lunes, 12 de febrero de 2007

CAÑÓN DEL CÁRDENA (Sanabria - Zamora) 11-02-07

 


1ª TRAVESÍA POR EL “CAÑÓN DEL CÁRDENA”. (Zamora).

11-02-07            (Domingo)

Por tercera semana consecutiva hemos realizado una actividad del club de montaña “Cumbres de León”. Salimos esta vez a la provincia vecina de Zamora y concretamente a la comarca de Sanabria para recorrer una de las varias rutas balizadas de esta zona, la del Cañón del río Cárdena. Con mala previsión del tiempo, que por desgracia se cumplió, nos decidimos a realizarla estas cinco personas: Álvaro, José Luis, Luis, José Antonio y yo.
A las 8:30 horas se reunieron ellos en Guzmán recogiéndome a mí en el Plus minutos más tarde. No tardamos en coger la autovía a Benavente enlazando poco antes con la de Sanabria. En el cielo se alternaban los claros con grandes bandas de nubarrones que dejaban escapar lluvia. Con ese panorama abandonamos la autovía para dirigirnos hacia el lago de Sanabria y seguidamente a Ribadelago Viejo (1000 m). Aquí entramos por una estrecha carretera hacia la central eléctrica al lado de la cual aparcamos a las 10:10 horas y tras 155 Km recorridos.
Nos cambiamos mientras se nos acercaban dos grandes mastines con dos preciosos cachorros, uno negro y otro pardo, que no dejaban de jugar con las correas de la mochila de José Luis. Eran las 10:30 horas cuando emprendimos la marcha allí mismo donde comenzaba la ruta al lado mismo del edificio de la central. Unas estacas de color naranja balizaban esta ruta desde su comienzo. A los pocos metros dejamos atrás un chozo de piedras con techumbre de paja. El sendero no tardó en dar un brusco giro a la vez que comenzaba a ascender visiblemente y con fuerte pendiente. El firme era pedregoso e irregular teniendo por la izquierda grandes peñas y por la derecha la caída hacia el valle del que veníamos. Según cogíamos altura se veía más ampliamente el lago de Sanabria con ambos pueblos Ribadelago, el Nuevo y el Viejo. Al lado de dicho sendero encontramos una especie de depósito encima del cual nos situamos al quedar el techo a nivel con éste. Hacía de una especie de mirador sobre el valle. Hacia atrás se podían ver los finales de los cañones de Cárdena y Segundera por donde regresaríamos. Por la ladera de la izquierda bajaban algunas tuberías semienterradas así como algunas líneas eléctricas.
Poco a poco fuimos girando hacia el norte siempre subiendo con pendiente considerable. Yo no había comprado los bastones y me dejó Luis los suyos ya que no los usaba. En la parte alta destacaba una cima puntiaguda que creíamos podía ser el pico Fraile. La senda serpenteaba falda arriba entre vegetación más o menos espesa y con coloridos espectaculares. Por nuestra derecha y en el fondo del valle, comenzaba el cañón del Tera que hace unos años habíamos hecho. Unos metros más arriba nos encontramos con un bonito puente de varios ojos que servía antiguamente para salvar las irregularidades del terreno teniendo un canal en su parte alta. Álvaro y yo habíamos quedado por detrás mientras el resto, como luego supimos, habían subido por aquel canal.
Algunos arroyos atravesaban por debajo del sendero a través de tuberías para evitar que el agua destrozase el firme. El contraste de colores de la vegetación era impresionante combinándose el verde del musgo y las escobas con el marrón de los helechos y los robles y la roca grisácea. En la cima de un picacho alejado nos pareció ver a alguien moviéndose y pensábamos que eran los tres compañeros adelantados. Salimos de dudas poco después cuando encontramos a Luis y nos dijo que el resto estaba poco más arriba. A la derecha entra la arboleda vimos un viejo edificio. Dejamos atrás el bosque bastante arriba y advertimos como la niebla se cerraba poco a poco mientras el lago apenas si era ya visible. Pasamos entre varias torretas de alta tensión y enseguida vimos otra edificación cerca de la parte alta con un todoterreno a su orilla, lo que me sorprendió considerablemente.
A las 12:15 horas llegamos Álvaro y yo a dichos edificios donde estaban los compañeros con dos jóvenes, supongo que guardas del parque. Estuvimos un rato de charla allí donde vimos cuatro gatos rondando. La niebla no dejaba ver apenas paisaje alguno. Tras quince minutos emprendimos la marcha por una ancha pista que viene de Porto, desde donde subimos a Peña Trevinca va a hacer dos años. Ascendimos por ella hasta llegar minutos después a la laguna de Mancas, con la superficie medio helada. Bordeamos ésta siguiendo la pista ascendente mientras se echaba a llover.
Cambiamos de vertiente y dimos vista al cañón del Cárdena por el que luego bajaríamos. Enseguida nos encontramos con un refugio al lado de la pista. Nos metimos en él todos menos Luis, que había quedado por detrás. Para gastarle una broma cerramos por dentro y cuando había pasado varios metros le llamamos y tuvo que volver. No le sentó muy bien. Eran las 12:50 horas.
En el refugio había una chimenea, mesa, bancos y dos altillos a modo de camastros. Abrimos las ventanas y cerramos la puerta para evitar la lluvia que ahora era fuerte y con viento. Acomodados allí comimos tranquilamente hasta pasadas la una y media que volvimos a ponernos en marcha bajo la lluvia insistente. La pista seguía subiendo y llegamos a una bifurcación que señalaba la presa de la Vega del Conde. Caminando unos metros por este brazo vimos otra gran laguna medio helada también por a que nadaba un gran animal que bien podía ser una nutria. Retrocedimos a la ruta principal y continuamos ahora ya bajando y contemplando numerosas lagunas más cercanas a la pista. Los alrededores de las mismas se encontraban quemados.
Así llegamos al embalse de Garandones con su presa de piedras. Apunto aquí que los embalses, líneas eléctricas y la central están gestionadas por Endesa. La pista pasaba por debajo de ella, pero nosotros lo hicimos por encima del muro de contención. Y subimos luego un tramo por la pista al lado de la cual continuamos viendo numerosas lagunas heladas en parte. Dimos un giro de 90 grados y no tardamos en divisar un gran embalse que yo tomé por el lago de Sanabria y José Antonio así me lo confirmó engañándome aposta. Según avanzábamos y veía la orilla del mismo con un camino me convencía menos que fuese éste. Entonces me dijo que no era el lago si no el embalse de Cárdena, (1614 m), al que no tardamos en llegar. Al lado del mismo vimos una casa de los guardas y muy cerca salía una senda que entraba en el mismo cañón del Cárdena. Eran las 14:20 horas.
Cogimos entonces dicha senda descendente y enseguida nos llevó a las ruinas de las antiguas casas de los trabajadores de la presa donde se pueden ver numerosas edificaciones de piedra medio derruidas. Allí cerca había una gran piedra de la que nacía un árbol. Desde las mismas se bajan unos metros de fuerte pendiente hasta el mismo cauce del río Cárdena que atravesamos antes de subir por la ladera contraria. Las estacas naranjas seguían balizando la ruta de tramo en tramo sin posibilidad de pérdida. Alcanzamos entonces una especie de atalaya desde la cual sí vimos ahora el lago de Sanabria y todo el cañón del Cárdena por el que íbamos a descender. Seguía lloviendo y la neblina impedía disfrutar de la amplia y bonita vista que desde aquel punto se tenía. Tras bajar varios metros atravesamos una zona de grandes piedras entre las que serpenteaba el sendero. Luego volvió el sendero a meterse entre matorral y escobas con un fuerte caída por la izquierda hacia el río. Justo en la parte alta del cañón vimos una bonita cascada que se precipitaba varios metros formando una nube de “vapor” al caer sobre las rocas más bajas.
Se me terminó la tarjeta de la cámara allí y la cambié antes de continuar el descenso metiéndonos en una zona relativamente angosta del cañón. Luis, José Luis y José Antonio ya se habían adelantado mientras quedábamos Álvaro y yo por detrás. Realmente había que ir disfrutando del paisaje espectacular a pesar del mal tiempo reinante. Entramos enseguida en otro paraje donde abundaba el bosque de robles, brezo escobas y helechos que contrastaban sus diferentes colores de forma increíble. Además contemplamos enormes moles de piedra donde el musgo formaba sobre ellas un hermoso manto verde que relucía con la lluvia presente. Mas adelante encontramos un cartel sobre “Cervantes en Sanabria - Ruta de Don Quijote”. Debajo del mismo había un bonito manantial entre musgo. Unos metros más abajo pasamos entre dos grandes formaciones rocosas que estrechaban el paso en aquel tramo y que igualmente estaban cubiertas de musgo. Las paredes del cañón se elevaban por encima de nosotros varios metros formadas por numerosas vaguadas, canales y formaciones rocosas de diversa morfología.
La lluvia insistente y a ratos arreciante me impedía sacar buenas fotos ya que se me mojaba el objetivo y quedaban borrosas. Encontramos también varios árboles quemados que parecía ser por causa de los rayos. El sendero estaba bien señalizado y trotado, por lo que no había posibilidad de pérdida alguna. En las paredes de la izquierda vimos otro gran salto de agua. Estábamos ahora en otro tramo elevado sobre el río y descendimos poco a poco hasta llegar a un llano hacia el que bajaba un arroyo por la derecha. Atravesamos este raso y subimos unos metros hasta cambiar de vaguada. Aquí hago el apunte de que, al no llevar un mapa topográfico detallado, no llegué a situarme por donde estábamos bajando este tramo y que vaguadas pasábamos. Tampoco hasta el día de hacer este resumen he conseguido ningún mapa de esa zona para orientarme bien. El caso es que, como digo, cambiamos de vaguada siguiendo el sendero mientras caía agua “a mansalva”. Álvaro se resguardaba de ella con un paraguas.
El último tramo de la ruta baja entre piedras y pinos ya con el pueblo a la vista. Poco a poco fuimos girando a la izquierda con dirección a la central eléctrica que también divisamos en pocos minutos. El sendero desembocó en un ancho camino y éste unos metros más abajo en la carretera donde a la llegada con el coche habíamos visto un indicador de la ruta. Unos 100 metros recorrimos por la carretera antes de ver a los compañeros bajo un soportal donde también habían metido el coche. No sé que edificio podía ser, pero encima de una de las puertas tenían La Cruz Roja.
Eran las 16:20 horas cuando llegamos Álvaro y yo. El resto se estaba cambiando la ropa húmeda como también nosotros lo hicimos luego. El podómetro marcaba 11,990 Km. Por la carretera pasó un gran rebaño de cabras mientras continuaba lloviendo con todas las ganas. Allí mismo sacamos unas fotos en las que destacaban desmesuradamente unas bandas reflectantes del chándal de José Luis con la luz del flash.
No tardamos en ponernos en marcha parando luego en un bar donde tomamos unas consumiciones e hicimos las cuentas de la gasolina. Sobre las 17:15 horas salimos ya con dirección a León mientras la incesante lluvia nos acompañaba. Bordeamos el lago de Sanabria y recorrimos los 20 Km hasta coger la autovía hacia Benavente donde sin salirnos de ella cambiamos a la de León. Sin novedades avanzamos hacia la capital y ya en Armunia me despedí de ellos cuando eran las 18:40 horas.
A pesar de la climatología adversa, personalmente puedo decir que fue una grata jornada de montaña. Los paisajes de los que disfrutamos, sobre todo durante el descenso por el Cañón del Cárdena, fueron impresionantes y dignos de postales. Para repetir incluso de Marcha Nocturna, como se habló.




























lunes, 5 de febrero de 2007

MUXIVEN Y BRAÑAS DE ROBLES DE LACIANA 04-02-07

 

1ª TRAVESÍA “BRAÑAS DE ROBLES DE LACIANA”.

2ª ASCENSIÓN AL “MUXIVEN”.

04-02-07        (Domingo)

A una semana de la última salida hemos vuelto a ponernos en marcha para realizar precisamente la actividad aplazada de ese día por la climatología, la ascensión al pico Muxiven. En esta ocasión el tiempo nos fue propicio del todo y conseguimos alcanzar el objetivo a la vez que realizamos la travesía por las Brañas de Robles.
Avisados todos los socios del club de este aplazamiento, diez fuimos los animados a realizar esta ruta: Javi F., Álvaro, José A., Corín, Luis, Ricardo, Roberto, Juan, Ramón y yo. A las 8:00 horas quedamos algunos en Guzmán mientras otros esperaban en Quevedo. En los coches de Luis, Ramón y el mío emprendimos el viaje por la carretera de Caboalles hasta La Magdalena donde entramos en la autopista para atravesar el tramo del pantano de Luna. De nuevo fuera de ella dejamos Luna y entramos en Babia y en San Emiliano recogimos a Ricardo. Las nieblas altas daban “mala espina” hacia el norte, pero poco a poco fueron quedando por detrás según avanzábamos hacia Villablino. Antes de éste se encuentra Robles de Laciana, (1160 m), donde comenzaba la ruta prevista y donde llegamos sobre las 9:45 horas tras 97 Km. recorridos.
Por las calles con nieve y algo de hielo atravesamos el pueblo en busca de un lugar donde aparcar los coches. Yo lo subí hasta la parte más alta donde un cartel indicaba el final de la ruta que íbamos a hacer. El resto quedó más abajo y subieron andando hasta este punto. Hablando con un vecino nos comentó que era más conveniente comenzar la ruta al revés y en un punto determinado atajar para cogerla bien. La razón era que el primer tramo se encontraba muy cerrado de maleza y además cargado de nieve.
Siguiendo sus recomendaciones emprendimos la marcha sobre las diez de la mañana. Salimos por un camino con dirección norte ascendiendo suavemente dejando atrás un depósito de agua de bloques de cemento. Entre prados y algo de robledal fuimos ganando altura pisando tramos con nieve dura por la helada. La pista serpenteaba y así pasamos cerca de un merendero con mesas y bancos de madera en una explanada de hierba. Echando la vista atrás fuimos viendo las cumbres del Miro de Tejedo y el Cueto Nidio justo encima de Villablino, al que poco a poco vimos aparecer en el valle. Algo mas arriba había una bifurcación y no sabíamos muy bien por cual tirar. Por detrás quedábamos Roberto, Juan, Álvaro y yo mientras el resto se había adelantado y estaban fuera de nuestra vista. Optamos por girar a la derecha y caminamos unos metros antes de ver que no tenía salida aquel camino. Por un sendero empinado atajamos hasta coger de nuevo la ruta buena donde estaban los compañeros.
Continuamos ascendiendo por el camino encontrando a la derecha una fuente con un pilón y por la izquierda una plantación de árboles con tubos de plástico protegiendo las plantas nuevas. Al fondo comenzamos a ver la cumbre del Muxiven para la que aún nos quedaba un buen trecho.
En ese momento recibí la llamada de Luis para preguntarme por el camino a seguir en un cruce donde estaban. Según las indicaciones del joven del pueblo, había que abandonar la ruta y coger la pista ancha de la derecha durante unos metros antes de empalmar de nuevo con la misma pero en el ramal de ida. Así se lo hice saber no tardando en llegar también nosotros a dicho punto. Poco antes había lo que parecía otro depósito de agua también de bloques. Eran las 10:50 horas.
En aquel cruce situado en La Cerra, (1422 m), giramos a la derecha comenzando a bajar notablemente hacia el valle de las brañas que baja a Villaseca de Laciana. Durante unos 300 metros caminamos por una ancha pista que abandonamos luego para entrar en un camino mas angosto y con nieve siguiendo ya la ruta marcada. La misma subía y bajaba constantemente dejando atrás algunas ruinas de brañas y otras bien conservadas. Delante de nosotros se alzaba la cima del Muxiven y el cordal que bajaba desde el mismo por la parte contraria del valle.
No tardamos en encontrar un cartel señalizado de las brañas con la altitud, 1320 m., e indicando su condición de patrimonio etnográfico de Laciana. Eran las 11:15 horas y en el podómetro marcaba 2,400 Km. Detrás nos dejó un joven con un quad que circulaba camino arriba. En el valle entre la nieve se veían numerosas edificaciones en diferentes estado de conservación.
De nuevo nos reunimos todos a esta altura haciendo una pequeña parada antes de continuar ascendiendo ya hacia la collada de Altar o Bulliza. No tardando llegamos a una nave donde el camino se terminaba. Una estaca de la ruta situada en un cruce nos hacía dudar de la ruta a seguir hasta que vimos otra más adelante a la izquierda. La nieve blanda ya abundaba e iba costando subir, al menos a mí. Aquí haré el siguiente apunte. Resulta que el domingo pasado en Molinaseca dejé olvidados los bastones. Al llegar a casa los eché de menos pero estaba convencido cien por cien que los había metido en el coche de Luis. Pues bien, no fue así y seguramente me quedaron en Molinaseca al terminar la ruta. Total que iba sin ellos y me ayudan tanto que me iba costando subir la pendiente. De hecho no tenía pensado subir ya al pico y hacer solo la ruta, lo que luego no fue así.
Poco a poco y siguiendo al resto alcancé el collado de Altar cuando eran las 12:20 horas. El podómetro marcaba 5 Km. lo mismo que el mapa de ruta. Allí estaba Juan y Álvaro mientras a los demás se les veía ya ladera arriba del Muxiven. La altitud de aquel punto es de 1630 metros y la cima está a 2032 m. Quedaban por lo tanto 400 metros con nieve mas o menos blanda.
Animado por ellos me decidí a continuar hasta donde pudiese. Siguiendo las huellas de los predecesores fuimos ganando altura poco a poco pegados a una alambrada. No tardamos en alcanzar a Roberto que estaba sentado algo más arriba. Con paso muy pausado íbamos los cuatro ganando altura mientras veíamos como por la parte suroeste aparecían negras nubes que no me gustaban nada. Tras un tramo empinado se suavizó un poco la pendiente antes de entrar en otro parecido. Pisábamos sobre una media de 40 cm de nieve blanda siguiendo las huellas de los que iban delante, algunos de ellos ya en la cima. En numerosos lugares había que tener cuidado para no meter la pierna en los huecos que había.
Por el cordal de la parte alta se veía una auténtica romería de personal que subía y bajaba tanto por una parte como por la otra. No tardando nos metimos en el último tramo empinado donde la abundancia de rocas era constante. Lo mejor era subir pisando en ellas para evitar los numerosos huecos tapados por la nieve que había entre las mismas. Por fin alcanzamos la cresta entre el Muxiven Norte y el Central a las 14:05 horas. La cumbre más alta es ésta última para la que nos restaban escasos 200 metros lineales y muy pocos de desnivel. Fácilmente los recorrimos llegando a la cumbre cuando eran las 14:10 horas y marcando en el podómetro 6,850 Km.
En la misma estaba solo José Antonio mientras que los demás ya habían bajado por el cordal sur a comer a las Brañas de nuevo. Luis me volvió a llamar al móvil para saber donde estaba. Cuando le dije que en la cumbre me indicó que él estaba poco más abajo y entonces nos vimos. Decidió volver a subir el tramo aquel de nuevo y así se reunió poco después con nosotros. En la cima había un pequeño grupo asturiano parte del que habíamos ido viendo por la cresta subiendo y bajando. Tenían el autocar en Lumajo esperándoles e iban cerrando ellos la marcha. En la cumbre había un hito y el buzón de cumbres del que recogimos un tarjeta y dejamos la nuestra. Como José Antonio tenía ganas de comenzar a bajar, hicimos unas fotos en la cima antes de ponernos a comer nosotros cinco, Roberto, Luis, Álvaro, Juan y yo. Desde la misma podían contemplarse numerosas cumbres. Entre las ascendidas por mi se encontraban el cercano Cornón, el Cueto Arbas y el Cueto Nidio así como otras que sin mirar el mapa bien no conseguí emplazar. Justo debajo teníamos el pueblo de Lumajo y en los valles nevados se veían algunos más.
Sobre las 15:35 horas emprendimos el descenso por el mismo lugar de subida. Si lo hacíamos por el cordal bajábamos a las brañas de nuevo y una de dos, o teníamos que subir otra vez a la collada para cerrar la ruta circular o volvíamos haciendo el mismo recorrido de ida. Decidimos entonces volver a bajar por la misma ladera hacia la collada Altar, pero antes nos acercamos un momento hasta la cumbre norte del Muxiven.
Ya bajando había que tener especial cuidado en no meter el pie en los huecos entre las rocas. Bajando se hace más fuerza y es fácil hundirse hasta el fondo con el consiguiente riesgo de golpearse e incluso romperse una pierna. En las zonas mas despejadas se aguantaba mucho bajando dejándose casi caer. Las nubes pasaban por encima de nosotros alternándose los claros y las sombras. Por suerte no se había cerrado como temíamos y nos estaba dejando disfrutar de unos paisajes increíbles.
Roberto ya se había adelantado y estaba muy abajo. Por el contrario, Luis y yo nos fuimos entreteniendo ya que él se empeñó en hacer rodar una bola de nieve ladera abajo. Sí que consiguió hacer una bastante grande, pero la nieve estaba muy blanda del sol que le había dado todo el día y apenas rodó unos metros. Mientras yo lo iba grabando con la videocámara. Cuando ya lo dejamos por imposible al no poderla mover del peso que tenía continuamos bajando. Enseguida se dio cuanta Luis de que había dejado los bastones unos metros más arriba donde comenzó a hacer la bola y tuvo que subir a por ellos.
Álvaro y Juan ya estaban en la collada desde hacía un rato antes de llegar nosotros a las 16:50 horas y tras 9,170 Km. Roberto por su parte había decidido coger otro camino que volvía por la parte media del valle de las brañas. De la collada partía un cortafuegos por la parte contraria a la que bajábamos y algo por debajo una pista. Como ya habíamos visto anteriormente con los prismáticos, en la parte alta del cortafuegos se veía una estaca de la ruta. Teníamos una allí mismo, pero no estaba claro si marcaba éste o la pista. De todas formas, desde la cumbre habíamos visto que arriba se juntaban las dos como luego comprobaríamos. Optamos por subir por lo marcado donde la pendiente era considerable. Por los lados se veían numerosas plantas de pinos pequeñas con bonitas formas en sus ramas. Poco a poco fuimos remontando los 70 metros de desnivel hasta alcanzar el alto de Parapetos, donde se encuentran varias trincheras de la Guerra Civil del 36 en mejor o peor estado de conservación. Allí mismo se emplaza ahora una caseta con unas antenas que podía ser del guarda forestal. La altitud es de 1700 metros y eran las 17:20 horas.
Comenzamos a bajar ahora por un cortafuegos de la parte oeste con vistas al valle de Sosas hasta empalmar enseguida con la pista que venía de la collada. Allí mismo dio un brusco giro de casi 180 grados bajando en línea recta hacia el suroeste. En un indicador nos señalaba que estábamos en el Km 7 de la ruta restando por lo tanto 4 hasta Robles. A los pocos metros del mismo se encuentra una gran mina de carbón a cielo abierto que según nos explicó el joven del pueblo y en la hoja de ruta también alude algo, ha sido motivo de controversia en la zona.
A continuación vino el momento polémico de la jornada. Después de pasar esta zona vimos que la pista bajaba mucho hacia el valle de las brañas por el que habíamos subido. Yo estaba convencido que había que seguir por la parte alta e incluso casi por el valle contrario. El mapa de la ruta que llevábamos era muy esquemático y no lo especificaba. Además no veíamos por allí señal alguna que nos sacase del apuro. Optamos por meternos en otro cortafuegos subiendo un poco a ver si encontrábamos la ruta por la parte alta. Vimos que allí se cerraba y no tuvimos más remedio que volver a la pista. Ya eran las 17:45 horas y no estábamos para perder mucho tiempo investigando.
Hubo suerte y no tardamos en llegar al Km 8 señalado también con estaca y flecha. La pista era ancha y en muchos lugares estaba cubierta totalmente por la nieve. Se veía en ella las huellas de un quad, posiblemente el de por la mañana. Hacia poniente se podía ver un bello efecto de los rayos de sol entra las cumbres y la neblina del atardecer.
Así llegamos a La Cerra, punto donde por la mañana habíamos cogido el atajo al otro ramal de subida. La pista anteriormente cargada de nieve había perdido mucha a lo largo del día. Comenzamos a internarnos entre los robles de nuevo mientras cada vez oscurecía más. En la fuente La Cueña bebimos agua antes de retomar la marcha descendiendo ahora entre algunas morras rocosas de nuestra izquierda. Algo mas abajo dejamos atrás el merendero en el Campo de Feisuelo y serpenteamos con la pista ya con Robles de Laciana a la vista. Poco antes de entrar en él alcanzamos a Roberto, que iba acompañado de Ramón. Éste último había subido unos metros desde el pueblo ya que ellos hacía dos horas que habían bajado. A las 18:46 horas terminamos la ruta en el punto kilométrico 11,600 de la misma. El podómetro marcaba 15,440 Km, justo la diferencia de la ascensión.
Nos cambiamos e íbamos a tomar algo en el bar, pero ellos ya habían salido e incluso algunos ya habían marchado. No tardamos en ponernos en marcha nosotros también. Conmigo iba Álvaro y José Antonio, quien sugirió paran en Villaseca a tomar un chocolate con frisuelos. Así lo hicimos en el bar que él conocía donde estuvimos degustando esta rica merienda.
Sobre las ocho de la tarde nos pusimos en ruta hacia León. La carretera aún en obras está poco y mal pintada horizontalmente, por lo que no se podía uno exceder en la velocidad. Tras pasar el puente colgante por debajo entramos en la autopista hacia La Magdalena donde la abandonamos tras pagar el peaje, 2´65 €.
Ya por la comarcal subimos hacia Camposagrado y unos minutos antes de las 21:00 horas entramos en la capital. Aquí dejé a los dos compañeros y poco más tarde terminé yo el viaje en Armunia.
Y así finalizó esta segunda salida del año mía. Cumplimos el objetivo previsto, que era la ascensión al Muxiven, y además lo completamos con una bonita travesía, sobre todo por las vistas desde ella mas que por la ruta en sí, que tenía mucha pista “fea” y sin atractivos singulares salvo el paraje de las brañas, y que tampoco fue nada del otro mundo.