lunes, 29 de abril de 2002

PEÑAS PINTAS (Las Salas) 28-04-02


1ª ASCENSIÓN A “PEÑAS PINTAS”.

28-04-02        (Domingo)

Por fin hemos alcanzado uno de los objetivos pendientes desde hace algún tiempo, cuando intentamos coronar la cima de esta cumbre, sin éxito por culpa de la climatología. Esta vez todo se dio positivamente y conseguimos llegar a la cota más alta del pequeño macizo de Peñas Pintas que lo forman tres cumbres muy cercanas.
Sobre las 8:00 horas llegó Carlos Gil a mi casa donde poco después lo hizo también Miguel. En el coche de este último nos acercamos hasta Guzmán donde habíamos quedado con el resto para salir. Con algo de retraso fueron llegando y nos repartimos en los coches de Cristina, Ángel y Pablo. Además de los seis ya mencionados, también iban: José F., Sheila, Antonio y Omar.
Pasadas las 8:30 horas salimos de León hacia Mansilla donde nos desviamos con dirección a Cistierna. Precisamente allí encontramos a mi padre que iba a una excursión a Riaño y habían parado a tomar un café. Nosotros también paramos a tomar un café unos minutos antes de continuar el viaje hacia Las Salas desde donde comenzaríamos la ascensión. Al contrario de lo habitual, el cielo nublado de León se había ido despejando del todo.
Pasadas las 10:00 horas llegamos a este pueblo y con los coches intentamos subir por una pista para adelantar algo de camino, pero al final desistimos y aparcamos en la plaza de la iglesia. Allí nos preparamos y media hora después comenzamos a caminar. Tras unos metros por la carretera con dirección Riaño, y ya casi al final del pueblo, entramos en otra pista que comenzaba a subir por un hayedo en la falda del pico La Corona. En éste se alternaban los tramos suaves con algún repecho de mayor pendiente, pero se hacía cómoda la subida.
De esa forma llegamos a una especie de refugio con una fuente cercana. Lo dejamos a nuestra izquierda y continuamos con dirección hacia el pantano de Riaño siguiendo el camino muy bien marcado. Delante de nosotros teníamos ya las tres cimas de Peñas Pintas. La de mayor altitud nos quedaba justo hacia el lado contrario al que nos dirigíamos y por ello tuvimos que cambiar el rumbo. Algunos continuaron por el camino unos metros más mientras que otros decidimos atacarlo por la ladera. Unos metros más arriba nos juntamos de nuevo en una senda que ya se dirigía hacia la cumbre más alta.
La pendiente comenzó a pronunciarse y descendió el ritmo de la marcha. Algunos comenzaron a adelantarse y otros quedamos por detrás tranquilamente. El paisaje se hacia cada vez más amplio y bonito y comenzamos a ver la parte del pantano donde se sitúa la presa. En unas rocas estuvimos un buen rato descansando a la vez que manteníamos una profunda reflexión sobre creencias personales.
De nuevo en marcha llegamos a la zona rocosa donde encontramos trechos en los que había incluso que trepar algo. El cansancio ya se hacía notar y el sol calentaba a pesar de la brisa agradable que corría. En las rocas había numerosas marcas indicando el camino, pero había a la vez varios caminos y no se distinguían bien unos de otros, por lo que era mejor seguir por donde mejor fuésemos viendo.
En marzo del pasado año, cuando intentamos esta ascensión, nos lo había impedido una ligera capa de nieve, resbaladiza en la roca, a pocos metros de la cumbre. Ahora se encontraba seca del todo y las botas se agarraban a ella firmemente sin problema alguno. Pasamos por algunas gargantas que sorteamos más o menos bien y alcanzamos por fin una collada desde la cual ya vimos la parte contraria con Riaño, el pantano y el pico Yordas entre otros detalles. Ahora íbamos juntos Omar, Antonio, Ángel y yo. José había decidido quedarse pocos metros antes y el resto ya estaba en la cima.
Desde allí solo nos quedaban unos pocos metros serreando por la roca hasta la cumbre. Por la parte norte del pico vimos impresionantes paredes completamente verticales. Con algo de precaución con este precipicio, recorrimos estos últimos metros hasta llegar a la altura máxima de aquel macizo donde ya se encontraban los demás, algunos desde hacía una hora. Eran las 14:30 horas.
La perspectiva era impresionante hacia cualquier punto que se mirase. Echando la vista hacia el norte teníamos las cumbres del pico Yordas, Redondo, Gildar, etc. Girando hacia la derecha nos encontrábamos con Peña Prieta y el Espigüete al este, Peña Corada, la doble cima del pico Moro o Peña Rionda hacia el sur, y ya mirando casi al oeste y al fondo, Peña Ubiña, Valdorria, Susarón y todas las cumbres de San Isidro: Torres, Agujas, Ausente o Rapaona, subida este mismo año por nosotros. Igualmente distinguíamos varios pueblos cercanos como Riaño, Salamón, Valbuena del Roblo y Las Salas.
En la cumbre estaba el punto geodésico y una pequeña cruz con un buzón bastante estropeado ya. Por debajo de unas rocas vimos una pequeña imagen de la Virgen del Roblo, según figuraba en otra placa a su lado. Como es tradición, el 15 de agosto suben desde Las Salas en romería hasta la cumbre de este pico. Claro, no solo el que quiere, si no el que puede, por que de sencillo no tiene un pelo.
Alrededor del hito nos acomodamos para comer disfrutando de todo este bello espectáculo paisajístico. Miguel optó por comenzar a bajar hacia donde había quedado José y poco después les vimos a los dos ladera abajo. También Carlos comenzó el descenso, pero lo hizo por otro lugar diferente al de subida, aunque por la misma vertiente. Algunos, como Cristina, Pablo o Sheila, se tumbaron al sol como lagartijas. Yo saqué varias fotos del paisaje y del grupo. Igualmente dejamos nuestra tarjeta de cumbres recogiendo otra del club “Fariñentu”, de Pola de Lena.
Alrededor de las 16:30 horas emprendimos el descenso el resto del grupo. Por variar, seguimos a Carlos a pesar de que nos había dicho a través del walkie que había algunos tramos algo complicados. La pendiente era exagerada y en muchos lugares había que echar el culo a la roca para bajar. Además estaba el peligro de las piedras sueltas que rodaban hacia los que iban delante. Un buen rato nos llevó pasar el tramo más empinado hasta llegar a otro de menor pendiente. El sol seguía calentando ahora como pleno mediodía.
De esa forma llegamos por fin al lugar donde esperaban Carlos, Miguel y José, que estaban cerca de otro pequeño refugio en una vega a media altura. Allí nos sentamos un rato a la sombra de un árbol dando un poco de descanso a las piernas que traíamos “machacadas” del fuerte descenso tras la larga subida.
De nuevo en marcha nos metimos en el valle por el que la vez anterior habíamos ascendido. Siguiendo algunas sendas o ladera abajo, llegamos a una fuente con pilón donde el agua nos supo como el mejor de los manjares, ya que se nos había terminado a todos la que llevábamos. A partir de allí entramos en un camino bien marcado que nos llevó hasta el cruce con el que subía desde Las Salas hacia Salamón. Cómodamente fuimos descendiendo disfrutando a la vez del bello y verdoso paisaje de los prados y laderas.
Poco después de las 18:30 horas entramos en Las Salas por aquel camino que era el mismo por el que habíamos intentado subir con los coches por la mañana. Como apunte curioso, en una fachada de una casa vimos la base de plástico de una mesa de terraza llena de agujeros, y con una inscripción haciendo referencia a la fuerte granizada que los había producido hacía algunos años.
Tras atravesar el pueblo llegamos por fin a la plaza de la iglesia donde estaban los coches aparcados. Aquí nos cambiamos y estuvimos un rato descansando tranquilamente antes de ponernos en marcha. Sin novedad alguna hicimos el viaje de regreso hasta entrar en León. En Guzmán paramos todos y nos despedimos cada uno para su lugar de origen. Carlos y yo vinimos con Miguel para Armunia donde nos dejó éste antes de continuar hacia Valdevimbre.
Con ello terminamos otra actividad más de nuestro club de montaña. Esta vez con la satisfacción de haber alcanzado un objetivo que anteriormente se nos había resistido


















lunes, 15 de abril de 2002

RUTA DEL ALBA (Soto de Agues - Asturias) 14-04-02


1ª TRAVESÍA “RUTA DEL ALBA”. (Asturias).

14-04-02       (Domingo)

De nuevo hemos salido otra jornada mas para realizar una bella travesía por la zona asturiana de Laviana. Exactamente se trataba de la Ruta del Alba, una marcha a través del curso del río Alba, afluente del Nalón, que nace en las vertientes del pico Retiñón, cercano a Felechosa.
Tras unas previsiones no muy alentadoras respecto a la climatología, al final, salvo cuatro pintas contadas, nos dejó disfrutar sin problemas de esta travesía que seguidamente relato.
Sobre las 7:30 horas llegó Miguel hasta mi casa donde ya estábamos Juli y yo preparados. En principio no iba a llevar Miguel su coche, pero decidió hacerlo por su cuenta ya que luego quería acercarse hasta Oviedo para ver un partido de fútbol si le daba tiempo. Juli y yo salimos en la furgoneta mientras él iba en el suyo. Tras recoger a Omar nos acercamos hasta el comienzo de la carretera de Asturias para ver si estaba José f. esperando por Pablo, el cual ya había avisado a Omar que no iría. Allí ya no estaba y por teléfono nos dijo que ya estaba enterado y había recogido ya a Jorge y Sonia. En la gasolinera del alto de la Copona nos unimos a ellos y con los tres coches emprendimos el viaje hacia el puerto de Pajares.
Pensábamos que íbamos a encontrarnos con algo de nieve en el puerto, pero solo vimos algunos pequeños corros en la calzada y sin espesor alguno. Sí que había niebla espesa en la cima y durante algunos kilómetros después. Con precaución bajamos este puerto y llegamos a Campomanes donde entramos en la autopista por la que circulamos hasta llegar a Mieres donde la abandonamos. Aquí cogimos otra carretera hacia Langreo y luego hacia Pola de Laviana. Pasado este y con dirección al puerto de Tarna, se encuentra Rioseco de Sobrescorbio donde ya tomamos el desvío hacia Soto de Agües, al cual llegamos sobre las 10: 15 horas. Habíamos recorrido 148 Km.
En un aparcamiento dejamos los coches y 15 minutos más tarde emprendimos la marcha. Jorge y Sonia eran los guías, ya que eran los dos que la habían hecho y propuesto al club. Tras atravesar el pueblo salimos por una pista que parte cerca de un lavadero de ropa. El valle era muy abierto y el río bajaba hacia el pueblo por nuestra izquierda bastante alejado. En el cielo se alternaban los claros y los nubarrones que tapaban las cimas en forma de niebla.
A unos 500 metros de Soto encontramos la piscifactoría Alba, que aprovecha el agua del río para la cría de la trucha. Allí cerca había un cartel con la descripción de la ruta. Según éste, tenía 7,1 kilómetros y un desnivel de 300 metros. Soto de Agües se encontraba a 500 m y la Cruz de los Ríos, donde terminaba, 800 m.
El valle se iba cerrando poco a poco entre las laderas pobladas de hayas y otras numerosas especies de árboles. En los prados vimos algunas vacas y bonitos terneros. Igualmente distinguimos numerosas cabras que nos observaban desde las rocas escarpadas. Al lado del camino quedan los restos de un antiguo cargadero de mineral, que por el color rojizo, bien podría tratarse de hierro. En el río vimos algunos pescadores con caña en mano intentando atrapar alguna pieza.
Numerosas cabañas, algunas de ellas muy recientes, se emplazaban en medio de las verdes praderas. Hasta la última de ellas llegaba esta pista que se convirtió luego en senda más estrecha y pedregosa. Estábamos entrando ahora en lo más bello de la ruta, el desfiladero. El río se abría paso entre las paredes de roca formando numerosas cascadas en su curso. Igualmente se veían algunos saltos de agua desplomarse por las paredes o laderas de dicho cañón.
Miguel iba fotografiando todo lo que se le ponía delante, flores, animales, paisaje, en fin, de todo. Lo cierto era que merecía la pena plasmar todos aquellos detalles indescriptibles por su encanto. Como curiosidad, en las raíces de un árbol que se sostenía sobre la roca misma, había colocado un portal de Belén con el nacimiento dentro.
La lluvia había comenzado a caer suavemente en forma de “calabobos”.
La roca había sido excavada en numerosos lugares para abrir paso en el desfiladero e igualmente cimentado el suelo de la senda para poder pasar. En el medio de este cañón había un puente por el que tuvimos que pasar al lado izquierdo del río. Allí mismo pudimos disfrutar de otro bello espectáculo del agua. Una gran cascada caía de las paredes sobre el cauce del río donde se formaba a su vez otro gran salto. Allí paramos un rato para disfrutar de todo ello y sacar numerosas fotos. Tras este puente han hecho varios escalones para evitar la resbaladiza roca.
Por esta margen del río se continua la marcha en la que se acentúa un poco más la pendiente. El río con sus numerosos saltos iba amenizándonos la vista hasta que llegamos al final del desfiladero. Aquí atravesamos por otro puente a la margen contraria del cauce y poco más adelante se encuentra la Cruz de los Ríos donde se unen las aguas que bajan del pico La Forcada y las del Retriñón. A través de otro puente sobre este último cauce y una pequeña subida llegamos a la cabaña de la Vega del Llaimo, donde la ruta en sí se termina. Eran entonces las 12:45 horas.
Allí se encuentra un refugio, cerrado en ese momento, con numerosos bancos y mesas de madera a su lado. El valle se divide hacia derecha e izquierda siguiendo la dirección de los dos arroyos anteriores. Como era aún pronto, decidimos seguir un poco más arriba como lo habían hecho Jorge y Sonia la vez que habían ido. El cielo se había cubierto cada vez más y amenazaba más lluvia.
Nos dirigimos hacia la izquierda y nos encontramos con el cauce del río sin ningún puente para cruzarlo. Cambiamos entonces de rumbo y seguimos una senda por una ladera hasta meternos en el bonito hayedo del Monte Llaimo. Fue entonces cuando volvieron a caer otras cuatro pintas. Los árboles se encontraban aún sin hojas pero en pleno brote primaveral. Vimos algunos caídos y sobre uno de los derechos se mantenía una gran rama partida casi en equilibrio. También formaban un curioso paisaje las numerosas piedras cubiertas completamente por musgo de un verde intenso.
Tras media hora escasa de ascensión por aquel bosque decidimos dar la vuelta hacia la caseta para comer allí. Al llegar vimos que otro pequeño grupo, al que habíamos visto en el pueblo, ya se había acomodado en una de las mesas. Nosotros nos sentamos en otra cercana y nos pusimos a reponer fuerzas aprovechando la ausencia de lluvia en esos momentos. Por cualquier sitio estábamos rodeados de altas cumbres aún con restos de nieve de las nevadas caídas en los últimos días.
Estando en ello comenzó a llegar más personal de la parte de arriba y se fue aposentando en las mesas que quedaban libres. Luego supimos que venían de Cabañaquinta haciendo una ruta hasta Soto, donde les esperaba el autocar.
A las 14:15 horas emprendimos nosotros el regreso hacia este pueblo. De nuevo nos metimos en el cañón atravesando el primero de los túneles sobre uno de los arroyos para franquear enseguida el segundo ya sobre el río Alba. Sin duda habíamos ido en la mejor época para disfrutar del espectáculo del agua. Hubiese sido inmejorable haber tenido la presencia de un sol claro que diese luz a toda aquella grandeza.
Al llegar a las dos grandes cascadas nos detuvimos de nuevo y sacamos alguna foto de todo el grupo con las mismas detrás. En algunos lugares de la ruta habían colocado una barandilla de madera para protegerse del desnivel hacia el río, pero había tramos en los que ésta no existía. La senda tan pronto iba casi al nivel del río como muy por encima al caer éste en los numerosos saltos del cauce. En este cañón estaba también el mayor desnivel de toda la ruta, bajando ahora casi 200 metros de los 300 totales en los dos kilómetros aproximados que tiene el desfiladero.
No tardamos en ver por detrás de nosotros a parte del grupo que había llegado a la cabaña anteriormente. Con dos señoras entablamos conversación ya que conocían algunas zonas de la montaña leonesa. Así entramos sin darnos cuenta en la pista ancha y vimos las primeras cabañas en los verdes prados. Otra vez pasamos cerca de las vacas con las crías y del cargadero de mineral.
El regreso se me iba haciendo ya más largo de lo que pensaba y bromeábamos diciendo que nos iban alejando el pueblo según nos acercábamos nosotros. El cielo iba despejándose cada vez más y el sol se reflejaba en las laderas y los picos altos.
Desde la piscifactoría divisamos el ya cercano pueblo. En el agua de ésta vimos un gran número de truchas formando bancos.
A las 15:45 horas entramos en Soto de Agües. De nuevo tuvimos que atravesar el pueblo para llegar al aparcamiento donde teníamos los coches. Al lado estaba el polideportivo donde jugaban algunos jóvenes. Nos cambiamos el calzado y nos acercamos hasta una bar del centro del pueblo donde tomamos una sidra, refresco o café.
Sobre las 17:00 horas nos pusimos en marcha hacia León. Miguel, como había dicho, iba hasta Oviedo e iba el solo en el coche. Hicimos la misma ruta de la ida y salimos a la autopista en Mieres. Por ella circulamos hasta Campomanes donde la dejamos para subir el puerto Pajares. En este encontramos algunos camiones que nos costó trabajo dejar detrás. Ahora no encontramos niebla y la carretera estaba algo más seca. Sin problemas alcanzamos la cima y comenzamos el suave descenso hacia la parte leonesa. Como habíamos acordado, paramos en un bar situado poco antes de Villamanín a tomar otro vaso.
Unos minutos después nos pusimos de nuevo en marcha y sobre las 19:30 horas llegamos a León. Frente a su casa dejamos a Omar y poco más tarde llegamos Juli y yo a Armunia.
Así terminamos esta primera actividad de un mes de abril un tanto revuelto respecto a la climatología. En esta ocasión no nos fue mal del todo y pudimos realizar la ruta prevista. Al igual que la anterior, con escasa participación de los socios del club.


























lunes, 25 de marzo de 2002

LOS PUENTES Y LOS TÚNELES DE LA FREGENEDA (SALAMANCA) 23/24-03-02




1ª TRAVESÍA “RUTA DE LOS PUENTES Y LOS TÚNELES”. (Salamanca).

23/24-03-02

Primera salida de dos días hecha por el club este año. La zona escogida fueron Los Arribes del Duero, y más concretamente la zona salmantina de La Fregeneda. El número de participantes fue más reducido de lo previsto, quedando en tan solo 4 componentes. Aún así nos decidimos a realizarla y el resultado fue como sigue:

Sábado 23
Sobre las 15:30 horas llegó pasó Miguel a recogerme por casa pasando a continuación a por Roberto en León. El último de los participantes era Toño, que ya estaba en Salamanca donde trabaja. Sobre las 16:15 horas emprendimos el viaje por la carretera de Zamora. El tiempo no podía presentarse mejor, con un cielo despejado y calor veraniego.
Sin novedades realizamos el viaje por la nacional hasta Benavente donde nos desviamos hacia Zamora, la cual pasamos por el centro prácticamente. Poco antes de llegar a Salamanca llamamos a Toño para que saliese a recibirnos a la entrada de la ciudad. Alrededor de las 18:30 horas paramos nada más pasar el campo de fútbol de esta ciudad y allí llegó Toño poco después.
En principio habíamos pensado pasar la noche en un camping cercano a la ciudad, pero como sólo íbamos tres, Toño nos ofreció pasar la noche en el piso que comparte con otros compañeros. Hacia él nos dirigimos y subimos los sacos de dormir y poco más. Luego salimos caminando para dar una vuelta por una ciudad que encontramos repleta de personal debido en gran parte a ser ésta la sede de la Cultura Europea 2002. Por varias calles llegamos a la bonita Plaza Mayor donde había si cabe mas gente que por las calles. Luego nos acercamos hasta la Catedral y la visitamos por dentro.
Ya anochecido estuvimos por una zona de bares tomando unos vasos y decidimos cenar en un burguer desde el que ya regresamos al piso de Toño donde estaba un compañero de este y allí estuvimos un buen rato de charla y viendo la tele. Después preparamos los sacos de dormir en el salón y nos acostamos sobre la 1:00 h.

Domingo 24
A las 8:30 horas sonó el despertador y nos levantamos. Allí mismo desayunamos y preparamos las mochilas para la ruta. En el coche de Miguel nos acomodamos los cuatro y salimos con dirección a La Fregeneda, pueblo casi en el límite con Portugal. Tras pasar por Vitigudino, Lumbrales y haber recorrido unos 110 kilómetros, llegamos a este pueblo. A la entrada vimos un cartel informativo y paramos a estudiarlo. Luego preguntamos en el pueblo por la antigua estación de La Fregeneda, de la cual partía la ruta. En el medio del pueblo coincidieron tres rebaños de ovejas que tuvieron que controlar para evitar que se juntasen unas con otras.
Retrocedimos por la carretera unos dos kilómetros y nos metimos por un camino descendente hasta llegar a dicha estación en ruinas. Allí vimos otros dos coches aparcados y a un grupo que se disponía a hacer la marcha como nosotros. Tras consultar el resumen de la ruta vimos que había que dirigirse hacia el sur, no al norte como nosotros habíamos supuesto dado la situación del río Duero desde allí.
A las 11:30 horas emprendimos la marcha por el medio de la vía ya en desuso desde hace 17 años. A unos 300 metros nos encontramos el primer túnel y el más largo, cerca de kilómetro y medio. Éste es de trazado recto y al fondo siempre veíamos la claridad. Mientras Toño y Miguel iban por delante, Roberto se rezagaba por detrás de mí. Con las linternas íbamos sorteando las traviesas, piedras, y demás obstáculos de la vía. Veinte minutos tardamos en pasar este oscuro túnel hasta salir de nuevo a la luz del sol. A nuestra izquierda teníamos ahora el bonito valle del arroyo Morgaez.
La vía trascurre por la ladera derecha de este valle en cuyo fondo se distingue el cauce de dicho arroyo. En algunos lugares tuvieron que hacer asiento con piedras para salvar los desniveles del terreno y en esos sitios había bastantes cortados hacia abajo. Poco antes de entrar en el segundo túnel, de muy pocos metros de largura, dejamos detrás al grupo que había salido antes y que estaba parado en ese momento. La tercera galería fue algo mas larga y curva, por lo que durante un rato no veíamos absolutamente nada sin las linternas. Fue en ésta donde vimos numerosos murciélagos en el techo abovedado. Igualmente había gran cantidad de mosquitos que eran atraídos por la luz de las linternas. A la salida estaban los restos óseos de una oveja en el medio de la vía.
De frente teníamos ahora otro bello paisaje, el cañón del río Águeda, en el cual desemboca el arroyo Morgaez. Tras unos metros llegamos al primer puente de la ruta con un recorrido de unos 100 metros. Al comienzo del mismo estaban tres jóvenes que intentaban bajar por una escalerilla hasta la parte baja del puente por donde transcurría una pasarela estrecha. Este puente lo pasamos bien por el centro ya que las traviesas de la vía estaban juntas unas a otras. Nos comentaron ellos que más adelante había otro con las traviesas quemadas y había que pasar por una estrecha pasarela lateral.
Disfrutando de las bellas vistas del valle del Águeda fuimos avanzando a través de otros puentes y túneles de este antiguo trazado ferroviario. En el sexto túnel encontramos una boca lateral por la que se podía salir y ver otras panorámicas del cañón. Por la ladera opuesta se desplomaban numerosas cascadas de larga caída hacia el cauce del río.
Tras salir del mismo y recorrer unos pocos metros, entramos en el séptimo túnel. A su salida nos encontramos con el puente quemado que nos habían comentado los jóvenes anteriores. Tenía una buena longitud, unos 200 metros, e iba en curva. Las traviesas estaban carbonizadas y solo se podía pasar por cualquiera de las dos pasarelas laterales de hierro. Estas eran vigas de unos 40 cm de ancho y como barandilla había unos estrechos tubos que daban poca seguridad a pesar de parecer bien soldados. Escogimos la orilla derecha que no daba hacia el valle para evitar aún más el vértigo de caída que había dado el fuerte desnivel que atravesaba el puente.
Toño comenzó a pasar el primero seguido de Miguel y yo en tercer lugar antes de Roberto. Con una mano iba agarrado a la barandilla y con la otra grabando esta hazaña. La vista la llevaba al frente para evitar mirar al precipicio que teníamos debajo. Daba unos pasos, paraba, avanzaba la mano y daba más pasos. Al ser curvo, constaba de tres partes separadas unas de otras por tan solo unos centímetros, suficientes para extremar el cuidado en estos empalmes.
Un rato me llevó atravesar este puente tras el cual se encontraba el octavo y último túnel que nosotros íbamos a pasar. A su salida se abre el valle y pueden verse los efectos destructivos del fuego que hace años arrasó esta zona cubierta de enebros. Al lado de la vía se puede ver un gran chopo carbonizado al lado del cual nos acomodamos para comer. Eran las 14:00 horas aproximadamente.
Allí teníamos que abandonar la vía para dirigirnos de regreso hacia la estación. Habíamos hecho una especie de herradura y ahora teníamos que atajar para llegar a ésta. La ruta completa continúa hasta llegar a la confluencia del Águeda con el Duero ya en la frontera portuguesa.
Hacia la derecha subía una vaguada por la que teníamos que ascender para coger el camino de La Fregeneda. En la parte alta se veía una gran torre de elevación de agua y Roberto decidió subir hasta ella quedando luego en encontrarnos en aquel alto. Nosotros aprovechamos la sombra del grueso tronco para comer tranquilamente. El sol calentaba lo suyo a pesar de la calima alta que cubría el cielo. Por la vía pasaron los jóvenes que habíamos dejado en el puente y les pedí que me dejasen ver los papeles que llevaban de la ruta para hacerme una idea del trayecto que íbamos haciendo ya que nosotros no teníamos el mapa. Como tenían más copias, nos dieron una a nosotros.
Sobre las 15:00 horas emprendimos la marcha de nuevo. Al lado de la vía se ve una especie de barrera de paso a nivel y un camino ya imperceptible que sube valle arriba. A través de aquella vaguada fuimos ganando altura sorteando a veces algunos alambres colocados, seguramente, para evitar que el ganado baje hasta el fondo del valle. Trabajo me costó subir a mí después de haber comido.
En media hora llegamos a la parte alta de la hondonada. Como creíamos que Roberto estaba en la torre, nos dirigimos hacia ella. Andábamos un poco despistados ya que no sabíamos exactamente la situación del pueblo y hacia donde teníamos que coger el camino que había. Al llegar a la torre, de varios metros de altura, vimos que Roberto no estaba por allí, como habíamos quedado. No tardó en sonar mi móvil y resultó ser él, que ya estaba en el pueblo. Esto me mosqueó ya que no era lo que habíamos quedado y así se lo dije, sin caso alguno por su parte. Nos indicó la dirección a seguir y lo que nos quedaba hasta llegar a La Fregeneda.
Desde la esbelta torre tuvimos que volver a descender un trecho para comenzar a subir de nuevo por la pista ya bien marcada. El campo lo encontramos bastante florido y verdoso y vimos varias huertas y prados al lado del camino. En uno de ellos pastaba un rebaño de ovejas con varios perros guardándolas. En otro había un “600” ya bastante corroído por el paso del tiempo. Yo ya iba bastante cansado y la pendiente aquella también me costó un esfuerzo adicional. Ya en la parte alta vimos la torre de la iglesia del pueblo no muy lejos de nosotros.
Sobre las 17:00 horas llegamos a éste. Antes de entrar nos encontramos con un lugareño con el que estuvimos conversando y al cual preguntamos por el camino hacia la estación. Nos informó de donde salía y hacia allí nos dirigimos. No tardamos en ver a Roberto sentado a la sombra de una caseta y aún comiendo. Al pasar solo le dije que se pusiese en marcha, que no iba a esperar por él.
Atravesamos la carretera y nos metimos en un camino que bajaba hacia el valle donde se sitúa la estación a unos dos kilómetros. No era el mismo por el que habíamos bajado con el coche por la mañana, aquel salía dos kilómetros antes del pueblo y este justo de la entrada del mismo. Tras recorrer un buen trecho nos encontramos la fuente que antes nos había indicado el hombre aquel.
Aquí paramos un rato y nos alcanzó Roberto. Venía mosqueado ya que decía que había tenido que esperar un buen rato por nosotros y que ahora encima le metíamos prisa. Esto fue el colmo de la provocación. O sea, tras haberse separado él del grupo y no haber esperado donde se le dijo, encima teníamos la culpa nosotros. Los ánimos se calentaron y se encendieron los humos teniendo una fuerte discusión al lado de la fuente aquella y durante el resto del trayecto siguieron las disputas.
El camino aquel desembocó en el que habíamos usado con el coche y que pasaba al lado de una antigua caseta de electricidad. Tras unos 300 metros por dicha pista, llegamos a la estación donde había quedado el coche. Eran las 17:30 horas.
Aquí nos cambiamos el calzado y sin más emprendimos el regreso hacia Salamanca Por el camino salimos a la carretera y por la misma llegamos a la ciudad del Tormes. Del piso de Toño, donde ya quedó él, bajamos lo que habíamos dejado allí por la mañana: saco de dormir, ropa de repuesto, etc., y en un bar cercano tomamos unos vasos antes de emprender el viaje hacia León sobre las 20:00 horas. En el trayecto nos encontramos con bastante tráfico, pero fluido. Eran las 22:00 horas cuando me dejaron a mí en Armunia tras haber recorrido un total aproximado de 640 kilómetros.
Y de esa forma dimos por finalizada otra salida más del club de montaña. Esta vez la participación fue más bien escasa, pero, salvo algunas puntualidades, resultó bien el tema.