lunes, 5 de noviembre de 2007

"CANALES ROMANOS" (Ermita Virgen del Carmen- Llamas de Cabrera) - 04-11-07

 


1ª TRAVESÍA POR “LOS CANALES ROMANOS EN LA CABRERA”.

04-11-07                (Domingo)

Por parte de José Antonio se me propuso este domingo para acercarnos hasta la zona leonesa de La Cabrera para investigar una ruta de cara al próximo año. Se trataba de estudiar el estado de varios tramos de los canales que usaban los romanos para llevar el agua hasta las Médulas y que transcurren por las laderas de algunas montañas de dicha zona. Tras proponérselo a algunos compañeros más, fue Luis el que se nos unió en esta aventura a la que íbamos sin planes muy definidos.
A las 7:00 horas nos reunimos los tres en Guzmán de donde partimos en mi furgoneta saliendo luego por la carretera de La Bañeza. Mientras iba amaneciendo fuimos avanzando kilómetros dejando atrás Santa María del Páramo, La Bañeza o Castrocontrigo. A Luis le afectó el mareo y tuvimos que detenernos en alguna ocasión en la que vomitó.
A las 9:15 horas, tras 131 Km recorridos, llegamos a Noceda de Cabrera donde hicimos la primera parada. En este pueblo pudimos ver un gran tejo milenario a la vera de la iglesia cuyo tronco mide más de cinco metros de diámetro y la altura supera los 18 metros. La iglesia es típica de la zona construida con piedra y pizarra en su totalidad. Anduvimos por sus cercanías unos minutos y de regreso fuimos “abordados” por una vecina que nos vendía nueces y miel. José Antonio sí que la cogió medio saco de ellas y un tarro de miel junto con una bolsa de pimientos. Por las calles de cemento convivían gallinas, gallos, perros y gatos de todos los tamaños. Cuando emprendimos el viaje de nuevo casi una hora más tarde comenzaba a lucir el sol en el pueblo.
Volvimos a salir a la carretera general del valle pasando poco después por Castrillo de Cabrera donde saqué una foto de la iglesia cercana a la calzada. Al llegar a Odollo nos detuvimos de nuevo y José estuvo consultando unos minutos con un vecino del pueblo por los canales romanos. Total que dimos la vuelta y nos dirigimos ahora sí hacia la Ermita de la Virgen del Valle de donde partía una ruta de estos canales.
152 km marcaba el contador de la furgoneta cuando paramos a la entrada del recinto de dicha ermita cercana a la carretera. En esta ermita se encuentra la imagen de una virgen del siglo XVII encontrada en una gruta cercana y que se procesiona el primer domingo después de Pascua. En torno al edificio crecen numerosos nogales y otros árboles de hojas ya amarillentas del otoño. Una fuente empedrada se sitúa frente a la fachada y tras el edificio se pueden ver otro par de ellos de bloques de cemento que destrozan por completo el entorno.
Un indicador nos señalaba la dirección del “Canal Romano de la Ermita de la Virgen del Valle” que partía por encima del templo. A las 10:50 horas nos pusimos en marcha sin mas equipamiento que lo puesto y la cámara de fotos por un sendero a media ladera donde vimos pastando un rebaño de ovejas. Pasamos cerca de una caseta de cemento, suponemos que de recogida de agua, y atravesamos luego un arroyo. No tardando se nos perdió la senda y bajando unos metros dimos de lleno con una alambrada por debajo de la cual se veía el antiguo canal. Tuvimos que retroceder un pequeño trecho hasta el comienzo del canal y sortear como pudimos la alambrada de rejilla para meternos de lleno en la ruta. Atravesamos zonas de bosque y otras donde la caída por la derecha era de unos cuantos metros casi en vertical. Por debajo de nosotros veíamos la carretera por la que habíamos llegado y que se mantenía paralela a la ruta siguiendo igualmente la orografía del terreno. Solo en algunos tramos se podía ver claramente los restos de que aquello había sido usado hace 2000 años como canal de agua. En ellos se veía parcialmente la caja del mismo y la armadura de piedras como base de los mismos. En algunos lugares la maleza nos cubría teniendo que pelear con ella, aunque la senda se veía claramente. En uno de esos tramos volví a hacer un “siete” al pantalón como el otro día.
La vista era amplia pudiendo contemplar los pueblos de Sigüella o Lomba en otro valle lateral de la parte contraria. Por encima y por debajo se podían ver también formaciones rocosas de aspecto bastante “viejo” con estratos en forma de losa. No en vano estábamos en una de las zonas más pizarrosas de la provincia con varias fabricas como la que enseguida vimos y al lado de la que habíamos pasado con el coche. Dejamos atrás la zona más rocosa y salimos a una ladera más o menos limpia donde del canal solo quedaba el nombre ya que era un sendero de lo más corriente.
Dejamos atrás un tendido eléctrico y llegamos a la revuelta de otra vaguada, la del arroyo Villarino, en la que se volvían a ver más claramente las armaduras de los canales. Como ya eran las 12:30 horas y lo que quedaba por ver allí no nos parecía demasiado interesante, decidimos volver.
Desandamos el camino viendo el valle desde otro punto de vista. Ya con la ermita a la vista, José Antonio y yo, que habíamos quedado por detrás, nos salimos del sendero sin darnos cuenta de que bajábamos hacia la carretera. El problema era que hacia esta caía un talud considerable. Mientras él decidió comenzar a subir hacia la senda buena, por la que veíamos a Luis, yo bajé unos metros en busca de una salida a la calzada. Al final di con ella no sin antes tener que sujetarme a las escobas para no resbalar por la gravilla y aún así tuve que dar un salto final no muy recomendable.
De la ermita me separaban unos 300 metros de suave pendiente. Antes de ella vi un alto chopo de colorido espectacular y a contraluz al que saqué una serie de fotos panorámicas hacia arriba que luego he unido quedando una bonita foto de todo él. Entré al recinto por otro sendero lateral pegado a los edificios “feos” de cemento. Recogí algunas nueces caídas y al llegar al pórtico de la ermita ya estaba Luis cascando algunas más. Eran pequeñas y muchas salían malas, por lo que no merecía la pena recoger más. Eran las 13:35 horas y el podómetro marcaba 7,900 Km. Los 6 de la ruta del canal más lo caminado por el pueblo anterior y demás.
Sin más fuimos cogiendo la comida del coche mientras llegaba José Antonio. A la poca sombra de unos árboles, y sentados en la fuente, comimos tranquilamente. Al Este, en las laderas del Cruz Mayor, oíamos a los cazadores hablar y disparar. Allí estuvimos hasta las 14:40 horas que retomamos el viaje valle arriba. A pocos metros hay un mirador con una cruz y un cartel informativo sobre el canal que habíamos recorrido.
La siguiente parada fue en Llamas de Cabrera, a 4 kilómetros de la ermita, donde llegamos sobre las tres de la tarde. Entramos al pueblo por unas calles estrechas entre balconadas de madera y tejados de pizarra que nos quedaban a nivel de ventanilla y casi rozando los espejos. A velocidad casi cero pasamos estas angostas calles hasta aparcar cerca de una casa medio derruida. En un cartel que antes habíamos visto a la entrada se indicaba la existencia de una ruta por otro canal que según las fotos estaba en bastante mejor estado que el anterior.
Unas estacas de madera con distintivo azul nos señalaban la ruta hacia el canal para el cual nos dijeron que se tardaban unos 20 minutos. Este canal, “Valle del Airoso”, tiene una longitud total de 67 Km desde el río Cabrera hasta su final en Las Medulas. El mayor de ellos tiene 82 Km con un desnivel de 360 metros y una pendiente media del 4,4 %.
A las 15:10 horas Salimos del pueblo por un camino ascendente entre enormes castaños. Unos 300 metros después, donde se encontraba otro cartel informativo, comenzamos a descender mientras nos metíamos en el valle del arroyo Valdecorrales. Por la mitad de la ladera íbamos perdiendo altura siguiendo las estacas azules y encontrándonos varios carteles donde se iba indicando un poco la historia de los canales y su construcción. Pasamos algunos tramos de bosque y otros donde los arroyos invadían el camino embarrándolo.
Así llegamos al comienzo del canal indicado con otro cartel y una estaca amarilla. En ella estaba inscrito “Canal D – 67 Km – A Las médulas 33,4 Km”. Más adelante vimos alguno donde esta última distancia se iba reduciendo. Los primeros metros no eran muy diferentas a lo andado hasta allí, pero luego cambió la cosa. Comenzamos a encontrarnos tramos en los que realmente quedaba la caja del canal intacta ya que estaba excavada en la misma roca. En algunos lugares había señales que advertían de peligro de caída ya que se estrechaba mucho la ruta al haberse desprendido parte de la estructura. A lo curioso de todo ello se unía la belleza del valle por el que transcurría y por el que veíamos otro camino en la ladera contraria.
Disfrutamos de todo ello y saqué numerosas fotos en estos tramos tan conservados antes de llegar a un punto donde finalizaba el canal como tal metiéndose el camino por un estrecho y bajo túnel de unos 5 metros de longitud que nos dio paso al valle del arroyo de la Paladina. Lo primero que notamos al pasar el túnel y también en el lado contrario, fue una bajada considerable de la temperatura. Veníamos del sol y este otro valle se encontraba totalmente en sombra casi todo el día, por su orientación NE. A pocos metros por la derecha vimos en la pared otra cavidad a la que se accedía bajando unos escalones de madera dando paso al valle del que veníamos anteriormente y justo por debajo del otro túnel. Hacia abajo no había salida pero sí se podía subir al canal por un estrecho sendero de escasos. Al parecer este segundo túnel servía de aliviadero de agua al valle.
A las 16:20 horas, tras tres Km recorridos, pasamos de nuevo al valle de La Paladina y a lo tonto comenzamos a subir ahora por un sendero paralelo al arroyo. Encontramos otra caseta de recogida de aguas y tras dejarla atrás viramos el rumbo para remontar más bruscamente por la ladera entre los dos valles. Por detrás, en la cabecera del valle, se alzaba la cumbre del Cruz Mayor, por cuya parte contraria baja el arroyo Villarino al que habíamos llegado desde la ermita de la Virgen del Valle.
Alcanzamos la parte alta de la loma en unos 15 minutos y tuvimos una bonita y amplia vista del valle de Valdecorrales con el sol del atardecer. De allí salía un camino, poco marcado en principio, por la ladera Oeste del valle a varios metros por encima del canal “D”. Nos encaminamos por él con dirección al pueblo atravesando de nuevo zonas boscosas y otras donde en la roca del suelo se veían las marcas de las ruedas de los carros que durante siglos pasaron por allí. Por lo visto en los carteles anteriores y lo explicado en ellos, bien podía tratarse también de canales superpuestos en el mismo valle. Según iban avanzando las obras en Las Médulas, iban necesitando variar la altura de los canales para llevar el agua a ellas.
Algo más adelante, y graduando la entrada de luz en la cámara de fotos, saqué varias instantáneas de contraluces realmente interesantes. En alguna de ellas parecía ser de noche y el sol la luna asomando tras las lomas. Pasamos luego más zona boscosa con el camino algo encharcado de agua y no tardando comenzamos a ver la carretera en el fondo del valle principal. Una fuerte pendiente de bajada nos llevó al camino de ida muy cerca de los enormes castaños. Escasos metros nos separaban del pueblo en el que entramos a las 17:35 horas y tras otros 7 Km recorridos.
Ya en con la furgoneta salimos de Llamas de Cabrera por sus estrechas calles donde en algunas curvas apenas si giraba la misma. Nuestro último destino era Santalavilla, 8 kilómetros valle adelante. Un cuarto de hora tardamos en llegar a este pueblo donde lo primero que vimos fueron unas cuevas con puertas de madera en las paredes rojizas al lado de la carretera. Dejamos atrás un barrio y subimos por la estrecha carretera hacia el superior donde aparcamos al lado de la iglesia. Eran las seis de la tarde.
Un indicador señalaba la dirección al Campo de las Danzas con 4 horas de duración de ruta. Caminando por las calles del pueblo comprobamos el estado ruinoso de gran parte de las antiguas viviendas del mismo. El material común de las mismas era la piedra y pizarra junto con la madera. En una gran plaza había una fuente con lavaderos. Unos jóvenes, con quien José Antonio entabló conversación, estaban levantando una casa. Luego estuvimos un buen rato conversando con unos de los pocos, si no el único, vecino permanente del pueblo. Nos comentó que las castañas eran abundantes allí y de hecho él se dedicaba a su comercio. También nos indicó la situación de un alcornocal, que fue la razón principal de entrar en dicho pueblo. Desde allí se podían ver algunos ejemplares en lo alto de una loma.
Ya eran casi las siete cuando nos despedimos de él y nos encaminamos hacia la iglesia para emprender el regreso a León. Prácticamente con noche cerrada nos pusimos en marcha con el cuentakilómetros marcando 164 Km y el podómetro con casi 15 Km.
Hasta Puente de Domingo Florez nos restaban 14 kilómetros de carretera serpenteante pero de buen firme. En lo alto de una loma de la parte contraria del valle vimos un fuego cuyo humo ya habíamos estando observando desde Santalavilla. En una gasolinera de Puente de Domingo Florez llené el depósito de la furgoneta y entramos en un bar cercano a tomar un refrigerio.
Sobre las ocho de la noche nos pusimos definitivamente en camino hacia León. Por la nacional nos dirigimos hacia Carucedo. Antes de éste teníamos que desviarnos hacia Lago de Carucedo, pero me pasé la glorieta y tuvimos que retroceder un poco. Por una secundaria recorrimos unos kilómetros hasta que en La Barosa cogimos la N-120 hacia en enlace con la autovía a Ponferrada. Sin novedades avanzamos por ella dejando atrás dicha población y ya en Astorga tuve un despiste y no me salí a la nacional entrando en la autopista de peaje a León. Por ella circulamos hasta salir en Hospital de Orbigo tras abonar 1´35 € del tramo. Ya por la nacional transitamos los últimos kilómetros hasta entrar en León poco antes de las 22:00 horas. Aquí me despedí de los dos compañeros llegando a casa minutos después.
En definitiva, una agradable jornada improvisada por completo pero con un resultado bastante aceptable. Sobre todo por la segunda ruta hecha mereció la pena el viaje de 342 kilómetros. Incluso para ruta nocturna no estaría mal, aunque perdería el encanto del paisaje diurno.




























lunes, 29 de octubre de 2007

IV ENCUENTRO "CUMBRES DE LEÓN" "PEÑA TERRIONDA" Y "PEÑA JOYA" (Reyero) - 28-10-07

 


IV ENCUENTRO “CUMBRES DE LEÓN”.

1ª ASCENSIÓN A “PEÑA TERRIONDA” Y “PEÑA JOYA”. (REYERO).

28-10-07                (Domingo)

Por cuarto año consecutivo hemos celebrado el que se va consolidando como Encuentro “Cumbres de León”, una actividad que pretende reunir a la mayor parte de los socios del club para compartir una jornada en la que se conjunta la parte montañera con otra gastronómica. En esta ocasión hemos elegido la misma zona que el pasado año variando la ruta en sí. Se trataba de recorrer una pequeña parte del conocido Camino de los Frailes, una antigua ruta por la que los religiosos de los conventos de la meseta iban a los pastos que tenían en la montaña leonesa.
Días antes de la misma acordamos la comida en el bar de Pallide, cercano a Reyero donde comenzaba y finalizaba la ruta. Poco a poco se fueron inscribiendo los participantes hasta llegar a un total de once, de los cuales tres no eran socios del club. El nombre de los mismos era: Juan, Luis, Ramón, Corín, José Antonio, José Luis, Álvaro y yo por parte del club, mas luego Marisa y Luis Miguel, amigos de Luis y Tomás, por parte de Corín y Ramón.
A las ocho de la mañana, del horario recién cambiado, nos reunimos parte de nosotros en Guzmán. En Villaobispo esperaba otra parte de los componentes y en los coches de Ramón, José Luis y Luis emprendimos la marcha por la carretera de Santander hacia Boñar donde recogieron a Tomás. Ya en el desvío a Reyero se nos unió Álvaro, que estaba en el pueblo, Solle.
Poco después de las 9:00 horas llegamos a Reyero, (1154 m), aparcando los coches en la plaza de la iglesia. Nos preparamos para la marcha que comenzamos tras sacar una foto de grupo con la iglesia de fondo. A las 9:25 horas salimos del pueblo por un camino hacia el Este por el que apenas recorrimos unos metros antes de abandonarlo hacia la ladera por encima de unos corrales con ganado. En las sombrías el terreno estaba duro y blanquecino por la fuerte helada caída. El sol, que había salido una hora antes que otros días, ya nos daba de lleno aunque con poca fuerza aún.
Echando la vista atrás tuvimos una amplia y bonita vista de Reyero con la luz del amanecer. Los altos y delgados chopos que lo rodean y las cumbres que ya se iban viendo al fondo formaban un conjunto de postal. La pendiente no era muy pronunciada de momento y se llevaba bien la marcha, aunque algunos más rápido que otros. Algo más arriba nos metimos entre una zona de matorral alto y bosque de roble. El sendero se difuminaba en algunos trechos, pero no había pérdida alguna. Durante un tramo transcurrió a la vera de una alambrada. Por delante ya veíamos la mole de Peña Terrionda.
No tardando nos encontramos con una vaguada que tuvimos que atravesar hacia la parte contraria entre tojos y matorral bajo. Por esta ladera nos volvió a dar el sol de pleno comenzando a sobrar la ropa. La pendiente se hizo un poco más pronunciada hasta alcanzar una pista que pasaba por la falda del pico. Aquí nos disgregamos un poco más, ya que algunos lo habían hecho mucho antes. Mientras que unos optaron por continuar por la pista hacia la collada de Los Riberos, Álvaro y yo decidimos que era mejor comenzar a subir por la ladera más suavemente hacia la cumbre. Por la pista se subía muy poco hasta el collado pero luego se inclinaba de forma encarecida.
Los dos solos nos metimos, como digo, en la falda de Peña Terrionda pasando un tramo de tojos molestos antes de alcanzar la zona rocosa por la que se sube más cómodamente. Por detrás de la collada de Los Riberos comenzó a asomar la cumbre de Peñas Pintas. En esos momentos pasaban por la misma un par de vacas componiendo a contraluz una bella postal. En la cumbre ya estaban los primeros que se habían adelantado: José Luis, Ramón, Corín y Tomás. Al resto les veíamos subir collada arriba. A las 10:50 horas alcanzamos Álvaro y yo la cumbre de Peña Terrionda con 1611 metros de altitud. Unos diez minutos después lo hicieron los que subían por la collada.
La vista desde allí era espectacular. Por nombrar solo algunas cumbres apuntaré las de Las Pintas, Moro, Peña Corada, Valdorria, Correcillas, Bodón de Lugueros, Brañacaballo, Torres, Susarón, Peña San Pedro, La Polinosa en el Mampodre, Corral de los Diablos, al que el año pasado en esta actividad nos impidió ascender la climatología, Picos de Europa y allí al lado peña Joya entre otras muchas más. En el valle del que subíamos se encontraban los pueblos de Reyero, Pallide, Viego y Primajas. También veíamos parte del pantano del Porma del que se había disipado la niebla que encontramos durante el viaje. Entre un montón de piedras había un bote con tarjeta que recogimos antes de dejar la nuestra y nos sacamos también una foto de grupo en la cumbre.
A las 11:10 horas emprendimos el paso hacia Peña Joya, para la que nos quedaba un trecho mas o menos considerable. Al poco de comenzar a bajar por la parte contraria vimos bajo Peñas Pintas el pueblo de Ciguera. En el primer collado entre las dos peñas encontramos matorral alto entre el que iba la senda bien marcada. Por la ladera de lo que pensábamos era Peña Joya subían ya algunos compañeros y vimos bajar a dos personas con las que luego conversamos ya que además conocían a Álvaro. Eran cazadores como los que luego encontraríamos más.
Comenzamos a subir aquella loma con la creencia de que era el pico, encontrándonos arriba con que no solo no lo era, si no que aún nos quedaba otra ladera buena y lo peor, bajar unos cuantos metros de otro collado. Cerca de la cumbre ya estaba ahora el resto. Nosotros comenzamos a descender de nuevo entre escobas atravesando luego una zona pedregosa en la parte más baja. La ladera no era muy pendiente y se subía bastante bien. En la parte alta encontramos una mancha verde de tojos que bordeamos antes de alcanzar la cima de Peña Joya a las 12:05 horas.
Bajo esta cumbre de 1687 metros por la parte nordeste se encuentra Lois, cuya enorme iglesia, conocida como la Catedral de La Montaña, se veía a simple vista. Por encima de éste se veía un bonito hayedo donde el otoño ya había hecho efecto dándole un colorido espectacular. Como para algunos todavía era poco lo realizado, querían ir hasta el Corral de los Diablos. Sacamos una foto de grupo y dejamos nuestra tarjeta tras recoger otra del mismo grupo que la anterior, el de Vetusta. Les dejé bien claro que hicieran lo que hicieran, tenían que estar abajo como muy tarde a las 15:30 horas ya que la comida estaba prevista a mas tardar a las cuatro. Salvo Luis, Marisa, Juan, Álvaro y yo, el resto se encaminó hacia esta cumbre para la que sí que distaban unos cuantos metros y desniveles. Nosotros decidimos estar un rato más allí disfrutando del paisaje y del día casi veraniego que teníamos.

A la una de la tarde nos encaminamos hacia abajo siguiendo la ladera hacia la collada de Reyero. Nos metimos entre altas escobas viendo luego que se iba mejor al lado de una alambrada de espinos donde también había que tener cuidado con algunas alambres sueltas por el suelo. Iba yo delante cuando de pronto vi a pocos metros un par de rebecos que salieron escopetados al verme. Aún me dio tiempo para grabar la huida con la cámara.
Poco por debajo de la collada de Reyero, 1530 metros, pasa un camino señalizado como “PR LE 18” Collada de Lois. Este camino sube desde el pueblo hacia otra collada, la de Linares dando luego paso a Solle tras otro valle en medio. Nosotros subimos por él hacia esta segunda collada de 1565 metros de altitud, a la cual llegamos cuando eran las 13:40 horas. Allí abandonamos el camino para coger una senda por el mismo alto de la loma en la que encontramos de nuevo algún cazador y escuchamos numerosos disparos en otras lomas cercanas. En ese momento se nos unió José Luis, que había abandonado al resto a medio camino al darle la “pájara”. Ahora ya íbamos de bajada hacia Reyero, oculto por la misma colina en la que estábamos. Al otro lado del valle del arroyo Valdearriero se situaban las cimas ascendidas. Frente a nosotros venía una pareja de mediana edad que estaba dando un paseo desde el pueblo y que iban a regresar ya que los cazadores nos les daban confianza.
Algo más adelante había una serie de penachos de roca en hilera creando una curiosa formación. Nos asomamos entre dos de ellas dando vista a Pallide y al valle por el que hace años hicimos una travesía desde éste al puerto de Linares, Orones y regreso. Allí mismo en unas camperas pastaban numerosas vacas y caballos y en las que había algunos pilones de agua. Siguiendo el ancho camino que llegaba a aquellas camperas y que a partir de ahora se encontraba parcialmente cubierto de piedra blanca para evitar el embarrado del mismo, llegamos al final de la parte alta de la loma dando vista a Reyero. Vimos luego como el camino se desviaba hacia la loma derecha, con dirección a Pallide, y nos hizo dudar de su dirección correcta. Aún así no había otro y optamos por continuar por él. Todo lo más que podía pasar era que llegásemos a Pallide y tener que retroceder por la carretera a Reyero.
Por suerte no fue así y comprobamos que ya bastante abajo daba un brusco giro con dirección a Reyero, del que volvimos a tener una hermosa vista de postal con los chopos rodeándolo con las hojas amarillentas del otoño brillando al sol. Zigzagueando por este camino fuimos perdiendo altura hacia el mismo pasando un puente de madera sobre el arroyo Valdearriero pocos metros antes de entrar en el pueblo. Desde allí teníamos igualmente una amplia vista del valle hacia atrás con Peña Terrionda al fondo.
A las 15:05 horas, con el podómetro marcando 12 Km, entrábamos en Reyero por diferente calle a la de salida por la mañana. Poco después llegamos a la plaza de la iglesia donde teníamos los coches. Nos fuimos cambiando mientras hacíamos tiempo para que llegasen los demás, de los que no supimos nada hasta recibir poco después una llamada de Ramón diciendo que estaban ya entrando en el pueblo todos salvo José Antonio y Luis Miguel. Sobre las 15:40 horas llegaron éstos a la plaza pero del resto no sabían nada desde hacía un rato y por teléfono no era posible hablar con ellos. Me mosqueó esto ya que, y no quiero entrar en detalles, siempre pasa lo mismo con el mismo. Para una vez que hubiese dado tiempo de sobra para terminar la ruta bien, alguien lo estropea.
Total que, como se nos echaba el tiempo encima, marchamos en un coche algunos hacia Pallide para ir avisando en el bar de la comida. Casi las cuatro y media eran cuando aparecieron por fin todos y pudimos entrar al comedor, que apunto también, estaba decorado como el bar con numerosos relojes hechos artesanalmente y casi todos de madera con formas y tamaños diversos. Más tarde saqué alguna foto de los mismos.
El menú, elegido por mí en esta ocasión, fue; entremeses de embutido, ternera asada, postre de fruta o helado, café y chupito. El precio, 18´00 € por persona. Saboreando todo ello y charlando pasamos allí una hora y media mas o menos.
Tras una breve sobremesa y agradecer la atención y el buen menú degustado a la anfitriona del bar, nos dispusimos a emprender el regreso a León. Con el cambio de horario, la tarde ya era muy avanzada y el sol ya estaba oculto tras las cimas. Durante el trayecto fue oscureciendo y ya era noche cerrada al llegar a la capital a las 19:40 horas.
Año tras año vamos consolidando esta actividad señalada del Club Cumbres de León que pretende reunir, consiguiéndolo o no, a la mayor parte de socios del mismo una vez al año.



























jueves, 18 de octubre de 2007

"FONTÚN O MACHACAO" Y "MACHAMEDIO" (Fontún) 17-10-07

 


3ª ASCENSIÓN AL “FONTÚN” Y 2ª ASCENSIÓN AL “MACHAMEDIO”

17-10-07              (Miércoles)

Aprovechando el periodo vacacional, tanto mío como el de Álvaro, hemos decidido salir este miércoles para ascender a los sencillos picos Fontún y Machamedio.
A las 8:30 horas le recogí en Villaobispo emprendiendo el viaje por la carretera de Asturias. Pasado la Robla nos encontramos con un tractor regando la carretera que iba formando una larga cola tras él. En un desvío pudimos adelantarlo ya que no tenía ánimos de hacerlo él. En Villamanín estuvimos tomando un café y haciendo tiempo para ver si abría una tienda cercana ya que yo no tenía pan. Cuando abrió a las diez resultó que aún no se lo habían llevado y tras unos minutos de espera opté por comprar un bollo del día antes y sin más nos encaminamos hacia Fontún donde salimos por una pista a lo largo de un kilómetro antes de aparcar la furgoneta al lado de la misma.
Algunas nieblas se elevaban de los valles hacia el cielo azulado. La temperatura era bastante fresca aún, pero no fría. Tras prepararnos mochila al hombro, emprendimos la marcha cuando eran las 10:20 horas. Seguimos aquella pista que se dirigía en principio hacia el collado de Gete. No tardamos en comenzar a divisar por detrás el valle de Arbás con las Tres Marías de fondo así como peña Lasa encima de Rodiezmo.
A los pocos minutos nos dejó atrás una excavadora y un todoterreno. Nos dirigíamos hacia un pinar frente a nosotros cerca del cual subía la pista aquella. Allí vimos la máquina a la que estaban cambiando el cazo. Durante un tramo caminamos a la sombra del pinar hasta salir de nuevo al sol más arriba. La pista serpenteaba por la ladera y nosotros atajábamos algunas curvas. Por encima de nosotros pasó un avión relativamente bajo al que saqué una foto con el zoom a tope.
Ya bastante arriba, antes de llegar a la collada, abandonamos el camino para echarnos a la ladera del Fontún directamente. Siguiendo las numerosas sendas del ganado nos fuimos acercando a las rocas. La pendiente se hizo más pronunciada y lo tomamos con más calma. Por el oeste veíamos acercarse una gran masa de nubes que no nos parecía tampoco amenazante. En las laderas de la parte contraria de la collada vimos señales de repoblación de pinos. Por debajo seguíamos viendo la furgoneta como un punto blanco en el camino.
Metidos de lleno en la fuerte pendiente, nos pegamos a la roca unos metros antes de pasar al lado contrario de la vaguada. No tardó en nublarse el cielo por encima de nosotros, lo cual agradecimos ya que el sol calentaba lo suyo a pesar de la época avanzada en la que estábamos. Lo malo de ello es que el paisaje se oscurece y cambia totalmente el tono del mismo.
A las 12:40 horas alcanzamos la cumbre del pico Fontún, o Machacao. No llevábamos mapa alguno y yo no me acordaba de su altitud, que es de 1948 metros. En la cumbre había un buzón metálico y un montón de piedras como hito. La vista desde el mismo no puede ser más amplia. Enumerando algunas cumbres visibles podemos apuntar las de: Brañilín, Brañacaballo, Currillines, y varias más de la zona de los puertos de Pajares, Piedrafita o Vegarada al norte. Peña Lasa, Tres Marías y Ortigal en el valle de Arbás. Tras ellos las Ubiñas y su macizo. Cerro Pedroso, Llamargones, Pico Santiago hacia Aralla. Al sur el Salguerón, Formigoso o Peña Solana. Girando al este el Correcillas, Valdorria, Bodón de Lugueros y el de Cármenes, Mahón, así como parte de los Picos de Europa, Mampodres, etc. Muy cerca teníamos al este también el Machamedio, al que teníamos intención de pasar luego. Acercándonos un poco a la parte oeste pudimos ver el valle con Villamanín, Fontún y la pista con la furgoneta en ella. También Rodiezmo, San Martín o Viadangos, en el valle de Arbás y Cármenes hacia el norte.
Estando allí llegó un joven que había subido desde el mismo punto que nosotros, de hecho tenía el coche al lado del nuestro, pero lo había hecho por la cara oeste. Por allí es más empinado y hay algunos pasos de trepar. Aprovechamos su llegada para que nos sacase unas fotos en la cumbre y tras dejar la tarjeta nuestra emprendimos el paso al Machamedio cuando eran las 13:25 horas.
No teníamos muy claro el lugar de paso más adecuado. Hasta él se veía un cresteo, pero no sabíamos si era fácil o no atravesarlo sin riesgo. La otra opción era bajar unos cuantos metros para hacerlo por debajo de unas rocas, aunque tampoco sabíamos como estaba el paso. Yo ya lo había hecho en otra ocasión, pero hacía mas de diez años y no me acordaba de cómo lo hicimos. Nosotros nos dirigimos hacia la cresta donde no tardamos en encontrar algunos pasos relativamente complicados donde más que nada el riesgo estaba en el desnivel que teníamos por la parte norte. Con precaución fuimos atravesando este tramo hasta que alcanzamos una punta de la sierra a partir de la cual comenzamos a bajar hacia una pequeña vega entre ambos picos. También aquí tuvimos que destrepar un pequeño paso sin dificultad alguna llegando casi a la parte baja. No nos convenía bajar mucho y remontamos un poco hacia unas colladas pasando al lado de una gran piedra colocada en equilibrio sobre otra más pequeña. Más adelante vimos por encima lo que nos pareció un nido de aves y al acercarnos comprobamos que solo era un montón de ramas.
No tardamos en situarnos en la misma ladera del Machamedio haciendo una apuesta de cuanto tardaríamos en llegar a la cima. Yo le echaba una media hora o más mientras que Álvaro decía que mucho menos. Tengo que apuntar que yo ya estaba un poco cansado y a demás me dolían las piernas y no de ese día. Con tranquilidad fuimos avanzando hacia la cumbre que alcanzamos cuando eran las 14:25 horas. Había ganado él ya que habíamos tardado escasos 15 minutos desde lo hablado.
En la cima encontramos un hito pero ni rastro de buzón alguno. Revisamos entre las rocas a ver si había algún bote o algo parecido. Pero no encontramos nada. En un hueco de la base del punto geodésico dejamos un bote con nuestra tarjeta indicando el lugar con un rotulador indeleble. Desde aquella altitud de 1930 metros se podían contemplar, además de parte de lo visto desde el Fontún, el pueblo de Gete con el valle que sube desde él hacia este macizo.
Sin más no dispusimos a comer en torno al hito de cemento mientras veíamos como la masa nubosa iba pasando hacia el este abriéndose claros tras ella. En cambio, hacia la zona de Ubiña, las nieblas bajas habían cerrado por completo la vista de las mismas. Por el norte también comenzaban a verse de esas nieblas en la cumbre del Brañacaballo. En la collada de Gete veíamos un gran grupo de personas.
A las 16:10 horas nos encaminamos hacia abajo. Lo hicimos por cresta sur hacia una collada entre el Machamedio y unas rocas cercanas. El terreno era de gravilla resbaladiza desde este collado hacia el fondo de la vaguada por la que teníamos intención de bajar hacia el collado de Gete. No estábamos seguros que paso habría por debajo donde se estrechaba la misma. De momento nos metimos entre rocas sin dificultad alguna. Más adelante nos encontramos con un corte de varios metros que tuvimos que sortear por la parte derecha subiendo un poco. La dificultad posterior fueron las matas de tojos que impedían ver si había huecos bajo ellos donde retorcerse un pié. Esquivándolos fuimos perdiendo altura con dirección a la collada ya cercana. En el suelo vimos también algunos champiñones de gran tamaño.
El sol se nublaba ahora con algunos negros nubarrones de mayor densidad que los de la mañana aunque más aislados. Eran las cinco cuando llegamos a la collada de Gete. En la misma encontramos algunas botellas de plástico dejadas allí por el grupo que habíamos visto antes. En una bolsa las recogimos para bajarlas abajo al pueblo. Poco más abajo enlazamos con el camino por el que bajaba también aquel grupo de niños que según supimos, estaban en un campamento de Villamanín y venían de un par de colegios de provincias limítrofes. Estuve apunto de comentarles a las monitoras lo de las botellas, pero al final lo dejé pasar.
En una fuente ya bastante abajo estaba un buen grupo de ellos y paramos a beber agua de la misma. Más adelante nos sacamos una foto con la peña de fondo. El colorido del atardecer daba un bello tono a los árboles ya cogidos por el otoño.
Eran las 17:45 horas cuando llegamos al coche. Con él bajamos el tramo hacia Fontún donde salimos a la carretera hacia Villamanín. En este pueblo paramos en un bar a tomar un refrigerio. Allí estuvimos unos quince minutos antes de retomar el regreso a León. Al pasar por la gasolinera paré un minuto para sacar desde allí una foto del peñón del Fontún. Sin novedades fuimos acercándonos a la capital donde llegamos poco antes de las 19:00 horas. En Villaobispo me despedí de Álvaro y minutos después llegaba yo a casa en Armunia terminando esta grata jornada de montaña.