de piedra. Alfonso llevaba una perrita que se metió en el barro. En una bifurcación cercana cogimos el camino de la derecha que comenzó a serpentear por la ladera arriba. Al otro lado de la carretera comenzaba la ladera del Ferreirua cuya cumbre no tardamos en divisar.
La ruta más corta para subir al Colinas era desde donde habíamos dejado el otro coche, aunque se subía mayor desnivel. Desde allí lo había hecho yo hace unos años y por eso decidimos cambiar el itinerario, aunque no sé si fue buena decisión tras la paliza que luego nos dimos.
Poco a poco fuimos ganando altura siguiendo en todo momento el camino bien marcado. Así alcanzamos una especie de collada entre el valle Asturiano y el Leonés al lado del Peñón de Ventana. Desde allí tuvimos una amplia vista del pico Colinas tapado en parte por la niebla. El camino continuaba ahora por la cara sur del macizo y se encontraba cubierto de piedras. En la zona existían varias minas y estos eran usados para su comunicación. Algo más arriba vimos una especie de canal también empedrado que comenzaba al lado del camino y caía hacia la parte asturiana.
El camino se fue difuminando y se convirtió en sendero que alcanzó lo alto de una loma. Por allí recorrimos varios metros hasta que se metió de nuevo en la falda del macizo con dirección a otra collada donde sacamos unas fotos. Por la parte norte del pico Melluque fuimos subiendo a través de una pendiente canal con neveros hacia otro collado. En la parte alta de este pico se veía a Fernando mientras que a José Luis no le veíamos desde que salimos. Al llegar al final de la vaguada aquella nos encontramos con una zona de dolinas u hoyos rodeados de varias cimas. Ambos Alfonso decidieron dar la vuelta allí ya que tenían intención de volver a León a comer. Así lo hizo también Jaime, que no iba en buena forma.
Nuestro objetivo era el Colinas y para ello había que bordear varias cumbres hacia la collada de Rebezo. El cielo seguía cubierto y la cumbre de este pico tapada por la niebla. Algunos se habían encaminado hacia la cima sur del pico Huerto del Diablo. Como vimos complicado acceder al Colinas en esas condiciones, optamos por llegar al menos a esta otra cumbre. Nos encaminamos entonces ladera arriba hacia la misma donde ya se encontraban algunos compañeros. Por la parte de Asturias se había cerrado la niebla y ya cubría todos los valles.
A las 11:40 horas alcanzamos esta cima de 2168 m en la que había una cruz metálica con un buzón adosado y una placa. En el buzón dejamos nuestra tarjeta y sacamos una foto. Allí estábamos todos salvo José Luis, que ya había marchado hacia el Colinas. Tras sopesar las opciones y visto que continuaba cerrado de nieblas, decidimos en principio acercarnos hasta la cumbre del Ranchón, allí cercano. Descendimos por la cara contraria hacia unos hoyos cubierto de nieve. En las laderas del pico había otros neveros que no sabíamos si estarían helados. Cada cual optó por cogerlo por un lugar diferente. Por mi parte bajé hasta el fondo de la hondonada para coger una pequeña cresta sorteando la nieve. Algunos se acercaron hasta un portillón que caía hacia Asturias mientras Fernando subía por lo mas empinado. Poco a poco fui ganando altura a través de la ladera rocosa precedido de Luis, que había subido el tramo anterior por otra pendiente. Alcancé un pequeño collado entre este pico y el Pachón desde el que me encaminé a la cumbre. No tardé en ver a los compañeros que se habían acercado hasta el portillo y que me alcanzaron en este tramo. A las 12:40 horas llegamos a esta cubre del pico Ranchón cuya altitud es de 2162 m.
En la misma había un curioso buzón metálico y redondo que giraba entre dos láminas que formaban una flecha con el tubo de lo sostenía. En él estaba la placa con el nombre, altitud, nombre del club que lo puso y la fecha. Al igual que antes, dejamos nuestra tarjeta y de éste recogimos otra. También sacamos una foto de grupo con el Colinas de fondo. Por la parte contraria se entreveía en la niebla la cima de Peña Rueda. Aquí me enfadé un poco con algunos que solo van a subir y andar sin disfrutar de nada. Enseguida querían continuar hacia el Colinas y les dije que “ellos mismos”. Yo de momento iba a bajar hasta el collado de Rebezo y luego ya vería si subía o no. El problema era que hasta este collado se perdían casi 200 metros y hasta la cumbre del Colinas había que subir otros 315 metros.
Comenzamos a descender hacia este collado por la empedrada ladera entre el Ranchón y el Pachón. Hasta entrar en una vaguada que caía hacia el collado y la vega de Rebezo. Estando bastante abajo comenzaron a escaparse chispas de nieve y durante un rato se mantuvo este panorama, aunque curiosamente se abrían más claros en el cielo. Así llegamos a la parte baja de la vega desde donde se comenzaba a subir el Colinas. También aquí hubo divisiones a la hora de coger la ruta de ascenso entre dos crestas que subían. Algunos lo hicimos por la cresta que caía hacia el valle de Torrebarrio y que confluía con otra que subía de éste por la que la vez anterior habíamos subido nosotros. Yo me lo tomé con calma aunque iba bastante ligero. Delante iban José Antonio, Luis y Coral. Al lado de la cresta vi una gran grieta cubierta parcialmente por nieve. También encontramos numerosos vestigios de trincheras de piedras.
A las 14:35 horas y con el podómetro marcando 7,370 Km, llegué a la cima del Colinas, cumbre de 2215 metros de altitud. Cercano se alzaba el paredón norte del pico Prado con una altura de 2364 m. El personal ya se había acomodado para comer y así lo hice yo también. En el valle contemplamos Torrebarrio y de fondo varias de las cumbres de Somiedo, entre ellas el Montigüero hace poco ascendido por el club. Incluso por la parte asturiana se había abierto la niebla y pudimos ver completamente la cara sur de Peña Rueda.
Cómodamente comimos a la abrigada, ya que no hacía lo que se dice calor además de soplar algo de viento. Luego, como ya hiciéramos anteriormente, dejamos nuestra tarjeta de cumbres en un bote entre piedras, ya que aquí no había vestigio alguno de punto geodésico, cruz, etc. Sacamos la foto en la cumbre y a las 15:40 horas emprendimos en descenso. Optaron por hacerlo siguiendo una vaguada de la parte suroeste. Para llegar a la collada tuvimos que bajar por la cresta empinada y de no muy fácil descenso. Sorteando las rocas y pasos mas complicados llegamos a este collado. Cerca de él vimos un agujero que pasaba la roca y daba vista al valle. Los primeros en bajar ya estaban bastante distanciados mientras que por detrás quedamos José Antonio, Luis y yo. La pendiente era bastante pronunciada pero cómoda de bajar. Pasamos varios pedreros, algunos de los que me gustan a mí, con roca fina por los que bajo corriendo. A media altura vimos también algunos manantiales en torno a los cuales crecía el musgo. Poco a poco fue apareciendo tras las cumbres del Prado y los Fontanes la de Peña Ubiña. Por la parte norte de ellos se veía ahora la niebla pegada a las crestas.
Así llegamos a una pequeña vaguada que daba paso a un alto conocido como La Cerra. En la cima estaban los compañeros y tras subir unos 30 metros alcanzamos la misma. Desde allí podíamos ver las cumbres del Prado y de Peña Ubiña Grande así como la del Colinas. A partir de allí fuimos por la parte alta de dicho cerro que bajaba hacia la carretera a la altura del camino donde habíamos dejado el coche de Ramón. Aunque en general se iba descendiendo, no era constante el mismo. Por el contrario, pasamos una serie de montículos que bajamos y subimos siguiendo casi siempre la parte alta del llamado Monte Valtarón. En el mismo cruzamos entre varias vacas pastando y un enorme toro. Entre escobas y pequeñas praderías avanzamos hasta el último montículo. Echando la vista atrás pudimos ver ahora prácticamente toda la ruta realizada desde el mismo puerto de Ventana. A la vista teníamos todas las cumbres ascendidas y las bordeadas. Con la cámara saqué varias panorámicas de ello.
En el último tramo nos metimos entre matorral espeso y me separé del resto. Bajé hasta una casa y me encontré con una alambrada de espino complicada de atravesar ya que detrás había una pendiente. Continué paralela a ella y además subiendo de nuevo en busca de algún lugar apropiado para sortearla. Al final tuve que arrastrarme bajo ella y bajé hacia el arroyo que poco antes había pasado el resto. Tras buscar un lugar para atravesar también éste, al final lo hice corriendo y pisando en el mismo arroyo cerca de otra cabaña en ruinas.
Enseguida salí al camino y en pocos minutos llegué a la carretera donde ya estaba el resto de compañeros salvo Luis, Ramón y Fernando que habían subido con el coche de éste último a por los otros. Eran las 18:20 horas y el podómetro marcaba 14,130 Km.
En cuanto bajaron con los vehículos nos pusimos en marcha hacia San Emiliano donde quedaba Ricardo. En el bar estuvimos tomando un refrigerio y sobre las 19:00 horas salimos hacia León. El cielo estaba ahora bastante despejado. Entramos de nuevo en la autopista hasta La Magdalena y sin novedades llegamos a la capital sobre las 20:00 horas.
Buena paliza nos dimos en esta ocasión, aunque el esfuerzo mereció la pena por los paisajes vistos y disfrutados. Al fin y al cabo, al menos para mí, es lo principal de estas excursiones.