lunes, 3 de marzo de 2008

GILBO Y FUENTE EL CHORRO (Horcadas) - 02-03-08

 


1ª ASCENSIÓN AL PICO “GILBO”.

1ª TRAVESÍA “HORCADAS-FUENTE DEL CHORRO”.

02-03-08           (Domingo)

Comenzamos este mes de marzo consiguiendo la primera ascensión programada de este año. De las tres cimas intentadas hasta ahora, la del Cerroso, Tres Obispos y Peña Rubia, no se ha alcanzado ninguna. Tan solo la de La Campona, que no estaba prevista y que se subió en la ruta de Omaña. En esta ocasión la climatología nos acompañó lo mejor que era posible y disfrutamos de una grata jornada que resumo a continuación.
En total 17 participantes tuvimos en esta ocasión, siendo una buena parte ajenos al club que han ido llamando para participar al tener conocimiento de las rutas y sobre todo de las fechas programadas. Entre los socios podemos contar a: Álvaro, Roberto, Piedad, Vicente, José A., Juan y yo. El resto de los participantes lo componían: Irene, Nati, David, Ángela, Elicio, Ángeles, Roberto I., Mateo, Miguel y María Jesús.
A las 8:00 horas de la mañana nos reunimos en Guzmán repartiéndonos en los coches. Elicio y su familia llevaban el suyo así como Roberto I., que iban por su cuenta. Mientras, el resto nos repartíamos en los de José Antonio, Roberto y el mío. Sin más retrasos salimos de León y yo paré en la gasolinera del Portillo a llenar el depósito. En Puente Villarente giramos hacia Boñar y antes de éste hacia la carretera de Riaño. En Las Salas paramos a tomar un café rápido y continuamos hacia el pantano cubierto de nieblas bajas que iban levantando.
Poco después de la presa se encuentra el desvío a Horcadas, (1130 m), donde llegamos a las 9:45 horas tras 95 Km recorridos. Aparcamos en una pequeña plaza todos los coches y nos preparamos para la ruta. Sacamos antes de nada una foto de todo el grupo con Las Pintas detrás y con el radiante sol luciendo comenzamos a caminar a las 10:10 horas.
Salimos del pueblo por un camino cercano a la iglesia marcado como “PR-LE 52” “Collado El Baile”, una ruta que, según un mapa situado en un panel informativo, subía por la falda del Gilbo hasta dicho collado bajando luego a las cercanías de Carande, pueblo vecino, y regresando de nuevo a Horcadas. La niebla que levantaba formaba unos contraluces preciosos hacia el sureste así como un pequeño mar de nubes.
El camino subía suavemente encontrando varios ramales marcados con una cruz de “mala dirección”. El grupo se dividió enseguida quedando yo entre los últimos, por no variar. No tardamos en divisar el pico Gilbo con sus 1674 metros frente a nosotros. Hacia el sudoeste se podía ver la presa del pantano y una de las colas del mismo casi seca. Calculamos que estaba unos 10 o 15 metros por debajo del nivel máximo. Hacia el oeste se alzaba la cumbre de Peñas Pintas con forma piramidal desde este ángulo. En la ladera del Gilbo vimos varias colmenas como las que habíamos visto a la salida del pueblo en otro prado.
Así fuimos subiendo cómodamente hasta un pequeño collado, el Cueto de las Vegas, donde había una fuente con pilón para el ganado que pastaba allí cerca, tanto vacuno como caballos, en unas amplias praderas. En la fuente nos sacamos una foto con el pico de fondo. Hacia el este seguíamos viendo un mar de nubes sobre el pantano y los valles. Poco a poco fue apareciendo por ese mismo punto cardinal la cumbre piramidal del Espigüete en el límite palentino así como varias cumbres de la zona de San Glorio que luego enumeraré.
Desde donde estábamos se veía en la ladera del pico una especie de sedo que subía muy suave hacia el oeste para llegar a un collado en la parte contraria a la cumbre. Mi opinión era seguir el mismo y luego crestear hacia la misma. Los que iban por delante iban con esa misma intención, de momento. Desde el collado se acentuó un poco la pendiente entre matojos bajos y pradera, lo cual cansa normalmente más que la roca. Echando una vista al este vimos como apenas si quedaban nieblas ya sobre el pantano. Ya cerca de la roca pasamos algunos pedreros antes de situarnos en el sendero que subía por la falda hacia el collado del este. Eran las 11:30 horas.
A la vera de unas rocas nos detuvimos unos minutos mientras vimos llegar por detrás a parte del grupo que había ido hacia la parte oriental encontrándose con un fuerte desnivel. Allí nos disgregamos aún mas, y mientras algunos decidían subir directamente por la roca arriba, otros optamos por seguir hacia el collado y crestear desde él. Al final ellos acertaron mejor en la opción.
En pocos minutos nos situamos en el collado entre la Peña de Los Serrones y el Gilbo desde donde tuvimos una vista impresionante de otra cola del pantano con las Pintas, Los Llerenes y más al fondo los Mampodres. Eran las 11:50 horas.
Comprobamos también que era imposible comenzar el cresteo en aquel collado por los desniveles y paredones que había. Hacia el norte era una caída casi vertical lo que teníamos. Tuvimos que retroceder unos pocos metros y subir por la falda en diagonal por la roca. De ésta salía por encima de nosotros un bonito árbol. Encontramos algunos pasos donde había que agarrarse un poco, pero sin dificultad alguna. Algunos los pasamos mejor que otros, pero al final todos lo hicimos. Nos situamos de esa forma en la misma línea por donde habían subido los demás, pero ya estábamos casi en la cresta. Allí estaba Álvaro esperándolos y de la cumbre vimos bajar un numeroso grupo que se cruzó con nosotros antes de llegar arriba. Un último esfuerzo hicimos hasta llegar a la cresta por la que ya se alcanzaba la cumbre, aunque nos quedaban algunos metros aún para la misma. Eran las 12:20 horas.
Sin dificultad los fuimos recorriendo viendo ya a varios compañeros en la cima, aunque no todos. Para llegar a ésta había un tramo de estrechez con varios metros de caída hacia el sur y por el norte no mucho menos. Varios no se habían atrevido a pasarlo y estaban tumbados y sentados en las rocas anteriores. Estudiando el tema vi que no entrañaba dificultad yendo con cuidado y echándose hacia el norte donde la caída no era tan pronunciada. Roberto decidió seguirme y poco a poco lo pasamos alcanzando la cumbre a las 12:30 horas. En la misma estaban ya Álvaro, Vicente, José Antonio, Roberto I., Piedad y Miguel. Con todos ellos sacamos unas fotos en la cumbre antes de ponernos a comer.
La vista que teníamos desde aquella altitud de 1974 metros era espectacular. Resumiendo por puntos cardinales. Al norte teníamos el cercano Yordas tras el cual asomaba el macizo del Pozúa. Girando a Este, aparecían los macizos Occidental y Central de Picos de Europa y delante de ellos el Gildar y el Redondo encima de Riaño. Directamente al Este san Glorio con Peña Prieta, Tres Provincias, Murcia, Aguasalio, La Rasa y destacando el Espigüete. Dando mas giro teníamos el Arbillos y otra sierra de la zona de Guardo en Palencia. Por el sur corría la sierra del pico Loto o la Piedra del Agua, tras los cuales se emplazan Remolina, Tejerina y Prioro. En el valle veíamos Carande y Horcadas. Remontando a Oeste teníamos al fondo Peña Corada y delante el Moro y alguno mas que podía ser Rionda y el Cerroso. A “tiro de piedra”, tras un brazo del pantano, se alzaba Peñas Pintas y los Llerenes. Cerrando el círculo veíamos el Macizo de los Mampodres. Solo en los más altos podía verse algún nevero resto de las escasas nevadas de este invierno. En conjunto era una vista de postales.
Comimos tranquilamente y dejamos la tarjeta en el buzón de cumbres pegado a una barra de hierro con una placa con la inscripción: “Pico Gilbo – 1674 m – Mont. De Fresnedo de Valdellorma.- 12-12-1994”. Con el zoom de la cámara saqué una foto de los compañeros que habían bajado a comer al lado de unas rocas en la falda. Por encima no dejaban de sobrevolar varias rapaces de gran envergadura.
A las 13:50 horas emprendimos los últimos el descenso, Álvaro, Roberto, Roberto I. y yo. Siguiendo al resto, bajamos por la vertiente norte siguiendo una canal de pendiente pronunciada. Al ser sombría, había trozos húmedos donde se podía resbalar. Al final de la pendiente había un estrecho brazo del pantano por el que vimos navegar una lancha. Tras bajar varios metros cambiamos de rumbo paralelos a la ladera siguiendo un sendero entre roca con algunos pasos entre roca. De frente teníamos una bonita estampa de Riaño con el largo puente reflejado en el pantano. Las márgenes de éste, por debajo de nosotros, estaban cubiertas por un bosque de tonos marrones. Al otro lado se alzaba la cumbre del Yordas.
Roberto bajaba con los bastones en la mochila y le salían por encima. Visto a contraluz parecían las antenas de un marciano y bromeamos sobre ello. Así llegamos a la collada Bachede, entre el Gilbo y el Cueto Cabrón. Por ella pasamos a la parte sur donde comenzamos a recibir los rayos solares de nuevo. Bajo un arbusto estuvimos sentados unos minutos antes de continuar por unas praderías en las que pastaban varias vacas. De nuevo se podía ver una postal en aquel entorno.
Atravesamos una alambrada y comenzamos a bajar entre tojos con dirección Oeste. Al ver un camino por debajo comprobamos que era mejor llegar a él si retrocedíamos unos metros y así lo hicimos. Antes de llegar a éste encontramos el Chozo de Risosa.
Se trataba de una cabaña de piedra restaurada usada por los pastores de unos 15 metros cuadrados en cuyo interior ahora mismo no me acuerdo de lo que había. El tejado era de teja y apilado al lado de una de sus paredes en la parte exterior había un montón de leña. Nos sacamos una foto en la puerta, que no tenía mas altura de un metro.
A escasos metros pasaba el camino que habíamos visto con un cruce de tres direcciones en el que una señal nos indicaba las distancias, tiempos y destinos. A Horcadas, 2,5 Km y 1:15 horas. A Carande, 1,8 Km y 1 hora. Por último, a Las Visecas, paraje situado al Este junto al pantano, 2 Km y 1 hora. Eran las tres de la tarde y nos encaminamos hacia Horcadas por el PR-52 que por la mañana habíamos cogido. Atravesamos una pequeña arboleda donde había una fuente, la del Coto Rubio, donde bebimos agua. Ya fuera del bosque nos fuimos acercando a la collada donde por la mañana habíamos abandonado el camino hacia la cumbre.
Por delante vimos a los demás compañeros más abajo en el camino. Dejamos atrás la fuente y emprendimos el último tramo hacia Horcadas. De nuevo entramos entre bosque y echando una vista al Este tuvimos una bonita panorámica de Carande con el Espigüete de fondo. Enseguida se nos ocultó el Gilbo tras la colina de El Raso que estábamos bordeando.
A las 15:40 horas llegamos a Horcadas los últimos. Aprovechamos para detenernos en la iglesia de San Cornelio y San Cipriano, declarada bien de Interés Cultural. Estuvimos sacándonos fotos en la torre, desde la que sí se veía el pico. Aprovecho para apuntar que tengo una tarjeta mayor y he sacado casi 500 fotos y videos. Quince minutos después llegamos a la plaza donde teníamos los coches y donde estaba el resto del personal. En el restaurante cercano tomamos un refrigerio y, aprovechando que estábamos todos, les comenté unos puntos tratados el día antes en la reunión del club referente a los plazos de inscripción para las actividades dependiendo de si se es socio o no. También se hicieron las cuentas de la excursión.
Como era pronto, las 16:50 horas, decidieron hacer una pequeña ruta hasta una fuente de otro valle cercano. Algunos no se decidieron, los del coche de Elicio y Roberto I. Los demás emprendimos la marcha por la ruta señalada como “PR-LE 25 “ “Puerto de Horcadas”.
El camino salía hacia el sur entre prados con dirección a la carretera general que atravesamos por un túnel bajo la misma. Entramos en el valle del arroyo de Las Horcadas que bajaba por nuestra derecha. En las laderas podían verse bosques de pinos y algunas replantaciones. Sobre el arroyo vimos un par de puentes de madera. Echando la vista atrás fuimos viendo una a una la cumbre del Gilbo, Las Pintas y el macizo occidental de Picos con Peña Santa. Al lado del camino vimos una caseta de recogida de aguas. Yo había ido en manga corta y me estaba quedando helado. Juan me dejó un jersey que le sobraba, lo cual agradecí. Creo que fue allí donde amarré el catarro que ahora, cuatro días después, aún tengo.
Así fuimos llegando a la Hoz Oscura, un impresionante desfiladero de altas formaciones entre las que bajaban pendientes canales. Roberto, al que le estaban dando algunos calambres en las piernas, decidió no continuar y quedó con Juan en el desfiladero. Yo les dije que seguía unos metros hasta su final ya cercano. Allí me encontré con Álvaro e Irene, que iban hacia la fuente ya cercana donde estaba Mateo y Vicente. Retrocedí unos metros para avisar a los otros dos de que ya quedaba poco, pero ya no estaban.
Al final del desfiladero se encuentra una bifurcación del camino. Por la izquierda se dirige a Tejerina y por la derecha sigue la ruta del Puerto de Horcadas. Había que seguir este último unos 300 metros para llegar a la “Fuente El Chorro”, el curioso manantial. De la misma roca salen seis tubos de hierro por los que manan sendos chorros de agua entre verde musgo. Allí nos hicimos unas fotos antes de emprender el regreso. Cercano estaba El Chozo del Valle, una cabaña de piedra a la que no fuimos ya. Hasta allí había 2,8 Km desde Horcadas y eran las seis de la tarde. Por su parte, por no variar, José Antonio se había ido con Miguel y Piedad siguiendo la ruta completa.
Entramos de nuevo en la Hoz Oscura ya sin ningún tipo de luz solar directa en sus paredes. Fuera de ella vimos de nuevo una bonita silueta de Peñas Pintas a contraluz así como Picos de Europa con la luz del atardecer. Igualmente, ya al final, tuvimos una bella vista de Horcadas con el Gilbo iluminado por la luz rojiza de aquella hora. A las 18:40 horas entramos en Horcadas donde había quedado Maria Jesús. Los otros tres no habían llegado aún, lo cual me mosqueó por lo mismo de siempre. No se puede ir uno a su bola sin contar con nadie. Además, cada uno tenía la mochila en un coche, por lo que no podíamos tampoco irnos.
Hicimos tiempo tomando unas consumiciones en el bar y media hora después llegaron. Nos repartimos en los tres coches y poco antes de las 19:30 horas emprendimos el regreso a León. De nuevo antes de Cistierna giramos hacia Boñar por Sabero. Poco después del Puente Villarente encontramos caravana que nos retrasó unos minutos. Pasadas las nueve de la noche llegamos a Guzmán donde terminamos el viaje. Conmigo vino María Jesús, que vive aquí en Armunia también. Por la mañana había ido en bus ya que no nos dimos cuenta de que podía haberla llevado también.
Finalizamos así esta nueva actividad del club de montaña. Por fin conseguimos ascender una cumbre programada en este año. Esperamos seguir teniendo la misma fortuna en el resto de actividades programadas.































viernes, 8 de febrero de 2008

BOSQUE DE TEJEDELO (Requejo de Sanabria - Zamora) - 07-02-08

 

1ª TRAVESÍA “BOSQUE DE TEJOS DE REQUEJO (TEJEDELO)”. (Zamora).

17-02-08          (Domingo)

Nueva excursión del club de montaña “Cumbres de León”, en esta ocasión a la vecina provincia de Zamora y su comarca de Sanabria. Propuesta por José Antonio, además de él nos animamos a participar otras 8 personas: Nati, Irene, Piedad, Vicente, Álvaro, Roberto, Juan y yo.
A las 8:00 horas nos reunimos en Guzmán de donde salimos en los coches de José Antonio y el mío. En Ribaseca entramos en la autovía a Benavente mientras el cielo se cubría de brumas. Antes de esta localidad enlazamos con otra vía rápida hacia Puebla de Sanabria que dejamos detrás unos 12 Km antes de salir en Requejo tras 170 Km recorridos. En un bar estuvimos unos 15 minutos tomando un café antes de meternos por una estrecha carretera dirección sur hacia la ruta, aparcando 100 metros antes de su comienzo bien señalado. 1000 metros de altitud.
Nos preparamos mochila a la espalda y comenzamos a caminar cuando eran las 10:15 horas. El comienzo de la misma se sitúa a la derecha de la carretera y allí una serie de carteles indican el recorrido. El primer tramo de la ruta transcurre por una pista parcialmente en obras con montones de tierra en medio. La pendiente es suave e incluso hay algunos altibajos en la misma. Por nuestra derecha baja en sentido contrario el río Castro con tramos de bastante desnivel y otros casi a nuestra altura. En él podemos ver algunas cascadas bajando Vicente y yo a una de ellas.
Poco a poco nos vamos distanciando formando dos grupos. Por detrás quedamos, como siempre, Roberto, Álvaro y yo además de Nati, que va a su aire. Nosotros vamos viendo los detalles y sacando fotos tranquilamente. En la otra parte del valle y del río transcurre la carretera nacional a Galicia y algo mas arriba la autovía en la que pueden verse numerosos viaductos. A los lados crecen algunos robles, chopos y fresnos sin apenas hojas. Por la izquierda sube la ladera llena de escobas y en lo alto se ven algunos riscos rocosos. Mas adelante el firme ya está terminado e incluso vemos una apisonadora aparcada a la orilla.
En la parte izquierda también vemos la boca de un túnel bien armado de piedra por el que sale un arroyo. Acercándonos podemos ver el final del mismo. Tras unos dos kilómetros recorridos llegamos a una zona de aparcamiento donde un cartel indicaba el comienzo del sendero y el recorrido de la ruta en sí. Según el mismo, la distancia era de 5,200 Km con un desnivel de 450 metros. El primer tramo era lineal hasta un punto comenzando luego otro circular que nos llevaría al mirador de las Peñas del Veladero y el bosque de tejos en sí. En una foto pudimos ver el tronco de uno de los tejos con un diámetro descomunal. El aparcamiento en el que estábamos se denominaba Pedregales y se situaba a 1100 metros. Eran las 11:00 horas.
Allí abandonamos la pista para entrar en un sendero por una vaguada. No tardamos en ver por debajo de nosotros un tramo de vía ferroviaria entre dos túneles. Escasos metros después llegamos a un merendero entre bosque y cercano a un puente de madera sobre el arroyo Teixedelo. Cerca del mismo había un tronco en el que vimos una placa conmemorativa del Día del Árbol de 2000 por parte de varios colegios zamoranos. En un peldaño del puente estaba grabado “ Km 3”, supusimos que sería desde el pueblo.
Atravesamos el puente y comenzamos a subir saliendo poco después a cielo abierto entre escobas y ladera arriba. Varias estacas con una marca amarilla y otra blanca nos iban guiando. Por encima de nosotros vimos pasar un helicóptero a baja altura. Hacia el oeste se veían dos grandes viaductos de la autovía y por detrás de ellos varios molinos eólicos. Mas arriba enlazamos con una pista más ancha donde dejamos una señal para Nati que nos seguía. Del resto no sabíamos ya nada desde hacía un rato. Roberto Álvaro y yo íbamos a nuestro aire.
Llegamos así a un punto alto viendo al fondo el bosque de tejos con éstos destacando oscuros entre los robles. Por encima de nosotros vimos unas rocas redondeadas formando una curiosa figura parecida a un perro en posición “esfinge”. Bajando unos metros llegamos al comienzo de un bosque de robles. Encima de una estaca indicativa encontramos una botella de vino medio vacía. En el bosque, el sendero se encontraba cubierto por una alfombra de hojarasca seca. Enseguida llegamos al punto inicial del circuito circular donde un indicador nos señalaba la dirección al mirador hacia la derecha. La pendiente se hizo mas pronunciada y el sendero estaba atravesado de continuo por troncos que impedían su deterioro por la lluvia y torrenteras. Encontramos varias rocas cubiertas de musgo verde.
Al final del mismo se emplazaba el mirador de las Peñas del Veladero, máxima altura de la ruta con 1550 metros de altitud. Llevábamos unos 4,500 Km en total y eran las 12:00 horas. Desde aquella atalaya sobre el valle se podía contemplar todo el bosque con los oscuros tejos entre los robles y abedules. Varios carteles mostraban información del mismo. Detrás se alzaba la cumbre dentada del alto Cinseiro o Teixedelo con 1609 metros de altura.
Seguíamos sin saber nada del resto y suponíamos que había seguido subiendo hacia la parte alta, aunque la ruta ya comenzaba el descenso al bosque. Creíamos que habían subido ya que José Antonio había comentado llegar a la parte alta casi límite con Portugal. Nosotros optamos por seguir la ruta y ver lo principal de la jornada, los tejos milenarios.
Emprendimos el descenso al valle siguiendo el sendero que se inclinó de forma brusca durante algunos metros hasta suavizarse en un bonito rincón con enormes rocas forradas de musgo y algunos tejos muy jóvenes. Un nuevo panel informativo trataba sobre la vegetación y su expansión por medio de las aves. Allí cerca teníamos el arroyo Teixedelo que se deslizaba por un tobogán de roca bajo las ramas del joven tejo. Realmente era un rincón idílico del bosque.
Avanzamos siguiendo siempre las estacas de madera entrando de lleno en el robledal moteado de otras especies arbóreas y algunas formaciones rocosas con musgo como las anteriores. En la parte alta veíamos la barandilla de madera del mirador donde vimos aparecer a Nati. Nos subimos a unas rocas desde donde se veía parte de la zona alta del valle por donde suponíamos que podían estar los demás. Les llamé con el móvil confirmándome que estaban en la cresta al lado de unos molinos eólicos que antes habíamos visto al subir.
Esperamos allí unos minutos hasta que se nos unió Nati retomando la marcha por el medio del bosque. Hasta el momento no habíamos visto ningún enorme tejo, aunque suponíamos que la ruta nos llevaría a ellos. No tardamos en divisar un puente de madera sobre el arroyo. Se me ocurrió sacar una foto de grupo en él y para eso aproveché la opción del disparo múltiple saliendo una bonita secuencia mía corriendo hacia el puente.
Atravesamos el puente y enseguida nos topamos con lo mejor de la jornada. Un enorme tejo de unos cuatro metros de diámetro cuyo tronco era prolongación de sus raíces hasta en su forma. A partir de allí parecía que hubiésemos entrado en un bosque de cuentos de hadas. Como es imposible describirlo con palabras, solo diré que vimos una veintena mas o menos, de tojos con las mismas características. Nos sacamos numerosas fotos, para lo que hice números acoplando el trípode a las ramas cercanas. Además había despejado un poco y el sol se colaba entre las ramas dando colorido al entorno. Avanzamos por este idílico lugar un buen rato hasta un claro del bosque donde decidimos acomodarnos para comer. Eran las 14:00 horas.
Quince minutos mas tarde fueron llegando los demás desde la parte alta. También ellos habían visto algunos ejemplares de tejos y se acercaron para ver los allí cercanos. Se sentaron con nosotros a comer tranquilamente. El único que faltaba era Vicente, que se había separado de ellos. Yo volví al bosque donde vi unas bonitas pozas en un pequeño arroyo.
Sobre las tres y cuarto de la tarde retomamos la marcha bajando ahora entre robles. En los arroyos veíamos pequeñas cascadas entre musgo verde. Atravesamos el arroyo principal de nuevo y ya en la parte contraria del valle fuimos a dar a la bifurcación donde por la mañana habíamos girado hacia el mirador, cerrando así el recorrido circular de la ruta. A partir de allí era desandar el camino de ida.
Enseguida llegamos al final del bosque y entramos en la ladera del valle principal del río Castro. De nuevo vimos pasar un helicóptero, esta vez con un depósito de agua colgando de los usados para los incendios. Llevaba la dirección Oeste Este, aunque le vimos pasar mas veces de ida y vuelta. También vimos mas de una vez un avión que bien podía ser también antiincendios y que cargasen en los embalses cercanos a Puebla de Sanabria.
Zigzagueamos por la ladera entre las altas escobas hasta meternos en el pequeño bosque de la vaguada donde estaba el puente de madera y el merendero. De Vicente seguimos sin noticias y suponemos que ha bajado por alguna de las vallinas desde las crestas. Pasamos de nuevo por encima de la vía y enseguida llegamos al aparcamiento de coches donde comenzaba la pista. En varios grupos vamos restando los metros hacia el final de la ruta. Al pasar cerca del túnel del reguero comprobamos que por encima pasa la vía ferroviaria que no se llega a ver. Al final de una vaguada sobresalen algunas afiladas agujas de la sierra.
A las 17.00 horas llegamos al final de la pista y de la ruta. Cerca del río está Vicente con algunos de los que iban por delante. Escasos 100 metros nos separan de los coches donde nos cambiamos mientras vemos pasar un tren por la vía. En diez minutos nos ponemos en marcha y poco después atravesamos Requejo para salir esta vez por la nacional hacia Puebla de Sanabria. Camino de éste me hace señales José Antonio y al parar me indica que de frente se ve el pico Vizcodillo.
No eran las cinco y media cuando aparcamos en la plaza del ayuntamiento de Puebla de Sanabria. Entramos a la iglesia de Nuestra Señora de Azogue donde vimos numerosos altares, un antiguo órgano y algunos cuadros. Un joven nos explicó algunos detalles de dicho templo.
Salimos fuera y nos dirigimos hasta el castillo donde al final no se decidieron a entrar. Estuvimos un rato en la entrada con las dos jóvenes que lo atendían y que nos dieron algunos folletos informativos. Por las calles cercanas volvimos a la plaza y entramos a tomar un refrigerio en un bar cercano donde estuvimos un rato e hicimos las cuentas de la salida.
Las 18:50 horas eran cuando salimos de Puebla hacia León. Enlazamos con la autovía de Benavente enseguida y sin novedades con la de León mas tarde llegando a éste cuando eran las 20:20 horas. En Guzmán dejamos José y yo a los acompañantes terminando así otra nueva excursión del club de montaña Cumbres de León.