lunes, 14 de abril de 2003

LAGUNA VERDES (Torre de Babia) 13-04-03

 




1ª TRAVESÍA “TORRE DE BABIA-LAGUNA DE LAS VERDES”.

13-04-03   (Domingo)

Tras un aplazamiento de la salida de dos días que teníamos preparada nosotros al pico Cerezales, en Burgos, por falta de participantes, además de la mala previsión del tiempo, nos decidimos parte del grupo a añadirnos a esta actividad organizada por la APA del colegio Santa Teresa, a la cual pertenece José Antonio, socio de nuestro club y por quien nos enteramos de la misma. Esta consistía en una sencilla ruta desde Torre de Babia a la Laguna de las Verdes y regreso, con un total de unos 12 kilómetros. De nuestro club, además de José Antonio, fuimos otras seis personas: Jorge, Sonia, María, Antonio, Eva y yo.
A las 9:10 horas aproximadamente salí con la furgoneta de casa para recoger a Antonio en Guzmán y a Eva en la gasolinera de Eras. Desde allí nos acercamos hasta el aparcamiento de La Palomera de donde salíamos a las 10:00 horas. Jorge, Sonia y María fueron en el coche de ésta ya que no sabían si quedarían plazas libres en el autocar o no. Al final solo quedaba una de las 34 del microbús y fueron los tres en el coche. Cuando salimos eran casi las 10:30 horas.
Por la comarcal llegamos a La Magdalena donde entramos en la autopista hasta pasar el pantano de Luna y salir luego de nuevo a la carretera. El cielo completamente nublado y amenazante de lluvia que se iba conteniendo de momento. Así llegamos a Torre de Babia donde nos preparamos para la ruta. Como vi que tardaban los del coche, les llamé al móvil. Resulta que se habían desviado hacia San Emiliano a tomar un café.
Por nuestra parte, y ya pasadas las 11:30 horas, emprendimos la marcha atravesando este largo pueblo donde en el que aún se pueden ver los restos de la torre circular en el medio de prados y huertas. A la salida nos encontramos con nuestros compañeros que habían entrado con el coche hasta allí mismo. Ya juntos continuamos por el camino que salía de Torre hacia el valle por el que baja el río de Torre que teníamos a nuestra derecha.
La vista comenzaba a ser realmente bonita se mirase a cualquier lado que fuese. Algunos caminos salían hacia la parte baja, pero nosotros siempre seguíamos hacía arriba guiándonos de las señales que marcan esta conocida ruta de la zona de “Cuatro Valles”. La pendiente no era fuerte salvo algunos repechos cortos que se salvaban sin dificultad.
Poco a poco fuimos girando hacia la izquierda siguiendo la dirección del cauce del río. Destacar la gran cantidad de cascadas que caían de todas las laderas que bordeaban dicha vaguada circundada por numerosos picos de escasa altura. De esa forma llegamos a una braña con corral donde se terminó el camino y comenzamos a subir algunas laderas de mayor declive. Yo me encontraba en baja forma y me costaba subir a pesar de lo sencillo de la ruta. Ya iba con ganas de llegar a la laguna.
A nuestra izquierda comenzamos a ver el pico Montigüero y esto me recordó enseguida que esta laguna ya la había visto yo en la salida de la ascensión a Peña Orniz desde una de las colladas que teníamos a la derecha. No lo había relacionado hasta ese momento. Además y como se lo comenté a los que íbamos juntos, en una foto que tengo de la laguna y el pico desde la collada, éste tiene una vista curiosa; por un lado parece una tortuga, y por otro la cabeza de un dinosaurio. Desde allí apenas se cogía la perspectiva.
Tras llegar a lo alto de aquella loma vimos la laguna al fondo del valle y teníamos que bajar hacia ella. Por entre roca descendimos unos metros hasta llegar al cauce del arroyo que bajaba de ella y que hubo que atravesar. En pocos minutos nos encontramos en la orilla de la laguna. Eran las 13:45 horas.
Ya el personal estaba acomodándose para comer a la abrigada de unas rocas cercanas a la misma orilla. Igualmente nosotros hicimos lo mismo salvo Antonio, que ya había llegado antes y estaba subiendo por un nevero en la ladera del pico. La laguna se encuentra encerrada en un circo de cimas como la Peña Salgueiro, Peña Chana, Punta la Sierra y el mismo Montigüero, que con sus 2186 metros, es el mas alto de ellos. Por detrás de este macizo, y hacia el norte, contemplábamos la cumbre de Peña Orniz.
Por la ladera del Montigüero veíamos ascender a tres personas en medio de un pendiente nevero que les hacía ir lentos. Al final vimos como desistieron y descendían. El fuerte viento que soplaba hacía bonitos efectos en la superficie de la laguna. El cielo se ennegrecía cada vez más y las cimas se iban cubriendo de nieblas. Por ello no tardamos en ponernos de regreso, ahora por la parte contraria del valle.
Para ello ascendimos una pequeña loma donde el viento corría con fuerza exagerada y se había puesto a granizar. Jorge se puso un poncho y le advertí de que tuviese cuidado con el viento. Pues bien, minutos después vimos como numerosos trozos amarillos volaban por todas partes dejándole con tan solo la parte delantera y tan sorprendido que no reaccionaba. Lo que nos pudimos reír en ese momento. Claro, todos menos él, aunque no se lo tomó mal; no había remedio.
Tras esta divertida anécdota continuamos ladeando por la parte contraria de la ida. Los granizos que caían a ratos, unidos al fuerte viento, mancaban realmente en la cara. Las numerosas cascadas hacían del paisaje algo realmente bello. Nosotros íbamos quedando de los últimos, aunque sin perder el ritmo del resto. Pasamos buenos ratos entre bromas, “chorradas” de unos y otros etc. Los pies frío de María en la anterior excursión también salieron a relucir, como no.
Con todo ello llegamos al camino que baja de la collada Cueña y que es el que une Torre con La Cueta. Por él continuamos valle abajo viendo de continuo saltos de agua de gran caudal. Yo cogí un cardo con dos bolas que sirvieron para continuar el pitorreo durante el resto de la ruta. Que si tenían picos, que si estaban caídas etc. Incluso querían pisármelas, vamos, lo que faltaba.
Ya bastante abajo llegamos hasta el cruce con el camino que antes habíamos usado para subir. En él pillamos a una joven con una niña de tres años que ya iba cansada. Con los bastones que llevaban Antonio y Jorge la cogieron en volandas durante un rato y Antonio a hombros otro poco.
Alrededor de las 16:45 horas llegamos al pueblo. Allí tenía el coche María y ellos quedaron. Nosotros teníamos que continuar casi otro kilómetro hasta el final. Cerca del río vimos un antiguo molino ya en ruinas. Poco después entramos en la calle cementada por la que recorrimos los últimos metros hasta donde estaba el autocar. Tenían pensado subir hasta la iglesia para merendar un poco y demás, pero se estaba echando a llover y decidieron salir enseguida y parar en Huergas de Babia. Los otros tres también quedaron en ello y así comenzamos el retorno.
En este pueblo entramos en un bar a tomar unas consumiciones y estuvimos un rato de charla tras lo cual volvimos a ponernos en marcha. Durante el regreso no dejó de llover hasta casi llegar a León. Además se había oscurecido bastante y la niebla cubría todas las cimas. Para amenizarnos puso la peli “El show de Truman”, aunque no daba el viaje para verla entera.
Ya en la ciudad hubo que hacer algunos rodeos por causa de las procesiones y al final no pudo entrar en el aparcamiento de por la mañana, dejándonos a unas calles de él. Aquí nos despedimos del resto y cogí la furgoneta con la que acerqué a Antonio a casa antes de llegar yo a Armunia.
Y de esta forma terminamos otra grata actividad montañera, esta vez aprovechando una excursión de la Asociación de Padres de Alumnos del colegio Santa Teresa, a los cuales agradecemos habernos admitido y felicitamos por el resultado.














domingo, 30 de marzo de 2003

LAGUNA DE LOS PECES (Intento Peña Trevinca) 29/30-03-03

 


INTENTO DE ASCENSIÓN A “PEÑA TREVINCA”.

29/30-03-03

Hemos realizado este fin de semana la primera salida del año de dos días. Nuestro objetivo, no alcanzado al final, era la cumbre de Peña Trevinca, en el límite de León y Zamora por la zona de Sanabria. El mal tiempo casi nos impidió iniciar la marcha, que al final quedó convertida en un paseo de unas dos horas en total. Pero bueno, el resto de lo acontecido compensa esta adversidad.
Tras preparar y concretar horarios de salida, el alojamiento y demás, llegó el sábado indicado. Los 15 participantes, que luego quedamos divididos en dos grupos, éramos los siguientes: José F., Carmen, Miguel, María, Antonio, Carlos, Cristina, Pablo, Emilio, Merce, José Antonio, Gelo, Sheila, Javier, y yo. Por su parte, Miguel, Gelo y Sheila marcharon por la mañana. Yo no sabía que éstos dos últimos iban a ir y lo supe cuando ya estábamos allí. Igualmente Javier, el tocayo mío, fue la mañana del domingo. El resto salimos todos juntos el sábado por la tarde.

SÁBADO 29
A las 18:30 horas estábamos Carlos Gil y yo esperando por los demás compañeros en el cruce de la carretera de Zamora con la que sube a Armunia desde Antibióticos. Ellos habían quedado de reunirse en Guzmán y recogernos a nosotros en este lugar. No tardaron en llegar en los coches de Cristina, José F. y Emilio. Nos pusimos en marcha para ir por la carretera comarcal de La Bañeza en vez de la nacional hasta Benavente. Yo iba en el coche de José con María y Carmen. El viaje fue realmente ameno entre divertidas ocurrencias, chistes y demás comentarios. Atravesamos Santa María del Páramo, La Bañeza y llegamos a Castrocontrigo. Tras éste comenzamos a subir el puerto que limita las dos provincias y cuyo nombre no sé en este momento. Ya anochecido entramos en Zamora de bajada hacia Sanabria. Nosotros íbamos delante y vimos un cruce hacia El Puente. Paramos para que nos viera el resto, pero pasaron delante sin detenerse. Continuamos entonces hasta el casi llegar a Puebla de Sanabria donde nos desviamos hacia el lago. Teníamos que coger luego el desvío de Vigo de Sanabria, pero me equivoqué y nos metimos hacia Pedrazales, teniendo que retroceder de nuevo a la carretera y seguir hasta el cruce correcto.
Eran las 21:00 horas cuando llegamos a este pueblo donde teníamos reservadas habitaciones en el hostal “Forcadura”, el mismo en el que dormimos el año pasado en la travesía nocturna a la cascada de Sotillo. Aquí surgió una pequeña desavenencia. Carmen y José F. habían reservado habitaciones en una casa rural de Trefacio y Antonio quería unirse a ellos aunque tuviese que pagar también la reserva del hostal. Claro, nosotros habíamos reservado ya las cinco habitaciones, y si marchaba alguno subía el importe a pagar cada uno. Al final dejamos que se fuese sin más y dividimos los 90´00 € que nos costaba el alojamiento entre los 8 que quedábamos.
Las habitaciones tenían dos camas pequeñas o una de matrimonio. Sin problemas nos distribuimos en ellas quedando Carlos y yo juntos en una. En la misma terraza de la vez anterior nos acomodamos para cenar tranquilamente mientras comenzaba a llover. En ella hay una mesa y varias sillas donde estuvimos un buen rato. Tras terminar decidimos acercarnos hasta un bar del pueblo donde tomamos unas consumiciones. En la tele estaban echando la peli “Mr. Bean” y pasamos un rato de risas bueno. Había que tener en cuenta que durante esa noche se adelantaba el reloj una hora, y que había que madrugar al día siguiente, así que no tardamos en volver al hostal.
Por no variar, no faltaron los pitorreos típicos de estas ocasiones. Nuestra habitación daba con la de Merce y María, y no dejábamos mutuamente de dar golpes en la pared. Por su parte, María decía que tenía los pies fríos, pero no dejaba que fuésemos a calentárselos un poco. Con lo formales que somos. Total que era mas de la una cuando se fue calmando la cosa e intentamos dormir. Y digo intentamos porque, yo al menos, entre el ruido que hacían las tuberías de la calefacción, la almohada a la que no me hacía y demás, me desperté en más de una ocasión. Pero bueno, así pasó la noche y dieron las 8:30 horas.

DOMINGO 30
A esa hora me levanté y el resto también poco a poco. Algunos ya estaban arriba e incluso Emilio había marchado con el coche a dar una vuelta. Nos fuimos componiendo y desayunamos en la terraza. Por el móvil me avisó Javier de que ya había llegado y quedamos en encontrarnos arriba en la Laguna de los Peces. El día estaba peor que el anterior y las nieblas cubrían toda la parte alta de la montaña; además estaba incluso lloviznando.
Tras el desayuno y demás, fuimos bajando para abajo. Habíamos quedado con José, Carmen y Antonio a las 9:30 horas para salir de allí. Pues bien, a esa hora no apareció nadie. Con el móvil me puse en contacto con ellos y me dijeron que estaba de camino. Con veinte minutos de retraso llegaron, lo que me mosqueó bastante, ya que encima se lo tomaban a chufa.
Casi a las diez emprendimos el trayecto hacia la Laguna de los Peces, desde donde comenzaríamos el ascenso. Con Miguel y los demás no pudimos ponernos en contacto en ningún momento. Al llegar a ella vimos el coche de éste aparcado, pero ni rastro de ellos. Igualmente estaba mi tocayo, al que se le había quedado el coche sin agua por culpa de un corte en una goma. Allí estaba con un chofer de un autocar arreglándolo.
El panorama era igual de malo o peor que abajo. Las nieblas cubrían las cimas y la lluvia ya era intensa. La mayoría ya vimos desde allí que no íbamos a poder subir, ya que la ruta era larga y algo complicada. Desde la laguna había que ascender hasta una collada para luego descender hacia la Vega de Conde por la que transcurre el río Tera desde su cabecera. En la misma se encuentra Peña Trevinca a la que se accede después de ascender toda la falda de no poco desnivel. Aún así, sobre las 10:30 horas emprendimos la marcha por un sendero hacia la izquierda del comienzo de la laguna.
A través de encharcados prados fuimos ganando altura pasando al lado de un refugio, de pastores seguramente. Así alcanzamos la cima de una loma que daba paso a otra vaguada por la que comenzamos a subir en grupos divididos. Unos siguiendo el cauce del arroyo, otros por la parte izquierda y el resto íbamos por la ladera de la derecha. Como digo, el terreno era un auténtico humedal ahora además lleno de escobas. Las botas y los pantalones ya me chorreaban por todos los lados. No había llevado polainas y ahora me arrepentía.
Encontramos también algunos cauces cubiertos de nieve en los que había que tener cuidado de no hundirse al pasar. En la parte alta veíamos dos hitos de piedras apiladas hacia los cuales nos dirigimos todos, cada uno por donde iba. En uno de ellos nos reunimos casi todos, ya que hubo quien ya había dado la vuelta. La niebla se había cerrado por completo y no se veía en pocos metros. Llevábamos una hora algo larga y no habíamos llegado aún a la cima del primer collado. La opinión general, aunque con alguna pequeña discrepancia, era que no se podía seguir con ese panorama. Si hubiese pasado como en el Tambarón, que sabíamos que era siempre subir y subir, hubiese sido otra cosa, pero aquí teníamos que perder mucha altura al pasar por la Vega de Conde, incluso más que la que ahora íbamos a ganar, así que decididamente optamos por abandonar el intento y comenzar el descenso, muy a pesar de todos, eso sí.
De esa forma empezamos a descender por los mismos lugares de antes y con el ánimo un poco bajo ya que, tras haberla preparado bien y haber pasado la noche allí, se nos había “chafado” el ascenso. Del resto seguíamos sin tener noticias, ya que era imposible comunicarnos con los móviles por falta de cobertura de ellos, no nuestra que sí teníamos.
De bajada pasamos al lado de otro refugio de pastores, éste en pésimas condiciones. A su lado había incluso una batería de coche, restos de una antena y demás basura. Por allí bajábamos Cristina, Pablo y yo. De nuevo pisando los encharcados prados volvimos a descender hacia la laguna donde llegamos sobre las 12:30 horas. Por detrás quedaron varios que aún tardaron un rato en llegar. Allí estaba el autocar que anteriormente había dejado a un grupo y ahora llegaba otro de personas algo más mayores que venían simplemente a ver la laguna y que casi ni se bajaron del vehículo.
Yo les propuse, aún a sabiendas de que no iban a acceder como así fue, una alternativa para no perder el día. Era ésta hacer la travesía del cañón de Forcadura, que partía de allí mismo y que ya habíamos hecho algunos en otra ocasión. Sería bajar con dos coche a Vigo y dejar uno allí para subir con el otro los conductores. La ruta, toda de bajada, termina en ese mismo pueblo y luego se subiría con el coche a por el resto. Pero como digo, no fue aceptada ya que el personal iba muy empapado ya y sin ganas.
Con las mismas, y tras cambiarnos de ropa, emprendimos el descenso con los coches. Javier decidió regresar directamente a León ya que no se fiaba mucho de que le respondiera el suyo. El resto bajamos hasta llegar a San Martín de Castañeda donde nos detuvimos unos minutos para ver el monasterio por fuera, ya que estaba cerrado. Mientras, íbamos decidiendo donde parar a comer. Al final terminamos parando en El Puente y nos sentamos en los bancos de una plaza aprovechando que ahora no llovía. Era la misma plaza donde habíamos visto la feria de la cerámica la vez de la travesía nocturna. En ellos comimos relajadamente y tras ello entramos en un bar cercano a tomar el café.
Estando allí recibimos la llamada de Miguel diciendo que ya estaban ya bajando con el coche. Minutos después llegaron y nos contaron un poco su aventura. Habían pasado la noche en el refugio cercano al embalse de la Vega del Conde y que es de la empresa Endesa. Hasta allí les había llevado el día antes cuatro horas nada menos. Claro, desde él les quedaba lo peor de la subida, que tampoco pudieron hacer por culpa de la climatología. Mientras fueron a comer a otro bar cercano, continuamos nosotros en éste contando chistes y demás anécdotas varias. Igualmente hicimos las cuentas de la salida.
A media tarde emprendimos el regreso a León. Durante éste nos dio por cantar canciones típicas de campamentos y otros tarareos parecidos con los que pasamos otro rato divertido. Decidimos volver por la carretera del puerto del Peñón, que por cierto yo no conocía. Transcurre ésta por un bonito valle del que se tiene una amplia vista desde el mismo puerto donde paramos una media hora. Muy cercanos a éste se encuentra el pico Vizcodillo, al que ya hemos ascendido en varias ocasiones. Igualmente se divisan varias cumbres de picos de la zona de Sanabria de donde veníamos. Aproveché para llamar a casa y hable con mi hermana un poco.
A continuación arrancamos y bajamos la empinada pendiente de la vertiente leonesa. En ella encontramos varios desprendimientos de piedras en medio de la carretera que había que sortear. Al final del puerto se encuentra el desvío de la pista hacia el lago de Truchillas y el pueblo de Truchillas algo después. En él paramos unos minutos ya que querían sacar unas fotos de la bonita arquitectura que tiene.
De nuevo en marcha pasamos por debajo del Cristo de Valdavido con dirección a Castrocontrigo en el que habíamos quedado en parar a tomar un chocolate en Santocildes, como ya casi es tradición cuando pasamos por éste. Acompañamos al mismo con unas tostadas de pan que realmente nos supieron a gloria. Y tras esto nos quedaba el último tramo a León. El cansancio se hacía sentir a pesar de haber realizado apenas una mínima parte de la ruta. Comentábamos que casi estábamos más cansados que cuando se sube a algún pico. Durante este último tramo ya veníamos como digo casi dormidos en el coche. Pasamos por La Bañeza y Santa María y al llegar al cruce de Villanueva del Carnero nos desviamos para entrar a Armunia por la carretera de Santovenia. A las 21:15 horas aproximadamente me dejaron a mí en casa.
Personalmente he pasado un fin de semana realmente inolvidable. Creo que más que destacar de él la adversidad de no haber conseguido alcanzar el objetivo, se me han grabado los buenos momentos de risas, buen humor y jovialidad que hemos tenido, tanto en el viaje como en el hostal especialmente. En esta ocasión me compensa de buen grado ese contratiempo. Con ello se demuestra que el montañismo no es solo la montaña, si no el compañerismo de los que la practican y su buen humor. Ojalá no faltase nunca en las salidas que hagamos de aquí en adelante.

VIGO DE SANABRIA







AL FONDO LA LAGUNA DE LOS PECES


EL PUENTE (SANABRIA)

PUERTO PICÓN

lunes, 17 de marzo de 2003

SIERRA DE GISTREDO (Villar de las Traviesas) 16-03-03

 


1ª travesía por la “sierra de gistredo”.

16-03-03        (Domingo)

Un domingo más hemos vuelto a salir para disfrutar del bello entorno de la montaña. La zona elegida esta vez ha sido la bonita Sierra de Gistredo, en las cercanías del pueblo berciano de Toreno. La ruta escogida transcurría por dos valles recorridos por sendos torrentes, el arroyo Velasco y el río Primout. Como referencia llevábamos un mapa muy escasamente detallado de la ruta y otro geográfico que nos sirvieron de bastante poco como se verá luego. Así y todo conseguimos realizar la ruta más o menos marcada pero solo parte del grupo participante. De todo ello doy cuenta en las siguientes líneas.
A las 8:00 horas había quedado con Miguel y Carlos Gil para salir de mi casa. Pues bien, Miguel se retrasó y Carlos no llegaba. El móvil no lo tenía activo y a casa no quería llamar a esas horas, ya que lo más lógico era que llamase él en caso de retrasarse. Pues bien, los dos nos acercamos con mi furgoneta hasta Guzmán donde habíamos quedado con el resto. Estando allí me llamó Carlos para decirme que se había dormido y que le esperásemos donde sus padres, en la avenida Párroco Pablo Díez. Hasta allí nos acercamos y aún tuvimos que esperar otros diez minutos largos antes de que llegase. Total que eran ya casi las 9:00 horas cuando nos pusimos en marcha.
En los coches de Jorge, Emilio y mío nos acomodamos las 11 personas participantes que enumero: los tres conductores, María, Miguel, Merce, José F., Sonia, Ángel, Carlos y Pedro. Ángel es un joven que hace años salió con nosotros en un par de ocasiones, la ascensión al Colinas y la del Picón. Tras un tiempo sin salir, se puso en contacto con nosotros para acompañarnos en alguna ocasión. Pedro es un amigo de éste.
Con el cielo nublado fuimos avanzando por la nacional hasta Astorga donde entramos en la autovía. Por la misma circulamos hasta el desvío de Toreno, donde los de delante se equivocaron y entraron por Bembibre antes de coger la carretera estrecha y llena de curvas hacia este pueblo. Ya allí, y estudiando el mapa y la ruta, decidimos subir con los coches hasta Villar de las Traviesas en vez de comenzarla allí en Toreno. De esa forma nos evitábamos un tramo de unos 7 kilómetros de subida por carretera ya que luego podíamos atajar hasta ese pueblo desde Librán, evitando así otro trecho de asfalto. Con los coches nos acercamos entonces hasta Villar donde nos indicaron el comienzo de la ruta y aparcamos los coches. Tras prepararnos nosotros, comenzamos a caminar cuando pasaban unos diez minutos de las 10:30 horas.
Como dije ya antes, el mapa que llevábamos era muy simple y las indicaciones del señor anterior poco nos habían aclarado salvo el comienzo de la misma. Según mis cálculos, la ruta transcurría por el valle del arroyo Velasco, entre el alto de Escrita y La Colombrilla. Pues bien, hasta llegar a este valle dimos un rodeo de miedo por la ladera del primer cerro siguiendo el camino que nos habían indicado y que, tras subir varios metros, volvió a perder altura tontamente. Comprobamos así que hubiese sido mejor haber salido directamente del pueblo siguiendo el arroyo.
Al llegar a éste nos encontramos con que el camino lo atravesaba mientras que de él salía un sendero con la misma dirección de la vaguada. Optamos entonces por seguir este último ya que el objetivo primero era llegar a la collada del fondo de la misma. Aquí cometimos el principal error, ya que había que haber seguido el camino que luego vimos como llegaba hasta el mismo alto del pico Gistredo, por el que se podía pasar luego fácilmente a la collada.
De ese modo nos metimos en el valle por el sendero paralelo al arroyo que tuvimos que sortear en infinidad de ocasiones. A veces era sencillo, pero otras no lo era tanto ya que las piedras resbaladizas no eran una buena base para saltar. Eso sí, el entorno era realmente bello. Pudimos disfrutar con las innumerables cascadinas que se formaban en el curso del mismo y de la vegetación donde destacaban los árboles con los troncos cubiertos de enredaderas formando caprichosas formas. Cuando había que pasar el arroyo en lugares complicados, no faltaban las cámaras de fotos preparadas para captar alguna instantánea que mereciera la pena. ¡Qué malos!
Cada vez se iba cerrando más la vegetación en trono a nosotros hasta que llegó un momento en que nos fue imposible seguir el cauce. El sendero se había perdido también y no veíamos más salida que la de comenzar a subir ladera arriba. Entre la opción de hacerlo por la derecha o la izquierda, escogimos este última viendo que prácticamente daba lo mismo.
Aquí comenzó realmente el suplicio. La pendiente era muy pronunciada, pero lo peor era la espesa vegetación de escobas e incluso zarzas que nos iban dejando marcados a cada paso. Cada uno fue subiendo por donde y como mejor pudo. A veces era desesperante ya que era imposible apartar tanto ramaje. Esto además iba aumentando el cansancio propio de la subida en sí.
Según íbamos ganando altura se fue abriendo cada vez más la espesura y avanzábamos más cómodamente. A la otra parte del valle veíamos el mismo panorama y en lo alto divisamos ya la cumbre del Gistredo. Nuestro objetivo ya dije que era alcanzar la collada entre éste y el Valdemorín para descender desde allí a Pardamaza y seguir la ruta de regreso por la carretera.
A mitad de ladera nos juntamos Jorge, Sonia, José, Merce, Emilio y yo. Del resto no sabíamos nada desde hacía un rato que se habían adelantado. Emilio iba con ellos pero había esperado por nosotros. Suponiendo que iban por delante, continuamos nosotros el ascenso por aquella ladera en la que ahora se veían numerosos pinos pequeños repoblados. Ya bastante arriba encontramos una especie de camino en el que vimos varias cajas de madera ya desarmadas usadas en la repoblación. Poco después dijo no sé quien que había alguien en la parte alta del arroyo, pero muy por debajo de nosotros. Pues bien, con los prismáticos comprobamos que se trataba de Carlos, lo cual nos desconcertó mucho. A través del móvil supimos que estaban todos juntos y que, en vez de haber subido como nosotros, fueron ladeando para evitar las maleza sin ganar apenas altura. Ahora se encontraban con que la pendiente era aún mayor y seguían teniendo el problema de las escobas. Al final decidieron abandonar la idea de subir y regresaban al pueblo desde allí. Un detalle chocante era que los tres conductores de los coches estábamos juntos arriba, por lo que no tenían medios de usar vehículo alguno.
Por nuestra parte, y ya estando tan cerca de la cima, no podíamos abandonar ahora la ruta. Recorrimos entonces los pocos metros que nos quedaban hasta alcanzar la parte alta de aquel macizo por donde que vimos que transcurría un camino. No estábamos en la collada que queríamos, si no en la otra parte del alto Valdemorín. La vista desde allí era ya amplia del valle de Toreno con la nueva autovía que une éste y Ponferrada y el pantano de Barcena al fondo.
Pocos metros nos separaban del alto aquel donde había un pinar tras el cual se abría la vista hacia el valle de Pardamaza y toda la sierra de la zona de Villablino al fondo. Realmente una panorámica bonita la que teníamos desde allí. Seguimos el camino que iba al lado del pinar hasta que se internó en éste y comenzó a descender por la otra parte. Estábamos al lado contrario de la collada a la que teníamos que haber llegado. Decidimos entonces parar allí mismo a comer. Eran las 14: 00 horas mas o menos y la altitud allí es de 1494 metros.
Nos acomodamos al lado del camino para comer y descansar un poco de la agotadora subida. Yo aproveché y llamé a casa desde el móvil. En ello estábamos cuando llegó un matrimonio de mediana edad que había subido cómodamente por el camino aquel desde el mismo pueblo que nosotros. Resulta que ese camino bordea las cumbres en las que estábamos por la parte contraria. También ellos estaban despistados, ya que buscaban una fuente que realmente estaba en la base del pico Gistredo, justo en la parte opuesta. Como apenas les quedaba agua, les llenamos la botella con la nuestra.
Unos 45 minutos después de parar nos pusimos de nuevo en marcha. Nos quedaban aún unos 14 kilómetros de los 20 o 22 que al final calculo que hicimos. La ruta entera eran 26 Km.
Ahora bajábamos por la pista aquella con bastante pendiente y completamente recta. Íbamos con dirección a Pardamaza donde cogeríamos la carretera. Tras unos 700 metros recorridos vimos como giraba a la izquierda para continuar bajando más suavemente por el medio de la ladera. Hacia adelante seguía una especie de cortafuegos. Yo dudé entonces por donde seguir, pero ellos siguieron el camino y así lo aprobé de momento. Tras unos 500 metros recorridos vi que el camino no bajaba hacia donde tenía que estar el pueblo. Con las mismas optamos por retroceder y subir de nuevo hasta el cruce con el cortafuegos por el que decidimos bajar. La pendiente, como digo, era bastante pronunciada, pero se bajaba fácilmente. Temíamos que se terminase en algún corte o algo parecido, aunque mi opinión era que, si la máquina había hecho aquello, tenía más lógica que hubiese subido por algún lugar en vez de bajar y luego subir por el mismo sitio.
Pues bien, mi lógica no era tal. De repente vimos como se terminaba el cortafuegos y continuaba la ladera llena de vegetación como por la parte de subida. Además la inclinación era realmente exagerada. Tras haber bajado todo aquello, no nos quedó más remedio que atacarlo como pudimos. De nuevo nos tocó pelear con zarzas y ramas que nos arañaban las manos y la cara. Además de ello nos encontramos ahora con trechos en los que había algo de roca resbaladiza donde había que extremar la precaución. También encontramos algunos pedreros por donde bajamos más fácilmente. Lo que seguíamos temiendo, y que por fortuna no sucedió, era encontrarnos de repente con algún corte que no pudiéramos pasar por lado alguno y hubiese que retroceder. El tiempo ya no nos sobraba para tener que andar con más retrasos.
Hora y media tardamos en bajar desde la cima hasta alcanzar la carretera que iba hasta Pardamaza y por el cual no teníamos que pasar al quedar ya por detrás a un kilómetro más o menos. Eso sí, al llegar al asfalto di un beso a la carretera en señal de haber terminado aquel suplicio. Repito que aún así, las vistas y el paisaje mereció la pena dicho esfuerzo.
Nos quedaba aún disfrutar de otro trecho destacado de la ruta, la garganta del río Primout. La carretera transcurre por la ladera del valle de dicho río quedando éste a mano derecha. La misma traza varias curvas y va ascendiendo suavemente durante un tramo hasta alcanzar el punto más alto desde el cual hay una vista panorámica del cañón. Realmente es precioso el rincón aquel, aunque la brumilla que había lo deslucía un poco. El río se encajona durante unos pocos metros ya cercano a Librán, pueblo que teníamos también a la vista. Paramos unos minutos a disfrutar de este entorno antes de seguir, ahora bajando hacia el pueblo.
Desde éste parte la senda que nos habían dicho en Villar que unía los dos pueblos. Lo que sí veíamos era que el pueblo quedaba más bajo que la carretera, por lo que supusimos que el camino o senda tenía que partir de la misma. Claro, veíamos alguno que otro, pero no podíamos arriesgarnos a esas horas a coger uno equivocado. Otra opción que teníamos era seguir por la carretera hasta Toreno, a unos tres kilómetros, pero luego había que subir por los coches a Villar o encontrar a alguien que nos subiera al menos a un conductor.
Jorge y Sonia se habían adelantado mucho y tuve que llamarles al móvil para que esperasen y juntarnos todos. Sonia había contactado con el resto que estaba en Toreno. Cuando vimos pasar un todoterreno le paramos y preguntamos a la pareja que iba sí eran de por allí y si sabían de donde partía el camino a Villar. Nos indicaron que salía de la carretera unos 500 metros más atrás y que en una media hora o 45 minutos llegaríamos al pueblo. Para asegurarnos, montó Sonia en el vehículo y la acercaron hasta ese desvío. De nuevo tuvimos que retroceder por segunda vez y ascendiendo. El camino resulto ser uno que habíamos visto antes y que José había dado como posible. Nos metimos en él a las 17:45 horas aproximadamente.
Comenzamos a subir por entre prados donde crecían gruesos castaños. El sol, que a lo largo del día había estado a ratos cubierto por brumas, ya se encontraba bastante bajo. A lo lejos pudimos ver un curioso efecto en los picos. Dos cimas formaban una “M” y el vértice central de ella coincidía con la cima de otro pico mas cercano formando una “X” perfecta.
El camino aquel comenzó a bordear diferentes lomas, lo cual nos recordó mucho al camino de la ruta entre Burbia y Campo del Agua o la del Volframio. Ahora veíamos las cimas del Escrita y Valdemorín por la parte contraria a la que nosotros habíamos subido. En ocasiones nos encontrábamos con un joven que estaba con un perro y un todoterreno y que nos iba también indicando el camino. Aunque no había mucha pérdida, encontrábamos algunos cruces o desvíos.

En una de las vaguadas que bordeamos se encuentra un antiguo cargadero de una mina. Pasamos por encima de éste y por debajo de la mina. Antes de llegar al pueblo llamé a Carlos para ver donde estaban. Me dijo que nos esperaban en un mesón de Toreno donde llevaban ya un buen rato.
Tras pasar alguna loma que otra más, llegamos por fin a Villar de las Traviesas. Eran las 18:45 horas. Entramos justo por el camino donde yo tenía la furgoneta aparcada y de donde habíamos partido por la mañana hacia el otro valle. Los otros los habían dejado más en el centro del pueblo y continuaron. Me quité la mochila y bajé a reunirme con ellos. Estuvimos un rato mientras se deshacían del equipaje y demás y emprendimos la bajada hacia Toreno.
Allí aparcamos los coches y en el mesón encontramos al resto que se habían tomado varios vasos ya. Nosotros también nos refrigeramos un poco y comentamos un poco con ellos el transcurso de la marcha. Tras ello hicimos las cuentas de la gasolina y emprendimos el regreso a León sobre las 19:45 horas. Recorrimos los 12 kilómetros por carretera hasta coger la autovía en Bembibre. Sin novedades llegamos a Astorga donde salimos a la nacional por la que entramos en León. Aquí dejé a Ángel y a Pedro y con Miguel llegué a Armunia poco después de las 21:00 horas.
Y con ello di por terminada otra aventura más de las tantas que he llevado a cabo en los numerosos años que llevo en este maravilloso mundo del montañismo.