martes, 26 de julio de 2016

CAÑÓN DEL TURIA Y HUMEDAL DE BARCHEL - BENAGEBER - VALENCIA 02-07-16




1ª TRAVESÍA “HOCES DEL TURIA Y HUMEDAL DE BARCHEL” (Benageber – Valencia)

02-07-16                         (Sábado)

    Siempre que voy de vacaciones procuro hacer alguna ruta, corta o larga, en la zona en la que me encuentro. Este año me he ido a Valencia unos días y antes había buscado algunas rutas para poder hacer por allí. Elegí una de ellas cercana a Benageber, a unos 110 Km de la capital, que recorre una parte del cañón del Turia y en la que se pueden ver, en la época adecuada, unas bonitas cascadas. No pude disfrutar de ellas, pero sí de sus efectos en el paisaje.
La ruta prevista era circular y ascendía a lo alto de una sierra para bajar luego por dicho cañón. Un error inicial, que tengo que agradecer por lo que luego aclararé, la redujo a la última parte de la misma, no por ello menos bonita.
Me levanté a las 8:00 horas y bajé a desayunar al comedor del hotel, emplazado en el mismo centro de Valencia. Con una pequeña mochila salí del mismo cerca de las 10:00 horas a por la furgoneta, en un aparcamiento cercano del mismo establecimiento. Minutos mas tarde salía de la ciudad por la A-3 dirección Madrid. En Utiel abandoné esa vía para meterme en una más convencional con dirección Benageber. Entre monte y pinares avancé por ella dejando atrás el desvío a esa población para emprender el descenso de un puerto hacia la presa del embalse del mismo nombre. Tras 114 kilómetros hechos llegué a la misma aparcando al comienzo de la ruta. Eran las 11:40 horas y estaba a 542 metros de altitud.
En el lugar había unos jóvenes con quienes conversé unos minutos mientras me protegía del sol con crema. Como ya apunté, mi idea era subir por un sendero a la cima de la sierra, a unos 720 metros y bajar luego por el cañón. Aunque el desnivel no era excesivo, los 12 Km de ruta y el calor ya sofocante a esas horas lo acentuaba. Pues bien, tras prepararme y protegerme del mismo, emprendí la marcha a las 12:05 horas. Crucé una barrera metálica que impide el paso de vehículos no autorizados y me metí en una pista ancha por encima del cañón formado por el río Turia al desaguar de la presa. Por cierto, ésta tiene un curioso rebosadero superior algo inusual formado por un sifón circular en medio del pantano y cercano a la presa por el que se cuela el agua a modo de desagüe de lavabo o fregadero pero elevado.
Cuando ya había recorrido varios metros por dicho camino, y viendo el GPS, me di cuenta del error. Iba en sentido contrario a lo que quería hacer. También me di cuenta de otro detalle importante, si bien llevaba bastante agua, no había metido nada para comer. Quería haber comprado algún bocata o algo de camino, y al final se me había pasado por completo. Eso, unido al calor sofocante que hacía, me hizo desistir ya de dar la vuelta para hacer la ruta completa e incluso de hacerla en este sentido, ya que la subida desde el puente sobre el río, al que ahora bajaba, hasta la cima era bastante pronunciada.
Echando la vista atrás tuve una bonita vista de la presa y parte del antiguo poblado que se levantó para la construcción de la misma y que se extiende por varios puntos de las laderas cercanas y entre los que discurre una ruta marcada en un plano que antes había visto. El desnivel al cauce era considerable en esa primera parte de la ruta y se podía contemplar las laderas del cañón, en ocasiones paredes verticales. La pista era ancha para el paso de vehículos y protegida en su mayoría por pretiles de cemento o barandillas de metal por el lado de la caída y en varios lugares estaba armada sobre firme de piedras. También por el lado de la pared había algunos muros de contención para los desprendimientos de las laderas y riscos. Impresionaba acercarse al vacío.
Las laderas estaban cubiertas por pinares en su mayoría, aunque en la vereda del camino podían verse enredaderas, flores, helechos y otro sin fin de plantas más. En uno de los muros de contención vi como manaban cuatro fuentes por tubos colocados a tal efecto. Apenas manaba un hilillo de agua en algunos de ellos, pero la suficiente para que se formase a su alrededor un ramo de helechos.
A las 13:15 horas, tras 3,200 Km hechos, llegué a Los Chorros de Barchel. Por una vaguada del cañón se desprenden en época de lluvias unas cascadas, ahora secas, que han creado unas bellas formaciones erosionando la roca calcárea dejándola como una “esponja” con estalactitas en las cavidades. La vegetación seca y pegada a ellas producían un raro y bonito efecto al conjunto. Allí me saqué varias fotos y estando en ello pasó un grupo numeroso de chiquillas con monitores que se dirigían también hacia el puente colgante. Este cañón y las cascadas están dentro del espacio protegido de “Las Hoces del Turia y el Humedal de Barchel” emplazadas en el Alto Turia.
Tras un rato allí continué ruta para encontrarme a los pocos metros con otro rincón no menos espectacular. Se trataba de una especie de cavidad abierta, aunque más bien era un techo de roca erosionada, con unas formaciones de lo mas curioso y bonito que yo solo había visto hasta ahora en el interior de cuevas. Una escalera excavada en la piedra subía a una pequeña caverna a la que me encaramé, no sin precaución, ya que la verticalidad casi total y la arenilla que había en los peldaños no era para despistarse. En su interior me encontré con otro tesoro geológico que me dejó impresionado. Numerosas estalactitas, muy erosionadas, formaban el techo de la misma en el que también vi un grupo de pequeños “tubitos” huecos que me fascinaron. Me saqué fotos con todo ello antes de descender con sumo cuidado y asegurando bien los pies en los peldaños resbaladizos.        
Retomé la marcha, ahora entre arboleda, y a tan solo 300 metros llegué al desvío de una pista cementada y de fuerte pendiente hacia el río que tomé siguiendo la ruta que llevaba del GPS. Por ella bajé otros 150 metros antes de tomar un sendero de tierra a la derecha, en el que me encontré una higuera llena de frutos. No tardé en llegar al puente colgante sobre el Turia cerca del cual, en una campa, estaba el grupo de niños y monitores con quienes entablé conversación. Eran las 14:30 horas y estaba a 400 metros de altitud. Hasta allí llevaba 4,600 Km.
El puente estaba a unos 3 metros sobre el cauce, era de madera y con amarres de alambres trenzados y hierro. Tenía algo más de 2 metros de ancho y unos 20 de largo. Al lado contrario encontré un curioso buzón con forma de casita colocado en el contrafuerte del puente en el que había varias tarjetas y papeles escritos como los que encontramos en las cumbres de los picos. En él dejé una mía. Una de las niñas que iba en el grupo se empeñó en hacerme un par de fotos allí. Estaban de campamento algo más arriba del pantano.
Desde ese punto seguía el sendero que debía coger de continuar la ruta hacia la cima de la sierra, cosa que no tenía intención de hacer. Con el solazo que “pegaba” y sin comida hubiese sido una temeridad.
Algo más de media hora estuve allí antes de retomar la marcha de regreso. Me desvié hacia la orilla del río un momento para verlo y emprendí la fuerte subida hacia la pista principal. No eran más de 60 metros de desnivel, pero agotadores. En algunos puntos vi canales de hormigón con túneles por los que bajaba agua, supongo que de captaciones que hacen por la zona.
En el regreso, que aunque de poco desnivel, era subida, apenas hice paradas. Sí vi un pequeño corral de ganado en un abrigo de las rocas del cañón. El sol de la tarde cambiaba también el paisaje ahora en el regreso y cuando podía buscaba la sombra de la pared para ir pegado a ella. Poco a poco fui girando con el valle hasta divisar la presa. En la pared me fijé en unos números y me di cuenta que era la distancia que había desde el comienzo de la ruta. Me saqué algunas fotos con la presa de fondo y a las 16:17 horas terminaba la travesía. El GPS me marcaba 8,500 Km y 200 metros de desnivel acumulado.
Para sorpresa mía me encontré debajo de la furgoneta, pero a la vista, el bote de crema solar. Me lo había olvidado por la mañana y los jóvenes me lo habían dejado allí. Me cambié y decidí volver por otra carretera, por lo que crucé por encima de la presa para comenzar a bordear el pantano en el que paré varias veces a fotografiarlo. Desde la parte contraria pude ver más claramente el poblado descrito en los carteles y diseminado por las cercanías de la presa. La carretera cambió de rumbo y se desvió de este valle para pasar el alto de Mataparda, 850 metros, ante de comenzar el descenso hacia Tuejar.
Entre pinares serpenteaba dicha carretera en este valle en el cual ya veía el pueblo. Dejé atrás algunos campos de olivos y a las 17:20 horas entraba en Tuejar tras 15,000 Km. Aparqué en una calle en la que vi un supermercado que me dijeron abría en media hora. Di un paseo por las calles para hacer tiempo y cuando abrió compré algo de embutido, pan y un refresco para comer sentado en un banco de la plaza en la que estaba la iglesia y el ayuntamiento. Casi a las siete me puse en marcha hacia la parte alta del pueblo donde suponía había un castillo que marcaba una señal que había visto. Preguntando por el mismo me dieron indicaciones para llegar, pero sí me dijeron que no esperase castillo alguno. Aún así subí unas pendientes calles cementadas en las que vi varias pinturas de índole religiosa que me intrigaron.
Salí del pueblo y por unas escaleras de cemento alcancé el cerro en el que había un recinto con antenas y los restos casi inexistentes de la antigua fortaleza. Lo que sí mereció la pena fueron las vistas desde allí. Tenía el pueblo a los pies y todo el valle se extendía hacia ambos lados. A la espalda veía numerosos cerros más y algunos terrenos con árboles plantados en las laderas. Al final del valle se podía divisar lo que parecía el comienzo de un gran cañón. Estuve un buen rato en este altozano sacando fotos y disfrutando de la bonita y amplia vista antes de emprender el descenso.
Me seguían llamando la atención las calles pintadas con motivos religiosos y salí de dudas preguntando a unos vecinos sentados a la puerta de casa. En agosto, cada cinco años, se celebran en Tuejar las “Fiestas Gordas” en honor a la Virgen. Éstas duran casi un mes con diferentes actos y las calles se pintan como adorno para el paso de procesiones y demás. Estaban recientes porque el año pasado coincidió esta celebración. Dando un paseo por allí vi también unos bonitos baldosines en las paredes de las viviendas representando un vía crucis. En otro supermercado compré un refresco antes de emprender el regreso a Valencia a las 20:00 horas.
Una señal indicaba 74 Km a la capital. En el trayecto disfruté del paisaje con numerosos barrancos y vaguadas que cruzaban la carretera. Me picó la curiosidad ver como desde un determinado punto la carretera se convertía en la “Autovía del Turia”, según la señalización, pero con solo un carril por sentido y sin dividir. Al final se desdobló la vía y por ella llegué a Valencia a las 20:50 horas. Crucé la ciudad y salí por el Norte hasta llegar a Alboraya, a las afueras de la capital, donde vi una bonita puesta de sol a las 21:25 horas. De nuevo en marcha volví hacia el centro y a las 22:00 horas llegaba al aparcamiento y minutos después al hotel.
La ruta fue de lo más sencilla y bastante corta, pero el paisaje del cañón y las formaciones rocosas de las cascadas merecieron la pena el desplazamiento. Además completé la jornada visitando Tuejar y viendo una bonita puesta de sol. Redonda.       


 MAPA ESQUEMA
ENLACE RUTA GPS:
PLAZA DEL AYUNTAMIENTO
 AYUNTAMIENTO DE VALENCIA

 CAMINO DE BENAGEBER

 PRESA DE BENEGEBER
COMIENZO DE RUTA

 EL CAÑÓN DEL TURIA







 CURIOSO Y BONITO MANANTIAL

 CHORROS DE BARCHEL
















 CAÑÓN Y RÍO TURIA

 PUENTE COLGANTE


CHORROS DE BARCHEL
 CORRAL ENRISCADO


 DE VUELTA A LA PRESA


EMBALSE

 PRESA Y ANTIGUO POBLADO DEL EMBALSE DE BENAGEBER

 TUEJAR



 COMIDA / MERIENDA

 CALLES PINTADAS

 ANTIGUO CASTILLO DE TUEJAR
 DESDE EL "CASTILLO"





 PUESTA DE SOL EN ARBOLAYA

 VALENCIA NOCTURNO



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