lunes, 18 de junio de 2012

NOCTURNA "LA CERVATINA" - "PUEBLA DE LILLO - LAGO DE ISOBA -COFIÑAL" - 16/17-06-12

 


XXI TRAVESÍA NOCTURNA. 3ª TRAVESÍA “LA CERVATINA”.

1ª TRAVESÍA “PUEBLA DE LILLO - LAGO ISOBA - COFIÑAL - PUEBLA DE LILLO” (Diurna).

16/17-06-12

Ya es tradición dentro del club de montaña realizar un par de marchas nocturnas durante la época estival. La primera de este año transcurrió por la ruta de La Cervatina, en Puebla de Lillo. Además, ya de día, completamos el fin de semana con otra ruta entre esta localidad y el lago de Isoba regresando por Cofiñal a Lillo.
Hemos participado seis personas: Marcial, su mujer Charo, Mª Jesús, Álvaro, Tiquio y yo, y un perro, Rex. La previsión del tiempo era regular con alguna previsión de lluvia que sólo se cumplió el domingo por la tarde y muy levemente.

SÁBADO 6
Para no dejar la furgoneta en León, Tiquio pasó a recogerme por casa sobre las 20:00 horas. Nos dirigimos hacia Villaobispo dónde nos reunimos con el resto de componentes emprendiendo el viaje desde allí sobre las 20:35 horas en los coches de Tiquio y el de Marcial. Con el cielo cubierto por nubes y claros avanzamos por la carretera hacia Barrio de Nuestra Señora dónde giramos hacia Boñar. Pasamos por éste y llegamos al pantano del Porma dónde vimos bonitos contraluces al atardecer. En las laderas de la derecha había numerosas torretas eléctricas que están colocando para llevar una línea de refuerzo a la estación de San Isidro.
Así llegamos al desvío de Redipollos en el que se emplaza el camping Las Nieves dónde íbamos a colocar las tiendas de campaña. A él entramos una hora después de salir de León. En el restaurante hicimos la inscripción de entrada y nos indicaron una parcela. Les comentamos las intenciones que teníamos y nos llevaron a una pradera más apartada cerca del río donde no molestaríamos a nadie cuando entrásemos tras la ruta. Nos pusimos a montar las dos tiendas que llevábamos mientras iba anocheciendo y en el cielo se perfilaban las siluetas de las cumbres con una bonita franja anaranjada.
Tras terminar esta tarea decidimos cenar en un parque cercano en el que está la ermita de Las Nieves, al lado de la cual nos acomodamos. En fuente cercana cargamos también las cantimploras para la ruta. De nuevo en el camping nos preparamos para la marcha mochila al hombro y algo abrigados por el fresco nocturno.

DOMINGO 7
A las 23:45 horas nos pusimos en marcha saliendo del camping hacia el pueblo. Por la carretera entramos en Puebla de Lillo diez minutos después viendo un termómetro marcando 10º C. Por las aceras llegamos al centro desviándonos por una calle a la izquierda para atravesar enseguida un puente sobre el río Silván. Minutos después, a las doce en punto, salíamos de Puebla de Lillo por un camino cerca de una fuente y merendero. Unos metros más adelante se encuentra un desvío en el que un cartel de la ruta y mapa nos resumía la misma. Tiene una longitud de 13 Km. (más otros 2 del tramo de ida y vuelta al camping) y es circular, con un desnivel de 285 metros. Está marcada como PR LE-28. Estábamos a 1136 metros de altitud.
Tomamos el ramal izquierdo por el ancho camino entre algo de arboleda y las laderas del pico Susarón a la izquierda. No tardamos en ver una luciérnaga a la que me acerqué para fotografiarla. Más adelante pasamos un tramo rocoso también en esa margen de la pista. Atravesamos un puente y entramos en una zona de cercados de piedras y alambradas. Bajo el camino atravesaban varias tuberías para desagües de arroyuelos y regatos. No tardamos en llegar a la Fuente del Obispo, un merendero situado algo por debajo del camino al que algunos bajamos un momento.
A la 1:10 h. llegamos al punto en el que se desvía el ramal corto de la ruta y que llega al merendero de Pegarúas por el collado de Posadas. Desde este punto, y por la ruta larga, emprendimos una fuerte subida dónde el camino estaba algo más deteriorado y con más irregularidades. De día no ofrecen dificultades, pero por la noche son un continuo obstáculo con el que se van tropezando si no se va atento. Esta pendiente nos llevó a la Vega de Ternillo en la que encontramos un rebaño de vacas entre los matorrales.
Allí entramos en un bosque de hayas que, fotografiados con el flash, salen nítidamente con sus hojas verdes destacando. Íbamos subiendo continuamente con pendiente relativamente pronunciada atravesando arroyos que cruzaban el camino por desagües enterrados. Llegamos al punto más alto de la ruta por debajo de la Peña Solana y situado a unos 1430 metros de altura. Desde allí se desciende suavemente hacia el arroyo de Ruidosos que baja por nuestra izquierda y se pierde por la inclinada pendiente de la derecha formando algunas cascadas a las que la vez anterior habíamos bajado. Eran las 2:00 horas y llevábamos unos 4,5 Km.
De nuevo ascendimos un tramo hasta encontrarnos con un gran roble en el que nos sacamos unas fotos. Más adelante alcanzamos otro punto alto, el Canto del Oso, desde el cual ya se emprende el continuo descenso. Siguiendo la ruta entre el bosque, decidimos Mª Jesús y yo adentrarnos en él en un punto dónde creíamos que se encontraban unos ejemplares de robles de gran tamaño. Al final no los encontramos, aunque resultó interesante caminar entre el bosque a oscuras entre matorrales y árboles.
De nuevo en el camino pasamos cerca de una zona rocosa por la izquierda y entramos en el valle de Támbado donde está el desvío al monte de La Cervatina en el que se emplaza el bosque de Tejos. Eran las 2:40 horas. Hasta él solo hay 400 metros y decidimos acercarnos. Subiendo ligeramente llegamos al cerramiento que lo protege de los animales. Entramos al mismo y bajamos por la ladera hasta encontrar el primer ejemplar de tejo de gran envergadura. Nos sacamos unas fotos alrededor de su tronco antes de buscar el resto de tejos, lo cual no fue fácil. Aunque no están muy lejos unos de otros, en la oscuridad era difícil dar con ellos. Algunos se rindieron y volvieron hacia la salida mientras otros encontrábamos algunos más. De regreso a ésta, los que estaban allí nos dijeron que había un par de lobos en el camino. Pues bien, con cautela avanzamos hasta comprobar que era un mastín agazapado en la cuneta. Enseguida se nos unió a la marcha mientras regresábamos al desvío para tomar ahora el ramal que seguía valle abajo. Con el arroyo de Támbado por nuestra izquierda varios metros por debajo avanzamos perdiendo altura suavemente.
Fue en este tramo dónde comprobé que se me había roto el cierre de la funda de la cámara de fotos. Había sido un gran “invento” desde que lo puse hace varios meses facilitándome la apertura y cierre rápido para sacar la cámara. Las cremalleras se estropean fácilmente y el velcro dura nada y menos. Le colocaré otro igual y a seguir.
Acompañados por el mastín, del que había que separar prudentemente a Rex, fuimos bajando con arboleda por la derecha hasta llegar a la confluencia con el valle de Rebueno, en la que atravesamos dicho arroyo. Paralelos a éste llegamos a una cancilla metálica que pasamos antes de llegar a los restos del caserío de Fonbéa y la fuente del mismo nombre. Allí el arroyo se había separado del camino y quedaba algo por debajo. Eran las 4:30 horas.
Unos pasos más adelante está el área recreativa del mismo nombre y el desvío a la ermita. Entramos al merendero y nos acomodamos en una de las mesas a tomar un tentempié. Se notaba ya el frío más intenso previo a amanecer y por eso nos abrigamos un poco más.
Media hora después retomamos la marcha y atravesamos un paso canadiense de ganado. Pronto vimos por delante de nosotros los primeros claros del alba en el cielo. Al lado del camino había un gran montón de grava y el camino estaba medio asfaltado para uso de las minas de talco que había en otro valle contiguo.
Mas adelante la ruta abandonaba esta pista para girar a la derecha cerca de un refugio. Por la derecha suben las laderas del Pico del Águila y Peña Redonda. Nos situamos ya paralelos a la carretera que sube a San Isidro, aunque bastante alejados. Dejamos atrás una fuente que mana de un tubo mientras por delante el cielo se va aclarando notoriamente. Este camino tiene el firme muy irregular con numerosas marcas de rodadas de los vehículos que lo transitan hacia los prados que tenemos por nuestra izquierda. Una diminuta luna menguante aparece por encima de las lomas del Este mientras ya se nota la claridad en el paisaje. Por la izquierda dejamos atrás las primeras casas de Puebla de Lillo en la carretera, algunas naves y el polideportivo. Habíamos quedado por detrás Mª Jesús y yo y nos detuvimos unos minutos a sacar unas fotos del amanecer sobre las cumbres del Este y de la Polinosa, cubierta por una boina de niebla.
A las 6:35 horas entrábamos en Puebla de Lillo donde encontramos un cartel de la ruta. Cerca del río Silván había unos asientos rústicos, uno de madera y otro de piedra en los que nos sacamos una foto. Poco más adelante pasamos cerca del torreón saliendo a la carretera poco después. Por la acera nos encaminamos hacia el final del pueblo donde el termómetro marcaba 3º C a las 6:47 horas.
Ya fuera de Puebla de Lillo recorrimos el tramo hasta el desvío de Redipollos dónde estaba el camping en el que entramos a las 6:55 h. Allí estaban ya los compañeros que se habían adelantado. A la puerta del restaurante, tumbado, estaba el mastín. Pues bien. Resulta que era el la mascota del camping, el perro de los dueños. El día antes había salido con un grupo de montañeros que iba hacia Tolibia. Claro, como no regresaron, se despistó y fue por la noche cuando le encontramos y se nos unió. Habían incluso contactado con el grupo de montaña y demás para saber de él.
En la parcela nos cambiamos la ropa sudada para meternos en las tiendas. Habíamos llevado dos, una de cuatro plazas y la otra de dos en la que estaban Marcial y Charo. En ella aún estuvimos un rato sacando fotos y de pitorreo antes de quedar en silencio. La claridad era un inconveniente, pero estaba tan rendido que no me costó dormirme. Creo que al resto le pasó lo mismo. Me desperté algunas veces, pero volví a dormir enseguida.
A las 12:00 horas me levanté. El sol lucía claro y solo algunas nubes cruzaban el cielo. Nos fuimos cambiando para hacer una ruta ese día. Por la zona había varias posibles para hacer tranquilamente. Nos acercamos hasta el bar a desayunar un poco, aunque casi era la hora de la comida. De regreso a la parcela desmontamos las tiendas y salimos hacia el centro del pueblo. Allí cargamos agua y Mª Jesús estuvo consultando las posibles rutas para hacer.
Sin mucha decisión nos dirigimos hacia Cofiñal viendo un cartel al lado de la gasolinera y a la altura del indicador de Puebla de Lillo. Bajamos a verlo comprobando que se trataba de una ruta desde allí al lago de Isoba con 6 Km. de longitud lineal. Comentándolo entre todos decidimos hacerla y la podíamos completar volviendo por el desfiladero de Entrevados y Cofiñal, lo que sumaría un total de unos 15 Km. Estaba marcada como PR LE-17
Mochila al hombro, nos pusimos en marcha cuando eran las 14:10 horas. El camino cubierto por hierba subía por la loma entre las carreteras de Cofiñal y de Isoba. Grandes escobas floridas nos escoltaban a ambos lados. Enseguida salimos a un camino más ancho y terroso que hacia atrás volvía a la carretera. Con dirección Norte seguimos subiendo metiéndonos poco a poco entre un bosque de robles de verdor exuberante. Mas adelante se bifurcaba en una curva siguiendo de frente otro ramal menos marcado. No tardamos en salir a una pradera donde el camino se confundía con la hierba. Desde allí tuvimos una bonita vista de Puebla de Lillo y el Susarón. Cruzamos estas praderías para volver a entrar entre el verde bosque dónde nos sacamos una foto de grupo. Dejamos atrás otro ramal en el que las estacas nos marcaron el rumbo adecuado. Comenzamos a ver numerosos helechos que crecían entre el bosque y a ambos lados del camino.
Frente a nosotros se elevaban negros nubarrones que venían del Este y que iban cubriendo el cielo. Salimos del bosque en medio de una ladera que caía hacia la carretera de Isoba y dónde terminaba el ancho camino. Desde allí se podía ver casi toda la parte última de la ruta de La Cervatina por el último valle y el bosque de los Tejos. Nos sacamos otra foto de grupo y comenzamos a bajar bruscamente y de forma considerable por un sendero estrecho y de tierra resbaladiza. En la hierba vimos unas bonitas margaritas de color morado y de gran tamaño.
Frente a nosotros se alzaba una loma a la que Mª Jesús decidió subir. En ella había restos de trincheras de la guerra. Vista esta formación desde el lado contrario nos parecía a unos un gran mastín tumbado y a otros un elefante ¿?. Nosotros emprendimos de nuevo la subida y llegamos a la boca mina de San Andrés en la que nos internamos unos metros. Por esa zona hay numerosas minas de talco ya abandonadas así cómo restos de los edificios de la explotación.
En continuo ascenso por sendero atravesamos luego uno de los caminos más anchos que daban servicio a estas minas. Nos fuimos metiendo en la ladera de la Peña Los Niales que poco a poco fuimos bordeando hasta casi unirnos a la carretera de Isoba. De hecho, Marcial y Charo salieron a ella para hacer el tramo hasta el lago. Nosotros seguimos el sendero que en pocos minutos nos situó encima del mismo. Mientras Mª Jesús decidía seguir por él, nosotros optamos por bajar a un refugio cerca del lago para comer. A él llegamos cuando eran las 16:30 horas y tras 6 Km. desde Puebla de Lillo.
Nos acomodamos en el porche del mismo y comimos tranquilamente mientras el cielo se nublaba cada vez más. En unas peñas por encima del lago veíamos a Mª Jesús también sentada y suponemos que comiendo.
Una hora más tarde reanudamos la marcha bordeando el contorno del lago por su parte Sur. Allí se encuentra un chozo de pastores en el que nos sacamos unas fotos antes de proseguir la marcha. Frente a nosotros se alzaba la Peña San Justo hacia la que nos dirigíamos para meternos en la hoz de Entrevados. Por el mismo baja el río Isoba encajonado entre rocas que forman saltos donde pueden verse numerosas cascadas no muy grandes pero sí bonitas. Dejamos atrás una cuadra de ganado y travesamos un puente de madera metiéndonos desfiladero abajo paralelos al río. En esos momento se echaba a llover y durante unos minutos se mantuvo, aunque no muy fuerte.
Desde el lago íbamos siguiendo parte del sendero marcado como “PR-LE 27.1 Entrevados – Valle de Pinzón”. Hacia atrás veíamos claramente la pirámide del pico Torres en San Isidro. Entre matorral bajo y arboleda fuimos perdiendo altura, aunque algunos tramos eran cuesta arriba. El firme era muy irregular con numerosas rocas en medio. En esos momentos comentamos que para hacerla de noche habría que ir de continuo mirando al suelo y con “siete ojos”.
Poco a poco fuimos girando de Sur a Este encontrándonos algunos pedreros que cruzaban el sendero hacia el río. En ese tramo se encuentra el desvío al Pozo de las Leña, un bonito rincón con una cascada también digna de postal. Las mujeres decidieron bajar a verlo. Yo ya lo conocía y no me apetecía tener que subir luego otra vez. Nos sentamos unos metros más adelante, en la fuente de La Herrumbrosa, a esperar.
Ya en la parte baja encontramos tapias delimitando los prados cercanos al camino. Pasamos un puente y nos situamos paralelos a la carretera del puerto de Las Señales a la que salimos unos metros más adelante. Por ella caminamos unos 200 metros antes de meternos de nuevo a un camino por la derecha. A la entrada de Cofiñal volvimos a la carretera cuando eran las 19:35 horas.
Atravesamos el pueblo viendo su gran iglesia construida sobre un peñón de roca. Salimos del mismo y poco después cruzamos sobre el río Porma. Siguiendo el trazado serpenteante de la carretera fuimos recorriendo el último tramo de la ruta. Por delante emergió la mole del Susarón y enseguida las primeras casas de Puebla de Lillo. Justo frente al indicador del pueblo teníamos aparcados los coches a los que llegué a las 20:15 horas.
En un momento monté un “mercadillo” con la ropa tirada en el suelo para cambiarme. Se nos veía ya un poco cansados, y no era de extrañar teniendo en cuenta que habíamos hecho 30 Km. desde las 12 de la noche durmiendo poco más de 4 horas.
En un bar cercano nos tomamos un refrigerio, coca cola con donuts, buena combinación. Hicimos las cuentas de la salida y a las 21:20 horas nos poníamos en marcha hacia León. Al poco de pasar Puebla de Lillo comenzó a llover, aunque no fue mucho. Los negros nubarrones sobre las cimas le daban al paisaje un tono bonito y a la vez lúgubre. Dejamos atrás el pantano del Porma y Boñar. En Barrio de Nuestra Señora giramos para venir de nuevo por esa carretera. Una hora después de salir llegábamos a Villaobispo dónde quedaba Álvaro. Allí nos despedimos también de Charo y Marcial y Tiquio nos traía a Mª Jesús y a mí hasta Armunia dónde llegábamos poco antes de las 23:00 horas.
Sin duda resultó un fin de semana perfecto en el que, además de la ruta nocturna programada, lo completamos con una segunda no menos interesante. 

































lunes, 28 de mayo de 2012

XVI ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES - "PEÑA CERREOS" (Torrebarrio) - 27-05-12

 


XVI ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES.

MEMORIAL “FERNANDO ALGORRI”.

1ª ASCENSIÓN A “PEÑA CERREOS”. (Torrebarrio).

27-05-12                 (Domingo)

Como cada último domingo de mayo, si no hay cambios por alguna causa, hemos celebrado el Encuentro de Montañeros Leoneses. Ya son 16 años los que llevamos haciéndolo y esperamos que continúe muchos más y con al menos tan buen acierto como este año. En esta ocasión ha sido organizado por el Club Yordas, además de la Delegación Leonesa de Montañismo. Para ello han elegido la comarca de Babia y concretamente la localidad de Torrebarrio, punto de partida para cualquiera de las dos opciones de ascensión que había, Peña Ubiña o Peña Cerreos. De nuestro club Cumbres de León íbamos José Antonio, Juan, Álvaro y yo.
Comenzamos la jornada con una incidencia que nos retrasó casi una hora a los que íbamos en uno de los tres autocares que partían de León capital. Tras emprender el viaje a las 8:00 horas de Guzmán, no habíamos llegado a Azadinos cuando el vehículo se quedó sin cambio de marchas. Tras una espera de unos 45 minutos llegó otro autocar y a él nos cambiamos. No quedó ahí la cosa, ya que al nuevo le fallaba el cierre de la puerta trasera y hubo que hacerlo manualmente quedando poco ajustada al final. Por las rendijas se colaba algo de fresquillo que molestaba un tanto a los que se sentaban cerca de la misma.
Casi a las nueve de la mañana retomamos la marcha hacia La Magdalena donde cogimos la autopista para dejar atrás la mayor parte del pantano de Luna. En poco más de una hora llegamos a Torrebarrio, 1260 m, dónde aún estaban numerosos compañeros de la marcha por allí. Otros ya habían emprendido la misma al llegar antes. Además de los autocares de la capital, también había de la provincia dónde tienen la sede numerosos clubes de montaña.
A las 10:15 horas emprendimos la marcha Juan, Álvaro y yo atravesando el pueblo con dirección Este. Pronto quedó Juan detrás y avanzamos los dos hacia la iglesia, aunque de haber leído la descripción hubiésemos sabido que no hacía falta subir a ella. Desde ella vimos cómo el personal iba por una pista más al Norte a la que se podía acceder desde allí perdiendo unos metros. Estuvimos pensando en continuar por la cresta, que era el camino normal antes de hacer dicha pista, pero optamos por seguir al grupo principal y bajamos al encuentro de ella.
Con una bella vista del pueblo y la iglesia y algo después del barrio de Cubiechas, fuimos ganando altura con la mole de Peña Ubiña frente a nosotros. Serpenteamos por la ladera siguiendo su trazado y subiendo algunos tramos de fuerte pendiente. En el cielo solo algunas nubes rondaban, aunque la previsión para las próximas horas no era halagüeña.
Cuando la pista describe una curva cerrada a la izquierda, una señal de la ruta de Cuatro Valles nos marcaba el sendero hacia el collado El Ronzón. A él nos incorporamos para seguir subiendo entre los prados bajo las paredes y canales de Peña Ubiña. Atravesamos una zona de grandes piedras desprendidas de las mismas y subimos de nuevo algunos trazados de gran inclinación. Serpenteando por la ladera entre matorral bajo y cargado de flores amarillas vamos acortando la distancia al paso entre las dos Ubiñas. Frente a nosotros tenemos ahora la pequeña de ellas, programada para octubre en nuestro Encuentro Cumbres de León.
Poco a poco se va ampliando el paisaje con numerosas cumbres de la zona de Somiedo y el puerto de Ventana. No tardamos en ver el cordal por el que el domingo pasado habíamos andado nosotros con las cumbres del Corralines, Peña Correa, etc. Algunos pueblos como Riolago emergen en el valle que sube a Villablino. Además de Torrebarrio, en el que estábamos se ven Genestosa y Villargusán.
Atravesamos algunos pedreros ya con el collado del Rozón a la vista. Hacia él suben innumerables sendas que vamos cogiendo siguiendo la mejor opción y menos costosa. Antes de llegar puede verse un cerco de rocas redondo en medio de la pradería. Ya cerca del mismo vemos cómo se reúnen bastantes participantes en otro paso algo más elevado por encima del peñón de La Carba. Hacia él nos encaminamos atravesando el primero de los escasos neveros que ya quedan de la temporada invernal.
A las 12:15 horas llegábamos a esta cota de 1942 metros con amplias vistas hacia el Este. Una hilera de montañeros subía por el espolón sur de Peña Ubiña mientras otros descendían hacia el collado de Terreos para ascender a Peña Cerreos. Hasta el comienzo de la fiesta en Torrebarrio teníamos 5 horas escasas y a la cumbre de Ubiña nos restaban otros 500 metros. Tanto a Álvaro como a mí nos daba igual una opción que otra, y la Ubiña nos iba a quedar un poco ajustada. Por otro lado, él no había subido nunca a Peña Cerreos..... y yo tampoco. Pues bien, durante toda la marcha, y así quedaría reflejado en las grabaciones, estaba convencido de haberla subido una vez hace unos años. Resulta que, mirando luego los archivos en casa, he comprobado que realmente lo que había subido era Piedra Nidia, la cota situada en el mismo cordal pero más al Este. Total que decidimos irnos hacia ella y así lo hicimos tras tomar un tentempié en el collado.
Por un sendero de la cara Este de Ubiña comenzamos a descender hacia el collado aún lejano. Atravesamos un gran pedrero y un nevero antes de llegar a éste cuando eran las 12:45 horas. habíamos perdido 100 metros desde el Ronzón y nos restaban unos 220 metros para la cumbre. Paralelos a una alambrada que dividía las provincias leonesa y asturiana emprendimos la subida de esta loma del Cerreos con pendiente nada desdeñable. Por encima se veía una hilera de personas también subiendo y algunas que ya comenzaban el descenso y con los que luego nos cruzamos. Por allí alcanzamos a Irene y otra compañera suya. El sendero describía pequeños zigzag que aligeraban este desnivel. En las cresta alta de Ubiña se veía otra serpiente de montañeros que llegaban a la cumbre también visible.
A las 13:25 horas alcanzamos la cima de Peña Cerreos, cuya altitud es de 2101 m. En la misma encontramos aún bastantes compañeros de marcha acomodados y comiendo. Nos sacamos unas fotos en la cima y dejamos nuestra tarjeta en el buzón, del que recogimos dos, antes de ponernos también nosotros a comer. A la vista teníamos todo el macizo de Ubiña, desde la pequeña hasta Los Fontanes pasando por la Puerta de Arco, Castillines y el Siete. Más al Norte emergía el Fariñentu, Siegalava y Tapinón. Alguien mirando por unos prismáticos comentó que se veía incluso el puerto de Gijón y luego con el zoom de la cámara saqué lo que parece el dique. Girando más al Sueste teníamos el Cirbanal, Tres Marías etc, etc. Por el Noroeste se iban cerrando los nubarrones que daban testimonio del cambió anunciado.
Al final quedamos solos en la cima Álvaro y yo, aunque al poco llegó otro joven. A las 14:20 horas emprendimos el descenso siguiendo el mismo sendero. Aún nos encontramos con algunas personas subiendo antes de llegar al collado Terreos. Desde él, en vez de dirigirnos en línea recta al Ronzón, optamos por ganar altura allí mismo y luego llanear, mas o menos. Era una bonita postal la que formaban las verdes praderas cargadas de flores blancas y amarillas destacando en ellas.
Volvimos a atravesar el pedrero y neveros antes de coger el sendero hacia la collada. Antes nos encontramos de nuevo con Irene y la compañera y nos sentamos unos minutos en la hierba con ellas. A las 15:10 horas llegamos al Ronzón dónde estaba José Antonio así cómo Luis Antonio y Marisa. Nos detuvimos unos minutos allí antes de emprender el descenso hacia Torrebarrio. Siguiendo el sendero marcado entre los pedreros perdimos altura ya con las nubes tapando el sol, aunque ahora parecían menos amenazadoras.
Sin novedades llegamos a la pista por la que continuamos el descenso unos metros más. Decidimos entonces Álvaro y yo abandonarla para bajar por la ruta habitual siguiendo el alto de una loma con grandes formaciones rocosas que sorteamos destrepando a veces y haciéndolo más ameno. En la parte baja vimos un rebaño de ovejas con dos perros acostados en la hierba. Pasamos entre escobas floridas y dejamos atrás una zona con restos de muros de piedra. Entre dos grandes moles vimos el camino por el que bajaba la gente. Volvimos a ver a Irene y nos sacó una foto allí encaramados.
Ya cerca de la iglesia pasamos al lado de un colmenar de abejas con gran cantidad de estas. Sin molestarlas las dejamos atrás y enseguida llegamos a esta ermita cuando eran las 16:40 horas. En la fuente cercana nos refrescamos y bebimos antes de seguir bajando ahora por el camino cementado. A los pocos metros me di cuenta que había olvidado la gorra y tuve que subir a por ella.
Ya en la parte baja vimos de dónde partía la pista. Repito, si hubiésemos leído el folleto no habríamos subido por la mañana. En pocos minutos entramos en Torrebarrio cuando eran las 16:50 horas. Por sus calles lo cruzamos hasta la carretera subiendo por la misma con dirección al puerto. A las afueras estaban los autocares aparcados y a ellos llegamos a las 16:55 horas.
Nos cambiamos allí mismo y nos acercamos hasta un local cercano de la Junta Vecinal en el que ya sonaba música tradicional a cargo de un trío de jóvenes de la zona. La parte gastronómica consistía en bollo babiano y unas pastas, todo aderezado por vino, refrescos o mistela. Al son de la música algunos nos animamos a bailar y animar la fiesta. Por allí estaban también Arancha y Esteban, antiguos compañeros del club, y algunos conocidos más. Por parte de Buzzi se dijeron unas palabras y presentó a la candidata por León a la presidencia de la Federación Autonómica.
Ya pasadas las 19:00 horas nos fuimos acercando a los autocares que minutos más tarde se ponían de regreso a los diferentes lugares de destino. En la cima de Ubiña Grande se comenzaba a cerrar la niebla. Tras pasar bajo el puente colgante enlazamos con la autopista de nuevo y ya en La Magdalena abandonamos la misma para hacer el último tramo hasta León por la carretera. A las 20:30 horas llegábamos a Guzmán dónde terminábamos esta jornada destacada de montaña dentro del calendario anual.














lunes, 21 de mayo de 2012

CORRALINES - PEÑA CORREA - ALTO DE LAS LAGUNAS - CAMPO LAMOSO (Abelgas de Luna) - 20-05-12

 


1ª ASCENSIÓN A “LOS CORRALINES”, “PEÑA CORREA”,

“ALTO DE LAS LAGUNAS” Y “CAMPO LAMOSO”. (Abelgas).

20-05-12                    (Domingo)

Con tres meses y medio de retraso hemos vuelto a intentar la ascensión a Peña Correa, esta vez con éxito y ampliado con algunas cumbres más de la sierra en la que se emplaza. En esta ocasión decidimos emprender la subida desde Abelgas, en vez de Salce.
En Guzmán nos reunimos los cuatro participantes de esta salida: Álvaro, José A., Mª Jesús y yo, partiendo de allí a las 8:00 horas en mi furgoneta. En una hora llegamos a Abelgas, 1261 m, en el que aparcamos al lado de la ermita. Allí nos preparamos para la ruta mientras en el cielo se alternaban los claros y las nubes. Mochila a cuestas, emprendimos la marcha cuando eran las 9:20 horas por el valle de La Güeriza.
Enseguida entramos en un desfiladero dónde encontramos varias huertas al lado del arroyo y con unas tapias bajas de piedras que nos separaban de las mismas. Tras un tramo por el camino llegamos a un puente de piedra por el que atravesamos el riachuelo. A la salida del pequeño encajonamiento nos desviamos a la derecha abandonando la pista hacia un atajo algo más empinado y empedrado por el que subimos unos metros hasta salir de nuevo al camino tras evitar una curva.
Por este camino a media ladera del valle nos dirigimos hacia el Oeste mientras nos íbamos metiendo bajo la Peña Castillo. De continuo describíamos curvas siguiendo la orografía del terreno entre grandes escobas cargadas de flores amarillas. A medio valle cogimos una bifurcación un poco menos marcada que atravesaba el cauce para entrar en las praderías. En la parte alta veíamos una especie de edificio al que suponíamos se dirigía la pista principal. Nosotros llegamos poco después a la cabaña de La Vouga, 1400 m, otro refugio con un corral adyacente en la base del espolón Este de los Corralines. Eran las 10:40 horas.
Desde este punto comenzamos la verdadera ascensión encontrando cada vez mas roca en el terreno. Un sendero más o menos marcado nos iba guiando, aunque era difícil equivocarse. Unos metros más arriba nos encontramos lo que parecía los restos de un chozo redondo. La vista hacia atrás era amplia contemplándose el valle completo y algunas cumbres en la lejanía. En la parte contraria del valle veíamos el collado de Remansadero o Campo Lamoso, al que habíamos llegado en febrero. El verdor del paisaje era realmente intenso. Poco a poco fuimos notando el frío viento que soplaba del Norte y que iba acercando cada vez más los negros nubarrones de esa parte. Hubo que abrigarse un poco con el gorro y demás.
Zigzagueando por la empinada ladera fuimos ganando altura hacia una pirámide rocosa por encima de nosotros. Al llegar a un punto comenzamos a ver la nave ganadera y el refugio en el que habíamos estado comiendo en aquella ocasión. Nos acordamos entonces del paisaje totalmente nevado y cerrado de niebla que tuvimos aquel día y lo casi imposible que nos hubiese sido alcanzar la cumbre de haberlo intentado.
Poco a poco fuimos descubriendo también la gran cantidad de fósiles que se encuentran en esta zona. Vimos numerosas piedras a las que se les habían compactado ramas que ahora eran totalmente pétreas. Era curioso compararlas con los palos cercanos viendo la gran similitud entre éstos y los fosilizados.
Ya terminando la parte más pendiente atravesamos una zona de canaletas por las que trepamos sin dificultad alguna. La pendiente se hizo más llevadera tras este tramo al situarnos ya en la cresta de la sierra. José Antonio y Álvaro ya se habían adelantado y les vimos poco después en los picachos frente a nosotros. Escasos minutos después, cuando eran las 12:10 horas, llegábamos Mª Jesús y yo a la cima de los Corralines, 2011 m. En la misma había un hito de piedras entre el cual recogimos una tarjeta y dejamos la nuestra. Al Oeste, tras un cresterío considerable, teníamos nuestro principal objetivo, Peña Correa. Por el Norte corría el valle de Valverde, ruta también habitual para llegar a estas cumbres, y tras él numerosos picos de la sierra del Penouta que se emplazaba frente a Peña Correa.
En esta cumbre nos sacamos unas fotos y descansamos unos minutos. Apunto aquí que uno de los mapas que llevábamos tenía varios fallos en los datos, entre ellos la ubicación de esta siguiente cumbre. Según el mismo, la emplazaba en lugar del pico Formigones, aún más al Oeste, y dejaba sin nombre la real. También el siguiente, el Alto de las Lagunas, lo movía hacia un espolón que entraba por la mitad del valle. Vamos, como para fiarse.
Una media hora estuvimos allí antes de emprender el paso hacia el siguiente objetivo. En este tramo tuvimos que abandonar varias veces la parte alta de la sierra para rodear algunos riscos poco fiables e incluso infranqueables. Fue allí dónde pasamos bajo el único nevero de la marcha. Estaba al Norte y se mantenía con la nieve bastante endurecida. Este tramo entre ambas cimas se nos hacía un tanto pesado ya que tiene una longitud considerable. Desde el último collado se asciende una larga loma al final de la cual se encuentra la cima de Peña Correa.
A las 13:50 horas llegaba a la misma en la que otro hito de piedras marcaba la cumbre. También entre ellas encontramos un bote con tarjeta y dejamos la nuestra allí. Nos sacamos unas fotos en la cima antes de bajar un poco a la abrigada para comer. Hacia el sur, sobre la capital, se veían grandes cortinas de lluvia. Llamé yo a casa confirmándome que había descargado una tormenta hacía pocos minutos. Por el norte seguía cerrándose cada vez más y soplaba el viento más fuerte.
Eran numerosas las cumbres que se podían ver desde aquella altitud de 2067 m. Cercanas teníamos ahora el Penouta o La Cañada y hacia el Norte, apenas visibles entre las nieblas, todas las de la zona de Somiedo así como las dos Ubiñas, de las que solo la pequeña era visible. Al Este podíamos ver el Fontún, la Peña Portilla, Llamargones, Cerro Pedroso, Cirbanal, etc. Por el Oeste atisbábamos el Tambarón y el Nevadín entre otros.
A la abrigada comimos tranquilamente mientras comenzaban a escaparse la nieve en forma de granizos pequeños. Comentamos la posibilidad de subir al Formigones, de altitud similar a éste, aunque por mi parte no tenía muchas ganas. Me habían dado ya algunos pinchazos en las piernas subiendo y prefería no forzar. Había que bajar 120 metros a un collado y remontarlos luego.
José Antonio enseguida echó mochila al hombro y emprendió la marcha. El resto quedamos un rato allí disfrutando del paisaje y descansando cómodamente. La nieve dejó de caer enseguida y se abrían claros, aunque veíamos que eran pasajeros. Mª Jesús se había puesto un gorro tipo “Peruano” con numerosas lanas de colores colgando que le hacía parecer la cabeza de una muñeca de trapo.
A las 15:30 horas emprendimos nosotros el descenso hacia el collado sur. Habíamos decidido bajar todo el cresteo hasta llegar al collado de Remansadero. Perdimos altura hasta este cota remontando luego la ladera del Alto de las Lagunas. Por debajo veíamos a José Antonio que bajaba por el espolón intermedio hacia el Pozo de las Joyas, una laguna que habíamos visto en la cabecera del valle ya anteriormente.
Pasamos entre escobas y matorral bajo mientras íbamos viendo parte del valle del arroyo del Valle, valga la redundancia. Por éste teníamos que haber salido de Salce realmente para haber hecho más factible aquel día la subida, aunque las pendientes hacia él no tenían desperdicio alguno. En su cabecera se emplaza el pico La Cañada, ascendido por el club el pasado año, aunque yo no pude ir.
En pocos minutos alcanzamos la cima del Alto de las Lagunas con 2036 metros. Eran las 16:00 horas. También allí había un cúmulo de rocas entre las que vimos un bote con tarjeta. No nos quedaban más a nosotros y dejamos un papel a modo de ella. Desde aquel punto vimos parte de Salce y en la lejanía la punta de uno de los pilares del puente colgante de la autopista.
Con la amenaza de nuevo de los negros nubarrones emprendimos el descenso hacia otro collado tras el cual subimos un picacho más pequeño que en el mapa lo marcaba como La Cuerda, aunque en el “bueno” venía más al Este. Estando en esa zona comenzó a nevar de nuevo y el viento se intensificó. Era curioso ver ahora delante de nosotros grandes cortinas formadas por la ventisca y los rayos de sol que se colaban entre los nublados. Tras el paso de este frente se abrieron claros y nos dio el sol de lleno otra vez.
Desde esta pequeña cima atravesamos diagonalmente hacia la cresta principal por la que emprendimos la marcha. Al contrario que la parte de subida, de roca caliza compacta y blanca, esta otra sierra estaba formada por piedra suelta mucho más vieja y cubierta por el verdín típico de esa naturaleza. Ahora estábamos encima del Pozo de las Joyas y lo rodeábamos por la parte alta. En una pradera cercana se veía un refugio de colores vivos, paredes blancas con tejado rojo destacando en el verde.
Sin novedades seguíamos cresteando pasando algunos tramos un poco por debajo. Bajamos luego entre unas grandes rocas hasta el collado anterior a una gran torreta hacia la cual emprendimos la remontada. Desde allí se podía bajar a enlazar con un camino algo más abajo, que era lo que yo suponía que íbamos a hacer, pero al final decidimos seguir el cresteo y en pocos minutos llegamos a la torreta sujeta con grandes vientos. Pensábamos que era de antenas, aunque no se veía ninguna. Luego supimos que era para medir el viento de cara a los molino eólicos de la zona. Por eso sí se veían numerosos aparatos giratorios a diferentes alturas.
Fue nada más dejar atrás este punto cuando comenzamos de nuevo a sufrir otra ventisca, esta vez más fuerte. Los copos helados nos daban de lleno en la cara y llegaban a molestar traídos además por el viento frío norteño. Por eso evitamos el paso por la parte alta y nos refugiábamos al sur, donde se seguían viendo las grandes colgaduras de nieve. Como anteriormente, tardó unos minutos en pasar dejando de nuevo más claros. Nos metimos a la cresta aunque el viento sí seguía azotando.
Así llegamos al pico Campo Lamoso con una altitud de 1936 m. Allí no nos llegamos a detener ni dejamos señal alguna, aunque sí lo consideramos como cumbre “importante” ascendida. Desde ella se podía ver Salce completamente. Descendimos unos metros hasta una altiplanicie más herbosa y salpicada en los laterales con unas grandes formaciones rocosas. Desde el final de la misma pudimos ver también parte del puente de la autopista así como algunos retazos del pantano de Luna.
Con el collado de Remansadero ya a la vista emprendimos el descenso por una ladera llena de matorrales bajos que de momento no nos incomodaron. No sucedió lo mismo tras haber perdido unos metros de altitud. Allí nos pusieron en un aprieto las escobas que cada vez eran mas altas. Visto que nos íbamos a meter en “la boca del lobo”, decidimos ladear en línea recta de nuevo hacia la cresta sin perder ni ganar altura. Sin llegar a alcanzar ésta, procuramos ir pegados a la zona rocosa para evitar precisamente la molestia de los matojos. Allí dejamos atrás y por encima otra torreta metálica de gran altura.
Viendo que por debajo había un claro no lejano, Álvaro se decidió a atajar nuevamente metiéndose entre la maleza. De momento le dejamos que fuese él solo a ver cómo se desenvolvía. Comprobamos que avanzaba sin dificultad y entonces nos echamos Mª Jesús y yo tras de él. Sorteamos estas escobas sin mucha dificultad y salimos a dicho claro ya muy abajo. Encontramos entonces un reguero con un buen chorro de agua que debía de manar poco más arriba. Allí mismo tuvimos que atravesar una alambrada de pinchos tras la cual nos sacó a una pradera muy encharcada. Cada uno por donde mejor lo vio fuimos avanzando hacia el refugio al que llegamos tras atravesar de nuevo otra alambrada y pasar junto a un pequeño estancamiento de agua. Eran las 19:10 horas y estábamos a 1500 metros de altitud.
Hasta el refugio había llegado un joven en una moto y con él estuvimos charlando unos minutos mientras reponíamos fuerzas con fruta, chocolate y agua. Sin mas retrasos retomamos la marcha hacia el Norte dónde se emplaza el collado en sí. Por el ancho camino llegamos al mismo encontrándonos con un encajonamiento entre rocas que nos dio paso al valle de la Güariza por el que habíamos subido. Emprendimos el descenso a la vera de la Peña Castillo mientras teníamos una amplia vista de la cabecera del valle con las cumbres de Corralines y Peña Correa.
El camino transcurría bajo las laderas y paredes de la Peña Castillo dando algunos giros. En uno de ellos atajamos para desembocar directamente en la pista que ya por la mañana habíamos transitado para subir. Frente a nosotros, encima del desfiladero, podíamos ver una curiosa formación montañosa con dos cumbres que bien parecía una silla de montar. Me recordó mucho a otra que sí tiene ese nombre en las Hoces del Duratón.
Poco a poco fuimos descontando los metros hacia Abelgas y así llegamos al atajo del desfiladero. En un prado habían echo una hoguera y salía bastante humo de la misma. Ya paralelos al arroyo Güeriza atravesamos el puente de piedra y dejamos atrás las huertas sembradas de variadas hortalizas. A las 20:30 horas entrábamos en Abelgas. Por sus calles llegamos a la fuente y enseguida a la iglesia dónde teníamos la furgoneta aparcada.
Colgada del retrovisor estaba la mochila de José y el bastón. Allí nos cambiamos antes de acercarnos al bar en el que lo encontramos. El bar está en los bajos de la iglesia moderna y tuvimos que preguntar para llegar a él. Allí tomamos un refrigerio e hicimos las cuentas de gastos. Eran ya las 21:20 horas cuando emprendimos el viaje de 70 Km. a León. De nuevo cogimos la autopista en el tramo del pantano hasta La Magdalena. Por la carretera hicimos los últimos kilómetros hasta llegar a la capital una hora más tarde.
Sin duda fue una jornada de lo más completa. La ruta fue considerable y ascendimos cuatro cumbres destacadas, amén de otras intermedias de no menos altitud aunque sin referencias. La nieve en pleno mes de mayo le dio incluso un toque “extraño”, aunque en la montaña no es nada raro y en más de una ocasión lo hemos vivido. Ahora ya restamos días para la próxima salida, que como cada año por estas fechas, es el Encuentro de Montañeros Leoneses. En esta ocasión se hace en Torrebarrio y las opciones son: Peña Ubiña o Peña Cerreos. A ver cómo resulta.