lunes, 21 de marzo de 2011

VALLE DE LAS BATUECAS - (La Alberca - Salamanca) 19/20-03-11

 


2ª TRAVESÍA POR “LAS BATUECAS”. (Salamanca).
19/20-03-11

Para inaugurar las acampadas de este año hemos programado una bonita travesía por el valle de Las Batuecas, en Salamanca, lugar que hace 8 años ya recorrí quedando un buen sabor de boca de la experiencia. Con una previsión de buen tiempo, que por fortuna se cumplió, cinco fuimos los animados a participar en esta ocasión: Nati, Gabriela, Esteban, Álvaro y yo, acomodándonos todos en mi furgoneta con todo el equipaje, que no era poco.

SÁBADO 19
Pasadas las cinco de la tarde llegaron Álvaro, Gabriela y Nati a mi casa donde fuimos colocando las mochilas en el maletero casi haciendo un tetris. Tras meter el coche de Álvaro en mi plaza salimos en busca del último componente de la expedición, Esteban, al que recogimos en San Miguel del Camino. A las 17:50 horas emprendimos el viaje de 300 kilómetros hasta La Alberca. Enseguida entramos en la autovía de Benavente por la que circulamos dejando esta localidad atrás con dirección a Tordesillas. Allí la abandonamos para entrar en otra hacia Salamanca circulando a 110 km/h, nuevo límite de velocidad absurdo para estas vías.
En Salamanca entramos por una travesía y rectificamos para evitar el paso por el centro de la ciudad. Bordeamos la misma y a partir de allí ya recorrimos el resto del viaje por carreteras secundarias entre monte y ya de noche. Los coches nos daban las luces ya que les deslumbrábamos por ir muy cargados, y eso que las regulé al mínimo.
A las 21:20 horas llegábamos al camping “La Al-Bereka”, a unos 4 Km. antes de La Alberca, y tras 336 Km. recorridos. Enseguida entramos al mismo siendo los primeros campistas de esta temporada, según nos dijeron los dueños, con quienes ya había hablado por teléfono anteriormente. En este mismo camping estuvimos en aquella ocasión también.
Entramos y nos pusimos a montar las tiendas en una de las parcelas. Al terminar nos acercamos al porche de recepción para cenar cómodamente en una de las mesas. Nati había hecho una buena tortilla para todos y la degustamos con agrado. Algunos, ya que otros, y no digo nombres, no la comieron por tener mucha cebolla. Detalles sin importancia pero más nos tocó, je je.
Mas tarde decidimos acercarnos a ver el pueblo. En la furgoneta recorrimos esos 4 Km. hasta el mismo y por sus calles paseamos disfrutando de la bella y singular arquitectura de sus casas. Vimos un monumento al cerdo, (de cuatro patas se entiende), así como la bonita plaza del ayuntamiento.
De regreso al camping nos fuimos acostando ya cerca de la una de la madrugada. Se notaba fresco y durante la noche pasé un poco de frío. Por cierto y como curiosidad, esta noche teníamos la luna llena mas cercana a la tierra que se puede ver cada 18 años.
Me tuve que levantar a las seis al “wc” y luego ya apenas dormí.

DOMINGO 20
A las 7:45 horas puse el reloj a tocar y poco a poco nos fuimos levantando. El sol comenzaba a salir y ya iluminaba la Peña de Francia visible desde allí. Desayunamos y desmontamos las tiendas metiéndolo todo a la furgoneta. En el bar nos tomamos un café caliente para entonarnos y abonamos la estancia, 35,20 €. A las 9:30 horas emprendimos el trayecto hacia Las Batuecas, a 19 Km. de allí. Dejamos atrás el pueblo y llegamos al alto del puerto El Portillo o Las Batuecas con 1250 metros de altitud. La bajada del mismo es una sucesión de curvas a cual más cerrada. Paramos en lo que parecía una fuente y no lo era, aunque luego sí encontramos una donde llenamos las cantimploras.
Ya en la parte baja se encuentra la carretera de acceso al Monasterio de Las Batuecas, cerrada por obras. Dejamos la furgoneta en un espacio libre al lado de la principal y nos preparamos para la ruta. Hasta allí hay 354 Km. desde León.
Nos sacamos una foto de grupo delante de un cartel con el mapa de la zona y a las 10:20 horas emprendimos la marcha. A unos 100 metros de allí se encuentra el monasterio, el cual yo creía abandonado, y no más lejos de ello. Cerca del mismo vimos un gran árbol cargado de flores amarillas y otros más de diferentes tonalidades. Con la fachada de fondo nos sacamos otra foto y sin más tomamos el sendero que parte de la misma puerta hacia la izquierda siguiendo la tapia del recinto. A pocos metros giramos siguiendo la pared y entrando en uno de los tramos curiosos de esta ruta. En él se camina sobre un enramado de gruesas raíces de las enredaderas que trepan por la tapia del monasterio. Al poco rato pasamos al lado de un enorme árbol centenario con un tronco de varios metros de altura. También vimos dentro del recinto varias edificaciones más, entre ellas otra iglesia en proceso de reparación. Bajo un gran ciprés nos sacamos una foto y seguimos avanzando un tramo más a la vera de la tapia del gran recinto monacal.
Pasamos luego un puente de piedra sobre un arroyo secundario y comenzamos a ver numerosos alcornoques a los que les habían extraído la corteza de la parte baja. En el río Batuecas había una especie de presa de donde salía un canal que antes habíamos visto paralelo al camino. De esa forma llegamos a una segunda tapia externa del recinto que atravesaba el camino con una abertura cuadrada por la que se pasaba. Supusimos que era el límite del terreno del monasterio.
El siguiente tramo transcurre a la vera del río y casi por su cauce. Desde allí vimos indicios de la recuperación que están haciendo de la ruta colocando escalones en una subida y estacas de madera para sujetar el firme del sendero rellenándolo con tierra pisada. Encontramos enseguida la antigua pira de carbón vegetal y pasamos entre dos enormes rocas que franqueaban el sendero.
Eran las 11:15 horas cuando llegamos al desvío del Canchal de las Cabras Pintadas, unas de las cuevas en las que aún pueden verse restos de pinturas rupestres. Por otra escalera de troncos de madera subimos durante unos cinco minutos teniendo una bella vista del valle. En una pared de roca protegida por una verja pueden distinguirse numerosas figuras rojas de la prehistoria. Un esquema ayuda a localizarlas e interpretarlas. En la parte contraria del valle pudimos ver un par de rebecos encaramados en las rocas. La vista desde allí era amplia y bonita. El sol ya calentaba lo suyo y se notaba que estábamos 300 kilómetros más al sur de nuestra tierra.
De nuevo descendimos al cruce de senderos y continuamos avanzando por el principal valle arriba muy pegados al río en el que vimos algunos tramos con enormes losas de piedra lisa sobre las que se deslizaba el agua. Unos metros más adelante se encuentra el desvío al Canchal del Zarzalón. Ascendimos por un sendero entre vegetación que nos amortiguaba el calor del sol y en cinco minutos alcanzamos esta segunda cavidad prehistórica. También aquí pueden verse varias pintadas rojas con figuras de animales o humanas. Una verja similar protege las mismas de los vándalos que ya han dejado sus huellas en estos valiosos lugares.
Ahora no hace falta retroceder, otro sendero pegado a la pared rocosa continua valle arriba con caídas a plomo en varios lugares. Frente a nosotros, en la parte contraria del valle, puede verse la cavidad de la Cueva del Cristo, a la cual según la descripción, es algo más complicado acceder. En otra cavidad que encontramos nosotros nos hicimos unas fotos a modo de “santos” en la hornacina.
De las mismas paredes rocosas salían árboles bajo los cuales pasaba el sendero. En otro rincón el agua se deslizaba por la peña entre musgo. Tras recorrer un tramo más o menos llano, comenzamos a descender hacia el río. Pasamos un pedrero moteado de árboles de troncos retorcidos y así llegamos al río cuando eran las 13:05 horas. Aquí fue donde cometimos el error que nos retrasó una hora. Sigo repitiendo, no hay las señales donde más falta hacen.
Vimos cómo el sendero subía por la parte contraria en una pronunciada pendiente en zigzag. Le seguimos hasta alcanzar una considerable altura sobre el valle y allí fue donde surgió la duda. Echando una ojeada al mapa nos parecía que el ramal era el de la derecha y no aquel. Con las mismas retrocedimos perdiendo la altura de nuevo hacia el arroyo. Por el otro lado salía un sendero por el que Álvaro marchó a investigar por su cuenta. Pues bien, luego, viendo mejor el mapa, resolvimos que sí íbamos bien por el primer desvío. Salimos detrás de Álvaro y le voceamos sin respuesta alguna. Gabriela siguió sus pasos y ya le pilló muy adelante. La verdad es que me mosqueó un poco porque se separase tanto sin antes ver las posibilidades, pero no pasó de ahí la cosa.
Una hora después estábamos en el mismo cruce con el río y retomamos la fuerte subida ya por segunda vez. Esta vez Nati abandonaba. Nos precedían ahora un grupo de cinco chicas, una de las cuales era de Villablino. Alcanzamos la parte alta y llaneamos por el sendero varios metros sobre el río hasta irnos poniendo a su altura. Al ver una cascada en el mismo les dije que era El Chorro, lo cual les decepcionó un poco. Les dije que podíamos tirar un poco más arriba a ver que se veía. Solo la joven de León se animó a seguir con nosotros. Unos metros más adelante vislumbramos por fin la cascada entre la vegetación. A las 14:35 horas llegamos a este idílico lugar.
Mereció la pena el esfuerzo. La cantidad de agua que caía era mucho mayor que la que encontramos hace ocho años en julio. El chorro es estrecho pero emplazado en un rincón precioso con roca de un tono rojizo. Cae en una poza cristalina en la que en verano daría gusto meterse. Yo me acerqué por las rocas a un lateral del mismo para sacar unas fotos y el agua que salpicaba llegaba a mojar. Tenía que tapar la cámara con la gorra.
Nos sacamos varias fotos allí y veinte minutos después emprendimos el regreso. El calor se hacía notar y no sobraba la crema protectora ni la visera. La vista del valle seguía siendo espectacular con el contraste de roca y vegetación. En una de las formaciones vimos a groso modo una cara de perfil modelada con las sombras. Descendimos suavemente hasta llegar al tramo pendiente final. A las 15:15 horas nos reuníamos con Nati en el paso del río.
Retomamos el regreso siguiendo el sendero marcado en busca de un lugar adecuado para comer. Fuimos cogiendo altura sobre el río bajo las rocosas paredes del cañón en las que se mezclaban los colores amarillos, verdes y rojizos. Por debajo de nosotros vimos un gran recinto de tapia baja de piedra y redondo cercano al Canchal del Zarzalón. Dejamos atrás éste y bajamos por el zigzag al río encontrando poco después un lugar donde comer. En las rocas del cauce nos acomodamos tranquilamente a la sombra. Eran las 15:50 horas.
Unos 40 minutos después retomamos la ruta por el sendero dejando atrás el desvío al Canchal de las Cabras Pintadas donde un gran pedregal subía ladera arriba. Poco a poco fuimos girando con el valle metiéndonos entre vegetación más espesa. Encontramos de nuevo los alcornoques con su tronco rasurado y dejamos atrás la carbonera. Entramos poco después en el recinto externo del monasterio y cruzamos el puente sobre el arroyo lateral que se unía allí mismo al Batuecas. Así nos situamos a la vera del recinto donde crecían numerosos cipreses, tanto dentro como fuera. Pasamos sobre las raíces y sin llegar esta vez a la puerta principal, salimos a la carretera saltando un arroyo. Los últimos 100 metros caminamos por ésta hasta terminar la ruta a las 17:10 horas.
Nos cambiamos allí mismo y sin más emprendimos el regreso hacia La Alberca. Subimos el puerto sin problemas y en lo alto paramos un segundo a hacer unas fotos. A las 17:50 horas llegamos al pueblo aparcando por debajo del mismo. Subimos por un camino encajonado entre murallas de piedra y paseamos por sus calles viendo a la luz del día la magnífica arquitectura del lugar. Las fachadas de las casas tienen entramados de madera y piedra alternados formando un singular mosaico. Sus calles, todas empedradas, tienen como alcantarillas las mismas piedras ajustadas con huecos por los que se cuela el agua de la lluvia. Algunas de ellas son tan estrechas como para tocar los laterales con ambas manos. En una tienda típica de productos artesanos compré unas flores dulces. En su plaza había varios puestos ambulantes con productos del mismo estilo. En la terraza de un bar tomamos un refrigerio delante de la gran iglesia de la villa.
Sobre las 18:45 horas emprendimos de nuevo el viaje con intención de subir a la Peña de Francia, 1732 m. En la carretera se encuentra el desvío que a lo largo de 12 kilómetros de subida zigzagueante nos llevó a la cima. El último tramo está en obras y sin quitamiedos. Para colmo me daba el sol de frente teniendo que reducir la velocidad al mínimo. Pasadas las 19:00 horas llegamos a la cima de esta cumbre en la que hay un convento y un gran punto geodésico con una estación de telecomunicaciones.
Aparcamos la furgoneta y nos encaminamos hacia los edificios y el mirador. Estaba fresco y yo no había cogido cazadora. Estuvimos viendo desde el mirador toda la llanura hasta ver incluso Bejar y su sierra nevada. Ya no aguantaba más y bajé a por la cazadora. Pues bien, no encontraba la llave de la furgoneta, que además la había dejado abierta. Al final apareció en el fondo de un bolso. Lugo la cazadora estaba en la mochila abajo del todo, por lo que cogí la de Álvaro que la tenía a mano. Ya no aguantaba más el frío. Para colmo, cuando me uno a ellos y voy a sacar fotos me falla la cámara. No se mantenía encendida tras apretar el botón y tenía que tenerlo pulsado para sacar fotos. Vamos, un rato de esos extraños que ya no sabes que ocurre. Sí disfrutamos de una bonita puesta de sol desde allí mismo a las 19:35 horas. Hasta allí llevábamos recorridos 392 Km.
Al poco de comenzar el descenso, a las 19:45 horas, vimos un rebaño de cabras al que fotografiamos. Bajamos los 12 Km. enlazando con la carretera general en otro punto más a nuestro favor. Sin novedades fuimos restando los kilómetros hacia Salamanca habiendo decidido venir esta vez por Zamora. Nos había dicho la chica de Villablino que había autovía y que solo el tramo entre Zamora y Benavente no lo tenía, pero que merecía la pena.
A las 21:00 horas dejábamos atrás Salamanca y media hora después Zamora. En un pueblo entre éste y Benavente paramos a tomar un café y hacer las cuentas de gastos. 25 minutos después retomamos el viaje y ya en Benavente, a las 22:45 horas, enlazamos con la autovía a León. Por la misma recorrimos los últimos 70 kilómetros dirigiéndonos a San Miguel del Camino para dejar a Esteban en su casa sobre las 23:30 horas. A las 23:50 horas llegábamos a Armunia tras recorrer un total de 691 Km.
Sin duda un grato fin de semana aprovechado al máximo, dentro de la limitación que algunos tenemos trabajando los sábados. El tiempo no pudo ser más respetuoso y la ruta realmente bonita. Yo era el único que la había hecho y al resto no les decepcionó en absoluto. Lo único negativo a resaltar ahora es el gripazo que tengo por culpa del frío que pasé arriba en Peña Francia, y que hoy, tres días después me tiene “doblao”. Por lo demás, la cámara de momento vuelve a ir bien. Pudo ser también el contraste de temperaturas, no sé.





























lunes, 21 de febrero de 2011

PICO UNGRÍO O FRESNEDA (Vegacervera) - 20-02-11

 


(Nota aclaratoria: Esta cumbre viene denominada en los mapas como Pico Ungrío)

2ª ASCENSIÓN AL “FRESNEDA”.

20-02-11    (Domingo)

Este domingo nos hemos acercado a Vegacervera para realizar una ruta señalizada como “Los Sierros Negros y el Cardayal” y que al final quedó en una ascensión al pico Fresneda, cumbre cercana a la misma a la que ya en otra ocasión ascendí. En el mapa realmente viene denominada como Pico Ungría, siendo el Fresneda o Fresnera, el grupo de cumbres de esa zona.
Tras la baja de última hora de Mª Jesús, 7 fuimos los que al final participamos en esta excursión: Mateo, José Antonio, José Luis, Nati, Álvaro, Tiquio y yo, acompañados de Rex. A las 8:30 horas salimos de León en mi coche y el de José Luis hacia Vegacervera por la carretera del Torío. En unos 45 minutos llegamos a este pueblo aparcando los coches en la carretera que se dirige al camping de esta localidad. Allí ya encontramos nieve helada en el asfalto. Nos preparamos para la ruta y a las 9:45 horas emprendimos la marcha por un camino hacia el noreste. La ruta en sí no comenzaba allí, si no en otro punto poco antes de Vegacervera. Nuestra intención era hacer la ruta ampliándola con la subida al Fresneda y Enrasadas. Al final solo hicimos la ascensión del primero ya que el estado de la subida y la climatología nos impidió realizar las otras dos opciones.
Por el ancho camino pasamos enseguida debajo de un puente del que no supimos la finalidad de momento. Hacía mucho frío y aún tardó un rato en darnos el sol. Poco a poco fuimos ganando altura dejando atrás un rebaño de vacas por encima de nosotros. Tras unos 500 metros recorridos abandonamos el camino para echarnos a la ladera izquierda para comenzar la ascensión hacia la collada entre las dos cumbres. La nieve seguía cubriendo el terreno y nos metimos entre arbustos y escobas en algunos tramos. Enseguida nos separamos unos de otros quedando Mateo, Álvaro y yo juntos hasta la cumbre. El resto se había echado más a la izquierda por otra ladera paralela. Por su parte, Nati quedaba por detrás a su paso tranquilamente.
Avanzamos siguiendo una pequeña vaguada en la que también encontramos varios robles y otras especies arbóreas. Al final de la misma nos encontramos con una gran nave ganadera de piedra, vacía en esos momentos. La dejamos atrás y seguimos subiendo mientras cambiábamos un poco el rumbo a la derecha siempre con dirección a la collada entre el Fresneda y el Enrasadas. Nos metimos bajo unas paredes rocosas bordeando las mismas mientras sorteábamos los numerosos huecos cubiertos de nieve que encontrábamos entre las rocas.
Poco a poco nos fuimos metiendo en la vaguada principal hacia la collada, aunque no llegamos al centro de la misma. Decidimos avanzar por una pequeña cresta de piedras que al final no resultó del todo acertado. De nuevo los huecos cubiertos de nieve se convertían en trampas donde metíamos las piernas con el riesgo de hacernos daño. Álvaro tuvo una caída en la que se mancó un poco.
Aquella cresta nos desviaba de la collada, pero iba hacia la cumbre más directamente. La pendiente se hizo cada vez más pronunciada y costaba avanzar por el mismo motivo, la nieve acumulada entre las rocas. Por otro lado, el cielo se había ido cubriendo cumpliéndose las previsiones que anunciaban lluvia por la tarde. El paisaje se hacía más amplio y empezamos a vez las numerosas cumbres del norte. En algunos tramos había que ayudarse de las manos para avanzar más seguros. Por los walkies nos comunicábamos unos con otros. Tiquio, que en principio había ido por la otra ladera, había retrocedido para meterse a la vaguada y ahora iba por detrás de nosotros. Enseguida vimos a José Luis por encima y ya había estado en la cumbre. José Antonio había subido por otra loma también y estaba en la cima.
Tardamos unos minutos en llegar a su altura y ver la cima en sí ya a pocos metros. El último tramo era menos pendiente pero estaba cubierto totalmente por la nieve. A las 12:45 horas alcanzamos esta cima con una altitud de 1685 metros. En la misma no había señal alguna de buzón, hito ni nada parecido. Como estaba cubierta de nieve, tampoco dejamos tarjeta alguna. Hablando con Tiquio, al que veíamos acompañado por Rex, nos dijo que quedaba en las rocas a las que se había encaramado algo más al norte y por debajo. Desde esta cima podíamos ver numerosas cumbres hacia cualquier punto cardinal. Destacaban entre otras el Brañacaballo, Fontún, el cercano Correcillas o el Sancenas. También los pueblos de Vegacervera, Matallana o Villalfeide camuflados en el paisaje moteado de nieve.
Nos sacamos unas fotos de grupo y apenas 20 minutos después de llegar emprendimos el descenso hacia el roquedal donde estaba Tiquio. En esta bajada no había que bajar la guardia por los mismos huecos en la nieve entre las rocas. Bordeamos en este tramo unos enormes hoyos de gran envergadura y de cierta profundidad en los que se acumulaba la nieve. Subimos luego unos metros hasta donde estaba el compañero y en ese punto decidimos comer cómodamente. El sol era cada vez menos visible y los nubarrones ganaban espacio por el oeste. La temperatura también comenzaba a descender y nos quedábamos fríos allí.
A las 14:00 horas comenzamos el descenso con intención de dirigirnos a la collada viendo que el cresteo era más suave hasta la misma. Al final los que iban por delante fueron desviándose ladera abajo metiéndose en una estrecha canal por la que había subido Tiquio. Aunque con precaución, no se bajaba del todo mal. En varios lugares había una buena capa de nieve que se hundía bajo nuestros pies. Había que ir sorteando los huecos que seguían abundando entre las rocas, aunque en menos numero por esa zona. Álvaro intentó hacer una gran bola de nieve para hacerla rodar, pero ya con buen tamaño se “cuadriculó” y tuvo que abandonarla.
Llegamos así a la vaguada principal por la que seguimos el descenso durante un tramo antes de desviarnos de nuevo bajo las paredes. Aunque nublado, no era tanta la amenaza de lluvia como minutos antes. Pasamos entre algunos arbustos pelados y cambiamos de vaguada. Allí me despisté del todo creyendo que habíamos variado la ruta de ascenso, aunque enseguida me convencí al ver la nave por la que antes habíamos pasado.
Por detrás quedamos Mateo, Álvaro y yo y decidimos acercarnos hasta un collado cercano desde el cual vimos la carretera que se metía en las hoces en ese punto. Luego, en vez de bajar por el sendero de subida, seguimos un ancho camino entre robles con una bifurcación que se dirigía a unas antenas y en la que nos reunimos de nuevo. Algo más adelante salía el sendero que atajaba hacia la nave por el que habíamos subido. Tras dejarlo atrás, algunos optaron por meterse a la vaguada mientras otros avanzamos por el camino unos metros. Cuando vimos que daba más rodeo hicimos lo mismo y les seguimos. Más o menos íbamos por la senda de subida, aunque unos metros desviados de ella. Por debajo se veía el ancho camino de la ruta señalada que íbamos a hacer en un principio y que con tan solo 5 Km. rodea un cerro cercano para volver al pueblo por la parte contraria. Arriba habíamos comentado la posibilidad de hacerla al bajar, pero el cielo estaba cada vez más gris y ahora sí volvía a amenazar lluvia. Además, yo al menos llevaba los pies empapados y ya solo me apetecía terminar para cambiarme.
Frente a nosotros vimos el rebaño de vacas y varios perros nos ladraron al acercarnos. Nos separamos en este tramo bajando cada uno por donde mejor le vino llegando al camino en pocos minutos. Al llegar al puente de piedras supimos que función tenía. Era el canal que recoge el agua en las Hoces de Vegacervera.
Escasos metros nos separaban del final de la ruta donde teníamos los coches. Antes de llegar a ellos comenzó a llover. La nieve y el hielo que cubría por la mañana el camino se había derretido en parte. A las 15:45 horas terminamos la marcha. Con los coches nos encaminamos hacia el bar en el que estaba Nati esperando y donde tomamos un refrigerio. Además nos cambiamos e hicimos las cuentas antes de emprender el viaje de regreso a la capital. Durante el mismo la lluvia fue muy arreciante bajando de intensidad ya cerca de León. En Guzmán dejé a los compañeros a las 17:20 horas antes de venir para casa.
Así finalizamos esta nueva salida del club de montaña. Por temas familiares no pude ir a la ascensión del Corral de los Diablos hace dos semanas, por lo que hacía un mes que no salía.










lunes, 24 de enero de 2011

GERAS - MELEROS - CORRALES DEL CONDE - POLANCO - GERAS 23-01-11

 


(Nota: La denominación correcta es "Arroyo Polanco", no "Arroyo Palanco".

2ª TRAVESÍA “ARROYO MELEROS- CORRALES DEL CONDE- ARROYO PALANCO- GERAS DE GORDÓN”.

23-01-11           (Domingo)

Seguimos avanzando en este comienzo de año con el calendario de actividades del club de montaña. En esta ocasión con una travesía en la que incluimos la ascensión a una pequeña cumbre cercana al pico Vega Cercada en la zona conocida como Los Corrales del Conde. Si denomino la ruta como “2ª Travesía” es porque por separado ya he hecho estos dos arroyos en otra ocasión y me parece lo más lógico.
A la misma nos hemos animado 9 socios: Nati, Adelino, Piedad, José Luis, Mateo, Tiquio, Javi F., José Antonio y yo. Además nos acompañó Rex, el perro de Tiquio. A las 8:30 horas nos reunimos en Guzmán todos los participantes salvo Javi, con el que nos reunimos en la gasolinera de la carretera de Asturias. En su coche marcharon José y él ya que iba en plan “maratón” a hacer la ruta. El resto hicimos el viaje en los coches de Adelino y Tiquio. Poco antes de Geras, en el comienzo del valle de Meleros, aparcamos los coches tras pasar un puente. El cielo se había cerrado y comenzó a nevar mientras nos preparábamos, aunque los claros “pasaban” dejando atravesar los rayos solares.
A las 9:30 horas comenzamos la ruta por el camino paralelo a dicho arroyo. En él encontramos varios corros helados y cubiertos por la suave capa de nieve en los que algunos patinaron. En el cauce vimos grandes carámbanos helados sobre el arroyo. Poco a poco fuimos ganando altura por el pequeño desfiladero en el que las paredes se elevaban sobre nosotros varios metros. También sobre el riachuelo teníamos un desnivel considerable en este tramo del cañón.
Llegamos en pocos minutos a una bifurcación de caminos. Atravesamos el arroyo por unas piedras emprendiendo una fuerte ascensión por el ramal de la izquierda mientras el otro subía a otra collada que daba paso al arroyo Polanco por el que luego regresaríamos. La pendiente era considerable en aquel tramo que subía hacia la collada que el mapa denomina “Foza la Fuente” con 1275 metros de altitud. Habíamos partido de unos 1100 metros.
Con tranquilidad fuimos ascendiendo hacia la misma alcanzando esta altitud a las 10:00 horas. La nieve había cesado casi por completo y la niebla parecía querer abrir. Nos metimos ahora entre escobas siguiendo un estrecho sendero hasta entrar en un bonito hayedo a pesar de estar los árboles “pelados”. Pudimos ver numerosos troncos de retorcidas formas y cubiertos en parte por el verde musgo. El último tramo antes de abandonarlo se empinó de nuevo el sendero entre rocas en las que se encuentra un mirador natural al que ahora era arriesgado encaramarse por lo resbaladizo de las piedras.
Ya fuera del bosque cambiamos el rumbo a sur por una estrecha vaguada entre el Cotancho y el Cueto Mellozo. Por la misma bajaba un pequeño arroyo totalmente congelado y allí encontramos los restos óseos del caballo que hace dos años encontramos recién muerto y enterrado en la nieve. Pocos metros más arriba se ensanchaba la vaguada en el Puerto de Meleros y tuvimos a la vista el pico Feliciano frente a nosotros. Por delante se habían ido algunos compañeros a los que indicamos que había que desviarse por otra vallina lateral hacia la derecha. Paralelos unos a otros fuimos ganando altura con dirección a la collada bajo el Cueto Mellozo en la que en aquella ocasión habíamos encontrado más caballos.
A las 10:50 horas alcanzamos dicho paso desde el cual dimos vista al arroyo Meleros que abajo habíamos abandonado. Frente a nosotros corría la Sierra de Arniza. Nos echamos a la izquierda con dirección Suroeste para bordear un cerro bajando unos metros y dirigirnos hacia otra collada visible más adelante. Pasamos entre algunas escobas donde la vez anterior habíamos encontrado mas de un metro de nieve. En esta ocasión apenas había una fina capa de ella. En el cielo se iban abriendo algunos claros y las nieblas se disipaban.
Tras dejar atrás esta segunda collada emprendimos un ligero descenso hacia la cabecera del Meleros ya metidos en dicho valle. En el arroyo veíamos algunas pequeñas cascadas a las que algunos nos acercamos. Mereció la pena. En ellas pudimos ver unas hermosas figuras heladas en torno a los saltos que creaban verdaderas postales.
Retomando la marcha llegamos a la cabecera del valle dirigiéndonos hacia el Oeste siguiendo una ancha vaguada y algunos metros por encima de su fondo. Por allí encontramos los restos de un corral y más arriba atravesamos uno de los múltiples arroyos que forman el nacimiento del Meleros. Por un sendero fuimos ganando altura hacia la cabecera de esta otra vaguada desde la que se ascendía directamente a una cumbre que equivocadamente, y hasta ahora revisando el mapa, tomamos por el Vega Cercada. La pendiente, salvo en algunos tramos, era llevadera y cómoda de ascender. La vista era cada vez más amplia hacia atrás donde el pico Feliciano seguía presidiendo el fondo.
Poco a poco fuimos quedando Adelino y yo por detrás siguiendo las huellas de los compañeros. Ya no lejos de la collada nos encontramos con José Antonio que se había separado de Javi y bajaba de nuevo por el mismo valle. A las 12:30 horas alcanzamos nosotros dicha collada por debajo de la cumbre. Desde allí nos restaban pocos metros a la misma. Antes de llegar a ésta estaban los compañeros esperando y en pocos minutos llegamos a la parte alta de este pico que, repito, equivocadamente tomamos como el Vega Cercada. La altitud del mismo era de unos 1800 metros, calculado ahora viendo el mapa. Eran las 12:40 horas.
La vista era amplia contemplándose al fondo el macizo de Las Tres Marías cubierto totalmente por las nieblas que a nosotros nos estaban dando una tregua . También parte del pantano de Luna. El contraste de la nieve y la roca dominaba el paisaje. Dejamos nuestra tarjeta entre unas rocas y sacamos una foto de grupo.
Como estaba fresco allí, decidimos emprender el descenso por la cresta Norte antes de desviarnos al fondo de un circo. Mateo nos había comentado que al otro extremo había un lugar resguardado y un curioso pozo en la roca. Atravesamos el valle pisando algo de nieve y subimos unos metros hacia la parte contraria antes de llegar a dicho lugar sobre las 13:35 horas. En las paredes pudimos contemplar numerosos “chupiteles” de hielo, algunos de grandes dimensiones con los que sacamos unas fotos. Para acceder al pozo había que “trepar” unos metros por un sendero y atravesar una alambrada que impedía el paso al ganado a dicho lugar. El pozo tenía unos 5 metros de altura desde el fondo de nieve que se veía, y estaba pegado a la pared. En la misma vimos pequeñas cavidades con diminutas estalactitas muy curiosas.
Buscamos un lugar para comer, aunque tampoco abundaban. Al final encontramos unas rocas que de momento recibían la luz del sol, pero que no tardaron en quedar a la sombra. El frío era intenso y parados se notaba aún más, por lo que no demoramos mucho el rato allí sentados.
A las 14:30 horas retomamos la marcha ascendiendo suavemente para salir de aquella hondonada. La intención ahora era subir por la ladera Nordeste hasta un collado que daba paso al valle contiguo. Ascendimos entre escobas y nos cruzamos con un grupo que estaba haciendo una ruta con ascensiones por la zona. Así llegamos a dicha collada desde la que se podía ver una pista en la parte baja. De frente teníamos ahora el murallón de la Sierra Peña La Cueva por encima del arroyo Polanco. Yo me retrasé unos minutos hablando por el móvil y me reuní con los compañeros en dicha pista. Fue en ella donde, revisando el mapa, ya no me cuadraba la situación de las cumbres que Mateo nos indicaba, pero tampoco me detuve a estudiarlo detenidamente. Por debajo del camino vimos una fuente con pilón y por encima contemplábamos la verdadera cima del Vega Cercada en la que había un grupo de personas.
No tardando nos metimos a la sombra de esta cumbre y las cercanas encontrándonos con el camino blanco de nieve y con trazos muy helados. Piedad resbaló y cayó una buena “culada” sin mayores consecuencias. En un determinado punto abandonamos esta pista, que tiene su final en el puerto de Aralla, para echarnos ladera abajo en busca de otro camino que se interna en el valle de Polanco. En él alcanzamos a un grupo de jóvenes con los que conversamos unos minutos antes de dejarlos atrás. El camino descendía con dirección al desfiladero del arroyo. Por detrás teníamos ahora la cumbre del Cerro Pedroso.
Poco a poco fuimos perdiendo desnivel hasta colocarnos a la altura del arroyo ya en la entrada del desfiladero. De nuevo encontramos bellas formaciones de hielo en el cauce. Por los laterales bajaban largas canales entre crestas rocosas de afiladas puntas. El sendero cruzaba una y otra vez el arroyo sin apenas caudal. La nieve moteaba la ruta y las paredes haciéndose cada vez más escasa. Dejamos atrás las conocidas agujas de este cañón, tres puntas en hilera que se perfilan solitarias en uno de los laterales. Este desfiladero tiene una longitud considerable y ya se nos hacía largo. Por detrás quedamos Adelino, Tiquio y yo mientras el resto se había ido distanciando y no les veíamos.
Por fin llegamos a la salida del mismo contemplando Geras en el valle. Allí el arroyo formaba unas pozas sobre las que caían varios saltos de agua. Salimos a unos prados entre los que transcurría el camino que se bifurcó unos metros después. Decidimos tomar el ramal izquierdo y al final nos dio un rodeo antes de entrar nosotros tres en el pueblo a las 17:00 horas.
Atravesamos parte del mismo y llegamos al bar en el que estaban los compañeros. Supimos que Piedad había resbalado otra vez y se había mancado en una muñeca. Tomamos un refrigerio mientras los conductores se acercaban por los coches al punto de inicio de la ruta. A su vuelta emprendimos el regreso a León donde llegamos a las 18:45 horas finalizando esta segunda ruta del año.



















domingo, 9 de enero de 2011

BRAÑACABALLO O CUETO MILLARÓ (Piedrafita La Mediana) 09-01-11

 


4ª ASCENSIÓN AL “BRAÑACABALLO”.

09-01-11         (Domingo)

Con una previsión del tiempo bastante regular, comenzamos este nuevo año con la salida programada en el calendario del club, la ascensión al Brañacaballo desde el pueblo de Piedrafita. Nos animamos a la misma siete componentes del mismo: José A., Adelino, Álvaro, Roberto, Nati, Gabriela y yo.
A las 8:00 horas salimos de Guzmán en los coches de Gabriela y el mío. Por la carretera del Torío avanzamos hacia Piedrafita. El cielo se mantenía nublado y con algo de niebla. Gabriela se desvió para echar gasolina mientras nosotros continuábamos en busca de un bar abierto que no encontramos para tomar un café. Al final llegamos a Piedrafita, 1300 m, donde estuvimos un poco esperando por los compañeros y allí sí tomamos un café en el bar de dicha localidad. Estaba bastante frío y las nieblas cubrían las cumbres. El río Torío bajaba con un caudal bastante considerable como ya vimos al pasar las Hoces de Vegacervera.
Ya eran las 10:10 horas cuando emprendimos la marcha saliendo del pueblo por un camino que se adentraba en el valle de Riosol. Atravesamos un puente sobre dicho cauce y comenzamos enseguida a ganar altura. Frente a nosotros, en la cabecera del valle, podíamos distinguir varias cumbres que a ratos quedaban despejadas de nieblas. El camino estaba cubierto por una capa de escarcha al igual que las praderías cercanas al río. Serpenteaba por la margen izquierda de éste siguiendo la orografía del terreno. No tardamos en encontrar el primer arroyo que bajaba por la ladera y atravesaba el camino por un desagüe colocado a tal efecto. Bajaba entre arboleda formando un bello rincón.
Poco a poco fuimos contemplando la parte baja del valle echando la vista atrás con el pueblo al final del mismo. También hacia delante se abrían ahora varios claros entre los que se colaba el sol que iluminaba las cumbres nevadas. La ropa iba sobrando ya que la pendiente en algunos tramos era considerable. Nos encontramos más adelante con otro arroyo lateral que formaba una serie de bonitas cascadas con las que nos sacamos una foto.
En el camino cada vez encontrábamos mas nieve hasta que quedó cubierto por completo. Era bello ver las laderas tapizadas de matorral totalmente escarchado. Por debajo, el río se encajonaba en un estrecho cañón cuyas paredes rocosas también se cubrían del blanco manto. Al fondo del valle comenzamos a distinguir unas bonitas cascadas de “cola de caballo”. Por encima de ellas se veían las laderas cubiertas de nieve y bastante empinadas. En principio íbamos creídos que había que alcanzar la collada que estaba en aquella cabecera, pero vimos como el camino daba un brusco giro a la izquierda dirigiéndose al sur. Estudiando el mapa comprobamos que efectivamente era a otra collada situada en esa dirección a la que había que acceder. Tras hacer un zigzag llegamos a las ruinas de un chozo que venía marcado en el mapa y que se emplaza a unos 1700 metros de altitud. Eran las 11:45 horas.
Ahora había despejado aún más y lucía el sol cambiando totalmente el paisaje. Mientras José Antonio ya se había adelantado ladera arriba, Nati había quedado a su aire por detrás. El resto estudiamos la mejor ruta para seguir ascendiendo ya que el camino daba otro giro y regresaba por la ladera un poco por encima. Este siguiente tramo a la cresta era empinado y con trozos de nieve mas o menos blanda. Cada uno elegimos una ruta diferente que mejor vimos. Yo opté por dirigirme hacia una loma que subía por el medio de las dos vaguadas. Para llegar a la misma atravesé una zona de nieve en la que me hundí un poco, pero lo salvé. A partir de allí tenía un tramo no largo pero muy pendiente hasta suavizarse en la parte alta de dicha loma. Me lo tomé con calma y lo subí sin dificultad alguna. A José Antonio ya no le veía. Mientras Álvaro iba tras sus pasos, Gabriela, Adelino y Roberto se habían decidido por el medio de la vaguada alcanzando la loma poco después. A Nati la veíamos ahora cerca de los restos de la cabaña. En la parte contraria de la vaguada pudimos ver una curiosa formación rocosa en forma de túnel.
La vista era cada vez más amplia y contemplamos el valle con el pueblo al fondo y tras él, algo alejada, una cumbre nevada que supusimos se emplazara en la zona de Vegarada. Por el alto de la loma aquella la nieve no se acumulaba tanto y se ascendía más o menos cómodamente. El sol seguía iluminando el paisaje haciéndolo resplandecer con la nieve. La última parte de la ladera antes de la cresta se inclinó una vez más y nos costó un último esfuerzo. A las 13:05 horas llegamos Adelino y yo a esta cota de 2000 metros situada entre el pico La Foya y el Alto del Sexteo.
Allí nos reunimos con Álvaro, Gabriela y Roberto y nos sacamos unas fotos mientras veíamos como la niebla nos envolvía totalmente. Por aquella cresta transcurría una alambrada atada a unos hierros en los que la nieve helada se pegaba a ellos formando un “bastón” paralelo.
Retomamos la marcha a la par de la misma y con dirección Noroeste siguiendo las huellas de José Antonio. Hacia la parte del valle pudimos ver una gran cornisa de la que prudentemente había que desviarse. La caída en algunos lugares era vertical del todo. Hacia el Oeste, los jirones de niebla dibujaban unos bellos efectos de luces y sombras con el sol.
Bordeamos el Alto del Sexteo y entre la niebla vimos la última pendiente a la cumbre. En la misma encontramos trozos con nieve helada, aunque no tan dura como para ponernos en peligro. Vimos como José Antonio comenzaba a bajar a nuestro encuentro hasta alcanzarnos. Por mi parte comencé a sufrir los temidos calambres en los muslos que me paralizaban. Me fastidió un poco ya que iba en mejor forma de lo que creía tras un mes de relax........ y las Navidades. Tuve que ralentizar el paso y así fui subiendo más o menos bien y poco por detrás del resto.
A las 14:25 horas alcancé la cumbre del Brañacaballo con una altitud de 2188 metros. En dicha cima hay un punto geodésico y un hito de rocas entre el cual no encontramos buzón alguno. La nieve se moldeaba en torno a ellos dibujando una bonita estampa. Estuvimos estudiando dónde poder acomodarnos para comer un poco a la abrigada, aunque vimos que no había lugares apropiados. No es que hiciese mucho frío, ya que no soplaba viento alguno, pero la niebla y el mismo sudor de la subida nos hacía estar incómodos. Decidimos aún así comer allí mismo en torno al punto geodésico sin detenernos demasiado. Nos sacamos antes unas fotos y dejamos la tarjeta en un bote entre las rocas. El paisaje era nulo salvo algunos retazos que se distinguían entre la niebla. Durante un rato se escapan copos de nieve en forma de granizo pequeño.
Apunto en este momento que en esta cima he acampado un par de veces en dos de las tres veces anteriores que la he ascendido.
A las 15:10 horas emprendimos el descenso por la misma loma de subida. Ahora los tramos helados patinaban más y había que tener cuidado en ellos. Como si adrede lo hubiese hecho, empezó a despejar de nuevo según bajábamos comenzando a salir el sol entre la niebla. Al llegar a la altura del Sexteo teníamos la cumbre del Brañacaballo totalmente despejada y soleada. Aprovechamos para sacarnos unas fotos con la misma de fondo los cuatro que quedábamos por detrás. Era realmente un espectáculo visual el juego de luces y sombras del sol entre las nieblas y los contraluces que formaban.
Continuamos el descenso hacia la collada desde la que ya nos reclamaba José Antonio, el cual había escrito en la nieve “Javi tardón”. Allí nos sacamos otra foto juntos con la cumbre aún visible de fondo, aunque por poco tiempo ya que la niebla comenzaba a bajar de nuevo a nuestro encuentro. Nos cubrió parcialmente mientras bajábamos la pendiente ladera hacia el valle. Roberto metió la pierna hasta el fondo en uno de los huecos que no se veían entre las escobas.
A las 16:30 horas llegamos al chozo derruido donde nos incorporamos al camino. Algunos atajaron los zigzag del mismo mientras otros decidimos seguirlo. La niebla ya quedaba arriba y vimos de nuevo el valle. También la nieve iba quedando atrás según descendíamos por éste, en el que ahora encontramos más barro. Parecía que el pueblo se alejaba ya que el camino daba tanta vuelta que pensábamos no llegar nunca.
A las 17:45 horas entramos en él atravesando primero el puente sobre el arroyo Riosol y luego otro sobre el río Torio. Al lado mismo de este último teníamos los coches donde terminamos esta primera ruta del año.
Nos cambiamos allí mismo y en el bar, en el que estaba Nati jugando unas partidas con unos vecinos, nos tomamos un café. Eran las 18:30 horas cuando salimos del mismo para emprender el viaje de regreso. Yo iba pidiendo no tener la mala racha de pinchar una rueda, ya que el día antes me había pasado y no la tenía arreglada. Por suerte transcurrió el regreso sin novedades y llegamos a León en algo menos de una hora. Dejé a Roberto y Adelino frente a su casa y a Nati al lado de la suya antes de llegar yo a la mía sobre las 19:40 horas.
De esta manera transcurrió esta primera actividad del club Cumbres de León de este 2011. Si todas las programadas se diesen al menos como ésta nos dábamos por satisfechos. Ya se irá viendo.












sábado, 1 de enero de 2011

ENLACES A RUTAS 2011 DEL BLOG "CUMBRES DE LEÓN"

 RUTAS 2011

BRAÑACABALLO. PIEDRAFITA LA MEDIANA. 09-01-2011

ARROYO DE MELEROS- CORRALES DEL CONDE- ARROYO POLANCO- GERAS DE GORDÓN. 23-01-2011

"CORRAL DE LOS DIABLOS” Y “SESTILÓN. SOLLE. 06-02-2011

PICO FRESNEDA. 20-02-2011

VIDULINA Y LA CAÑADA. SOSAS DEL CUMBRAL. 06-03-2011

“LAS BATUECAS”. (SALAMANCA). 19/20-03-2011

LOS VALLINES. 03-04-2011

FUENTE DEL COBRE. SANTA MARÍA DE REDONDO. 17-04-2011

FOLLEDO – GERAS DE GORDÓN. 01-05-2011

“LLERENES”, “LAS PEÑERAS”, “CASTAÑO” Y “LOS CANTOS”. 15-05-2011

XV ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES. MEMORIAL “FERNANDO ALGORRI”. ASCENSIÓN AL “VIZCODILLO” Y “LAGO DE TRUCHILLAS”. 29-05-2011

“TAPINÓN” (ASTURIAS). 05-06-2011

“ROBEQUERAS”,  “ESTORVIN”,“CUADRO” Y “CUÉRRAVO”. 19-06-2011

“PEÑA BEZA”. 03-07-2011

TRAVESÍA NOCTURNA.  “LAS FUENTES DEL NOCEDA”. 16/17-07-2011

TRAVESÍA “BOSQUE DE HAYACORVA” (Cantabria).  TRAVESÍA “VALDELATEJA- CAÑÓN DEL EBRO- QUINTANILLA ESCALADA” (Burgos). 23/25-07-2011