lunes, 17 de octubre de 2011

VIII ENCUENTRO "CUMBRES DE LEÓN" - LA CALVA Y LA CARBONA (Poladura de la Tercia) 16-10-11

 


VIII ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”. HOMENAJE A ROBERTO PÉREZ.

1ª ASCENSIÓN A LOS PICOS “LA CALVA” Y “LA CARBONA”.

16-10-11            (Domingo)

Otro octubre más hemos celebrado el tradicional “Encuentro Cumbres de León”, Homenaje a Roberto Pérez, que va por su octava edición. Tratando de reunir a la mayor parte de los socios del club y otros adeptos, en esta ocasión nos congregamos 17 personas para el mismo: Tiquio, Juan, Nati, Alex, Álvaro, Mateo, Alba, José Pedro, Amelia, Camino, Irene, Mª Jesús, Amador, Corín, Javi F., Ramón y yo.
A las 8:00 horas nos reunimos la mayoría de participantes en Guzmán de dónde partimos poco después para emprender el viaje por la carretera de Asturias. En ese turno íbamos 10 personas en los coches de Tiquio, Alex y el mío. Poco más tarde lo haría Javi F. y tres compañeros y Ramón, que solo podía ir a la comida.
En Villamanín nos desviamos hacia el Valle de Arbás llegando poco después a Poladura de la Tercia, 1220 metros, donde aparcamos en el comienzo del camino de San Salvador, a unos 200 metros saliendo del pueblo. Por su parte, Nati, Camino y Amelia, decidieron hacer la ruta entre Casares y Viadangos y hasta el primer pueblo las acerqué yo poco después. De regreso habían llegado los compañeros del otro coche, los cuales iban en plan maratón y enseguida les perdimos de vista. El resto comenzamos a caminar cuando eran mas o menos las 9:30 horas. Nuestro objetivo se podía ver perfectamente al Norte tras un largo valle por el que luego bajaríamos.
Allí mismo salía el camino de San Salvador, antigua ruta Jacobea que unía León y Oviedo y que aún sigue marcada como tal por señales. Salimos con dirección Noroeste siguiendo el trazado serpenteante del camino que va ganando altura suavemente por la campa de Pría con la Peña Muezca a nuestra izquierda tras la carretera de Viadangos. Durante un tramo se asciende por una estrecha vaguada de más pendiente hasta alcanzar otra campa. En ella el camino rodea una vallina con poco desnivel antes de volver a subir hacia una zona de rocas que son en realidad el final de la sierra de La Carbona hacia la que nos dirigíamos. Giramos entonces por detrás de dichas formaciones situándonos a la sombra de las mismas. El camino, ahora casi sendero, seguía marcado dirigiéndose a la collada El Coito, paso por el que se comienza el descenso hacia Busdongo.
Nosotros no íbamos con ese objetivo, por lo que enseguida abandonamos dicha ruta para comenzar a subir por otro sendero diagonal hacia la cresta. Algunos atajaron a la misma mientras otros decidíamos seguir dicho sendero unos metros por debajo de ella. Se bordean algunos pináculos dando vistas alternas al norte y a Poladura. Por el norte no tardamos en divisar la carretera de Asturias y Busdongo en ella. El paisaje comenzaba a verse amplio en redondo con numerosas cumbres cercanas y mas lejos que luego enumeraré.
Algunos nos detuvimos unos minutos a la sombra y Álvaro nos convidó a un trozo de turrón de chocolate, que tenemos en los supermercados previo a la navidad ya a la vuelta de la esquina. Sin más retomamos la marcha subiendo sin mucho esfuerzo hacia la cima del primero de los objetivos, La Calva. A él llegamos cuando eran las 12:15 horas.
Esta cumbre tiene una altitud de 1729 metros y desde ella se puede ver gran parte del valle de Arbás al Sur y el de Busdongo al Norte. En La Carbona veíamos a los compañeros adelantados que ya emprendían el cresteo hacia las demás cumbres de la sierra cuya máxima altitud es Peña Lasa en el extremo Este.
Nos sacamos una foto de grupo en la cima, luego comentaré el descuido que tuve y que me todas las fotos que había hecho precisamente hasta ese momento. También dejamos la tarjeta de cumbres en un bote que había entre un hito de rocas. Sin más pérdida de tiempo retomamos la marcha descendiendo hacia la collada intermedia que daba paso a la siguiente cumbre. No se perdía mucho desnivel hasta la misma y en pocos minutos llegamos a la parte baja. En ella había una gran roca inclinada sobre la que se colocaron Mª Jesús e Irene mientras el resto “sujetábamos” la misma.
Comenzamos a subir el último tramo hacia la cima de La Carbona, 1761 m, alcanzando la misma cuando eran las 12:50 horas. Desde allí la vista era realmente amplia pudiendo ver numerosas cumbres entre las que destacaré el Brañacaballo, Estorvín, Tres Concejos o Cellón en la zona de Pajares. Peña Rueda, Ubiñas, etc. al Noroeste. Cirbanal, Tres Marías, Meloita, Cerro Pedroso el Oeste. Hacia el Sur – Sureste, el Fontañán, Cueto San Mateo y Fontún. Cerrando el circulo teníamos el Bodón de Lugueros, Currillines, etc. Los pueblos que veíamos eran Poladura, Casares, San Martín, Viadangos y Cubillas en el Valle de Arbás y Busdongo, Camplongo, Arbás del Puerto y Tonín al Nordeste. Muy alejado se veía Tuiza de Arriba bajo el Tapinón y Siegalavá. Podíamos contemplar igualmente la parta alta del Brañilín y el alto del puerto de Pajares.
En esta cumbre también dejamos tarjeta y sacamos una foto de grupo. Mateo y Mª Jesús decidieron seguir los pasos de los otros compañeros y se encaminaron hacia Peña Lasa. A mí me parecía que no les daba tiempo, ya que a las tres teníamos que estar abajo para la comida concertada en Cubillas, pero bueno, ellos sabrían. El resto nos acomodamos un rato en la cumbre disfrutando del buen tiempo reinante. A mediados de octubre se aguantaba perfectamente en manga corta. Tomamos un tentempié ligero y sobre las 13:40 horas emprendimos el descenso.
Lo hicimos siguiendo el cresteo un rato hacia el sur hasta abandonarlo ladera abajo. La pendiente era muy pronunciada, pero se bajaba bien, casi todos. Juan iba muy despacio y decidí quedar con él. No nos sobraba nada para llegar a la hora abajo aunque íbamos más directos por este otro valle. Pasamos uno de los primeros tramos rocosos y cogimos un sendero a media ladera hasta llegar a una loma intermedia entre dos vaguadas. Allí dije a los compañeros que tirasen ya que si no íbamos a llegar tarde todos. Nos metimos en la vaguada de la derecha por la que también bajaba un sendero muy marcado y poco a poco fuimos perdiendo altura por él.
En la parte baja se veía un cercado de ganado y caballos en la pradera. De allí partía el camino que llegaba al pueblo después de unos dos kilómetros. Antes de llegar a este punto recibí la llamada de Javi, que ya estaba en el pueblo y venía en nuestra busca en el coche. Me parecía que a mí me daba tiempo a llegar andando, por lo que le dije a Juan que no dejase el camino ya que le recogería Javi en él. Atravesé los prados atajando y saltando varias alambradas en ellos antes de salir al camino donde ya estaba Javi algo por encima. La pendiente era muy suave y decidí correr al trote a ver si alcanzaba a los demás antes de llegar. El valle se estrechaba entre rocas en el Barranco de la Carbona viendo varios árboles en las márgenes del camino.
Echando la vista atrás me sorprendió ver a Mª Jesús. Me dijo que detrás venía Mateo y quedó esperando. Al poco rato bajaba Javi con los tres en el todoterreno. Para los escasos 200 metros que quedaban no subí yo.
Aquí fue donde cometí el gran error con la cámara. Se me terminaron las pilas y las cambié, pero por alguna razón pensé inconscientemente que había cambiado la tarjeta, que está en el mismo compartimiento, y la formateé sin darme ni cuenta en ese momento. Yo seguí recorriendo el corto trayecto que restaba hasta los coches atajando por un prado los últimos 50 metros a ellos. Terminaba la ruta cuando eran las 15:10 horas.
Pues bien, al sacar otra foto vi con sorpresa que era la número 6, lo cual no podía ser. Por más que le di vueltas no aparecía ninguna más. Alguien me comentó que había programas para recuperarlas después de borrarlas, pero no me dijeron que no había que sacar más con esa tarjeta, por lo que seguí sacando con ella. Pues bien, ya en casa he conseguido el programa y he recuperado las fotos hechas desde el descenso de La Calva, lo raro es que me han salido también algunas del Sen de los Mulos, pero no las primeras de ese mismo día. Menos es nada. Los compañeros que sacaron también me han pasado algunas más.
Nos cambiamos y sin más nos pusimos en camino hacia Cubillas de Arbás donde teníamos la comida. A Nati, Camino y Amelia, ya las había comentado por teléfono que saliesen hacia el cruce de la carretera y las cogíamos de camino. En dicho pueblo se encuentra el C.T.R. “Río Viejo” en cuyo restaurante teníamos reservada la comida. Allí nos acomodamos para disfrutar de un rato agradable mientras dábamos cuenta del suculento menú a base de entrantes, segundo plato, postre y café, todo ello bien preparado y en cantidad justa. El precio por persona fue de 16 €.
Tras la comida nos sacamos una foto de todo el grupo fuera y a las 18:20 horas emprendimos el regreso a León. Algunos decidimos hacerlo por el pantano de Luna, que se encuentra bajo mínimos de agua. Paré a sacar varias fotos de él y luego en la presa donde estuvimos paseando por ella subiendo a los miradores de la misma. Quedamos Mª Jesús, Álvaro, Irene, Juan y yo un rato por allí e hicimos “escalada” en las paredes rocosas cercanas a la carretera que atraviesa la presa. Así fue oscureciendo y antes de venir tomamos un refrigerio en el cercano bar. A las 20:35 horas retomamos la última parte del regreso a la capital llegando a ésta cuando eran las 21:20 horas.
Con ello dimos por finalizada esta jornada especial dentro de nuestro Club de Montaña Cumbres de León. Junto con el Belén de Cumbres y la Cena de Navidad que aún nos queda, son las tres actividades organizadas por nosotros que podemos destacar de forma especial dentro del calendario anual, cuya próxima edición estamos a punto de confeccionar.



















lunes, 3 de octubre de 2011

SEN DE LOS MULOS (Los Beyos - Asturias) 02-10-11

 


1ª ASCENSIÓN AL PICO “SEN DE LOS MULOS”. (Asturias).

02-10-11                (Domingo)

Primera salida del club de montaña este mes de octubre para ascender al pico Sen de los Mulos, en Asturias. Dicha cumbre está emplazada en la parte superior del desfiladero de Los Beyos, por encima del pueblo deshabitado de Tolivia.
Tras algunas bajas de última hora, quedamos en 10 los participantes de la excursión a los que añadimos dos más que fueron por su cuenta y a los que ni vimos, Javi F. y Ricardo. El resto de participantes lo formábamos: Nati, Camino, José Pedro, Álvaro, Mª Jesús, Tiquio, Guillermo, Antonio, José Antonio y yo.
A las 7:30 horas habíamos quedado para salir de Guzmán, pero esperando por una componente que no llegó, nos retrasamos hasta casi las ocho. El trayecto lo hemos realizado hasta Puente Villarente y Boñar para luego girar hacia la carretera de Riaño. Dejando atrás esta localidad descendimos luego el puerto Pontón y Oseja de Sajambre, donde tomamos un rápido café, antes de entrar en el bonito desfiladero de Los Beyos. En dicho pueblo decidieron quedar Nati y Camino para hacer una ruta por las cercanías. Poco antes de abandonar la provincia leonesa aparcamos los coches en un pequeño lugar cercano a las paredes del mismo.
A las 10:40 horas emprendimos la marcha por la misma carretera hasta llegar al lugar de referencia que llevábamos en la hoja de ruta y que se emplazaba en el punto kilométrico 127,8. Cómo los puntos en la carretera no se marcan por cientos, íbamos viendo dónde podía comenzar el sendero que descendía hasta el río Sella tras el cual seguía la ruta marcada. No tardamos en encontrar dicho paraje al lado de una señal de peligro de desprendimientos donde nos sacamos una foto de grupo antes de meternos en la senda que descendía en sentido contrario al que traíamos.
Entre maleza y vegetación descendimos hasta llegar al puente Vaguardo, punto mas bajo de la ruta con 410 metros de altitud. Por dicho puente de madera cruzamos el río Sella comenzando a subir por la margen contraria entre más vegetación que casi cerraba el sendero. Llegamos enseguida a una bonita zona de paredes rocosas con cavidades en las que el musgo “manchaba” las paredes. Desde este punto volvimos a descender suavemente comenzándonos a dar el sol en esos momentos. Poco a poco fuimos girando a Oeste entrando en el valle del arroyo de Mojizo sobre el que atravesamos otro puente, el de La Espina. El mismo atraviesa un tramo encajonado del arroyo con varios metros de caída. Yo me he acercado hasta el borde del mismo, cerca de un tronco que sobresalía hacia el cauce, para que me sacasen una foto.
Pasamos este puente y comenzamos a ascender por otro sendero más abierto y de nuevo al sol que ya calentaba bien. Dejamos atrás algunos árboles solitarios y zigzagueamos ladera arriba ganando buen desnivel en este tramo. Contemplábamos ahora parte del desfiladero de Los Beyos por el que habíamos llegado. El grupo se había ido dividiendo quedando por detrás Mª Jesús y yo. Llegamos entonces a un bonito rincón donde de nuevo las rocas formaban una cavidad que atravesaba la pared. Nos sacamos unas fotos en medio de la misma y al lado de un tronco que salía de la misma roca. Abandonamos este lugar y enseguida nos encontramos con otro no menos curioso donde la pared se inclinaba a modo de techo bajo el cual crecían numerosos nogales en los que encontramos a José Pedro recogiendo frutos. En esos momentos no lo supimos, pero ahora comparando una foto de Internet y otra mía veo que estábamos viendo frente a nosotros la cima del Sen de los Mulos.
El paisaje era cada vez más amplio y bonito con la cumbre del Niajo al otro lado del valle. Ahora la senda transcurría sobre una fuerte caída casi a plomo sobre dicho valle. Este tramo nos llevó hasta una punta a modo de mirador frente a la Peña Niajo y el ramal del valle de Llue. A la vuelta de este vértice se encontraba el resto del grupo esperando. Eran las 12:40 horas.
Nos metimos ahora entre bosque ralo cuya sombra agradecimos. Yo iba muy cansado ya que llevaba una semana con gripe y la noche anterior apenas había dormido. Mi intención en esos momentos no iba más allá de llegar a Tolivia. No tardamos en ver los primeros resquicios del pueblo en forma de tapias de piedras. Eran las 12:55 horas y estábamos a 700 metros de altitud.
Tolivia es una aldea abandonada hace unos 50 años en la que vimos las ruinas de unas 10 viviendas. En la parte alta había alguna más. Además se encuentra la iglesia con el pequeño cementerio adyacente así como un hórreo en bastantes buenas condiciones. Muchas de las viviendas tenían cuadras adosadas y en otras podían verse aún numerosos objetos abandonados por los moradores. Los materiales de las mismas eran principalmente piedra, teja y madera y algunas de ellas se encontraban totalmente envueltas por la maleza. El emplazamiento era la ladera norte del valle, entendiéndose la que mira al sur.
Visto todo ello retomamos la marcha saliendo del pueblo por otro sendero hacia la izquierda dejando atrás una fuente fechada en 1924 por debajo de la cual manaba agua. La sombra que nos venía cubriendo desde antes del pueblo me había animado a seguir con tranquilidad al menos un poco más. El sendero se encontraba empedrado en los primeros metros y comenzaba a girar hacia el sur entre mas bosque. En este hayedo vimos numerosos ejemplares de raras formas y varios de ellos caídos. Tras un buen tramo con esa dirección, la senda describió un zigzag en la ladera entrando ahora entre un manto de helechos. En medio de los mismos había un gran árbol derribado cuyas ramas formaban una especie de araña gigante. Entre la arboleda comenzamos a ver algunas cumbres de Picos de Europa en los escasos claros que se abrían. Pasamos poco después por la collada de Cociyón en la que vimos los restos de unas majadas.
El grupo se había dividido de nuevo cuando comenzamos a subir un tramo de fuerte pendiente en el que el sendero serpenteaba entre los matojos y árboles. Gracias a que la sombra seguía cobijándonos, si no algunos hubiésemos “caído” en ese tramo ya que el calor que hacía al sol era de pleno verano. Éste se colaba oblicuamente desde el frente formando unos bellos efectos sobre los helechos y arboleda.
Eran las 15:30 horas cuando alcanzamos la collada de Llampara a mas o menos 970 metros de altitud con bonitas vistas de Peña Niajo y el valle cercano. Tras comentar la posibilidad de comer allí, decidimos adelantar un poco más. Enseguida vimos al resto de compañeros parados varios metros por delante y les indiqué que nos esperasen y reunirnos. Ahora sí veíamos más claros los Picos de Europa y relativamente cercano el pico Jario.
Subiendo por un sedo sobre el valle de Llue alcanzamos Guillermo, José Pedro, Antonio y yo el punto dónde habíamos visto a los compañeros sin encontrar nadie allí. Realmente me mosqueó este detalle y me enfadé muchísimo en ese momento. Ya no se trata de ir juntos o no, pero si en un determinado punto podemos reunirnos de nuevo estando como estábamos a diez minutos de ellos, no me parece razonable no esperar. Luego me comentaron que no me habían entendido.
Cómo no sabíamos cuanto nos quedaba y demás, decidimos comer allí mismo a la sombra ya que eran casi las cuatro de la tarde. Yo me debatía entre intentar llegar a la cumbre, ya que suponíamos que no tenía que quedar mucho, y por otro lado dar la vuelta allí mismo, tanto por el cansancio como por el mosqueo del momento. Había quien estaba conmigo y otros querían seguir un poco más.
Pasadas las 16:00 horas retomamos la subida metidos de nuevo en el bosque y siguiendo un sendero entre peña y arboleda por una especie de estrecha vaguada. La misma nos sacó en pocos minutos al Valle de Tolivia en el que encontramos los restos de más majadas. Frente a nosotros se elevaba una cumbre al fondo del valle tratándose del Sen de los Mulos, aunque no lo sabíamos con exactitud.
Este abierto valle era realmente bonito tapizado de verde pradera y moteado por helechos y matorrales de color marrón. También el gris de algunas rocas daban un tono multicolor al mismo. Tardamos un rato en ver a alguien ya en la cima y al resto de compañeros poco antes de comenzar el último tramo más empinado. Sólo la sombra de algunos solitarios árboles rompían la bella luminosidad que a esa hora de la tarde le confería el sol a dicho valle. El sendero seguía la ladera izquierda del mismo a media altura entre la cresta y el fondo, siendo muy poca la profundidad de éste.
De pronto me surgió otra dificultad añadida al cansancio ya considerable, los calambres en la parte delantera de los muslos que de vez en cuando me dan y que me impiden hacer fuerza para subir a veces con un dolor inaguantable. Procuraba beber líquido para hidratarme, aunque el calor que seguía haciendo nos recomendaba dejar algo para el descenso. No sabíamos si en el manantial de Tolivia podríamos coger o no agua.
Poco a poco fuimos los cuatro acercándonos hasta el último tramo final de gran pendiente, aunque no muy largo por fortuna. Cada uno lo cogimos por donde mejor nos pareció oportuno. Sabiendo lo poco que ya quedaba después de las horas que llevábamos, nos animaba a llegar por fin.
A las 17:00 horas alcancé la cumbre del Sen de los Mulos con 1505 metros de altitud. Realmente nos quedaba pasar a la verdadera, situada un poco más al Este, aunque estuvimos esperando a reunirnos todos para hacerlo. En la misma se encontraban los demás con los que sacamos una foto y dejamos una tarjeta en el buzón adherido a una cruz metálica. La vista era impresionante con los Picos de Europa al Este con cimas como La Conia, Peña Beza, Canto Cabronero, etc, o Peña Ten al Oeste. De nuevo viendo ahora otra foto en la Red reparo en que una de las cimas del Norte era el pico Pienzu, también ascendido por Álvaro y por mi hace tiempo. También se podía ver parte de Oseja de Sajambre. No se veía el pueblo de Tolivia, muy metido bajo la falda y entre bosque.
La altitud de esta cumbre de tan solo 1505 m demuestra lo poco que importa ésta con respecto al desnivel total que se asciende. Hemos estado en cumbres de más de 2000 metros habiendo subido solo 600 m de desnivel y en ésta habíamos hecho 1100 metros.
A las 17:50 horas emprendimos el descenso, también cada uno por una parte, unos por la Este y otros por el Oeste. En vez de llegar a la cumbre secundaria, nos echamos abajo por la vaguada del medio. El Valle de Tolivia seguía presentando una bonita estampa con los contrastes de sombras y luces.
Pasamos una zona llena de helechos antes de llegar ahora a la parte más baja. En ella podía verse el cauce seco de un arroyo que se metía en un hoyo del que solo podía salir subterráneamente. Dejamos atrás las ruinas de las majadas antes de meternos entre la arboleda hasta llegar al punto donde habíamos comido. Desde allí volvimos a atravesar el sedo sobre el valle alcanzando la collada en pocos minutos.
A las 18:25 horas entrábamos en el bosque en sí bajando con tiento la parte más empinada por peligro de patinazo con las hojas y tierra resbaladiza del sendero. En algunos troncos vimos varias setas pegadas. Ahora ya se notaba la oscuridad del atardecer dentro de la arboleda, aunque se seguía viendo perfectamente. Entre el ramaje vimos cómo las cumbres se iban tornando rojizas iluminadas por el sol poniente. Ya cerca del pueblo se abrió un poco el bosque llegando así a la fuente cuando eran las 19:20 horas. Un manantial salía por debajo del pilón y de él conseguimos coger algo de agua para beber.
Nos detuvimos unos minutos en este punto antes de retomar la marcha entrando a Tolivia unos metros más adelante. Antonio iba pendiente de buscar unas gafas de sol que había perdido a la subida en el pueblo y que al final encontró. De nuevo vimos Oseja de Sajambre al fondo del desfiladero de Los Beyos. La cumbre de Peña Niajo también se ofrecía anaranjada iluminada por los últimos rayos de sol. Por encima podía verse además la luna creciente.
Después de abandonar el pueblo, el sendero subía suavemente entre matorral saliendo luego a una zona rocosa donde daba el brusco giro de 180 grados. Tras el mismo se encontraba el tramo estrecho con fuerte caída lateral donde ahora sí había que extremar más el cuidado. Bajando se tiende a acelerar y allí un tropiezo podía resultar fatal. Con precaución pasamos este sedo y seguimos el descenso por la ladera hasta llegar a la zona de nogales donde el sendero se pegaba a la pared rocosa. Tras él, un nuevo tramo suspendido casi al vacío nos llevó a otro giro donde se encontraba la cavidad en la que nos habíamos detenido a la subida. Abajo ya podíamos ver gran parte del desfiladero que se iba oscureciendo metido en el fondo.
Con gran celeridad íbamos perdiendo altura en este tramo comenzando a bajar ya directamente hacia el río Mojizo donde atravesamos el puente de La Espina ya con visibilidad casi nula. Tras el mismo subimos entre la maleza ganando altura mientras cambiábamos el rumbo situándonos paralelos al desfiladero de Los Beyos. Dejamos atrás la zona de cavidades donde sacamos unas bonitas fotos nocturnas y enseguida comenzamos a descender con dirección al puente Vaguardo casi a punto de tener que sacar las linternas. Un último esfuerzo de subida hacia la carretera nos sacó a ésta cuando eran las 20:55 horas. En esos momentos sólo quedábamos por detrás Antonio, Mª Jesús y yo. Ahora sí saqué una linterna para señalar nuestra presencia en el asfalto. Hasta los coches nos quedaban unos 300 ó 400 metros que recorrimos en unos minutos terminando la marcha a las 21:00 horas. De Javi y Ricardo no habíamos sabido nada en todo el día y el coche ya no le habíamos visto desde la ladera de bajada.
Nos cambiamos un poco antes de emprender el viaje hacia Oseja donde estaban las compañeras Nati y Camino. En una terraza de un bar las encontramos y nos unimos a ellas para tomar un refrigerio. Nos sacamos allí una foto de todo el grupo y cuando eran las diez de la noche comenzamos el viaje de regreso a León. Con Tiquio veníamos Mª Jesús, José Pedro, Guillermo y yo mientras el resto lo hacía con Antonio. Al final, y cómo ya habían comentado, ellos se detuvieron en el camino a cenar en un bar de Sabero. Nosotros hicimos el viaje sin interrupciones hasta llegar a León cuando daba la media noche.
Resultó una dura jornada de montaña que algunos llegamos a comparar con la ascensión de Peña Rueda. Además del desnivel acumulado, añadimos la longitud de la ruta hasta la cumbre y la fuerte pendiente de la mayor parte de la misma. Apenas unos tramos llanos y otros de leve bajada que además luego siempre hay que remontar. Después de todo mereció la pena el esfuerzo por los paisajes vistos, tanto de bosque cómo desde la cumbre. El entorno del pueblo no dejó tampoco nada que desear.



















lunes, 12 de septiembre de 2011

PICO MURCIA (Cardaño de Arriba - Palencia) - 11-09-11

 

1ª ASCENSIÓN AL PICO “MURCIA”. (Palencia).

11-09-11                (Domingo)

Una semana después de que se hiciera esta misma ascensión como actividad oficial del club la hemos repetido algunos particularmente. La propuse para él que no hubiese podido ir, como yo, o que quisiera repetir, como fue el caso de Álvaro, que la subió dos domingos seguidos haciéndonos de guía.
Ya hace unos años que habíamos intentado la misma desde la parte leonesa y en invierno. La nieve acumulada en aquella ocasión y un error de orientación nos impidió alcanzar el objetivo. Más adelante sí se ascendió desde Cardaño, como ahora, pero tampoco pude ir. Por fin en esta ocasión pude asistir y alcanzar la cumbre sin dificultad alguna, pero con esfuerzo, que la pendiente que tiene no es “moco de pavo”.
Se animaron a la misma además de Álvaro, Tiquio y Guillermo. También nos acompañaba Rex, el perro de Tiquio. En su coche salimos de León a las 7:30 horas por la nacional hacia Mansilla donde giramos para llegar luego a Sahechores. El cielo se tintaba de un color rojizo intenso mientras amanecía reflejándose la luz en las nubes que lo cubrían todo. Camino de Almanza pasamos varios bancos de niebla entre los que se veían las cumbres de picos como el cercano Peña Corada. Entramos en la provincia palentina llegando a Guardo poco después. En Velilla del Río Carrión nos detuvimos unos minutos a tomar un café en una cafetería, retomando la marcha minutos más tarde.
Entramos ahora en la Ruta de los Pantanos bordeando algunos de los mismos con el lecho totalmente seco. Paramos a sacar fotos en algunos puntos de este tramo viendo poco después la mole del Espigüete por encima de Cardaño de Abajo. Dejamos atrás este pueblo y nos dirigimos a Cardaño de Arriba, 1400 m, donde comenzaríamos la ruta. Allí llegamos a las 9:50 horas tras 118 Km recorridos.
Aparcamos en un lugar acondicionado para ello a la entrada del pueblo de donde además partía la ruta. Nos preparamos para la marcha comenzando la misma a las 10:15 horas. Salimos por un ancho camino paralelo al arroyo de Las Lomas. El cielo estaba cubierto por brumas más que por nubes compactas. Dejamos atrás el refugio del Club Espigüete y seguimos ascendiendo suavemente por el valle con dirección Norte. Poco a poco vamos girando al Este llegando a un puente de madera y hierro sobre el arroyo Valcabe tras el cual se abandona la ruta marcada al Pozo de las Lomas para seguir un sendero por el valle de este arroyo. En este cauce vemos numerosas pozas sobre las que se precipitan pequeñas pero bonitas cascadas.
Al lado de este sendero encontramos, y no fue la única, una piedra lisa grabada con letras y figuras a modo de poesías. No tardando emerge nuestro objetivo a la izquierda del fondo del valle. Encontramos un gran serval cargado de frutos rojos que destacaba en el entorno. Avanzamos por el valle arriba atravesando luego un pequeño puente de madera sobre el arroyo Valdecaliente y vimos enseguida una cabaña frente a nosotros cerca de la cual había varias reses. Oíamos a los pastores llamar al ganado en las laderas por las que vimos pasar un grupo de rebecos o similar, uno de ellos con la cornamenta bien grande.
En el sendero encontramos los restos de una vaca antes de pasar otro puente hecho con traviesas de ferrocarril sobre el arroyo La Cuenca. Sin llegar a esta cabaña o refugio, que dejamos por encima, nos situamos bajo la ladera misma del pico Murcia. En una pradera nos sacamos unas fotos de grupo antes de emprender la verdadera ascensión. Eran las 11:25 horas y nos quedaban unos 600 metros de desnivel.
A partir de allí el sendero marcado con hitos entra en la pendiente ladera entre matorral describiendo una serie de zigzag que se mantienen hasta casi la cumbre. Pasamos una zona entre grandes formaciones rocosas donde ganamos bastante altura. Luego se suavizó un poco la pendiente a la vez que ladeábamos toda la cumbre de Noreste a Sureste. Por debajo subía el valle hasta la misma cabecera. Antes nos había parecido que había un gran hoyo en la misma comprobando ahora que subía más o menos uniforme hasta la collada de La Cerezuela, cabecera del valle.
No tardamos en volver a encontrarnos con curvas cerradas en el sendero que iban y venían trazando zetas por las que era más cómoda la subida. A veces daban ganas de hacer atajos, pero sabiendo lo que aún quedaba, era mejor no abandonar la senda. De pronto vimos aparecer delante de nosotros la cima del Espigüete tras la loma por la que luego bajaríamos. Volvimos a pasar entre unas piedras de superficie agujereada muy curiosa.
Enseguida dimos vista a los valles del Oeste con el pantano de Riaño al fondo y numerosas cumbres leonesas. Hasta ahora habíamos subido por Palencia llegando ahora al límite provincial que recorre la cresta en la que nos encontrábamos. El desnivel que restaba no era menor que el que dejábamos atrás, aunque era cómodo de subir. Seguíamos zigzagueando siguiendo la línea provincial ya con ganas de alcanzar la cumbre que poco a poco se acercaba.
Un último esfuerzo nos llevó a la misma cuando eran las 13:35 horas. En ella, los restos de una cruz y un bonito buzón con un piolet y una cachaba metálicos marcaban esta cumbre de 2341 metros de altitud. También había una especie de trinchera hecha con piedras en la que luego nos acomodamos para comer al resguardo del fresquillo que allí se notaba. Antes de ello sacamos unas fotos de grupo y dejamos nuestra tarjeta en el buzón junto con la que una semana antes habían dejado los compañeros.
La vista desde aquella altitud era espectacular. Se podían contemplar cumbres entre las que destacaban los macizos de Picos de Europa al Norte. También otras como Peña Prieta, Tres Provincias, Curavacas, Peña Corada y así una infinidad de ellas imposibles de enumerar. A tiro de piedra teníamos la mole del Espigüete o los Altos de la Hoya de Martín Vaquero, a los que habíamos llegado la vez invernal. Los pantanos palentinos de Compuerto y Camporredondo y el leonés de Riaño con el viaducto sobre el mismo se reflejaban en los valles.
Nos acomodamos en aquella guarida de piedras a comer tranquilamente cuando llegaron dos jóvenes que venían del Espigüete. Otra pareja que antes habíamos visto subir detrás de nosotros habían dado la vuelta.
Luego, echándome un poco hacia el Norte por la cresta, vi más nítido un curioso rincón que ya desde el valle habíamos divisado. Se trataba de una especie de cascada de piedras blancas en un pequeño barranco que a simple vista parecía un verdadero salto de agua.
De regreso a la cumbre comenzamos a recoger para el descenso. Poco antes de las cuatro de la tarde emprendimos la bajada por el mismo sendero de ascenso. Llegamos a la collada de La Cerezuela con intención ahora de bajar siguiendo toda la cresta hasta casi el pueblo. Pasamos al lado de grandes rocas pizarrosas cambiando poco a poco de dirección hasta situarnos entre los valles de Valcabe y el de Mazobres que sube al Espigüete. En la falda de éste vimos algunos neveros medio escondidos en rincones sombríos. En la ladera del Murcia podíamos ver nítidamente los zigzag que trazaba el sendero.
Siguiendo la línea de cumbres sin abandonarla pasamos varios tramos rocosos, unos por encima y otros bordeándolos. Comprobamos cómo el cielo se iba despejando de nubes saliendo un brillante sol a esa hora de la tarde. Alcanzamos así el alto del Cerro del Sillar, picacho con 2078 metros de altitud desde el que se podía ver el pueblo. En él nos sacamos una foto con éste de fondo haciendo algunos números con los trípodes.
Desde allí, si seguíamos una ruta que llevábamos de un libro, había que retroceder un poco para meternos en otra loma hacia el alto del Castillo y ya bajar al valle. Decidimos seguir por la misma que nos llevaba más directos a Cardaño y por ella nos echamos abajo rodeando más formaciones rocosas, estas de conglomerado. Eran cantos rodados unidos por lo que parecía una especie de cemento que en más lugares pueden verse, aunque es más raro verlo que la caliza.
En un determinado punto desaparecía el sendero dudando entonces en echarnos hacia la derecha o izquierda de la loma. Lo hicimos a la izquierda entre escobas que al final no nos dieron muchos problemas. Atravesamos varios pedreros antes de entrar a una especie de vaguada ya con algo de arboleda por la que se bajaba sin dificultad alguna. Teníamos desde allí una amplia y bonita panorámica de todo el pueblo y la primera parte de la ruta de subida.
Los compañeros se adelantaron un poco y les vi salir directamente de la ladera al aparcamiento donde teníamos el coche. Tras pasar al lado de un poste eléctrico, terminaba yo también la marcha cuando eran las 19:00 horas. En una fuente cercana nos refrescamos y nos cambiamos tranquilamente antes de emprender el viaje de vuelta media hora después.
Rodeamos los pantanos y en Velilla saqué una foto con el Espigüete y el Murcia detrás. Así llegamos a Guardo donde decidimos parar a tomar una consumición sentados en una terraza. Una cervecita fría y unos trozos de pizza de tapa con patatas fritas nos supieron a gloria.
Retomamos la marcha cuando ya daban las 21:00 horas. Desde la cuesta a las afueras de la localidad hice otra foto de las dos cumbres ya anochecido. Sin más novedades avanzamos hacia Puente Almuey, Almanza y Sahechores de Rueda. En Mansilla giramos hacia la capital y fue al llegar a Puente Villarente donde nos encontramos con retenciones que incluso nos detuvieron. Casi media hora tardamos en recorrer esos últimos 12 kilómetros hasta León. En Guzmán terminamos el viaje y nos despedimos unos de otros hasta la siguiente. En la furgoneta que tenía allí aparcada volví a casa cuando eran casi las 23:00 horas.
Terminamos así esta jornada de salida “particular” con tan buen transcurso y resultado. El pico Murcia era uno de los que tenía pendientes junto con el Corral de los Diablos, en Solle o el Tapinón en Asturias entre otros.