lunes, 24 de junio de 2013

NOCTURNA: SUSPIRÓN Y PANDO (Barrio de la Puente) - 22/23-06-13

 


XXIV TRAVESÍA NOCTURNA.
2ª ASCENSIÓN AL “SUSPIRÓN” Y 1ª ASCENSIÓN AL “PANDO”. (Desde Barrio de la Puente).
22/23-06-13

Recién estrenado este verano del 2013 hemos realizado la primera salida nocturna del año. Tan solo dos participantes hemos ido a la misma, pero no por dejó de resultar un éxito. Estudiando qué cumbre sencilla podíamos ascender, vi que el Suspirón cumplía este requisito, ya que un camino llega casi hasta su parte más alta. Hace unos años ya lo había ascendido en un Belén de Cumbres con un tiempo casi primaveral en pleno diciembre.

SÁBADO 22

A las 20:00 horas llegó Álvaro a mi casa desde dónde salimos poco después en mi furgoneta por la carretera de La Magdalena. El cielo se mantenía despejado y de momento esa era la previsión. A mí me preocupaba la niebla que pudiera meterse, y por ello llevaba una ruta alternativa en La Urz.

Desde La Magdalena nos metimos hacia Omaña y al llegar a Aguasmestas nos desviamos hacia el Valle Gordo. Mientras atardecía avanzamos hacia Barrio de la Puente, 1200 m, al que llegamos cuando eran las 21:35 horas. Aparcamos la furgoneta tras pasar un puente de piedra por el que poco más adelante salía el camino hacia la cima. Nos metimos por éste unos metros para comprobar que era realmente el correcto dejando el cementerio en un ramal de la derecha. La luna llena comenzaba a aparecer por el Este.

Regresamos al centro del pueblo por el que estuvimos paseando y comprobando la existencia de tres iglesias o ermitas. La iglesia mayor tenía un curioso campanario con una estructura de madera en la que se encastraba un reloj. Parecía el típico de las películas del Oeste. Seguimos el paseo por las diferentes calles hasta que casi anocheció del todo y entonces nos acomodamos en un resalte de una vivienda a cenar. Había refrescado bastante y allí se estaba abrigado. Estando en ello vimos pasar un erizo corriendo y meterse en el patio de otra casa. Al poco salió de nuevo para seguir su carrera hacia los prados.

DOMINGO 23

El bar del pueblo se convierte en una especie de pub por la noche y entramos a tomar un batido caliente para templarnos un poco, no había café a esas horas. Acababa de abrir y aún no había casi nadie. Después nos encaminamos a la furgoneta para prepararnos para la ruta. Varios gatos andaban rondando por allí y se metían incluso en la furgoneta.

A las 00:20 horas emprendimos la marcha por el camino en el que ya comenzamos a encontrar tramos encharcados que tuvimos que sortear. Poco a poco comenzamos a subir por él entre praderías hasta meternos entre El Sierro y el Cueto del Pinto. Por la ladera del primero subía el camino que más adelante era cruzado por el arroyo del Rumián. La luna llena nos iluminaba como si fuese de día aunque tras cruzar este pequeño cauce nos metimos a la “sombra” del Cueto del Pinto.

Así fuimos cogiendo altura sobre el arroyo que bajaba por la derecha nuestra. Aunque estaba fresco, la cuesta que subíamos nos hacía sudar. La arboleda también abundaba por aquel paraje así como las laderas cargadas de brezo y escobas de gran colorido. Entre las mismas se veían tubos plásticos de una plantación. En medio del camino nos encontramos con algunos caballos que se echaron a la ladera al sentirnos. El camino describió algunas curvas mientras ganaba altura. No tardando comenzamos a ver las luces de algunos pueblos alejados del valle de Omaña. Llegamos a un punto en el que el ancho camino se bifurcaba en dos ramales y nos hizo dudar un momento. No tardando descubrimos cual era el principal al verse más marcado.

Sin darnos cuenta cambiamos de valle y pasamos a otro más al Este. Otro arroyo bajaba ahora por nuestra izquierda, el de la Rairisa. En un momento determinado vimos un reflejo bajo las laderas del fondo del valle. Por el emplazamiento supusimos que podía ser la cabaña de La Mortera por la que teníamos que pasar. La luz de la luna llegaba a molestar en algunos momentos por su fuerte reflejo cuando nos daba de frente.

Llegamos así a una curva cerrada de la que salía otro camino menos marcado hacia la cabaña. A escasos 50 metros vimos este refugio de piedra con un bidón de plástico a modo de depósito de agua sobre una estructura metálica a su lado. Eran las 2:20 horas cuando llegamos allí.

El interior estaba bastante completo con armarios, vajillas, algunos alimentos, mesa, sillas, estufa de leña, camastros de litera, etc. En uno de los cajones encontramos algunos cuadernos en los que los visitantes habían ido dejando algunos comentarios y no fuimos nosotros menos. La altitud allí es de 1700 metros, restándonos tan solo 129 metros de desnivel a la cima.

En él estuvimos descansando unos 40 minutos antes de retomar la marcha. Cerca del refugio tenía que haber una fuente y dimos con ella tras bajar unos metros antes de salir al camino principal. De una piedra vertical en la que había una placa de pizarra grabada con una leyenda salían dos chorros de agua fresca hacia un pilón y de ellos bebimos.

De nuevo en marcha ya por el camino se abrió el paisaje hacia el Norte viendo las luces de muchos más pueblos. También vimos las luces de algún vehículo que subía por la carretera del Valle Gordo. La pista pasó por debajo de una cima en la que vimos una gran torreta de antenas bajando luego un poco hasta un collado anterior a la cumbre del Suspirón cuya silueta se recortaba por delante de nosotros. Sin dejar el ancho camino comenzamos a subir estando atentos a algún sendero que pudiese desviarse hacia la cima. Las escobas estaban cargadas de flores amarillas en pleno apogeo. Fue en el punto más alto del mismo donde vimos una especie de hito de piedras en la ladera de la izquierda. Era el lugar mas idóneo para abandonar el camino. Según el mapa estábamos a unos 1770 metros y la cumbre tiene 1826 m. Eran las 3:40 horas.

Nos metimos de lleno a la ladera Norte en la que encontramos matorral bajo y algo quemado así como numerosos pedreros que atravesamos. En algo más de 10 minutos vimos la silueta del hito pocos metros por delante de nosotros alcanzando la cumbre del Suspirón cuando eran las 3:55 horas de la madrugada.

En esta cima de 1826 metros de altitud hay un punto geodésico y un gran monolito de rocas que más bien parecía una choza. Estuvimos buscando algún buzón entre las piedras sin éxito. Hacia el Sur contemplábamos numerosos pueblos y muchas luces intermitentes de los molinos eólicos que inundan la zona. En la lejanía se veían las siluetas de varias cimas. La luz de la luna llena bañaba los valles de esta parte en los que también se veían unos jirones de nieblas en la parte intermedia. Hacia la parte contraria contábamos también una veintena de pueblos y los perfiles de la sierra de La Cañada y algunas cumbres mas alejadas. Al Oeste emergía cercana la cima del Arcos de Agua y Peña Cefera así como el Tambarón y Nevadín.

Nos sacamos unas fotos en la cumbre y yo varias panorámicas en redondo. En un hueco bajo el punto geodésico dejamos nuestra tarjeta de cumbres. La temperatura había bajado y la cazadora no sobraba. A las 5:20 horas vimos como se comenzaba a perfilar la línea del horizonte hacia el Nordeste. A esa hora emprendíamos el descenso por la ladera Oeste hacia el collado de Cabanedo. En 10 minutos salimos al mismo camino de subida continuando la bajada hacia dicho collado con una altitud de 1686 metros. Dejamos atrás un desvío que se metía al valle del Norte y ya en el collado, a las 5:45 horas, abandonamos el que traíamos, que comenzaba su descenso por el valle del Sur hacia Tremor, para seguir nosotros un ancho cortafuegos por la loma del pico el Pando.

La pendiente se acentuaba en esta ladera y bajamos el ritmo. La línea del amanecer se perfilaba cada vez más nítida mientras vimos como la niebla cubría por completo los valles del Sur. En los laterales del cortafuegos había plantaciones de pinos pequeños hasta casi la cumbre.

A las 6:05 horas alcanzamos esta cumbre del pico Pando con 1797 metros de altitud. Los frontales ya no nos hacían falta ya que el amanecer se abría paso. En los valles del Sur la niebla lo cubría todo formando un bello mar de nubes. La luna llena había descendido y se medio ocultaba tras las brumas. Al Nordeste el día clareaba con un tono anaranjado de postal. Poco a poco las lomas tapizadas de matorral florido iban destacando en el paisaje. Desde esta cumbre veíamos Barrio de la Puente y algunos pueblos más.

El frío era intenso corriendo una brisa helada del Norte que calaba hasta las cazadoras. Nos metimos a la abrigada del hito de piedras y comimos un pequeño bocata que llevábamos. A las 6:50 horas apareció el primer rayo de sol por encima de las cumbres del Nordeste. Poco a poco lo fue inundando todo y el colorido de las escobas floridas se acentuó. Entre las piedras dejamos una nueva tarjeta de cumbres y nos sacamos algunas fotos en la cima.

A las 7:25 horas comenzamos a descender hacia el Norte por un pedrero hasta salir a otro cortafuegos que bajaba verticalmente por la loma. Enseguida vimos en la parte baja del valle el pueblo de Torrecillo cuya dirección llevábamos. El Cortafuegos cruzó un camino que ladeaba la ladera y que subía hacia el collado de Cabanedo. Nosotros seguimos por el trazado que llevábamos y que más abajo también se situó horizontalmente hasta que terminó bruscamente. Entonces nos echamos ladera abajo entre la maleza hacia un hito de piedras que veíamos. Al llegar a él comprobamos que servía de base para una antigua antena de televisión. Desde allí continuamos campo a través por praderías y algunas pendiente rocosas que nos metieron a una cerrada vaguada. Algo por debajo vimos una especie de camino al que salimos poco después. Se veía muy descuidado pero se dirigía al pueblo. Siguiendo su trazado nos llevó a las cercanías de un antiguo molino y un depósito situados a la vera de un arroyo.

A las 8:30 horas entrábamos en Torrecillo, 1220 metros, pisando poco después el asfalto. En este pueblo vimos otro molino en mejor estado. A la orilla de la carretera corría una pequeña canaleta por la que bajaba un buen caudal de agua. Atravesamos dicho pueblo para salir por la carretera que poco después salva por un puente el río Vallegordo desembocando en la principal que sube a Fasgar escasos 50 metros más adelante.

Entre praderías de gran verdor y matorral florido caminamos los 2 kilómetros escasos hasta Barrio de la Puente. A las 9:00 horas entrábamos en dicho pueblo en el que ahora vimos sus calles a la luz del día. Dejamos atrás las tres iglesias y ermitas y llegamos a la plaza de la fuente. Atravesamos el puente de piedra y a las 9:15 horas terminábamos la ruta en la furgoneta.

Allí nos cambiamos tranquilamente y poco después emprendíamos el regreso a León. Desde un determinado punto de la carretera de ese mismo valle vimos las dos cumbres ascendidas. Salimos luego a la carretera de Murias de Paredes en Aguasmestas. Con dirección a la Magdalena no vimos ningún bar abierto en los pueblos que pasamos hasta llegar a Canales. Allí nos detuvimos a desayunar un poco antes de ponernos de nuevo en marcha. Sin novedades hicimos el trayecto hasta la capital en la que entramos a las 10:45 horas. Poco después llegábamos a Armunia en donde finalizábamos el viaje y la salida de este fin de semana.

Sin duda alguna resultó una grata experiencia diferente a lo que solemos hacer habitualmente. La luna llena nos proporcionó unos paisajes increíbles y el amanecer no fue menos. Espero también que en las fotos quede reflejado todo ello los más fielmente posible.






















martes, 11 de junio de 2013

NACEDERO DEL RÍO UREDERRA. (Baquedano - Navarra) - 10-06-13

 


1ª TRAVESÍA “NACEDERO DEL RÍO UREDERRA”. (Navarra).

10-06-13          (Lunes)

Dentro de las vacaciones estivales de este año he ido a pasar unos días a Asturias y otros a Logroño con mis hermanas y la familia. Desde esta última capital nos hemos acercado hasta Baquedano, población navarra en la que comienza esta sencilla ruta de media mañana. El Nacedero del Urederra se emplaza en la sierra de Urbasa y la ruta hasta el mismo transcurre por un bonito valle, arbolado en su mayor parte. A la misma hemos ido 5 personas, mi hermana Merce, mi cuñado Fernando, mis sobrinas Yoli y Bea y yo.
Eran ya las 11:10 horas cuando salimos de casa para atravesar poco después el puente sobre el Ebro. La ciudad de Logroño hace límite también con la Comunidad Foral de Navarra donde poco después cogimos la autovía hacia Pamplona. Por ella circulamos hasta salir en Estella para seguir luego por otra carretera secundaria de la que también nos desviamos más tarde hacia Baquedano, 654 m, al que llegamos a las 12:10 horas tras unos 66 Km. recorridos. A la entrada del pueblo hay un gran aparcamiento, de pago económico en determinados días o épocas, en el que dejamos los coches. Ese día no cobraban.
Nos preparamos para la ruta de 10 Km. totales, ida y vuelta, y a las 12:15 horas la comenzamos. Atravesamos el pueblo con numerosas casas típicas montañesas de piedra. Dejamos atrás la gran iglesia y el frontón municipal para salir por un ancho camino que nos metía de lleno en el valle. Por nuestra izquierda y alejado bajaba el río y entre medias vimos varias huertas. Por la derecha subían las verdes laderas en las que vimos poco después un merendero. Echando la vista atrás se podía ver el amplio valle que se iba abriendo. Cruzamos luego una verja para el ganado desde la cual nos internamos de lleno en el bonito bosque donde vimos numerosas plantas de fresas silvestres, algunas con frutos aún muy verdes por la tardía primavera.
El camino trazó una serie de curvas mientras descendía, ya que la ruta describía una especie de vaivén con bajada al comienzo y subida al final. Por la ladera bajaban varios arroyos con buena cantidad de agua y vimos también algún manantial. Poco a poco fuimos viendo como el terreno era invadido por estos regatos creando un firme embarrado y cubierto por el agua. En algunos lugares pudimos salir un poco por fuera, pero en otros había que evitarlos saltando como podíamos. Incluso en algunos cogimos a cuestas a las niñas, y no tan niñas.... No éramos los únicos en hacer dicha ruta, se veían bastantes familias haciendo también lo mismo.
Llegamos de esa forma a una caseta antes de las cuales el camino se encontraba prácticamente abnegado por el agua y barro. Como pudimos, cogimos una especie de atajo entre ramaje que nos evitó mojarnos por completo. El río estaba ahora a pocos metros de nosotros y vimos su caudal exageradamente elevado. En fotos de Internet puede verse como en época de poco caudal el agua calmada está cristalina y con tonos verdosos como las playas caribeñas.
Tras unos metros más por el ancho camino, llegamos a otra valla de madera que cruzamos para seguir ahora un sendero más estrecho entre la arboleda. Comenzábamos a ascender visiblemente y encontramos varios lugares con la senda delimitada por una barandilla de troncos o alambrada. En el paisaje se mezclaba la piedra y la vegetación creando unos bellos rincones. Subimos algunas partes un tanto resbaladizas mientras de continuo nos acercábamos y alejábamos del río. Algunos troncos tenían raíces que se extendían por el terreno a modo de serpientes. Dejamos atrás formaciones rocosas en las que se creaban cavidades abiertas de gran tamaño. Cruzamos luego por un murete de cemento que protegía el sendero del agua que caía por una cascada.
No tardando llegamos a un puente sobre el río cerca del cual se formaban numerosos rápidos y sucesivas cascadas en el cauce. La pendiente desde ese punto se hizo más pronunciada y el terreno resbaladizo. La barandilla protegía la caída hacia el río que se precipitaba bruscamente en dicho tramo. No tardamos en divisar entre el ramaje las cascadas finales de la ruta delante de unos impresionantes riscos. Aún tuvimos que cruzar otro puente sobre el río desde el cual se tiene una vista un tanto espectacular. A escasos 5 metros del mismo el agua se precipita en una gran cascada dando una gran impresión de vacío difícil de describir.
Tras este puente se cruza otro más pequeño bajo el cual corre otro regato formado por el agua de otro salto de gran altura pero poco caudal. Nada más cruzarlo se llega al final de la ruta desde donde se pueden ver las grandes cascadas que van cayendo por los altos riscos de este circo. Eran las 14:00 horas y llevábamos 5 Km recorridos. La altitud allí era de unos 790 m.
Nos acomodamos en uno de los troncos que hay dispuestos para cortar el paso a las zonas altas de la cascada y allí comimos el bocata tranquilamente como lo hacía más personal que llegaba. Yo me decidí luego a subir unos metros por la zona “prohibida” para acercarme hasta las cascadas superiores. Era realmente impactante el caudal de agua que bajaba entre la roca formando rápidos y saltos. Encontré una pequeña cueva por la que también bajaba un regato subterráneo. De regreso a la parte baja nos hicimos una foto todos. Por cierto, que de las dos cámaras que llevaba, de ninguna me han salido bien éstas.
A las 14:40 horas emprendíamos el regreso por el mismo sendero de ida. Volvimos a cruzar el puente y descendimos el tramo más empinado. Ahora, un paso que habíamos subido regular, se nos complicó un poco más, aunque lo pasamos más o menos bien. En el cielo se habían abierto algunos claros por los que se colaba el sol, ya que la subida la habíamos hecho con él nublado.
Siguiendo el mismo sendero pasamos lo más pendiente y nos situamos a la vera del río durante un tramo. En algunos lugares éste se mantenía calmado, aunque en la mayoría del cauce podía comprobarse la fuerza con la que bajaba el gran caudal de agua. Entre la arboleda fuimos perdiendo altura hasta que se suavizó el terreno volviendo a encontrarnos los tramos embarrados. Una vez más los evitamos en la zona de la caseta pasando entre las escobas y saliendo ya al ancho camino. En este punto más bajo de la ruta podíamos estar a unos 600 metros de altura. El sol calentaba bien en los lugares sin sombra y además comenzábamos a subir hacia el pueblo.
El río ya se había alejado y la diferencia de altura con él se incrementaba. Ahora el paisaje tenía un tono totalmente diferente con el sol claro. Beatriz se iba quedando por detrás y la animaba a seguir poco a poco. Cruzamos mas trechos encharcados sorteándolos como mejor pudimos y así llegamos al merendero. Por delante ya veíamos algunas casas de Baquedano.
A las 16:05 horas entrábamos en el pueblo hasta llegar a la plaza en la que había unos lavaderos con un pilón al lado en el que nos limpiamos un poco el calzado. Sin más proseguimos la marcha atravesando el resto del pueblo hasta las afueras en dónde se emplaza el aparcamiento al que llegamos a las 16:20 horas y tras unos 10 Km recorridos. Minutos más tarde nos poníamos en viaje hacia Logroño contemplando de nuevo el macizo de la Sierra de Urbasa alejándose. Esta vez nos incorporamos a la autovía en otro punto y por ella recorrimos el tramo hasta casi el límite con La Rioja que finaliza. Por la carretera nacional hicimos los últimos kilómetros deteniéndonos en un centro comercial a hacer unas compran antes de llegar a casa.
Así finalizamos esta media jornada con una ruta muy sencilla pero nada desmerecedora por su belleza y espectacularidad.















lunes, 27 de mayo de 2013

XVII ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONENES - COLINAS - ARCOS DE AGUA 26-05-13

 


XVII ENCUENTRO DE MONTAÑEROS LEONESES. MEMORIAL “FERNANDO ALGORRI”.

4ª TRAVESÍA “COLINAS DEL CAMPO DE MARTÍN MORO – CAMPO DE SANTIAGO”,2ª ASCENSIÓN AL “SESTEADEO BUEY DE FRAILE”, 3ª ASCENSIÓN AL “ARCOS DE AGUA” Y 1ª ASCENSIÓN AL “MIROMALO”

26-05-13              (Domingo)

Un nuevo mes de mayo a punto de finalizar y otra nueva edición del Encuentro de Montañeros Leoneses, la 17ª ya. En esta ocasión ha sido organizado por el club de montaña Gistredo, de Bembibre y la Delegación Leonesa de Montañismo. La ruta elegida para el mismo ha transcurrido desde Colinas del Campo de Martín Moro Toledano hasta el Campo de Santiago. Como opción larga estaba la ascensión a las tres cumbres descritas en el título de este resumen. De nuestro club estábamos apuntados 9 personas: Mª Jesús, Álvaro, Nati, Juan, Miguel Ángel, Toño, Gabriela, Juan y yo.
En Guzmán nos hemos reunido con el resto de participantes de la ciudad saliendo en dos autocares a las 7:15 horas, 15 minutos más tarde de lo programado. Por la autopista hemos llegado a Astorga donde se nos unió el grupo de esta ciudad. Tras unos pocos kilómetros más por la autovía nos desviamos a las carreteras secundarias por las que hemos llegado a Colinas, 1050 m, sobre las 9:00 horas. A la entrada del pueblo, en un aparcamiento para autocares, nos encontramos con el resto de participantes de la provincia que habían llegado en más vehículos similares.
Nos preparamos para la ruta allí mismo y cuando eran las 9:10 horas comenzábamos nosotros a caminar hacia el centro del pueblo. Allí nos hemos sacado una foto de grupo tras pasar por debajo del curioso arco de la iglesia. Por sus calles empedradas salimos al valle por el que sube el ancho camino hacia la conocida campa. El verde primaveral lo inundaba todo y las escobas floridas ponían el tono amarillo entre ello.
Un viejo todoterreno nos adelantó en este primer tramo de la ruta en el que el valle era amplio y el río Del Campo que luego toma el nombre de Boeza transcurría algunos metros bajo nosotros por la izquierda. El sol aún no nos llegaba oculto tras las lomas de la derecha. Al poco llegamos al entronque con el ramal por el que luego bajaríamos para hacer el tramo común de la ruta de ida y vuelta. También dejamos atrás la fuente San Juliano, construida con piedra y de la que salía un buen chorro de agua cristalina. En numerosos lugares había manantiales de agua similar.
La hilera de caminantes avanzábamos por el ancho camino entre algo de arboleda de gran verdor y en parte florida. Cruzamos un tramo en el que un pedrero invadía el camino dando paso luego a unas verdes praderías. Desde aquel punto el camino se estrechaba hasta convertirse en un sendero que se metía entre los arbustos, algunos de gran altura.
Tras caminar un buen tramo por éste llegamos a un cruce con un arroyo lateral en el que el grupo organizador había montado un práctico puente de troncos antes del cual se formaba un pequeño embotellamiento de personal. Fuimos cruzando este paso para enseguida atravesar otro puente más sólido, el de las Palombas, sobre el cauce principal. El sendero subía desde allí más empinado y casi engullido por la maleza. Así alcanzamos un punto desde donde se podía descender bruscamente al cauce para ver una cascada hacia la que varios compañeros se dirigieron. Desde allí había una amplia vista del cañón. Otros decidimos seguir adelante ya que la ruta no era para perder mucho tiempo y comenzamos a descender suavemente también al encuentro de dicho arroyo pero más arriba. Allí cruzamos por un nuevo puente de troncos, el de Salgueirón, para seguir por la margen contraria ya el resto del camino hasta el Campo de Santiago.
Atravesamos enseguida una zona de arboleda que formaba un bello túnel sobre la senda y dejamos atrás otra fuente cuyo nombre se había borrado de la tablilla. Una vez más comenzamos a ascender de forma más brusca entre escobas que casi cerraban el sendero y volvimos a situarnos a buena altura sobre el desfiladero. En una especie de mirador natural hicimos una breve parada para contemplar el bello paisaje del mismo.
De nuevo en marcha descendimos unos pocos metros para nivelarnos después a media altura. Cruzamos algún pasadizo más bajo el ramaje y subimos algunos trechos de suelo empedrado a la vez que ya iban a pareciendo frente a nosotros algunas cumbres que rodean el Campo de Santiago o de Martín Moro. Sobre el mismo se formaban unas bonitas nubes que destacaban el cielo azul. Llegamos así a un punto desde el cual podía verse ya la gran campa desviándose un poco del sendero. Pocos metros nos restaban para llegar a dicho lugar situado a unos 1500 m de altitud y en el que se emplaza la ermita de Santiago, alrededor de la cual se congregaban numerosos participantes de la marcha.
A las 11:30 horas llegábamos algunos de nosotros a la misma tras haber recorrido 7,500 Km. Allí tomamos un tentempié y descansamos unos 15 minutos antes de emprender el siguiente tramo de la ruta, la ascensión al Arcos de Agua y las cumbres cercanas.
Por otro camino más ancho y terroso emprendimos la subida hacia el collado de Ocidiello, 1870 m, zigzagueando hacia el Este. Antes de alcanzar éste nos hemos desviado por un atajo que nos metió de lleno en la herbosa ladera del pico Sesteadero Buey de Fraile. Fue en ésta donde fui quedándome detrás y me faltaban las fuerzas. Estuve a punto de renunciar a seguir ya que el tiempo lo teníamos contado para llegar a Colinas, de donde salían los autocares a las cinco de la tarde. Echando más ganas que fuerza fui ganando altura atravesando algunos pedregales por los que se subía algo mejor. La pendiente allí se había pronunciado visiblemente y costaba atacarla. Lo compensaba la amplia vista que teníamos de todo el Campo de Santiago y las cumbres que lo rodean y que luego enumeraré.
Eran las 13:05 horas cuando alcancé la cumbre del Sesteadero Buey de Fraile con sus 1912 metros de altitud. En ella nos reunimos la mayoría de los compañeros del club, todos salvo Nati y Juan, y nos sacamos una foto de grupo. Por allí estaba un reportero de la TVCyL del Bierzo que iba plasmando la ruta y que me hizo una pequeña entrevista que ya he visto en el videomontaje que han “colgado” en el blog del Club Gistredo.
Tras dejar una tarjeta en el buzón de cumbres retomamos la marcha descendiendo ahora unos metros hacia el collado anterior al Arcos de Agua. Desde el mismo emprendimos la subida a esta cumbre con algunos cerros anteriores por los que pasamos y en los que pisamos el primero de los escasos neveros que quedan en la zona. Desde los mismos ya vimos al Noroeste el circo que forma estas dos cumbres junto con Peña Cefera y en el cual se emplazan las lagunas de Baucín.
Poco a poco fuimos avanzando hacia la cumbre principal de la ruta que alcanzamos a las 14:05 horas. El pico Arcos de Agua tiene una altitud de 2058 metros y en su cumbre hay un buzón en el que dejamos otra tarjeta nuestra. Alrededor del mismo se congregaban más montañeros disfrutando del paisaje que se nos ofrecía en redondo con numerosas cumbres tanto cercanas como en la lejanía. De las primeras podemos enumerar el Catoute, Tambarón, Nevadín, Peña Rebeza o el Vizbueno. De las más alejadas sería imposible no dejarse unas cuantas. El cordal de La Cañada, varias de la zona de Somiedo y Ventana, Babia y al Sur Los Montes de León entre otras muchas. Tras sacarnos una foto de grupo decidimos desplazarnos un poco hacia el Sur, a la segunda cima de este pico, más pedregosa y abrigada. Allí nos sentamos en las piedras para comer tranquilamente pero sin despistarnos de la hora. Hacia el Este caían verticalmente algunos cortes en cuyo filo se acumulaba la nieve en forma de cornisas de las que había que separarse prudentemente. Fuera de ellos apenas si se veía ésta.
A las 14:40 horas retomamos la marcha por el cordal al Sur subiendo unos pocos metros antes de emprender el fuerte descenso hacia el collado anterior al Miromalo. Abundaban los pedreros en esta ladera y por ellos descendimos hasta la cota de 1914 metros. Desde dicho collado volvimos a retomar la subida hacia la última cumbre de la ruta a la que yo nunca había llegado. La ropa sobraba, ya que en las cumbres anteriores el viento fresco nos hizo abrigar, y más ligeros remontamos los picachos rocosos anteriores a dicha cima a la que llegamos a las 15:10 horas. El Miromalo tiene 1964 metros de altura y apenas si paramos. Una foto rápida y la tarjeta entre el hito de piedras para continuar la última parte de la ruta ya todo descenso.
Entre brezo bajamos este tramo hacia la collada de la Campa Grande. Uno de los organizadores nos comentó que había que bajar por la loma anterior a la collada sin meterse en la vaguada. Pues bien, no todos lo sabían y no estaba marcado el lugar de desvío, por lo que muchos se fueron hasta dicho collado y entraron directamente en la vaguada, incluso compañeros de nuestro club a los que intentamos advertir. Por el alto de la loma bajaba un sendero muy bien trazado y cómodo mientras que por el medio del valle se cerraban las escobas y había varios pedreros incómodos. Mª Jesús, Álvaro y yo lo cogimos bien y ya hicimos el resto del camino juntos y por delante.
El brezo florido y rosáceo contrastaba con el verde formando un bello manto primaveral que alegraba la vista. En la parte baja se veía una pequeña pradera en la que terminaba el pedrero y se unía al sendero de la loma que continuaba mas pendiente ya metidos en el valle del arroyo por el que habíamos subido. Desde un determinado punto vimos el pueblo encajonado en dicho valle.
Poco a poco el sendero se suavizó y se situó paralelo al camino de la parte baja. Apareció la arboleda y cruzamos algunos arroyuelos. En varias zonas se encontraba empedrado y con fuerte caída hacia el valle. Cruzamos también algunas pequeñas praderas antes de desembocar en el ancho camino por el que habíamos subido por la mañana. Desde allí nos restaba más o menos un kilómetro al pueblo.
Sorteando algunos tramos encharcados y embarrados avanzamos hacia Colinas entre arboleda y con el río a nuestra derecha. No tardamos en divisas las primeras casas del pueblo entrando en él cuando eran las 16:55 horas y tras 18 Km. recorridos. Nos restaba atravesarlo para llegar al aparcamiento cruzando de nuevo bajo el arco de la iglesia. Por las calles empedradas apuramos el paso para no retrasar la salida del autocar, al menos por nuestra parte.
Pasaban cinco minutos de la hora cuando llegamos a dicho lugar en el que el resto de personal no tenía cara de muchos amigos. Libramos aún así ya que no éramos los últimos, ni mucho menos. Nos dio tiempo a cambiarnos más que de sobra en los 45 minutos que aún tardó nuestro autocar en emprender la marcha mientras que aún otro quedaba esperando por más rezagados.
Nos dirigimos hacia Bembibre, localidad en la que tiene la sede el club Gistredo, y en cuyo pabellón deportivo nos tenían organizada la fiesta. La parte gastronómica consistía en empanada, chorizo entrecallado y pan, todo ello aderezado por vino o refresco. De postre nos convidaron a unas pastas con moscatel y café. Amenizando este final de jornada estaba la Agrupación de Gaitas de la Escuela Municipal de Música Beatriz Osorio de Bembibre, que pusieron la nota musical a este evento anual. Por parte del delegado provincial de montaña, Buzzi, se hizo entrega de la placa recuerdo al presidente de la Peña de Montañeros Gistredo por la organización de esta nueva edición del Encuentro.
A las 20:00 horas tocaba retirada y lo fue por todo lo alto haciéndonos el grupo musical un pasillo a la salida del pabellón. Sin más retrasos nos encaminamos a los autocares cercanos para emprender sin más el regreso a los lugares de origen de cada club. Durante el primer tramo del viaje vimos las cumbres ascendidas en la jornada. En Astorga despedimos a los del club La Salle antes de retomar la marcha hacia León capital donde llegamos a las 21:20 horas.
Sin duda resultó una grata jornada de montaña a la que solo le pongo una pega, como a casi todas las similares: el apremio con que hay que hacer la ruta para estar a la hora en los autocares. Nosotros no tenemos ese problema.