martes, 20 de marzo de 2012

MESA BEXEJO (Polaciones- Cantabria) - 17/19-03-12

 


1ª ASCENSIÓN A LA “MESA BEXEJO”. (San Mamés - Polaciones). (Cantabria).

17/19-03-12

Primera salida de fin de semana de este año. Nos hemos acercado hasta el Valle de Polaciones, en Cantabria, para ascender a Peña Sagra, lo cual no pudo ser debido a la acumulación de nieve y sobre todo hielo en la última parte de la ladera. Sí ascendimos, no sin dificultad, a la cercana Mesa Bexejo, de algo menor altura, pero con vistas también espectaculares.
Días antes habíamos reservado habitaciones en una casa rural de Pejanda, “Casa Molleda”, donde pernoctamos las dos noches de este largo fin de semana en el que San José fue festivo en León.
Al final nos decidimos cinco componentes del club de montaña: Nati, Mª Jesús, Álvaro, Antonio y yo. Con una previsión de mal tiempo, que se cumplió a rajatabla prácticamente, decidimos seguir adelante con los planes y así llegó el sábado.

SÁBADO 17
Pasadas las 18:30 horas partíamos en mi furgoneta del barrio de La Sal, donde recogíamos a la última componente del grupo, Mª Jesús. Las nubes y los claros se alternaban en el cielo de la capital cuando salíamos de ella por la carretera de Benavente para enlazar primero con la A-66 de esa ciudad y luego la A-231 de Burgos. Por ésta circulamos hasta la conexión con la A-67 de Santander cerca de Osorno. Ya con dirección Norte vimos como los negros nubarrones nos cubrían y dejaban escapar algunas gotas sueltas de lluvia. Sin novedades llegamos a Herrera de Pisuerga donde la abandonamos para salir a otra carretera hacia Cervera de Pisuerga. Antes de llegar al mismo nos detuvimos unos minutos en Moarves para ver la bonita fachada de su iglesia con un gran Pantocrátor de piedra.
Dejamos atrás Cervera poco después y emprendimos la subida al puerto de Piderasluengas donde llegamos a las 21:15 horas. En él paramos otro rato disfrutando del cielo estrellado que allí había. Nos tuvimos que abrigar ya que soplaba un vientecillo frío del Norte. De nuevo en marcha, y ya en el descenso, entramos en la provincia cántabra. Por el valle de Polaciones fuimos descendiendo siguiendo el trazado de la serpenteante carretera hasta llegar por fin a Pejanda cuando eran las 21:40 horas y tras 224 Km. recorridos.
Al lado de la misma se encuentra la casa rural en cuyo bar entramos. La decoración del mismo, que ya habíamos visto en Internet, era de lo más típica y original. Del techo colgaban toda clase de aperos antiguos y buen número de rabeles, instrumento musical muy conocido en la zona con el que hay incluso certámenes. Varias fotos muestran también los tradicionales carnavales con los Zamarrones y otras fiestas destacadas del pueblo y comarca.
Enseguida nos indicaron las habitaciones, quedando sorprendidos al ver que era un apartamento completo. Pensamos que era un error, pero resultó ser nuestra estancia. Como digo, se trataba de un apartamento con cocina-comedor, baño y tres habitaciones, dos dobles y una de matrimonio con otro baño. Según nos dijeron luego, lo estrenábamos nosotros.
En el comedor nos dispusimos a cenar cómodamente. Nati había llevado comida para todos, tortillas y pollo frito muy rico. Cerca ya de la media noche decidimos dar un paseo por la carretera por la que habíamos llegado. Tengo que apuntar que este pueblo está muy desperdigado por la ladera del valle y por eso no dimos un paseo por él. Subimos por la carretera un tramo viendo el estrellado cielo por encima de nosotros. La temperatura había bajado y se notaba el relente.
De nuevo en la casa nos fuimos distribuyendo para dormir, las mujeres en una habitación, Álvaro y yo en otra y Antonio en la tercera. No sé por qué, pero cuando vamos a estos sitios surgen apariciones nocturnas en ciertas habitaciones. En la de ellas debió de entrar alguien o algo que a Mª Jesús la dio un buen susto, según contaron, claro. Yo, por si acaso, puse una silla detrás de la puerta para enterarme si ese alguien o algo entraba. No creo que nadie lo intentase ya que pasamos el resto de la noche tranquilamente. Era la 1:30 horas cuando nos acostamos por fin.

DOMINGO 18
Pasadas las 7:30 horas me levanté quedando sorprendido de la nevada que estaba cayendo. No se veía aún cubierto el suelo, pero nevaba con todas las ganas. Lo primero que pensamos fue que así no se podía ir a ninguna parte, al menos a la cumbre. Apenas nos dio tiempo a pensarlo cuando comenzó a abrir y quedó completamente despejado en pocos minutos. Hasta las nueve no teníamos el desayuno, que entraba con la pernocta. Hicimos tiempo en la calle donde ahora lucía un brillante sol. Por allí rondaban unos pequeños gatos con los que estuvimos jugando. En la misma ladera, unos metros por encima, veíamos San Mamés, pueblo desde el que comenzaríamos la marcha.
A las 9:00 horas entramos al comedor común donde nos sirvieron el rico desayuno. Una vez terminado subimos a por las mochilas para seguidamente subir con la furgoneta los dos kilómetros hasta San Mamés, pueblo emplazado a 1030 metros de altitud. A la entrada aparcamos la furgoneta y nos preparamos para la marcha que comenzamos a las 9:50 horas.
En una fuente cercana cogí agua y atravesamos el pueblo por sus empinadas calles. Dejamos atrás la gran iglesia de piedra y fachadas blancas y algunas viviendas de grandes balconadas de madera. Un indicador nos señalaba la ruta con la inscripción, “Las Altas Crestas, Peña Sagra – 2046 m”. Enseguida salimos por un camino hacia el Oeste por debajo de un merendero. En el valle de nuestra izquierda contemplábamos el pueblo de Belmonte, otro de los puntos de partida para esta ascensión, rodeado por bosque y verdes praderías. Por nuestra derecha subían las laderas de la sierra de Peña Sagra cuya máxima altura es la cumbre que le da nombre y que comenzamos a ver muy al fondo.
El ancho camino ascendía de continuo, a veces con algún repecho más pronunciado. En los laterales se veían varios tramos de tapia baja empedrada. En una cerrada curva atravesamos un regato con gran caudal que formaba unos saltos antes de pasar por debajo del camino. Desde atrás veníamos viendo, echando la vista al sureste, la sierra de Peña Labra con su cumbre nevada y las del Tres Mares, Cuchillón, etc. Otra de las particularidades de este valle era la gran cantidad de brañas que abundaban en él. A cada paso veíamos una casa de piedra y casi todas en buen estado. Estaban repartidas por la toda la ladera del valle.
En algunos cruces veíamos señales como la del pueblo que nos marcaban el ramal correcto. En otras señalaban algunas de las brañas u otras rutas del valle, como el paso a Liébana. El camino serpenteaba por el valle dando numerosos rodeos siguiendo la orografía más fácil del terreno.
Tras coger uno de esos ramales, nos dirigimos un poco más al Norte. No tardando comenzamos a pisar nieve en el mismo camino. Ahora ya se veían algunas cumbres hacia la zona sur de Liébana. Precisamente por allí comenzaban a cerrarse los negros nubarrones que nos podían estropear la jornada. No tardando comenzamos a atravesar un bosque no muy tupido donde la nieve ya se acumulaba de forma importante en el terreno. Habíamos ganado bastante altura, aunque nos quedaba más de la mitad.
Salimos un rato más tarde de aquel bosque hacia una explanada blanca que contrastaba con el oscuro cielo que nos iba cubriendo. Por delante seguíamos viendo la doble cima de Peña Sagra y un poco antes la Mesa Bexejo. Echando la vista atrás vimos como caían cortinas de lluvia y nieve entre nosotros y la sierra de Peña Labra. No tardando tuvimos nosotros también la nieve encima comenzando a caer copos en forma de pequeñas bolitas que al menos no llegaban a empaparnos. Avanzo que, desde ese momento hasta que volvimos al pueblo, se fueron alternando los claros con las rachas de nieve a intervalos irregulares.
Seguimos el camino medio perdido entre la nieve hasta que desapareció del todo. Nos echamos entonces ladera arriba directamente buscando algunas zonas de matojos por donde era más fácil avanzar. Por detrás vimos a una pareja que nos alcanzó y nos pasó calzados con raquetas. La pendiente era pronunciada pero se ascendía más o menos cómodamente.
De nuevo a otra altura encontramos lo que parecía un camino transversal a la pendiente. Por él seguimos hasta llegar a un panel que no fotografié y del que no me acuerdo que ponía. Lo que teníamos delante era una ladera totalmente blanca con las cumbres de fondo. Enseguida vimos retroceder a la pareja diciéndonos que habían encontrado hielo en ella. Intentando evitar éste, procuramos mantener la altura sin subir mucho e incluso bajando un poco. A continuación pasamos este tramo y nos encontramos con otro más accesible donde de nuevo ganamos altitud. Como ya apunté, los claros se alternaban con algunas rachas de ventisca que pasaban en pocos minutos.
Fue ya cerca del collado donde se nos complicó un poco la cosa. La nieve ya estaba totalmente helada y la pendiente y la inclinación de la ladera era casi vertical. Por encima había una visera de nieve que teníamos que evitar por un lateral. Íbamos clavando las punteras de las botas para hacer escalón y poder poco a poco ir ganando altura un poco transversalmente. Era primordial asegurarse ya que la caída podía ser seria resbalando varios metros hacia el valle. Por fin alcanzamos el collado 1891 m, cuando eran las 14:30 horas.
Al Oeste se alzaba la pirámide de Peña Sagra, aunque no la punta principal, situada un poco detrás y con 2046 metros de altitud. Antonio, que ya la había subido, nos había comentado que para alcanzarla había que subir una canal un poco complicada y que en esas condiciones era aún más arriesgada pasar. Por otro lado, de esa misma parte seguían viniendo nubarrones que enseguida nos cubrieron dejando de nuevo caer nieve. Decidimos entonces echarnos hacia el lado contrario e intentar alcanzar la cima de la Mesa Bexejo. Tras pasar esa borrasca pudimos disfrutar de una amplia vista de los valles al norte e incluso ver la costa y el mar al fondo con las olas destacando en blanco. El llevar a un oriundo de la provincia como Antonio era un lujo al explicarnos lo que desde allí se veía.
Con sumo cuidado con la nieve helada y las rocas resbaladizas emprendimos la trepada a esta cumbre del mismo macizo. Eran las 15:30 horas cuando alcanzamos esta cima de la Mesa Bexejo con una altura de 1964 metros de altitud. Entre los claros pudimos ver todo el cordal de Peña Labra hasta el Tres Mares y el Alto Campoo. Al Suroeste teníamos el Curavacas, Peña Prieta, y varias cumbres de la zona de San Glorio. Como no, numerosas cimas de Picos de Europa, aunque en ellas se cerraban los nubarrones que seguían amenazándonos. Al Norte vimos desde allí la ciudad de Santander y el pico Castro Valnera, uno de los pendientes por parte nuestra en dos ocasiones ya.
Sin más dilaciones nos acomodamos allí mismo para comer aprovechando una de las treguas que nos daba el temporal. Llamamos a Nati, que había quedado haciendo ruta por las pistas de la parte baja y ya estaba en el pueblo. Entre un monolito de piedras dejamos nuestra tarjeta y nos sacamos unas fotos de grupo en aquella cima antes de emprender el descenso una hora después hacia el Este. De nuevo con sumo cuidado para no resbalar o meter la pierna en los huecos ocultos fuimos perdiendo altura hacia otro collado. Pues bien, tras haber bajado unos minutos me di cuenta que había perdido las gafas de sol. Retrocedí en su busca hasta llegar a la misma cima sin encontrarlas. Echando una ojeada las vi en un hueco entre las rocas donde había colocado la cámara para la foto. Con la mano no llegaba y al intentar cogerlas con el bastón se me metieron entre la nieve. A punto estuve de desistir y dejarlas, pero en un último intento conseguí trabarlas con éste y sacarlas.
Bajé de nuevo al encuentro de los compañeros para terminar el descenso hasta la collada tras la cual se alzaba otra pequeña cumbre a la que subimos también todos salvo Antonio, que siguió ladera abajo. A mí me dio en ese momento el tirón en el muslo y me costó subir los últimos metros. Allí nos hicimos una foto pero no dejamos nada. Sí que había restos de un monolito cementado, aunque nada más.
Comenzamos a bajar siguiendo la blanca cresta hasta que llegamos al collado de Los Carros, 1859 m, tras el cual subían las lomas del Cueto Cucón, cumbre que hasta estudiar bien los mapas y demás hemos estado equivocando con la ascendida. En dicho collado había una señal que marcaba la canal del Carro y San Sebastián de Carabandal hacia el Norte. Eran las 17:30 horas.
Por allí pasaba un ancho camino cubierto de nieve que volvía descendiendo por la ladera. Antonio había bajado directamente y le vimos poco después por delante juntándonos enseguida. El cielo se había cubierto de nuevo y no tardó en volver a nevar copiosamente. Siguiendo el camino fuimos perdiendo altura por la ladera haciendo algunos zigzag. De esa forma entramos en el bosque y enseguida llegamos el punto donde por la mañana habíamos abandonado el camino hacia la loma. Entre arboleda recorrimos varios metros antes de dejarla atrás y la pista comenzó a despejarse de nieve. Las cumbres apenas eran visibles entre la neblina y los copos que seguían cayendo a intervalos. Dejamos atrás las numerosas brañas y al fin llegamos al camino cementado cercano ya al pueblo.
Eran las 19:40 horas cuando entrábamos en San Mamés por sus calles en pendiente. Cinco minutos más tarde, y cuando se echaba a nevar de nuevo, llegamos a la furgoneta. Ya estaba Nati con nosotros y sin más tardanza metimos mochilas y demás para bajar a Pejanda donde no nevaba.
Subimos al apartamento y nos fuimos adecentando un poco para cenar. Este día habíamos decidido hacerlo en el bar y algunos así lo hicimos. Mientras estábamos en ello vimos cómo también allí comenzaba a nevar copiosamente cubriendo enseguida la calle, coches y demás. Terminada la cena subimos para acostarnos tras una jornada agotadora, ya no por la ruta en sí, si no por la nieve acumulada en ella.

LUNES 19
Me levanté sobre las siete al servicio y bebí un trago de agua. Pues bien, no sé si fue eso o qué, pero al poco rato tuve que levantarme de nuevo a vomitar. No fui el único, también Nati y Álvaro tuvieron malestar similar.
A las 8:30 horas nos levantamos comprobando como una buena capa de nieve cubría todo el paisaje, aunque estaba despejado. Bajamos a desayunar y al salir estaba cerrado completamente y nevando. La furgoneta tenía 20 cm de nieve encima y tuve que limpiar los cristales para poder luego usarla. En el apartamento lo recogimos todo y bajamos a meterlo a la furgoneta. La estancia de los dos días más desayunos nos costó 42,00 € y la cena 13,90 €, por persona.
Ya eran las 10:45 horas cuando emprendimos el viaje hacia la costa. A pesar de que había pasado la máquina quitanieves, había que ir con precaución. Para este día habíamos pensado hacer alguna ruta, pero visto como se ponía el tiempo, decidimos hacerla playera y nos dirigimos hacia San Vicente de la Barquera. En el trayecto encontramos tramos con muchos desprendimientos en la carretera y obras. En Cantabria no era festivo este día de San José. La nieve se fue convirtiendo en agua que caía a ratos arreciante. Pasamos un bonito desfiladero y el embalse de la Cohilla.
Así llegamos a Cosío, pueblo donde vive un amigo de Antonio al que paramos a visitar y donde recogió un buen palo de marcha que le había preparado para éste. En su huerto estuvimos un rato y salimos a dar un paseo por el pueblo desde dónde podía verse la sierra por la que habíamos andado el día antes. En Cosío hay varias casas con escudos heráldicos y caserones antiguos. En el bar estuvimos tomando un refrigerio antes de retomar el viaje.
Con la lluvia como acompañante a ratos nos dirigimos a San Vicente de la Barquera por donde pasamos camino de la playa del Merón cerca de la cual aparcamos. Bajamos a la misma y nos acercamos hasta el agua para dar un paseo por la arena. De momento no llovía allí y nos dejó pasear por ella hasta unos riscos donde la marea casi nos impide el paso. En el otro tramo de la playa nos encontramos con unos regueros, el primero de los cuales pasamos más o menos sin problemas. El segundo era más ancho y aprovechamos que venía el agua a rachas para cruzarlo. Antonio no se atrevió, ya que además no se había puesto las botas. Le pasé las llaves de la furgoneta y volvió sobre los pasos al encuentro de Nati que había quedado por detrás. Álvaro, Mª Jesús y yo seguimos adelante hasta otro regato en cuya parte alta se amontonaba gran cantidad de palos y ramas sobre los que pasamos para salir a un aparcamiento donde llegamos al tiempo que se echaba a llover. Habíamos quedado que nos recogía en una zona alta de casas más adelante, pero le llamé para que parase allí mismo y al poco tiempo llegó. Hasta allí llevábamos 284 Km.
Lloviendo nos dirigimos entonces hacia Comillas para comer donde mejor nos cuadrase sin mojarnos. A las 14:20 horas llegábamos a esta población donde ya estuvimos el pasado año en la playa y visitando “El Capricho de Gaudí”. Nos metimos al centro donde, tras algunas vueltas, aparcamos. Con la comida caminamos unos metros hasta el soportal de un centro cultural en el que nos acomodamos para comer tranquilamente mientras seguía lloviendo.
Unos 45 minutos más tarde volvimos a la furgoneta para retomar el viaje. Pasamos por algunos pueblos con bonitos edificios como iglesias o colegios. En Novales nos detuvimos unos minutos para ver sus huertas llenas de limoneros y naranjos cargados de frutos. Desde un mirador posterior contemplamos el valle y la costa de fondo. De nuevo en marcha nos dirigimos a Torrelavega enlazando poco antes de llegar con la A-8. En la unión con la A-67 encontramos algunas retenciones que enseguida se disolvieron circulando ya con normalidad hacia la meseta.
Subiendo el puerto Pozazal se volvió a cerrar el cielo de nubarrones escapándose la lluvia. Ya desde el alto, y en la provincia palentina, se fueron abriendo los claros terminando por despejar del todo. Cerca de Aguilar de Campoo emerge la altiplanicie de Las Tuerces con La Mesa en medio destacando. Sin novedades llegamos a Osorno donde abandonamos esta autovía para entrar en la A--231 que nos traería a nuestra ciudad. Al llegar al área de servicio de Villaherreros nos desviamos para tomar un refrigerio y hacer las cuentas de gastos. Eran las 17:30 horas y llevábamos 460 Km.
Allí estuvimos media hora antes de emprender el último tramo a León. Sólo algunas nubes rondaban el cielo y lo que sí acusamos fue el contraste de los verdes prados cántabros y el amarillento campo de la meseta tras un invierno especialmente seco que venimos sufriendo. Tan sólo las parcelas sembradas con cereal destacaban por su verdor, aunque muy lejos de tener la frondosidad que debieran.
Sin novedades recorrimos estos 110 Km. restantes antes de terminar el viaje en Armunia a las 19:20 horas y tras un total de 570 Km. rodados.
Sin duda fue otra gran experiencia la vivida este fin de semana en el que la suerte nos sonrió dejándonos al menos el domingo para subir, si no la cumbre deseada, sí otra cercana y con vistas similares. También fue gratificante ver la nevada en el pueblo, lo cual ya es casi hasta extraño teniendo en cuenta que aquí en León capital no hemos visto la nieve desde hace dos años. El lunes fue menos aprovechado, aunque hicimos lo que mejor nos permitió la climatología y las circunstancias.




































lunes, 20 de febrero de 2012

BRAÑAS DE CALDAS DE LUNA (Caldas de Luna) - 19-02-12

 


2ª TRAVESÍA POR LAS “BRAÑAS DE CALDAS”.

19-02-12                (Domingo)

Una vez más hemos sufrido los efectos de este atípico invierno en el que de un día para otro cambia la climatología, y para mayor colmo, en fin de semana. En esta ocasión sí pudimos realizar la ruta prevista, aunque la nieve nos metió en algún pequeño apuro del que al final salimos airosos. Aparte de un tramo de ruta que sí nos salimos, otro del comienzo del tramo circular tampoco lo hicimos por el sendero “oficial”.
Diez fuimos los apuntados para esta travesía en la que no nos esperábamos ni mucho menos el tiempo que tuvimos ni encontrar la nieve que había en ella. En Guzmán nos reunimos Álvaro, Alex, Alba, Macrina, Irene, Nati, Tiquio, Marcial, Ana y yo. En los coches de Tiquio y de Marcial partimos a las 8:30 horas por la carretera de Caboalles hacia La Magdalena. El cielo despejado de la capital se fue tornando a gris según avanzábamos por la autopista en el tramo del pantano. Tras atravesar el puente colgante abandonamos la misma para salir hacia Caldas de Luna. Por una nueva carretera que llega al balneario directamente evitamos el paso por dicho pueblo aparcando al comienzo de la ruta cuando eran las 9:30 horas. Como apunte añadiré que en principio estaba prevista la entrada al balneario tras la ruta, pero además de no estar aún abierto en esta época, no había mucho interés en general por ello.
Nos preparamos para la marcha mientras lloviznaba. La ruta partía de allí mismo, un poco más adelante del balneario, tratándose de una marcha circular de 8,5 Km que recorre varias brañas de la parte norte de Caldas. A las 9:50 horas nos pusimos en marcha por un ancho camino ya cargado de nieve. Paralelos al arroyo de Caldas fuimos avanzando hacia el norte dejando atrás una cancilla. Enseguida llegamos a un túnel bajo la autopista por el que pasamos para meternos en un desfiladero no muy angosto con curiosas formaciones rocosas en las laderas. De nuevo unos metros después volvimos a pasar otro pasadizo bajo dicha autopista encaminándonos ahora hacia las cercanías de la entrada del túnel del Negrón en su parte leonesa.
Allí mismo termina el tramo común de la ruta para comenzar el circular entrando en un camino más estrecho que comenzaba a subir entre bosque y matorral. La nieve se acumulaba aún más en el terreno y la lluvia era se intensificaba. En las cumbres se cerraban las nieblas por completo. La pendiente se notaba, pero se ascendía cómodamente. Por delante íbamos viendo unas huellas que supusimos eran de los ocupantes de otro vehículo aparcado donde habíamos dejado los nuestros. En este tramo no vimos ni una señal de la ruta y ahora estudiándola en Internet veo que en algún punto nos desviamos de ella ya que no vimos tampoco ninguna braña hasta la cabaña de La Foz. Nos pasamos las de Laven, que nos quedaron por debajo. Claro, el mapa que llevábamos con la ruta sí viene marcada, pero no tan al detalle como para acertar a que altura sobre el río transcurre. Además la nieve acumulada nos despistó mucho y las señales se ven peor.
En el bosque veíamos, además de robles, algunos acebos. En algunos lugares el camino se encajonaba entre taludes de tierra donde la arboleda con los restos de hojas formaban un túnel sobre nosotros. Las gruesas raíces salían del terreno y sobre ellas se acumulaban tapices de musgo.
Salimos del bosque a cielo abierto y sin ver ni una señal de la ruta, lo cual nos parecía raro. Cuando eran las 11:15 horas alcanzamos un collado donde para colmo el camino se dividía. Mientras un ramal comenzaba a descender, otro ascendía hacia las cumbres. Bajo las mismas veíamos una edificación, pero dudamos que fuese alguna majada dado la altitud a la que se emplazaba. Las huellas seguían hacia la misma, pero tras deliberar y sopesarlo, decidimos echarnos hacia la parte baja no si antes haber subido un pequeño tramo en aquella dirección. Allí mismo vimos una fuente con pilón completamente cubierto por la nieve.
Descendimos suavemente por el camino que durante un buen tramo nos llevó serpenteando por varias vaguadas y colladinas en tanto salía el sol entre unos pequeños claros que se abrieron. Volvimos a subir luego hacia otra collada mayor desde la que tuvimos ya una amplia vista del valle de Lavén con las brañas del Recuesto en la ladera del Negrón. Por esa zona debimos de enlazar con la ruta real.
Por la ladera del valle fuimos descendiendo suavemente con las brañas a la vista. Pasamos una curiosa zona donde la nieve había formado unas bonitas dunas en las que nos sacamos unas fotos. Al fondo del valle, en su parte este, se veía la collada de La Divisa donde teníamos que llegar. Para llegar a las brañas había que pasar el arroyo Cacabillos, y mientras Tiquio se decidía a bajar a él directamente, el resto optamos por seguir un poco más su curso para cruzarlo sin bajar tanto. En los paredones de nuestra izquierda pudimos contemplar grandes chupiteles helados en las rocas. En esos momentos la lluvia ya era nieve que nos pegaba de frente.
Por unas piedras atravesamos el arroyo saliendo a otro camino que venía de la parte alta. Cambiamos de sentido totalmente para situarnos poco después encima de las brañas de las que subía Tiquio. Estando como estaba, y la cantidad de nieve que había, no nos merecía la pena ni bajar a dar un vistazo entre ellas. Las dejamos por debajo y atrás mientras subíamos hacia la collada. Ahora teníamos una amplia vista del valle en el que se cerraba la niebla. A la vera del camino vimos algunos acebos.
De haber hecho buen tiempo, una de las opciones que habíamos barajado era la ascensión al Negrón o Barradál, de 1884 metros, cuyas laderas subían por la parte izquierda nuestra hacia el norte. Desechamos por supuesto esa idea y seguimos ascendiendo cómodamente hacia la collada de La Divisa cerca de la cual se encuentra un refugio que enseguida vimos. Antes del mismo nos encontramos un cartel con una foto panorámica del valle en primavera siendo curiosa la comparación con lo que ahora veíamos.
A las 13:15 horas llegamos al refugio de La Divisa donde un indicador nos marcaba 4,5 Km restantes a Caldas. Cómo la ruta que habíamos seguido era más larga que la oficial, calculo que llevaríamos unos 5 ó 6 Km hechos. En el refugio de piedra había unos bancos, mesa y chimenea que enseguida encendieron los pirómanos. Claro, el humo casi nos hace salir hasta que comenzó a tirar mejor. Mientras fuera nevaba con ganas, nos acomodamos para comer tranquilamente.
Cuando terminamos una hora después había amainado un poco y nos encaminamos hacia la cercana collada, punto más alto de la ruta con 1500 metros de altitud. Habíamos partido de unos 1160 metros. La niebla se nos cerraba en torno nuestro y allí no se veía sendero alguno. Alcanzamos esta collada en pocos minutos dando vista al valle del arroyo de Vildeo. Como curiosidad apunto que según el mapa estábamos exactamente encima de la autopista, varios metros por encima, claro.
Por una loma comenzamos el descenso hasta un punto determinado que nos echamos a la vaguada. En ella vimos una estaca de la ruta. Algunos aprovechamos la pendiente para hacer “culoski”. Pasamos la vaguada y nos internamos en un bosque donde de nuevo perdimos la ruta. Sin nieve es fácil ver el sendero, aunque no haya señales muy juntas, pero así no había manera de saber por dónde transcurría exactamente. Álvaro, que iba delante, seguía las huellas de alguien que había pasado anteriormente. Supusimos que íbamos bien hasta que la cosa comenzó a ponerse fea. Entre el bosque, y la nieve acumulada, no sabíamos por donde salir. Repito, Álvaro iba por delante y el resto le seguíamos confiando que las huellas que seguía nos sacasen de allí.
En algunos tramos había que ir sorteando las ramas teniendo que hacer zigzag entre ellas. Cruzamos algunas colladinas entre vaguadas viendo que cada vez el fondo del valle quedaba más bajo. Así llegamos a un punto donde las huellas bajaban directamente en línea recta hacia la parte baja. No veíamos muy claro si tendría salida o no, pero pensamos que al menos, si nos perdíamos, estaríamos con el grupo predecesor que también les habría ocurrido lo mismo,......vaya consuelo.
La pendiente era pronunciada y llena de matorral, que por otro lado nos servía de agarre para no patinar. No pasamos mal del todo este tramo y, sin llegar abajo, emprendimos la marcha subiendo ahora suavemente hacia otro paso entre rocas. Fue desde allí desde dónde vimos por fin la autopista y lo más importante, una especie de camino pocos metros por encima de nosotros.
Había dejado de nevar copiosamente, aunque a ratos se seguían escapando copos. En un momento subimos los 20 metros escasos que nos restaban hasta aquel camino más definido y que ya bajaba más suave con buena dirección. Aún dimos algunos zigzag por él y atajamos cuando estábamos seguros del todo de no “meter la pata” de nuevo. Lo que si metimos algunos fue la pierna en algunos lugares en los que se acumulaba más de un metro de nieve.
A las 16:15 horas llegábamos a las últimas brañas de la ruta, las de Gameo. La mayoría de las que vimos se encuentran derruidas casi totalmente. Atravesamos una pradera cubierta por el blanco manto y enlazamos de nuevo con el camino donde por fin vimos otra señal. En otros diez minutos por él nos situamos encima de las bocas del doble túnel del Negrón. Un indicador nos marcaba 2 Km a Caldas. El camino serpenteó luego para bajarnos a la altura de las entradas donde cerrábamos la ruta circular. Eran las 16:40 horas.
Ya por pista continuamos la marcha hacia el final de la ruta. En la autopista un gran cartel indica la entrada en la comunidad de Castilla y León y en la provincia de León concretamente. Realmente dicho indicador tiene que ubicarse dentro del túnel de más de 4 Km que une ambas comunidades ya que el límite provincial está dentro del mismo. A la salida de la parte asturiana está el indicador de entrada al Principado.
En pocos minutos atravesamos el primer túnel bajo esta vía rápida. Paralelo a él, tanto en éste como en el siguiente, hay otro por el que atraviesa el arroyo de Caldas. En el segundo paré unos minutos para cambiar la tarjeta de la cámara de fotos y me quedé rezagado. Llegando a los coches se podía ver cómo hacia el sur se colaban el sol entre las nubes. A las 17:10 horas terminaba la ruta.
Mientras nos cambiábamos pasó por allí cerca un rebaño de cabras con un par de perros. Luego con los coches nos acercamos hasta el bar donde estaba Nati. Ahora podía verse el pueblo iluminado por el sol formando una bella panorámica con las rocas de fondo.
Nos tomamos un refrigerio e hicimos las cuentas de la salida antes de emprender el regreso cuando eran las 18:25 horas. Enseguida entramos en la autopista por la que hicimos el tramo hasta La Magdalena. El cielo iba despejando pudiendo disfrutar de unos bonitos efectos de colores en las nubes que iban quedando. Con el cielo totalmente limpio entramos en León a las 19:15 horas. En Guzmán nos despedimos y en la furgoneta regresé a casa minutos más tarde.
Como ya apunte al comienzo, este invierno tan particular que estamos pasando nos da una de cal y otra de arena. Tan pronto tenemos que quitarnos hasta la camiseta, o casi, como no nos da tregua alguna con agua y nieve. Eso sí, y como curiosidad lo anoto, en León capital no ha caído un copo este año ni el anterior.