lunes, 13 de mayo de 2002

PEÑA VALDORRIA ( Valdorria) 11/12-05-02

 


3ª ASCENSIÓN A “PEÑA VALDORRIA”.

11/12-05-02

Por causa de la climatología adversa que estamos teniendo, nos hemos visto a modificar el calendario de actividades previsto para este mes. Aparte del Encuentro de Montañeros que se celebrará el día 26, y que organizamos nosotros mismos, había prevista una salida a Burgos para ascender al pico San Millán. Como digo, la pésima climatología nos hizo cambiar los planes y decidimos adelantar esta ascensión a Peña Valdorria prevista para finales de año. El resultado fue del todo satisfactorio ya que alcanzamos el objetivo y, como se verá, lo pasamos de miedo.
El grupo final lo compusimos 12 personas: Omar, Pablo, Ángel, Carlos Gil, Marta, Pepe, José F., Miguel, Toño, Cristina, Sheila y yo. Además fuimos repartidos en diferentes viajes.

SÁBADO 11
Alrededor de las 17:00 horas cogí la furgoneta para acercarme a recoger a José F. y a Pablo en Sto. Domingo. Allí estaba también mi hermana Juli que iba a coger el autobús para venir para casa. Con ellos dos marché hasta Villaobispo donde estaba otra parte del grupo que íbamos en ese momento: Ángel, Sheila, Toño y Miguel. En el coche de Toño y el mío emprendimos el trayecto hacia La Vecilla alrededor de las 17:30 horas.
En unos 45 minutos llegamos a este pueblo donde ya nos esperaba Pepe Castro, que había ido por la mañana, a la puerta de la finca que los salesianos tienen allí y que nos habían cedido para esta ocasión. La primera sorpresa fue ver la enorme reforma que han hecho en el lugar. El pequeño edificio que había lo han restaurado del todo y han construido uno nuevo adyacente a él. En este último se encuentran los dormitorios en los que dejamos los útiles que necesitábamos, sacos, comida etc. Luego nos acercamos hasta una panadería y una tienda donde algunos hicieron compras. De regreso en la casa decidimos acercarnos hasta Valdorria.
Con los coches subimos a este pueblo, distante unos 10 kilómetros, y desde el cual ascenderíamos al día siguiente a la peña. Aparcamos los vehículos y comenzamos a subir hacia la ermita de San Froilán a través de los 365 escalones que ya apenas se mantienen. Desde allí hay una bonita panorámica del pueblo y los valles que lo rodean así como de la cima de Peña Galicia o Peña Valdorria. En la pequeña ermita se puede ver la imagen de San Froilán, en cuyo honor se celebra una romería anual cada 1 de mayo.
Un buen rato estuvimos allí de charla y disfrutando del paisaje y de la tarde tan buena que hacía. De vuelta en el pueblo cogimos los coches para volver hacia La Vecilla. Al llegar a la altura de la cascada de Nocedo paramos para verla. Como ya he comentado en otra ocasión, han construido una pasarela y unos puentes por los que se puede llegar justo hasta la misma cascada. Antes había que hacerlo por las rocas resbaladizas en el último tramo.
Al ponernos en marcha vimos llegar a Carlos y a Marta en su coche. Dieron la vuelta y nos encaminamos todos hacia La Vecilla donde, como ya era buena hora, nos acomodamos para cenar. Lo hicimos en el comedor que han situado en la sala que antes ocupaba el dormitorio en el que pasamos la noche hace ocho años. En aquella ocasión también habíamos ido a subir Valdorria.
Cuando terminamos ya era de noche y fue entonces cuando nos animamos a jugar a “bote”, igual que aquella vez, aprovechando la oscuridad de la finca. Tras un rato de búsqueda de un recipiente adecuado, encontramos una botella de plástico aparente para ello. El juego, variante del escondite, consiste en lo siguiente: Se coloca el bote en el centro de la finca y uno cuenta hasta diez su lado mientras los demás se esconden. Éste tiene que ir en busca del resto mientras no deja de observar el bote. Si ve a alguien, tiene que decir su nombre mientras corre a dar una patada al bote. Si el que es visto u otro cualquiera que salga, le da una patada al bote antes que él, sigue poniendo, si no, queda al que haya visto. Lo divertido de esto es arriesgarse a salir cuando el que queda está alejado del bote y dar la patada antes que éste para que vuelva a poner. Con este juego estuvimos bien a gusto hora y media corriendo de un lado a otro. Lo peor fue cuando llegó Pepe, que había ido con José a dar un paseo, y nos dijo que la zona por la que habíamos estado pisando estaba casi recién sembrada y estaba saliendo el primer césped. Se le había olvidado decírnoslo y ahora era ya tarde. Tampoco era mucho lo que se notaba.
Como eran ya las doce y media, comenzamos a subir al dormitorio. En este había unas 25 literas con colchones, mantas y almohadas. El resto abrió los sacos que llevaban, pero a mí me bastaba con las mantas que había.
Por no perder la costumbre, decidí animar un poco la velada picando a unos y otros. José casi saca la cacha a pasear porque no le dejábamos dormir a gusto. Toño me perseguía con una almohada para darme con ella y Carlos me confiscó el frontal con el que les deslumbraba. Hubo hasta quien se atrevió a contar una historia de miedo que daba la risa y quien terminó cantando también. Vamos, un aliciente típico de las salidas de más de un día.
Total, eran las 2:00 horas cuando quedó la habitación en silencio.

DOMINGO 12
Como habíamos acordado, el despertador sonó a las 9:00 horas. Nos fuimos levantando y bajamos a desayunar al comedor. Sobre las 10:15 horas cogimos los coches para acercarnos hasta Valdorria. De camino paramos en Valdepiélago a comprar pan.
Aún quedaban por llegar Cristina y Omar, con los que habíamos quedado a las 11:00 horas en Valdorria. Allí estuvimos hasta un cuarto de hora mas tarde sin que apareciesen, por lo que decidimos ponernos en camino. Pepe no tenía intención de subir a causa de un pequeño problema de salud que ha tenido y optó por hacer él solo una ruta que transcurría por aquellos valles y bajaba a La Mata de Bérbula. El resto nos pusimos en marcha por un camino que sale del pueblo bordeando Peña Valdorria por su cara oeste.
El cielo se mantenía más o menos despejado y yo dejé la cazadora abajo, de lo que me arrepentí más tarde. El camino ascendió durante unos metros para luego comenzar a bajar. Apenas recorrido un kilómetro desde el pueblo abandonamos el camino y empezamos a subir por la ladera del pico. La pendiente de éste es bastante pronunciada desde el comienzo y lo tomamos con calma. Tras unos metros ascendiendo, Pablo decidió que volvía al pueblo a ver si habían llegado Omar y Cristina. Dejó la mochila y se encaminó hacia éste. Desde allí no teníamos cobertura con los móviles para poder llamarles.
El cielo se fue cubriendo poco a poco por nubes que corrían del oeste movidas por un molesto viento. El grupo se comenzó a disgregar y algunos decidimos esperar un rato por Pablo. Como no aparecían, nos pusimos de nuevo en marcha poco a poco hasta que, mirando para atrás, vimos asomar por una loma a los tres compañeros. La roca se hizo cada vez más abundante, lo cual suele facilitar el ascenso. Por la misma ladera, pero más arriba, vimos a una pareja con un perro. Apuntar también que Carlos y Marta habían llevado también a Danka, su perra.
De esa manera llegamos a la vaguada desde la que vimos el valle de la parte contraria. Desde allí nos quedaba el último tramo hacia la cumbre a través de unas canales entre roca. En la cima ya estaban algunos cuando llegué yo acompañado por otros compañeros a las 13:20 horas aproximadamente. Igualmente estaba allí una pareja que no tardó en comenzar el descenso. En esta cumbre de 1927 metros de altitud encontramos una cruz y un par de buzones de los que habían recogido una tarjeta de cumbres.
El cielo se fue cubriendo cada vez más y durante unos instantes nos envolvió una neblina húmeda que casi nos hizo decidirnos a bajar ya. Por fortuna se esparció un poco y nos acomodamos para comer allí. A pesar de dichas nubes bajas, pudimos disfrutar de la vista de varias cimas cercanas, como la del Correcillas o Peña Galicia. No veíamos sin embargo el pueblo de Valdorria, aunque sí la ermita situada en un alto de la parte contraria a la que estábamos nosotros.
Así fueron llegando todos los demás componentes del grupo y comimos juntos alrededor de la cruz de cumbres. En el buzón dejamos nuestra tarjeta de cumbres y sacamos unas fotos en torno a dicha cruz antes de emprender el descenso poco antes de las 15:00 horas. Seguimos prácticamente el mismo sendero que antes y aprovechamos los pedreros para hacer “canchal-boart”. De esa forma bajamos en poco tiempo hasta el camino donde paramos unos minutos. Por lo visto José se había caído entre unos tojos arañándose un poco la cara y brazos.
Ya por la pista nos dirigimos hacia el pueblo donde llegamos sobre las 16:00 horas. Aquí nos cambiamos la ropa mojada del sudor y el calzado antes de emprender el regreso. En los cuatro coches nos repartimos y salimos de Valdorria minutos después. Bajamos la fuerte pendiente hacia Nocedo donde cogimos la carretera de La Vecilla.
Al llegar a Valdepiélago estaba Pepe esperando y allí paramos a tomar un vaso en uno de los bares. Nos acomodamos en la terraza y pasamos un buen rato de charla antes de emprender de nuevo el viaje. Sin novedades llegamos a León y en el centro dejé a José continuando luego hacia Armunia. En el Bosco dejé a Pepe y sobre las 19:00 horas llegué yo a casa.
Y de esta forma finalizamos este fin de semana repleto de buenos momentos para recordar, incluida la satisfacción de haber alcanzado el objetivo previsto.
















lunes, 29 de abril de 2002

PEÑAS PINTAS (Las Salas) 28-04-02


1ª ASCENSIÓN A “PEÑAS PINTAS”.

28-04-02        (Domingo)

Por fin hemos alcanzado uno de los objetivos pendientes desde hace algún tiempo, cuando intentamos coronar la cima de esta cumbre, sin éxito por culpa de la climatología. Esta vez todo se dio positivamente y conseguimos llegar a la cota más alta del pequeño macizo de Peñas Pintas que lo forman tres cumbres muy cercanas.
Sobre las 8:00 horas llegó Carlos Gil a mi casa donde poco después lo hizo también Miguel. En el coche de este último nos acercamos hasta Guzmán donde habíamos quedado con el resto para salir. Con algo de retraso fueron llegando y nos repartimos en los coches de Cristina, Ángel y Pablo. Además de los seis ya mencionados, también iban: José F., Sheila, Antonio y Omar.
Pasadas las 8:30 horas salimos de León hacia Mansilla donde nos desviamos con dirección a Cistierna. Precisamente allí encontramos a mi padre que iba a una excursión a Riaño y habían parado a tomar un café. Nosotros también paramos a tomar un café unos minutos antes de continuar el viaje hacia Las Salas desde donde comenzaríamos la ascensión. Al contrario de lo habitual, el cielo nublado de León se había ido despejando del todo.
Pasadas las 10:00 horas llegamos a este pueblo y con los coches intentamos subir por una pista para adelantar algo de camino, pero al final desistimos y aparcamos en la plaza de la iglesia. Allí nos preparamos y media hora después comenzamos a caminar. Tras unos metros por la carretera con dirección Riaño, y ya casi al final del pueblo, entramos en otra pista que comenzaba a subir por un hayedo en la falda del pico La Corona. En éste se alternaban los tramos suaves con algún repecho de mayor pendiente, pero se hacía cómoda la subida.
De esa forma llegamos a una especie de refugio con una fuente cercana. Lo dejamos a nuestra izquierda y continuamos con dirección hacia el pantano de Riaño siguiendo el camino muy bien marcado. Delante de nosotros teníamos ya las tres cimas de Peñas Pintas. La de mayor altitud nos quedaba justo hacia el lado contrario al que nos dirigíamos y por ello tuvimos que cambiar el rumbo. Algunos continuaron por el camino unos metros más mientras que otros decidimos atacarlo por la ladera. Unos metros más arriba nos juntamos de nuevo en una senda que ya se dirigía hacia la cumbre más alta.
La pendiente comenzó a pronunciarse y descendió el ritmo de la marcha. Algunos comenzaron a adelantarse y otros quedamos por detrás tranquilamente. El paisaje se hacia cada vez más amplio y bonito y comenzamos a ver la parte del pantano donde se sitúa la presa. En unas rocas estuvimos un buen rato descansando a la vez que manteníamos una profunda reflexión sobre creencias personales.
De nuevo en marcha llegamos a la zona rocosa donde encontramos trechos en los que había incluso que trepar algo. El cansancio ya se hacía notar y el sol calentaba a pesar de la brisa agradable que corría. En las rocas había numerosas marcas indicando el camino, pero había a la vez varios caminos y no se distinguían bien unos de otros, por lo que era mejor seguir por donde mejor fuésemos viendo.
En marzo del pasado año, cuando intentamos esta ascensión, nos lo había impedido una ligera capa de nieve, resbaladiza en la roca, a pocos metros de la cumbre. Ahora se encontraba seca del todo y las botas se agarraban a ella firmemente sin problema alguno. Pasamos por algunas gargantas que sorteamos más o menos bien y alcanzamos por fin una collada desde la cual ya vimos la parte contraria con Riaño, el pantano y el pico Yordas entre otros detalles. Ahora íbamos juntos Omar, Antonio, Ángel y yo. José había decidido quedarse pocos metros antes y el resto ya estaba en la cima.
Desde allí solo nos quedaban unos pocos metros serreando por la roca hasta la cumbre. Por la parte norte del pico vimos impresionantes paredes completamente verticales. Con algo de precaución con este precipicio, recorrimos estos últimos metros hasta llegar a la altura máxima de aquel macizo donde ya se encontraban los demás, algunos desde hacía una hora. Eran las 14:30 horas.
La perspectiva era impresionante hacia cualquier punto que se mirase. Echando la vista hacia el norte teníamos las cumbres del pico Yordas, Redondo, Gildar, etc. Girando hacia la derecha nos encontrábamos con Peña Prieta y el Espigüete al este, Peña Corada, la doble cima del pico Moro o Peña Rionda hacia el sur, y ya mirando casi al oeste y al fondo, Peña Ubiña, Valdorria, Susarón y todas las cumbres de San Isidro: Torres, Agujas, Ausente o Rapaona, subida este mismo año por nosotros. Igualmente distinguíamos varios pueblos cercanos como Riaño, Salamón, Valbuena del Roblo y Las Salas.
En la cumbre estaba el punto geodésico y una pequeña cruz con un buzón bastante estropeado ya. Por debajo de unas rocas vimos una pequeña imagen de la Virgen del Roblo, según figuraba en otra placa a su lado. Como es tradición, el 15 de agosto suben desde Las Salas en romería hasta la cumbre de este pico. Claro, no solo el que quiere, si no el que puede, por que de sencillo no tiene un pelo.
Alrededor del hito nos acomodamos para comer disfrutando de todo este bello espectáculo paisajístico. Miguel optó por comenzar a bajar hacia donde había quedado José y poco después les vimos a los dos ladera abajo. También Carlos comenzó el descenso, pero lo hizo por otro lugar diferente al de subida, aunque por la misma vertiente. Algunos, como Cristina, Pablo o Sheila, se tumbaron al sol como lagartijas. Yo saqué varias fotos del paisaje y del grupo. Igualmente dejamos nuestra tarjeta de cumbres recogiendo otra del club “Fariñentu”, de Pola de Lena.
Alrededor de las 16:30 horas emprendimos el descenso el resto del grupo. Por variar, seguimos a Carlos a pesar de que nos había dicho a través del walkie que había algunos tramos algo complicados. La pendiente era exagerada y en muchos lugares había que echar el culo a la roca para bajar. Además estaba el peligro de las piedras sueltas que rodaban hacia los que iban delante. Un buen rato nos llevó pasar el tramo más empinado hasta llegar a otro de menor pendiente. El sol seguía calentando ahora como pleno mediodía.
De esa forma llegamos por fin al lugar donde esperaban Carlos, Miguel y José, que estaban cerca de otro pequeño refugio en una vega a media altura. Allí nos sentamos un rato a la sombra de un árbol dando un poco de descanso a las piernas que traíamos “machacadas” del fuerte descenso tras la larga subida.
De nuevo en marcha nos metimos en el valle por el que la vez anterior habíamos ascendido. Siguiendo algunas sendas o ladera abajo, llegamos a una fuente con pilón donde el agua nos supo como el mejor de los manjares, ya que se nos había terminado a todos la que llevábamos. A partir de allí entramos en un camino bien marcado que nos llevó hasta el cruce con el que subía desde Las Salas hacia Salamón. Cómodamente fuimos descendiendo disfrutando a la vez del bello y verdoso paisaje de los prados y laderas.
Poco después de las 18:30 horas entramos en Las Salas por aquel camino que era el mismo por el que habíamos intentado subir con los coches por la mañana. Como apunte curioso, en una fachada de una casa vimos la base de plástico de una mesa de terraza llena de agujeros, y con una inscripción haciendo referencia a la fuerte granizada que los había producido hacía algunos años.
Tras atravesar el pueblo llegamos por fin a la plaza de la iglesia donde estaban los coches aparcados. Aquí nos cambiamos y estuvimos un rato descansando tranquilamente antes de ponernos en marcha. Sin novedad alguna hicimos el viaje de regreso hasta entrar en León. En Guzmán paramos todos y nos despedimos cada uno para su lugar de origen. Carlos y yo vinimos con Miguel para Armunia donde nos dejó éste antes de continuar hacia Valdevimbre.
Con ello terminamos otra actividad más de nuestro club de montaña. Esta vez con la satisfacción de haber alcanzado un objetivo que anteriormente se nos había resistido


















lunes, 15 de abril de 2002

RUTA DEL ALBA (Soto de Agues - Asturias) 14-04-02


1ª TRAVESÍA “RUTA DEL ALBA”. (Asturias).

14-04-02       (Domingo)

De nuevo hemos salido otra jornada mas para realizar una bella travesía por la zona asturiana de Laviana. Exactamente se trataba de la Ruta del Alba, una marcha a través del curso del río Alba, afluente del Nalón, que nace en las vertientes del pico Retiñón, cercano a Felechosa.
Tras unas previsiones no muy alentadoras respecto a la climatología, al final, salvo cuatro pintas contadas, nos dejó disfrutar sin problemas de esta travesía que seguidamente relato.
Sobre las 7:30 horas llegó Miguel hasta mi casa donde ya estábamos Juli y yo preparados. En principio no iba a llevar Miguel su coche, pero decidió hacerlo por su cuenta ya que luego quería acercarse hasta Oviedo para ver un partido de fútbol si le daba tiempo. Juli y yo salimos en la furgoneta mientras él iba en el suyo. Tras recoger a Omar nos acercamos hasta el comienzo de la carretera de Asturias para ver si estaba José f. esperando por Pablo, el cual ya había avisado a Omar que no iría. Allí ya no estaba y por teléfono nos dijo que ya estaba enterado y había recogido ya a Jorge y Sonia. En la gasolinera del alto de la Copona nos unimos a ellos y con los tres coches emprendimos el viaje hacia el puerto de Pajares.
Pensábamos que íbamos a encontrarnos con algo de nieve en el puerto, pero solo vimos algunos pequeños corros en la calzada y sin espesor alguno. Sí que había niebla espesa en la cima y durante algunos kilómetros después. Con precaución bajamos este puerto y llegamos a Campomanes donde entramos en la autopista por la que circulamos hasta llegar a Mieres donde la abandonamos. Aquí cogimos otra carretera hacia Langreo y luego hacia Pola de Laviana. Pasado este y con dirección al puerto de Tarna, se encuentra Rioseco de Sobrescorbio donde ya tomamos el desvío hacia Soto de Agües, al cual llegamos sobre las 10: 15 horas. Habíamos recorrido 148 Km.
En un aparcamiento dejamos los coches y 15 minutos más tarde emprendimos la marcha. Jorge y Sonia eran los guías, ya que eran los dos que la habían hecho y propuesto al club. Tras atravesar el pueblo salimos por una pista que parte cerca de un lavadero de ropa. El valle era muy abierto y el río bajaba hacia el pueblo por nuestra izquierda bastante alejado. En el cielo se alternaban los claros y los nubarrones que tapaban las cimas en forma de niebla.
A unos 500 metros de Soto encontramos la piscifactoría Alba, que aprovecha el agua del río para la cría de la trucha. Allí cerca había un cartel con la descripción de la ruta. Según éste, tenía 7,1 kilómetros y un desnivel de 300 metros. Soto de Agües se encontraba a 500 m y la Cruz de los Ríos, donde terminaba, 800 m.
El valle se iba cerrando poco a poco entre las laderas pobladas de hayas y otras numerosas especies de árboles. En los prados vimos algunas vacas y bonitos terneros. Igualmente distinguimos numerosas cabras que nos observaban desde las rocas escarpadas. Al lado del camino quedan los restos de un antiguo cargadero de mineral, que por el color rojizo, bien podría tratarse de hierro. En el río vimos algunos pescadores con caña en mano intentando atrapar alguna pieza.
Numerosas cabañas, algunas de ellas muy recientes, se emplazaban en medio de las verdes praderas. Hasta la última de ellas llegaba esta pista que se convirtió luego en senda más estrecha y pedregosa. Estábamos entrando ahora en lo más bello de la ruta, el desfiladero. El río se abría paso entre las paredes de roca formando numerosas cascadas en su curso. Igualmente se veían algunos saltos de agua desplomarse por las paredes o laderas de dicho cañón.
Miguel iba fotografiando todo lo que se le ponía delante, flores, animales, paisaje, en fin, de todo. Lo cierto era que merecía la pena plasmar todos aquellos detalles indescriptibles por su encanto. Como curiosidad, en las raíces de un árbol que se sostenía sobre la roca misma, había colocado un portal de Belén con el nacimiento dentro.
La lluvia había comenzado a caer suavemente en forma de “calabobos”.
La roca había sido excavada en numerosos lugares para abrir paso en el desfiladero e igualmente cimentado el suelo de la senda para poder pasar. En el medio de este cañón había un puente por el que tuvimos que pasar al lado izquierdo del río. Allí mismo pudimos disfrutar de otro bello espectáculo del agua. Una gran cascada caía de las paredes sobre el cauce del río donde se formaba a su vez otro gran salto. Allí paramos un rato para disfrutar de todo ello y sacar numerosas fotos. Tras este puente han hecho varios escalones para evitar la resbaladiza roca.
Por esta margen del río se continua la marcha en la que se acentúa un poco más la pendiente. El río con sus numerosos saltos iba amenizándonos la vista hasta que llegamos al final del desfiladero. Aquí atravesamos por otro puente a la margen contraria del cauce y poco más adelante se encuentra la Cruz de los Ríos donde se unen las aguas que bajan del pico La Forcada y las del Retriñón. A través de otro puente sobre este último cauce y una pequeña subida llegamos a la cabaña de la Vega del Llaimo, donde la ruta en sí se termina. Eran entonces las 12:45 horas.
Allí se encuentra un refugio, cerrado en ese momento, con numerosos bancos y mesas de madera a su lado. El valle se divide hacia derecha e izquierda siguiendo la dirección de los dos arroyos anteriores. Como era aún pronto, decidimos seguir un poco más arriba como lo habían hecho Jorge y Sonia la vez que habían ido. El cielo se había cubierto cada vez más y amenazaba más lluvia.
Nos dirigimos hacia la izquierda y nos encontramos con el cauce del río sin ningún puente para cruzarlo. Cambiamos entonces de rumbo y seguimos una senda por una ladera hasta meternos en el bonito hayedo del Monte Llaimo. Fue entonces cuando volvieron a caer otras cuatro pintas. Los árboles se encontraban aún sin hojas pero en pleno brote primaveral. Vimos algunos caídos y sobre uno de los derechos se mantenía una gran rama partida casi en equilibrio. También formaban un curioso paisaje las numerosas piedras cubiertas completamente por musgo de un verde intenso.
Tras media hora escasa de ascensión por aquel bosque decidimos dar la vuelta hacia la caseta para comer allí. Al llegar vimos que otro pequeño grupo, al que habíamos visto en el pueblo, ya se había acomodado en una de las mesas. Nosotros nos sentamos en otra cercana y nos pusimos a reponer fuerzas aprovechando la ausencia de lluvia en esos momentos. Por cualquier sitio estábamos rodeados de altas cumbres aún con restos de nieve de las nevadas caídas en los últimos días.
Estando en ello comenzó a llegar más personal de la parte de arriba y se fue aposentando en las mesas que quedaban libres. Luego supimos que venían de Cabañaquinta haciendo una ruta hasta Soto, donde les esperaba el autocar.
A las 14:15 horas emprendimos nosotros el regreso hacia este pueblo. De nuevo nos metimos en el cañón atravesando el primero de los túneles sobre uno de los arroyos para franquear enseguida el segundo ya sobre el río Alba. Sin duda habíamos ido en la mejor época para disfrutar del espectáculo del agua. Hubiese sido inmejorable haber tenido la presencia de un sol claro que diese luz a toda aquella grandeza.
Al llegar a las dos grandes cascadas nos detuvimos de nuevo y sacamos alguna foto de todo el grupo con las mismas detrás. En algunos lugares de la ruta habían colocado una barandilla de madera para protegerse del desnivel hacia el río, pero había tramos en los que ésta no existía. La senda tan pronto iba casi al nivel del río como muy por encima al caer éste en los numerosos saltos del cauce. En este cañón estaba también el mayor desnivel de toda la ruta, bajando ahora casi 200 metros de los 300 totales en los dos kilómetros aproximados que tiene el desfiladero.
No tardamos en ver por detrás de nosotros a parte del grupo que había llegado a la cabaña anteriormente. Con dos señoras entablamos conversación ya que conocían algunas zonas de la montaña leonesa. Así entramos sin darnos cuenta en la pista ancha y vimos las primeras cabañas en los verdes prados. Otra vez pasamos cerca de las vacas con las crías y del cargadero de mineral.
El regreso se me iba haciendo ya más largo de lo que pensaba y bromeábamos diciendo que nos iban alejando el pueblo según nos acercábamos nosotros. El cielo iba despejándose cada vez más y el sol se reflejaba en las laderas y los picos altos.
Desde la piscifactoría divisamos el ya cercano pueblo. En el agua de ésta vimos un gran número de truchas formando bancos.
A las 15:45 horas entramos en Soto de Agües. De nuevo tuvimos que atravesar el pueblo para llegar al aparcamiento donde teníamos los coches. Al lado estaba el polideportivo donde jugaban algunos jóvenes. Nos cambiamos el calzado y nos acercamos hasta una bar del centro del pueblo donde tomamos una sidra, refresco o café.
Sobre las 17:00 horas nos pusimos en marcha hacia León. Miguel, como había dicho, iba hasta Oviedo e iba el solo en el coche. Hicimos la misma ruta de la ida y salimos a la autopista en Mieres. Por ella circulamos hasta Campomanes donde la dejamos para subir el puerto Pajares. En este encontramos algunos camiones que nos costó trabajo dejar detrás. Ahora no encontramos niebla y la carretera estaba algo más seca. Sin problemas alcanzamos la cima y comenzamos el suave descenso hacia la parte leonesa. Como habíamos acordado, paramos en un bar situado poco antes de Villamanín a tomar otro vaso.
Unos minutos después nos pusimos de nuevo en marcha y sobre las 19:30 horas llegamos a León. Frente a su casa dejamos a Omar y poco más tarde llegamos Juli y yo a Armunia.
Así terminamos esta primera actividad de un mes de abril un tanto revuelto respecto a la climatología. En esta ocasión no nos fue mal del todo y pudimos realizar la ruta prevista. Al igual que la anterior, con escasa participación de los socios del club.