lunes, 18 de abril de 2011

FUENTE DE COBRE (Santa maría de Redondo - Palencia) 17-04-11

 


2ª TRAVESÍA A LA “FUENTE DE COBRE”. (Palencia).

17-04-11              (Domingo)

De nuevo siguiendo el calendario del club nos hemos ido a la vecina provincia palentina para recorrer una bonita ruta de su montaña. Al igual que ya algunos hicimos hace algunos años, nos acercamos a la Fuente de Cobre o Cueva de Cobre, lugar donde tradicionalmente se emplaza el nacimiento del río Pisuerga, aunque realmente es varios metros por encima, en las faldas del pico Valdecebollas, donde comienza su curso.
A las 8:00 horas del domingo nos reunimos los 7 participantes en el lugar de salida habitual, Guzmán. De allí partimos en los coches de Tiquio y de José Antonio: Álvaro, Nati, Irene, Francisco y yo. El trayecto lo hicimos por la autovía de Burgos hasta el desvío de Saldaña llegando luego a Cervera de Pisuerga. En San Salvador de Cantamuda hicimos una breve parada a tomar un café antes de recorrer el escaso trecho a Santa María de Redondo, 1208 m, donde aparcamos los coches en un camino a las afueras. Hasta allí marcaba 170 Km.
Nos preparamos para la ruta con un sol brillante pero temperaturas frescas. A las 10:30 horas emprendimos la marcha por aquel camino asfaltado desviándonos poco después a la derecha siguiendo un indicador de la ruta. Dejamos atrás unas naves ganaderas y unos metros más adelante un aparcamiento donde bien podíamos haber dejado los coches.
La ruta hasta la cueva es de 5 Km., aunque nos parecieron alguno más. Toda ella está señalizada con estacas, las cuales no estaban en aquella ocasión hace 8 años. Incluso la parte del río que luego haríamos al volver y que hicimos en dicha marcha, no está dentro de la ruta marcada.
Enseguida atravesamos un puente sobre el río dejando éste a nuestra izquierda. Poco a poco comenzamos a ascender perpendicularmente por la ladera norte de una loma entre escobas y arbustos. El camino era ancho y se veía trotado por vehículos. Atravesamos un paso canadiense para el ganado que pastaba allí mismo. Poco a poco fue apareciendo por el nordeste la sierra de Peña Labra con las diferentes cumbres como el Tres Mares, Cuchillón o Cueto Mañín. Este último le he ascendido también en otra ocasión aún anterior a la ruta hecha a esta cueva. Aquella vez nos equivocamos de sendero camino a la Fuente de Cobre y entramos en otro valle que nos llevó al final a la cumbre. Hace nada menos que 10 años.
Al otro lado del río comenzamos a ver unas laderas de verde exuberante. Junto con las cumbres que salían por encima de las mismas formaban una postal de exposición. Allí mismo atravesamos de nuevo el cauce por otro puente hecho con traviesas de ferrocarril subiendo ahora por la loma contraria del valle entre grandes escobas. En la parte baja del mismo vimos una pradera vallada y con acceso prohibido. En otras praderas adyacentes pastaba un numeroso rebaño de vacas hacia el cual subía un todoterreno con dos hombres a los que vimos como las cambiaban de pradera. Pasamos un arroyuelo donde el tramo del camino estaba cementado con un pequeño puente de madera paralelo al paso. En dicho lugar estuvimos salpicándonos unos a otros en aquella ocasión.
Dejamos atrás las ruinas de un edificio de piedras y continuamos subiendo algunas cuestas de fuerte pendiente hasta llegar a un desvío en el que un indicador nos marcaba 2 Km. al pueblo y 3 Km. a la cueva. Eran las 11:34 h. A partir de allí comenzamos a meternos entre arboleda de ramas casi peladas en la que vimos algunos acebos que destacaban por su verdor. Tras otro tramo a cielo abierto llegamos a un nuevo desvío de la ruta en el que nos desviábamos del ancho camino para meternos en una senda más estrecha entre escobas altas e incluso bajando unos metros. Teníamos desde allí una amplia vista de las cabeceras del valle con cumbres de fondo en las que también se veían algunos neveros. En las praderías había numeroso ganado pastando.
Entramos una vez más entre arboleda encontrando ahora algunos ejemplares de gruesos troncos. Más adelante la ruta llegaba frente a una gran mata de acebo por el medio de la cual se podía pasar al otro lado. Era el preludio del gran acebal que enseguida nos encontraríamos por entre el cual también pasaba el sendero. En un gran tronco retorcido nos sacamos unas fotos. Por cierto, la cámara mía solo funciona si se mantiene pulsado el botón de encendido, así que tenía que hacer números para sacar las fotos y no podía usar el disparador automático. El grupo se había dividido y por detrás quedamos Álvaro, Nati, Tiquio y yo, acompañados por Rex, el perro de Tiquio.
Llegamos a otro puente de madera sobre un arroyo lateral y salimos a unas praderas en medio de las cuales vimos las estacas marcando la ruta y vacas pastando. En la parte alta emergía una zona rocosa. El sendero enfiló una vez más entre árboles y el terreno se hizo pedregoso. Transcurría un poco encajonado en lo que parecía un cauce seco con grandes rocas escoltando el mismo. La pendiente se hizo más pronunciada y el sendero trazó algunos zigzag saliendo a unas praderas en las que encontramos un circulo de rocas a modo de corral. Allí cerca había una joven tumbada en la hierba disfrutando del día que teníamos. Nati había quedado ahora un poco rezagada a su paso.
Un cartel nos marcaba tan solo 100 metros a la cueva. Entre matorrales, y ya casi sin desnivel, recorrimos este último trecho hasta dar vista a la entrada de la cavidad a la que llegamos cuando eran las 13:10 horas. La Cueva de Cobre está a una altitud de 1700 metros aproximadamente. Allí estaban los compañeros que habían llegado por delante y alguna persona más. Sacamos los frontales y nos abrigamos un poco para entrar en la misma. El comienzo es una gran caverna por la que pasa el río. Lo atravesamos y entramos por un lateral subiendo por la roca hasta una terraza superior con caída a este cauce del que había que separarse prudentemente. Aprovechando la estancia de otra pareja, nos sacamos una foto de grupo los cinco que entramos. Nati no había llegado y José Antonio ya había marchado “a su bola” hacia las cumbres.
Bajamos de nuevo a la gran caverna y salimos ahora por una abertura superior de la parte contraria desde la que descendía un sendero por la parte externa. Estando ya abajo había llegado Nati y decidimos qué hacer. Eran las 13:55 horas.
Habíamos comentado subir a la parte alta de las rocas por encima de la cueva. Nati decidió quedar a comer allí abajo y nosotros emprendimos la subida por la parte derecha de la cueva siguiendo un sendero más o menos marcado. Enseguida vimos cómo iban apareciendo negros nubarrones por detrás de dichas rocas. La pendiente era considerable, pero se subía cómodamente zigzagueando. En los riscos vimos una curiosa cavidad que pasaba la roca de lado a lado a modo de túnel.
En media hora alcanzamos la parte alta de aquellas rocas, aunque no lo más alto de la sierra. La vista era amplia contemplándose cumbres como el Espigüete, Curavacas, Peña Prieta y varias de Picos de Europa entre otras. Allí, relativamente cercano, teníamos el Valdecebollas, por debajo del cual nace el río Pisuerga, que se filtra en una serie de galerías subterráneas hasta emerger en la Cueva o Fuente de Cobre. También podíamos ver algunas de las naves ganaderas cercanas al pueblo desde donde habíamos partido.
Buscamos un lugar un poco abrigado, ya que allí soplaba algo de viento fresquito, asentándonos en unas rocas para comer. Los nubarrones se mantenían en la línea de la sierra sin avanzar demasiado hacia el sur. Con los prismáticos estuvimos buscando a José Antonio por la falda del Valdecebollas, pero sin encontrarlo. Luego supimos que había ido hacia el Cueto Mañín.
Tras la comida algunos se tumbaron un poco y Francisco decidió emprender el descenso ya que se quedaba frío. A las 15:30 horas emprendimos nosotros la bajada. Lo hicimos por la parte contraria a la de ascenso encontrando abajo un sendero resbaladizo por la gravilla suelta. Sin entrar ya a la cueva continuamos sendero abajo decididos esta vez a seguir el curso del río, por donde nosotros habíamos subido en aquella ocasión. Nati ya había marchado.
Eran las cuatro de la tarde cuando dejamos atrás la vista de la cueva y nos desviamos del sendero principal para meternos hacia la parte baja por la que transcurría el río. En una pequeña pradera encontramos una calavera de res que nos dio pie a sacarnos unas fotos con ella y sus cuernos. En la ascensión a Peña Rueda encontramos una similar y también nos sacamos unas fotos con los cuernos.
Más abajo abandonamos el sendero para echarnos directamente al cauce del río. Por su misma orilla fuimos avanzando sorteando los troncos y ramas que a veces nos cerraban el paso. En el río pudimos ver bellos rincones de rocas tapizadas de musgo y algunas pequeñas cascadas. El terreno estaba totalmente cubierto de hojarasca. Atravesamos el curso saltando por las piedras y volvimos a pasarlo unos metros más adelante. De esa forma recorrimos este tramo cercano al Pisuerga hasta abandonarlo para salir a unas campas de verde hierba por encima del mismo. El sendero ahora estaba mejor marcado y por él fuimos descendiendo poco a poco hasta enlazar más adelante con un camino que llegaba a aquellas praderías. El sol lucía ahora dando al paisaje un tono de postal.
Aquel camino se fue juntando de nuevo al río aunque unos metros por encima. Sin quererlo llegamos a la bifurcación en la que estaba el indicador de los 3 y 2 Km. por la que habíamos pasado a la ida. Ahora llegábamos por el ramal de abajo y antes habíamos subido por el superior. Unos metros más adelante llegamos al paso del arroyo lateral con el cauce cementado y el pequeño puente de madera a su lado. Tiquio estuvo allí jugando y salpicando un poco al perro. Por la derecha del camino pudimos ver numerosos restos de escombreras de antiguas minas. Pasamos enseguida el puente de traviesas sobre el río subiendo ahora suavemente por el camino durante un tramo no muy largo. Al otro lado del cauce volvimos a ver las verdes praderas iluminadas por el sol en las que pastaban ahora numerosos caballos. Frente a nosotros en la lejanía se veían varias cumbres sobre las que caían halos de luz que se colaban entre las nubes de esa zona.
Así llegamos al aparcamiento donde había ahora varios vehículos y personas. Enseguida salimos al asfalto viendo ya los coches a escasos 300 metros llegando a ellos a las 18:20 horas. A la parte contraria del río se veían dos agujas rocosas por encima de las verdes praderas. Bajé al río a lavarme las manos, ya que no sé porqué, los mangos de los bastones me habían desteñido y las traía negras. Mientras nos cambiábamos llegó José Antonio.
A las 18:50 horas emprendimos el viaje de regreso. Dejamos atrás el embalse de Requejada y subimos el puerto que nos da paso a Cervera de Pisuerga en el que paramos. Entramos en una cafetería a tomar un refrigerio e hicimos las cuentas de la salida. A las 19:45 horas, media hora después, retomamos el viaje. Seguimos el mismo recorrido de ida pasando por Saldaña y enlazando con la autovía de León – Burgos unos kilómetros más adelante. Por la misma, con el sol molesto delante de nosotros como por la mañana, circulamos varios kilómetros hasta abandonarla en Cembranos. Ya por la nacional nos dirigimos a la capital llegando a Guzmán cuando eran las 21:30 horas. Minutos más tarde llegaba yo casa.
Así finalizamos una nueva actividad del calendario club, que de momento vamos cumpliendo más o menos según lo previsto. Solamente en alguna hemos variado algo la ruta prevista, pero podemos darlas por cumplidas. Esperamos seguir con esta racha el resto del año.















lunes, 4 de abril de 2011

LOS VALLINES - 03-04-11

 


2ª ASCENSIÓN AL “VALLINES”.

03-04-11        (Domingo)

Un domingo más hemos salido de montaña para ascender en esta ocasión al pico Vallines, en la zona de Portilla de la Reina. Con una mala previsión de tiempo, que se cumplió en parte, salimos de León a las 8:00 horas 7 de los 9 participantes de esta excursión: Piedad, Mª Jesús, Álvaro, Cundi, Nati, Alex y yo en mi coche y el de Álvaro. Por su cuenta iban Javi F. y Corín.
Por la nacional llegamos a Puente Villarente y allí giramos hacia Boñar. Por otra carretera salimos a la de Riaño en cuya población nos detuvimos a tomar un café. Algunos pidieron un pincho de tortilla y a la envidia terminamos casi todos tomando lo mismo. De nuevo en marcha, y con el cielo cerrado de nubes, llegamos a Portilla de la Reina donde nos desviamos hacia el puerto de Pandetrave. Poco después del kilómetro cuatro y antes del cruce del arroyo Vallines de Arriba con la carretera, aparcamos los coches en un prado cercano a la misma.
Tras prepararnos y sacar una foto de grupo, emprendimos la marcha por dicho valle cuando eran las 10:30 horas. Atravesamos el prado y salimos a un camino que comenzaba a ascender por el valle y enseguida nos colocamos paralelos al arroyo que bajaba por nuestra izquierda. Frente a nosotros se alzaba la cumbre de La Panda Vallines con las lomas cubiertas de una fina capa de nieve. Pasamos por encima del arroyo entubado y enseguida dimos un brusco giro de 180 grados con dirección a la majada de Machorril. No tardando abandonamos el ancho camino, que se dirigía a la misma, para coger un sendero en sentido contrario. Mas adelante atravesamos el arroyo de nuevo, esta vez saltando por las piedras, metiéndonos en una ladera moteada de blanco.
Desde abajo habíamos visto que se podía subir por la cresta de dicha loma y así lo hicimos. De momento nos encontramos con matorral bajo que más o menos íbamos sorteando. Poco a poco se fue complicando el tema y las escobas se hacían más altas y tupidas hasta el punto de no poder avanzar entre ellas. La única salida que vimos fue echarnos a la derecha e intentar bajar a la vaguada por la que ahora se veía un sendero. No fue fácil la empresa y tuvimos que pelear con las escobas, que terminaron por romperme del todo el pantalón impermeable. Unos trozos de celo me sirvieron para remendarlo y seguir con él puesto. Vamos, estaba para anuncio de marca de ropa deportiva.
Aquella vaguada se empinaba, pero al menos estaba limpia. Yo, que aún estaba convaleciente de la gripe que había amarrado en la anterior salida, no iba con intención de subir en absoluto. Llevaba una semana “echo polvo” y cansadísimo y había ido solo para despejar un poco. Al final lo tomamos con tanta calma que llegamos arriba la mayoría. Javi y Corín había salido escopetados desde el coche y Nati quedaba a su aire por detrás.
Por aquella estrecha vaguada seguimos avanzando con calma pero cómodamente zigzagueando de un lado a otro de la misma entre matorral bajo. La vista hacia atrás era cada vez más amplia y comenzábamos a ver numerosas cumbres de la zona como el Calar de las Corcadas, el Gildar o el Gabanceda. Algo más adelante vimos incluso algunas cumbres de Picos de Europa entre la niebla.
Ya bastante arriba entramos en una zona rocosa por la alcanzamos la cresta. Los de adelante nos esperaban a los más rezagados y así íbamos más o menos agrupados. Piedad y Alex se encaramaron a unas rocas cercanas por debajo de las cuales pasamos nosotros. Desde allí había que atravesar otra vaguada bajando unos metros antes de comenzar una nueva subida por la parte contraria. En la parte alta veíamos una gran roca hacia la que nos dirigíamos. Poco a poco fuimos viendo como la niebla cubría las cimas cercanas, lo cual desanimaba un poco. Alcanzamos así una pequeña collada por encima de aquella roca viendo el collado de Lurianeta frente a nosotros y casi a la misma altura. Eran las 12:45 horas.
Allí si se acumulaba la nieve sobre la que vimos las huellas de Javi y Corín. El tramo entre un collado y otro era casi llano y cruzamos cómodamente. Cundi y Alex se habían quedado por detrás y les esperamos allí, aunque solo llegó Alex, ya que Cundi había decidido abandonar algo más abajo. Tomamos un tentempié viendo la ladera que ahora teníamos que remontar entre la niebla no muy espesa. Tras esta breve parada retomamos la marcha comenzando la ascensión de lo que ya podía ser la cumbre. Al poco vimos bajar a los dos compañeros con quienes nos cruzamos enseguida. Nos comentaron que nos quedaba una media hora y que había nieve helada en algunos tramos, de hecho habían colocado los crampones, lo cual nos desanimó un poco. También nos dijeron que si seguíamos sus huellas podíamos subir fácilmente. Habían intentado pasar a la segunda cumbre y la nieve acumulada les echó para atrás.
Decidimos seguir adelante tranquilamente ya que la pendiente ahora se hacía notar. Tras un fuerte repecho pasamos por otro pequeño collado antes de seguir ganando altura. Poco a poco la nieve se hizo más abundante y terminó por cubrir todo el terreno, aunque comprobamos que había ablandado y no ofrecía problema alguno. Unos algo más adelantados y otros por detrás íbamos subiendo bastante cómodos. Yo iba sorprendido del aguante que iba teniendo, aunque bien es cierto que ayuda mucho ir a un ritmo suave y además en grupo. En la segunda cumbre, que tiene 3 metros más que esta primera a la que íbamos, vimos un par de personas.
Parecía interminable aquella ladera que no tenía fin. Apenas veíamos ya paisaje entre algunos jirones abiertos en la niebla. A las 14:00 horas alcancé la cumbre de este Vallines Occidental con 2140 metros de altitud. En el mismo solo un montón de piedras a modo de hito señalaba dicha cima. Entre ellas encontramos una tarjeta de cumbres de un club gallego y dejamos la nuestra. Nos sacamos una foto de grupo y decidimos bajar unos metros hasta otro picacho más al suroeste.
Fue en este tramo donde de nuevo me falló la cámara de fotos como en la anterior salida a Salamanca. El mismo error y el objetivo no salía. Al final he visto en Internet que es un fallo muy frecuente de esa marca. En casa conseguí desbloquearla, pero duró poco y ahora no va. Saqué su gemela, la que tiene la lente un poco rayada, para al menos poder tener algo.
Bajamos unos metros por la nieve procurando alejarnos de una cornisa volante que caía al vacío y pasamos por el picacho desde donde se veían parte de los valles que caen hacia el sur. Allí estaban los dos montañeros que habían estado en la otra cumbre y que según ellos era fácil.
De regreso a la cima, donde habíamos dejado las mochilas, había refrescado bastante. Se abrieron algunos claros entre los que pudimos ver los valles y cumbres algo más cercanas, aunque enseguida se cerraba de nuevo. Nos acomodamos en las rocas y nos dispusimos a comer abrigados. Estando en ello vimos como se desprendía parte de la cornisa de nieve de la cumbre por la que habíamos estado minutos antes. Aunque fue un trozo no muy grande, impresionó el ruido que provocó.
A las 14:10 horas emprendimos el descenso. Al final habíamos decidido no intentar el paso a la segunda cumbre. Por las mismas huellas de subida comenzamos a bajar. A mí se me habían quedado heladas las manos y me dolían los dedos. Los guantes térmicos se me habían mojado y tuve que ponerme los grandes, con los que no soy capaz a usar la cámara. Al final me dejaron unos más finos con los que era más cómodo.
Al bajar se notaba incluso que la niebla había derretido más la nieve y se resbalaba menos. Habíamos decidido variar un poco la ruta de ascenso y seguir a Javi y Cundi que se habían echado al valle de Luriana. Por cierto, desde parte de la ruta se veían los coches y ahora comprobamos que el de ellos ya no estaba.
En el collado nos echamos entonces hacia dicho valle bajando por una ladera totalmente cubierta de nieve. Como no podía ser menos, aprovechamos para hacer un poco de “culoskí” lanzándonos por la misma con o sin plástico. A ambos lado de la vaguada corrían sendas zonas rocosas con algunas paredes verticales. Fue bajo una de ellas donde vimos un gran manantial de agua que formaba allí mismo un arroyo considerable. Nos acercamos hasta él e impresionaba la gran cantidad de agua que manaba de la misma roca debajo de la pared.
Pocos metros nos restaban para el fondo del valle donde nos hicimos unas fotos con aquel circo de fondo. Siguiendo un sendero a media ladera fuimos perdiendo altura hacia un ancho camino de la parte baja de este valle de Luriana que transcurre paralelo al de Vallines de Arriba por el que habíamos subido. Tras un brusco giro de zigzag entramos en una zona de escobas altas que crecían a ambos lado del camino sin invadirlo. En la parte contraria vimos un pequeño refugio al que en otra ocasión se habían acercado algunos compañeros con los que iba.
Cómodamente íbamos descendiendo hasta entrar en un bonito bosque de hayas en el que aun quedaban infinidad de hojas marrones en las ramas. Entre el mismo vimos algunos tejos y varios troncos y piedras con verde musgo pegado. No tardamos en divisar la carretera que subía serpenteando hacia el alto de Pandetrave. Antes de llegar a ella pasamos al lado de un chozo circular de piedra muy bajo y con techumbre de palos.
A las 16:15 horas salimos al asfalto a unos dos kilómetros escasos de los coches. Como era bajada, costaba poco avanzar. Alex se había adelantado y el resto íbamos charlando tranquilamente. Escasos 15 minutos nos llevó llegar a éstos donde estaba Alex y Cundi leyendo un libro. En esos momentos salió un pequeño rayo de sol entre las nubes.
Allí nos cambiamos y sin tardanza emprendimos el regreso. En Portilla de la Reina nos dirigimos al bar donde estaba Nati. Nos comentó que había oído pasar una ambulancia y helicóptero a medio día. Por la prensa hemos sabido que cuando estábamos en la cumbre nosotros se produjo un leve accidente en la cara noreste del mismo pico en el que estábamos a un joven de Valladolid. Javi y Corín si lo oyeron.
Allí tomamos un refrigerio antes de salir hacia León a las 17:40 horas. El viaje de regreso transcurrió sin novedades y lo hicimos también por Boñar. A las 19:30 horas llegábamos a León y poco después dejaba a Mª Jesús en casa antes de llegar yo a la mía.
Aunque cansado, me sigo sorprendiendo de la resistencia que tuve para llegar arriba después del agotamiento que arrastré durante toda la semana. Sin duda la calma con la que lo tomamos y esa compañía en todo momento ayudó a conseguirlo. Si se va débil y además quedas solo, te echas atrás a la mínima.














lunes, 21 de marzo de 2011

VALLE DE LAS BATUECAS - (La Alberca - Salamanca) 19/20-03-11

 


2ª TRAVESÍA POR “LAS BATUECAS”. (Salamanca).
19/20-03-11

Para inaugurar las acampadas de este año hemos programado una bonita travesía por el valle de Las Batuecas, en Salamanca, lugar que hace 8 años ya recorrí quedando un buen sabor de boca de la experiencia. Con una previsión de buen tiempo, que por fortuna se cumplió, cinco fuimos los animados a participar en esta ocasión: Nati, Gabriela, Esteban, Álvaro y yo, acomodándonos todos en mi furgoneta con todo el equipaje, que no era poco.

SÁBADO 19
Pasadas las cinco de la tarde llegaron Álvaro, Gabriela y Nati a mi casa donde fuimos colocando las mochilas en el maletero casi haciendo un tetris. Tras meter el coche de Álvaro en mi plaza salimos en busca del último componente de la expedición, Esteban, al que recogimos en San Miguel del Camino. A las 17:50 horas emprendimos el viaje de 300 kilómetros hasta La Alberca. Enseguida entramos en la autovía de Benavente por la que circulamos dejando esta localidad atrás con dirección a Tordesillas. Allí la abandonamos para entrar en otra hacia Salamanca circulando a 110 km/h, nuevo límite de velocidad absurdo para estas vías.
En Salamanca entramos por una travesía y rectificamos para evitar el paso por el centro de la ciudad. Bordeamos la misma y a partir de allí ya recorrimos el resto del viaje por carreteras secundarias entre monte y ya de noche. Los coches nos daban las luces ya que les deslumbrábamos por ir muy cargados, y eso que las regulé al mínimo.
A las 21:20 horas llegábamos al camping “La Al-Bereka”, a unos 4 Km. antes de La Alberca, y tras 336 Km. recorridos. Enseguida entramos al mismo siendo los primeros campistas de esta temporada, según nos dijeron los dueños, con quienes ya había hablado por teléfono anteriormente. En este mismo camping estuvimos en aquella ocasión también.
Entramos y nos pusimos a montar las tiendas en una de las parcelas. Al terminar nos acercamos al porche de recepción para cenar cómodamente en una de las mesas. Nati había hecho una buena tortilla para todos y la degustamos con agrado. Algunos, ya que otros, y no digo nombres, no la comieron por tener mucha cebolla. Detalles sin importancia pero más nos tocó, je je.
Mas tarde decidimos acercarnos a ver el pueblo. En la furgoneta recorrimos esos 4 Km. hasta el mismo y por sus calles paseamos disfrutando de la bella y singular arquitectura de sus casas. Vimos un monumento al cerdo, (de cuatro patas se entiende), así como la bonita plaza del ayuntamiento.
De regreso al camping nos fuimos acostando ya cerca de la una de la madrugada. Se notaba fresco y durante la noche pasé un poco de frío. Por cierto y como curiosidad, esta noche teníamos la luna llena mas cercana a la tierra que se puede ver cada 18 años.
Me tuve que levantar a las seis al “wc” y luego ya apenas dormí.

DOMINGO 20
A las 7:45 horas puse el reloj a tocar y poco a poco nos fuimos levantando. El sol comenzaba a salir y ya iluminaba la Peña de Francia visible desde allí. Desayunamos y desmontamos las tiendas metiéndolo todo a la furgoneta. En el bar nos tomamos un café caliente para entonarnos y abonamos la estancia, 35,20 €. A las 9:30 horas emprendimos el trayecto hacia Las Batuecas, a 19 Km. de allí. Dejamos atrás el pueblo y llegamos al alto del puerto El Portillo o Las Batuecas con 1250 metros de altitud. La bajada del mismo es una sucesión de curvas a cual más cerrada. Paramos en lo que parecía una fuente y no lo era, aunque luego sí encontramos una donde llenamos las cantimploras.
Ya en la parte baja se encuentra la carretera de acceso al Monasterio de Las Batuecas, cerrada por obras. Dejamos la furgoneta en un espacio libre al lado de la principal y nos preparamos para la ruta. Hasta allí hay 354 Km. desde León.
Nos sacamos una foto de grupo delante de un cartel con el mapa de la zona y a las 10:20 horas emprendimos la marcha. A unos 100 metros de allí se encuentra el monasterio, el cual yo creía abandonado, y no más lejos de ello. Cerca del mismo vimos un gran árbol cargado de flores amarillas y otros más de diferentes tonalidades. Con la fachada de fondo nos sacamos otra foto y sin más tomamos el sendero que parte de la misma puerta hacia la izquierda siguiendo la tapia del recinto. A pocos metros giramos siguiendo la pared y entrando en uno de los tramos curiosos de esta ruta. En él se camina sobre un enramado de gruesas raíces de las enredaderas que trepan por la tapia del monasterio. Al poco rato pasamos al lado de un enorme árbol centenario con un tronco de varios metros de altura. También vimos dentro del recinto varias edificaciones más, entre ellas otra iglesia en proceso de reparación. Bajo un gran ciprés nos sacamos una foto y seguimos avanzando un tramo más a la vera de la tapia del gran recinto monacal.
Pasamos luego un puente de piedra sobre un arroyo secundario y comenzamos a ver numerosos alcornoques a los que les habían extraído la corteza de la parte baja. En el río Batuecas había una especie de presa de donde salía un canal que antes habíamos visto paralelo al camino. De esa forma llegamos a una segunda tapia externa del recinto que atravesaba el camino con una abertura cuadrada por la que se pasaba. Supusimos que era el límite del terreno del monasterio.
El siguiente tramo transcurre a la vera del río y casi por su cauce. Desde allí vimos indicios de la recuperación que están haciendo de la ruta colocando escalones en una subida y estacas de madera para sujetar el firme del sendero rellenándolo con tierra pisada. Encontramos enseguida la antigua pira de carbón vegetal y pasamos entre dos enormes rocas que franqueaban el sendero.
Eran las 11:15 horas cuando llegamos al desvío del Canchal de las Cabras Pintadas, unas de las cuevas en las que aún pueden verse restos de pinturas rupestres. Por otra escalera de troncos de madera subimos durante unos cinco minutos teniendo una bella vista del valle. En una pared de roca protegida por una verja pueden distinguirse numerosas figuras rojas de la prehistoria. Un esquema ayuda a localizarlas e interpretarlas. En la parte contraria del valle pudimos ver un par de rebecos encaramados en las rocas. La vista desde allí era amplia y bonita. El sol ya calentaba lo suyo y se notaba que estábamos 300 kilómetros más al sur de nuestra tierra.
De nuevo descendimos al cruce de senderos y continuamos avanzando por el principal valle arriba muy pegados al río en el que vimos algunos tramos con enormes losas de piedra lisa sobre las que se deslizaba el agua. Unos metros más adelante se encuentra el desvío al Canchal del Zarzalón. Ascendimos por un sendero entre vegetación que nos amortiguaba el calor del sol y en cinco minutos alcanzamos esta segunda cavidad prehistórica. También aquí pueden verse varias pintadas rojas con figuras de animales o humanas. Una verja similar protege las mismas de los vándalos que ya han dejado sus huellas en estos valiosos lugares.
Ahora no hace falta retroceder, otro sendero pegado a la pared rocosa continua valle arriba con caídas a plomo en varios lugares. Frente a nosotros, en la parte contraria del valle, puede verse la cavidad de la Cueva del Cristo, a la cual según la descripción, es algo más complicado acceder. En otra cavidad que encontramos nosotros nos hicimos unas fotos a modo de “santos” en la hornacina.
De las mismas paredes rocosas salían árboles bajo los cuales pasaba el sendero. En otro rincón el agua se deslizaba por la peña entre musgo. Tras recorrer un tramo más o menos llano, comenzamos a descender hacia el río. Pasamos un pedrero moteado de árboles de troncos retorcidos y así llegamos al río cuando eran las 13:05 horas. Aquí fue donde cometimos el error que nos retrasó una hora. Sigo repitiendo, no hay las señales donde más falta hacen.
Vimos cómo el sendero subía por la parte contraria en una pronunciada pendiente en zigzag. Le seguimos hasta alcanzar una considerable altura sobre el valle y allí fue donde surgió la duda. Echando una ojeada al mapa nos parecía que el ramal era el de la derecha y no aquel. Con las mismas retrocedimos perdiendo la altura de nuevo hacia el arroyo. Por el otro lado salía un sendero por el que Álvaro marchó a investigar por su cuenta. Pues bien, luego, viendo mejor el mapa, resolvimos que sí íbamos bien por el primer desvío. Salimos detrás de Álvaro y le voceamos sin respuesta alguna. Gabriela siguió sus pasos y ya le pilló muy adelante. La verdad es que me mosqueó un poco porque se separase tanto sin antes ver las posibilidades, pero no pasó de ahí la cosa.
Una hora después estábamos en el mismo cruce con el río y retomamos la fuerte subida ya por segunda vez. Esta vez Nati abandonaba. Nos precedían ahora un grupo de cinco chicas, una de las cuales era de Villablino. Alcanzamos la parte alta y llaneamos por el sendero varios metros sobre el río hasta irnos poniendo a su altura. Al ver una cascada en el mismo les dije que era El Chorro, lo cual les decepcionó un poco. Les dije que podíamos tirar un poco más arriba a ver que se veía. Solo la joven de León se animó a seguir con nosotros. Unos metros más adelante vislumbramos por fin la cascada entre la vegetación. A las 14:35 horas llegamos a este idílico lugar.
Mereció la pena el esfuerzo. La cantidad de agua que caía era mucho mayor que la que encontramos hace ocho años en julio. El chorro es estrecho pero emplazado en un rincón precioso con roca de un tono rojizo. Cae en una poza cristalina en la que en verano daría gusto meterse. Yo me acerqué por las rocas a un lateral del mismo para sacar unas fotos y el agua que salpicaba llegaba a mojar. Tenía que tapar la cámara con la gorra.
Nos sacamos varias fotos allí y veinte minutos después emprendimos el regreso. El calor se hacía notar y no sobraba la crema protectora ni la visera. La vista del valle seguía siendo espectacular con el contraste de roca y vegetación. En una de las formaciones vimos a groso modo una cara de perfil modelada con las sombras. Descendimos suavemente hasta llegar al tramo pendiente final. A las 15:15 horas nos reuníamos con Nati en el paso del río.
Retomamos el regreso siguiendo el sendero marcado en busca de un lugar adecuado para comer. Fuimos cogiendo altura sobre el río bajo las rocosas paredes del cañón en las que se mezclaban los colores amarillos, verdes y rojizos. Por debajo de nosotros vimos un gran recinto de tapia baja de piedra y redondo cercano al Canchal del Zarzalón. Dejamos atrás éste y bajamos por el zigzag al río encontrando poco después un lugar donde comer. En las rocas del cauce nos acomodamos tranquilamente a la sombra. Eran las 15:50 horas.
Unos 40 minutos después retomamos la ruta por el sendero dejando atrás el desvío al Canchal de las Cabras Pintadas donde un gran pedregal subía ladera arriba. Poco a poco fuimos girando con el valle metiéndonos entre vegetación más espesa. Encontramos de nuevo los alcornoques con su tronco rasurado y dejamos atrás la carbonera. Entramos poco después en el recinto externo del monasterio y cruzamos el puente sobre el arroyo lateral que se unía allí mismo al Batuecas. Así nos situamos a la vera del recinto donde crecían numerosos cipreses, tanto dentro como fuera. Pasamos sobre las raíces y sin llegar esta vez a la puerta principal, salimos a la carretera saltando un arroyo. Los últimos 100 metros caminamos por ésta hasta terminar la ruta a las 17:10 horas.
Nos cambiamos allí mismo y sin más emprendimos el regreso hacia La Alberca. Subimos el puerto sin problemas y en lo alto paramos un segundo a hacer unas fotos. A las 17:50 horas llegamos al pueblo aparcando por debajo del mismo. Subimos por un camino encajonado entre murallas de piedra y paseamos por sus calles viendo a la luz del día la magnífica arquitectura del lugar. Las fachadas de las casas tienen entramados de madera y piedra alternados formando un singular mosaico. Sus calles, todas empedradas, tienen como alcantarillas las mismas piedras ajustadas con huecos por los que se cuela el agua de la lluvia. Algunas de ellas son tan estrechas como para tocar los laterales con ambas manos. En una tienda típica de productos artesanos compré unas flores dulces. En su plaza había varios puestos ambulantes con productos del mismo estilo. En la terraza de un bar tomamos un refrigerio delante de la gran iglesia de la villa.
Sobre las 18:45 horas emprendimos de nuevo el viaje con intención de subir a la Peña de Francia, 1732 m. En la carretera se encuentra el desvío que a lo largo de 12 kilómetros de subida zigzagueante nos llevó a la cima. El último tramo está en obras y sin quitamiedos. Para colmo me daba el sol de frente teniendo que reducir la velocidad al mínimo. Pasadas las 19:00 horas llegamos a la cima de esta cumbre en la que hay un convento y un gran punto geodésico con una estación de telecomunicaciones.
Aparcamos la furgoneta y nos encaminamos hacia los edificios y el mirador. Estaba fresco y yo no había cogido cazadora. Estuvimos viendo desde el mirador toda la llanura hasta ver incluso Bejar y su sierra nevada. Ya no aguantaba más y bajé a por la cazadora. Pues bien, no encontraba la llave de la furgoneta, que además la había dejado abierta. Al final apareció en el fondo de un bolso. Lugo la cazadora estaba en la mochila abajo del todo, por lo que cogí la de Álvaro que la tenía a mano. Ya no aguantaba más el frío. Para colmo, cuando me uno a ellos y voy a sacar fotos me falla la cámara. No se mantenía encendida tras apretar el botón y tenía que tenerlo pulsado para sacar fotos. Vamos, un rato de esos extraños que ya no sabes que ocurre. Sí disfrutamos de una bonita puesta de sol desde allí mismo a las 19:35 horas. Hasta allí llevábamos recorridos 392 Km.
Al poco de comenzar el descenso, a las 19:45 horas, vimos un rebaño de cabras al que fotografiamos. Bajamos los 12 Km. enlazando con la carretera general en otro punto más a nuestro favor. Sin novedades fuimos restando los kilómetros hacia Salamanca habiendo decidido venir esta vez por Zamora. Nos había dicho la chica de Villablino que había autovía y que solo el tramo entre Zamora y Benavente no lo tenía, pero que merecía la pena.
A las 21:00 horas dejábamos atrás Salamanca y media hora después Zamora. En un pueblo entre éste y Benavente paramos a tomar un café y hacer las cuentas de gastos. 25 minutos después retomamos el viaje y ya en Benavente, a las 22:45 horas, enlazamos con la autovía a León. Por la misma recorrimos los últimos 70 kilómetros dirigiéndonos a San Miguel del Camino para dejar a Esteban en su casa sobre las 23:30 horas. A las 23:50 horas llegábamos a Armunia tras recorrer un total de 691 Km.
Sin duda un grato fin de semana aprovechado al máximo, dentro de la limitación que algunos tenemos trabajando los sábados. El tiempo no pudo ser más respetuoso y la ruta realmente bonita. Yo era el único que la había hecho y al resto no les decepcionó en absoluto. Lo único negativo a resaltar ahora es el gripazo que tengo por culpa del frío que pasé arriba en Peña Francia, y que hoy, tres días después me tiene “doblao”. Por lo demás, la cámara de momento vuelve a ir bien. Pudo ser también el contraste de temperaturas, no sé.