lunes, 2 de julio de 2012

TRES OBISPOS - LOS PENEDOS - LAS CHARCAS - CUERNO MALDITO (Porcarizas) - 01-07-12

 


1ª ASCENSIÓN A “CUERNO MALDITO”, “LAS CHARCAS”,

“LOS PENEDOS” Y “TRES OBISPOS”. (Porcarizas).

01-07-12          (Domingo)

Una vez más hemos intentado, esta vez con éxito, la ascensión al pico Tres Obispos, al que ya el club pretendió subir en marzo pasado cuando la climatología adversa se lo impidió. En aquella ocasión no iba yo, y la niebla y lluvia hizo imposible alcanzar dicho objetivo. Esta vez no solo no llegamos a esta cima, sino que nos recorrimos parte del cordal en el que se emplazan también las del Cuerno Maldito, Las Charcas y Los Penedos.
Hemos ido seis componentes del club: Álvaro, José Antonio, Santiago, Mª Jesús, Nati y yo. De Guzmán salimos a las 8:00 h. en mi furgoneta todos menos Marcial, que se nos unió en Astorga minutos más tarde. Por la autovía circulamos hacia Villafranca del Bierzo dejando atrás algunas nieblas en la zona del Manzanal. En dicha localidad abandonamos esta vía rápida y nos metimos en la estrecha y serpenteante carretera hacia Porcarizas, 1000 m. A las 10:20 horas llegábamos a dicho pueblo tras 158 Km., aparcando los coches en un rincón de una calle a la salida del valle norte.
Nos preparamos para la ruta y cargamos agua antes de ponernos en marcha a las 10:40 horas. Por el camino paralelo al arroyo de Porcarizas comenzamos a ascender suavemente entre escobas floridas contemplando al fondo parte de la sierra que luego recorreríamos. Pasamos al lado de un merendero y el antiguo molino cerca del cual pastaban varias vacas y terneros. Tres mastines comenzaron a seguirnos y lo hicieron durante un buen trecho. Vimos innumerables plantas con campanillas rosadas formando bellos ramilletes. También encontramos muchos helechos de gran verdor que contrastaban con las laderas floridas de color amarillo y morado formando una bonita alfombra. El camino atravesó entre praderías, algunas de ellas cercadas con bajas tapias de piedras, y un tramo de arboleda antes de salir de nuevo a cielo abierto en un gran helechal. Caminamos un tramo más entre este bonito entorno antes de salir a una pista ancha que bajaba por la ladera de la izquierda y seguía hacia el fondo del valle. Hace unos años, cuando hicimos una travesía por este valle, había nieve y encontramos un todoterreno atascado en esta pista.
Al llegar al cambio de rumbo de la pista, que volvía por la ladera contraria, atravesamos un puente sobre el arroyo y allí cerca estaba el desvío del sendero que se internaba en el bosque. Un indicador marcaba “Camino Antiguo – Fuente de los Cardos”. Una cadena impedía el paso de vehículos, aunque estaba en el suelo. Nos metimos en este sendero entre arboleda tupida hasta llegar a la Fuente Bendita. Un puente de madera nos dio paso al otro lado del arroyo dónde estaba el manantial. Bebimos de este agua con un vaso que llevaba Álvaro encontrándola fresca y rica.
Retomamos la marcha por el sendero que ahora salía de nuevo al sol. De vez en cuando veíamos enormes piedras redondeadas y cubiertas de musgo en las márgenes de la senda. En medio de la explanada vimos otra piramidal con dos árboles a su lado, un acebo de hojas verdes y otro cargado de flores amarillas. Pasamos al lado de una zona vallada con alambrada antes de meternos en el verdadero bosque del valle. No especificaré que clase de árboles vimos por allí, porque nunca los he distinguido muy bien, pero los vimos de formas realmente curiosas y retorcidas. Uno de ellos estaba cubierto totalmente con líquenes que le colgaban de las ramas y tronco haciéndole parecer un tanto fantasmagórico. En otro de gran tronco nos sacamos una foto Álvaro, Mª Jesús y yo, que éramos los que quedábamos por detrás. En algunas zonas los árboles formaban un tupido bosque de troncos no muy gruesos.
Dejamos un desvió a la derecha hacia la Fuente de Los Cardos mientras nosotros dábamos un giro a la izquierda. Encontramos acebos cargados de frutos rojos en este tramo en el que la pendiente se hacía notar. Salimos poco después del bosque viendo enseguida el refugio por encima de nosotros. Por detrás de él también vimos algo que no era alentador, la niebla se cerraba en las cumbres. Tras unos metros más de subida y salir a un ancho camino, llegamos nosotros al refugio de Las Charcas, 1500 m, a las 13:00 horas.
Allí ya estaban José Antonio y Santiago. El refugio consta de dos habitáculos separados en los que había chimenea, unos camastros, mesas y sillas. La vista del valle era amplia y por encima ya veíamos la cumbre del pico Tres Obispos. La niebla seguía entrando del Norte cubriendo las cimas y bajando unos metros hacia el valle.
Quince minutos después retomamos la marcha por el ancho camino que seguía hacia arriba. Pasamos al lado de un rebaño de vacas y llegamos a la laguna de Las Charcas, que estaba seca. Allí abandonamos el camino siguiendo un sendero entre escobas. Aunque la cumbre del Tres Obispos estaba más al Oeste, nos habíamos desplazado hacia el otro lado siguiendo la mejor opción de subida. Fue en este tramo dónde decidimos que se podía ascender al Cuerno Maldito, la cumbre más alta de ese valle y cuya dirección llevábamos ahora.
Santiago ya había alcanzado la cresta mientras que nosotros íbamos subiendo por la ladera entre matorral bajo y algunos pedreros. Al fondo del valle veíamos Porcarizas, dónde por cierto habíamos dejado a Nati. A las 14:00 horas llegábamos nosotros a la cresta de la sierra, límite provincial con Lugo, cuyos valles veíamos desde allí.
La niebla se mantenía en las cimas del Este por delante de nosotros, aunque no se veía muy cerrado más allá. Incluso de vez en cuando veíamos la cima del pico Las Charcas tras otro más pequeño y cercano. Echando la vista atrás veíamos el cordal que seguía por Los Penedos, Tres Obispos y se perdía hasta llegar a Peña Rubia, cumbre a la que subimos desde Tejéira hace dos años en parte de noche.
Por un sendero comenzamos a rodear la cima más baja por la parte Norte hasta alcanzar el collado siguiente. Fue entonces cuando vimos atravesar a pocos metros un grupo de corzos que pasaron por debajo hacia la parte de atrás. Enseguida comenzamos el ascenso a la cumbre de Las Charcas, aunque algunos la bordeamos hacia el Cuerno Maldito. Santiago ya había llegado a éste y volvía hacia nosotros. Le indicamos que volviese para reunirnos todos en el principal y sacarnos la foto de grupo en él. Nos restaban pocos metros para la cima a la que llegamos nosotros cuando eran las 14:30 horas.
Desde esta cima del Cuerno Maldito, con 1850 metros de altitud, podíamos ver el lago de Burbia bajo las laderas del Mustallar. La niebla se había disipado por completo y la vista era amplia en redondo con numerosas cumbres cercanas y lejanas. También teníamos los valles que bajaban por las vertientes de las dos provincias entre las que nos encontrábamos. Al lado de la laguna de Burbia veíamos a tres personas y enseguida comenzaron a llegar muchas más desde el valle. Por encima de ellos vimos un gran número de corzos en las praderas. De pronto vimos aparecer allí mismo un pequeño perro negro que más tarde comenzó a bajar por estas laderas.
En la cima no había señal alguna de cumbre, así que entre unas piedras colocamos el bote con la tarjeta y pusimos una barra de hierro vertical de las varias que había por allí no sabemos para qué. Nos sacamos también unas fotos de grupo e individuales con toda la cresta que luego recorreríamos hacia el Tres Obispos y emprendimos el paso a éste cuando eran las 15:20 horas.
Pasamos por el collado y en diez minutos alcanzamos la cima de Las Charcas. En esta cumbre de 1800 metros de altitud también dejamos una tarjeta entre el hito de piedras que había y nos sacamos otra foto.
Bajamos la ladera hacia el collado pasando una alambrada que a la subida casi “me como”. Esta vez fue Mª Jesús la que se la llevó por delante. Lo cierto es que resultaba un verdadero peligro en medio de la loma dónde no te esperas un alambre sin ningún tipo de señal. Si alguien baja corriendo, como algunas veces hacemos, puede causar un buen accidente. En este collado había dos señales de reserva de caza, una de La Junta de Castilla y León y otra de La Xunta de Galicia.
Emprendimos la subida a la cumbre intermedia sin nombre por la que pasamos poco después. El siguiente collado era bastante largo y comenzamos a cruzarlo por la parte alta siguiendo el sendero bien visible. En pocos minutos lo atravesamos y emprendimos la subida al primero de los varios picachos de Los Penedos. Estas cumbres son bastante rocosas y cómodas de subir. Algunas las pasamos bordeando hasta llegar a la última, la más alta con 1787 metros. Eran las 16:20 horas.
Para sacar las fotos en él tuvimos que hacer algunos números ya que no había casi lugar para colocarnos nosotros y la cámara. Allí no dejamos tarjeta y emprendimos el descenso hacia el último collado antes de subir al ya cercano Tres Obispos. La bajada fue un medio destrepe entre rocas hasta dicho collado. En pocos minutos estuvimos en él y comenzamos el remonte al objetivo principal de la excursión. También en esta subida tuvimos algunos tramos pendientes entre piedras de gran tamaño que sorteamos sin problema.
A las 16:55 horas llegábamos a la cumbre del Tres Obispos con 1798 metros de altitud. Tampoco allí había señal alguna de cumbre. Sí encontramos una en gallego algo más al Oeste que ponía “Tres Bispos”. Nos sacamos unas fotos en la cima y dejamos la tarjeta en un hueco antes de acomodarnos por fin a comer. Del Norte corría una brisa bastante fresca y nos sentamos a la abrigada. En la parte baja veíamos el refugio y en la lejanía la ermita y alguna palloza de Campo del Agua. Mas alejados aún se podían distinguir los edificios de Ponferrada así como la central térmica. Eran numerosas las cumbres que se veían también desde esta cima. Hacia el Oeste, la primera más alta era Peña Rubia, tras los collados que habíamos pasado en su ascensión. Porcarizas estaba oculto tras una de las lomas que caían en la mitad del valle. El verde era el color predominante en el paisaje en el que las escobas granates destacaban.
Cuando terminamos de comer y me levanté me dio un fuerte tirón muscular en el muslo izquierdo que me dejó paralizado. Me era imposible enderezar la pierna sin sufrir un dolor agudo que me quitaba la respiración. Como pude hice unos estiramientos hasta que fue remitiendo en su mayoría. Varias veces me ha dado subiendo y más suave, pero nunca tan fuerte como en esta ocasión. Realmente no hubiese podido bajar si no me hubiera remitido algo como lo hizo.
Eran ya las 18:10 horas cuando emprendimos el descenso. Lo hicimos hacia la loma Oeste entre matorral bajo que no causaba mayor contratiempo. Al llegar a un collado emprendimos el descenso directo al valle en el que vimos otro numeroso grupo de corzos en las praderas. Además pasamos cerca de un gran rebaño de vacas, una con curiosa piel rayada como nunca lo había visto.
Siguiendo los senderos perdimos altura hasta meternos entre matorral más alto y algo de arboleda tupida. En medio de una pradera vimos un mástil de colores para marcar las alturas de las nevadas. Esta vez no llegamos al refugio, al que dejamos unos metros a la izquierda antes de salir al ancho camino. Por éste nos metimos al bosque en el que Mª Jesús y yo decidimos atajar aprovechando que el camino daba una curva. Entre la arboleda comenzamos a bajar más bruscamente encontrando algunos árboles caídos. De pronto vimos por delante lo que parecía una gran roca comprobando luego que se trataba de un enorme tronco derribado de una envergadura que creo no haber visto nunca. Tenía muchas oquedades y nudos y en algunos lugares parecía realmente de piedra. Nos sacamos unas fotos con él antes de seguir descendiendo en busca del camino con el que forzosamente teníamos que encontrarnos. Aunque no tan enormes, vimos algunos ejemplares más de gran calibre y formas retorcidas.
Al fin salimos al camino en el que poco después nos reunimos con Álvaro. Vimos una gran piedra cubierta de musgo y a modo de mostrador de bar en el que nos sacamos también unas fotos. Pasamos bajo un túnel de vegetación y salimos a cielo abierto en la pradera dónde estaba la roca con forma piramidal. Desde ella nos sacamos más fotos con la línea de cumbres como fondo. Metidos de nuevo entre árboles dejamos atrás la Fuente Bendita y pasamos el puente de troncos antes de llegar poco después a la pista de tierra. Eran las 20:05 h.
Por la misma recorrimos unos 200 metros antes de abandonarla hacia el sendero que nos metía entre los helechos y más arboleda. No tardamos en llegar a las praderías en las que estaban las vacas y los mastines que por la mañana nos habían seguido. Esta vez también lo hicieron durante unos metros antes de abandonarnos. Nos fuimos juntando al río en el que se formaban algunas pequeñas cascadas. Así llegamos al merendero con el molino adjunto en el que entramos. En él aún se puede ver parte del mecanismo de moler.
Siguiendo la marcha vimos aparecer la luna detrás de las lomas frente a nosotros. Escasos metros nos restaban para llegar a Porcarizas en el que entramos a las 21:10 horas. Allí mismo teníamos la furgoneta. Santiago ya no tenía el coche y supusimos que se habría ido. Nos cambiamos y nos dirigimos al bar en el que estaban Nati y José Antonio.
En él nos tomamos un refrigerio y fuera, con una vieja bici, estuvieron Nati y Álvaro dando una vuelta. Ya eran las 22:05 horas cuando nos pusimos en marcha hacia León. Por la estrecha carretera hicimos los 25 Km. hasta Villafranca del Bierzo por la que atravesamos para enlazar a la autovía poco después.
Yo iba pendiente de encontrar una gasolinera para llenar el depósito; pues bien todas las que encontramos, incluida una en Cacabelos tras salirnos hacia él, estaba cerradas. Mas cien Km. sin una gasolinera abierta.....ahí lo dejo. Por fin cerca del Manzanal pude echar gasoil y seguir el viaje más tranquilo. En Astorga decidí, dado la hora que era y como excepción, hacer también el último tramo por la de Peaje. A León llegábamos cuando eran las 00:30 horas. Quedaron Álvaro y José Antonio en el centro y acerqué a Mª Jesús a casa antes de llegar yo a la mía poco después.
Cumplimos otro de los objetivos pendientes de este año y lo ampliamos como ya hicimos en la salida de Peña Correa.























lunes, 18 de junio de 2012

NOCTURNA "LA CERVATINA" - "PUEBLA DE LILLO - LAGO DE ISOBA -COFIÑAL" - 16/17-06-12

 


XXI TRAVESÍA NOCTURNA. 3ª TRAVESÍA “LA CERVATINA”.

1ª TRAVESÍA “PUEBLA DE LILLO - LAGO ISOBA - COFIÑAL - PUEBLA DE LILLO” (Diurna).

16/17-06-12

Ya es tradición dentro del club de montaña realizar un par de marchas nocturnas durante la época estival. La primera de este año transcurrió por la ruta de La Cervatina, en Puebla de Lillo. Además, ya de día, completamos el fin de semana con otra ruta entre esta localidad y el lago de Isoba regresando por Cofiñal a Lillo.
Hemos participado seis personas: Marcial, su mujer Charo, Mª Jesús, Álvaro, Tiquio y yo, y un perro, Rex. La previsión del tiempo era regular con alguna previsión de lluvia que sólo se cumplió el domingo por la tarde y muy levemente.

SÁBADO 6
Para no dejar la furgoneta en León, Tiquio pasó a recogerme por casa sobre las 20:00 horas. Nos dirigimos hacia Villaobispo dónde nos reunimos con el resto de componentes emprendiendo el viaje desde allí sobre las 20:35 horas en los coches de Tiquio y el de Marcial. Con el cielo cubierto por nubes y claros avanzamos por la carretera hacia Barrio de Nuestra Señora dónde giramos hacia Boñar. Pasamos por éste y llegamos al pantano del Porma dónde vimos bonitos contraluces al atardecer. En las laderas de la derecha había numerosas torretas eléctricas que están colocando para llevar una línea de refuerzo a la estación de San Isidro.
Así llegamos al desvío de Redipollos en el que se emplaza el camping Las Nieves dónde íbamos a colocar las tiendas de campaña. A él entramos una hora después de salir de León. En el restaurante hicimos la inscripción de entrada y nos indicaron una parcela. Les comentamos las intenciones que teníamos y nos llevaron a una pradera más apartada cerca del río donde no molestaríamos a nadie cuando entrásemos tras la ruta. Nos pusimos a montar las dos tiendas que llevábamos mientras iba anocheciendo y en el cielo se perfilaban las siluetas de las cumbres con una bonita franja anaranjada.
Tras terminar esta tarea decidimos cenar en un parque cercano en el que está la ermita de Las Nieves, al lado de la cual nos acomodamos. En fuente cercana cargamos también las cantimploras para la ruta. De nuevo en el camping nos preparamos para la marcha mochila al hombro y algo abrigados por el fresco nocturno.

DOMINGO 7
A las 23:45 horas nos pusimos en marcha saliendo del camping hacia el pueblo. Por la carretera entramos en Puebla de Lillo diez minutos después viendo un termómetro marcando 10º C. Por las aceras llegamos al centro desviándonos por una calle a la izquierda para atravesar enseguida un puente sobre el río Silván. Minutos después, a las doce en punto, salíamos de Puebla de Lillo por un camino cerca de una fuente y merendero. Unos metros más adelante se encuentra un desvío en el que un cartel de la ruta y mapa nos resumía la misma. Tiene una longitud de 13 Km. (más otros 2 del tramo de ida y vuelta al camping) y es circular, con un desnivel de 285 metros. Está marcada como PR LE-28. Estábamos a 1136 metros de altitud.
Tomamos el ramal izquierdo por el ancho camino entre algo de arboleda y las laderas del pico Susarón a la izquierda. No tardamos en ver una luciérnaga a la que me acerqué para fotografiarla. Más adelante pasamos un tramo rocoso también en esa margen de la pista. Atravesamos un puente y entramos en una zona de cercados de piedras y alambradas. Bajo el camino atravesaban varias tuberías para desagües de arroyuelos y regatos. No tardamos en llegar a la Fuente del Obispo, un merendero situado algo por debajo del camino al que algunos bajamos un momento.
A la 1:10 h. llegamos al punto en el que se desvía el ramal corto de la ruta y que llega al merendero de Pegarúas por el collado de Posadas. Desde este punto, y por la ruta larga, emprendimos una fuerte subida dónde el camino estaba algo más deteriorado y con más irregularidades. De día no ofrecen dificultades, pero por la noche son un continuo obstáculo con el que se van tropezando si no se va atento. Esta pendiente nos llevó a la Vega de Ternillo en la que encontramos un rebaño de vacas entre los matorrales.
Allí entramos en un bosque de hayas que, fotografiados con el flash, salen nítidamente con sus hojas verdes destacando. Íbamos subiendo continuamente con pendiente relativamente pronunciada atravesando arroyos que cruzaban el camino por desagües enterrados. Llegamos al punto más alto de la ruta por debajo de la Peña Solana y situado a unos 1430 metros de altura. Desde allí se desciende suavemente hacia el arroyo de Ruidosos que baja por nuestra izquierda y se pierde por la inclinada pendiente de la derecha formando algunas cascadas a las que la vez anterior habíamos bajado. Eran las 2:00 horas y llevábamos unos 4,5 Km.
De nuevo ascendimos un tramo hasta encontrarnos con un gran roble en el que nos sacamos unas fotos. Más adelante alcanzamos otro punto alto, el Canto del Oso, desde el cual ya se emprende el continuo descenso. Siguiendo la ruta entre el bosque, decidimos Mª Jesús y yo adentrarnos en él en un punto dónde creíamos que se encontraban unos ejemplares de robles de gran tamaño. Al final no los encontramos, aunque resultó interesante caminar entre el bosque a oscuras entre matorrales y árboles.
De nuevo en el camino pasamos cerca de una zona rocosa por la izquierda y entramos en el valle de Támbado donde está el desvío al monte de La Cervatina en el que se emplaza el bosque de Tejos. Eran las 2:40 horas. Hasta él solo hay 400 metros y decidimos acercarnos. Subiendo ligeramente llegamos al cerramiento que lo protege de los animales. Entramos al mismo y bajamos por la ladera hasta encontrar el primer ejemplar de tejo de gran envergadura. Nos sacamos unas fotos alrededor de su tronco antes de buscar el resto de tejos, lo cual no fue fácil. Aunque no están muy lejos unos de otros, en la oscuridad era difícil dar con ellos. Algunos se rindieron y volvieron hacia la salida mientras otros encontrábamos algunos más. De regreso a ésta, los que estaban allí nos dijeron que había un par de lobos en el camino. Pues bien, con cautela avanzamos hasta comprobar que era un mastín agazapado en la cuneta. Enseguida se nos unió a la marcha mientras regresábamos al desvío para tomar ahora el ramal que seguía valle abajo. Con el arroyo de Támbado por nuestra izquierda varios metros por debajo avanzamos perdiendo altura suavemente.
Fue en este tramo dónde comprobé que se me había roto el cierre de la funda de la cámara de fotos. Había sido un gran “invento” desde que lo puse hace varios meses facilitándome la apertura y cierre rápido para sacar la cámara. Las cremalleras se estropean fácilmente y el velcro dura nada y menos. Le colocaré otro igual y a seguir.
Acompañados por el mastín, del que había que separar prudentemente a Rex, fuimos bajando con arboleda por la derecha hasta llegar a la confluencia con el valle de Rebueno, en la que atravesamos dicho arroyo. Paralelos a éste llegamos a una cancilla metálica que pasamos antes de llegar a los restos del caserío de Fonbéa y la fuente del mismo nombre. Allí el arroyo se había separado del camino y quedaba algo por debajo. Eran las 4:30 horas.
Unos pasos más adelante está el área recreativa del mismo nombre y el desvío a la ermita. Entramos al merendero y nos acomodamos en una de las mesas a tomar un tentempié. Se notaba ya el frío más intenso previo a amanecer y por eso nos abrigamos un poco más.
Media hora después retomamos la marcha y atravesamos un paso canadiense de ganado. Pronto vimos por delante de nosotros los primeros claros del alba en el cielo. Al lado del camino había un gran montón de grava y el camino estaba medio asfaltado para uso de las minas de talco que había en otro valle contiguo.
Mas adelante la ruta abandonaba esta pista para girar a la derecha cerca de un refugio. Por la derecha suben las laderas del Pico del Águila y Peña Redonda. Nos situamos ya paralelos a la carretera que sube a San Isidro, aunque bastante alejados. Dejamos atrás una fuente que mana de un tubo mientras por delante el cielo se va aclarando notoriamente. Este camino tiene el firme muy irregular con numerosas marcas de rodadas de los vehículos que lo transitan hacia los prados que tenemos por nuestra izquierda. Una diminuta luna menguante aparece por encima de las lomas del Este mientras ya se nota la claridad en el paisaje. Por la izquierda dejamos atrás las primeras casas de Puebla de Lillo en la carretera, algunas naves y el polideportivo. Habíamos quedado por detrás Mª Jesús y yo y nos detuvimos unos minutos a sacar unas fotos del amanecer sobre las cumbres del Este y de la Polinosa, cubierta por una boina de niebla.
A las 6:35 horas entrábamos en Puebla de Lillo donde encontramos un cartel de la ruta. Cerca del río Silván había unos asientos rústicos, uno de madera y otro de piedra en los que nos sacamos una foto. Poco más adelante pasamos cerca del torreón saliendo a la carretera poco después. Por la acera nos encaminamos hacia el final del pueblo donde el termómetro marcaba 3º C a las 6:47 horas.
Ya fuera de Puebla de Lillo recorrimos el tramo hasta el desvío de Redipollos dónde estaba el camping en el que entramos a las 6:55 h. Allí estaban ya los compañeros que se habían adelantado. A la puerta del restaurante, tumbado, estaba el mastín. Pues bien. Resulta que era el la mascota del camping, el perro de los dueños. El día antes había salido con un grupo de montañeros que iba hacia Tolibia. Claro, como no regresaron, se despistó y fue por la noche cuando le encontramos y se nos unió. Habían incluso contactado con el grupo de montaña y demás para saber de él.
En la parcela nos cambiamos la ropa sudada para meternos en las tiendas. Habíamos llevado dos, una de cuatro plazas y la otra de dos en la que estaban Marcial y Charo. En ella aún estuvimos un rato sacando fotos y de pitorreo antes de quedar en silencio. La claridad era un inconveniente, pero estaba tan rendido que no me costó dormirme. Creo que al resto le pasó lo mismo. Me desperté algunas veces, pero volví a dormir enseguida.
A las 12:00 horas me levanté. El sol lucía claro y solo algunas nubes cruzaban el cielo. Nos fuimos cambiando para hacer una ruta ese día. Por la zona había varias posibles para hacer tranquilamente. Nos acercamos hasta el bar a desayunar un poco, aunque casi era la hora de la comida. De regreso a la parcela desmontamos las tiendas y salimos hacia el centro del pueblo. Allí cargamos agua y Mª Jesús estuvo consultando las posibles rutas para hacer.
Sin mucha decisión nos dirigimos hacia Cofiñal viendo un cartel al lado de la gasolinera y a la altura del indicador de Puebla de Lillo. Bajamos a verlo comprobando que se trataba de una ruta desde allí al lago de Isoba con 6 Km. de longitud lineal. Comentándolo entre todos decidimos hacerla y la podíamos completar volviendo por el desfiladero de Entrevados y Cofiñal, lo que sumaría un total de unos 15 Km. Estaba marcada como PR LE-17
Mochila al hombro, nos pusimos en marcha cuando eran las 14:10 horas. El camino cubierto por hierba subía por la loma entre las carreteras de Cofiñal y de Isoba. Grandes escobas floridas nos escoltaban a ambos lados. Enseguida salimos a un camino más ancho y terroso que hacia atrás volvía a la carretera. Con dirección Norte seguimos subiendo metiéndonos poco a poco entre un bosque de robles de verdor exuberante. Mas adelante se bifurcaba en una curva siguiendo de frente otro ramal menos marcado. No tardamos en salir a una pradera donde el camino se confundía con la hierba. Desde allí tuvimos una bonita vista de Puebla de Lillo y el Susarón. Cruzamos estas praderías para volver a entrar entre el verde bosque dónde nos sacamos una foto de grupo. Dejamos atrás otro ramal en el que las estacas nos marcaron el rumbo adecuado. Comenzamos a ver numerosos helechos que crecían entre el bosque y a ambos lados del camino.
Frente a nosotros se elevaban negros nubarrones que venían del Este y que iban cubriendo el cielo. Salimos del bosque en medio de una ladera que caía hacia la carretera de Isoba y dónde terminaba el ancho camino. Desde allí se podía ver casi toda la parte última de la ruta de La Cervatina por el último valle y el bosque de los Tejos. Nos sacamos otra foto de grupo y comenzamos a bajar bruscamente y de forma considerable por un sendero estrecho y de tierra resbaladiza. En la hierba vimos unas bonitas margaritas de color morado y de gran tamaño.
Frente a nosotros se alzaba una loma a la que Mª Jesús decidió subir. En ella había restos de trincheras de la guerra. Vista esta formación desde el lado contrario nos parecía a unos un gran mastín tumbado y a otros un elefante ¿?. Nosotros emprendimos de nuevo la subida y llegamos a la boca mina de San Andrés en la que nos internamos unos metros. Por esa zona hay numerosas minas de talco ya abandonadas así cómo restos de los edificios de la explotación.
En continuo ascenso por sendero atravesamos luego uno de los caminos más anchos que daban servicio a estas minas. Nos fuimos metiendo en la ladera de la Peña Los Niales que poco a poco fuimos bordeando hasta casi unirnos a la carretera de Isoba. De hecho, Marcial y Charo salieron a ella para hacer el tramo hasta el lago. Nosotros seguimos el sendero que en pocos minutos nos situó encima del mismo. Mientras Mª Jesús decidía seguir por él, nosotros optamos por bajar a un refugio cerca del lago para comer. A él llegamos cuando eran las 16:30 horas y tras 6 Km. desde Puebla de Lillo.
Nos acomodamos en el porche del mismo y comimos tranquilamente mientras el cielo se nublaba cada vez más. En unas peñas por encima del lago veíamos a Mª Jesús también sentada y suponemos que comiendo.
Una hora más tarde reanudamos la marcha bordeando el contorno del lago por su parte Sur. Allí se encuentra un chozo de pastores en el que nos sacamos unas fotos antes de proseguir la marcha. Frente a nosotros se alzaba la Peña San Justo hacia la que nos dirigíamos para meternos en la hoz de Entrevados. Por el mismo baja el río Isoba encajonado entre rocas que forman saltos donde pueden verse numerosas cascadas no muy grandes pero sí bonitas. Dejamos atrás una cuadra de ganado y travesamos un puente de madera metiéndonos desfiladero abajo paralelos al río. En esos momento se echaba a llover y durante unos minutos se mantuvo, aunque no muy fuerte.
Desde el lago íbamos siguiendo parte del sendero marcado como “PR-LE 27.1 Entrevados – Valle de Pinzón”. Hacia atrás veíamos claramente la pirámide del pico Torres en San Isidro. Entre matorral bajo y arboleda fuimos perdiendo altura, aunque algunos tramos eran cuesta arriba. El firme era muy irregular con numerosas rocas en medio. En esos momentos comentamos que para hacerla de noche habría que ir de continuo mirando al suelo y con “siete ojos”.
Poco a poco fuimos girando de Sur a Este encontrándonos algunos pedreros que cruzaban el sendero hacia el río. En ese tramo se encuentra el desvío al Pozo de las Leña, un bonito rincón con una cascada también digna de postal. Las mujeres decidieron bajar a verlo. Yo ya lo conocía y no me apetecía tener que subir luego otra vez. Nos sentamos unos metros más adelante, en la fuente de La Herrumbrosa, a esperar.
Ya en la parte baja encontramos tapias delimitando los prados cercanos al camino. Pasamos un puente y nos situamos paralelos a la carretera del puerto de Las Señales a la que salimos unos metros más adelante. Por ella caminamos unos 200 metros antes de meternos de nuevo a un camino por la derecha. A la entrada de Cofiñal volvimos a la carretera cuando eran las 19:35 horas.
Atravesamos el pueblo viendo su gran iglesia construida sobre un peñón de roca. Salimos del mismo y poco después cruzamos sobre el río Porma. Siguiendo el trazado serpenteante de la carretera fuimos recorriendo el último tramo de la ruta. Por delante emergió la mole del Susarón y enseguida las primeras casas de Puebla de Lillo. Justo frente al indicador del pueblo teníamos aparcados los coches a los que llegué a las 20:15 horas.
En un momento monté un “mercadillo” con la ropa tirada en el suelo para cambiarme. Se nos veía ya un poco cansados, y no era de extrañar teniendo en cuenta que habíamos hecho 30 Km. desde las 12 de la noche durmiendo poco más de 4 horas.
En un bar cercano nos tomamos un refrigerio, coca cola con donuts, buena combinación. Hicimos las cuentas de la salida y a las 21:20 horas nos poníamos en marcha hacia León. Al poco de pasar Puebla de Lillo comenzó a llover, aunque no fue mucho. Los negros nubarrones sobre las cimas le daban al paisaje un tono bonito y a la vez lúgubre. Dejamos atrás el pantano del Porma y Boñar. En Barrio de Nuestra Señora giramos para venir de nuevo por esa carretera. Una hora después de salir llegábamos a Villaobispo dónde quedaba Álvaro. Allí nos despedimos también de Charo y Marcial y Tiquio nos traía a Mª Jesús y a mí hasta Armunia dónde llegábamos poco antes de las 23:00 horas.
Sin duda resultó un fin de semana perfecto en el que, además de la ruta nocturna programada, lo completamos con una segunda no menos interesante.